viernes, 20 de enero de 2012

Reduán o Ridwan, musulmán primer manchego en crear una Universidad

En efecto, según cuenta Ibn Al-Kattib o Jatib en su Al Ihata fi ajbar GarnataAbu-l-Nu‘aym Ridwan ibn ‘Abd Allah alNaSri nació en Calzada de Calatrava, de donde fue secuestrado niño en una de las razzias de los musulmanes granadinos, y fue llevado como esclavo a formar parte de la servidumbre palatina de Isma'il o Ismael I cuando ascendió al trono en 1314. 

Abjuró la fe cristiana y fue educado en la disciplina coránica y llegó tan alto en el escalafón de la milicia y de la jurisprudencia islámica que terminó siendo preceptor de Mohamed IV, rey de Granada, ascendiendo luego a general, hayib (alto chambelán o camarlengo, especie de primer ministro) en 1329 y visir (1330). En tiempos de Alfonso XI, atacó a castellanos y catalano-aragoneses, sitió y conquistó Gibraltar, vigiló las fronteras del Este y construyó una nueva muralla en el Albaicín de Granada en 1338 (con ayuda de muchos esclavos cristianos como obreros, que dejaron numerosos graffiti), pero también la primera madraza pública o escuela de derecho coránico (actual Casa del Cabildo o Cabildo Viejo de Granada), en  realidad una "Universidad" (en el mundo árabe no eran corporativas y daban una enseñanza muy individualizada) donde se estudiaban al nivel máximo distintas materias, desde Gramática hasta Filosofía, Matemáticas, Ciencias y Literatura,  y una nueva alhóndiga (algo así como un pósito de trigo), conocida en la actualidad como Corral del carbón, entre otras obras públicas para las que utilizó mano de obra esclava cristiana, siendo él mismo cristiano renegado de niño. 

Tengo que advertir que no se trata del Reduán que aparece en los romances fronterizos del rey Chico Boabdil; es un siglo anterior, aunque es casi seguro que el Reduán del romance era Reduán Benegas o Venegas, uno de sus descendientes; el dicho romance es este:

—Reduán, bien se te acuerda
que me diste la palabra
que me darías a Jaén
en una noche ganada.
    Reduán, si tú lo cumples,
daréte paga doblada,
y si tú no lo cumplieres,
desterrarte he de Granada;
    echarte he en una frontera,
do no goces de tu dama.
Reduán le respondía
sin demudarse la cara:
    -Si lo dije, no me acuerdo,
mas cumpliré mi palabra
Reduán pide mil hombres,
el rey cinco mil le daba.
    Por esa puerta de Elvira
sale muy gran cabalgada.
¡Cuánto del hidalgo moro!
¡Cuánta de la yegua baya!
    ¡Cuánta de la lanza en puño!
¡Cuánta de la adarga blanca!
¡Cuánta de marlota verde!
¡Cuánta aljuba de escarlata!
    ¡Cuánta pluma y gentileza!
¡Cuánto capellar de grana!
¡Cuánto bayo borceguí!
¡Cuánto lazo que le esmalta!
    ¡Cuánta de la espuela de oro!
¡Cuánta estribera de plata!
Toda es gente valerosa
y experta para batalla:
    en medio de todos ellos
va el rey Chico de Granada.
Míranlo las damas moras
de las torres del Alhambra.
    La reina mora, su madre,
de esta manera le habla:
-Alá te guarde, mi hijo,
Mahoma vaya en tu guarda,
    y te vuelva de Jaén
libre, sano y con ventaja,
y te dé paz con tu tío,
señor de Guadix y Baza.


Reduán o Ridwan estuvo exiliado en Tremecén (desde una fecha posterior a junio 1328 /rayab 728), cuando Ibn al-Mahruq le conmuta su pena de cárcel por su destierro, allí estaría unos meses hasta que Mohamed IV recupera el poder y le  pide que vuelva, (hecho que se daría hacia el  6 noviembre del 1328/ 2 de muharram 729), y luego, el 17 de septiembre de 1332/ 24 de ∂ul-hiyya 732, marchó a Fez junto a Muhammad  IV para gestionar una alianza con los meriníes, entonces dirigidos por Abu-l-Hasan ‘Ali, frente a los castellanos. Al morir asesinado Mohamed IV, su hermano y nuevo rey Yusuf I, de quince años, lo reconfirmó en sus cargos y aún le dio más poder, ya que Reduán actuó como Regente. Un corto tiempo cayó en desgracia, pero volvió con idéntica estrella.

Entre sus muchas obras públicas dotó de agua al barrio de Mawrur, ordenó levantar la imponente cerca del arrabal del Albaicín y además se preocupó de reforzar las fronteras mandando levantar una cuarentena de torres atalayas o almenaras que controlasen el acceso de los catalanoaragoneses al reino por el Occidente, desde Vera a los alfoces occidentales. 

Se retiró de la política siendo muy popular, y volvió a acaudillar el ejército nazarí en 1348. Al año siguiente levantó la Madraza pública. Al advenir al trono Mohamed V en 1354, asumió otra vez los cargos de general y visir por tercera vez, y el 23 de agosto de 1359 (28 de Ramadan 760), fue acuchillado por  unos sicarios mandados por el rebelde Abu Sa‘id, futuro Mohamed VI el Bermejo, en una conjura contra Mohamed V que no pudo desbaratar.

Reduán tuvo un hijo, Abul Naym, muy severo y colérico como juez, que fue visir después que Abul Isac Ben Adelar, pero fue pronto destituido por su excesivo rigor. Al Kattib escribe sobre su fundación de la Madraza:

Fundó la madraza de Granada donde aún no existía, le asignó rentas, estableció en ella celdas provechosas [a los estudiantes] y nadie le aventajó en favorecerla; llegó a ser única por su esplendor, encanto, elegancia y grandeza y condujo a ella agua abundante del río haciendo que su riego sobre ella fuese permanente

Una inscripción árabe cúfica en la Madraza, la única que se ha conservado bien, dice así

Mandó alzar esta casa del saber, que Dios vuelva mansión de equidad y luz y haga perdurar por los siglos para las ciencias religiosas, el emir de los fieles ¡protéjalo Dios con su ayuda!, el elevado, célebre, noble, afortunado, puro, alto, magnánimo sultán asistido por Dios Abu l-Hayyay Yusuf, hijo del elevado, noble, grande, excelso, justo, santificado y muy acepto emir de los creyentes y defensor de la fe Abul-Walid Isma‘il b. Faray b. NaSr ¡que Dios le recompense por el Islam sus virtuosas acciones y elevadas hazañas de guerra santa! Se terminó en el mes de muharram del año 750 [22 de marzo - 20 abril 1349] 

Conocemos las materias impartidas en la madraza granadina por las especialidades en que cada profesor era competente, extrapolando además los datos disponibles con los de otras madrazas. Por supuesto, la materia central era el estudio del Corán y sus comentarios (tafsir), los hadices y el fiqh. No obstante, había otras materias secundarias auxiliares como el estudio de la lengua árabe, al-nahw (Gramática) y Literatura. Hay constancia también de que se enseñó en la madraza Medicina, Geometría, Lógica, Mecánica y Astronomía. Ibn alJatib en su Ihata ofrece los nombres de sus profesores, que fueron muy reputados, hasta el punto de que se convirtió en un centro cultural de referencia para todo el Islam; entre ellos estaban: 

Abu ‘Abd Allah Muhammad b. Muhammad b.Muharib al-ßarihi al-Malaqi alias Ibn al-Yays (Ihata III, 78-79, Nayl, 249) (m.1349), 

Abu ‘Abd Allah  b. Ibrahim b. Muhammad al-Sayyari al-Bayyani (m.1352) especializado en jurisprudencia, lengua árabe, derecho de sucesiones (Dibay II, 276-277, al-Durar III 382, nº 3308)

Abu Zakariya Yahyà b. Ahmad b. Hu∂ayl al-Tuyibi, que fue maestro de Ibn al-Jatib y era experto en principios del derecho, derecho de sucesiones y medicina) (Ihata IV, 390-401).

Abu ‘Abd Allah Muhammad b. ‘Ali b. Ahmad al-Jawlani conocido como Ibn al-Fajjar y al-Ilbiri (experto en Gramática árabe, jurisprudencia, métrica y  tafsir  (Ihata  III, 35-38, Nafh  V, 383)

Abu Muhammad b. ‘Abd Allah b. Abi-l-Qasim b. Yuzayy al-Kalbi (lengua árabe y modismos)  (Ihata III, 392-399, al-Katiba, 96 y 99, Hadiyyat, 160)

Abu ‘Ali ManSur b. ‘Ali b. ‘Abd Allah al-Zawawi (ramas del derecho y el tafsir) (Ihata III, 324-325 y 330 y Nayl, 345-346)

Abu Sa‘id Faray b. Qasim b. Ahmad b. Lubb al-Ta‘labi (Ihata IV, 253-254,  Nafh V, 511, Nayl,  219, Nafir, 186-196)

Abu‘Abd Allah Muhammad b. Ahmad b. Muhammad b. Abi Bakr b. Marzuq al-‘Ayisi enseña desde el 1352 lecturas coránicas y mística Ibn Zamrak fue alumno suyo (Ihata III, 103-105, Nayl, 267-269, Nafh V, 412-413.).

Y ya del siglo XV, Ibrahim b.Muhammad b. Fatuh al-‘Uqayli (Ibn Fatuh) que fue un destacado muftí (Nayl, 53-54.)

Bibliografía


Bilal J.J. Sarr Marroco y Luca Mattei, "La Madraza Yusufiyya en época andalusí: un diálogo entre las fuentes árabes escritas y arqueológicas", en Arqueología y Territorio Medieval 16, 2009, pp.  53-74. 


La justicia según Millás


Primer principio jurídico del derecho: "El delito no debe quedar impune" Es el primero porque, sin él, no hay derecho ni justicia digna de su nombre. Y eso es lo que hay: una justicia que no es digna de su nombre. Sobre eso va este artículo de Millás.

Juan José Millás, "Desgobierno", El País, 20/01/2012


En efecto, del Costa Concordia se decía lo mismo que de nuestra banca: primero, que era imposible que un buque de esas características se hundiera; segundo, que, de hundirse, era imposible, dados sus modernos sistemas de salvamento, que hubiera víctimas; tercero, que, de haber víctimas, la primera sería el capitán. Pero resulta que se hundió, que hubo víctimas y que el capitán salió por piernas abandonando a los pasajeros a su suerte.

Nos dijeron que era imposible que nuestra banca tuviera problemas; que, de tenerlos, era imposible que hubiera víctimas; que, de haberlas, las primeras serían sus directivos. Pero nuestra banca tuvo problemas, hubo víctimas y los directivos fueron los primeros en abandonar la nave con indemnizaciones millonarias. La diferencia entre un asunto y otro es que el capitán del Costa Concordia está preso mientras que los capitostes de los bancos encallados o hundidos se encuentran en paradero desconocido, disfrutando del dinero que se llevaron al tiempo de gritar sálvese quien pueda.

Dinero de nuestras comisiones, claro, pero no solo de ellas. Durante los llamados años de bonanza vendieron productos bancarios incomprensibles a personas que confiaron en el director de la sucursal de su barrio y que ahora han perdido todos sus ahorros; concedieron a sus clientes más vulnerables créditos que no podrían devolver a sabiendas de que no los podrían devolver, prevaricando hasta el paroxismo, signifique lo que signifique paroxismo; sobrevaloraron los inmuebles por los que se otorgaban las hipotecas, infravalorándolos luego a la hora de ejecutarlas. Realizaron, como el capitán del Costa Concordia, todas las maniobras desaconsejadas por los manuales de navegación y fueron los primeros en ocupar los botes salvavidas. Fiscales, jueces, defensores del pueblo, ¡suban a bordo y hagan algo, coño!

El "valor" de un hombre




"Luzón sale del Santander con una pensión acumulada de al menos 56 millones. El ejecutivo acumula otros 10 millones en seguros y tiene derecho a un complemento por prejubilación de 2,85 millones anuales. -El directivo cobraba en torno a 7 millones al año".


¿Cuánto vale este hombre? o, más bien, ¿cuánto cuesta? Me gustaría conocer su gran aportación al procomún o, por lo menos, su declaración de la renta. Porque este hombre tiene mucho, muchísimo valor. Pero lo quiere todo para él.

miércoles, 18 de enero de 2012

Ataque a Internet


Así, como suena:

Bárbara Celis, "La 'ley Sinde' de EE UU, un terremoto. Google, Yahoo, Twitter, Facebook y Amazon boicotean la nueva norma de defensa de derechos de autor que se votará el día 24. El texto endurece el actualmente en vigor" El País, Nueva York,  06/01/2012


Un apagón digital protagonizado por Google, Yahoo, Twitter, Facebook, Paypal, AOL, Amazon, Mozilla y otras grandes ciberempresas debe ser algo bastante parecido al fin del mundo en el siglo XXI. Su desconexión voluntaria, aunque solo fuera durante algunas horas, supondría sufrir y provocar perdidas económicas millonarias y colapsar el tejido económico y social de Estados Unidos. Es poco probable que algo así ocurra... pero no es imposible. Todas esas empresas, integradas dentro de la plataforma Netcoalition.com, han discutido la posibilidad de protagonizar un apagón digital este mes como medida de presión contra el proyecto de ley SOPA (Stop Online Piracy Act), una especie de ley Sinde que desde el pasado octubre se discute en el Congreso estadounidense. Así lo sugirió recientemente Markham Erickson, presidente de Netcoalition y lo ha confirmadoa este diario su portavoz Jake diGregorio, aunque reconoció que se trataba, de momento, "solo de una idea".


La SOPA, que en su versión en el senado lleva las siglas PIPA y que será votada en esa cámara el próximo 24 de enero, ha puesto en pie de guerra a todo el planeta digital estadounidense, prácticamente sin excepciones. Propuesta el pasado octubre por el congresista republicano Lamar S. Smith y una coalición bi-partidista, la SOPA aspira a reforzar la persecución de la piratería digital otorgándole al Departamento de Justicia estadounidense el poder de criminalizar a toda web que aloje contenidos ilegales, desde un blog anónimo en Rusia a la mismísima red social Twitter si un usuario tuitea un link a una web con contenido ilegal. Las webs ubicadas fuera de Estados Unidos, que hasta ahora estaban a salvo de la justicia estadounidense, se convierten así en una de sus principales dianas. ¿Cómo? A diferencia del Digital Millenium Copyright Act, por el que se regía la persecución de la piratería online desde 1998 y que simplemente obligaba a una web a retirar el material ilegal (por ejemplo un vídeo de Youtube), la SOPA impone a los proveedores de internet, a los motores de búsqueda, a las empresas de publicidad y a las de pago online bloquear los servicios a escala mundial de toda web que esté bajo investigación del Departamento de Justicia. Además obliga a los proveedores de dominios, (la gran mayoría están alojados en Estados Unidos, aunque la web esté por ejemplo en España), a inhabilitar toda web sospechosa, provocando de facto su desaparición de la red. De lo contrario, ellos mismos se exponen a entrar en la lista negra.


Y eso, al margen de que la violación de derechos de autor conlleve o no un beneficio económico para la web que infringe la ley. Por ejemplo Wikileaks, que se ha dedicado a filtrar gratuitamente informes gubernamentales y por tanto protegidos por la legislación de propiedad intelectual, sería fulminada en el acto si la SOPA se aprobara.


"La gravedad de la ley reside en la vaguedad de su lenguaje, que puede interpretarse de forma tan amplia que desde los proveedores de Internet a los propios usuarios podrían convertirse en objeto de persecución legal", explicó a este diario Jake diGregorio. "Creará nuevas herramientas para silenciar la libertad de expresión en Internet", advierte la Electronic Frontier Foundation.


La SOPA ha puesto de manifiesto la gran brecha conceptual entre el mundo digital y el de las empresas tradicionales de contenidos. Como afirmaba recientemente en The New York Times el especialista en tecnología David Carr, "las empresas digitales ven la SOPA como una peligrosa y destructiva amenaza para la libertad en la web, acercándose a una regulación intrusiva como la que ha convertido China en el villano de los ciudadanos de la red". Esas empresas, encabezadas por gigantes tecnológicos como Google, Facebook, Yahoo o AOL enviaron en diciembre una carta al Congreso estadounidense subrayando su apoyo a los objetivos de la ley -luchar contra la piratería y reforzar las herramientas para combatir las páginas ubicadas en el extranjero que violan los derechos de autor- pero advirtiendo que tal y como estaba redactada "expondría Internet y las empresas a nuevas e inciertas amenazas, les privará de derecho de acción y obligará a controlar las webs". O lo que es lo mismo, a censurarlas.


Los dos grandes defensores de la SOPA son la Motion Picture Association of America (MPAA) que agrupa a las grandes productoras de cine estadounidense y la Recording Industry American Association (RIAA), que agrupa a las grandes discográficas. Además otras 140 empresas cercanas a ellas les apoyan. Según la MPAA, Estados Unidos pierde anualmente unos 46.000 millones de euros por culpa de la piratería mientras que la Cámara de Comercio de ese país, también defensora de la ley, afirma que 19 millones de puestos de trabajo están amenazados por ella.


El debate está candente y tanto el mundo internauta (Arianna Huffington, Jack Dorsey, Jimmy Wales o la Online News Association) como el de los defensores de las libertades civiles (desde la ACLU a Human Rights Watch) están luchando para cambiar el texto de la SOPA, cuya posible inconstitucionalidad ha sido denunciada por más de 100 profesores de leyes, que así se lo han hecho saber al Congreso.


Una cosa queda meridianamente clara: la ley Sinde en su versión estadounidense ya ha provocado bajo su suelo un auténtico terremoto.

Oceano nox, de Víctor Hugo

Leyendo uno de los poemas escritos por Hugo en 1836, en Saint-Valéry-sur-Somme, ante el canal de la Mancha, Oceano nox, constato que El cementerio marino de Paul Valéry le debe no poco, aunque también me evoca un poema de pareja inspiración por parte de Vicente Aleixandre, en el que el océano crece hasta confundirse con la noche, y un pasaje contenido en otro también suyo, de la tercera época, en que  "toma sus muertos y los explica" contra los arrecifes, reproduciendo la expresividad del verso francés, en que los hace entrechocar: Heurtant de vos fronts morts des écueils inconnus. También anda por ahí la mano fría y recurrente de Keats. Dejo anotado esto para que alguien lo estudie cual merece, pues no puedo perder el tiempo analizando todo aquello con que me topo. Existe una buena traducción en verso, pero el poema es tan bello que merece retraducirlo a ratos libres en versión más ajustada, para encontrarle su sentido más íntimo. Lo recogió luego Hugo en su colección de 1840 Les rayons et les ombres:


Oceano nox

Oh ! combien de marins, combien de capitaines
Qui sont partis joyeux pour des courses lointaines,
Dans ce morne horizon se sont évanouis !
Combien ont disparu, dure et triste fortune !
Dans une mer sans fond, par une nuit sans lune,
Sous l'aveugle océan à jamais enfouis !
Combien de patrons morts avec leurs équipages !
L'ouragan de leur vie a pris toutes les pages
Et d'un souffle il a tout dispersé sur les flots !
Nul ne saura leur fin dans l'abîme plongée.
Chaque vague en passant d'un butin s'est chargée ;
L'une a saisi l'esquif, l'autre les matelots !
Nul ne sait votre sort, pauvres têtes perdues !
Vous roulez à travers les sombres étendues,
Heurtant de vos fronts morts des écueils inconnus. 
Oh ! que de vieux parents, qui n'avaient plus qu'un rêve,
Sont morts en attendant tous les jours sur la grève
Ceux qui ne sont pas revenus !
On s'entretient de vous parfois dans les veillées.
Maint joyeux cercle, assis sur des ancres rouillées,
Mêle encor quelque temps vos noms d'ombre couverts
Aux rires, aux refrains, aux récits d'aventures,
Aux baisers qu'on dérobe à vos belles futures,
Tandis que vous dormez dans les goémons verts !
On demande : - Où sont-ils ? sont-ils rois dans quelque île ?
Nous ont-ils délaissés pour un bord plus fertile ? -
Puis votre souvenir même est enseveli.
Le corps se perd dans l'eau, le nom dans la mémoire.
Le temps, qui sur toute ombre en verse une plus noire,
Sur le sombre océan jette le sombre oubli.
Bientôt des yeux de tous votre ombre est disparue.
L'un n'a-t-il pas sa barque et l'autre sa charrue ?
Seules, durant ces nuits où l'orage est vainqueur,
Vos veuves aux fronts blancs, lasses de vous attendre,
Parlent encor de vous en remuant la cendre
De leur foyer et de leur coeur !
Et quand la tombe enfin a fermé leur paupière,
Rien ne sait plus vos noms, pas même une humble pierre
Dans l'étroit cimetière où l'écho nous répond,
Pas même un saule vert qui s'effeuille à l'automne,
Pas même la chanson naïve et monotone
Que chante un mendiant à l'angle d'un vieux pont !
Où sont-ils, les marins sombrés dans les nuits noires ?
O flots, que vous savez de lugubres histoires !
Flots profonds redoutés des mères à genoux !
Vous vous les racontez en montant les marées,
Et c'est ce qui vous fait ces voix désespérées
Que vous avez le soir quand vous venez vers nous!



Oceano nox

¡Cuántos marinos, cuántos capitanes
que felices partieron por derrotas lejanas
en esta yerma línea se han diluido!
¡Cuántos se desvanecieron, duro y triste destino,
bajo un mar sin fondo, por noche sin luna
en océano ciego por siempre enterrados!

¡Cuántos patrones muertos con sus pertenencias!
El huracán de la vida arrancó toda página
y con un soplo dispersó todo en las ondas.
Nadie conocerá el hondo fin de su abismo;
cada ola al pasar de un botín fue cargada:
una se llevó el esquife, otra los marineros.

Nadie conoce vuestra fortuna, pobres cabezas idas
que marcháis a lo largo de extensiones oscuras:
arrecifes ignotos romperán muertas frentes.
¡Oh! ¡Padres ancianos sin ya sino un sueño
morirán esperando todo el día en la playa
a quienes no han vuelto!

A veces se habla de vosotros en las noches,
en algún círculo alegre, cuando hay  tiempo,
sentados sobre anclas rugosas de herrumbre. 
Risas, lances, canciones, historias,
besos robados a vuestras novias futuras,
mientras dormís acostados sobre verdes algas.

Se preguntan: "¿Dónde están? ¿Son reyes de una ínsula?
¿Nos han dejado por orilla más fecunda?
Entonces su recuerdo aún seguirá enterrado."
El cuerpo se echa a perder en agua, el nombre en la memoria,
el tiempo torna tenebroso al tiempo
y sobre sombrío océano va al olvido otra sombra.  

Pronto, ante los ojos de todos su sombra no se ha visto
marchar. ¿No tiene uno su barca y aquel otro su arado?
Sólo a la noche, cuando vence la tormenta,
vuestras viudas de esperar exhaustas, con la frente cana,
de vosotros aún hablan, removiendo cenizas
en su corazón, en su hogar.

Y cuando al fin la tumba cierra su párpado
nadie sabe ya vuestro nombre, ni siquiera la piedra humilde
del estrecho cementerio donde el eco nos responde,
ni siquiera un verde sauce escamondado en otoño,
ni siquiera la canción primitiva y monótona
que canta un pordiosero al abrigo de un viejo puente.

¡Olas que sabéis tan lúgubres historias!
¿Dónde están los marineros sumergidos en noches tan negras?
¡Temido y profundo oleaje de madres arrodilladas!
Tú los sumas cuando ascienden las mareas
y ellos hacen a estas voces desesperadas
contenerse a la noche cuando viene por nosotros.

Aquí el poema de mi querido y sobadísimo Vicente Aleixandre, evidentemente paralelo e inspirado en parte por el de Víctor Hugo:


Si alguien me hubiera dicho


   Si alguna vez pudieras
haberme dicho lo que no dijiste.
En esta noche casi perfecta, junto a la bóveda,
en esta noche fresca de verano.
Cuando la luna ha ardido;
quemóse la cuadriga; se hundió el astro.
Y en el cielo nocturno, cuajado de livideces huecas,
no hay sino dolor,
pues hay memoria, y soledad, y olvido.
Y hasta las hojas reflejadas caen. Se caen, y duran. Viven.

Si alguien me hubiera dicho.
No soy joven, y existo. Y esta mano se mueve.
Repta por esta sombra, explica sus venenos,
sus misteriosas dudas ante su cuerpo vivo.
Hace mucho que el frío
cumplió años. La luna cayó en aguas.
El mar cerrose, y verdeció en sus brillos.
Hace mucho, muchísimo 
que duerme. Las olas van callando.
Suena la espuma igual, solo a silencio.
Es como un puño triste
y él agarra a los muertos y los explica,
y los sacude, y los golpea contra las rocas fieras.

Y los salpica. Porque los muertos, cuando golpeados,
cuando asestados contra el artero granito,
salpican. Son materia.
Y no hieden. Están aún más muertos,
y se esparcen y cubren, y no hacen ruido.
Son muertos acabados.
Quizás aún no empezados.
Algunos han amado. Otros hablaron mucho.
Y se explican. Inútil. Nadie escucha a los vivos.
Pero los muertos callan con más justos silencios.

Si tú me hubieras dicho
Te conocí y he muerto.
Solo falta que un puño,
un miserable puño me golpee,
me enarbole y me aseste,
y que mi voz se esparza.


Elogio de la ignorancia

Uno sería bacín y auténtico censo para los demás, así se dice en  La Mancha, si renunciara a ser un ignorante. Los ignorantes buscan conocimiento, preguntan no sólo al que sabe, sino al que no sabe, como dice el proverbio egipcio, se relacionan con los demás que han ignorado y buscado antes que él y con ello aprenden. Por eso hay que ser un ignorante en La Mancha, donde a cualquier gilipollas se le llama licenciado. Qué no diremos de un doctor. Estas tierras están llenas de sansocarrascones y académicos de Argamasilla. Hacen falta ignorantes que arrojen los libros a la hoguera (después de haberlos leído)  y se pongan a buscar el conocimiento en la realidad, como quijotes, aunque terminen tan escocidos y desengañados como él.


Se podría aspirar, en todo caso, a ser un ignorante prodigiosamente bien informado, si bien, aunque la informática facilita mucho de todo eso, también aísla del conocimiento real, que siempre ha sido y será empírico. Mas la ignorancia es un borrador que permite respirar hondo y no ser aplastado por el peso de la memoria, de la tradición, de la erudición menuda: oxigena y conecta las ideas, separa las palabras, los renglones y los párrafos poniendo orden en lo que no lo tiene; pone márgenes a la letra pequeña y apretada de los renglones y las notas; hasta es necesaria para poder transmitir didácticamente la información y atarla y empaquetarla en volúmenes digeribles o disolviéndola de tal modo que se pueda respirar a pleno pulmón; se divulga en globo porque la divulgación está vacía, llena de aire. La divulgación suelta el pesado lastre de la arena menuda y deja lo importante, la ascensión hacia a los planos superiores del conocimiento, desde donde se ve más lejos. Se inspira en las etéreas y nubosas regiones de las metáforas, de la lírica. Un profesor no podría ser buen profesor, ni buen divulgador, si no tuviera su poco, y aun su mucho, de ignorante, de buscador de metáforas y alegorías. Porque sólo los ignorantes pueden aprender, mejorar con el tiempo, padecer la sed de saber. El ignorante puede transmitir su curiosidad, cuyo núcleo es la ignorancia, a los demás; porque las herramientas, los procedimientos, las armas del saber son la ignorancia y la duda. Quien logra hacer de sus discípulos unos ignorantes les está transmitiendo en realidad la llama del saber, aquella que hará que no tengan paz ni sosiego hasta que no logren saber lo suficiente para apagarla. Por ello mejorarán durante toda su vida y, probablemente, nada más que la muerte podrá poner ya fin a ese proceso. Ya lo dijo un poeta árabe: "No sé. ¿Y por qué no sé? No sé." Eclesiastés I, 15: "Es infinito el número de los necios".  La cita el bachiller Sansón Carrasco en el Don Quijote para referirse a los lectores de la Primera Parte. El héroe pregunta al bachiller si tuvo aceptación la primera parte de dicho libro:


—El que de mí trata —dijo don Quijote— a pocos habrá contentado.


Y el Bachiller contesta:


—Antes es al revés, que, como de «stultorum infinitus est numerus», infinitos son los que han gustado de la tal historia.


Así pues,  ya que estamos incluidos en ese número total que incluye todos los números, o ya que "lo que falta es incontable", en otra traducción más legítima, es imposible no ser un ignorante y estúpido de remate, y más nos vale aprender algo y ser cada día un poco menos tontos, no más listos, precisamente. El último hombre que pudo llegar a tener una idea más o menos enciclopédica de todo fue Leibniz, un optimista por naturaleza; los especialistas llegaron después que él.


Pero hay que ser ignorante, no palurdo. Para poder ascender en globo no sólo hace falta haber cargado primero los fardos de arena, sino soltarlos, no todos, sino sólo los necesarios, y eso exige cálculo, pensamiento, proporción. Los palurdos, por no saber, ni saben que son ignorantes y creen saberlo ya todo; son lo que en griego se llamaba idiotes, esto es, los que se enseñan a sí mismos, los autodidactas, los que se confieren un doctorado en su propia cátedra universitaria de mismidad, los incapaces de ponerse en el lugar de otro, los gilipollas. Estos viven a ras de tierra, no precisamente a hombros de gigantes. Una variante muy popular es la del abogado de secano, que sabe más leyes y gramática parda que los propios abogados -y los abogados tienen mucho de idiotes-. Y es que no hay que confundir la ignorancia con la burricie, ni las humanidades con las brutalidades; el desasnamiento opera de dentro afuera, pero hay que introducir un gancho externo de ignorancia que tire del interés: a las piedras no se les puede enseñar nada, porque ya lo saben todo. Y los gilipollas se parecen a los pedruscos de la isla de Pascua. Están aislados oteando el océano de su indiferencia, son amorfos, cerriles, estólidos y contumaces, ni se les puedes sacar una palabra, una esquirla de su granítica estulticia. La ignorancia deja un amplio espacio al saber; lo otro, no. O más bien ocupa el tiempo: casi se podría decir lo que Unamuno, que el saber no ocupa lugar, sino mucho tiempo. He preguntado a un curso de primero de bachillerato quién era Nerón, y sólo me han contestado cinco o seis, la quinta parte. ¿Qué dice esto sobre la enseñanza actual? Que crea un ochenta por ciento de palurdos.


La ignorancia, sin embargo, tiene sus inconvenientes. Cuando uno se vuelve consciente de la enormidad de lo que ignora, el apabullamiento puede conducirle a un desaliento tal, a una desmotivación tan profunda, que ni siquiera estime lo poco que sabe y además renuncie a averiguar algo más, puesto que lo que sabe realmente es que nunca podrá llegar a saber nada, esto es, a saberlo todo. Al conde Giacomo Leopardi le pasó algo parecido, después de darse un atracón de estudios que hubiera deslomado a un camello. El pobrecillo ignorante podrá conocer, saber de cosas, pero realmente no sabrá, no tendrá la idea íntegra de todo. Es esta una idea muy propia del escepticismo, pero también mentirosa, ya que si sabemos lo menos que podemos saber algo, ya sabemos algo, por lo menos. Entonces la única tarea que tendríamos que asumir es qué nos conviene saber para sentirnos menos mal, mejor o incluso bien. La resignación, una virtud que se encuentra al final de todo. Incluso al final de estas líneas. Pero, si bien es una idea mentirosa, también es peligrosa: no hay nada peor que un alumno resignado, que tira la toalla: la labor del profesor es avivar el fuego de la ignorancia, pero no sofocarlo, no desalentarlo. El profesor debe dar ánimos y esperanzas. ¿Es eso fácil en estos tiempos? 

martes, 17 de enero de 2012

Llegar a las últimas

Pelear de continuo es algo bastante común en profesiones como la enseñanza, el boxeo, la policía o la medicina y granjea consecuencias indeseables. Porque para poder proseguir más la batalla uno se dice continuamente que no, no, no cederá, niega su sufrimiento, niega su dolor, niega su pena, niega su estrés, niega sus problemas, lo niega todo para poder apurar sus últimas reservas de coraje y entusiasmo y echar el resto cuando lo único que puede esgrimir ya es sólo la voluntad, los metafóricos cojones. Y, de repente, se encuentra diciendo de no a todo y negándose a sí mismo, paralizado, inmóvil, desprovisto ya completamente de voluntad, vacío, inútil, inerte, cosificado. Eso es estar quemado. ¿Lo reconocéis? ¿Sabéis de qué os hablo? Si no, consideraos con suerte: todavía no estáis quemados.

La Era del Nihilismo

Así se podría llamar a los dos primeros tercios del siglo XX, cuando según Michael Mann perecieron en genocidios y crímenes contra la humanidad setenta millones de personas. Dos guerras mundiales, incluidos 220.000 civiles destruidos en dos explosiones atómicas. Genocidios masivos por el colonialismo (en el Congo belga, Leopoldo II exterminó en sus factorías de caucho a diez millones de negros entre 1885 y 1908), por el nacionalismo (los "Jóvenes turcos" exterminaron en 1915 a un millón entre armenios y griegos, los japoneses a ciento cincuenta mil chinos en Nankín), el nazismo (el holocausto, shoah o "solución final" de seis millones de judíos, el Porraimos o destrucción en masa de medio millón de gitanos, los homosexuales, los disminuidos físicos y psíquicos) y el comunismo (el Holodomor o exterminio por hambre de siete millones de ucranianos por parte de Stalin en solo doce meses, entre 1932 y 1933, el exterminio de dos millones de camboyanos por los jemeres rojos de Pol Pot (1975-1979) , la revolución cultural de Mao acabó con la vida de dos millones de chinos y la hambruna causada por sus equivocadas políticas terminó con la vida de veinte millones de chinos).


Todos estos movimientos eran utopías que querían redefinir lo humano con una vara de medir demasiado humana, reduciendo lo humano a un solo modelo. El ángel fieramente humano de Góngora, más fiera que ángel.

lunes, 16 de enero de 2012

Estupidez



Copiado del ABC de hoy:


¿La estupidez? Veintiocho siglos hablando de ella, del ensayista francés, fallecido este año, Lucien Jerphagnon.


El señor Jerphagnon no ha hecho otra cosa que reunir una larguísima lista de frases de ilustrísimos pensadores de la cultura occidental que llevan ratificando desde el principio de los tiempos que la estupidez es una de las características más genuinamente humanas. La primera en la frente es la de Simónides, “En efecto, la de los imbéciles es una familia muy numerosa” (a lo que nosotros podríamos añadir que también longeva). La última, de Milan Kundera, “la necedad se presenta a cara descubierta”. Entre medias, vaya este ramillete de frases entresacadas de tan interesante, y entretenido libro, editado por Paidós, en absoluto estúpidas. Si algunos se dan por aludidos, ya saben el refrán español; “quien se pica ajos come”. 
“Qué mezquinos esos enanos que practican la política, y que se creen filósofos” (Marco Aurelio). “Nada me parece más servil, más despreciable, más ruin, más necio que un terrorista” (Chateaubriand). “Así, en vez de esforzarse en encontrar la verdad, normalmente se prefiere adoptar ideas preconcebidas” (Tucídides). “¿Acaso el pueblo no detesta por sistema todo lo que es superior?” (Cicerón). “Imbéciles: los que no piensan como usted” (Flaubert). "Hacer un largo preámbulo para justificar o elogiar idioteces es el colmo de la estupidez” (Plinio el joven). “El estúpido que tiene mucha memoria está lleno de pensamientos y de hechos; pero no sabe sacar conclusiones de ellos; eso es todo” (Vauvenargues). “La memoria es a menudo un  rasgo distintivo de la estupidez; generalmente es propia de los espíritus lerdos, a los que vuelve aún más pesados por los discursos con que los sobrecarga” (Chateaubriand). “Quien se dedica a mirarlo todo no ve nada o ve mal; y a menudo interrumpe y contradice a quien habla y ha observado correctamente” (Diderot). “Cuantas menos ideas tiene la gente, más chilla” (Mauriac). Y para terminar, una sentencia de Platón que nos pone a todos en jaque: “Pues precisamente en esto consiste el mal de la ignorancia: cualquiera que no es inteligente se imagina que lo es tanto como le place”. El test de la estupidez está servido.

Sueños tontos

Siempre que estoy preocupado en exceso me acometen los sueños raros. Esta noche he tenido uno sombrío, pero lo que más me ha preocupado es que parecía una producción de Hollywood. Qué horror. Estaba en un rascacielos y una continua serie de tsunamis intentaba desplomar el edificio; al principio venían todos por el mismo lado pero luego venían de los otros. La gente a mi lado procuraba adoptar la postura más correcta para resistir el arrastre de las tremendas hiperolas y ponerse en los lugares más estratégicos para evitar los desplomes de los terremotos. Yo también. Qué ridículo, ¿no? Yo creo que fue a causa de la película que no quise ver terminar, "Destino final V". Ya veis, un sueño corrientucho sobre una tontería. Qué vulgaridad.

Roy Campbell en Toledo



Durante la Guerra Civil, pocos sabrán que el poeta sudafricano Roy Campbell salvó de la quema uno de los manuscritos originales de las obras de San Juan de la Cruz, que los carmelitas toledanos le habían dado antes de ser arrestados y fusilados; a ellos dedicó su poema Los carmelitas de Toledo. La obra poética del hispanista Campbell está por traducir y reivindicar debidamente, siendo como es una de las figuras más importantes de la cultura anglosajona del siglo XX. 

domingo, 15 de enero de 2012

Vicente, al Instituto de Estudios Manchegos



He recibido una invitación de nuestro compañero Vicente Castellanos a su merecida investidura como miembro del IEM; felicidades desde aquí; iré con sumo gusto. El acto tendrá lugar el jueves 19 de enero a las siete y media en el Salón de Actos del antiguo Casino de Ciudad Real, hoy Conservatorio, por si queréis acudir.

sábado, 14 de enero de 2012

Examinar a los examinadores


D. ALANDETE / W. OPPENHEIMER  "El profesor, a examen: premio o despido. Estados Unidos e Inglaterra aumentan la presión sobre sus docentes para obtener resultados. ¿Es un modelo exportable?", El País, Washington / Londres 14 ENE 2012:


Carrera profesional, evaluaciones externas, rendición de cuentas, incentivos, premios y castigos. Estas palabras sobrevuelan desde hace años los sistemas educativos de todo el mundo sin que nadie termine de hacerse con ellas. Para unos representan una necesidad ineludible para mejorar la enseñanza y para otros, perversiones neoliberales que pueden desvirtuar el sentido de la educación.

En España, en un contexto de recortes presupuestarios que tiene a la comunidad educativa muy crispada, el afán del nuevo Gobierno —según el programa electoral del Partido Popular— pasa por cambiar el sistema de acceso para intentar contratar a los mejores profesores para la enseñanza pública y por intentar de nuevo (se ha intentado y fracasado varias veces) crear una carrera docente para que los maestros de las aulas públicas puedan mejorar sus condiciones a base de méritos.

Mientras, en Estados Unidos e Inglaterra van mucho más allá y gana fuerza la idea del premiar a los docentes que obtengan buenos resultados y castigar, es decir, incluso despedir, a los malos, un tema peliagudo como pocos, sea cual sea su estatus laboral.

En Estados Unidos, aparte de iniciativas como la de California (desde 2010, los padres de un colegio público pueden hacerse con el control del centro, imponer nuevas normas a los profesores e incluso despedirlos), una iniciativa federal (Race to the top, en inglés, Carrera hacia la cima) consiste en dar dinero extra a los Estados si, entre otras cosas, miden la eficacia de los docentes por medio de exámenes externos a sus alumnos; los malos resultados pueden acabar en despidos. Uno de los últimos Estados en hacerlo ha sido Nueva York. Su gobernador, el demócrata Andrew Cuomo, pidió al consejo rector de Educación que en el proceso de evaluación de los maestros, entre el 20% y el 40% obedezca a las notas de sus alumnos en exámenes unificados a nivel estatal y federal. Además, ese consejo ha diseñado decenas de pruebas estatales que se añadirán a las que ya existen de matemáticas, lengua y conocimientos generales. Los profesores que no logren mejoras y sean considerados ineficaces en dos cursos seguidos pueden ser despedidos.

Diversos Estados someten a sus profesores a una evaluación en una escala que abarca de “ineficaz” a “altamente eficaz”. Los Estados eligen si se someten a ese programa, que contiene subsidios de 4.350 millones de dólares (unos 3.000 millones de euros).

No es incentivarles, sino hacerles “trabajar a destajo”, dice un experto. En la edición del año pasado, los Estados ganadores fueron 11, además del distrito federal de Columbia. Nueva York, que estaba entre ellos, recibió junto con Florida el mayor premio (700 millones de dólares, unos 530 millones de euros), y ahora somete a sus profesores a mayor presión para mantener esas buenas notas ante el Gobierno federal. Para ello ha diseñado todo un sistema de exámenes unificados a aplicar a todos los colegios e institutos que sirvan de baremo objetivo para evaluar a los docentes a través de los resultados de sus estudiantes.

La medida provocó la primera revuelta de directores de colegio de la que se tiene constancia en EE UU. De los 4.500 directores registrados en Nueva York, más de 1.000 firmaron una carta abierta que contiene argumentos en contra de ese método de evaluación de docentes. “Nosotros, los directores de las escuelas del Estado de Nueva York, llegamos a la conclusión de que [el sistema propuesto] no será más que un desperdicio de unos recursos que cada vez son más limitados. Más importante aún, desmoralizará a los educadores y será perjudicial para los niños a los que guiamos. Nuestros estudiantes son más que la suma de los resultados de sus exámenes, y poner un énfasis excesivo en las notas no se traducirá en un mejor aprendizaje”, se dice en la misiva, redactada por Sean C. Feeney, presidente de la Asociación de Presidentes de Escuela del Condado de Nassau, y Carol C. Burris, directora del instituto South Side.

El sociólogo de la Universidad Complutense Julio Carabaña usa argumentos parecidos para decir que la idea es un “disparate”. “La propuesta no consiste en que haya incentivos ligados al buen cumplimiento (cosa ya de dudosa eficacia y moralidad), sino en trabajar a destajo. Pero los profesores no podemos trabajar a destajo, como tampoco los periodistas, los jueces, los policías y hasta dicen ahora que los corredores de hipotecas. Se puede trabajar a destajo cuando el producto es perfectamente especificable, exactamente medible e inequívocamente atribuible al trabajador. A destajo se segaba, se ponen ladrillos, se cosen prendas de vestir, y algunas cosas más. Pero no se enseña a destajo y, menos aún, se educa”, dice Carabaña. Por eso, algunos especialistas apuestan por incentivos —buena parte rechaza los castigos— colectivos, a todo un colegio o instituto.

Sin embargo, ¿qué es un centro sino la suma del trabajo de muchos profesores? El también catedrático de Sociología de la Complutense Mariano Fernández Enguita defiende que los incentivos para los buenos y los castigos para los malos deben existir, aunque haya que tener cuidado con los criterios para juzgarlos. “Los resultados académicos de los alumnos no pueden ser, desde luego, el único criterio para evaluar a un profesor, ni pueden manejarse con ligereza. Pero dependen también, y mucho, del profesor, que puede marcar la diferencia, para bien y para mal. Y cuando lo hace claramente para mal, la Administración educativa (la dirección, la inspección...) tiene el derecho y el deber de plantearle un plan de mejora y, si no lo cumple, prescindir de él o de ella. Hablar de despedir a un profesor puede sonar muy agresivo, sobre todo si eres profesor, pero desde el punto de vista de la sociedad no es ningún problema: entre los cinco millones de parados actuales hay sin duda miles que serían mejores profesores que otros tantos que ahora lo son”, sostiene Fernández Enguita.

En España, la condición de funcionario de los docentes de la pública hace casi imposible que alguien pierda esa condición. Antonio Redero, responsable de enseñanza pública del sindicato FETE-UGT, no recuerda ningún caso, aunque sí hay suspensiones de empleo y sueldo por peridodos más o menos largos, en ocasiones muy graves. Redero rechaza de plano la idea de los despidos.

El profesor de la Universidad de Zaragoza Tomás Escudero tampoco está por los despidos, pues es muy difícil establecer de manera justa si un docente es bueno o malo, y porque “a la postre, es algo poco eficaz y caro”. Prefiere los estímulos positivos, aunque matiza: “El despido es un arma que debería dejarse para los irrecuperables, los que han demostrado reiteradamente que no quieren ser profesores, con la actitud y responsabilidad que ello conlleva”.

En Inglaterra, el próximo septiembre entrará en vigor la reforma de los procedimientos para evaluar la eficacia de los maestros de escuela y los pasos que hay que dar para despedir a aquellos que no tienen un nivel suficiente. El objetivo de la reforma es simplificar la actual normativa, dar más poder de decisión a los directores de escuela y acortar los plazos para poder llegar a aplicar los despidos.

En la actualidad, el proceso de despido de un profesor que no da la talla se demora más de un año y se interrumpe si este está de baja. El Gobierno quiere que se pueda completar en menos de un curso. Según los sindicatos, esas propuestas darán a los directores “licencia para acosar a los maestros”, en palabras de Chris Reates, secretaria general del sindicato de la enseñanza Nasuwt.

El Gobierno apoya sus propuestas en una reciente investigación del Sutton Trust. El trabajo concluye que el 57% de los maestros y directores encuestados están de acuerdo en que las escuelas no tienen en la actualidad suficiente libertad para despedir a los profesores que no desempeñan lo bastante bien su trabajo, frente a un 21% que discrepan.

“Los directores y los maestros quieren un sistema más sencillo y más rápido para afrontar el problema de los profesores que no rinden. Las escuelas han estado atrapadas durante demasiado tiempo en una compleja burocracia”, sostuvo el ministro de Educación, Michael Gove. “La propuesta pone en manos de los directores el control de la eficacia de los maestros. En lugar de ayudar a los maestros a mejorar su enseñanza va a dar a los directores una manera fácil de quitarse de encima a los profesores que no les gustan”, ha denunciado Mary Bousted, líder del sindicato de maestros ATL.

“Desde luego, en España y en todas partes profesores y centros se evalúan, y continuamente. Lo que no se hace es pagarles según los resultados de sus alumnos en unas pruebas, es decir, pagarles a destajo. La razón es muy simple: es imposible controlar totalmente desde fuera su actividad”, insiste Carabaña, y continúa: “Por eso no queda más remedio que confiar en ellos, y esperar que actúen por motivos morales. Por eso, como a los periodistas, se les considera profesionales. Y por eso, como los médicos, tienen siempre un margen de actuación libre, que puede ser mejor o peor, pero que no puede controlar el dueño o señor de la organización, sea este público o privado”.

También insiste Fernández Enguita: “El mundo de la educación tiene una característica notable: hables de lo que hables, alguien saldrá afirmando que ‘ese no es el verdadero problema’, lo cual se revela como una táctica muy eficaz para no resolver jamás ninguno. Son muchas las cosas que importan en la educación: profesores y centros, familias y comunidades y, por supuesto, los alumnos. Podemos dedicarnos a teorizar las limitaciones de cada uno de ellos si no le acompañan los otros, o sea, a teorizar sobre la impotencia para no hacer nada, culpar a los otros y lamentar lo mal que están las cosas, o podemos preguntarnos qué es lo que puede hacer cada uno”.

Con información de J. A. AUNIÓN

Leído por ahí

No sabía yo quién era esa tal Ana Blanco, así que he buscado por ahí y hete que me encuentro esto, que es pedagoga, no periodista, que presenta el telediario de la primera cadena y que


Existe una mujer que narra con la misma entonación el inicio de la Guerra de Irak y el de las fiestas de San Isidro. Ella es aséptica por definición; un busto parlante esculpido por los griegos en el friso del Telediario. Inmóvil, hierática, inexpresiva...

Kate Winslet tiene en Titanic el rostro de Ana Blanco en aquella secuencia en la que su madre en la ficción le aprieta el corsé hasta el dolor como metáfora -simple, todo hay que decirlo- de la represión a la que vive sometida. En el caso de Blanco, eso sí, es ella misma la que se ciñe los cordajes. Y eso le ha valido salir indemne de todas y cada una de las purgas, al más puro estilo soviético, que ha vivido TVE en los años de democracia.

Matías Prats, Ernesto Sáenz de Buruaga, Alfredo Urdaci, Lorenzo Milá… Ella les ha visto caer a todos. Y allí siguen, ella y su peinado, impertérritos al paso del tiempo, después de veinte años, seis legislaturas y tres gobiernos de distinto signo político: los de Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero.

Estos días, Ana Blanco ha narrado con absoluta indiferencia, en ese tono institucional que sin duda domina mejor que nadie, la debacle de sus ahora jefes en las elecciones municipales y autonómicas. Y lo ha hecho (unidas en un especial y después por separado) junto a las dos damas de hierro de la actual televisión pública, Ana Pastor y Pepa Bueno, cuyas cabezas esperan temblorosas la caída de la guillotina electoral del marzo venidero.

Se ofrecen puestos de trabajo bien retribuidos



Pues sí, habéis leído bien. ¿Dónde está el truco? Aquí.

viernes, 13 de enero de 2012

El Bacá



EL BACÁ 


Debo la vida a un alumno que cursó segundo de PCPI en el Instituto donde doy clases. PCPI es lo que llamaban antes Garantía Social; ahí van a dar los excluidos de todas partes que no encajan en ningún molde educativo de los teóricos y envasados en cajas por el gallinero pedagógico, pero aún poseen el coraje de perseverar en la enseñanza cuando ya han descargado todos los cartuchos y alejado todas las posibilidades. Entre estos desesperados, a punto de pasar ya la raya de la vida adulta, he tenido alumnos inolvidables, tan agradecidos que siempre te saludan cuando te ven. Nunca los verás deprimidos: van por la vida con una alegría más que reconfortante. Al cruzármelos se lo he dicho admirado: "Que Dios os conserve esa alegría: la vais a necesitar."

El trabajo de un profesor con ellos es en su mayor parte motivarlos. Es muy importante al principio dedicar bastante tiempo a conocerlos (los de este tipo son muy mentirosos) para luego inculcarles desde la confianza un respeto no sólo por la materia que deben, sino que pueden asimilar. Porque nunca aprenderán lo que no consigan valorar, ya que su juicio, aislado en una defensa numantina de su mortificada autoestima, se compensa con un enorme complejo de superioridad que cree no necesitar ninguna instrucción. Casi una fobia educativa. Por ello el profesor debe aproximarse a ellos cautelosamente, poco a poco, en espiral, de forma afectiva y cordial, antes de empezar a poner casi inadvertidamente los ladrillos básicos para reconstruir sus conocimientos. Les haces ver así, como si lo dijeran ellos mismos, que el trabajo es el cimiento de toda autoestima y luego que el lenguaje sirve para que los demás te aprecien y te definan, para lograr el acceso a la gente, incluso al trabajo, por medio de los test psicotécnicos de ortografía, y por ello pueden, deben y hasta quieren hablar y escribir mejor. Procuras inculcarles la idea de corregirse, de mejorar en ese aspecto; si asimilan esa idea como un principio, irán progresando por sí mismos aun cuando el profesor no esté, lo que aprendan se irá acumulando, llegarán a hablar mejor y, por tanto, a redactar pasablemente, e incluso a escuchar con atención o a leer y apreciar un libro lo bastante como para no soltarlo al segundo párrafo, quizá ni al segundo capítulo. 

Pero lo que quiero contar es el caso de dos muchachos que venían de la República Dominicana. Eran de piel oscura (negros, vaya), muy altos y atléticos, pero uno, Edison, más delgado y retraído que el otro y de pelo ensortijado. Su mirada oscura fascinaba o, más bien, repelía con dos hondos puntos de luz que asustaban un poco. Los demás chicos le tenían un poco de miedo. El otro, su primo, Wilson María, se esforzaba para que los demás lo aceptaran o, al menos, no lo ignoraran. Acudía bien poco por clase, algo que los profesores de PCPI controlábamos mucho, porque de ningún modo podríamos aprobar a nadie que no cumpliera un requisito tan indispensable y, cuando vio el suspenso de la primera evaluación, noté que algo raro le pasaba por la cara. 

-Le vendrá a ver mi bacá.

Dijo, desafiante. Y se marchó dando un portazo.

Wilson María, su primo, se quedó petrificado. Blanco, si no hubiera sido tan negro. Pregunté yo:

-¿Qué te pasa, Wilson?

No quiso decirme nada y no le di importancia; de hecho, pensé que había querido decir "mi papá", pero la verdad es que había dicho claramente "bacá". Quizá fuese su madre en pidgin o criollo haitiano. Anoté mentalmente el término (a los profesores de lengua les mola mazo mirar el diccionario) y me propuse buscar qué significaba.

Concluyó la clase y observé que Wilson se retrasaba en salir -una rareza entre los alumnos de PCPI- como queriendo hablar conmigo sin moros en la costa; yo le miré, pareció arrepentirse de algo y se marchó con cabeza gacha, murmurando por lo bajo.

En el recreo atisbé a ambos primos discutiendo acalorados, con mucho despliegue de brazos, manos y dedos acusadores. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda como una fría lagartija metálica. Las jodidas restricciones del gasóleo en calefacción. Hasta los alumnos querían hacer huelga por eso.

Me resfrié rápidamente. No es algo común entre profesores: aspiramos tantos virus de la muchachería que nuestro sistema inmunológico ya es casi a prueba de bomba nuclear, incluso a prueba de bomba fétida. Pero mi catarro no dejaba de empeorar. Me subió la fiebre y estornudaba tanto que tuve que dejar de dar clase y guardar cama. El médico de cabecera empezó a preocuparse al ver que ningún medicamento me hacía efecto y me envió al Hospital. Me diagnosticaron una neumonía atípica y me recetaron Vancomicina, el antibiótico que usan cuando todos los demás fallan. Por lo visto era una infección de supermicrobios resistentes. Pero los médicos andaban desconcertados porque los análisis se mostraban impolutos: en teoría yo era un hombre sanísimo. Hasta realizaron una investigación interna para comprobar si habían confundido mi analítica con la de otro paciente. Llamaron a mis familiares más cercanos.


Pero lo que más me conmovió fue que viniera un alumno a visitarme. Era Wilson.


No le dejaron verme, porque acababa de entrar en la UVI, medio sedado, pero consciente, muy aislado por si fuera contagioso. A través del cristal me enseñó un folio con letras negras escritas con rotulador, muy grandes:


"Vístase al revés y sanará"


¡Qué estupidez!, pensé. Pero no: no era una alucinación causada por los sedantes, no era una broma sin sentido, no era un sueño absurdo. Era Wilson, y decía que me pusiera el pijama al revés. Algo en sus ojos me hizo tomarlo en serio. Si uno está luchando por vivir, hará cualquier cosa por estúpida que parezca.


Me costó bastante: no es fácil cambiarse con una vía intravenosa en la mano y con fiebre caballuna. Lo peor, hacerlo sin que te vean las enfermeras y sorteando mi propia incredulidad. ¿Qué les diría si me pillaban haciéndolo? "No es nada, es un delirio"


Ante la espectacular mejoría los médicos se rascaban la calva pensando qué narices podría haber sido. Me reincorporé a las clases normalmente. Como es natural, andaba muy mosca por el bacá y saber por qué Wilson había escrito lo que había escrito. Pero no pude sacarle una palabra; incluso negaba haber ido al Hospital. Edison no volvió a aparecer, ni sus padres siquiera. El teléfono de sus fichas no respondía. Consulté todos los diccionarios y enciclopedias del Instituto y la Biblioteca Pública, pero no encontraba nada. Sólo un compañero con quien quise consultar esto me sacó de dudas. Era Ramón Alegre, un profesor de Historia jubilado que pasaba sus últimos años coleccionando librotes de viejo; un ilustrado habría podido decir de él que era "de erudición desordenada".


-¿El bacá? ¡Hum! Lo consultaré, lo consultaré...


Tardó una semana en llamarme con el resultado de sus pesquisas. Creía que lo había olvidado. La cita fue en un café del centro famoso por su aspecto mugriento, que los dueños querían hacer pasar por antiguo; llegué yo el primero y cuando entró él me dirigió una mirada entre suspicaz y reprobadora, como si yo fuese un bicho raro y él un entomólogo.


-Jovencito, ha tenido usted una suerte como hay pocas.


-¿Cómo?


-Un té con limón, por favor. Le digo que ha tenido una potra desmedida. No sabe cuánto he tenido que revolver para resolverle la duda. Ese bacá del que hablaba. Figúrese: de los repertorios léxicos hispanoamericanos de afronegrismos he tenido que pasar a los grimorios y los tratados de demonología americana.


Me miró por encima de los lentes con reprobación.


-¡De Demonología, nada menos! ¡Ciencia lúgubre e ingrata donde las haya! ¿Le suena el vudú? Pues es algo peor: el bacá es uno de los diosecillos menores, o demonios, que ha recogido en su infecto seno la Santería, una religión sincrética caribeña muy parecida al vudú, aunque no exactamente igual. Y es un diosecillo maligno, por más señas, a cuyos protegidos no conviene, pero que nada, molestar ni fastidiar, porque han hecho un pacto de servidumbre ultraterrena con él. Por supuesto, esto no venía en clásicos como el Ciprianillo, el Turiel o el Legemeton; la demonología africana es, todavía, casi un terreno virgen en la bibliografía española. 


Le vi envanecerse ridículamente; pero su rostro se ensombreció poco después de tomar un largo sorbo de té y me estremecí involuntariamente. 


-Saber algo de esto no es ni fácil, ni digno, ni recomendable; desde luego, no tiene que pasar de aquí. Se dice incluso que más temprano que tarde se paga por ello. No se puede recurrir impunemente a según qué cosas. Si ya es peligroso conocerlo, practicarlo ya es fatal. La gente vulgar, entre la cual incluyo a esos ingenuos soi-disants científicos, cree que no hay fuerzas oscuras o que son supersticiones y pamplinas, pero los que se han topado con ellas desde que han nacido han aprendido por experiencia y por las malas que no se puede invocar a los seres olvidados sin que algo incalificable llame a la puerta o se deje apenas vislumbrar en lo oscuro. Amigo mío, usted se ha librado por esta vez; de ahora en adelante tenga la puerta bien cerrada, lleve esta Cruz de San Benito, rece a San Miguel arcángel y procure tener cuidado con  la gente de la ESO.

Deponerse

Mucha gente batalla por ser quien es, quien sea, quien quiera que sea o suponga ser. Ser más lo menos, si bien ser es un verbo huero, una cópula/cúpula sobre un vacío. ¿Qué es lo que menos puede decirse de una cosa? Que es, que es una cosa. Pues eso es lo que quiere la gente (ser): nada, o sea, o séase, ser. Ser algo no añade nada al algo que uno es. Un énfasis, puede ser, si es que se pudiera ser, ya que ser no es nada menos que lo que es nada, nada, o sea. Y ¿qué es, qué significa, qué representa ser?


Si ser pudiera significar algo, sería un límite, un atributo, una mancha, algo tan pegadizo como la mierda. Yo creo que todos deberíamos deponernos, ser menos que nada, para quizá atraer lo que le falta al ser. Esa hondura, esa humildad es muy valiosa; tiene la fuerza de una petición y la forma de una pregunta. No exige el mundo, sino del mundo después de haber exigido a uno mismo. Incluso podríamos llenarnos, henchirnos, de otros mismos, sacándolos-nos del rincón de fuera donde los-nos pusieron los prejuicios, o más bien donde nos-los llevaron los itinerarios que nos dieron o nuestros deseos de ser lo que no somos ni podemos ser, o sea, nada. Es bueno sacar del desván el antiguo uno mismo y sacarlo por ahí para que tome el aire. Como dijo Cristo, niégate a ti mismo, cógete y síguete. O desnúdate de hombre viejo y vístete de hombre nuevo, que San Pablo. Deponerse, o sea.

miércoles, 11 de enero de 2012

Cecilia II





Cecilia II





Necesitábamos un hijo, pero mi esposa era estéril. Ella prefería una niña, y yo conseguí, gracias al Instituto de Genómica que dirigía y financiaba, la oportunidad de realizar el sueño más imposible que una persona nunca pudo tener. Había que experimentar con un sujeto cualquiera que ya no existiera para impedir reclamaciones. Siempre podríamos decir que el modelo genético previo había sido cedido anónima y gratuitamente.
En mi juventud me había enamorado de la voz, las letras y la imagen misma de la cantante Cecilia, y quería recuperar ese sueño, disfrutarlo, hacer carne ese verbo, ese logos, esa letra de canción en forma humana. Quería clonar a la cantante que desapareció en un trágico accidente de automóvil hacía ya tantos años, cuando aún había un pasado imposible de recuperar.
Ahora era posible volver en el tiempo y arrebatarle algo al pasado. La clonación me daba por fin la oportunidad de devolverle a un ser humano las oportunidades que la crueldad de un Dios indiferente le había quitado, y eso fue lo que hicimos.
Costó mucho encontrar algo de material genético incólume de Eva Sobredo; lo hallamos en el pegamento de un sello en que contestó a uno de sus fans; lo cotejamos con el de otras cartas de su puño y letra a otras personas y obtuvimos de ellos la cesión de derechos necesaria, así como la más estricta y dura de las cláusulas de confidencialidad. El resto no fue un problema, gracias al dinero que me dejaron mis padres; de hecho, en lo que más se gastó fue en ocultar el hallazgo el tiempo suficiente para que la niña pudiera crecer tranquila al abrigo de los asquerosos medios de comunicación.
Se me planteaba, sin embargo, un dilema angustioso. ¿Debía educar a Cecilia II de la misma manera y darle las mismas oportunidades que a Cecilia I? Yo quería tener a la Cecilia I que había perdido en mi juventud, pero, por más que me esforzaba, no podía repetir todo sin falsear absolutamente el resultado. Cecilia sería una nueva persona o, todo lo más, tendría un gran parecido a la Cecilia original, pero sería una criatura de estos tiempos, una mixtificación, una fotocopia borrosa de una época y una sensibilidad ya extintas, una hija, en realidad, de mi mismo y de uno de mis sueños, no la hija real mía y de mi mujer, y ni siquiera la hija que hubiera podido tener con Cecilia I si hubiéramos compartido algo más que la infancia, la escuela y una distante admiración. 
Cecilia II estaba empezando a ser una criatura hecha a imagen y semejanza del mundo científico y nihilista que la iba a rodear y de hecho ya la estaba rodeando, del mundo que la llevaba en su seno alquilado como una madre lleva a su hijo, un mundo distinto al de los años setenta que yo amaba, un mundo disgregado y materialista que odiaba con toda mi alma; sería una hija de dos tiempos, el del sueño y el de la razón. Y yo lo estaba viendo crecer, veía cómo la imagen que guardaba en mi memoria se adulteraba, se distorsionaba, se pervertía y transformaba en aquello que nunca jamás pensé que pudiera llegar a ser. Por eso la maté sin que sufriera.
Así siempre podría ser nada de nadie.



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lunes, 9 de enero de 2012

La tertulia de Álvaro Pombo

Qué duda cabe, Álvaro Pombo es un gran escritor; se leen siempre con agrado sus novelas de palomo cojo, pero yo siempre lo he discurrido más poeta que narrador, porque a veces suelta unas alegorías tan acertadas que te pone patidifuso; a mí me aburriría si no tuviera su prosa un algo de elegancia y esas metáforas de vez en cuando. Su fondo es ético y, pese a la austeridad de sus modos realistas de contar, merece el adjetivo de interesante, pero también de elíptico, porque sus personajes se demoran demasiado mariposeando miedosamente en torno a un fuego centrípeto hasta que se queman. Le han concedido, seguro que merecedosamente, el premio Nadal. Leí una entrevista ayer donde decía no tener raíces "sólo un piso en Madrid", que sonó ocurrente. Aconsejaba "hacer el bien, porque el mal ya está hecho". Muy cierto. Y sobre su novela: "Trata de la ética del cuidado. Hay ética del cuidado y de la responsabilidad. Yo trato la del cuidado pero al revés... Son personajes que descuidan a otros. Si no cuidamos a las personas, el mundo se viene abajo". Palabras más que sensatas y que suscitan legítima admiración, cuando tanto escritor se pone a jugar del vocablo y no a dar ejemplos, que es lo menos que puede hacer un narrador.

Narradores dignos del tiempo que se gasta en leerlos los hay en España. En realidad, es rareza muy común, por más que siempre sea cuestión de parecer. Del mío lo son Juan José Millás, Javier Tomeo, Manuel de Lope, Enrique Vila-Matas, Javier Marías o el mismo Pérez Reverte, del mismo saco que Eslava Galán, tan ameno y ágil como él e igual de facilón si se relaja. En poetas el asunto es difícil. Me solazan, por supuesto, tanto el culto y  cosmopolita prosaísmo de Luis Alberto de Cuenca o Jon Juaristi como los vacíos desolados de Eloy Sánchez Rosillo o Gamoneda, pero también los lujos, decadencias y miserias de Luis Antonio de Villena o los éxtasis laicos del técnico en eliminación de residuos tóxicos urbanos Vicente Gallego; no hay, sin embargo, poetas de apagón, que son los más raros. Rosillo y Gamoneda llegan a crepusculares, pero poetas de apagón, apagón, de una carga tan negativa como Leopardi, Feuerbach o por lo menos un Hardy, ni uno... También es verdad que no son nada encontradizos y muy difíciles de ver, pues la amargura y la bilis negra no venden pero que nada. En el siglo XIX teníamos al gran Nicomedes Pastor Díaz y un par de buenos posrománticos tenebrosos como Larmig o Dicenta, uno autodegollado con una navaja de afeitar y el otro echado a perder por la cirrosis y el delirium tremens. El resto sólo cae tanto en momentos dados. Todos cuentan con algún libro o poema que merece puesto muy hondo, porque también en lírica es suma la excelencia, si bien, como suma, hay que contar las piezas no logradas.

En teatro, qué se le va a hacer; Jordi Galcerán y poco más; se estrena tan poco de lo que se escribe que no hay tutía. No puedo destapar a nadie. Y de ensayo habría ya demasiado que hablar.   

domingo, 8 de enero de 2012

Nadie lo diría


Nadie lo diría

(apólogo)

Una tarde apagada y fría de noviembre, de esas gachas y amenazantes, cuando todos los comercios han cerrado, yo pasaba una y otra vez por la misma calle sin nombre de una ciudad castellana donde no he vivido nunca. Alumbraban ya las farolas y la luz se había equilibrado con la oscuridad, así que nada proyectaba sombra. La hora ideal para un fotógrafo.


Había renunciado a ser quien era y con un esfuerzo titánico de voluntad borré los últimos treinta años de mi vida; ya era otra persona; sólo mantenía en mí las sensaciones y sentimientos elementales e ingenuos de un adolescente de diecisiete años. Por eso miraba a los pisos iluminados, llenos de mujeres solteras o que esperaban a sus maridos, al lado de un grifo de agua potable o de una lámpara encendida con un fuego de hogar. Solteras o que esperaban. 


Escogí una alta y que no tuviese macetas, que eran más a propósito; cuando alguien entró pasé yo también a la escalera y me retrasé echando los papeles de publicidad a los buzones que había cogido previamente del supermercado. Con pegamento seco sobre dedos y palmas, por supuesto. Daba más tiempo si era un piso último, es más, podía esconderme mejor en el hueco de la escalera hacia el tejado, sin que ninguna vieja chismosa me oteara por la mirilla. Son curiosas las mirillas telescópicas: en los años sesenta no había ninguna. Quien las inventó se hizo rico en los setenta y en los paranoicos ochenta se pusieron de moda las de aumento, aunque asustaban más. Cronometré el tiempo de subida en el ascensor y lo sumé al de entrada: dos minutos y veintiseis segundos. Sumé otros treinta de marcha, descarga al bote de basura y vuelta. Como toda familia normal, cenaría sobre las diez y yo podría oír perfectamente la puerta cuando se abriera para bajar la basura; mi única preocupación era escuchar además algún ladrido, pero eso no ocurrió y encima no tuve que esperar mucho, aunque aproveché para repasar otra vez la suela de mis zapatillas de goma, el chandal discreto y el gorro del pelo; ya eran las diez y treinta y cinco cuando alguien abrió y bajó; disponía de casi tres largos minutos para ver si había dejado abierta la puerta como hace todo vecino confiado con el mundo y colarme debidamente en la casa. Era una mujer, conocía ese ruido de tacones, es más, soltera, porque los zapatos sonaban rápidos y juntos.

El apartamento era grande y calentito, pero decorado de forma espartana, probablemente porque era de alquiler. No oía televisión ni radio alguna, así que, tal y como declaraba el buzón, era mujer sola y soltera, no muy mayor a juzgar por la letra mayúscula de bolígrafo bic. Aunque había un armario capaz, era mejor esconderme bajo la cama, porque sea cual sea, la madera cruje y no poco. Visité la planta con el tiempo justo para cerciorarme de que no había animal ni humano ni vecino en el lugar, ni siquiera un vecino asomado a la ventana, aunque era piso alto (creo que ya he dicho que son mejor los altos).

Me escondí, pues, bajo la cama, subiéndome el cuello de la camisa, porque el roce hace mucho ruido. La chica era hacendosa, porque no había pelusa, algo raro entre las estudiantes, pues esta lo era, a juzgar por los librotes y rotrings que vi en la mesa bajo el flexo encendido. Medicina o Enfermería, probablemente.

Agoté mentalmente el argumento con pelos y señales de El señor de los anillos mientras esperaba que viniese a acostarse. Por los ruidos colegí que cenó en frío. Luego se duchó, estudió otro poco, puso la tele y la volvió a apagar. Sospecho que no le gustaba nada Televisión Española. Habló por móvil con su madre y con una amiga diciendo auténticas banalidades, pero me gustó su hermosa voz. Por fin se puso un camisón rosita, por lo que pude ver en las faldas, con zapatillas a juego, y se echó. No debía ser corpulenta: la cama apenas se combaba ni gemía. Percibí que se empezaba a dormir porque la respiración se hizo más profunda y acompasada y sonó una patada leve, como si fuera una sacudida mioclónica. Dos minutos y sería mi oportunidad.

Salí sigilosamente, abrí la puerta con ayuda de una tarjeta para no hacer ruido, cogí la tachuela de un póster como trofeo para mi colección y me marché de allí, porque no soy un pervertido ni un asesino en serie, sino solamente un escritor que de vez en cuando hace experimentos fuera de la ficción y se comporta como un personaje de novela.

Pero, por si acaso, cerrad la puerta cuando bajéis la basura. Es que últimamente siento que la novela de terror española necesita alguna aportación de mi parte.

Unos cuantos vídeos sobre educación


Vídeo 1.


Vídeo 2.



Así se habla


Sí señor, así.

La canción más hermosa del mundo


Esta es, para un nacido en los cerros de Úbeda, como yo, la canción más hermosa del mundo.

sábado, 7 de enero de 2012

Liturgia católica del matrimonio entre hombres


Pues sí; la Iglesia cristiana antigua podía casar, y de hecho casaba (hay al menos ochenta de estos ritos documentados en la iglesia católica y la ortodoxa), con un rito litúrgico especial denominado Adelphopoiesis, Fraternitas iurata u Ordo ad fratres faciendum, a hombres con hombres; se denominaba de otra forma, no contemplaba el sexo -por qué, si el sexo genera familia- pero existía bien existido y se introdujo y oficializó incluso durante el (supuestamente) reaccionario Concilio de Trento, aunque es antiquísimo, de suerte que Eduardo II y Gaveston se casaron de esta manera y muchos otros ingleses e irlandeses, como los santos mártires Sergio y Baco (siglo IV), e incluso en el siglo XIX, por lo que se conoce del beato cardenal John Henry Newman y su capellán y orientalista Ambrose St. John. Así se representaba a los santos Sergio y Baco:




Hala, ¡toma tomate, relativismo cultural!

El negro


El negro
ROSA MONTERO, El País, 17/05/2005

Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.

Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: "Pero qué chiflados están los europeos".

Una curiosidad: el Galio

La gente no se da cuenta de que hacer dinero es en realidad fácil, si es eso lo que uno quiere en realidad. Sólo hay que pensar un poco y tener un mínimo de capital (preferiblemente el de otro) e invertir en lo que tiene futuro. Lo difícil es ver ese futuro, porque hay que tener cierta perspectiva y sentido crítico, virtudes estas que no se tienen sino que se adquieren, y no fácilmente, pero sirven para seleccionar y sopesar las oportunidades. Os puedo dar yo mismo un ejemplo: invertir en una materia prima que en unos años, ya mismo incluso, está aumentando de precio exponencialmente, el galio. Es un material que se emplea invariablemente en las células solares avanzadas, es más, se usa también en los LEDS, los dispositivos luminosos que sustituirán a las bombillas por su bajo gasto energético. Aunque es un material muy abundante, está muy diluido, y todavía no hay procedimientos industriales para extraerlo de otros componentes que como subproducto de la bauxita o de minerales por el estilo. Por eso las mayores reservas están en Brasil. Si invierten en compañías brasileñas de reciclado de ganga de bauxita, sextuplicarán su dinero por lo menos en dos o tres años.