martes, 15 de diciembre de 2009
Jerónimo
En la revista electrónica del instituto vamos a publicar unos cuentos excelentes de una alumna; hay uno magnífico sobre una cazadora maldita, una novela corta y otro cuento sobre la amistad sobre un sofá y una silla; a mí me gustan los dos primeros.
El desierto y Haidar
El desierto es muy grande, pero más lo es la soledad en que se encuentra Haidar.
lunes, 14 de diciembre de 2009
Rubén Darío: Mis primeros versos
Un día sentí unos deseos rabiosos de hacer versos, y de enviárselos a una muchacha muy linda, que se había permitido darme calabazas.
Me encerré en mi cuarto, y allí en la soledad, después de inauditos esfuerzos, condensé como pude, en unas cuantas estrofas, todas las amarguras de mi alma.
Cuando vi, en una cuartilla de papel, aquellos rengloncitos cortos tan simpáticos, cuando los leí en alta voz y consideré que mi cacumen los había producido, se apoderó de mí una sensación deliciosa de vanidad y orgullo.
Inmediatamente pensé en publicarlos en La Calavera, único periódico que entonces había, y se los envié al redactor, bajo una cubierta y sin firma.
Mi objeto era saborear las muchas alabanzas de que sin duda serían objeto, y decir modestamente quién era el autor, cuando mi amor propio se hallara satisfecho.
Eso fue mi salvación.
Pocos días después sale el número 55 de La Calavera, y mis versos no aparecen en sus columnas.
Los publicarán inmediatamente en el número 6, dije para mi capote, y me resigné a esperar porque no había otro remedio.
Pero ni en el número 6, ni en el 7, ni en el 8, ni en los que siguieron había nada que tuviera aparencias de versos.
Casi desesperaba ya de que mi primera poesía saliera en letra de molde, cuando caten ustedes que el número 13 de La Calavera puso colmo a mis deseos.
Los que no creen en Dios, creen a puño cerrado en cualquier barbaridad, por ejemplo, en que el número 13 es fatídico, precursor de desgracias y mensajero de muerte.
Apenas llegó a mis manos La Calavera, me puse de veinticinco alfileres, y me lancé a la calle, con el objeto de recoger elogios, llevando conmigo el famoso número 13.
A los pocos pasos encuentro a un amigo, con quien entablé el diálogo siguiente:
—¿Qué tal, Pepe?
—Bien, ¿y tú?
—Perfectamente. Dime, ¿has visto el número 13 de La Calavera?
—No creo nunca en ese periódico.
Un jarro de agua fría en la espalda o un buen pisotón en un callo no me hubieran producido una impresión tan desagradable como la que experimenté al oír esas seis palabras.
Mis ilusiones disminuyeron un cincuenta por ciento, porque a mí se me había figurado que todo el mundo tenía la obligación de leer por lo menos el número 13, como era de estricta justicia.
—Pues, bien, —repliqué algo amostazado—, aquí tengo el último número y quiero que me des tu opinión cerca de estos versos que a mí me han parecido muy buenos
Mi amigo Pepe leyó los versos y el infame se atrevió a decirme que no podían ser peores.
Tuve impulsos de pegarle una bofetada al insolente que así desconocía el mérito de mi obra; pero me contuve y me tragué la píldora.
Otro tanto me sucedió con todos aquellos a quienes interrogué sobre el mismo asunto, y no tuve más remedio que confesar de plano... que todos eran unos estúpidos.
Cansado de probar fortuna en la calle, fui a una casa donde encontré a diez o doce personas de visita. Después del saludo, hice por milésima vez esta pregunta:
—¿Han visto ustedes el número 13 de La Calavera?
—No lo he visto —contestó uno de tantos—, ¿qué tiene de bueno?
—Tiene, entre otras cosas, unos versos que según dicen no son malos.
—¿Sería usted tan amable que nos hiciera el favor de leerlos?
—Con gusto.
Saqué La Calavera del bolsillo, lo desdoblé lentamente, y lleno de emoción, pero con todo el fuego de mi entusiasmo, leí las estrofas.
Enseguida pregunté:
—¿Qué piensan ustedes sobre el mérito de esta pieza literaria?
Las respuestas no se hicieron esperar y llovieron en esta forma:
—No me gustan esos versos.
—Son malos.
—Son pésimos.
—Si continúan publicando tantas necedades en La Calavera, pediré que me borren de la lista de suscriptores.
—El público debe exigir que emplumen al autor.
—Y al periodista.
—¡Qué atrocidad!
—¡Qué barbaridad!
—¡Qué necedad!
—¡Qué monstruosidad!
Me despedí de la casa hecho un energúmeno, y poniendo a aquella gente tan incivil en la categoría de los tontos: «Stultorum plena sunt omnia», decía ya para consolarme.
Todos esos que no han sabido apreciar las bellezas de mis versos, pensaba yo, son personas ignorantes que no han estudiado humanidades, y que, por consiguiente, carecen de los conocimientos necesarios para juzgar como es debido en materia de bella literatura.
Lo mejor es que yo vaya a hablar con el redactor de La Calavera, que es hombre de letras y que por algo publicó mis versos.
Efectivamente: llego a la oficina de la redacción del periódico, y digo al jefe, para entrar en materia:
—He visto el número 13 de La Calavera.
—¿Está usted suscrito a mi periódico?
—Sí, señor.
—¿Viene usted a darme algo para el número siguiente?
—No es eso lo que me trae: es que he visto unos versos...
—Malditos versos: ya me tiene frito el público a fuerza de reclamaciones. Tiene usted muchísima razón, caballero, porque son, de los malos, lo peor; pero ¿qué quiere usted?, el tiempo era muy escaso, me faltaba media columna y eché mano a esos condenados versos, que me envió algún quídam para fastidiarme.
Estas últimas palabras las oí en la calle, y salí sin despedirme, resuelto a poner fin a mis días.
Me pegaré un tiro, pensaba, me ahorcaré, tomaré un veneno, me arrojaré desde un campanario a la calle, me echaré al río con una piedra al cuello, o me dejaré morir de hambre, porque no hay fuerzas humanas para resistir tanto.
Pero eso de morir tan joven... Y, además, nadie sabía que yo era el autor de los versos.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Don Silvio cristobalillo
Resulta lógico que la pobre escultura quedara hecha polvo al chocar contra la durísima cara de Berlusconi. Pobre Massimo; ya resulta curioso que sea un loco, o, por mejor decir, alguien con una visión divergente de lo que es el mundo, el único que tenga coglioni para partirle la cara a don Silvio, al que le duele la cara no por eso, sino de ser, o creerse, tan guapo. Es el mundo el que está loco, no Massimo. Y todos los que hacen el mundo absurdo, amoral e injusto, esto es, extraño, no deberían extrañarse de recibir un porrazo quijotesco; hay porrazos que no los propina nadie, sino la mera justicia poética, esa justicia que sólo existe en literatura porque no es (y probablemente nunca fue) justicia real, ya que la ley y la justicia son sólo las maneras en que el poder del fuerte, que en este mundo corresponde al adinerado, se hace soportable; la justicia, esa de la que tanto se ríe Berlusconi; no se extrañe, pues, de que cuando se recibe el poder en bruto, encima de la cabeza, duela. Como le debería doler al hueco Cristobalillo de cartón golpeado por la estaca en el guiñol, en ese escenario de guiñol en el que ha transformado Il cavaliere a Italia, si Berlusconi fuera un cristobalillo y no una persona más o menos humana. Que no le extrañe, pues, a Berlusconi. Desapruebo la violencia, pero es que Berlusconi no puede ir por ahí diciendo lo que dice y haciendo lo que hace sin que no le caigan estacazos como ese; es cuestión de hidalguía, de buena crianza, de caballerosidad, de vergüenza torera, de todo eso, en fin, que no posee Berlusconi, que se hace llamar a sí mismo Il Cavaliere y que sólo es una caballería. La vergüenza quijotesca no es sobornable, no piensa, sino que se levanta en pie y justa automáticamente contra la villanía, la insolencia, la inmoralidad y la injusticia, en ejercicio, en fin, del sacro derecho al pataleo.
viernes, 11 de diciembre de 2009
HGCR
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Generación de la radio y generación de la TV
Maratón de trabajo
Me voy quitando cosas de encima, pero lo que realmente deseo es hacer cualquier otra cosa: la vida se me va pasando y, como dice Feuerbach, sólo una vez es todo verdadero.
martes, 8 de diciembre de 2009
Los Ninis
El problema de los Ni Nis
Hoy 7 millones de jóvenes mexicanos ni trabajan ni estudian, ¿cómo será su futuro?
Sabino Bastidas Colinas es analista político.
¿Estudias o trabajas? Es la clásica pregunta que se hacen los jóvenes mexicanos al momento de conocerse y presentarse.
Bien, pues hoy en México hay por lo menos 7 millones de jóvenes que tienen que contestar a esa pregunta diciendo que no hacen ninguna de las dos cosas. Estamos ante el fenómeno de los "ni nis". ¿Qué son los "ni nis"? Son un segmento de la población de jóvenes que ronda los 18 años y que sencillamente, ni estudia, ni trabaja.
Es un problema muy grave que recientemente se puso de manifiesto con el debate del presupuesto de las universidades públicas en México. Se trata de jóvenes que no hacen nada. No estudian y no trabajan, pero no porque no quieran, sino porque no pueden. Porque no encuentran donde hacerlo. Los "ni nis" son una condición social de verdadera marginación y exclusión social. Son un problema grave de segregación y discriminación.
Son chicos que se ven obligados a mantener una situación forzada de ocio. Un ocio frustrante, obligatorio, impuesto, incómodo, improductivo y, por supuesto, angustiante y doloroso.
Son jóvenes desocupados que buscan acomodo. Que tratan de encontrar un lugar en la sociedad. Que luchan, pero que sencillamente no lo logran. Son jóvenes que aplican a trabajos y a universidades. Que hacen filas, que llenan formularios, que acuden a entrevistas, a exámenes, a oposiciones, a concursos, pero que sólo reciben negativas.
Los "ni nis" están en una etapa muy delicada de la vida. Es el inicio del desarrollo profesional, es la etapa de formación para el trabajo, es la fase de los primeros proyectos, de los sueños y en esos años, los "ni nis" están a la deriva. Están atorados. No están en nada. No están en ruta hacia ningún lugar cierto.
Son chicos que esperan una oportunidad. Son angustia de padres y familias, que los apoyan y que no se explican qué pasa. Es un fenómeno que sin duda toca la autoestima de los chicos, que por supuesto, se sienten deprimidos y desorientados.
La semana pasada, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, el doctor José Narro Robles, alertó de manera enfática el riesgo que significa para México que haya 7 millones de "ni nis." Señaló el rector: "Necesitamos que nuestros jóvenes estén estudiando o estén trabajando y no que se encuentren en esa situación en lo que algunos han llamado las generaciones o los grupos 'Ni-Ni', ni estudian ni trabajan".
Los "ni nis" son un tema que merece atención y reflexión. El fenómeno tiene por supuesto dos vertientes. Una por cada ni. Una es la educación, la otra es el mercado laboral. Echemos un vistazo a ambas.
El problema educativo, en el que todos sabemos que vivimos un embudo. Tenemos exceso de oferta en los niveles más bajos de la pirámide poblacional y una gran carencia de recursos, profesores e infraestructura educativa en los niveles más altos.
No preparamos demográficamente el sistema educativo para el crecimiento de la población. No tenemos la oferta en donde está la demanda y no tenemos la agilidad para reaccionar ante este problema.
Nuestros nudos sindicales, la falta de acuerdos, la falta de preparación de profesores y la falta de planeación educativa por décadas, nos llevaron a un escenario en el que hoy no es posible ofrecer el servicio de educación superior a todos los jóvenes que lo demandan.
Según un estudio muy polémico presentado el mes pasado por la asociación "Mexicanos Primero", sólo el 13% de los estudiantes que ingresan a primaria en México concluyen una licenciatura.
Para dar un ejemplo, en el proceso de selección de este año 2009, la Universidad Nacional Autónoma de México, la universidad pública más grande e importante del país, recibió poco más de 105 mil solicitudes e ingresaron solamente 9,360 jóvenes, menos del 10% del universo de jóvenes que lo solicitaron.
En el tema laboral, el problema no es más fácil. El empleo es resultado del crecimiento económico y este año México apunta un crecimiento negativo del PIB que será de -7% anual.
Desde hace años se habla en México de la necesidad de crear un millón de empleos al año. Es un verdadero lugar común, porque claramente se requieren muchos más para satisfacer la demanda de los jóvenes que se incorporan anualmente al mercado laboral.
Pero concediendo con el mítico millón anual. El contraste es terrible. Este año de 2009 el saldo neto de empleos creados en México, según cifras estimadas del Seguro Social llegará, si hay suerte, a un saldo positivo de apenas 95,000 a 110,000 empleos. Otra vez menos del 10% de los empleos necesarios para la incorporación de los jóvenes que se necesitaban este año.
La crisis económica de este año, le ha pegado muy fuerte al empleo juvenil. Son precisamente los jóvenes los primeros sacrificados en los recortes de personal y los últimos considerados en los procesos de reclutamiento. La tasa general de desocupación del país para el tercer trimestre de 2009 subió en México a 6.2%. La desocupación entre los jóvenes de 14 a 24 años, es casi del doble.
Como vemos, tanto en el plano educativo, como en el laboral, con dificultades se logra satisfacer el 10% de la demanda de jóvenes.
Es por supuesto un problema serio y tener a tal cantidad de jóvenes atorados en ese punto de su desarrollo, ociosos, sin hacer nada, promete necesariamente problemas sociales muy graves en el presente o en el futuro.
Al analizar esta situación nos preguntamos: ¿Cómo no ha pasado algo más grave en México? ¿A qué le apuestan las autoridades? ¿Piensan que el problema lo resolverá de manera natural la mano invisible del mercado? ¿Cuál es el efecto de tener a 7 millones de jóvenes en esa condición? ¿Qué consecuencias tiene? ¿Qué hacen esos jóvenes? ¿Qué pasa con ellos? ¿Cómo se comportan? ¿A qué se dedican? ¿Qué piensan hacer? ¿Por qué no protestan? ¿Por qué no toman las calles?
El prestigiado antropólogo Roger Bartra señala que México vive una verdadera implosión social. Es decir, la población mexicana se encuentra ensimismada y sumergida en sus problemas personales y está claramente despolitizada y desarticulada. Me pregunto: ¿Cuánto tiempo durará esta situación?
Realmente conocemos muy poco el fenómeno de los "ni nis". Se trata de un segmento muy especial y sensible de la sociedad, a penas conocidos y atendido por las encuestas de ocupación y valores. No tenemos estudios serios que nos permitan saber realmente lo que está pasando con ellos y como procesan el conflicto.
Intuimos o suponemos estadísticamente algunas rutas o soluciones provisionales que están asumiendo los jóvenes. Muchos siguen viviendo de la solidaridad familiar, retardan la salida de casa y postergan planes de matrimonio e independencia económica. Algunos claramente migran o tratan de migrar hacia los Estados Unidos.
Otros, no pocos, tratan de encontrar espacio educativo en formas de educación de muy baja calidad. Optan por estudiar idiomas o computación en academias de muy bajo costo, que dan algunas facilidades, y que han crecido sin control haciendo muy buen negocio, aprovechando la desesperación y la necesidad de estos jóvenes y sus familias. Algunos optan por incorporarse al inmenso mundo de la economía informal y el trabajo precario.
Existe también el riesgo de que esos jóvenes sean fácilmente presas de la delincuencia organizada y el narcotráfico. El propio rector Narro señaló que esta franja de la población "constituye la bolsa de trabajo del narcotráfico."
Por último, en algunas ciudades, empiezan a presentarse nuevas formas de asociación juvenil, más estables que las pandillas, que crean "comunidades" o "familias" con sus propias reglas y códigos de conducta, ante la necesidad de los jóvenes de salir de casa. Hace algunos meses un gobernador me confiaba que, en su entidad, están surgiendo efectivamente esas comunidades. Son como "pandillas estables", que llegan a rentar un cuarto, que se establecen y que viven de lo que pueden, generalmente de trabajos eventuales y de la delincuencia. Son grupos urbanos marginados, con alguna preparación, que tienen familia muy pronto, y que están creando nuevos problemas.
Sin duda hay mucho trabajo pendiente para antropólogos, sociólogos, economistas y politólogos. Trabajo para universidades y empresas. Pero sobre todo, mucho trabajo para todos los niveles de gobierno.
Estamos ante uno de los problemas más graves y numerosos de exclusión social que vive nuestro país. Un problema que toca directamente nuestros valores y pone en entredicho el futuro de nuestra organización social. Porque sencillamente esos "ni nis" son nuestros jóvenes y son nuestro futuro.
Inventos útiles
Rafael Robles: "Joseph McCabe explica en una estupenda e hilarante obra titulada Breve historia del satanismo editada en castellano por Melusina, que la idea del diablo es una vergonzante invención para domeñar a la población y justificar los desvaríos de los poderosos".
Palabras desde el paredón
'Vivir a muerte' reúne misivas de resistentes franceses condenados a la pena capital
JACINTO ANTÓN - Barcelona - El País, 08/12/2009
¿Qué escribiríamos si supiéramos que nos van a fusilar dentro de unas horas? ¿Qué mensajes dejar a los seres queridos, al mundo, a la posteridad? ¿Qué horrores de esos momentos postreros conjuraríamos, qué cuentas trataríamos de ajustar con la vida, qué arrepentimientos, despedidas, recuerdos o desafíos plasmaríamos en el papel? ¿Cómo sería nuestra última carta? "A las 4 me van a fusilar. Si vieras lo calmado que estoy, mamá querida", escribió Robert Busillet, de 19 años, en la prisión de Fresnes en 1941. "Vive, tienes que vivir", anotó otro reo para su amada antes de caer bajo las balas de los nazis. "No tengo miedo, no es mi costumbre", fue el último, valiente mensaje a su familia del rehén Michel Dabat, abatido por el pelotón de fusilamiento en Nantes. Vivir a muerte (Barril & Barral, 2009), un libro conmovedor, imposible de leer sin que en más de una ocasión se inunden los ojos de lágrimas -"voy a llevar en el pecho vuestras fotos para que me acompañen en el ataúd", "mi alegría más grande sería que pensaras en mí lo menos posible y que rehagas tu vida", "besos grandes, besos como sólo podemos dar cuando son los últimos", "me gustaría que cuando el niño fuera mayor le habléis mucho de mí", "no te olvides de mis zapatos, los llevé a arreglar, se los das a Maurice"-, recoge un centenar de cartas de resistentes de Francia, franceses y extranjeros -hay un español-, que sufrieron la pena capital, la mayoría fusilados por los nazis (muchos como rehenes), aunque alguno en la guillotina o decapitado por hacha en Alemania. Dos son de mujeres. Todas fueron escritas entre 1941 y 1944.
En algunos textos se percibe el horror de las últimas horas de espera
Los condenados suelen pedir a sus parejas que rehagan sus vidas
Las cartas, un camposanto de vidas truncadas donde aletea aún el eco terrible del tiro de gracia y por el que uno discurre atribulado hasta el quebranto, están todas documentadas en el libro, con el nombre del remitente y una semblanza biográfica. Desprenden los textos, escritos en la situación más angustiosa y límite que puede afrontar un ser humano, un torbellino de emociones: amor, coraje, esperanza, orgullo, ternura. También, una urgencia, lógica, y una implícita mirada al gran misterio de la muerte.
La mayoría de los condenados se disculpa por el dolor que, involuntariamente, va a causar a sus seres queridos. Tratan de tranquilizarlos, mostrando valor, resignación, serenidad o sosiego. Deseamos que fuera eso lo que en realidad sentían. "No he sufrido antes y ya no más después, por supuesto", "pasamos el tiempo contando chistes", "siempre soñé, mira tú por dónde, morir de pie un día en que el sol brillara". La última frase la escribe Fernand Zelnikov, empleado de peletería parisiense de origen judío ruso, que participó en varios atentados contra soldados alemanes. Por su parte, el rehén Bernard Grinbaum anota poco antes de ser pasado por las armas, con lermontoviano desdén: "Bah, no importa".
Es una constante en los hombres con pareja pedir a ésta que rehaga su vida: "Te deseo que encuentres un buen proletario digno de ti", escribe a su mujer el tornero comunista y combatiente clandestino Maurice, que reconoce: "Es duro decir esto porque estoy celoso aun ante la muerte".
El humor y la ironía brillan por su ausencia; en cambio, abundan el patriotismo y la religión. Hay reos de todas las clases sociales y profesiones, incluso un abad. Las cartas son remitidas por las autoridades después de la ejecución. Una del libro lleva un mensaje secreto en código. Varias son enviadas clandestinamente, incluso lanzadas por encima de los muros de la cárcel.
En algunas cartas leemos desesperación, rabia, miedo, odio o afán de revancha. "Vengadme", escribe el judío Simon Fryd, que ha atacado con granadas a un destacamento de la Wehrmacht. Otros perdonan; Émile Bertrand escribe: "He cumplido con mi deber, sólo siento, y de todo corazón, haber matado". Guy Môquet, detenido por pegar carteles y al que fusilan con 17 años, escribe a su Odette: "Siento no haber podido tener lo que me prometiste". No es el más joven. Henri Fertet cuenta 16, pero mucho valor: "No quiero venda en los ojos ni que me aten".
Pese a que todos tratan piadosamente de hurtar los detalles escabrosos, en algunas misivas se percibe la provisionalidad atroz de las últimas horas: "Te escribo de pie, a la luz que pasa a través de la mirilla"; "mi escritura es quizá un poco temblorosa, pero es que tengo un lápiz muy pequeño"; "te escribo sobre un cubo nauseabundo"; "sed fuertes como lo seré yo cuando las balas me sacudan"; "vienen a buscarnos".
Se traslucen dudas: "Creo que voy a morir con valor", "creo que todo irá bien" (!) "y sabré morir como un hombre"; "tengo mucho coraje, pero estoy un poco nervioso". Algunos tratan de ser prácticos: "Dejo mi chaqueta de cuero, trata de recuperarla". Uno incluso recuerda devolver los volúmenes de La Pléiade prestados. "Haz editar mis poemas", escribe el líder partisano de origen armenio Missak Manouchian. Hay verdaderos testamentos. Otros filosofan. Predomina la contención pero hay anotaciones desgarradoras: "Hallaré valor pensando en tu amor"; "sabes que alguna vez hemos discutido, pero te quería mucho". "Un último largo, largo beso en tus labios", escribe el maquisard Paul Meyer a su mujer. Y otro a la suya: "Lamento profundamente no haberte hecho feliz".
Palabras desde el paredón
- "Te ruego que de vez en cuando te acuerdes de nuestro amor".
- "Voy hacia la muerte como a una nueva aventura".
- "Sé feliz en los brazos de otro".
- "Siempre soñé, mira tú por dónde, morir de pie un día en que el sol brillase".
- "Siempre he tenido tanto, tanto miedo a morir".
- "A la tumba, cuando vengáis, traedme sólo flores rojas".
- "Perdonadme las faltas de ortografía".
Una sociedad justa
José Yoldi, Fracasar son Estilo. El País, 8-XII-2009
Seguro que conocen la llamada ley de Murphy, ésa que dice que si algo puede ir mal, irá mal. O alguna de sus infinitas variantes cáustico-divertido-científicas como la de que en un atasco todas las filas de coches van más rápido que la tuya, o siempre se rompe la pieza para la que no tienes recambio. Pero quizá no hayan oído hablar de la de Guumperson, que señala que "la probabilidad de que se produzca un hecho determinado es inversamente proporcional al deseo de que se produzca". Hay muchas más, como la Regla de Kettering: "Si algo no funciona, es por razón diferente a la que creemos" o el Teorema de Patrick: "Si el experimento funciona, señal de que se está usando un aparato equivocado".
Todas son aplicables, o lo que es lo mismo, todo falló en el caso de Diego P., que como si le hubieran tocado los ocho días de oro, fue acusado en clamoroso fracaso de todo el mundo, de haber violado y golpeado hasta la muerte a Aitana, la hija de su pareja, una niña de tres años alegre y feliz que tuvo la mala suerte de caerse de un columpio y golpearse la cabeza. Los fracasos más clamorosos, los de los facultativos del centro de salud El Mojón, de Arona (Tenerife); el primero, que tras la caída dio una aspirina a la niña y la mandó a casa dando por sentado que el golpe recibido no tenía mayor importancia y que quizá pudo haberla salvado; y el segundo, que nadie sabe de dónde se sacó que Aitana presentaba lesiones vaginales y anales y que apreció la existencia de moraduras y quemaduras producto de malos tratos en lo que no eran más que los síntomas de una alergia y las lesiones causadas en la reanimación de una parada cardiorespiratoria.
Luego, la Guardia Civil, como si de las rebajas se tratara, ha tenido, en su semana fantástica, tres actuaciones memorables: la aparente simulación de un atentado por parte de un guardia en Leitza (Navarra), el atropello mortal de una anciana en las calles de Madrid y el intento de que Diego confesara su "crimen" mostrándole las fotos de la autopsia de Aitana.
Lo de los medios es directamente para que nos lo hagamos mirar, aunque este periódico, en este caso, haya estado especialmente comedido. La mayoría ha aplicado el viejo aforismo periodístico "No dejes que la realidad te estropee un buen reportaje". Aunque siguiendo con el cinismo, habría que añadir: "Pero por lo menos asegúrate de que los datos sean correctos y de que la historia sea verosímil". Porque, aparte de dar por sentada la culpabilidad de Diego -"La mirada del asesino de una niña de tres años", titulaba un colega en portada sobre la foto del detenido-, se han inventado algunos datos, como que en su declaración había negado las sevicias sexuales, pero había reconocido las palizas a la niña, lo que era falso. En resumen, carroña de televisión, prensa y radio para alimentar el odio de asociaciones que convocaron manifestaciones de repulsa y linchamiento.
Más incomprensible es que el juez Nelson Díaz no haya archivado ya el proceso tras comprobar por la autopsia y la ampliación de los dictámenes forenses que no hubo delito alguno. Porque, según recoge el auto, "no existe indicio que permita afirmar, y ni siquiera sospechar, que la menor fallecida hubiese sufrido agresión sexual"; las lesiones que presentaba el cuerpo de Aitana "son enteramente compatibles con haberse producido por una caída", y respecto a las supuestas quemaduras, el dictamen precisa: "No tienen las características esperadas en una quemadura y no son compatibles con los mecanismos de llama, cigarrillos o secador de pelo". Lo más probable, una alergia a una crema. Y el juez concluye: "Queda por tanto descartado (...) que el fallecimiento de Aitana tuviera su causa en golpes propinados a la referida por el imputado".
Si todo es así, ¿por qué ha dejado a Diego en libertad provisional sin fianza, pero no le ha levantado los cargos (la imputación de homicidio y malos tratos) y le ha impuesto como medida cautelar que comparezca en el juzgado los días 1 y 15 de cada mes? ¿Por qué no ha archivado el proceso ya que no hubo delito? ¿No les parece que el magistrado tendría que tener la cortesía de pedir disculpas a Diego por los días en los que ha estado detenido, siendo inocente, mientras se comprobaban los hechos?
Mientras, destrozado por el dolor de la muerte de la niña que sin ser su hija biológica seguro que adoraba, y machacado tras pasar por el infierno en la tierra, el chico se hundió y tuvo que ser hospitalizado.
Sin embargo, de lo que no se dará cuenta, y es posible que nunca sea consciente de ello, es de la suerte que ha tenido. Una suerte loca, porque la autopsia ha podido precisar con claridad que Aitana no fue violada y que las supuestas quemaduras no eran tales. Porque ¿qué hubiera pasado si los resultados no hubieran sido tan contundentes, como a veces ocurre? ¿O si la niña no hubiera vivido lo suficiente como para contarles a su madre y a su maestra que era cierto que se había caído del columpio?
domingo, 6 de diciembre de 2009
Colateral
Vincent: Lléveme al centro.
Max: ¿Qué hay allí?
Collateral, de Michael Mann, 2004.
Es una película bien narrada, de factura visual estupenda; respeta las tres unidades clásicas en una larga noche conclusa en amanecer, en lo que evoca, por ejemplo, The warriors, de Walter Hill; su estética, sin embargo, bebe en la de Miami vice, ya que su director dirigió muchos episodios de esa serie; por ejemplo en la magistral y aparentemente caótica escena en la discoteca; describe un Los Ángeles nocturno y extendido lleno de autopistas solitarias y callejones y edificios vacíos. Sobrenadan algunos símbolos: esos aviones que cruzan el cielo, ese coyote que se cruza en mitad de la carretera, esa isla perdida tantas veces evocada... Y una meditación sobre la indiferencia de todo, en las parábolas filosóficas del metro, de la mota de polvo, del servicio de limusinas, de Pedro el Negro. Al principio corrió como un thriller más pero de gran calidad y pretensiones; a estas alturas, la verdad es que se está quedando clásico, no sólo por su trabajadísimo guion, sino porque ayudan también las magistrales interpretaciones, incluso la del gigantesco Bardem, en apenas un momento de la historia.
viernes, 4 de diciembre de 2009
El síndrome de Mari Pili
CARME GARCÍA RIBAS, autora de El Síndrome de Mari Pili y de Miedo a ser.
Blade Runner como experiencia mística
Roy Batty salva a su asesino y muere.
O eso es lo que parece.
Crucifijos y aulas
A mi instituto han acudido los Gedeones a repartir biblias gratuitamente a sus puertas; no hacían publicidad, ni nada malo: la tradición española e incluso la manchega, como yo he mismo he investigado, incluye no sólo a católicos, sino a protestantes traductores de la Biblia como Juan Calderón, a judíos, a musulmanes, a heterodoxos; pasó la época en que gente como Menéndez Pelayo identificaba la cultura española solamente con su versión católica; el propio Menéndez Pelayo tenía un espíritu más abierto que el de los estúpidos malintencionados que siempre se quedan con lo peor de las personas y de las ideas. El laicismo tiene un lugar para la religión; pero sería deseable que la religión también lo tuviera para el laicismo, porque las religiones deben encontrar su denominador común y hacer énfasis en lo que las une, no en lo que las separa; entonces se vería cuán cercanas están a la ética laica y no cuán alejadas.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Jorge Volpi
Jorge Volpi ha contestado a mi pregunta en línea: ¿No necesita Hispanoamérica un movimiento regenerador como el que en la España del siglo XIX se desarrolló con el Krausismo?. Creo que quizá me ha entendido, en el sentido de que el Krausismo establece un camino paralelo, pero estrictamente divergente del político y académico, porque es ante todo un proyecto de regeneración ética. Su respuesta es esta:
América Latina necesita una mayor participación ciudadana que, en el marco de nuestras nuevas democracias, pueda transformar las instituciones y prácticas políticas desde adentro, vigilando más certertamente a sus gobernantes y exigiéndoles una política social que ayude a aliviar la inequidad que prevalece en la región. Pero es cierto: necesitamos una nueva forma de participación, una reevaluación de la política como instrumento de transformación desde el interior de nuestras todavía frágiles democracias.
Selgas y Pascoli
El poeta es poeta, no orador o predicador, ni filósofo, ni historiador, ni maestro, ni tribuno o demagogo, ni hombre de estado o de corte. Y ni mucho menos es, aun con la venia del maestro, un herrero que forje espadas, escudos o celadas; y ni mucho menos es, con la venia de tantos otros, un artista que pula y cincele el oro que otros le surtan. Para conformar un poeta valen infinitamente más su sentimiento y su mirada que el modo con el cual transmita a los otros el uno y la otra.
Es lo que Pascoli llama la "Poética del muchachito", la que transmite el asombro elemental por cualquier cosa, por humilde que sea. Mucho de eso es cierto.
Volpi analiza los males de Hispanoamérica
El escritor mexicano Jorge Volpi presenta El insomnio de Bolívar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara
VERÓNICA CALDERÓN El País, 02/12/2009
El escritor mexicano Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) se descubrió latinoamericano en España. Más concretamente, en Salamanca, donde vivió cuatro años mientras estudiaba un doctorado en filología hispánica. Entre el encuentro con otros colegas latinoamericanos y la convivencia con los "amados y detestados" anfitriones halló su definición personal de lo que significa haber nacido en algún punto entre el río Bravo y la Patagonia.
De esa reflexión parte El insomnio de Bolívar (Debate), que se presentó este lunes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde el escritor y ensayista mexicano emprende la no poco ambiciosa tarea de trazar cuatro "consideraciones intempestivas" sobre la América Latina actual. La obra obtuvo el II Premio Debate-Casa de América y describe algunas de las contradicciones que definen a los países de la región, heterogénea pero al mismo tiempo unida por una herencia común.
"La identidad, no sólo la latinoamericana, se construye de la diferencia", explica Volpi en la madrileña Casa de América. "América Latina se separa de España y es a partir de ahí que se comienza a construir". El escritor encuentra precisamente en esta obsesión por distinguirse uno de los rasgos fundamentales de las democracias latinoamericanas, caracterizadas por un profundo nacionalismo. El escritor acuña el término "democracia imaginaria", el régimen practicado en países que adoptan los ideales de libertad e igualdad para dejarlos sólo en eso: ideas, "buenos deseos" que no se traducen en la práctica. "No hay reformas sustanciales en los sistemas de poder. La oligarquía aún controla el poder y los problemas se mantienen sin atacar", asegura.
No duda en identificar el mayor de ellos, "la raíz de todos los problemas es la desigualdad económica, la pobreza". Añade que ahí está el caldo de cultivo de guerrillas, carteles del narcotráfico y corrupción, quizá los mayores males que devastan la región. Algunos de los datos que cita en su obra son elocuentes. Uno de cada tres latinoamericanos vive en la pobreza, según datos difundidos en 2006 por la Comisión Económica para América Latina (Cepal). El 13,4% vive en la pobreza extrema.
Problemas que no parecen de fácil solución en las "democracias inacabadas" latinoamericanas. Escenario de nacionalismos exacerbados y de lo que Volpi resume como "caudillos democráticos". El líder carismático que "llega democráticamente al poder, pero que desde él sabotea la democracia desde los espacios del poder" y que se comporta como "una estrella pop que se aleja de las Cámaras y se acerca a las cámaras [de los medios de comunicación]".
"Existe la democracia, en América Latina se elige a los dirigentes, pero no existe una real representación de los intereses ciudadanos y esto produce un hondo desencanto", afirma. Como muestra, el escritor se refiere al presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y a su homólogo venezolano, Hugo Chávez, que "son de ideologías opuestas, pero les une su empeño por mantenerse en el poder".
Volpi insiste, no obstante, en que el suyo no es un libro que deba leerse con el rigor de un ensayo político o sociológico, sino como el trabajo de un escritor. "Utilicé las herramientas de la literatura para hacer esta descripción", afirma. Y valiéndose de las mismas armas desarrolla una cronología ficticia sobre el futuro de América Latina. Volpi se aventura a predecir los próximos 100 años de la región. Algunos acontecimientos suenan improbables -la firma de un tratado de libre comercio entre Cuba y Estados Unidos en 2017, por ejemplo-, otros traducen el citado sueño bolivariano: la promulgación de una Constitución de los Estados Unidos de las Américas (el nombre lo dice todo) en 2110. "Es muy pronto para hablar de una integración política y económica de Latinoamérica, pero no es tan extraño", se justifica. "No existen los profundos rencores de otras regiones del mundo y sí una herencia común", afirma con un tono en que no es fácil de distinguir si se trata de un sueño, un deseo o tan sólo una invención.
martes, 1 de diciembre de 2009
Responsabilidad social empresarial: Noruega, Puerto Rico
Sobre el astronauta mexicano
Si ese astronauta mexicano fuera español, lo que estaría es en paro, poniendo ladrillos o bebiendo en un botellón.