viernes, 4 de febrero de 2011

Manual de introducción a la Wikipedia

Para crear artículos de Wikipedia:

Ir al buscador interno de la Wikipedia en la esquina superior derecha y escribir el nombre del artículo y buscarlo.

Si ya existe, aparecerá en azul y, si no, en rojo. 

En el primer caso, para modificarlo o ampliarlo, “pinchar” el título y cambiar o añadir usando la paleta de estilo que aparece sobre y bajo el hueco de la ventana; en el segundo, “pinchar” el letrero rojo para crear el nuevo artículo, y escribirlo usando la paleta de estilo mencionada.

Los enlaces internos se escriben entre corchetes; las cursivas, para títulos, entre dos apostrofes al comienzo y dos apóstrofes al final. Y las negritas, lo mismo, pero con tres apóstrofes en vez de con dos.

Más sencillo resulta seleccionar el texto y pinchar el icono de cursiva o de negrita, o el que corresponda al efecto que se pretende crear. También hay un icono para notas. Se determina qué es cada icono posando el cursor sobre el mismo sin pulsarlo: entonces aparece la función en letras.

Para separar secciones distintas en cada artículo, hay que ponerlas entre estos signos: = = Sección = =. Para subsecciones dentro de cada sección, se van aumentando los signos de igual: = = = Subsección = = =
Una vez escrito el artículo, lo que hay que hacer es clasificarlo con palabras clave de su tema que se ponen entre corchetes al final, después de la palabra [[Categoría:…]], pero eso no es necesario en un principio, porque siempre habrá algún bibliotecario que lo pondrá, aunque hay que evitarle el máximo trabajo posible. Si ya están escritos los artículos en las otras wikis nacionales, un bot (robot, dispositivo o servomecanismo informático para realizar tareas mecánicas de corrección) ya pondrá los enlaces correspondientes después de las categorías.

Es importante documentar el texto con notas y una bibliografía procurando no plagiar y respetar las convenciones de formato de cada género de artículo pero, si no se hace, ya lo hará otro wikipedista o te avisará de las correcciones que sería oportuno hacer poniendo un cartelito al principio del artículo o escribiéndote en el apartado de Discusión del portal que hayas creado al matricularte como wikipedista, si es que te has matriculado. En el caso de que estés matriculado, algunas cosas serán más fáciles de hacer y serás menos sometido a control, aunque al principio siempre habrá alguno supervisando lo que haces que sólo intervendrá si ves que haces algo incorrecto o errado.

Hay una sección especial para ensayar artículos nuevos en la columna de la izquierda, “Ayuda”, y para ayudas más específicas está también en esa misma columna la sección “Portal de la comunidad”, y más en concreto “café”, donde hay secciones temáticas para preguntar dudas, pedir ayuda, colaboración o lo que se tercie.

Es lo mejor matricularse como wikipedista al principio, porque eso permite ser saludado por wikipedistas a los que puedes recurrir en caso de duda en la sección de correo denominada “Discusión”, si bien es tan fácil que no suele haber ningún problema. Además evita ser pasto de los bots de corrección. Una vez matriculado pinchando en el oportuno cartel, uno ya posee su propio portal de wikipedista donde se puede presentar escribiendo lo oportuno y los bots le dejan en relativa paz.

En la Wikipedia existe una jerarquía en la que los puestos de responsabilidad está ocupados por bibliotecarios; conviene tenerlos contentos en sus múltiples y variadas manías y no mostrarse a su vez demasiado maniático. Como es un trabajo no retribuido, la gente es muy susceptible.

El grado de compromiso varía: los hay que redactan, los que corrigen, los que controlan, los que persiguen vándalos, los que mejoran la redacción, los que rehacen bibliografías, los que ilustran, los que formatean, los que crean portales etcétera.

jueves, 3 de febrero de 2011

La agitación social en la era de Internet

Cada vez más frecuentemente se está viendo que Internet se ha convertido en un factor desestabilizador para el poder político de corte autoritario, cuando ha podido generalizarse lo suficiente gracias a una cierta tasa de riqueza. Cuando internet se generalice en los países pobres, eso será todavía más evidente. Tanto los países neocapitalistas (China y satélites, Árabes) como los capitalistas clásicos (Estados Unidos o Europa, o ese curioso caso de Brasil y satélites) intentan legislar, cada uno a su modo, para evitar el desarme ideológico a manos de la plebe democrática y la desestabilización de sus medios de mamoneo bancario por medio de las diveras redes sociales y wikis colectivas que como la de Wikileaks se teje a través de móviles y ordenadores en busca de valores más éticos que políticos. La vieja vindicación de Fausto y del capitalismo: la riqueza material a cambio de la miseria moral. Hace unos meses el CESID informaba de que ya no tiene tiempo suficiente para prevenir ciertas amenazas que se congregan o disvuelven a la velocidad del rayo, y cuya desmontura se vuelve extraordinariamente compleja precisamente a causa de las nuevas tecnologías y los diversos procedimientos de encriptación y evasión. La variada formología de intoxicación y manipulación de la voz pópuli por la inteligencia del estado, al servicio de las metanacionales, que opera sobre todo a través de la prensa, la televisión y la radio, se muestracada vez menos operativa en los círculos anónimos y enmascarados de internet, que reflejan ese mismo anonimato y aun reproducen esa manipulación a escala global, de forma que difícilmente pueden penetrar o controlar puntualmente el destino social sino a costa de requerir unos fondos que no obtendrían y que en todo caso de nada les servirían, a causa de la misma naturaleza incorpórea y ubicua del rencor moral contra el cual combaten.

Conjeturas sobre las setenta nuevas tierras habitables descubiertas por la NASA

Ha saltado la noticia: 70 planetas que levantan la esperanza de la exploración espacial de entre 1200 hallados por la sonda Kepler; la ecuación de las posibilidades de vida inteligente tendrá que redefinirse. Ya habrá algunos pensando en ir allá... Pues siento dar un chasco. Es vano e iluso; fuera de la astronómica distancia y la incapacidad social de nuestra especie para poder organizarse para algo semejante, es biológicamente imposible colonizar planetas, aunque sean parecidos a este. Un ser humano, para poblar otro planeta biológicamente activo, tendría que vacunarse contra un millón de microbios diferentes y aun así desarrollar medicinas específicas, y aun suponiendo que tal cosa pudiera hacerse en algo menos que unos millares de años, seguro que lo mataba un simple prion (una viruta de material génico de un virus) o un virus algo más gordo, o un pedrusco volandero, o un estallido de radiación cósmica o ionizante o gamma. O el síndrome polar T3. Por no hablar de la ceguera espacial, la descalcificación de huesos u osteoporosis, del control de las inevitables mutaciones y del intercambio génico cruzado que podría darse entre ambas biologías, la terrestre y la exoterrestre. La única posibilidad sería que el ADN extraterrestre fuera tan distinto al nuestro que no pudiera interferir en nuestra biología. En ese caso, podría ser... Salvando las inevitables imposibilidades sociales, técnicas y cronológicas. Porque todo parece indicar lo contrario: la generación de vida por el procedimiento del ADN parece no ya lo más frecuente, sino lo único en el universo, porque se han encontrado en las estrellas bastantes de sus precursores. Los experimentos de creación en condiciones controladas también terminan por crear esos precursores, y no otros, con calor, electricidad y hasta con radiación ultravioleta. La bioquímica de la vida es, más o menos, homóloga y universal, semejante a la que hay en este planeta, muy diversa, pero construida en su fundamento con los mismos ladrillos químicos y las mismas leyes de combinatoria; los vestigios de emanaciones subterráneas de metano en algunas regiones de Marte de pasado acuoso lo confirman. Pero, quién sabe; igual hacemos buenas migas un par de formas de vida, dextrógira una y levógira la otra.

Por eso nunca iremos a Marte o más lejos. En fin; solo hay un planeta que es factible colonizar: el nuestro. Ya lo estamos haciendo, pero muy mal. ¿Cómo podemos pensar en ir tan lejos con la casa ardiendo? Primero hay que avanzar socialmente; después ya podremos plantearnos qué posibilidad absurda queda de ir fuera, a explotar o terraformar otros planetas más que a colonizar otros vergeles ya invadidos por la vida. Al respecto convendría leerse la magnífica novela de ese gran autor de la ciencia ficción europea, Stanislaw Lem, Retorno de las estrellas. Ahí fuera no hay nada que podamos conseguir siendo quienes somos ahora, y esa es la única verdad, la que está aquí.

A vueltas con la Orden Sagrada de los Sofisianos

Entremetido por los vericuetos de la erudición rancia, por ciencias oscuras donde las haya y esquivos librotes de viejo, me topo con la Orden Sagrada de los Sofisianos, un más que turbio agente de la cual, Jean-François de Caze, va a parar a España precisamente en una época tan crítica como el Trienio Liberal y hace estragos, como los hizo ya en 1808. Es tema apasionante, que daría para un novelón al estilo del thriller histórico Eco que tan de moda está. No sé si lo injertaré en mi minúscula novelita El danés, junto a otros fantasmas del siglo XIX, pero todo se andará...

Matrimonios

Tres de cada cuatro matrimonios terminan en divorcio, según datos del Instituto de Política Familiar (2008). Va a resultar cierto lo que decía Groucho Marx: "La principal causa de divorcio es el matrimonio". Cervantes decía que "más vale el peor acuerdo / que no el divorcio mejor", y siendo como era un alcahuete y el papá de los novelistas eminentes, hay que prestarle crédito. Los estudios aseguran que los divorcios afectan negativamente a los hijos, muy en especial a los varones. Como profesor, constato todos los días los estragos que producen en la formación de los retoños las familias desestructuradas. Incluso los que van académicamente bien suelen padecer trastornos psicológicos, sociales o problemas personales. Me dirán: para eso, no casarse. Tonterías: estamos hablando de parejas, estén formadas con papel o sin él, con hipoteca o sin ella, con declaración de la renta común o sin ella. Por otra parte, dos árboles que crecen juntos se sostienen mejor mutuamente entrecruzando sus raíces y sus ramas, para que crezca mejor el bosque de arbolitos a su sombra. Parece cursi, pero es que el desierto es abrasador. Y España se está desertificando.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Cinco millones de parados

Hace dos años escribía que Shoemaker no debía desanimarse con haber conseguido cuatro millones de parados y que, con un poco más de esfuerzo, podría llegar a los cinco perfectamente. Algún amigo entonces me dijo que sería imposible, que era una broma... Pues no. Ya se está viendo, y ya se verá más aún a fin de año, cuando nos tengamos que comer la mala uva. Que le den... una medalla a ese señor, nuestro propio Mubárak por lo que tarda en irse a gobernar a Namibia. Y no es que esté criticando a los políticos; nosotros mismos, clase media española, somos la causa de tanto paro y tanta crisis en nuestro país, suponiendo que sea nuestro, lo cual es bastante dudosillo, ya que lo gobierna Ángela Mérkel. Y la causa la somos

1. Por nuestro desdén hacia el que trabaja y se esfuerza, al mérito y a la capacidad.
2. Por nuestro desprecio y falta de apoyo al que se interesa por el progreso y el bien colectivo, no el individual.
3.Por nuestra propia falta de fe y confianza en el entusiasmo emprendedor de los niños y los jóvenes, esos ninguneados.
4. Por nuestra falta de voluntad para acabar (y perfeccionar) lo que empezamos, la abulia, como dictaminó Ganivet.
5. Por nuestra nunca bien poderada y señalada cicatería y avaricia.
6. Por nuestra falta de coraje para asumir nuestro cochino y glorioso pasado y re-unirnos.
7. Por nuestra mediocridad, en fin.

Por cierto que avergüenza oír los telediarios del primer canal. No se puede manipular más la información; sólo hay medias verdades cuando se trata cualquier noticia mala sobre el gobierno; en el fondo todo se reduce a "Shoemaker en el país de las maravillas". No hay anestésico ni poción mejor preparada. Da grima.

Hoy es el Día de la marmota... otra vez.

I

Pues sí; un dos de febrero eterno, que se repite cíclicamente con los mismos obsesionantes, hirientes, pequeños detalles. Porque lo que no cambia en el río heracliteo es el dolor de la conciencia: el mito infernal de Sísifo, pero en moderno. Un ciclo de eternas y pequeñas reencarnaciones purificadoras, que es lo que plasma filosóficamente la película de Harold Ramis, un director con muy mala leche, como puede comprobar cualquiera que haya visto además Cosecha de hielo, una joya del género negro, o El club de los chalados; hay que reconocer que se le da bien la comedia. Por cierto que el mismo director hace un papelito, el de psiquiatra que dice al atribulado personaje interpretado con toda su natural facha por Bill Murray que su problema es crónico y requiere "vernos otra vez". Otra frase antológica: "¿Y si no hubiera futuro...? Hoy no lo ha habido". Pero esto de las repeticiones de alumnos, de gobiernos, de tópicos gilipollas, de publicidad que más que propiciar el consumo nos consume y de seriales televisivos debía tenernos ya cansados. ¿Aprenderemos algo de esto, a ser mejor personas, como el protagonista de Harold Ramis, o seguiremos siempre en nuestro particular infierno subiendo hasta la cima un adoquín mayúsculo, como un peón de caminos cualquiera?

Para el profesor, un día de clase no debería ser como ese eterno día de la marmota; siempre tendría que haber algo nuevo, aunque al final siempre hay que enseñar lo mismo, varíes como varíes la forma. La materia no cambia, como el noumeno de Kant. Y el caso es que a los alumnos ese noumeno siempre les parece aburrido, sabiendo como debían saber que ellos no tienen que repetir lo mismo una y otra vez varias veces al día durante toda su vida. Menos mal que uno encuentra retribución y hasta algún placer en lo que hace; si no todo esto sería una tortura. Como la de Sísifo.

II

La película se funda en una canción clásica cuyo estribillo nadie que lo oiga por primera vez podrá olvidar jamás. Traigo aquí la traducción no literal de la letra

Dicen que somos jóvenes y no sabemos
y no lo sabremos hasta que crezcamos.
Bueno, no sé si eso es verdad
porque me atrapaste,
y, nena, te atrapé.

Dicen que nuestro amor no pagará la renta,
que deberemos nuestro dinero aun antes de ganarlo.
También yo lo creo, no tenemos ahorros,
pero al menos estoy seguro de todas las cosas que sí tenemos.

Te atrapé, nena, te atrapé.

Logré flores en primavera
y logré que lleves puesto mi anillo,
y cuando esté triste tú serás mi payaso
y si me asusto, siempre estarás por aquí.

Así que dejemos que digan que tu cabello es muy largo,
porque no me importa, contigo nada puede salir mal.

Así que pon tu pequeña mano en la mía,
no existe cima o mantaña a la que no podamos subir,

Nena, te atrapé.
Conseguí que tomaras mi mano,
conseguí que me entendieras,
conseguí que camines a mi lado,
conseguí que hables conmigo,
conseguí tu beso de buenas noches,
conseguí que me abraces fuerte,
te conseguí y no te dejaré ir


Quemados

La gente empieza a quemarse no sólo por dentro, sino por fuera. En Marruecos, cuarenta profesores en paro se rociaron de gasolina y dos consiguieron arder en llamas; los otros se libraron porque la policía los detuvo a tiempo. En Ciudad Real, ardió un moro ante los sindicatos porque tenía problemas de papeles. Arden otros en Túnez, Egipto, Argelia etc... Ya no es que el calentamiento global haga cada vez más parecido el mundo al infierno. Es que (casi) lo es.

Shoemaker

Dijo Fidel que la historia lo absolvería; se ve que él se consideraba a sí mismo historia y condenaba al pueblo a ser sólo una comparsa en la prisión de que es juez y alcaide y preso indultado; Mubarak, otro tío que se considera imprescindible, es ya un progreso: lo único que ha dicho es que la historia lo juzgará, sin meterse a profetizar cuál será la sentencia, esto es, sin ser juez y parte; se ve que tiene más de gallego que Fidel; es como Franco, este sí verdaderamente galaico (si te cruzas con él en una escalera no sabes si sube o baja), que nunca se metió en política; se da cuenta de que la historia lo está juzgando ahora y quiere dejarlo para mañana, como si el pueblo egipcio fuera el francés Sans-Delai de Larra; es una mera diferencia de tiempo verbal que se entiende al saber que procede de una larga tradición de momias más que de una tradición inmemorial. O de una colección de muertos como la del Panteón del Escorial, tan cantado por los poetas. ¿Y Shoemaker? ¡Bah! Lo mismo que Cleavage.

martes, 1 de febrero de 2011

Abandono escolar

Bruselas censura los recortes del gasto educativo en España. El abandono escolar duplica la media europea y condena a jóvenes al paro

Andreu Missé, Bruselas, El País, 01/02/2011

El abandono escolar no es solo un problema educativo, sino que multiplica el riesgo de pobreza para los ciudadanos con baja formación y supone un gasto mucho mayor para los Estados en subsidios por desempleo. La comisaria de Educación, Androulla Vassiliou, presentó ayer una estrategia para reducir el abandono escolar que en la UE afecta a más de seis millones de personas (el 14,4% de jóvenes que deja de estudiar después de la enseñanza obligatoria) para situarlo por debajo del 10% en 2020. Ese año, la Comisión calcula que el 85% de todos los empleos requerirán una cualificación alta o media.

Vassiliou censuró los recortes en Educación efectuados en España, que registra la situación más dramática de la UE, con un porcentaje de fracaso escolar del 31,2%, empatado con Portugal y solo superado por Malta (36,8%). Pero este último país redujo esta proporción en un 32% durante la última década, mientras que España empeoró un 7%. Sin embargo, la cifra española mejoró ligeramente en 2009 respecto a 2008. El objetivo del Gobierno español es reducirla al 15% en 2020.

La fatal cifra de la enseñanza española tiene causas educativas, pero también sociales y económicas. Por ejemplo, la burbuja inmobiliaria, dentro de un mercado de trabajo sin suficiente oferta de empleo cualificado, fomentó la salida temprana de miles de jóvenes al mundo laboral. Además, España tiene un alto porcentaje de alumnos inmigrantes, colectivo en el que el abandono es del 45%, mientras que en la población autóctona es del 27%. Los cinco países que registran mejores resultados en la finalización de los estudios son Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Polonia y República Checa, todos ellos pertenecientes al antiguo bloque socialista, y en los que el abandono no supera el 5%.

La educación española sufrirá un recorte de recursos en 2011 de 1.800 millones de euros por las reducciones presupuestarias de las comunidades (de las que depende la mayor parte del gasto) y el Ministerio de Educación. "Siempre he dicho que los recortes en los presupuestos educativos son algo negativo", aseguró la comisaria. "La educación", añadió, "no debe verse como un coste sino como una inversión". Y advirtió: "Evidentemente que no estoy de acuerdo allí donde ha habido recortes porque tendrán efectos negativos, ya lo verán". Vassiliou subrayó, no obstante, que la situación en España varía mucho según las comunidades: el abandono en el País Vasco es del 14,3%, inferior a la media europea.

El informe que acompaña la propuesta de la Comisión Europea, recoge los estudios de algunos Estados que han cuantificado los costes económicos del abandono, por los gastos en subsidios de desempleo y otras ayudas sociales. En Finlandia, la Oficina Nacional de Auditoría calcula que el abandono supondrá unos costes por persona de 27.500 euros anuales. A lo largo de 40 años supone 1,1 millones de euros por persona. En Holanda, que el coste calculado por persona a lo largo de su vida es de 1,8 millones.

El último informe sobre las Condiciones de Vida de Eurostat indica que en 2008 el riesgo de pobreza para quienes dejaron de estudiar tras la enseñanza obligatoria era del 23.5% -casi cuatro veces mayor a los titulados universitarios o de FP superior- y que más de la mitad de ellos (el 52%) están desempleados o fuera del mercado laboral.

Vassiliou señaló ayer que "bastaría con reducir la proporción de personas que abandona prematuramente los estudios en un punto porcentual para que se produjera un aumento de casi medio millón el número de jóvenes cualificados cada año".

La Comisión propone a los Estados Miembros que elaboren estrategias destinadas a reducir el fracaso escolar hacia finales de 2012. Esta iniciativa deberá ser aprobada por los ministros de Educación en el Consejo del próximo mes de mayo. Bruselas está dispuesta a ofrecer financiación.

Las medidas
La Comisión Europea hace recomendaciones para reducir el abandono escolar. Estas son algunas de ellas:

- Escolarización temprana. Una educación infantil (hasta los seis años) de calidad es una de las medidas "más efectivas".

- Puentes. "Incrementar la permeabilidad entre los distintos caminos [FP, Bachillerato y Universidad] y mejorar la calidad y la imagen de la Formación Profesional". Además, dar opciones flexibles que combinen "la educación general, la FP y el trabajo"

- Discriminación positiva. Ofrecer más recursos y específicos allí donde más se necesitan.

- Agentes externos. Trabajo social fuera de la escuela con sectores socialmente desfavorecidos.

- Segunda oportunidad. Programas de transición para reenganchar a los alumnos que abandonaron.

Un soneto de Manuel Reina

Un soneto de Manuel Reina:
Andalucía
Cielo brillante, fuentes rumorosas,
ojos negros, cantares y verbenas,
altares adornados de azucenas,
rostros tostados, perfumadas rosas.

Bellas noches de amor esplendorosas,
mares de plata y luz, brisas serenas,
rejas de nardos y claveles llenas,
serenatas, mujeres deliciosas.

Cancelas orientales, miradores,
la guitarra y su triste melodía
vinos dorados, huertas, ruiseñores,

deslumbradora y plácida poesía...
He aquí al pueblo del sol y los amores,
la mañana del mundo: ¡Andalucía!

Crisis de la historieta

Tereixa Constenla, "Se puede vivir del cómic... hecho en París", El País, 1-II-2011.
En un lugar llamado España hubo un tiempo en el que se vendían más de siete millones de tebeos al mes. Se ofertaban en cualquier esquina, en miles de reductos conocidos como quioscos. Había historias sobre espías torpes, albañiles chapuzas y casposas comunidades de vecinos. Fuese por inteligencia o mordacidad, entre los lectores triunfaban los antihéroes. La factoría que saciaba aquella voracidad se llamaba Bruguera.
Luego los lectores crecieron, una guerra por petróleo disparó el precio del papel, se difundieron los videojuegos y nuevas formas de entretenimiento juvenil. Los tebeos se marchitaron, Bruguera cayó. En el mundillo, un cataclismo. "Fue como si cerrase la General Motors", compara Carles Santamaría, director de la Feria Internacional del Cómic de Barcelona. Fue la muerte del tebeo. El sector entró en coma. Eran los noventa.
Enjuiciar la salud actual de la industria del cómic obliga a recordar los antecedentes. El diagnóstico no es simple. Comparada con los días de vino y rosas, vive una época de tiradas timoratas -el gran superventas de los últimos años, Arrugas (Astiberri), de Paco Roca, va por los 30.000 ejemplares-. Si pensamos en los ruinosos noventa, la situación es floreciente (incorporación de nuevos lectores, proliferación de tiendas especializadas y presencia en grandes superficies). ¿Da para vivir del cómic? No.
Bueno, un momento. Los autores españoles no pueden vivir del cómic español (salvo contadas excepciones) pero... pueden vivir del cómic extranjero. El cómic exporta talento a mansalva. Algo novedoso. Santamaría calcula que unos 60 autores trabajan para editoriales de Francia o Estados Unidos. El Salón del Cómic de Barcelona contribuye a que el idilio no decaiga: en la última edición propiciaron 300 entrevistas entre editores extranjeros y creadores españoles.
El éxito tiene un claro efecto bumerán. Si un español triunfa en Estados Unidos o Francia, las editoriales españolas (incluidas aquellas que le hayan ninguneado en sus días de perfecto desconocido) lo recibirán con los brazos abiertos. Lean algunos ejemplos.
Blacksad (Norma editorial), una de las series más vendidas en Francia, es una creación de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. El asunto arrancó en aquellos tiempos malos. "En España era la época de la crisis más profunda. Juanjo ya vivía en París, había trabajado para Disney y nos animamos a intentarlo allí", revive Juan Díaz Canales (Madrid, 1972). El primer Blacksad, un cómic de género detectivesco con animales como personajes, arrancó con 30.000 ejemplares que se volatilizaron en un mes. Desde entonces la serie que edita Dargaud para el mercado franco-belga ha vendido más de 200.000 ejemplares. "Hemos entrado en un club muy selecto, muy pocas series venden esas cifras", reconoce el guionista Díaz Canales.
En España también es un éxito, aunque la tirada esté a años luz. "Es casi matemático, la proporción es de 1 a 10 respecto a Francia", explica. Blacksad se acerca a los 20.000 ejemplares, una menudencia comparada con el mercado vecino pero un superventas frente a las tiradas medias españolas, que oscilan entre 1.000 y 2.000 volúmenes.
El guionista Juan Torres (Málaga, 1972) paseó El velo por varias editoriales y revistas españolas sin despertar interés. Avalado por anteriores trabajos (entre ellos CSI) tanteó el mercado en Estados Unidos, donde anteponen las series a las historias propias. "Fueron un poco reticentes pero probaron y funcionó bien, ahora se ha traducido al español", cuenta. Y sin sorna añade: "Estamos todos locos por publicar en España, pero las editoriales prefieren comprar los derechos para traducir, mucho más barato que producir una obra".
Jaime Martín (Barcelona, 1966) aborrece a los superhéroes. Cuando cerró El Víbora, revista de cómic de adultos donde había recreado historias de sexo, drogas y rock'n'roll generacionales, miró hacia Estados Unidos y concluyó que tenía cero opciones y cero interés. "Si el concepto de héroe me echa para atrás, al de superhéroe, un tipo con el pijama apretado y el calzoncillo por fuera, lo detesto. Si estás dispuesto a dibujar cualquier cosa y eres rápido puedes vivir de ello, pero quería dibujar mis propias historias".
El manga japonés, el otro gran mercado mundial, tampoco le sedujo. Quedaba Francia, el tercer coloso. Le costó vender su primer álbum hasta que un agente lo hizo por él a la misma editorial que antes le había rechazado. Ahora su último trabajo, Todo el polvo del camino (Dupuis en Francia, Norma editorial en España), una historieta sobre la Gran Depresión con ecos de John Steinbeck y aroma a Dorothea Lange escrita por el brasileño Wander Antunès, ha vendido en Francia unos 7.000 ejemplares y en España, más de un millar.
Unas cifras alejadas de las 18.000 copias que vendió Martín de su primer álbum, Sangre de barrio, en 1990. Tiempos aún de alegrías. "No sé por qué ha pasado pero las tiradas han ido disminuyendo continuamente desde la primera guerra del Golfo. Mi teoría es que hay demasiadas opciones de ocio y tienes que escoger, no hay dinero para ir al cine, comprar tebeos y videojuegos a la vez", expone. Su predicción es apocalíptica: "El cómic se extinguirá o se convertirá en algo minoritario, como la poesía. Y tampoco será una catástrofe, pero ¿qué sentido tendrá cuando puedas tener sensaciones virtuales?".
Díaz Canales, Torres y Martín viven, con sus matices, del mercado exterior. Porque también los royalties generados por sus ventas en España llegan a través de las editoriales extranjeras que tienen los derechos sobre sus álbumes en todo el mundo. De esta paradoja no se ha librado ni el exitoso Arrugas, premio Nacional del Cómic en 2008.
Paco Roca (Valencia, 1969), tras algunas obras en revistas y el álbum El juego lúgubre (La Cúpula), miró a Francia. "Vi que era un mercado fuerte, se vende más y también se paga más". Un agente colocó Arrugas en Francia, donde recibió buenas críticas y logró unas ventas medianas (entre 10.000 y 13.000). Y entonces Astiberri compró los derechos para España y se desató el fenómeno: las ventas del cómic donde Roca desnuda con ternura exquisita los estragos del alzhéimer se desmadraron. En dos años han superado los 30.000 libros. De cada ejemplar, la editorial francesa matriz se lleva entre el 8 y el 10%. Con su siguiente álbum, Las calles de arena, se repitió este circuito: derechos para todo el mundo en manos de la francesa Delcourt. En este proceso, el papel de la editorial española es mínimo, su riesgo escaso y sus ganancias estrechas.
Pero en 2010, Astiberri, una pequeña editorial fundada hace diez años por tres socios que no aspiraban a hacerse ricos y sí a disfrutar del trabajo, recuerda Laureano Domínguez, uno de los socios, se decidió a dar el paso y producir el nuevo título de Paco Roca, El invierno del dibujante. Salió a la calle a finales del año pasado y lleva 12.000 ejemplares despachados. Cuando se traduzca en otros países, Astiberri hará caja por los royalties. Pleno al quince. "Ganaría más dinero si trabajase para el mercado francés, pero por el idioma, la cercanía y las influencias me resulta perfecto trabajar como hemos hecho con El invierno del dibujante", se sincera Roca, dispuesto a repetir la experiencia en su próximo trabajo.
El escaso riesgo de las editoriales españolas -que facturan al año unos 90 millones de euros- es uno de los reproches más comunes entre los dibujantes. "Comprar derechos es más barato que producir un álbum", reitera Roca.
En 2010, según Carles Santamaría, solo el 15% de las novedades que llegaron al mercado español fueron títulos producidos en casa. Un porcentaje que coincide con la actividad de Glénat. Entre los 200 títulos que sacó a la calle el año pasado, el manga fue hegemónico: el 60%. La producción propia rondó entre el 15% y el 20%, entre ellos un álbum en el que Félix Sabaté, editor jefe de Glénat, se empeñó especialmente: Quince años en la calle, el cómic autobiográfico en el que Miguel Fuster narraba su vida como sin techo.
"Personal y profesionalmente prefiero la producción propia, es más gratificante trabajar con el autor mano a mano. Además, cuando tú produces algo, todos los derechos son para ti", sostiene Sabaté. La compra de un título en el exterior, la opción más barata y sencilla, tiene sus desventajas. "Es un arma de doble filo porque puedes explotar la licencia unos años pero no siembras, mientras que un autor que llevas tú es alguien que puedes tener en catálogo y sin catálogo estás muerto", concluye el editor de Glénat.
Sabaté es de los que ven el vaso medio lleno. "Quien se queja es un quejica. Estamos mejor que nunca. Hemos ocupado el espacio que antes las grandes superficies dedicaban al DVD. El lector especializado va a las tiendas y el ocasional, a las grandes cadenas". Ahora bien, si Mireia Pérez (Valencia, 1984), ganadora del premio de la FNAC y Sins Entido para editar una novela gráfica, le pidiese consejo sobre su futuro, Sabaté sería claro. No le recomendaría que abandonase otra ocupación para vivir del tebeo. "Es difícil, casi imposible ganarse la vida con el cómic", dice el editor.
Los 10.000 euros que recibirá Mireia Pérez son como una beca que le permitirá desarrollar su historia. La próxima vez, cuando pugne con el mercado, podrá aspirar a un anticipo sobre las ventas. Los autores ponen la creatividad y reciben un escuálido 10%. Las editoriales ponen el riesgo y se quedan entre un 30% y un 40%. El resto es para los distribuidores y librerías, una parte del negocio que sí da de sí: hay ya casi 240 tiendas especializadas en España. "Lo más importante en el mercado español, que es el segundo en Europa y está en plena transformación", sentencia un optimista Carles Santamaría, "es el recorrido que nos queda".

lunes, 31 de enero de 2011

Jesús y Abdolreza

El miércoles pasado ejecutaron en Irán a un hombre que decía ser Dios y tenía varios discípulos. Se llamaba Abdolreza Gharabat y la mayoría de sus seguidores eran jóvenes de la provincia de Juzestán. Hace dos mil años creo que hicieron lo mismo con un tal Jesús, de oscuros orígenes, hombre (o Dios, como conjetura una antiquísima traducción siria de las Antigüedades judías de Flavio Josefo) admirable y que se hacía querer, formado entre los Esenios y discípulo de Juan el Bautista. Según ciertas dudosas genealogías, descendía de David.

¿Quién nos dice que este Abdolreza no es Jesús, es la Parusía o Apocalipsis y ha vuelto a la tierra para ser de nuevo ejecutado, esta vez en una horca? ¿No pasó este Abdolreza tan desapercibido como en su tiempo el mismo Jesús? Esto da que pensar. Quizá, como quieren los unitarios, Jesús fue un gran filósofo y todos los que lo imitan son un poco como él, incluso este Abdolreza de quien tan poco se ha hablado.
Una idea para una película laica. ¿Qué quedaría de Jesucristo y de su iglesia si no hubiese sido sacrificado? ¿Si Pilatos considerase necesario absolver a Jesús y a Barrabás o se conformase con una multa? ¿Si el pueblo no quisiera tirarle la primera piedra ni clavarle el primer clavo? ¿Si fariseos y saduceos pasaran y se desentendieran de Él, porque, después de todo, qué más les daba?

domingo, 30 de enero de 2011

Una supuesta mejor ortografía

Javier Marías, "Discusiones ortográficas I", El País, 30/01/2011

No sé si una de las funciones, pero desde luego uno de los efectos y grandes ventajas de la ortografía española era, hasta ahora, que un lector, al ver escrita cualquier palabra que desconociera (si era un estudiante extranjero se daba el caso con frecuencia), sabía al instante cómo le tocaba decirla o pronunciarla, a diferencia de lo que ocurre en nuestra hermana la lengua italiana. Si en ella leemos “dimenticano” (“olvidan”), nada nos indica si se trata de un vocablo llano o esdrújulo, y lo cierto es que no es lo uno ni lo otro, sino sobresdrújulo, y se dice “diménticano”. Lo mismo sucede con “dimenticarebbero” (“olvidarían”), “precipitano”, “auguro” y tantos otros que uno precisa haber oído para enterarse de que llevan el acento donde lo llevan: “dimenticarébbero”, “prechípitano”, “áuguro”. Del francés ni hablemos: es imposible adivinar que lo que uno lee como “oiseaux” (“pájaros”) se ha de escuchar más o menos como “uasó”. El inglés ya es caótico en este aspecto: ¿cómo imaginar que “break” se pronuncia “breic”, pero “bleak” es “blic”, y que “brake” es también “breic”? ¿O que la población que vemos en el mapa como “Cholmondeley” se corresponde en el habla con “Chomly”, por añadir un ejemplo caprichoso y extravagante, y hay centenares?
Este considerable obstáculo era inexistente en español –con muy leves excepciones– hasta la aparición de la última Ortografía de la Real Academia Española, con algunas de sus nuevas normas. Vaya por delante que se trata de una institución a la que no sólo pertenezco desde hace pocos años, sino a la que respeto enormemente y tengo agradecimiento. El trabajo llevado a cabo en esta Ortografía es serio y responsable y admirable en muchos sentidos, como no podía por menos de ser, pero algunas de sus decisiones me parecen discutibles o arbitrarias, o un retroceso respecto a la claridad de nuestra lengua. Tal vez esté mal que un miembro de la RAE objete públicamente a una obra que lleva su sello, pero como considero el corporativismo un gran mal demasiado extendido, creo que no debo abstenerme. Mil perdones.

Lo cierto es que, con las nuevas normas, hay palabras escritas que dejan dudas sobre su correspondiente dicción o –aún peor– intentan obligar al hablante a decirlas de determinada manera, para adecuarse a la ortografía, cuando ha de ser ésta, si acaso, la que deba adecuarse al habla. Si la RAE juzga una falta, a partir de ahora, escribir “guión”, está forzándome a decir esa palabra como digo la segunda sílaba de “acción” o de “noción”, y no conozco a nadie, ni español ni americano (hablo, claro está, de mi muy limitada experiencia personal), que diga “guion”. Tampoco que pronuncie “truhán” como “Juan”, que es lo que pretende la RAE al prohibir la tilde y aceptar sólo “truhan”. De ser en verdad consecuente, esta institución tendría que quitarle también a ese vocablo la h intercalada (¿qué pinta ahí si, según ella, se dice “truan” y es un monosílabo?), lo mismo que a “ahumado”, “ahuyentar” y tantos otros. O, ya puestos, y siguiendo al italiano y a García Márquez en desafortunada ocasión, ¿por qué no suprimir todas las haches de nuestra lengua? Los italianos escriben “ipotesi”, “orrore”, “eresia” y “abitare”, el equivalente a “ipótesis”, “orror”, “erejía” y “abitar”. Y dado que la Academia parece inclinada a facilitarles las cosas a los perezosos e ignorantes suprimiendo tildes, no veo por qué no habría de eliminar también las haches. (Dios lo prohíba, con su hache y su tilde.)

En cuanto a “guié” o “crié”, si se me vetan las tildes y se me impone “guie” y “crie”, se me está indicando que esas palabras las debo decir como digo “pie”, y no es mi caso, y me temo que tampoco el de ustedes. Hagan la prueba, por favor. Tampoco digo “guió” y “crió” como digo “vio” o “dio”, a lo que se me induce si la única manera correcta de escribirlas es ahora “guio” y “crio” (en la Ortografía de 1999 poner o no esas tildes era optativo, y no alcanzo a ver la necesidad de privar de esa libertad). En cuanto a “riáis” o “fiáis”, si yo leo “riais” y “fiais”, como ordena la RAE, me arriesgo a creer que he de pronunciar esas formas verbales igual que la segunda sílaba de “ibais”, lo cual, francamente, no es así. Y si leo “hui” en vez de “huí”, nada me advierte que no deba decir esa palabra exactamente igual que la interjección “huy” (tan frecuente en el fútbol) o que “sí” en francés, es decir, “oui”, es decir, “ui”. Si un número muy elevado de hablantes percibe todos estos vocablos como bisilábicos con hiato, y no como monosilábicos con diptongo, ¿a santo de qué impedirles la opcionalidad en la escritura? La RAE parece tenerle pánico a la posibilidad de elegir en cuestión de tildes (que es algo menor y que no afecta a la sacrosanta “unidad de la lengua”). Pero es que además es incongruente en eso, porque sí permite dicha opcionalidad en “periodo” y “período”, “policiaco” y “policíaco”, “austriaco” y “austríaco” (yo siempre las escribo sin tilde), lo mismo que en “alvéolo” y “alveolo”, “evacúa” y “evacua” y otras más. ¿Por qué no permitir que cada hablante opte por “truhán” o “truhan”, como aún puede hacerlo (por suerte) entre “solo” y “sólo”, “este” y “éste”, “aquel” y “aquél”? La posibilidad de seguirles poniendo tildes a estas palabras no es para mí irrelevante. ¿Cómo saber, si no, lo que se está diciendo en la frase “Estaré solo mañana”? Si se la escribe en un mail un hombre a su amante, la diferencia no es baladí: sin tilde significa que estará sin su mujer; con tilde que mañana será el único día en que estará en la ciudad. No es poca cosa, la verdad. Por menos ha habido homicidios.

Decálogo del bloguero

Lo ha escrito David Cantone, bajando la escabrosa raña del Sinaí internético:

1. Postearás sólo contenido de máxima calidad.

Se hace lo que se puede.

2. Serás constante

Eso, sí. Incluso demasiado.

3. No ignorarás a tu audiencia.

Leo todos los comentarios con curiosidad.

4. Conectarás y colaborarás con otros bloggers.

Eso, también.

5. Participarás activamente en las principales redes sociales

Esto me desconcierta. ¿Sirven para algo más que para asomar la jeta?

6. Tu pasión por el tema de tu blog debe ser puro fuego.

Pasión no tengo; sólo determinación.

7. Serás paciente como el gusano que espera convertirse en mariposa.

La paciencia me la he tenido que inventar; el tiempo no pasa en balde.

8. Serás completamente transparente.

Lo soy, pero no para mí mismo.

9. Serás tan entretenido y original como puedas.

Eso lo tendrán que determinar los demás, pero hago lo que puedo.

10. Tendrás un diseño de categoría

No soy un fanático de los colorines y del diseño. Eso sí, me gustan ciertos logos y personajes de dibujos animados e historietas; pero me decanto por las palabras y su contenido.

Preparar exámenes.

El tiempo que los estudiantes invierten en releer o revisar sus notas y material de enseñanza para aprender estaría mejor invertido en redactar resúmenes periódicamente, según un experimento reciente. Los estudiantes que leyeron un texto sobre un tema científico y luego se hicieron una prueba para recuperar de la memoria lo que habían leído recordaron una semana después un cincuenta por ciento más que los que utilizaron cualquiera de otros dos métodos distintos. Participaron un total de doscientos estudiantes y se utilizaron tres métodos: la lectura simple o repetida de un texto, la lectura con el complemento de elaborar mapas cpnceptuales (hacer diagramas de las conexiones de lo que se estudia) y la lectura y recuperación de los conceptos estudiados. Esto último consistió en que, sin el texto delante, los estudiantes escribieran lo que recordaban de este libremente en diez minutos. A la semana se les hizo a todos un corto test para comprobar lo que recordaban.

Otro de los descubrimientos pedagógicos, útil para que los alumnos se desbloqueen cuando van a estudiar, y que demuestra que facilita la recuperación de un cinco por ciento más de información en los exámenes, es redactar las preocupaciones antes del examen. Este exorcismo desbloquea la memoria flotante saturada antes del examen.

sábado, 29 de enero de 2011

Entrevista a Nicholas Carr

Bárbara Celis, "Un mundo distraído". El País, 29/01/2011

La tercera parte de la población mundial ya es 'internauta'. La revolución digital crece veloz. Uno de sus grandes pensadores, Nicholas Carr, da claves de su existencia en el libro Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? El experto advierte de que se "está erosionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma".

El correo electrónico parpadea con un mensaje inquietante: "Twitter te echa de menos. ¿No tienes curiosidad por saber las muchas cosas que te estás perdiendo? ¡Vuelve!". Ocurre cuando uno deja de entrar asiduamente en la red social: es una anomalía, no cumplir con la norma no escrita de ser un voraz consumidor de twitters hace saltar las alarmas de la empresa, que en su intento por parecer más y más humana, como la mayoría de las herramientas que pueblan nuestra vida digital, nos habla con una cercanía y una calidez que solo puede o enamorarte o indignarte. Nicholas Carr se ríe al escuchar la preocupación de la periodista ante la llegada de este mensaje a su buzón de correo. "Yo no he parado de recibirlos desde el día que suspendí mis cuentas en Facebook y Twitter. No me salí de estas redes sociales porque no me interesen. Al contrario, creo que son muy prácticas, incluso fascinantes, pero precisamente porque su esencia son los micromensajes lanzados sin pausa, su capacidad de distracción es enorme". Y esa distracción constante a la que nos somete nuestra existencia digital, y que según Carr es inherente a las nuevas tecnologías, es sobre la que este autor que fue director del Harvard Business Review y que escribe sobre tecnología desde hace casi dos décadas nos alerta en su tercer libro, Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus).

Cuando Carr (1959) se percató, hace unos años, de que su capacidad de concentración había disminuido, de que leer artículos largos y libros se había convertido en una ardua tarea precisamente para alguien licenciado en Literatura que se había dejado mecer toda su vida por ella, comenzó a preguntarse si la causa no sería precisamente su entrega diaria a las multitareas digitales: pasar muchas horas frente a la computadora, saltando sin cesar de uno a otro programa, de una página de Internet a otra, mientras hablamos por Skype, contestamos a un correo electrónico y ponemos un link en Facebook. Su búsqueda de respuestas le llevó a escribir Superficiales... (antes publicó los polémicos El gran interruptor. El mundo en red, de Edison a Google y Las tecnologías de la información. ¿Son realmente una ventaja competitiva?), "una oda al tipo de pensamiento que encarna el libro y una llamada de atención respecto a lo que está en juego: el pensamiento lineal, profundo, que incita al pensamiento creativo y que no necesariamente tiene un fin utilitario. La multitarea, instigada por el uso de Internet, nos aleja de formas de pensamiento que requieren reflexión y contemplación, nos convierte en seres más eficientes procesando información pero menos capaces para profundizar en esa información y al hacerlo no solo nos deshumanizan un poco sino que nos uniformizan". Apoyándose en múltiples estudios científicos que avalan su teoría y remontándose a la célebre frase de Marshall McLuhan "el medio es el mensaje", Carr ahonda en cómo las tecnologías han ido transformando las formas de pensamiento de la sociedad: la creación de la cartografía, del reloj y la más definitiva, la imprenta. Ahora, más de quinientos años después, le ha llegado el turno al efecto Internet.

Pero no hay que equivocarse: Carr no defiende el conservadurismo cultural. Él mismo es un usuario compulsivo de la web y prueba de ello es que no puede evitar despertar a su ordenador durante una breve pausa en la entrevista. Descubierto in fraganti por la periodista, esboza una tímida sonrisa, "¡lo confieso, me has cazado!". Su oficina está en su residencia, una casa sobre las Montañas Rocosas, en las afueras de Boulder (Colorado), rodeada de pinares y silencio, con ciervos que atraviesan las sinuosas carreteras y la portentosa naturaleza estadounidense como principal acompañante.

PREGUNTA. Su libro ha levantado críticas entre periodistas como Nick Bilton, responsable del blog de tecnología Bits de The New York Times, quien defiende que es mucho más natural para el ser humano diversificar la atención que concentrarla en una sola cosa.

RESPUESTA. Más primitivo o más natural no significa mejor. Leer libros probablemente sea menos natural, pero ¿por qué va a ser peor? Hemos tenido que entrenarnos para conseguirlo, pero a cambio alcanzamos una valiosa capacidad de utilización de nuestra mente que no existía cuando teníamos que estar constantemente alerta ante el exterior muchos siglos atrás. Quizás no debamos volver a ese estado primitivo si eso nos hace perder formas de pensamiento más profundo.

P. Internet invita a moverse constantemente entre contenidos, pero precisamente por eso ofrece una cantidad de información inmensa. Hace apenas dos décadas hubiera sido impensable.

R. Es cierto y eso es muy valioso, pero Internet nos incita a buscar lo breve y lo rápido y nos aleja de la posibilidad de concentrarnos en una sola cosa. Lo que yo defiendo en mi libro es que las diferentes formas de tecnología incentivan diferentes formas de pensamiento y por diferentes razones Internet alienta la multitarea y fomenta muy poco la concentración. Cuando abres un libro te aíslas de todo porque no hay nada más que sus páginas. Cuando enciendes el ordenador te llegan mensajes por todas partes, es una máquina de interrupciones constantes.

P. ¿Pero, en última instancia, cómo utilizamos la web no es una elección personal?

R. Lo es y no lo es. Tú puedes elegir tus tiempos y formas de uso, pero la tecnología te incita a comportarte de una determinada manera. Si en tu trabajo tus colegas te envían treinta e-mails al día y tú decides no mirar el correo, tu carrera sufrirá. La tecnología, como ocurrió con el reloj o la cartografía, no es neutral, cambia las normas sociales e influye en nuestras elecciones.

P. En su libro habla de lo que perdemos y aunque mencione lo que ganamos apenas toca el tema de las redes sociales y cómo gracias a ellas tenemos una herramienta valiosísima para compartir información.

R. Es verdad, la capacidad de compartir se ha multiplicado aunque antes también lo hacíamos. Lo que ocurre con Internet es que la escala, a todos los niveles, se dispara. Y sin duda hay cosas muy positivas. La Red nos permite mostrar nuestras creaciones, compartir nuestros pensamientos, estar en contacto con los amigos y hasta nos ofrece oportunidades laborales. No hay que olvidar que la única razón por la que Internet y las nuevas tecnologías están teniendo tanto efecto en nuestra forma de pensar es porque son útiles, entretenidas y divertidas. Si no lo fueran no nos sentiríamos tan atraídos por ellas y no tendrían efecto sobre nuestra forma de pensar. En el fondo, nadie nos obliga a utilizarlas.

P. Sin embargo, a través de su libro usted parece sugerir que las nuevas tecnologías merman nuestra libertad como individuos...

R. La esencia de la libertad es poder escoger a qué quieres dedicarle tu atención. La tecnología está determinando esas elecciones y por lo tanto está erosionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma. Google es una base de datos inmensa en la que voluntariamente introducimos información sobre nosotros y a cambio recibimos información cada vez más personalizada y adaptada a nuestros gustos y necesidades. Eso tiene ventajas para el consumidor. Pero todos los pasos que damos online se convierten en información para empresas y Gobiernos. Y la gran pregunta a la que tendremos que contestar en la próxima década es qué valor le damos a la privacidad y cuánta estamos dispuestos a ceder a cambio de comodidad y beneficios comerciales. Mi sensación es que a la gente le importa poco su privacidad, al menos esa parece ser la tendencia, y si continúa siendo así la gente asumirá y aceptará que siempre están siendo observados y dejándose empujar más y más aún hacia la sociedad de consumo en detrimento de beneficios menos mensurables que van unidos a la privacidad.

P. Entonces... ¿nos dirigimos hacia una sociedad tipo Gran Hermano?

R. Creo que nos encaminamos hacia una sociedad más parecida a lo que anticipó Huxley en Un mundo feliz que a lo que describió Orwell en 1984. Renunciaremos a nuestra privacidad y por tanto reduciremos nuestra libertad voluntaria y alegremente, con el fin de disfrutar plenamente de los placeres de la sociedad de consumo. No obstante, creo que la tensión entre la libertad que nos ofrece Internet y su utilización como herramienta de control nunca se va a resolver. Podemos hablar con libertad total, organizarnos, trabajar de forma colectiva, incluso crear grupos como Anonymous pero, al mismo tiempo, Gobiernos y corporaciones ganan más control sobre nosotros al seguir todos nuestros pasos online y al intentar influir en nuestras decisiones.

P. Wikipedia es un buen ejemplo de colaboración a gran escala impensable antes de Internet. Acaba de cumplir diez años...

R. Wikipedia encierra una contradicción muy clara que reproduce esa tensión inherente a Internet. Comenzó siendo una web completamente abierta pero con el tiempo, para ganar calidad, ha tenido que cerrarse un poco, se han creado jerarquías y formas de control. De ahí que una de sus lecciones sea que la libertad total no funciona demasiado bien. Aparte, no hay duda de su utilidad y creo que ha ganado en calidad y fiabilidad en los últimos años.

P. ¿Y qué opina de proyectos como Google Books? En su libro no parece muy optimista al respecto...

R. Las ventajas de disponer de todos los libros online son innegables. Pero mi preocupación es cómo la tecnología nos incita a leer esos libros. Es diferente el acceso que la forma de uso. Google piensa en función de snippets, pequeños fragmentos de información. No le interesa que permanezcamos horas en la misma página porque pierde toda esa información que le damos sobre nosotros cuando navegamos. Cuando vas a Google Books aparecen iconos y links sobre los que pinchar, el libro deja de serlo para convertirse en otra web. Creo que es ingenuo pensar que los libros no van a cambiar en sus versiones digitales. Ya lo estamos viendo con la aparición de vídeos y otros tipos de media en las propias páginas de Google Books. Y eso ejercerá presión también sobre los escritores. Ya les ocurre a los periodistas con los titulares de las informaciones, sus noticias tienen que ser buscables, atractivas. Internet ha influido en su forma de titular y también podría cambiar la forma de escribir de los escritores. Yo creo que aún no somos conscientes de todos los cambios que van a ocurrir cuando realmente el libro electrónico sustituya al libro.

P. ¿Cuánto falta para eso?

R. Creo que tardará entre cinco y diez años.

P. Pero aparatos como el Kindle permiten leer muy a gusto y sin distracciones...

R. Es cierto, pero sabemos que en el mundo de las nuevas tecnologías los fabricantes compiten entre ellos y siempre aspiran a ofrecer más que el otro, así que no creo que tarden mucho en hacerlos más y más sofisticados, y por tanto con mayores distracciones.

P. El economista Max Otte afirma que pese a la cantidad de información disponible, estamos más desinformados que nunca y eso está contribuyendo a acercarnos a una forma de neofeudalismo que está destruyendo las clases medias. ¿Está de acuerdo?

R. Hasta cierto punto, sí. Cuando observas cómo el mundo del software ha afectado a la creación de empleo y a la distribución de la riqueza, sin duda las clases medias están sufriendo y la concentración de la riqueza en pocas manos se está acentuando. Es un tema que toqué en mi libro El gran interruptor. El crecimiento que experimentó la clase media tras la II Guerra Mundial se está revirtiendo claramente.

P. Internet también ha creado un nuevo fenómeno, el de las microcelebridades. Todos podemos hacer publicidad de nosotros mismos y hay quien lo persigue con ahínco. ¿Qué le parece esa nueva obsesión por el yo instigado por las nuevas tecnologías?

R. Siempre nos hemos preocupado de la mirada del otro, pero cuando te conviertes en una creación mediática -porque lo que construimos a través de nuestra persona pública es un personaje-, cada vez pensamos más como actores que interpretan un papel frente a una audiencia y encapsulamos emociones en pequeños mensajes. ¿Estamos perdiendo por ello riqueza emocional e intelectual? No lo sé. Me da miedo que poco a poco nos vayamos haciendo más y más uniformes y perdamos rasgos distintivos de nuestras personalidades.

P. ¿Hay alguna receta para

salvarnos'?

R. Mi interés como escritor es describir un fenómeno complejo, no hacer libros de autoayuda. En mi opinión, nos estamos dirigiendo hacia un ideal muy utilitario, donde lo importante es lo eficiente que uno es procesando información y donde deja de apreciarse el pensamiento contemplativo, abierto, que no necesariamente tiene un fin práctico y que, sin embargo, estimula la creatividad. La ciencia habla claro en ese sentido: la habilidad de concentrarse en una sola cosa es clave en la memoria a largo plazo, en el pensamiento crítico y conceptual, y en muchas formas de creatividad. Incluso las emociones y la empatía precisan de tiempo para ser procesadas. Si no invertimos ese tiempo, nos deshumanizamos cada vez más. Yo simplemente me limito a alertar sobre la dirección que estamos tomando y sobre lo que estamos sacrificando al sumergirnos en el mundo digital. Un primer paso para escapar es ser conscientes de ello. Como individuos, quizás aún estemos a tiempo, pero como sociedad creo que no hay marcha atrás.

Ley Sinde y Savater

Fernando Savater, "Los colegas de 'Mad Max'", El País, 28/01/2011

Haciéndose eco de una aspiración eterna y universal, escribió Borges: "Creo que un día los hombres merecerán no tener Gobiernos". Y tampoco leyes, reglamentos y cortapisas de cualquier tipo a la libertad. Si todos tuviésemos buena voluntad, nos coordinaríamos sin coacción ni sanción. No hay generación que no haya apetecido ese día sin Gobiernos ni leyes. Después, hartos de esperar, esos mismos aprenden a contentarse con Gobiernos menos malos y leyes mejores. Les fuerzan a tal resignación los desmanes cometidos por quienes en cada momento saben aprovecharse del aplazamiento de esas beatas ilusiones.

Cada nuevo horizonte para la actividad humana reaviva el libertario sueño ancestral. Volvemos al origen, al paraíso intacto: ¡desoíremos a la serpiente y no comeremos de la manzana! Rechacemos por aguafiestas a los que quieren organizar lo inédito con instrucciones y prohibiciones. Que todo comience. Como pasó en el Oeste americano, esa tierra de promisión y por tanto sin ley cuya épica romántica tanto hemos disfrutado en el cine. Claro que hubo víctimas: aparte de los apaches y los sioux, padecieron la alegalidad los granjeros, los comerciantes, los hijos de quienes preferían los arados a las pistolas. Y se beneficiaron de ella terratenientes y ganaderos sin escrúpulos, los más rápidos en desenfundar, los propietarios de garitos y los asaltantes de diligencias. No prosperaron los creadores de lo nuevo hasta que viejas leyes y viejas instituciones reinventadas les libraron de los bandoleros.

Hoy el mundo casi intacto por explorar es Internet. Y vuelve a oírse reivindicar un paraíso no manipulado por Gobiernos, jueces ni agiotistas. Prometen libertad para todos pero no ven o minimizan a los bucaneros y hermandades teleoperadoras de la costa que se aprovechan del desmadre reinante. Los mismos que se niegan a que las instituciones estatales tengan secretos exigen que se borren sus datos personales de Google, anonimato para mí y transparencia para el resto del universo, intercambio libre de descargas... aunque ello perpetúe las redes de abuso de menores o de actividades terroristas que queremos combatir, etcétera... Es la anarquía, por fin, pero no aquella bendita anarquía del apoyo mutuo del príncipe Kropotkin, sino la del futuro desolador de Mad Max, hecha de pillaje, espectáculos brutales y gente asustada que huye de las bandas de matones depredadores. Todo virtual, claro... afortunadamente.

Nos dicen muy ufanos que quienes pretenden proteger la propiedad intelectual con la ley Sinde o cualquiera de sus variantes tienen perdida la batalla de la opinión pública. ¿Por qué será? En primer lugar, desde luego, porque nos gusta coger sin pagar: si los Rolex pudieran bajarse de Internet, nadie pisaría una relojería. Después, muchos guardan un inconfesable rencor a los artistas, gente que cobra por hacer lo que les gusta. ¡Que trabajen aperreados como los demás o que se jodan! Más complejos -y con mayores complejos- están los artistas no rentables, que prefieren renunciar a cobrar con tal de saber que Pérez-Reverte o Alejandro Sanz perderán millones. Y luego vienen los justicieros que denuncian la cultura establecida, como aquel iconoclasta que me dijo que en su época había muchos pintores mejores que Velázquez aunque este predominó porque contaba con el amparo de los reyes. En el Marat/Sade de Peter Weiss, el cruel marqués ya ironiza sobre los malos poetas o los pescadores sin capturas que confían en la revolución para cambiar su suerte y luego la maldicen al ver que tras ella siguen escribiendo ripios o sacando del mar latas y botas viejas. Ahora los hay convencidos de que en cuanto artistas y escritores reputados queden desprotegidos ellos alcanzarán por fin la gloria que merecen. Lo dudo mucho. Lichtenberg dice en un aforismo que "un libro es como un espejo: si un mono se mira en él, el reflejado no podrá ser un apóstol". Internet es el espejo donde se reflejan incontables apóstoles y todos ¡qué monos son!

Se pretende derogar las actitudes legalistas asegurando que son simple y puro miedo. Cierto temor es muy razonable en quien tiene algo que perder: los padres se inquietan porque sus hijos adolescentes desaparecen durante toda la noche, los obreros tiemblan cuando la multinacional anuncia que va a deslocalizar los puestos de trabajo y también el vendedor de discos en un mundo de la música bajada sin coste... No es tranquilizador que sea signo de los tiempos: muchas cosas cambian para peor. Es cierto que las neveras de barras de hielo y las farolas de gas han sido desplazadas por la electricidad o las máquinas de escribir por los ordenadores. Pero algo tienen en común los instrumentos y las fuentes de energía pasadas y presentes: ninguna es gratis. De modo que es normal que uno se pregunte quién va a beneficiarse de las posibilidades de Internet... y a costa de quién.

Pero los que se oponen a la ley antidescargas lo hacen también en nombre del miedo: miedo a la censura en la Red, miedo a la pérdida de libertades, miedo a la pérdida de "democracia" que es un eufemismo por la pérdida de beneficios: las empresas asociadas contra la ley Sinde son meros negocios y claman por la amenaza a sus ganancias. No veo en qué son mejores o menos timoratas que los autores que reclaman sus derechos... Unos temen por la pérdida del fruto de su trabajo, otros por un control que disminuya la irresponsabilidad de sus juguetes o su rentabilidad. Cuestión de intereses contrapuestos, para cuya regulación se inventaron las leyes. La edad tiene poco que ver con este asunto, aunque haya ingenuos o aprovechados que quieran convertirlo en un choque generacional. Aunque no hay dogma más antiguo que tener a la juventud por un mérito moral o una vía de sabiduría: todas las generaciones han creído sucesivamente en él.

La ley llegó al lejano Oeste y con ella la prosperidad y la civilización: ejemplo, Las Vegas. No cabe duda de que las leyes contra las descargas ilegales se abrirán paso también, gradualmente, junto a otras que impidan abusos autoritarios de los censores. Con el tiempo, desaparecerán los "internautas", esa autoproclamada vanguardia neoleninista que considera que Internet es su cortijo. Dentro de unos años, decir "soy internauta" resultará tan raro como decir hoy "soy telefonista" porque se habla por el móvil. Y los políticos que se oponen a la corrupción dejarán de apoyar bobadas oportunistas como la "neutralidad de la Red". ¿Seremos todos entonces artistas creadores, gracias a la democracia online? Malas noticias. Seguirá habiendo suspensos, aprobados y unos pocos sobresalientes. Como le decía el señor de negro de Mingote a la beata inquieta por las novedades conciliares: "Descuide usted que al cielo, lo que se dice al cielo, iremos los de siempre".

viernes, 28 de enero de 2011

Los verdes ya estarían maduritos y en edad de merecer

Juan López de Uralde preside un partido político, Equo, que por fin parece haber unificado el dividido mercadillo de verduleras que eran, hasta conseguir, incluso, que Los Verdes europeos los reconozcan. Igual, hasta me animo y voy a votarlos, aun sabedor de que, aunque presuman ya de ser opción política, más tienen forma de magma que de otra cosa y con el ninguneo que les hacen los siempre interesados y nada imparciales medios de comunicación y la ignorancia añadida del español medio, como mucho sacarían 0'5 de votos; mis coterráneos no ven más allá (ni tampoco les dejan) de Cánovas y Sagasta. Algo así como Egipto, pero en presunto democrático (cuando hablo de democracia española, lo mire como lo mire, me da una risa que me despanzurro, vamos a dejarlo). Nuestra evolución política podría resumirse en de la tiranía a lo egipcio a la bitiranía estilo Alfonso XII, (y aun con un retorno a la tiranía de cuarenta añitos y una indeterminada transición de preposfranquismo), que se podría decir; hasta que el poder se diluya completamente todavía hay mucho que esperar y trabajar.

King Küng

Es una de las pocas obras de teología que he leído, y me aburrí tanto que no he vuelto a leer más; era el Ser cristiano de Hans Küng, un teólogo postergado por otro, Ratzinger, que lo llamó hereje. Los teólogos no se ponen de acuerdo, lo que ya en sí mismo es postura teológica. Küng es muy plasta escribiendo, aunque no tanto como lo poco que pude soportar del segundo. Leo en El País que ha cogido, agarrado y dicho: "Creo en Dios y en su Cristo, pero no creo en la Iglesia. Rechazo toda equiparación de la Iglesia con Dios, todo infatuado triunfalismo y todo egoísta confesionalismo". Olé tus cojones; comparto esas ideas. Küng afirma además que la Iglesia es algo amplio no necesariamente cristiano ni católico, y que no debe confundir en una misma cosa Derecho y Moral, como hasta ahora mismo ha venido haciendo. Cierto: mezclar eso siempre ha provocado problemas, incluso en el Islam de hoy. Soy, somos muchos, partidarios de una ética habermasiana más que de una moral. Debe existir continuidad y contigüidad entre nosotros, no discontinuidad y aislamiento. Así pues, y para que haya paz en la Iglesia, si Küng es un hereje, Ratzinger también y lo somos todos, de forma que no lo es ninguno. Esa es la paz que nos ha dejado y nos ha dado quien dijo "la paz os dejo, mi paz os doy".