martes, 11 de febrero de 2014

Historias de guerra, de posguerra y de ahora mismo.

La abuela de mi mujer era una de esas personas sacrificadas de antaño, una de esas castellanas íntegras y generosas que dejaban a hispanistas que pasaban por aquí, como Ticknor, admirados de las cualidades del pueblo español.

Durante la Guerra Civil todo escaseaba y no era bastante la cartilla de racionamiento como para conseguir, por ejemplo, la leche que necesitaban sus hijos. Al poco de llegar el lechero se agotaba el corto suministro y parte del pueblo se quedaba sin ese precioso elemento de primera necesidad. Así que, como buena matrona manchega, tomó la costumbre de madrugar y, mientras caía la escarcha a la hora más fría del día, antes del alba, salía de esta ciudad, antes villa, y se acercaba por la carretera de Miguelturra al lechero que la traía en su acémila hasta Ciudad Real, para comprarla antes de que se acabase. 

Pero su generosidad le costó cara: atrapó una bronquitis crónica a causa de tantos días de intemperie verspertina y eso le acortó considerablemente la vida, privando a sus hijos de una madre excepcional a una edad impropia y sin que pudiese ver los frutos de lo que con tanto amor había sembrado. Por demás, y ya en la posguerra, uno de sus hijos, tan espabilado que algunos hablaban incluso de hacerlo secretario del Ayuntamiento (disculpen la obscenidad), enfermó gravemente del corazón. La madre, inquieta, no reparó en sacrificios para que el chico se repusiera pronto; por ello fue a ver a un médico de gran fama, quien le recetó inyecciones de calcio. Cada quince días se repetía religiosamente la visita, para que se las pusiera él mismo, cobrando tanto el tratamiento como la medicina. El caso es que, de todas maneras, y a la larga, el chico empezó a sentirse mucho peor. Como el tratamiento se prolongaba y el muchacho iba a peor, fueron a ver a otro médico, quien, tras examinarlo detenidamente y hacerle las pruebas pertinentes, dictaminó que la leve afección cardíaca que padecía había curado hacía tiempo, pero la rutina de las innecesarias inyecciones de calcio, una y otra vez, solo para cobrar, a pesar de no ser ya necesarias, le habían causado una enfermedad cardíaca mucho peor y ya solo le quedaban unos tres meses de vida. Y falleció en ese plazo. Quien me contó esto fue una de sus hermanas, que no pudo estudiar, al contrario que su hermano, a pesar del empeño cerril de la maestra, que quería que hiciera estudios superiores y fue muchas veces a decir a su madre que, por amor de Dios, la chica valía mucho y no podía dejarla consagrada a labores y ajuares. Pero, no habiendo entonces dinero ni becas, no había remedio. El mérito no florecía en esa época si se era mujer entre muchos hermanos y sin lo suficiente para pagar las cuentas que una educación en regla exigía, que eran muchas. Si su hermano hubiera sido un poco más afortunado, solo habría tenido que padecer la falta de escrúpulos del comercial que vendió talidomida en Ciudad Real cuando en toda Europa ya se sabía que hacía nacer bebés sin brazos, sin piernas, sin nada o con extremidades atrofiadas; por lo menos no hubiera muerto. O podría haber sido afortunado del todo y no llegar a padecer nada de eso.

La siguiente historia de la Guerra Civil le ocurrió a mi abuelo y me la contó mi padre. Hacia el fin de la contienda pasaba por su pueblo un camión de presos que, al amanecer, con terrible eufemismo y como escribían a sus familiares, "partiría con rumbo desconocido". Los iban a trasladar o a darles "un paseo", vamos. Uno de los que iban en ese camión de presos conoció a mi abuelo, por ser coterráneo suyo, y lo saludó. Él también lo vio y, sabedor de lo que iban a hacer con él, se despidió de él levantando la mano en un último adiós. Pero también estaba allí un sicofante, el cabrón oficial que tiene todo pueblo, y denunció que había hecho el saludo republicano: el puño en alto acompañado del ¡salud! habitual. En consecuencia, y menos mal, su último adiós solo fue recompensado debidamente con una paliza que le dejó la camisa pegada a la piel con sangre y medio muerto. (Mi abuelo era un tiarrón de metro noventa, pero ante cinco fulanos fornidos y armados con garrotes de los de antes, poco le cabía hacer).

La última historia le sucedió a una conocida mía, nieta de la abnegada madre de que he hablado. Aunque no es de la época de la guerra ni de la posguerra, podría serlo, ya que hay elementos en ella que me recuerdan mucho las historias anteriores. Resulta que una ministra del régimen, llamada por mal nombre Mato, y no sé si también una virreina suya, decidió ahorrar en radiólogos y que, por tanto, pasasen las radiografías de las mujeres que habían tenido cáncer sin diagnóstico previo, directamente al médico de cabecera o incluso al oncólogo especialista. Así pues, se suprimió uno de los dos criterios necesarios para evitar un error al diagnosticar enfermedades graves. El resultado fue que pasaron tres o cuatro años de revisiones sin que el oncólogo u oncóloga notase una metástasis brutal. Este error médico fue descubierto por el médico generalista. Desde luego, no sé cuánto habrán logrado ahorrar los virtuosos e incorruptos dirigentes que nos maltratan, pero sí sé que muchos pagarán ese dinero con algo que no tiene precio: la vida.

lunes, 10 de febrero de 2014

Confluencias

"Noli foras ire, in te ipsum redi", San Agustín,  De vera religione, XXXIX, 72

"No corras. Ve despacio, / que donde tienes que ir / es a ti mismo". Juan Ramón Jiménez

domingo, 9 de febrero de 2014

La distribución de Pareto aplicada a España

Ignacio Oliveras, "80-20: la distribución de Pareto", Huffington Post 08/02/2014:

España, que duda cabe, es un país peculiar. Durante los últimos diez años el debate sobre la educación se ha centrado en las horas que deberían dedicar los alumnos a las dos asignaturas más insignificantes del currículo académico: la religión y la educación para la ciudadanía. Estimo que hubiera sido mucho más productivo plantearnos cómo mejorar el nivel de matemáticas y de inglés, y probablemente hubiera sido mucho más fácil ponernos todos de acuerdo al respecto.

Desafortunadamente, nuestro nivel de matemáticas, y más concretamente de estadística, sigue dejando mucho que desear, tal y como el bloguero Ansgar Seyfferth puso de manifiesto en los interesantes posts que publicó en su blog recientemente. Constato por lo tanto con tristeza que el principio de Pareto, que todo estudiante de secundaria debería conocer al acabar el bachillerato, es desconocido para la mayor parte de la población. Ojalá este post, y otros que me propongo escribir en adelante, sirvan, aunque sea parcialmente, para cubrir ciertas de nuestras lagunas.

El principio de Pareto debe su nombre al gran economista italiano Vilfredo Pareto, que realizó en 1906 un estudio sobre la distribución de la propiedad de la tierra en Italia, llegando a la conclusión de que el 20% de los propietarios acumulaban el 80% de la tierra cultivable. Pareto desarrolló su principio y observó por ejemplo que el 20% de las vainas de guisantes de su huerto producían más de la mitad de los guisantes (es discutible, pero se considera por lo general paretiana la distribución en la que el 20% de las observaciones arrojan un valor superior al resto de la muestra).

La distribución de probabilidad de Pareto consiguiente describe la probabilidad de ocurrencia de sucesos similares, y es la distribución de probabilidad típica de variables estadísticas aleatorias que parten de cero, que no tienen un límite superior definido y cuya probabilidad de ocurrencia es baja (retomando el ejemplo de Pareto, la fortuna de un ricachón tiene un valor indeterminado de entre 0 y Dios sabe cuánto, y la probabilidad de tener una enorme fortuna es baja). Las ventas de discos (unos pocos discos de oro copan la mayor parte de las ventas) o los daños provocados por los terremotos (unos pocos seísmos causan la mayor parte de las catástrofes) se rigen por distribuciones rigurosamente paretianas.

El hecho de que el reparto de rentas y riquezas sigan distribuciones de Pareto tiene una serie de consecuencias que resultan sorprendentes para los desconocedores del principio, como puso de manifiesto el eco que produjo el reciente informe de Intermón Oxfam, que señalaba que 20 españoles tienen rentas similares a las del 20% más pobre. Una de las propiedades más remarcables de las distribuciones de Pareto es la autosimilaridad, por lo que si observamos el reparto de la riqueza entre las diez personas más ricas del mundo se observa igualmente una distribución de Pareto.

Otra punto relevante a retener en el caso de una distribución de Pareto es que al contrario de lo que ocurre en una distribución de probabilidad normal (la mucho más conocida campana de Gauss) el valor esperado y la varianza dan bastante poca información sobre la muestra, y en ciertos casos extremos como el de la paradoja de San Petersburgo pueden ser infinitos, por lo que es mucho mejor concentrarse en la mediana (o moda de la muestra). Se oye a menudo que el salario medio en España es de casi 2.000 euros, pero la verdad es que esta cifra está sesgada (los millonarios la inflan), y la realidad de nuestro país la describe mucho mejor el salario modal (el que más se repite) y que es inferior a 1.400 euros, es decir, inferior al salario mínimo en Francia. Cualquier político de izquierdas con estas nociones claras tendrá como objetivo aumentar la renta mediana de su país más que la media.

En este punto cabe recordar que con respecto a la Italia de Pareto hemos mejorado bastante en Europa pese a todo. Una sociedad en la que el 20% más rico acapara el 80% de los recursos tiene un índice de Gini superior a 0,6, inimaginable en la Europa que parió al Estado del bienestar, y hoy por hoy sólo algunos países africanos se acercan a dichos niveles de desigualdad. Si Pareto levantara la cabeza probablemente reformularía su principio como algo parecido a 70-30.

A no ser, claro está, que la política de recortes que nuestro Gobierno y la troika defienden enconadamente llegue a puerto y se deshaga el camino andado, puesto que la crisis y los recortes están aumentando la desigualdad en España. Si el comisario europeo Olli Rehn fuera sincero en su afán de reducir el déficit hubiera animado a todos a imitar a Hollande y su impuesto del 75% para los millonarios. En vez de eso, se dedica a hostigar a todos a los que no reduzcan el gasto público, con tanto éxito que Hollande ha acabado por serle infiel no solamente a su mujer, sino a las ideas por las que fue elegido.

Imaginemos para concluir este post un país llamado Desigualandia en que los ingresos son paretianos, por lo que el 20% más favorecido tiene el 50% de los ingresos y el 20% que menos tiene acumula el 5% de los ingresos. Si el Gobierno de Desigualandia sube la presión fiscal sólo un punto porcentual sobre el primer grupo se obtendrá tanto como aumentando la presión fiscal un 10% sobre el segundo grupo. ¿Quién cree el lector que notará menos la subida? ¿Qué resulta más justo? Pues bien, Desigualandia y nuestro país se parecen bastante, si bien el llamado ratio 80-20 de Desigualandia es de 10 a 1 por 7,5 a 1 en España, en la que el 20% más rico acapara alrededor del 45% de los ingresos con respecto al 6% del 20% más pobre.

martes, 4 de febrero de 2014

Payasadas del nacionalismo

Nadie querría deber algo a nadie y, por supuesto, sobre todo a un catalán. Son malos acreedores, más devotos de la Virgen del Puño que de la de Montserrat. Su nacionalismo es un sentimiento, no una idea, porque se puede hablar de pasiones y sentimientos fanáticos, pero no de ideas fanáticas. Su pasión está hecha de sardanas, morenetas, castellers, butifarras y barretinas, esto es, de charanga y pandereta, aunque no de toros Fundador, y algo menos de cuarenta años de paquismo y otros cuarenta de tiquismiquis, algo todavía más incómodo, porque para ellos la Constitución fue solo una argucia para injertar con el calzador de Torcuato a un monarca y apaciguar a un ejército chusquero, frailuno, majadero y completamente franquista.

Vascos y catalanes forman ese mismo linaje aldeoburgués y carlistón que recibió en la anteguerra un enanito estatuto republicano para el jardín. Un enanito nada viajero, no como el de Amélie. Pero al enanito, que pasó despreciado esos ochenta años de travesía del desierto, le montaron un circo constitucional y fue creciendo a fuerza de propaganda, primero a cabezudo, luego a cabezón simple (Pujol), y ahora es un gigante que marcha hacia las nubes y más allá con una estrella errante en su bandera que se quiere añadir a la sardana de la bandera europea, impulsada siempre por ese sentimiento, ese orgullo... y la necesidad de un presupuesto más inflado que un luchador de sumo y más corrupto que un extra de Walking dead. Ahora vascos y catalanes son pueblos elegidos, rodeados de una masa de bárbaros charnegos y maketos venidos de la africana España en patero-viajeras de La Talaverana o de AISA más que en AVE, que es más incómodo para su presunta modernidad. No nos entienden, porque para ellos hablamos en un oscuro dialecto del bantú. Para mí, Cataluña siempre será esa anecdótica señora que vi sentarse sobre un pañuelo en el metro de Barcelona para que su regio culo no quedase maculado con el contacto de tan plebeyo medio de moverse. Un soi-disant o autodefinido catalán preferirá siempre un trono a un váter. Hasta prefiere su propia mierda, su propia corrupción, su propio Rabal, su propia Generalitat, su propio euro, su propia cuenta en Suiza, esa confederación de ciudades, no de nacionalidades, sin corruptos, sin problemas de idioma (tiene cuatro) y sin gobierno. Sabemos desde Ortega que el nacionalismo no integrador es un mal, el mal hacia que conduce a los catalanes el flautista de Hamelin, cuyo canto es una sardana, un sentimiento laboriosamente fraguado en años de propaganda de radios, periódicos y televisiones alérgicos a la posible apertura del melón constitucional, que prefiero nuevo, el otro está pasado.

Los catalanes hicieron una larga cadena humana, una cadena abierta que no ataba nada; si hubieran hecho un cerrado corro de sardana serían todavía más ellos de lo que son (y eso que ser es el verbo mínimo, el verbo con menor significado que hay: de ninguna cosa podemos decir menos que cuando decimos que es una cosa) y los pronombres solo son una caja vacía con un significado que cambia con el contexto. Enzensberger le preguntó a Arzalluz qué era un vasco y Arzalluz quedó mudo; no lo sabía. Catalanes y vascos son solo un pronombre; son ellos. Y como todos los pronombres, su significado no es fijo, porque no lo tiene, solo deíxis o referente espacial o temporal. O ni siquiera eso: lo que los filólogos llaman deíxis ad phantasma, cuyo referente es un delirio phantástico, ni siquiera ad oculos, porque la condición de catalán o de vasco no se ve, no se apercibe, no salta a la vista, a no ser que venga con acompañamiento de boina o barretina. El nacionalismo es, pues, una manera de vestir o de hablar, nada más. Arturo Mas tiene cabeza y cuatro brazos como yo y es tan mono como yo. De hecho, mi hermano es catalán, porque nació en Barcelona, aunque viaja tanto que ya no sabe ni de dónde es. El catalán desciende también de nuestro primo el mono, aunque, claro está, a través del eslabón perdido de la cadena, el homo catalanensis, con algo de australopitecus pujolis, emparentado con el hombre de Flores.

En entrevistas posteriores Arzallus, sabidor del ridículo que había hecho a la pregunta del avispado alemán, tan conocedor de lo que era el nazifascismo, ya se había preparado la contestación, como estudiante aplicado de Deusto que era, y se leyó las tonterías de Sabino Arana, que el propio Arana tiró a la basura antes de morir. El vasco tiene la pilila y la patria más grande que nosotros, es una raza, dijo el jodío, un rh negativo. Como si no supieran los antropólogos que la raza no existe, ya que nos podemos cruzar entre nosotros, es decir, somos una especie, la especie humana, no una raza. Cortar troncos, poner el verbo al final de la frase, extornionar empresarios, fabricar viudas o confeccionar bombas con más o menos habilidad no hace una raza y ni siquiera una especie. La única raza que hay sobre la tierra es el homo sapiens, aunque más de uno llegaría a pensar, con esas cosas del nacionalismo, que tanto daño hacen al sentido común, que es el homo imbecilis. El nacionalismo es una pura deíxis, un de acá para allá y viceversa y un de hoy para ayer y para mañana, como el tópico de la sátira clásica, la del cínico Menipo, que vivía como mendigo de los demás tras haberse arruinado como banquero. ¿Qué pasó con la Banca Catalana, eh? A los catalanes solo les da identidad la frontera. ¿Podría explicarse una historia de Cataluña sin España? Sería tan absurda como la de una España sin Cataluña. Tal vez nos hubiera ido mejor con Portugal, diantre, y con Juana la Beltraneja en vez de con esa filocatalana de Isabel. Por lo menos ahora bailaríamos la samba en vez de esa cursilada solemne de la sardana. Y ellos, mejor que le pidan la independencia a Francia, leñe; seguro que Sarkozy los trataba con más cariño que con el que trata las banlieues. De hecho intentamos fundirnos con Portugal con Felipe II, y nos fue mal. Con los catalanes hemos marchado bastante mejor. ¿A qué disolver tan próspera y consolidada unión? Otra cosa, unos Balcanes de Occcidente, no lo desea nadie, ni siquiera Tom Clancy, que veía en una novela a los castellanos como una especie de serbios, a los catalanes como unos croatas y a los vascos como unos bosnios. Un Tom Clancy resucitado podría imaginarse que Cuba le daba un palmo de narices a EE. UU. y, solo para joderla, pedía la entrada en el régimen autonómico/federal español, como una provincia que volvía a la madre patria, para así participar en las subvenciones y fondos de cohesión de la Unión Europea, aunque con disparos, tanques, misiles y pistolas para adornar, puesto que es una de Tom Clancy. ¿No hubo reunificación en Alemania tras cuarenta añitos? Pues entre España y Cuba en solo un poco más. Con la ayuda de Adelson, de la Mafia y de los corruptos de aquí y allí todo eso podría cuajar, como cuajó el proyecto del aeropuerto de Gobiernacomopuedas Barreda. Los catalanes estarían fuera, pero nosotros estaríamos consumiendo cocos y caipirinha en vez de cava y soportando las protestas de las Canarias por la exportación de plátanos caribeños. En el contexto de una nueva Constitución, creo yo que podríamos echar a los Canarios definitivamente y pedir la bendición de Su Santidad Gregorio XVIII en su sede del Palmar de Troya, mientras se erige en Ciudad Real un nuevo Vaticano aprovechando la Torre Gorda de Miguelturra.

lunes, 3 de febrero de 2014

Mitos sobre los profesores, de Rosa Moreno

Del blog de Rosa Moreno, profesora de lengua:

MITOS SOBRE LOS PROFESORES

1. Los profesores trabajan poco...

 La idea popular y generalizada de que trabajamos tres o cuatro horas al día es totalmente falsa, son muchas más horas y lo que trabajamos no se reduce a la jornada del instituto, en nuestra casa seguimos preparando las clases, corrigiendo exámenes, etc. Yo, como ya sabéis, tengo un blog de lengua y literatura que empecé a hacer por los alumnos (¡algo extra! con lo vagos que somos y la poca vocación que tenemos) y por hacer este blog no cobro ni un céntimo de euro más que mis compañeros y son muchas las tardes que dedico a realizar entradas que probablemente no sean leídas por mis alumnos. 
   Por otra parte, cinco clases seguidas suponen un desgaste intelectual y físico importante para un profesor, los que trabajan en esta profesión seguro que me entienden perfectamente. Tenemos grupos, niveles, contenidos y problemáticas diferentes y tenemos a que adaptarnos a ellos. Esto, unido a las dificultades que debemos afrontar en el aula, nos puede producir saturación, enfado o desencanto pero intentamos llevarlo lo mejor posible a pesar de todo.

2. El profesor tiene manía a los alumnos...

 La socorrida manía del profesor al alumno y que corregimos con arbitrariedad es otra falacia. Yo personalmente, corrijo a todos por igual, es más si puede favorecer al alumno siempre lo hago. Es curioso que hay alumnos con muy buenas notas (¿Nadie les tiene manía?) y otros que suspenden todas (¡Qué mala suerte tienen!¡Todos los profesores les tienen manía!)

3. Los profesores no tienen vocación...

Ante la idea de que los profesores no tenemos vocación os diré que yo también estudié en la escuela pública y es cierto que hay profesores de todos los tipos, buenos y malos, con vocación y sin ella, pero esto sucede en todas las profesiones. Os aseguro que yo no decidí ser profesor por estar "a lo caliente" (para eso hay muchas otras profesiones con menos complicaciones y mejor sueldo) sino que si estoy aquí es por vocación. Es más, yo estudié Periodismo y a partir del tercer curso, compaginé esta carrera con Filología Hispánica. Soy licenciada en estas dos carreras y aprobé la oposición a secundaria entre muchos candidatos que se presentaban. He llegado donde estoy después de muchos años de trabajo y sacrificios, estudiando mucho y nadie me ha regalado nada.  Por otra parte, yo decidí ser profesora y por supuesto que tengo vocación e ilusión por mi trabajo.

4. Los profesores no están preparados para desempeñar su profesión...

  Los profesores si están preparados para desempeñar su trabajo, ya que han tenido que realizar unos estudios superiores. Aún así os diré que me parece bien que se exija más nota para ser profesor pero que esa exigencia se acompañe de apoyo al profesorado, valoración de su figura y aumento de su sueldo, ya que actualmente nuestra imagen está desprestigiada y nuestro poder adquisitivo se ha reducido considerablemente en los últimos años. Además, los profesores de la pública hemos pasado por una oposición y no hemos sido elegido "a dedo", estamos aquí por nuestro méritos personales y no por criterios arbitrarios.

4. Los profesores tienen demasiadas vacaciones...

Las criticadas vacaciones de verano no son un lujo, son una necesidad para el profesorado y para el alumnado. Sólo tenéis que ver que las clases son imposibles cuando llegamos al mes de junio. Y además unos se llevan la fama y otros cardan la lana porque hay otras muchas profesiones que tienen las mismas vacaciones que los profesores o más y nadie se mete con ellos. 

5. Para que la educación funcione tiene que estar más vigilada...

  También discrepo totalmente en que para que la educación funcione bien debe estar más vigilada por los inspectores. Nada más lejos de la realidad. Los países en los que mejor funciona la educación, como Finlandia son los menos vigilados, los profesores tienen plena libertad, los padres confían en los profesores que son una autoridad, la confianza es la base del sistema y no la supervisión.

6. La educación pública funciona mal porque tiene malos profesionales...

Si  la educación pública pasa por malos momentos no es por culpa de los profesores sino por las lamentables medidas adoptadas por nuestros políticos, medidas tales como reducir considerablemente el presupuesto educativo en tiempos de crisis, mandar a profesores con juventud y vocación al paro, suprimir plazas, obligar a profesores a impartir materias que no son las suyas, aumentar el número de alumnos por clase, aumentar el número de horas lectivas al profesorado, etc. etc.

   En conclusión...

   Si alguno de vosotros envidia a los profesores, yo les animo a que sean profesores en el futuro, que vivan lo que realmente hay y luego critiquen. Os aseguro que la docencia no es una profesión para vagos y que es desmotivador trabajar en la educación: alumnos que pasan de todo y hagas lo que hagas no se motivan porque la motivación no está en ellos mismos, alumnos que se saben todos los derechos pero ni una sola de sus obligaciones, padres que ante una sanción a su hijo reaccionan dando la razón al niño y desprestigiando al profesor, etc.

 Ser profesor es mucho más difícil de lo que parece y aunque tal vez tengáis experiencias negativas con algunos profesores, os aseguro que la mayoría de los docentes nos preocupamos por los alumnos (por eso, recibimos a padres cuando no nos corresponde,  hablamos con los alumnos de manera personalizada, hay profesores que se quedan dando clase por las tardes con los alumnos de 2º de Bachillerato...) y también os digo para que la educación pública vaya hacia delante tenemos TODOS que defenderla. 

Sino en el futuro la educación será sólo para aquéllos que tengan poder adquisitivo y los que no tengan medios se quedarán sin alfabetizar, un mundo muy justo como veis. Algunos de vosotros pronto iréis a la universidad y veréis las desorbitadas tasas que tendréis que pagar. Si decidís seguir estudiando tendréis que hacer un gran sacrificio personal y económico y cuando terminéis la carrera veréis lo difícil que es encontrar un puesto de trabajo. Después de realizar esos años de carrera, tal vez os daréis cuenta que llegar a una profesión cualificada requiere de muchos sacrificios y tal vez valoréis más a los profesores que tuvisteis.

 Si realmente queréis hacer algo provechoso por vosotros mismos formaos, aprovechad todo lo que os puedan enseñar vuestros profesores y apoyad a los que trabajan por y para vosotros. 

Literatura sobre profesores de literatura

No muchas, pero significativas son las obras que se han escrito sobre profesores de lengua y literatura, pero desde el punto de vista del profesor de literatura (no, por ejemplo, los idealizados y conmovedores al estilo Adiós Mr. Chips de James Hilton o El club de los poetas muertos de Tom Schulman, o Tom Brown’s Schooldays, donde tan bien se habla del fundador de Rugby, el pedagogo, poeta y ensayista Thomas Arnold). 

Tenemos, por ejemplo, la excelente Stoner, de John Edward Williams (1965), por fortuna disponible en castellano; también, El profesor y los otros dos libros de memorias del gran Frank McCourt, de los cuales es consecuencia y coda. Me resultó muy revelador Mal de Escuela y Como una novela de Daniel Pennac, escritos por alguien que se consideraba un zoquete o mal alumno y terminó siendo profesor; para él la sustancia que lo transformó de zoquete en discente fue, sencillamente, el afecto. Por otra parte, Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom, puede cargar las pilas. Simétrico en su existencial desolación es el retrato que hace Terence Rattigan en La versión Browning, tan espléndidamente pasada al blanco y negro por Antony Asquith (1951; no me hablen de la infame refundición posterior). La crisis educativa -que eso es lo que es la educación en España, una crisis- suscitó gran número de glosas narrativas: Agustín de Tejada, Daniel Arenas Martín y Javier Arcas hacen lo propio en El profesor inocente, Perdón por enseñar e Y, sin embargo, contento. Josefina Aldecoa es muy conocida por su Historia de una maestra. Su marido dio una breve pero intensa visión de lo que era la enseñanza en su época, un poco la nuestra, en su cuento Aldecoa se burla. Juan Eslava Galán, tan divertido de leer, narró sus primeros años de estudios en su novela Escuela y prisiones de Vicentito González, y luego se burló del director del instituto en que trabajaba en un cuento del que he perdido la referencia. El infierno y la brisa de Vaz de Soto tiene algo, pero no me convence; la película es mejor que la novela.

¡Muera el señorito! de Rafael López de Haro (II)

El libro primero de ¡Muera el señorito!, del manchego Rafael López de Haro (por distracción dije era albaceteño, pero en realidad era un conquense de San Clemente) es el único que transcurre en El Pinoso, pueblo inexistente de Castilla la Nueva con el que López de Haro se figura uno manchego. Tras ser  nombrado secretario del alcalde, Eugenio se apiada de una mendiga deforme, la Chana, que con frecuencia es enviada al sotanillo del Ayuntamiento que con frecuencia hace de cárcel para borrachos y es donde se depositan todos los trastos del cementerio y demás. Le da una pequeña limosna. Esta muchacha

"Vivía en el arroyo de limosna y disputando a los perros, en los muladares, las piltrafas de carroña. Como era repugnante, insoportablemente repugnante, y como socorrerla era ocasionado a que volviese, la echaban a escobazos de las puertas y la apedreaban los chiquillos. Si alguien le daba una limosna, la perra chica o el mendrugo, se los arrojaban desde lejos. [...] Si conseguía alguna moneda, ella la empleaba en vino inmediatamente y el tabernero se lo echaba en un bote de lata de esos de las conservas que ella llevaba siempre..."

La agricultura no da a la mayoría sino para mantenerse:

"-El labraor -hablaba Evencio- es mísero desde que hace hasta que va a la tierra a mirar desde la tierra al cielo, que es lo propio que hizo en vida. La tierra es probe y no hace ricos. La labranza se mantiene a sí misma y de ahí no pasa. Si el año sale bien, has cogío pa mantenete, mantener el ganao y los gañanes y a malas penas pagar la contribución. Que venga un hielo o una nube o que le dé dolor a un arre que te costó cinco mil reales, pues ya estás atrampao [...] Si alguno se sostiene como nosotros es porque no tenemos un vicio, comemos menos que canarios y estamos día por día dende que sale el sol tras el jornalero. ¿Quién se levanta? ¿Quiénes son los ricos nuevos? El usurero, el tendero, el alambiquero, el contratista. ¿Labraores? Toos pa abajo." 

Su cuñado suele maltratar a su hermana, como le cuenta tía Justa, pero eso no debe trascender: que arda la casa y no salga el humo, como se suele decir. La falta de agua potable es tal que la gente apenas se lava, o cuanto más la ducha del polaco: cara, culo y sobaco. La poca que había era a treinta metros y era salobre. Se frega a los novios antes de casarse, solamente. Eugenio termina ecandalizado al enterarse por la mujer del jornalero despedido por el alcalde de que la mendiga deforme, la Chana, es en realidad medio hermana suya, hija de su padre y de una puta del lugar, que ha terminado trastornada tras seguir los pasos de su madre. Entre otros sucesos, contempla como el alcalde Ferreol logra apaciguar un motín popular por falta de pan y trabajo:

Eugenio miraba el campo desierto, la más leve señal de vida; campo espantablemente solo, raso, uniforme, mar muerto, de un color de sangre podrida; páramo soledoso de desesperante ilimitación. La mirada regresaba al espíritu como regresó el cuervo al arca de Noé. 

Decía el mayoral:

-Hogaño va a haber mucho de esto. El probe está sin albitrio. Naide manda hacer na. Hay mucha gente pará y hay mucha hambre. Antiguamente dice que había en toa esta redonda muchos pinares del rey y del común, y había ganaos de ovejas y la gente se remediaba mejor con el aquel de la leche y de la leña. Pero de pinos no ha quedao más que el nombre del pueblo. Too se ha arao pa sembral trigo, y el trigo no mantiene más que a unos pocos. Lo pior es que el trigo tampoco se va a dar, porque paice que el cielo se va agotando y cada año llueve menos y la seguía va a acabar con lo poco que quea.

Eugenio se fue a su obligación pensando que una raza así, que descuaja y desola su solar y que cada año padece las mismas viruelas, el mismo tifus, la misma sed y hambre y no cambia, es una triste raza. El derecho civil y el derecho político podían decir lo que quisieran. La verdad la dijo Aristóteles. Ver en cada figura humana un sujeto de derecho es una majadería. El sujeto de derecho no es cada hombre, es la Humanidad. [...]

Aquel día, bajo los soportales de la plaza, se habían congregado los sin trabajo. Eran muchos. Todos vestían, como uniformados, calzón, chaquetilla y chamarreta de colorines; todos se calzaban con el atadijo de las albarcas, especie de sandalias de suela, con cuyas correas sujetábanse pie y pierna envueltos en trapajos, trozos de arpillera o de manta vieja; llevaban casi todos monterillas de piel de cabrito o un pañuelo atado en forma especial, que les hacía como un pequeño turbante. y todos, sin excepción, traían sobre los hombros unas mantas de mulas, pardas, del mismo color de la tierra, que, al lado que caía a la derecha, estaban cosidas formando un fondo de saco, en donde llevarían oculta el hacha o tal vez el trabuco.

Venían al Ayuntamiento a pedir pan y trabajo. Eran una legión de hombres humildes, ignorantes y resignados, que llegaban a este extremo cuando llevaban dos o tres días sin comer. Sus rostros empalidecidos, sus ojos vidriados, aterraban. Esperándolos quedaban sus esposas descaecidas y sus pequeñuelos, llorando, clamando, exigiendo.

Don Ferreol resoplaba más que de costumbre. Don Ferreol se había comido toda la consignación del presupuesto para caminos vecinales, para policía urbana... Don Ferreol se había comido todo el presupuesto. ¿Qué iba a hacer ahora don Ferreol?

Subió al despacho de la Alcaldía una representación de los pedigüeños: la formaban los cuatro mas atrevidos y sueltos de lengua. Estos cuatro parlamentarios de la desesperación eran cuatro tipos sintéticos. El azadón los derrengó, les descuadernó los hombros y loes hundió el pecho; el cierzo les atezó la cara y el hambre les encendió los ojos y les afiló los dientes.

-¿Qué queréis, hijos míos?
-Pus ya lo sabe usté.
-¿Pan y trabajo? ¿Cuántos sois?
-Tuicos.
-Esto ya lo sabía yo; esto vuestro ya me lo tenía yo tragao. Hoy mismo escribo al Diputao y al Ministro pa que vengan recursos de arriba...
-De arriba, de arriba... -masculló uno de ellos-. Y en el entre tanto que contestan, la gente perece. Eso no pue ser, señor alcalde. Nusotros no golvemos a nuestras casas sin un piazo e pan pa los chicos. ¡No pue ser!
Los otros tres ratificaron:
-¡No pue ser!
Don Ferreol acudió al remedio de todos los años.
-Bueno, pues ir pasando por las boletas.

Los tagarotes de la secretaría, con la lista de contribuyentes, y pasando por alto, como es natural, a los parientes y amigos de don Ferreol, distribuyeron el ejército de famélicos. Cada propietario debía dar trabajo a los obreros que se le asignaban. Era un impuesto no votado en Cortes, pero que se pagaba sin protesta. Ante la fiera hambrienta, nadie osaba defenderse.

Poco a poco la turba miserable se iba disgregando. Con la papeleta de la Alcaldía en una mano y el hacha o el trabuco en la otra, bajo el cojín de la manta, iban llamando a las puertas.
-Este pueblo -pensaba Eugenio- o es de borregos o es de lobos. De hombres no es. (Muera el señorito, Barcelona: Ramón Sopena, 1917, p. 110-112)

Tía Justa se muere de uremia, enfermedad de la vejiga, pero en realidad de muere de vergüenza o pudor, ese pudor tan español que es superior al instinto de conservación y que le impedía ir al médico o dejarse visitar por él. Y aquí termina el libro primero, único que trata sobre el pueblo manchego., y se traslada de la intrahistoria a la metahistoria de Madrid. Allí estudia Derecho y hace algunos amigos como Torralva (sic), que le dice cosas como estas:

Trabajar siempre fue carga de los viles, de los esclavos. El que trabaja hace profesión servil. ¡Déjate de eso! ¿Conoces a alguien que haya hecho gran fortuna trabajando? Para dominar, para ser rico, es necesario tener talento, que no se obtiene trabajando, o suerte, que es holgazana. Un hombre trabajando puede, afanosamente, ahorrar en sesenta años una miseria. Un gran capital no se hace trabajando: se hace traficando, negociando, que no es lo mismo. El tenedor de libros de cualquier triunfador de esos que conquistan el trono de reyes del carbón o del sulfato de cobre ha trabajado más que su amo. Creo que me hago entender. Trabajar, en suma, no es un camino que lleve a parte alguna; es un camino de noria que no conduce a ninguna parte. ¡No trabajes, Eugenio! ¡Conquista!

Me parece que la política española está llena de conquistadores. Así nos va.

Justicia universal

Se supone que un liberal stricto sensu quiere reducir el poder reglamentador del estado a su mínima expresión, pero lo que pretende el señor Rajoy es reducir la justicia a su mínima expresión. Tal alteración de las reglas del juego demuestra una mala fe y una mezquindad lamentables. Eso no es liberalismo, es lo que tanto hemos padecido en España: oligocracia, caciquismo, cooptación y gilipollez, en suma. Si al señor Rajoy le molesta tanto el criterio de justicia universal, debe ser porque no ha elegido su tribunal supremo. Como no respeta el imperativo categórico kantiano, es inmoral y no solamente ilícito. No está de moda decir que ética y ley son lo mismo, pero es que, como no hay ley, algún criterio debe prevalecer para que no nos demos tortas. Algo, algo debe señalar en el hombre su humanidad, su honeste vivere. En cuanto a si es preferible en esa índole la universalidad o la identidad, desde luego la una incluye a la otra, porque la identidad perdura menos, se justifica menos, se corrompe menos.

La filosofía, el Nota y la piscina.

Hay un pasaje cómico de El gran Lebowski en el que ese gran analista de la contemporaneidad, Jeff Bridges, encarnando al Nota, contempla la imagen de un bello ceporro durmiente sobre la balsa de plástico de una piscina. Glosa su novia: "Es un nihilista". Y añade el sorprendido Nota: "Eso debe de cansar mucho". Da para pensar, ya que uno de los Cohen se licenció en Filosofía.

Los guiones de los Cohen están que rebosan de subtextos, pero este es filosófico en su comicidad; se apercibe que disfrutan como enanos escribiendo. El "nihilismo fatigado" es la denominación de una de las ideas que contrapesan el nihilismo positivo y superhumano de Nietzsche en su Así habló Zarathustra. Se trata de una pasividad espiritual muy parecida a la "representación" shopenhaueriana:

El nihilismo fatigado ya no ataca. Su forma más conocida es el budismo, como nihilismo pasivo, como signo de  debilidad; la potencia del espíritu debe de estar cansada, agotada, de forma que las metas y valores que tenía hasta ahora resulten inadecuados, faltos de crédito; de forma que la  síntesis de estos valores y metas (base sobre la que descansa toda cultura fuerte) se disuelve y  los valores aislados se hacen la guerra —disgregación— y todo lo que refresca, une, tranquiliza, aturde pasan a primer plano bajo diferentes disfraces: religiosos, morales, políticos, estéticos, etc. (F. Nietzsche, La voluntad de poder. Madrid, Alianza Editorial, 1983, p. 121)

El nihilista pasivo es incapaz de elegir; todas las salidas le parecen apropiadas. Y eso lo desintegra y lo anula. Es, en el fondo, un posmoderno. Y flota adormecido y abúlico sobre una alegórica piscina de "valores  y metas" que para Freud representa oníricamente la muerte.

domingo, 2 de febrero de 2014

Trabajo y más trabajo

Al echar un vistazo a lo que tengo que hacer, me acobardo como un conejo y pongo el pico bajo el ala; no me hago un ovillo porque es más incómodo. Podría olvidarlo, pero el trabajo tiene sus fechas y es como una mala hierba que brota sin parar por el jardín, como las células del cáncer, que crecen el doble de rápidas que las normales. Si uno elimina esas células, aparecen mutaciones más resistentes y jodidas y con menos tiempo para extirparlas. Los fantasmas también tienen algo de metástasis: vuelven con otras caras y con más oscura insidia, incluso como zombis recién hechos que van diciendo: "Entrégame lo que me prometiste, o te comeré el coco/cerebro". En fin, que la única manera de librarse del trabajo es trabajando, como la única manera de librarse de los exámenes es aprobándolos. A veces incluso pienso que cuando no trabajo mi subsconciente lo hace por mí, preparándome para ello.

Reseñaré aquí algo de lo que me ocupa, como exorcismo o medio de involucrarme en hacerlo y dejar de dar vueltas. Mi amiga E., en su exilio almagreño, es más sabia; ni escribe blogs, ni se limita a hacer otra cosa que cultivar su huerto, como Voltaire al final de Cándido. En mi ordenador tengo tres carpetas: cosas de profesor, de investigador y de escritor. Las que más abultan son la primera y la segunda. Pero es la tercera en la única que me gustaría trabajar. He tardado mucho en descubrir que no soy enteramente profesor ni enteramente investigador, sino solo eso, un escritor, ni bueno ni malo. No he tenido otra vocación y las otras han sido aproximaciones en espiral a eso mismo. Quizá eso me daría la excusa perfecta para salirme de fuera y entrar en mí mismo. Pero hay facturas que pagar y de un escritor no depende nadie. 

Me escribe Joaquín; dice que no pudo ir porque leyó tarde lo de la conferencia, y que tenemos que vernos. Una ciudarrealeña lo hace desde Japón. Agradece mi reseña sobre su pariente y dice que posee el archivo del valdepeñero general Caminero; que este escribió una autobiografía manuscrita y que la tiene en su poder. Le contesto que debería donarlo al Instituto de Estudios Manchegos por su importancia histórica y que algún alumno la editara o ella misma. A través de Isidro paso la información a Esther Almarcha, junto con la información sobre el voluminoso archivo de Joaquín de la Jara y donde se pierde el rastro del mismo, fundamental para la historia de la literatura manchega y aun para la nacional. Me alegro de haberme quitado esas piedras de encima, pero Esther Almarcha no se pone en contacto conmigo. Isidro dice que le dan la lata con una edición del Instituto de Estudios Albaceteños, que si es verdad que era de Albacete López de Haro; le digo que no, que era de Cuenca -San Clemente- y que todo se debe a un error de un artículo mío. Aprovecho para indicarle que sí podría editar el manuscrito de Carretero, un poeta muy interesante del siglo XVIII que anduvo viviendo entre Cuenca y Albacete. Descubro por casualidad un manuscrito de Nicolás del Pilar Galindo en manos de un profesor de griego de Albacete, y le escribo pidiéndole fotocopias. También me electroescribe mi jefe pidiéndome otra cosa;. Además, el martes o el miércoles hay conferencia y cenamos con el nieto de Eugenio d'Ors e hijo de Álvaro d'Ors, del que tanto habla el recién fallecido director del Ateneo, el filósofo Carlos París en sus memorias. Álvaro d'Ors estuvo muy relacionado con todo el tradicionalismo carlista, con la tertulia facha de Antonio Pastor en la Castellana, adonde acudía además mi antiguo maestro de paleografía en la Complutense Tomás Marín Martínez, gordo cura del que me enterado ha fallecido hace unos años. Seguro que no se podía ni imaginar que sería yo, un anarquista despreciable, quien le escribiera una entrada en la Wikipedia. Pues sí, hombre, para que vea que mis prejuicios no llegan a las personas, solo a las ideas. Me caía simpático el cura, que era capaz de leer un texto entero en lo que a nosotros nos parecía no más una línea recta. Creo yo que era un vanidosillo en el fondo. Pero decía que nuestro departamento alarquino se iba a comer con el nieto de D'Ors, un novelista también cura llamado Pablo D'Ors, y nos tenemos que leer su novela Andanzas del impresor Zollinger. Tengo por otra parte que preparar el desbroce de mi edición de la biografía de Mejía; más trabajo. Y corregir recuperaciones, preparar materiales, pasar faltas, contestar correos, escribir blogs. Tengo que comer con Raúl Morodo. Tengo que corregir y enviar la conferencia para el libro del IES. Y cuidar de mi físico, no me vaya a morir por dejar de tomar las pastillas, algo cada vez más frecuente los fines de semana. Ayudar a mis hijas. Y dejar de hacer listas. Eso de hacer listas y más listas es algo que tenemos en común Borges, Alberto Manguel (que es lo que queda de Borges en judío, marica y porteño-canadiense), mi suegra, que no es nada borgesiana, Francisco Sánchez  López de Lerma, que ya sé donde está, y yo.

sábado, 1 de febrero de 2014

Una adición a la bibliografía del bachiller Juan de Molina, humanista ciudarrealeño.

Hay un útil artículo, no mío, aunque yo lo retoqué, sobre Juan de Molina en la Wikipedia; pero hojeando la Biblioteca valentina (1747) del padre Josef Rodríguez por otro motivo he visto que encontró una obra más de nuestro personaje que añade a las consignadas por Nicolás Antonio y que, al parecer, desconoce Miguel Ángel Pérez Priego, principal estudioso del personaje en esta monografía. Parece que también fue el bachiller Molina epigrafista y anticuario, según se deduce de la noticia. La obra, al parecer manuscrita y utilizada por Escolano, es Colectáneos de las piedras e inscripciones antiguas de España. También se refiere a él Villagrasa. Algo nuevo que saber...

viernes, 31 de enero de 2014

Ventajas de leer

Adaptado de The Huffington Post:

Leer es un excelente pasatiempo; eso no es ningún secreto. Pero, a veces, al final de un largo día, es más fácil encender la tele que abrir la novela que tanto te apetecía empezar. ¡No te dejes disuadir! Ser un amante de los libros tiene ventajas muy importantes. Podemos empezar por estas dieciséis:

1. Nunca estás aburrido. ¿Transporte público? Coges un libro. ¿Sala de espera en el médico? Coges un libro. ¿Tus amigos te ignoran porque “nunca sales” y “siempre estás muy ocupado leyendo”? Pues el remedio ya lo sabes: coge un libro. Es un amigo que nunca te engañará: siempre está diciendo lo mismo y siempre estará a tu lado cuando lo necesites.

2. Gustándote leer ya tienes un sistema bien definido para filtrar a la gente que no te conviente. La frase "no me gusta leer" es una sentencia de muerte para cualquier relación, a pesar de que todo lo demás vaya bien.

3. Mientras todo el mundo se limita a vivir una vida (probablemente aburrida), tú experimentas cientos de ellas y tienes acceso a la conciencia de miles de personas. Es como la telepatía, pero mejor.

4. Aprendes al mismo tiempo que te distraes. Y te haces más fuerte sosteniendo un libro en la cama. Tus brazos adquieren una fuerza impresionante.

5. Puedes comentar los mejores best sellers incluso antes de que hayan salido; nunca te faltará labia ni conversación ni referentes culturales.

6. Tienes la cita perfecta para cada situación. Ahora mismo: "El libro es la magia que mejor se puede transportar" (Stephen King, Mientras escribo).

7. Y cuentas con la palabra exacta para describir cada momento. Tu vocabulario es estelar.

8. La gente no tiene que pensar demasiado a la hora de hacerte un regalo.

9. Los diferentes enfoques que muestran los personajes te sirven básicamente de terapia gratuita; estás continuamente recibiendo consejos sobre cómo vivir bien.

10. Si te quedas sin cobertura o se va la señal de Internet por inclemencias meteorológicas, no hay problema. De todas formas, tú tenías pensado quedarte leyendo esa noche.

11. Un mejor lector es un mejor escritor y un mejor orador.

12. Tienes en tu poder un sinfín de temas de conversación.

13. No tienes que comerte la cabeza por la decoración de tu casa; tu colección de libros tiene la solución.

14. Has leído tantos libros que eres capaz de llenar tu propia vida de emoción y drama y enriquecer cualquier situación.

15. Según un reciente estudio, la lectura mejora la conectividad cerebral. Es cierto; se ha demostrado científicamente que leer te hace más inteligente.

16. Puedes viajar a cualquier punto del mundo, del pasado y del presente . Puedes ser testigo de todo un siglo de la historia en Colombia o de las relaciones que tenían los ciudadanos en la Inglaterra isabelina.

jueves, 30 de enero de 2014

Nota sobre la etimología de Agramante

La frase hecha "campo de Agramante" como de cualquier cosa sumida en el caos. En realidad se trata de un campo de batalla donde nullus est ordo y el vocablo Agramante procede del Ariosto, quien crea la palabreja en su Orlando furioso, tan saqueado por el Don Quijote de Cervantes, incluso en el episodio del robo del rucio que tanto hueco dejó entre las dos ediciones de 1605. Poco se ha especulado sobre su posible etimología. Creo adivinar que procede del nombre del dios del mal en el mazdeísmo o zoroastrismo, Angra Mainyu en el Avesta, también llamado Ahrimán o Arimán en parsi o persa. Es el hermano gemelo y malo, el por así decir Caín de Ahura Mazda, el hermano bueno. No le veo otra explicación.

domingo, 26 de enero de 2014

¡Muera el señorito! de Rafael López de Haro (I)

En una novela del albaceteño Rafael López de Haro, ¡Muera el señorito! (1916), encontramos una de las más fuertes denuncias de la España manchega anterior a la Guerra Civil, comparable a El crimen de Cuenca de Alicio Garcitoral (1931) o Vorágine sin fondo de Antonio Heras Zamorano, ambientada en Ciudad Real (1936). Está dedicada a uno de los mayores representantes del Regeneracionismo, Julio Senador Gómez, notario como él y autor de Castilla en escombros. Las leyes, las tierras, el trigo y el hambre, publicado un año antes, lo que ya es significativo de la inspiración que nutre el libro, muy bien escrito, y con una rabia que se nota. El ejemplar en mis manos está dividido en tres libros: "La patria chica", "La patria grande" y "Ni patria ni amor". La mayor parte de la obra transcurre en un pueblo manchego en realidad inexistente, El Pinoso, en el que paradójicamente no hay pinos, ya que todo ha sido arrasado para plantar trigo. El protagonista, Eugenio Balmes, aplicado estudiante de Derecho, marcha al pueblo tras morir su madre y quedarse huérfano para ver a su hermana, atravesando los campos manchegos:

"Las llanuras de La Mancha son un agro infinito que solo pudo poblar de ideas la infinitud del genio cervantino. La tierra llana, inacabablemente llana, rasa, roja, seca, causaba a Eugenio la impresión negativa de lo inexistente. Era la del campo ilimitado y aspérrimo, era la de la planicie calcinada, eran las de un sol que enceguecía, turbio el ambiente por turbonadas que arrancaba en momentos la ebullición del aire caliente; eran las de la tierra bermeja excavada, escoriada, surcada como sarnosa carne pálida; eran sensaciones de una soledad, de una acritud, de una sed que solo sugerían ideas de fuga, de suicidio. Fugarse, al menos, como los pájaros, como las nubes, como los colores. Aquella tierra fea y desagradecida podía mantener una escasa población que, en fuerza de luchar obstinada y estúpidamente con su esterilidad, se ha enfurecido y vive, sin agua, en hidrofobia perpetua, aislada en los lugarones, lugares o lugarejos, hechos de la misma tierra que Eugenio veía en lejanías remotas, denotados por la torre verdusca, chatos, agachados, perdidos en la inmensidad, náufragos en la estepa, páramo, pampa, sabana desnuda, infausta, calva de la Península, a modo de lupus que ha depilado, asolado, desollado ese gran pedazo de la fisonomía de España.
El camino de hierro, trazado en línea recta, no tanto por ser allí fácil como por ser la más corta para pasar cuanto antes por allí donde nada lo retiene, no era aliciente a que aquel horrísono tren mixto acelerase su marcha. Lento, jadeante, avanzaba caudato de una caliginosa polvareda que a ratos venía sobre él y lo envolvía y enterragaba. A un flanco, las cuencas de los sacatierras, álveos de cieno en la invernada, se cuarteaban. Solían verse muertos de sed algunos juncos y retamas que se atrevieron a nacer fiados en la promesa de humedad. De tarde, un caminejo arenoso cruzaba la vía y, en la intersección, una mujer tripuda, descalza, con el rostro del color de las tejas, presentaba unos palitroques forrados de bayeta roja y verde.
La sensación de inhabitabilidad, de carraspera de Sáhara, se iba intensificando hasta ser una gran tortura para Eugenio, quien jamás sospechó que fuese así la Patria: un solar. El polvo socarrante había ya tapiado el departamento; algunas langostas saltaban golpeándose. y seguía, seguía el campo soledoso, ocre, blancuzco, rojo, y el sol caía con apesgante, angustiosa tenacidad, y el calor asfixiaba..." p. 37-39.

Este paisaje hace el efecto de un opio en Eugenio: duerme a la gente y lo duerme a él. Hay campos sembrados de vides que también emborrachan a la gente y la duermen. Así hasta que llega, conducido en una galera por un gañán, a la casa de su hermana en El Pinoso, casada con un tal Pelecha, un aprovechado. Bebe pistraque y come un arenque. El consejo de familia ha sido fraguado para robarle lo más de la herencia; Ferreol Balmes es el cacique y alcalde del pueblo y quien lleva la voz cantante. Los concejales son todos de la misma familia y sifilíticos, porque apestan a yodoformo, y quieren comerse la hacienda del recién llegado poco a poco. Eugenio no se deja engañar, pero tiene que transigir; ignoran que él también los ha engañado. Y el alcalde le promete un empleíllo en el Ayuntamiento que le ayude a concluir la carrera, el de secretario particular.

Como tal asiste en un solo día a una procesión de personajes como los de la ínsula Barataria de Cervantes, solo que el alcalde no es nada honesto ni Sancho Panza, salvo en el aspecto; más bien parece Ginés de Pasamonte o el Ventero, cuyo currículo canallesco tan bien pinta Cervantes en la primera parte de su Don Quijote. El alcalde mata de hambre al boticario, comido de hijos y al que no paga; no tiene ni medicinas que vender porque el alcalde retiene sus fondos con el propósito de que se vaya y así traspasar la botica al sobrino de su mujer. Lo consigue al fin, a cambio de pagarle la mitad de lo que en realidad le debe. Acude luego una hortelana que contaba con un buen puesto en el mercado, pero se lo cambiaron a peor y le cobran el impuesto municipal varias veces en vez de una, solo porque su marido no votó a quien le dijo el alcalde. Esta es menos mansa que el farmacéutico: "Cuando la tortilla se güelva nos veremos, señor don Ferreol, ladrón, cornudo". Viene luego el rematante de Consumos, un corrupto al que le molesta que otros corruptos, los de la familia del alcalde, le quiten su parte. "Usté tie que cerrar el mataero aquellos días tocante a que la carne de mis novillos se venda y darme la exclusiva del vino dentro de la plaza y la poquedá que hay consigná pa festejos. Ítem, y prestarme los peones del Ayuntamiento pa armar la plaza y..." El alcalde promete que se le apoyará en lo que cabe. Ordena a Eugenio que escriba al diputado para que no vengan los inspectores del Catastro, y que, "si vienen, que vea quién y diga de qué pie cojea". Pasa luego el Desollao, un expresidiario por asesinato que vivía en El Pinoso sin trabajar y penduleando a sueldo del Alcalde. Este matón solo es importante el día de las elecciones, para asustar a la gente y dar palizas. Le encarga el Alcalde que vigile al boticario y se haga ver cerca de él dándole un par de voces. Termina la didáctica función con dos labriegos que entran en el Ayuntamiento para asegurar su fidelidad, ya que habían sido comprados para un jurado en la capital, hacia donde iban a viajar ese mismo día. (Seguirá)


jueves, 16 de enero de 2014

Desobediencia civil en La Mancha

Uno de los métodos que contribuyen a dar cierta esperanza sobre la discutible bondad del ser humano es la invención de la desobediencia civil o resistencia pasiva. Se inspira en el derecho humano fundamental de resistencia a la opresión, pero lo limpia de las sedicencias terroristas y violentas que lo volvieron tan alarmante.

La artimaña del terrorismo blanco la ingenió el filósofo anarquista y pacifista norteamericano Henry David Thoreau, padre también del ecologismo, y fue desarrollada por León Tolstoy en su ¿Qué hacer? y llevada a la práctica por sus discípulos Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela. La desobediencia civil ha existido siempre y se inspira en episodios poco frecuentes, pero conmovedores, de la historia. Pero también se inspira en un cierto concepto de ser humano que no se encuentra demasiado difundido, pero cuya existencia ha sido demostrada muy atrás en el tiempo, incluso antes de la Era del Nihilismo (podemos llamar así a los dos primeros tercios del siglo XX), consecuencia del fracaso de la ilustración emancipadora que propuso Kant.

Digamos, provisoriamente, que el ser humano fuera un ente solidario implume de uñas planas y piel variable, por lo general provisto de dos brazos y dos piernas, aunque no siempre. La definición flaquea sobre todo en lo de solidario, pero es que uno quisiera soñarlo así al ver que, a veces, la gente se comporta así. En este momento recuerdo el ejemplo de Villarrubia de los Ojos a comienzos del siglo XVII. Resulta que en esta población entonces en esta población la mitad eran moriscos. Y desde 1609, a iniciativa del beato Felipe III, los intentaron expulsar hasta tres veces del reino. La primera fue a Francia, y volvieron andando, que es mucho andar. La segunda prefirieron poner mar por medio y los dejaron en Marruecos, pero volvieron en barco. Por último, el cabreado noble a quien cupo la tarea las primeras dos veces, acometió personalmente la tarea, pero fracasó también. Porque los moriscos volvían siempre a sus tierras confiscadas y las recuperaran con el apoyo y protección de todo el lugar. Como no existía la sociología, el noble ignoraba que si una minoría es la mitad de la población, es una mayoría, tanto y más si estaba estrechamente ligada con lazos de parentesco a los cristianos y detentaba cargos influyentes en el municipio, que es el caso. Como es lógico, las mujeres y los maridos moriscos casados con cristianos lograban de sus parejas la protección oportuna para sus familiares, financiaban su vuelta y los protegían. Es el ejemplo de desobediencia civil o resistencia pasiva más antiguo que recuerdo en La Mancha, y logró un éxito completo: tras el fracaso de la tercera intentona, se los dejó en paz. Hoy los moriscos de Villarrubia de los Ojos son tan cristianos y ciudadanos como el que más. Han sido asimilados. Y, en memoria de tal gesta, hay una calle dedicada en Villarrubia al erudito que desenterró esta especie de Fuenteovejuna manchega, Trevor J. Dadson, el famoso hispanista editor de la poesía de Gabriel Bocángel y del Conde de Salinas, el último quien glosó aquel famoso y fatalista mote de "yo he hecho lo que podido / Fortuna, lo que ha querido".

En La Mancha estos ejemplos de desobediencia civil no cunden mucho. Se prefieren las iniciativas individuales, las quijotadas de las que siempre se ríen los manchegos. El prototipo de manchego es ese, el que se cachondea del idealismo y de la honestidad de los demás, de los Quijotes y de los Sancho Panzas. Porque el manchego típico no es ninguno de esos y no tiene un monumento en ninguna plaza de ningún pueblo ni ningún museo. El manchego típico es el que hoy llamaríamos gilipollas Sansón Carrasco. La Mancha está llena de sansocarrascos.

Don Quijote y su creador eran unos liberales; estaban obstinados en liberar galeotes malandrines. Cuando Cervantes se escapaba siempre era denunciado por un gilipollas aprovechado o renegado, un chaquetero, diríamos, así hasta cuatro veces. Y "aprendió a tener paciencia en la adversidad". Paciencia ante los gilipollas. Cervantes, que tantos amigos tenía, no era manco, tenía anquilosada la mano por herida de guerra, llevaba unos anteojos rotos (era muy caro comprar otros nuevos) y padecía una cierta tartamudez nerviosa. Pero lo que cuenta de él es que era un liberal, el primero de nuestras letras, un defensor acérrimo del individuo, pero del individuo de bien, con la patria más encogida y chica del mundo, tanto, que ni siquiera se le acordaba el nombre. Era un liberal que repartía la riqueza que conseguía entre sus regocijados amigos. Por el contrario los galeotes, igual de individualistas, eran unos liberales de lo ajeno, falsos liberales, en realidad políticos en el fondo y en la forma, tan pillos como los que llenaban el tribunal baratariesco del honesto Sancho Panza. Porque Sancho Panza era honesto, algo que se suele olvidar, algo que con la amistad compartía con su señor, del que tantas otras cosas superficiales le separaban. El liberal reparte su riqueza en el pueblo que le ha ayudado a conseguirlos, al contrario que el oligarca, el cacique, el injusto, en suma.

En el barrio Gamonal de Burgos alguien quiere excretar una cementada y que encima le paguen por ello. Es un exconvicto y constructor, Méndez Pozo, defensor de sus intereses a través del Diario de Burgos, Las Tribunas de las provincias manchegas y qué sé yo qué más prensa petarda. Contra él y su cacique y secuaz, un alcalde elegido por normas alérgicas a las listas abiertas y a partidos "cuyo funcionamiento deberá ser democrático" (Constitución dixit; ¡hay que ver cuánta corrupción cabe y ha cabido en ese deberá ser!) se ha levantado un barrio entero. Se quejan de que se gaste un dineral muy superior a la guardería que les han negado porque no había dinero, como les han negado también otros servicios, incluso los de mear, y tan elementales como el alumbrado público suficiente y paradas de autobús. Es así el desdén del Ayuntamiento (con perdón por la obscenidad), que es mucho desdén y ha convertido al barrio en un arrabal, si no en un Rabal a secas, como el de Barcelona.

En La Mancha nos preciamos de tener a buenos defensores del bien común. El más grande, sin duda alguna, fue Félix Mejía, en el siglo XIX. Vaya si puso en problemas al poder, que ni es público ni nunca lo ha sido en un país donde nunca llegó a existir un partido de izquierda, y cuando lo hubo, el demócrata, fue sistemáticamente ignorado por la componenda canovosagastina promonárquica, alternancia que hemos soportado estos últimos cuarenta años de desdemocracia y neofranquismo bajo las órdenes de todos esos hijos de Franco, legítimos peperos o ilegítimos pesotas, pero nunca favorables al pueblo demócrata y honrado. Y a Félix Mejía, luchador por la democracia, la representatividad y la libertad, quien dijo que no hay libertad, igualdad ni fraternidad sin justicia, que hablaba del hambre en el pueblo y fue quien primero pronunció la palabra democracia con el sentido que tiene hoy actualmente, nadie lo recuerda, ni siquiera el nombre de una calle en Ciudad Real. Es preferible que los constructores las bauticen con nombres de ciudades y países y demás señales de geografía. Que no se lea, que no se lea nada, ni siquiera de historia de la libertad, ni en el nombre de una calle. El ninguneo, el oscurantismo, la estulticia falsa e interesada, el "no lo veo claro", el olvido, la marginación en suma: armas habituales de los reaccionarios de siempre para hacer lo que siempre hacen: nada. ¿Seguiremos así?

Hoy parece que una mitad de España es como esa mitad del pueblo de Villarrubia. Ya no se cree nada salvo que la quieren joder; y lo único que puede hacer es resistir pasivamente y engañar a los que engañan. Ya no va a permitir más jodienda. Hay iniciativas e ideas que están cundiendo en progresión geométrica. El sabio desánimo me indica sin embargo que lo que se hará es parchear la Constitución; eso es lo que hay que evitar: es precisa una 
Constitución nueva para una nueva tercera España, que es la gran mayoría del pueblo honesto, sufrido y trabajador. Ese pueblo al que solo le dejan leer y oír lo que conviene a las otras dos Españas. 

Este jueves, a las siete y media, daré una conferencia en el Convento de La Merced, antiguo Instituto Femenino, sobre Félix Mejía a las siete y media. Estáis invitados.

miércoles, 15 de enero de 2014

El karma y el Evangelio

Todo el mundo ha oído hablar de Lázaro, el amigo de Jesús; pero hay otro lázaro en los Evangelios que es el sujeto de una parábola muy oscura y aterradora, que tiene mucho en común con el karma y el cielo y el infierno de los budistas (quizá sea de origen oriental). Corresponde a este pasaje de Lucas XVI, 19-31 (uso la versión protestante de la Biblia Reina-Valera revisada en 1960)

El rico y Lázaro

19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.

20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas,

21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.

22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.

23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.

25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.

26 Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.

27 Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,

28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.

29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.

30 Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.

31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.

miércoles, 8 de enero de 2014

Ley del embudo, II

Tomado del auto del Juez Castro:

"Cuando finalice la instrucción de esta pieza separada y se vuelva a la normalidad procesal, quizá pocas personas quieran recordar que para llamar a una persona a prestar declaración en calidad de imputada, trámite este que por millares se viene llevando a cabo cada día en los juzgados de España (...), se ha precisado escribir poco menos que un tratado de derecho procesal".

Utilidad de la cultura e inutilidad de la Política

Juan Peces, "La cultura es inútil, afortunadamente", en EL País, 8 de enero de 2014:

La crónica de sucesos acaecidos en París el 26 de diciembre de 2013 revela que un hombre de letras desesperado, enojado contra unas instituciones indiferentes a su amor apasionado por la cultura, embistió con su coche las puertas enrejadas del palacio del Elíseo. El conductor, Attilio Maggiulli, no pudo soportar lo que consideraba un desprecio oficial hacia el proyecto de su vida, el Théâtre de la Comédie Italiénne —que perdió casi un 50% de subvenciones públicas en tres años—, y no halló forma mejor de presentar su memorial de agravios que estampando su indignación contra la sede oficial de la presidencia de la República Francesa.

Hasta ahí la historia resumida de Maggiulli. Esta crónica aborda, sin embargo, la historia de otro hombre de letras indignado, el profesor italiano Nuccio Ordine (que figura en su partida de bautismo como Diamante Ordine). Con los mismos o parecidos personajes —una cultura apuñalada, una educación asfixiada y un pueblo adormecido—, Ordine (Diamante, 1958) ha preferido usar la palabra para embestir contra la ignorancia promovida desde las instituciones y advertir de sus efectos a la ciudadanía. Si dejamos que nos roben el legado de nuestros antepasados y que se mutile el conocimiento, avisa, no es que dejemos de ser personas cultivadas: es que las generaciones futuras dejarán de ser personas en sentido estricto.

El vehículo empleado por Ordine para su clamor profético es el manifiesto titulado La utilidad de lo inútil, cuya publicación en España debemos a Jaume Vallcorba, padre de las editoriales mellizas Acantilado y Quaderns Crema, y al traductor y profesor de Filosofía Jordi Bayod Brau.

Ordine, profesor de prestigiosas universidades, experto en el Renacimiento y director de varias colecciones de clásicos en la editorial Les Belles Lettres de París, se dice “emocionado” por la recepción de su libro en Barcelona, donde fue presentado recientemente, y en Madrid (donde fue apadrinado por Fernando Savater). “La gente me abrazaba y me daba las gracias. Un estudiante me dijo: ‘Decidí estudiar Filosofía y Paleografía contra la voluntad de mi padre, que me preguntaba para qué servía eso. Su libro me ha reafirmado en mi decisión”, recuerda.

La tesis central del libro puede ser resumida en la idea de que la literatura, la filosofía y otros saberes humanísticos y científicos no son inútiles, como cabría deducir de su progresivo destierro en los planes educativos y presupuestos ministeriales, sino imprescindibles. “El hecho de ser inmunes [dichos saberes] a toda aspiración al beneficio” constituye, según el autor, “una forma de resistencia a los egoísmos del presente, un antídoto contra la barbarie de lo útil, que ha llegado incluso a corromper nuestras relaciones sociales y nuestros afectos más íntimos”.

Como en un coro griego, Nuccio Ordine arma una defensa coral del conocimiento apoyándose en aquellos autores que le precedieron en su empeño. Dante, Petrarca, Moro, Campanella, Bruno, Bataille, Keynes, Steiner, García Márquez, Cervantes, Shakespeare, Platón, Sócrates, Séneca, Heidegger, Cioran, García Lorca, Tocqueville, Hugo, Montaigne… son reclutados y contextualizados para mostrar “la carga ilusoria de la posesión y sus efectos devastadores sobre la dignitas hominis, el amor y la verdad”.

¿Por qué este libro? “Llevo 24 años como profesor intentando convencer a mis alumnos de que no se viene a la universidad a obtener un diploma, sino a intentar ser mejores, esto es, a aprender a razonar de forma autónoma”. Para Ordine, la transmisión del amor por el conocimiento es un deporte de combate. Y eso implica desmontar algunas ideas materialistas imbuidas por el sistema capitalista. “La gente piensa que la felicidad es un producto del dinero. ¡Se engañan!”, afirma.

Dicha pretensión se ha extendido ya a todos los ámbitos. “El utilitarismo ha invadido espacios en los que que no debería haber penetrado nunca, como las instituciones educativas”, denuncia el profesor calabrés. Y advierte: “Cuando se recorta el presupuesto para las universidades, las escuelas, los teatros, las investigaciones arqueológicas, las bibliotecas… se está cercenando la excelencia de un país y eliminando cualquier posibilidad de formar a toda una generación”.

El autor se apoya también en un discurso ¡de 1848! de Víctor Hugo ante la Asamblea constituyente de Francia, donde el escritor pronunció estas palabras: “Las reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. Son insignificantes desde el punto de vista financiero y nocivas desde todos los demás puntos de vista”. Dice Ordine que cuando leyó ese discurso pegó un salto hasta el techo, y hace suyas las tesis de Hugo al afirmar (exclamar, más bien) que “¡es en las épocas de crisis cuando hay que doblar el presupuesto para la cultura!”.

El manifiesto incluye también un escrito premonitorio de Abraham Flexner, publicado en 1939, que evangeliza sobre la importancia de la ciencia. “Quería que quedara claro que la defensa de lo inútil [lo no ligado al afán de lucro] no atañe solo a escritores y humanistas, sino que es una lucha que concierne también a los científicos”, explica Ordine. “El estado no puede renunciar a la ciencia básica [en aras del beneficio]; por eso he escrito un capítulo dedicado a las universidades entendidas como empresas”.

La utilidad de lo inútil no es sólo un argumentario contra la deriva del utilitarismo o el “satánico comercio” (Baudelaire): es también un manual para superar lo que el autor del libro llama “el invierno de la conciencia” y para recordar, con Montaigne, que “es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices”.

martes, 7 de enero de 2014

Apólogo del teorema de Thomas

El teorema de Thomas es un principio bien conocido en Sociología y muy padecido por todos los que intentamos desentrañar la realidad. En realidad podría atribuirse a Cervantes, porque fundamentalmente afirma que las cosas no son lo que parecen y no parecen lo que son... para la minoría de la gente. La realidad se transforma al observarla, esto es, al interpretarla.

Menos literariamente, se formula así:  "Si las personas definen una situación dada como real, esta lo es en sus consecuencias". Esto es, una impresión subjetiva puede proyectarse sobre toda una colectividad a la que se la supone enteramente racional cuando no lo es. En cierta manera, adapta la famosa tesis sobre Feuerbach de Marx: "si hasta ahora se ha tratado de entender la realidad, ahora solo hay que tratar de transformarla". Pero la experiencia nos demuestra que tarde o temprano hay que regresar de la utopía a la realidad, y eso, que es una consecuencia, ha sido doloroso porque la realidad se suele instrumentalizar, como bien demostró Naomí Klein, para culpabilizar a quienes solo tienen la culpa de haber creído lo que los proyectores de esa ficción subjetiva nunca creyeron, mediante la doctrina del shock y el auxilio de sus afiliados y aliados medios de comunicación.  

Así pues, esta ley, de apariencia tan vacua, es en realidad muy importante... por sus consecuencias. Como ha sido extraída de los hechos, no puede negarse sin negar los hechos. Y se confirma por su poder predictivo. Puede explicar muchas otras cosas, como la génesis de factoidesleyendas urbanas y hasta los cuentos chinos con que nos vienen a alucinar los inservibles políticos que padecemos. 

Más gravemente, las leyes de la propaganda política y la publicidad, incluida la generación de cualquier fanatismo, emanan de este principio, que es una rama o derivación del principio de Wilfredo Pareto, quien afirma que solo uno de cada cinco se mueve por razones lógicas (logos), esto es, por hechos reales... y no por ethos o pathos, que es lo que siguen los otros cuatro. 

Concluyendo: siempre los burros tendrán que tirar del carro y siempre los zorros irán montados en él, aunque la situación sea tan dinámica que con frecuencia hagan falta nuevos burros para tirar del mismo carro: incluso antiguos zorros travestidos de burros, que no podrán con él. E, inversamente, muchos antiguos burros harán de zorros y guiarán el carro hacia el desastre. Porque la realidad es tozuda y, como dice la moraleja de todas las fábulas grecolatinas con una unanimidad que abate considerablemente las ilusiones que nos hacemos sobre la hipotética maleabilidad de la naturaleza humana, es imposible cambiar lo natural por mucho que se disfrace.

Una aplicación del teorema de William I. Thomas puede hacerse al caso de los caracteres nacionales, ilusión subjetiva muy antigua y decimonónica, harto persistente, que ha aprovechado un individuo como el señor llamado Arthur Mas para proyectar sobre la realidad, como otros han aprovechado la persistente ilusión subjetiva de la Guerra de Cuba para acentuar nuestro carácter de antiestadounidenses. La ilusión de Cataluña es, en realidad, tan ilusa como la ilusión llamada España o incluso la ilusión llamada Europa para aquellos cuyo propósito es solo comer todos los días, algo patatero o vulgar, pero que está en la sustancia de los hechos y de la realidad. Todas esas ilusiones tienen consecuencias que pagamos los demás con el precio de los hechos. Y los hechos, en Europa, generalmente, aunque en unos países más que otros, se resumen en que aumenta la pobreza a costa de una clase media que es cada vez más delgada y proyecta sus desilusiones y sus ilusiones en la pantalla de la realidad, que muchas veces tiene forma de TV. Una clase media que fue la que alumbró la aparición de los estados nacionales en el siglo XIX con una de sus características ideológicas más asentadas, el individualismo o subjetivismo.

Evidentemente, unos sueños e ilusiones son más objetivables que otros. Cuanto más se asocien a los hechos, tan vulgares, pero tan necesarios, como comer todos los días o poder entender un periódico, por ejemplo, y más compartidas sean, más parecidas serán las utopías a la verdad.

En España la justicia no emana de la sociedad, esto es, del pueblo, y por tanto no existe.

Si en España hay una constitución no escrita, desde luego es la denominada Ley del Embudo; pero, pensándolo bien, está escrita. No solo en la Constitución que padecemos, sino en otras leyes como esta, que cita El País de hoy:

"La imputación de la Infanta que acaba de decidir el juez José Castro está respaldada, de momento, únicamente por una acusación popular, la del pseudo sindicato Manos Limpias. Ni la Abogacía del Estado ni la fiscalía apoyan la acusación. Al ser estos los perjudicados directos por el supuesto delito cometido, y en el caso de que pidan el archivo de la causa en lo que concierne a la esposa de Iñaki Urdangarin, la infanta Cristina podría librarse de sentarse en el banquillo con la aplicación de la doctrina Botín.

La doctrina Botín fue dictada por el Tribunal Supremo en diciembre de 2007, cuando el pleno de la Sala de lo Penal, por nueve votos a cinco, decidió avalar la decisión de la Audiencia Nacional y limitar así la acción de las acusaciones populares, a las que no se considera legitimadas para pedir la apertura de juicio oral cuando la Fiscalía y los perjudicados solicitan el sobreseimiento de la causa. “No puede abrirse juicio oral solo a instancias de la acusación popular, sino que es necesario que lo inste bien el Ministerio Fiscal, bien el acusador particular”, señaló la Audiencia Nacional en su auto.

La sentencia del caso Botín se fundamentó en el artículo 782.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que señala que si el Ministerio Fiscal y el acusador particular piden el archivo así debe acordarlo el juez, mientras que no señala nada de la acusación popular".

lunes, 6 de enero de 2014

Rafael López de Haro, un novelista conquense que escribió en La Tribuna de Ciudad Real.

Uno de los grandes novelistas manchegos del siglo XX es hoy prácticamente un desconocido, así que, para vindicarlo, le he escrito un artículo en la Wikipedia, aquí. Es Rafael López de Haro. Por cierto, no sé si sabréis que escribió en La Tribuna de Ciudad Real allá por 1907.

viernes, 3 de enero de 2014

Galdós ha levantado la cabeza, ha dicho lo mismo que en 1912, y se ha vuelto a morir.

"Los políticos se constituirán en casta, dividiéndose hipócritas en dos bandos igualmente dinásticos e igualmente estériles, sin otro móvil que tejer y destejer la jerga de sus provechos particulares en el telar burocrático. No harán nada fecundo; no crearán una Nación [...] Alarmante es la palabra Revolución. Pero si no inventáis otra menos aterradora, no tendréis más remedio que usarla los que no queráis morir de la honda caquexia que invade el cansado cuerpo de tu Nación. Declaraos revolucionarios, díscolos si os parece mejor esta palabra, contumaces en la rebeldía. En la situación a que llegaréis andando los años, el ideal revolucionario, la actitud indómita si queréis, constituirán el único síntoma de vida. Siga el lenguaje de los bobos llamando paz a lo que en realidad es consunción y acabamiento [...] Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, paupérrima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos…"

Benito Perez Galdós, Cánovas, 1912.

¡Qué bien veía! ¡Y eso que estaba ciego!

lunes, 30 de diciembre de 2013

El poema del periodista

Rudyard Kipling:

I keep six honest serving-men
(they taught me all I knew);
their names are What and Why and When
and How and Where and Who.

A seis honestos servidores sigo
que me enseñaron cuanto he sabido;
sus nombres son Qué, Por qué,
Cuándo y Cómo, Dónde y Quién.