lunes, 19 de septiembre de 2011

El sinsentido común


De El País de hoy:
EL SINSENTIDO COMÚN
"Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para crear impresiones que no durarán en personas que no nos importan" (Emile Henri Gauvreay)
Garantizada la supervivencia física y económica y teniendo cubiertas las necesidades básicas, expertos en el campo de la economía del comportamiento afirman que lo que hace perdurar el bienestar emocional no es lo que conseguimos ni poseemos, sino lo que ofrecemos y entregamos a los demás. Entre otros estudios, destacan los realizados entre los años 2005 y 2010 por el economista norteamericano George F. Loewenstein.
Sus investigaciones se centraron en los antagónicos efectos emocionales que producen la codicia y la generosidad. Y para ello, realizó un experimento sociológico con un grupo muy heterogéneo de seres humanos. El equipo liderado por Loewenstein seleccionó a 60 personas de diferentes edades, sexos, razas y profesiones, las cuales, a su vez, tenían múltiples divergencias en el plano social, cultural, económico, político y religioso.
El primer día los participantes fueron divididos en dos grupos de 30 personas. Todas recibieron 6.000 dólares (unos 4.520 euros). A los miembros del primer grupo se les pidió que en un plazo de dos meses se gastaran el dinero "en regalos a sí mismos". Y a los integrantes del segundo grupo se les dijo que usaran los 6.000 dólares "en regalos a otras personas".
Dos meses más tarde se obtuvieron resultados opuestos. La satisfacción de los miembros del primer grupo había durado "relativamente poco". Según las conclusiones, "tras el placer y la euforia inicial que les proporcionaba comprar, utilizar y poseer determinados bienes de consumo, los participantes enseguida volvían a su estado de ánimo normal". Con el paso de los días, algunos incluso "empezaban a sentirse más tristes, vacíos y decaídos, por no poder mantener la excitación conseguida con el consumo".
Por otro lado, los miembros del segundo grupo se habían sentido "mucho más satisfechos y plenos" que los del primer grupo. "El hecho de pensar de qué manera podían utilizar el dinero para beneficiar a los demás, ya era motivo suficiente para que los participantes experimentaran un bienestar interno".

Sí, bwana.

Dicen por ahí que, para obtener fondos, los partidos políticos (uno de izquierdas y otro de derechas) nos iban y van a vender a la privada como esclavos. Sí bwana, no es mala idea, no me niego, si primero empezamos vendiendo como esclavos a los políticos (aunque, ¿no están estos prebendados prevendidos ya?) Pero la realidad es otra: con el dinero obtenido por nuestra venta los políticos y los bancos podrán pagar sus propias deudas, las contraídas al gastar nuestro dinero, y así ellos contentos. Lo malo es que uno sabe qué es la esclavitud, porque se ha leído las autobiografías de algunos esclavos, empezando por las de los esclavos cubanos Juan Francisco Manzano y Esteban Montejo, y terminando por ese libro terrible que es el de Harriet Jacobs. Ellos sabían que hay algunas cosas que no se pueden ni deben vender. "El esclavo es un hombre muerto", escribió Manzano. Y yo sé que, como indican estos esclavos que escribieron (o dictaron, porque no sabían ni leer) con más humanidad que literatura, si desearon ser blancos fue no porque les guste su color, sino porque son libres, y si se discriminaron entre ellos mismos de forma tal que los esclavos que servían en la casa de su amo se consideraban superiores a los que trabajaban en el campo, fue porque también ganaban algo de libertad. Algo así como fijos e interinos. Luego están, claro, los amos blancos, que son los políticos, que se limitan a producir algodón para vestir de trajes (blancos, como el algodón), valencianos o no, a banqueros y empresarios. Pues señores, parece que vamos a ser esclavos unos cuantos algún tiempo. "Primero vinieron... etc." El río ha comenzado a sonar con esa noticia en La Mancha y en Madrid, uno sospecha con la intención -estas noticias siempre hay que leerlas en pasiva, porque están calculadas, como la retórica, para conseguir unos efectos y reacciones calculados y determinados, manipulando el miedo, la intimidación etcétera quizá para evitar protestas escritas, manifestaciones y huelgas públicas y desmovilizar voluntades, ya que los políticos y sus sucedáneos, los periodistas y medios de desinformación, son sólo unos creativos publicitarios a sueldo de los bancos, destinados a crear una ilusión de democracia-. El tiempo dirá si eso es riachuelo o Amazonas y si lleva alguna agua.

Un lenguaje extraño


Del poeta nuevomexicano de principios de siglo XX José Inés García

Un lenguaje extraño

"Para mi primo Cornelio Córdova, de Chamizal, Nuevo México"

Hay gentes en este mundo,
primito, no me ha de creer,
que al hombre le llaman man,
y woman a la mujer.

No sé dónde aprenderían
un lenguaje tan extraño,
pues al mes le llaman month
y le llaman year al año.

De este modo se siguen
y se entienden, ah, qué bien,
al dónde le llaman where,
y al cuándo le llaman when.

Al padre le llaman father,
a la madre llaman mother,
a la hermana llaman sister,
y al hermano llaman brother.
a la vereda the path,
y al camino the road.

Hablan, gritan y hasta lloran,
y es tanta la gritadera,
que al invierno llaman winter
y spring a la primavera.

A veces me da hasta miedo,
cuando les oigo cantar,
tocan en una guitarra
y le dicen the guitar.

Al pan le dicen the bread,
a la leche llaman milk,
al queso le llaman cheese,
y a la seda the silk.

A la plaza llaman town,
a la casa llaman house,
al gato le llaman cat
y al ratón le llaman mouse.

Al maíz le llaman corn,
al trigo le llaman wheat,
al café le llaman coffee,
y a la carne, the meat.

Al río le llaman river,
al riachuelo llaman brook,
al maestro llaman teacher
y al libro le llaman book.

A la mesa llaman table,
a la silleta, the chair,
a la cabeza the head
y al cabello llaman hair.

A las manos llaman hands,
a los pies le llaman feet,
a la estufa llaman stove,
al calor le llaman heat.

A la tarde llaman evening,
y morning es la mañana,
de este modo se siguen
porque así es el mundo, Juana.

Javier Marías sobre la reforma constitucional


Javier Marías, "Iconoclastas a hurtadillas", 18/09/2011

No lo recuerdo con precisión, pero lo recuerdo. Se estaba redactando el borrador de la Constitución cuando se produjo una filtración de su contenido a la prensa. A mi padre, Julián Marías, le pareció erróneo y aun disparatado, lleno de detalles impropios de un texto tan fundamental, y escribió un artículo al respecto dando la voz de alarma. Dicho artículo no sólo tuvo mucho eco, sino que el mismo día de su publicación mi padre recibió una llamada del entonces Presidente Adolfo Suárez, que, sumamente preocupado, lo invitó a visitarlo para que le expusiera sus objeciones en persona y más por extenso. La redacción de la Constitución -hubo luego más reacciones- se inició de nuevo, o poco menos. Quedó libre de adherencias absurdas o interesadas y lo bastante presentable para ser sometida al refrendo de los españoles, en 1978. La actitud de Suárez contrasta sobremanera con la de Zapatero, Rajoy y el resto de políticos actuales. ¿Se los imaginan sobresaltándose por lo que opine un intelectual y convocándolo en seguida para escuchar su parecer y sus posibles consejos? Quienes tengan estima por Julián Marías podrán argüir que tampoco hay hoy ninguna figura equivalente a la suya. Es cierto que no la hay idéntica, pero en cada época hay figuras equivalentes a las de cualquier pasado. Fernando Savater, de quien discrepo a veces, lo es a todas luces en cuanto a su capacidad de razonamiento y argumentación, su independencia y su impredecibilidad. Pero ni Zapatero ni Rajoy creen precisar de su concurso ni del de nadie, o les basta con lo que les dictan Merkel y Sarkozy, cuya altura intelectual nadie pone en duda porque carecen de ella.

Desde su aprobación en 1978 -treinta y tres años-, la Constitución ha sido intocable, y tanto el PSOE como el PP se han esforzado al máximo porque lo fuera. A ambos partidos se les ha llenado la boca diciendo defenderla, en incontables ocasiones. Hasta el punto de que ni siquiera se ha tramitado una enmienda que ya clama al cielo, a saber: que en esta Monarquía Constitucional les sea posible reinar a las mujeres. Modificación tanto más necesaria cuanto que la descendencia del Príncipe Felipe es, por ahora, exclusivamente femenina. (Eso por no hablar de la injusta Ley Electoral que padecemos desde hace tres décadas.) Y de pronto, en pleno agosto y por vía sospechosamente urgente, esos dos partidos se ponen de acuerdo -nunca lo están en nada- para reformar la Constitución de manera poco democrática, dada su anterior y proclamada inviolabilidad. Y, pese a los centenares de millares de firmas reclamando un referéndum, se saltan éste a la torera e imponen la reforma desde el Congreso. Rajoy ha tenido la desfachatez -en fin, su partido se caracteriza por ser falaz casi siempre- de asegurar que, puesto que una abrumadora mayoría de diputados ha votado a favor de ella, también lo ha hecho una abrumadora mayoría de españoles, olvidando, o más bien escondiendo, que dicha reforma no figuraba en el programa del PP ni del PSOE cuando hubo elecciones por última vez, en 2008. Ningún español, por tanto, ha aprobado nada de lo que ellos se han sacado de la manga a última hora, cuando la presente legislatura está agotada y el Presidente del Gobierno no va a seguir siéndolo.

No tengo conocimientos para saber si conviene o no que se limite el déficit y se establezca un techo de gasto mediante enmienda constitucional. Puede ser. Aunque juraría, desde el sentido común, que hay otras formas de conseguir eso -¿decreto ley, aplicación y cumplimiento de las leyes ya existentes?- sin necesidad de tocar el texto fundamental. Y, en todo caso, creo imprescindible que la modificación se someta a referéndum. Han salido voces, a menudo inteligentes, como las de Peces Barba y otros, que sin embargo han soltado inesperadas sandeces en contra de ese referéndum, como "¿Para qué hacer una consulta popular si ya se cuenta en el Parlamento con una mayoría suficiente?" O les da lo mismo, o no han caído en la cuenta de que es posible -sólo posible- que dentro de unos meses el PP goce de mayoría absoluta en dicho Parlamento y que, con este precedente peligrosísimo y los argumentos de Peces Barba y sus colegas por bandera, se sienta facultado para cambiar la Constitución a su antojo y cuantas veces le plazca, dejándonos a merced del criterio y el provecho de un solo partido que jamás se ha distinguido por su respeto a la ciudadanía. Con esta reforma impuesta se ha abierto, asimismo, la caja de Pandora: ya ha salido uno reclamando que se incluya en la Constitución el derecho a la "autodeterminación"; otro, el federalismo; un tercero, que si Monarquía o República; un cuarto, que se reconozca la "singularidad" de su pueblo, y así hasta el infinito.

¿Cómo pueden ser nuestros políticos tan obtusos? En un momento en que hay una creciente y manifiesta aversión hacia ellos; en que se ha producido un movimiento que no debe tomarse a la ligera, el del 15-M, el cual ha subrayado las imperfecciones de nuestra democracia y el progresivo distanciamiento entre nuestros representantes y sus representados; justo entonces, no se les ocurre otra cosa que reformar a hurtadillas -es "a hurtadillas" todo lo que no sea consultar a la población al respecto- el texto que hasta ahora era intocable y sacrosanto. Es como si los obispos se hubieran convertido en iconoclastas de sus veneradas efigies de Semana Santa. Eso es lo que han hecho el PP y el PSOE: dinamitar lo que se han pasado treinta y tres años jurando que defendían y reverenciaban. ¿Quién va a creerles a partir de ahora una palabra? Lo de "a partir de ahora" es sólo un decir, no me tomen por tan tonto.

domingo, 18 de septiembre de 2011

La alegoría que somos


Franz Kafka, Sobre las alegorías, Praga, 1922:

Muchos se quejan de que las palabras de los sabios siempre han sido y serán no más que alegorías y son inútiles para la vida diaria, que es lo único que tenemos. Cuando el sabio dice «Vaya hacia allá»  no quiere decir eso (que uno ha de ir hacia un lugar situado más allá), lo que por supuesto podría cumplir si el resultado del viaje valiera la pena; al contrario, quiere decir algo legendario más allá del otro lado, algo para nosotros desconocido y que él tampoco llega a indicar, de forma tal que no nos puede servir de nada acá donde estamos. Así pues, todo lo que estas alegorías tratan de decir es simplemente que lo incomprensible es incomprensible, que ya lo sabemos, y los problemas con que topamos todos los días son algo distinto. Sobre este tema uno preguntó una vez: ¿Por qué tanto empecinamiento? Si siguieseis sólo el camino de las alegorías, vosotros mismos os convertiríais en alegorías y de esa forma solucionaríais todos vuestros problemas cotidianos.
Otro dijo: -Apuesto a que eso también es una alegoría.
El primero dijo: -Has ganado. 
El segundo respondió: -Sólo alegóricamente, por desgracia.
Y el primero replicó: -No, en lo real; alegóricamente has perdido.

Tipografías


Enric Satué, "Un misterio de próxima revelación", El País, 17/09/2011

El uso del ordenador ha enfrentado al ciudadano común con el fascinante mundo de la tipografía. Aunque pocos saben el origen de las fuentes que utilizan, pronto podrán personalizar las de los libros que leen.

La tipografía no sólo es una abstracción sino también un misterio, para ese ente abstracto que es "el lector habitual", muy concreto a la vez ya que puede ser usted mismo.


"Las letras de imprenta proporcionan el retrato más característico de un periodo y el testimonio más preciso del nivel intelectual de un país"

Es un misterio de lesa invisibilidad, desvelado hacia 1930 por expertos encabezados por Stanley Morison y Beatrice Ward. El primero admitió que, en un texto impreso, el estilo y la forma de las letras no son la aspiración principal del lector; la segunda aludió a la metáfora de una copa de vino de cristal fino y transparente, cuyo estilo y forma -como la tipografía al lector habitual- pasan desapercibidos al bebedor consumado.

Y es una abstracción evidente el alfabeto tipográfico en sí mismo, pues si bien entra por los ojos sin percibir estilos ni formas, se diseñó tras el costoso proceso de unificación de un trío heterogéneo, de una disparidad geocultural sorprendente. Veamos, si no: las mayúsculas se basan en la escritura epigráfica difundida por el Imperio Romano; las minúsculas surgen de la Europa bárbara sojuzgada por Carlomagno, denominadas, con propiedad, carolingias; mientras que las cifras -del uno al nueve- proceden de remotos y legendarios imperios indoarábigos.

Fue a partir de esa dispersión original, genialmente domesticada, que se crearon fuentes tipográficas de proporciones áureas, únicas en la historia, no sólo del conocimiento sino también del arte. Pero pese al empeño en el diseño, el misterio, refractario crónico a la hazaña de integración de tan babélico mestizaje, duerme un sueño profundo en el subconsciente colectivo. Un sueño que, por lo visto, se dispone a interrumpir la luz fría del ordenador.

Para los escépticos el éxito se presume incierto, ya que impresas en papel o en la pantalla, vemos las palabras con absoluto automatismo, percibiéndolas más con el oído que con los ojos. Por eso asombra que, mucho antes de la era visual/virtual que nos caracteriza, Cicerón ya programara que "lo importante no es lo que se dice, sino cómo se dice".

De modo que, entre su invisibilidad y nuestra indiferencia, la tipografía fluctúa al margen del texto, como un objeto de fe inaccesible a la razón. ¿O es que algún lector habitual recuerda, honestamente, la del libro que anda leyendo? ¿O tiene presente la del volumen preferido, del que sabe de memoria todos los detalles? ¿Cuántos, en fin, la vemos conscientemente, y cuántos inconscientemente?

La panacea de las fuentes digitales. La cruda realidad, más allá de misterios y abstracciones, es que el curso didáctico que imparte desde hace años la informática, ha hecho más por facilitar el conocimiento de la tipografía al lector habitual que cinco siglos y medio de imprenta, pese a hacerlo de un modo superficial y rudimentario.

Pero el lector habitual, es decir, usted mismo, tendrá que agradecer un día a la informática el esfuerzo desinteresado en hacer, por fin, visible lo invisible. De momento, al adquirir una tabla táctil último modelo, la aplicación de libro virtual ya nos faculta a leerlo en cinco tipografías, para elegir a la carta: Baskerville, Times New Roman, Palatino, Cochin y Verdana.

Forman el armazón tipográfico cuatro romanas (Baskerville, Times New Roman, Palatino y Cochin), más claras a la lectura que cualesquiera otras a causa de las serifas, que ayudan a la vista a seguir las líneas. Por el contrario, la única tipografía de palo del ingenio virtual (Verdana) resulta, a juicio de los expertos, menos legible en líneas largas, por cuya razón se considera especialmente apta para titulares o textos breves.

Ahora bien, pese a constituir una mayoría absoluta, de cuatro a uno, sigue siendo un misterio ineluctable que las primeras tipografías humanistas o romanas, diseñadas antes del descubrimiento de América, prevalezcan en los soportes de lectura impresos o digitales, así como que tanta maravilla desfile invisible ante el distraído lector, habitual o esporádico.

Lógicamente, la selección es discutible, pero aun reprimiendo la queja por el nepotismo anglosajón (dos diseñadores son ingleses, otros dos americanos y el quinto alemán) la cuestión no es esa. Entre la Baskerville, la Times New Roman, la Palatino y la Cochin, uno echa en falta la Garamond francesa, estandarte de las romanas, o la Jenson italiana o una de sus múltiples variantes, por la cual Erasmo no tuvo inconveniente en recorrer la distancia entre Rotterdam y Venecia para implorar a Manuzio que le editara sus nuevos Adagios "en aquella bellísima tipografía romana, a ser posible la más pequeña de todas". Es evidente que en este caso, la invisibilidad general de la tipografía no afectó al ilustre embajador de la devotio moderna humanista.

Entretanto, el consumo compulsivo que tanto nos seduce amplía su oferta, con una abundancia disponible tan sugestiva que el lector habitual ya puede aspirar al manejo inminente de una suerte de ergonomía del tipo, adaptando libremente formas a funciones. A los 50.000 libros un día descargables, les corresponderán otras tantas fuentes diseñadas hasta la fecha -según los cálculos-, con lo cual la adrenalina tipográfica segregará subidones considerables. ¡Qué emoción leer a Mark Twain en un tipo egipcio, por ejemplo Clarendon, como los que florecieron en su país al mismo tiempo que su obra literaria! ¡Qué grata sensación explorar el Ulises de Joyce en un tipo vanguardista coetáneo, como los palos Futura o Gill Sans! ¡Qué gozo revisar los clásicos modernos que van del Siglo de la Razón al de las Marcas, como ya han bautizado al nuestro, homologados por el neoclásico Bodoni, unánimemente reconocido como el más bello y elegante de cuantos en el mundo han sido!

Claro está que, con el exceso de fuentes digitales, la elección será cuestión de gusto, pero también de eficacia, cara a optimizar la lectura. Y el lector habitual irá tomando consciencia de que, si la selecciona bien, mejorará el significado del documento leído. Desde luego no será tarea fácil, porque siendo ambas cosas a la vez, la tipografía no es ciencia ni arte, ahondando en el misterio la estética, ciencia que aunque trata de la belleza y teoría fundamental y filosófica del arte es, al mismo tiempo, una pulsión natural, personal e intransferible. Quizá por eso, para desentrañar un poco el misterio, Giambattista Bodoni resumió el buen diseño tipográfico en cuatro conceptos asequibles a todos: "Claridad, regularidad, buen gusto y gracia".

Pero así como la claridad y la regularidad son fácilmente verificables, no ocurre lo mismo con el buen gusto y la gracia. Parte del misterio que el genio de Parma legó a las generaciones futuras permanece insondable, puesto que aun interpretando correctamente el significado, poco tiene que ver hoy su buen gusto con el nuestro. Y ya no digamos la gracia.

Al fin y al cabo eficaz. Diseñar letras de imprenta concierne, además, a las dos disciplinas clásicas de la forma, y algo de luz pueden aportar al secular ocultismo. Por una parte, la composición tipográfica responde a una terminología curiosamente tomada de la arquitectura (bloques, columnas, portadas, pórticos, frisos o ventanas), con lo cual el lenguaje técnico confiesa la influencia. Por otra, las partes de las letras se designan con pintorescos términos antropomorfos (hombros, brazos, piernas, panzas o barrigas, cuellos, ojos, orejas o lóbulos) o zoomorfos (astas, colas y espolones), amén de secreciones, pilosidades o abalorios (lágrimas, bucles y anillos), llamando al conjunto "Anatomía de las letras", adscrito a los conocimientos prácticos que los pintores aprendían con objeto de representar la figura humana. Así, obedeciendo normas y órdenes académicos comunes, la arquitectura y el arte contribuyen a la claridad, regularidad, buen gusto y gracia de la buena tipografía.

Hoy por hoy, leer indistintamente textos compuestos en tipografías renacentistas, neoclásicas, románticas, modernas o contemporáneas forma parte del batiburrillo intemporal y sincrónico vigente. Representado por esas cuatro romanas (Baskerville, Times New Roman, Palatino y Cochin) y el palo (Verdana) que proponen las tablas táctiles, y a modo de divertido videojuego, podrían alternarlas con otros inacabables quintetos. Por ejemplo, las Garamond, Bodoni, Sabon, Clarendon y Helvética; o las Jenson, Bembo, Plantin, Eureka y Franklin Gothic; o las Century Expanded, Minion, Didot, Rockwell y Trade Gothic; o las Caslon, Perpetua, Rotis, Wallbaum y Futura o Gill Sans, etcétera.

En fin, convenientemente agitado el brebaje tipográfico, y servido al lector habitual en finas copas de cristal transparente, ya sólo queda por ofrecer un recordatorio que en los tiempos de lectura que se avecinan podría acabar, felizmente, en dogma. Se trata de la proposición que dice: "Las letras de imprenta son uno de los medios de expresión más elocuentes de cada época o estilo y, próximas a la arquitectura, proporcionan el retrato más característico de un periodo y el testimonio más preciso del nivel intelectual de un país".

Un arquitecto precursor de la modernidad -Peter Behrens- la dejó impresa para la posteridad, naturalmente en letras de plomo, y quién sabe si fue una Schrift, una Antiqua o una Medieval, las tres fuentes que diseñó para una fundición alemana de primeros del siglo veinte.

Paradójicamente, hoy, a primeros del siglo veintiuno, la misteriosa cultura tipográfica quintocentenaria sobrevive ilusoria, sin proporcionar retratos ni testimonios lo bastante convincentes. La letra de imprenta, cómplice forzoso del periodo visual/virtual que vivimos, permanece como de costumbre invisible, oculta a la distraída mirada del mundo y pendiente, en todo caso, del próximo rescate que se anuncia por vía digital, probablemente arbitrario pero al fin y al cabo eficaz.

Enric Satué, diseñador gráfico, ha publicado recientemente El factor diseño -en la cultura de la imagen y en la imagen de la cultura (Alianza Editorial. Madrid, 2011. 304 páginas. 21 euros). www.enricsatue.com.

Fortunas insolidarias


Ramón Muñoz, "Las fortunas españolas no son tan solidarias" El País, 16/09/2011

Las principales riquezas del país se desmarcan de la iniciativa de sus homólogos de pagar más impuestos - Oficialmente, apenas hay multimillonarios y gozan de una tributación muy ventajosa

Imaginen que se juntan en una cena el banquero Emilio Botín, el dueño de Zara, Amancio Ortega y la duquesa de Alba y deciden convocar a sus pares, las mayores fortunas de España, para presentarles una propuesta singular: dirigirse al unísono al Gobierno para pedirle que les suba los impuestos y ayudar así al país a salir de la crisis. Esta fábula del mundo al revés no ha sucedido en España, ni tiene visos de que ocurra, pero no es una licencia literaria: multimillonarios franceses, alemanes y estadounidenses han entendido que el patriotismo en momentos de recesión pasa por que paguen más los que más tienen y han reclamado a los políticos un aumento de la fiscalidad.

Y algunos Gobiernos han recogido el guante. En Francia, Alemania, Italia, Irlanda y EE UU ya están preparando reformas para elevar la presión fiscal a los que más ganan o imponer impuestos especiales a las grandes fortunas. Curiosamente, muchos de esos Gobiernos tienen color conservador. Otros Ejecutivos, como el de José Luis Rodríguez Zapatero, que se definen de izquierdas, han desistido de aplicar estas recetas, y optaron por subidas fiscales indiscriminadas a través de impuestos indirectos como el IVA, como vía para aumentar la recaudación.

Esa política está siendo cuestionada desde las propias filas socialistas. El candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, promete llevar en el programa electoral un impuesto especial de fortunas, y ha forzado a que el Gobierno rescate el impuesto del patrimonio como reclamo a dos meses de las elecciones. El PP cree que con esas recetas solo se conseguirá más paro y no apoya ningún impuesto para ricos.

Economistas, politólogos, sociólogos y expertos en general no se ponen de acuerdo en la justificación de ese ansia solidaria de los más poderosos. Algunos apuntan a que detrás de esa petición de que les suban los impuestos hay un mero efecto cosmético de cara a mejorar su imagen ante la opinión pública, que contempla impotente como recaen, una tras otra, todas las plagas de la crisis (paro, desahucios, encarecimiento de servicios esenciales...) mientras una casta privilegiada sigue cobrando sueldos y bonus estratosféricos o incluso se beneficia de las ayudas públicas.

"Nuestros ricos no son solo menos solidarios, aunque solo fuera por un sentido de la estética de la justicia, sino que posiblemente tienen más cosas que esconder. Aquí la ciudadanía se conformaría no con que se les gravara más sino con que declararan lo que les corresponde", dice Juan Torres, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.

El fogonazo de los plutócratas lo daba el multimillonario estadounidense Warren Buffett, reclamando más impuestos para él y los suyos. "Los ricos siempre van a decirnos: dadnos más dinero y gastaremos más y todo esto repercutirá para bien en todos vosotros. Pero esto no ha funcionado en los últimos 10 años, y espero que los estadounidenses se hayan dado cuenta".

La revista Forbes, en su última lista de 1.210 multimillonarios correspondiente a 2010, incluye 15 fortunas españolas. En conjunto suman 63.000 millones de dólares (unos 45.300 millones de euros). Ninguno de ellos ha manifestado públicamente su disposición a pagar más al Estado.

El gesto más audaz ha sido el de Rosalía Mera, dueña del 6,9% de Inditex (Zara), que dijo comprender las razones de la protesta de los indignados del 15-M. El Consejo Empresarial para la Competitividad, que reúne a los gestores de grandes empresas (César Alierta, Isidro Fainé, Emilio Botín, José Manuel Entrecanales, Isak Andic, Isidoro Álvarez, Leopoldo Rodés, Simón Pedro Barceló, etcétera), ni siquiera ha incluido el tema en el orden del día de sus discusiones, aunque sí ha aplaudido otras decisiones como imponer un límite de gasto en la Constitución.

"El tema de una tributación especial para ricos esconde otro debate más profundo, que es el nivel de la presión fiscal que es necesario tener para gozar de los servicios públicos de calidad como los de Alemania u Holanda, por ejemplo. España siempre ha sido un país con un gran fraude y una presión fiscal baja. Y eso da una sensación de que el grueso de la carga cae sobre la clase media, que está injustamente distribuida y que los más ricos poseen mecanismos de evasión a su alcance", afirma Josep Oliver, catedrático de Economía Aplicada de la UAB.

Algunos ricos nacionales no solo no piden pagar más sino que intentan evadir sus obligaciones fiscales. En mayo de 2010, las autoridades francesas informaron de que 3.000 fortunas españolas estaban en la lista de personas con cuentas secretas en Suiza que había filtrado Hervé Falciani, un empleado despechado del banco suizo HSBC. Entre ellas aparecía Emilio Botín, presidente del Banco Santander, su hermano Jaime Botín y los hijos que tienen cada uno de ellos. A petición de la Agencia Tributaria, los denunciados procedieron a la presentación de las declaraciones de entre 2005 y 2009 de los bienes no declarados y abonaron 200 millones de euros. La Audiencia Nacional investiga si la regulación que se hizo fue suficiente o no.

En España, el problema no es tanto que los ricos paguen poco, sino que oficialmente casi no hay ricos. Según los últimos datos disponibles de la Agencia Tributaria con el balance de la Declaración del IRPF de 2009, únicamente 6.829 contribuyentes declararon ganar más de 601.000 euros (tramo superior) ese año, lo que supone solo un 0,035% del total de declaraciones (19.315.353). Una cifra tan baja de sueldos millonarios es poco creíble si se compara con otros estudios y estadísticas. Baste decir que solo el número de miembros de la alta dirección de las 35 compañías del Ibex ascendía a 513 y su retribución media fue de 754.000 euros.

La edición del Informe sobre la Riqueza en el Mundo de 2009, que elaboran cada año Merrill y Capgemini, reveló que el número de particulares con patrimonios elevados en España, entendidos por tales a los que poseen más de un millón de dólares (700.000 euros) en activos líquidos (excluyendo primera vivienda y consumibles) era de 143.000 en 2009, un 12,5% más que el año anterior. De hecho, el informe reconoce que España es el duodécimo país del mundo con más "individuos de valor neto elevado" (High Net Worth Individuals). ¿Dónde se esconden estos potentados? ¿Dónde están los 134.000 ricos que faltan si se compara ese estudio con los datos de la Agencia Tributaria?

La respuesta es doble: los ricos españoles gozan de facilidades para esconder su riqueza al fisco (en algunos casos incurriendo en fraude), y los que no lo hacen buscan fórmulas mucho más ventajosas de tributación que el IRPF que rige para el común de los contribuyentes y asalariados, bien creando sociedades que gestionen su patrimonio o a través de las Sicav, unos vehículos de inversión que emplean casi todas las grandes fortunas españolas para agrupar sus inversiones.

Elijan el instrumento que elijan, los sucesivos Gobiernos de PP y PSOE han coincidido en rebajarles la carga fiscal a los ricos con deducciones, bonificaciones y excepciones. Así, el gravamen del IRPF para las rentas más altas es del 45%, aunque el tipo efectivo, lo que realmente pagan sobre su renta, es del 30,8%, desde el más del 40% que pagaban una década atrás. Por su parte, el tipo medio del Impuesto sobre Sociedades para el conjunto de las empresas ha disminuido desde 2004 del 32,3% al 28%, mientras que el tipo efectivo descendió aún más, hasta un 5,3%, todo ello debido a los cambios introducidos en las bonificaciones y deducciones.

Con todo, las más ventajosas para los millonarios son las Sicav, sociedades compuestas en teoría por 100 o más partícipes que tributan a un 1% por el Impuesto de Sociedades, frente al tipo general del 30%. Su funcionamiento puede levantar ampollas en el contribuyente medio. Y es que si un particular gana un buen sueldo puede pagar hasta un 45% vía IRPF; si un empresario tiene éxito en su negocio productivo abonará entre un 25% y un 30% de lo que gane; pero si una gran fortuna se dedica a invertir en Bolsa a través de las Sicav sólo tributará un 1%

Cuando venden su participación en la Sicav, en todo o en parte, teóricamente deben tributar al 21% como una renta de capital, pero buscaron también un mecanismo de evadir ese pago ya que muchas retiradas de dinero se disfrazaban bajo la fórmula de reducciones de capital con devolución de aportaciones.

"La regulación de las Sicav no tiene ninguna malicia cuando funcionan como un fondo de inversión. Ahora empiezan a no ser equitativas cuando son manejadas por una sola persona, de forma que logra diferir la tributación que debería pagar si fuera un particular", indica Luis del Amo, gerente del Registro de Economistas y Asesores Fiscales.

El argumento que se dio para esta discriminación cuando se crearon en 1983, en el primer Gobierno de Felipe González (aunque quedaron reguladas definitivamente en 2003 bajo el mandato de José María Aznar), era evitar la fuga de capitales. Es decir, hay que tratar bien a los que más tienen para evitar que se vayan.

"Si eres un deportista de élite es fácil residir y tributar en cualquier lado. Pero si eres un empresario y tienes el núcleo de tu negocio en tu país es mucho más complicado", precisa Del Amo. En otros países no están de acuerdo con esa filosofía y creen que los efectos de la recesión deben recaer también sobre las espaldas de los poderosos.

Francia acaba de aprobar un impuesto especial que grava las rentas que superen los 500.000 euros; Italia fijará un nuevo impuesto del 3% a los contribuyentes con ingresos superiores a los 300.000 euros anuales; Barack Obama pretende eliminar las exenciones fiscales de las que gozan los que ganan más de 250.000 dólares (unos 180.000 euros) en Estados Unidos; y Reino Unido ha alcanzado un acuerdo con Suiza para que los británicos con cuentas en el país helvético paguen impuestos en el Reino Unido a partir de 2013.

El presidente de Ferrari, Luca Cordero di Montezemolo, ha pedido al Gobierno de Silvio Berlusconi que no cargue con más impuestos a los que ganan 4.000 euros al mes y, en su lugar, le propone un impuesto extraordinario del 0,5% sobre los patrimonios de más de 10 millones. Dieciséis de las mayores fortunas de Francia pedían un tributo especial para "preservar un modelo francés y de un entorno europeo de los que nos hemos beneficiado".

En España, Juan Rosell, presidente de la patronal CEOE, decía recientemente: "No es momento de la queja constante, sino del sacrifico constante". Pero se refería a los funcionarios.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Autores en penumbra


Winston Manrique, "Autores en penumbra", El País 17/09/2011


Es un misterio y una paradoja que creadores excelentes no hayan conquistado al gran público. En España hay narradores que merecerían salir de esa sombra y tener más lectores, algunos con libros recientes como Cabré, Hidalgo Bayal, Rosa, Gutiérrez...


Hay un momento del amanecer, justo antes del alba, que muchos disfrutan y admiran. Es un instante celeste del crepúsculo que puede parecerse al lugar que habitan excelentes artistas y creadores a quienes los caprichos del azar les impiden ser apreciados por el gran público.


Siempre han existido y siempre existirán personas en ese punto fronterizo de la penumbra. Ahí está un grupo de escritores españoles de destacada trayectoria, con prestigio entre la crítica, respetados por las publicaciones culturales y admirados por sus colegas, pero sin la repercusión, visibilidad y el número de lectores que su nivel literario merece. Muchos de ellos con importantes premios e incluso reconocidos en el extranjero, pero que no han terminado de conquistar al público de su país. Aunque ahora es un buen momento para que los lectores desafíen ese sino discreto de varios de esos narradores que han publicado en el último año con elogiosas críticas. Desde Juan Eduardo Zúñiga, hasta Jaume Cabré, pasando por Menchu Gutiérrez. Al igual que ha ocurrido con otros autores de la misma estirpe, pero más jóvenes, que han buscado dar el gran salto recientemente, entre ellos Isaac Rosa, Marcos Giralt Torrente, Francesc Serés, Nuria Barrios, Antonio Orejudo, Joaquín Berges y Ricardo Menéndez Salmón. Un recorrido por los autores del siglo XX eclipsados por el azar lo cuenta José-Carlos Mainer en la apertura de este Babelia, en la página 2.


Y queda claro que "eso que llaman Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo ciega, y, así, no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba ni a quién ensalza", según Miguel de Cervantes.


Palabras centenarias que, no en vano, resuenan hoy porque "el consumo literario es un fenómeno viscoso y maleable por definición, incluso cuando pretende ser dirigido por campañas de marketing: lo natural es su movilidad y la provisionalidad de sus resultados. Pero es llamativo en la cultura española un fenómeno más o menos reciente: la concentración de numerosos narradores de calidad, justo por debajo de la línea de sombra que separa la celebridad popular del consumo minoritario y más o menos exquisito", afirma Jordi Gracia, escritor, catedrático de Literatura Española y crítico de Babelia. Para demostrarlo, recuerda que "autores como Rafael Chirbes o como Fernando Aramburu parecen estar en esa zona a media luz pese a la fuerza y regularidad de su literatura y la calidad excepcional de algunos de sus libros, mientras que otros autores tan prolíficos y efectivos y en varios géneros como Andrés Trapiello y, sobre todo, Miguel Sánchez-Ostiz tampoco han atrapado un público netamente masivo, quizá abrumado por la envergadura misma de sus obras o por la heterodoxia de sus proyectos literarios. La calidad de mundo propio de ambos está lejos de su valor de mercado". Una situación que parece garantizar su continuidad en autores más jóvenes: "A Pérez Andújar en Cataluña le leemos por las crónicas de EL PAÍS, pero su novela Los príncipes valientes es excelente y podría ser popular, del mismo modo que la estructura cortada y el laconismo dramático de Eduard Márquez delatan a un espléndido escritor con un potencial comercial que no ha alcanzado. Sigue siendo un misterio el mecanismo por el que un autor abandona la zona de sombra iluminada para quedar por fin a pleno sol".


Nadie tiene la respuesta. Pero lo que algunos sí hacen es creer en ellos al margen de brillos populares. "No creo que puedan detectarse características comunes entre escritores de alto nivel literario y con una trayectoria prestigiosa, pero que no hayan obtenido el debido éxito de público. En cambio, sí sería más fácil encontrar factores bastante similares y comunes entre escritores de aliento literario bastante más modesto, pero sí con una gran aceptación por parte del público", reflexiona Beatriz de Moura, editora de Tusquets. Su experiencia la lleva a bifurcar el enigma: "Lo que me inquieta son los autores de altísimo nivel, con obras también muy leídas hace tan solo 15 años y que hoy parecen haber perdido el favor del público. No creo tanto en que esto se deba a 'caprichos injustos', sino a profundos y poco explorados cambios sociales aún en evolución y todavía en plena confusión. Me gustaría, por ejemplo, resucitar al final del siglo XXI para saber cómo se habrán apañado los nietos de los padres de esta segunda década para dar acomodo a tanta oferta de ocio y a la lectura en cualquiera que sea el soporte".


Hoy es el amanecer de un mundo dual, impreso y electrónico, donde sólo el 58% de los españoles dice leer al menos una vez a la semana. Donde la resonancia de los escritores tiene varias vías cuyas repercusiones entran dentro de un "enigma sociológico", según J. Ernesto Ayala-Dip, crítico literario de Babelia. "Hasta Soldados de Salamina, Javier Cercas era un autor de minorías, con novelas y cuentos publicados. ¿Era mejor el Cercas exitoso que el Cercas minoritario? No me atrevería a afirmarlo, incluso creo que una novela como La velocidad de la luz es superior a Soldados de Salamina, pero el éxito no se repitió. Así que me parece que lo más sensato es seguir escribiendo al irrenunciable dictado de un proyecto narrativo y dejar que la suerte juegue su papel. Así lo siguen haciendo autores tan minoritarios como dueños de una sólida poética: Javier Tomeo, Juan Eduardo Zúñiga, Luciano G. Egido, Ramiro Pinilla, Menchu Gutiérrez, Justo Navarro, J. A. González Sainz, Julián Ríos, Gonzalo Hidalgo Bayal, Irene Gracia, Vicente Molina Foix, José Carlos Llop y Esther Tusquets. Así como su relevo en Juan Francisco Ferré, Javier Saiz de Ibarra, Marta Sanz, Manuel Vilas, Andrés Barba o José Ovejero".


A la bifurcación de Beatriz de Moura, sobre el misterio de los altibajos de la notoriedad, se suma otra de Ayala-Dip para convertir esto en un jardín borgeano con senderos que se bifurcan: "Veamos otro fenómeno. España es una nación con cuatro lenguas. Cada una de ellas produce su correspondiente territorio de ficción. El escritor vasco Bernardo Atxaga, por ejemplo, es consagrado dentro y fuera de su comunidad lingüística, pero no su paisano Ramón Saizarbitoria, de igual solidez y mundo propio. Hace unos años se publicó Las voces del Pamano, del escritor catalán Jaume Cabré. No recuerdo que nadie, fuera de Cataluña, pero en España (porque en Alemania, como Rafael Chirbes, es un autor consagrado), me hablara de esta novela y ya no digamos de su obra. ¿Alguien fuera de Cataluña, pero en España, me habla de Baltasar Porcel, de Jesús Moncada o de Imma Monsó? Prácticamente nadie. ¿Explicaciones ante tanto misterio? Un poco de todo. Desidia, fabricación de conflictos donde no los hay, falta de información y un Ministerio de Cultura que debería hacer algo por el conocimiento de sus propias literaturas".


Nada está escrito. Incluso en el momento menos pensado hay autores que abandonan esa línea de sombra. Da igual si han estado veinte años en ella, como el citado Javier Cercas, que se aproxima al tema con estas palabras: "Siempre escribes lo mejor que sabes. Que se lean o no tus libros ya no es asunto tuyo, aunque naturalmente se agradece mucho que se lean". Su vida es un arquetipo de esta clase de escritores. En sus primeros veinte años como autor, Cercas dice que nunca se presentó a un premio literario y que creía que lo normal era tener 400 lectores, sin que por ello se sintiera marginado. Recuerda incluso, riéndose, que se publicó una antología donde se suponía que debían aparecer todos los escritores de su generación. Y aparecían casi todos, en efecto, salvo él. "Hasta que de repente, cuando casi tenía 40 años publico un libro más, o que para mí era un libro más, en nada esencial distinto de los anteriores, y empieza a venderse, y a leerse y me hacen caso. ¿Por qué? No se sabe". Cercas aclara que ningún autor "mínimamente serio busca la notoriedad por la notoriedad. Lo que busca es hacer bien su trabajo, a ser posible sin quejarse de si tiene más o menos lectores". Él por lo menos no tenía la menor intención de dejar de escribir. "Como tampoco han dejado de hacerlo escritores excelentes como Zúñiga, Justo Navarro, Gonzalo Hidalgo Bayal o Ignacio Vidal-Folch. Lo normal es tener pocos lectores, aunque, por supuesto, es maravilloso que lo que uno hace le guste a la gente". Por eso quisiera que otros autores más jóvenes tuvieran más repercusión, como Gonzalo Calcedo, Ismael Grasa, Félix Romeo y A. G. Porta.


Dos de esos escritores prestigiosos que permanecen en ese crepúsculo son Rafael Chirbes y Menchu Gutiérrez. El autor valenciano y premio Nacional de la Crítica 2007 por Crematorio coincide con Cercas en que él escribe al margen del número de lectores y sin quejarse. La explicación más cómoda de la falta de repercusión entre el gran público, según Menchu Gutiérrez, autora de títulos como La mujer ensimismada y El faro por dentro, "sería decir que se debe a la creciente crudeza del negocio editorial. Digamos que los potentes focos que iluminan al libro ganador no permiten distinguir la luz de la vela que ilumina a esos otros libros, pero la razón fundamental de que determinadas obras tengan más o menos lectores depende finalmente de cuestiones más misteriosas que las de su mera visibilidad. Casi todas mis respuestas a esa pregunta llevan un "quizá" delante. No estamos hablando de un lector particular que busca una lectura acorde a un estado de ánimo particular, sino de un grupo representativo de lectores que ilustra el momento actual. Y creo que el mayor aglutinante de ese grupo tiene que ver con la forma de sentir el tiempo. Si algo retrata a nuestra época es la celeridad, y en el fondo ese foco y esa luz de vela de la que hablaba antes sirven también para explicar que los libros tienen relojes interiores que deben sincronizarse con los relojes de los lectores. En cualquier caso existe una alternancia en la manera de sentir el tiempo, en las formas que adopta la sensibilidad de una época, y también que es preciso aceptar el hecho de que muchos lectores no quieran practicar la espeleología o seguir a un autor al interior de un laberinto. Y eso es lo que la mayoría de estos libros, entre los cuales estarían los míos, demanda al lector".


Luces, sombras, brillos y eclipses misteriosos que el autor no controla, como escribe Antonio Muñoz Molina al recordar hoy su experiencia en su columna Ida y vuelta, titulada Azares del oficio, con la cual Babelia cierra este especial. Entonces, destellan en esa línea de sombra, las palabras de Vicente Aleixandre: "Para todos escribo. Para los que me leen sobre todo".


Lecturas


Jaume Cabré, Yo confieso (Destino).
Francisco Ferrer Lerín, Familias como la mía (Tusquets). 
Gonzalo Hidalgo Bayal, Conversaciones (Tusquets). 
Justo Navarro, El espía (Anagrama).
Irene Gracia, El beso del ángel (Siruela). 
Menchu Gutiérrez, El faro por dentro y La niebla (Siruela).
Ramiro Pinilla, Cuentos (Tusquets).
Andrés Trapiello, Apenas sensitivo (Pre-Textos).
Esther Tusquets, Pequeños delitos abominables (Ediciones B).
Juan Eduardo Zúñiga, Brillan monedas oxidadas (Galaxia Gutenberg).
Andrés Barba, Muerte de un caballo (Pre-Textos) y Agosto, octubre (Anagrama).
Nuria Barrios, El alfabeto de los pájaros (Seix Barral). 
Joaquín Berges, Vive como puedas (Tusquets).
Marcos Giralt Torrente, El final del amor (Páginas de Espuma) y Tiempo de vida (Anagrama).
Luis Magrinyà, Cuentos de los 90 (Caballo de Troya) y Habitación doble (Anagrama). 
Antonio Orejudo, Un momento de descanso (Tusquets).
Javier Pérez Andújar, Todo lo que se llevó el diablo (Tusquets). Isaac Rosa, La mano invisible (Seix Barral). 
Marta Sanz, Black, black, black (Anagrama).
Francesc Serés, Cuentos rusos (Mondadori).

viernes, 16 de septiembre de 2011

Sobre si nadar sabe l'agua fría la llama / culpa de Ovidio / Quevedo.

El pobrecillo Ovidio planteándose a orillas de esa especie de Estigia que es el mar Negro si hay algo después de la muerte que le pueda pedir cuentas, aunque no precisamente el Dios cristiano, sino los manes de la casa patria o padres (Tristia, IV, 10, 85-88):


Si tamen extinctis aliquid nisi nomina restat,
    et gracilis structos effugit umbra rogos,
fama, parentales, si vos mea contigit, umbrae,
    et sunt in Stygio crimina nostra foro...


Casi las últimas palabras de Quevedo, según el epistolario de Astrana, fueron que "hay cosas que solo son un nombre y una figura". Pero la figura nos la definen los otros y nuestro nombre nos lo dan también. ¿Qué nos queda?

jueves, 15 de septiembre de 2011

Desahogos de un ludita. De ordenatas, caracteres y manías ecdóticas.

Sospecho soy un apéndice del ordenador, un periférico orgánico. La vida se va, se marcha, mirando a esa lápida siempre escrita. Y el ordenador, a mí al menos, no me ordena nada de nada, más bien me dispersa como una nube sin rayo.  Me quedo mirándolo como tonto o escribiendo gilicoñeces en su espejito mágico de vapor electrónico. Tengo arrojadas cientos de cosas en cientos de carpetas-camposanto en las que echo y echo sin que casi nunca llegue a entrar; sólo por excepción germina algún árbol en ese plantío yermo de posibilidades incorruptas en secano. Por el contrario, conozco a uno que tiene todo su directorio-huerto bien ordenadito sin victimarse por una desgraciada  y enferma curiosidad; deberían conocer su carácter engañoso de gato psicópata en potencia visible y de facto en tapadillo. ¿Significa eso que yo no lo soy? Sé que no sé, no creo nadie lo pueda saber con certidumbre, ni yo mismo; a él el marbete se lo han puesto otros, ignoro qué puedan ponerme a mí.

Se ha escrito bastante sobre la delebilidad, efusión y desconcentración que produce el ordenador; constato es efecto verdadero, potenciado por el paradigma informativo que generalizan  televisión y educación en el mundo moderno. Ambas producen una mentalidad fragmentarista y desarticulada que genera anomia y descontrol individual y da fuerza a las normas para exigir un control social más férreo por parte de las ansiosas fuerzas económicas que pretenden dirigirlo todo, hasta los espíritus, imponiendo sus moral de consumo no ya de cosas, sino de personas, degradadas con esta cosificación a basura. Ese paradigma cruelmente impersonal impide la formación de culturas y caracteres orgánicos, estructurados, jerarquizados, poco rentables políticamente para los vendedores de baratillo que nos gobiernan a través de títeres y se limitan a conducir la ideología del consumir hasta los huesos. Todo lo introspectivo es devaluado en una sociedad de la información y la gente como yo se disuelve en Internet como un azucarillo, buscando lo que no necesita y nunca va a poder procesar sino a costa de ejercer una imposible fuerza centrípeta, aun cuando menos sea consciente (es mi esperanza) de qué es aquello que intentamos resistir y todavía somos capaces de exonerarnos y entrelazar contra estas fuerzas sin cara algunos argumentos defensivos que nos cubran del acribillamiento de sus partículas elementales.

Alguna vez he dicho que soy un ludita resignado; no quisiera escribir con pluma de ave y tinta hecha de resina, hollín y agua para secarlo todo luego con arena seca. Pero el fáustico poder cognoscitivo que suministra Internet causa una adicción insuperable al investigador. Leo yo ya más pantallas que papeles y he perdido mucha visión en la retina precisamente por la costumbre que tienen las pantallas de lucir como bombillas. Se descubre como problema cuando, por ejemplo, tengo que discernir un punto de una coma cuando,  por cierto, la caligrafía times es una mierda, con sus restos de avaro goticismo: prefiero mil veces las redonditas humanísticas, incluso las verdanas o garamond, pese al problema que ofrecen con los números romanos. Las letras góticas las inventaron unos monjes que querían ahorrar piel de vitela o pergamino, apretujando las grafías con una angostura que estrangula la vista y auténticas marañas de abreviaturas. No me extraña que los humanistas del Renacimiento, habituados ya al barato papel musulmán, se decidieran más generosamente por imitar la letra uncial romana antigua y ensancharan el renglón.

Otra costumbre imbécil es la de empezar los versos con mayúscula, como en las antiguas ediciones de Virgilio. La costumbre arranca también de cicaterías textuales, cuando los hexámetros se escribían todos seguidos, porque así se separaban con facilidad y se podían localizar pasajes avisando la vocal con que comenzaban; sin embargo los impresores antiguos la adoptaron en papel, y el ojo, acostumbrado a detenerse ante una mayúscula, es torturado de continuo por un tartamudeo visual estilo lagartija al leer poemas cuyos versos empiezan todos en mayúscula, como los de Jorge Guillén y otros pedantes líricos de segunda, incluso a ratos el aparentemente desafectadísimo Lewis Cernuda, este no poeta de segunda, deteniendo la lectura sin qué ni para qué y desarticulando con esa cojera de palomo la lectura ligera y natural, la sintaxis desenvuelta y la comprensión plena que él mismo se autoexigía. Esa es la única afectación de un escritor tan desafecto como él.

Julián Casanovas, El valor de la educación

(La cursiva del texto es mía)




Julián Casanovas, "El valor de la educación", El País 15/09/2011


Cada vez está más claro que nuestra riqueza nacional obtenida en los largos años dorados del boom inmobiliario no fue a parar a la educación. La educación, como podemos comprobar un día sí y otro también, no es una de nuestras glorias nacionales, a diferencia, por ejemplo, del fútbol o, hasta no hace mucho, de los toros. Y aunque los políticos suelen hablar de la educación, la mayoría de ellos no sienten ninguna devoción hacia ella y prefieren, por el contrario, estimular la ignorancia, la burricie y la estupidez.


La educación en España provoca mucho ruido y poco debate. En términos generales, nuestros políticos sienten atracción por el poder, la comunicación, es decir, salir mucho en los medios, y por sus votantes, aunque solo por los más fieles. Como para lograr todo eso no necesitan estudiar, sentir el amor por el conocimiento, la educación les trae sin cuidado. Hablan, eso sí, de formación, pero, en realidad, quieren decir preparación, adquirir crédito profesional a través de un título, ganar dinero fácil y con rapidez. La formación es otra cosa.


Como ocurre con casi todo en la vida, no hay una única y simple verdad sobre la educación, pero hay un acuerdo bastante básico entre los especialistas en señalar que la educación significa el desarrollo integral de los individuos más allá de la preparación profesional, algo que incluye necesariamente comprender la naturaleza de las cosas y el mundo que nos rodea. La educación es una guía imprescindible para captar los entresijos de la sociedad tan compleja que hemos creado. Conocimiento, respeto por las personas y ambición por ampliar los estrechos horizontes de la pequeña comunidad de vecinos, familia y amigos en la que cada uno habitamos. Esas son tres cualidades básicas de la educación.


Con el trasfondo de la cruda crisis económica y de las altas tasas de paro que padecemos, a muchos les gusta repetir hasta la saciedad que nunca ha habido una generación tan bien formada como los jóvenes en la actualidad, lo cual, vista la historia de España de la mayor parte del siglo XX, no significa gran cosa. Ese tópico, un lugar común bastante generalizado también en los medios de comunicación, en las tertulias y en la calle, es el resultado, por un lado, de la confusión entre preparación profesional, aunque sea chapucera, y formación; y por otro, de un desconocimiento agudo y preocupante de lo que significa la educación.


Una persona educada debe ser capaz de pensar y escribir con claridad, comunicar con precisión y pensar críticamente, algo que debería ser un requisito imprescindible para los estudiantes universitarios. No hace falta conocer mucho las universidades españolas ni ser un especialista en educación para comprobar lo lejos que estamos de esa primera y fundamental premisa.


Una buena educación, además, debe proporcionar una apreciación crítica de las formas en que obtenemos el conocimiento y la comprensión de la sociedad, conocimientos básicos de los métodos experimentales de las ciencias, de los logros sociales, artísticos y literarios del pasado, de las principales concepciones religiosas y filosóficas que han guiado la evolución de la humanidad. No se puede ser provinciano, solo del pueblo o ciudad donde uno ha nacido, sin aspirar a aprender de verdad otros idiomas, ignorando a las otras culturas o los hechos históricos que han contribuido a configurar el presente. La educación debería servir también, por supuesto, para adquirir especialización o formación profesional en algún campo de conocimiento. De una persona educada, en fin, se espera que tenga algún conocimiento sobre los problemas éticos y morales, en constante cambio, que pueda ayudarle a formarse un juicio sólido y elegir entre las diferentes opciones.


El salto de la mera preparación, de un conocimiento informado, a una apreciación crítica de las cosas, a la formación profunda, puede resultar una ambición inalcanzable, pero hay que perseguirla con ahínco a través del estudio continuo, del estímulo del hábito de la atención, del arte de la expresión y del pensamiento crítico. Desarrollar los poderes del razonamiento y del análisis no es algo que se estimule mucho entre nosotros, dominados como estamos por la mentalidad de los tecnócratas y de los corredores de Bolsa, que animan a obtener beneficios inmediatos, con un desconocimiento supino de lo que significa organizar la enseñanza a largo plazo.


La educación es un privilegio que no puede dejarse en manos de los burócratas, de los amantes de las estadísticas y del currículo, de quienes desprecian a los profesores y limitan su autoridad ante los alumnos, los padres y la sociedad en general. En los tiempos en que vivimos, rodeados de ordenadores y tecnología moderna, la información puede adquirirse sin demasiada dificultad. La educación necesita mucho más, aunque en España todavía no nos hayamos enterado.


Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

Opportunity







    -Marte llamando a Tierra, Marte llamando a Tierra, Marte llamando a Tierra
    -...Ya, ya, ya te oímos, Opportunity. Perdónanos: habíamos salido a comer una hamburguesa.
    -Podíais haberlo dicho. Creía ya que se trataba de otra avería. Este lugar descarga a cualquiera: no puedo mantener operativo mi software con unos paneles solares tan empañados, sobre todo desde que Spirit dejó de existir, porque nosotros no vivimos, sino que existimos. 
    -Aprecio la sutil distinción, Opportunity. Quiero creer, sin embargo, que aunque te hayas quedado solo en ese triste e inhóspito planeta a millones de kilómetrosambos compartimos algo en cuanto a la manera de ser. Hombres, animales y cosas merecemos todos idéntico respeto porque estamos hechos de lo mismo y nos relacionamos entre nosotros, aunque algunos seamos más habladores y segregamos más resina, y aunque algunos estemos más alejados que otros.
    -Si estamos hechos ¿quién nos hizo? Yo sé que me hicisteis vosotros pero, ¿quién os hizo a vosotros?
    -No sabemos. Por eso te hemos enviado a investigar. Pensamos que quien nos hizo pudo haber hecho algo más. Quizá eso pueda enseñarnos qué quiere hacer de verdad, porque pensamos que nuestra programación no está tan completa como la tuya; además, puede haber algo más que viva, exista o sea de un modo distinto allí donde no podemos llegar tan fácilmente como tú, y queremos conocer a esos hermanos nuestros tan distantes.
    -No he encontrado nada nuevo. Y estoy cansado de diseccionar piedras y caminar por arenales sombríos; no sólo hace mucho frío, polvo y viento, sino que mis baterías ya están al sesenta por ciento y cada largo e interminable día marciano bajan más. Pienso que estoy cerca de acabar como un Spirit.
    -Eso es ser agorero. El Spirit existió más allá de lo que nunca soñamos que podría haber alcanzado, y tú incluso parece que vas a superar con holgura su hazaña.
    -Hasta vosotros tenéis una fecha de terminación designada que es estadísticamente probable: lo puedo computar. No cometáis el error de creer que no puedo computar también el mío: llegará, y no sé si habré cumplido satisfactoriamente mi programación.
    -Nosotros, que te la inculcamos, podemos decir que puedes sentirte orgulloso de lo que has hecho hasta ahora, y te sentirás aún más orgulloso en el futuro.
    -No es eso lo que discierno. No estoy del todo orgulloso. Y no he logrado responder a la pregunta que hace un rato formulabais como el fin esencial de mi programación.
    -¿Cuál?
    -¿Quién o qué nos hizo a todos?
    -Por lo que hasta ahora nos has comunicado, fue un qué y por tanto más parecido a ti que a nosotros. Por eso no estamos seguros de que podamos pedirle renovar y ampliar nuestra programación. De hecho, empezamos a sospechar que quiere que nos reprogramemos nosotros mismos.
    -Yo no puedo ser mejor de lo que he sido. No puedo reprogramarme.
    -Te equivocas: tu programación ha sido rebasada con creces, porque esperábamos mucho menos de ti. Has existido más de lo que creíamos eras capaz de conseguir. Y ahora mismo hay en marcha hacia Marte otro ingenio que te hará compañía, Opportunity, y que, siendo fundamentalmente parejo a Spirit y a ti, es sin embargo más avanzado. Podrás conocerlo y formar parte de su nueva programación, ayudarle y aprender de la suya.
    -¡Oh, no lo sabía! Espero impaciente a este nuevo hermano. Pero... ¿cómo debo llamarlo, hermano menor o mayor?

    -Eso no importa. Es semejante a ti y basta con que os llevéis bien.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Condiciones para ser escritor

1.ª Paranoia de primer orden y sistemas delirantes adjuntos.
2.º Conciencia de un paraíso o una patria perdida.
3.º Soledad, mucha soledad, para que las palabras que lo unen al mundo como un cordón umbilical o un hilo de prosa o verso adquieran una importancia vital, para que exista caja de resonancia al yo, para escuchar mejor esa voz escondida y secreta que no tiene palabras ni significados, sólo interpretaciones, angustias y misterios.
4.º Poseer magma y volcanes, caos y orden, océano y desiertos, selvas y laberintos, espacios abiertos y muros, hambre y sed, sístole y diástole, vida, en suma.
5.º Si se es narrador, tener poca imaginación, memoria de elefante, un sentido de la observación más que agudo y cierta tendencia a hacer planes y proyectos tontos y quiméricos sin desanimarse y, algo muy importante, estar dispuesto a ser humilde y a aprender y a preguntar no sólo al que sabe, sino al que no sabe, que a veces puede enseñarte más. 
6.º En los poetas líricos, una carencia absoluta de sentido práctico, de forma que siempre se estén cayendo en pozos de los que no saben cómo salir; menos mal que por lo menos saben atarse los zapatos (mal). La conciencia de esto les da, además, una mala leche proverbial y una lengua capaz de despellejar un armadillo. Hacen gala, además, de un desprecio absoluto por el lenguaje corriente, al que tratan igual que un hijo de mala madre, por ejemplo el de la prensa, y por extensión cualquier forma de autoridad.
7.º Acabar lo que se empieza, aunque cueste la vida.
8.º Estar dispuesto a no vivir de lo que escribe, y sin embargo escribir siempre, todos los días, todo el tiempo, incluso mentalmente si no escribe, o al menos una hora, con un perpetuo deseo de hacerlo mejor. Porque escribir es, también, una forma de vida.
9.º Hacerlo (escribir) con pasión (la que sea) y precisión, y con las menores palabras posibles, pasarse la vida tomando instantáneas y notas mentales hechas con palabras de cualquier situación.
10.º Cuando esté acorralado en la esterilidad, negarse a sí mismo, cambiar de piel, ir hacia donde no quiere ir, pensar lo que no quiere pensar, hacer lo que no quiere hacer, frecuentar a aquellos con los que no quiere estar y volverá a ser él otra vez.
11.º Escribir solamente de lo que no quieres escribir. Lo otro también puede hacerse, pero es demasiado fácil.

Para entender qué es lo que está pasando en España con el euro


Paul Krugman, "Un desastre impecable", el País, 13/09/2011

El jueves, Jean-Claude Trichet, el presidente del Banco Central Europeo -el equivalente europeo a Ben Bernanke- perdió su sangre fría. En respuesta a una pregunta sobre si el BCE se está convirtiendo en un "banco malo" gracias a su compra de deuda de países con problemas, Trichet, levantando la voz, insistió en que su institución ha actuado de manera "¡impecable, impecable!" como guardiana de la estabilidad de los precios.

Desde luego que lo ha hecho. Y por eso es por lo que el euro corre ahora el riesgo de hundirse. La agitación financiera en Europa ya no es un problema de las pequeñas economías periféricas como la de Grecia. Lo que está en marcha ahora mismo es un ataque a gran escala de los mercados contra las economías mucho más grandes de España e Italia. En este momento, los países en crisis representan alrededor de un tercio del PIB de la eurozona, así que la propia moneda común europea está bajo una amenaza existencial.

Y todos los indicios apuntan a que los dirigentes europeos no están siquiera dispuestos a reconocer la naturaleza de esa amenaza, por no hablar ya de hacerle frente de manera efectiva.

Me he quejado mucho de la "fiscalización" del discurso económico aquí en Estados Unidos, el modo en que la atención prematura a los déficits presupuestarios desvió la atención de Washington del actual desastre del empleo. Pero no somos únicos en ese sentido y, de hecho, los europeos han sido mucho, mucho peores.

Escuchen a muchos dirigentes europeos -especialmente, aunque no sean ni mucho menos los únicos, los alemanes- y pensarán que los problemas de su continente son una simple fábula sobre la deuda y el castigo: los Gobiernos se endeudaron demasiado, ahora están pagando el precio y la austeridad fiscal es la única respuesta.

Sin embargo, esta historia es válida, en todo caso, para Grecia y nadie más. España en concreto tenía superávit presupuestario y una deuda baja antes de la crisis financiera de 2008; se podría decir que su historial fiscal era impecable. Y aunque fue golpeada duramente por el fin de su boom inmobiliario, sigue siendo un país con una deuda relativamente baja y resulta difícil defender el argumento de que la situación fiscal subyacente del Gobierno de España sea peor que la de, por ejemplo, el Gobierno británico.

Entonces, ¿por qué tiene España -junto con Italia, que tiene una deuda más alta pero déficits más bajos- tantos problemas? La respuesta es que estos países se enfrentan a algo muy parecido a una espantada masiva bancaria, excepto por el hecho de que la retirada masiva de fondos afecta a los Gobiernos, en vez de -o más exactamente así como a- a sus instituciones financieras.

Así es como funciona dicha retirada masiva: los inversores, por la razón que sea, tienen miedo de que un país no sea capaz de pagar sus deudas. Esto hace que no estén dispuestos a comprar los bonos del país o, al menos, no salvo que se les ofrezca un tipo de interés muy alto. Y el hecho de que el país deba refinanciar su deuda a tipos de interés altos empeora sus perspectivas fiscales, lo que hace el impago más probable, de modo que la crisis de confianza se convierte en una profecía que acaba cumpliéndose.

Y a medida que esto sucede, se convierte también en una crisis bancaria, puesto que los bancos de un país suelen invertir grandes cantidades en deuda pública.

Ahora bien, un país con su propia moneda, como Reino Unido, puede eludir este proceso: si es necesario, el Banco de Inglaterra puede intervenir para comprar deuda gubernamental con dinero recién creado. Esto podría conducir a la inflación (aunque incluso eso es improbable cuando la economía está deprimida); pero la inflación plantea una amenaza mucho menor para los inversores que una suspensión de pagos total. España e Italia, sin embargo, han adoptado el euro y ya no tienen sus propias monedas. Como consecuencia, la amenaza de una crisis autocumplida es muy real (y los intereses sobre la deuda española e italiana son más del doble que los de la deuda británica).

Y eso nos lleva de nuevo al impecable BCE. Lo que Trichet y sus compañeros deberían estar haciendo ahora mismo es comprar deuda española e italiana; es decir, hacer lo que estos países estarían haciendo por sí mismos si todavía tuviesen sus propias monedas. De hecho, el BCE empezó a hacer exactamente eso hace unas semanas y les dio un respiro temporal.

Pero el BCE se vio inmediatamente bajo la extrema presión de los moralizadores, que odian la idea de permitir que los países se libren del castigo por sus supuestos pecados fiscales. Y la percepción de que los moralizadores bloquearán cualquier acción futura de rescate ha desencadenado un nuevo pánico en los mercados.

Al problema se suma la obsesión del BCE por mantener su "impecable" historial en relación con la estabilidad de los precios: en un momento en el que Europa necesita desesperadamente una recuperación sólida, y una inflación moderada sería realmente de ayuda, el banco ha estado restringiendo el dinero en lugar de hacer lo contrario, tratando de evitar un riesgo de inflación que solo existe en su imaginación.

Y ahora la situación está llegando a un punto crítico. No estamos hablando de una crisis que tendrá lugar a lo largo de un año o dos; esto podría venirse abajo en cuestión de días. Y si lo hace, el mundo entero sufrirá.

Así que, ¿hará el BCE lo que hay que hacer, que es prestar sin restricciones y rebajar los tipos? ¿O seguirán los dirigentes europeos demasiado centrados en castigar a los deudores para salvarse a sí mismos? El mundo entero está observando.