miércoles, 1 de mayo de 2013

Entrevista con Junot Díaz


Eduardo Lago, "Cada joven es un objetivo de las corporaciones". El País, 3 de abril de 2013:

Junot Díaz, el ‘chico terrible’ de la literatura estadounidense que ha dado voz a los hispanos, premio Pulitzer y escritor por casualidad, repasa con acidez la política y la narrativa del Imperio. 

Junot Díaz nació en Villa Juana, una barriada pobre de Santo Domingo, el 31 de diciembre de 1968. Tenía nueve años cuando su familia se trasladó a una zona industrial de Nueva Jersey. Su padre, policía durante la dictadura de Rafael Trujillo, había emigrado a Estados Unidos unos años antes, manteniéndose considerablemente alejado de los suyos durante todo aquel tiempo. Díaz descubrió el milagro de los libros por su cuenta. Recorría a pie las cuatro millas que separaban su casa de la biblioteca pública, donde una funcionaria guio sus primeros pasos como lector. A punto de entrar en los Marine, recibió una carta en la que se le comunicaba que había sido admitido en una modesta universidad. Su infancia y adolescencia estuvieron presididas por el signo de la pobreza y las duras condiciones de trabajo que tenían que arrostrar los miembros de su comunidad. Es de eso de lo que escribe. La publicación de su primer libro, Los boys, un volumen de cuentos, señaló la aparición de una voz como jamás se había dado antes en la tradición literaria norteamericana. Tardó 11 años en publicar su siguiente libro, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, novela que fue galardonada con el Pulitzer en 2007. Su tercer libro, Así es como la pierdes (Mondadori), se publica en España el 2 de mayo.

PREGUNTA: ¿Cómo ha pasado el día?

RESPUESTA: Leyendo manuscritos de los finalistas del Premio Pulitzer, que se anunciarán mañana.

P: ¿Ha sido alto el nivel de calidad de este año?

R: Altísimo, los miembros del jurado estamos de acuerdo en que ha sido un año muy potente.

P: ¿Ganar el Pulitzer le cambió la vida?

Cuando hablo español soy otro. Mi personalidad es más ligera”
R: No entre quienes ya conocían mi obra, pero el prestigio del premio ha proyectado mi nombre a otra dimensión. Por lo que se refiere a la escritura en sí, sigue siendo tan jodidamente difícil como siempre.

P: Su lengua materna es el español, pero escribe en inglés. ¿Cuál es su relación con los dos idiomas?

R: Cuando llegué a este país perdí el español y de adulto dediqué un gran esfuerzo a intentar recuperarlo. La sensación de pérdida es muy aguda y dolorosa. El inglés siempre ha sido una sombra gigantesca que se cernía sobre el español, pero también es cierto lo contrario. La sombra del español se cierne sobre el inglés. Para mí, hablar bien español siempre ha sido una obsesión, pero lo cierto es que mi español es mediocre, cosa que genera en mí un enorme sentimiento de culpa. Por otra parte, cuando hablo español soy otro, mi personalidad es distinta, más ligera.

P: ¿Qué pasaba en la cabeza y el corazón del niño que era cuando llegó a este país?

R: Me dio la sensación de haber llegado a otro planeta. La expresión choque de civilizaciones cobra pleno sen­tido si se aplica al contraste entre el noreste de Estados Unidos y el Caribe. El recibimiento que se nos dio fue muy hostil. Lo que más recuerdo es el odio. Odiaba tener que ir a la escuela, odiaba salir de casa y encontrarme en América. Todo me daba miedo. Miraba a mi alrededor y me parecía estar en un país de locos, y me decía: ya sé que nosotros llegamos aquí para mejorar nuestras vidas, pero, coño, esto es demasiado.

P: Sus historias levantan testimonio del sufrimiento de su comunidad. Me viene a la cabeza la escena de Otra vida, otra vez en la que un trabajador muere aplastado entre los engranajes de una máquina y todo el mundo trata de borrar las huellas del accidente.

R: Incluso dentro de la comunidad latina a la que pertenezco hay una considerable ignorancia de esas cosas. La generación de mi madre padeció todo aquello. El sufrimiento de esa generación es algo que no se ha explorado nunca. Piense en lo difícil que tuvo que ser para un niño vivir algo que solo ahora como adulto alcanzo a comprender someramente.

P: ¿Cómo era su entorno familiar?

R: Ultraconservador. Mi padre era policía militar y le parecía bien la dictadura de Trujillo. En mi familia casi todo el mundo tenía algo que ver con el ejército. Mi hermana mayor se casó con un tanquista, mi hermano estuvo en el ejército hasta que el cáncer lo apartó del servicio activo. Mi hermano el pequeño y dos sobrinos son marines y han combatido en Afganistán e Irak. Yo me libré de milagro. Entre los marines que venían a reclutar chicos a mi colegio había uno con el que me entrevisté como cuarenta veces. Me salvó la carta de una universidad en la que me comunicaban que me habían aceptado.

P: ¿Recuerda sus primeras lecturas?

R: Cuando tenía siete u ocho años cayó en mis manos una serie de biografías de los grandes iconos de la nación norteamericana, gente como Abraham Lincoln o Thomas Edison. Solo había tres mujeres. Lo que me más me impactó de aquellas biografías fue el trasfondo violento del país. Todo remitía a alguna guerra. Había una mitología bélica que lo presidía todo y que a mí me perturbaba profundamente. Luego hubo otro tipo de lecturas que ejercieron una influencia muy profunda en mí, como los primeros libros de Arthur Conan Doyle y las novelas de ciencia ficción de H. G. Wells.

La voz de los hispanos den EE UU


El mérito extraordinario de Junot Díaz (Santo Domingo, 1968) es haber sabido dar voz a un segmento de la sociedad estadounidense que cada vez tiene más peso: los hispanos de Estados Unidos. La concesión del Premio Pulitzer a su primera novela, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, ratificaba el reconocimiento a una obra que a pesar de estar escrita en inglés lleva en sí las señas de identidad de una cultura en español que ha cambiado de manera irreversible el rostro de Estados Unidos. En la foto vemos al escritor (a la derecha) con su hermano poco antes de que la familia emigrara siguiendo los pasos de su padre. Así es como la pierdes, colección de cuentos en los que Junot Díaz reafirma su potencia como narrador, es una extraordinaria radiografía del corazón de una comunidad y de las lacras y contradicciones del alma masculina.

P: Su afición por ciertas formas de la literatura popular, el cine y el cómic son muy importantes en su manera de entender la escritura.

R: Me encantan los llamados subgéneros, las novelas de terror, de ciencia ficción, el género romántico, aunque lo que más me gusta leer son los libros de historia. Como jurado de los Pulitzer, es esa la categoría en la que soy más combativo. Sobre todo me interesan los recodos más ocultos de la historia y sus manifestaciones más extremas, las situaciones excepcionales. Se da una conexión entre lo que ocurre en esos momentos históricos excepcionales y la importancia de los subgéneros literarios, que exploran los aspectos menos conocidos de una manera que no está al alcance de la literatura realista.

P: ¿Puede profundizar en esa idea?

R: La llamada literatura realista es muy limitada a la hora de explorar ciertos problemas. En mi opinión, el realismo, como estrategia narrativa, falla miserablemente a la hora de explicar circunstancias como, pongamos por caso, una guerra civil, situación en la que se destruye el tejido cívico de la sociedad. Por la herida que deja abierta una guerra civil se escapan emanaciones fantasmagóricas muy difíciles de atrapar. El realismo no sabe qué hacer con eso. Es incapaz de captar las dimensiones más sutiles de todo un entramado de emociones fugitivas, sentimientos espectrales que se producen en situaciones históricas extremas. Lo mismo ocurre con las novelas de dictadores. Si se escriben en clave realista, no logran atrapar el fondo de terror, lo más problemático de las heridas que abren las dictaduras.

P: ¿Es esa la razón por la que abordó en clave no realista la historia del trujillato en La maravillosa vida breve de Óscar Wao?

R: Es que de otra manera habría sido imposible. En eso consiste el fallo de La fiesta del Chivo, que por lo demás es una excelente novela. Vargas Llosa fracasa en el intento de llegar al fondo de la historia de un episodio muy importante de la historia de mi país. No consigue capturar en modo alguno los matices más sutiles de lo que significa vivir en una sociedad secuestrada como lo fue aquella.

P: ¿Qué opinión le merece la manera de abordar la dictadura de Trujillo que lleva a cabo Julia Álvarez, escritora latina de origen dominicano que escribe en inglés, igual que usted, en En el tiempo de las mariposas?

R: Me parece mucho más lograda, en el sentido de que consigue llegar al corazón de un asunto sumamente turbio y misterioso. Julia Álvarez cuenta la historia aterradora del secuestro, violación y asesinato de las hermanas Mirabal, realizando un retrato de las prácticas de Trujillo como depredador sexual en clave de feminismo gótico, lo cual le da una enorme agilidad a su narración. Hacer de mi país una suerte de territorio fantasmagórico, cuyo centro de gravedad es el motivo de las violaciones, la brutalidad de las transgresiones sexuales perpetradas por el dictador. Así revive un tropo muy característico de la literatura gótica escrita por mujeres. Julia Álvarez aborda con suma inteligencia una situación en la que toda una sociedad enloquece febrilmente ante el poder del cuerpo femenino. Llega así mucho más lejos que llevando a cabo una servil narración de los hechos.

P: ¿Cuáles son sus referentes literarios?

R: En mi caso, quienes mejor me han ayudado a entender el verdadero ser de este país son las escritoras negras. Siempre he pensado que si alguien comprende a un nivel profundo por qué ocurren ciertas cosas son ellas. Les debo lo que soy como escritor. Mi pasado, mi presente y mi futuro lo explica perfectamente alguien como Toni Morrison.

P: ¿Qué opinión le merecen Cormac McCarthy, Thomas Pynchon, Don DeLillo o Philip Roth, todos ellos varones de raza blanca?

R: Son los mejores escritores vivos de Estados Unidos. Hablar de alguien como Jonathan Franzen, pongamos por caso, no tiene el menor interés, pero hablar de Cormac McCarthy sí. McCarthy ha entendido el verda­dero ser de América como muy pocos. Comprende las terribles raíces apocalípticas que llevan a la locura inenarrable, carismática, escatológica, que subyace a la realidad del país, y que de repente explota en las noticias que nos sorprenden en los periódicos como una bofetada. ¿Y qué quiere que le diga de Philip Roth? Yo soy de Nueva Jersey, y no es posible escribir sobre Nueva Jersey sin tener en cuenta a Philip Roth. Es un narrador formidable, formalmente muy interesante. Cierto que sus personajes femeninos son para darle de bofetadas, pero sus panoramas novelísticos son fascinantes. No, no, no… Cormac McCarthy es muy importante para mí. Philip Roth es muy importante para mí.

P: ¿Y Don DeLillo?

R: Inconmensurable. De hecho, creo que a pesar del reconocimiento de que goza, no se le ha valorado suficientemente. La deuda de la literatura norteamericana para con Don DeLillo es inmensa. Y lo mismo vale para Doctorow.

P: ¿Y qué hacemos con alguien tan difícil e inclasificable como Thomas Pynchon?

R: Pynchon es lo máximo. Es necesario decir que esa generación hizo los deberes con nota, man. Hay mucho que reconocer y emular en el trabajo de esos tigres. Cuando lees a Pynchon por primera vez es como si te hubiera dado un calambre. No sabes lo que ha pasado, pero luego te das cuenta del milagro. Jamás se me ocurrió pensar que fuera posible escribir una literatura tan delirante que se puede decir que raya en la locura y, sin embargo, al final todo encaja perfectamente.

P: ¿Qué opinión le merece Annie Proulx?

R: Me encanta Annie. Es tan jodidamente buena que resulta ridículo. Sus novelas son joyas, pero sus cuentos son todavía mejores. Es una de las grandes cuentistas de este país.

P: ¿No cree que se podría escribir la historia de la narrativa norteamericana hablando solo de los cuentistas?

R: Sin duda, una de las mayores aportaciones de la literatura norteamericana al resto del mundo es la tradición del relato breve. Hay verdadero fervor por este estilo, y no lo digo solo por los creadores. Hay revistas especializadas dedicadas exclusivamente a ello, así como un gran público lector que es devoto del género, siempre lo ha habido.

P: Aunque usted ha sido muy crítico con él, considera que la llegada de alguien como Obama a la Casa Blanca es un hito en la historia reciente de este país.

R: Para mí, la elección de Obama es un ejemplo más de la voz de los jóvenes que están hartos de cómo se están llevando las cosas a escala mundial. La misma inquietud que instaló a un negro en la Casa Blanca es la que sacudió en su día la plaza de Tahrir en El Cairo o los indignados de Wall Street.

La elección de Obama es un ejemplo más de la voz de los jóvenes hartos”
P: Los temblores también se han hecho sentir en España.

Todo eso no es más que el principio de un vasto movimiento que recorre todo el mundo. Es algo subterráneo que está poniendo en relación un montón de fuerzas aparentemente inconexas, a los jóvenes con las fuerzas progresistas díscolas que hay en las maquinarias de los partidos, todo al margen de las estructuras de poder establecido. Estamos atravesando un momento histórico cuyas consecuencias apenas hemos empezado a vislumbrar. La presencia de Obama en la Casa Blanca, con todos los fallos y decepciones de su gestión, no es más que un síntoma. Que Estados Unidos pudiera tener un presidente negro era algo inimaginable hace muy poco tiempo, pero lo más importante es repetir hasta la saciedad que el motor de todos esos cambios es la frustración de las nuevas generaciones, que han comprendido que las cosas no pueden seguir como hasta ahora. Asuntos como el matrimonio gay o la presencia de gais en ciertas instituciones son también síntoma de la misma necesidad de cambio. Y no estamos más que al principio. Creo que la historia nos deparará a todos una sorpresa gigantesca pronto.

P: ¿Qué está ocurriendo con la reforma de la ley de inmigración en Estados Unidos?

R: Estamos atrapados en los engranajes de la maquinaria aterradora de los servicios de inmigración, que ataca no solo a los sin papeles, sino incluso a los inmigrantes legales. El desencadenante fueron los atentados del 11 de septiembre de 2001. El ataque se convirtió en una especie de referéndum que dio lugar a un pogromo contra los latinos. Es un odio tóxico que no sé muy bien cómo describir, una especie de movimiento xenófobo que se ha extendido por todo el país. Me causa un placer inmenso ver a los republicanos atrapados en una situación de la que no se pueden zafar. La reforma de la ley de inmigración se va a aprobar, vamos a tener algo mucho mejor de lo que hay ahora, y más vale que se den prisa para hacerlo antes de que Hillary Clinton se presente a las próximas elecciones, que según las predicciones va a ganar. Les va a doler más que una estaca clavada en el corazón de un vampiro, pero no tienen otro remedio.

P: ¿Cuál es la raíz de ese miedo?

R: La resistencia a modificar la estructura del poder político. A fin de conservar su su­premacía, la mejor estrategia es demonizar a un sector concitando el odio de los electores contra él. Y mientras tanto, abandonan por completo a sus bases, al electorado constituido por los blancos pobres, cuyo voto nunca les falla. No mejoran sus condiciones, recortan los programas sociales, pero a cambio les dan una compensación psicológica, haciéndoles creer que son unos privilegiados por no ser negros o hispanos, sino miembros de la raza superior. A sus hijos los mandan a las guerras que tienen por todo el mundo como carne de cañón. Resulta increíble que un nacionalismo supremacista tan extremo funcione, pero es así.

P: Usted es profesor de escritura creativa en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). ¿Sus estudiantes leen?

R: No. Están todo el día enganchados a sus maquinitas, pendientes de las redes sociales. MIT es un lugar muy sofisticado. Los estudiantes inventan aplicaciones con la misma facilidad con la que hacemos café.

P: ¿Y no puede ser que hayamos llegado a un punto de la historia de la cultura en la que la lectura ha dejado de ser relevante?

R: Sinceramente, no lo creo. Todavía tiene que venir alguien capaz de demostrarme que existe un espacio de deliberación y pensamiento mejor que un libro.

P: Pero usted mismo me acaba de decir que sus estudiantes no leen.

R: Creo que habría que situar esto en un contexto más amplio. La Universidad como institución ha dejado atrás los valores de la educación para sustituirlos por un modelo de negocios. Mis estudiantes creen que están allí para conseguir un puesto de trabajo.

P: ¿Qué sentido tiene que estudien escritura creativa?

R: La mayoría de los que se matriculan lo hacen por motivaciones narcisistas. Además que creen que escribir bien es algo que está al alcance de cualquiera, a diferencia de lo que puede ocurrir con oficios que exigen un serio esfuerzo y dedicación como la danza o la música, pongamos por caso. Da la sensación de que se matriculan porque hay una terrible demanda de escritores, como si todo el mundo leyera un promedio de 500 libros al año y no hubiera suficientes títulos para saciar la increíble sed de los lectores, cuando la situación real es la contraria. Nadie lee, pero anda el diablo, hay un maldito reguero de escritores sueltos por ahí. La realidad es que la literatura es una tarta cada vez más pequeña que hay que repartir entre muchos.

P: ¿Por qué es cada vez más pequeña?

R: Porque las corporaciones invierten miles de millones de dólares para asegurarse de que sea así. En 1983, cuando yo era todavía un adolescente, el Gobierno federal imponía severas restricciones a la publicidad destinada a los jóvenes. Había franjas horarias y medidas precautorias destinadas a proteger a la gente joven. Hoy día son víctimas de un ataque masivo. Cada joven es un objetivo ambulante sobre el que las corporaciones se lanzan despiadadamente a fin de asegurarse que no les queda un solo momento libre. Para cada instante de ocio hay un artilugio de consumo al que son adictos. Los jóvenes son consumidores a quienes no se deja en paz un solo instante. ¿Cómo van a desarrollar la capacidad necesaria para disfrutar el arte con la tranquilidad que exige la contemplación estética cuando los están bombardeando con productos edulcorados de bajísimo valor nutritivo, entretenimiento basura? El problema de Estados Unidos es que el país está enganchado al consumo de bazofia cultural, por la sencilla razón de que es lo que las corporaciones necesitan para seguir ganando dinero de manera incontrolada. Piénselo bien: cada vez que un joven abre un libro es tiempo que pasa sin pulsar botones, sin entrar en Facebook, sin pedir papel higiénico por Amazon. Si a una chica o a un chico les da por leer poesía, se salen de la cadena de producción de dinero y obtención de beneficios. A las corporaciones les resulta insoportable la idea de que nadie le dedique a una novela las 20 o 30 horas que exige su lectura. Las multinacionales han secuestrado la imaginación de los jóvenes y no les van a dejar volver a la lectura. No. Fucking. Way.

P: ¿Cómo ve la situación de la industria editorial?

R: Hay un tiburón en la bañera que amenaza con devorarlo todo; me refiero a Amazon. Yo escribo muy despacio. Cuando publiqué mi primer libro, en 1996, las cosas no se hacían por Internet. Los manuscritos me llegaban por correo, los revisaba y los devolvía. En 2007, cuando publiqué Óscar Wao, Amazon ya formaba parte del panorama, aunque no era el monstruo insaciable de ahora. Todavía existía Borders, pero aún no había redes sociales. La gente no sabía qué era un tuit. Y ahora publico Así es como la pierdes y todo es a través de las redes sociales. Barnes and Noble está en sus últimos estertores, Amazon es una bestia negra de dimensiones incalculables y todo el mundo lee en Internet. No quiero pensar en cómo serán las cosas cuando publique mi próximo libro. Y no es todo: con cada cambio de modelo tecnológico, la cosa empeora para el autor. Cada avance parece tener como objetivo perjudicar al creador. Scott Turow publicó un editorial en The New York Times denunciando la situación: los escritores ganan cada vez menos pese a que los beneficios que generan son cada vez mayores.

domingo, 28 de abril de 2013

La Wikipedia en español va a alcanzar el millón de artículos

Dentro de unas semanas, la Wikipedia en español habrá alcanzado el millón de artículos, pocos comparados con la versión inglesa, pero muchos si sumamos los de la catalana (400.000), la eusquérica (150.000), la gallega (100.000) y las de diversos dialectos hispánicos (100.000), en total 1.750.000 artículos. Seríamos, así, la segunda wikipedia del mundo. Y eso refleja algo: por ejemplo, que el mundo hispánico es más fuertes unido que separado. Dos millones de wikipedistas son responsables de la versión española, pero solo trabajan activamente cada mes unos quince mil. Milagros de la Entretela, Entrerred o Internet.

De la eficacia de Wikipedia como instrumento educativo poco cabe dudar. Como escritor especializado soy autor de miles de artículos en ella y, como profesor, he leído algunos trabajos en los que he visto material mío más o menos "tomado" de allí. No puedo criticarlos demasiado, pues habrían podido oír lo mismo en mis clases. De esta manera, el esfuerzo educativo de miles de profesores repercute en la sociedad mucho más que si se limitara solamente a trabajar en las clases, así que pienso que todos ellos, si de verdad aman lo que enseñan, deberían hacer como yo y traducir, redactar, corregir o editar artículos sobre sus asignaturas en Wikipedia. Sus esfuerzos serán multiplicados y mejorados por otros wikipedistas que lo traducirán a mil lenguas. 

El problema es siempre el mismo: alguno puede creer que se plagia a la enciclopedia colaborativa cuando encuentra semejanzas entre el texto de un autor y la misma. Pero bien puede ser al revés: uno recurre a sus propios artículos escritos para Wikipedia como material de su confianza y que vuelve a emplear con fines distintos. A mí me ha ocurrido: ya que ese material sigue allí cedido a perpetuidad y es tan seguro y confiable como lo puedo ser yo, lo he usado, tras revisarlo, para confeccionar apuntes. Allí estaba, tal cual o incluso mejor y más actualizado; a muchos wikipedistas les habrá ocurrido lo mismo. 

Es más, para mí al menos constituye un verdadero placer quitar una errata, corregir la ortografía, añadir un dato, precisar una referencia, mejorar una frase o completar un artículo. Otras veces, para mi sorpresa, al repasar el historial de alguno de los artículos, me he topado con que el autor principal era yo mismo y lo había olvidado. Se ve que mis intereses andan ya por caminos trillados y, en efecto, ya he perdido la cuenta de todo lo que he escrito allí; ahora solo puedo reconocerlo por la clave o número de ordenador que utilizaba para firmarlo.

Por supuesto que Wikipedia tiene sus defectos, pero el hecho de que resplandezcan más sus virtudes proclama algo muy positivo sobre la especie humana en general y su colaboración altruista y muy negativo también sobre aquellos que pretenden privatizar hasta el pensamiento; proclama algo muy bello y hermoso que no pueden afirmar, por ejemplo, otras organizaciones capitalistas fundadas en el lucro y que se obstinan en privatizar el conocimiento por encima del bien común, elaborando además productos mucho peores; no tendría empacho alguno en añadir a estos sujetos a la larga lista de vándalos que los wikipedistas combatimos. Y que siempre vencemos: por cada sinvergüenza o vándalo hay seis o siete correctores que se desviven en corregir desaguisados y perseguir sin piedad a los desalmados. 

Cierto que son frecuentes los altercados sobre neutralidad de puntos de vista y otras cuestiones; pero de ellos siempre resulta beneficiada Wikipedia, corregido el reglamento y mejorada la interfaz que nos une, llamada educación; educación no solo en cuanto a reparto de conocimientos, sino también en cuanto a ética, al compartir un espacio y empresa común con ideales universales y puramente humanistas

Resulta más fácil criticar la Wikipedia que escribirla; a tal gente, que nunca hizo ni hará nada por los demás sin quitar algo para engordar su propio ego no hay que escucharla ni esperar nada de ella, pues pertenece a un mundo en extinción, mucho peor que el que está naciendo gracias a la generosidad común.

Egipto

Hay quien adora el altar de la diosa Insurrección popular, Tercera República o qué sé yo qué utopía aria, libertaria o Zeitgeist, olvidando el secular estoicismo o borreguismo manchurrón que nos caracteridiotiza (perdón por los morfemas libres). 

El estoicismo senequil lo atribuyen a un pueblo, el español, que dicen habitó la Península ibérica en los tiempos, sin duda lejanos, del faraón Pacofis I, antes de que se separaran la Alta y la Baja Castillas y los bárbaros Catalanos invadieran el delta del Ebro y los morenos nubios subieran a través de la tercera catarata del Guadalquivir y Moisés abriera los ojos del Guadiana para que pudieran pasar. Esperaban los españoles a los bárbaros cuando hete aquí que mensajeros vinieron de los más remotos confines del imperio y nos dijeron que ya no había bárbaros, sino que llevaban ochenta años gobernando. Esos hombres eran o debían ser una cierta solución, no lo que (ahora, quizá siempre) se antojó: un problema. Empero, un profeta iluminado por un Ra desde luego excesivo dictó su oráculo y los sacerdotes interpretaron que el faraón actual, Donjuán I, debía conducir la nave del estado por el largo Nilo de otra Transición desde una España putrefacta y zombi a otra regenerada en el mundo subterráneo con vendas y parches que protegieran del gusano el cuerpo descuartizado de la Constitución (o Libro de los muertos) para librarlo de Apofis, el demonio del submundo. Lo he oído en canciones y lo he visto en pinturas. Y fuera, en verdad, pensamiento raro y de notar, si no fuese porque dicen los jeroglíficos legales que vano es pedir dátiles a un peral. 

Porque pedir pedir, nos parece pedir demasiado tener de esos primates (acepción segunda del Diccionario de la Leal Cacademiaspanish shame, o quier "vergüenza ajena", esto es, abochornarse por la patarratada de otro (y vuelvo a pedir perdón por los morfemas libres), y sentir conmiseración por una gentuza a la que le gusta mandar y que solo inspira schadenfreude, que en teutón significa lo que en vallecaniota que se jodan. A lo más nos dan vergüenza a secas, porque un prócer del pepoísmo no podría reconocerse en un espejo si se mirara, ya que siempre se están desdesdiciendo y desdesmintiendo, y quitándose pieles como las víboras y arrojando tinta como los calamares y excretando decretos y complicando las cosas en vez de arreglarlas.

Si tuviéramos esa arcaica nobleza, hidalguía y pundonor que se atribuye a los castellanos viejos, gente con alma grande y no con esas almejas de Congrieso de los mariscados, donde tanto da un gallego como un pasiego providencial, Rajay que Rubalcalva o Cánovas que Sagasta, no sufriríamos padecer una españalgia tan grande como la de Unamuno, que se quejaba mucho de esa afección, aparte también, claro está, de la de ser un Unamuno. 

jueves, 25 de abril de 2013

Queremos legislar


Antoni Gutiérrez-Rubí, "Queremos legislar", en El País, 24 de abril de 2013:

Hace falta renovar la alianza entre representantes y representados que profundice la arquitectura democrática actual. La tecnología puede llevar a las instituciones el conocimiento disponible en una sociedad abierta.

La constatación de que lo público (el interés general) ya no está garantizado –suficiente y exclusivamente– por lo político es más evidente cada día. Las limitaciones de la política formal (partidos e instituciones) se muestran descarnadamente en su incapacidad para interpretar y comprender bien la realidad, seleccionar el capital humano y gestionar eficientemente los recursos públicos, representar a la ciudadanía generando entornos transparentes, confiables y permeables, y proponer soluciones sostenibles e innovadoras a los retos sociales con una acción ejecutiva y legislativa adecuada en tiempo y forma. En definitiva, la desconfianza ciudadana crece por los límites de la política en su ejemplaridad y, también, en su eficiencia y eficacia. La corrupción es la puntilla.

A todo ello, hay que añadir una progresiva reducción del poder de la política, de su fuerza para situarse como el último resorte, de su autoridad para priorizar el interés general como principio que articule y jerarquice nuestra sociedad y que sea el límite insuperable e insobornable a lo vorazmente especulativo. La política retrocede, incapaz e inerte, ante la destrucción que impone un modelo socioeconómico que favorece el desorden cortoplacista e hipoteca nuestro futuro –y el de las generaciones venideras– en forma de deuda insostenible, cambio climático, pobreza, desempleo estructural...

Los niveles de desafección democrática no dejan lugar a dudas. Los datos son abrumadores, demoledores con los políticos, los partidos e instituciones. La fosa se hace más profunda. Gran parte de la desconfianza se debe a la opacidad que genera todo lo que rodea a la política. La ciudadanía cada vez se siente, además, más frustrada a la hora de participar porque constata que no es escuchada ni atendida. A veces, incluso, es despreciada e insultada.

En este estado de cosas, se impone una renovada alianza entre representantes y representados que supere –profundice, mejore, aumente– la legitimidad por delegación de la arquitectura democrática actual, construyendo gobiernos y parlamentos más útiles, gracias a la cooperación pública. La política es demasiado importante para dejarla exclusivamente en manos de nuestros políticos. Y los retos a los que nos enfrentamos ya no permiten la acomodaticia tranquilidad de delegar nuestra soberanía –y nuestro futuro– por períodos electorales, sin mayor implicación cívica y responsabilidad ciudadana. No podemos esperar, ni podemos desentendernos. Nuestra democracia formal no es suficiente para garantizar el nivel de fuerza y capacidad política que se necesita, si queremos horizontes compartidos. Hace falta más política: más acción, más (y mejor) legislación, más (mucha más) representación y participación.

La política es demasiado importante para dejarla exclusivamente en manos de nuestros políticos
En el ámbito legislativo, por ejemplo, uno de los pocos canales de participación con los que actualmente contamos los ciudadanos son las Iniciativas Legislativas Populares (ILP). Recoger y presentar una ILP es un proceso titánico, son necesarias 500.000 excesivas firmas (a nivel comunitario solo se exige un millón entre siete países al menos) y, una vez aceptada, debe superar todavía una serie de trámites burocráticos solo para que sea debatida.Y las cifras demuestran que no es una herramienta útil para propiciar la participación ciudadana: solo una ILP ha llegado a buen término. El desenlace final de la reciente aprobación de la nueva ley antidesahucios, con los únicos votos a favor del Partido Popular, ha dejado un reguero amargo de reproches políticos dentro y fuera de la Cámara. Nos invade un sabor a fracaso de los canales oficiales para la participación democrática, que no está asegurada simplemente con la aceptación de una tramitación y que no garantiza la co-creación legislativa (partidos, asociaciones, ciudadanos). Ustedes proponen (los ciudadanos y sus lobbies sociales y económicos) y nosotros (los representantes y sus mayorías) decidimos es la respuesta formal de nuestra democracia. La evidencia de que este modelo no es suficiente para legislar bien y mejor, crece.

El «escaño 351» (propuesta del programa electoral del PSOE, cuyo objetivo era que los ciudadanos pudieran intervenir en el Pleno del Congreso en defensa de las ILP) era un insuficiente, pero interesante, paso para dar voz. También las comparecencias parlamentarias abiertas a expertos y representantes sociales y económicos en la elaboración de una Ley –como sucede estos días con la Ley de Transparencia (en la que participaré)– son adecuados pero tímidos pasos. Hay que ir más allá.

Las organizaciones políticas y las instituciones públicas deben realizar una mirada inteligente a la transformación que están llevando a cabo las empresas más lúcidas y responsables. Los modelos de innovación abierta, a través de la creación colectiva, son fórmulas que permiten aproximar a las organizaciones a un grado de permeabilidad óptimo que amplía sus oportunidades. La llave de todo es el talento compartido como motor de cambio, reforma y adaptación. Las organizaciones permeables son aquellas que saben escuchar y hacer partícipe al cliente –su mejor prosumidor– con más transparencia y promoviendo la innovación y la creatividad. El mundo empresarial está sustituyendo, progresivamente, sus estructuras organizativas verticales por nuevas estructuras horizontales y en red. Los gobiernos y los parlamentos no lo hacen suficientemente. Desconfían.

¿Por qué no vamos a utilizar todo el talento disponible en nuestra sociedad para legislar, por ejemplo, favoreciendo la apertura de datos, su accesibilidad, facilidad de uso y reutilización, con el objetivo de crear ecosistemas públicos para resolver problemas complejos? Evitaríamos fiascos (y manipulaciones), como el sucedido en un estudio clave para justificar la austeridad económica en la Unión Europea que contiene graves errores de Excel y que, si hubiera estado abierto, habría sido advertido y corregido por otros actores sociales, impidiendo –probablemente– que la política tomara decisiones equivocadas con datos insuficientes o inexactos.

Las multitudes inteligentes (que no solo opinan, sino que quieren co-crear y co-decidir) pueden actuar de una forma semejante en la política ejecutiva y legislativa, siendo una excelente oportunidad para recuperar la confianza en el sistema democrático, como ya empiezan a explorar algunas Administraciones públicas de proximidad. Más talento y más democracia es la fórmula.

Lo público debe ser el punto de encuentro de quienes desean una  sociedad sostenible y justa
¡Queremos legislar!, decimos. No solo porque queremos, podemos y debemos, sino porque sabemos. El conocimiento disponible en la sociedad abierta y en red es superior al de sus representantes y expertos. No estamos hablando de masas inertes y amorfas, sino de multitudes activas e inteligentes en la sociedad red, capaces de articular –o al menos iluminar– soluciones públicas para problemas complejos si se dispone de entornos abiertos gracias a la tecnología. Lo público debe ser el punto de encuentro, no solo una capa superpuesta de representación, de todos los actores que desean una sociedad sostenible y justa, la única capaz de generar riqueza, gracias a una progresiva y eficiente capacidad de repartirla.

Nuestra sociedad decepcionada, crítica y muy informada, tiene en sus manos herramientas para monitorizar y fiscalizar las actividades políticas: es el momento de la política vigilada. Pero necesitamos más, queremos la política participada. La tecnología disponible (que conecta personas, procesos, máquinas y objetos) re-articula la sociedad porque crea comunidades de intereses, entornos de conocimiento y permite la movilización social de una manera extraordinariamente atractiva y potencialmente muy democrática.

Esta inaplazable transformación de las estructuras (y de las mentes y actitudes) debe encontrar pues una oportunidad en entornos digitales pensados para las aplicaciones personales y móviles: apps, geolocalización, realidad aumentada, visualizaciones, etc. Algunos gobiernos ya lo han visto y están aprovechando su potencial. La Administración Obama, por ejemplo, lo hace con proyectos como data, recovery o transparency; y en el Reino Unido encontramos data.gov.uk. En el ámbito legislativo hay que aprender e implantar, urgentemente, las recomendaciones del Global Center for ICT in Parliament, el organismo multilateral que promueve la modernización parlamentaria a través de la tecnología abierta y la participación ciudadana.

La inteligencia de las multitudes supone una nueva mirada a la gobernanza de las organizaciones, ya que el uso de la tecnología ha cambiado la concepción del poder. Si la política formal no valora –e impulsa– el uso de la inteligencia colectiva en su modelo de acción, las barreras entre ciudadanos y representantes públicos no dejarán de incrementarse. La política crowd no solo es una oportunidad (inteligente), sino un requerimiento (democrático) para una mejor acción política. Para la que se necesita y ya no puede esperar.

Antoni Gutiérrez-Rubí es asesor de comunicación

miércoles, 24 de abril de 2013

Una historia de posguerra: Castor García Rojo


Fue un escritor notable e incluso mejor persona, un héroe manchego que lo arriesgó todo cuando lo fácil era no hacerlo, por lo que su nombre y verdadero valor permanecieron ocultos en una época, la franquista, en que se destacaba solo por lo que no se era. Ahora ocurre lo mismo, con toda esa generación de políticos neofranquistas, autopresuntos héroes de la Democracia; pero, bien lo sabemos, los tiempos se toman su tiempo en cambiar... y algunas personas no cambian  nunca si pueden aprovecharse de ello; algo que no hizo nunca Castor García Rojo.

Castor García Rojo (Castellar de Santiago, 1895- ¿?) fue un funcionario del cuerpo de prisiones, en cuyo escalafón llegó a director. Los presos lo llamaban "el Cristiano", porque era muy buena persona. Pero, como un pequeño José Bergamín, este hombre sintonizaba la espiritualidad con el anarquismo, de modo que colaboró con  la Agrupación X de la CNT, una red carcelaria clandestina formada por miembros del sindicato. Qué paradoja: en realidad no se jugaba nada, sino ir a parar a la misma prisión en que estaba, pero esta vez como preso. 

Muchas obras suyas se han perdido; yo he rescatado algunas de librerías de viejo a poco precio. Sin duda alguna, su mejor novela es Sanatorio de almas, que tuvo cuatro ediciones en unos veinticinco años. La primera (Alcalá de Henares: imprenta de la Escuela Industrial de Jóvenes, 1926, lleva un prólogo del famoso general republicano, también manchego y escritor, Juan García Caminero, en realidad Juan García Gómez-Caminero (Valdepeñas, 1871 - 1937), no solo autor de tratados teóricos de medio millar de páginas como De la guerra (Cádiz: Imprenta de la Revista Médica, 1925),  sino también de un estudio sobre el colonialismo, El problema ibero-americano, (Madrid: Plus Ultra, 1926), con prólogo del famoso médico y escritor alcalde de Madrid José Francos Rodríguez, masón como él, de alguna novela en francés publicada en Brasil y otra en castellano, Aparece Sanjurjo (1924), que tengo también entre mis libros, así como un puñado de piezas teatrales y un compendio de máximas morales. Pero ya he hablado en otro lugar de este sujeto, y me apresuro en añadir que en esta larga narración García Rojo utilizó su experiencia humana como moderno regenerador de presos en la línea de  Concepción Arenal, aquella dama del XIX que se vestía de hombre para poder acudir a estudiar derecho en la Universidad, y que no alcanzó título alguno, porque no se concedían a las mujeres, a pesar de ser reconocida como una autoridad en derecho penal en toda Europa y América. Sanatorio de almas es una novela que cuenta la regeneración integral de un preso, algo que tan bien ha descrito en Los miserables Víctor Hugo, desde una perspectiva típicamente española. La segunda edición vio la luz en Almagro, en la famosa Tipografía del Rosario, en 1928, con un retrato del autor, como compruebo por mi ejemplar. 

Por entonces colaboraba en el semanario Renovación de Almagro, donde he visto un artículo suyo publicado en 1931; para mí que sufragaba este semanario el Conde de Padul, asociado al partido monárquico y maurista Renovación Española, especialmente su primo Fernando de Contreras, que publicó en la Tipografía del Rosario su tocho Ideales dominicanos (1924), que tengo delante. Este benefactor protegió mucho la restauración de los dominicos en Almagro, soñando incluso la creación de una universidad católica como la que hubo en el pasado. Pero en ese mismo año 1931, el de la caída de la Dictadura de Primo de Rivera, publicó Castor García Rojo El espejo de la realidad, 1931, que cuenta un hecho verídico: la construcción y ruina de una central eléctrica en su pueblo natal de Castellar, cuyo nombre apenas disimula. Asimismo hizo una tercera edición de su Sanatorio de almas, sin cuna, año ni editorial, posiblemente en Vigo o Canarias, lugares adonde había sido trasladado como oficial de prisión preventiva; en el archipiélago publicó algunas novelas cortas sueltas como Una mujer difícil. Estalló la Guerra Civil; en los primeros momentos de desorden, fueron fusilados todos los frailes del convento almagreño y la activa vida cultural que promovían se fue a hacer puñetas. Pudo, sin embargo, hacer una cuarta edición de su exitoso Sanatorio en Valencia: R. Gimeno, sin duda en los años ya  posteriores a 1941, cuando ve la luz en la capital levantina su Canarias (V.: América, 1941). 

Gracias a Rafael Montaner (Diario Levante, Valencia, 2 de mayo 2005) sabemos que en la prisión de Valencia conoció a Isidro Guardia, un militante valenciano de la CNT nacido en 1921 que perdió su juventud en las cárceles de Franco. Por arrojar cinco mil octavillas en Valencia padeció 21 interminables días de torturas y palos a granel en los sótanos de la Jefatura Superior de Policía, tras los cuales fue encerrado medio muerto en la cárcel. Su caso lo conmovió y, habiendo simpatizado con la CNT hasta el punto de colaborar con la agrupación X, una red clandestina carcelaria formada por miembros del sindicato, suministró a los presos de la agrupación diversos recortes de periódicos y los boletines informativos que emitían los consulados europeos de Valencia, y sacó clandestinamente entre 1946 y 1950, en el doble fondo de una fiambrera, desde el interior de la cárcel de San Miguel de los Reyes, centenares de artículos de Isidro Guardia que se publicaban después en París, México y Nueva York, en la prensa del exilio republicano: España Libre y Comunidad Ibérica, por ejemplo. Guardia empezó a escribir instigado por los presos catalanes y pronto llegó a escribir un artículo cada diez días, porque en 1946 todo el mundo esperaba que Franco cayera tras la victoria de los Aliados en Europa, como habían caído Hítler y Mussolini, pero no fue así. 

Con los materiales de García Rojo confeccionaba Guardia un periódico manual para los presos; firmaba sus colaboraciones con los pseudónimos de Codine y Juan Lorenzo y estuvieron a punto de cogerlos en 1947, cuando desarticularon el Comité nacional de la CNT en Valencia, del que Guardia era la voz oficiosa, e hicieron varios registros en la cárcel, pero hubo suerte, porque uno de los cenetistas, enfermo desahuciado, asumió las culpas y la investigación fue parada. Es imposible saber si García Rojo era un topo del coronel Blanco, jefe del SIM o Servicio de Inteligencia Militar, habiéndose destruido sus registros (por supuesto que interesada y anticonstitucionalmente, no como se hizo con la República Democrática Alemana, que conservó abiertos al público y los investigadores los ingentes archivos de la Stasi), pero todo parece afirmar que el riesgo que sufrieron Castor García Rojo e Isidro Guardia fue real y auténtico. Este último, conmutada su pena de muerte a cadena perpetua, pudo salir en libertad vigilada en 1950 tras diez años de prisión. 

La obra de García Rojo fue progresando, siempre con ese contenido humano y esa profundidad que la hacen tan grata. Publicó, primorosamente ilustrado con grabados de Federico García Calvo, su libro de ensayos y pensamientos Jardín Espiritual (Valencia: tipografía de Gráficas Calvo y taller de Impresos Cosmos, 1947), seguramente su libro más denso, y cinco novelas cortas para niños "y mayores" y "para forjar hombres", como frecuentemente acompaña los títulos, en Bilbao, entre 1950 y 1951. La última obra suya de que tengo noticia es El libro de la vida. Sinfonías del dolor. [S.l. s.n., 1960] Sus coterráneos de Castellar de Santiago no lo han olvidado, y han puesto su nombre a una calle en su pueblo. Aquí, en Ciudad Real, tenemos menos imaginación, menos cultura o más desprecio; qué más da.

martes, 23 de abril de 2013

Habla Adrados


Javier Rodríguez Marcos, El País, 22 de abril de 2013, “La literatura está siendo arrinconada”. Francisco Rodríguez Adrados, último Premio Nacional de las Letras, rastrea en su nuevo ensayo las fuentes comunes de la ficción europea lejos de nacionalismos 

Francisco Rodríguez Adrados tiene 90 años y la energía de un becario. En noviembre recibió el Premio Nacional de las Letras y en marzo viajó a Grecia para dictar la conferencia inaugural del congreso de historia de la lengua griega; los jueves acude a la Real Academia Española y los viernes a la de la Historia, de las que es miembro. Honores aparte, en una mesa de su casa madrileña tiene las galeradas de una nueva edición de la Ilíada –obra de un colega- que corrige estos días y junto al televisor, un ejemplar de El río de la literatura (Ariel), el libro de 600 páginas que acaba de publicar y que él describe como “de pensamiento, no de erudición” pero cuya ambición está bien reflejada en su subtítulo: De Sumeria y Homero a Shakespeare y Cervantes.

Si se piensa que Adrados ha escrito en la última década libros como El reloj de la historia (Homo sapiens, Grecia Antigua y Mundo Moderno), Nueva historia de la democracia o Historias de las lenguas de Europa se entiende la amplitud de intereses de este sabio nacido en Salamanca en 1922. En su opinión, el “núcleo central” de la literatura universal está en el “corredor” que forman Egipto, Oriente próximo, Grecia, Roma, la Edad Media europea y las literaturas europeas y americanas modernas. Pero matiza: “Ese ‘río’ no es el único en el mundo, pero es el que más ha influido, el más globalizado”. Catedrático emérito de Filología Griega de la Universidad Complutense, Adrados es consciente de que su manera de estudiar la literatura contrasta con la tendencia a hacerlo embalsando las aguas de ese ‘río’ en los pantanos del nacionalismo decimonónico: “Es imposible dominarlo todo, pero está claro que la literatura occidental tiene una fuente común: la oralidad”.

La épica, la lírica y la literatura sapiencial son los tres géneros esenciales desde Sumeria, un “agregado de ciudades” cuyo idioma fue la lengua culta del Próximo Oriente -“como el latín en la Edad Media”- y cuya literatura –con el Poema de Gilgames como cumbre- contiene ya muchos temas aún vigentes: del origen del mundo al amor pasando por las fábulas (campo en el que Adrados es una autoridad mundial). Hace 40 años se publicó su pionero estudio Fiesta, comedia y tragedia –enseguida traducido al inglés-, y algunas de sus ideas vuelven a recorrer ahora El río de la literatura. Sobre todo la central: si el origen de la literatura es oral, el origen de la oralidad es la fiesta: “En ella se mezclaban imitaciones, ritos y deporte”. La palabra, insiste, iba acompañada de música y danza. “Lo del autor encerrado en su despacho destilando sus sentimientos es muy posterior, aunque hubiera un Ahikar asirio, un Ptahhotel egipcio o un Homero griego (si es un nombre real). En la fiesta el sentimiento es de todos. Es difícil de entender con la sacralización actual de la autoría y de la originalidad, pero es así”. Según su autor, El río de la literatura trata de contextualizar piezas que hemos conocido aisladas: “Cuando hablamos de literatura oral con poemas, fábulas o representaciones dramáticas, desgajamos esa pieza del entorno en que nació. Es inevitable pero empobrecedor, como si arrancásemos una escultura de la fachada de una catedral y la viéramos aislada en un museo”.

Tal vez vivamos una decadencia, pero puede nacer algo grande.

Para este helenista que recuerda su primer viaje a Grecia en 1953, la cultura griega es el gran hito por lo que tiene de resumen de lo anterior –Egipto, Sumeria- y de vanguardia: “La literatura occidental es como una carrera ciclista. Avanza en grupo pero a veces alguno salta del pelotón: esos que saltan son los griegos. Ellos inventaron el individuo humano. En el comienzo de la Ilíada se ve cómo a Agamenón le dicen todas las verdades en asamblea, como si fuera el parlamento de aquí. Aquello asustaba a la gente. Tanto que la palabra democracia estaba prohibida en la Edad Media”.

Según el profesor Adrados, no solo los argumentos y los géneros de la literatura son constantes, también lo son sus ciclos. Por eso subraya el paralelismo entre la Antigüedad y el Medievo: al origen oral le siguió un esplendor de la escritura que terminó en decadencia (“cae el imperio romano, se rompen las comunicaciones, las lenguas vernáculas se imponen al latín, desaparece la gran tragedia, los cristianos vetan los géneros eróticos…”). La Edad Media empezó con la oralidad popular y rehizo el mismo camino. “Parecía que de tanto avanzar se había llegado al comienzo”, resume Adrados. “Se dio una terrible estratificación social. La alta literatura se refugió en las bibliotecas. La gente común no leía, le bastaba con la Historia Sagrada esculpida en los templos”.

La tecnología ha acostumbrado a la gente a mensajes pequeños.

Vista la actualidad de un resumen así, ¿vivimos una nueva Edad Media? “No quiero ponerme fúnebre”, responde Rodríguez Adrados. “Se siguen haciendo grandes librotes, pero el influjo de los medios electrónicos ha acostumbrado a la gente a mensajes pequeños, más concentrados, tal vez más frívolos. La literatura nace de la fiesta, pero ahora siempre es fiesta. En la fiesta usted se viste de otra manera, come y bebe de otra manera, puede hacer bromas sobre el vecino.... La fiesta era un descanso y una liberación. Ahora, como decía Larra, todos los días son carnaval. Ese chisme [dice señalando al televisor] es pura fiesta. La literatura era fiesta y ayudaba a vivir; ahora la literatura está siendo arrinconada”.

Adrados asume que el libro “se enfrenta hoy a la competencia de medios que requieren menos esfuerzo”, pero su conocimiento del pasado le impide ser lapidario respecto al futuro: “Tal vez vivamos una decadencia desde el punto de vista de la literatura antigua, pero puede nacer otra gran literatura. Antes la literatura popular era para las masas y la culta, para gente con cierta formación. Hoy la culta podría llegar a todos pero los niveles de enseñanza han bajado. Eso es lo preocupante”. La escritura no acabó con la oralidad ni la imagen con la escritura, recuerda. “La Iglesia se carga el teatro pero renace al cabo de los siglos; la épica había desaparecido y en el XIX resucita en cierta novelística, en Gogol, por ejemplo. La naturaleza humana es muy fuerte. Todo lo que prohibieron los cristianos –las instituciones políticas libres, los baños, el desnudo, el deporte- volvió al cabo de mil años. Ahí están”.

viernes, 19 de abril de 2013

Poemas de periódico


De El País, hoy:

Los poemas del periódico

Como se sabe, Ernest Hemingway pescó el más impresionante microrrelato escrito nunca en la página de anuncios de un periódico: "Se vende par de zapatos de bebé. Sin usar". José Hierro utilizó una noticia del periódico para escribir uno de sus más intensos y desbordados poemas, y Félix Grande, en Blanco Spirituals, acaso su libro más potente, también hacía uso de noticias recortadas para utilizarlas como trampolín con el que elevar sus poemas.

Los periódicos son fuente de inspiración poética constante, y no es difícil que sigan siéndolo -aunque tengan los días contados y la información se haya encontrado con nuevas maneras de ser transmitida-. Uno de los libros más reconocidos de la poesía de estos últimos años lleva desde el título un claro guiño a esta relación entre periodismo y poesía (o información y poesía, como quieran): El día en que dejé de leer EL PAIS, de Jorge Riechman. Pero no es el único poeta actual que encuentra en los periódicos -incluso en el hecho de dejar de leer los periódicos- trampolines para, a través de noticias publicadas en ellos, hacer poesía. Se podría hacer una antología de poemas escritos a partir de noticias cazadas en el periódico y resultaría a la vez un gran libro de poemas y un buen noticiero.

En Guerra del Fin del Sueño, de Mario Cuenca Sandoval  hay unos cuantos poemas precedidos de recortes periodísticos. Por ejemplo el poema Viene el tiempo lleva como cita una información aparecida en EL MUNDO en la que se da cuenta de la paliza que unos jóvenes dan a un mendigo que dormía en un cajero de un banco mientras otro joven grababa la acción en su teléfono móvil. "Ya viene el tiempo de pagar muy caro/ el haber sido fáciles y la banalidad/ con que miramos siempre la violencia", comienza el poema, que no se limita a ser un comentario de la noticia, sino de utilizar ésta para ahondar uno de los más evidentes males de la época, una época en la que "el mundo habrá empezado a ajustarnos el precio/ el precio de mirar/ el precio de estar quietos/ el precio de vivir como si nada".

Queda claro que el texto del poema, sin la mención del hecho que le da pie, hubiera quedado oscurecido lo suficiente como para perder buena parte de su potencia, ya que las imágenes previas de la paliza de los jóvenes al mendigo ponen al lector sobre aviso: en realidad el poema no es sólo el poema, es también la cita del periódico que lo antecede. Es un poema, por decirlo así, ilustrado: la imagen previa es tan necesaria como el texto, sin que éste se conforme con ser un mero pie de foto. Igual sucede en los demás poemas donde se imprimen fragmentos de noticias cazadas en los periódicos, como el impresionante poema sobre la muerte de un futbolista del Manchester Unidad, la muerte en directo, el silencio espectral delante de las cámaras.

También Virginia Aguilar Bautista en su primer libro, Seguir un buzón, (Editorial Renacimiento) lee el periódico para escribir poemas, va encontrando en las páginas entintadas del diario motivos suficientes como para, haciendo una delicada operación llena de ironía, conseguir poemas como éste titulado BERLIN: "El País vende ciudades/ de lunes a miércoles/ Hoy he comprado Berlín/ -una compra rápida/sin cola y sin problemas-/ y no sé qué hacer ahora/ con toda una población/ a la que no comprendo".

A veces la noticia de la que parte el poema es en sí misma "poética", sección Tragedia, como la información acerca de alguien que, al prenderle fuego a las cartas de su ex, quema mil novecientas hectáreas. El resultado de un hecho real tan espantoso es, sin embargo, un hermoso poema de amor. Seguir un buzón tiene algo de diario íntimo, de cuaderno particular de apuntes al hilo de los días. La economía oriental –el libro está lleno de haikus y tankas-, la capacidad para fijar la fuerza del ingenio en un solo detalle, permite a la autora momentos de deslumbrante síntesis: La poda de un jazmín/ requiere unas tijeras,/ cualquier día de enero,/ un poco de valor/ y, es indispensable, / fe durante seis meses.

Más lejos aún llega en Estaciones Javier García Rodríguez, que, a la manera de Hemingway, no necesita añadir a algunas cosas encontradas en los periódicos, una sola coma, apenas el título: noticias o anuncios por palabras se copian íntegros, son ready-mades, objetos a los que el poeta ha sacado del lugar donde los encontró enterrados para elevarlos a poesía. He aquí el titulado Hace dos meses que nadie habla conmigo: "Todo comenzó con un tirón de pelo al entrar en el examen de Lengua. El profe iba a colocarnos por orden de lista porque en el último control dos niños habían copiado. Dejamos las mochilas y salimos fuera de la clase. El profesor nos llamó por orden alfabético. Cuando oí mi nombre estaba al final del pasillo y Mario, antes de entrar en el aula, me tiró del pelo y me dijo: Pasa, nena. Hace dos meses que nadie habla conmigo. He encontrado un escondite debajo de la escalera de incendios y desde allí veo jugar a los de mi clase. He conocido a un niño de tercero que da de comer a una araña que vive en un agujero en el suelo. Tampoco tiene amigos".

Lo he comprobado: el texto copia exactamente la declaración de un niño llamado David de 11 años,  acosado por compañeros de colegio, y publicada como suelto de acompañamiento a una información sobre bullying publicada en el diario EL MUNDO. El poeta vio claro que no había nada que añadir, se limitó a ejercer de poeta: prestarle al testimonio estremecido una página de su libro porque los poetas no pueden dejar de ser poetas cuando leen el periódico, porque leer el periódico es una actividad poética si uno tiene, como poeta, el lema vivificador: Permaneced siempre alerta.

Y en efecto su lección no deja de tener efecto en el lector que quiera llevarla más allá de su libro y a continuación vaya a un periódico: le bastará acudir allí a la página de necrológicas y leer de corrido, sin saltarse ningún nombre, ningún número (y ay cuando los números son muy bajos, y ay cuando conocemos algún nombre) la Lista de Fallecidos Ayer en Madrid –o donde sea-, para darse de bruces con un poema estremecedor, un poema que se publica todos los días y que todos los días es distinto, aunque sea el mismo.

Don Isidro

Fui al homenaje a Isidro Sánchez. Me cuesta mucho salir de entre mis libros y mis manías, pero el mérito es de ese nombre propio, "Isidro", como bien ha sabido definir nuestro culto comentador José Rivero. Hace unos días me invitó Raúl Morodo a su discurso de entrada en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en Madrid, donde hay que ir con atavío de persona seria y responsable, y se me olvidó, conque vean si es difícil que acuda a algún sitio; pero el homenajeo a Isidro no se me pasó por alto. Eso sí, me dejé las gafas de lejos en casa, por lo cual solo pude ver bien a las personas que se acercaron a saludarme. Fueron tres: el propio Isidro: "Siempre tan discreto, Ángel"; el decano de Letras, Matías Barchino, sepultado por unos bigotazos a lo Pancho Villa y que dejó su fama de remoto e inaccesible para venirse a mi vera y preguntar por mi salud, y el gran editor Juan Pablo Calero, a quien tanto debemos los escritores rarillos de La Mancha (¡Calero, saca mi libro sobre Juan Calderón de una vez, leñe!). A todos los demás los veía como manchones desleídos de una acuarela. Por ejemplo, en una semiesfera esplendente cuyo brillo parecía augurar una nueva era, reconocí de inmediato la calva de Felipe Pedraza, siempre identificable en cualquier aglomeración por esta característica, mejor incluso que por sus modelitos de figurín. A su derecha, sentado en la mesa donde ministraban su oratoria los egregios, vi una patata que al parecer era el exrector Luis Arroyo. Todos los cercanos a él, sentados en las primeras filas, le rieron los chistes. Los del fondo, ninguno. Por ahí oía diversos comentarios denigrantes: "Huele fatal. Huele a corrupción", por ejemplo; pues lo que yo olía era un perfume magnífico a rosas que alguien preocupado por el ambiente había podido insuflar con un espray. Me gustaron los tres primeros discursos y el de Isidro. Yo he sido alumno de Isidro; solo tengo que agradecerle cosas buenas; es un hombre generoso; y dejaré aquí para la historia una anécdota. Si él no hubiese hablado como quien no quiere la cosa en una clase de El Zurriago, probablemente yo no me habría interesado por Félix Mejía, su editor, y no habría emprendido la dificilísica investigación que más me ha tenido ocupado a lo largo de mi vida. Así que eso también hay que agradecerle, entre tantas cosas más como no se pueden evaluar y que no cabe señalar, por ejemplo, en muchas otras personas que andaban por allí. Mi homenaje, pues, a Isidro, un hombre de antaño y que iba al trabajo en bicicleta, como ese mismo ilustre personaje ciudarrealeño a quien tanto se parece, José Castillejo.  

jueves, 18 de abril de 2013

Economistas de Harvard que no saben ni matemáticas ni informática

Daniel.basteiro@huffingtonpost.es



Daniel Basteiro, "Un estudio clave para justificar la austeridad económica contiene graves errores de Excel", en Huffington Post, 17/04/2013 21:10

Sirvió para asentar un verdad científica convertida en leitmotiv de los defensores de la austeridad. El alto endeudamiento es enemigo del crecimiento. Es perjudicial por naturaleza. Para demostrarlo, Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, prestigiosos profesores del Harvard Kennedy School y la Universidad de Harvard, recopilaron datos de varias décadas de una veintena de países y llegaron a la conclusión de que en los países con una deuda de más de un 90% del PIB, el crecimiento se reducía al -0,1%. Pero era mentira. Usaron mal la hoja de cálculo de Excel.

Los dos profesores lo han reconocido tras ser descubiertos por otros tres académicos de la Universidad de Massachusetts, que les acusan además de dejar fuera datos sin dar una explicación convincente. El estudio en cuestión, titulado Crecimiento en tiempos de deuda, fue publicado en enero de 2010 y fue considerado una obra académica de referencia, pero nunca pasó el escrutinio al que son sometidas las grandes investigaciones.

LA UE HIZO SUYO EL ESTUDIO

El estudio de Reinhart y Rogoff tuvo un gran eco en ámbitos académicos e inmediatamente pasó a alimentar los argumentarios de los partidarios de la austeridad a cualquier precio. Se pueden encontrar referencias a él en documentos de cabecera como las previsiones económicas de la Comisión Europea, que siempre se acompaña de advertencias o exigencias a los países del euro, discursos del presidente del Banco Central Europeo y un sin fin de publicaciones que han ayudado a diseñar grandes recortes del gasto público.

El comisario comunitario de Economía, Olli Rehn, llegó a dar por hecho los datos del estudio y los utilizó como justificación a la consolidación fiscal. En una carta remitida a los ministros de Economía europeos, rescatada por el periodista Miquel Roig, de Expansión, el también vicepresidente de la Comisión asegura que "está ampliamente admitido, basado en estudios académicos serios, que cuando los niveles de deuda pública suben por encima del 90%, tienden a tener un impacto negativo en el dinamismo económico, lo que se traduce en bajo crecimiento durante muchos años".

Los académicos de la Universidad de Massachusetts tomaron el modelo de Rogoff y Reinhart y volvieron a hacer las cuentas. El resultado era sensiblemente distinto. Sin errores, el crecimiento con una deuda mayor al 90% del PIB pasaba del -0,1% al 2,2% de media. Por ese segundo dato de crecimiento suspira, sin ir más lejos, el Gobierno de España, embarcado en una reducción del gasto sin precedentes. Según las últimas previsiones económicas del Fondo Monetario Internacional, publicadas este martes, la deuda española aumentará del 85,3% actual al 91,8% a final de año, superando el umbral mágico de Rogoff y Reinhart.

EN QUÉ QUEDAMOS, LA AUSTERIDAD ¿ES BUENA O MALA?

¿Qué consecuencias tiene el escándalo académico? Un endeudamiento por encima del 90% del PIB no tiene las catastróficas consecuencias para el crecimiento de la economía que señalaban los dos académicos, pero al descubrimiento tampoco puede dársele la vuelta para afirmar lo contrario. "Los resultados no eran robustos", reconoce a El Huffington Post Joaquín Maudos, Catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universitat de València. La deuda per se no tiene unos u otros efectos, sino que depende de otros factores, como el propio "crecimiento, el tipo de interés real al que se financie la economía, el déficit primario (es decir, antes de sumarle el pago de intereses de la deuda) o la estructura de la economía", señala.

Un buen ejemplo es EEUU, "que con un 110% de deuda no tiene ningún problema porque crece". Sucede como en "una familia, donde el endeudamiento no es malo, sólo depende de cómo se financie", algo en lo que tiene especial relevancia factores como el empleo.

Para Maudos, "la cifra del 90% hay que ponerla en cuarentena", porque "ha hecho mucho daño" al acabar afectado al crecimiento. El profesor recuerda que el FMI ha reconocido que el ritmo de la austeridad es demasiado rápido y que en algunos casos reducir el gasto público es malo para reducir el gasto público, ya que se produce un efecto "multiplicador" de los efectos que daña a toda la economía. Eso es, precisamente, lo que muchos economistas creen que le está ocurriendo a la eurozona, ensimismada con una austeridad que la ha dejado en el furgón de cola mundial en la vuelta al crecimiento y ha devastado la economía de Grecia y otros países.

En palabras de Paul Krugman, premio Nobel de Economía y conocido crítico de la austeridad, el estudio de Rogoff y Reinhart es uno de los dos documentos que ayudaron a erigir el "edificio intelectual de la austeridad", usado por "Gente Muy Seria" (los gobernantes) para poner en marcha drásticas políticas de austeridad. Pero se trataba sólamente de "mala aritmética" y "correlaciones" que en ningún caso prueban nada, según él, más que la "culpabilidad" de los que "buscaron excusas para infligir dolor".

lunes, 15 de abril de 2013

La Hoja parroquial y Juan de Robres

Cada día parece más cierto aquello de que uno no se va a hacer rico trabajando, pero a lo mejor sí haciendo trabajar a los demás. A Amancio Ortega me remito, que no terminó la ESO y anda ya por segundo más rico del mundo, a fuerza de mano de obra dizque esclava. Aunque no lo he tratado íntimamente, muy rico no debe ser, porque estos personajos nunca tienen bastante, aunque hagan gestos como los del señor don Juan de Robles del epigrama de Juan de Iriarte:

El señor don Juan de Robres,
con caridad sin igual,
hizo hacer este hospital...
y también hizo los pobres.

A Amancio Ortega, de nombre futbolista y filosófico, lo peor y lo mejor de España, discreto como es, no le harán nunca un escrache,  que dicen es coacción y acoso. Ahora bien, menudo acoso y menuda coacción es que te echen de tu casa, de tu trabajo o de la vida, como a esos pobres niños ahogados por una madre en la bañera, coaccionada por las hipoteca, el paro, el hambre, un marido pegón y sumida en las tinieblas por falta de pago. Seguro que el nene de la Soraya tiene (mejor) vida, además de unos ojos preciosos. Con esas coacciones de los mamandatarios es fácil echar a una madre de la razón, aunque tuviera mucha, supongo que por los motivos sin motivo que se acostumbran en este género de patadas en el culo. Porque el deporte de dar patadas, aunque sea a la pelota, es muy popular en España.

Si tuviéramos que seguir las habituales metáforas médicas que gasta el periodismo desde el siglo XVIII, que, ahora, con las nuevas normas ortográficas, habría que escribir xviii, diríamos que la enfermedad de España es un cáncer y tiene su misma solución: cirugía, veneno y vigilancia para que no se repitan las cosas. Podíamos empezar por extirpar el senado, la monarquía, la constitución y la mayoría de las frondosas leyes, en especial los matojos autonómicos; para hacer una buena poda, en vez de bisturí y "cirujano de hierro", que decía Joaquín Costa, se podría utilizar la navaja de Occam. Solo con el ahorro en papel se podría pagar toda la investigación científica en España. En cuanto a los grasos lipomas autonómicos y demás granos en el culo, lo mejor es cortar por lo sano; lo malo es que en la cirugía política no se ha inventado todavía la anestesia, y los politicastros aullarían como hienas sin carroña de corrupción que comer.

jueves, 11 de abril de 2013

Aprendizaje colaborativo, una estrategia


Carlos Arroyo, "Cuando el compañero es el profesor", El País,  08 de abril de 2013:

Consuelo García Tamarit, directora general de Curselia, es hoy nuestra firma invitada.

Vivimos tiempos complicados para la educación. Nos faltan infinidad de cosas: profesores, recursos económicos y materiales, tiempo para abarcarlo todo y, por qué no decirlo, quizá ilusión y ganas de hacer cosas. Al mismo tiempo parecemos empeñados en dejar inutilizado algo con un extraordinario potencial educativo: el irrefrenable afán juvenil por compartir.

Son tiempos de redes sociales, y proliferan como setas las webs y blogs en los que aficionados a cualquier cosa comparten pasiones, manías e incluso odios. Los jóvenes se vuelven locos por hacer partícipes a sus amigos de sus actividades, sus planes, sus fiestas, sus fotos, sus expectativas, sus amores e incluso sus motivos de tristeza. Todo se ha vuelto compartible.

¿Y qué hacemos los adultos? ¿Quedarnos estupefactos, fruncir el ceño y ver pasar todo esto como lejanas extravagancias? ¿Y los centros escolares? ¿Es inteligente que se queden observando el fenómeno desde lejos o lo sería mucho más aprovecharlo en beneficio de los estudiantes? ¿Porqué no valerse de este enorme potencial colaborativo para fines más útiles y desafiantes desde el punto de vista formativo?

Dice un refrán inglés: “To teach is to learn twice” (“Enseñar es aprender dos veces”). Pues bien, el aprendizaje entre compañeros (“peer learning” o aprendizaje entre iguales, en la jerga especializada) tiene una larga tradición. Consiste en adquirir conocimientos y desarrollar habilidades mediante la ayuda activa y el apoyo de compañeros de igual o similar nivel o estatus. Es decir, se trata de ayudar a los demás a aprender y, en este proceso, aprender también uno mismo.

Hay que precisar que a veces podemos creer que fomentamos el aprendizaje entre compañeros, cuando lo único que hemos hecho es juntar a los chicos en grupos y esperar que suene la flauta y surja el aprendizaje. Al final, los estudiantes acaban por trabajar casi individualmente o perder el tiempo, y el “experimento” fracasa al poco de empezar.

Esa sería una gran pérdida, porque prácticamente todos los estudios confirman que el aprendizaje entre compañeros es una metodología que genera resultados muy positivos para el rendimiento académico en todo tipo de materias. Por si fuera poco, mejoran las habilidades sociales y de comunicación, así como el desarrollo afectivo (esto último, difícil de medir, representa un claro valor añadido). Y para acabar, una ventaja nada despreciable en los tiempos que corren: es una de las estrategias más eficientes y rentables, por la combinación de alta eficacia e ínfimo coste.

Cuando los estudiantes se implican activamente y de manera positiva en un proceso de ayuda mutua, se promueve la cohesión social y el aprendizaje es mucho más rico y emocionalmente sostenido. El ayudado aprende más y mejor, sin duda. Pero el ayudante debe monitorizar la ejecución del ayudado, y detectar, diagnosticar, corregir y gestionar sus errores de interpretación. Justamente aquí es donde radica el principal beneficio para el ayudante: capta la materia de una manera más compleja, comprensiva y reflexiva, y también mejora sus propias capacidades analíticas y explicativas.

A medida que la relación se desarrolla, ayudante y ayudado se hacen más conscientes de lo que está sucediendo en su interacción, y son más capaces de controlar y regular la efectividad de sus estrategias en diferentes contextos. Es decir, no sólo aprenden más, porque se siente mutuamente cercanos en su funcionamiento mental, sino que son más conscientes y estratégicos a la hora de aprender. Y además, en ese proceso se van sintiendo cada vez más seguros de que pueden lograr aún más, y que su éxito es solo el resultado de sus esfuerzos.
 Culminar con éxito este proceso de aprendizaje colaborativo requiere una cuidadosa preparación por parte del centro y el profesor. No se trata de pedir a los estudiantes que se reúnan y quedarse sentado a que acaben. Las cosas no son tan espontáneas, sino que requieren una monitorización y un acompañamiento adecuados para evitar los principales errores que pueden hacer fracasar esta metodología:

El primer error clásico es pensar que los que ayudan tiene que ser los “mejores estudiantes”. Como si fueran los sustitutos del profesor. No es así. La clave no es que unos sepan mucho y otros poco, sino que la diferencia de conocimientos del ayudante y ayudado no sea excesiva. En caso contrario ocurre que el ayudante cree que no saca nada de su esfuerzo didáctico y, a la inversa, el ayudado no se implica lo suficiente porque no entiende a su nuevo profesor. Así que los agrupamientos deben hacerse con sentido estratégico, con un conocimiento muy preciso sobre los diferentes niveles de conocimiento.

El segundo error se conoce con el término técnico de metaignorancia. Consiste en el frecuente hecho de que ayudante y ayudado, especialmente el primero, desconocen que no conocen el tema lo suficiente para enseñar a otro o, en su caso, para que le sea enseñado por un compañero. El profesor debe medir bien el nivel de profundidad y claridad de ideas de los estudiantes en relación a un tema, un procedimiento o una actividad.

El tercer error consiste en reducir el proceso a un mero intercambio mecánico de preguntas-respuestas con escasas correcciones o, al contrario, con un tipo de feed-back excesivo o indiscriminado. Para evitar ese enfoque mecánico o repetitivo, sería mejor reducir los ejercicios o prácticas muy elementales, y concentrarse en el análisis, la explicación, la comprensión, la revisión a fondo de los errores y incluso la especulación, que son los procesos mentales potencialmente más enriquecedores, aunque sean más difíciles de evaluar.

El cuarto error es subestimar el tiempo necesario. Está comprobado que para que se produzca un buen aprendizaje entre iguales se necesita tiempo no solo para hacer las tareas, sino, previamente, tiempo para que el ayudante las prepare a conciencia. Y ambos necesitan compartir objetivos y planes de actuación: qué quieren conseguir y cómo lo van a hacer.

El quinto error es suponer que esto funciona abandonando a los estudiantes a su suerte. Al contrario, esta metodología necesita el apoyo de los profesores, que enseñan a desarrollar y gestionar actividades cercanas al conocimiento de ambas partes (ni fáciles, ni extremadamente complicadas) y a su ritmo de progreso y, en su caso, a resolver conflictos sobre la marcha.

El sexto error es creer que el aprendizaje entre compañeros puede tomarse como una actividad más, como si fuera la octava de una lista de nueve. No es así, no puede ser una actividad aislada: es una estrategia a medio y largo plazo. Para que despliegue todo su poder educativo y tenga un impacto real en los estudiantes del centro, necesita estabilidad y continuidad, el apoyo político de la dirección y el compromiso firme del profesorado en su conjunto.

Una vez vistos los errores más frecuentes, ¿cómo podríamos sortearlos y evitar así el fracaso y la lógica frustración personal e institucional al poner en marcha los procesos de aprendizaje entre compañeros? Dicho de otro modo, ¿cuáles son los principales factores de éxito en este tipo de experiencia pedagógica?

Reducir la distancia de conocimiento o capacidad de ayudante y ayudado. Así encontrarán la actividad atractiva y estimulante, porque serán conscientes de que están recorriendo juntos un camino hacia un nivel de conocimiento superior.
Definir bien los objetivos. ¿Queremos profundizar en un conocimiento específico, optimizar la realización de exámenes, mejorar la actitud y el comportamiento, reforzar el autoconcepto de los estudiantes o desarrollar algunas habilidades? Cuando el objetivo se define, el trayecto presenta menos obstáculos y desviaciones.

Asignar materiales, tiempo y espacio necesarios. ¿Qué recursos se necesitan y cómo pueden utilizarlos los estudiantes? ¿Cuánto tiempo planearemos y dedicaremos a esta estrategia? ¿Dónde y cuándo trabajarán?

Garantizar una monitorización y supervisión efectivas. Es crucial asegurarse la calidad del proceso: que funciona, que los conflictos se resuelven, que las parejas o grupos avanzan.

Ofrecer formación a los que participan en el proceso. Profesores, ayudantes, ayudados, supervisores del proceso, todos necesitan formación previa sobre la metodología.

Prever cuidadosamente los roles de los participantes, incluidos los eventuales cambios de rol ¿Quiénes serán los ayudantes y quiénes los ayudados? ¿En función de qué criterios haremos las parejas o grupos? ¿Quiénes serán los formadores en la experiencia, y quiénes supervisarán y asegurarán la calidad del proceso? Un enfoque interesante sería que, para actividades diferentes, ayudante y ayudado puedan cambiar sus roles de forma planificada, lo que resulta muy valioso para estimular la autoestima, al convertirse todos en referentes.

Realizar una minuciosa evaluación y valoración de las experiencias. Necesitamos definir previamente qué partes deben ser autoevaluadas, evaluadas por ambos o externamente. Y, por supuesto, evaluar el resultado y el proceso en su conjunto para saber si ha funcionado o por qué razones no ha llegado a funcionar.

Dar un sólido feed-back y el necesario refuerzo. Todos los participantes necesitan ser evaluados para mejorar en el futuro. Ayudante y ayudado deben ser reconocidos tanto por los resultados como por el desempeño personal a lo largo del proceso. Es obvia la conveniencia de proporcionar refuerzo extrínseco al ayudante en forma de felicitación pública, una anotación positiva, una mejora de la calificación, etc.

Nuestros jóvenes estudiantes tienen un extraordinario potencial comunicativo, como observamos cada día con la ebullición de las redes sociales. Lo inteligente es que los centros educativos tomen nota, en lugar de mirarlo a distancia, y aprovechen esa tendencia en beneficio de los estudiantes. Es una metodología experimentada, cuyos principales errores y claves del éxito están sólidamente estudiadas. Ahora se trata de tomar la decisión y generar una nueva alianza pedagógica entre profesores y estudiantes para trabajar en la misma dirección, conscientes como somos, de que “quien enseña aprende dos veces”.


lunes, 8 de abril de 2013

El poder de la ley no lo gobierna nadie


De José Antonio Fortea:

Hay un tema sobre el que nunca he hablado, pero que hoy me gustaría abordar. Un tema de Derecho que siempre me ha resultado preocupante. Veréis, si a una persona es detenida, tiene una serie de derechos, de garantías legales. Pero esas mismas garantías son mucho mucho más difusas, cuando alguien contra su voluntad es detenido contra su voluntad en un centro psiquiátrico.

El sistema no funciona mal porque los psiquiatras son profesionales, que buscan el bien de los pacientes. ¿Pero qué sucede si un agente de la autoridad corrupto se alía con un psiquiatra corrupto en uno de esos centros? El resultado ya os lo podéis imaginar. El psiquiatra corrupto podría contar con una perfecta coartada (basada en informes policiales) para que el falso enfermo pudiera estar una buena temporada encerrado. Desde luego un inocente encerrado allí, sí que parecería totalmente loco. Desde luego parecería un esquizofrénico si se le ocurre negar todas las cosas que los falsos informes policiales den como hechos indudables.

Insisto, el sistema funciona bien porque está en manos de gente honesta. Pero bastan dos individuos compinchados para que la maquinaria de la ley y de la sanidad se convierta en un callejón sin salida. Por eso el Poder tiene que estar legalmente tan vigilado, porque el Poder tiene medios extraordinarios para liberarse de alguien.

Me comentaba un psiquiatra que cuando alguien es encerrado contra su voluntad en un psiquiátrico, en veinticuatro horas tiene que pasarse por ahí alguien del juzgado para comprobar si es adecuado o no ese confinamiento. Pero que el secretario del juzgado se limita a llegar y firmar el asentimiento a lo que dice el médico. Lógico, pues el secretario no tiene ni idea de psiquiatría. Es muy triste que todo el sistema de derechos, de protección, frente al ingente poder del Estado se pueda burlar tan fácilmente. Dejo en manos de los especialistas qué es lo que se debería hacer. Pero esta puerta trasera es muy perturbadora.

Pensamos que los que se dedican a estas cosas de la Ley, saben lo que hacen y que no tenemos que preocuparnos. Hace poco escuché como un ladrón al que se le había detenido quince veces en España, siempre se le dejaba libre porque no había usado la violencia y no sé qué otras memeces más que marcaba la ley. ¡Quince veces! Si éste y otros casos son públicos y evidentes, deberíamos preocuparnos más por las puertas traseras.

Pero nos quedamos tranquilos, confiando en el que tiene el Poder, confiando en que debe haber gente más inteligente de nosotros que ya se ocupa de esas cosas. Error, terrible error. El Poder, el Estado, la inmensa y férrea maquinaria de la autoridad, es siempre el que más debe ser vigilado. Porque él se puede convertir en nuestro mayor enemigo.

domingo, 7 de abril de 2013

Hoy remato mi edición de las fábulas del siglo XVIII

Durante cerca de dos años he estado preparando una edición de fábulas para Castalia. No lo pedí, me la ofrecieron, y, tonto de mí, acepté. Estoy hasta los cojones de Samaniego e Iriarte. Cierto que he aportado algo al tema y he descubierto algunas cosillas, cierto que ahora conozco mejor el último tercio del siglo XVIII, como conozco el primero del siglo XIX. Pero me voy a morir igual y todo eso no me va a servir de nada. Estoy hasta los cojones de Iriarte y Samaniego, como lo estoy de prensa decimonónica, de liberales emigrados, de heterodoxos de todos los tiempos, de manchegos raros y de poetas posrománticos. Tengo mi ordenador repleto de notas sobre todos esos temas y algunos más. Y, además, parte de la Wikipedia. Y estoy harto, lo repito. Es el último libro de investigación que escribo. ¿Por qué? No me queda vida suficiente para desaguar todos esos materiales ordenándolos y redactándolos y querría vivir un poco, inspirar un poco de aire no inficionado por coniosis de archivo y vericuetos informáticos o, por lo menos, hacer literatura de creación sin agobios de tiempo y gilipolleces por el estilo.  

Ocurrencias

Carles Casajuana:

"Hace cerca de un siglo G. K. Chesterton se declaraba horrorizado por el escaso número de políticos que iban a la horca. Hoy nos repugna la pena de muerte, pero entendemos muy bien la ironía del escritor inglés. La entendemos tan bien que si sustituimos horca por cárcel la frase se convierte en un lugar común. También entendemos a Kissinger cuando decía con guasa que el problema de los políticos es que hay un 90% que echa a perder la reputación de todos los restantes".

jueves, 4 de abril de 2013

Responsabilidades reales

Dice nuestra m. de Constitución: "La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad". Algo es algo; en la  de 1812 esa inviolabilidad se extendía a los miembros de la familia real, por lo cual no se pudo acusar al rey ni a sus familiares, que actuaban por orden suya, de todas esas cosas tan feas de que se le acusó en 1822, más o menos intentar dar un golpe de estado que acabó con muchos muertos por uno y otro lado, el 7 de julio de 1822. Tampoco de lo de 1823: pedir a Francia, cabeza de la Santa Alianza, que invadiera el reino y se quedara un decenio ahí (pagando los súbditos las costas) para evitar que lo echasen, porque no se fiaba de su propio ejército, que lo había puesto en un trono de sangre después de haber vendido España a Napoleón por un plato de lentejas. El rey aprovechó entonces para arrastrar por las calles en un saco a Rafael del Riego, ahorcarlo y descuartizarlo, y para indicar a su ministro Calomarde que se cerraran las Universidades, que eso de saber estaba muy feo. Luego, como después de todo era un afrancesado, al ver que no estaba de moda la brutalidad entre sus congéneres de allende, cambió y empezó a utilizar a los más cambiacolores o resellados, o como se dice ahora, chaqueteros, para dar a España un aspecto parecido al de las demás naciones europeas, y así. Porque no se fiaba de su hermanito Carlos, al parecer más bruto que él, que ya es decir. Volvieron las universidades a funcionar, cayó Calomarde, empezaron las cuatro guerras civiles carlistas, si incluimos la de 1936, y hasta ahora.

Qué decir de nuestro rey. Que es muy ligón. Que según malas lenguas, tendría posiblemente más hijos ilegítimos que naturales, alguno incluso anterior al que debe llevar la corona. Que, como es inviolable, no le pueden hacer pruebas de ADN, como podrían hacerle y de hecho creo han intentado hacer; que salvó la democracia, si es democracia este sucedáneo; que, según alguna biografía oscurecida por mano aún más oscura, habría matado accidentalmente a su hermano, traicionado a su padre, a su esposa y a Hacienda (y no sé que sea más malo), y, desde luego, sirvió a un genocida, y, que, a pesar de todo, nos cae simpático, habida cuenta de que podría ser peor o menos bueno. Que voy a decir... que soy monárquico, como me obliga a declarar esta constitución de m.