domingo, 26 de julio de 2009

Prohibido enseñar


Prohibido prohibir

El eslogan de Mayo del 68 extendió al concepto de autoridad su partida de defunción y legitimó la idea de que toda autoridad es sospechosa. No destruyó el estado, pero sí la educación.


Mario Vargas Llosa, El País.

Hace ya de esto algunos años vi en París, en la Televisión Francesa, un documental que se me quedó grabado en la memoria y cuyas imágenes, de tanto en tanto, los sucesos cotidianos actualizan con restallante vigencia.



Muchos maestros se creyeron esta degradante satanización de sí mismos
Gracias a esa revolución educativa propiciaron que los pobres siguieran pobres
El documental describía la problemática de un liceo en las afueras de París, uno de esos barrios donde familias francesas empobrecidas se codean con inmigrantes de origen subsahariano, latinoamericano y árabes del Magreb. Este colegio secundario público, cuyos alumnos, de ambos sexos, constituían un arco iris de razas, lenguas, costumbres y religiones, había sido escenario de violencias: golpizas a profesores, violaciones en los baños o corredores, enfrentamientos entre pandillas a navajazos y palazos y, si mal no recuerdo, hasta tiroteos. No sé si de todo ello había resultado algún muerto, pero sí muchos heridos, y en los registros al local la policía había incautado armas, drogas y alcohol. Lo peor había ya pasado y que, con la buena voluntad de autoridades, profesores, padres de familia y alumnos, las aguas se estaban sosegando. Por ejemplo, con inocultable satisfacción, el director señalaba que gracias al detector de metales recién instalado, por el cual debían pasar ahora los estudiantes al ingresar al colegio, se decomisaban las manoplas, cuchillos y otras armas punzo-cortantes. Así, los hechos de sangre se habían reducido de manera drástica. Se habían dictado disposiciones de que ni profesores ni alumnas circularan nunca solos, ni siquiera para ir a los baños, siempre al menos en grupos de dos. De este modo se evitaban asaltos y emboscadas. Y ahora el colegio tenía dos psicólogos permanentes para dar consejo a los alumnos y alumnas -casi siempre huérfanos, semihuérfanos, y de familias fracturadas por la desocupación, la promiscuidad, la delincuencia y la violencia de género- inadaptables o pendencieros recalcitrantes.
Lo que más me impresionó en el documental fue la entrevista a una profesora que afirmaba, con naturalidad, algo así como: "Tout va bien, maintenant, mais il faut se débrouiller" ("Ahora todo anda bien, pero hay que saber arreglárselas"). Explicaba que, a fin de evitar los asaltos y palizas de antaño, ella y un grupo de profesores se habían puesto de acuerdo para encontrarse a una hora justa en la boca del metro más cercana y caminar juntos hasta el colegio. De este modo el riesgo de ser agredidos por los voyous (golfos) se enanizaba. Aquella profesora y sus colegas, que iban diariamente a su trabajo como quien va al infierno, se habían resignado, aprendido a sobrevivir y no parecían imaginar siquiera que ejercer la docencia pudiera ser algo distinto a su vía crucis cotidiano.
En esos días terminaba yo de leer uno de los amenos y sofísticos ensayos de Michel Foucault en el que, con su brillantez habitual, el filósofo francés sostenía que, al igual que la sexualidad, la psiquiatría, la religión, la justicia y el lenguaje, la enseñanza había sido siempre, en el mundo occidental, una de esas "estructuras de poder" erigidas para reprimir y domesticar al cuerpo social, instalando sutiles pero muy eficaces formas de sometimiento y enajenación a fin de garantizar la perpetuación de los privilegios y el control del poder de los grupos sociales dominantes. Bueno, pues, por lo menos en el campo de la enseñanza, a partir de 1968 la autoridad castradora de los instintos libertarios de los jóvenes había volado en pedazos. Pero, a juzgar por aquel documental, que hubiera podido ser filmado en otros muchos lugares de Francia y de toda Europa, el desplome y desprestigio de la idea misma del docente y la docencia -y, en última instancia, de cualquier forma de autoridad-, no parecía haber traído la liberación creativa del espíritu juvenil, sino, más bien, convertido a los colegios así liberados en el mejor de los casos, en instituciones caóticas, y, en el peor, en pequeñas satrapías de matones y precoces delincuentes.
Es evidente que Mayo del 68 no acabó con la "autoridad", que ya venía sufriendo hacía tiempo un proceso de debilitamiento generalizado en todos los órdenes, desde el político hasta el cultural, sobre todo en el campo de la educación. Pero la revolución de los niños bien, la flor y nata de las clases burguesas y privilegiadas de Francia, quienes fueron los protagonistas de aquel divertido carnaval que proclamó como eslogan del movimiento "¡Prohibido prohibir!", extendió al concepto de autoridad su partida de defunción. Y dio legitimidad y glamour a la idea de que toda autoridad es sospechosa, perniciosa y deleznable y que el ideal libertario más noble es desconocerla, negarla y destruirla. El poder no se vio afectado en lo más mínimo con este desplante simbólico de los jóvenes rebeldes que, sin saberlo la inmensa mayoría de ellos, llevaron a las barricadas los ideales iconoclastas de pensadores como Foucault. Baste recordar que en las primeras elecciones celebradas en Francia después de Mayo del 68, la derecha gaullista obtuvo una rotunda victoria.
Pero la autoridad, en el sentido romano de auctoritas, no de poder sino, como define en su tercera acepción el Diccionario de la RAE, de "prestigio y crédito que reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia", no volvió a levantar cabeza. Desde entonces, tanto en Europa como en buena parte del resto del mundo, son prácticamente inexistentes las figuras políticas y culturales que ejercen aquel magisterio, moral e intelectual al mismo tiempo, de la "autoridad" clásica y que encarnaban a nivel popular los maestros, palabra que entonces sonaba tan bien porque se asociaba al saber y al idealismo. En ningún campo ha sido esto tan catastrófico para la cultura como en el de la educación. El maestro, despojado de credibilidad y autoridad, convertido en muchos casos en representante del poder represivo, es decir, en el enemigo al que, para alcanzar la libertad y la dignidad humana, había que resistir, e, incluso, abatir, no sólo perdió la confianza y el respeto sin los cuales era prácticamente imposible que cumpliera eficazmente su función de educador -de transmisor tanto de valores como de conocimientos- ante sus alumnos, sino de los propios padres de familia y de filósofos revolucionarios que, a la manera del autor de Vigilar y castigar, personificaron en él uno de esos siniestros instrumentos de los que -al igual que los guardianes de las cárceles y los psiquiatras de los manicomios- se vale el establecimiento para embridar el espíritu crítico y la sana rebeldía de niños y adolescentes.
Muchos maestros, de muy buena fe, se creyeron esta degradante satanización de sí mismos y contribuyeron, echando baldazos de aceite a la hoguera, a agravar el estropicio haciendo suyas algunas de las más disparatadas secuelas de la ideología de Mayo del 68 en lo relativo a la educación, como considerar aberrante desaprobar a los malos alumnos, hacerlos repetir el curso, e, incluso, poner calificaciones y establecer un orden de prelación en el rendimiento académico de los estudiantes, pues, haciendo semejantes distingos, se propagaría la nefasta noción de jerarquías, el egoísmo, el individualismo, la negación de la igualdad y el racismo. Es verdad que estos extremos no han llegado a afectar a todos los sectores de la vida escolar, pero una de las perversas consecuencias del triunfo de las ideas -de las diatribas y fantasías- de Mayo del 68 ha sido que a raíz de ello se ha acentuado brutalmente la división de clases a partir de las aulas escolares. La enseñanza pública fue uno de los grandes logros de la Francia democrática, republicana y laica. En sus escuelas y colegios, de muy alto nivel, las oleadas de alumnos gozaban de una igualdad de oportunidades que corregía, en cada nueva generación, las asimetrías y privilegios de familia y clase, abriendo a los niños y jóvenes de los sectores más desfavorecidos el camino del progreso, del éxito profesional y del poder político.
El empobrecimiento y desorden que ha padecido la enseñanza pública, tanto en Francia como en el resto del mundo, ha dado a la enseñanza privada, a la que por razones económicas tiene acceso sólo un sector social minoritario de altos ingresos, y que ha sufrido menos los estragos de la supuesta revolución libertaria, un papel preponderante en la forja de los dirigentes políticos, profesionales y culturales de hoy y del futuro. Nunca tan cierto aquello de "nadie sabe para quién trabaja". Creyendo hacerlo para construir un mundo de veras libre, sin represión, ni enajenación, ni autoritarismo, los filósofos libertarios como Michel Foucault y sus inconscientes discípulos obraron muy acertadamente para que, gracias a la gran revolución educativa que propiciaron, los pobres siguieran pobres, los ricos ricos, y los inveterados dueños del poder siempre con el látigo en las manos.

sábado, 25 de julio de 2009

Oda al Otoño de Keats

JOHN KEATS

Oda al Otoño

Texto en inglés


Estación de las nieblas y fecundas sazones,
colaboradora íntima de un sol que ya madura,
conspirando con él cómo llenar de fruto
y bendecir las viñas que corren por las bardas,
encorvar con manzanas los árboles del huerto
y colmar todo fruto de madurez profunda;
la calabaza hinchas y engordas avellanas
con un dulce interior; haces brotar tardías
y numerosas flores hasta que las abejas
los días calurosos creen interminables
pues rebosa el estío de sus celdas viscosas.



¿Quién no te ha visto en medio de tus bienes?
Quienquiera que te busque ha de encontrarte
sentada con descuido en un granero
aventado el cabello dulcemente,
o en surco no segado sumida en hondo sueño
aspirando amapolas, mientras tu hoz respeta
la próxima gavilla de entrelazadas flores;
o te mantienes firme como una espigadora
cargada la cabeza al cruzar un arroyo,
o al lado de un lagar con paciente mirada
ves rezumar la última sidra hora tras hora.



¿En dónde con sus cantos está la primavera?
No pienses más en ellos sino en tu propia música.
Cuando el día entre nubes desmaya floreciendo
y tiñe los rastrojos de un matiz rosado,
cual lastimero coro los mosquitos se quejan
en los sauces del río, alzados, descendiendo
conforme el leve viento se reaviva o muere;
y los corderos balan allá por las colinas,
los grillos en el seto cantan, y el petirrojo
con dulce voz de tiple silba en alguna huerta
y trinan por los cielos bandos de golondrinas.

Traducción de Rafael Lobarte

Oda a un ruiseñor de Keats

JOHN KEATS


Oda a un Ruiseñor

Texto en inglés


Me duele el corazón y un pesado letargo
aflige a mis sentidos, tal si hubiera bebido
cicuta o apurado un opiato hace sólo
un instante y me hubiera sumido en el Leteo:
y esto no es porque tenga envidia de tu suerte,
sino porque feliz me siento con tu dicha
cuando, ligera dríade alada de los árboles,
en algún melodioso lugar de verdes hayas
e innumerables sombras
brota en el estío tu canto enajenado.



¡Oh, si un trago de vino largo tiempo enfriado
en las profundas cuevas de la tierra
que supiera a Flora y a la verde campiña,
canciones provenzales, sol, danza y regocijo;
oh, si una copa de caliente sur,
llena de la mismísima, ruborosa Hipocrene,
ensartadas burbujas titilando en los bordes,
purpúrea la boca: si pudiera beber
y abandonar el mundo inadvertido
y junto a ti perderme por el oscuro bosque!



Perderme a lo lejos, deshacerme, olvidar
que entre las hojas tú nunca has conocido
la inquietud, el cansancio y la fiebre
aquí, donde los hombres tan sólo se lamentan
y tiemblan de parálisis postreras, tristes canas,
donde crecen los jóvenes como espectros y mueren,
donde aun el pensamiento se llena de tristeza
y de desesperanzas, donde ni la Belleza
puede salvaguardar sus luminosos ojos
por los que el nuevo amor perece sin mañana.



¡Lejos! ¡Muy lejos! He de volar hacia ti.
No me conducirán leopardos de Baco
sino unas invisibles y poéticas alas;
aunque torpe y confusa se retrase mi mente:
¡ya estoy contigo! Suave es la noche
y tal vez en su trono aparezca la luna
circundada de mágicas estrellas.
Pero aquí no hay luz, salvo la que acompaña
desde el cielo el soplo de la brisa cruzando
el oscuro verdor y veredas de musgo.



No puedo ver qué flores hay a mis pies
ni el blando incienso suspendido en las ramas,
pero en la embalsamada oscuridad presiento
cada uno de los dones con los que la estación
dota a la hierba, los árboles silvestres, la espesura:
pastoril eglantina y blanco espino,
violetas marcesibles recubiertas de hojas
y el primer nuevo brote de mediados de mayo,
la rosa del almizcle rociada de vino,
morada rumorosa de moscas en verano.



A oscuras escucho. Y en más de una ocasión
he amado el alivio que depara la muerte
invocándola con ternura en versos meditados
para que disipara en el aire mi aliento.
Ahora más que nunca morir parece dulce,
dejar de existir sin pena a medianoche
¡mientras se te derrama afuera el alma
en semejante éxtasis! Seguiría tu canto
y te habría escuchado yo en vano:
a tu requiem conviene un pedazo de tierra.



¡No conoces la muerte, Pájaro inmortal!
No te hollará caído generación hambrienta.
La voz que ahora escucho mientras pasa la noche
fue oída en otros tiempos por reyes y bufones;
tal vez fuera este mismo canto el que una senda
encontró en el triste corazón de Ruth, cuando
enferma de añoranza, se sumía en el llanto
rodeada de trigos extranjeros,
la misma que otras veces ha encantado mágicas
ventanas que se abren a peligrosos mares
en prodigiosas tierras ya olvidadas.



¡Olvidadas! El mismo tañer de esta palabra
me devuelve, ya lejos de ti, a mi soledad.
¡Adiós! La Fantasía no consigue engañarnos
tanto, duende falaz, como dice la fama.
¡Adiós! Tu lastimero himno se desvanece
al pasar por los prados vecinos, el tranquilo
arroyo y la colina; ahora es enterrado
en los calveros del cercano valle.
¿He soñado despierto o ha sido una visión?
Ha volado la música. ¿Estoy despierto o duermo?

Traducción de Rafael Lobarte

viernes, 24 de julio de 2009

Rompecabezas


Como muchos, he nacido para resolver rompecabezas. Para encontrar sentido las cosas y librarme de las incómodas perplejidades. Pero pasa el tiempo y uno se da cuenta de que sólo hay el suficiente para resolver algunos problemas. Y pasa más todavía y sólo hay tiempo para resolver uno. Y cuando ya queda poco tiempo, uno se da cuenta de que apenas podrá acabar la faena y probablemente quedará sin solución. El trabajo lo heredarán los demás, allá donde lo hemos dejado nosotros, y será más difícil. Podremos ser enanos a hombros de gigantes, pero mantener el equilibrio allá arriba es difícil.

Linz

Patio de recreo hipotético del realschule o escuela secundaria de Linz, Austria. Sopla un ligero viento, pero hace sol. Dos jóvenes de quince años, Ludwig Wittgenstein y Aldolf Hitler, pasean charlando animadamente con las manos en los bolsillos:

Adolf: Esos cabrones me han suspendido y me van a hacer repetir sexto.

Ludwig: Si quieres puedo ayudarte en Matemáticas o Lenguaje. Se me dan bien las Matemáticas y el Lenguaje.

Adolf: (tose) No. Prefiero dibujar; es la única asignatura que me interesa realmente; por eso la he aprobado, y con nota.

Ludwig: deberían haber tenido en cuenta que ha muerto tu padre; eso, a cualquiera, le afectaría en los estudios.

Adolf: Pues la verdad es que ha sido un alivio. Me pegaba. (tose)

Ludwig: (interesado) Oye, ¿dónde vives?

Adolf: (avergonzado) En el barrio de Urfahr.

Ludwig: Entonces ¿puedo ir a tu casa a ayudarte con las matemáticas?

Adolf: (desconfiado) No. Yo solo (tose) podría sacarlas. Lo que pasa es que no quiero, no me entienden y por eso me tienen manía; el único que me cae bien es Léopold Pötschy. A mi amigo August también le gusta.

Ludwig: No me da. ¿Qué enseña?

Adolf: Historia. Ese sí que tiene las ideas claras. No es un payaso, como el de lengua (imitando su tonillo y empinándose sobre los pies): "Usted, mein Adolf, sólo emplea bien la retórica para autojustificarse"

Ludwig: ¡Ja, ja!

Adolf: Valiente gilipuertas (tose)

Ludwig: Te vas a tener que cuidar ese constipado.

Adolf: Me gusta dormir con las ventanas abiertas. Me hace más fuerte.

Ludwig: Pues a mí me parece una tontería. Hazlo en invierno, y verás como te entierran.

Adolf: (mirándolo de mala manera) Hablemos de otra cosa. ¿Te gusta la música?

Ludwig: Mucho. Incluso he tocado algo de Gustav Mahler.

Adolf: Ese es el director de la Ópera de Viena. No deberían dejarle interpretar las obras de Wagner. Es judío.

Ludwig: (molesto) ¿Por qué rechazas a los judíos?

Adolf: Han venido de fuera. No tienen nada que ver con Austria; además, conspiran contra los arios. ¿Has leído Los protocolos de los sabios de Sion?

Ludwig: ¡Prefiero leer a Aristóteles! ¡Es menos pesado!

Adolf: (envidioso) Vistes muy bien.

Ludwig: (entristecido) Mi familia se lo puede permitir.

Adolf: ¿Tienes mucho dinero?

Ludwig: Nada de nada. Son muy tacaños. Tal vez por eso tienen tanto dinero.

Adolf: Los pobres no nos podemos permitir ser tacaños. Y los judíos nos roban lo poco que tenemos. ¿No serás tú judío?

Ludwig: Soy un ser humano, como tú: tengo dos piernas y dos brazos. Y una cabeza para pensar y conocer que eso es lo que importa, y lo demás es secundario.

Adolf: Me parece que no partiremos peras tú y yo.

Ludwig: Pero será por tu culpa, no por la mía. Un hombre es lo que hace. Y me parece que ni un austriaco ni un judío pueden hacer otra cosa que ser humanos. Lo explica muy bien Aristóteles en su ética.

Adolf: Decías que Aristóteles era un pesado. Todos esos griegos eran unos mariquitas, como Platen.

Ludwig: (molesto) ¡Anda ya!

La felicidad

Para obtener la llave de la felicidad es preciso tener un modelo, como en el chiste de Mafalda. ¿Alguien ha sido feliz? ¿Lo fue el mismo Cristo? ¿El califa de Al-Ándalus que decía que lo había sido doce días, y no seguidos? ¿O habrá que decir lo que Albert Camus, "los hombres mueren y no son felices"? No sé; la felicidad parece algo momentáneo, no permanente. Los griegos creían posible la felicidad en la vida y no fuera de ella. Los cristianos al revés. Creo que es más fácil definir la felicidad por la negación: no es esto, ni esto, ni lo de más allá. Lo que queda es la felicidad, aunque al fin nos quede siempre el problema de la temporalidad: que es momentánea, no constante. Ese es el problema radical: la felicidad es posible, pero con referencia a la tristeza. No es posible concebir una felicidad, una plenitud que tenga sentido sin haber conocido la tristeza. Tiene así sentido el sacrificio de Cristo y el de cualquiera. Tiene sentido incluso el de Hércules en la encrucijada. Tiene sentido hasta lo que dice el Capitán en El fantasma y la señora Muir. Creo que empiezo a comprender, al fin, después de tantos años, el sentido que tiene cualquier religión, tan simple que no se puede ver: una mera apuesta, como la de Pascal. Si todo es indecidible, todo tiene solamente el sentido que queramos darle, el sentido que le da un impulso. Ese impulso del que habla Passolini en Calderón.

Vidéame, no me leas


Significativo. Leo, o intento leer varias entrevistas importantes en El Mundo, y me tropiezo siempre con lo mismo: que están en vídeo y no han sido transcritas a texto. Y una de ellas, qué risa, es "El autor del Farehheit 451 reivindica el mundo del papel". Pero yo no quiero oír la voz de Bradbury, al que no llaman Bradbury, sino por una perífrasis para ignorantes, me interesan sus ideas y poder escoger la parte de la información que más me interesa, poder administrar mi tiempo y mi pensamiento... Cosas que el vídeo no me permite.

"El Mundo" está cambiando, pero a mal.

jueves, 23 de julio de 2009

A una urna griega, de John Keats

Cuando se lee esta pieza clásica algunos versos quedan sonando para siempre y son reelaborados por la tradición:

Heard melodies are sweet, but those unheard
Beauty is truth, truth beauty

Ode on a Grecian Urn

  • Thou still unravish'd bride of quietness,
    Thou foster-child of silence and slow time,
    Sylvan historian, who canst thus express
    A flowery tale more sweetly than our rhyme:
    What leaf-fringed legend haunts about thy shape?
    Of deities or mortals, or of both,
    In Tempe or the dales of Arcady?
    What men or gods are these? What maidens loth?
    What mad pursuit? What struggle to escape?
    What pipes and timbrels? What wild ecstasy?
  • Heard melodies are sweet, but those unheard
    Are sweeter: therefore, ye soft pipes, play on;
    Not to the sensual ear, but, more endear’d,
    Pipe to the spirit ditties of no tone.
    Fair youth, beneath the trees, thou canst not leave
    Thy song, nor ever can those trees be bare;
    Bold Lover, never, never canst thou kiss,
    Though winning near the goal—yet, do not grieve;
    She cannot fade, though thou hast not thy bliss,
    For ever wilt thou love, and she be fair!
  • Who are these coming to the sacrifice?
    To what green altar, O mysterious priest,
    Lead’st thou that heifer lowing at the skies,
    And all her silken flanks with garlands drest?
  • Thou, silent form, dost tease us out of thought
    As doth eternity: Cold Pastoral!
    When old age shall this generation waste,
    Thou shalt remain, in midst of other woe
    Than ours, a friend to man, to whom thou say'st,
    "Beauty is truth, truth beauty," —that is all
    Ye know on earth, and all ye need to know.

Oda a una urna griega

Tú, aún virgen esposa de la serenidad,
infante nutrido de silencio y tiempo,
surgida del bosque nos cuentas
una florida historia más suave que estos versos.
En el foliado friso ¿qué leyenda te ronda
de dioses o mortales, o de ambos quizá,
que se ven en el Tempe o en los valles de Arcadia?
¿Qué deidades son ésas o qué hombres? ¿Qué doncellas reacias?
¿Qué rapto apasionado? ¿Y esa loca carrera? ¿Quién lucha por huir?
¿Qué son esas zampoñas, esos tamboriles, ese salvaje frenesí?

Si las melodías oídas son dulces, más lo son las no oídas;
sonad por eso, tiernas zampoñas,
no ya a los sentidos, sino más exquisitas
tocad al espíritu músicas calladas.
Bello doncel: bajo los árboles tu canto
ya no puedes dejar como no pueden ellos deshojarse.
Osado amante: nunca, jamás podrás besarla,
aunque casi la alcances; mas no desesperes:
mustiarse no puede si no calmas tu ansia,
¡serás siempre su amante, y ella bella para siempre!

¡Dichosas, ah, dichosas las perennes ramas de las hojas
que no despedirán jamás la primavera!
Y tú, feliz músico, que, sin fatiga,
modulas perdurables tus cantos siempre nuevos.
¡Dichoso amor! ¡Dichoso amor, todavía aun más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
anhelante por siempre y para siempre joven;
¡cuán superior a la pasión del hombre
que en pena dejó el corazón hastiado
y garganta y frente abrasadas con ardores!

¿Quiénes serán estos que al sacrificio acuden?
¿Hasta qué verde altar, misterioso sacerdote,
llevas esa ternera que muge hacia los cielos,
sus suaves lomos cubiertos de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad a la orilla del río o del mar,
erguida en la montaña se clama ciudadela
y está vacía de gentes esta sacra mañana?
¡Oh pequeño pueblo! Por siempre silenciosas
tus calles quedarán, y ni un alma que sepa
por qué estás desolado podrá nunca volver.

¡Ática imagen! ¡Bella actitud, estirpe marmórea
de hombres y doncellas cincelada
con ramas de floresta y pisadas hierbas!
¡Tú, forma callada, tu enigma excede nuestro pensar
como la eternidad misma! ¡Oh fría pastoral!
Cuando a nuestra generación destruya el tiempo
tú permanecerás, entre penas distintas
de las nuestras, amiga de los humanos, diciendo:
«La belleza es verdad y la verdad belleza»... Nada más
se sabe en esta tierra, y no más hace falta.

Otra traducción mucho más feliz y lograda:

¡Oh tú, inviolada novia del reposo!
Tú, hija del Silencio y el espacioso Tiempo,
historiadora rústica que sabes expresar
un cuento de un modo más dulce que esta rima.
¿Qué leyenda ornada de hojas te rodea
de dioses o mortales, o se trata de ambos,
en Tempe o los valles de la Arcadia?
¿Qué hombres o dioses esos? ¿Qué reacias doncellas?
¿Qué búsqueda insensata? ¿Qué esfuerzo por huir?
¿Qué caramillos y panderos? ¿Qué éxtasis?



Melodías que han sido escuchadas son dulces,
inauditas son más: sonad pues, caramillos,
pero no en el oído, sino más seductores,
tocad para el espíritu cancionetas sin tono.
Hermosísima joven, nunca cesa tu canto
debajo de esos árboles que no pierden sus hojas;
intrépido amante, nunca logras tu beso
aun estando tan cerca; pero no te lamentes,
ella no ha de esfumarse aunque no halles tu dicha,
¡amarás para siempre y será siempre hermosa!



Felicísimas ramas que ni aun despediros
podéis de vuestras hojas ni de la primavera;
y músico feliz que incansable interpretas
para siempre canciones nuevas ya para siempre;
¡amor más que feliz!, ¡más que feliz amor!,
para siempre cálido y presto a ser disfrutado,
para siempre anhelante y para siempre joven.
Aquí todo respira pasión sobrehumana
que deja el corazón apenado y ahíto,
abrasando la frente y la lengua reseca.



¿Quiénes son los que vienen hacia el sacrificio?
¿A qué verde altar, extraño sacerdote,
guías esa novilla que muge a los cielos
con sus sedosos flancos ornados de guirnaldas?
¿Qué pueblecillo próximo a un río o al mar,
o alzado en la montaña con su alcázar pacífico,
se vacía de gente esta pía mañana?
Pueblecillo, tus calles en silencio
estarán para siempre y ni un alma que diga
por qué estás tan desierto ha de tornar.



¡Oh pieza ática! ¡Qué bellamente
dispones sobre el mármol excelentes varones
y labradas doncellas junto a hierbas y ramas!
Tú excedes, callada forma, al pensamiento
como la eternidad. ¡Oh fría Égloga!
Cuando la edad consuma esta generación
continuarás en medio de otro dolor que el nuestro
como amiga del hombre al que dices:
"la belleza es verdad, la verdad es belleza;
esto es cuanto sabes y saber necesitas".


miércoles, 22 de julio de 2009

Mi experiencia con la escritura narrativa


La escritura de una novela necesita del suficiente caos para engendrar un cosmos, pero si intento alzar una, los problemas técnicos me caen encima sofocándome y atribulándome, y me impiden encauzar debidamente la prosa y sacar de todas esas ruinas las columnas y vigas del edificio. Está también el problema de cultivar la fantasía, porque si la fantasía no se cultiva, el argumento no se produce, y para eso es necesario el aguijón de unas compañías que, en Ciudad Real, es imposible conseguir. Otro es muy opuesto, la hostilidad ambiental: cuanto más solo está uno, más caja de resonancia tiene la prosa y más sólida deviene la novela, pero la soledad es una flor rara difícil de conquistar en la sociedad moderna y las distracciones asedian por doquier. Por otra parte, encontrar el tono de la prosa y la persona gramatical adecuada. Como inclinado a la lírica prefiero la primera, me sale naturalmente, es lo que más me hace avanzar, pero eso me impide mirar las cosas desde diversos puntos de vista y enriquecer el panorama; la primera persona es muy sofocante en una novela extensa, como puede ver cualquiera que se haya leído Bomarzo, La canción del pirata y otras novelas por el estilo. He pensado alternar dos monólogos enfrentados y no he desechado todavía esta idea, que podría terminar estructurando la obra, pero parece muy mejor dejarlos incrustados en la amalgama de la tercera, que une más. Luego está el problema del marco, no la acotación de época y tiempo, sino el artificio necesario para "suspender la incredulidad ", esto es, disgregar y difuminar la falsía del acto literario y separar lo más posible al autor del narrador para facilitar la entrada del lector; enrollarlo en fácil, pero es que uno tiende siempre tanto a la primera persona que puede terminar comprometido y no distanciándose lo suficiente o escribiendo otra novela. Mi narrador podría ser el hijo de Francisco de Paula Martí, o Galdós, o un investigador que es un profesor quemado... Podría recurrir a una sucesión de monólogos, a apilar, superponer o falsear documentos en mixtura novelesca de escritura desatada... Cuanto más lo miro, más necesaria veo la tercera persona. Luego está el problema de los personajes; dejo aparte los que están ya en mi cabeza, bien delimitados, pero otros se alimentan de personas que he conocido: mi padre, mi madre... Algunos novelistas suelen recurrir a fotografías anónimas de ellos. Por último, está la disciplina: escribir siempre algo todos los días, para al final coagularlo todo. Por último, los subtextos y los ritornellos que sirven para levantar un andamio sobre los huesos de la tradición. En fin, se hace camino al andar

martes, 21 de julio de 2009

El juego de damas, Ciudad Real y un fraile mercedario

Poco se sabe sobre fray Gabriel de la Concepción, de la Orden de Mercedarios descalzos, nacido en Ciudad Real y que escribió sobre el juego de damas una famosa obra bajo el pseudónimo anagramático de Pablo Cecina Rica y Fergel, "un jugador incógnito", en la que rectificó a otros autores anteriores, como Juan García Canalejas y su Libro de juego de damas (Zaragoza: Casa de Juan Nogués, 1650) y Juan Carlos Garcez y su Libro nuevo: Juego de Damas (Madrid, Casa de González de Reyes, 1684); además sistematizó el estudio del juego y creó una notación para las fichas. Se trata de su Medula Eutropelica calculatoria, que enseña a jugar á las Damas con espada, y broquel, dividida en tres tratados: en el primero se ponen las salidas mas firmes, assi de mano, como de postre, defendidas por ambos lados. En el segundo otras defendidas por un lado, por no ser igualmente firmes por ambos. en el tercero se ponene cinquenta y cinco lances sueltos, muy provechosos para rematar con acierto los juegos (Madrid: Casa de Blas Villanueva, 1718). Existen otras dos ediciones (Madrid: Imprenta de Francisco Xavier García, 1759), aumentada y corregida, con copia facsímil (Valencia, 1992) y de 1819 (Madrid: Imprenta de Collado, 1819); Paláu dice haber visto otras varias sin año. Por otra parte un tal José Padrino sacó un Tratado del Juego de Damas (Sevilla: Casa de Lucientes ,aprox. 1750) que es en realidad copia de la primera edición de Cecina Rica con algunos juegos añadidos. Hasta la aparición del libro de 1904 de Manuel Cárceles Sabater, es el más importante tratado sobre este juego impreso en España. De la fama de este autor tengo que extenderme algo más, porque habla de él y no poco el poeta ciudarrealeño del XVIII Lidoro Sirenay., aparte del inevitable Inocente Hervás y otros. Yo tengo la edición facsímil de la segunda, de 1992; sólo se trata de una serie de estrategias en notación, así que nada de literario hay que buscar en este libro, que, pese a su mérito, no puede ser más seco ni desabrido. En ello ya reparó José Cadalso, que cita esta obra, un poco a la burla, en nota a LXXVII de sus Cartas marruecas:

Estábamos todos en que el juego de las damas, así como el del aljedrez, era juego de mucha cachaza, excelentes para una aldea tranquila, propios de un capitán de caballos que está dando verde a su compañía, con el boticario o fiel de fechos de su lugar, mientras dan las doce para ir a comer el puchero; pero el autor medular eutropélico nos da una idea tan horrorosa de este pasatiempo, que me alegro mucho no ser aficionado a tal juego, porque esto de ir un hombre armado con espada y broquel, cuando sólo creí que se trataba de un poco de diversión mansueta, sosegada y flemática, es cosa temible

sábado, 18 de julio de 2009

Un aviador avista su muerte, de W. B. Yeats

Veamos si consigo traspasar algo de la serenidad de Yeats al castellano; su sentido del tiempo tiene que ver más con Manrique que con Quevedo, aunque es típicamente anglosajón. El poema fue compuesto en 1918 y publicado en 1919, cuando ya declinaba la I Guerra Mundial. La alusión a Kiltartan se debe a que poco antes de casarse había comprado la torre normanda de Ballylee en aquel lugar y la estaba restaurando para vivir con su mujer, que era una medium; el lugar le encantaba, y escribía que "era maravilloso estar en un lugar donde a cada momento George -su esposa- parecía salir de un cuadro del siglo XIV". Quien habla, a la manera del monólogo dramático, es el mayor Gregory, un joven piloto hijo de su gran amiga y mecenas, Lady Gregory, que fue abatido en la guerra. Si lady Gregory no hubiera cuidado de Yeats, después de las repetidas calabazas que le dio su esquiva musa, Maud, seguramente este habría muerto tirado en cualquier zanja. Me he documentado en el libro de Jacqueline Genet La poétique de W. B. Yeats.

AN IRISH AIRMAN FORESEES HIS DEATH


I know that I shall meet my fate
Somewhere among the clouds above;
Those that I fight I do not hate,
Those that I guard I do not love;
My country is Kiltartan Cross,
My countrymen Kiltartan’s poor,
No likely end could bring them loss
Or leave them happier than before.
Nor law, nor duty bade me fight,
Nor public men, nor cheering crowds,
A lonely impulse of delight
Drove to this tumult in the clouds;
I balanced all, brought all to mind,
The years to come seemed waste of breath,
A waste of breath the years behind
In balance with this life, this death.


Un aviador avista su muerte

Sé que cumpliré mi sino
en algún alto lugar sobre las nubes;
ni odio a quienes combato
ni amo a quienes protejo;
mi nación es Cruz de Kiltartan

mis paisanos, sus pobres pordioseros
que ningún final lamentan ya o celebran.
Ni leyes ni deberes me exigieron luchar
ni tampoco hombres públicos o populosos vítores.
Un impulso placentero y mío
me condujo a este tumulto entre nubes.
Todo pongo en la balanza y todo lo sopeso:
años que vienen, sudores sin fruto,
sudores sin fruto y años pasados;
y el pesar de esta vida equilibra esta muerte.

La traducción de Luis Alberto Vittor es más exacta, mejor y difícilmente superable:



Sé que voy a cumplir mi destino
en algún lugar por encima de esas nubes;
no odio a aquellos que ataco
ni amo a quienes defiendo;
Kiltartan Cross es mi país,
a mis pobres paisanos de Kiltartan,
ningún final posible les traerá más calamidad
ni hará que ellos sean más felices que antes.
Ninguna ley, ningún deber me obligó a luchar,
ni los políticos ni el halago de la gente,
un solitario impulso de deleite
me condujo a este tumulto entre las nubes;
todo lo sopesé, todo lo medité,
los años venideros malgastando aliento,
el malgastado aliento de años atrás,
en equilibrio con esta vida, esta muerte.

Ixtab


Ixtab

En la mitología maya,
Ixtab es la diosa del suicidio, y esposa del dios de la muerte, Chamer. También era la divinidad de la horca. En la tradición maya, el suicidio era considerado una manera extremadamente honorable de morir, a un nivel similar que el de las víctimas humanas de sacrificios, guerreros caídos en batalla, mujeres muertas al momento de dar a luz, o sacerdotes.

Ixtab es representada como un cadáver parcialmente descompuesto con sus ojos cerrados, colgando de un árbol. Su rol como divinidad era el de proteger a los que se suicidaban, acompañándolos y guiándolos a un paraíso especial -- un rol llamado psicopompo o guía de almas.

Siendo una diosa muy popular, algunos documentos históricos proponen la teoría de que el culto a
Ixtab impulsó a la gente de América Central en los tiempos mayas a suicidarse antes que enfrentarse a la humillación, enfermedad, o desgracia, creando una ola de suicidios entre la gente de casta alta, de manera similar al seppuku en la tradición japonesa de los samuráis.

José Luis Castillejo. Una idea de la literatura

Impresionante la lucidez de José Luis Castillejo, a quien le he escrito la entrada que le faltaba en la Wikipedia. De él cuenta cosas un tanto pícaras el amigo Raúl Morodo en sus memorias.

Hace años me interesó más lo escrito de la escritura; ahora, en cambio, me preocupa más lo no escrito. No se puede separar el mundo de lo escrito y el mundo de lo no escrito. Es decir, no se puede separar escritura y mundo. Ya es hora de que no se diga soy escritor, es escritor, no soy escritor, no es escritor. Ser o no ser, esa no es la cuestión. La escritura no es sólo un hacer sino también un no hacer y asimismo un deshacer. La (quizá mal) llamada escritura no escrita o no escritura no es un hacer ajeno a la escritura. Es un hacer no ajeno, es decir, no alienado. No escribir, cuando no es o no pretende ser un puro no hacer, puede ser una no escritura de la escritura o escritura de la no escritura, algo que contradice aquello de que “lo escrito, escrito está”


José Luis Castillejo, La escritura no escrita.

Edad verde, ya te vas para no volver

Siento mucha afinidad con Leopardi; reconozco mi desánimo en él, salvadas las distancias que ofrece la obra de un genio como el italiano y la de un profe de pueblo como yo. Acaban de enterrar a Baltasar Porcel, cuya lápida en la Wikipedia he adecentado un poco, pues no ponía casi nada sobre su biografía; ahora aparece más humano. Su viuda ha leído Le Ricordanze, Los recuerdos, donde Leopardi evoca su niñez y juventud en Recanati. Hay un pasaje que describe perfectamente mi estado de espíritu actual. Es este:

Né mi diceva il cor che l'età verde
sarei dannato a consumare in questo
natio borgo selvaggio, intra una gente
zotica, vil; cui nomi strani, e spesso
argomento di riso e di trastullo,
son dottrina e saper; che m'odia e fugge,
per invidia non già, che non mi tiene
maggior di sé, ma perché tale estima
ch'io mi tenga in cor mio, sebben di fuori
apersona giammai non ne fo segno.
Qui passo gli anni, abbandonato, occulto,
senz'amor, senza vita; ed aspro a forza
tra lo stuol dè malevoli divengo:
qui di pietà mi spoglio e di virtudi,
e sprezzator degli uomini mi rendo,
per la greggia ch'ho appresso: e intanto vola
il caro tempo giovanil; più caro
che la fama e l'allor, più che la pura
luce del giorno, e lo spirar: ti perdo
senza un diletto, inutilmente, in questo
soggiorno disumano, intra gli affanni,
o dell'arida vita unico fiore.


Intentaré traducirlo con mi pobre italiano sacado de la escueta Gramática italiana de Savini y Bruno:

No me decía el corazón que la edad verde
estaría condenado a consumir en este
natal burgo agreste, entre una gente
grosera y vil, para quien nombres raros
y argumentos de risa y pasatiempo
son doctrina y saber, que me odia y huye
no por envidia, pues no me tiene
por superior a sí, sino porque está segura
de que me tengo por tal, aunque de esto
a nadie di jamás la menor muestra.
Los años paso abandonado, oculto,
sin amor y sin vida, y me he tornado
agrio en la cuadrilla de malévolos;
de piedad me despojo y de virtudes
y despreciador me siento de los hombres
por esta grey que me ronda, en tanto
vuela la juventud, más cara
que el laurel y la fama, que el aire en los pulmones
y que la pura luz del día: te pierdo
sin siquiera un goce, para nada, en esta
inhumana habitación, entre trabajos,
única flor del yermo de la vida.

Este fiore (en italiano flor es masculino) me semeja la de su postrera A la retama, flor del desierto que fue su último poema, y sólo aparece en ediciones muy posteriores, traducida por Unamuno, o Die blaue Blume, la imposible rosa azul de Novalis que representa todo lo que persiguen los poetas del Romanticismo como nuevos lotófagos, y que intentó traspasar a su violeta Enrique Gil y Carrasco, "melancólica y perdida", en cuyo cáliz se encuentra "la hermandad de la desdicha". O c
omo esa pequeña que queda del huerto de almendros ¿eran almendros? en los Sueños de Akira Kurosawa. Muy poco, pero algo después de todo. La flor de la poesía, que brota de esa età verde. La infancia es la patria del poeta, decía Rilke.

Contra los garrulos

Ἀνάχαρσις ἑστιαθεὶς παρὰ Σόλωνι καὶ κοιμώμενος ὤφθη τὴν μὲν ἀριστερὰν χεῖρα τοῖς μορίοις τὴν δὲ δεξιὰν τῷ στόματι προσκειμένην ἔχων· ἐγκρατεστέρου γὰρ ᾤετο χαλινοῦ δεῖσθαι τὴν γλῶτταν, ὀρθῶς οἰόμενος.

Anacarsis se hospedó en casa de Solón y vieron que mientras dormía tenía puesta la mano izquierda en sus partes, y la derecha en su boca. Pues creía que es la lengua la que necesita un freno más enérgico, y no le faltaba razón. Plutarco, De garrulitate 5055a

El efecto Ripley

 Al igual que la Paradoja de Abilene, los políticos, que poco saben de sociología, suelen ignorar el Efecto Ripley o gota de agua, que se prodiga principalmente por organizaciones viejas y por los gobiernos dizque representativos. Se trata de un aumento de la incompetencia general causado directamente por la incompetencia de un jefecillo o líder, en nuestro caso un peporro. Todo el mundo sabe lo que es el efecto físico: si se tira una piedra a un estanque, el agua se arruga formando ondas de manera uniforme hacia el exterior desde el punto de choque con la piel del agua. Esto sugiere que una acción (o decisión) aplicada en un punto central tendrá a lo largo del tiempo reacciones crecientes y generales hacia fuera. Sugiere, además, que estas acciones o decisiones, correctas o incorrectas, se llevan a cabo.

El efecto Ripley, sin embargo, es un síndrome relacionado con la incompetencia y se relaciona con el principio de Peter, según el cual todo empleado asciende hasta que alcanza su nivel de incompetencia; se reconoce ese nivel porque el sujeto no hace nada o se deja llevar, simplemente, dejando que la situación se deteriore irremisiblemente; si este principio resultara ser general, estaríamos gobernados todos por un hatajo de imbéciles, cuya imbecilidad máxima consistiría en el mal del siglo, lo que los castellanos llaman gilipollez, esto es, ser imbéciles e inútiles al mismo tiempo e incluso pregonarlo y estar mucho orgullosos de serlo; el efecto Ripley lo ilustra, por ejemplo, esa enfermera de noche que despierta a un paciente a las dos de la madrugada para darle una pastilla para dormir o el político bienintencionado que compra portátiles a los profesores en vez de pizarras virtuales para las clases (favoreciendo de paso el negociete de informática de alguna empresa (Eductrade) asociada a empresas informativas que favorecen a su partido. Esto es, el pensamiento y la teoría y la abstracción no se aperciben de las situaciones reales y pragmáticas y concretas, y las disposiciones del gobierno central se aplican hasta cuando han dejado de ser útiles o de tener sentido en situaciones concretas, por mero mecanicismo, por mera inercia, por mera torpeza, porque pensar se antoja peligroso y cualquier novedad práctica aparece como insólita ante el todo generalizador. Es el tipo de antipensamiento burocrático, estólido y contumaz, que impregna las oficinas de gobierno. Pensar se antoja, en realidad, malas caras y riesgos o peligros para el que podría hacerlo. Siempre es mejor ceñirse a las instrucciones y a la práctica establecida, a la rutina, hablando en plata. Mejor aún, evitar cualquier pensamiento y acción para retrasar o provocar nuevas investigaciones, comités y audiencias. Eso importa más que la resolución del problema. Es una forma especial de estreñimiento mental: el funcionario está no para solucionar problemas, sino para crearlos, no está para servir, sino para obstaculizar: el funcionario no funciona, calienta la silla y estudia el escalafón. Lo describió ya Unamuno en un cuento, Revolución en la biblioteca de Ciudamuerta. En estas maneras de pensar se llega a extremos grotescos: oí a un funcionario de limpieza de una escuela proponer que se cortaran los árboles para que así no tuviera que recoger las hojas. Siguiendo con esa manera de pensar, que quiten los cuadernos, ya que también tienen hojas, y que lo quiten a él, ya que no hay necesidad de limpiar hojas.

El efecto recibe su nombre del general James W. Ripley, jefe de munición de Abraham Lincoln durante la Guerra de Secesión, cuya suma incompetencia fue una mina para avispados banqueros como J. P. Morgan, quien se valió de ella para vender fusiles inútiles del ejército al mismo ejército, claro está, más caros. Sin embargo, hubo casos de milicias locales que prefirieron comprar los fusiles directamente más modernos, a fin de librar a sus hombres no solo de las balas sudistas, sino de algo mucho más peligroso, la incompetencia del gobierno nordista. Inversamente, como los efectos desastrosos están lejos del centro, es casi imposible corregir dichas disposiciones, y eso se debe a la falta de democracia de la democracia misma; los políticos se encuentran lejos de las orillas y no comprueban, ni a menudo entienden siquiera, los resultados funestos y dolorosos de sus medidas incompetentes y no utilizan tampoco algo tan democrático como la Internet para ser criticados con sus gobernados (algo parecido le pasó al mandatario Benedicto XVI en sus primeros años de administración); prefieren cualquier sencillo informe a un batiburrillo de voces críticas y disconformes, en cuyo seno se encuentra siempre la compleja, ruidosa e incómoda realidad.

Así pues, cuanto más centralizador es el gobierno, peores son las leyes (aunque menos corruptas, todo hay que decirlo)  y, como quería el anarquista norteamericano Thoreau, el mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto (o se gobierna a sí mismo). Por extensión, dos gobiernos centralizadores con idéntica jerarquía y el mismo territorio son algo mucho peor, o tan malo, como dos religiones intolerantes en un mismo país, y no se ve cómo pueda ser algo así posible, por ejemplo, en Israel, Bosnia o Ruanda. La India se escindió por esa causa; no es preciso recordar la frase de Voltaire en el sentido de que una religión es insoportable en un país, dos causan una guerra civil y cuando hay treinta, hay paz y prosperidad. Por otra parte, cuando tan costosas son las empresas colectivas -el descifrado del genoma humano, la reconversión industrial a energías renovables, la redistribución de la pobreza mejor que de la riqueza, la derrota de las enfermedades, la comprensión y posible reducción del cambio climático, el analfabetismo, la pobreza y el hambre, el desarme absoluto- se impone la necesidad de una autoridad central fuerte que pueda tomar decisiones que los políticos locales, comparándose sus cositas en el urinario del patio de la guardería donde se apedrean y tiran caca con la mano, son incapaces de tomar. ¿Por qué no se puede tomar la medida colectiva y global de emplear el presupuesto de armamento mundial en combatir el hambre, y rebajar en un porcentaje significativo todos los presupuestos militares del mundo con ese fin? ¿Quién se opondría a ello?

Ah, ya caigo, la otra cara del efecto Ripley: el miedo, la estupidez, el diablo o como queráis llamarlo. Tiene muchos nombres.

Lo que somos, según Baltasar del Alcázar

Que la propia estimación no suele dar calidad

por Baltasar del Alcázar

APÓLOGO.

Quiso Mercurio saber,
juzgándose sin segundo,
la estimacion que en el mundo
su deidad pudo tener.

Y halló era necesario
para enterarse del hecho,
irse a la tienda derecho
de un famoso estatuario.

En esto, pues, resumido,
hizo al punto su vïaje,
mudando el divino traje
para no ser conocido,

sin mirar cuán fácil es,
al escarbar la gallina,
descubrir la aguda espina,
que le lastima los pies.

Vido llena la oficina
de tablas artificiosas,
todas de dioses y diosas
de belleza peregrina.

También vio la suya entre ellas,
que, a su parecer, ultraja a
las demás, con la ventaja,
que el sol hace a las estrellas.

Hallose a todo presente
el artífice discreto,
con el cual el dios, inquieto,
tuvo el coloquio siguiente:

-Esta tabla principal
de Júpiter, ¿cuánto vale?
-Esa, de ordinario, sale
vendida en medio real.

-¿Y esta de la diosa Juno,
en qué se suele vender ?
-Esta, por ser de mujer,
suele venderse por uno.

-¿Y esta del famoso dios
Mercurio, en qué sueles dalla?
-De balde suele llevalla
quien me compra esotras dos.

Amargole esta verdad,
pero juzgó, sin pasion,
que la propia estimación
no suele dar calidad,

y que los que más están
con su estimación casados,
sólo tienen de estimados
lo que los otros les dan.

Trabajo

La definición que da Wikipedia de trabajo te pone los pelos de punta o te hace reír; no hay término medio.

Se dice Etimológicamente trabajo deriva de una tortura de la antigua Roma cuyo nombre en latín era tripalĭum (tres palos), se extendió el verbo tripaliāre como sinónimo de torturar o torturarse, posteriormente la palabra mutó en el castellano arcaico a trebejare ya con el significado de esfuerzo y luego surgió trabajar como sinónimo de laborar.

Depende; trabajo puede designar:

  • Para Marx, el sentido de la vida
  • Para la Doctrina social del Catolicismo, asumir un rol cocreador y corredentor
  • Para el Derecho, es parte de importantes instituciones jurídicas como la esclavitud o el contrato de trabajo.
  • Para la Física,es una magnitud que da información sobre la diferencia de energía que manifiesta un cuerpo al pasar entre dos estados.
  • Para la Electrónica, es la cantidad de potencia eléctrica consumida dividida por el tiempo usado, y se cuenta en vatios por segundo.