David Mamet, en su Por qué ya no soy un izquierdista de encefalograma plano, p. 9-11, que podéis descargar aquí:
"La Constitución, en lugar de sugerir que todos se comporten de manera divina, reconoce que, al contrario, las personas son cerdos y se aprovecharán de cualquier oportunidad para subvertir cualquier pacto y poder conseguir lo que ellos consideran que son sus merecidos intereses.
Por ello, la Constitución separa el poder del estado en esas tres ramas que para la mayoría de nosotros (me incluyo) es lo único que recordamos de 12 años de escuela.
La Constitución, escrita por hombres que tenían alguna experiencia de gobierno real, asume que el jefe ejecutivo intentará convertirse en Rey, que el Parlamento tramará para vender la vajilla de plata, y que el poder judicial se considerará Olímpico y hará todo lo posible para sustancialmente mejorar (destruir) el trabajo de las otras dos ramas. Por eso la Constitución las opone entre sí, no tratando de obtener su bloqueo, sino permitiendo las correcciones necesarias y constantes para evitar que una rama obtenga demasiado poder durante demasiado tiempo. Claramente brillante. Porque, en abstracto, podemos imaginarnos una perfección Olímpica de seres perfectos en Washington encargados del negocio de sus empresarios, los ciudadanos, pero cualquiera de nosotros que haya estado en una reunión sobre cuestiones de edificabilidad en la que está en juego nuestra propiedad conoce el impulso de deshacerse de toda la mierda perniciosa y pasar directamente a las armas.
Yo he descubierto, no sólo que no me fiaba del gobierno actual (eso, para mí, no era una sorpresa), sino que un repaso imparcial revelaba que los defectos de este presidente – a quien yo, como buen izquierdista, consideraba un monstruo – no eran muy diferentes de los de un presidente al que veneraba."
lunes, 9 de marzo de 2009
Madrid, Madrid, Madrid
De nuevo en esta capital, otra vez a consulta médica. Haciendo tiempo para esperar el tren, deambulé por el barrio de Atocha, lleno de rincones arrebatadores; yo, que soy capaz de estarme una hora con la boca abierta mirando la hechura de una farola, me lo pasé pipa simplemente observando y oyendo. Cada objeto, cada persona merecía un caudal de glosa literaria. Qué artístico y cochambroso es Madrid. Como decía el llorado Umbral, "de mierda y oro". Parece que hasta su basura se amontona con garrulería chulesca. Subía yo por Antón Martín y me encuentro a la viva antítesis de estos tiempos: una espectacular fachada decimonónica de la Escuela de Administración Nacional enfrente justo de una mediga de pelo gris arrebujada en una manta en la parte exterior de un portal, con un botellón de plástico de dos litros lleno de qué sé yo, intentando dormir. Sólo le asoma el flequillo gris por sobre la manta, que el frío no está para más apariciones. Unos pasos más arriba hay otro títere deshumanizado, una maniquí, en la mano el retrato a blanco y negro de Audrey Hepburn. Le hago una foto con mi recién estrenado móvil (un cucarachón mostrenco con conexiones y compatibilidades a casi todo lo habible y por haber, pero huérfano de aditamentos y periféricos costosos) acometido por la vaga pesadumbre de no habérselo hecho a la vieja. De ahí paso por la Costanilla de los Desamparados por donde se paseaba Félix Mejía con sus hermanos periodicadores; hay una tahona, bodegas, almacenes, la sede de la Asociación Benéfica de San Vicente de Paúl, tabernillas, peluquerías que son el colmo de la pijez, ancianas que barren, putas, camareros, jubiletas, cacos, orientales, actores haciendo cola en un casting, negros, dominicanos, ecuatorianos, artistas pop, negratas... y yo. Emilio, un artista pop, (eso de pop suena a burbuja Mirinda, a palomita de maíz y a Congratulations) me deja impresionado con sus paisajes urbanos madrileños, y le apalabro casi un cuadrito donde se ven los edificios de Madrid como si fuesen de materia de barro a causa de la luz del sol poniente. En otros cuadros nocturnos los neones se arrastran cual gusanos de luz. Le compro, no tengo más guita, un póster de su autoría en que se ve a Mazinger Z cargándose la Gran Vía del mancheguísimo Antonio López, a quien le acaban de hacer eterno en una calle de Bolaños junto al extraño Nieva. En otra tienda de Tirso de Molina, compro una rolliza Menina que utilizaré como pisapapeles. Los viejos toman café a un hermoso sol que anticipa la primavera; lo hacen con tal careto de gusto que, sinceramente, les envidio; me gustaría ser un viejo tan satisfecho como éstos, llegar a sus saludables años. Por los teatros de aquí hay algunos reestrenos: Llama un inspector, de J. B. Priestley, y El Caso de la mujer asesinadita de Miguel Mihura, que a mí me gustó mucho. La única novedad, Noviembre (2008) de Mamet, en el Bellas Artes; tiene lo que hay que tener como dramaturgo y parece que es la monda la sátira que hace de la política norteamericana; con esta pieza se ha declarado al fin republicano. Por la calle siguen deambulando las vacas de colores. Cerca de la Llama Eterna están las más inquietantes, una de ella cabalgada por una chica tan azul como Mística, pero con una tétrica calavera de toro encima de la cabeza y un paisaje poniente de petroleosa sombra en la panza de la vaca.
La menina velazqueña me mira desde encima del Diccionario Biográfico del Trienio Liberal. Cualquiera diría que me reprocha no estar corrigiendo exámenes, si no fuera porque esos pensamientos se los he puesto inequívocamente yo. Mis chicas han sacado algunas notazas; espero que lo que no dicen sea también positivo. Y me voy a corregir exámenes...
La menina velazqueña me mira desde encima del Diccionario Biográfico del Trienio Liberal. Cualquiera diría que me reprocha no estar corrigiendo exámenes, si no fuera porque esos pensamientos se los he puesto inequívocamente yo. Mis chicas han sacado algunas notazas; espero que lo que no dicen sea también positivo. Y me voy a corregir exámenes...
El léxico de los dramaturgos
Objetivamente hablando, el dramaturgo que usó un léxico más extenso fue Lope de Vega, pues se han contado 21000 palabras en sus obras. Le sigue Shakespeare, que usó unas 20.000, aunque el inglés sería el primero, si atendemos al hecho de que escribió mucho menos que el español. Le sigue Racine, que usó tres veces menos léxico.
domingo, 8 de marzo de 2009
Un libro sobre los amantes de Lorca.

Ya se conocían los nombres de algunos amantes de Lorca desde que Gibson los sacó en su monumental biografía; y aun sospecho que había algunos más. Ahora descubre una femenina, quién lo iba a creer:
La novia de Lorca y otros amores
JESÚS RUIZ MANTILLA El País, 08/03/2009
Fue un amor de adolescencia desconocido hasta ahora. Los ojos azules de María Luisa Natera impactaron en el joven poeta en un balneario. Uno de sus grandes romances, como Emilio Aladrén, Rodríguez Rapún o Salvador Dalí.
Con el tiempo, el blanco y negro de las fotografías sólo deja entrever la sombra de una luz. La atrayente magnitud en una mirada algo esquiva. Pero esas imágenes sí dan fe de un verdadero misterio que hoy puede aclararse. Aquellos ojos que Federico García Lorca no quería contemplar ("... pero que sin mirarlos dan la muerte / con el puñal azul de su recuerdo", según dejó escrito en Madrigal triste de ojos azules) no responden a un mero tema poético, como muchos críticos han creído. Tienen nombre y dueña.
María Luisa Natera Ladrón de Guevara se llamaba. Y llevaba en la cara dos gotas juguetonas de agua marina en las que el poeta se zambulló apasionadamente. Fue, según sus hijos han reconocido ahora a Ian Gibson, un amor imposible de juventud. El hispanista lo desvela en su nuevo libro, Lorca y el mundo gay (Planeta), para el que, paradójicamente, ha encontrado uno de los secretos mejor guardados en su biografía: la primera novia de Federico García Lorca.
Gibson siempre sospechó que aquellos escritos primerizos no podían ser simplemente ensoñaciones. Coartadas de asuntos a explorar teóricamente o fogonazos imaginarios. "Siempre intuí que venían de experiencias traumáticas. De una pérdida que él sufrió como un drama", comenta el mayor biógrafo del poeta.
A menudo se ha ensalzado la preferencia y la fascinación de Lorca por el carácter femenino. En sus obras teatrales, donde realiza un auténtico tratado psicológico de la mujer, y en su poesía. Hasta el momento, su mayor musa poética conocida era otra muchacha con la que coincidía el mismo nombre pero diferente apellido: María Luisa Egea.
En ella se encuentran varios rastros de su época de juventud. Pero la aparición de esta otra muchacha, una niña de 15 años cuando se cruza en el camino de Lorca, que contaba 18, abre nuevas interpretaciones a las primeras etapas de su obra. Las que aparecieron en 1994 publicadas por Cátedra en un corpus deslumbrante y que forman una increíble juvenalia.
Se conocieron en un balneario. El investigador asegura que muy probablemente en Lanjarón, cerca de Granada, donde doña Vicenta, la madre de Federico, iba a menudo.
Solía acompañarla su hijo. María Luisa Natera estaba allí con su abuela. Pronto algo les unió: un piano de cola. "Mi madre tocaba muy bien. A los clásicos. Nos dijo que interpretaba piezas con Lorca a cuatro manos", comenta su hija María del Carmen Hitos Natera.
En los poemas citados aparece claramente un encuentro similar. "El piano de cola de sonido sangraba / con un vago Nocturno que un muchacho tocaba. / Ella vino a mi lado con su oro y su gasa. / ¿Es Chopin?... Sí, Chopin... / Y no dije nada. /... Después de separarnos / la tristeza me ahogaba".
La música unía dos sensibilidades entregadas al temprano romanticismo de Chopin y a la pasión por Beethoven. Lorca dudó durante mucho tiempo entre ser músico o escritor. Justo en esos años empezaba a inclinarse por la literatura, aunque nunca abandonaría su otra vocación. Pero pronto comprobaron que otras cosas les separaban. Luisa Natera venía de una familia rica de Córdoba. Nació en Almodóvar del Río en 1902, según ha constatado en su partida de nacimiento el propio Gibson. Hubiese sido difícil que los suyos permitieran una relación con quien no ocultaba ya su intención de ser poeta.
No es casualidad que en Córdoba, por aquella época, corriera un chascarrillo clarificador respecto a aquella familia: "Si quieres hacer carrera, cásate con un Natera". Pero la impresión que dejó en Lorca la muchacha fue intensa. "Le escribió varias cartas que ella guardó incluso después de casarse con mi padre", comenta su hija María del Carmen en su casa madrileña del Barrio del Pilar. Al final, Luisa contrajo matrimonio con Enrique Hitos Rodríguez. Era un hombre con alma de artista también. "Se empeñó y lo consiguió. Mi padre pintaba, aunque vivíamos de su farmacia. Ese retrato de mi madre es de él", indica señalando la pared.
En el cuadro, los profundos y arrebatadores ojos azules que embrujaron a Lorca también hipnotizan a quien ahora los contempla. Unos ojos de generoso reparto genético que ha heredado su hija, y también sus nietas, a juzgar por las fotografías que tiene por la casa. Son la marca de los Natera. Pero hubo otras cosas que sin duda impactaron tanto en el poeta que la perdió como en el pintor que se acabó casando con ella. "Mi madre tenía una sensibilidad, una inteligencia y un sentido del humor impresionantes. Era muy ingeniosa, divertida y bromista".
Probablemente aquella mujer fue consciente del rastro que dejó en Lorca: "Tenía una biblioteca muy completa, con todas sus obras conocidas". El poeta permaneció junto a ella, de alguna manera. También la joven guardó durante años sus cartas. Aunque éstas desaparecieron. "Las quemó mi padre. No creo que fuera por celos. Más bien lo hizo por miedo. Era republicano y temía que en un registro de la Falange descubrieran en su casa las cartas de un represaliado".
Una pena. Sólo la palabra de la familia basta para comprobar la historia. Pero es una palabra que encaja a la perfección en la obra del autor. De ahí la seguridad de Gibson para desvelarla. Aunque falten pruebas. "Existía también una fotografía de ellos dos en el balneario con más gente. Pero por más que la busco, no la encuentro", asegura María del Carmen.
Fueron sus hijos quienes entraron en contacto con el hispanista. A raíz de la serie que emitió Televisión Española dirigida por Juan Antonio Bardem sobre la muerte del poeta. "En ella se hablaba de María Luisa Egea, y ellos me escribieron para contarme la historia de su madre", recuerda ahora.
Durante años, María Luisa Natera nunca les habló de aquel poeta simpático y con encanto, sensible y frágil que se enamoró de ella. Hasta que cuando corrían los años setenta y su hija empezaba a acudir a las fiestas del Partido Comunista, el nombre del artista salió en su presencia. "Me compré libros de Alberti, de Blas de Otero y de Lorca. Fue entonces cuando mi madre empezó a hablarnos de él. Nos dijo que fue su pretendiente".
Federico siempre fue un niño y un joven especial. Consciente de ser diferente del resto. En aquellos tiempos, cuando conoció a su amor de juventud, venía de una época turbia en el instituto de Granada, al que fue a parar después de una infancia feliz en su pueblo. "Se sentaba en el último banco. Le llamaban Federica", cuenta el hispanista. Su identidad sexual estaba comenzando a abrirse paso de manera ambigua, extraña en un mundo donde no se toleraban ciertas cosas. "Debía de ser horrible sentirse homosexual en la España de aquellos años. Pero mucho peor era serlo en Granada", añade Gibson.
El Lorca joven es un artista que empieza a proyectar los grandes temas que no abandonará nunca. "Es de un anticlericalismo y un antimilitarismo salvajes. Tenía también mucho miedo de parecer afeminado". Eso, unido a otros complejos: unos andares torpes debido a que tenía una pierna más larga que otra, cierta trabazón física que salvaba con un impresionante don de gentes. Empezó pronto a ser lo que fue: "Un anticlerical cristiano, rebelde, pendiente de las injusticias sociales que vio de niño en Fuentevaqueros y homosexual. No se le puede entender sin esto", insiste Gibson.
Es una faceta que siempre ha resultado incómoda para muchos. Empezando por parte de su familia y acabando por un sector conservador de la crítica. Pero esas reticencias son hoy completamente incomprensibles. Como incomprensible fue la aparición en el Abc de la época de Luis María Anson de sus Sonetos del amor oscuro. Aquello indignó a poetas como el Nobel Vicente Aleixandre, amigo y compañero de generación de Lorca. "No podía comprender cómo un periódico con el consentimiento de la familia, para empezar, cambiaba el título y los llamaba Sonetos de amor. Así aparecieron en la citada portada de 1984. Menos aún que en ninguno de los análisis que los acompañaban se hiciera la más mínima alusión a su inspiración homosexual". Es más, Aleixandre llegó a decirle a su amigo el poeta andaluz José Luis Cano: "Se ve que la palabra homosexual todavía es tabú en España, en ciertos medios, como si el confesarlo fuese un descrédito para el poeta. Todo eso viene de muy antiguo, de cuando la Inquisición quemaba vivos a los culpables del delito nefando".
Aquel amor oscuro también tenía, en gran parte, cara y nombre: Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y de Lorca. El poeta se había enamorado perdidamente de él, según le confesó a su amigo Cipriano Rivas Cherif. Aunque no es una obra que deba analizarse sólo en ese sentido. Se lo razonaba el mismo Aleixandre a Gibson en 1982: "Era el amor de la difícil pasión, de la pasión maltrecha, de la pasión oscura y dolorosa, pero no quería decir específicamente amor homosexual". No tuvo futuro esa pasión adolescente con María Luisa Natera, como tampoco lo tuvieron posteriores historias siempre truncadas. "Es horrible no poder vivir una vida como se desea. Él nunca lo consiguió. Nunca tuvo derecho a esa felicidad". Cuando algún periodista le preguntaba, no sin cierta mala intención, por qué no se había casado, Lorca siempre respondía: "Me debo a mi madre".
Pero aparte de doña Vicenta, Lorca amó con locura a otras personas. El caso de Rapún fue el más trágico porque su pasión quedó truncada por la muerte de ambos. Con una coincidencia potente en su vínculo. El mismo día que se cumplió un año de que al poeta le asesinaran salvajemente en Granada junto a dos toreros y a un maestro de escuela, el joven Rapún moría en el frente. Dirigía un batallón en Bárcena de Pie de Concha (Cantabria), y uno de sus subordinados, Paulino García Toraño, le contó a Gibson que más bien saltó de la trinchera y se dirigió hacia su triste destino de forma suicida.
Tampoco Lorca fue correspondido por otros. No le quiso el escultor Emilo Aladrén. "Ocultó su relación con Lorca, más cuando él se convirtió, con el tiempo, en uno de los artistas del régimen", asegura Gibson. El autor recuerda también cómo Maruja Mallo una vez le confesó que fue Federico quien le robó a Aladrén que era, según ella, un auténtico efebo.
Otra pasión conocida fue la que le unió con ese ser asexuado, medio andrógino y maniaco obsesivo que era Salvador Dalí. Por cierto, el único amigo del poeta que habla de sus experiencias carnales. O de los intentos y el empeño de Federico en que mantuvieran relaciones. Algo que Dalí, según él mismo confiesa en sus memorias, rechazó. Aunque se sintiera muy halagado por el hecho de que el mayor poeta de España quisiera poseerlo.
Todos ellos, en su felicidad y su fracaso, proporcionaron al torrente creativo del poeta sensaciones y emociones suficientes como para componer con una angustia rebelde y asfixiante sonetos oscuros y emocionantes como éstos:
"Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.
Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!
¡Que soy amor, que soy naturaleza!"
La novia de Lorca y otros amores
JESÚS RUIZ MANTILLA El País, 08/03/2009
Fue un amor de adolescencia desconocido hasta ahora. Los ojos azules de María Luisa Natera impactaron en el joven poeta en un balneario. Uno de sus grandes romances, como Emilio Aladrén, Rodríguez Rapún o Salvador Dalí.
Con el tiempo, el blanco y negro de las fotografías sólo deja entrever la sombra de una luz. La atrayente magnitud en una mirada algo esquiva. Pero esas imágenes sí dan fe de un verdadero misterio que hoy puede aclararse. Aquellos ojos que Federico García Lorca no quería contemplar ("... pero que sin mirarlos dan la muerte / con el puñal azul de su recuerdo", según dejó escrito en Madrigal triste de ojos azules) no responden a un mero tema poético, como muchos críticos han creído. Tienen nombre y dueña.
María Luisa Natera Ladrón de Guevara se llamaba. Y llevaba en la cara dos gotas juguetonas de agua marina en las que el poeta se zambulló apasionadamente. Fue, según sus hijos han reconocido ahora a Ian Gibson, un amor imposible de juventud. El hispanista lo desvela en su nuevo libro, Lorca y el mundo gay (Planeta), para el que, paradójicamente, ha encontrado uno de los secretos mejor guardados en su biografía: la primera novia de Federico García Lorca.
Gibson siempre sospechó que aquellos escritos primerizos no podían ser simplemente ensoñaciones. Coartadas de asuntos a explorar teóricamente o fogonazos imaginarios. "Siempre intuí que venían de experiencias traumáticas. De una pérdida que él sufrió como un drama", comenta el mayor biógrafo del poeta.
A menudo se ha ensalzado la preferencia y la fascinación de Lorca por el carácter femenino. En sus obras teatrales, donde realiza un auténtico tratado psicológico de la mujer, y en su poesía. Hasta el momento, su mayor musa poética conocida era otra muchacha con la que coincidía el mismo nombre pero diferente apellido: María Luisa Egea.
En ella se encuentran varios rastros de su época de juventud. Pero la aparición de esta otra muchacha, una niña de 15 años cuando se cruza en el camino de Lorca, que contaba 18, abre nuevas interpretaciones a las primeras etapas de su obra. Las que aparecieron en 1994 publicadas por Cátedra en un corpus deslumbrante y que forman una increíble juvenalia.
Se conocieron en un balneario. El investigador asegura que muy probablemente en Lanjarón, cerca de Granada, donde doña Vicenta, la madre de Federico, iba a menudo.
Solía acompañarla su hijo. María Luisa Natera estaba allí con su abuela. Pronto algo les unió: un piano de cola. "Mi madre tocaba muy bien. A los clásicos. Nos dijo que interpretaba piezas con Lorca a cuatro manos", comenta su hija María del Carmen Hitos Natera.
En los poemas citados aparece claramente un encuentro similar. "El piano de cola de sonido sangraba / con un vago Nocturno que un muchacho tocaba. / Ella vino a mi lado con su oro y su gasa. / ¿Es Chopin?... Sí, Chopin... / Y no dije nada. /... Después de separarnos / la tristeza me ahogaba".
La música unía dos sensibilidades entregadas al temprano romanticismo de Chopin y a la pasión por Beethoven. Lorca dudó durante mucho tiempo entre ser músico o escritor. Justo en esos años empezaba a inclinarse por la literatura, aunque nunca abandonaría su otra vocación. Pero pronto comprobaron que otras cosas les separaban. Luisa Natera venía de una familia rica de Córdoba. Nació en Almodóvar del Río en 1902, según ha constatado en su partida de nacimiento el propio Gibson. Hubiese sido difícil que los suyos permitieran una relación con quien no ocultaba ya su intención de ser poeta.
No es casualidad que en Córdoba, por aquella época, corriera un chascarrillo clarificador respecto a aquella familia: "Si quieres hacer carrera, cásate con un Natera". Pero la impresión que dejó en Lorca la muchacha fue intensa. "Le escribió varias cartas que ella guardó incluso después de casarse con mi padre", comenta su hija María del Carmen en su casa madrileña del Barrio del Pilar. Al final, Luisa contrajo matrimonio con Enrique Hitos Rodríguez. Era un hombre con alma de artista también. "Se empeñó y lo consiguió. Mi padre pintaba, aunque vivíamos de su farmacia. Ese retrato de mi madre es de él", indica señalando la pared.
En el cuadro, los profundos y arrebatadores ojos azules que embrujaron a Lorca también hipnotizan a quien ahora los contempla. Unos ojos de generoso reparto genético que ha heredado su hija, y también sus nietas, a juzgar por las fotografías que tiene por la casa. Son la marca de los Natera. Pero hubo otras cosas que sin duda impactaron tanto en el poeta que la perdió como en el pintor que se acabó casando con ella. "Mi madre tenía una sensibilidad, una inteligencia y un sentido del humor impresionantes. Era muy ingeniosa, divertida y bromista".
Probablemente aquella mujer fue consciente del rastro que dejó en Lorca: "Tenía una biblioteca muy completa, con todas sus obras conocidas". El poeta permaneció junto a ella, de alguna manera. También la joven guardó durante años sus cartas. Aunque éstas desaparecieron. "Las quemó mi padre. No creo que fuera por celos. Más bien lo hizo por miedo. Era republicano y temía que en un registro de la Falange descubrieran en su casa las cartas de un represaliado".
Una pena. Sólo la palabra de la familia basta para comprobar la historia. Pero es una palabra que encaja a la perfección en la obra del autor. De ahí la seguridad de Gibson para desvelarla. Aunque falten pruebas. "Existía también una fotografía de ellos dos en el balneario con más gente. Pero por más que la busco, no la encuentro", asegura María del Carmen.
Fueron sus hijos quienes entraron en contacto con el hispanista. A raíz de la serie que emitió Televisión Española dirigida por Juan Antonio Bardem sobre la muerte del poeta. "En ella se hablaba de María Luisa Egea, y ellos me escribieron para contarme la historia de su madre", recuerda ahora.
Durante años, María Luisa Natera nunca les habló de aquel poeta simpático y con encanto, sensible y frágil que se enamoró de ella. Hasta que cuando corrían los años setenta y su hija empezaba a acudir a las fiestas del Partido Comunista, el nombre del artista salió en su presencia. "Me compré libros de Alberti, de Blas de Otero y de Lorca. Fue entonces cuando mi madre empezó a hablarnos de él. Nos dijo que fue su pretendiente".
Federico siempre fue un niño y un joven especial. Consciente de ser diferente del resto. En aquellos tiempos, cuando conoció a su amor de juventud, venía de una época turbia en el instituto de Granada, al que fue a parar después de una infancia feliz en su pueblo. "Se sentaba en el último banco. Le llamaban Federica", cuenta el hispanista. Su identidad sexual estaba comenzando a abrirse paso de manera ambigua, extraña en un mundo donde no se toleraban ciertas cosas. "Debía de ser horrible sentirse homosexual en la España de aquellos años. Pero mucho peor era serlo en Granada", añade Gibson.
El Lorca joven es un artista que empieza a proyectar los grandes temas que no abandonará nunca. "Es de un anticlericalismo y un antimilitarismo salvajes. Tenía también mucho miedo de parecer afeminado". Eso, unido a otros complejos: unos andares torpes debido a que tenía una pierna más larga que otra, cierta trabazón física que salvaba con un impresionante don de gentes. Empezó pronto a ser lo que fue: "Un anticlerical cristiano, rebelde, pendiente de las injusticias sociales que vio de niño en Fuentevaqueros y homosexual. No se le puede entender sin esto", insiste Gibson.
Es una faceta que siempre ha resultado incómoda para muchos. Empezando por parte de su familia y acabando por un sector conservador de la crítica. Pero esas reticencias son hoy completamente incomprensibles. Como incomprensible fue la aparición en el Abc de la época de Luis María Anson de sus Sonetos del amor oscuro. Aquello indignó a poetas como el Nobel Vicente Aleixandre, amigo y compañero de generación de Lorca. "No podía comprender cómo un periódico con el consentimiento de la familia, para empezar, cambiaba el título y los llamaba Sonetos de amor. Así aparecieron en la citada portada de 1984. Menos aún que en ninguno de los análisis que los acompañaban se hiciera la más mínima alusión a su inspiración homosexual". Es más, Aleixandre llegó a decirle a su amigo el poeta andaluz José Luis Cano: "Se ve que la palabra homosexual todavía es tabú en España, en ciertos medios, como si el confesarlo fuese un descrédito para el poeta. Todo eso viene de muy antiguo, de cuando la Inquisición quemaba vivos a los culpables del delito nefando".
Aquel amor oscuro también tenía, en gran parte, cara y nombre: Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y de Lorca. El poeta se había enamorado perdidamente de él, según le confesó a su amigo Cipriano Rivas Cherif. Aunque no es una obra que deba analizarse sólo en ese sentido. Se lo razonaba el mismo Aleixandre a Gibson en 1982: "Era el amor de la difícil pasión, de la pasión maltrecha, de la pasión oscura y dolorosa, pero no quería decir específicamente amor homosexual". No tuvo futuro esa pasión adolescente con María Luisa Natera, como tampoco lo tuvieron posteriores historias siempre truncadas. "Es horrible no poder vivir una vida como se desea. Él nunca lo consiguió. Nunca tuvo derecho a esa felicidad". Cuando algún periodista le preguntaba, no sin cierta mala intención, por qué no se había casado, Lorca siempre respondía: "Me debo a mi madre".
Pero aparte de doña Vicenta, Lorca amó con locura a otras personas. El caso de Rapún fue el más trágico porque su pasión quedó truncada por la muerte de ambos. Con una coincidencia potente en su vínculo. El mismo día que se cumplió un año de que al poeta le asesinaran salvajemente en Granada junto a dos toreros y a un maestro de escuela, el joven Rapún moría en el frente. Dirigía un batallón en Bárcena de Pie de Concha (Cantabria), y uno de sus subordinados, Paulino García Toraño, le contó a Gibson que más bien saltó de la trinchera y se dirigió hacia su triste destino de forma suicida.
Tampoco Lorca fue correspondido por otros. No le quiso el escultor Emilo Aladrén. "Ocultó su relación con Lorca, más cuando él se convirtió, con el tiempo, en uno de los artistas del régimen", asegura Gibson. El autor recuerda también cómo Maruja Mallo una vez le confesó que fue Federico quien le robó a Aladrén que era, según ella, un auténtico efebo.
Otra pasión conocida fue la que le unió con ese ser asexuado, medio andrógino y maniaco obsesivo que era Salvador Dalí. Por cierto, el único amigo del poeta que habla de sus experiencias carnales. O de los intentos y el empeño de Federico en que mantuvieran relaciones. Algo que Dalí, según él mismo confiesa en sus memorias, rechazó. Aunque se sintiera muy halagado por el hecho de que el mayor poeta de España quisiera poseerlo.
Todos ellos, en su felicidad y su fracaso, proporcionaron al torrente creativo del poeta sensaciones y emociones suficientes como para componer con una angustia rebelde y asfixiante sonetos oscuros y emocionantes como éstos:
"Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.
Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!
¡Que soy amor, que soy naturaleza!"
Compórtese, caballero
Sea la vergüenza eso que no saben definirme mis alumnos, esto es, lo que el DRAE explica como "turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena", o el "pundonor o estimación de la propia honra". Esto es, obedecer el tercer mandamiento: honrarás a tu padre y a tu madre no dándoles motivos de vergüenza. U obedecer el undécimo, no escrito: "No molestarás", o, como se suele decir, "ten tacto y circunspección cualquiera que sea la ocasión"; que si eres alumno de la ESO, será imposible enseñarte ni aun la sombra de tal concepto.
Sea también esa caballeresca "vergüenza ajena", que consiste en sentir lo anterior "por lo que hacen o dicen otros", sintiendo el miedo de rebajarse o abandonarse en su conducta, o relajar cualquier nota de los propios y legítimos orgullo y estimación. Sea pues uno deferente, entregado, cortés, cabal, bien compuesto, adherido al dictamen o proceder ajeno por respeto o por excesiva moderación, entregado, razonable, condescendiente, amable, atento, afectuoso, obsequioso, urbano, sobrio, comedido, lleno de todas las gracias y mercedes de toda dadivosa cortesanía, benéfico, agradable, experto en compostura, arreglado, peripuesto, tratable, paciente, accesible, honesto, leal, mesurado, circunspecto, reverente, templado y bien dispuesto, que no tendrá que hacer absolutamente nada si tiene que dar clase en la ESO.
Sea también esa caballeresca "vergüenza ajena", que consiste en sentir lo anterior "por lo que hacen o dicen otros", sintiendo el miedo de rebajarse o abandonarse en su conducta, o relajar cualquier nota de los propios y legítimos orgullo y estimación. Sea pues uno deferente, entregado, cortés, cabal, bien compuesto, adherido al dictamen o proceder ajeno por respeto o por excesiva moderación, entregado, razonable, condescendiente, amable, atento, afectuoso, obsequioso, urbano, sobrio, comedido, lleno de todas las gracias y mercedes de toda dadivosa cortesanía, benéfico, agradable, experto en compostura, arreglado, peripuesto, tratable, paciente, accesible, honesto, leal, mesurado, circunspecto, reverente, templado y bien dispuesto, que no tendrá que hacer absolutamente nada si tiene que dar clase en la ESO.
sábado, 7 de marzo de 2009
Respaldada por el viento, de Irene Claremont de Castillejo

Es un libro que hay que tener y releer, porque nos habla mucho y bien de un gran manchego, como es José Castillejo, pero es que Irene es también una gran inglesa, una escritora perspicaz, y no en vano tenía tres licenciaturas, en Historia, Economía y Psicología; de esto último es de lo que más tenía. Dejaré aquí un apunte en mi relectura del libro sobre una costumbre manchega que señala y que no he visto señalada por ningún manchego; ha tenido que ser una inglesa quien la señale. ¿Curioso, no?:
En La Mancha, tierra de Don Quijote, cuando fallece alguien vacían los jarros de agua no sea que el espíritu del muerto regrese y habite el agua. Por regla general se les habrá olvidado ya el origen de una costumbre que fue universal y que ahora estará desapareciendo. (P. 47).
En La Mancha, tierra de Don Quijote, cuando fallece alguien vacían los jarros de agua no sea que el espíritu del muerto regrese y habite el agua. Por regla general se les habrá olvidado ya el origen de una costumbre que fue universal y que ahora estará desapareciendo. (P. 47).
La transfiguración artística de míster Dadd

En la Galería Tate de Londres se expone un cuadro magnífico, El golpe maestro del duende leñador, de Richard Dadd, óleo sobre lienzo. Se trata de un extrañísimo cuadro de reducido tamaño que representa a un grupo de hadas y duendes que se aprestan a observar la habilidad con el hacha del mencionado leñador. Tiene su nosequé de fascinador.
Richard Dadd era un pintor victoriano de mediano talento y apenas inspiración, aunque se arrejuntaba con rarillos del grupo Clique, semiprerrafaelitas como nuestro Philip Hermógenes Calderón y teósofos de varia enjundia. Sus cuadritos de hadas y duendes eran de aquellos que se colgaban en cualquier recibidor, pasillo u habitación de hotel, y que uno se sentía incapaz de mirar dos veces. Pero a los 25 años, Sir Thomas Newport lo contrató para que inmortalizara con su pincel los paisajes que ambos vieran durante un viaje por Oriente Medio y Egipto. El periplo iba como la seda hasta que los viajeros llegaron a Egipto. En un crucero por el Nilo, Dadd, tras abusar del hachís y otros alucinógenos locales, sufrió una crisis de locura tan intensa que creyó entrar en contacto con Osiris, el descuartizado dios egipcio de la muerte y la resurrección. Repatriado a Inglaterra, el joven se dispuso a cumplir con las sugerencias que su nuevo amigo inmortal le vertía en el oído. La primera víctima fue su propio padre, primorosamente descuartizado por el discípulo de Osiris. Cumplida su tarea, Dadd huyó al continente. En Francia le atrapó la policía intentando degollar a un turista. En su poder le intervinieron una lista con las personas que, a juicio de Osiris, debían ser reducidas a ragut. El primero era, por supuesto, el padre del pintor; el último, el Papa de Roma. Convencidas de la incurable enajenación de mister Dadd, la autoridades británicas lo encerraron de por vida en el frenopático de Bedlam. Allí don Ricardo, privado de practicar el asesinato, se aplicó con enloquecida dedicación a la pintura. Su obra maestra es fruto de nueve años de trabajo incesante y maniática fijación, y se nota. Desprovisto del opiáceo consuelo que da la farmacología actual, la demente inspiración de las nueve musas infernales se apretujaba por salir de su pincel y las capas de pintura se acumulan una sobre otra dotando al cuadro de una cierta tridimensionalidad, y en medio de la hojarasca intrincada y la arborescente vegetativa los minúsculos detalles de imposible precisión saturan la retina y provocan una sensación de horror vacui, angustia, miedo e incomodidad y la enajenada mirada de los personajes te persigue allá donde mires, mientras los desmayados colores remiten al recuerdo de una pesadilla febril y descabellada... El perdido protagonista es un tipo que se dispone a golpear con un hacha algo que tapa el lío vegetal. Tratándose de la pesadilla de un homicida delirante puede que sea mejor así.
Otras obras del autor en esta etapa son maravillosas: Venga a estos la playa amarilla, cuyo título se funda en un pasaje de La Tempestad de Shakespeare,
Richard Dadd era un pintor victoriano de mediano talento y apenas inspiración, aunque se arrejuntaba con rarillos del grupo Clique, semiprerrafaelitas como nuestro Philip Hermógenes Calderón y teósofos de varia enjundia. Sus cuadritos de hadas y duendes eran de aquellos que se colgaban en cualquier recibidor, pasillo u habitación de hotel, y que uno se sentía incapaz de mirar dos veces. Pero a los 25 años, Sir Thomas Newport lo contrató para que inmortalizara con su pincel los paisajes que ambos vieran durante un viaje por Oriente Medio y Egipto. El periplo iba como la seda hasta que los viajeros llegaron a Egipto. En un crucero por el Nilo, Dadd, tras abusar del hachís y otros alucinógenos locales, sufrió una crisis de locura tan intensa que creyó entrar en contacto con Osiris, el descuartizado dios egipcio de la muerte y la resurrección. Repatriado a Inglaterra, el joven se dispuso a cumplir con las sugerencias que su nuevo amigo inmortal le vertía en el oído. La primera víctima fue su propio padre, primorosamente descuartizado por el discípulo de Osiris. Cumplida su tarea, Dadd huyó al continente. En Francia le atrapó la policía intentando degollar a un turista. En su poder le intervinieron una lista con las personas que, a juicio de Osiris, debían ser reducidas a ragut. El primero era, por supuesto, el padre del pintor; el último, el Papa de Roma. Convencidas de la incurable enajenación de mister Dadd, la autoridades británicas lo encerraron de por vida en el frenopático de Bedlam. Allí don Ricardo, privado de practicar el asesinato, se aplicó con enloquecida dedicación a la pintura. Su obra maestra es fruto de nueve años de trabajo incesante y maniática fijación, y se nota. Desprovisto del opiáceo consuelo que da la farmacología actual, la demente inspiración de las nueve musas infernales se apretujaba por salir de su pincel y las capas de pintura se acumulan una sobre otra dotando al cuadro de una cierta tridimensionalidad, y en medio de la hojarasca intrincada y la arborescente vegetativa los minúsculos detalles de imposible precisión saturan la retina y provocan una sensación de horror vacui, angustia, miedo e incomodidad y la enajenada mirada de los personajes te persigue allá donde mires, mientras los desmayados colores remiten al recuerdo de una pesadilla febril y descabellada... El perdido protagonista es un tipo que se dispone a golpear con un hacha algo que tapa el lío vegetal. Tratándose de la pesadilla de un homicida delirante puede que sea mejor así.
Otras obras del autor en esta etapa son maravillosas: Venga a estos la playa amarilla, cuyo título se funda en un pasaje de La Tempestad de Shakespeare,
Antonio Gamoneda otra vez

Uno de los pocos descubrimientos de mis últimos años es Antonio Gamoneda. Un poeta genuino, acaso la única y última gran voz lírica que nos queda en este tiempo de poetas menores. Ahora se ha publicado en El País una entrevista que le han hecho. La copio:
Gamoneda vuelve a la guerra
Una película y varios libros repasan la trayectoria del poeta y premio Cervantes
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Sevilla - El País, 07/03/2009
"He aprendido que los poemas se escriben en cualquier parte, en los trenes, en los aeropuertos, en los hoteles...". Lo dice Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) en un hotel, precisamente. En Sevilla. Ha pasado allí toda la semana, en un congreso titulado Factor humano en el que el premio Cervantes de 2006 dio una conferencia titulada El mundo del poeta. Todavía tardará en volver a León. El lunes estará en el Círculo de Bellas Artes de Madrid presentando Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia, una coproducción hispano-argentina impulsada por el cineasta rioplatense Tristan Bauer -que en 1994 realizó un documental ya clásico sobre Julio Cortázar- y dirigida por Enrique Corti y César Rendueles.
El escritor publica en primavera sus memorias de infancia
"La vida es un error lleno de cosas maravillosas. Pero un error", dice
El estreno del filme coincide además con la aparición de Extravío en la luz (Casariego), una edición de seis poemas inéditos con grabados de Juan Carlos Mestre, y con Iluminaciones. Antonio Gamoneda (RD Editores), un descarnado retrato del poeta y del León de la Guerra Civil firmado por el novelista Andrés Sorel.
La película se rodó en 2007 en los escenarios cotidianos de Gamoneda, sobre todo en su casa, pero también en los bosques por los que solía pasear antes de que un accidente -lo atropelló una furgoneta- le dejara "las tabas maltrechas". "Un día, en el rodaje, pasé dos horas con los pies en la nieve", recuerda el autor de Libro del frío, que considera que sale "demasiado" en su propio documental. "Otro fuimos a la casa en la que viví de niño, en el Crucero, el barrio obrero de León".
Esa casa es, además, fundamental en Un armario lleno de sombra, unas memorias de infancia "nada gloriosas" que Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publicará esta misma primavera. En un balcón del número 4 de la carretera de Zamora pasó Antonio Gamoneda sus primeros años en León: "No se me olvida el sabor del hierro oxidado. Al morir mi padre, mi madre aguantó poco en Asturias. Era asmática y los médicos le dijeron que se fuera. El clima la estaba matando. Yo tenía tres años cuando nos instalamos en la casa de mi madrina, mujer de un ferroviario".
Todavía hoy Gamoneda es capaz de calcularle a su interlocutor la mejor combinación para viajar en tren. "En aquella casa los trenes eran los reguladores del tiempo. 'Ya viene el correo de Galicia. Ahí pasa otro', decíamos. Me impresionaba cómo se perdían en la chopera, la desaparición". Con la Guerra Civil -"de la que tengo recuerdos más precisos que de cosas de hace 15 días"-, los trenes empezaron a llegar cargados de republicanos camino de la cárcel instalada en el hostal de San Marcos. Para evitar que los presos pasaran por la zona noble de la ciudad, detenían los trenes antes de llegar a la estación y los conducían bajo el balcón de Gamoneda.
"Aquel barrio", apunta, "fue de los que más represión sufrió. Se oían los gritos de las mujeres a las cuatro de la mañana. Frente a mi casa había una viuda loca que se paseaba desnuda y gritando por la noche".
La guerra se llevó por delante la pensión que la madre del poeta cobraba de La Voz de Asturias, donde su padre había ejercido a la vez de administrador y director. Consumidos los ahorros, llegaron a la casa dos máquinas para hacer punto "de incrustación" y vainica: "Pero en aquellos años ni León y España estaban para muchas vainicas. Lo pasamos mal".
Las memorias del poeta comienzan en 1936 y terminan, recuerda él mismo con precisión, en la madrugada del 1 de junio de 1945. El día antes había cumplido 14 años y entró a trabajar en el Banco Mercantil encendiendo la calefacción.
El título del libro y la idea de escribirlo surgieron el día en que, dos años después de la muerte de su madre, el poeta se decidió a abrir un armario que, en vida, sólo abría ella: "De pronto me vino el olor de mi madre viva. Era una situación desconcertante, como un sueño. Estaba lleno de ropa, objetos y papeles, cosas que se convirtieron para mí en símbolos". "Además", añade, "resulta que uno tiene más recuerdos de los que recuerda. Son como las cerezas. Te acuerdas de una cosa y ésa trae otro recuerdo consigo".
En mayo Antonio Gamoneda cumplirá 78 años. Y no para de viajar -Viena y Ginebra están entre sus próximas estaciones-. Tampoco ha parado de escribir. Para algo sirven los hoteles. Lo poemas incluidos en Extravío en la luz forman parte de la treintena que lleva escritos desde que, en 2004, reunió toda su poesía en el volumen Esta luz (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). El conjunto, que todavía no tiene fecha de publicación -"por primera vez en mi vida tengo el título antes que el libro"-, se llamará Canción errónea.
"La vida es un error lleno de cosas maravillosas -la amistad, el amor-, pero un error. Ir de la inexistencia a la inexistencia es un asunto raro, ¿no? Y esto a mí no me parece metafísica. Son hechos". Y continúa: "Al final te das cuenta de que la vida es un curso preparatorio para la muerte. Uno aprende a convivir con el miedo. Ya que atravesamos un error vamos a atravesarlo de la forma más consciente posible, aprovechando las cosas buenas y luchando contra la injusticia".
¿Quiere eso decir, la eterna pregunta, que la poesía puede cambiar el mundo? "No. La poesía intensifica la conciencia, pero no puede cambiar al mundo. Ésa ha sido una propuesta imaginaria. La poesía tiene que ser subversiva en su lenguaje, no en su contenido. En contenidos no puede competir con un periódico". En su opinión, hay muy pocos poetas capaces de realizar con altura "la síntesis entre el pensamiento poético y una ideología". Entre ellos, los autores "anónimos y múltiples" del primer cancionero, los letristas del jazz, César Vallejo y el turco Nazim Hikmet, a cuyos Poemas finales (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo) Gamoneda acaba de poner un prólogo en forma de poema.
"Entiendo más de vino que de poesía", dice. "Yo no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias palabras". O las palabras de otro. Estos días relee las Soledades, de Góngora. Lo que no ha vuelto a escribir es crítica de arte, algo a lo que se dedicó durante años: "La crítica es un imposible. ¿Cómo se le cuenta a un ciego qué es el color azul?".
Gamoneda vuelve a la guerra
Una película y varios libros repasan la trayectoria del poeta y premio Cervantes
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Sevilla - El País, 07/03/2009
"He aprendido que los poemas se escriben en cualquier parte, en los trenes, en los aeropuertos, en los hoteles...". Lo dice Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) en un hotel, precisamente. En Sevilla. Ha pasado allí toda la semana, en un congreso titulado Factor humano en el que el premio Cervantes de 2006 dio una conferencia titulada El mundo del poeta. Todavía tardará en volver a León. El lunes estará en el Círculo de Bellas Artes de Madrid presentando Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia, una coproducción hispano-argentina impulsada por el cineasta rioplatense Tristan Bauer -que en 1994 realizó un documental ya clásico sobre Julio Cortázar- y dirigida por Enrique Corti y César Rendueles.
El escritor publica en primavera sus memorias de infancia
"La vida es un error lleno de cosas maravillosas. Pero un error", dice
El estreno del filme coincide además con la aparición de Extravío en la luz (Casariego), una edición de seis poemas inéditos con grabados de Juan Carlos Mestre, y con Iluminaciones. Antonio Gamoneda (RD Editores), un descarnado retrato del poeta y del León de la Guerra Civil firmado por el novelista Andrés Sorel.
La película se rodó en 2007 en los escenarios cotidianos de Gamoneda, sobre todo en su casa, pero también en los bosques por los que solía pasear antes de que un accidente -lo atropelló una furgoneta- le dejara "las tabas maltrechas". "Un día, en el rodaje, pasé dos horas con los pies en la nieve", recuerda el autor de Libro del frío, que considera que sale "demasiado" en su propio documental. "Otro fuimos a la casa en la que viví de niño, en el Crucero, el barrio obrero de León".
Esa casa es, además, fundamental en Un armario lleno de sombra, unas memorias de infancia "nada gloriosas" que Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publicará esta misma primavera. En un balcón del número 4 de la carretera de Zamora pasó Antonio Gamoneda sus primeros años en León: "No se me olvida el sabor del hierro oxidado. Al morir mi padre, mi madre aguantó poco en Asturias. Era asmática y los médicos le dijeron que se fuera. El clima la estaba matando. Yo tenía tres años cuando nos instalamos en la casa de mi madrina, mujer de un ferroviario".
Todavía hoy Gamoneda es capaz de calcularle a su interlocutor la mejor combinación para viajar en tren. "En aquella casa los trenes eran los reguladores del tiempo. 'Ya viene el correo de Galicia. Ahí pasa otro', decíamos. Me impresionaba cómo se perdían en la chopera, la desaparición". Con la Guerra Civil -"de la que tengo recuerdos más precisos que de cosas de hace 15 días"-, los trenes empezaron a llegar cargados de republicanos camino de la cárcel instalada en el hostal de San Marcos. Para evitar que los presos pasaran por la zona noble de la ciudad, detenían los trenes antes de llegar a la estación y los conducían bajo el balcón de Gamoneda.
"Aquel barrio", apunta, "fue de los que más represión sufrió. Se oían los gritos de las mujeres a las cuatro de la mañana. Frente a mi casa había una viuda loca que se paseaba desnuda y gritando por la noche".
La guerra se llevó por delante la pensión que la madre del poeta cobraba de La Voz de Asturias, donde su padre había ejercido a la vez de administrador y director. Consumidos los ahorros, llegaron a la casa dos máquinas para hacer punto "de incrustación" y vainica: "Pero en aquellos años ni León y España estaban para muchas vainicas. Lo pasamos mal".
Las memorias del poeta comienzan en 1936 y terminan, recuerda él mismo con precisión, en la madrugada del 1 de junio de 1945. El día antes había cumplido 14 años y entró a trabajar en el Banco Mercantil encendiendo la calefacción.
El título del libro y la idea de escribirlo surgieron el día en que, dos años después de la muerte de su madre, el poeta se decidió a abrir un armario que, en vida, sólo abría ella: "De pronto me vino el olor de mi madre viva. Era una situación desconcertante, como un sueño. Estaba lleno de ropa, objetos y papeles, cosas que se convirtieron para mí en símbolos". "Además", añade, "resulta que uno tiene más recuerdos de los que recuerda. Son como las cerezas. Te acuerdas de una cosa y ésa trae otro recuerdo consigo".
En mayo Antonio Gamoneda cumplirá 78 años. Y no para de viajar -Viena y Ginebra están entre sus próximas estaciones-. Tampoco ha parado de escribir. Para algo sirven los hoteles. Lo poemas incluidos en Extravío en la luz forman parte de la treintena que lleva escritos desde que, en 2004, reunió toda su poesía en el volumen Esta luz (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). El conjunto, que todavía no tiene fecha de publicación -"por primera vez en mi vida tengo el título antes que el libro"-, se llamará Canción errónea.
"La vida es un error lleno de cosas maravillosas -la amistad, el amor-, pero un error. Ir de la inexistencia a la inexistencia es un asunto raro, ¿no? Y esto a mí no me parece metafísica. Son hechos". Y continúa: "Al final te das cuenta de que la vida es un curso preparatorio para la muerte. Uno aprende a convivir con el miedo. Ya que atravesamos un error vamos a atravesarlo de la forma más consciente posible, aprovechando las cosas buenas y luchando contra la injusticia".
¿Quiere eso decir, la eterna pregunta, que la poesía puede cambiar el mundo? "No. La poesía intensifica la conciencia, pero no puede cambiar al mundo. Ésa ha sido una propuesta imaginaria. La poesía tiene que ser subversiva en su lenguaje, no en su contenido. En contenidos no puede competir con un periódico". En su opinión, hay muy pocos poetas capaces de realizar con altura "la síntesis entre el pensamiento poético y una ideología". Entre ellos, los autores "anónimos y múltiples" del primer cancionero, los letristas del jazz, César Vallejo y el turco Nazim Hikmet, a cuyos Poemas finales (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo) Gamoneda acaba de poner un prólogo en forma de poema.
"Entiendo más de vino que de poesía", dice. "Yo no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias palabras". O las palabras de otro. Estos días relee las Soledades, de Góngora. Lo que no ha vuelto a escribir es crítica de arte, algo a lo que se dedicó durante años: "La crítica es un imposible. ¿Cómo se le cuenta a un ciego qué es el color azul?".
viernes, 6 de marzo de 2009
Decadencia y caída de Abarca y Devora S. L.
La edición en español de Le Monde Diplomatique, develó el miércoles “la grave situación económica” que atraviesa Prisa, el mayor grupo de medios de comunicación de España, editor del diario El País.
La publicación inserta en su portada del mes de marzo un artículo del periodista Pascual Serrano (foto) titulado “El grupo Prisa se tambalea”, según el cual El País vio caer sus ingresos un 18,2 por ciento, al tiempo que su tirada disminuyó en cuatro mil ejemplares diarios.
Recuerda que en julio de 2008, el banco Citigroup recomendaba no comprar acciones del periódico español en la bolsa, luego de caer de 8,88 a 1,5 euros y asegura que Prisa tiene una deuda de cinco mil millones de euros.
Esa situación le ha llevado a un gasto financiero de 397 millones de euros en el cuarto trimestre del pasado año, indica el artículo de Le Monde Diplomatique.
Además de El País, el grupo de medios cuenta con la Cadena Ser de radio, las televisoras Digital Plus (cable) y Canal Cuatro (abierto) y las editoriales Santillana y Alfaguara.
El autor de la nota afirma que, para conseguir parte del dinero que adeuda, el grupo tuvo que vender sus sedes y mudarse a oficinas de alquiler, cerrar una red de 80 emisoras locales en España y vender sus inversiones en medios de comunicación en Bolivia. Agrega que, a pesar de todo eso, se vio forzado a pedir una prórroga a los bancos que le exigían un pago en marzo de 1.950 millones de euros y “no se descarta la posibilidad” de vender el canal de televisión de pago o la editorial Santillana.
El artículo destaca que la gravedad de la situación también tiene consecuencias laborales y que algunas medidas de la dirección de la empresa han sido rechazadas por los trabajadores de El País, que ya fueron a la huelga el pasado mes de diciembre.
Según Serrano, autor de varios libros sobre los medios de comunicación, "uno de los errores de Prisa podría haber sido buscar a toda costa un fuerte crecimiento que le garantizase ser un agente de poder político en España y América Latina, algo que sin duda logró, pero a costa de perder solidez empresarial".
La nota explica que Prisa ya no cuenta “con muchos de los favoritismos” que obtuvo en España en los años 1980, bajo el gobierno de Felipe González, en especial los derechos exclusivos de emisión de los partidos de fútbol y el casi monopolio de la televisión de pago.
La publicación inserta en su portada del mes de marzo un artículo del periodista Pascual Serrano (foto) titulado “El grupo Prisa se tambalea”, según el cual El País vio caer sus ingresos un 18,2 por ciento, al tiempo que su tirada disminuyó en cuatro mil ejemplares diarios.
Recuerda que en julio de 2008, el banco Citigroup recomendaba no comprar acciones del periódico español en la bolsa, luego de caer de 8,88 a 1,5 euros y asegura que Prisa tiene una deuda de cinco mil millones de euros.
Esa situación le ha llevado a un gasto financiero de 397 millones de euros en el cuarto trimestre del pasado año, indica el artículo de Le Monde Diplomatique.
Además de El País, el grupo de medios cuenta con la Cadena Ser de radio, las televisoras Digital Plus (cable) y Canal Cuatro (abierto) y las editoriales Santillana y Alfaguara.
El autor de la nota afirma que, para conseguir parte del dinero que adeuda, el grupo tuvo que vender sus sedes y mudarse a oficinas de alquiler, cerrar una red de 80 emisoras locales en España y vender sus inversiones en medios de comunicación en Bolivia. Agrega que, a pesar de todo eso, se vio forzado a pedir una prórroga a los bancos que le exigían un pago en marzo de 1.950 millones de euros y “no se descarta la posibilidad” de vender el canal de televisión de pago o la editorial Santillana.
El artículo destaca que la gravedad de la situación también tiene consecuencias laborales y que algunas medidas de la dirección de la empresa han sido rechazadas por los trabajadores de El País, que ya fueron a la huelga el pasado mes de diciembre.
Según Serrano, autor de varios libros sobre los medios de comunicación, "uno de los errores de Prisa podría haber sido buscar a toda costa un fuerte crecimiento que le garantizase ser un agente de poder político en España y América Latina, algo que sin duda logró, pero a costa de perder solidez empresarial".
La nota explica que Prisa ya no cuenta “con muchos de los favoritismos” que obtuvo en España en los años 1980, bajo el gobierno de Felipe González, en especial los derechos exclusivos de emisión de los partidos de fútbol y el casi monopolio de la televisión de pago.
Un viejo que muere en un hospital

Como siempre, los de abajo, los que padecen todo el peso de la sociedad, los que sufren más.
Santiago Auserón: 'El hospital fue la cámara de los horrores para mi padre'
Quico Alsedo Madrid El Mundo 06/03/2009 10:09 horas
Quiere contarlo porque "no puede ser que nuestra sanidad se convierta en una cámara de los horrores". Una "pesadilla" que Santiago Auserón, líder de Radio Futura, vivió en 2003, cuando su padre murió en el Gregorio Marañón al ser desatendido durante 15 horas. Tenía peritonitis. La sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia madrileño ha sentenciado ahora que fue negligencia, y ha condenado a la Comunidad a indemnizarles con 130.000 euros. Un dinero que a Auserón no le deja sino "un rastro de amargura"."Contar esto no es grato, pero es una obligación porque hemos experimentado en carne propia las dificultades de la sanidad pública y las situaciones demenciales que provoca la falta de medios. Es un deber denunciarlo cuando sucede", dice visiblemente emocionado Auserón, asistido en el proceso por la asociación Defensor del Paciente.El drama de los Auserón comienza cuando el padre, de 74 años, es operado en el Gregorio Marañón de una hiperplasia de próstata en mayo de 2003. "Era algo benigno y nos dijeron que se trataba de mejorar su calidad de vida, que no había peligro. La operación salió bien, aunque en urgencias, para sondarle, ya le provocaron dos infecciones".
Gregorio Auserón, "un mañico muy valiente que nunca había querido ir al médico", estuvo después una semana ingresado de postoperatorio.Coincidió con una huelga de internosY justo la última noche antes de recibir el alta, Santiago recibe una llamada: "Me dicen que tiene una crisis abdominal aguda y que no saben por qué. Cuando llegamos, nos cuenta que no le han hecho caso en toda la noche, que el dolor ha sido extremo y que nadie se ha preocupado por él". Había huelga de internos esos días en el Gregorio Marañón, para protestar por las condiciones de trabajo. "Al llegar, pedimos atención rápida para él. Bueno, pues pasaron horas y horas antes de que viniera nadie.
Hasta 15 horas, como ha considerado probado el juez. Luego se dieron cuenta de que tenía peritonitis, parte de su intestino se había necrosado y se rompió. Pudo haberse evitado si le atienden en las dos primeras horas. Tardaron 15".El resto fue "un encarnizamiento innecesario" que "montaron los médicos para justificar su error, aunque sabían que no iba a servir de nada", explica el músico, cuya familia ha sido defendida en el proceso por el despacho de Carlos y Álvaro Sardinero. "Le dieron una paliza de quirófano y una agonía salvaje, creo que le operaron otras tres veces más, porque el intestino se rompió otras tres veces, pero desde la primera noche, cuando no había personal para atenderle, sabían que moriría".
Auserón explica sencillamente el porqué de contar públicamente la agonía de su padre: "La atención medica sufre una falta alarmante de sostén institucional, y la saturación acaba quemando al personal.
Aunque también en esos momentos notas cierta falta de formación ética y de conciencia: al personal se le nota tan quemado, por lo que sea, que no le importa manifestar su desidia con gente que lo está pasando muy mal. Estaban con la huelga, y no se cortaban de comentar entre ellos, para que tú les oyeras: 'Ese sí que está jodido'.
Todos tenemos que morir, pero desde luego no así".Gregorio, el patriarca Auserón, "mantuvo la lucidez casi hasta el último momento, hasta que le subieron la morfina. Él debía de sentir que no había nada que hacer, y se quitaba las ligaduras. Tenía las manos moradas, no pudo ni siquiera expresar su última voluntad... Fue puro encarnizamiento, un horror".
Termina Santiago Auserón: "Este tratamiento deshumanizado se convierte en una cámara de los horrores, tener un sistema sanitario que desemboque en una muerte así de inhumana no tiene sentido, expresa una de las fallas más graves de nuestra sociedad".
Santiago Auserón: 'El hospital fue la cámara de los horrores para mi padre'
Quico Alsedo Madrid El Mundo 06/03/2009 10:09 horas
Quiere contarlo porque "no puede ser que nuestra sanidad se convierta en una cámara de los horrores". Una "pesadilla" que Santiago Auserón, líder de Radio Futura, vivió en 2003, cuando su padre murió en el Gregorio Marañón al ser desatendido durante 15 horas. Tenía peritonitis. La sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia madrileño ha sentenciado ahora que fue negligencia, y ha condenado a la Comunidad a indemnizarles con 130.000 euros. Un dinero que a Auserón no le deja sino "un rastro de amargura"."Contar esto no es grato, pero es una obligación porque hemos experimentado en carne propia las dificultades de la sanidad pública y las situaciones demenciales que provoca la falta de medios. Es un deber denunciarlo cuando sucede", dice visiblemente emocionado Auserón, asistido en el proceso por la asociación Defensor del Paciente.El drama de los Auserón comienza cuando el padre, de 74 años, es operado en el Gregorio Marañón de una hiperplasia de próstata en mayo de 2003. "Era algo benigno y nos dijeron que se trataba de mejorar su calidad de vida, que no había peligro. La operación salió bien, aunque en urgencias, para sondarle, ya le provocaron dos infecciones".
Gregorio Auserón, "un mañico muy valiente que nunca había querido ir al médico", estuvo después una semana ingresado de postoperatorio.Coincidió con una huelga de internosY justo la última noche antes de recibir el alta, Santiago recibe una llamada: "Me dicen que tiene una crisis abdominal aguda y que no saben por qué. Cuando llegamos, nos cuenta que no le han hecho caso en toda la noche, que el dolor ha sido extremo y que nadie se ha preocupado por él". Había huelga de internos esos días en el Gregorio Marañón, para protestar por las condiciones de trabajo. "Al llegar, pedimos atención rápida para él. Bueno, pues pasaron horas y horas antes de que viniera nadie.
Hasta 15 horas, como ha considerado probado el juez. Luego se dieron cuenta de que tenía peritonitis, parte de su intestino se había necrosado y se rompió. Pudo haberse evitado si le atienden en las dos primeras horas. Tardaron 15".El resto fue "un encarnizamiento innecesario" que "montaron los médicos para justificar su error, aunque sabían que no iba a servir de nada", explica el músico, cuya familia ha sido defendida en el proceso por el despacho de Carlos y Álvaro Sardinero. "Le dieron una paliza de quirófano y una agonía salvaje, creo que le operaron otras tres veces más, porque el intestino se rompió otras tres veces, pero desde la primera noche, cuando no había personal para atenderle, sabían que moriría".
Auserón explica sencillamente el porqué de contar públicamente la agonía de su padre: "La atención medica sufre una falta alarmante de sostén institucional, y la saturación acaba quemando al personal.
Aunque también en esos momentos notas cierta falta de formación ética y de conciencia: al personal se le nota tan quemado, por lo que sea, que no le importa manifestar su desidia con gente que lo está pasando muy mal. Estaban con la huelga, y no se cortaban de comentar entre ellos, para que tú les oyeras: 'Ese sí que está jodido'.
Todos tenemos que morir, pero desde luego no así".Gregorio, el patriarca Auserón, "mantuvo la lucidez casi hasta el último momento, hasta que le subieron la morfina. Él debía de sentir que no había nada que hacer, y se quitaba las ligaduras. Tenía las manos moradas, no pudo ni siquiera expresar su última voluntad... Fue puro encarnizamiento, un horror".
Termina Santiago Auserón: "Este tratamiento deshumanizado se convierte en una cámara de los horrores, tener un sistema sanitario que desemboque en una muerte así de inhumana no tiene sentido, expresa una de las fallas más graves de nuestra sociedad".
Informe del CES: la educación española es mala. Se han quedado calvos.
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(El informe completo se puede consultar aquí.)
El CES exige más dinero para que la educación sea cuestión de Estado
Los "problemas no resueltos" en enseñanza "lastran" las posibilidades de desarrollo
J. A. AUNIÓN - Madrid - El País, 05/03/2009
Los sindicatos y empresarios del Consejo Económico y Social (CES, órgano consultivo del Gobierno) han dado en un informe presentado ayer un diagnóstico común sobre la educación en España: "Los problemas no resueltos" y los "desajustes" entre el sistema educativo y el mercado de trabajo "lastran las posibilidades de desarrollo económico y social". Y también han acordado una serie de recomendaciones, como el aumento del gasto educativo, del 4,2% del producto interior bruto, más de un punto por debajo de la media de los países desarrollados, o la mejora de la coordinación entre el Gobierno y las comunidades para, con el máximo consenso, "garantizar una mayor vertebración del sistema educativo".
En cuanto al diagnóstico de situación, quizá el informe Sistema educativo y capital humano aporte poco a estudios anteriores: un insostenible índice de alumnos (más del 30%) que dejan de estudiar después de la ESO, muchos sin el título más elemental, malos resultados en lectura en el Informe PISA, el desprestigio de la FP, la escasa formación continua de los trabajadores o la sobrecualificación de titulados superiores. Pero la parte de conclusiones y recomendaciones da sin duda más fuerza a la necesidad de hacer de la educación una "cuestión de Estado". "Hasta que no esté fuera de la lucha partidista", no se resolverán los problemas, dijo el presidente del CES, Marcos Peña, señalando después las constantes reformas y contrarreformas legislativas.
Aún reconociendo los avances que la educación española ha hecho en las últimas décadas, el informe señala "importantes problemas de calidad", y propone una amplia y variada batería de actuaciones para atajarlos. Por ejemplo, la detección temprana de los problemas de los alumnos, la mejora de la orientación en los institutos y de las pasarelas entre los distintos ámbitos de formación (FP, universidad, formación continua) o la mejora de la Universidad (el CES se muestra de acuerdo, en líneas generales, con el Plan Bolonia). Además, se pone en duda el actual sistema de oposiciones que hay que pasar para convertirse en docente de la escuela pública, en la que básicamente se premia a los que tienen más memoria: piden "procesos de selección más adecuados y exigentes, que permitan acceder a los mejor capacitados".
Las crisis suelen hacer que las miradas se vuelvan a la educación, sobre todo en un país que necesita mejorarla para cambiar su modelo de crecimiento, hasta ahora sostenido sobre muchos empleos de baja cualificación. Y es posible que los jóvenes, al no encontrar trabajo poco cualificado en tiempos de crisis, decidan seguir formándose, dijo el presidente de la Comisión de Educación del CES, Fabián Márquez. Pero Peña advirtió: "Eso puede mejorar las estadísticas de abandono escolar, pero no mejorará por sí solo la calidad".
El CES exige más dinero para que la educación sea cuestión de Estado
Los "problemas no resueltos" en enseñanza "lastran" las posibilidades de desarrollo
J. A. AUNIÓN - Madrid - El País, 05/03/2009
Los sindicatos y empresarios del Consejo Económico y Social (CES, órgano consultivo del Gobierno) han dado en un informe presentado ayer un diagnóstico común sobre la educación en España: "Los problemas no resueltos" y los "desajustes" entre el sistema educativo y el mercado de trabajo "lastran las posibilidades de desarrollo económico y social". Y también han acordado una serie de recomendaciones, como el aumento del gasto educativo, del 4,2% del producto interior bruto, más de un punto por debajo de la media de los países desarrollados, o la mejora de la coordinación entre el Gobierno y las comunidades para, con el máximo consenso, "garantizar una mayor vertebración del sistema educativo".
En cuanto al diagnóstico de situación, quizá el informe Sistema educativo y capital humano aporte poco a estudios anteriores: un insostenible índice de alumnos (más del 30%) que dejan de estudiar después de la ESO, muchos sin el título más elemental, malos resultados en lectura en el Informe PISA, el desprestigio de la FP, la escasa formación continua de los trabajadores o la sobrecualificación de titulados superiores. Pero la parte de conclusiones y recomendaciones da sin duda más fuerza a la necesidad de hacer de la educación una "cuestión de Estado". "Hasta que no esté fuera de la lucha partidista", no se resolverán los problemas, dijo el presidente del CES, Marcos Peña, señalando después las constantes reformas y contrarreformas legislativas.
Aún reconociendo los avances que la educación española ha hecho en las últimas décadas, el informe señala "importantes problemas de calidad", y propone una amplia y variada batería de actuaciones para atajarlos. Por ejemplo, la detección temprana de los problemas de los alumnos, la mejora de la orientación en los institutos y de las pasarelas entre los distintos ámbitos de formación (FP, universidad, formación continua) o la mejora de la Universidad (el CES se muestra de acuerdo, en líneas generales, con el Plan Bolonia). Además, se pone en duda el actual sistema de oposiciones que hay que pasar para convertirse en docente de la escuela pública, en la que básicamente se premia a los que tienen más memoria: piden "procesos de selección más adecuados y exigentes, que permitan acceder a los mejor capacitados".
Las crisis suelen hacer que las miradas se vuelvan a la educación, sobre todo en un país que necesita mejorarla para cambiar su modelo de crecimiento, hasta ahora sostenido sobre muchos empleos de baja cualificación. Y es posible que los jóvenes, al no encontrar trabajo poco cualificado en tiempos de crisis, decidan seguir formándose, dijo el presidente de la Comisión de Educación del CES, Fabián Márquez. Pero Peña advirtió: "Eso puede mejorar las estadísticas de abandono escolar, pero no mejorará por sí solo la calidad".
jueves, 5 de marzo de 2009
Rutinas
Uno apenas prestaba atención a su camino diario, como hacía el protagonista de Atrapado en el tiempo antes de redimirse o como el protagonista de Smoke antes de mirar el álbum del estanquero. Solía haber un mendigo pidiendo de modo servil con la cabeza gacha y tono monocorde y monótono. Últimamente ha desaparecido. ¿Por qué será? ¿Tan mal están las cosas que la gente ya ni siquiera da limosna?
VPO, Viviendas de Protección Oficial
El 50 % de las ofrecidas en Ciudad Real son rechazadas por aquellos que las pidieron. ¿Qué alegan? Que no pueden pagarlas, sencillamente. ¿A esto le llaman protección oficial?
El hombre para Sófocles

Sófocles, en Antígona, otro pasaje antológico:
De cuantas maravillas pueblan el mundo, la mayor es el hombre.
Él, en alas del Noto, entre la bruma cruza la blanca mar
sin que le asombre la hinchada ola de rugiente espuma.
Y ha domeñado a la tierra también, la incansable e inmortal anciana diosa,
con sus ágiles mulas, yunta airosa que año tras año le hincan el arado.
Él a las aves, cabecitas hueras,
a los monstruos del ponto y a las fieras,
ingenioso y sagaz las redes tiende,
y nada de sus mallas se defiende.
Para rendir al animal que ronda libre los campos con primor se amaña,
y bajo el yugo domador sujeta al resistente toro en la montaña,
o al potro hirsuto de cerviz inquieta.
El lenguaje adquirió y el pensamiento,
que corre más que el viento
y el temple vario en que el vivir estriba del hombre en la ciudad.
Su avance no detiene azar alguno,y no hay dolencia que le salga al paso,
que a soslayar no acierte.
De un solo mal no escapa: de la muerte.
El alegato feminista de la Medea de Eurípides
Es el primer alegato feminista de la historia, y lo escribió Eurípides:
De todo cuanto crece y sangra sobre la tierra, la planta más maltratada es la mujer. Tenemos que entregar nuestra reserva de oro, la dote reunida, para ese día en que se compra el amor de un hombre. Desde entonces, la mujer tiene un dueño absoluto de su carne. Y viene la mordedura de la vergüenza. Después, el peligro: ¿quién dominará, para bien o para mal?
Jamás se le dice claramente cómo ha de guiar mejor hacia la paz al ser que duerme a su lado. Y la que tras largos trabajos encontrase el medio de que su señor la soportase y de no herirse demasiado cruelmente con el yugo, ¡qué feliz es el suspiro que exhala esta mujer! Si no, que pida la muerte.
Su amo, si está cansado de verla, la abandona. Algún lazo más favorecido alegrará su corazón; pero ella, ella se queda con toda su visión pendiente de un alma única.
¡Y dicen que son los hombres los que afrontan la guerra, mientras nosotras estamos tranquilas, al abrigo de todo peligro! ¡Irrisión y mentira! Yo preferiría tres veces hacer frente a sus batallas, rodela en mano, que parir un solo hijo!
De todo cuanto crece y sangra sobre la tierra, la planta más maltratada es la mujer. Tenemos que entregar nuestra reserva de oro, la dote reunida, para ese día en que se compra el amor de un hombre. Desde entonces, la mujer tiene un dueño absoluto de su carne. Y viene la mordedura de la vergüenza. Después, el peligro: ¿quién dominará, para bien o para mal?
Jamás se le dice claramente cómo ha de guiar mejor hacia la paz al ser que duerme a su lado. Y la que tras largos trabajos encontrase el medio de que su señor la soportase y de no herirse demasiado cruelmente con el yugo, ¡qué feliz es el suspiro que exhala esta mujer! Si no, que pida la muerte.
Su amo, si está cansado de verla, la abandona. Algún lazo más favorecido alegrará su corazón; pero ella, ella se queda con toda su visión pendiente de un alma única.
¡Y dicen que son los hombres los que afrontan la guerra, mientras nosotras estamos tranquilas, al abrigo de todo peligro! ¡Irrisión y mentira! Yo preferiría tres veces hacer frente a sus batallas, rodela en mano, que parir un solo hijo!
miércoles, 4 de marzo de 2009
Kleist y el primer Sitio de Zaragoza
A ti te haría llegar hasta el cielo una canción, ardiente como la sangre,
sublime incluso si hubieras hecho algo más pequeño.
Mas lo que el Ebro ha visto no lo puede cantar lira alguna
y en el templo, silenciosa, la colgaré de nuevo.
Oda a Palafox, Heinrich von Kleist, marzo de 1809
sublime incluso si hubieras hecho algo más pequeño.
Mas lo que el Ebro ha visto no lo puede cantar lira alguna
y en el templo, silenciosa, la colgaré de nuevo.
Oda a Palafox, Heinrich von Kleist, marzo de 1809
Un amante ciudarrealeño de Jacinto Benavente
Esta persona era de familia de periodistas y chauffeur de don Jacinto; llegó a Madrid en 1909 y al parecer le hizo tilín al dramaturgo, hasta el punto de transformarse en su secretario, administrador y amante; pero resulta que don Jacinto fue a hacer un viaje por Europa y no se lo llevó, y el amante, despechado, urdió un robo en su casa con otros compinches en que desapareció parte del dinero que el Nobel le había confiado, y este no le volvió a dirigir la palabra, porque desde el primer momento no se creyó la superchería. Las joyas fueron recuperadas en 1931 en la frontera de Portugal y hubo proceso legal, que consta, en 1934. Uno de mis corresponsales posee algunas cartas de Benavente a su amante que pueden tener algún interés social y literario al respecto. Este verano se acercará por aquí y lo veremos.
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Inger Enkvist y la voluntad
He leído un denso artículo de la hispanista sueca Inger Enkvist sobre El Quijote y las interpretaciones de Savater y Marina y, como siempre, da en el clavo. Pero lo que me interesa es sobre todo su abordamiento del problema de la desaparición de la voluntad en nuestros días a través de estos dos autores, lo que repercute en la enseñanza y su reforma, algo que también obsesiona a la autora. Resumo y extracto aquí su texto.
En La tarea del héroe, Fernando Savater analiza cómo la ética explica al hombre como ser activo. Para Savater, el hombre es lo que hace y se hace en su actividad y la verdadera pregunta de la ética no es ”lo que debo hacer” sino ”lo que quiero hacer”, algo que para él expresa la diferencia entre la religión y la ética, ya que el hombre religioso intenta seguir una norma que viene de fuera, intenta hacer lo que debe hacer. Si ahora se culpabiliza la voluntad del hombre, es decir la expresión del hombre de lo que quiere ser, se quita al ser humano lo esencial de lo que es, su poder de expresar su ser a través de sus acciones. Si se ataca a la voluntad, queda poco del ser humano. Marina, por el contrario, ha comentado la desaparición de la voluntad desde un punto de vista psicológico, aunque su enfoque es similar al de Savater. Constata que se ha convertido en un dogma que la voluntad es igual a la voluntad de poder y que lo no espontáneo es falso, calculador e hipócrita. La influencia de la moral de la autenticidad, relacionada con Sartre, ha ganado muchos adeptos, pero una libertad sin voluntad es una voluntad a la deriva, subraya Marina. El mundo del ser ”espontáneo” es similar al de los inadaptados sociales en general. Para ellos, el futuro no existe y por eso sus acciones parecen no tener consecuencias. No se ponen metas, no hacen planes, son incapaces de aprender de sus propios errores porque viven en el aquí y ahora en búsqueda de sensaciones agradables inmediatas.
Tanto Savater como Marina señalan la desaparición de la voluntad. No está bien visto querer lograr una meta sino que esto se considera un acto calculador, malvado, un acto desleal, una manera de querer ganar a otros que tienen tanto derecho a triunfar como tú. Sólo en el deporte se considera normal tener un entrenador, medir el rendimiento, fijarse metas difíciles pero no imposibles para encontrar la concentración psíquica necesaria para mejorar. Como dice Marina, la técnica psicológica de proponerse metas escalonadas, lograrlas y proponerse otras es una de las técnicas psicológicas más comprobadas. Quizá influye un resentimiento ”democrático”: ”No quiero hacer ningún esfuerzo pero tampoco quiero que otros sean mejores que yo. Para no sentirme inferior yo, prefiero que nadie siga adelante.”
Ésta podría ser una explicación por lo que Savater llama "el eclipse de los valores paternos". Nadie quiere asumir el papel del padre, tomar decisiones, establecer límites, decir que no, es decir que ayudar a formar el superego de su hijo
En La tarea del héroe, Fernando Savater analiza cómo la ética explica al hombre como ser activo. Para Savater, el hombre es lo que hace y se hace en su actividad y la verdadera pregunta de la ética no es ”lo que debo hacer” sino ”lo que quiero hacer”, algo que para él expresa la diferencia entre la religión y la ética, ya que el hombre religioso intenta seguir una norma que viene de fuera, intenta hacer lo que debe hacer. Si ahora se culpabiliza la voluntad del hombre, es decir la expresión del hombre de lo que quiere ser, se quita al ser humano lo esencial de lo que es, su poder de expresar su ser a través de sus acciones. Si se ataca a la voluntad, queda poco del ser humano. Marina, por el contrario, ha comentado la desaparición de la voluntad desde un punto de vista psicológico, aunque su enfoque es similar al de Savater. Constata que se ha convertido en un dogma que la voluntad es igual a la voluntad de poder y que lo no espontáneo es falso, calculador e hipócrita. La influencia de la moral de la autenticidad, relacionada con Sartre, ha ganado muchos adeptos, pero una libertad sin voluntad es una voluntad a la deriva, subraya Marina. El mundo del ser ”espontáneo” es similar al de los inadaptados sociales en general. Para ellos, el futuro no existe y por eso sus acciones parecen no tener consecuencias. No se ponen metas, no hacen planes, son incapaces de aprender de sus propios errores porque viven en el aquí y ahora en búsqueda de sensaciones agradables inmediatas.
Tanto Savater como Marina señalan la desaparición de la voluntad. No está bien visto querer lograr una meta sino que esto se considera un acto calculador, malvado, un acto desleal, una manera de querer ganar a otros que tienen tanto derecho a triunfar como tú. Sólo en el deporte se considera normal tener un entrenador, medir el rendimiento, fijarse metas difíciles pero no imposibles para encontrar la concentración psíquica necesaria para mejorar. Como dice Marina, la técnica psicológica de proponerse metas escalonadas, lograrlas y proponerse otras es una de las técnicas psicológicas más comprobadas. Quizá influye un resentimiento ”democrático”: ”No quiero hacer ningún esfuerzo pero tampoco quiero que otros sean mejores que yo. Para no sentirme inferior yo, prefiero que nadie siga adelante.”
Ésta podría ser una explicación por lo que Savater llama "el eclipse de los valores paternos". Nadie quiere asumir el papel del padre, tomar decisiones, establecer límites, decir que no, es decir que ayudar a formar el superego de su hijo
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Educadores asociales
Educadores asociales
Al poco de asumir la presidencia Obama, leí más de un artículo comentando que vuelve a haber en Estados Unidos escuelas sólo para negros porque allí reciben una atención más especializada y obtienen mejores resultados. También en España hay partidarios de una educación separada por sexos, no para discriminar a las féminas, todo lo contrario: porque las chicas son más listas y educándose solas obtienen mejores resultados. Y no faltan padres que reivindican su derecho a no enviar a sus hijos a la escuela y educarlos ellos mismos en casa, una práctica que aseguran hace furor en los países más avanzados... y naturalmente también permite obtener mejores resultados. Porque no me negarán ustedes que son los resultados los que cuentan...
Lo que algunos decididamente negamos es que los padres posean el monopolio de formar moralmente a sus vástagos
Pero resultados ¿de qué tipo? ¿Sacar mejores notas? ¿Más adecuada y fructuosa preparación laboral? En cualquier caso, por supuesto, nada que tenga que ver con la función social de la educación, que es el nuevo anatema. Lo que más conviene al educando, según estos educadores asociales, es aquello que individualmente mejor le prepare para la competición laboral, aunque sea a costa de las dimensiones cívicas -o sea, sociales- de su formación.
Porque nadie puede dudar que, si de educación para la convivencia se trata, a los que van a vivir juntos hay que educarlos juntos: sea cual fuere su etnia, su sexo o la religión familiar. No para que se lleven obligatoriamente bien, sino para que conozcan cuanto antes los motivos por los que podrían incurrir luego en la tentación nociva de llevarse mal. La única razón para separar ocasionalmente a unos alumnos de otros son las cuestiones estrictamente académicas: necesidad de clases de refuerzo, agrupación por materias o lenguas optativas, etcétera. Por lo demás, si de buenos resultados se trata, no está de más señalar alguno realmente histórico: si hoy el afroamericano Obama ha podido llegar a presidente de USA es gracias a que cuarenta años antes Johnson acabó con la segregación en la escuela: le han votado quienes están acostumbrados a sentarse junto a negros desde su infancia y les juzgan con toda naturalidad por sus méritos y no por el color de su piel.
En España, el más habitual caballo de batalla de la educación asocial es ahora la insistencia en el derecho de los padres a educar a sus hijos, que casualmente nadie pone en duda. En cambio, lo que algunos no sólo discutimos, sino que decididamente negamos, es que posean el monopolio de formar moralmente a sus vástagos. Que los padres les transmitan los valores que prefieran: pero que no nieguen a la escuela pública el derecho a enseñarles que también hay otras opiniones y otros criterios no menos respetables. Cuando hay padres que venden a la televisión las proezas sexuales de sus hijos de trece años o los noviazgos de sus hijas de catorce con acusados de asesinato, no parece mucho pedir. Hemos tenido un ejemplo fehaciente con las estentóreas declaraciones del padre de la infortunada Marta del Castillo, recibido en audiencia por el presidente Zapatero en un acceso demagógico literalmente patético. ¿Acaso quisiéramos que la interpretación de la justicia que reciben los jóvenes dependiese de una perspectiva tan lógicamente sesgada por el deseo de venganza y quizá por una secreta sospecha de irresponsabilidad? En tal caso, como alguien ha señalado, lo mejor sería que las penas a esos delincuentes se establecieran sacando la media entre lo que desean los padres de la víctima, que piden el descuartizamiento del culpable, y los del asesino, que le proclaman buen chico y piden su absolución...
Los padres que de verdad se preocupan por la educación en valores de sus hijos no les enseñan a pensar como ellos, sino a pensar por sí mismos. Y nadie es capaz de tal cosa si no conoce, además de las opiniones que ha mamado, las que han recibido no menos cordialmente otros y las razones de todas. Luego intentará elegir bien, como hemos hecho los demás con mil errores. Por lo demás, ¿educación para la ciudadanía? Hombre, en un país en que los medios de información clericales consideran el laicismo un desvarío de extrema izquierda y el establo "progre" llama fascista a reivindicar el derecho a ser educado en la lengua común... ustedes me dirán.
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No leer
De Sergio Parra, en Papel en blanco:
Es un hecho, hay gente que no ha leído un libro en su vida. O gente que lee uno o dos libros al año. Incluso gente que sólo lee los libros que están en el top ten de mercantilismo más zafio.
No voy a ser yo el que afirme tajante y con solemne gravedad que el que no lee es tonto del haba. Sobre todo porque incluso los que consideran que no leen también lo hacen continuamente. No leen libros, pero leen otras cosas, por ejemplo leen páginas web. O leen revistas. Leer un libro, hoy en día, tampoco es garantía de leer algo con más peso que un spot de Bacardi. Así que, insisto, no voy a ser yo el que sostenga la idea unidimensional de que si no lees libros eres un ignorante.
Pero sí que es cierto que no leer ciertos libros te hace ser más refractario a determinados pensamientos, sobre todo a pensamientos complejos y profundos. (Como te vuelve refractario no mantener diálogos interesantes con los demás o visionar documentales del National Geographic). El problema es determinar qué libros son ésos. No voy a pisar tampoco ese césped. Al menos no del todo.
Pero pensando sobre cómo iba a enfocar este artículo, me ha venido a la cabeza una lectura de juventud. Debía de ser un poco rarito y disfuncional, porque de camino a la facultad, en mis largos viajes en metro, me dio por leer a Ortega y Gasset durante mucho tiempo. En vez de leer al equivalente a Crepúsculo de la época, leí al pelmazo de Ortega y Gasset. ¿No es espantoso?
Uno puede llegar a pensamientos pluscuamperfectos por muchas vías. Pero hoy en día, incluso sumidos en la tecnología 2.0, con acceso total a océanos de información, en pocos lugares que no sean un libro se pueden hallar argumentos y explicaciones lo suficientemente armados y ponderados para ir más allá de la mera reflexión de bar (como es el caso de este escuálido artículo, claro).
Sólo quien ha leído un ensayo de más de 500 páginas sobre un tema aparentemente claro y exprimido por las conversaciones vacuas del día a día es capaz de imaginar cuán complejo es en realidad el mundo. Sólo quien lo haya hecho se da cuenta de que muchas veces es estéril tratar de dialogar con alguien, sobre todo si el otro no ha tenido los redaños de bucear a pulmón libre en un libro de tamaña consistencia.
Pues a lo que iba, todo esto me ha recordado a Ortega y Gasset y al que seguramente haya sido su libro más celebrado, y también uno de los libros que más me impactó intelectualmente en mis años mozos. Hablo de La rebelión de las masas.
En La rebelión de las masas, Ortega y Gasset (no son dos personas, como algún iluminado del papel cuché dijo una vez) venía a decir que, aunque sus opiniones vertidas en sus libros y conferencias pudieran ser erróneas, siempre quedaba el hecho de que muchos de los lectores que discrepaban con él parecía que no hubieran pensando ni cinco minutos sobre tan compleja materia.
Esto se puede trasladar perfectamente al mundo de los blogs. Uno alucina pepinillos con muchos de los comentarios que la gente deja en los blogs. Existe la libertad de expresión y hasta de crítica, pero menos mal que también existe (aunque en menor medida) la libertad de ciscarme en el analfabetismo que corre a sus anchas amparado en esa libertad de expresión.
No está en mi ánimo compararme con Ortega y Gasset: sólo soy un diletante sin oficio ni beneficio que le da a la tecla de vez en cuando por motivos que no vienen al caso (aunque os aseguro que no son nada loables). Pero intento, en la medida de lo posible, reflexionar lo que expongo, aunque muchas veces ande más perdido que un turista japonés en cualquier evento social fuera de las fronteras niponas. Y también intento leer hasta quemarme las cejas sobre toda clase de temas para, al menos, no insultar la inteligencia media del que invierte su tiempo leyéndome.
De estas medidas mínimas de respeto y consideración por los demás parece que estén exentos los comentaristas que saltan sobre la tecla en cuanto creen haber leído la más mínima discrepancia con su pensamiento rectilíneo, inamovible y ramplón. (Afortunadamente, la mayoría de los comentaristas de este blog sois más que solventes y patricios, así que nadie se me enfade ni miente a mis muertos, por favor).
Pero siguiendo con Ortega, que es más docto que yo: decía que el hombre que se cree con derecho a tener una opinión sobre el asunto que sea sin previo esfuerzo para forjársela, manifiesta una falta de respeto a los demás. En tiempos en los que la gente repite como loros tropicales que debes respetar su opinión (como dejar que uno diga lo que quiera fuera equivalente a callarse que lo que dice el otro es una soplapollez) y que no les faltes al respeto porque ellos no te lo faltan a ti y que, bla, bla, yupi, yupi, a la bim bom ba, qué subidón, tío, pues las palabras de Ortega y Gasset son más que pertinentes. De modo que sigamos.
Decía que la gente normal se encuentra con un repertorio de ideas dentro de sí. Decide contentarse con ellas y considerarse intelectualmente completa. Al no echar de menos nada fuera de sí, se instala definitivamente en aquel repertorio. El hombre-masa se siente perfecto. El hombre mediocre de nuestros días no duda de su propia plenitud. Por eso no lee. Porque no le gusta y porque no cree que nada más necesite para sí.
Dejemos hablar a Ortega:
Nos encontramos, pues, con la misma diferencia que
eternamente existe entre el tonto y el perspicaz. Éste se sorprende a sí mismo
siempre a dos dedos de ser tonto; por ello hace un esfuerzo para escapar a la
intermitente tontería, y en ese esfuerzo consiste la inteligencia. El tonto, en
cambio, no se sospecha a sí mismo: se parece discretísimo, y de ahí la
envidiable tranquilidad con que el necio se asienta e instala en su propia
torpeza. Como esos insectos que no hay manera de extraer fuera del orificio en
que habitan, no hay modo de desalojar al tonto de su tontería, llevarle de paseo
un rato más allá de su ceguera y obligarle a que contraste su torpe visión con
otros modos de ver más sutiles. El tonto es vitalicio y sin poros. Por eso decía
Anatole France que un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el
malvado descansa algunas veces; el necio, jamás.
Ortega y Gasset no opina (y yo lo suscribo) que actualmente la gente sea más tonta que antes. La gente posee más cultura, a pesar de los agoreros de cultura esquemática y rancia que desdeñan los nuevos caminos de la cultura y el arte. También la gente lee más que nunca (aunque no sean precisamente libros).
Pero el problema estriba en que esta dosis extra de cultura que en promedio ahora posee la gente normal le provoca una sensación de sabiduría que les facilita en cerrarse para siempre en sus tópicos, prejuicios, cabos de ideas o simplemente vocablos hueros que el azar ha amontonado en su interior.
Que ahora seamos más cultos y leídos que nunca, paradójicamente, no provoca que atisbemos lo realmente complejo que es todo y lo poco que sabemos en comparación. Provoca que creamos que en realidad no hace falta saber mucho más y que todo lo demás es sólo aburrimiento, pedantería e impostura. Esto ocurre, precisamente, porque la gente no lee libros de más de 500 páginas, exceptuando los que traten de magos con una cicatriz en forma de rayo en la frente o de vampiros pitopáusicos.
Así que os invito a leer. Podéis leer La rebelión de las masas. O cualquier libro de Steven Pinker o Daniel Dennett. O atreveros con algún clásico, aunque den mucho miedo. Con Flaubert o Voltaire, por ejemplo. Os invito a leer con atención, entre líneas, en el subtexto, una y otra vez, hasta que notéis que dudáis de todo, incluso de que no vale la pena ni dudar ni aprender ni saber. Que améis el saber y que lo odiéis. Que lo paséis bien leyendo pero también sufráis haciéndolo. Os invito a leer porque sólo en algunas letras se pueden encontrar cosas que no existen en ningún otro medio: ni en documentales de la tele, ni en polémicas de bar, ni en debates de la radio, ni en Tengo una pregunta para usted de los sucesivos presidentes mentecatos del Gobierno que nos caen gracias a esa tómbola que es la democracia de los tontos.
Sobre la gente que no lee, ¿qué decir? Que me dais pena y os envidio, a la vez.
Es un hecho, hay gente que no ha leído un libro en su vida. O gente que lee uno o dos libros al año. Incluso gente que sólo lee los libros que están en el top ten de mercantilismo más zafio.
No voy a ser yo el que afirme tajante y con solemne gravedad que el que no lee es tonto del haba. Sobre todo porque incluso los que consideran que no leen también lo hacen continuamente. No leen libros, pero leen otras cosas, por ejemplo leen páginas web. O leen revistas. Leer un libro, hoy en día, tampoco es garantía de leer algo con más peso que un spot de Bacardi. Así que, insisto, no voy a ser yo el que sostenga la idea unidimensional de que si no lees libros eres un ignorante.
Pero sí que es cierto que no leer ciertos libros te hace ser más refractario a determinados pensamientos, sobre todo a pensamientos complejos y profundos. (Como te vuelve refractario no mantener diálogos interesantes con los demás o visionar documentales del National Geographic). El problema es determinar qué libros son ésos. No voy a pisar tampoco ese césped. Al menos no del todo.
Pero pensando sobre cómo iba a enfocar este artículo, me ha venido a la cabeza una lectura de juventud. Debía de ser un poco rarito y disfuncional, porque de camino a la facultad, en mis largos viajes en metro, me dio por leer a Ortega y Gasset durante mucho tiempo. En vez de leer al equivalente a Crepúsculo de la época, leí al pelmazo de Ortega y Gasset. ¿No es espantoso?
Uno puede llegar a pensamientos pluscuamperfectos por muchas vías. Pero hoy en día, incluso sumidos en la tecnología 2.0, con acceso total a océanos de información, en pocos lugares que no sean un libro se pueden hallar argumentos y explicaciones lo suficientemente armados y ponderados para ir más allá de la mera reflexión de bar (como es el caso de este escuálido artículo, claro).
Sólo quien ha leído un ensayo de más de 500 páginas sobre un tema aparentemente claro y exprimido por las conversaciones vacuas del día a día es capaz de imaginar cuán complejo es en realidad el mundo. Sólo quien lo haya hecho se da cuenta de que muchas veces es estéril tratar de dialogar con alguien, sobre todo si el otro no ha tenido los redaños de bucear a pulmón libre en un libro de tamaña consistencia.
Pues a lo que iba, todo esto me ha recordado a Ortega y Gasset y al que seguramente haya sido su libro más celebrado, y también uno de los libros que más me impactó intelectualmente en mis años mozos. Hablo de La rebelión de las masas.
En La rebelión de las masas, Ortega y Gasset (no son dos personas, como algún iluminado del papel cuché dijo una vez) venía a decir que, aunque sus opiniones vertidas en sus libros y conferencias pudieran ser erróneas, siempre quedaba el hecho de que muchos de los lectores que discrepaban con él parecía que no hubieran pensando ni cinco minutos sobre tan compleja materia.
Esto se puede trasladar perfectamente al mundo de los blogs. Uno alucina pepinillos con muchos de los comentarios que la gente deja en los blogs. Existe la libertad de expresión y hasta de crítica, pero menos mal que también existe (aunque en menor medida) la libertad de ciscarme en el analfabetismo que corre a sus anchas amparado en esa libertad de expresión.
No está en mi ánimo compararme con Ortega y Gasset: sólo soy un diletante sin oficio ni beneficio que le da a la tecla de vez en cuando por motivos que no vienen al caso (aunque os aseguro que no son nada loables). Pero intento, en la medida de lo posible, reflexionar lo que expongo, aunque muchas veces ande más perdido que un turista japonés en cualquier evento social fuera de las fronteras niponas. Y también intento leer hasta quemarme las cejas sobre toda clase de temas para, al menos, no insultar la inteligencia media del que invierte su tiempo leyéndome.
De estas medidas mínimas de respeto y consideración por los demás parece que estén exentos los comentaristas que saltan sobre la tecla en cuanto creen haber leído la más mínima discrepancia con su pensamiento rectilíneo, inamovible y ramplón. (Afortunadamente, la mayoría de los comentaristas de este blog sois más que solventes y patricios, así que nadie se me enfade ni miente a mis muertos, por favor).
Pero siguiendo con Ortega, que es más docto que yo: decía que el hombre que se cree con derecho a tener una opinión sobre el asunto que sea sin previo esfuerzo para forjársela, manifiesta una falta de respeto a los demás. En tiempos en los que la gente repite como loros tropicales que debes respetar su opinión (como dejar que uno diga lo que quiera fuera equivalente a callarse que lo que dice el otro es una soplapollez) y que no les faltes al respeto porque ellos no te lo faltan a ti y que, bla, bla, yupi, yupi, a la bim bom ba, qué subidón, tío, pues las palabras de Ortega y Gasset son más que pertinentes. De modo que sigamos.
Decía que la gente normal se encuentra con un repertorio de ideas dentro de sí. Decide contentarse con ellas y considerarse intelectualmente completa. Al no echar de menos nada fuera de sí, se instala definitivamente en aquel repertorio. El hombre-masa se siente perfecto. El hombre mediocre de nuestros días no duda de su propia plenitud. Por eso no lee. Porque no le gusta y porque no cree que nada más necesite para sí.
Dejemos hablar a Ortega:
Nos encontramos, pues, con la misma diferencia que
eternamente existe entre el tonto y el perspicaz. Éste se sorprende a sí mismo
siempre a dos dedos de ser tonto; por ello hace un esfuerzo para escapar a la
intermitente tontería, y en ese esfuerzo consiste la inteligencia. El tonto, en
cambio, no se sospecha a sí mismo: se parece discretísimo, y de ahí la
envidiable tranquilidad con que el necio se asienta e instala en su propia
torpeza. Como esos insectos que no hay manera de extraer fuera del orificio en
que habitan, no hay modo de desalojar al tonto de su tontería, llevarle de paseo
un rato más allá de su ceguera y obligarle a que contraste su torpe visión con
otros modos de ver más sutiles. El tonto es vitalicio y sin poros. Por eso decía
Anatole France que un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el
malvado descansa algunas veces; el necio, jamás.
Ortega y Gasset no opina (y yo lo suscribo) que actualmente la gente sea más tonta que antes. La gente posee más cultura, a pesar de los agoreros de cultura esquemática y rancia que desdeñan los nuevos caminos de la cultura y el arte. También la gente lee más que nunca (aunque no sean precisamente libros).
Pero el problema estriba en que esta dosis extra de cultura que en promedio ahora posee la gente normal le provoca una sensación de sabiduría que les facilita en cerrarse para siempre en sus tópicos, prejuicios, cabos de ideas o simplemente vocablos hueros que el azar ha amontonado en su interior.
Que ahora seamos más cultos y leídos que nunca, paradójicamente, no provoca que atisbemos lo realmente complejo que es todo y lo poco que sabemos en comparación. Provoca que creamos que en realidad no hace falta saber mucho más y que todo lo demás es sólo aburrimiento, pedantería e impostura. Esto ocurre, precisamente, porque la gente no lee libros de más de 500 páginas, exceptuando los que traten de magos con una cicatriz en forma de rayo en la frente o de vampiros pitopáusicos.
Así que os invito a leer. Podéis leer La rebelión de las masas. O cualquier libro de Steven Pinker o Daniel Dennett. O atreveros con algún clásico, aunque den mucho miedo. Con Flaubert o Voltaire, por ejemplo. Os invito a leer con atención, entre líneas, en el subtexto, una y otra vez, hasta que notéis que dudáis de todo, incluso de que no vale la pena ni dudar ni aprender ni saber. Que améis el saber y que lo odiéis. Que lo paséis bien leyendo pero también sufráis haciéndolo. Os invito a leer porque sólo en algunas letras se pueden encontrar cosas que no existen en ningún otro medio: ni en documentales de la tele, ni en polémicas de bar, ni en debates de la radio, ni en Tengo una pregunta para usted de los sucesivos presidentes mentecatos del Gobierno que nos caen gracias a esa tómbola que es la democracia de los tontos.
Sobre la gente que no lee, ¿qué decir? Que me dais pena y os envidio, a la vez.
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