lunes, 1 de agosto de 2011

Lo que hay que tener

Aaron Swartz sí que es un héroe de verdad. Hay que apoyar a este muchacho. De Público, hoy:

Miguel Ángel Criado Almería, "La desobediencia civil alcanza a la publicación de estudios científicos", Público, 01/08/2011:

Un 'hacker' es acusado de descargar millones de artículos. Su caso reaviva el debate sobre los ciberactivistas

En la tarde del 6 de enero de este año, miembros del Servicio Secreto de Estados Unidos, agentes de la Policía Local de Boston y efectivos de la seguridad del Instituto Tecnológico de Massachusetts (el prestigioso MIT) persiguieron a un joven que huía por el campus universitario a lomos de una bicicleta hasta que fue detenido. ¿El delito del joven? Acceder a la red del MIT con un ordenador para descargar 4,8 millones de artículos científicos. No es el argumento de una película, el Gobierno de EEUU pide 35 años de cárcel para este activista de la llamada libre información.

Aaron Swartz, de 24 años, compró el septiembre pasado un portátil para, según consta en el auto por el que un juez de Boston lo acusó hace unos días de un delito informático, conectarse a la red del MIT y, desde ahí, acceder a la base de datos de publicaciones académicas JSTOR (del inglés Journal Storage). Esta organización es una nueva Biblioteca de Alejandría de la ciencia. Desde 1995 ha digitalizado las ediciones de 1.400 revistas científicas y tiene a 7.000 instituciones de 153 países entre sus clientes. La mayoría son universidades que pagan una cantidad que puede llegar hasta los 35.000 euros al año para poder acceder a sus archivos.

Aaron Swartz, de 24 años, descargó 4,8 millones de artículos

Swartz descargó el 98% de toda esa información. Cada día llegaba al campus del MIT, que ofrece una cuenta de acceso limitado a su red a los visitantes, y accedía a la base de datos de JSTOR. Diseñó un programa que automatizaba la descarga de todos los archivos que encontraba en formato PDF, la tipología que caracteriza a los artículos. Los responsables del sistema, al detectar una descarga tan masiva (en dos meses Swartz se bajó cien veces más de lo que descarga toda la red del MIT de JSTOR) bloquearon la dirección IP (que identifica a un ordenador en la red) que usaba. Pero cada vez que lo hacían, el activista cambiaba de dirección.

La investigación del caso.

Tras semanas de jugar al ratón y al gato, JSTOR decidió bloquear todos los accesos que vinieran del MIT, lo que obligó a la universidad a investigar en serio el asunto. Su seguridad descubrió un ordenador conectado a su red escondido en una caja de cartón oculta en un armario de uno de los edificios universitarios.

La Fiscalía pide para el activista 35 años de cárcel y 700.000 euros.

El 4 de enero, los investigadores tomaron huellas del equipo y colocaron una cámara para saber quién era el intruso. Dos días después se producía la detención de Swartz.

Ahora, la Fiscalía de EEUU acusa a Swartz de una intrusión informática en redes del MIT y JSTOR, daño a sus servidores y de llevarse 4,8 millones de artículos, de los que 2,7 millones eran de editoriales independientes que los ponían a la venta en la plataforma de JSTOR. Según el escrito, la intención de Swartz era distribuir el material en "una o más páginas de intercambio de archivos". Piden para él 35 años de cárcel y una multa de un millón de dólares (unos 700.000 euros).

La noticia de la acusación formal ha provocado la reacción de los activistas de EEUU que defienden el libre flujo de la información. Primero porque, por sus antecedentes, Swartz no parece que buscara beneficiarse económicamente. Este joven pertenece a esa clase de genios digitales que usan la tecnología para el activismo y la difusión del conocimiento. Con 14 años, participó en el diseño del RSS, un mecanismo para recibir avisos de que una página ha sido actualizada.

"Su carrera se ha centrado en servir al interés público", dicen sus defensores.

Si se buscan fotografías de él en Google, hay una en la que, siendo niño, aparece vestido con una camiseta con la leyenda Creative Commons, la organización que creó un sistema alternativo a las restricciones del modelo actual del copyright. A su lado posa Lawrence Lessig, el cofundador de Creative Commons.

"La carrera de Aaron se ha centrado en servir al interés público promoviendo la ética, el Gobierno abierto y la política democrática", dice David Segal, director de Demand Progress, una organización con 500.000 miembros que Swartz creó y dirigió años atrás.

En el haber de Swartz también está su participación en la creación de la web de noticias Reddit (de la que meneame.net es su versión española). En 2008 publicó un estudio, junto a Shireen Barday, analizando quién financiaba determinados estudios científicos. Una de las conclusiones revelaba que los autores de investigaciones tienden a defender los postulados de los que han pagado sus trabajos.

Las editoriales escanean colecciones y consiguen el copyright.

Robo de conocimiento.

Con ese pedigrí, Swartz no da la imagen de un delincuente informático sino de un ciberactivista. Como tal, hace tres años participó en la creación de un efímero movimiento llamado Guerrilla Open Access. Dos frases ilustran su misión. "No hay justicia al respetar leyes injustas. Es hora de salir a la luz y, en la gran tradición de la desobediencia civil, declaramos nuestra oposición a este robo privado de la cultura pública". En un segundo párrafo ya se adivinan las motivaciones de Swartz en este caso: "Tenemos que hacernos con la información, esté donde esté almacenada, hacer nuestras copias y compartirlas con el mundo".

Sin embargo, para la fiscal de Massachusetts, Carmen Ortiz, "robar es robar, ya sea con un comando de ordenador o con una palanca, ya se trate de documentos, datos o dólares", asegura en un comunicado. "Es igualmente perjudicial para la víctima tanto si se vende todo lo que se ha robado como si lo regalan", añade. Se da la circunstancia de que ni JSTOR ni el MIT querían denunciar. "Ha sido decisión del Gobierno el enjuiciarle, no de JSTOR", asegura en un comunicado esta organización tras la polémica levantada.

Ni JSTOR ni el MIT querían denunciar a Swartz por la descarga.

"Le quieren meter en la cárcel por culpa de un copyright que se ha quedado viejo", explica a Público el profesor del departamento de Economía de la Universidad de Washington en Saint Louis, Michele Boldrin. Para el coautor del libro Against Intellectual Monopoly, "a la ciencia le está pasando lo mismo que ya vivieron la música o el cine: la tecnología es tal que sería posible hacer accesible el conocimiento a un coste muy bajo, incluso ganando dinero, pero con el actual sistema de copyright esto es imposible".

Boldrin publica investigaciones y también consulta otras. "Pero yo ya no voy a la biblioteca, lo busco en internet", comenta. Señala al actual sistema de propiedad intelectual como el principal freno a la digitalización de revistas. Pero, además, las editoriales poderosas escanean colecciones históricas, ya en el dominio público, consiguiendo así el copyright para ellas.

Publicar los artículos
Ese efecto perverso es el que quiso denunciar el matemático Greg Maxwell. Nada más saber de la acusación contra Aaron Swartz, este también estadounidense cogió su colección de 18.000 artículos de la revista Philosophical Trans-actions of the Royal Society y los publicó en la página de enlaces The Pirate Bay. Hay textos de Isaac Newton o Charles Darwin. De hecho, todos son anteriores a 1923, por lo que hace años que estarían en el dominio público si no fuera porque JSTOR los digitalizó y cobra desde cinco euros por artículo.

Maxwell justifica su acción en solidaridad con Swartz: "La publicación académica es un sistema curioso. Los autores no cobran por sus escritos. Los revisores tampoco y, en algunos campos tampoco los editores de las revistas. Incluso, a veces, los autores tienen que pagar a la editorial. Y aún así las publicaciones científicas son una de las piezas más escandalosamente caras de literatura que uno puede comprar. En el pasado, las elevadas tarifas de acceso soportaban la reproducción mecánica de las revistas especializadas pero la distribución online ha hecho de esta función algo obsoleto".

En uno de los comentarios de respuesta a Maxwell, un usuario de The Pirate Bay describe con una sola frase un sentimiento que comparten muchos de los conocedores del caso de Swartz: "No soy científico pero me los estoy descargando por principios".

domingo, 31 de julio de 2011

Mi obra en la Wikipedia

He redactado, traducido y corregido miles de artículos en la Wikipedia desde hace años. Para ello he utilizado varios pseudónimos: Aromera, Lidoro, Una, Catón, El gato Félix, Uno que pasa, Endriago, Toterreno, una actual que empieza por C y acaba por s y mi dirección IP. Estoy razonablemente satisfecho de algunos artículos extensos: Don Quijote, Métrica, Gramática del español, Hispanismo, Siglo de Oro, Shakespeare, Lope de Vega, Calderón, Góngora, Luis de León, Novela picaresca, Entremés etcétera. Es en Literatura y Lengua donde he colaborado más. Animo a cualquiera a que se sume a ese proyecto altruista, anónimo y generoso, como debe ser toda educación que se considere como tal.

Cecilia

Si tuviera que decir quién fue el mejor cantautor del siglo XX en español, no dudaría un solo instante: Cecilia. No es nada de nada, sino todo del todo. Su talento era tan grande que no cabía sólo en su voz, en sus letras, en su estampa: tiene la calidad de lo imborrable, el quid divinum, que dicen: impresiona, no se olvida y se repite porque nunca se tiene bastante de él, como si fuera una obsesión. Una canción suya empalidece cualquier otra y posee el poder de dinamitar todo el pasado que se asocia con ella. No es por la letra excelsa, ni por la voz honda, ni por la música, que es sólo un mero cortinaje para mejor contemplar ESO que fue Cecilia, en los cuatro años que duró y que sin embargo sigue durando. Una existencial tristeza, una genuina melancolía, una poesía que lo despanzurra todo. No hay palabras vacías en sus canciones y sí muchos abismos entreabiertos. Me enamoré de ella y de su mística cuando era un chaval; su muerte me dejó el corazón hecho pedazos ¿se nota? Se podría decir que su muerte ha sido para mí la última de sus canciones, porque me duele de verdad. A veces sueño con que logro resucitarla y hacer un clon de ella, me pregunto qué canciones imposibles haría hoy. Como si se pudiera recuperar la vida, y con ella, el tiempo en que las palabras tenían significado.

O más democracia o más fascismo

Julián Casanova "Lo que enseña la historia" El País, 31/07/2011

Europa acabó el siglo XX con una estabilidad y prosperidad sin precedentes. Atrás habían quedado las guerras, las dictaduras y los tiempos de odios, superados la mayoría de los conflictos étnicos y disputas territoriales que la habían conducido al abismo entre 1939 y 1945 y que reaparecieron en Bosnia y Kosovo en los años noventa. La consolidación de la democracia fue acompañada de notables avances económicos, derechos civiles y libertades. Los ciudadanos dejaron de estar discriminados por su raza, género o condición y disfrutaban de un amplio sistema de beneficios sociales. No era el paraíso, pero comparado con el pasado y con lo que se veía en otros continentes, muchos tenían la sensación de estar viviendo en el mejor de los mundos posibles.

Todo parece estar cambiando en los últimos años. La crisis económica, con sus consecuencias sociales y psicológicas, está metiendo de lleno a las democracias en una grave crisis política. La crítica a los políticos y a la democracia gana terreno al calor de la crisis económica. Gradualmente, se está abriendo una sima entre los Gobiernos, incapaces de ofrecer salidas firmes a la crisis, y aquellos ciudadanos que más la sufren. La política se mueve hoy entre aguas turbulentas, agitadas por la corrupción, el enriquecimiento fácil y la ambición por el poder, mientras que el orden político que propició esa edad de oro de la democracia se resquebraja.

Si la crisis económica, el paro y los recortes sociales no encuentran fin, los conflictos en torno a la distribución de la riqueza desafiarán a los Estados democráticos. Lo estamos viendo ya ahora: quienes realmente aumentan el poder en este escenario ya no son las instituciones políticas democráticas, nacionales o europeas, sino las agencias de calificación, los bancos y los especuladores, que tienen mucha más fuerza que los Parlamentos y que los órganos de representación de los ciudadanos.

Así puede germinar la semilla de la ultraderecha, en medio de la crisis económica, de la incompetencia de las autoridades establecidas para remediar los males de la sociedad, con la urgente necesidad por parte de los Gobiernos y Parlamentos democráticos de reestablecer la confianza en las instituciones. Las organizaciones ultraderechistas aprovecharán la ocasión para presentar la crisis como un resultado de la inutilidad del sistema democrático. Ya no necesitarán tomar el poder por procedimientos armados, como sucedió en los años veinte y treinta del pasado siglo. Bastarán algunas mentiras propagadas hasta la saciedad, unas cuantas maniobras políticas, e instalar en la opinión pública el miedo y la idea de que son las únicas que pueden arreglar los problemas, aportar seguridad frente al desorden.

Tampoco parece lo más probable que el crecimiento ultraderechista se manifieste hoy en forma de marea imparable, como lo hizo tras la I Guerra Mundial, pero la historia de aquel turbulento periodo nos ofrece enseñanzas inequívocas, que algunos ignoran o menosprecian y a otros muchos les resulta incómodo recordar.

Los partidos ultraderechistas y fascistas pasaron en poco tiempo de tener un arraigo modesto en la sociedad a convertirse en organizaciones gigantescas. Los primeros afiliados pudieron llegar a ellas atraídos por las ideas, las promesas o el activismo violento del movimiento, pero detrás de los millones de ciudadanos que acudieron tras la conquista del poder había consideraciones más pragmáticas sobre las ventajas políticas y sociales de dar ese paso. Se trató también de una movilización de los desafectos frente a los partidos ya establecidos, desacreditados por su asociación con la democracia y por su fracaso a la hora de poner remedios a sus quejas.

Para llegar al poder, o para conseguir sus objetivos, tuvieron que atraer, no obstante, a los sectores más conservadores y respetables de la sociedad. A los fascistas, nazis o ultraderechistas siempre les fue mejor, o tuvieron el camino más despejado, donde no había lealtades ideológicas u organizativas anteriores. Y una buena parte del atractivo que tuvieron se debió al rechazo a la "época obsoleta" del liberalismo y de la democracia y a la idea de que algún tipo de "nuevo orden" debía sustituir al parlamentarismo y a la política de partidos.

La ultraderecha no es en la actualidad la causa de la crisis de la democracia, pero puede ser su principal beneficiaria si se continúan alimentando las percepciones negativas sobre la política y los discursos sobre la necesidad de una autoridad fuerte. Los partidos democráticos de derecha, que hoy parecen tan inmunes a esos cantos de sirena, sentirán la presión de la retórica populista, de sus sectores políticos y medios de comunicación más radicales, que les marcarán la agenda política y les exigirán más poder para ellos y para los intereses que representan. La idealización y ensalzamiento de cualquier protesta frente a la inservible democracia darán gloria y prestigio a quienes hoy están prácticamente fuera del sistema. A no ser que los partidos políticos democráticos dejen de ser solo maquinarias para la distribución del poder, atiendan las necesidades de los ciudadanos, impongan el gobierno de la ley y de los derechos civiles y cierren las puertas a la intolerancia.

Así nos transforma Internet


Mario Vargas Llosa, "Más información, menos conocimiento", El País, 31/07/2011

La imparable robotización humana por Internet cambiará la vida cultural y hasta cómo opera nuestro cerebro. Cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos nosotros

Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda su generación, descubrió el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revolución informática de nuestro tiempo, y no sólo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online y a navegar mañana y tarde por la Red; además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.

Los alumnos han perdido el hábito de leer para contentarse con un mariposeo cognitivo

Un buen día descubrió que había dejado de ser un buen lector, y, casi casi, un lector. Su concentración se disipaba luego de una o dos páginas de un libro, y, sobre todo si aquello que leía era complejo y demandaba mucha atención y reflexión, surgía en su mente algo así como un recóndito rechazo a continuar con aquel empeño intelectual. Así lo cuenta: "Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo".

Preocupado, tomó una decisión radical. A finales de 2007, él y su esposa abandonaron sus ultramodernas instalaciones de Boston y se fueron a vivir a una cabaña de las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil y el Internet llegaba tarde, mal y nunca. Allí, a lo largo de dos años, escribió el polémico libro que lo ha hecho famoso. Se titula en inglés The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains y, en español, Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Lo acabo de leer, de un tirón, y he quedado fascinado, asustado y entristecido.

Carr no es un renegado de la informática, no se ha vuelto un ludita contemporáneo que quisiera acabar con todas las computadoras, ni mucho menos. En su libro reconoce la extraordinaria aportación que servicios como el de Google, Twitter, Facebook o Skype prestan a la información y a la comunicación, el tiempo que ahorran, la facilidad con que una inmensa cantidad de seres humanos pueden compartir experiencias, los beneficios que todo esto acarrea a las empresas, a la investigación científica y al desarrollo económico de las naciones.

Pero todo esto tiene un precio y, en última instancia, significará una transformación tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de operar del cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg en el siglo XV que generalizó la lectura de libros, hasta entonces confinada en una minoría insignificante de clérigos, intelectuales y aristócratas. El libro de Carr es una reivindicación de las teorías del ahora olvidado Marshall MacLuhan, a quien nadie hizo mucho caso cuando, hace más de medio siglo, aseguró que los medios no son nunca meros vehículos de un contenido, que ejercen una solapada influencia sobre éste, y que, a largo plazo, modifican nuestra manera de pensar y de actuar. MacLuhan se refería sobre todo a la televisión, pero la argumentación del libro de Carr, y los abundantes experimentos y testimonios que cita en su apoyo, indican que semejante tesis alcanza una extraordinaria actualidad relacionada con el mundo del Internet.

Los defensores recalcitrantes del software alegan que se trata de una herramienta y que está al servicio de quien la usa y, desde luego, hay abundantes experimentos que parecen corroborarlo, siempre y cuando estas pruebas se efectúen en el campo de acción en el que los beneficios de aquella tecnología son indiscutibles: ¿quién podría negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en pocos segundos, haciendo un pequeño clic con el ratón, un internauta recabe una información que hace pocos años le exigía semanas o meses de consultas en bibliotecas y a especialistas? Pero también hay pruebas concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los músculos que dejan de usarse.

No es verdad que el Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. No es una metáfora poética decir que la "inteligencia artificial" que está a su servicio, soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos. ¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado "la mejor y más grande biblioteca del mundo"? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas?

No es extraño, por eso, que algunos fanáticos de la Web, como el profesor Joe O'Shea, filósofo de la Universidad de Florida, afirme: "Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la información que quiera con mayor rapidez a través de la Web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet, los libros son superfluos". Lo atroz de esta frase no es la afirmación final, sino que el filósofo de marras crea que uno lee libros sólo para "informarse". Es uno de los estragos que puede causar la adicción frenética a la pantallita. De ahí, la patética confesión de la doctora Katherine Hayles, profesora de Literatura de la Universidad de Duke: "Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros".

Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer Guerra y Paz o El Quijote. Acostumbrados a picotear información en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la Red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura. Pero no creo que sea sólo la literatura a la que el Internet vuelve superflua: toda obra de creación gratuita, no subordinada a la utilización pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la Web. Sin duda que ésta almacenará con facilidad a Proust, Homero, Popper y Platón, pero difícilmente sus obras tendrán muchos lectores. ¿Para qué tomarse el trabajo de leerlas si en Google puedo encontrar síntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que leían los lectores prehistóricos?

La revolución de la información está lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada día surgen nuevas posibilidades, logros, y lo imposible retrocede velozmente. ¿Debemos alegrarnos? Si el género de cultura que está reemplazando a la antigua nos parece un progreso, sin duda sí. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello que un erudito estudioso de los efectos del Internet en nuestro cerebro y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus experimentos: que confiar a los ordenadores la solución de todos los problemas cognitivos reduce "la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos". En otras palabras: cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos.

Tal vez haya exageraciones en el libro de Nicholas Carr, como ocurre siempre con los argumentos que defienden tesis controvertidas. Yo carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos científicos que describe en su libro. Pero éste me da la impresión de ser riguroso y sensato, un llamado de atención que -para qué engañarnos- no será escuchado. Lo que significa, si él tiene razón, que la robotización de una humanidad organizada en función de la "inteligencia artificial" es imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un accidente o una acción terrorista, nos regrese a las cavernas. Habría que empezar de nuevo, entonces, y a ver si esta segunda vez lo hacemos mejor.

Blogs literarios

La selección está tomada de El Cultural de esta semana:





Félix de Azúa



Antonio Muñoz Molina




Andrés Trapiello



José Antonio Millán




Alejandro Gándara





Fernando Valls



Rafael Reig



Andrés Neuman




Iván Thays



Patricio Pron

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Javier Avilés



Antón Castro



Carlos González Peón





Vicente Luis Mora



Juan Mal-Herido


viernes, 29 de julio de 2011

Últimos de junio

A últimos de junio los ánimos están tan sofocados por este cochino calor y tanto acogotante aburrimiento que uno se desespera y piensa hasta en irse al quinto pino para ahorcarse de él. Lo que pasa es que la lasitud es tanta que ni siquiera apetece ponerse de pie. El efecto lo multiplica ad infinitum el fastidio de los demás y la roñosería de lo que se llama entretenimiento audiovisual: las mismas películas, los mismos anuncios, las mismas noticias repetidas ad nauseam; si enciendes la radio, lo mismo; si la televisión, lo mismo; si compras el periódico, lo mismo. Hasta tú eres el mismo que ayer y el mismo que serás mañana y oyes la misma música y los mismos tópicos en labios de los demás y todos los paisajes, ya vistos, poseen todas las gastadas y quemadas tonalidades del gris. Ni siquiera tengo ganas de gritar socorro, eso exige más energía y entusiasmo del que dispongo. Y, para colmo, dentro de poco se celebra -el verbo es antifrástico- esa especie de congreso provincial de gilipollas llamado Pandorga.


Necesito unas vacaciones para librarme de estas vacaciones. 

lunes, 25 de julio de 2011

If I Only Had a Brain

Un regalo a los blogueros: Si yo tuviera un cerebro, de El mago de Oz, en versión jazzística de Carl Fontana. La vida puede ser maravillosa.

Ortología

Javier Marías Franco, "Tacañería y tosquedad y pereza", El País, 24/07/2011

Creo haberlo contado alguna vez: cuando mis hermanos y yo éramos adolescentes, teníamos la tendencia a contestar a mis padres con monosílabos o poco más (reconozco que yo me llevaba la palma), como por otra parte es y ha sido propio de casi todos los chicos en la edad ingrata. No era sólo que no quisiéramos dar parte de nuestras andanzas (ya saben: "¿Dónde vas?" "Por ahí". "¿De dónde vienes?" "De por ahí"), sino que nos cansaba y aburría dar respuestas articuladas, así que las reducíamos a "Bueno", "Vale", "Ya", "Que sí" o incluso a algún gruñido. Y recuerdo que mi madre, ante tanta desgana, nos reprochaba: "No seáis tacaños con la lengua, por favor. Es lo último. No seáis perezosos con las palabras; ni que hablar bien costara dinero". La pobre tenía la batalla perdida en aquella época, porque, en efecto, a esa edad los chicos no sólo se convierten en holgazanes, sino que sienten que está mal visto entre sus compañeros expresarse con propiedad, hacer uso de un vocabulario preciso y amplio, y, aunque estén en posesión de él, prescinden avergonzados, no los vayan a tomar por redichos o raros. En la adolescencia el temor a la manada es enorme, hay pánico a ser rechazado. Por eso los quinceañeros suelen ir vestidos igual, se aficionan obedientemente a las mismas cosas, utilizan los mismos giros y abrazan una especie de dialecto limitado, todo con el solo propósito de que los demás oigan su grito: "Eh, ¿no veis que soy de los vuestros?" En lo que se refiere a la lengua, se retrocede voluntariamente a una fase cuasi gutural, inarticulada.

Por lo general esa fase terminaba al cabo de unos años. Hoy ya no es así, y constituye una prueba más de la infantilización inducida o deliberada del mundo. Cada vez hay más gente adulta a la que le da reparo mostrar un buen dominio de la lengua, hacer gala de un léxico rico, comunicarse con claridad y exactitud, lo cual lleva rápidamente a que dé lo mismo lo que se diga, con el pretexto de que en todo caso "se me ha entendido". También se entendían en lo fundamental los prehistóricos que carecían de lenguaje. El desarrollo y perfeccionamiento de éste, su progresiva sutileza, han sido sin embargo el mayor logro de la humanidad, al que los actuales humanos -por lo menos los españoles- parecen deseosísimos de renunciar. Hasta el punto de que leí hace poco en una novela: "Fue incapaz de gesticular palabra". No sé si era un escritor al que le sonaba "-ticular" para esa expresión y tanto le daba el verbo que eligió como "articular", o bien uno ya convencido de que, a este paso, las palabras serán pronto sustituidas por los gestos y las señas, regresándose así a la noche de los tiempos.

Una de las más claras muestras del deterioro de nuestra lengua es el desconocimiento existente -entre políticos, periodistas, locutores de telediarios, a los que se presupone cierta formación- de los verbos específicos de cada cosa. Por algo los hay, pero están cada vez más barridos del habla de nuestros contemporáneos. De la misma manera que un gato no ladra ni un perro maúlla, que un elefante no croa ni una rana barrita, hay sustantivos que necesitan un verbo determinado. Hoy, "dar" o sobre todo "hacer" valen para todo. En español nunca se "da" un discurso, como se hartan de decir en las noticias (en inglés sí, y probablemente de ahí viene la plaga, de los millares de traductores pésimos en activo), sino que se pronuncia, o coloquialmente se suelta o se larga. La corresponsal de TVE en Londres se quedó tan ancha tras comunicarnos que "Cameron ha hecho un mea culpa". ¿Ha hecho? Un mea culpa se entona, o si acaso se expresa, pero jamás "se hace". He oído que alguien "había hecho un buen polvo" (por "echado", se sobreentiende), y pedir -posible catalanismo, en este caso-: "Anda, hazme un beso". Hay una serie de verbos absurdos que se utilizan para todo y que han eliminado a otros mejores. Todo el mundo hoy "traslada" lo que sea, su malestar, su opinión, su postura, sus condolencias, un mensaje, cuando ese verbo, justamente, implica más bien un desplazamiento físico. Nadie comunica, ni transmite, ni hace partícipe, sino que sin cesar "traslada". Otro tanto ocurre con "compartir": "Comparte con nosotros tu experiencia", en vez de "Cuéntanosla"; o "No comparto el veredicto", en vez de "No lo apruebo" o "No estoy de acuerdo". Lo de "escuchar" por "oír" (esa catetada) ya clama al cielo. Cuando a Bisbal se le quebró la voz en un concierto, la locutora dijo que "Se vino literalmente abajo", y yo no lo vi por los suelos. Hay más ejemplos; hasta "Se quedó literalmente muerto" he oído. ¿Qué creerán que significa "literalmente"? Todo se mezcla: una redactora de TVE afirmó que tal ciclista "conoce los Alpes como anillo al dedo", luego supongo que a ella un regalo oportuno "le vendrá como la palma de su mano". Escritoras renombradas confunde "éste" con "aquél". Y en el programa único de Tele 5 apareció en pantalla esta pregunta para los espectadores: "¿El servicio ha actuado de chivo expiatorio?" Se referían a los criados de alguien, que por lo visto se habían dedicado a espiar, que no a expiar, al señorito, y sin disfrazarse de cabras. Lejos aquellos tiempos en que, como me recordaba hace poco Antonio Gasset, la gente se escandalizaba de que el Doctor Cabeza, Presidente del Atleti, reaccionara indignado ante la pregunta: "¿Se considera un chivo expiatorio?" "Alto ahí", contestó el médico. "Por ahí no paso, por que me llame chivo". ¿Cómo va a escandalizarse hoy nadie, si imperan la tacañería, la tosquedad y la pereza lingüísticas que nos reprochaba nuestra pobre madre cuando nos tocó ser mastuerzos? El mundo pertenece hoy a éstos, sólo que son adultos.

domingo, 24 de julio de 2011

Daniel Poohl habla sobre la ultraderecha

Gemma Saura, Barcelona, 24/07/2011

 "Daniel Poohl: "El discurso ultra ya no sonará igual. La ultraderecha dice a los musulmanes que son responsables de los ataques islamistas", dice el director de la revista sueca antirracista 'Expo' "El agresor noruego culpa al Gobierno de la islamización y el multiculturalismo"

El sueco Daniel Poohl es una de las personas que mejor conoce la extrema derecha en Escandinavia. Al frente de la revista Expo, fundada en 1995, en pleno auge de la música supremacista blanca en Suecia, por Stieg Larsson –a quien sustiuyó como director tras su muerte repentina–, lleva años investigando y denunciando desde sus páginas el avance ultra en Suecia y los países vecinos.

¿Le ha sorprendido el ataque en Noruega? ¿Creía capaz a la extrema derecha de cometer un atentado de esta magnitud?

Como a todo el mundo, la noticia me dejó sin palabras. Ahora bien, sabemos que el movimiento de extrema derecha tiene una ideología violenta, de hecho ya han cometido ataques terroristas antes. Lo que sí es una sorpresa es que el presunto autor no pertenece al movimiento neonazi sino al movimiento antimusulmán, que son dos cosas distintas. Los ataques terroristas son parte de la tradición política neonazi, no me hubiera sorprendido que de allí saliera el agresor. Pero el movimiento antiislam nunca ha hablado de cometer atentados. Esa es la novedad: un tipo que, según todo indica pertenece al movimiento antiislam pero se ha inspirado en el discurso neonazi.

El asesino noruego no ha matado a musulmanes.

McVeigh, autor del atentado de Oklahoma de 1995, era neonazi pero no mató a judíos sino que atacó al Gobierno. Anders Behring ha hecho lo mismo, concretamente al Partido Laborista, a quien responsabiliza de la supuesta islamización, del multiculturalismo, de la disolución de la nación noruega. Está castigando al sistema y a sus defensores.

¿Qué diferencia la ultraderecha en Noruega de sus vecinos?

En Noruega, que fue ocupada por Hitler, el movimiento neonazi es pequeño y está muy marginalizado; en Suecia es bastante vital. En cambio, por lo que respecta al movimiento antiislam, la situación es parecida. Tanto Dinamarca, Noruega como Suecia tienen partidos xenófobos en el Parlamento, y aunque cada uno tiene sus particularidades, todos se dedican a esparcir las mismas ideas antiislam, tanto desde la tribuna política como entre bastidores, con blogueros o opinadores en los medios de comunicación. Desde el 11-S ha habido una transformación del movimiento de extrema derecha, que ahora se erige en defensora de la democracia y la modernidad y todo aquello que se supone que los musulmanes no son. Son proIsrael, algo que tradicionalmente nunca había sido la ultraderecha europea.

¿Los musulmanes son los nuevos judíos?

El antisemitismo no ha desaparecido. La ultraderecha tiene muchas facciones. Por ejemplo, cuando en diciembre un refugiado iraqúí se hizo estallar en Estocolmo, una parte lo condenó como un ataque a Suecia, pero otros lo celebraron como un ataque a la consipración sionista internacional.

El Partido del Progreso, al cual perteneció Anders Behring, ha condenado el ataque y se ha desmarcado del asesino, expulsado precisamente por su extremismo. ¿Hasta qué punto podemos responsabilizar a un partido de lo que haga un loco por su cuenta?

Es difícil decirlo, es evidente que no se puede señalar sólo en una dirección. Pero este agresor formaba parte de un movimiento político, de donde sacó unas ideas que han inspirado su ataque. Y quiero recordar que cada vez que hay un atentado yihadista en el mundo, los partidos de extrema derecha europea, incluido el Partido del Progreso, son los primeros en decir que los musulmanes deben asumir su responsabilidad sobre esa violencia. Si ese razonamiento es válido, ahora ellos deberían hacer lo mismo.

Más allá de la ultraderecha, ¿quién más debería reflexionar sobre su responsabilidad?

Hay que mirar adelante, no buscar cabezas de turco. Pero debemos darnos cuenta que este movimiento político que inspiró al asesino supone una amenaza para nuestra sociedad. El viernes todo el mundo supuso que era un ataque islamista aunque no había nada que lo indicara. Nuestra imagen mental del terrorista no encaja con un rubio de ojos azules.

Bueno, la mayoría de atentados recientes en Europa han sido islamistas.

No en Noruega, por ejemplo. Pero automáticamente conectamos terrorismo con islam, y ya es hora de que lo superemos.

¿Cree que este atentado debilitará a la extrema derecha?

Es pronto para decirlo. Pero lo que está claro es que si los Demócratas de Suecia hablan mañana de la islamización de la sociedad no sonará igual a cómo lo habría hecho hace dos días. Quienes les escuchen sabrán que este es el mismo lenguaje que usaba el tipo que ha cometido una carnicería en Noruega

Ojo al tanto

Ojo al dato; según El País 22-VII-2011, se ha ocultado un estudio de la consultora GFK que asegura que los piratas son los mejores clientes en la compra de cedés y deuvedés originales; el estudio no se ha publicado porque contradice las tesis de quien lo encargó. Y, asimismo, numerosos estudios precedentes (entre universitarios franceses en 2009, en la universidad de Rennes en 2008) sostienen lo mismo: el visionado previo de un dvd induce su compra o alquiler más que lo contrario. Es decir: el capitalismo se opone al mercado. ¿Qué parte del capitalismo? Seguramente las industrias de publicidad, que de esa forma verían mermado su negocio, porque el cliente podría calificar el producto por sí mismo y la mierda tardaría más en venderse, si es que se vende. Y lo que interesa al capitalismo es vender mierda, no productos de calidad. Para ello lo mejor es bajar la inteligencia del consumidor y convencerle de verdades goebbelsianas como que Internet es un antro de perversión lleno de piratas malvados, ladrones de copyrigth, clonadores sin escrúpulos y corruptores de menores que ofrecen caramelos y pinguinux gratis, no como el Giligates, que es hombre honrado; porque Internet debe ser regulado y, de paso, ejem, vendido y cobrado por nosotros los bancos, mientras procuramos estupidizar a la gente, empobrecer la educación y transformar el arte y la cultura en lo que es, una tarjeta visa oro.

sábado, 23 de julio de 2011

Cuarenta jodidas páginas.

Me he pasado tres semanas escribiendo cuarenta jodidas páginas de erudición para mi libro. El escrito documenta y analiza qué hizo Mejía durante la Década Moderada, aparte de sobrevivir a las palizas de la policía secreta de los barones Bülow y Peligny, si es que realmente eran tales personajes, porque para la contrainsurgencia Narváez escogía entre estafadores, contrabandistas y fulleros a seres tan sospechosos, turbios y poco claros como el polizonte Francisco Chico y otros; creo me ha quedado redondo y lo voy a publicar exento como estudio independiente, quizá en El Argonauta Español. Aquí en el Blog copiaré también algún artículo de los nuevos que he encontrado de Mejía.

Amy Winehouse se ha muerto ya

Hace tiempo escribía que era un milagro que esta chica siguiera todavía de pie y cantando: sólo había que echarle un vistazo por encima; en su último concierto ofreció un espectáculo tan lamentable que no se renovó su póliza de seguros y canceló toda su gira, porque la contralto soltaba gallos y se caía al suelo; la última mona duró quince horas y la siguiente fue una muerte por sobredosis. Mala estudiante, insomne, deprimida, anoréxica, drogadicta, alcohólica, maniacodepresiva, enfisemática y anémica, le daba a la ginebra, a los porros, a la ketamina, al crack, a la cocaína, al éxtasis, a la heroína, a los antidepresivos y a los analgésicos y, después de todo eso, a la guitarra, en cuyo agujero central se cayó para no volver; cuando no, su distracción favorita era discutir con exnovios y exmaridos y, entre medias de lingotazo y lingotazo, escaparse en pelotas de los hoteles. Una curiosidad: su madre era farmacéutica, así que por lo menos tenía la excusa de que le venía de familia. Menos mal que no tuvo hijos, eso fue lo único que hizo en lo que tuvo algún sentido común. 


Por lo visto, cantaba bien el soul. Y le debemos una maravilla como Back To Black. "La vida es una tubería".

Noruega

Juancho Dumal escribe:


El mes pasado se publicó en España La voz y la furia, un libro que recoge los artículos que Stieg Larsson, el fallecido autor de la trilogía Millennium, publicó en su faceta de periodista y que tenían como hilo conductor la denuncia de los grupos extremistas neonazis. Uno de esos artículos, publicado en 1995, se titulaba En Estocolmo también pueden producirse atentados terroristas. Este es uno de sus párrafos: «Al final, una masacre como la de Oklahoma [el 19 de abril de 1995 un veterano de la primera guerra del Golfo mató a 168 personas al hacer estallar una bomba frente a un edificio público] ocurrirá también en Suecia. Disponemos de todos los ingredientes: odio, fanatismo, glorificación de la violencia y mentalidad sectaria». Larsson solo se equivocó en una cosa: no ha ocurrido en Suecia, sino en su vecina Noruega.


El terrorista ultracristiano y ultraderechista Anders Behring Breivik, autor de la masacre noruega, escribió un único twit el 17 de julio, hace seis días, donde cita una frase de El gobierno represetativo del utilitarista John Stuart Mill"Una persona con una creencia equivale a la fuerza de 100.000 que sólo tienen intereses".

En primer lugar, la frase está alterada sin el contexto y hasta alterada a secas, porque el original dice "a la fuerza de noventa y nueve que sólo tienen intereses". La costumbre del filólogo me ha hecho ir a buscar los textos originales. Y el texto original es: 

No porque los que detenten el poder de una sociedad posean su poder político es necesario creer que sea inútil influir sobre la Constitución de su gobierno obrando sobre la opinión; esto sería olvidar que la opinión es una de las mayores fuerzas sociales activas. Una persona con una creencia es igual a noventa y nueve otras personas que sólo tienen intereses. Quienes acertaron a convencer al público que determinada forma de gobierno (o no importa qué hecho social) merece ser preferida, han hecho casi aquello de mayor magnitud que se puede hacer para ganar en favor de dicha forma de gobierno los poderes de la sociedad. El día en que el primer mártir fue lapidado en Jerusalem entre tanto que el que debía ser apóstol de las gentes asistía al suplicio "consintiendo en su muerte" ¿habría alguno supuesto que el partido de este hombre lapidado era entonces y allí el poder más considerable en la sociedad? ¿Los acontecimientos no lo han demostrado? Y esto porque sus creencias eran las más poderosas de todas las creencias entonces existentes. El mismo elemento hizo de un monje de Wittenberg, en la dieta de Worms, una fuerza social más poderosa que el emperador Carlos V y que todos los príncipes reunidos en ese lugar.

Todo esto recuerda la distinción entre ideas y creencias de Ortega y Gasset. Pero aquí Stuart Mill se refería implícitamente a la prensa, no a la violencia, a ese género literario nacido desde la clase media en el siglo XVIII. La ignorancia y la duda son los instrumentos del conocimiento y más humildes que las creencias, que son sólo ideas fosilizadas; el cristianismo era entonces una idea y ahora es una creencia falta de renovación; por eso hay que hacer más caso a la ignorancia y la duda que a las creencias, porque no exigen que les hagamos caso; los pensamientos no hacen fuerza, sólo proponen humildad y se van imponiendo sin fuerza poco a poco en la sociedad, al ritmo humilde que les da el sacrificio y el martirio que les brindan su autenticidad y su verdad, y no al dolor que les asestan los porrazos de la mentira de quien está acostumbrado a mandar y además le gusta. 


La fuerza sin pensamiento, la fe sin pensamiento, no es nada, es nihilismo, es el paranoico Anders Behring Breivik, un loco que llama pensamiento a su sistema delirante o delirio fanático montado sobre un hecho inaceptable sin percibir que el pensamiento sólo puede ser llamado como tal si se encadena a los pensamientos de los demás por los cuales es asumido y aceptado, si se humilla a las razones superiores, o a la Razón en mayúsculas; su pensamiento, si lo tiene, sólo será asumido por locos como él y no por la parte más sana de la sociedad: no es un mártir iluminado que marca la senda del futuro, aunque él quiera considerarse así, sino un verdugo que pasó por una logia masónica sin contagiarse de fraternidad. Fuera de que John Stuart Mill habría desautorizado el uso de su frase por gente falta de novia y sobrada de orgullo como este tal Anders, a quien deseo lo envíen a hacer un cursillo de perfeccionamiento en sus mismas ideas en la Facultad de Teología del seminario menor de Herrera de la Mancha, por ejemplo, donde puedan porculizarlo los mejores profesores y obispos de su misma iglesia y fe carbonera. 

Mi ventana

Cada ventana es una mirada fija en el tiempo. Selecciona y retrata una parte en la vida de una ciudad. Desde la mía se contempla un trozo de calle con bancos y árboles y una plazoleta con la fachada de una iglesia y un campanario coronado de palomas. A esa plazoleta acuden la vida, la muerte y la creación: bautizos, entierros, bodas... También la locura, la pobreza, la fe: una pobre mujer loca que viene a mear siempre en el mismo sitio, como si fuera un perro; una mendiga que se sienta en la puerta de la parroquia, una procesión de Semana Santa y un drogata que viene a fumarse su porro. Cuando ninguna persona se muestra, aparecen los demás habitantes: pájaros y palomas que vienen a comerse el arroz de las bodas, los restos de chuches y patatas fritas de los niños que alguna vez juegan en ella, los pocos pedacitos que se esparcen del barril de la basura, las manchas de vomitona de algún borrachuzo nocherniego secadas al sol. Por la mañana se ve tal vez a un barrendero,  a una persona esperando a un taxista, a grupos de viejos citados junto a la diputación esperando el embarque en un autobús o a turistas nórdicos sorprendidos ante esa especie de Gandalf de seis dedos que es la estatua del penitente, cagada preferente de los pajaritos mañaneros. Por la noche se ve a los vecinos que sacan a pasear al perro, perrito o perrazo. El resto del tiempo, jubilados y señoras y gente que va al colegio de abogados, al obispado, a la diputación o a misa, o estudiantes que van al colegio mayor que tienen las monjas y que aprovechan para atajar camino por el pasaje de la Merced. El sitio es tan recoleto y estrecho que, por lo general miran con desconfianza a cualquiera que se cruza en su camino, a ver si va a ser un atracador, un drogata o algo peor. De vez en cuando se estaciona un coche de policía, montando guardia Dios sabrá para qué: para controlar una manifestación ante la diputación, para guardar las espaldas de un político, para prevenir la posible huida de una operación policial, para... Qué más da. La plaza sigue allí, bajo las tormentas, los rayos, los truenos, los días de sol y viento, con sus escaparates de chollos a cien, sus tiendas de ropa, su casa de antiguo jerarca con hidalguía y sus pisos años sesenta, en donde antes estuvo el deprimido edificio de correos, con su claraboya decimonónica, y antes aún el Teatro Cervantes. El aparcamiento subterráneo abre su boca de dios ctónico, pero de él no asoma nunca nada. El hoyo subterráneo permanece invisible. Según qué semana, los árboles exhiben sus hojas verdes o amarillas, sus hombres del ayuntamiento podando o colgando collares de perlas eléctricas, sus nidos de pájaros, sus cagadas de paloma, su rumor inaudible, y los balcones sus espías indiscretos entre visillos. Los basureros se llevan el contenedor de curiosidades y guarrerías, los camiones vienen a descargar materiales de construcción o de mudanzas. Del antiguo convento adosado a la iglesia y reconvertido ahora en museo cuelga un pendón avisando de la última exposición, y una serie de cámaras exteriores vigila contra robos y contra posibles bombas etarras acarreadas por visitantes de Herrera de la Mancha. Los fines de semana acuden las viejas a sus novenas y sus devociones y los parroquianos endomingados. El lugar, que es céntrico, posee un prestigio vulgar y señoritil, y hasta una celebridad momentánea de TV escogió para casarse este lugar, con alfombra roja y todo y venta de fotos.

viernes, 22 de julio de 2011

Lo que soy

He tardado mucho en averiguar lo que soy, al menos en esa esfera tan importante para la realización humana como es el trabajo. Muchos años. Casi tantos como he tardado en aceptarlo; todavía lo intento, porque mi realidad se impone y trata de acogotarlo, como escribió Á. Crespo. Mi única salida es llegar a un trato con la realidad, a una negociación que nos permita no partirnos la cara mutuamente ella y yo. Aunque nos pese, creo que vamos llegando a entendernos, y si no, qué coño importa.

¿Y qué es lo que soy? Un escritor. Sólo eso: un escritor; no importa si bueno o malo, eso es lo que soy, eso es lo que no cambia en mi naturaleza, eso es lo que me hace feliz: leer, que me lean, escribir, que me escriban. Para mí la vida sólo es la materia con la que se construyen las frases. Algunos se hacen muñecos de palabras llamados personajes y los ponen en un escenario manufacturado con paredes de texto. Otros se insertan como una gacetilla de compra y venta en el periódico del mundo, un mundo hecho de texto más o menos bruto y a medio convertir en literatura. Algunos glosan el texto del mundo, o se agregan a toda esa literatura como Quijotes intentando escribir su propio libro; yo también: me escribo y me describo, y haciéndolo escribo y describo a los demás. Pero un escritor se alimenta de vida: no debe estar en un único lugar, de lo contrario se transforma en un bonsay. Y eso es lo que soy: un escritor bonsay. Me alimento de sustancias mínimas, de desechos de vida o vida degradada: de una librería bien surtida, de erudiciones diversas y maniacas; un escueto rayo de luz y una temperatura invariable me ayudan a no morir del todo. Mas, al contrario que un bonsay, un cambio de lugar y de temperatura no me matarán todavía, sino que me harán crecer. Son las circunstancias invariables las que me transforman todavía en un no muerto o zombi de la escritura. 


Quisiera no ganar tanto dinero, pero poder trabajar en lo que me gusta: escribir, investigar. Pero tengo que pagar facturas; si uno disfrutara en su trabajo, sería un actor porno. Supongo que algunos profesores serán actores y actrices porno, yo no. Me gusta la literatura, me gusta el lenguaje, me gusta la gramática, me gustan todas esas cosas a rabiar, pero no me gusta enseñarlas, porque siempre hay algún alumno que me hiere con su incomprensión. Eso de que existan gentes a los que la literatura les traiga sin cuidado es algo que no puedo comprender o que comprendo tanto que me deja absolutamente fuera de combate.

miércoles, 20 de julio de 2011

Calicata confusa de este mes

Desde que fundé este blog como buen gimnasio para ejercitar la prosa y retrete para mi frecuente estreñimiento mental, creo he hecho algunos microscópicos progresos. En cuanto a lo que ahora puedo añadir, poco he de contar que no pueda pasar a los anales de la insignificancia, así que tendré que usar lente de aumento, que creo os place, porque referir por menudo este tipo de nimiedades las hace más gozosas de lo que son entrevistas, pues que las pasamos casi siempre por alto y sin vivir y, con su poquito de literatura, se vuelven épicas, enormes y monumentales como una terrible aurora o una mariposa súbita. La investigación me sorbe todo el magín, pero esta escapada aliviará su manometría.


Mi Paloma marchó a las Islas de Ruidera, ese lugar paradisíaco en medio de la Mancha de Mar; la muy torpona se ha caído en un rosal, de cuyas garras logró salvar la contusa el pompis, y luego desde una bicicleta kamikace, aunque esta vez se jorobó una manita; pero se lo ha pasado bien y cerca del órdago, que es lo que importa, gitaneando bucólicamente por ahí entre botes de conejo y patos nadarines. Espero que venga hoy, tras diez días alejada del tonante agobio familiar, encajonada en una pava, vulgo autobús. Anabelita, colgado de los árboles el saxofón, anda jugando al pádel con su prima, explorando Internet, dibujando y pensando en cuentos por escribir e ilustrar, para lo que me pide frecuente contraste, cortando mis labores de lana merina del XIX. Anda tan pensativa y liativa como siempre, vigilando mis incursiones a la nevera con celo cuartelero; veo ahora en el tablero de corcho de tareas un dibujo meninesco que una de mis hijas me puso; es un médico que practica una ecografía a una matriuska y se mira hacerlo a sí mismo en una pantalla, regresión infinita de espejos paralelos. A Paloma le da por la lírica: es una amalgama incipiente de trotskismo casero, chismería marujil y hedonismo cósmico; no he visto en mi vida más ganas de vivir que las suyas, pese a lo cual se saca sus estudios con tesón. Yo me consuelo con música de oboe, quince kilos abajo de mi máxima expresión, envuelto en suplementos de El Eco del Comercio, cocacolitas ligth y conspiraciones liberales, y traduciendo del zincaló comunicados enviados desde el siglo XIX. Mi mujer, que no puede soportar no hacer nada tan activamente como yo, ha embutido su cuerpo chinoserrano en un curso-bocadillo de seiscientas horas de martirio, supositorio que le hace dormir mejor por las noches. Para sufrirlo tiene que ir al planeta Miguelturra, del que regresa con la fiebre del astronauta y algún cometa churriego prendido en el pelo. A mí me sofríe no tenerla a mano por si tengo que deshacerme de algún avío funcionarial o alguna gestión homicida, pero he aprendido a soportar sus ganas de crecer en sentido profesiono-espiritual, porque bajita es, aunque vale más que el oro; juntos nos apuramos el puré de calabacín, el pisto de calabacín y el calabacín asado, en busca del esqueleto sepultado en nuestras repugnadas carnes. Contemplo un documental con el famoso vídeo del ignoto león negro del parque natural de Darthmoor, Reino Unido de la Gran Putaña, que ha sido visto/novisto por numerosos pateantes. También los rutinarios programones sobre fantasmas y mediums y las películas raritas de Onojo que ofrecen gratis, porque lo raro y eslavo siempre se da gratis, mientras que lo barato y vulgar y anglo se cobra caro, si de cine se trata. Y corto, que he de volver a calzarme la escafandra para sumergirme en el sinuoso océano del siglo XIX.

viernes, 15 de julio de 2011

Los alumnos actuales empiezan a desarrollar antimemoria, o memoria transactiva

Esta noticia tiene importantes consecuencias en Padagogía y Educación:

El 'efecto Google' afecta al uso de la memoria
Un experimento demuestra que la confianza en poder buscar un dato relaja el esfuerzo para recordarlo
EL PAÍS - Barcelona - 15/07/2011


La posibilidad de buscar en Internet un dato que necesitamos es maravillosa pero ¿en qué medida debilita el ejercicio de nuestra memoria?. Un experimento liderado por Betsy Sparrow de la Universidad de Columbia y publicado en Science pretende demostrar que la confianza en poder encontrar un dato relaja el esfuerzo para recordarlo. Según los investigadores, se detectó más esfuerzo en recordar dónde se podía encontrar un dato que en recordar el dato en sí. La existencia de buscadores como Google, que permiten buscar todo tipo de datos, influiría, pues, en los hábitos de la memoria.


Este mecanismo mental no es nuevo de la era digital. En 1985, el psicólogo David Wegner propuso el concepto de "memoria transactiva" que se demuestra en un grupo de trabajo donde un experto en una materia se despreocupa de retener otro tipo de conocimientos que sabe posee otro miembro del equipo.


Uno de los experimentos para probar la tesis consistió en dar determinadas informaciones a un grupo de personas. A la mitad de las mismas se les explicó que las citadas informaciones se guardarían en un ordenador. La otra mitad estaba convencida de que no se salvarían en ningún sistema de almacenamiento. Las personas que pensaron que no precisaban retener los datos porque estaban guardados demostró menos capacidad para recordarlos que quienes fueron advertidos de la que la información se perdería. Es decir, inconscientemente hacemos menos esfuerzos para recordar una información que sabemos donde consultar.


Otra prueba consistió en escribir una serie de preguntas y respuestas en un ordenador. Algunas de ellas se guardaban en un sitio específico, otras en uno de genérico y un tecer grupo de respuestas se borraban. Al ser preguntados después, las personas que participaban en la prueba demostraron que recordaban mejor los datos que habían borrado que los que habían conservado en el ordenador y que tenían muy claro cuáles habían sido guardados aunque no recordaran exactamente dónde. Un nuevo experiemto, muy similar, permiitó ratificar que se recordaba mejor donde se albergaba un dato, y si este había sido conservado o borrado, que el propio dato

miércoles, 13 de julio de 2011

¿Quién es el dueño de tu sueño?

Mis sueños me dan la lata de un modo caprichoso, si no no serían sueños. A veces constan de varias entregas, espaciadas entre los meses, de forma que son como los capítulos de una saga. Por ejemplo, en el pasado soñé que mi padre estaba vivo y había tenido una amante de la que había tenido un hijo. Hoy he soñado que íbamos mi hermano y yo a conocerlos con mi padre a un pueblo de Andalucía. Entramos en un lugar que parecía al mismo tiempo una cámara acorazada y uno de esos enormes casones de pueblo de varios pisos, que funcionaba como la delegación de CC. OO. Tras pasar por varias cámaras estancas del tamaño de cuchitriles y con diversos controles, nos condujeron a un amplio salón de techo muy alto que funcionaba como un asilo de ancianos, con muy poca luz, donde estaban tomando café en grupos en varias mesas viejos de cara apenas discernible. Yo había dejado atrás a mi padre y a mi hermano, que estaba tan cabrón como siempre y tenía más estatura que yo (quizá yo me sentía del tamaño de un niño). Entonces la trama se complica con no sé qué de fotos de la guerra civil y busco a mi padre y a mi hermano para que me indiquen dónde están los que había venido a conocer. Ahí se interrumpe el sueño. Creo que no los llegaré a conocer, ya que la esencia de los sueños siempre es una frustración. En todo caso, la serie se prolongará con una entrega más... quizá.


La interpretación que doy al sueño a través de su simbología es simple: entro en la muerte y busco en ella lo que me interesa, pero no encuentro nada.


Mi subsconsciente y yo nos conocemos muy bien y apenas nos engañamos ya el uno al otro.