jueves, 8 de julio de 2010

Soberanía popular

La declaración de independencia más antigua conservada en Occidente es la de Escocia; estos tipos de documentos que expresan la soberanía popular suelen desaparecer o perderse muy fácilmente, aunque es cierto que existieron. La declaración de Escocia es conocida como la Declaración de Arbroath; es de 1320 y se dirigía al papa Juan XXII; había otras dos contemporáneas que no han subsistido. Su párrafo más conocido es este:

Quamdiu Centum ex nobis viui remanserint, nuncquam Anglorum dominio aliquatenus volumus subiugari. Non enim propter gloriam, diuicias aut honores pugnamus set propter libertatem solummodo quam Nemo bonus nisi simul cum vita amittit.

Mientras queden al menos cien de nosotros, nunca seremos reducidos bajo el dominio inglés. No es en verdad por gloria ni por riqueza ni por honores por lo que luchamos, sino por la libertad, sólo por ella: ningún hombre honesto la entrega sino con la vida misma.

La segunda es el Acta de abjuración de las ocho Provincias Unidas de los Países Bajos (llamémoslos así, ya que Holanda era solamente una de esas provincias) de 26 de julio de 1581, contra su soberano legítimo Felipe II de España. Después ya sólo vendría la Declaración de independencia de los Estados Unidos de 1776. Resuelta curioso que aun hoy sea difícil conseguir estos dos primitivos documentos en un idioma tan universal como el español; el hecho de que sea universal no quiere decir que se expresen universalmente conceptos tan importantes para la historia de las conciencias como la libertad, la autodeterminación y la independencia; en español es difícil hablar de esas cosas a causa de los prejuicios históricos y las tradiciones políticas autocráticas y absolutistas. Así que he tenido que trabajar una traducción desde el inglés, esta:

Como para todos es evidente que un príncipe ha sido instituido por Dios para gobernar un pueblo y defenderlo de la opresión y la violencia como el pastor a sus ovejas, ya que Dios no creó a la gente esclava de su príncipe para obedecer sus órdenes bien o mal, sino al príncipe para bien de sus súbditos, sin los cuales no podría serlo y regirlos conforme a equidad, amor y fraternidad como el padre a sus hijos o el pastor a su rebaño, aun a costa de la vida en su defensa y preservación, y si no se comporta así, sino que antes bien los oprime y busca ocasión de violar sus antiguas costumbres y privilegios exigiendo de ellos un acatamiento servil de forma que ya no es príncipe sino tirano y no debe considerarse bajo otro criterio, sobre todo cuando esto se hace deliberadamente y sin autorización de los estados, no sólo podrán rechazar su autoridad, sino proceder legalmente a elegir otro príncipe para su defensa. Este es el único medio que queda para los súbditos cuyas protestas y peticiones humildes nunca podrán suavizar a su príncipe o disuadirlo de sus procedimientos tiránicos, y esto es lo que la ley natural dicta para defensa de la libertad que debemos transmitir a la posteridad incluso a costa de nuestras vidas, conforme hemos visto hacer con frecuencia a varios países en los cuales existen casos conocidos, tanto más justificados en nuestra tierra, que siempre ha sido gobernada de acuerdo a antiguos privilegios expresos en el juramento hecho por el príncipe al comienzo de su gobierno por el cual la mayor parte de las provincias recibe a su príncipe bajo unas condiciones que él jura mantener y que si viola ya no lo determinan soberano.

Así fue como el rey de España, tras la desaparición del emperador Carlos V su padre, de gloriosa memoria y de quien recibió todas estas provincias, olvidando los servicios realizados por los súbditos de estos países en beneficio de su padre y de él mismo, por cuyo valor llegó a alcanzar tan gloriosa y memorable victoria sobre sus enemigos que su nombre y poder se hicieron famosos y temibles en todo el mundo, al olvidar el consejo de su majestad imperial obró al contrario, oyó consejo de españoles que habían concebido un odio secreto por esta tierra y su libertad porque no podían disfrutar de los puestos de honor y altos empleos aquí en estos estados como en Nápoles, Sicilia, Milán, las Indias y otros países so dominio del rey. De forma que, atraídos por las riquezas de dichas provincias, que muchos de ellos conocían harto bien, estos consejeros, o por así decir su director protestó asiduamente al rey que era mejor para su reputación de grandeza someter a los Países Bajos por vez segunda para hacerse absoluto (con lo que ellos significan tiranizar a su gusto) en vez de gobernar conforme a las restricciones que había acatado observar en su juramento inicial. Desde ese momento, el rey de España, siguiendo a estos malos consejeros, buscó por todos los medios posibles reducir a la esclavitud a este país despojándolo de sus antiguos privilegios bajo gobierno de unos españoles que, en primer lugar, bajo la máscara de la religión, trataron de nombrar nuevos obispos en las más grandes y principales ciudades y dotar las más ricas abadías asignando a cada obispo nueve canónigos para que le ayudaran como consejeros, tres de lo cuales debía elegir la Inquisición.

Tras esta medida, hizo que los obispos (que podrían ser tanto desconocidos como naturales) tuvieran primer lugar y voto en la Asamblea de los Estados, siempre devotos del príncipe, y por la adición de estos cánones se habría introducido la Inquisición española, que ha sido siempre tan terrible y detestada en estas provincias como la peor de las esclavitudes, como es bien sabido, en tanto que anteriormente su majestad imperial, que una vez tuvo el gobierno de estos estados, cejó ante sus protestas y se dio por vencido dando prueba de esta manera del gran afecto que sentía por sus súbditos. Sin embargo, y a pesar de las protestas, muchos rogaron al rey por escrito, provincias y ciudades en particular y algunos señores principales y concretamente el Barón de Montigny y el Conde de Egmont, con aprobación de la Duquesa de Parma, entonces gobernadora de los Países Bajos, y con asesoramiento del Consejo de Estado, y enviaron varias veces a España este asunto. Y, aunque el rey les dio buenas palabras y motivos para esperar que su solicitud fuera cumplida, ordenó sin embargo en cartas lo contrario poco después de forma expresa que se admitiese a los nuevos obispos de inmediato y se les pusiera en posesión de sus obispados y abadías so pena de su descontento, y se sostuviera el tribunal de la Inquisición en los lugares donde antes había estado para obedecer y seguir los decretos y ordenanzas del Concilio de Trento, que en muchos artículos destruían los privilegios del país.

Cuando estas condiciones llegaron al conocimiento de la gente se dio ocasión a la protesta, a una gran inquietud y a la disminución del buen afecto que el pueblo había tenido siempre hacia su rey y sus predecesores; pero, sobre todo, maravilló que no se limitase simplemente a tiranizar sus personas y haciendas, sino también sus conciencias, que creían responsables ante Dios solamente. En esta ocasión el jefe de la nobleza, compadecido de la pobre gente, exhibió el año 1566 una protesta en forma de petición y humilde oración con fin de apaciguarlos y prevenir alteraciones del orden público, lo que debía complacer a Su Majestad al mostrar que la clemencia adeudada por un buen príncipe a su pueblo suavizaría los puntos mencionados, en especial respecto a la rigurosa Inquisición y las penas de muerte para con los asuntos religiosos. Y para informar al rey de este asunto de manera más solemne y representarle lo necesario que era para la paz y la prosperidad del pueblo eliminar las novedades y moderar la severidad de sus declaraciones sobre el culto divino, el Marqués de Berghen y el suprascrito Barón de Montigny fueron enviados como embajadores a España a petición de la Regente y del Consejo de Estado y los Estados Generales. Y el rey, en vez de darles audiencia y compensación por las quejas (que por falta de remedio a tiempo se habían extendido ya entre la gente común), hizo, por indicación del Consejo de España, proclamar rebeldes a todos los interesados en la protesta y culpables de alta traición y ser castigados con la muerte y la confiscación de sus bienes y, lo que es más, creyéndose bien seguro de reducir a estos países a tiranía absoluta por el ejército del Duque de Alba, hizo poco después encarcelar y dar muerte a los embajadores y confiscó sus propiedades contra una ley natural que ha sido siempre religiosamente observada incluso entre los más tiránicos y bárbaros príncipes.

Y, aunque los disturbios que sucedieron anteriormente en 1566 ya estaban apaciguados por el estatúder y sus ministros y muchos de sus amigos fueron desterrados, ya fueran violentos o moderados, ya que el Rey no tenía ninguna provisión razonable para usar de las armas y de la violencia para oprimir más este país, aun con estas causas y razones y mucho tiempo antes de que pidiera la opinión del Consejo de España (como aparece en cartas interceptadas al embajador español, Alana, y luego en Francia, por escrito a la Duquesa de Parma), ya había anulado todos los privilegios de este país y lo pretendía gobernar tiránicamente a placer como las Indias y sus nuevas conquistas, a instancias del Consejo de España, mostrando el poco respeto que sentía por su pueblo, tan contrario al derecho que un buen príncipe debe a sus súbditos, enviando al Duque de Alba con un poderoso ejército para oprimir esta tierra, quien, por sus crueldades inhumanas, es considerado como uno de sus mayores enemigos junto a sus consejeros. Y, a pesar de que entró sin la menor oposición y fue recibido por sus pobres súbditos con todas las señales del honor y de la clemencia que había prometido a menudo el Rey hipócritamente en cartas en las que dijo querer venir en persona para dar órdenes a satisfacción general, desde la salida del Duque de Alba con una flota equipada para llevarlo desde España y otra en Nueva Zelanda para venir a reunirse con él en los grandes fastos del país, lo mejor para engañar a sus súbditos, a pesar de todo el tal Duque, nada más llegar (aunque extraño y sin relación alguna con la familia real) nombró a un general con comisión de capitán y poco después de gobernador de estas provincias contra todas sus antiguas costumbres y privilegios y, a más de manifestar sus designios, inmediatamente llevó guarnición a las principales ciudades y castillos y levantó fortalezas y ciudadelas en las grandes ciudades que impresionaron a los súbditos y muy cortésmente envió fuera a la nobleza por mandato del rey con el pretexto de tomar su consejo y la empleó en servicio de su país. Y los que creyeron sus cartas fueron capturados y llevados a Brabante contra la ley y encarcelados y juzgados como delincuentes sin derecho y sin juez competente y, al fin, sin escuchar siquiera sus grandes defensas, los condenó a muerte y fueron públicamente e ignominiosamente ejecutados.

Los otros, más familiarizados con la hipocresía española y domiciliados en el extranjero, fueron declarados fuera de la ley y secuestradas sus fincas a fin de que los súbditos pobres no pudieran hacer uso de sus fuerzas ni asisitr a sus príncipes en defensa de su libertad contra la violencia del Papa; es más, gran número de caballeros y ciudadanos importantes fueron ejecutados y otros desterrados y sus propiedades confiscadas, y los honestos habitantes padecieron no sólo los daños causados por los soldados españoles alojados en sus casas a sus esposas, hijos y haciendas, sino también diversas contribuciones que se vieron obligados a pagar para construir ciudadelas y fortificaciones nuevas en las ciudades, incluso a costa de su propia ruina, además de los impuestos de XX y el diezmo, por pagar tanto en el exterior como en el interior, utilizados contra sus conciudadanos y contra aquellos que a riesgo de sus vidas defienden sus libertades. Con el fin de empobrecer a los súbditos e incapacitarlos para obstaculizar sus designios y poder ejecutar con más facilidad las instrucciones recibidas en España para tratar a estos países como nuevas conquistas, se comenzó a modificar las leyes en forma española directamente contra nuestros privilegios y, creyendo que por fin no había nada que temer, se esforzaron en instaurar un impuesto llamado el décimo centavo en las mercancías y manufacturas, para ruina total de estos países cuya prosperidad depende de un comercio floreciente, contra las frecuentes protestas no ya de una sola provincia, sino de todas ellas de consuno, lo cual se habría efectuado si no hubiera sido porque el Príncipe de Orange, desterrado por el Duque de Alba con otros diversos colegas y habitantes que lo habían seguido al exilio, la mayoría a su costa, buscó por el contrario con otros y con los estados de todas las provincias conseguir la fidelidad de coroneles para aumentar las tropas alemanas que estaban en la guarnición de las principales fortalezas y ciudades y por su concurso podrían dominarlas, ya que se había ganado a muchos de ellos entonces acercándolos a su propio interés con el fin de obligar a quienes no se unirían con él a hacer la guerra junto a las provincias de Holanda y Nueva Zelanda, una guerra más cruel y sangrienta que cualquier otra anterior. Pero, como no se pueden ocultar largo tiempo las intenciones, este proyecto fue descubierto antes de que pudiera llegar a ser ejecutado y él, ante la imposibilidad de cumplir sus promesas, en vez de lograr la paz de que tanto se jactaba, encedió una guerra que aún no se extingue .

Todas estas consideraciones nos dan razón más que suficiente para renunciar al Rey de España y buscar la gracia de algún y más poderoso príncipe que nos tome bajo su protección y, sobre todo, ya que estos países han sido durante estos veinte años abandonados a la perturbación y la opresión de su rey, tiempo durante el cual los habitantes no fueron tratados como súbditos, sino como enemigos esclavizados por la fuerza de sus propios gobernadores, y, habiéndose declarado también tras la muerte de Don Juan por el Barón de Selles que no iba a permitirse la pacificación de Gante (que don Juan tenía que mantener por juramento de Su Majestad) sino proponer a diario nuevos términos de acuerdo menos ventajosos, y a pesar de utilizar todos los medios posibles contra estos desalientos, tanto peticiones por escrito como los buenos oficios de los más grandes príncipes de la cristiandad, para reconciliarnos con nuestro rey, quien mantuvo hasta el fin durante demasiado tiempo a nuestros diputados en el Congreso de Colonia con la esperanza de que el intercesión de Su Majestad Imperial y de los Electores proporcionara una paz honorable y duradera y cierto grado de libertad, especialmente en relación con la religión (que principalmente se refiere a Dios y nuestra propia conciencia), por fin hemos hallado por experiencia que nada se obtendría del Rey con oraciones y tratados, ya que este último los usó para dividir y debilitar nuestras provincias; para él fue más fácil ejecutar su plan de rigor sometiéndonos uno a uno, como luego claramente apareció por determinadas proclamas y proscripciones publicadas por el Rey, órdenes en virtud de las cuales nosotros y todos los funcionarios de las Provincias Unidas con todos nuestros amigos somos declarados rebeldes y perderemos nuestras vidas y haciendas. Y así como nos hicieron a todos odiosos e interrumpieron nuestro comercio, también nos redujeron a la desesperación al ofrecer una gran suma para asesinar al Príncipe de Orange.

Por lo tanto, sin esperanza de reconciliación, y al no encontrar otro remedio, tenemos grato acudir a la ley natural en nuestra propia defensa y para mantenimiento de los derechos, privilegios y libertades de nuestros compatriotas, mujeres y niños y la posteridad, renunciar a ser esclavizados por los españoles y a la lealtad al Rey de España y buscar formas que nos presenten más probabilidades de asegurar nuestras antiguas libertades y privilegios. Conozcan todos los hombres, por la presente, cómo se nos reduce hasta un último extremo, tal cual se mencionó anteriormente y hemos declarado por unanimidad y de forma deliberada; el Rey de España ha perdido, ipso jure, todos los derechos hereditarios a la soberanía de esos países, y nos determinamos desde ahora en adelante a no reconocer su soberanía ni jurisdicción, ni ningún acto ateniente a su relación con los dominios de los Países Bajos, ni siquiera el hacer uso de su nombre como príncipe suyo, ni sufriremos que otros lo hagan. Por todo lo cual también declaramos a todos los funcionarios, jueces, señores, señores, vasallos, y todos los demás habitantes de este país de la condición o calidad que sean, exentos a partir de ahora de todo juramento y obligación que admita al Rey de España como soberano de estos países. Por los motivos ya expuestos, la mayor parte de las Provincias Unidas tienen presentada al gobierno de común acuerdo entre sus miembros la soberanía del ilustre Príncipe y Duque de Anjou bajo ciertas condiciones acordadas con su alteza; el serenísimo Archiduque Matías renunció al gobierno de estos países con nuestra aprobación, por lo cual mandamos a todos los justicias, funcionarios y a todos a los que pueda interesar no hacer uso del nombre, títulos o letra del gran sello del Rey de España a partir de ahora en adelante, sino, en lugar de ellos, siempre y cuando su alteza el Duque de Anjou esté ausente en los asuntos urgentes relacionados con el bienestar de estos países, tras lo acordado con su alteza o no, que provisionalmente se utilice el nombre y título del Presidente y del Consejo de la Provincia.

Y hasta que un presidente y los consejeros sean designados, mandará y actuará como tal en nuestro nombre, salvo en Holanda y Nueva Zelanda, donde deberán usar el nombre del Príncipe de Orange y de los estados de las dichas provincias, hasta que el Consejo antes mencionado se reúna legalmente y a continuación se ajuste a las instrucciones de la Agradable Junta Consultiva respecto al acuerdo celebrado con Su Alteza y, en lugar del antes mencionado sello del rey, harán uso de nuestro gran sello en los asuntos relacionados con el público, según dicho consejo autorice en su tiempo y sazón. Y en los asuntos concernientes a la administración de justicia y las operaciones propias de cada provincia, sea la Diputación y otros Consejos de ese país respectivamente, el nombre, título y sello de la Provincia donde el caso debe ser juzgado y no otro, so pena de que sean todas las cartas, documentos y despachos anulados. Y, para un mejor y eficaz desempeño del presente, nos ordena y manda que todos los sellos del rey de España que se encuentran en estas Provincias Unidas inmediatamente a la publicación de la presente se entreguen al patrimonio de cada provincia respectiva, no a las personas, a cuenta y riesgo del castigo discrecional.

Por otra parte, ordenamos y mandamos que de aquí en adelante todo dinero acuñado no deberá marcarse con el nombre, título o señas del rey de España en cualquiera de estas Provincias Unidas, sino que las nuevas piezas de plata y oro enteras, sus mitades y cuartos, sólo se harán acuñaciones como los Estados determinen. Pedimos lo mismo al Presidente y los demás señores del Consejo privado y todos los otros cancilleres, presidentes, contadores generales, y para los demás en todas las cámaras de cuentas, respectivamente, en estos países mencionados, y también a todos los demás jueces y oficiales, tal como tienen ofrecido desde ahora su nuevo juramento a los estados de ese país, en cuya jurisdicción dependen, o de comisarios nombrados por ellos , para ser fieles a nosotros contra el Rey de España y todos sus partidarios, de acuerdo con la fórmula de las palabras preparadas por los Estados Generales para tal fin. Y vamos a dar a dicho consejeros, justiciaries, y los funcionarios empleados en estas provincias, que han contraído en nuestro nombre con su alteza el duque de Anjou, un acto que les siguen en sus respectivas oficinas, en lugar de nuevas comisiones, una cláusula de anulación la ex provisionalmente hasta la llegada de su alteza...

Fuente: Oliver J. Thatcher, ed., The Library of Original Sources (Milwaukee: University Research Extension Co., 1907), vol. V: 9th to 16th Centuries, pp. 189-197.

miércoles, 7 de julio de 2010

Una cita equivocada

Ocurre con Don Quijote y con muchos otros clásicos citados indirectamente. Cuando se representa Don Juan Tenorio siguen pronunciándose esos famosos versos:

¿No es verdad, ángel de amor
que en esta apartada orilla...

Pero eso no lo escribió Zorrilla: si vemos el facsímil de la obra reproducido en la Biblioteca Virtual Cervantes: el dramaturgo puso «¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor...»

Koans

Los koans del budismo zen son como apoyos para pensar lo impensable o traspasar lo que no puede traspasarse. Esto es, para crear metaficciones. El pseudo Dionisio y su teología negativa ya intentaron usar este tipo de fórmulas, en las cuales estaban muy versados Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Las paradojas siempre han sido muy entretenidas: eso bien lo sabían Unamuno, Chesterton y Borges. Un maestro budista da una palmada y dice: "Este es el sonido de dos manos: ¿cuál es el de una sola?" (Hay quien dice que es el de un tortazo al maestro, pero eso es improbable). "Sin pensar bien o mal, muéstrame tu rostro antes de que nacieran tu padre y tu madre". "Ni siquiera surge un pensamiento ¿hace falta o no?" "Cuando un árbol cae en medio del bosque y nadie lo escucha, ¿produce algún sonido?" Al arzobispo Teófilo le dijeron que predicara para edificar a sus fieles, pero él contestó que si no eran edificados por su silencio, tampoco lo serían por su discurso. Shakespeare dijo uno: "La vida es una historia contada por un idiota, una historia llena de estruendo y furia, que nada significa". Una de las colecciones clásicas de koans es la Puerta sin puerta, que también se puede traducir por Muro sin muros, Barrera sin barreras, Entrada sin entrada, Cierre sin cierre o Vacío de vacío. San Juan de la Cruz en su Subida al Monte Carmelo hizo quizá el sutra de koans más hermoso:

Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.
Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo,
has de dejarte del todo en todo.
Y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada querer.

San Agustín formuló una famosa sentencia mística, que (según él) le fue revelado en un sueño por el mismo Cristo: "No me buscarías si no me hubieses encontrado". La oración por la paz, a veces atribuida a San Francisco de Asís, dice en su último verso: "Porque dando es como se recibe, olvidando es como se encuentra, perdonando es como se es perdonado y muriendo se resucita a la vida que no conoce fin".

martes, 6 de julio de 2010

Caciques manchegos.

Quien quiera conocer los tejemanejes de hoy hará bien en ver los de ayer, que son su borrador. Por ejemplo, los de los caciques de Castilla-La Mancha en el XIX, que pueden estudiarse aquí. También hay un texto del siglo XIX muy iluminador que cito en mi tesis, y ahora no sé por dónde anda. Al leerlo sabed que José María Nocedal, padre del famoso progresista-unitario-vicalvarés-moderado-puritano-neocatólico-carlista Cándido Nocedal (que de cándido no tenía un pelo) era de Torrenueva, en la provincia de Ciudad Real, y muy solicitado en las parroquias de Madrid como padrino. A buen seguro que sus ahijados acabarían gordos y lucios y de buen año, porque estos piojos se hincharon de acaparar bienes desamortizados, como también Jaime Ceriola, Francisco de las Bárcenas, Manuel Fernández Yáñez (el sinvergüenza que se quedó -en la persona de su hijo Lorenzo Fernández Yáñez y Novo- con gran número de tierras en Infantes y el Campo de Montiel por los procedimientos de extraviar documentos y organizar una mafia de subasteros que ejerció el fraude de tasación) entre otros chorizos de marca mayor (vid. Ángel Ramón del Valle Calzado, La desamortización eclesiástica en la provincia de Ciudad Real 1836-1854 1995. La simetría se advierte considerando que los desamortizadores de ayer son los constructores de hoy. La fascinación de Nocedal con Jovellanos, del que fue editor y biógrafo, es la de los caracteres opuestos: Jovellanos representa para Nocedal lo que nunca podría ser y en todo caso parecer o aparentar: alguien honrado, desinteresado y útil.

Parálisis

Si la parálisis no es la muerte, a fe mía que la semeja. Nada retiene tanto como la demasiada conciencia; mil opciones de tu propia voluntad te van encerrando como entre hilos de araña, hasta que uno se ve en el mismo dentro de un nudo gordiano, hecho un capullo y más mareado que la pelota de un escarabajo. Suponer que algo saldrá de allí, incluso una mariposa, es absurdo; uno se ha vuelto momia, no semilla; está muerto, no paralizado.

En mi caso lo que enreda son las notas, los papeles y los archivos de ordenador; muchos reclaman mi atención, trabajos pendientes que me están diciendo: "Ahora mismo" o "empieza de una vez" o "continúa donde lo has dejado" o "termina de una repajolera vez". Y como todas tiran con la misma fuerza, me ahueco y vacío henchido de nada, se equilibran y me quedo en el centro, angustiado y aterrado, pensando que si escojo una las demás me lo reprocharán. Nunca he sabido ponerme límites, lo cual es una ventaja a la hora de investigar y de orientarse en océanos de información, pero también es un problema cuando uno se quiere encender y ponerse en marcha. Saber que cualquier camino que tomes te llevará muy lejos y te descubrirá miles de nuevos caminos es terrorífico. ¿No sería mejor acampar y conformarse con las vistas de este lugar que tanto ha costado alcanzar? Supongo; pero es una cima y a cualquier movimiento que hagas te echarás a rodar; es eso lo que provoca tu parálisis y tu cansancio: caminar te cuesta menos esfuerzo que estar, o más bien, seguir de pie. Y al final llegarás a otra cima, y de nuevo tendrás que echarte a rodar... El tormento de Sísifo.

domingo, 4 de julio de 2010

Desigualdades de clase y desigualdades de edad

France, que fais-tu de ta jeunesse ?, Le Monde Magazine num. 42, supplément au "Monde" 3 juillet 2010.

Quelle place la société française accorde-t-elle aux jeunes ? Alors que le dossier des retraites monopolise le débat politique, les moins de 25 ans restent les premières victimes de la crise économique: 23 % d'entre eux subissent le chômage. La dernière fois que les jeunes français sont descendus massivement dans la rue, c'était au printemps 2006. Ils manifestaient contre le contrat première embauche. Le CPE permettait à l'employeur de mettre fin au contrat de travail sans justification pendant deux ans. Par leur forte mobilisation contre ce symbole d'une précarité imposée, les jeunes avaient alors obtenu le retrait du texte.

Quatre ans plus tard, la société s'englue dans le pessimisme. "La peur de l'avenir n'est nulle part aussi grande qu'en France et n'a historiquement jamais été aussi répandue dans ce pays qu'aujourd'hui ", constate Eric Maurin, auteur de La Peur du déclassement. Une sociologie des récessions qui, en 2009, a figuré parmi les vingt essais les plus vendus en France. C'est lui que Le Monde Magazine a choisi d'interroger pour savoir si les difficultés d'insertion des jeunes peuvent créer une "génération sacrifiée". Nous sommes aussi allés à la rencontre d'étudiants qui avaient lutté contre le CPE pour voir où ils en sont de leur parcours.

Pour Eric Maurin, les fractures majeures ne sont pas générationnelles, mais plus que jamais sociales et territoriales. Attisant les clivages, la crise pourrait entraîner "un risque majeur de dislocation de la société". Explications.

Le débat sur les retraites a éclipsé le problème de l'entrée sur le marché du travail ; les jeunes seraient-ils les oubliés des politiques publiques ?

Eric Maurin : La société française s'organise autour de statuts très protecteurs, mais difficiles et longs à acquérir. L'une des caractéristiques profondes d'un tel système social est de tolérer de très fortes inégalités entre les différents âges de la vie, la jeunesse étant l'âge sur lequel se concentrent toutes les incertitudes. La situation de la jeunesse est en fait la variable d'ajustement qui permet à ce type de société d'absorber les chocs, montée du chômage, pénurie de logements.

Dans ce système, les jeunes sont traditionnellement les parents pauvres des politiques publiques, on laisse plutôt les familles s'en charger. Il y a une grande frilosité à mettre en place des politiques de soutien public, d'aide sociale en direction des jeunes.

D'une société de classes, sommes-nous passés à une société de générations, où l'âge est discriminant ?

Le vieillissement de la population modifie incontestablement l'équation politique du pays. Mais les déchirures majeures ne sont pas générationnelles : elles restent sociales et territoriales. Depuis plus de vingt ans, les classes moyennes du privé sont objectivement en régression par rapport aux autres classes sociales. Elles souffrent de progressions nettement moindres de pouvoir d'achat, d'une exposition beaucoup plus forte au chômage, d'une incertitude croissante sur les retraites.

Les classes moyennes du public doivent de leur côté endurer une stigmatisation permanente de leur statut supposé de privilégié, agression ressentie comme d'autant plus injuste que ce statut a été difficile à acquérir. La crise attise ces clivages et un cocktail social explosif se met en place, tout à fait comparable à celui des années 1930. D'autant plus explosif qu'il se superpose aujourd'hui à de redoutables cassures territoriales.

La tendance de fond de la société française est au séparatisme, à la constitution de ghettos de riches hyperprotégés, d'un côté, et de zones où se concentrent toutes les pauvretés de l'autre. Rien n'est fait, actuellement, qui soit à la hauteur de l'enjeu. Là réside un risque majeur de dislocation de la société.

François Hollande parle d'une "génération sacrifiée", Dominique de Villepin s'inquiète du sort fait aux jeunes. Le constat est pessimiste…

Ces prises de position mélangent une analyse en termes de génération et une analyse en termes d'âge, alors que c'est complètement différent. En termes d'âge, c'est-à-dire de situations qu'une personne d'une génération donnée occupe successivement au cours de sa vie, il y a effectivement de très fortes inégalités en France. Surtout entre le début et le milieu de la carrière.

A chaque instant, ces inégalités entre classes d'âge se confondent avec des inégalités entre générations. C'est ce qui rend toujours possible, en France, de parler des jeunes comme d'une génération sacrifiée, alors qu'en tant que génération, ils ne sont ni plus ni moins sacrifiés que les générations précédentes.

En fait, les jeunes d'aujourd'hui sont dans une situation meilleure que la génération du début des années 1960 au même âge. Quand vous comparez les générations successives, le pouvoir d'achat à un âge donné s'est énormément amélioré du début du siècle jusqu'à la génération du baby-boom ; après, on assiste à une stagnation entre la génération qui est jeune au début des années 1950 et celle du début des années 1960, et depuis cela repart à la hausse.

es dernières générations dont on peut observer le niveau de vie à 30 ans sont plutôt mieux loties que les précédentes au même âge. La génération sacrifiée, s'il y en a une, est en réalité celle du début des années 1960.

Nous ne sommes donc pas dans une situation de conflit de générations en termes de partage des richesses, d'intérêt…

Si le discours catastrophiste sur la "génération sacrifiée" peine à trouver sa traduction politique, c'est parce que chaque génération que l'on dit sacrifiée – c'est-à-dire les jeunes que l'on observe à un moment T – ne se considère pas en réalité comme une génération.

Les jeunes se vivent à un âge particulier de leur vie, et ils savent bien qu'ils sont dans un système où s'acquièrent progressivement des protections, des statuts ; c'est pour cela qu'ils sont souvent les premiers à défendre l'édifice. Ils ne veulent pas que soit détruit cet horizon qu'ils espèrent atteindre en cinq à dix ans. Chacun se vit comme un vieux en puissance.

Est-ce pour cela que les jeunes défendent souvent des acquis comme le bac, et contestent tout nouveau type de contrat de travail (le CIP de Balladur, le CPE de Villepin) ?

Oui, parce qu'ils savent que ces acquis correspondent à des étapes dans leur vie. Ils ne les perçoivent pas comme des institutions qui excluent, mais comme des moyens de promotion au fil des âges de la vie. Ils refusent tout ce qui s'apparente à une destruction de ces repères.

Peut-on parler d'une "génération précaire" ?

Les contrats précaires ne datent pas d'aujourd'hui. Ils furent institués dès la fin des années 1970, après le premier choc pétrolier, sous la présidence de Giscard. C'était une période très déstabilisante pour l'économie française. Le retour d'une croissance forte n'empêche pas l'explosion du chômage des jeunes.

Le modèle social issu des "trente glorieuses" semble alors conduire le pays dans une impasse. Raymond Barre est contraint d'amender le modèle, en favorisant la création de nouveaux statuts, moins protégés (CDD, institutionnalisation de l'intérim, etc.). A partir de cette période-là, le sort des jeunes va être indissociable de ces nouveaux contrats précaires.

Les retraités d'aujourd'hui ne sont-ils pas les plus privilégiés, ceux qui ont eu tous les avantages ?

Objectivement, c'est vrai. Mais peut-on en faire un objet politique ? Est-ce que cela peut nourrir du ressentiment dans la société, des tensions et des clivages ? Pas si sûr, car le système n'a pas vraiment été manipulé. Il y a de très fortes inégalités entre les générations du point de vue des bénéfices que chacune peut, ou pourra, tirer de ce système de retraite. Mais ces déséquilibres sont une conséquence mécanique des caractéristiques institutionnelles du système. En fait, comme souvent, le ressentiment et la force de résistance seront sans doute plus forts chez ceux auxquels le système a le plus bénéficié.

Cette société de statuts est aussi très liée à l'acquisition de diplômes. Tout se joue très vite et très tôt ; cette logique peut-elle être remise en cause ?

Le système scolaire français est une institution qui trie et classe les élèves, notamment au collège et au lycée. Paradoxalement, c'est encore plus vrai aujourd'hui qu'avant la grande démocratisation scolaire qu'a connue le pays. Le système a atteint un degré de sélectivité parfait.

Autrefois, on isolait les 20 % de l'élite, et les 80 % restant demeuraient relativement égaux. Aujourd'hui, le système produit une hiérarchie beaucoup plus serrée. Personne n'y échappe, entre ceux qui échouent au collège et ceux qui poursuivent au lycée, entre ceux qui sont orientés vers une filière professionnelle et ceux que l'on garde dans une filière générale, ceux qui rejoignent les sections S et les autres, etc.

En outre, cette hiérarchie est perçue par les familles comme reflétant le mérite de l'élève, et c'est pourquoi elle est acceptée et très difficile à remettre en cause. Tout ce que cette opération de sélection doit aux inégalités sociales entre enfants reste largement occulté.

Mais si elles demeurent fortes, les inégalités entre enfants de milieux sociaux différents ne se sont toutefois pas aggravées au fil du temps, contrairement à une vulgate catastrophiste.

Qui a profité de la démocratisation scolaire de ces dernières décennies ?

Ce sont les classes populaires qui ont le plus bénéficié de l'expansion scolaire de l'après-guerre, les enfants d'agriculteurs notamment. Le point de blocage majeur demeure toutefois le système des grandes écoles. Les inégalités devant ces voies d'accès à l'élite du pays sont restées à peu près exactement aussi fortes après la démocratisation qu'avant. Certes, les milieux populaires vont de plus en plus loin dans la compétition scolaire : la moitié de chaque génération atteint ainsi aujourd'hui les portes de l'enseignement supérieur. C'est un progrès. Mais les portes de l'élite leur demeurent quasi fermées. Il est difficile d'imaginer que cette situation puisse vraiment perdurer.

De façon générale, l'anxiété autour de l'école n'a probablement jamais été aussi forte. C'est tout à fait compréhensible d'ailleurs : contrairement à certaines idées reçues, posséder des diplômes n'a jamais été aussi décisif sur le marché du travail. Ce noyau d'angoisse irradie l'ensemble du corps social, d'autant plus que les carrières scolaires se jouent précocement. Chacun est tout au long de sa vie angoissé par l'école, que ce soit pour soi-même ou, plus tard, pour ses enfants et ses proches.

Une étude récente, réalisée par l'Ifop dans onze pays occidentaux, a montré que les Français ont nettement plus le sentiment que les Américains de vivre dans une société injuste. Comment expliquer ce profond sentiment d'injustice dans une société qui se veut égalitaire?

n France, les inégalités sont à chaque instant plus faibles qu'aux Etats-Unis, mais elles y sont aussi beaucoup plus permanentes. Il en découle un sentiment d'injustice plus marqué, puisque les inégalités reflètent moins ce que chacun peut démontrer au jour le jour et davantage des positions statutaires acquises très tôt dans la vie, jamais remises en question.

La peur devant l'avenir n'est nulle part aussi grande qu'en France et n'a historiquement jamais été aussi répandue dans ce pays qu'aujourd'hui. Dans toute société, la peur est d'abord et avant tout indexée sur la difficulté anticipée à remonter la pente en cas de déchéance, et cette difficulté n'est nulle part aussi grande que dans des sociétés à statuts, comme la société française.

La peur devant l'avenir n'est par ailleurs jamais aussi forte qu'en période de récession, car c'est précisément dans ce type de moment que les échecs scolaires et professionnels ont les conséquences les plus irrémédiables. Si vous êtes licencié aujourd'hui, vos perspectives de rebond sont encore plus faibles qu'en temps normal. Rien n'est plus anxiogène.

Le niveau élevé de l'endettement public – qui limite les capacités d'action des pouvoirs publics – est un facteur objectif d'inquiétude…

C'est vrai. La dette accumulée aujourd'hui pour soutenir la demande va constituer une contrainte pour l'action publique à venir. En même temps, tout dépend du niveau de croissance économique futur. Avec une croissance raisonnable, le choc pourra être digéré.

Pourquoi la remise en question du système français est-elle si difficile ?

Remettre vraiment en question notre système social reviendrait à remettre en jeu la nature profonde de ce qui est perçu comme enviable dans la société française. Or on ne touche pas facilement à une donnée aussi fondamentale.

Comme l'a bien montré Philippe d'Iribarne dans La Logique de l'honneur, ce qui, en France, est traditionnellement perçu comme enviable, c'est obtenir les confiances et les dignités les plus permanentes possibles, en échange de charges accomplies dans la plus grande liberté, avec le seul sens du service et de l'honneur. Etre récompensé une fois pour toutes pour ce que l'on est, et non pas pour ce que l'on fait.

Plus prosaïquement, les projets de réforme d'un tel système se heurtent au fait qu'une partie importante de la population a déjà consenti beaucoup de sacrifices : une fois en place, une fois son statut assuré, chaque génération défend toujours le système, légitime le contrat social dont elle commence à bénéficier, et elle se montre alors extrêmement rétive à une remise à plat des institutions.

La question générationnelle n'émerge pas politiquement. La force des échanges entre générations, en particulier les aides financières apportées par les plus anciens, contribue-t-elle à réduire le conflit ?

Oui, à l'intérieur des familles, il y a un important phénomène de redistribution entre générations. Contrairement à une idée reçue, les parents n'ont jamais consacré autant de temps à leurs enfants. Ils ne les ont jamais aidés aussi longtemps à acquérir leur autonomie en matière de logement.

Cela devrait nous faire réfléchir sur la transmission de la richesse : aujourd'hui, les héritages familiaux interviennent très tard au cours de la vie. La richesse passe ainsi des très vieux aux vieux – alors que ce sont les jeunes qui en ont le plus besoin. Taxer davantage les héritages et inciter aux donations contribuerait sans doute à réduire les inégalités entre générations.

sábado, 3 de julio de 2010

Francisco Nieva

"Yo soy mi padre", ROSANA TORRES, El País, 02/07/2010

Ni Vanessa Redgrave, ni Michel Piccoli, ni Adolfo Marsillach, Amparo Rivelles o María Jesús Valdés. Ninguno dejó tan acongojado a su público cuando actuaron en el Corral de Comedias de Almagro, el único teatro del mundo que funciona ininterrumpidamente desde 1617, como lo hizo anoche el dramaturgo, escritor, académico, escenógrafo y pintor Francisco Nieva. Con una pequeña diferencia, este manchego de 85 años e imaginación telúrica, no actuaba, sólo compartió con los allí presentes un gran secreto que guardaba en su memoria desde hacía 69 años.

Lo que ocurrió fue que al emocionarse ante la cerrada ovación que recibió del público puesto en pie cuando se le entregaba el X Premio Corral de Comedias, que concede anualmente la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha, guardo en su bolsillo los papeles que llevaba escritos para leer y dijo con palabras entrecortadas: "Prefiero improvisar con el corazón y hacerles presentes en una confesión muy íntima que nunca había hecho antes".

Lo dijo nada más recibir otro regalo. Una jocosa y breve actuación de dos de sus actrices fetiche, Ángeles Martín y Beatriz Bergamín, que representaron brillantemente un descarado y desternillante fragmento de rico vocabulario de El combate de Ópalos y Tasia del propio Nieva.

Haciendo referencia a ese texto el dramaturgo inició su confesión: "Esas palabras locas y emocionadas las escribió un chico de 16 años, sometido a todas las presiones de la inmediata posguerra, mientras su padre agonizaba en la habitación de al lado". Ahí ya empezó a ponerse duro el tragar saliva sin que desapareciera el nudo en la garganta. "Pensaba que me abandonaba y la desesperación de perderle me llevó a la aspiración de asumirle, porque él hubiera querido escribir, hacer teatro...., tuve un acceso paranormal y me volví loco, era 1944 y la expresión sincera de los sentidos para mí era urgente en aquella sociedad, lo que me pasó fue una revelación y una rebelión. Mi padre moría arruinado y fracasado y quise hacer lo que él no pudo", apuntó Nieva sin contar que su padre fue alcalde republicano de Valdepeñas, perseguido en el franquismo y su tío Cirilo del Río, el ministro de la II República que trajo el divorcio a España por primera vez, fue fusilado en Toledo. Nieva concluyó cuando ya tenía al auditorio en un silencio electrizante: "Es por eso que sólo quiero deciros: Yo soy mi padre". Surgían las primeras lágrimas entre el público y Nieva volvió a susurrar con la voz rota y emocionada: "Yo soy mi padre".

Bravos, llantos, ovaciones, políticos que compartían con el dramaturgo su dolor. Aquello fue la más emocionante noche que había vivido el Corral desde que se redescubriera en 1957 y se le volviera a dar el uso para el que fue creado en el siglo XVII, como afirmaban los mayores del lugar.

Junto a Nieva, que llevaba las manos de su rostro, que pudorosamente intentaba tapar para que no viéramos su emoción, a su pecho para dejar claro que su corazón estaba con todos los presentes, José María Barreda, presidente de Castilla la Mancha, Félix Palomero, director del Inaem, Luis Maldonado, alcalde de Almagro, Natalia Menéndez, directora del Festival del Almagro, las actrices antes mencionadas y dos creadores y amigos de Nieva que hablaron sobre él, el pintor y académico José Hernández y el director de escena Juan Carlos Pérez de la Fuente.

Cuando todos ellos y la mayoría del público recuperaron la compostura emocional salieron a la calle donde en la bella Plaza Mayor de esta ciudad les esperaban los barrocos y nievasianos personajes de Morboria Teatro que acompañaron al galardonado y su larga corte hasta el claustro del Museo del Teatro, entidad que ha organizado una bella exposición que Nieva disfrutó horas antes inaugurándola: De Amalio Fernández a Francisco Nieva: viaje por la escenografía romántica. En ella se puede ver como Nieva revoluciona la escenografía contemporánea con su creación de un espacio poético con tintes neorrománticos que relacionan su obra con la de otro genial manchego, Amalio Fernández, el último escenógrafo romántico y fundador de la Paramount en Estados Unidos.

Nieva y su historia

Nace en Valdepeñas (Ciudad Real), en 1924. En 1942 ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. En 1953 obtiene una beca del Instituto Francés de París, donde trabaja como pintor y dibujante. Allí conoce el pensamiento de Artaud, que determina su posterior estética teatral, y se relaciona con autores como Beckett, Ionesco y Adamov. Dos encuentros determinantes en su orientación posterior son la llegada de Brecht al Théâtre des Nations y sus lecturas de Genet.

En 1963 recibe el premio Polignac. En 1964 regresa a España y centra su actividad teatral en la escenografía. En 1971 se publica por primera vez una obra suya, Es bueno no tener cabeza, en la revista Primer Acto, que se estrena un año más tarde en privado. Durante los años posteriores ven la luz otros textos: Tórtolas, crepúsculo y...telón (1972), Pelo de tormenta (1973), Coronada y el toro (1974), y Teatro furioso y Teatro de farsa y calamidad(1975).

En 1976 estrena en el Teatro María Guerrero Sombra y quimera de Larra. Poco después se presentan La carroza de plomo candente y El combate de Ópalos y Tasia en el Teatro Fígaro de Madrid, obras por las que se le concede el premio Mayte de Teatro. En 1977 sube a los escenarios del Teatro Romano de Mérida La paz, celebración grotesca sobre Aristófanes. El 24 de enero de 1978 se estrena en el Teatro Bellas Artes de Madrid Delirio del amor hostil. En 1980 realiza la adaptación y puesta en escena de Los baños de Argel de Cervantes, por la que obtiene el Premio Nacional de Teatro. Este mismo año se estrena El rayo colgado en Vitoria y La señora tártara en el Teatro Marquina de Madrid y publica Malditas sean Coronada y sus hijas y Delirio del amor hostil.

En 1982 dirige su obra Coronada y el toro en el María Guerrero y gana el Premio de la Crítica. En 1986 es elegido miembro de número de la Real Academia Española. Son años de sucesivos estrenos: Tirante el Blanco (1987), No es verdad y Te quiero, zorra (1988), Corazón de arpía (1989), El baile de los ardientes (1990), Los españoles bajo tierra (1992). En 1988 publica su Trilogía italiana, y en 1991 se edita su Teatro Completo. En 1992 recibe el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y también el Premio Nacional de Literatura Dramática por Manuscrito encontrado en Zaragoza. Un año después el Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas estrena Nosferatu (1993), ese mismo año recibe la Medalla de Oro de la Comunidad de Castilla-La Mancha.

En el Festival de Avignon de 1995 se representa Le retable des damnés, espectáculo compuesto por tres obras (No es verdad, Caperucita y el otro y Te quiero, zorra), que después se repondrían en el Théâtre National de la Colline de París.

En los noventa publica sus novelas El viaje a Pantaélica (1994), Granada de las mil noches (1994), La llama vestida de negro (1995), Oceánida (1996), y Carne de murciélago. En 1996 se le concede la medalla al mérito en las Bellas Artes. En 1997, Pelo de tormenta es estrenada en Centro Dramático Nacional. Ese mismo año dirige La vida breve, de Falla, para la reapertura del Teatro Real, y en 2001, la ópera La señorita Cristina, de Luis de Pablo, en el mismo teatro. En 1999 recibe el Premio Segismundo de la Asociación de Directores de España a una labor teatral significativa.

En 2001 es investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Castilla-La Mancha. En 2002 se estrena, bajo su dirección Manuscrito encontrado en Zaragoza, en el CDN. Ese mismo año publica sus memorias Las cosas como fueron. En 2004 dirige en el teatro de la Zarzuela La mala sombra y El mal de amores de los Hnos. Quintero. Obtiene el Premio MAX de Honor de teatro y el Primer Premio Ducado de Loeches por su novela La mutación del primo mentiroso.

Como articulista su labor ha sido intensa y continuada en diversas revistas y periódicos nacionales, por lo que fue reconocido con el Premio Mariano de Cavia en 1991. Entre sus últimas publicaciones figuran Los mismos y Viva el estupor, bajo el título genérico de Dos comedias televisivas en Espasa-Calpe; y Misterio y festival en la colección de la ADE, tetralogía satírica compuesta por La visita del catecúmeno, En casa de Timoleón, el antiguo, Las tinieblas de Egipto y Día de capuchinos.

En 2008 vio la luz, publicada por Espasa, en dos tomos, su Obra Completa. Este año, también, recibe el premio de teatro de la Comunidad de Madrid y el premio de las letras Ciudad de Alcalá.
En 2009 publica El Cíclope, y en 2010 recibe el premio Corral de Comedias de Almagro.

ROSANA TORRES

viernes, 2 de julio de 2010

La medalla de San Benito



Como era mi cumpleaños el 28 de junio, mi familia me ha regalado una medalla de San Benito de plata antigua; la consiguieron en una subasta en Internet, tras haberla buscado más de seis meses; podían haber conseguido veinte por apenas seis euros, pero han logrado una histórica que por lo visto es del siglo XIX.

La tradición afirma que la medalla de San Benito es uno de los amuletos del catolicismo más poderosos y benefactores, si está bendecida de acuerdo con un ceremonial muy elaborado preestablecido, y sobre todo posee un enorme poder de exorcismo y de protección frente al mal y la enfermedad; aunque hay que mostrarse digno de ella y llevar una vida muy honorable. La medalla está cubierta de símbolos, anagramas y abreviaturas, así como alusiones a la vida del Santo. Su diseño es antiquísimo y ha sido reconocida como eficaz por muchos papas.

El regalo me emocionó, aunque también me llenó de responsabilidad, porque no puedo defraudar la confianza que la medalla ha puesto en mí para venir a mis manos; quise que la llevara una de mis hijas en vez de yo mismo, pero no quisieron; yo siempre pido regalos raros, que les cuesta Dios y ayuda conseguir a mis familiares, como por ejemplo relojes de arena de una hora, atriles o facistoles con guardapáginas de hoja de vidrio etcétera; pero ellos, no sé cómo, siempre consiguen encontrarlos como unos verdaderos discípulos de Indiana Jones. Como un arpa eolia era carísima, pieza casi de museo, se decantaron por la medalla de San Benito y hete aquí que ya tengo una. No sé por qué, consigo ser al mismo tiempo un descreído absoluto y un creyente fervoroso, aunque poco cumplidor; quizá nunca resolveré esta ingénita contradicción; como a muchos, el Dios transmitido y elaborado por la cultura humana me repugna un poco y prefiero hacerlo a mi imagen y semejanza, lo cual no me impide pensar que no sea, más allá de esos límites, diferente y el mismo para cada persona al margen de esas elaboraciones culturales.

Casi el mismo día que me puse la medalla tuve un suelo curioso, interrumpido violentamente antes de que se volviese una pesadilla; de él apenas recuerdo nada, salvo que iba a coger con mi mano derecha una caja blanca y entonces una especie de animal negro y malo de forma muy indefinida se acercó como un rayo a mi mano, no sé si para quitármela o morderme; nada más tocarla se apartó súbitamente como si hubiese recibido una corriente eléctrica. Me desperté más sorprendido que sobresaltado; un creyente habría atribuido este suelo a la protección de la medalla; un descreído, a la ilusión que me provoca creer en la protección de la medalla. Yo, ambas cosas. A pesar de ese efecto apotropaico, me siento como un sirviente, no señor, de la medalla; no es un anillo que desee el mal, sino un amuleto tradicional cuyo fin es mejorar la condición de las personas y cuyo fin es propiciar el bien.

Objetivo político: alcanzar el nivel de corrupción de Kenia.

Un buen objetivo político para La Mancha sería alcanzar el reducido nivel de corrupción de Kenia; y es así por lo que documenta El Mundo: "Los diputados kenianos se suben el sueldo un 29% y cobrarán 11.000 euros al mes, en uno de los países más corruptos de África".

Quiá, en Castilla-La Mancha se lo subieron el 35 %; todavía ganamos a los kenianos.

jueves, 1 de julio de 2010

El móvil de Paloma

Paloma se fue a la piscina con su prima, y le volaron el móvil... Mecachis en la mar, perdón, en la piscina! Pero el caco (o caca, que en esto de robar no hay sexos) se va a llevar una desagradable sorpresa, porque el invento posee una triquiñuela escondida, por la cual, si le cambian la tarjeta, efectúa una llamada por lo bajini a tres teléfonos predeterminados de su agenda para chivar el número del mangante; es más, desactiva todas las funciones del aparato: mucho robo para nada. El dispositivo ha resultado tan eficaz que ya tenemos los datos del caco, y además por triplicado, porque el sujeto, no resignado a perder un móvil tan majo, ha intentado usarlo tres veces; realizada la denuncia, el policía especialista en delitos informáticos se rascaba la cabeza ante la novedad y, entusiasmado, hasta ha incorporado la alerta a su propio móvil; uno quisiera que los polis estuvieran más informados de las novedades tecnológicas, pero el hombre ha prometido hacer todo lo posible. Y en eso estamos.

miércoles, 30 de junio de 2010

La honestidad y el ejemplo.

Estos mequetrefes políticos son la monda; uno pensaba, hace decenios, que la política era algo serio y no esta sucesión telediaria de payasadas. Y van los muy execrables, agarran y dicen que es una cuestión moral lo de los servicios mínimos en la huelga del metro de Madrid. Como si tuviéramos que darles ejemplo a ellos; como si no supiéramos que toda moral se reduce al precepto kantiano de dar ejemplo; como si pudieran dar lecciones de moral ellos; para qué cumplir leyes de servicios mínimos si los políticos son los primeros en quebrantarlas; no hablo, por ejemplo, de la tan famosa corrupción, sino por ejemplo del escandaloso servicio mínimo de asistencia a las Cortes, que clama venganza en asuntos tan importantes como los educativos, o en cuanto al cumplimiento de pactos como el de Toledo y muchos otros. Si el gobierno no cumple con las leyes, ¿por qué las han de cumplir los sindicatos? El gobierno desautoriza con su ejemplo las leyes y legitima huelgas salvajes y cualquier desastre que puedan acarrear; se trata de una situación de inmoralidad política muy semejante a la existente antes de la Guerra Civil, que no deja de resultar preocupante. El gobierno haría bien (y por tanto no hará) en restaurar su propia honestidad y luego pedir la de los demás. Es así como se debe hacer, y no de otra manera. La moral les sirve a los políticos para ponerse morados, no precisamente de vergüenza, cuando tan lucido color debía deberse a estar amoratados a golpes.

lunes, 28 de junio de 2010

Viaje a Valdemoro

De nuevo vuelvo a hacer costumbrismo, que es algo que no se suele hacer hoy en día: salir por ahí y tomar nota de lo que uno ve, de forma realista, sin pretensiones literarias. El motivo lo da el que este sábado nos fuimos a Valdemoro, porque Ana Isabel quería participar en su certamen de pintura rápida; esta localidad de Madrid, famosa por la frase hecha "entre Pinto y..." posee un escudo alusivo con un rey encadenado a un castillo. Tomamos un autobús de la AISA; nada más empezar el viaje se filtró agua desde el sistema de ventilación del techo, que no se drenaba, y a una pobre emigrante ecuatoriana le tocó empaparse con esta gotera; ella no estaba desconcertada por el hecho, que asumía con una fatalidad natural: hasta hubo que indicarle que se cambiara de asiento. Quizá esta disposición indígena les hizo sobreponerse a todo, incluso a los cabrones colonizadores españoles. El conductor intentó excusarse diciendo que el conducto de ventilación debía estar atascado; yo no ignoraba que entre sus funciones figuran las del mantenimiento de los vehículos: repararlos y limpiarlos, aunque imagino que tampoco debe ser tarea fácil.

Habituado como uno está al Ave lanzadera, hoy Avant (la manía de cambiar las denominaciones lleva a otros cambios inadmisibles; son como la ampulosa charla de un mercachifle malo), uno revive los zarandeos, meneos, vibraciones, empujones y malas posturas de los inefables viajes en diligencia mecánica, así como la corrupción del MOPU (otro órgano al que han cambiado de nombre) a la hora de asignar los materiales con que se construyen las autovías o se rellenan los baches. A eso se suman los trayectos interminables, la falta de refresco y las detenciones en parajes abandonados, puros desiertos de la indeterminación, donde es posible atisbar a algún guiri perdido mientras uno se repone a medias del mareo causado por los vapores residuales del tabaco, que nunca terminan de desaparecer del todo, como las culpas inconfesables.

Llegamos al hostal Victoria, de cuatro habitaciones limpias, dejamos el equipaje y nos dormimos una siesta para reponernos de los rempujones de la cabra mecánica. Luego callejeamos. Valdemoro es una ciudad pequeña, con plazas y parques bien cuidados y algunos monumentos dignos de verse, como su iglesia parroquial, que da a sus visitantes las mismas indulgencias que a los que visitan San Juan de Letrán y a la que han adosado una orgullosa y altísima torre moderna de ladrillo, y su ayuntamiento, que recuerda a los manchegos con sus soportales levantados sobre columnatas rematadas con zapatas de madera. En la iglesia vimos que hay un niño enterrado de tres años en su altar mayor, como recuerda una lápida alusiva; es un detalle que revela uno de los peores dolores que puede sufrir un ser humano, la pérdida de un hijo. Me llama la atención la abundancia de palomas y de perros; es una ciudad que quiere mucho a los animales, aunque estos últimos son auténticos aristócratas: hay todo tipo de razas oliéndose el culo. Un chino podría elegir entre distintas variedades de carne de perro y, sin hacer comparaciones caninas, también aquí hay una enorme multiculturalidad humana: por las calles veo españoles, chinos, rumanos, portugueses, ecuatorianos y negros; en las paredes hay pintadas en chino; por casualidad veo un papelito en rumano donde se ofrece una camera (habitación) a un emigrante. Un gorrión ha hecho su nido dentro de una caja abandonada de empalmes telefónicos; oigo a su chiquillería resonando dentro y le veo entrar por el agujero; debajo de un coche, otro gorrión caído del hogar es alimentado solícitamente por su madre, mientras hace esfuerzos por subir al arbusto de una jardinera, de ahí a un coche, de ahí al agujero de un árbol y de allí a la rama; pero el gorrioncillo no es lo bastante listo todavía para averiguar el itinerario y a lo más solo llega a subirse a la jardinera; nosotros no lo ayudamos, porque sabemos que las madres aborrecen a los gorriones que cogen los hombres. De hecho, uno que rescatamos tuvimos que quedárnoslo y hoy vive con nosotros volando por nuestro salón.

También vemos pájaros más grandes; la iglesia mayor posee un espectacular nido de cigüeña aparentemente sin alquilar. Encontramos una tienda de animales y pasamos; nos cuentan los dos dueños que, después de diecinueve años trabajando en una empresa, los han despedido, así que por ello han puesto esta tienda; a uno de ellos le noto cierto plumaje; es encantador y si fuera por ese estilo no me desagradaría tenerlo de novio; ellos mismos diseñan los juguetes de los loros y periquitos y los fabrican. Yo me siento especialmente colocado viendo a los pajaritos diamante mandarín, así llamados por su rojo pico, y a los peces chupones, que se pasan todo el día dando besotes a los cristales; como se alimentan de guarrería los suelen tener en los acuarios para depurar el agua. También se pasean por el escenario varios perros, entre ellos uno llamado Romeo que es muy feo; hace unos días vi a otro con un curioso nombre, Dexter.

Siempre que paseo me divierto viendo a los niños con sus padres; algunos van en su carrito, otros conduciendo vehículos de juguete o portando sacos de chuches; es una sensación plenamente humana y reconfortante ver sus juegos, sus pequeños desconciertos y curiosidades, el afecto con que recurren a sus padres para todo y la retribución que sienten de ellos. En sus gestos no se ha escrito todavía el disimulo, la resignación, la fatiga, la tristeza, la frustración. Como todos los sábados se reúne un pequeño mercadillo en una plazuela donde se venden todo tipo de objetos de segunda mano, incluso libros; no tengo tiempo de verlos todos, porque empieza a chispear un chaparrón veraniego y los vendedores los recogen a espetaperro en cajas antes de que se les mojen; compro sin embargo una paloma de cerámica de apenas ocho centímetros de largo, que me parece graciosa. Los pájaros es que nos pueden, desde que nuestra hija Paloma salió ornitóloga del vientre de su madre. A la mañana siguiente, después de pasarme en vela casi toda la noche por extrañar la cama (eran camitas de pitufo, que venían bien a mis seres queridos, pero a mí me sobresalían los pies) desayunamos en una churrería; mi mujer espiaba la conversación de una rival, que iba a pintar una fachada. Se presentan en total unos sesenta cuadros de pintores en su mayoría profesionales; hay seis o siete que están muy bien; el de mi hija impresionaba, era el más original por su técnica: rotulador de oro y plata sobre cartulina negra, tanto es así que el concejal de cultura la ha buscado para encargarle carteles. Pero los premios se los llevan otros. El trabajo de mi hija llama la atención a algunos; entre ellos un viejecito y su hijo; el primero nos invita a su casa por la tarde a ver sus cuadros. Resulta que es un antiguo republicano represaliado: veo en su nutrida biblioteca muchos libros que demuestran una sólida cultura general, algunos de ellos de marxismo y de historia. Nos enseña tres cuadros de uno de los parientes de su mujer, que, como él, rebasa los ochenta años; esta pareja vive de una modestísima pensión en un piso pequeñísimo. El pariente, hermano de su mujer, se llamaba Dionisio Redondo Comisaña y, aunque no era afecto al régimen, estuvo becado por la Fundación Francisco Franco nada más empezar la posguerra; le dieron un primer premio por el cuadro que vi, que representaba a un guerrero clásico de impresionante musculatura, al estilo de entonces, anatómicamente fascistoide-comunista, con una calavera bajo el pie; recibió el primer premio, y así, según cuentan, salió publicado incluso en el ABC, pero luego, por presiones políticas, se lo dieron a la hija de un general. Al artista ese desaire le afectó tanto que salió de España y terminó en la Argentina, diseñando y pintando cerámicas. El segundo cuadro, al frente del guerrero, y en cierta forma opuesto a él, tenía una historia diferente: era el retrato de un hombre salido de una prisión franquista que acudió a su estudio y estuvo en libertad apenas ocho días antes de fallecer por las privaciones de todo en su taller. El cuadro lo muestra demacrado y lleva unos grilletes en sus muñecas y una pesada cadena de eslabones; lo único común con el otro cuadro es la calavera, al pie. Un cuadro muy alegórico de la España que acababa de salir de la Guerra Civil: encadenada, apaleada, hambrienta y en las últimas.

Nada ha cambiado: el autobús marcha por la noche como una nave espacial por una galaxia llena de constelaciones y luceros fugitivos. Bueno, sí, ha cambiado algo; ahora, por Ocaña, asaltan los neones de los ostentosos puticlubs. Al día siguiente, nos enteramos de que ha explotado por accidente un hangar del colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro; ahora al caos le da por atentar contra los agentes del orden, como si fuera ETA; vamos a tener que ilegalizar el caos, porque, como a ETA, no hay nadie que lo entienda.

La estupidez humana

Tomada del blog de Fortea, frases verdaderas dichas en juicios. Al igual que la de la ley, nunca hay que subestimar la estupidez humana:

1.- Y bien, Doctor, ¿no es cierto que cuando una persona muere durante el sueño, no se entera hasta la mañana siguiente?

2.- El hijo más joven, el de veinte años, ¿qué edad tiene?

3.- ¿Estaba usted presente cuando se tomo su foto?

4.- ¿Estaba usted solo o era el único?

5.- ¿Fue usted o su hermano menor quien murió en la guerra?

6.- ¿El le mató a usted?

7.- ¿A que distancia estaban uno del otro los vehículos en elmomento de la colisión?

8.- Usted estuvo allí hasta que se marchó, ¿no es cierto?

9.- ¿Cuántas veces ha cometido usted suicidio?

10.- Pregunta: ¿De modo que la fecha de la concepción (de su bebe) fue el ocho de agosto?Respuesta: Sí
Pregunta: ¿Y qué estaba usted haciendo en ese momento?

11.- Pregunta: ¿Ella tuvo tres hijos, cierto?
Respuesta: Sí.
Pregunta: ¿Cuantos fueron varones?
Respuesta: Ninguno.
Pregunta: ¿Hubo alguna mujer?

12.- Pregunta: ¿Dice usted que las escaleras bajaban al sótano?
Respuesta: Sí.
Pregunta: ¿Y esas escaleras, también subían?

13.- Pregunta: Mr. Slatery, usted se fue a una Luna de Miel bastante rebuscada. ¿No es cierto?Respuesta: Fui a Europa.
Pregunta: ¿Llevó a su esposa?

14.- Pregunta: ¿Cómo terminó su primer matrimonio?
Respuesta: Por muerte.
Pregunta: ¿Y por la muerte de quién terminó?

15.- Pregunta: ¿Puede usted describir al individuo?
Respuesta: Era de talla media y tenía barba.
Pregunta: ¿Era hombre o mujer?

17.- Pregunta: Doctor, ¿cuántas autopsias ha realizado usted sobre personas fallecidas?Respuesta: Todas mis autopsias las realicé sobre personas fallecidas.

18.- Pregunta: Cada una de sus respuestas debe ser verbal, ¿de acuerdo? ¿A qué escuela fue usted?
Respuesta: Verbal....
risas y comentarios jocosos en la sala.

19.- Pregunta: ¿Recuerda usted la hora a la que examinó el cadáver?
Respuesta: La autopsia comenzó alrededor de las 8:30 p.m.

Pregunta: Mr. Dennington ¿estaba muerto en ese momento?
Respuesta: No, estaba sentado en la mesa preguntándose por que estaba yo haciéndole una autopsia....
El Sr. Juez tiene que imponer orden en la sala, el alboroto es tremendo, se escuchan carcajadas por todas partes...

21.- Pregunta: ¿Está usted cualificado para proporcionar una muestra de orina?
Respuesta: Lo he estado desde mi más tierna infancia.

22.- Pregunta: Doctor, antes de realizar la autopsia, ¿verificó si había pulso?
Respuesta: No.
Pregunta: ¿Verificó la presión sanguínea?
Respuesta: No.
Pregunta: "¿Verificó si había respiración?"
Respuesta: No.Pregunta: Entonces, ¿es posible que el paciente estuviera vivo cuando usted comenzó la autopsia?
Respuesta: No.
Pregunta: ¿Cómo puede usted estar tan seguro, Doctor?
Respuesta: Porque su cerebro estaba sobre mi mesa, en un tarro.
Pregunta: "¿Pero podría, no obstante, haber estado aun vivo el paciente?
Respuesta: Es posible que hubiera estado vivo y ejerciendo de abogado en alguna parte.