viernes, 5 de agosto de 2011

Lo que va de ayer a hoy: nada

Un clarísimo ejemplo de que la historia (en España) se repite, escrito por el revolucionario manchego Félix Mejía (Ciudad Real, 1776 - Madrid, 1853), bajo el pseudónimo La Abuela (que escogió por lo de "Cuénteselo a mi abuela":

 “Lo que fue, es y quizá será”, en Suplemento núm. 75 a El Eco del Comercio núm. 743 (30-I-1845), pp. 9-12.

Ya os he dicho otra vez, mis amados nietos, que llevo no pocos días de estar de mal humor, de muy mal humor contra los progresistas; y a fe que no ha de pasar de hoy el daros explicación amplia, suficiente y cumplida acerca de los motivos que me asisten para mirar de reojo cuanto huele a las gentes del progreso. Mi memoria no es, que digamos, de las más felices; pero, en trueque, las razones que diere podrán servir de punto de comparación para analizar los hechos en que no me detenga. Pésame en el alma que los directores de orquesta en la farsa representada por los progresistas haya sido tan casquivanos, tan meticulosos y tan bobos; pero, como yo no he tenido vela en el entierro, cruja el látigo y rásquese las piernas aquel a quien alcance el latigazo.

El adviento de los progresistas a este suelo normal de las anomalías se realizó después de una larga y sarnosa experiencia que había fomentado entre cuero y carne de cada prójimo una comezón irresistible de vivir como Dios manda, sin ladrones ni apaleadores, sin holgazanes ni picapleitos, sin amos ni esclavos. Si los progresistas saben la doctrina cristiana, se penetrarán de que ninguna de las susodichas bestias feroces cabe en la ley de Dios, porque para este no hay acepción de personas, y todas ellas sin excepción viven, se mueven y están en él. Estas verdades, más grandes que Sierra Nevada, más fecundas que el Potosí y más duraderas que el valle de lágrimas donde nos rebullimos, no han servido para nada hasta ahora entre los progresistas y, en cuantos pasos han dado, les han dejado a la orilla del camino como piedra picada para su entretenimiento. Esto ha sido para ellos una serie de notas como las de los libros antiguos, colocadas siempre al margen de la obra y sujetas a la cuchilla del encuadernador. El ciego llevaba de noche una linterna para que nadie tropezase con él: estas verdades despiden tanta luz que no hay topo que se atreva a llegar a ellas.

Aplicación al canto, y quien riere que pague. El progreso es la esencia de todos los seres racionales o irracionales, animales o inanimados, vegetales o minerales. De esta regla se exceptúan los situacioneros: el porqué, acaso lo encontréis en El porqué de las ceremonias que anuncian las esquinas: ahora se anuncia todo, y sobre todo lo que huele a lo que aburre a todos.

Pues, como iba diciendo, nietos míos, sin progreso nada existe, y una idea sin progreso es un imposible (excepto en la situación) porque sería un absurdo. El vivir es progreso, el comer es progreso, el pensar es progreso... ¿Y el jugar a la bolsa?  Eso, preguntadlo a los que ayer no tenían camisa y hoy cuentan sus rentas por talegas, habiendo dejado sin camisa a los que no han sabido tanto como ellos. Y, siendo todo en la tierra progreso, ¿cuáles son sus condiciones esenciales y sagradas para todo dominador? La primera, no impedir el mismo progreso en parte alguna, y esa es la libertad; la segunda, no conseguir que criatura alguna lo impida a otra, y esa es la igualdad; la tercera, impeler a todos a que progresen en beneficio común, para hacer más beneficioso el progreso particular, y esa es la fraternidad; la cuarta, premiar en proporciones iguales a los que más ayuden al progreso general y castigar en las mismas proporciones a cuantos se le opongan, y esa es la justicia.

De manera que las bases esenciales de todo sistema social, si ha de ser conforme a la ley de Dios, son LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD, JUSTICIA. En flaqueando una siquiera de estas cuatro bases, adiós sociedad, porque es imposible cumplir la única ley divina que está impuesta al hombre para con el hombre: AMA A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO.

Todo esto es más claro que la luna de enero y tan cierto como las desgracias de España, a las cuales ha permanecido sorda sin disputa alguna la dominación progresista. No hay que fruncir las cejas, porque la verdad es la verdad y, si no, vamos por partes.

¿Qué han hecho los progesistas con la libertad?

Antes y después y siempre, en los pueblos chicos y en los pueblos grandes, los ricos han sido los tiranos de los pobres. Que el rico llevara una capa de canónigo, un escudo de marqués, unos entorchados de general, una garnacha de togado, un tintero de escribano, una vara de alcalde o un uniforme de miliciano nacional, el rico siempre ha sido rico y,  por consiguiente, tirano del pobre.

Elecciones de ayuntamiento: ¿quiénes serán los concejales? Según la ley escrita las elecciones son libres; los concejales serán los que quiera el ricacho del pueblo. Elecciones de diputaciones provinciales: ¿quiénes serán los diputados? Las elecciones son libres: los diputados saldrán según la voluntad de los ricachos del partido. Elecciones para diputados a Cortes. ¿Quiénes serán los diputados? Las elecciones son libres: los diputados serán a gusto de los ricachos de cada colegio. - ¿Quién nombra oficiales en la Milicia? ¿Quién nombra médicos y cirujanos y profesores de primeras letras y aklguaciles del común y repartidores y peritos y comisionados para cuanto haya de sustancioso y chupable? ¡Los ricos, siempre los ricos! Y ¡VIVA LA LIBERTAD! Así sucedía antes de que los progresistas mandaran, así sucedió mientras los progresistas mandaron, así quedó establecido que sucediese para cuando ellos acabaran de mandar. Nietos míos, meted cada cual la mano en el pecho y declarad si la abuela miente.

Y... ¿qué han hecho los progresistas con la igualdad?

Esto da miedo. En los tribunales, el cuitado que no justifica poseer menos de cien ducados de renta, si litiga con un millonario, ha de pagar tanto como este cuando no hay condenación de costas, las cuales a veces montan más que el capital de aquel, y, mientras dura el pleito, el pobre que no pueda defenderse por pobre ha de dejar de comer si quiere litigar, pues de otro modo ni se diligencia ni se pedimentea. En la guerra, el rico pone sustitutos y el pobre paga con su cuerpo esa bestial contribución de antropófagos llamada quintas. En la administración, el rico es atendido y el pobre es rechazado en las oficinas. En el gobierno de los pueblos, el rico dispone de los caudales públicos y el pobre ni aun puede pedirle cuentas. En las contribuciones, los ricos, siendo los menos, contribuyen con muy poco en consumos y contribuciones indirectas, y los pobres, que son los más, cubren casi el total de ingresos, descontando el importe del jugo de su quilo. En la religión, finalmente (y ¡esto es horrible!) el rico es recibido pomposamente en los templos al nacer, al casarse y al morir, y el pobre entra temblando y sale deprisa cuando nace o se casa, y halla cerradas las puertas del templo cuando se muere. Por el rico se dicen abundantes sufragios, por el pobre pocos labios se mueven a orar: el viático va a compás de una orquesta mundana a la casa del rico enfermo y apenas se hace anunciar por una triste campanilla al zaquizamí del pobre: el rico puede casarse con su parienta porque tiene dinero para solicitarlo de Roma; el pobre no puede celebrar semejante enlace porque su influjo no se extiende hasta la corte romana. Así encontraron los progresistas el país y así lo dejaron. Si estas verdades os parecen muy desnudas, cubridlas, nietos míos, con esta proclama que han fijado por todas partes los progresistas: TODOS LOS ESPAÑOLES SON IGUALES ANTE LA LEY.

Y... ¿qué han hecho los progresistas con la fraternidad?

Contad los generales, los obispos, los canónigos, los empleados de todos los ramos y los establecimientos de toda especie que viven de sobra entre nosotros, y esos son otros tantos enemigos del progreso común, porque cada uno de ellos quiere exclusivamente su progreso personal, sus goces, sus privilegios y su invasión sobre los derechos comunes de sus hermanos. Llegaos a uno de esos innumerables ociosos a sueldo de la nación y decidles que cedan algo de la posición que ocupan siquiera en bien del país y ya oiréis su respuesta. Este es el puerto de arrebata-capas: aquí estamos al que pilla-pilla; quien sea bobo, que se aburra. Semejantes teorías dominaban en España antes de los progresistas, dominaron con los progresistas y quedaron dominando sin los progresistas. Tended la vista, nietos míos, por vuestros lugares y aldeas, que no me dejarán mentir.

Y... ¿qué han hecho los progresistas con la justicia?

Excusado es preguntarlo. Donde no hay libertad no hay justicia, porque la libertad sólo desaparece ante la fuerza y la fuerza mata al derecho de reclamar justicia. Donde no hay igualdad no hay justicia, porque toda justicia viene de Dios y Dios ha dicho que todos los hombres son iguales. Donde no hay fraternidad no hay justicia, porque la fuente de toda justicia es el amor, y no hay amor donde no hay fraternidad. Además, en el terreno de los hechos, ¿habéis visto ahorcar a algún ministro, a algún poderoso, a alguno de todos esos grandes criminales que todos conocéis o, cuando menos, acusáis? ¿Los habéis visto siquiera comparecer delante de los tribunales? Un escritor ha dicho que en todos los países las leyes son como las telarañas, que los moscardones las traspasan impunemente y sólo sirven para enredar a las moscas. Y ¿no han variado por ventura los progresistas esta aborrecible condición de las leyes? (Esto no es negar que los progresistas hayan hecho algo, pero ¡¡¡ha sido tan poco, tan poco!!!)

Lo que hay de más gracioso, si gracia maldita tiene el lance, es que ahora se lamentan de su suerte, levantan el grito hasta el cielo y día y noche no cesan de acusar a los situacioneros de todos los males que están lloviendo a cántaros sobre esta patria de los Riegos y de los Calomardes, de los estos y de los aquellos. Nadie diría sino que todos somos tan flacos de memoria o tan gordos de torpeza que ni uno siquiera haya de recordar y conocer la causa verdadera de los males presentes. No hay que refunfuñar, digo, porque la verdad es antes que todo y ¡ojalá que durante la dominación progresista la imprenta no se hubiera ocupado en otra cosa que en proclamar verdades de a folio! Y sea dicho esto en paz de los que entonces hablaron un tantico como convenía, que fueron pocos y mal avenidos.

Y... ¿qué debieran haber hecho los progresistas?

La pregunta parece embarazosa, pero aquí cuadra perfectamente, si no me engaño, la respuesta que cierto diputado dio una vez a cierto ministro. Sabida cosa es que, entre nosotros, la petulancia suple a la ciencia: hay hombre que, aun entre los beduinos, sólo serviría para memorialista y, en España, aspira a ministro de cualquiera ramo. Dicen que Mayáns no sabe hacer un pedimento de cajón... y tiene valor para ser ministro de Gracia y Justicia; ignoro si la noticia es algún falso testimonio, porque, aunque de palabra no sabe hablar, quizá sepa escribir por escrito: lo único que me consta es que el tal señor firma como ministro del tal ramo... Pero su alma en su palma y vamos al dichico del diputado. 


Reinaba aquel día en la asamblea legislativa una de esas borrascas que de vez en cuando empañan el alegre cielo de los ciento veinte mil reales que de hito en hito mira todo ministro previsor. Varios diputados habían tenido la rareza de llamar desatinada a la administración entonces reinante, en lo cual sólo manifestaban una simpleza acomodable a todas las administraciones conocidas entre los descendientes de Pelayo desde fines del siglo último. Los ministros, arrebatados por los impulsos de su amor patrio, de su amor propio y de su amor a los ciento veinte mil reales, vomitaron anatemas solemnes contra la oposición, hasta que uno de ellos preguntó: Si todo lo que hemos hecho hasta aquí es malo, ¿qué hemos de hacer en adelante para obrar bien? A tan modesta pregunta, el diputado contestó: Todo lo contrario.

Aplicad, nietos míos. ¿Qué debieran haber hecho los progresistas para no verse como se ven? Todo lo contrario de lo que hicieron.

Esto parece, a primera vista, una perogrullada, pero juro, por la ciencia invisible de Pidal, que no hay tales carneros. Las cuatro mencionadas bases son tan indispensables en todo sistema político que, en faltando o flaqueando una sola, no hay edificio posible. Los progresistas tenían muy poco que hacer. En un país donde todo es mentira (y perdonadme, mis queridos nietos, por la franqueza), en un país donde no hay leyes, ni usos, ni costumbres, ni pasiones, ni idea alguna con verdaderas raíces, nada más sencillo, más fácil ni más fértil en resultados que plantear un sistema cualquiera, especialmente cuando este sistema se encamina al bien de la generalidad. ¿Por qué no lo han hecho los Progresistas? Preguntádselo a ellos.

A la muerte del inolvidable Fernandico había doscientos mil realistas armados y, en un abrir y cerrar de ojos, entregaron las armas sin que nadie chistase. Había cerca de cuarenta mil frailes, se les sacó de sus conventos y ningún cristiano dijo esta boca es mía; había diezmos que se suponían de derecho divino, se anularon y todo el mundo se calló; había mayorazgos a granel, se destruyeron, y nadie desplegó sus labios...

¿Queréis más ejemplitos de la fuerza que domina en el alma del pueblo español? No continuo, porque se me cae el alma a los pies.

¿Queréis saber lo que desea el pueblo español? Vivir racionalmente, y es tan noble y tan pensador nuestro pueblo, que ni se cuida de tradiciones, de cuentos, de farsas, de títulos ni de ridiculeces por lograr el bien común, bien que es inasequible sin un sistema basado en la libertad, en la igualdad, en la fraternidad y en la justicia.

Los progresistas no han querido o no han sabido plantear este sistema; por eso han caído del poder. Esto es un dolor, pero también es un consuelo. Y ¿por qué es consuelo? Porque los situacioneros están obrando peor que los progresistas, alejándose de ese sistema mucho más que los progresistas y socavando el edificio de su propia dominación con muchísimo más ahínco que el puesto por los progresistas en socavar el suyo.

La abuela, con una franqueza y una imparcialidad que janás desmiente, declara que los progresistas se han hundido por no haber obrado según las leyes inmutables del progreso y anuncia que los situacioneros se hundirán por la misma razón. Ítem: la abuela pronostica que, cuantos partidos suban al poder después del actual, sea cual fuere su lema o su pretexto, mientras no sigan las leyes mismas del progreso social han de hundirse sin remedio alguno.

Si los hombres que hoy dominan al país tuvieran bastante talento para penetrar estas verdades y bastante virtud para abrazarlas prácticamente, su administración sería tan duradera como gloriosa. ¿Cuándo veremos hombres de estado que den al pueblo libertad sin anarquía y orden sin despotismo? Pocos puntos calza para ello la pacotilla que conocemos hasta el día. Por eso con los Progresistas nos ha ido mal, bastante mal; con los situacioneros nos va peor, mucho peor y, ¿quién sabe si con sus sucesores nos irá malísimamente? Esta es la desgracia de los españoles: por falta de hombres, nuestro pueblo fue, es y quizá será muy infeliz.

¡Y decir que todo esto han podido evitar los progresistas, y no lo han evitado!

Cisnes negros

Esto ya no parece un cygne noir, sino una bandada entera de feíllos patitos Lucas: nos econocome la economía. Pero soy yo el que no come: estoy sometido a un régimen dictatorial, como un kulak ucraniano desnutrido por Stalin. En cambio, mi estómago suelta unos discursos más largos, ruidosos y resentidos que los de Fidel Castro. ¿Qué hay más antipático que el apio desorejado, el puré de calabacín et mes petites choux-choux de Bruxelles? Han inventado de todo para combatir la tristeza del espárrago solitario, la miseria de las judías verdes en su plato de concentración, la amargura del desacreditado pepino y el impío estreñimiento del brécol, pero todavía no han llegado al cerdo light, al pan sin harina, al aceite sin grasa, a la vaca integral y al cordero sin lanas ni colesterol, por no hablar de que hubiera patatas sin almidón, que no tiesas, como hay yogures sin nata. Digan lo que digan, el desnaturalizado york, más que jamón, es un anglicismo, y las diarreicas gallinas, que se pasean crudas por el campo, debían poner directamente fritos los huevos.


Sufro alucinaciones en que se me aparecen montañas de patatas fritas nevadas de polvo de azúcar, lomas de cerdo, ríos de cerveza y arroyos de coñac. Me eligen rey del pollo frito a costa de Jamoncín y yo ordeno que todos los menús incluyan migas del pastor con tropezones de morcilla no arrocera, chorizo y ajo.

miércoles, 3 de agosto de 2011

La leyenda del zancarrón de Mahoma

Lope de Vega la cuenta en Los esclavos libres, y parece de origen judeoconverso. Para más detalles sobre la leyenda, véase este erudito artículo.

Enamorado dicen que andaba este bestial profeta
de una judía, y el marido y padres
cogiéronlo entre puertas como a perro
y diéronle paliza temeraria;
viéndole muerto, hiciéronle pedazos,
reservando una pierna y la cadera,
rogando a la judía que dijese
que una noche, gozándola, se había
subido al cielo, y que ella, por tenerle,
le asió de aquella pierna, que en reliquias
le dejó, y se llevó lo más del cuerpo; 
creyéronlo los moros, y escáparonse
de ellos con este engaño los judíos;
entre piedras imanes la pusieron, 
cuya virtud la tiene y sustenta,
aunque ellos piensan que es milagro.

El gallo de Morón


El origen de la frase «como el Gallo de Morón», «sin pluma y cacareando» se debe al siguiente hecho histórico. Durante el siglo XVI existían serios problemas de orden público en Morón de la Frontera. Las rivalidades políticas y el nombramiento de autoridades provocaban disturbios; se cometían innumerables abusos contra los moroneros por parte de jueces y funcionarios que despojaban a muchos de sus haciendas, llevándolos presos y cobrándoles altas contribuciones.
Uno de estos funcionarios, que llegó a Morón cuando las pasiones estaban más caldeadas, empezó a tratar a muchos con grosería y a decir que por allí no había más «gallo que él». El pueblo puso por nombre a este funcionario «el Gallo de Morón».
Pero un día los hartos vecinos sacaron al individuo a las afueras de la población, lo pusieron en cueros y le sacudieron una tremenda paliza (paliza viene de palo), lo que dio motivo a que los cantaores andaluces perpetuaran el hecho en una simpática coplilla que decía:
Anda que te vas quedando
como el gallo de Morón,
sin plumas y cacareando,
a la menor ocasión.
Con tal motivo existe en este pueblo, en el Paseo de la Peña, un curioso monumento erigido a un gallo desplumado, orgullo de la ciudad.
El Gallo de Morón de la Frontera, tan popular como el Lagarto de Jaén, constituye el símbolo de la rebeldía de un pueblo que no se dejó vejar y advierte a quien se ensaña con los desposeídos de que todo pueblo posee dignidad y no puede ser pisoteado impunemente.

Caligrama sobre el vino

Este caligrama anónimo sobre el vino lo he visto en El Siglo Ilustrado núm. 43 (8-III-1868), p. 2:

Don del cielo,
dulce vino
purpurino,
mi consuelo:
tú, que calmas mis dolores,
yo te imploro,
te venero
y considero;
yo te adoro.
Mis pesares
y quebrantos,
y mis llantos
como mares,
tú, tierno, mitigas;
tus dulces vapores
templan mis dolores
y a olvidar me obligas.
Bendito sea Noé que tal herencia
generoso dejó al género humano.
¡Oh, sí! Bendita sea la uva que en su mano
dulce licor vertió de [tan] dulce esencia.
Por ti, [oh] licor divino, me veo trasportado
a aquel mágico edén, mansión dulce de amor,
que el profeta Mahoma, un día, entusiasmado,
prometió al islamita de su ley guardador.
Y allí lindas huríes, ya rubias, ya morenas,
meciendo mi existencia entre tiernos halagos,
me besan y sonríen y menudean los tragos,
y en dulce desvarío aléjanse mis penas.
¡Hurra! ¡Que viva el vino! ¡Que vivan las botellas
y el ruido y el estrépito y las mujeres bellas!

martes, 2 de agosto de 2011

Texto sobre la Santa Hermandad vieja

Hala, otro texto histórico de Lope de Vega, en que expone la creación de la Santa Hermandad vieja de Ciudad Real, Toledo y Talavera de la Reina. El texto procede de Las dos bandoleras y fundación de la Santa Hermandad de Toledo:


En los montes toledanos 
y en Sierra Morena hicieron 
mil escuadras de ladrones 
los Golfines bandoleros: 


asolaban los ganados, 
mataban los pasajeros, 
destruían las colmenas 
y saqueaban los pueblos; 


forzaban a las mujeres 
como tiranos soberbios 
y, viendo que no podia 
poner al daño remedio


nuestro rey, los ciudadanos, 
colmeneros y hombres buenos 
levantaron una escuadra 
de mil robustos mancebos 


y, por guardar nuestra hacienda, 
repartiendo en cinco puestos 
por escuadras nuestra gente, 
llevé a mi cargo doscientos, 


fuimos corriendo los Montes 
y, en lo más áspero dellos, 
hallábamos los ladrones 
grande resistencia haciendo. 


Aquí se prendían veinte, 
allí treinta, acullá ciento 
y, sin pasar adelante, 
se hacía justicia dellos,


que, en los árboles colgados 
para mayor escarmiento, 
por blanco de nuestras flechas 
asaetados se vieron. 


Con este mismo castigo 
murieron mil y quinientos; 
limpiamos toda la tierra 
y los Montes de Toledo; 


hermandados a este fin 
los hermanos colmeneros, 
propusimos ser hermanos 
y, porque tuviese efecto 


nuestra hermandad levantada, 
fuimos al Rey, que, sabiendo 
la causa de esta justicia, 
la Hermandad confirmó luego 


dándonos para seguro 
aqueste Real privilegio
cuyas libertades justas 
confirmó su mismo sello 


para su mayor abono; 
y, pues es santo el intento 
y tú lo eres, confirma 
de la Hermandad el derecho.


Al final del segundo acto, como bien señala MenPel, viene un texto magistral en que la serenidad de una serranilla termina cortada por un vívido rayo trágico al más puro estilo romancesco:



    Soy una humilde serrana

que por estos montes ando,
donde, las fieras cazando,
busco la más inhumana.
    En esta sierra presente
tengo una pequeña choza,
y allí mi vida se goza
apartada de la gente.
    En lo alto de su cumbre
está mi choza pajiza,
a cuya corona enriza
del sol la primera lumbre.
    -Que sois ángel yo recelo,
que en vuestra luz lo mostráis
y es cierto, pues habitáis
tan cerca del sol del cielo.
    Si yo mereciera ser
huésped de aquesa posada,
¿qué fortuna más preciada
se pudiera pretender?
    -Vuestro trato cortesano
me ha obligado, caballero,
y así mi posada quiero
daros, pues en ello gano.
    No os faltará allí el conejo,
la perdiz, ni la paloma
pues, antes que el sol asoma,
sin caza ese monte dejo.
    -¡Dichoso el que mereció
vuestro favor, gloria mía!
-Esto me dijo algún día
el traidor que me engañó. 

Contra la monarquía

Citado por Félix Mejía, el republicano ciudarrealeño, de Lo cierto por lo dudoso o La mujer firme, de Lope de Vega:


Mucho deslumbras, corona;
mucho puedes, mucho alcanzas,
muchas son tus esperanzas,
mucho tu valor te abona,
muchas dichas eslabona
de tu círculo el compás;
mucho persuadiendo estás,
mucho es tu poder y encanto,
pero no blasones tanto,
que hay quien pueda mucho más.


Y he aquí la desilusión: esta espléndida décima no es de Lope, sino de Vicente Rodríguez de Arellano, que refundió la comedia de Lope a comienzos del siglo XIX. Hasta el gran Alberto Lista, muy mayor poeta de lo que se le reconoce, cayó en el error entusiasmado.

lunes, 1 de agosto de 2011

Lo que hay que tener

Aaron Swartz sí que es un héroe de verdad. Hay que apoyar a este muchacho. De Público, hoy:

Miguel Ángel Criado Almería, "La desobediencia civil alcanza a la publicación de estudios científicos", Público, 01/08/2011:

Un 'hacker' es acusado de descargar millones de artículos. Su caso reaviva el debate sobre los ciberactivistas

En la tarde del 6 de enero de este año, miembros del Servicio Secreto de Estados Unidos, agentes de la Policía Local de Boston y efectivos de la seguridad del Instituto Tecnológico de Massachusetts (el prestigioso MIT) persiguieron a un joven que huía por el campus universitario a lomos de una bicicleta hasta que fue detenido. ¿El delito del joven? Acceder a la red del MIT con un ordenador para descargar 4,8 millones de artículos científicos. No es el argumento de una película, el Gobierno de EEUU pide 35 años de cárcel para este activista de la llamada libre información.

Aaron Swartz, de 24 años, compró el septiembre pasado un portátil para, según consta en el auto por el que un juez de Boston lo acusó hace unos días de un delito informático, conectarse a la red del MIT y, desde ahí, acceder a la base de datos de publicaciones académicas JSTOR (del inglés Journal Storage). Esta organización es una nueva Biblioteca de Alejandría de la ciencia. Desde 1995 ha digitalizado las ediciones de 1.400 revistas científicas y tiene a 7.000 instituciones de 153 países entre sus clientes. La mayoría son universidades que pagan una cantidad que puede llegar hasta los 35.000 euros al año para poder acceder a sus archivos.

Aaron Swartz, de 24 años, descargó 4,8 millones de artículos

Swartz descargó el 98% de toda esa información. Cada día llegaba al campus del MIT, que ofrece una cuenta de acceso limitado a su red a los visitantes, y accedía a la base de datos de JSTOR. Diseñó un programa que automatizaba la descarga de todos los archivos que encontraba en formato PDF, la tipología que caracteriza a los artículos. Los responsables del sistema, al detectar una descarga tan masiva (en dos meses Swartz se bajó cien veces más de lo que descarga toda la red del MIT de JSTOR) bloquearon la dirección IP (que identifica a un ordenador en la red) que usaba. Pero cada vez que lo hacían, el activista cambiaba de dirección.

La investigación del caso.

Tras semanas de jugar al ratón y al gato, JSTOR decidió bloquear todos los accesos que vinieran del MIT, lo que obligó a la universidad a investigar en serio el asunto. Su seguridad descubrió un ordenador conectado a su red escondido en una caja de cartón oculta en un armario de uno de los edificios universitarios.

La Fiscalía pide para el activista 35 años de cárcel y 700.000 euros.

El 4 de enero, los investigadores tomaron huellas del equipo y colocaron una cámara para saber quién era el intruso. Dos días después se producía la detención de Swartz.

Ahora, la Fiscalía de EEUU acusa a Swartz de una intrusión informática en redes del MIT y JSTOR, daño a sus servidores y de llevarse 4,8 millones de artículos, de los que 2,7 millones eran de editoriales independientes que los ponían a la venta en la plataforma de JSTOR. Según el escrito, la intención de Swartz era distribuir el material en "una o más páginas de intercambio de archivos". Piden para él 35 años de cárcel y una multa de un millón de dólares (unos 700.000 euros).

La noticia de la acusación formal ha provocado la reacción de los activistas de EEUU que defienden el libre flujo de la información. Primero porque, por sus antecedentes, Swartz no parece que buscara beneficiarse económicamente. Este joven pertenece a esa clase de genios digitales que usan la tecnología para el activismo y la difusión del conocimiento. Con 14 años, participó en el diseño del RSS, un mecanismo para recibir avisos de que una página ha sido actualizada.

"Su carrera se ha centrado en servir al interés público", dicen sus defensores.

Si se buscan fotografías de él en Google, hay una en la que, siendo niño, aparece vestido con una camiseta con la leyenda Creative Commons, la organización que creó un sistema alternativo a las restricciones del modelo actual del copyright. A su lado posa Lawrence Lessig, el cofundador de Creative Commons.

"La carrera de Aaron se ha centrado en servir al interés público promoviendo la ética, el Gobierno abierto y la política democrática", dice David Segal, director de Demand Progress, una organización con 500.000 miembros que Swartz creó y dirigió años atrás.

En el haber de Swartz también está su participación en la creación de la web de noticias Reddit (de la que meneame.net es su versión española). En 2008 publicó un estudio, junto a Shireen Barday, analizando quién financiaba determinados estudios científicos. Una de las conclusiones revelaba que los autores de investigaciones tienden a defender los postulados de los que han pagado sus trabajos.

Las editoriales escanean colecciones y consiguen el copyright.

Robo de conocimiento.

Con ese pedigrí, Swartz no da la imagen de un delincuente informático sino de un ciberactivista. Como tal, hace tres años participó en la creación de un efímero movimiento llamado Guerrilla Open Access. Dos frases ilustran su misión. "No hay justicia al respetar leyes injustas. Es hora de salir a la luz y, en la gran tradición de la desobediencia civil, declaramos nuestra oposición a este robo privado de la cultura pública". En un segundo párrafo ya se adivinan las motivaciones de Swartz en este caso: "Tenemos que hacernos con la información, esté donde esté almacenada, hacer nuestras copias y compartirlas con el mundo".

Sin embargo, para la fiscal de Massachusetts, Carmen Ortiz, "robar es robar, ya sea con un comando de ordenador o con una palanca, ya se trate de documentos, datos o dólares", asegura en un comunicado. "Es igualmente perjudicial para la víctima tanto si se vende todo lo que se ha robado como si lo regalan", añade. Se da la circunstancia de que ni JSTOR ni el MIT querían denunciar. "Ha sido decisión del Gobierno el enjuiciarle, no de JSTOR", asegura en un comunicado esta organización tras la polémica levantada.

Ni JSTOR ni el MIT querían denunciar a Swartz por la descarga.

"Le quieren meter en la cárcel por culpa de un copyright que se ha quedado viejo", explica a Público el profesor del departamento de Economía de la Universidad de Washington en Saint Louis, Michele Boldrin. Para el coautor del libro Against Intellectual Monopoly, "a la ciencia le está pasando lo mismo que ya vivieron la música o el cine: la tecnología es tal que sería posible hacer accesible el conocimiento a un coste muy bajo, incluso ganando dinero, pero con el actual sistema de copyright esto es imposible".

Boldrin publica investigaciones y también consulta otras. "Pero yo ya no voy a la biblioteca, lo busco en internet", comenta. Señala al actual sistema de propiedad intelectual como el principal freno a la digitalización de revistas. Pero, además, las editoriales poderosas escanean colecciones históricas, ya en el dominio público, consiguiendo así el copyright para ellas.

Publicar los artículos
Ese efecto perverso es el que quiso denunciar el matemático Greg Maxwell. Nada más saber de la acusación contra Aaron Swartz, este también estadounidense cogió su colección de 18.000 artículos de la revista Philosophical Trans-actions of the Royal Society y los publicó en la página de enlaces The Pirate Bay. Hay textos de Isaac Newton o Charles Darwin. De hecho, todos son anteriores a 1923, por lo que hace años que estarían en el dominio público si no fuera porque JSTOR los digitalizó y cobra desde cinco euros por artículo.

Maxwell justifica su acción en solidaridad con Swartz: "La publicación académica es un sistema curioso. Los autores no cobran por sus escritos. Los revisores tampoco y, en algunos campos tampoco los editores de las revistas. Incluso, a veces, los autores tienen que pagar a la editorial. Y aún así las publicaciones científicas son una de las piezas más escandalosamente caras de literatura que uno puede comprar. En el pasado, las elevadas tarifas de acceso soportaban la reproducción mecánica de las revistas especializadas pero la distribución online ha hecho de esta función algo obsoleto".

En uno de los comentarios de respuesta a Maxwell, un usuario de The Pirate Bay describe con una sola frase un sentimiento que comparten muchos de los conocedores del caso de Swartz: "No soy científico pero me los estoy descargando por principios".

domingo, 31 de julio de 2011

Mi obra en la Wikipedia

He redactado, traducido y corregido miles de artículos en la Wikipedia desde hace años. Para ello he utilizado varios pseudónimos: Aromera, Lidoro, Una, Catón, El gato Félix, Uno que pasa, Endriago, Toterreno, una actual que empieza por C y acaba por s y mi dirección IP. Estoy razonablemente satisfecho de algunos artículos extensos: Don Quijote, Métrica, Gramática del español, Hispanismo, Siglo de Oro, Shakespeare, Lope de Vega, Calderón, Góngora, Luis de León, Novela picaresca, Entremés etcétera. Es en Literatura y Lengua donde he colaborado más. Animo a cualquiera a que se sume a ese proyecto altruista, anónimo y generoso, como debe ser toda educación que se considere como tal.

Cecilia

Si tuviera que decir quién fue el mejor cantautor del siglo XX en español, no dudaría un solo instante: Cecilia. No es nada de nada, sino todo del todo. Su talento era tan grande que no cabía sólo en su voz, en sus letras, en su estampa: tiene la calidad de lo imborrable, el quid divinum, que dicen: impresiona, no se olvida y se repite porque nunca se tiene bastante de él, como si fuera una obsesión. Una canción suya empalidece cualquier otra y posee el poder de dinamitar todo el pasado que se asocia con ella. No es por la letra excelsa, ni por la voz honda, ni por la música, que es sólo un mero cortinaje para mejor contemplar ESO que fue Cecilia, en los cuatro años que duró y que sin embargo sigue durando. Una existencial tristeza, una genuina melancolía, una poesía que lo despanzurra todo. No hay palabras vacías en sus canciones y sí muchos abismos entreabiertos. Me enamoré de ella y de su mística cuando era un chaval; su muerte me dejó el corazón hecho pedazos ¿se nota? Se podría decir que su muerte ha sido para mí la última de sus canciones, porque me duele de verdad. A veces sueño con que logro resucitarla y hacer un clon de ella, me pregunto qué canciones imposibles haría hoy. Como si se pudiera recuperar la vida, y con ella, el tiempo en que las palabras tenían significado.

O más democracia o más fascismo

Julián Casanova "Lo que enseña la historia" El País, 31/07/2011

Europa acabó el siglo XX con una estabilidad y prosperidad sin precedentes. Atrás habían quedado las guerras, las dictaduras y los tiempos de odios, superados la mayoría de los conflictos étnicos y disputas territoriales que la habían conducido al abismo entre 1939 y 1945 y que reaparecieron en Bosnia y Kosovo en los años noventa. La consolidación de la democracia fue acompañada de notables avances económicos, derechos civiles y libertades. Los ciudadanos dejaron de estar discriminados por su raza, género o condición y disfrutaban de un amplio sistema de beneficios sociales. No era el paraíso, pero comparado con el pasado y con lo que se veía en otros continentes, muchos tenían la sensación de estar viviendo en el mejor de los mundos posibles.

Todo parece estar cambiando en los últimos años. La crisis económica, con sus consecuencias sociales y psicológicas, está metiendo de lleno a las democracias en una grave crisis política. La crítica a los políticos y a la democracia gana terreno al calor de la crisis económica. Gradualmente, se está abriendo una sima entre los Gobiernos, incapaces de ofrecer salidas firmes a la crisis, y aquellos ciudadanos que más la sufren. La política se mueve hoy entre aguas turbulentas, agitadas por la corrupción, el enriquecimiento fácil y la ambición por el poder, mientras que el orden político que propició esa edad de oro de la democracia se resquebraja.

Si la crisis económica, el paro y los recortes sociales no encuentran fin, los conflictos en torno a la distribución de la riqueza desafiarán a los Estados democráticos. Lo estamos viendo ya ahora: quienes realmente aumentan el poder en este escenario ya no son las instituciones políticas democráticas, nacionales o europeas, sino las agencias de calificación, los bancos y los especuladores, que tienen mucha más fuerza que los Parlamentos y que los órganos de representación de los ciudadanos.

Así puede germinar la semilla de la ultraderecha, en medio de la crisis económica, de la incompetencia de las autoridades establecidas para remediar los males de la sociedad, con la urgente necesidad por parte de los Gobiernos y Parlamentos democráticos de reestablecer la confianza en las instituciones. Las organizaciones ultraderechistas aprovecharán la ocasión para presentar la crisis como un resultado de la inutilidad del sistema democrático. Ya no necesitarán tomar el poder por procedimientos armados, como sucedió en los años veinte y treinta del pasado siglo. Bastarán algunas mentiras propagadas hasta la saciedad, unas cuantas maniobras políticas, e instalar en la opinión pública el miedo y la idea de que son las únicas que pueden arreglar los problemas, aportar seguridad frente al desorden.

Tampoco parece lo más probable que el crecimiento ultraderechista se manifieste hoy en forma de marea imparable, como lo hizo tras la I Guerra Mundial, pero la historia de aquel turbulento periodo nos ofrece enseñanzas inequívocas, que algunos ignoran o menosprecian y a otros muchos les resulta incómodo recordar.

Los partidos ultraderechistas y fascistas pasaron en poco tiempo de tener un arraigo modesto en la sociedad a convertirse en organizaciones gigantescas. Los primeros afiliados pudieron llegar a ellas atraídos por las ideas, las promesas o el activismo violento del movimiento, pero detrás de los millones de ciudadanos que acudieron tras la conquista del poder había consideraciones más pragmáticas sobre las ventajas políticas y sociales de dar ese paso. Se trató también de una movilización de los desafectos frente a los partidos ya establecidos, desacreditados por su asociación con la democracia y por su fracaso a la hora de poner remedios a sus quejas.

Para llegar al poder, o para conseguir sus objetivos, tuvieron que atraer, no obstante, a los sectores más conservadores y respetables de la sociedad. A los fascistas, nazis o ultraderechistas siempre les fue mejor, o tuvieron el camino más despejado, donde no había lealtades ideológicas u organizativas anteriores. Y una buena parte del atractivo que tuvieron se debió al rechazo a la "época obsoleta" del liberalismo y de la democracia y a la idea de que algún tipo de "nuevo orden" debía sustituir al parlamentarismo y a la política de partidos.

La ultraderecha no es en la actualidad la causa de la crisis de la democracia, pero puede ser su principal beneficiaria si se continúan alimentando las percepciones negativas sobre la política y los discursos sobre la necesidad de una autoridad fuerte. Los partidos democráticos de derecha, que hoy parecen tan inmunes a esos cantos de sirena, sentirán la presión de la retórica populista, de sus sectores políticos y medios de comunicación más radicales, que les marcarán la agenda política y les exigirán más poder para ellos y para los intereses que representan. La idealización y ensalzamiento de cualquier protesta frente a la inservible democracia darán gloria y prestigio a quienes hoy están prácticamente fuera del sistema. A no ser que los partidos políticos democráticos dejen de ser solo maquinarias para la distribución del poder, atiendan las necesidades de los ciudadanos, impongan el gobierno de la ley y de los derechos civiles y cierren las puertas a la intolerancia.

Así nos transforma Internet


Mario Vargas Llosa, "Más información, menos conocimiento", El País, 31/07/2011

La imparable robotización humana por Internet cambiará la vida cultural y hasta cómo opera nuestro cerebro. Cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos nosotros

Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda su generación, descubrió el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revolución informática de nuestro tiempo, y no sólo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online y a navegar mañana y tarde por la Red; además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.

Los alumnos han perdido el hábito de leer para contentarse con un mariposeo cognitivo

Un buen día descubrió que había dejado de ser un buen lector, y, casi casi, un lector. Su concentración se disipaba luego de una o dos páginas de un libro, y, sobre todo si aquello que leía era complejo y demandaba mucha atención y reflexión, surgía en su mente algo así como un recóndito rechazo a continuar con aquel empeño intelectual. Así lo cuenta: "Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo".

Preocupado, tomó una decisión radical. A finales de 2007, él y su esposa abandonaron sus ultramodernas instalaciones de Boston y se fueron a vivir a una cabaña de las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil y el Internet llegaba tarde, mal y nunca. Allí, a lo largo de dos años, escribió el polémico libro que lo ha hecho famoso. Se titula en inglés The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains y, en español, Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Lo acabo de leer, de un tirón, y he quedado fascinado, asustado y entristecido.

Carr no es un renegado de la informática, no se ha vuelto un ludita contemporáneo que quisiera acabar con todas las computadoras, ni mucho menos. En su libro reconoce la extraordinaria aportación que servicios como el de Google, Twitter, Facebook o Skype prestan a la información y a la comunicación, el tiempo que ahorran, la facilidad con que una inmensa cantidad de seres humanos pueden compartir experiencias, los beneficios que todo esto acarrea a las empresas, a la investigación científica y al desarrollo económico de las naciones.

Pero todo esto tiene un precio y, en última instancia, significará una transformación tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de operar del cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg en el siglo XV que generalizó la lectura de libros, hasta entonces confinada en una minoría insignificante de clérigos, intelectuales y aristócratas. El libro de Carr es una reivindicación de las teorías del ahora olvidado Marshall MacLuhan, a quien nadie hizo mucho caso cuando, hace más de medio siglo, aseguró que los medios no son nunca meros vehículos de un contenido, que ejercen una solapada influencia sobre éste, y que, a largo plazo, modifican nuestra manera de pensar y de actuar. MacLuhan se refería sobre todo a la televisión, pero la argumentación del libro de Carr, y los abundantes experimentos y testimonios que cita en su apoyo, indican que semejante tesis alcanza una extraordinaria actualidad relacionada con el mundo del Internet.

Los defensores recalcitrantes del software alegan que se trata de una herramienta y que está al servicio de quien la usa y, desde luego, hay abundantes experimentos que parecen corroborarlo, siempre y cuando estas pruebas se efectúen en el campo de acción en el que los beneficios de aquella tecnología son indiscutibles: ¿quién podría negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en pocos segundos, haciendo un pequeño clic con el ratón, un internauta recabe una información que hace pocos años le exigía semanas o meses de consultas en bibliotecas y a especialistas? Pero también hay pruebas concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los músculos que dejan de usarse.

No es verdad que el Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. No es una metáfora poética decir que la "inteligencia artificial" que está a su servicio, soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos. ¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado "la mejor y más grande biblioteca del mundo"? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas?

No es extraño, por eso, que algunos fanáticos de la Web, como el profesor Joe O'Shea, filósofo de la Universidad de Florida, afirme: "Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la información que quiera con mayor rapidez a través de la Web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet, los libros son superfluos". Lo atroz de esta frase no es la afirmación final, sino que el filósofo de marras crea que uno lee libros sólo para "informarse". Es uno de los estragos que puede causar la adicción frenética a la pantallita. De ahí, la patética confesión de la doctora Katherine Hayles, profesora de Literatura de la Universidad de Duke: "Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros".

Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer Guerra y Paz o El Quijote. Acostumbrados a picotear información en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la Red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura. Pero no creo que sea sólo la literatura a la que el Internet vuelve superflua: toda obra de creación gratuita, no subordinada a la utilización pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la Web. Sin duda que ésta almacenará con facilidad a Proust, Homero, Popper y Platón, pero difícilmente sus obras tendrán muchos lectores. ¿Para qué tomarse el trabajo de leerlas si en Google puedo encontrar síntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que leían los lectores prehistóricos?

La revolución de la información está lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada día surgen nuevas posibilidades, logros, y lo imposible retrocede velozmente. ¿Debemos alegrarnos? Si el género de cultura que está reemplazando a la antigua nos parece un progreso, sin duda sí. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello que un erudito estudioso de los efectos del Internet en nuestro cerebro y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus experimentos: que confiar a los ordenadores la solución de todos los problemas cognitivos reduce "la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos". En otras palabras: cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos.

Tal vez haya exageraciones en el libro de Nicholas Carr, como ocurre siempre con los argumentos que defienden tesis controvertidas. Yo carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos científicos que describe en su libro. Pero éste me da la impresión de ser riguroso y sensato, un llamado de atención que -para qué engañarnos- no será escuchado. Lo que significa, si él tiene razón, que la robotización de una humanidad organizada en función de la "inteligencia artificial" es imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un accidente o una acción terrorista, nos regrese a las cavernas. Habría que empezar de nuevo, entonces, y a ver si esta segunda vez lo hacemos mejor.

Blogs literarios

La selección está tomada de El Cultural de esta semana:





Félix de Azúa



Antonio Muñoz Molina




Andrés Trapiello



José Antonio Millán




Alejandro Gándara





Fernando Valls



Rafael Reig



Andrés Neuman




Iván Thays



Patricio Pron

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Javier Avilés



Antón Castro



Carlos González Peón





Vicente Luis Mora



Juan Mal-Herido


viernes, 29 de julio de 2011

Últimos de junio

A últimos de junio los ánimos están tan sofocados por este cochino calor y tanto acogotante aburrimiento que uno se desespera y piensa hasta en irse al quinto pino para ahorcarse de él. Lo que pasa es que la lasitud es tanta que ni siquiera apetece ponerse de pie. El efecto lo multiplica ad infinitum el fastidio de los demás y la roñosería de lo que se llama entretenimiento audiovisual: las mismas películas, los mismos anuncios, las mismas noticias repetidas ad nauseam; si enciendes la radio, lo mismo; si la televisión, lo mismo; si compras el periódico, lo mismo. Hasta tú eres el mismo que ayer y el mismo que serás mañana y oyes la misma música y los mismos tópicos en labios de los demás y todos los paisajes, ya vistos, poseen todas las gastadas y quemadas tonalidades del gris. Ni siquiera tengo ganas de gritar socorro, eso exige más energía y entusiasmo del que dispongo. Y, para colmo, dentro de poco se celebra -el verbo es antifrástico- esa especie de congreso provincial de gilipollas llamado Pandorga.


Necesito unas vacaciones para librarme de estas vacaciones. 

lunes, 25 de julio de 2011

If I Only Had a Brain

Un regalo a los blogueros: Si yo tuviera un cerebro, de El mago de Oz, en versión jazzística de Carl Fontana. La vida puede ser maravillosa.

Ortología

Javier Marías Franco, "Tacañería y tosquedad y pereza", El País, 24/07/2011

Creo haberlo contado alguna vez: cuando mis hermanos y yo éramos adolescentes, teníamos la tendencia a contestar a mis padres con monosílabos o poco más (reconozco que yo me llevaba la palma), como por otra parte es y ha sido propio de casi todos los chicos en la edad ingrata. No era sólo que no quisiéramos dar parte de nuestras andanzas (ya saben: "¿Dónde vas?" "Por ahí". "¿De dónde vienes?" "De por ahí"), sino que nos cansaba y aburría dar respuestas articuladas, así que las reducíamos a "Bueno", "Vale", "Ya", "Que sí" o incluso a algún gruñido. Y recuerdo que mi madre, ante tanta desgana, nos reprochaba: "No seáis tacaños con la lengua, por favor. Es lo último. No seáis perezosos con las palabras; ni que hablar bien costara dinero". La pobre tenía la batalla perdida en aquella época, porque, en efecto, a esa edad los chicos no sólo se convierten en holgazanes, sino que sienten que está mal visto entre sus compañeros expresarse con propiedad, hacer uso de un vocabulario preciso y amplio, y, aunque estén en posesión de él, prescinden avergonzados, no los vayan a tomar por redichos o raros. En la adolescencia el temor a la manada es enorme, hay pánico a ser rechazado. Por eso los quinceañeros suelen ir vestidos igual, se aficionan obedientemente a las mismas cosas, utilizan los mismos giros y abrazan una especie de dialecto limitado, todo con el solo propósito de que los demás oigan su grito: "Eh, ¿no veis que soy de los vuestros?" En lo que se refiere a la lengua, se retrocede voluntariamente a una fase cuasi gutural, inarticulada.

Por lo general esa fase terminaba al cabo de unos años. Hoy ya no es así, y constituye una prueba más de la infantilización inducida o deliberada del mundo. Cada vez hay más gente adulta a la que le da reparo mostrar un buen dominio de la lengua, hacer gala de un léxico rico, comunicarse con claridad y exactitud, lo cual lleva rápidamente a que dé lo mismo lo que se diga, con el pretexto de que en todo caso "se me ha entendido". También se entendían en lo fundamental los prehistóricos que carecían de lenguaje. El desarrollo y perfeccionamiento de éste, su progresiva sutileza, han sido sin embargo el mayor logro de la humanidad, al que los actuales humanos -por lo menos los españoles- parecen deseosísimos de renunciar. Hasta el punto de que leí hace poco en una novela: "Fue incapaz de gesticular palabra". No sé si era un escritor al que le sonaba "-ticular" para esa expresión y tanto le daba el verbo que eligió como "articular", o bien uno ya convencido de que, a este paso, las palabras serán pronto sustituidas por los gestos y las señas, regresándose así a la noche de los tiempos.

Una de las más claras muestras del deterioro de nuestra lengua es el desconocimiento existente -entre políticos, periodistas, locutores de telediarios, a los que se presupone cierta formación- de los verbos específicos de cada cosa. Por algo los hay, pero están cada vez más barridos del habla de nuestros contemporáneos. De la misma manera que un gato no ladra ni un perro maúlla, que un elefante no croa ni una rana barrita, hay sustantivos que necesitan un verbo determinado. Hoy, "dar" o sobre todo "hacer" valen para todo. En español nunca se "da" un discurso, como se hartan de decir en las noticias (en inglés sí, y probablemente de ahí viene la plaga, de los millares de traductores pésimos en activo), sino que se pronuncia, o coloquialmente se suelta o se larga. La corresponsal de TVE en Londres se quedó tan ancha tras comunicarnos que "Cameron ha hecho un mea culpa". ¿Ha hecho? Un mea culpa se entona, o si acaso se expresa, pero jamás "se hace". He oído que alguien "había hecho un buen polvo" (por "echado", se sobreentiende), y pedir -posible catalanismo, en este caso-: "Anda, hazme un beso". Hay una serie de verbos absurdos que se utilizan para todo y que han eliminado a otros mejores. Todo el mundo hoy "traslada" lo que sea, su malestar, su opinión, su postura, sus condolencias, un mensaje, cuando ese verbo, justamente, implica más bien un desplazamiento físico. Nadie comunica, ni transmite, ni hace partícipe, sino que sin cesar "traslada". Otro tanto ocurre con "compartir": "Comparte con nosotros tu experiencia", en vez de "Cuéntanosla"; o "No comparto el veredicto", en vez de "No lo apruebo" o "No estoy de acuerdo". Lo de "escuchar" por "oír" (esa catetada) ya clama al cielo. Cuando a Bisbal se le quebró la voz en un concierto, la locutora dijo que "Se vino literalmente abajo", y yo no lo vi por los suelos. Hay más ejemplos; hasta "Se quedó literalmente muerto" he oído. ¿Qué creerán que significa "literalmente"? Todo se mezcla: una redactora de TVE afirmó que tal ciclista "conoce los Alpes como anillo al dedo", luego supongo que a ella un regalo oportuno "le vendrá como la palma de su mano". Escritoras renombradas confunde "éste" con "aquél". Y en el programa único de Tele 5 apareció en pantalla esta pregunta para los espectadores: "¿El servicio ha actuado de chivo expiatorio?" Se referían a los criados de alguien, que por lo visto se habían dedicado a espiar, que no a expiar, al señorito, y sin disfrazarse de cabras. Lejos aquellos tiempos en que, como me recordaba hace poco Antonio Gasset, la gente se escandalizaba de que el Doctor Cabeza, Presidente del Atleti, reaccionara indignado ante la pregunta: "¿Se considera un chivo expiatorio?" "Alto ahí", contestó el médico. "Por ahí no paso, por que me llame chivo". ¿Cómo va a escandalizarse hoy nadie, si imperan la tacañería, la tosquedad y la pereza lingüísticas que nos reprochaba nuestra pobre madre cuando nos tocó ser mastuerzos? El mundo pertenece hoy a éstos, sólo que son adultos.

domingo, 24 de julio de 2011

Daniel Poohl habla sobre la ultraderecha

Gemma Saura, Barcelona, 24/07/2011

 "Daniel Poohl: "El discurso ultra ya no sonará igual. La ultraderecha dice a los musulmanes que son responsables de los ataques islamistas", dice el director de la revista sueca antirracista 'Expo' "El agresor noruego culpa al Gobierno de la islamización y el multiculturalismo"

El sueco Daniel Poohl es una de las personas que mejor conoce la extrema derecha en Escandinavia. Al frente de la revista Expo, fundada en 1995, en pleno auge de la música supremacista blanca en Suecia, por Stieg Larsson –a quien sustiuyó como director tras su muerte repentina–, lleva años investigando y denunciando desde sus páginas el avance ultra en Suecia y los países vecinos.

¿Le ha sorprendido el ataque en Noruega? ¿Creía capaz a la extrema derecha de cometer un atentado de esta magnitud?

Como a todo el mundo, la noticia me dejó sin palabras. Ahora bien, sabemos que el movimiento de extrema derecha tiene una ideología violenta, de hecho ya han cometido ataques terroristas antes. Lo que sí es una sorpresa es que el presunto autor no pertenece al movimiento neonazi sino al movimiento antimusulmán, que son dos cosas distintas. Los ataques terroristas son parte de la tradición política neonazi, no me hubiera sorprendido que de allí saliera el agresor. Pero el movimiento antiislam nunca ha hablado de cometer atentados. Esa es la novedad: un tipo que, según todo indica pertenece al movimiento antiislam pero se ha inspirado en el discurso neonazi.

El asesino noruego no ha matado a musulmanes.

McVeigh, autor del atentado de Oklahoma de 1995, era neonazi pero no mató a judíos sino que atacó al Gobierno. Anders Behring ha hecho lo mismo, concretamente al Partido Laborista, a quien responsabiliza de la supuesta islamización, del multiculturalismo, de la disolución de la nación noruega. Está castigando al sistema y a sus defensores.

¿Qué diferencia la ultraderecha en Noruega de sus vecinos?

En Noruega, que fue ocupada por Hitler, el movimiento neonazi es pequeño y está muy marginalizado; en Suecia es bastante vital. En cambio, por lo que respecta al movimiento antiislam, la situación es parecida. Tanto Dinamarca, Noruega como Suecia tienen partidos xenófobos en el Parlamento, y aunque cada uno tiene sus particularidades, todos se dedican a esparcir las mismas ideas antiislam, tanto desde la tribuna política como entre bastidores, con blogueros o opinadores en los medios de comunicación. Desde el 11-S ha habido una transformación del movimiento de extrema derecha, que ahora se erige en defensora de la democracia y la modernidad y todo aquello que se supone que los musulmanes no son. Son proIsrael, algo que tradicionalmente nunca había sido la ultraderecha europea.

¿Los musulmanes son los nuevos judíos?

El antisemitismo no ha desaparecido. La ultraderecha tiene muchas facciones. Por ejemplo, cuando en diciembre un refugiado iraqúí se hizo estallar en Estocolmo, una parte lo condenó como un ataque a Suecia, pero otros lo celebraron como un ataque a la consipración sionista internacional.

El Partido del Progreso, al cual perteneció Anders Behring, ha condenado el ataque y se ha desmarcado del asesino, expulsado precisamente por su extremismo. ¿Hasta qué punto podemos responsabilizar a un partido de lo que haga un loco por su cuenta?

Es difícil decirlo, es evidente que no se puede señalar sólo en una dirección. Pero este agresor formaba parte de un movimiento político, de donde sacó unas ideas que han inspirado su ataque. Y quiero recordar que cada vez que hay un atentado yihadista en el mundo, los partidos de extrema derecha europea, incluido el Partido del Progreso, son los primeros en decir que los musulmanes deben asumir su responsabilidad sobre esa violencia. Si ese razonamiento es válido, ahora ellos deberían hacer lo mismo.

Más allá de la ultraderecha, ¿quién más debería reflexionar sobre su responsabilidad?

Hay que mirar adelante, no buscar cabezas de turco. Pero debemos darnos cuenta que este movimiento político que inspiró al asesino supone una amenaza para nuestra sociedad. El viernes todo el mundo supuso que era un ataque islamista aunque no había nada que lo indicara. Nuestra imagen mental del terrorista no encaja con un rubio de ojos azules.

Bueno, la mayoría de atentados recientes en Europa han sido islamistas.

No en Noruega, por ejemplo. Pero automáticamente conectamos terrorismo con islam, y ya es hora de que lo superemos.

¿Cree que este atentado debilitará a la extrema derecha?

Es pronto para decirlo. Pero lo que está claro es que si los Demócratas de Suecia hablan mañana de la islamización de la sociedad no sonará igual a cómo lo habría hecho hace dos días. Quienes les escuchen sabrán que este es el mismo lenguaje que usaba el tipo que ha cometido una carnicería en Noruega

Ojo al tanto

Ojo al dato; según El País 22-VII-2011, se ha ocultado un estudio de la consultora GFK que asegura que los piratas son los mejores clientes en la compra de cedés y deuvedés originales; el estudio no se ha publicado porque contradice las tesis de quien lo encargó. Y, asimismo, numerosos estudios precedentes (entre universitarios franceses en 2009, en la universidad de Rennes en 2008) sostienen lo mismo: el visionado previo de un dvd induce su compra o alquiler más que lo contrario. Es decir: el capitalismo se opone al mercado. ¿Qué parte del capitalismo? Seguramente las industrias de publicidad, que de esa forma verían mermado su negocio, porque el cliente podría calificar el producto por sí mismo y la mierda tardaría más en venderse, si es que se vende. Y lo que interesa al capitalismo es vender mierda, no productos de calidad. Para ello lo mejor es bajar la inteligencia del consumidor y convencerle de verdades goebbelsianas como que Internet es un antro de perversión lleno de piratas malvados, ladrones de copyrigth, clonadores sin escrúpulos y corruptores de menores que ofrecen caramelos y pinguinux gratis, no como el Giligates, que es hombre honrado; porque Internet debe ser regulado y, de paso, ejem, vendido y cobrado por nosotros los bancos, mientras procuramos estupidizar a la gente, empobrecer la educación y transformar el arte y la cultura en lo que es, una tarjeta visa oro.