Algo parecido cunde en cuanto a profesores. Casi todos los jefes de departamento han migrado a las riberas plutónicas de la noche, que decía mi queridísimo Edgar Alan Poe. Por esas negruras subconscientes una infame turba de nocturnas aves / gimiendo tristes y volando graves esparce el conocimiento logsaico envuelto en balcánica desdicha y en los sentimientos de inutilidad existencial y kamizake que suele brindar el papel de profesor nocherniego lector de Novalis. Quien lo probó lo sabe.
martes, 25 de octubre de 2011
Con nocturnidad
El bachillerato nocturno se ha llenado de búhos. Los alumnos han descubierto de repente que la educación proporciona salidas y, ya que no tienen trabajo en la construcción y la hostelería, se han venido en masa a dárnoslo a nosotros para terminar el bachillerato. Las notas no pasan del tres, pero ahí están, cuando lo normal era que sólo acudiesen cuatro gatos de Pascuas a Ramos.
Práctica y teoría
Jenny Moix, "Más práctica y menos teoría" El País, 23/10/2011
Los conceptos y las teorías tienen poco valor si no los aplicamos. Observarse y encontrar las herramientas propias son el único camino para pasar a la práctica.
Colocaron las cuerdas dentro de la bolsa y partieron hacia el motel. A su edad (72 años él y 63 ella), la decisión no había sido resultado de un impulso. Ahora, la idea del suicidio acaparaba todo su espacio mental. El jueves por la noche, el empleado del hotel encontró sus cuerpos colgando del techo y una breve nota en la que ella había anotado: "Tuve un momento muy difícil porque sufro de pulmón y de corazón". El suceso saltó rápidamente a los periódicos. No es usual que un matrimonio decida ahorcarse conjuntamente en un motel, pero lo insólito de la noticia radicaba en que ella era "la sacerdotisa de la felicidad". Con este apodo se conocía a Choi Yoon-Hee en Corea del Sur porque había escrito veinte libros sobre la felicidad y la esperanza, y participado en varios espectáculos de televisión sobre el tema.
Y es que una cosa es la teoría y otra muy diferente la práctica. En más de una ocasión he oído "la teoría ya me la sé, pero...". La teoría es clara y sencilla. En cambio, la vida tiene una textura compleja. Recuerdo un día en que disfruté escuchando a una compañera cómo me explicaba las sensaciones de paz y conexión que experimentaba cuando practicaba meditación. Pero al día siguiente llegó al trabajo con cara descompuesta y me explicó muy disgustada que no había podido dormir porque "había un gato que se dedicaba a defecar en su jardín". En el cuerpo del que salía la angustia por las actuaciones de ese felino no parecía habitar el ser de la armonía cósmica.
Es algo bastante usual. Un hombre me contaba que su mujer, psiquiatra y profesora de temas de crecimiento personal, no para de chillar en casa. Sobre todo a su hija. Durante toda la conversación sobre lo crispada que está su mujer, me repetía: "No sé para qué le sirven sus conocimientos". Estos casos no son tan excepcionales como parecen; a poco que nos miremos con ojos sinceros a nosotros mismos, podremos encontrar también incongruencias.
"Las grandes verdades son eternas, pero suenan a nuevas cada vez que las oímos porque las olvidamos cada día" (Lluís Amiguet)
"¿Qué te dijo el psicólogo?". "Lo que me explicó ya lo sabía". Esta conversación la he mantenido varias veces, como también la siguiente: "¿Por qué no lees...?". "Libros de autoayuda ya he leído muchos, pero no me sirven". Eckhar Tolle, en una conferencia que impartió en Barcelona, utilizó una metáfora muy clarificadora. Subrayó que los conceptos y las teorías tienen poco valor si no los aplicamos; igual que un mapa si no lo utilizas. Y añadió que muchas personas se limitan a coleccionar mapas espirituales de forma inútil porque no los siguen.
Son muchos los que leen libros de crecimiento personal o acuden a un especialista en busca de algún tipo de fórmula mágica o secreto de la felicidad. Y quedan defraudados. Lo que nos podría ayudar a estar mejor, probablemente ya lo sabemos. No hay nada nuevo. Lo que nos falta es practicarlo. Ayer en una librería, mientras esperaba a que me cobraran, estuve ojeando un libro de esos pequeñitos que ponen al lado de la caja registradora, para que te lo compres como aquel que se compra un chicle. El librito era la de lo más sencillo, no me acuerdo exactamente del título, pero incluía la palabra felicidad. En cada página había un solo consejo acompañado de una ilustración. Me leí bastantes de esas recomendaciones. Eran del tipo "no te aísles", "ayuda a los que te quieren", "no mires tanto la tele", "practica más ejercicio físico" ,"sonríe" "encuentra un hobby", "sé agradecido"... Todos muy sensatos y sabios. Mucha sabiduría condensada que de hecho todos sabemos. Así que quizá ha llegado el momento de actuar.
"Alicia se daba por lo general muy buenos consejos a sí misma, aunque rara vez los seguía" (Lewis Carroll)
Imaginemos que visitamos con nuestro hijo de ocho años las ruinas de un anfiteatro romano. Cuando estamos en ese escenario colosal le contamos increíbles historias de gladiadores. Y entonces nos pregunta: "¿Quiénes eran los romanos?". A lo que contestamos: "Tú ya lo sabes, lo que estudiaste en el primer trimestre en el tema tres". Y con cara de iluminación exclama: "¡Ah, claro!". Parece como si nuestro cerebro estuviera compartimentado en diferentes cajones. En este caso parece que lo que nos enseñen los libros está en uno y la realidad en otro.
Nuestra teoría sobre la vida, nuestras profundas reflexiones, parece que las tengamos en un cajón, en un nivel, pero seamos incapaces de bajarlas a la práctica. Estamos mirando las noticias, normalmente estremecedoras: guerras, inundaciones, hambre... en ese instante desde la comodidad de nuestro sofá reflexionamos sobre lo inmensamente afortunados que somos. Suena el teléfono y nos advierten de que el paquete que teníamos encargado para hoy no nos lo podrán entregar hasta dentro de dos días. Entonces nos ponemos de un humor de perros y nuestra sensación de privilegio no nos ha ayudado en nada ante la pequeñez de ese contratiempo.
André Compte-Sponville, en su libro La felicidad, desesperadamente, cuenta que cuando tenía unos siete u ocho años vio a un ciego. Intentando ponerse en su lugar, cerró los ojos durante unos segundos, empezó a andar y le pareció atroz, horrible. Y en ese momento hizo una gran reflexión: "Pero este ciego, si recobrara la vista, ¡sería feliz como un loco, simplemente por ver! Por tanto yo, que no soy ciego, he de ser feliz como un loco, puesto que veo". La vida le enseñó que eso no era exactamente así. Matizando la conclusión del filósofo, lo que sí es cierto es que las personas más agradecidas son las más felices. Pero no las más agradecidas "en teoría", no las que guardan esa sensación en un cajón cerrado, sino las que constantemente utilizan ese sentimiento de privilegio para poner al nivel que se merecen la magnitud de sus vicisitudes cotidianas.
"Jamás se ha emborrachado nadie a base de comprender intelectualmente la palabra vino" (Anthony de Mello)
La espalda debe mantenerse recta; si estamos sentados, debemos apoyarla bien en el respaldo. Todos los sabemos, ¿pero lo hacemos? Quizá nos proponemos hacerlo, pero es difícil porque no nos damos cuenta y la curvamos. Con nuestros pensamientos y nuestras conductas pasa exactamente lo mismo. Sabemos que no tenemos que ser pesimistas, que tenemos que contar hasta diez en algunas situaciones, que... pero nos cuesta. Parece que nuestra actitud, nuestros pensamientos, también se tuercen como la espalda. Es difícil rectificar las actitudes porque no nos damos cuenta y van a su aire. Debemos, pues, aprender a observarnos en todo momento, debemos estar atentos constantemente a nuestras sensaciones, emociones y pensamientos. Y cuando se curven, aplicar la teoría que ya sabemos.
Tenemos claro que si queremos adelgazar, tenemos que hacer el esfuerzo de seguir un régimen; que si queremos estar más en forma, es necesario practicar ejercicio físico; pues si queremos crecer a nivel personal, no basta solo con leer o reflexionar, también debemos esforzarnos y practicar. Una de las preguntas más usuales a las que nos enfrentamos los psicólogos y más difícil de responder es: "¿cómo lo hago?, ¿cómo hago para aplicar la teoría que ya me sé?". Por ejemplo, alguien te comenta: "Ya sé que tengo que ser más positivo, pero ¿cómo lo hago?". No hay una clave universal. Normalmente cada persona encuentra su propia herramienta íntima e intransferible. Y esas estrategias personales se hallan practicando. Estamos llenos de automatismos, así que si por ejemplo leemos un libro de autoayuda, aunque hayamos reflexionado mucho, lo cerraremos y seguiremos con los automatismos. Solo con esfuerzo y práctica se cambian. El primer paso, sin duda, es la autoobservación. Las lúcidas palabras de Anthony de Mello nos animan a ello: "Emplea horas enteras simplemente en observar tus ideas, tus hábitos, tus apegos y tus miedos, sin emitir juicio ni condena de ningún tipo. Limítate a mirarlos y se derrumbarán".
En este suplemento, en abril apareció una carta de María Dolores Ribes titulada Mejor con psicología que decía así: "Quería expresar mediante este correo que si todas las personas que leemos esta revista, que es una de las mejores, hiciéramos un poco más de hincapié en la parte de psicología, nos iría mejor la vida...". La carta me encantó, como supongo también gustó a todos mis compañeros de esta sección. Me gustaría matizarla diciendo que "hacer hincapié en la parte de psicología" no significa solo leer estos artículos, sino también practicar sus mensajes.
1. PELíCULAS
- 'Samsara', de Pan Nalin.
- 'El desafío', de Lee Tamahori.
- 'Karate Kid', de Harald Zwart.
- 'Elegidos para el triunfo', de Jon Turteltaub.
2. LIBROS
- 'Vivir es un asunto urgente', de Mario Alonso Puig (Aguilar, 2009). Un libro en el que el autor establece constantemente puentes entre la teoría y la práctica.
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Balance de la catástrofe
César Molinas, "Balance provisional de la catástrofe. España tardará mucho en volver a crecer, a menos que haga las reformas necesarias", El País, 23/10/2011
Propongo en este artículo un balance in itinere de la crisis española, más orientado a la discusión del futuro que al análisis de las causas. No voy a entrar en el terreno internacional salvo cuando sea estrictamente necesario, porque la crisis española tiene entidad y lógica propias. Esto no es óbice para distinguir en ella tres crisis distintas e interrelacionadas. En primer lugar, una crisis económica y financiera no causada, pero sí agravada, por la situación internacional. Todavía no estamos al principio de su final. En segundo lugar, una crisis político-institucional que probablemente obligará a redefinir el régimen político plasmado en la Constitución de 1978. En esto estamos al comienzo del principio. Y en tercer lugar, una crisis moral -de valores- que afecta a casi todos los estratos de la sociedad. No son concebibles las otras dos crisis sin esta: comenzó antes que las demás y terminará, si lo hace, después.
No hay remedio pacífico conocido para la crisis de endeudamiento que aflige a las economías occidentales. Las burbujas inmobiliarias en EE UU y en España alimentaron otra burbuja crediticia global en la que los bancos de Occidente llegaron a apalancar más de cuarenta veces su capital para dar crédito. Hasta que todo estalló. En la actualidad, no hay crecimiento económico porque no hay crédito, y no hay crédito porque los bancos están dañados, y los bancos no se sanean porque no hay crecimiento económico.
No hay remedio pacífico conocido para la crisis de endeudamiento que aflige a las economías occidentales. Las burbujas inmobiliarias en EE UU y en España alimentaron otra burbuja crediticia global en la que los bancos de Occidente llegaron a apalancar más de cuarenta veces su capital para dar crédito. Hasta que todo estalló. En la actualidad, no hay crecimiento económico porque no hay crédito, y no hay crédito porque los bancos están dañados, y los bancos no se sanean porque no hay crecimiento económico.
Lo poco que se sabe de este tipo de crisis es que son de digestión muy lenta. Hay tres precedentes históricos: la crisis japonesa de 1921, la Gran Depresión de 1929 y la crisis japonesa de 1989. Las dos primeras terminaron mediante ese supremo achatarramiento keynesiano que es la guerra: la de Manchuria en 1934 y la II Guerra Mundial en 1939. La tercera, dos décadas después de su comienzo, aún no se sabe cuándo y cómo terminará. Estas tres crisis dejaron algunas enseñanzas, pero aún no hay doctrina establecida sobre cómo salir de este tipo de situaciones por las buenas.
Hasta que Occidente no crezca, España no lo hará. Pero cuando Occidente empiece a crecer, España tampoco lo hará, a menos que haya introducido las reformas necesarias para adaptarse a la moneda única europea y a la economía globalizada. Somos tantos los que hemos escrito reclamando estas reformas, lo hemos escrito tantas veces y nos han hecho tan poco caso -excepto, un poquito, en materia de pensiones-, que lo que pide el cuerpo no es ponerse otra vez a escribir, sino ponerse a gritar. Pero seguiremos escribiendo. En lo que sigue de este apartado pasaré revista a las reformas pendientes, apoyándome en tres cifras: cinco millones de parados, deuda exterior del 160% del PIB y déficit público del 9% del PIB.
- Cinco millones de parados
España aporta el 10% del PIB de la eurozona, el 14% de la población y el 31% de los parados. ¡Sí, uno de cada tres parados de la eurozona es español! Los cinco millones de parados españoles y la tasa de paro del 21,2% son una anomalía aberrante en Europa: la tasa de paro media de la eurozona es el 10%, menos de la mitad que en España, y tan solo otros 3 de los 17 Estados miembros tienen tasas de paro de dos dígitos: Bélgica (11,7%), Portugal (12,3%) y Grecia (16,7%). ¿Acaso somos más holgazanes que los demás? ¿Más tontos? ¿Sufrimos un castigo divino? ¡No! Simplemente, tenemos un mercado de trabajo anómalo, disfuncional, que condena a la temporalidad precaria al 30% de los empleados, que genera bolsas millonarias de parados cada vez que viene una crisis...
Las estructuras básicas de nuestro mercado laboral y de la negociación colectiva siguen siendo las que se heredaron del franquismo en 1975: fueron diseñadas para una economía autárquica y corporativista. Las elevadas indemnizaciones por despido, causa importante de la temporalidad y del miedo empresarial a contratar, responden al paternalismo de un régimen para el que no existía el concepto de desempleo y, por tanto, no lo aseguraba. Ahora sí se asegura. La negociación colectiva, con su estructura jerárquica de convenios, tiene sus raíces en los antiguos sindicatos verticales y sigue siendo terriblemente eficaz a la hora de conseguir que los incrementos salariales no tengan nada que ver con los aumentos de productividad.
Así no hay economía que pueda funcionar. En 1986, España se integró en la Unión Europea, no en la Unión Soviética, mal que les pese todavía a algunos. Debemos ser consistentes en el entorno en el que estamos obligados a competir, y para eso no hace falta inventar nada: basta copiar lo que está funcionando bien en los Estados miembros que tienen tasas de desempleo de un solo dígito. En esa dirección van la propuesta de un contrato laboral único con costes de despido crecientes con la antigüedad, y la propuesta de flexibilización de la negociación colectiva para dar protagonismo a la negociación en el ámbito de la empresa. El Gobierno no se atrevió a enfrentarse a los sindicatos y no planteó la reforma del mercado laboral en estos términos. Los cambios resultantes han sido mayoritariamente cosméticos, y los que no lo han sido, como el fortalecimiento del poder sindical en la negociación colectiva de las pequeñas empresas, empeoran las rigideces del mercado de trabajo. Todo queda sobre la mesa del Gobierno que salga de las urnas en noviembre. Sin una reforma decidida, que reduzca la incertidumbre de las empresas a la hora de contratar, seguiremos siendo la anomalía de Europa y el paro seguirá aumentando.
- Una deuda exterior del 160% del PIB
La burbuja inmobiliaria ha dejado a España con una deuda exterior bruta del 160% del PIB. Esta ratio es una de las más elevadas del mundo y ha sido antesala del desastre en muchos países que la han alcanzado. ¿Podrá España pagar su deuda? Esto es lo que quita el sueño a nuestros acreedores.
Para poder pagar una deuda externa de estas dimensiones, un país tiene que tener un crecimiento económico vigoroso, superior a los pagos de intereses y devoluciones de principal. ¿Cuánto crecerá España en, digamos, la próxima década? El servicio de estudios del BBVA estima que el crecimiento potencial en este periodo será inferior al 2% en términos reales. Esta cifra es más baja que en décadas anteriores, pero puede acabar siendo optimista porque supone un crecimiento de la productividad del 0,9% anual, tasa que no se observa en España desde hace mucho tiempo. Añadiendo un 2% de inflación, se obtiene un crecimiento nominal teórico de, aproximadamente, 4%, que es bajo para garantizar con certeza el pago de la deuda. También es bajo para generar la confianza necesaria para refinanciarla, puesto que los analistas internacionales estiman un crecimiento inferior, incluso, al 4%.
¿Qué hacer? La respuesta es tan obvia que merece ser gritada, otra vez: ¡reformas estructurales! Según el BBVA, el paquete de reformas que deberían adoptarse (mercado de trabajo, de la vivienda, de la energía, educación, Administración Pública, justicia, etcétera) subiría el crecimiento potencial de la economía un punto porcentual, hasta el 3% en términos reales. Los efectos sobre el crecimiento se harían sentir solo a medio plazo, pero el efecto balsámico sobre la confianza de nuestros acreedores sería inmediato y eso llevaría a una mejora de nuestras condiciones de financiación.
El razonamiento del párrafo anterior es puramente teórico. Cuenta la anécdota que un analista le estaba explicando a George Soros un argumento de este tipo cuando el financiero le interrumpió: "Oiga, joven, todo eso está muy bien, pero ¿va a haber crédito?" "Ah, pues no, crédito no", respondió el analista. "Pues, entonces, no siga: la economía no va a crecer", terminó Soros.
¿Va a haber crédito en la economía española? No, crédito no va a haber durante mucho tiempo. Y no lo va a haber por cómo el Gobierno y el Banco de España han abordado la reestructuración del sistema financiero tras el estallido de la burbuja inmobiliaria.
Había dos opciones. En primer lugar, se podía haber respetado la ortodoxia del Banco de España, elaborada a partir de la experiencia de varias crisis bancarias durante las cuatro últimas décadas. Esto implicaba obligar a las entidades de crédito a reconocer las pérdidas latentes para, después, y en caso necesario, recapitalizar, fusionar, vender o liquidar. Esta opción hubiera tenido la ventaja de que las nuevas entidades, al estar saneadas, habrían podido dar crédito sin dilación; y hubiera tenido el inconveniente de incrementar el déficit público en varios puntos del PIB, y hubiese sustraído a la inmensa mayoría de las cajas de ahorros, ahora bancos, de la tutela de los políticos regionales.
La segunda opción, que fue la que se eligió, hace tabla rasa de la ortodoxia del Banco de España. La estrategia consiste en obligar a las entidades a cumplir unas ratios de capital elevadas para garantizar su solvencia, pero dejando las pérdidas en estado latente. Tiene la ventaja de afectar poco al déficit público, y la desventaja de que el sistema financiero, al no haber sido saneado, queda en estado zombi: no hay holgura en el balance para dar nuevo crédito al sector real de la economía. Esta opción ha permitido, además, mantener un número significativo de cajas bajo control de los políticos.
Si el Gobierno y el Banco de España no rectifican esta estrategia, en España no habrá crédito durante años y, por tanto, no habrá crecimiento económico. Arreciarán, inevitablemente, las dudas sobre la capacidad de pago de la deuda. Aún hay tiempo para rectificar. Se debería aprovechar la circunstancia de que Europa está discutiendo fondos para un nuevo rescate bancario masivo para solicitar financiación para el saneamiento de los balances de las instituciones que lo necesiten, que son muchas. Mejor tener la cara roja una vez que amarilla toda la vida.
Con los datos que se conocen del año en curso, el déficit público no se ha reducido nada desde 2010: sigue estando en el 9% del PIB. Mal asunto, porque el objetivo para 2011 es el 6%, y este objetivo ha sido tan irrenunciable para el Gobierno que le ha sido sacrificado el hacer una reestructuración eficaz del sistema financiero. ¿Se acabará consiguiendo? La mayoría de los analistas opinan que no, que el déficit será, al menos, el 7%, y muchos apuntan ya el 8%.
El problema estriba en que el presupuesto público español se ha dimensionado a la burbuja inmobiliaria y no es financiable en condiciones normales de la economía. Si el déficit acaba siendo del 7% a final de año, el presupuesto tendría un déficit estructural del 5%, ya que dos puntos son achacables a la situación cíclica recesiva en la que nos encontramos. Estos 5 puntos del PIB son los que hay que eliminar para equilibrar estructuralmente el presupuesto.
Se pueden subir ingresos: nuevos aumentos del IVA, IRPF y especiales, copago sanitario y judicial, peajes en las autovías libres, etcétera. Todo eso va a ocurrir, pero será insuficiente. No va a haber más remedio que reducir gastos, y se van a tener que reducir de manera estructural, es decir, eliminando o reformando programas de gasto.
No basta con hacer recortes. Hasta ahora, las Administraciones han dejado de pagar, no de gastar, que no es lo mismo. Se ha llegado a una situación tan crítica que, por ejemplo, cuando se dice que la sanidad se paga a 600 días, lo que se quiere decir es que hace 600 días que no se paga. Son tácticas dilatorias, a la espera de que vuelvan los buenos viejos tiempos -los de la burbuja-, pero no volverán. Lo que hay que hacer, inevitablemente, es redimensionar el Estado. Pero eso son palabras mayores que nos llevan, sin solución de continuidad, al epígrafe siguiente.
2. La crisis político-institucional
Escribe Francis Fukuyama en The origins of political order, su último libro: "Cuando el entorno cambia y aparecen nuevos retos, surgen con frecuencia incoherencias entre las instituciones existentes y las necesidades emergentes. Estas instituciones están apoyadas por legiones de intereses atrincherados que se oponen a cualquier cambio fundamental. El declive aparece cuando los sistemas políticos no consiguen ajustarse a las nuevas circunstancias".
El régimen político que emana de la Constitución de 1978 nació con dos grandes retos que afrontar: la reconciliación y democratización del país, tras la larga dictadura franquista, y la integración en Europa. Ocho años más tarde, en 1986, quedaban pocas dudas de que ambos retos se habían superado de manera irreversible. No hubo mucho tiempo para dormir en los laureles, porque el mundo cambió de manera muy rápida planteando nuevos -e inesperados- retos. En 1989 cayó el muro de Berlín, abriendo paso a un vertiginoso proceso de globalización cuyas consecuencias siguen sorprendiendo. En 1992 se firmó el Tratado de Maastricht, y la moneda única comenzaba en 1999. En 1993, los retos que se le planteaban a España eran muy distintos a los de 1978: había que adaptarse a una economía planetaria y había que prepararse para el euro.
Las reformas exigidas por uno y otro retos tienen denominadores comunes: flexibilización de los mercados de factores, bienes y servicios. Vaya por delante que, en estos casi veinte años, se han hecho progresos en la liberalización de los servicios (farmacias, funerarias...) y que en estos años las grandes empresas españolas se han globalizado como nunca. Pero España, condicionada por su mercado laboral, no ha conseguido superar su patrón cíclico tradicional de crecimiento -expansión, recesión, devaluación de la peseta, recuperación- y no encuentra la manera de reducir su déficit público. Esos dos problemas surgen de rasgos clave del régimen político actual. La solución puede acabar exigiendo cambios importantes.
La Constitución de 1978 tuvo un respaldo político y social amplísimo. El consenso -ese conjunto de renuncias mutuas, que diría Miquel Roca- no se fraguó solo entre partidos políticos, sino que también incluyó a los sindicatos y a la patronal, conocidos a partir de entonces como los "interlocutores sociales". Esto fue así tanto por el prestigio que los primeros alcanzaron durante el franquismo tardío -recuérdese el Proceso 1001- como por la necesidad de encontrar una salida pactada a la terrible crisis económica de la época: las negociaciones de los Pactos de la Moncloa transcurrieron en paralelo al proceso constituyente.
El éxito en la salida de la crisis, por una parte, y en los objetivos democratizador y europeo, por otra, contribuyeron a consolidar a los interlocutores sociales, de modo que estos acabaron disfrutando de una representatividad de facto que iba mucho más allá de la de sus meros afiliados, que es lo único que reconoce la Constitución. Gobiernos de izquierda y de derecha han otorgado a los sindicatos una tutela y un veto implícitos sobre todo "lo social". A ello se debe, por ejemplo, el enorme retraso en la reforma de las pensiones y el fracaso de cualquier intento de reforma en profundidad del mercado laboral. Como escribió un comentarista, los sindicatos se han convertido en la columna vertebral del establishment contrario a la reforma estructural.
Es urgentísimo hacer una reforma profunda del mercado de trabajo, y es muy probable que haya que hacerla contra los sindicatos. Pues bien, hágase. Sí, conllevará un cambio en nuestro sistema político, pero un cambio en la buena dirección: la de dar plena soberanía al Parlamento en temas que, hasta ahora, le llegaban filtrados, cuando le llegaban.
El consenso de 1978 tuvo el gran acierto de integrar los nacionalismos históricos. Era, por aquel entonces, un tema peliagudo -y lo sigue siendo-. La vía elegida para hacerlo fue el Estado de las autonomías, versión café para todos. A lo largo de tres décadas, la descentralización del Estado ha sido muy grande. Salvo en las comunidades forales, que recaudan sus propios tributos, el gasto público se ha descentralizado mucho más que los ingresos y se han producido disfunciones entre las decisiones de gastar y las de recaudar.
La crisis actual ha tenido efectos devastadores sobre los presupuestos autonómicos: los ingresos se han desplomado y las principales partidas de gasto -educación, sanidad, dependencia, justicia...- son muy rígidas. Hay varias comunidades autónomas de régimen común en situación suspensión de pagos parcial. La tentación que tendrá el Gobierno que salga de las urnas el mes que viene de culpar al Estado autonómico del descontrol del gasto será muy grande. Argumentos no le faltarán, aunque las culpas están muy repartidas -recuérdese, por ejemplo, la centrifugación del déficit que produjo la Ley de Dependencia.
En cualquier caso, a mí me parece muy probable que el péndulo comience a moverse en sentido contrario y que se inicie un movimiento recentralizador, basado, también, en la filosofía del café para todos. Esto traerá consecuencias muy graves en lo que respecta a Cataluña. La Generalitat, previendo el movimiento pendular contrario, ha tomado ya rumbo de colisión con el futuro Gobierno central recortando el gasto en aquellas partidas que, como la sanidad, más gente movilizan en la calle, al tiempo que reclama el pacto fiscal. En otras palabras, Cataluña reclama la gestión de sus propios ingresos, asimilándose al régimen foral.
Esto pone en cuestión otro aspecto clave del actual régimen político: el café para todos. La gestión de esta situación va a ser muy delicada y compleja. Vaya por delante mi opinión de que, esta vez, Cataluña no se va a conformar con alguna cesión de competencias o con algo más de dinero: lo que está buscando es un encaje distinto dentro del consenso constitucional.
3. La crisis de moral y de valores
Escribí hace algún tiempo en este periódico que la acumulación de derechos sin contrapartida por el lado de los deberes embrutece a las masas. Esto, más por ignorancia que por otra cosa, escandalizó a algunos, que lo consideraron una ocurrencia mía provocadora y deleznable. No es así: este pensamiento tiene firmes raíces en Ortega y en Kant. Lo ilustraré con un ejemplo. El derecho a no ser despedido del trabajo arbitrariamente tiene que tener como contrapartida el deber de ir a trabajar. Si eso no ocurre, se produce el absentismo laboral, que es una verdadera plaga en las empresas españolas.
Nuestra democracia ha puesto mucho más énfasis en publicitar derechos que en reclamar deberes, y así no puede funcionar bien: ya dijo Montesquieu que la democracia se basa en la virtud, es decir, en el cumplimiento de las obligaciones. La clase política se ha dedicado a adular a las masas para conseguir votos, haciéndoles creer que tienen derecho no solo a recibir algo a cambio de nada, sino de recibirlo a perpetuidad. Todo el mundo tiene derecho a un AVE y a un aeropuerto cerca de su casa, sin ir más lejos. Hay unos Reyes Magos o un Papá Noel implícitos en la democracia española: nunca se menciona quién paga los regalos, quién financia esos derechos sin contrapartida.
En ese caldo de cultivo, la burbuja inmobiliaria empeoró mucho las cosas. Hay pocas cosas tan corruptoras como una burbuja inmobiliaria. Probablemente, el narcotráfico a gran escala que sufren algunos países de América Latina sea peor, pero no se me ocurren más ejemplos. En España, la burbuja ha corrompido a las Administraciones Públicas, muy particularmente a las territoriales, que son las que acaban teniendo la capacidad de decisión sobre dónde y sobre qué se construye; ha corrompido a los partidos políticos sin distinción de credo; ha corrompido a los empresarios en busca de recalificaciones o de permisos de edificación; ha vaciado las escuelas en beneficio del ladrillo o de la hostelería, causando un fracaso escolar masivo y creando grandes bolsas de jóvenes sin ninguna cualificación y con un futuro laboral muy incierto, y ha potenciado un sobredimensionamiento del Estado que ahora resulta financieramente insostenible. El paisaje después de la burbuja es desolador.
Lo ocurrido con las cajas de ahorros es muy ilustrativo de la crisis de moral que nos aflige. Hay una máxima en finanzas que establece que la mejor manera de robar un banco es tener uno. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en nuestro país. Las cajas no tienen dueño y nunca han estado gestionadas por angelitos, pero cuando se descentralizó su tutela, pasando esta a corresponder a las comunidades autónomas, la situación cambió a peor. A partir de ese momento, los políticos territoriales no solo decidían dónde y qué se construía, sino, además, quién construía, es decir, qué proyectos tenían financiación y cuáles no.
Todos los partidos políticos, sin ninguna excepción, han intentado controlar las cajas de sus territorios y casi siempre -con alguna grandísima y honrosísima excepción- lo han conseguido. El resultado ha sido catastrófico: de las 45 cajas que había al principio de la crisis no queda hoy en día mucho más allá de media docena de instituciones viables.
Los medios de comunicación han recogido con profusión el saqueo de algunas cajas por parte de sus directivos y de los Gobiernos autonómicos a cuya tutela estaban encomendadas. No están todas las que son, pero es bueno que estas cosas se publiquen.
Mientras ocurría todo esto, ¿por qué no actuaba el Banco de España? Solo se me ocurren tres posibles respuestas: porque no sabía; porque no podía, o porque no quería. Cualquiera de las tres da pie a preguntas muy incómodas. Por razones de salud democrática, creo que estaría bien que el próximo Congreso de los Diputados hiciera estas preguntas.
4. Posdata
Las crisis son tiempo de tribulación, pero también tiempo de oportunidades. La España de 2011 no es la de 1978: no solo ha progresado mucho, sino que tiene potencial para mejorar mucho más. Algunas de las mejores empresas del mundo son españolas. Algunas empresas españolas son líderes tecnológicos mundiales en su sector. Las empresas españolas están compitiendo en los mercados globales y ganando cuota de exportación.
Hay que liberar el potencial de la economía para acabar con las lacras del desempleo, de los subsidios permanentes y de la corrupción. Para ello hay que tratar a los españoles no como menores de edad, sino como ciudadanos. En vez de adularles, hay que razonarles por qué son necesarias las reformas estructurales. Y hay que ponerlas en práctica. La campaña electoral que ahora empezará es una buena ocasión para el debate.
lunes, 24 de octubre de 2011
Una salida a la crisis
George Soros afirma que para salir de la crisis "hace falta un cambio de mentalidad por parte de Alemania. Dadas las restricciones legales que ese país se ha autoimpuesto, el nuevo estímulo tendrá que ser generado del plano europeo. Para empezar, el Banco Europeo de Inversiones tiene que ser movilizado para poner en marcha un programa de grandes proyectos europeos". Sigue diciendo que es mejor que quiebre Grecia, pero lo haga de una forma ordenada, de forma que reestructure su deuda de forma aceptada y ordenada por sus acreedores. En su forma actual el euro no funciona, y solo puede funcionar con un sistema diseñado para corregir desequilibrios como estos, por medio de ajustes no solo en los países deudores, sino también en los acreedores.
Mi perro
Desde hace unos días nos acompaña en casa una amiga llamada Dumba a causa de sus orejotas. La hemos adoptado en la Sociedad Protectora de Animales, ya que mis hijas son unas fanáticas de la protección animal. Sobre todo la más insistente, Paloma, gracias a la cual tenemos también un número increíble de pájaros adoptados retozando por el salón, dentro de sus jaulas y fuera, aunque por lo general terminen obsequiándome con varias medallas a la paciencia en forma de cagadas en los hombros y en los pantalones.
Dumba es una podenca tranquila, terca, que sólo ladra si tiene algo que decir. Se fía más de las mujeres que de los hombres y, como yo soy el único hombre de la casa, me mira con suspicacia y me rehúye cuando me ve. La he paseado y hemos diseñado un tratamiento conductista para quitarle esa prevención; acaso algún hombre parecido a mí la trató mal y por eso asimila que puede esperar lo peor de mí. Gracias a Dios, está deponiendo esa actitud y ahora me mira incluso con afecto. No es poco, sabiendo lo tercos que pueden llegar a ser los podencos. Por lo visto la dejó en la Protectora un cazador al que había desairado porque no quería cazar. Es decir, que mi perra hacía lo que recomendaba H. David Thoreau en su Ensayo sobre la desobediencia civil. La no violencia, o sea, y el desacatamiento meón de las leyes injustas. Mi perra es anarquista. Lo más característico de estos bellos animales es su narizota y sus picudas y enhiestas orejas; su color es marrón quebrado con tonos de blanco y posee una cicatriz en el lomo, por un perro con malas pulgas que la mordió.
De más está decir que los perros son buenos acompañantes y amigos; hasta poseen virtudes terapéuticas para viejos y depresivos, porque, como hay que sacarlos siempre a hacer sus necesidades, te obligan a tomar el aire y a salir de casa, pase lo que pase, algo que tanto deprimidos como viejos procuran evitar de mil maneras diferentes; por eso son aconsejables. Además, disciplinan a los niños, que, tras desear tenerlos, aperciben pronto que tener un perro no es sólo pasarle la mano por encima y presumir de él, sino cuidarlo, atenderlo, soportarlo, sacarlo a sus horas, lavarlo, cogerle las cacas, limpiar sus meadas, darle de comer sólo lo que pueden comer, quitarle los reznos y curarlo cuando se hace o le hacen daño, y estar con él aunque tengas cosas mejores que hacer u otros lugares donde estar. En otras palabras, aprenden los valores morales superiores, que son la empatía y la responsabilidad.
Ya sólo me falta la flauta de Bartolo para ser perroflauta.
Dumba es una podenca tranquila, terca, que sólo ladra si tiene algo que decir. Se fía más de las mujeres que de los hombres y, como yo soy el único hombre de la casa, me mira con suspicacia y me rehúye cuando me ve. La he paseado y hemos diseñado un tratamiento conductista para quitarle esa prevención; acaso algún hombre parecido a mí la trató mal y por eso asimila que puede esperar lo peor de mí. Gracias a Dios, está deponiendo esa actitud y ahora me mira incluso con afecto. No es poco, sabiendo lo tercos que pueden llegar a ser los podencos. Por lo visto la dejó en la Protectora un cazador al que había desairado porque no quería cazar. Es decir, que mi perra hacía lo que recomendaba H. David Thoreau en su Ensayo sobre la desobediencia civil. La no violencia, o sea, y el desacatamiento meón de las leyes injustas. Mi perra es anarquista. Lo más característico de estos bellos animales es su narizota y sus picudas y enhiestas orejas; su color es marrón quebrado con tonos de blanco y posee una cicatriz en el lomo, por un perro con malas pulgas que la mordió.
De más está decir que los perros son buenos acompañantes y amigos; hasta poseen virtudes terapéuticas para viejos y depresivos, porque, como hay que sacarlos siempre a hacer sus necesidades, te obligan a tomar el aire y a salir de casa, pase lo que pase, algo que tanto deprimidos como viejos procuran evitar de mil maneras diferentes; por eso son aconsejables. Además, disciplinan a los niños, que, tras desear tenerlos, aperciben pronto que tener un perro no es sólo pasarle la mano por encima y presumir de él, sino cuidarlo, atenderlo, soportarlo, sacarlo a sus horas, lavarlo, cogerle las cacas, limpiar sus meadas, darle de comer sólo lo que pueden comer, quitarle los reznos y curarlo cuando se hace o le hacen daño, y estar con él aunque tengas cosas mejores que hacer u otros lugares donde estar. En otras palabras, aprenden los valores morales superiores, que son la empatía y la responsabilidad.
Ya sólo me falta la flauta de Bartolo para ser perroflauta.
Batallas del abuelo Cebolleta
El liberal ciudarrealeño Félix Mejía era partidario de cortar unas cuantas cabezas para despejar la salud del resto del cuerpo público o república; su infección, creía él, podía hacer perder la vida a todo el estado. Le influía mucho la metáfora jacobina de Cicerón, la que publicó en el tercer libro de su De officiis, que añadió tras el asesinato de César, cuando se escondió de la tiranía de Marco Antonio, quien andaba buscándolo para quitarle la cabeza y hacer un busto con la sinécdoque (Marco Antonio era hombre amante de la retórica, sólo hay que ver la laudatio fúnebre que Shakespeare, copiando a mansalva de Plutarco, le embocó en el Julio César filmado por Mankiewicz). Cierto es que al final se la cortaron, pero no para hacer un busto, sino para clavarla en una pica, después de haber tirado su cuerpo al Tévere. Lo que pasa es que a Marco Antonio no le gustaron sus Filípicas e hizo crítica literaria expeditiva. Si queremos buscar en el Congreso de los diputados a hombres con tanta cabeza como los de Plutarco.... Bueno, vamos a dejarlo, porque estos paralelos sólo podrían juntarse en el infinito y, cuando miro al Congreso, la única imagen que me viene a las mientes es la de un apestoso cubo lleno de cangrejos de río vivos, no sé por qué.
Uno quisiera vivir en la Inglaterra arcádica de Wodehouse, con una constitución no escrita, con una ley de Jante todavía vigente, con una campiña cubierta de cottages y labradores que van en bicicleta al pueblo, de bobbys con porra y tías insufribles que ingieren tremendas cantidades de té con limón y sufren por sus perros teckels como sólo puede sufrir una hija de la Gran Bretaña; a uno le gustaría dormitar en un club de golf roncando mientras una mariposa primaveral se pasea por la habitación, pero creo que no podría soportar su gastronomía ni su colateral estreñimiento. Lo más parecido sería exiliarme entre los bacalaos de Portugal o en una cabaña lejana cerca de Funchal, en esa isla de Madeira, la de los descomunales hoteles, donde vi uno con un salón cuyo fondo se perdía tanto de vista que hasta debía tener horizonte de sucesos.
Uno quisiera vivir en la Inglaterra arcádica de Wodehouse, con una constitución no escrita, con una ley de Jante todavía vigente, con una campiña cubierta de cottages y labradores que van en bicicleta al pueblo, de bobbys con porra y tías insufribles que ingieren tremendas cantidades de té con limón y sufren por sus perros teckels como sólo puede sufrir una hija de la Gran Bretaña; a uno le gustaría dormitar en un club de golf roncando mientras una mariposa primaveral se pasea por la habitación, pero creo que no podría soportar su gastronomía ni su colateral estreñimiento. Lo más parecido sería exiliarme entre los bacalaos de Portugal o en una cabaña lejana cerca de Funchal, en esa isla de Madeira, la de los descomunales hoteles, donde vi uno con un salón cuyo fondo se perdía tanto de vista que hasta debía tener horizonte de sucesos.
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domingo, 23 de octubre de 2011
La muerte del héroe
Pocos parecen darse cuenta de que cada héroe esconde una otra mitad de bestia. Entre los ángeles y los animales estamos nosotros; somos ángeles fieramente humanos, como escribió Góngora y repitió Blas de Otero. Gilles de Rais fue un ángel guerrero mientras combatió en favor de la mística Juana de Arco, de la que estaba secretamente enamorado; luego, tras su ejecución en la hoguera, se transformó en una bestia sádica y en uno de los primeros asesinos en serie documentados. Porque en esto de las bestias hay también jerarquías: está el asesino ocasional, que tiene un momento de ofuscación y pierde el control; el asesino en serie, un psicópata sin pizca de empatía con una fantasía que quiere escenificar; el asesino de masas, que mata multitudes en un momento de explosión y, por último, el genocida, el embaucador que persuade a los pueblos para que asesinen o se suiciden ellos mismos con su ayuda o su pretexto.
Pero no siempre es tan poético como en el caso de Gilles de Rais y a veces no hay ni siquiera un proceso de metamorfosis entre ángel y bestia: el individuo único posee dos caras como la luna según las ilumine una perspectiva u otra, la del héroe o la de la bestia, como Gadafi, quien, si para casi todos era bestia, para los de su tribu era un héroe. El mismo genocida Hítler fue alguna vez aclamado como si fuera un semidiós. Ha tenido que ser Diego Carcedo el que nos recordara hace poco, en una entrevista con Amilibia (quien, por cierto, tuvo un momento de ofuscación en el que asesinó a un hombre) que todas las bestias/héroes son sólo encarnaciones de discordias colectivas mucho peores.
¿En qué consiste el verdadero heroísmo? El verdadero heroísmo es el de los humildes que van todos los días a hacer su trabajo, a luchar por los demás y rara vez son recordados o reconocidos. Los que ocultaron a judíos durante la ocupación nazi; los que, sabiendo que iban a morir, fueron a hacer su trabajo en las Torres Gemelas o en las centrales de Chernobil o Fukushima, y tantos otros que perecieron chamuscados en un fuego parecido al del infierno, pero que, si hay más allá un paraíso, están en él.
Es un heroísmo muy común y muy vulgar, que da poca cancha al espectáculo de que tanto gustaban genocidas como Hítler, Stalin o ese americano que destruyó dos ciudades arrojando las dos primeras bombas atómicas, Truman; o ese otro héroe, Churchill, que destruyó otra ciudad, Dresde, con un bombardeo tan masivo como innecesario. Es este el heroísmo de los carteles, las imágenes y los discursos, pero en realidad es nada, o menos que nada; bien lo sabía don Quijote, el derrotado. Porque la verdadera talla del héroe la da solamente un parámetro y un índice: la capacidad de sacrificio, la de resistir el dolor anónimamente por los demás.
Pero no siempre es tan poético como en el caso de Gilles de Rais y a veces no hay ni siquiera un proceso de metamorfosis entre ángel y bestia: el individuo único posee dos caras como la luna según las ilumine una perspectiva u otra, la del héroe o la de la bestia, como Gadafi, quien, si para casi todos era bestia, para los de su tribu era un héroe. El mismo genocida Hítler fue alguna vez aclamado como si fuera un semidiós. Ha tenido que ser Diego Carcedo el que nos recordara hace poco, en una entrevista con Amilibia (quien, por cierto, tuvo un momento de ofuscación en el que asesinó a un hombre) que todas las bestias/héroes son sólo encarnaciones de discordias colectivas mucho peores.
¿En qué consiste el verdadero heroísmo? El verdadero heroísmo es el de los humildes que van todos los días a hacer su trabajo, a luchar por los demás y rara vez son recordados o reconocidos. Los que ocultaron a judíos durante la ocupación nazi; los que, sabiendo que iban a morir, fueron a hacer su trabajo en las Torres Gemelas o en las centrales de Chernobil o Fukushima, y tantos otros que perecieron chamuscados en un fuego parecido al del infierno, pero que, si hay más allá un paraíso, están en él.
Es un heroísmo muy común y muy vulgar, que da poca cancha al espectáculo de que tanto gustaban genocidas como Hítler, Stalin o ese americano que destruyó dos ciudades arrojando las dos primeras bombas atómicas, Truman; o ese otro héroe, Churchill, que destruyó otra ciudad, Dresde, con un bombardeo tan masivo como innecesario. Es este el heroísmo de los carteles, las imágenes y los discursos, pero en realidad es nada, o menos que nada; bien lo sabía don Quijote, el derrotado. Porque la verdadera talla del héroe la da solamente un parámetro y un índice: la capacidad de sacrificio, la de resistir el dolor anónimamente por los demás.
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Un chiste de Forges
De Forges:
Un Abuelo Cebolleta jubilado contando batallitas:
"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: puestos de trabajo de por vida, cestas de navidad hasta con paletilla... Todos esos... momentos... se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir."
Un Abuelo Cebolleta jubilado contando batallitas:
"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: puestos de trabajo de por vida, cestas de navidad hasta con paletilla... Todos esos... momentos... se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir."
sábado, 22 de octubre de 2011
Expulsar a los perroflautas del templo
Parece que la Iglesia anglicana quiere echar a los perroflautas del templo de San Pablo. En eso estaría haciendo algo muy jesucrístico, pero la verdad es que lo que hay ahí no son mercaderes, sino perroflautas, y tengo mis dudas de que a Jesucristo le gustara eso, como tampoco creo que le gustara especialmente la cabeza visible y cabezona de Enrique VIII, que nadie quiso hacer caer bajo el hacha.
Pesadillas para un anoréxico
Si no cabe duda de que la danza es un arte, ved la coreografía clásica de las admirables figurillas de porcelana dieciochesca que forman el ballet Kirov del Bolshoi, con fondo musical de la Danza de los mirlitones de Tchaikovski. Los cuerpos Danone que exhibe esta gente son una auténtica pesadilla para anoréxicos y los rasgos caligráficos de su coreografía tienen algo que va más allá de lo hipnótico y raya en el arte puro:
viernes, 21 de octubre de 2011
ETA y los chistes
De Fernando Savater:
"Un viejísimo chiste de Ramón mostraba a un inflamado orador arengando a las masas: “¡Tenéis que elegir: nosotros o el caos!”. La gente balaba: “¡El caos, el caos!” y el vociferante remataba: “Da igual, también somos nosotros”. El comunicado de ETA se apunta a esta línea. Ellos han sido los causantes de los estragos y crímenes durante todos estos años. Ahora es gracias a ellos por lo que vamos a vernos libres de estragos y crímenes."
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El rag de la hoja de arce, de Scott Joplin
Voy a ver si poco a poco voy aficionándoos al jazz clásico, el mejor, sin duda alguna. En este enlace tenéis un ragtime de los mejores, el de la hoja de arce, del gran pianista y compositor Scott Joplin
La hoja de arce.
La hoja de arce.
Otra vez será ¿qué?
Hace mucho que no escribeo ni borrajo este bobo blog, pero a menudo me sorprendo pinchando nótulas mentales para reportar vanas obsesiones y observaciones, desde la compacotilla que forma la pelusa callejera de noviembre (colillas, plumas de paloma, cáscara de pipas, algodón de papel degradado por la lluvia, restos de envoltorios escapados a la escoba, hojarasca otoñera, mosquitimuertas, chuche rancio, etc.), a las mylfas (mothers you'd like to fuck, Molina Foix dixit muy mentesuciadamente) cuyas grupas acumulan vistosonas en los alerrebaños del San José para ver salir a sus biencesareadas nínfulas de uniformal uniformidad (a los ricos les gusta estar todos uniformales; la gente de uniforme, lumpen toda, de ser vil, servil, servidora de ser vicio, viciosa de ser servil, servidora de quien no sirve, Satanás, curas, militares, es cuanta declara (es un decir) todas las guerras civiles que patean los cojones del alma).
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Pío E. Serrano, Para qué sirve la poesía
Para qué sirve la poesía
Pío E. Serrano
Quizás sea el momento de hacernos
la difícil pregunta de para qué sirve la poesía. ¿Cuál ha sido el propósito de
este milenario y tozudo ejercicio de indagación que nos ha acompañado desde el
origen mismo de las primeras
civilizaciones? ¿Por qué hombres y mujeres, serios y responsables, se han
ocupado en llenar tabletas de cera, papiros y papeles con sus enigmáticas
propuestas, expresadas en líneas cortas, que llamamos versos, y que parecen no
agotar esa humana curiosidad?
Tal vez deberíamos comenzar por
dejar en claro para qué no sirve la poesía. Por ejemplo, aunque dotada de reconocidos
valores, los suyos no cotizan en bolsa. No sirve, pues, para ganarse la vida,
más bien, al decir del poeta nicaragüense Ernesto Mejía Sánchez, sirve para
ganarse el alma. Tampoco la poesía produce un bien consumible, en el sentido
del mercado que nos propone bienes de usar y tirar, fungibles; la poesía tiene
vocación de permanencia. A diferencia de la ciencia y la tecnología, la poesía
no nos dota de instrumentos, herramientas y saberes con los que alterar la
naturaleza física de las cosas.
Como la Filosofía, la Lógica, la
Etica o la Estética, entre otras disciplinas llmadas humanísticas, la Poesía
nos dota de instrumentos que nos permiten rehabilitar, si me permiten,
reamueblar nuestra conciencia, ese espacio de nuestro ser del que no podemos
despojarnos, que nos acompaña siempre y que en la generalidad es el dispositivo
humano que permea todas las acciones de nuestra vida, incluidas las más
pragmáticas y utilitarias. No es menester de la poesía el empalagoso comercio
con la sensibilería, ni el abuso de los lugares comunes de los artificiales
dolores y penalidades del poeta quejumbroso. Ni siquiera la poesía es únicamente
instrumento de la rabia y la cólera si carece del lenguaje apropiado; poetas
como Gabriel Celaya, Blas de Otero o Miguel Hernández nos han legado el
testimonio de la legítima ira y el rescate de la justicia en el auténtico
lenguaje de la poesía.
Porque la poesía es también,
además de sentimiento, forma poética, rigor en la expresión, lenguaje dominado
y convertido en arte.
Las respuestas sobre la necesidad
de la Poesía han sido múltiples y diversas a lo largo de los siglos. Yo me
arriesgo a compartir la mía con ustedes. Creo que, sobre todo, la poesía es un
acto de conocimiento, una acción destinada a enriquecer nuestra mirada y
nuestra conciencia. El poeta, en este sentido, es quien, como Shakespeare, pone
ante nuestra distraída mirada la más completa muestra de las turbulencias de
las pasiones humanas; o, como Dante, quien sitúa ante nuestros ojos la suma del
bien y del mal; o como los poetas orientales, quienes descubren para nosotros
la sutil vibración de un instante en que la naturaleza dialoga con el poeta
para revelarle un milagro hasta entonces desconocido.
En palabras de Ortega: “La misión
del poeta es inventar lo que no existe”, sólo que yo sustituiría “inventar” por
descubrir, y “lo que no existe” por lo que no ha existido hasta que su mirada y
su verso lo revelan.
Todos estos autores y los que
cada uno de ustedes tienen en mente, gracias a la generosa acción del verso
comparten con nosotros sus descubrimientos y asombros. Haciéndonos más sabios,
más justos, mejores.
domingo, 16 de octubre de 2011
Brújula loca
Reformulación y epítome de diversas cosas leídas por ahí:
Los periodistas y quienes no terminan de ver ni una sola bondad en quienes protestan por el estado actual de cosas suelen recurrir al Muro, al Comunismo, a Marx o a cualquiera de los clichés ideológicos que algún día pertenecieron a parte de la izquierda, pero los que protestan tienen muy claro que el futuro de cada uno recae en su propio esfuerzo personal; lo que se exige a los gobiernos no es que den una paga vitalicia por no hacer nada, sino que gobiernen para el beneficio de la mayoría y no de ese 1%. No relevos, sino cambios. Nadie pretende tirar la democracia sino mejorarla, darle un sentido al voto; ahora mismo es sólo un gesto; pretender dar lecciones sobre ciertos temas aparenta tanto saber y madurez que puede resultar ridículo si no se acompaña de un pensamiento un poco más profundo que el que lucen los defensores del "inmejorable" sistema actual, recordando al ingenuo sistema de Leibniz, el del mejor de los mundos posibles y al Pangloss de Voltaire. Es fácil permanecer como el iconoclasta del grupo, el contrario al sistema, el rompedor de moldes, cuando no tienes responsabilidad de gobierno y poder, o tienes poca. Al final, sea el partido que sea, alcanzado el poder sufrirá de los mismos defectos/virtudes que los que hoy nos parecen tan nefastos. Hay que mejorar lo presente, porque es francamente mejorable, pero en esa mejora se está empezando a ver que el elemento ético, y no político, es esencial, y que hace falta un rayo o varios rayos concretos que surjan de la nube de las buenas intenciones; se espera escuchar aún una alternativa al estado actual de las cosas que parezca viable o no dé miedo. Entiendo cuando se dice que nada va a cambiar, pero creo que, y alguna gente empieza a darse cuenta de ello, las cosas están cambiando ya. No por la fuerza de las manifestaciones, sino por las razones que da la pura necesidad y el agotamiento, el no poder ir más allá haciéndolo todo en la forma en que se ha venido haciendo hasta ahora. La "indignación" general obvía lo más importante, el que, al indignarse, se sitúa en un nivel más alto que no sólo incluye a los indignados, sino a todo el mundo, y "todo el mundo" es seis mil millones de personas que no puede resolver nuestros problemas simplemente torciendo la voluntad de un gobierno parcial sin ver la continuidad de lo que hay más allá de nosotros y especialmente del grupo privilegiado y reducido del mundo desarrollado que tiene la mayor parte de la responsabilidad en ello: sin ver eso no vemos nada. No podremos vivir como lo han hecho nuestros padres, nos indignemos lo que nos indignemos. Creo que hay que empezar a pensar no sólo en si los malos datos que nos caen todos los días son fruto de la incompetencia o si, además, lo son de la incapacidad. Me pregunto si estamos entrando en una etapa de problemas cuya magnitud supera por completo a los políticos. ¿Por qué Cleavage sólo habla de reeditar el éxito del 96? Pero ¿cómo? ¿Acaso tiene algo que ver, no ya España sino el Mundo de hoy, con el de hace quince años?
Lemas del 15-O
"La deuda es esclavitud"
"No somos vuestros esclavos"
"No rescatéis bancos, rescatad personas"
"Cría bancos y te comerás sus crisis"
"Despierta, América"
"Más impuestos para los ricos"
"Acabamos de empezar"
"Nosotros somos el 99%".
"Aforo completo" (pancarta desplegada por los organizadores en Sol).
"Llevamos dentro un mundo nuevo" (una frase de Durruti).
"Esto es esperanza y no la presidenta".
"Si los de abajo nos movemos, los de arriba se caen".
"Estamos arreglando el mundo, disculpen las molestias".
"Es hora de que nos unamos. Es hora de que nos escuchen. ¡Tomemos las calles del mundo!".
"Chorizos sí, pero en rodajas".
"O me arregláis este mundo o yo no salgo" (cartel en la barriga de una mujer embarazada)
Visto/oído en Barcelona
"De la indignación a la acción. Toma la calle" (el lema de la pancarta).
"Si no salimos en los periódicos, saldremos en los libros de Historia".
"Si tienes una pistola puedes robar un banco, pero si tienes un banco, puedes robar a todo el mundo".
" Escaño arriba, escaño abajo, mi país se va al carajo "
" Políticos privilegiados, ciudadanos parados "
Visto/oído en Valencia
"Gobierno de Rajoy y Zapatero, se os ha visto el plumero" (cantado en forma de rap por un niño de 11 años)
Visto/oído en Bilbao.
"Se ofrece esclavo titulado" (un cartel sobre el pecho de un joven biólogo que en cuatro años no ha conseguido trabajo).
"No al timo del euro".
"Tu botín, mi crisis".
"¿Nos van a dar órdenes nuestros empleados? ¡ERE a los políticos!"
Visto/oído en Sevilla
"Toma la calle. Rompe su bolsa. Gobierna tu vida".
"Recapitaliza mi frigo".
"He nacido para ver morir el sistema" (el cartel de un bebé).
Visto/oído en el camino Leganés-Cibeles
"Esperanza, danos de beber de tu agua" (en relación a la privatización del Canal de Isabel II, la empresa pública que surte de agua a la ciudad de Madrid).
"Obrero, despierta, el paro está en tu puerta" y "Obrero, si no luchas, nadie te escucha" (en el barrio obrero de Carabanchel).
Visto/oído en el resto del mundo
"¡Es el modelo!, ¡es el Gobierno!, ¡es la derecha!, ¡es la Concentración!" (una pancarta en Santiago de Chile).
"Esta deuda no es nuestra" (lema de Lisboa).
"All day, all week, occupy Wall Street" (Ocupemos Wall Street todo el día, toda la semana).
"Estáis malversando nuestro futuro" (en Berlín).
"No hay derecha ni izquierda, solo hay tiranía o libertad" (Sidney).
"El dinero no se come" (Sidney).
"A los bancos se les rescató. A nosotros se nos liquidó" (Nueva York).
"Las putas insistimos: los políticos no son hijos nuestros" (Twitter).
"Cuidado: pacifista indignado suelto" (Santiago de Chile).
“No somos ni de la izquierda ni de la derecha. Somos los de abajo y vamos a por los de arriba” (Ibiza)
Visto/oído/sugerido por nuestros lectores
"La banca siempre gana y no nos da la gana!!! (Juan Góngora).
"Banquero busca esposas" (Adrián Domingo).
"A la puta calle, nos dijeron. Y eso hicimos" (Manuel García).
"No doy crédito a los bancos (visto por Vanesa Neris en Santa Cruz de Tenerife).
"Que gobiernen las putas, que sus hijos no saben" (visto en una pancarta por Raúl Carrera).
viernes, 14 de octubre de 2011
Detenido un defecador en serie
Según esta noticia, ha sido detenido un defecador en serie que depositaba cuidadosa y repetidamente un palomino o zurullo ante la puerta de un instituto de eso que llaman secundaria en los Estados Unidos (de allende la mar). Por lo visto el acto no era simbólico, sino por efectos de una torcedura mental.
Dicen que el volcán que está surgiendo en la isla de El Hierro es culpa de Zapatero, algo dudoso por más que la sola mención de su nombre provoque temblores insistentes, pánico general y erupciones sulfúricas; el hecho de que la hipocresía de este señor sea capaz de crear movimientos telúricos globales tales como el 15-O no debe predisponer en su contra ni siquiera a la Geología.
Por otra parte, alguien que se las da de ahorrativa ha subido el catastro urbano y, con ello, las contribuciones municipales y, mientras ha cambiado todas las chapitas que nombran las calles, ha suprimido las bolsas que regalaba para envolver cacas de perro; ¡cómo ahorra! Seguro que nadie se hará rico haciendo bolsas para caca de [...] racista la sociedad española, sino clasista; pero no es así: recuerdo perfectamente cómo redactaban los anuncios en las paredes pidiendo señoras para tareas domésticas: "Se ofrece señora para cuidar ancianos etc..." ¿Por qué, ahora, se redacta así: "Española se ofrece para cuidar ancianos..." Creo que la respuesta es obvia. Hay otros sutiles cambios que el observador atento puede percibir, en otra ocasión diré cuáles.
Por demás, todos los bancos han subido la quinta parte o 20% las comisiones, sin pedir permiso a asociación de consumidor que valga (¿valen de algo? ¡Si para ellos ni existen!). Esto del 20% recuerda al quinto real, el porcentaje de oro y plata de América que había que dar al rey. Ya vemos quién es el que manda, que no es el rey, sino el gremio de logreros que se lleva el quinto real. La banca no es pública, sino impúdica, impudente, desvergonzada, cabrona, sinvergüenza y demás adjetivos. Las comisiones bancarias (eso de comisión debía ser comisón, por lo que comen y la nocturnidad con que agreden) son impuestos privados y nada públicos que cobran de manera nefanda e ilícita -usura, en terminología legal- por operaciones que ofrecen gratis a clientes millonarios y que ING direct incluso retribuye a sus clientes; pero nadie se queja, ni siquiera sale la noticia en teúve, ocupada como está en publicitar sus mierdas políticas y productivas, cuestiones tan importantes como las futboleras. Y dejémos ya los excrementos, que bastantes hemos tenido por hoy.
Dicen que el volcán que está surgiendo en la isla de El Hierro es culpa de Zapatero, algo dudoso por más que la sola mención de su nombre provoque temblores insistentes, pánico general y erupciones sulfúricas; el hecho de que la hipocresía de este señor sea capaz de crear movimientos telúricos globales tales como el 15-O no debe predisponer en su contra ni siquiera a la Geología.
Por otra parte, alguien que se las da de ahorrativa ha subido el catastro urbano y, con ello, las contribuciones municipales y, mientras ha cambiado todas las chapitas que nombran las calles, ha suprimido las bolsas que regalaba para envolver cacas de perro; ¡cómo ahorra! Seguro que nadie se hará rico haciendo bolsas para caca de [...] racista la sociedad española, sino clasista; pero no es así: recuerdo perfectamente cómo redactaban los anuncios en las paredes pidiendo señoras para tareas domésticas: "Se ofrece señora para cuidar ancianos etc..." ¿Por qué, ahora, se redacta así: "Española se ofrece para cuidar ancianos..." Creo que la respuesta es obvia. Hay otros sutiles cambios que el observador atento puede percibir, en otra ocasión diré cuáles.
Por demás, todos los bancos han subido la quinta parte o 20% las comisiones, sin pedir permiso a asociación de consumidor que valga (¿valen de algo? ¡Si para ellos ni existen!). Esto del 20% recuerda al quinto real, el porcentaje de oro y plata de América que había que dar al rey. Ya vemos quién es el que manda, que no es el rey, sino el gremio de logreros que se lleva el quinto real. La banca no es pública, sino impúdica, impudente, desvergonzada, cabrona, sinvergüenza y demás adjetivos. Las comisiones bancarias (eso de comisión debía ser comisón, por lo que comen y la nocturnidad con que agreden) son impuestos privados y nada públicos que cobran de manera nefanda e ilícita -usura, en terminología legal- por operaciones que ofrecen gratis a clientes millonarios y que ING direct incluso retribuye a sus clientes; pero nadie se queja, ni siquiera sale la noticia en teúve, ocupada como está en publicitar sus mierdas políticas y productivas, cuestiones tan importantes como las futboleras. Y dejémos ya los excrementos, que bastantes hemos tenido por hoy.
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Revolución
Todavía estamos lejos de la revolución, pero la velocidad es adecuada para que quizá lleguemos a verla empezar. Internet nos ha dado un instrumento poderoso de unión y de presión para lograr un nuevo mundo. Un mundo en que la pobreza esté mejor distribuida, en que no sea lo importante acumular y crecer, sino repartir. Un mundo donde el dinero facineroso y bancario no pueda refugiarse en paraísos fiscales, en corrupciones y en publicidades inútiles y donde el poder, ese poder que tan poco se comparte y que tanto corrompe, sea cada vez más repartido, rotativo y solidario; donde el gobierno esté en los ciudadanos y cerca de los ciudadanos, donde se valoren adecuadamente la educación, el conocimiento, la investigación, la naturaleza y el arte, donde la moral y la ética sean más importantes que la política y la vida constituya el valor más protegido, un mundo más justo donde no se discrimine a nadie por razón de sexo u origen, sino sólo por su conducta respecto a la libertad de los demás, un mundo donde podamos derrotar a la miseria, a la enfermedad, a la ignorancia y a la violencia y donde podamos todos vivir todos juntos y ayudar a los demás.
Demostremos que hemos aprendido de pasados errores. Estemos mañana todos, citados en todo el mundo, en la manifestación para recuperar todo lo que han robado a la buena gente y darlo a quienes de verdad lo necesitan.
Demostremos que hemos aprendido de pasados errores. Estemos mañana todos, citados en todo el mundo, en la manifestación para recuperar todo lo que han robado a la buena gente y darlo a quienes de verdad lo necesitan.
jueves, 13 de octubre de 2011
El día de las fuerzas desarmadas
El Día de las Fuerzas Armadas debía serlo de congojas y tristeza, no un día de festejo y alborozo, porque celebrar la necesidad de usar armas para seguir como se está es motivo de lamento, no de juerga. Como si las guerras pudieran solucionar un problema, en vez de empeorarlo más, aplazarlo o hacerlo más largo y difícil de resolver. Que la condición humana es mala, lo demuestra el que tengan que existir policía y ejército; sin embargo, creo que nadie podrá discutir que, si no existieran las armas, el mal sería mucho menor. Ahora hay tantas (incluida la que podría acabar con toda la vida no una, sino varias veces) que podría decirse lo del refrán: quien pone la oportunidad, pone el peligro. Del Demonio dice la Teología que Dios sólo le otorgó un poder, el de tentar... Si es así, quien inventó las armas es el mismo Demonio y no en vano se dijo que las carga el diablo. Armas tienen Gadafi y armas tiene la OTAN, y aunque Gadafi no tenga razón (sinrazón que sostiene gracias a sus armas) y la OTAN sí, los errores que cometen ambos con sus armas, que colectivizan y epidemian las balas y su muerte, los pagan siempre los mismos, los inocentes que no dirigen ni a Libia ni a la OTAN y cuya única bandera es la blanca, la más hermosa, la que debería acoger bajo su tela a toda la humanidad, mientras que las demás podrían servir de mortaja, como de hecho ya sirven, envolviendo los catafalcos de los que regresan de defenderse y matar a otros hombres tan acojonados como ellos. Sólo un soldado sabe cuán relativo es el valor, y que el único valor realmente indiscutible es el de afirmar la vida sobre todo lo demás.
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miércoles, 12 de octubre de 2011
Habla José Luis Sampedro
Javier Rodríguez Marcos, "La vida inesperada de José Luis Sampedro. El escritor repasa en una charla en Madrid los aspectos más desconocidos de su biografía", El País, 12/10/2011
José Luis Sampedro tiene una sabiduría de 94 años y una memoria de adolescente. Ayer demostró la una y la otra en la Fundación Juan March de Madrid, en una charla con su esposa y colaboradora, la escritora Olga Lucas, y dentro del ciclo Autobiografía intelectual. Delante de un público que abarrotó dos salones de actos, la cafetería de la institución, los pasillos y el suelo, el autor de La sonrisa etrusca repasó los aspectos menos conocidos de una vida que empezó en Barcelona el 1 de febrero de 1917. Por comenzar por el principio, Olga Lucas recurrió al esencial quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos y, sin mayores preámbulos, pregunto: "¿De dónde viene usted señor Sampedro?" La respuesta no se hizo esperar: "De otro mundo. Soy un inmigrante que no puede volver al país del que procede". Ese país, aclaró, es un lugar, pero también un tiempo que "fue arrastrado y se hundió": España, 1935. Un año más tarde se partió en dos el universo de un muchacho que había vivido sus primeros 13 años en Tánger, una ciudad internacional en la que convivían árabes, judíos, católicos, ortodoxos y gentes que no eran ni una cosa ni la otra, "un mundo que debería ser la tierra entera".
Tras un paréntesis -"en la Edad Media"- en un pueblecito de Soria en el que escribió sus primeros versos y tres años en "el paraíso" de Aranjuez, el futuro economista y escritor, terminó trabajando como aduanero por oposición en Santander. Allí le sorprendió la Guerra Civil y fue movilizado sucesivamente por los dos bandos en liza. "En abril de 1939 comprendí que no habían ganado los míos. Ni los unos ni los otros eran los míos", dijo un hombre de familia conservadora que durante la guerra llegó a admirar la "asombrosa entereza" de los anarquistas con los que compartió batallón. "A los nueve años intenté ser jesuita. A los 19, anarquista". La posguerra, "más ancha y más larga", fue otra cosa, un tiempo en el que, contó, Sampedro sintió que tanto los fascistas como los comunistas lo veían como alguien "fusilable".
Cómo es el mundo y cómo debería ser fueron dos de los asuntos a los que el académico de la RAE -sillón F desde 1990- dedicó una charla que fue saltando sin romper el hilo del pasado al presente y de las grandes categorías a las pequeñas anécdotas. Anécdotas con música a veces, como cuando José Luis Sampedro cantó con las notas de La casta Susana la lista de los puestos fronterizos de Indochina -Hanói, Saigón...- que tuvo que aprenderse cuando estudiaba las oposiciones al cuerpo de aduaneros. Lo hizo del tirón, sin vacilar, y entre risas y aplausos desveló que en el mismo repertorio estaban los puestos de Chile y los estados de Estados Unidos.
Otro de los momentos cómicos de la sesión llegó cuando el escritor relató con pulso de actor metido en un monólogo su encuentro con el banquero Juan March en un cuarto de baño. Allí le habían instalado a Sampedro su despacho como asesor del ministro de Comercio cuando el cargo lo ocupaba Alburúa. El baño correspondía al propio despacho ministerial y allí el joven economista tuvo que explicar al poderoso financiero mallorquín que en el fondo era un privilegio que aguardase allí en lugar de hacerlo en la sala de espera con el resto de los visitantes.
La parte más seria y categórica de la velada fue también la más sencilla y directa. "Hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres". Eso dijo José Luis Sampedro después de recordar sus tiempos como Catedrático de Estructura Económica en la Universidad Complutense y los cursos llenos de futuros ministros de Hacienda: Boyer, Solchaga, Solbes, Salgado... Todos alumnos suyos.
Pese a su temprana inclinación hacia las letras, Sampedro llegó a la economía porque, contó, parecían los estudios adecuados para un funcionario que había pedido el traslado a Madrid. Más inclinado hacia la parte sociológica de la disciplina, recordó también sus tres años con José Luis Aranguren, José Antonio Maravall y José Vidal-Beneyto en el Centro de Estudios e Investigaciones Sociológicas, un centro privado nacido para contrarrestar la grisura de la universidad franquista y en el que solo pagan los alumnos que podían y solo cobraban los profesores que lo necesitaban.
De esos años, de las noches que pasó escribiendo obritas de teatro para cabaret buscando un sobresueldo, de los que pasó dando clase en el Reino Unido, de los libros especializados que escribió, de las novelas que imaginó y de sus casi diez décadas de vida le ha quedado a José Luis Sampedro un sentido del humor que solo se nubla cuando habla del presente: de la degradación de la enseñanza pública a favor de la privada; del plan Bolonia como extinción de una universidad "nacida para saber y no para hacer", "para ganar dinero". Han rendido la universidad, afirmó, a la productividad, según él, una de las "diosas de hoy", a las que todo se sacrifica. Las otras dos, añadió, son la competitividad y la innovación.
Preguntado por Europa, Sampedro no fue mucho más optimista. "A la Europa moderna yo la vi nacer", dijo, que era su manera de decir que ahora la estaba viendo morir. "Europa está reunida, como los ministros de antes cuando no querían recibir a alguien. No hace casi nada de lo que tenía que haber hecho. No se unifica y no se unificará".
Durante toda la charla, José Luis Sampedro amenazó con decirle al auditorio algo sobre la vida. Al final lo dijo: "Cada cultura ha tenido su referente. Los griegos, el hombre; la Edad Media, Dios; ahora, el dinero. Para mí el referente es la vida. Hemos recibido una vida y vamos a vivirla hasta el final. Pero para eso necesitamos la libertad, para que esa vida sea la nuestra y no la que nos mandan tener". Y añadió: "La libertad es como una cometa. Vuela porque está atada. Sin cuerda no vuela, y esa cuerda que facilita el vuelo pero se resiste al viento es la fórmula clásica de la revolución francesa: libertad, igualdad y fraternidad. En 2000 años hemos progresado técnicamente pero seguimos aislados en tribus, salvajes, matándonos unos a otros".
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