domingo, 27 de diciembre de 2009

Ayn Rand y el Objetivismo

"La resurrección de Ayn Rand", por Justo Navarro, El País, 27-XII-2009.

"Es un pecado escribir esto. Es un pecado pensar palabras que otros no piensan y ponerlas en un papel que otros no ven. No hay transgresión más siniestra que actuar o pensar a solas. La ley dice que nadie puede estar solo, pues ésa es la gran transgresión, la raíz de todo mal". Son palabras del principio de Himno (1937), fábula futurista de Ayn Rand. El héroe que así habla, sin nombre, sólo un número, comete otro delito aborrecible: gasta luz, no para trabajar en provecho de todos sino escribiendo únicamente para sí. Rand, novelista y filósofa anticolectivista, estrella intelectual de la radiotelevisión estadounidense en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, aún sirve de guía espiritual al viejo caudillo financiero Alan Greenspan, y está de moda en el siglo XXI, proyectil ultraconservador contra el presidente Obama.

Rusa de San Petersburgo, Alissa Zinovievna Rosenbaum (1905-1982) nació en una familia judía no practicante. La revolución bolchevique arruinó al padre, farmacéutico, y Alissa conoció personalmente los efectos prácticos del comunismo: miseria, caos callejero, policía secreta, sustitución de la intimidad por la intimidación, purgas, redadas, deportaciones, ejecuciones y suicidios. Estudió pedagogía social en su ciudad, que ya se llamaba Petrogrado y pronto sería Leningrado. Explicaba los crímenes del zarismo, guía turística en la fortaleza de Pedro y Pablo, pero pensaba en Estados Unidos. En las películas de Hollywood había descubierto el horizonte de Nueva York, y le parecía la plasmación más alta de la potencia humana. En el invierno de 1926 estaba en Chicago. Llegó a la industria del cine. Cambió de nombre. Fue extra, guionista, autora de novelas antisoviéticas y sentimentales que la Italia de Mussolini convertiría en películas.

Pero también existía el mal en América: Roosevelt y su New Deal, la amenaza del Estado social, los izquierdistas, la palabrería en torno al bien común. Eso era esencialmente el comunismo: la aniquilación de lo puramente individual, de la vida privada, la privacy, palabra para la que no existe equivalente exacto en ruso, decía Rand, como tampoco existe en español. El interés de uno mismo por uno mismo y su felicidad es lo único indiscutible, moral y razonable. La razón significa individualismo, que es capitalismo, y a los Estados Unidos los hunde el peso del Gobierno, la intromisión estatal, los impuestos y los servicios sociales. Americana por elección y convicción, Rand se proclamaba abogada del egoísmo ilustrado y racional. "¿Por qué nos enseñan que lo malo y lo fácil es hacer lo que uno quiere, que debemos disciplinarnos? Lo más difícil del mundo es hacer lo que uno quiere", escribía.

Tenía, sin embargo, una mentalidad soviética en cuestiones de literatura. Sus novelas son didácticas. Sus superhéroes son doctrinarios. Practicaba un realismo capitalista, paralelo al realismo socialista. Si en la URSS los valientes eran obreros metalúrgicos o campesinos colectivizadores, en el mundo de Rand se encarnaban en arquitectos de vanguardia e industriales, inventores de máquinas, siempre egoístas monumentales, de piedra o hierro, pura fuerza creadora, sin contradicciones ni conflictos interiores, capaces de montar, como pedían los estalinistas, rebeliones y organizaciones clandestinas: una huelga mundial de empresarios, que, ante el intervencionismo corrupto-caritativo del Gobierno, abandonan sus negocios y paran el motor del mundo. Pero el universo de Rand no se divide en clases, como querrían los marxistas, sino en individuos creadores, productores de riqueza, contra saqueadores y parásitos, gente de segunda mano. El hombre de la inteligencia se enfrenta a las masas, millones de almas insulsas, marchitas, pasivas, sin voluntad, ideas ni sueños propios, que "comen, duermen y mastican impotentes las ideas que otros ponen en sus cerebros". Hay una prueba del estado real de las masas: compraban los libros de Rand. Iban a ver El manantial, la película de King Vidor en 1949, con Gary Cooper y Patricia Neal, sobre el primer novelón de Rand, que publicó en España Planeta en 1954, traducido por Luis de Paola.

Vencido el comunismo, la obra de Ayn Rand no ha sido embalsamada en una biblioteca: hoy es el arma viva con la que los conservadores extremos atacan a Obama, nuevo e inverosímil peón del socialismo. Vuelven la fe y el fervor de los años cincuenta y sesenta, cuando el culto a Rand conquistaba discípulos entre la juventud, y la papisa se multiplicaba en giras, charlas, fiestas, cenas en la Casa Blanca, viajes, cursos para aprender a vivir en los que nacería la vigente superstición de la autoestima, polemista encendida por un impulso bíblico, anfetamínico. Le dedicaron un sello de correos de 33 centavos en el que aparece sobre rascacielos como una estrella de los años treinta. Se coronaba con diademas con el signo del dólar. "El dólar es el colofón de la filosofía", sentenció. Un gran dólar de flores presidía sus funerales. Murió de cáncer de pulmón. La lumbre del cigarrillo era el reflejo de la chispa que arde en la mente creadora, o así lo vio uno de sus héroes, cuando Estados Unidos propagaba cinematográfica e internacionalmente el tabaco. Grito Sagrado se llama la editorial argentina que publica hoy a Ayn Rand en el mundo hispánico.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Walking in the air

Walking In The Air

Caminamos en el aire;
flotamos en el cielo iluminado por la luna.
La gente lejos allá abajo duerme mientras volamos.
Me sostengo muy fuerte,
cabalgo en el azul de medianoche.
Encuentro que puedo volar tan alto contigo,
lejos a través del mundo...

Las villas pasan como árboles,
los ríos y las colinas,
los bosques y los arroyos.
Los niños contemplan con la boca abierta
tomados por sorpresa.

Nadie ahí abajo cree lo que ven sus ojos.
Surfeamos en el aire;
nadamos en el cielo helado,
nos dejamos llevar flotando
sobre montañas níveas

De repente volamos bajo, sobre el océno profundo
despertando a un poderoso monstruo de su sueño.
Caminamos en el aire,
flotamos en el cielo de medianoche
y todos los que nos ven saludan mientras volamos.

Muertos del año

De los que han muerto este año, uno echa especialmente de menos, o le tocan más, por aquello de Edmund Spencer, al poeta fiel Mario Benedetti, al santo laico Vicente Ferrer, al escritor de parábolas Francisco Ayala y al comentador, que no comentarista, y género literario con piernas Andrés Montes. Descansen en paz.

Los libros del año, dicen

Cincuenta críticos han seleccionado los libros del año en El país

21-XII-2009
Dos libros que funcionan como el prólogo y el epílogo, respectivamente, de la historia española más relevante del siglo XX y la mirada atrás de varios escritores sobre sus vidas o su entorno más cotidiano son los temas predominantes entre los diez libros más destacados de 2009. Es el resultado de una encuesta que ha realizado Babelia con 50 críticos y periodistas de la revista cultural de EL PAÍS, y cuyo especial se publicará este sábado 26 de diciembre, con artículos sobre cada uno de los títulos elegidos. A su vez, ELPAIS.com hace un despliegue amplio y profundo de las obras más destacadas, remitiendo a las entrevistas que han dado sus autores a este diario, capítulos de los libros y la respuesta de cada uno de los encuestados.
El primer libro de la lista es Anatomía de un instante (Mondadori), donde Javier Cercas se aproxima a un hecho decisivo en la historia de España: el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, que sirve como epílogo al régimen de Francisco Franco, en el poder entre 1939 y 1975, y que despejó los fantasmas dictatoriales al consolidarse la democracia. La segunda obra es La noche de los tiempos (Seix Barral), de Antonio Muñoz Molina, una novela que puede verse como prólogo al recrear las vísperas de la Guerra Civil de 1936 a1939, a través de la vida de un hombre y un amor que se derrumba, al tiempo que sucede lo mismo en su país por culpa de la intolerancia y los fanatismos ideológicos que llevarían a Franco al poder.
La lista de los libros más destacados, según Babelia, la completan Indignación, de Philip Roth (Mondadori); Aquí, de Wislawa Szymborska (Bartleby); Historia de mi vida, de Giaccomo Casanova (Atalanta); Sudeste, de Haroldo Conti (Bartleby); Un armario lleno de sombras, de Antonio Gamoneda (Galaxia Gutemberg); Cartas, de Emily Dickinson (Lumen); Aquí empieza nuestra historia, de Tobias Wolff (Alfaguara); y Mitologías de invierno. El emperador de Occidente, de Pierre Michon (Alfabia).
Un total de 263 títulos en todos los géneros, publicados este año en España, fueron citados en la encuesta general sobre lo mejor de 2009. Cada uno de los 50 críticos y periodistas que participaron hicieron una selección de diez títulos dando al primero diez puntos, al segundo nueve y así sucesivamente. Mientras el año pasado el triunfo lo obtuvieron las novelas cortas y los cuentos, y en los autores fue arrolladora la presencia de escritores en español, este año la historia es completamente la contraria. De entre los 20 títulos sólo hay tres de cuentos y ocho autores en español, tanto de narrativa como de ensayo.
El reinado de la novela ha pasado por un bache este año. De entre los 20 títulos preferidos, sólo cinco corresponden a este género: la lista la completan siete ensayos, tres libros de relatos, dos poemarios, dos de memorias y uno de cartas. Numéricamente la novela ha sido más citada por los encuestados pero el ensayo ha logrado posiciones altas, incluido el primer lugar. Se trata de un género con temas, enfoques y estilos muy amplio y diverso con libros sobre política, filosofía o la II Guerra Mundial. También destaca la fuerte presencia del ensayo literario y cultural con recopilación de artículos o piezas al estilo de las de Francisco Casavella en Elevación, elegancia y entusiasmo; y J. M. Coetzee en Mecanismos internos.
La encuesta es la confirmación de algunas de las tendencias literarias de los últimos dos años, como el género biográfico y memorialístico y la hibridación de géneros como el ensayo, la narrativa, los testimonios o la correspondencia que colocan estos libros en terrenos fronterizos y movedizoJustificar a ambos ladoss dependiendo del lector. Es el caso del libro más citado (19 veces) y con más alta votación (117 puntos): Anatomía de un instante, en el que Cercas reconstruye, investiga, narra, recrea y reflexiona sobre el puzle de lo que rodeó el intento de golpe de Estado del 23-F en Madrid. Y que Babelia ha colocado en el apartado de Ensayo, tras discutir y analizar sus aspectos narrativos y ensayísticos, o de "No ficción", título bajo el cual coloca el mundo anglosajón aquello que no es estrictamente narrativa o ficción.
Aunque sólo hay tres poemarios entre los favoritos, los poetas están presentes en otros dos libros: las memorias de Antonio Gamoneda y la correspondencia de Emily Dickinson. El género biográfico, memorialístico o epistolar de auge en España está representado por Historia de mi vida, de Casanova; Un armario lleno de sombras, de Gamoneda; Cartas, de Dickinson; y, de alguna manera, El factor humano, de John Carlin, una crónica sobre la vida y aventura política de Nelson Mandela en Suráfrica. El resultado general muestra la consolidación de las editoriales pequeñas y su acogida.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Qué sé yo


O yo qué sé. Era el mote del escudo de Montaigne, un hombre incapaz de no pensar en nada. Dudaba y dudaba, daba vueltas en espiral sobre sí mismo hasta marearse más que un pato beodo. Hasta el punto de que le daba igual quién fuera el verdadero Martín Guerra; después de todo, hasta a su esposa le daba igual; como decía Borges, "seré fiel a la verdad, o a mi idea particular de la verdad, lo cual, es lo mismo". Donde dice verdad dígase duda. Somos una fe de erratas entre la realidad y la ilusión. La duda y la ignorancia son los principales instrumentos del conocimiento, aunque sean instrumentos incómodos, pues obligan a usar las neuroras espejo, esas que son responsables a fin de cuentas de la empatía, o de la ilusión de empatía, lo cual, es lo mismo.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Derechos de autor y copy right


Estoy contra los derechos de autor; el único derecho que un autor posee es el de reformar, retocar o ampliar su obra, pero la obra (la legítima, no la que se compra y se vende, que no sé que es, tal vez un producto igual que el papel moneda) pertenece al pueblo y a aquellos que la inspiran y se la dan al autor, o si me apuran, a la cultura; el autor es un mero motor de transformación de materiales, la obra es autónoma e independiente de él, como una hija, aunque el autor la quiera como tal. Que crezca y se multiplique. Que se copie todo y a mansalva. Que se difunda, propague, propale y desperdigue. Así sabremos quiénes están en esto sólo por el dinero y no porque les es necesario para respirar, que no para vivir... como un conde o un marqués. Si hay alguien tan artista que piense que es él único que hace arte, sólo a ese he ofendido y que cobre su producto al prohibitivo precio que le dé la gana, si es que hay alguien tan imbécil que quiera comprarlo.

Felices Navidades

Felices Navidades:
Walking in the air de Howard Blake, por Peter Auty
Ave María de Gounod por Cloë Agnew

Walking in the air es un tema del grupo finlandés Nightwish escrito por Howard Blake para la película de animación The Snowman. Luego la llevó a su album Oceanborn, y está destinada a convertirse en un clásico. En cuanto a Cloë Agnew de Celtic Woman, qué decir, sino que canta como los ángeles.

Avatar

Es un espectáculo de primera, una historia bien contada, que apabulla visualmente, y aunque uno podría decir que pero nada más, esto es más que suficiente, sin embargo, para que pueda decirse que pocas veces seis euros habrán estando tan bien empleados; tras verla termino por sentir ganas de medir tres metros y ser azul; ahora bien, si empezamos a diseccionar este entretenimiento con algo de panfleto místico-ecologista en favor de la diosa madre tierra, vemos que lo que principalmente luce es la receta de producción y la eficaz y plagiaria, dirección y argumento (este está tomado de la película de animación infantil australiana Fern Gully; la estética de las islas y dragones flotantes del ilustrador y pintor Roger Dean). El amor de Cameron por la fauna oceánica, que es quizá el único elemento personal de la obra, se refleja en el diseño de la flora y fauna del planeta; las plantas y los animales están muy bien concebidos y se supera ya definitivamente con animatrónicos a las pacientes figurillas de plastilina de Ray Harryhausen. Los personajes digitales humanoides son ya mejores y más expresivos que los reales, y suspenden y maravillan esos perros gigantes, caballos de seis patas, medusas vegetales, dragones voladores, plantas autogiro, corales cobardes, hierbas luminiscentes y árboles USB. Pero el guion de receta no da más de sí, ya que se trata de un calco de Pocahontas, La selva esmeralda, Rambo, Los pitufos y Bailando con lobos. Por no hablar de los juegos de ordenador que se evocan: World of warcraft, Halo etcétera. La película ya presenta en dos días dos demandas por plagio y uno puede entender por qué Spielberg la compara con la Guerra de las Galaxias; la mística simplona sobre La fuerza corresponde aquí con la creencia en la Diosa madre de la New Age californiana. Seguramente originará una legión de frikis, como es lógico esperar de recetario tan comercial, porque tiene todos los elementos para ello, incluso la épica al estilo de la citada Star Wars o El señor de los anillos.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Un cantautor ocurrente (y de Valencia): Toni A. Martínez

Inédito cantautor satírico de primera. Sus obras completas se hallan sólo en You Tube. Algo tendrá el muchacho cuando ha recibido tres millones de visitas en ese lugar. Su portal es este.

Quedan quince días.

Donde aparcar.

La máquina del metro.

Piso de treinta metros.

Operación salida.

Barracón.

Adicto a viajar.

viernes, 18 de diciembre de 2009

La generación Nocilla o Afterpop


Esa es mi generación, la que han denominado Generación Nocilla, Nocilla Team, Afterpop o La Luz Nueva. He reescrito y actualizado el articulo de la wikipedia sobre ese grupo, que era muy malo, aquí, y puesto algunos enlaces interesantes. Incluso he escrito una entrada sobre una especie de generación posnocilla que empieza a surgir, con personajes tan curiosos como Aixa de la Cruz

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Haidar, otra vez

Rosa Montero, en El País:

"Durante 33 años los saharauis han peleado con tesón y entereza sin recurrir al terrorismo, mientras Marruecos se burlaba de las resoluciones de la ONU y la comunidad internacional, con España a la cabeza, no hacía nada por ayudarles. Ahora, la posible muerte de Haidar ha puesto por primera vez su causa en primera página y en la agenda de los líderes mundiales; lo que no han conseguido jamás los saharauis con sus justas reivindicaciones y sus reclamaciones civilizadas, lo ha logrado el horror de una lenta inmolación. ¿Cómo nos atrevemos a pedirle a Aminetu que deje la huelga, si durante 30 años le hemos demostrado que sólo funcionan las vías violentas?"

martes, 15 de diciembre de 2009

El planeta de los nimios


Porque eso es lo que somos para los que mandan: nimios. Como decía Espronceda, "que haya un cadáver más, ¿qué importa al mundo?" Ese cadáver puede ser el de Haidar o más bien puede ser el suyo, si es lo bastante nimio, ya que usted no tiene la repercusión mediática ni los padrinos musulmanes que sufragan la protesta de Haidar. Qué importa. Los que poseen el poder, u ostentan la increíble soberbia de creerse capaces de gobernarnos a todos, se permiten ignorar los casos individuales para gobernar sólo a mayorías, a manadas que además los aclaman con la boca abierta y los ojos fijos en la televisión, la radio, el periódico. Los demás son nimios, inimportantes, futesas, naderías, palabras marginales que se lleva el viento de la historia, carne de sepultura. Para permanecer en su soberbia, para no compartir su egolatría, mienten, estafan, roban, pegan, secuestran, intimidan, violan y encarcelan; nadie podría enseñarles humildad sino a la fuerza. Si se creen humildes, es para sacar más partido a su soberbia; prueba de ello es que no comparten nada. ¿Para qué queremos políticos que no quieren compartir el poder, que no se ponen de acuerdo? ¿No es un político el que logra un acuerdo, el que suma y no resta? Pues más valen dos políticos que uno solo, y más que dos o más políticos muchos o ninguno.

Jerónimo

Ha nevado, pero poco, y mejor así, porque los viejos y los gordos como yo mismo corremos el riesgo de partirnos las narices de un resbalón. Suelo leer los artículos de Jerónimo Anaya en la revista del ANPE. Como siempre, sigue maravillándome con su swing retórico; sin duda sus mejores poemas, aparte de los humorísticos, son los villancicos; el del año pasado era memorable, y el de este año también; ya sus sonetos quevedianos eran la perfección misma, aunque les sobraba aquello que le sobra tanto a él mismo, inteligencia; pero sus villancicos es que, además, son emotivos de verdad. Pocos poetas hay en la Mancha tan dotados como él.

En la revista electrónica del instituto vamos a publicar unos cuentos excelentes de una alumna; hay uno magnífico sobre una cazadora maldita, una novela corta y otro cuento sobre la amistad sobre un sofá y una silla; a mí me gustan los dos primeros.

El desierto y Haidar


El desierto es muy grande, pero más lo es la soledad en que se encuentra Haidar.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Rubén Darío: Mis primeros versos

Tenía yo catorce años y estudiaba humanidades.

Un día sentí unos deseos rabiosos de hacer versos, y de enviárselos a una muchacha muy linda, que se había permitido darme calabazas.

Me encerré en mi cuarto, y allí en la soledad, después de inauditos esfuerzos, condensé como pude, en unas cuantas estrofas, todas las amarguras de mi alma.

Cuando vi, en una cuartilla de papel, aquellos rengloncitos cortos tan simpáticos, cuando los leí en alta voz y consideré que mi cacumen los había producido, se apoderó de mí una sensación deliciosa de vanidad y orgullo.

Inmediatamente pensé en publicarlos en La Calavera, único periódico que entonces había, y se los envié al redactor, bajo una cubierta y sin firma.

Mi objeto era saborear las muchas alabanzas de que sin duda serían objeto, y decir modestamente quién era el autor, cuando mi amor propio se hallara satisfecho.

Eso fue mi salvación.

Pocos días después sale el número 55 de La Calavera, y mis versos no aparecen en sus columnas.

Los publicarán inmediatamente en el número 6, dije para mi capote, y me resigné a esperar porque no había otro remedio.

Pero ni en el número 6, ni en el 7, ni en el 8, ni en los que siguieron había nada que tuviera aparencias de versos.

Casi desesperaba ya de que mi primera poesía saliera en letra de molde, cuando caten ustedes que el número 13 de La Calavera puso colmo a mis deseos.

Los que no creen en Dios, creen a puño cerrado en cualquier barbaridad, por ejemplo, en que el número 13 es fatídico, precursor de desgracias y mensajero de muerte.

Apenas llegó a mis manos La Calavera, me puse de veinticinco alfileres, y me lancé a la calle, con el objeto de recoger elogios, llevando conmigo el famoso número 13.

A los pocos pasos encuentro a un amigo, con quien entablé el diálogo siguiente:

—¿Qué tal, Pepe?

—Bien, ¿y tú?

—Perfectamente. Dime, ¿has visto el número 13 de La Calavera?

—No creo nunca en ese periódico.

Un jarro de agua fría en la espalda o un buen pisotón en un callo no me hubieran producido una impresión tan desagradable como la que experimenté al oír esas seis palabras.

Mis ilusiones disminuyeron un cincuenta por ciento, porque a mí se me había figurado que todo el mundo tenía la obligación de leer por lo menos el número 13, como era de estricta justicia.

—Pues, bien, —repliqué algo amostazado—, aquí tengo el último número y quiero que me des tu opinión cerca de estos versos que a mí me han parecido muy buenos

Mi amigo Pepe leyó los versos y el infame se atrevió a decirme que no podían ser peores.

Tuve impulsos de pegarle una bofetada al insolente que así desconocía el mérito de mi obra; pero me contuve y me tragué la píldora.

Otro tanto me sucedió con todos aquellos a quienes interrogué sobre el mismo asunto, y no tuve más remedio que confesar de plano... que todos eran unos estúpidos.

Cansado de probar fortuna en la calle, fui a una casa donde encontré a diez o doce personas de visita. Después del saludo, hice por milésima vez esta pregunta:

—¿Han visto ustedes el número 13 de La Calavera?

—No lo he visto —contestó uno de tantos—, ¿qué tiene de bueno?

—Tiene, entre otras cosas, unos versos que según dicen no son malos.

—¿Sería usted tan amable que nos hiciera el favor de leerlos?

—Con gusto.

Saqué La Calavera del bolsillo, lo desdoblé lentamente, y lleno de emoción, pero con todo el fuego de mi entusiasmo, leí las estrofas.

Enseguida pregunté:

—¿Qué piensan ustedes sobre el mérito de esta pieza literaria?

Las respuestas no se hicieron esperar y llovieron en esta forma:

—No me gustan esos versos.

—Son malos.

—Son pésimos.

—Si continúan publicando tantas necedades en La Calavera, pediré que me borren de la lista de suscriptores.

—El público debe exigir que emplumen al autor.

—Y al periodista.

—¡Qué atrocidad!

—¡Qué barbaridad!

—¡Qué necedad!

—¡Qué monstruosidad!

Me despedí de la casa hecho un energúmeno, y poniendo a aquella gente tan incivil en la categoría de los tontos: «Stultorum plena sunt omnia», decía ya para consolarme.

Todos esos que no han sabido apreciar las bellezas de mis versos, pensaba yo, son personas ignorantes que no han estudiado humanidades, y que, por consiguiente, carecen de los conocimientos necesarios para juzgar como es debido en materia de bella literatura.

Lo mejor es que yo vaya a hablar con el redactor de La Calavera, que es hombre de letras y que por algo publicó mis versos.

Efectivamente: llego a la oficina de la redacción del periódico, y digo al jefe, para entrar en materia:

—He visto el número 13 de La Calavera.

—¿Está usted suscrito a mi periódico?

—Sí, señor.

—¿Viene usted a darme algo para el número siguiente?

—No es eso lo que me trae: es que he visto unos versos...

—Malditos versos: ya me tiene frito el público a fuerza de reclamaciones. Tiene usted muchísima razón, caballero, porque son, de los malos, lo peor; pero ¿qué quiere usted?, el tiempo era muy escaso, me faltaba media columna y eché mano a esos condenados versos, que me envió algún quídam para fastidiarme.

Estas últimas palabras las oí en la calle, y salí sin despedirme, resuelto a poner fin a mis días.

Me pegaré un tiro, pensaba, me ahorcaré, tomaré un veneno, me arrojaré desde un campanario a la calle, me echaré al río con una piedra al cuello, o me dejaré morir de hambre, porque no hay fuerzas humanas para resistir tanto.

Pero eso de morir tan joven... Y, además, nadie sabía que yo era el autor de los versos.

Por último, lector, te juro que no me maté, pero quedé curado, por mucho tiempo, de la manía de hacer versos. En cuanto al número 13 y a las calaveras, otra vez que esté de buen humor te he de contar algo tan terrible, que se te van a poner pelos de punta

domingo, 13 de diciembre de 2009

Don Silvio cristobalillo

"Berlusconi ha sido alcanzado por un objeto contundente lanzado por Massimo Tartaglia, quien llevaba diez años recibiendo tratamiento psiquiátrico en el hospital Policlínico de Milán, según informan varias agencias de información. Con expresión petrificada, Tartaglia no opuso resistencia. Según diversas fuentes, se limitó a repetir: "Yo no he sido, yo no soy nadie" El objeto utilizado para la agresion era una reproducción del Duomo, la catedral de Milán, hecha en alabastro. Tras impactar contra la cara de Berlusconi, la esculturita quedó hecha pedazos"

Resulta lógico que la pobre escultura quedara hecha polvo al chocar contra la durísima cara de Berlusconi. Pobre Massimo; ya resulta curioso que sea un loco, o, por mejor decir, alguien con una visión divergente de lo que es el mundo, el único que tenga coglioni para partirle la cara a don Silvio, al que le duele la cara no por eso, sino de ser, o creerse, tan guapo. Es el mundo el que está loco, no Massimo. Y todos los que hacen el mundo absurdo, amoral e injusto, esto es, extraño, no deberían extrañarse de recibir un porrazo quijotesco; hay porrazos que no los propina nadie, sino la mera justicia poética, esa justicia que sólo existe en literatura porque no es (y probablemente nunca fue) justicia real, ya que la ley y la justicia son sólo las maneras en que el poder del fuerte, que en este mundo corresponde al adinerado, se hace soportable; la justicia, esa de la que tanto se ríe Berlusconi; no se extrañe, pues, de que cuando se recibe el poder en bruto, encima de la cabeza, duela. Como le debería doler al hueco Cristobalillo de cartón golpeado por la estaca en el guiñol, en ese escenario de guiñol en el que ha transformado Il cavaliere a Italia, si Berlusconi fuera un cristobalillo y no una persona más o menos humana. Que no le extrañe, pues, a Berlusconi. Desapruebo la violencia, pero es que Berlusconi no puede ir por ahí diciendo lo que dice y haciendo lo que hace sin que no le caigan estacazos como ese; es cuestión de hidalguía, de buena crianza, de caballerosidad, de vergüenza torera, de todo eso, en fin, que no posee Berlusconi, que se hace llamar a sí mismo Il Cavaliere y que sólo es una caballería. La vergüenza quijotesca no es sobornable, no piensa, sino que se levanta en pie y justa automáticamente contra la villanía, la insolencia, la inmoralidad y la injusticia, en ejercicio, en fin, del sacro derecho al pataleo.

viernes, 11 de diciembre de 2009

HGCR

El HGCR tiene más recovecos que el Inferno del Dante; me dirijo a él para seguir adoptando una postura erguida, ya que voy a encargar unas plantillas a mis dolidos pies cabos vanos y resolver papeleos varios. Desde el autobús lo advierto rodeado de una espesa bruma, de una gran neblina, no producida por la larga fila de resignados fumadores compulsivos ateridos de frío que rondan sus dos puertas, sino por el clima, que es triste y húmedo y malsano. A sus pies, el Hospital me mira como un Argos, ese monstruo hecho de ojos con el que Chesterton identificaba a la noche; en realidad se trata de bonitas y cómodas ventanas antisuicidio. No se trata de esos lugares lúgubres que pinta Villaseñor... ejem. En la antigüedad los hospitales eran más deprimentes, y se podían adivinar sin verlos sólo por la cantidad de gritos pelados que salían de ellos. El mejor cirujano no era el más diestro, sino el más rápido, porque de eso de la anestesia, nada. De nuevo me recibe el solitario piano que alguien se dejó olvidado en un pasillo; por lo menos ahora le han puesto una funda. ¿No estaría mejor en un instituto de enseñanza o en el Conservatorio? La decoración es muy moderniense. Del techo, cerca de la cafetería, penden unas lámparas que parecen espermatozoides colgados por la cola. En cuanto a las plantas, parecen salidas de algún lejano manglar indonesio, aunque son hermosas; aun así lucen una poda inmisericorde de árbol enano japonés o bonsay, que dicen. Un par de enfermeras está poniendo las bolas al árbol de Navidad, aunque se las ve apuradas porque no poseen una escalera para llevarlas alto: el árbol mide lo menos tres metros y medio; por mi canino me cruzo con viejos, vejetes, vejestorios, viejales, ancianos y mayores. Tras sufrir algún tiempo el peloteo tenístico de la administración, un último pase in shot me traslada al lugar correcto; la gente, sin embargo, amabilísima, salvo los engreídos médicos House de siempre y, como sólo soy un gusano, me vuelvo a mi agujero. En el autobús atisbo las decoraciones navideñas; el Ayuntamiento, y perdón por la obscenidad, ha vestido la plaza con unas guedejas o cortinajes de luces que hacen mucho efecto; muchos han puesto papanoeles subiendo escaleras colgadas de su ventana y otras ingeniosidades por el estilo; a mí me gusta; de hecho voy a poner una bota en la mía, a ver si se llena, aunque hay algunos aguafiestas que dicen que no existe.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Generación de la radio y generación de la TV

Falta un tratado de ortología, eulogía y eufonía del español, un tratado sobre la mejor forma de hablar; a eso se ceñirá ese tercer volumen de la Gramática de la Academia, seguramente el más polémico, que falta por imprimir; nuestros padres y abuelos se educaron oyendo la radio, donde sólo se decían cosas significantes y elegantes, o por lo menos correctas, e incluso se podía "leer" entre ondas; ahora, por el contrario, muchos nos hemos educado en la cultura visual de la tele, donde no se dice, sino que se habla, o más bien se parlotea; lo que importa no es ya el significado de lo que se dice, sino su apariencia, su ruido, su intensidad o diferencia, más que su matiz, su profundidad o su capacidad para revolvernos profundamente el espíritu. La palabra se ha vuelto imagen, es un modo instrumental de agredir o de confundir, de acallar al oponente, en vez de aclarar el mundo o penetrar en él, en vez de reconfigurar creencias. La palabra, que es algo fundamentalmente didáctico, se ha marchado al desván y allí nadie la oye. Incluso la radio ha pasado a ser una especie de corralito donde lo único que se muestra es una pelota redonda, siempre la misma, a pesar de que la quieran mirar desde cualquier punto de vista. Pero el mundo es algo más que una pelota desinflada por los polos y por los obesos excesos de los obsesos por el fútbol.

Maratón de trabajo

Hoy he entregado las galeradas de mi edición del Teatro completo de Félix Mejía. Dicen que a principios de primavera ya estará impreso, quizá incluso a fines de enero. Lo que más me preocupaba era suprimir una nota, corregir un pasaje excesivamente redundante y arreglar unos textos citados en nota para ponerlos en cursiva y un tanto más sangrados. Una profesora de instituto de Albacete, que es doctora también, me ha regalado dos libros de una antología didáctica de la literatura manchega, en la cual me pidió permiso para reproducir uno de los romances de mi edición de Carlos de Praves; el libro está muy bien hecho, aunque la selección de textos podía haber sido algo más extensa. Por otra parte ya he reservado mi edición de la nueva Gramática de la Real Academia. En este puente he terminado de corregir los exámenes y trabajos de la primera evaluación, y he preparado un examen. Todavía no tengo noticias de la edición en dos volúmenes de mi tesis doctoral sobre Félix Mejía, que tiene que imprimirme el Instituto de Estudios Humanísticos de Teruel; en la Universidad de Cádiz Bea Sánchez me ha escrito pidiéndome un artículo para un libro colectivo en junio; empezaré a bosquejarlo también en diciembre, si tengo tiempo, porque he de retocar el que ya tengo hecho para el libro del instituto Alarcos. Gratifica saber que poco a poco las tareas se van reduciendo; ahora tengo que preparar la edición del filólogo protestante manchego Juan Calderón, preparar las biografías que me han pedido para el diccionario de becarios manchegos de la Junta para la Ampliación de Estudios y escribir la programación del nuevo portal del departamento, lo que dejaré para estas vacaciones (es un decir) de Navidad; sería ideal que pudiese dar un empujón a la edición de las obras de Almenara o dejar ya finiquitada la del Jicotencal de Félix Mejía, o escribir tres o cuatro de los otros artículos para los que tengo notas tomadas y que deseo redactar de una vez por todas. Los demás proyectos, aunque empezados, ya son a más largo plazo, aunque no dejo de soñar en publicar, con el dinero que me darán en la diputación por el Teatro de Mejía, mi edición del texto inédito sobre la I Guerra Carlista en La Mancha que he descubierto o la Crónica del ciudarrealeño Cristóbal de Mena o el libro sobre didáctica de la lengua que me ha propuesto el amigo de Libro de Notas. Si tuviese tiempo,y ayuda, sería mi sueño escribir esa historia de la literatura manchega que estamos necesitando.

Me voy quitando cosas de encima, pero lo que realmente deseo es hacer cualquier otra cosa: la vida se me va pasando y, como dice Feuerbach, sólo una vez es todo verdadero.

martes, 8 de diciembre de 2009

Los Ninis

Habla de México, pero en España es lo mismo:

El problema de los Ni Nis

Hoy 7 millones de jóvenes mexicanos ni trabajan ni estudian, ¿cómo será su futuro?

SABINO BASTIDAS COLINAS El País, 08/12/2009

Sabino Bastidas Colinas es analista político.

¿Estudias o trabajas? Es la clásica pregunta que se hacen los jóvenes mexicanos al momento de conocerse y presentarse.

Bien, pues hoy en México hay por lo menos 7 millones de jóvenes que tienen que contestar a esa pregunta diciendo que no hacen ninguna de las dos cosas. Estamos ante el fenómeno de los "ni nis". ¿Qué son los "ni nis"? Son un segmento de la población de jóvenes que ronda los 18 años y que sencillamente, ni estudia, ni trabaja.

Es un problema muy grave que recientemente se puso de manifiesto con el debate del presupuesto de las universidades públicas en México. Se trata de jóvenes que no hacen nada. No estudian y no trabajan, pero no porque no quieran, sino porque no pueden. Porque no encuentran donde hacerlo. Los "ni nis" son una condición social de verdadera marginación y exclusión social. Son un problema grave de segregación y discriminación.

Son chicos que se ven obligados a mantener una situación forzada de ocio. Un ocio frustrante, obligatorio, impuesto, incómodo, improductivo y, por supuesto, angustiante y doloroso.

Son jóvenes desocupados que buscan acomodo. Que tratan de encontrar un lugar en la sociedad. Que luchan, pero que sencillamente no lo logran. Son jóvenes que aplican a trabajos y a universidades. Que hacen filas, que llenan formularios, que acuden a entrevistas, a exámenes, a oposiciones, a concursos, pero que sólo reciben negativas.

Los "ni nis" están en una etapa muy delicada de la vida. Es el inicio del desarrollo profesional, es la etapa de formación para el trabajo, es la fase de los primeros proyectos, de los sueños y en esos años, los "ni nis" están a la deriva. Están atorados. No están en nada. No están en ruta hacia ningún lugar cierto.

Son chicos que esperan una oportunidad. Son angustia de padres y familias, que los apoyan y que no se explican qué pasa. Es un fenómeno que sin duda toca la autoestima de los chicos, que por supuesto, se sienten deprimidos y desorientados.

La semana pasada, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, el doctor José Narro Robles, alertó de manera enfática el riesgo que significa para México que haya 7 millones de "ni nis." Señaló el rector: "Necesitamos que nuestros jóvenes estén estudiando o estén trabajando y no que se encuentren en esa situación en lo que algunos han llamado las generaciones o los grupos 'Ni-Ni', ni estudian ni trabajan".

Los "ni nis" son un tema que merece atención y reflexión. El fenómeno tiene por supuesto dos vertientes. Una por cada ni. Una es la educación, la otra es el mercado laboral. Echemos un vistazo a ambas.

El problema educativo, en el que todos sabemos que vivimos un embudo. Tenemos exceso de oferta en los niveles más bajos de la pirámide poblacional y una gran carencia de recursos, profesores e infraestructura educativa en los niveles más altos.

No preparamos demográficamente el sistema educativo para el crecimiento de la población. No tenemos la oferta en donde está la demanda y no tenemos la agilidad para reaccionar ante este problema.

Nuestros nudos sindicales, la falta de acuerdos, la falta de preparación de profesores y la falta de planeación educativa por décadas, nos llevaron a un escenario en el que hoy no es posible ofrecer el servicio de educación superior a todos los jóvenes que lo demandan.

Según un estudio muy polémico presentado el mes pasado por la asociación "Mexicanos Primero", sólo el 13% de los estudiantes que ingresan a primaria en México concluyen una licenciatura.

Para dar un ejemplo, en el proceso de selección de este año 2009, la Universidad Nacional Autónoma de México, la universidad pública más grande e importante del país, recibió poco más de 105 mil solicitudes e ingresaron solamente 9,360 jóvenes, menos del 10% del universo de jóvenes que lo solicitaron.

En el tema laboral, el problema no es más fácil. El empleo es resultado del crecimiento económico y este año México apunta un crecimiento negativo del PIB que será de -7% anual.

Desde hace años se habla en México de la necesidad de crear un millón de empleos al año. Es un verdadero lugar común, porque claramente se requieren muchos más para satisfacer la demanda de los jóvenes que se incorporan anualmente al mercado laboral.

Pero concediendo con el mítico millón anual. El contraste es terrible. Este año de 2009 el saldo neto de empleos creados en México, según cifras estimadas del Seguro Social llegará, si hay suerte, a un saldo positivo de apenas 95,000 a 110,000 empleos. Otra vez menos del 10% de los empleos necesarios para la incorporación de los jóvenes que se necesitaban este año.

La crisis económica de este año, le ha pegado muy fuerte al empleo juvenil. Son precisamente los jóvenes los primeros sacrificados en los recortes de personal y los últimos considerados en los procesos de reclutamiento. La tasa general de desocupación del país para el tercer trimestre de 2009 subió en México a 6.2%. La desocupación entre los jóvenes de 14 a 24 años, es casi del doble.

Como vemos, tanto en el plano educativo, como en el laboral, con dificultades se logra satisfacer el 10% de la demanda de jóvenes.

Es por supuesto un problema serio y tener a tal cantidad de jóvenes atorados en ese punto de su desarrollo, ociosos, sin hacer nada, promete necesariamente problemas sociales muy graves en el presente o en el futuro.

Al analizar esta situación nos preguntamos: ¿Cómo no ha pasado algo más grave en México? ¿A qué le apuestan las autoridades? ¿Piensan que el problema lo resolverá de manera natural la mano invisible del mercado? ¿Cuál es el efecto de tener a 7 millones de jóvenes en esa condición? ¿Qué consecuencias tiene? ¿Qué hacen esos jóvenes? ¿Qué pasa con ellos? ¿Cómo se comportan? ¿A qué se dedican? ¿Qué piensan hacer? ¿Por qué no protestan? ¿Por qué no toman las calles?

El prestigiado antropólogo Roger Bartra señala que México vive una verdadera implosión social. Es decir, la población mexicana se encuentra ensimismada y sumergida en sus problemas personales y está claramente despolitizada y desarticulada. Me pregunto: ¿Cuánto tiempo durará esta situación?

Realmente conocemos muy poco el fenómeno de los "ni nis". Se trata de un segmento muy especial y sensible de la sociedad, a penas conocidos y atendido por las encuestas de ocupación y valores. No tenemos estudios serios que nos permitan saber realmente lo que está pasando con ellos y como procesan el conflicto.

Intuimos o suponemos estadísticamente algunas rutas o soluciones provisionales que están asumiendo los jóvenes. Muchos siguen viviendo de la solidaridad familiar, retardan la salida de casa y postergan planes de matrimonio e independencia económica. Algunos claramente migran o tratan de migrar hacia los Estados Unidos.

Otros, no pocos, tratan de encontrar espacio educativo en formas de educación de muy baja calidad. Optan por estudiar idiomas o computación en academias de muy bajo costo, que dan algunas facilidades, y que han crecido sin control haciendo muy buen negocio, aprovechando la desesperación y la necesidad de estos jóvenes y sus familias. Algunos optan por incorporarse al inmenso mundo de la economía informal y el trabajo precario.

Existe también el riesgo de que esos jóvenes sean fácilmente presas de la delincuencia organizada y el narcotráfico. El propio rector Narro señaló que esta franja de la población "constituye la bolsa de trabajo del narcotráfico."

Por último, en algunas ciudades, empiezan a presentarse nuevas formas de asociación juvenil, más estables que las pandillas, que crean "comunidades" o "familias" con sus propias reglas y códigos de conducta, ante la necesidad de los jóvenes de salir de casa. Hace algunos meses un gobernador me confiaba que, en su entidad, están surgiendo efectivamente esas comunidades. Son como "pandillas estables", que llegan a rentar un cuarto, que se establecen y que viven de lo que pueden, generalmente de trabajos eventuales y de la delincuencia. Son grupos urbanos marginados, con alguna preparación, que tienen familia muy pronto, y que están creando nuevos problemas.

Sin duda hay mucho trabajo pendiente para antropólogos, sociólogos, economistas y politólogos. Trabajo para universidades y empresas. Pero sobre todo, mucho trabajo para todos los niveles de gobierno.

Estamos ante uno de los problemas más graves y numerosos de exclusión social que vive nuestro país. Un problema que toca directamente nuestros valores y pone en entredicho el futuro de nuestra organización social. Porque sencillamente esos "ni nis" son nuestros jóvenes y son nuestro futuro.