sábado, 10 de septiembre de 2011

Emma Stone







Nadie le discute a John Cusack el talento para elegir las películas más raras. Y el hecho de que se fije con ojos de carnero degollado en una actriz como Emma Stone, que tiene a sus pies a medio Hollywood, le hace a uno buscar en Internet su foto para ver si es verdad que esta sirena tan peligrosa es rara o única o la femme fatale del siglo XXI. ¡Es cierto! Si además hay algo de veraz en lo que se cuenta sobre su voz y carácter, apaga y vámonos.

Shame


Parece que esta película, Shame, ("Vergüenza") ha impresionado a todo el festival de Venecia, uno de los de más calidad de los últimos tiempos, y dará que hablar. Su director es además un artista plástico de Vanguardia de homónimo nombre, Steve McQueen, aunque en color (negro), no como el actor, y, tal explaya su reseñador Luis Martínez, refiere "la bajada a los infiernos de un individuo adicto al sexo que, más allá del límite de la provocación, se convierte en la perfecta descripción de un hombre incapaz de entender que más allá de nada no hay más que nada. Y ahí, dando vueltas alrededor de la tragedia de dar vueltas, estamos todos". 

viernes, 9 de septiembre de 2011

De la Garduña toledana a la Autonomía toledana

¿A quién puede interesarle conocer el patrimonio de esos bandoleros llamados diputados y senadores, a los que más bien cabría llamar publicistas o marmolillos? ¿A quién quieren engañar? Son como el espantajo del soneto de Quevedo, lleno de trapos y fajina. Más querría conocer el de sus esposas, hijos, primos, cuñados, amantes y amiguetes, sus obras de arte "regaladas", sus visitas a Suiza y su patrimonio indirecto de saco y talego. Recuerdo un tal Juan Guerra que salió absolutamente absuelto de todos los cargos que le achacaban. Recuerdo un tal Roldán, un anagrama que iba para ministro del Interior. Y los del otro partido iban y vuelven del sastre una barbaridad: my tailor is rich. No sabía que los hombres podían vestir de visón, chinchilla y otros zorrastrones árticos; la mierda puede ser muy alta. Sí, en España hay notorios ejemplos de gente que se ha hecho rica trabajando, alguno tiene que haber, ¿no? Por lo menos trabajadoras del sexo. Con la clase media más mediocre de Europa, qué podemos esperar... Aquí una idea se apaga antes de que salte la chispa. Gente que no valora ni siquiera la educación, la ortografía, la honestidad... Eso de mirar la renta de un diputado, cuando lo primero que hacen es cobrar en tenebroso o en especie para evitar a Hacienda raya en lo memo o en lo ciego; La justicia haría bien en recuperar la vista, ya que cuando se les coge es por "cohecho impropio", una denominación muy elegante que podría figurar en el Guzmán de Alfarache; no veas cuántas maneras hay de hacer dolo y malversar caudales públicos; ni rusos ni italianos podrían enseñar algo a quienes remontan su picaresca del siglo XIV, de La Garduña, para más señas, la primera mafia constituida en Europa y en Toledo, capital de Castilla-La Mancha, para más señas; la exportamos a Nápoles cuando aquella región y las Españas las gobernaba un mismo rey y de ahí vienen la Mafia, la Camorra, la N'Dranghetta y la Sacra Corona Unita, entre otras, y sus conexiones y coberturas políticas. Qué fértil es la raíz manchega de la criminalidad. De hecho, si tomamos un partido político cualquiera, podemos ver reproducido en él la misma estructura de la Garduña: la superestructura, que serían los bancos; el Hermano Mayor o Gran Maestre, un personaje de alta condición social que maneja los hilos y tiene a sus órdenes diversos capataces (uno por cada ciudad). Cada capataz dirige a dos tipos distintos de malhechores: los punteadores (principalmente asesinos o matones) y los floreadores (principalmente ladrones). Por debajo de cada uno de estos punteadores o floreadores están los postulantes, que los ayudan, recaudan las contribuciones y esperan alcanzar la posición de punteador o floreador por méritos de chupamindez o lameculismo. Y, por último, están los fuelles o aprendices, de los cuales hay diversos tipos: soplones, chivatos, coberteras y sirenas. ¡Bah! No me voy a molestar en explicar cómo se calca esta estructura en el caciquismo canovista del XIX y en el autonomista del XX, que ahora se reparten Crackman y Shoemaker. Hay más ladrones robando los bancos desde dentro que desde fuera. En tierras de bandoleros como esta, desde tiempos romanos, el Solitario habría hecho bien en asociarse con esas bandas de creativos publicitarios para poder ganarse su poquito de impunidad dizque democrática.

Millás y los profes


Juan José Millás, "Profesores", en El País  09/09/2011

Lo lógico es que el cojo sea partidario de las muletas, el miope de las gafas y el dispéptico del Almax. ¿Quién no intenta mitigar sus carencias? Solo el ignorante contumaz se revuelca feliz en su pocilga. Si no logra disfrutar de Shakespeare, lo borra de la historia de la literatura. Si no ha podido con el Quijote, lo califica de coñazo insufrible. Si no comprende la filosofía, la tacha de entretenimiento inútil para vagos. Millán Astray, uno de los burros más notables y peligrosos de la historia de España, sacaba la pistola cuando escuchaba la palabra cultura. Nos recuerda un poco a Procusto, el célebre personaje de la mitología griega que cortaba o estiraba las piernas de los huéspedes que no se adaptaban a la longitud de su cama. El uno estaba convencido de que la medida canónica de todos los cuerpos era la de su lecho; el otro no soportaba que hubiera alguien con más conocimientos de los que poseía él.

Viene esto a cuento de la carta que Esperanza Aguirre ha dirigido a los profesores de la enseñanza pública de la Comunidad de Madrid. Plagada de faltas de ortografía, les anuncia en ella los recortes que ha decidido aplicar a la educación. La cama de Procusto. Si yo no sé colocar los acentos, que nadie de mi entorno sepa hacerlo. Es probable que Aguirre no haya escrito esa carta, quizá ni siquiera la leyó antes de darle curso (así están las cosas), pero seguro que fue revisada por la Consejería responsable de enseñar a escribir a los madrileños. No pasa nada, tenemos también un responsable de transportes que desconocía la existencia del Metrobús. Cuando saltó el escándalo, Aguirre resistió la tentación de eliminar ese billete a fin de adaptar la realidad al tamaño de su consejero, pero en lo de la ignorancia contumaz parece dispuesta a sacar la pistola. Dice que hacen falta más policías que profesores.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Elvira Lindo, Profesores


Elvira Lindo, "Profesores", 07/09/2011

Confundir horas lectivas con horas de trabajo no es gratuito, es una manera de contribuir al lugar común de que los profesores trabajan poco. Tampoco es nuevo: siempre que se trata de estrechar los derechos laborales en la enseñanza alguien deja caer, como de manera inocente, que los docentes de la educación pública gozan de más ventajas que el resto de los trabajadores. Por más que se informe sobre los desafíos a los que se enfrenta un profesor en nuestros días, siempre habrá un buen ciudadano que llame a la radio o escriba al periódico para informar, por ejemplo, de las largas vacaciones que disfrutan los maestros. Es un clásico. A los políticos se les llena la boca con que no hay inversión más útil en nuestro país que la destinada a educación, hasta que un día se ponen a hacer números y empiezan por ahí: prescindiendo de interinos y poniendo sobre los hombros de cada trabajador dos horas más.


Explicar que ser profesor no consiste solo en dar clase debería de ser innecesario. ¿Qué consideración se les tiene a los docentes si se extiende esa idea? El profesor enseña, pero también corrige, ha de preparar sus clases, perder un tiempo precioso en absurdos requerimientos burocráticos y, en ocasiones, hacer labores de trabajador social. La educación requiere ahora más energía que nunca y no es infrecuente que el enseñante desarrolle patologías físicas o psíquicas. Su trabajo cansa, es más duro que muchos de los trabajos que nosotros realizamos. Los niños y los adolescentes son grandes devoradores de la energía adulta. Los escritores que hemos visitado colegios e institutos lo sabemos: dos horas dando una charla ante una vampírica muchachada te dejan para el arrastre.


¿Cómo pretenden los responsables del injustificable derroche autonómico que se comprenda que el sacrificio ha de comenzar por los que ya están sacrificados?

Vuelve Alatriste


Guillermo Altares, "Alatriste vuelve al barro de la trinchera"  08/09/2011:


La serie de Arturo Pérez-Reverte regresa seis años después con su séptima entrega, 'El puente de los asesinos', una aventura de intrigas políticas en la Venecia del siglo XVII


Dos frases pueden resumir el espíritu de ese soldado de infantería viejo, descreído y cansado llamado Diego Alatriste, que contempla el Siglo de Oro desde el barro de las trincheras y las traiciones. "Cuando a un soldado le dan de beber, o está jodido o le van a joder" y "Viví como pude, lo que mi tiempo quiso que viviera; y ningún camino es malo, excepto el que te lleva a la horca". Las dos aparecen en El puente de los asesinos, séptimo volumen de una serie que ha vendido tres millones de libros solo en español.


El último Alatriste, Corsarios de Levante, se publicó en 2006 y desde entonces Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) se ha dedicado a otros menesteres, como sacar adelante dos novelas complejas, Un día de cólera y El asedio. Sin embargo, este otoño el capitán y su leal compañero, Íñigo Balboa, regresarán a las librerías el 27 de octubre de la mano de Alfaguara con una aventura teñida de intrigas políticas que transcurre en su mayor parte en la peligrosa Venecia del siglo XVII.


"Alatriste es un territorio en el que una serie de lectores nos encontramos, nos reconocemos y nos reunimos. Allí voy como lector más que como autor", explica Pérez-Reverte. La conversación tiene lugar en el Barrio de las Letras de Madrid, un espacio muy alatristiano, en el que convivieron Quevedo, Góngora, Lope de Vega y Cervantes. El autor espera leyendo un ensayo sobre Tintín, un personaje que le convirtió en periodista y, seguramente, luego en narrador. "Soy un escritor de línea clara", explica para definir un estilo preciso que, sin entorpecer la narración, se detiene a menudo en unas descripciones en las que cada detalle tiene su importancia.


La serie sobre Alatriste nació hace ahora 15 años y el primer sorprendido por el éxito fulminante que alcanzó desde el primer volumen fue su propio autor, que pensaba que sus ya entonces millones de fieles lectores no le iban a seguir en ese lance. "La serie empieza como un divertimento personal, como un homenaje a la literatura del Siglo de Oro combinada con los libros de capa y espada", señala el escritor, y añade: "Era también un intento de explicar a la generación de mi hija una época que había desaparecido de la literatura española, los siglos XVI y XVII, una etapa que tanto nos ha marcado para lo bueno pero sobre todo para lo malo".


Con los años, seguramente por la mirada cada vez más adulta, y por lo tanto acerada, del narrador Íñigo Balboa, la serie se ha ido haciendo más cínica y también más contemporánea. La historia de un país que se creía el centro del mundo sin ser consciente del desastre que acechaba a la vuelta de la esquina no parece tan lejana. "En realidad, hablo de la España de ahora, somos lo que somos por aquellos siglos de hipocresía, de religión omnipresente, de Iglesia, de confesor junto a la oreja del rey diciendo a quién había que quemar y a quién no, de guerras absurdas, en las que derrochamos todo el oro de América", señala el novelista. "Perdimos el tren de la modernidad por esa España que nos asfixió. Siempre he dicho que en Trento nos equivocamos de dios. Mientras que los países con futuro apostaban por un dios moderno, comerciante, luterano, un dios abierto que permitía leer libros y progresar, nosotros apostamos por un dios oscuro, tétrico, de sacristía, gruñón y malhumorado que nos dejó en la ruina en la que todavía estamos. Ha habido cretinos, que no han leído los libros, que dicen que Alatriste es un canto a la España imperial. Es mentira. Creo que se han escrito pocas cosas tan descarnadas sobre España como Alatriste".


Uno de los puntos de contacto de esta serie con el resto de la literatura de Pérez-Reverte es la pasión por la documentación, el estudio profundo de un universo que luego será convertido en literatura. "Una novela es un pretexto estupendo para leer", interrumpe.


"Quise con Alatriste retratar España de distintas maneras. En El oro del rey explicaba la economía; en El sol de Breda, la guerra; en Corsarios de Levante, el Mediterráneo; en Limpieza de sangre, la religión y la Inquisición y en este he querido explicar la política veneciana, que fue muy importante para España". Seguramente sea una herencia de su pasión por el cine clásico de Hollywood -y por el cine en general-, pero hay dos elementos que recorren toda la serie: unos secundarios cuidados y reales, llenos de vida, y un malo, el peligroso palermitano Gualterio Malatesta, que está a la altura de su oponente. Umberto Eco decía que los superhéroes lo son siempre que tengan un enemigo tan grande como ellos. Y la norma se cumple en Alatriste. "Todo héroe necesita un oponente. Alatriste es un héroe muy ambiguo: ha torturado, le ha cortado la cara a una mujer, ha matado, no es un personaje nada recomendable. Ha caído en ese lado de la historia, como podía haber caído en otro. Esos son los héroes de verdad, yo he conocido a muchos alatristes, que podían haber sido una cosa u otra. Es esencial dotarlo de viejos enemigos con los que, al final, pueda tener una complicidad mayor que con los amigos. A un personaje lo definen también sus enemigos. Todo aquel que camina por la vida, que se arriesga, que se moja, que pelea, que ama, crea enemigos, deja cadáveres en la cuneta. Vivir significa elegir y tomar partido y cuando tomas partido estás en un bando. Siempre he desconfiado de los que dicen no tener enemigos: o mienten o son idiotas".


Como no podía ser de otra forma en una serie que relata las aventuras de un viejo soldado, la guerra es un elemento importante en Alatriste y también en las últimas novelas de Pérez-Reverte, que durante una parte de su vida se dedicó a recorrer como reportero frentes de batalla en medio mundo. El autor ha visto los suficientes combates, y ha leído lo bastante sobre ellos, como para saber que pueden cambiar las armas y los lugares, pero que los soldados y la muerte son siempre los mismos. "La guerra es como el alcohol: saca lo que tienes dentro", asegura. "No hay diferencias en cómo se siente el sujeto.Da igual que tengas un lanzagranadas o una espada, la sensación de tensión, de miedo, de soledad no cambia. Mi ventaja es que, al haber vivido un tiempo en esos lugares, puedo prestar a mis personajes impresiones reales... Hay novelistas que escriben desde la imaginación, muy respetables, y otros que escribimos desde el recuerdo"

Dos antiguos alumnos



Ayer vi a dos antiguos alumnos míos. Uno me lo topé en la calle, al poco de salir de mi casa; otro vino a vernos al Instituto. Los dos eran adultos. El primero era un joven ya maduro, rubio y bien plantado, pero su voz nasal echaba de ver que estaba bebido o drogado, me reconoció y me pidió dinero para marchar a Puertollano. Yo no tenía, y no pude darle nada; no me acordaba de su nombre, así que se lo pregunté, y luego lo busqué en Internet. Por lo visto no ha pagado multas de tráfico. El otro es un padre trabajador y estudioso que había terminado una carrera de letras y se aprestaba a terminar el doctorado, alguien provisto de unos sólidos principios, el tipo de persona en cuya comparación uno se siente como una hormiga de pura admiración, al contemplar que está hecho de una sola pieza de franqueza. Esta clase de gente me impone muchísimo respeto; lo explico. Cuando alguien va por la vida rebosando tal nobleza de carácter, tal humildad, tal respeto a los demás, va como exigiendo una contrapartida semejante y a vista de su conducta uno siente en toda su intensidad lo bárbaro y lo tosco y lo incivilizada que es la vida normal. Sólo los santos y los verdaderamente iluminados con la grandeza poseen esa virtud de hacer que se encojan las almas y que uno procure no defraudar y mejorarse. Se trata de una verdadera, integérrima, antigua, hidalga y tan escasa casta que sólo me la he encontrado a lo largo de mi vida con cinco personas así, tres hombres y dos mujeres. Ninguno de ellos se parece a los demás salvo en esto, porque son únicos. Son como ese justo que impidió que Nínive fuera borrada del mapa por Dios. Son hombres como los de Plutarco, sólo que no tienen paralelo y suscitan adhesiones y lealtades inquebrantables, tanta es la nobleza de su conducta. Son los  llamados caballeros, de los que ya no hay, esos que, según Pérez Reverte, no permiten que nada injusto e infame pueda suceder (según Pérez Reverte, Dios no es un caballero, porque lo permite). Y quien se gana ese título no es precisamente una persona poderosa: cualquier madre o padre trabajador del pueblo que lucha honestamente soportando todo el enorme peso de la sociedad y los errores de los incompetentes que la mandan se gana de sobra ese título; no hacer lo que ellos prescriben no inspira miedo, sino auténtico terror, como si uno hubiera desobedecido una ley de la naturaleza.


El primer alumno me hizo sentir pena, el segundo admiración. Como no creo en las casualidades, pongo esto por escrito para compartir una experiencia más con vosotros: todo está conectado, y participo de esos dos alumnos y de cualquiera.

Mi reforma educativa

Esta es mi propuesta de reforma educativa:


1. Que los bares y las discotecas cierren a las ocho de la tarde, y sólo esté permitido servir té con limón, manzanilla y tisana de melisa, y bailar el vals; debe prohibirse la entrada a señoritas que no lleven refajo o corpiño o señoritos y señoritas que hagan dudar sobre su ausencia de antecedentes penales o se presenten sin corbata larga o de lacito.
2. Que ni las teles ni las radios retransmitan fútbol.
3. Que las bibliotecas abran los domingos.
4. Que los políticos pasen la prueba del polígrafo, un test de alcoholemia diario y otro de drogadicción mensual, así como un test de empatía y psicopatía.
5. Que los periodistas pasen esos mismos test y tengan estatuto del periodista y empleo fijo.
6. Que no haya bar en el Congreso de los Diputados, sino sólo un botiquín con Aspirinas, Gelocatil, Ibuprofeno, Nolotil para los dolores de cabeza, cafeína para mantenerse despiertos, pomada para las hemorroides (y otras cosas), aguja e hilo para coserse los navajazos de compañeros de partido y oposición y electroshock para los accesos violentos de retórica.
6. Que en todas las televisiones, tanto oficiales como privadas, se reduzcan a una donde en vez de telediarios se lea el BOE y sea obligatorio retransmitir doce horas al día las actuaciones de los Coros y Danzas de María José Melero o la Asociación Mazantini e Ismael y la Banda del Mirlitón, así como una antología de las mejores canciones de Luis Aguilé, Jeanette o las Grecas y documentales por el estilo de "Peñíscola, baluarte del papa Luna" o retransmisiones en directo del rezo del Rosario en el Convento de monjas benitas de Burgos.
7. Que vuelva a las plazas de los pueblos la picota, para exponer a la vergüenza ante el pueblo trabajador a cualquier político al que se le cace con una prebenda pagada con el presupuesto de educación.
8. Creación de tres nuevas asignaturas: montaje y conducción de bicicletas; búsqueda y selección de espárragos y setas hispanas y encaje de randas y bolillos.
9. Vuelta de la póliza de a duro para recaudar fondos que sustenten la nueva burocracia.
10. Todos los alumnos llevarán un uniforme oficial que conste de blusa, boina y garrota desmontable (madera de cerezo o, a falta de la misma, nogal de diez años).
11. Los profesores deben dar clase en púlpito, con capa y solideo, y en enseñanza bilingüe: español y latín. El alumno que llegue tarde recibirá la palmatoria para ser castigado con un número variable de palmetazos por el delegado, según la gravedad de su demora. En los casos graves el alumno será castigado a leer en voz alta las Obras completas de Jovellanos (edición de José Miguel Caso González)

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Gramática parda


El bachiller Cantaclaro escribió en 1865 un Curso completo de gramática parda en quince lecciones o Vivir sin trabajar, que ha reimpreso facsímil la Editorial Almurabú de Madrid. Sin embargo, en el curso de la investigación previa a mi Tratado sobre la gilipollez y sus varias especies, divulgado anónimamente hace tiempo, encontré que la obra fue publicada antes, en 1833,  por su verdadero autor, el escritor costumbrista Ramón Soler (que no hay que  confundir con el famoso novelista romántico Ramón López Soler) con el título Curso completo de gramática parda: dividido en quince leccciones, en las que se dan reglas fijas para que cualquiera pueda vivir sin tener necesidad de trabajar (Madrid, Impr. de Tomás Jordán, septiembre de 1833) y que había un precedente  claro de esta obra en Jaime Herreros y Marín y su Curso completo de gramática parda sublime, con las reglas de su sintaxis, que ofrece dar en doce lecciones a los señoritos y señoritas cursantes en la universidad de la moda, buen gusto y supremo buen tono, para abrillantar su fina educación y arreglar sus costumbres, por el Licenciado Metesillas y Sacamuertos catedrático de fruslería y académico nato de la junta literaria de los pisaverdes y charlatanes. (Madrid: imprenta de Collado, 1819), una obra mejor escrita, por demás, que puede consultarse aquí. Se trata de una irónica reprensión de currutacos y afrancesados; como lleva bajo el nombre de quien lo da a la estampa, su probable autor, la sigla C. R., debe ser Clericorum Regularium (de un clérigo regular o teatino).

Rosa escarlata


Una canción rara, pero bellísima, de Alexa Khan

Introducción a la Literatura manchega del XIX


(Empiezo a publicar aquí por capítulos una pequeña historia de la literatura manchega del XIX que tenía escrita hace tiempo)


La literatura del siglo XIX en Castilla-La Mancha. Ensayo de un canon (I).

Ángel Romera Valero

A la hora de reseñar cuanto se ha escrito con algún valor estético o cultural en el siglo XIX en la meseta sur, asaltan al investigador algunas cuestiones metodológicas, una de las cuales, y no la menor, pese a la angostura de estas pocas páginas, es la de los límites cronológicos y geográficos que habría que dar a lo que se sitúa en las vagas regiones de lo cultural. Muchos escritores manchegos hallaron manida en otros lugares de España en busca de sustento, y algunos incluso, por motivos políticos los más, marcharon a otros países y continentes (Ignacio López Merjeliza, Félix Mejía, Juan Calderón, José Aguilar); unos pocos nacieron manchegos, pero los cambios geográfico-políticos los incorporaron a otras comunidades (Rafael Pérez, José María Huici); bastantes vinieron de fuera y se naturalizaron manchegos (León de Arroyal, Faustina Sáez de Melgar, Pedro Antonio Marcos, José Rogerio Sánchez); los hubo que nacieron en La Mancha por casualidad (José Estrañi, Miguel Echegaray) o manchegos que nacieron fuera por casualidad (Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones y cacique de Guadalajara) y, en fin, no pocos viajeros españoles (Francisco de Paula Mellado, Amós de Escalante, Sinesio Delgado) o hispanófilos extranjeros (Jean-Charles Davillier, Théopile Gautier, August F. Jaccacci, Richard Ford, George Borrow, Edmundo de Amicis, Karol Dembowski,[1] Sergéi Sobolevski etc…) escribieron sobre estas tierras, sus libros y sus hombres con más amor o curiosidad que bastantes de sus mismos naturales. El mismo Cervantes, cuya obra repercute también en este siglo, o la región de Madrid, no están horros de tales consideraciones. La cronología también se ve afectada: ciertos títulos publicados a fines del XVIII pertenecen por su contenido al XIX y viceversa, y lo mismo ocurre en el quicio del siglo XX. Por otra parte, surgen de inmediato algunas preguntas que no cumple ignorar. ¿Está lo suficientemente estudiada la literatura castellano-manchega del siglo XIX? ¿Poseen, realmente, algo en común quienes escribieron bajo la denominación territorial de Castilla La Nueva (o Manchas Alta y Baja) y la comarcal de La Alcarria?[2] ¿Con qué criterios debemos valorar sus escritos? ¿Tuvo importancia para el conjunto de la literatura española? ¿Cuáles serían sus autores canónicos?
Por fortuna, la situación bibliográfica está ahora mejor que en 1963, cuando,  al mirar el Manual de bibliografía Española de don José Simón Díaz, se extraía la penosa conclusión de que el único manchego que escribió en el XIX y pasó al canon nacional fue don Mariano Roca de Togores; disponemos ya de algunos estudios de conjunto sobre la producción literaria en la región, en especial los de Gómez Porro, aunque falta muchísimo aún para una historia de la literatura castellano-manchega, porque se echan de menos no ya tesis y monografías, sino humildes investigadores que revisen, recojan y editen lo mucho que anda disperso por periódicos y revistas, cauces primarios en que se vertió la escritura del XIX, aunque no son tampoco menos necesarios las editoriales, las universidades, las diputaciones, los ayuntamientos y los mecenas que quieran editar estos trabajos, bastante más difíciles que los consagrados a figuras menos oscuras, como puede ejemplificar el hecho frecuente, que he notado y del que es preciso advertir aquí, de que se suele minusvalorar y despreciar a las figuras regionales para que ello exima del esfuerzo de buscar sus obras, estudiarlas y analizarlas. Parte de este ensayo, pues, descubrirá autores inéditos o desconocidos y abrirá horizontes cerrados hasta ahora para el público en general.
Y, sin embargo, es cierto que no hubo núcleos importantes que articularan una respuesta cultural colectiva a los retos históricos y sociales, ni un mercado librario suficiente en una región de alto analfabetismo, muy ruralizada, con escasa burguesía y apenas ciudades importantes. Toledo o Albacete podrían haberlos constituido, pero su división ideológica (en que institucionalmente el tradicionalismo tuvo la mejor protección, financiación y cohesión) y su papel a menudo subsidiario respecto a núcleos más poderosos de atracción cultural como Madrid, Zaragoza o Valencia, sobre todo, sofocaron y desdibujaron, aunque no impidieron, el afloramiento de una respuesta cultural identitaria que, siempre que se constituía en forma de empresa colectiva, duraba poco tiempo sin disgregarse. Faltos de público ilustrado y de alientos, sus miembros terminaban por emigrar o abandonar una actividad literaria que a nuestros ojos aparece por ello como breve, fragmentaria o discontinua, pero real y existente, a pesar de su dispersión y atomización. Con frecuencia esta actividad era ancilar, formada por círculos de amigos en torno a algunas figuras notables. Hubo estos círculos en Toledo, en torno a personajes no manchegos: Julián Sanz del Río, Zeferino (sic) González, Bartolomé José Gallardo o Benito Pérez Galdós; los hubo también en Madrid -más que en Albacete- en torno a Mariano Roca de Togores o Bonifacio Sotos Ochando, cuya Sociedad de la Lengua Universal, articulada y con alguna vitalidad, y que publicó un Boletín, es la excepción que confirma la regla.
Si bien existieron Sociedades Económicas ilustradas que desarrollaron alguna actividad cuando consiguieron constituirse y vencer la oposición de las oligarquías locales (por ejemplo, León de Arroyal no lo logró en San Clemente, ni tampoco lo lograron los ilustrados en Ciudad Real), e incluso Sociedades Patrióticas (en el Trienio Liberal 1820-1823), muchas no rebasaron la fase nominal de creación y tuvieron con frecuencia que ser refundadas tras el parón que supuso para la evolución social y cultural de España el reinado de Fernando VII; aun así, en general, se tenía sólo por una especie de mérito pertenecer a ellas, no hacer algo con ellas, porque los munícipes recelaban de su papel fiscalizador.
Por otra parte se desarrolló una débil prensa casi siempre movida por ambiciones políticas efímeras, aunque hubo antes de 1868 algunos intentos de desligarse de esta esclavitud y consagrarse exclusivamente a materias literarias, pese a lo cual cabe decir que es la prensa manchega del XIX, de la que sólo nos quedan colecciones incompletas y estragadas, el principal apoyo y fuente que tuvo la literatura regional en la época, sobre todo a partir de la ley de imprenta de 1883; el periodismo se desarrolló principalmente en Albacete y en Toledo, y tuvo una fuerza y persistencia mucho menor en otras provincias; fuera de las capitales, cundió la publicación de periódicos en poblaciones como Valdepeñas, Talavera de la Reina, Alcázar de San Juan y Hellín, por ese orden. Almadén, Puertollano, Tarancón, Tomelloso y Sigüenza tuvieron también alguna actividad periodística. Albacete poseyó una tertulia literaria durante la Guerra de la Independencia en torno al Conde de Pinohermoso que no pasó de unos años, a semejanza de la Academia de ese mismo lugar fundada en 1862. La Academia de Manzanares, en torno al farmacéutico y doctor en letras Pedro José Carrascosa, futuro obispo de Ávila, también se diluyó sin dejar apenas rastro escrito. Solamente tras la revolución de 1868 fructificaron algunas empresas culturales, como los ateneos, con frecuencia embebidos en o confundidos con los casinos, que organizaban concursos florales de poesía o ensayo y luego publicaban los premios; los hubo particularmente activos en Albacete y Cuenca; el Caracense, en particular, impulsó una curiosa rama de la Lingüística que tuvo en la Mancha un gran predicamento: las lenguas artificiales.[3] Es más, se constituyeron sociedades arqueológicas y correspondientes de la Real Academia de la Historia. Pero el pragmatismo desarrolló una cierta “desviación pintoresquista” de la cultura manchega que primaba lo turístico sobre la pura y esencial necesidad de expresión. La no superada falta de una burguesía fuerte enfrentó a reaccionarios fanáticos (Agustín de Castro, Fermín de Alcaraz, Basilio Antonio Carrasco Hernando, fray Atilano Melguizo, León Carbonero y Sol), carlistas (Benigno Bolaños y Sanz, Manuel Polo y Peyrolón), conservadores (Diego Medrano y Treviño) y neos o neocatólicos (Carlos María Perier) contra los liberales del Krausismo que irradiaba desde Illescas, donde Julián Sanz del Río tuvo por discípulos a manchegos como Tomás Tapia, Nicolás Ramírez de Losada, Manuel de Llano y Persi o Manuel Sanz Benito; contra los librepensadores masones como Fernando Lozano Montes y Antonio Rodríguez García-Vao, contra demócratas como Alfonso García Tejero y Francisco Javier de Moya, contra liberales como Félix Mejía o Francisco Córdova y López, contra protestantes como Juan Calderón o escritores anarquistas como Anselmo Lorenzo. Por otra parte, los dispersos conatos de escritura regeneracionista no llegaron a tener trascendencia práctica (Rivas Moreno, por ejemplo, no logró crear una Caja de Ahorros en Ciudad Real, pero sí en los demás lugares de España).
Sin embargo, la progresiva alfabetización, los periódicos, imprentas, casinos, liceos y sociedades recreativas y culturales, la actividad teatral y musical, los nuevos institutos de enseñanza, las nuevas bibliotecas y museos fueron cambiando este panorama poco a poco, sobre todo a partir de la extensión del ferrocarril y la revolución de 1868; se recuperó en este siglo a algunos clásicos manchegos: las Obras de Doña Oliva Sabuco de Nantes (Escritora del siglo XVI)  por parte de Octavio Cuartero (1888), el Siglo de Oro en las selvas de Erifile editado por la Real Academia (1821) y las tres del Bernardo del Carpio o La derrota de Roncesvalles, (Madrid: Sancha, 1808, 3 vols., y Madrid: Rivadeneyra, 1851, por Cayetano Rosell, reimpresa en 1866, sin contar la selección en 1833 de la Musa épica de Manuel José Quintana) obras ambas del valdepeñero Bernardo de Balbuena,[4] y Hartzenbusch, con ayuda del impresor Manuel Rivadeneyra, editó sus dos famosos Quijotes en Argamasilla de Alba, en el que fuera tenido (hoy no se sostiene esta conjetura) como lugar de prisión de Cervantes o Cueva de Medrano, que forma los volúmenes III-VI de las Obras completas editadas por Cayetano Rosell, y el que precedió, a manera de ensayo y en octavo, un tamaño más manejable.
¿Y los rasgos de identidad de la literatura manchega? Bien es cierto que pueden columbrarse provisionalmente, bajo las imposturas del Nacionalismo y Regionalismo del XIX y del Autonomismo del XX, unas líneas más o menos continuas que señalan el fluir guadianesco de una tradición cultural, incluso de una presunta identidad manchega, que no habría que confundir ni mucho menos con un “carácter nacional” o volkgeist decimonónico, de esos tan desacreditados por la historiografía moderna. Estas líneas o hilos, que pueden servir para atar provisionalmente la mies de una literatura con rasgos en apariencia muy heterogéneos y variopintos, no se deben identificar, como tantas veces se ha querido hacer, con un paisaje, unas costumbres o un libro, sino con una serie de rasgos temáticos bien definidos y más que menos persistentes, transmitidos por una cultura.
Entre estos, y en primer lugar, no poco paradójicamente, es preciso señalar el carácter universal y trascendente de la literatura manchega, su exocentrismo o poder integrador y vertebrador de otras tradiciones, que le hace sumarse a ellas y, al mismo tiempo, asumirlas. La literatura manchega ha sido una de las pocas en España, por no decir la única, capaz de producir mitos literarios trascendentes y universales como la Celestina, el Lazarillo, el Quijote, hecho que incluso ha llegado a pesar demasiado a la hora de definir los propios rasgos de una identidad más oscura y específica; porque estos mitos se han alzado a costa de otras obras que merecían mejor trato, consideración que podría extenderse también cronológicamente respecto a épocas que, como los siglos XVIII y XIX, han quedado oscurecidas por el brillante Siglo de Oro manchego.
En segundo lugar, hay un tema que se ha desarrollado más en la Mancha y con más fortuna que en otros lares: el de la libertad conflictiva, dando lugar a una literatura de humor también conflictivo muy específica y característica del modo de ser manchego y que contrasta con la severa religiosidad ascético-mística de Castilla-La Vieja; me apresuro a matizar que, si bien el elemento religioso fue, ha sido y es un elemento muy importante –y conservador– en la literatura manchega, los escritores ascéticos y místicos manchegos han sido por lo general de menor altura que los de otras regiones y que los numerosos casos de excepción y divergencia forman una categoría más visible en la cultura manchega que en otras de su contorno; la figura misma de fray Luis de León, un ascético víctima de esa libertad conflictiva de la que vengo hablando al lado de los abundantes heterodoxos manchegos (erasmistas como los Vergara o los Valdés, protestantes como Ponce de la Fuente, Juan Calderón o Alfonso Ropero, krausistas, librepensadores) de que hay constancia y que la manifiestan. El humor y la crítica social, consecuencia de este esencial conflicto interno, es el cuarto de los elementos constantes en la literatura manchega y, por último, como último rasgo definidor, acaso el más discutible, la literatura manchega posee en el sueño de Italia algo misteriosamente permanente desde los Valdés y Garcilaso, pasando por Cervantes y Balbuena, por Gómez Ortega, Hervás y Panduro, los Catalina y Roca de Togores, hasta llegar a la obra de un Ángel Crespo o de un Francisco Nieva.

En el siglo XIX, por otra parte, tenemos una serie de movimientos estéticos que contaron con manchegos entre sus filas: un prolongado Neoclasicismo; el Prerromanticismo y Romanticismo; el Realismo, el Postromanticismo, el Naturalismo, los comienzos del Modernismo. También movimientos ideológicos: el Liberalismo, el Carlismo, el Neocatolicismo o Catolicismo liberal, el  Krausismo, el Librepensamiento, el Regeneracionismo. Focos de cultura y de discusión, como el de Toledo, a la vez reaccionario y liberal en torno a los amigos toledanos de Galdós, los krausistas de Illescas y los protestantes de Camuñas; en el siglo XIX, por ejemplo, se reeditan varias veces y se leen con pasión algunas obras de manchegos del Siglo de Oro que ahora mismo no hay manera de ver en las librerías. Por otra parte, la literatura manchega del XIX plantea algunos problemas: ¿cómo debemos considerar a los manchegos que, como Don Quijote, abandonaron su patria y volvieron para morir en ella, como Félix Mejía? ¿Debemos incluir a los autores que han escrito obras esenciales sobre La Mancha, algunos de ellos todavía desconocidos?
Con esto vengo a abordar otro de los problemas reseñados: el de los criterios necesariamente amplios que tiene que emplear la elaboración de un canon de literatura regional del XIX. Así, habrá que contradecir a Menéndez Pelayo, o más bien a sus seguidores, introduciendo heterodoxos, mujeres, liberales, autores de interés más bien popular y escritores que destacaron en géneros no considerados muy literarios entonces; inversamente, haremos caso a Menéndez Pelayo cuando protesta que no se incluya la literatura en latín.




    [1] El barón Charles Dembowski hizo el habitual itinerario pasando por Ocaña, Tembleque, Madridejos, Puerto Lápice y Santa Cruz de Mudela durante la primera guerra carlista, lo que narró en Deux ans dans en Espagne el en Portugal pendant la guerre civile 1838-1840. Paris: Charles Gosselin, 1841. En cuanto a Sobolevski, acudió a comprar libros a España y se quedó algún tiempo; se entrevistó con Gallardo en su finca de Toledo, lo cual cuenta en “Lettres d’un bibliophile russe à un bibliophile français” (1850), traducido como Bibliofilia romántica española por Joaquín del Val, con notas de Antonio Rodríguez-Moñino (Valencia: Castalia, 1951). Esta última obra no aparece en el conocido repertorio de Raymond Foulché- Delbosc.
   [2] Existió cierto nacionalismo castellanista o casticismo, análogo al desarrollado en el siglo XIX por toda Europa, y se han documentado tendencias políticas en ese sentido (cf. Isidro Sánchez y Rafael Villena, Testigo de lo pasado… 2005) sin trascendencia notable.
    [3] La Mancha ha dado grandes lingüistas, como Lorenzo Hervás y Panduro, Francisco Fernández y González o Tomás Navarro Tomás. Fuera del Boletín de la Sociedad de la Lengua Universal de Madrid, que intentaba desarrollar la lengua universal de Bonifacio Sotos Ochando, existe una Revista del Ateneo Caracense y Centro Volapükista español (1888-) publicada en Guadalajara y que puede consultarse en línea, fruto de la pasión por el Volapük o lengua universal de Shleyer de Francisco Fernández Iparraguirre (Guadalajara, 1852 – íd., 1889). Fernández Iparraguirre publicó una Gramática de Volapük, un Diccionario Volapük-Español y una revista internacional titulada Volapük, que se unió con la del Ateneo Caracense al fusionarse esta sociedad con el Centro Volapükista Español fundado por éste con Nicolás de Ugarte en 1886.
  [4]  Frente a esta admiración decimonónica por el poeta manchego en el XIX, en el siglo XX la obra mayor de Bernardo de Balbuena  ha sido olvidada completamente.

Soneto político adaptado de don Ángel de Saavedra


    Estudia poco o nada y la carrera
concluye de abogado en estudiante;
en Ave ve a Madrid y, petulante,
charla sin dique, engaña sin barrera.
    Escribe en un periódico cualquiera,
sé el mejor en cagarla a lo elegante
y ensaya tu elocuencia irrelevante
ante la tele, la radio o la portera.
    Sé primero concejal, y diputado
luego procura ser, que se consigue
de lameculos logrando un buen registro;
    no tengas fe ninguna y ponte al lado
del sol que más caliente y más abrigue,
y pronto te verás primer ministro.

martes, 6 de septiembre de 2011

De Las Dominicales del Libre Pensamiento, Madrid, sábado 26 de julio de 1890, año VIII, número 405, p. 1

A Fernando Lozano Montes, director de Las Dominicales y periodista libre pensador nacido en Almadenejos (Ciudad Real), le he escrito una modesta biobibliografía en la Wikipedia. De por ahí he extraído este artículo suyo, que copio:

A mi nieto,  Demófilo de Buen Lozano:

Naces en la penumbra de dos siglos y de dos grandes civilizaciones. Iluminado por tan incierta luz, te será fácil perder la orientación y caer. Haz acopio de luz y de fuerza. Baña tu pensamiento en verdad, tu corazón en amor, tu voluntad en bien. Baña tu cuerpo en aire, en agua, en sol. Sé fuerte por dentro y por fuera. Tienes que tomar parte en grandes batallas. Trabaja: hé aquí la ley más esencial. Si trabajas serás bueno, honrado y feliz. Todas las puertas se te abrirán. Aborrece la ociosidad y la pereza. Sé sobrio; come lo necesario, bebe lo necesario. La máquina del cuerpo tiene fuerzas limitadas: si se emplean en digestiones difíciles, la vida se acorta. En todo caso, si abusas de tus fuerzas, que sea por alimentar las calderas del cerebro y no las del estómago; obrar de suerte contraria sería indigno de tu naturaleza racional.

No mientas, no engañes, dí, sin imprudencia, la verdad. Defiende tu vida y la de tus semejantes. No te es lícito matar. Destierra de tu alma el orgullo, la soberbia y la vanidad. Sé sencillo, afectuoso y benévolo, sobre todo con los de estado inferior al tuyo. Ampara a los débiles; respeta religiosamente a la mujer: ve en cada mujer una hermana o una madre. Defiende con firmeza tus convicciones, con heroísmo si es preciso. Pero ten profundo respeto a las personas. No calumnies, no insultes, no injuries. Unge tu alma en santa tolerancia. Judíos, cristianos, musulmanes, todos son buenos en esencia; la educación ha podido pervertirlos, pero ellos no son culpables. Abre tu alma a todas las corrientes del humanismo: a la amistad, a la fraternidad, al amor, a la sociabilidad universal. Somete tu bien al de tu patria, al de tu raza, al bien general de todos los hombres. No te olvides nunca de que tu vida es solidaria con la de todos los seres en el mundo, y que el más repugnante y culpable de los vicios es el egoísmo.

Conserva el honor de tu nombre; que se te vea marchar en las avanzadas de las grandes batallas que está llamada a librar tu generación, para llevar a todos los hombres a la conquista de la igualdad.

Tal es mi consejo.

Carmina ob mortem patris

Anima sopita recordatur,
excitat mentem et expergefit
contemplando
quomodo vita teratur,
quomodo mors adveniat
tam tranquille;
quam celeriter gaudia fugiant
quomodo, adhuc in memoria,
dolorem dent;
quomodo, nobis videatur,
omne tempus praeteritum
fuisse melius.


Por Juan Hurtado de Mendoza, en 1540:

Evigilet stertens animus, tènebrisque reliais
Mens resipiscat hebes, alto experrecta sopore,
Contemplata quidem vita haec ut praeterit instans.
Ut tacite obrepit mors, quam cito gaudia migrent,
Utque recordanti sint urgens causa doloris,
Ut melius semper quod praeterit esse putemus.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Reformas constitucionales

Es increíble lo que hacen estos polìticos de [...] Ahora resulta que quieren reformar la Constitución sin contar con ninguna otra persona que con Merkel y los bancos en cuyos consejos de administración van a reposar sus posaderas después de haber saqueado las instituciones y corrompido todo lo corrompible. Para mandarlos al [...] , sobre todo porque antes que reformar la Constitución en eso habría que reformarla en muchas otras cosas, empezando por ese senado ridículo y esas autonomías del copón, y aun volver a una Constitución federal como la Suiza en cantones o como la Primera república y dejarnos de estupideces caras, como la Monarquía, porque un presidente (o ninguno) sale más barato y porque la historia, si enseña algo, es que los reyes pueden irse a la [...]. Sin embargo, no puede decirse, con la Biblia, "es abominación", porque quien haya leído algo de historia económica de España conocerá que el déficit crónico del estado, casi más antiguo que la misma España, ha imposibilitado muchas reformas, tanto las posibles como las necesarias, que hubieran evitado males mayores. Sólo una vez en la historia, a la muerte de Fernando VI, hubo superávit, que pronto dejó en quiebra con sus tímidas reformas ilustradas y guerras el pródigo Carlos III, que tuvo de gloria lo que pudo hacer gracias a que pudo hacerlo, precisamente, por las economías de su mochales predecesor, que tal vez por loco acertó en lo que los cuerdos no daban una; aquí hacía falta una Ilustración a la brava, como la de Pombal en Portugal, que mandó a la cárcel a tres mil nobles y a hacer puñetas a todos los eclesiásticos ruidosos, incluidos los jesuitas, antes que el propio Carlitos, quien, para tener como tuvo de hijo a un rebeco de veinte puntas como era Carlos IV, bien podía haberse hecho esterilizar.

Los moros en la costa

En el siglo XVI y XVII era tema de conversación habitual si bajaba el moro o no. Los moriscos expulsados en 1609 volvían como piratas y saqueaban que era un disgusto; a veces infiltraban a espías que hablaban perfecto castellano y se enteraban de los mejores botines que podían sustraer; de ahí viene la frase de si hay moros en la costa. 


En el siglo XX el tema habitual de conversación es si se van los moros o no, con sus variantes de si ponen bombas o no (la piratería ahora es más bien terrorismo) etcétera.


Pero la humilde verdad es que los barcos piratas son solamente pateras, cada vez menos, y los moros en la costa son solamente unos cuantos cadáveres desnudos de hombres y mujeres jóvenes y niños ahogados, sólo eso, nada más, pero tampoco menos.

El bosón de Higgs y el nombre de la Rosa.

Por lo que dicen de él, cualquiera añadiría que el bosón de Higgs es el mismísimo Dios, tanto se esconde y tanto trabajo da elucidar su existencia real o ficticia con todas las cábalas teológicas y fórmulas que pergeña la Física cuántica, que rodea el misterio insondable de jerarquías de ángeles-partículas que dan vueltas y más vueltas en torno a su creador, emitiendo luces y otras radiaciones, formando dantescas rosas atómicas rotas de tacto y rebosando ondas de pálido pétalo electromagnético, tal y como dice MM:



En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color


O como RMR:


Quién, si yo gritara, me oiría desde los órdenes celestes?
Y aun si algún ángel repentino
me estrechara contra su corazón, me anularía
su más fuerte existir, que la belleza
no es sino el grado de lo terrible que soportamos todavía.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Últimos gestos.

Por estas fechas mi padre ya estaría de vuelta de ir al majuelo a ver cómo pinta la uva. Desde mi cerrado despacho, donde sólo se oyen ocasionalmente  los feroces raps que descarga mi hija Paloma, lo único que puedo ir a ver es el estado del bonsay que me regalaron por mi cumpleaños y que no termina de convalecer del colapso causado por una traidora corriente de aire; no ha salido del coma desde hace tres meses, a pesar de nuestros diligentes cuidados. 


Las últimas posturas que adoptamos antes que nada, esto es, después de todo, como reza el inoxidable soneto de Hierro, incitan a la reflexión. Tras mi tránsito (esto de morirse siempre tiene un no sé qué de astronómico), lo más seguro es que me encerraran en la zapatería con un convencional cruzado de brazos, en una actitud de indiferencia filosófica o de autocomplacencia que se diría un poco impostada y falsa; es verdad qué sus partidarios tienen los dedos cruzados y el rosario testimonial, pero se va imponiendo la otra costumbre, aunque sólo sea porque ahorra un poco en costados del pijama de madera. Cuando abrieran la caja (eso de la escatología tiene algo de económico) para meterme en una bolsa, la llamada reducción de restos, seguramente encontrarían el panorama habitual: una calavera con la boca desencajadamente abierta,  nadie sabría decir si en un bostezo atronador, en un asombro atónito e irrepetible o en una risa insuperable, hablando en términos meramente métricos (Demócrito y Heráclito estarían todavía discutiendo por eso). Sin embargo, cualquiera que haya visto morir a alguien (yo lo he visto) convendrá en que, tras ese desagradable momento, y desde un punto de vista meramente fisiológico, lo habitual es que la suspensión del gobierno del nervio de la mandíbula nos haga torcerla en una mueca expresionista. La lengua popular habla de "estirar la pata" en los animales, aludiendo a la sacudida mioclónica que precede al sueño y a la muerte (hermanos bien avenidos, según la mitología griega), esto es, una orden de emergencia del cerebro para revivir el cuerpo. Refiriéndose a los hombres, más educadamente, se dice que "no está ya entre nosotros" o "pasó a mejor vida". El facebook de la Muerte, a la que uno contempla siempre con el semblante pálido y masculino de una severa película de Bergman, mostraría un mosaico parecido al de las Caras de Bélmez. En fin, acompañamos en el sentimiento, no somos nadie, siempre se van los mejores, parece que fue ayer, ¿cómo ocurrió todo? y no hace dos días que lo vi tan sano, ánimo y a superarlo, todo esto pasará.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Cambiar

Con desgana tomo el teclado para hablar no sé de qué... Han cambiado la interfaz del blog, y uno está ya hasta las narices de cambios que no mejoran nada. Eso de cambiar la facha, la presentación, la interfaz, el apocalíptico monstruo de las mil caras de facebook o lo que coño sea es tan moderno como porculizante. Lo de cambiar tiene un prestigio muy falso y marrado, porque muchas veces se muda lo bueno por lo malo o lo malo por lo peor, o lo peor por lo pésimo. De la sartén de Guatemala a las brasas de Guatepeor. Sucede como con las actualizaciones de los programas informáticos, que siempre sirven para actualizar los bolsones, no bolsillos, de Giligates y otros piojos cojoneros por el estilo. Sucede como con la habitual salmodia de precedentes que sirve para infatuar, que no autorizar, cualquier desaguisado político, porque siempre se emplean los precedentes para hacerlo mal y no para hacerlo bien. Todo eso tiene su retórica o toda esa retórica tiene su eso, que no su seso. Si Quevedo viviera hoy y volviera a escribir su Visita de los chistes, incorporaría a un personaje llamado El Cambio junto a otro llamado El tío Paco con las rebajas. No habría manera de hablar con El Cambio porque siempre estaría cambiando de opinión y, en cuanto al tío Paco, ese tío Miserias con cara de político tras las elecciones, mejor no hablar. Prefiero el Pupas.


Sé que muchos gustáis del vitriolo, pero a mí me aburre y su paladar me quema; me sobra vinagre para animar la ensalada más sosa, pero prefiero creer en algo, por tonto que sea, porque yo soy tonto. Y lo dejo aquí, que tengo que ir a examinar cabezas de jíbaro para ver si alguna ha crecido; seguro que sí, porque si las comparo con la mía, que encoge con tanto lavado de cerebro...

martes, 30 de agosto de 2011

Una visita a las lagunas de Ruidera

Estuve en las lagunas de Ruidera con familiares y amigos; yo ya conocía el lugar (he viajado por casi toda la provincia acompañando a mi padre o vendiendo cosas de puerta en puerta); recuerdo que por la estrecha carretera que las circunda mi padre atropelló a algunas liebres que luego se comió; a mí me daba algún asco. Entre nosotros hubo quienes se remojaron como unos garbanzos, y el sol les pegó una tunda, porque estaban muy blancos, por caso mi mujer. El paraje es precioso; hay siete lagunas grandes entre unas quince, aunque no son en realidad lagunas, sino remansos fluviales; la del Rey, la Colgada, la de Lengua y la Redondilla son las más famosas. Aunque había concurrencia, era lunes y uno podía realizar una paseata con cierta desenvoltura; Paloma nos estuvo contando sus hazañas de remo y windsurf  de este verano en una colonia del lugar (y también sus agujetas); el agua era de un verde especial, porque era agua pura, de lluvia; por ahí podimos ver avispones contumaces, tábanos golosos, moscas cojoneras, tímidos pececillos, cangrejos mareados y casi asfixiados y varias bandadas de patos (los había a patadas, decía Ana Isabel). Eran muy descarados y les dimos de comer algo de pan en la laguna del Rey, llamada así quizá porque esos reyes tan cazadores, los Austrias o más probablemente los Borbones, habrían podido haber venido de montería por aquí. Yo hice un poco de sociología patal, y saqué unas cuantas tristes conclusiones. Veréis, si tiraba pedazos pequeños de pan venía un pato cualquiera y se lo comía, sin que hubiese más discusiones; pero si tiraba un gran pedazo, quien lo cogía se iba hacia el borde de la bandada sin compartirlo y se formaba una persecución al estilo de Horacios y Curiacios que establecía una jerarquía: el pato afortunado se llevaba todo el pan a mar abierto, donde era más libre y no tenía necesidad de compartir, se iba a la periferia del grupo y, antes, se formaba una pelea mayúscula. Ya veis, si hay mucho y no se divide, se genera una dictadura y una guerra civil. Pero si se reparte el pan, se genera una sociedad de patos con el espacio rigurosamente dividido y sin problemas. El nombre de Ruidera surgió por etimología popular, porque en el siglo XVI se nombra este lugar como Riadera; en todo caso, ya Cervantes las llama así. Entre unos nueve o diez que estábamos allí desaparecieron cuatro tortillas de patatas, varias lonchas de queso y embutidos, no pocas botellas de refresco y algo de fruta; luego tomamos algún helado y café en un lugar del contorno. Vimos jugar a los viejos a la petanca y un parquecillo muy mono con algunos aparatos de gimnasia; conocimos a la familia del novio de Gloria, que es Edu; recuerdo a su madre, que resultó ser una antigua alumna de historia del colegio universitario de  Ciudad Real y me recordaba también; ahora vive en Manzanares, casada con un enfermero de quien tiene además a una hija. La pastelería de mis parientes, El buen gusto, en Manzanares, estaba cerrada. 


Estuvimos cogiendo moras cerca del cementerio de Ruidera, en un lugar llamado el Derrumbadero o algo así donde hay un mirador cerca de una cascada; es un lugar agreste y arbolado y por allí abundaban las matas de moras. Me entraron ganas de coger estramonio por pura curiosidad, ya que he estado leyendo sobre ese hierbajo desde que se ha cargado a unos cuantos muchachos tontos del haba que se atrevieron a cocinarse una infusión de ese veneno. Me quedé con ganas de ver la iglesia de La Solana, que es muy hermosa vista desde la distancia, y de cuyo interior imaginero guardo algunos recuerdos bastante vívidos. También pasamos por Alhambra, cuyo nombre en árabe significa castillo rojo, y en efecto es una aldea subida a unos cerros, uno de ellos coronado por una torre roja mellada. Membrilla, la del galán de Lope de Vega, que fue uno de los reductos más importantes del anarquismo en Castilla durante la Guerra civil. Poco queda ya de eso.


El convite fue debajo de una copuda encina situada a la orilla de la laguna La Lengua, así llamada por la particular erosión que sufren sus bordes de piedra, socavados por debajo de forma tal que asomaban como su nombre da a entender. Por debajo del reborde, a la altura del agua, salían las ramas de varias higueras cuyos huesos llegaron seguramente allí y echaron raíces. Los restos mortales de una sandía abandonada por algún turista estaban cerca de la encina; por el otro lado, una hermosa mierda  dejada también tal vez por algún otro, aunque no olía. Algunos automovilistas que pasaban por allí nos rociaron con el polvo del camino, los muy jodíos. Nosotros nos pusimos a comer de pie usando un taburete de mesa sin apercibirnos del panorama hasta que ya era tarde, pero no estuvo mal. Amenazaba tormenta, pero la desintonía entre relámpagos y truenos la anunciaba para muy tarde, así que estuvimos tranquilos, aunque un buen chapuzón hubiera refrescado a quienes, por demás, ya estaban en traje de baño, en una tarde muy calurosa; en fin, liamos el petate y nos fuimos otra vez a casa.