sábado, 24 de septiembre de 2011

El neutrino que llega antes de salir


I

"Los neutrinos que llegaban antes de haber salido", El Mundo, 23 -Sep-2011 15:40:

Una de las cuestiones que me preocupa desde que ayer las redes comenzaron a hervir con la noticia de ese experimento sobre los neutrinos más veloces que la luz en el que se ha comprobado (pongamos todas las salvedades, es difícil de creer y desde luego no está confirmado ni corroborado por otros experimentos independientes, lo que ya nos obliga a demorar cualquier conclusión) es que si los neutrinos viajaron más rápido que la luz, y según la relatividad la luz es la que marca la línea de lo que sucede en el mismo momento, los neutrinos llegaron a Italia ANTES DE HABER SALIDO DE SUIZA.

Dentro de nada comenzará en Ginebra una rueda de prensa, para explicar el tema. A mi me pilla justo en las jornadas de ciencia de AMAZINGS 2011 Bilbao, donde precisamente están los mejores divulgadores de la ciencia de este país. Y ando preguntándoles a unos y otros qué opinan. Y hay que esperar, hay que ir entendiendo qué es lo que se ha descubierto y si las pruebas son adecuadas para la magnitud de la afirmación. Como comenta en su blog Migui (Miguel Rodríguez), la constancia de la velocidad en el vación es uno de los axiomas de la física moderna, exhaustivamente comprobada. Si lo tiramos, entonces nos quedamos sin teoría. Pero los GPS, que usan en sus cálculos la relatividad de Einstein, funcionan a la perfección, y toda la física se ha comprobado hasta los más extremos niveles de precisión... y nada indicaba que estaba todo mal. Para empezar de nuevo, habrá que pedir pruebas realmente extraordinarias.

Otro gran divulgador de la ciencia, Phil Plait comentaba que resulta curioso que si este experimento está en lo cierto, visto los nanosegundos que se han adelantado en esos 700 km de distancia del experimento, los neutrinos de la supernova que estalló en la Gran Nube de Magallanes el 23 de febrero de 1987, la SN 1987a, deberían haber llegado 4 años antes. Sin embargo, se midieron en el experimento  del Mont Blanc justo 3 horas antes de ver la primera luz visible, un desfase que se explica porque la explosión inicialmetne es opaca a la luz, pero no a los neutrinos, que escapan sin más. La pena es que no había detectores de neutrinos funcionando en 1983... aunque entonces ¿qué serían los neutrinos que sí se midieron y que viajaban a la velocidad de la luz -o muy cerca-? La cosa se complica...

La otra conclusión extraña, así a vuelapluma y en espera de ver lo que cuentan, que seguiremos ENVIVO desde El Mundo es que según la relatividad, la simultaneidad de dos sucesos se da precisamente porque un rayo de luz pasa de uno a otro: no consume tiempo. Es un poco complicado, pero es la manera que tienen los físicos de establecer cómo funciona el universo. Lo que pasa es que si los neutrinos fueron más veloces que un hipotético fotón, eso quiere decir que estaban siendo detectados en el Grand Sasso, en Italia, antes de haber salido.

¿Extraño? Demasiado como para no estar atentos a lo que sucede. Se lo iremos contando... Si ustedes no lo sabían ya antes.

II


Álvaro de Rújula, físico del CERN, "Más rápido que su sombra", El País, 24/09/2011:           

La paradoja de Lucky Luke es que disparaba más rápido que su sombra: más deprisa que la luz que la proyectaba. Es una paradoja tremebunda, porque la teoría de la relatividad de Einstein no es una teoría, sino una descripción comprobada y precisa de la realidad. El tiempo en el reloj de un piloto de avión pasa más despacio que el de relojes en tierra, precisamente como la teoría predice. Si volase a la velocidad de la luz, el reloj del piloto se pararía. Y si fuese más deprisa, echaría para atrás. En la teoría de la relatividad, la posibilidad de viajar más rápido que la luz es equivalente a la posibilidad de viajar al pasado. Si esto fuese factible, podría uno matar a su abuela antes de que pariera a mamá.

Los neutrinos llegarían desde el CERN al detector Opera más deprisa de lo que la luz lo haría... si el resultado anunciado fuera cierto. Sería uno de los mayores descubrimientos desde 1898, cuando Michelson y Morley establecieron que la velocidad de la luz es la misma para todo observador en movimiento no acelerado. En relación con un observador dado, otros tienen velocidades relativas pero la velocidad de la luz es absoluta.

En la teoría de la relatividad, la velocidad de la luz no solo es absoluta, sino también máxima. Podemos aumentar la energía de un protón en el LHC, pero para que su velocidad llegase a ser la de la luz se necesitaría una energía infinita. Sobrepasar a la luz es, por lo tanto, imposible. Cuando un protón del LHC pisa el acelerador, su velocidad, ya próxima a la de la luz, aumenta muy poquito. El LHC es un energizador, no un acelerador.

No es la primera vez que se mide la velocidad de los neutrinos. El resultado más preciso data del 1987, cuando llegó a la tierra la luz de la explosión de la supernova 1987A, en la Nube de Magallanes (una galaxia satélite de la nuestra) a unos 150.000 años luz de aquí. La explosión de una supernova de este tipo va precedida por la implosión del núcleo de la estrella, que produce neutrinos horas antes de que la noticia de que el núcleo implosionó llegue como onda de choque a la superficie y la reviente dentro de la estrella. Esta onda viaja a la velocidad del sonido, más lentamente que la luz (de ahí que en general todos parezcamos inteligentes antes de hablar).

Tanto los neutrinos de la supernova 1987A como la luz de la explosión se observaron desde la Tierra. Y ambos vinieron a la misma velocidad, con una precisión en la medida 100.000 veces superior a la de Opera. La única diferencia sustancial entre las dos observaciones es que los neutrinos de la supernova tienen energías unas 1.000 veces inferiores a los de Opera. Existen teorías no disparatadas en las que las dos velocidades pueden diferir. Michelson y Morley comprobaron que no hay un éter: un espacio absoluto en el que viajara la luz. Pero podría haber otro éter, que solo vieran los neutrinos y que implicase que viajan a velocidades distintas en función de su energía. Incluso así, la contradicción entre Opera y la supernova es demasiado grande como para poder explicarse.

Las posibilidades evidentes -que los neutrinos tienen masa, que interaccionan con la Tierra, que el Pentágono introduce aposta errores en el GPS comercial, que un becario descontento falsificó los datos, etcétera- son descartables. En mi opinión, la reacción más razonable al resultado de Opera es preguntarse dónde está el sutil error. En estas ocasiones hay que hacer más experimentos antes de vender la piel del oso. Y mojarse. Si el resultado se comprueba me corto la tiza, como los samuráis quiebran su sable.


viernes, 23 de septiembre de 2011

El sí de A. D.

Alfonso D., de regia nomenclatura, podría ser una especie de Imhotep capaz de hacer milagros en restauración de tejidos y se va a casar con la momia de una linajuda duquesa, de quien algunos infundios aseguran se mueve y aún alienta. Algunos le podrían llamar violador de sepulturas, pero a mí me parece un niño salvado de las aguas del Nilo bético como si fuese un don del mismo, el don que le va a dar el ser Duque consorte. Dicen ellos se conocían desde niños, pero, habida cuenta de la diferencia, más que abismal, de fosa de las Marianas en cuanto a edad, treinta añazos, es evidente que la memoria de uno de los dos flaquea, no sé si con conato de Alzheimer. Sospecho, no sé por qué, que es la de la damita en cuestión, que más que octogenaria parece cenozoica. Evidentemente, Alfonso D. no es hombre ilustrado, porque El sí de las niñas de Moratín atacaba los matrimonios desiguales. Alfonso D. no es ilustrado, es romántico; se casa por amor. Nadie duda de los numerosos encantos, nada ruinosos, aunque sí algo, bastante, bueno, muy arruinados de la Duquesa de Osiris, que de faraona tiene todo el oro y el moro que le han dejado sus poco agradecidos vástagos. La duquesa está triste y está sola y ha perdido el color y tiene, es la verdad, todo su derecho de ruina a escoger a un arqueólogo romántico, un Schliemann que la desentierre y le convenga (Schliemann, que era rico, se casó por poderes con una griega), un Schliemann que la restaure. Ya lo decía Agatha Christie: "Cásate con un arqueólogo: cuanto más envejezcas, más te querrá". Pero la Hammer, productora de las mejores películas de terror, hará bien en reservar los derechos cinematográficos de la noche de bodas para una inenarrable nueva producción: Muerte en el Nilo. Por más que a la culta Duquesa (sabe cinco idiomas, aunque no los use) le hayan gustado siempre los gays, como su segundo marido.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Posmodernismo


P. Tubella y J. R. Marcos, "El posmodernismo se convierte en historia moderna. Londres revisa el ascenso y caída del polémico movimiento cultural", El País, 22/09/2011:

Perfiles de edificios que juguetean de forma irreverente con diversos estilos arquitectónicos, en abierto desafío a la sobriedad del movimiento moderno; productos de uso doméstico, como una simple tetera, cuyas formas caprichosas priman la estética frente a todo sentido práctico; revolucionarios diseños gráficos y estrellas musicales decididas a abanderar la subversión con estilo. Y finalmente la rendición, el culto al dinero. Ese cajón de sastre que, bajo la etiqueta de posmodernismo, fue sinónimo de libertad radical hasta convertirse en el estilo del consumismo exacerbado, protagoniza el estreno de la nueva temporada museística en Londres.

Como herederos suyos, ¿somos víctimas o beneficiarios? Los artífices de la exposición que el museo Victoria & Albert abre este sábado (Posmodernismo: Estilo y Subversión 1970-90) no quieren entrar en disquisiciones filosóficas sobre un fenómeno que desafía una definición compacta. Su propuesta se centra en la historia reciente del arte y el diseño, en cómo un movimiento provocador nacido en el universo de la arquitectura acabó extendiendo su influencia en todas las áreas de la cultura popular, incluidos el cine, la música y la moda.

Frente a las connotaciones negativas que arrastra la etiqueta, la muestra explora a través de dos centenares y medio de piezas la vocación rupturista con el pasado inmediato, la pluralidad que reniega de toda narrativa dominante, también un estilo irónico y multifacético que abrió un sinfín de posibilidades.

"El posmodernismo toma fragmentos de estilos ya existentes y los reúne a modo de collage para crear algo diferente", subraya la comisaria de la exposición, Jane Pavitt, sobre una de las características principales del movimiento. Cuando Philip Johnson inauguró hace más de cinco lustros su diseño del rascacielos de la compañía AT&T (hoy edificio Sony) en Nueva York, que talla con un agujero circular el vértice del frontón triangular de la fachada, fue tildado de traidor. El arquitecto -como muestra uno de los bocetos que exhibe el V&A- rebatía la ortodoxia cúbica racionalista, de la que hasta entonces él mismo había sido adalid. El gesto entroncó con una joven generación que miraba con ironía hacia los monumentos del pasado, los reciclaba y combinaba.

Uno de los grandes exponentes del diseño y la arquitectura posmoderna en España fue Oscar Tusquets, cuyo Belvedere Georgina, construido en Llofriu (Gerona) en 1972, fue calificado como "la primera obra posmoderna sin mala conciencia". Lo hizo Charles Jencks, a cuyo ensayo El lenguaje de la arquitectura posmoderna, de 1977, se atribuye la popularización del término que puso nombre al cambio de sensibilidad apuntada ya en textos de Robert Venturi como Complejidad y contradicción en la arquitectura o Aprendiendo de Las Vegas.

Desde su estudio de Barcelona, Tusquets sostiene que "tenía que venir una revisión de esa época". No para reproducir su estética, aclara, sino para reconocer el valor que tuvo: "Fue una reacción de hartazgo contra el monolitismo puritano del movimiento moderno, que despreciaba el gusto de la gente y le decían cómo tenía que vivir. Lo tildaron de snob y reaccionario capitalista porque los modernos decían construir para los obreros, pero resulta que a los obreros les gustaban las cubiertas a dos aguas".

Si aquellas ideas no acabaron de encajar entre el público de los setenta, los diseños posmodernos logran en la siguiente década, con su boom económico, la aceptación de las masas, especialmente en su traslación a los objetos de la vida cotidiana. Los muebles de Ettore Sottsass, fundador del grupo Memphis, o los estilosos artículos domésticos de la firma Alessi, anteponen la originalidad y la ostentación a cualquier otra función, y aparecen como objetos irresistibles en las revistas de estilo que empiezan a proliferar. Todo era una declaración de estilo en aquella "década del diseño" que también impregnó el mundo de la música y a sus intérpretes, exponentes de la teatralidad, el colorido y la exageración. Jane Pavitt alega que el look de personajes tan diversos como David Byrne, Annie Lennox o la diva Grace Jones (a cuyos estilismos se dedica una sala) contribuyó a cuestionar las nociones de género, sexo e identidad, acarreando consigo nuevos aires de libertad.

La resistencia a la autoridad, en el ámbito artístico y en el social, que quiso encarnar el posmodernismo acabó cediendo a la seducción del dinero, simbolizados en el cuadro de Andy Warhol que en el tramo final de la exposición toma como estrella el signo del dólar. El arte como mercancía, la subversión que en realidad persigue el gancho comercial, la superficie a expensas de la profundidad.

"¿Frívola?", se resiste Tusquets. "Comparada con los edificios-estrella que han venido después y que ignoran olímpicamente el contexto en el que se levantan, la arquitectura posmoderna era de un rigor absoluto", ironiza. "En 20 años veremos que los proyectos de Zaha Hadid, por no hablar del Hotel Puerta América de Madrid, se aguantan menos que los de Michael Graves".

Con todo, el arquitecto catalán reconoce que "la desobediencia a Mies y Le Corbusier" y la recuperación de valores de la arquitectura tradicional no siempre encontró una creatividad a la altura de su ambición. Eso y la implantación arrolladora que conoció en los ochenta -"en EE UU Graves anunciaba tarjetas de crédito por televisión y el único arquitecto italiano al que conocían los alumnos era Aldo Rossi"- determinó su caída: "Su descrédito fue proporcional a su éxito". Posmoderno se convirtió en un insulto casi. Nada nuevo según Tusquets: "Cuando yo era niño, el modernismo, Gaudí incluido, era de mal gusto. Si no tiraron el Palau de la Música fue porque no había dinero".

Los detractores del fenómeno encuentran sus argumentos en los años noventa, cuando el posmodernismo, efectivamente, sucumbe ante su propio éxito. Por eso el Victoria & Albert remata ahora una programación que ha revisado los movimientos artísticos y del diseño en el siglo XX con una mirada retrospectiva hacia una escuela multiforme. Un movimiento que, en palabras de Pavitt, "lo adores o lo odies, tuvo en su momento el poder de inflamar", de socavar los dictados de la uniformidad, de abrazar "un diseño radical" y de abrir impensables vías de expresión.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Historia de la literatura manchega IV

Parece ser que blogger no me admite textos demasiado largos, así que he pasado todos mis post sobre Historia de la literatura manchega a un blog nuevo titulado Historia de la literatura en La Mancha. Ahí podréis consultar no sólo todo lo que he escrito sobre su siglo XIX, sino también otros materiales que he confeccionado sobre ese tema en otros siglos y que he publicado en otros lugares, por ejemplo la Wikipedia. Ese blog se irá ampliando todo lo que sea posible. De momento los textos están copiados tal cual, y faltan ilustraciones, algunas cursivas, números de notas y formatos, pero poco a poco iré adecentándolo todo.


Este es el enlace:

martes, 20 de septiembre de 2011

Matar a un ruiseñor


En Georgia (USA) van a ejecutar a un inocente. Suena injusto, cruel o imposible, pero eso es lo que va a pasar como ha pasado ya en doscientas ocasiones al menos en que sepamos se haya podido probar la inocencia del ejecutado (porque allá casi nadie se interesa por demostrar la inocencia de un muerto: es caro y, sobre todo, inútil). Lo más probable es que haya habido más inocentes en esa lista. 

Siete de los nueve testigos de la acusación se retractaron; no existe móvil,  no hay arma homicida y se sabe quién fue el verdadero homicida: el testigo principal de la acusación, que incluso ha admitido haberlo asesinado; una testigo (Quiana Glover) asegura que el único hombre cuyo testimonio fue determinante para condenarlo (Sylvester Cole) le ha confesado en una fiesta que él fue quien acabó con la vida del agente. No hay clemencia que valga. Da la casualidad de que el reo no es blanco y de que el crimen (del que se le acusa, no este que se va a cometer legalmente) fue el asesinato de un policía. El negro sospechosamente inocente tal vez sea un cómplice de Cole y debe morir porque un policía blanco inocente ha muerto.  El acusado se llama Troy Davis. Un millón de personas de todo el mundo ha firmado una petición de clemencia gestionada por Amnistía Internacional, yo mismo uno de ellos; han intercedido la Unión Europea,  el Papa, el expresidente Jimmy Carter, decenas de otros políticos ante el Estado de Georgia, pidiendo se perdonara al recluso o se le conmutara la sentencia. No ha servido de nada: no hay duda razonable que valga.

Sólo un comentario: si alguien debe morir por matar, que sean quienes matan a un inocente y no se arrepienten.

Jerónimo Anaya, Una vieja dama llamada selectividad


Publicado en Lanza, ayer:

UNA VIEJA DAMA LLAMADA SELECTIVIDAD

Desde que en el examen de la llamada Selectividad (ya sé que se llama prueba de acceso a las enseñanzas universitarias oficiales de grado, es decir, PAEG), correspondiente a la asignatura (ya sé que ahora no se llama así) de Lengua castellana y literatura, puede salir sola y exclusivamente un texto «divulgativo-informativo», el alumno se puede encontrar con cualquier texto de autores tan extraordinarios como una antigua ministra, de cuyo nombre, aunque no quiero acordarme, me acuerdo; un periodista excelente, o no tanto; o cualquier otro autor de los buenos que tenemos en España. Eso sí, nunca se podrá encontrar con un texto de Bécquer o Galdós, Unamuno o Machado, Lorca o Gerardo Diego, Delibes o Buero Vallejo. Menos de Gabriel Celaya; y, por supuesto, León Felipe no estará nunca entre los elegidos. Ni siquiera García Montero ni César Antonio Molina, aunque este fue ministro hace poco tiempo.
Por eso, que salga un texto contra Esperanza Aguirre es una insignificancia. El problema no está en que el texto «divulgativo-informativo» sea un ataque a Esperanza o a Zapatero; el problema está en que, en segundo de bachillerato, no hay, al menos oficialmente, lecturas obligatorias; en que nunca, nunca, nunca, podrá el alumno elegir un texto literario (Clarín, Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán, Alberti, Salinas, Alfonso Sastre, Eduardo Mendoza, Carmen Laforet… no tienen la altura suficiente para aparecer, por lo menos, en una de las dos opciones que se presentan). El problema está en que los textos literarios son menos importantes que los periodísticos o los humanísticos, pongo por caso. Todos son importantes, creo yo; pero en una asignatura que se llama Lengua castellana y literatura me parece que hasta un poema del olvidado (por la izquierda y la derecha) León Felipe debería tener prioridad sobre un texto de un periodista, por muy bueno que este sea. O al menos aparecer en una opción el periodista y en la otra el propio León Felipe, Benítez Reyes, Miguel Hernández o Pío Baroja.
El caso del texto, que en este duro septiembre ha salido a los alumnos castellano-manchegos, es un ejemplo más de lo mal que está la enseñanza. Pero no el texto en sí, sino todo lo que hay a su alrededor. Hoy los toros, el carnaval  y hasta el botellón son los máximos ejemplos de nuestra cultura. Pero comentar un texto de Azorín o de Martín Recuerda, comentar un poema de Dámaso Alonso o José Ángel Valente es una aberración, incluso si se propone en un examen de Lengua castellana y literatura.
¿Cuándo veremos que el emperador va desnudo? Bueno, verlo, lo vemos; pero decimos que lleva el más maravilloso de los trajes: el de la incultura.

Jerónimo Anaya Flores.
Profesor de Lengua castellana y literatura

lunes, 19 de septiembre de 2011

El sinsentido común


De El País de hoy:
EL SINSENTIDO COMÚN
"Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para crear impresiones que no durarán en personas que no nos importan" (Emile Henri Gauvreay)
Garantizada la supervivencia física y económica y teniendo cubiertas las necesidades básicas, expertos en el campo de la economía del comportamiento afirman que lo que hace perdurar el bienestar emocional no es lo que conseguimos ni poseemos, sino lo que ofrecemos y entregamos a los demás. Entre otros estudios, destacan los realizados entre los años 2005 y 2010 por el economista norteamericano George F. Loewenstein.
Sus investigaciones se centraron en los antagónicos efectos emocionales que producen la codicia y la generosidad. Y para ello, realizó un experimento sociológico con un grupo muy heterogéneo de seres humanos. El equipo liderado por Loewenstein seleccionó a 60 personas de diferentes edades, sexos, razas y profesiones, las cuales, a su vez, tenían múltiples divergencias en el plano social, cultural, económico, político y religioso.
El primer día los participantes fueron divididos en dos grupos de 30 personas. Todas recibieron 6.000 dólares (unos 4.520 euros). A los miembros del primer grupo se les pidió que en un plazo de dos meses se gastaran el dinero "en regalos a sí mismos". Y a los integrantes del segundo grupo se les dijo que usaran los 6.000 dólares "en regalos a otras personas".
Dos meses más tarde se obtuvieron resultados opuestos. La satisfacción de los miembros del primer grupo había durado "relativamente poco". Según las conclusiones, "tras el placer y la euforia inicial que les proporcionaba comprar, utilizar y poseer determinados bienes de consumo, los participantes enseguida volvían a su estado de ánimo normal". Con el paso de los días, algunos incluso "empezaban a sentirse más tristes, vacíos y decaídos, por no poder mantener la excitación conseguida con el consumo".
Por otro lado, los miembros del segundo grupo se habían sentido "mucho más satisfechos y plenos" que los del primer grupo. "El hecho de pensar de qué manera podían utilizar el dinero para beneficiar a los demás, ya era motivo suficiente para que los participantes experimentaran un bienestar interno".

Sí, bwana.

Dicen por ahí que, para obtener fondos, los partidos políticos (uno de izquierdas y otro de derechas) nos iban y van a vender a la privada como esclavos. Sí bwana, no es mala idea, no me niego, si primero empezamos vendiendo como esclavos a los políticos (aunque, ¿no están estos prebendados prevendidos ya?) Pero la realidad es otra: con el dinero obtenido por nuestra venta los políticos y los bancos podrán pagar sus propias deudas, las contraídas al gastar nuestro dinero, y así ellos contentos. Lo malo es que uno sabe qué es la esclavitud, porque se ha leído las autobiografías de algunos esclavos, empezando por las de los esclavos cubanos Juan Francisco Manzano y Esteban Montejo, y terminando por ese libro terrible que es el de Harriet Jacobs. Ellos sabían que hay algunas cosas que no se pueden ni deben vender. "El esclavo es un hombre muerto", escribió Manzano. Y yo sé que, como indican estos esclavos que escribieron (o dictaron, porque no sabían ni leer) con más humanidad que literatura, si desearon ser blancos fue no porque les guste su color, sino porque son libres, y si se discriminaron entre ellos mismos de forma tal que los esclavos que servían en la casa de su amo se consideraban superiores a los que trabajaban en el campo, fue porque también ganaban algo de libertad. Algo así como fijos e interinos. Luego están, claro, los amos blancos, que son los políticos, que se limitan a producir algodón para vestir de trajes (blancos, como el algodón), valencianos o no, a banqueros y empresarios. Pues señores, parece que vamos a ser esclavos unos cuantos algún tiempo. "Primero vinieron... etc." El río ha comenzado a sonar con esa noticia en La Mancha y en Madrid, uno sospecha con la intención -estas noticias siempre hay que leerlas en pasiva, porque están calculadas, como la retórica, para conseguir unos efectos y reacciones calculados y determinados, manipulando el miedo, la intimidación etcétera quizá para evitar protestas escritas, manifestaciones y huelgas públicas y desmovilizar voluntades, ya que los políticos y sus sucedáneos, los periodistas y medios de desinformación, son sólo unos creativos publicitarios a sueldo de los bancos, destinados a crear una ilusión de democracia-. El tiempo dirá si eso es riachuelo o Amazonas y si lleva alguna agua.

Un lenguaje extraño


Del poeta nuevomexicano de principios de siglo XX José Inés García

Un lenguaje extraño

"Para mi primo Cornelio Córdova, de Chamizal, Nuevo México"

Hay gentes en este mundo,
primito, no me ha de creer,
que al hombre le llaman man,
y woman a la mujer.

No sé dónde aprenderían
un lenguaje tan extraño,
pues al mes le llaman month
y le llaman year al año.

De este modo se siguen
y se entienden, ah, qué bien,
al dónde le llaman where,
y al cuándo le llaman when.

Al padre le llaman father,
a la madre llaman mother,
a la hermana llaman sister,
y al hermano llaman brother.
a la vereda the path,
y al camino the road.

Hablan, gritan y hasta lloran,
y es tanta la gritadera,
que al invierno llaman winter
y spring a la primavera.

A veces me da hasta miedo,
cuando les oigo cantar,
tocan en una guitarra
y le dicen the guitar.

Al pan le dicen the bread,
a la leche llaman milk,
al queso le llaman cheese,
y a la seda the silk.

A la plaza llaman town,
a la casa llaman house,
al gato le llaman cat
y al ratón le llaman mouse.

Al maíz le llaman corn,
al trigo le llaman wheat,
al café le llaman coffee,
y a la carne, the meat.

Al río le llaman river,
al riachuelo llaman brook,
al maestro llaman teacher
y al libro le llaman book.

A la mesa llaman table,
a la silleta, the chair,
a la cabeza the head
y al cabello llaman hair.

A las manos llaman hands,
a los pies le llaman feet,
a la estufa llaman stove,
al calor le llaman heat.

A la tarde llaman evening,
y morning es la mañana,
de este modo se siguen
porque así es el mundo, Juana.

Javier Marías sobre la reforma constitucional


Javier Marías, "Iconoclastas a hurtadillas", 18/09/2011

No lo recuerdo con precisión, pero lo recuerdo. Se estaba redactando el borrador de la Constitución cuando se produjo una filtración de su contenido a la prensa. A mi padre, Julián Marías, le pareció erróneo y aun disparatado, lleno de detalles impropios de un texto tan fundamental, y escribió un artículo al respecto dando la voz de alarma. Dicho artículo no sólo tuvo mucho eco, sino que el mismo día de su publicación mi padre recibió una llamada del entonces Presidente Adolfo Suárez, que, sumamente preocupado, lo invitó a visitarlo para que le expusiera sus objeciones en persona y más por extenso. La redacción de la Constitución -hubo luego más reacciones- se inició de nuevo, o poco menos. Quedó libre de adherencias absurdas o interesadas y lo bastante presentable para ser sometida al refrendo de los españoles, en 1978. La actitud de Suárez contrasta sobremanera con la de Zapatero, Rajoy y el resto de políticos actuales. ¿Se los imaginan sobresaltándose por lo que opine un intelectual y convocándolo en seguida para escuchar su parecer y sus posibles consejos? Quienes tengan estima por Julián Marías podrán argüir que tampoco hay hoy ninguna figura equivalente a la suya. Es cierto que no la hay idéntica, pero en cada época hay figuras equivalentes a las de cualquier pasado. Fernando Savater, de quien discrepo a veces, lo es a todas luces en cuanto a su capacidad de razonamiento y argumentación, su independencia y su impredecibilidad. Pero ni Zapatero ni Rajoy creen precisar de su concurso ni del de nadie, o les basta con lo que les dictan Merkel y Sarkozy, cuya altura intelectual nadie pone en duda porque carecen de ella.

Desde su aprobación en 1978 -treinta y tres años-, la Constitución ha sido intocable, y tanto el PSOE como el PP se han esforzado al máximo porque lo fuera. A ambos partidos se les ha llenado la boca diciendo defenderla, en incontables ocasiones. Hasta el punto de que ni siquiera se ha tramitado una enmienda que ya clama al cielo, a saber: que en esta Monarquía Constitucional les sea posible reinar a las mujeres. Modificación tanto más necesaria cuanto que la descendencia del Príncipe Felipe es, por ahora, exclusivamente femenina. (Eso por no hablar de la injusta Ley Electoral que padecemos desde hace tres décadas.) Y de pronto, en pleno agosto y por vía sospechosamente urgente, esos dos partidos se ponen de acuerdo -nunca lo están en nada- para reformar la Constitución de manera poco democrática, dada su anterior y proclamada inviolabilidad. Y, pese a los centenares de millares de firmas reclamando un referéndum, se saltan éste a la torera e imponen la reforma desde el Congreso. Rajoy ha tenido la desfachatez -en fin, su partido se caracteriza por ser falaz casi siempre- de asegurar que, puesto que una abrumadora mayoría de diputados ha votado a favor de ella, también lo ha hecho una abrumadora mayoría de españoles, olvidando, o más bien escondiendo, que dicha reforma no figuraba en el programa del PP ni del PSOE cuando hubo elecciones por última vez, en 2008. Ningún español, por tanto, ha aprobado nada de lo que ellos se han sacado de la manga a última hora, cuando la presente legislatura está agotada y el Presidente del Gobierno no va a seguir siéndolo.

No tengo conocimientos para saber si conviene o no que se limite el déficit y se establezca un techo de gasto mediante enmienda constitucional. Puede ser. Aunque juraría, desde el sentido común, que hay otras formas de conseguir eso -¿decreto ley, aplicación y cumplimiento de las leyes ya existentes?- sin necesidad de tocar el texto fundamental. Y, en todo caso, creo imprescindible que la modificación se someta a referéndum. Han salido voces, a menudo inteligentes, como las de Peces Barba y otros, que sin embargo han soltado inesperadas sandeces en contra de ese referéndum, como "¿Para qué hacer una consulta popular si ya se cuenta en el Parlamento con una mayoría suficiente?" O les da lo mismo, o no han caído en la cuenta de que es posible -sólo posible- que dentro de unos meses el PP goce de mayoría absoluta en dicho Parlamento y que, con este precedente peligrosísimo y los argumentos de Peces Barba y sus colegas por bandera, se sienta facultado para cambiar la Constitución a su antojo y cuantas veces le plazca, dejándonos a merced del criterio y el provecho de un solo partido que jamás se ha distinguido por su respeto a la ciudadanía. Con esta reforma impuesta se ha abierto, asimismo, la caja de Pandora: ya ha salido uno reclamando que se incluya en la Constitución el derecho a la "autodeterminación"; otro, el federalismo; un tercero, que si Monarquía o República; un cuarto, que se reconozca la "singularidad" de su pueblo, y así hasta el infinito.

¿Cómo pueden ser nuestros políticos tan obtusos? En un momento en que hay una creciente y manifiesta aversión hacia ellos; en que se ha producido un movimiento que no debe tomarse a la ligera, el del 15-M, el cual ha subrayado las imperfecciones de nuestra democracia y el progresivo distanciamiento entre nuestros representantes y sus representados; justo entonces, no se les ocurre otra cosa que reformar a hurtadillas -es "a hurtadillas" todo lo que no sea consultar a la población al respecto- el texto que hasta ahora era intocable y sacrosanto. Es como si los obispos se hubieran convertido en iconoclastas de sus veneradas efigies de Semana Santa. Eso es lo que han hecho el PP y el PSOE: dinamitar lo que se han pasado treinta y tres años jurando que defendían y reverenciaban. ¿Quién va a creerles a partir de ahora una palabra? Lo de "a partir de ahora" es sólo un decir, no me tomen por tan tonto.

domingo, 18 de septiembre de 2011

La alegoría que somos


Franz Kafka, Sobre las alegorías, Praga, 1922:

Muchos se quejan de que las palabras de los sabios siempre han sido y serán no más que alegorías y son inútiles para la vida diaria, que es lo único que tenemos. Cuando el sabio dice «Vaya hacia allá»  no quiere decir eso (que uno ha de ir hacia un lugar situado más allá), lo que por supuesto podría cumplir si el resultado del viaje valiera la pena; al contrario, quiere decir algo legendario más allá del otro lado, algo para nosotros desconocido y que él tampoco llega a indicar, de forma tal que no nos puede servir de nada acá donde estamos. Así pues, todo lo que estas alegorías tratan de decir es simplemente que lo incomprensible es incomprensible, que ya lo sabemos, y los problemas con que topamos todos los días son algo distinto. Sobre este tema uno preguntó una vez: ¿Por qué tanto empecinamiento? Si siguieseis sólo el camino de las alegorías, vosotros mismos os convertiríais en alegorías y de esa forma solucionaríais todos vuestros problemas cotidianos.
Otro dijo: -Apuesto a que eso también es una alegoría.
El primero dijo: -Has ganado. 
El segundo respondió: -Sólo alegóricamente, por desgracia.
Y el primero replicó: -No, en lo real; alegóricamente has perdido.

Tipografías


Enric Satué, "Un misterio de próxima revelación", El País, 17/09/2011

El uso del ordenador ha enfrentado al ciudadano común con el fascinante mundo de la tipografía. Aunque pocos saben el origen de las fuentes que utilizan, pronto podrán personalizar las de los libros que leen.

La tipografía no sólo es una abstracción sino también un misterio, para ese ente abstracto que es "el lector habitual", muy concreto a la vez ya que puede ser usted mismo.


"Las letras de imprenta proporcionan el retrato más característico de un periodo y el testimonio más preciso del nivel intelectual de un país"

Es un misterio de lesa invisibilidad, desvelado hacia 1930 por expertos encabezados por Stanley Morison y Beatrice Ward. El primero admitió que, en un texto impreso, el estilo y la forma de las letras no son la aspiración principal del lector; la segunda aludió a la metáfora de una copa de vino de cristal fino y transparente, cuyo estilo y forma -como la tipografía al lector habitual- pasan desapercibidos al bebedor consumado.

Y es una abstracción evidente el alfabeto tipográfico en sí mismo, pues si bien entra por los ojos sin percibir estilos ni formas, se diseñó tras el costoso proceso de unificación de un trío heterogéneo, de una disparidad geocultural sorprendente. Veamos, si no: las mayúsculas se basan en la escritura epigráfica difundida por el Imperio Romano; las minúsculas surgen de la Europa bárbara sojuzgada por Carlomagno, denominadas, con propiedad, carolingias; mientras que las cifras -del uno al nueve- proceden de remotos y legendarios imperios indoarábigos.

Fue a partir de esa dispersión original, genialmente domesticada, que se crearon fuentes tipográficas de proporciones áureas, únicas en la historia, no sólo del conocimiento sino también del arte. Pero pese al empeño en el diseño, el misterio, refractario crónico a la hazaña de integración de tan babélico mestizaje, duerme un sueño profundo en el subconsciente colectivo. Un sueño que, por lo visto, se dispone a interrumpir la luz fría del ordenador.

Para los escépticos el éxito se presume incierto, ya que impresas en papel o en la pantalla, vemos las palabras con absoluto automatismo, percibiéndolas más con el oído que con los ojos. Por eso asombra que, mucho antes de la era visual/virtual que nos caracteriza, Cicerón ya programara que "lo importante no es lo que se dice, sino cómo se dice".

De modo que, entre su invisibilidad y nuestra indiferencia, la tipografía fluctúa al margen del texto, como un objeto de fe inaccesible a la razón. ¿O es que algún lector habitual recuerda, honestamente, la del libro que anda leyendo? ¿O tiene presente la del volumen preferido, del que sabe de memoria todos los detalles? ¿Cuántos, en fin, la vemos conscientemente, y cuántos inconscientemente?

La panacea de las fuentes digitales. La cruda realidad, más allá de misterios y abstracciones, es que el curso didáctico que imparte desde hace años la informática, ha hecho más por facilitar el conocimiento de la tipografía al lector habitual que cinco siglos y medio de imprenta, pese a hacerlo de un modo superficial y rudimentario.

Pero el lector habitual, es decir, usted mismo, tendrá que agradecer un día a la informática el esfuerzo desinteresado en hacer, por fin, visible lo invisible. De momento, al adquirir una tabla táctil último modelo, la aplicación de libro virtual ya nos faculta a leerlo en cinco tipografías, para elegir a la carta: Baskerville, Times New Roman, Palatino, Cochin y Verdana.

Forman el armazón tipográfico cuatro romanas (Baskerville, Times New Roman, Palatino y Cochin), más claras a la lectura que cualesquiera otras a causa de las serifas, que ayudan a la vista a seguir las líneas. Por el contrario, la única tipografía de palo del ingenio virtual (Verdana) resulta, a juicio de los expertos, menos legible en líneas largas, por cuya razón se considera especialmente apta para titulares o textos breves.

Ahora bien, pese a constituir una mayoría absoluta, de cuatro a uno, sigue siendo un misterio ineluctable que las primeras tipografías humanistas o romanas, diseñadas antes del descubrimiento de América, prevalezcan en los soportes de lectura impresos o digitales, así como que tanta maravilla desfile invisible ante el distraído lector, habitual o esporádico.

Lógicamente, la selección es discutible, pero aun reprimiendo la queja por el nepotismo anglosajón (dos diseñadores son ingleses, otros dos americanos y el quinto alemán) la cuestión no es esa. Entre la Baskerville, la Times New Roman, la Palatino y la Cochin, uno echa en falta la Garamond francesa, estandarte de las romanas, o la Jenson italiana o una de sus múltiples variantes, por la cual Erasmo no tuvo inconveniente en recorrer la distancia entre Rotterdam y Venecia para implorar a Manuzio que le editara sus nuevos Adagios "en aquella bellísima tipografía romana, a ser posible la más pequeña de todas". Es evidente que en este caso, la invisibilidad general de la tipografía no afectó al ilustre embajador de la devotio moderna humanista.

Entretanto, el consumo compulsivo que tanto nos seduce amplía su oferta, con una abundancia disponible tan sugestiva que el lector habitual ya puede aspirar al manejo inminente de una suerte de ergonomía del tipo, adaptando libremente formas a funciones. A los 50.000 libros un día descargables, les corresponderán otras tantas fuentes diseñadas hasta la fecha -según los cálculos-, con lo cual la adrenalina tipográfica segregará subidones considerables. ¡Qué emoción leer a Mark Twain en un tipo egipcio, por ejemplo Clarendon, como los que florecieron en su país al mismo tiempo que su obra literaria! ¡Qué grata sensación explorar el Ulises de Joyce en un tipo vanguardista coetáneo, como los palos Futura o Gill Sans! ¡Qué gozo revisar los clásicos modernos que van del Siglo de la Razón al de las Marcas, como ya han bautizado al nuestro, homologados por el neoclásico Bodoni, unánimemente reconocido como el más bello y elegante de cuantos en el mundo han sido!

Claro está que, con el exceso de fuentes digitales, la elección será cuestión de gusto, pero también de eficacia, cara a optimizar la lectura. Y el lector habitual irá tomando consciencia de que, si la selecciona bien, mejorará el significado del documento leído. Desde luego no será tarea fácil, porque siendo ambas cosas a la vez, la tipografía no es ciencia ni arte, ahondando en el misterio la estética, ciencia que aunque trata de la belleza y teoría fundamental y filosófica del arte es, al mismo tiempo, una pulsión natural, personal e intransferible. Quizá por eso, para desentrañar un poco el misterio, Giambattista Bodoni resumió el buen diseño tipográfico en cuatro conceptos asequibles a todos: "Claridad, regularidad, buen gusto y gracia".

Pero así como la claridad y la regularidad son fácilmente verificables, no ocurre lo mismo con el buen gusto y la gracia. Parte del misterio que el genio de Parma legó a las generaciones futuras permanece insondable, puesto que aun interpretando correctamente el significado, poco tiene que ver hoy su buen gusto con el nuestro. Y ya no digamos la gracia.

Al fin y al cabo eficaz. Diseñar letras de imprenta concierne, además, a las dos disciplinas clásicas de la forma, y algo de luz pueden aportar al secular ocultismo. Por una parte, la composición tipográfica responde a una terminología curiosamente tomada de la arquitectura (bloques, columnas, portadas, pórticos, frisos o ventanas), con lo cual el lenguaje técnico confiesa la influencia. Por otra, las partes de las letras se designan con pintorescos términos antropomorfos (hombros, brazos, piernas, panzas o barrigas, cuellos, ojos, orejas o lóbulos) o zoomorfos (astas, colas y espolones), amén de secreciones, pilosidades o abalorios (lágrimas, bucles y anillos), llamando al conjunto "Anatomía de las letras", adscrito a los conocimientos prácticos que los pintores aprendían con objeto de representar la figura humana. Así, obedeciendo normas y órdenes académicos comunes, la arquitectura y el arte contribuyen a la claridad, regularidad, buen gusto y gracia de la buena tipografía.

Hoy por hoy, leer indistintamente textos compuestos en tipografías renacentistas, neoclásicas, románticas, modernas o contemporáneas forma parte del batiburrillo intemporal y sincrónico vigente. Representado por esas cuatro romanas (Baskerville, Times New Roman, Palatino y Cochin) y el palo (Verdana) que proponen las tablas táctiles, y a modo de divertido videojuego, podrían alternarlas con otros inacabables quintetos. Por ejemplo, las Garamond, Bodoni, Sabon, Clarendon y Helvética; o las Jenson, Bembo, Plantin, Eureka y Franklin Gothic; o las Century Expanded, Minion, Didot, Rockwell y Trade Gothic; o las Caslon, Perpetua, Rotis, Wallbaum y Futura o Gill Sans, etcétera.

En fin, convenientemente agitado el brebaje tipográfico, y servido al lector habitual en finas copas de cristal transparente, ya sólo queda por ofrecer un recordatorio que en los tiempos de lectura que se avecinan podría acabar, felizmente, en dogma. Se trata de la proposición que dice: "Las letras de imprenta son uno de los medios de expresión más elocuentes de cada época o estilo y, próximas a la arquitectura, proporcionan el retrato más característico de un periodo y el testimonio más preciso del nivel intelectual de un país".

Un arquitecto precursor de la modernidad -Peter Behrens- la dejó impresa para la posteridad, naturalmente en letras de plomo, y quién sabe si fue una Schrift, una Antiqua o una Medieval, las tres fuentes que diseñó para una fundición alemana de primeros del siglo veinte.

Paradójicamente, hoy, a primeros del siglo veintiuno, la misteriosa cultura tipográfica quintocentenaria sobrevive ilusoria, sin proporcionar retratos ni testimonios lo bastante convincentes. La letra de imprenta, cómplice forzoso del periodo visual/virtual que vivimos, permanece como de costumbre invisible, oculta a la distraída mirada del mundo y pendiente, en todo caso, del próximo rescate que se anuncia por vía digital, probablemente arbitrario pero al fin y al cabo eficaz.

Enric Satué, diseñador gráfico, ha publicado recientemente El factor diseño -en la cultura de la imagen y en la imagen de la cultura (Alianza Editorial. Madrid, 2011. 304 páginas. 21 euros). www.enricsatue.com.

Fortunas insolidarias


Ramón Muñoz, "Las fortunas españolas no son tan solidarias" El País, 16/09/2011

Las principales riquezas del país se desmarcan de la iniciativa de sus homólogos de pagar más impuestos - Oficialmente, apenas hay multimillonarios y gozan de una tributación muy ventajosa

Imaginen que se juntan en una cena el banquero Emilio Botín, el dueño de Zara, Amancio Ortega y la duquesa de Alba y deciden convocar a sus pares, las mayores fortunas de España, para presentarles una propuesta singular: dirigirse al unísono al Gobierno para pedirle que les suba los impuestos y ayudar así al país a salir de la crisis. Esta fábula del mundo al revés no ha sucedido en España, ni tiene visos de que ocurra, pero no es una licencia literaria: multimillonarios franceses, alemanes y estadounidenses han entendido que el patriotismo en momentos de recesión pasa por que paguen más los que más tienen y han reclamado a los políticos un aumento de la fiscalidad.

Y algunos Gobiernos han recogido el guante. En Francia, Alemania, Italia, Irlanda y EE UU ya están preparando reformas para elevar la presión fiscal a los que más ganan o imponer impuestos especiales a las grandes fortunas. Curiosamente, muchos de esos Gobiernos tienen color conservador. Otros Ejecutivos, como el de José Luis Rodríguez Zapatero, que se definen de izquierdas, han desistido de aplicar estas recetas, y optaron por subidas fiscales indiscriminadas a través de impuestos indirectos como el IVA, como vía para aumentar la recaudación.

Esa política está siendo cuestionada desde las propias filas socialistas. El candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, promete llevar en el programa electoral un impuesto especial de fortunas, y ha forzado a que el Gobierno rescate el impuesto del patrimonio como reclamo a dos meses de las elecciones. El PP cree que con esas recetas solo se conseguirá más paro y no apoya ningún impuesto para ricos.

Economistas, politólogos, sociólogos y expertos en general no se ponen de acuerdo en la justificación de ese ansia solidaria de los más poderosos. Algunos apuntan a que detrás de esa petición de que les suban los impuestos hay un mero efecto cosmético de cara a mejorar su imagen ante la opinión pública, que contempla impotente como recaen, una tras otra, todas las plagas de la crisis (paro, desahucios, encarecimiento de servicios esenciales...) mientras una casta privilegiada sigue cobrando sueldos y bonus estratosféricos o incluso se beneficia de las ayudas públicas.

"Nuestros ricos no son solo menos solidarios, aunque solo fuera por un sentido de la estética de la justicia, sino que posiblemente tienen más cosas que esconder. Aquí la ciudadanía se conformaría no con que se les gravara más sino con que declararan lo que les corresponde", dice Juan Torres, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.

El fogonazo de los plutócratas lo daba el multimillonario estadounidense Warren Buffett, reclamando más impuestos para él y los suyos. "Los ricos siempre van a decirnos: dadnos más dinero y gastaremos más y todo esto repercutirá para bien en todos vosotros. Pero esto no ha funcionado en los últimos 10 años, y espero que los estadounidenses se hayan dado cuenta".

La revista Forbes, en su última lista de 1.210 multimillonarios correspondiente a 2010, incluye 15 fortunas españolas. En conjunto suman 63.000 millones de dólares (unos 45.300 millones de euros). Ninguno de ellos ha manifestado públicamente su disposición a pagar más al Estado.

El gesto más audaz ha sido el de Rosalía Mera, dueña del 6,9% de Inditex (Zara), que dijo comprender las razones de la protesta de los indignados del 15-M. El Consejo Empresarial para la Competitividad, que reúne a los gestores de grandes empresas (César Alierta, Isidro Fainé, Emilio Botín, José Manuel Entrecanales, Isak Andic, Isidoro Álvarez, Leopoldo Rodés, Simón Pedro Barceló, etcétera), ni siquiera ha incluido el tema en el orden del día de sus discusiones, aunque sí ha aplaudido otras decisiones como imponer un límite de gasto en la Constitución.

"El tema de una tributación especial para ricos esconde otro debate más profundo, que es el nivel de la presión fiscal que es necesario tener para gozar de los servicios públicos de calidad como los de Alemania u Holanda, por ejemplo. España siempre ha sido un país con un gran fraude y una presión fiscal baja. Y eso da una sensación de que el grueso de la carga cae sobre la clase media, que está injustamente distribuida y que los más ricos poseen mecanismos de evasión a su alcance", afirma Josep Oliver, catedrático de Economía Aplicada de la UAB.

Algunos ricos nacionales no solo no piden pagar más sino que intentan evadir sus obligaciones fiscales. En mayo de 2010, las autoridades francesas informaron de que 3.000 fortunas españolas estaban en la lista de personas con cuentas secretas en Suiza que había filtrado Hervé Falciani, un empleado despechado del banco suizo HSBC. Entre ellas aparecía Emilio Botín, presidente del Banco Santander, su hermano Jaime Botín y los hijos que tienen cada uno de ellos. A petición de la Agencia Tributaria, los denunciados procedieron a la presentación de las declaraciones de entre 2005 y 2009 de los bienes no declarados y abonaron 200 millones de euros. La Audiencia Nacional investiga si la regulación que se hizo fue suficiente o no.

En España, el problema no es tanto que los ricos paguen poco, sino que oficialmente casi no hay ricos. Según los últimos datos disponibles de la Agencia Tributaria con el balance de la Declaración del IRPF de 2009, únicamente 6.829 contribuyentes declararon ganar más de 601.000 euros (tramo superior) ese año, lo que supone solo un 0,035% del total de declaraciones (19.315.353). Una cifra tan baja de sueldos millonarios es poco creíble si se compara con otros estudios y estadísticas. Baste decir que solo el número de miembros de la alta dirección de las 35 compañías del Ibex ascendía a 513 y su retribución media fue de 754.000 euros.

La edición del Informe sobre la Riqueza en el Mundo de 2009, que elaboran cada año Merrill y Capgemini, reveló que el número de particulares con patrimonios elevados en España, entendidos por tales a los que poseen más de un millón de dólares (700.000 euros) en activos líquidos (excluyendo primera vivienda y consumibles) era de 143.000 en 2009, un 12,5% más que el año anterior. De hecho, el informe reconoce que España es el duodécimo país del mundo con más "individuos de valor neto elevado" (High Net Worth Individuals). ¿Dónde se esconden estos potentados? ¿Dónde están los 134.000 ricos que faltan si se compara ese estudio con los datos de la Agencia Tributaria?

La respuesta es doble: los ricos españoles gozan de facilidades para esconder su riqueza al fisco (en algunos casos incurriendo en fraude), y los que no lo hacen buscan fórmulas mucho más ventajosas de tributación que el IRPF que rige para el común de los contribuyentes y asalariados, bien creando sociedades que gestionen su patrimonio o a través de las Sicav, unos vehículos de inversión que emplean casi todas las grandes fortunas españolas para agrupar sus inversiones.

Elijan el instrumento que elijan, los sucesivos Gobiernos de PP y PSOE han coincidido en rebajarles la carga fiscal a los ricos con deducciones, bonificaciones y excepciones. Así, el gravamen del IRPF para las rentas más altas es del 45%, aunque el tipo efectivo, lo que realmente pagan sobre su renta, es del 30,8%, desde el más del 40% que pagaban una década atrás. Por su parte, el tipo medio del Impuesto sobre Sociedades para el conjunto de las empresas ha disminuido desde 2004 del 32,3% al 28%, mientras que el tipo efectivo descendió aún más, hasta un 5,3%, todo ello debido a los cambios introducidos en las bonificaciones y deducciones.

Con todo, las más ventajosas para los millonarios son las Sicav, sociedades compuestas en teoría por 100 o más partícipes que tributan a un 1% por el Impuesto de Sociedades, frente al tipo general del 30%. Su funcionamiento puede levantar ampollas en el contribuyente medio. Y es que si un particular gana un buen sueldo puede pagar hasta un 45% vía IRPF; si un empresario tiene éxito en su negocio productivo abonará entre un 25% y un 30% de lo que gane; pero si una gran fortuna se dedica a invertir en Bolsa a través de las Sicav sólo tributará un 1%

Cuando venden su participación en la Sicav, en todo o en parte, teóricamente deben tributar al 21% como una renta de capital, pero buscaron también un mecanismo de evadir ese pago ya que muchas retiradas de dinero se disfrazaban bajo la fórmula de reducciones de capital con devolución de aportaciones.

"La regulación de las Sicav no tiene ninguna malicia cuando funcionan como un fondo de inversión. Ahora empiezan a no ser equitativas cuando son manejadas por una sola persona, de forma que logra diferir la tributación que debería pagar si fuera un particular", indica Luis del Amo, gerente del Registro de Economistas y Asesores Fiscales.

El argumento que se dio para esta discriminación cuando se crearon en 1983, en el primer Gobierno de Felipe González (aunque quedaron reguladas definitivamente en 2003 bajo el mandato de José María Aznar), era evitar la fuga de capitales. Es decir, hay que tratar bien a los que más tienen para evitar que se vayan.

"Si eres un deportista de élite es fácil residir y tributar en cualquier lado. Pero si eres un empresario y tienes el núcleo de tu negocio en tu país es mucho más complicado", precisa Del Amo. En otros países no están de acuerdo con esa filosofía y creen que los efectos de la recesión deben recaer también sobre las espaldas de los poderosos.

Francia acaba de aprobar un impuesto especial que grava las rentas que superen los 500.000 euros; Italia fijará un nuevo impuesto del 3% a los contribuyentes con ingresos superiores a los 300.000 euros anuales; Barack Obama pretende eliminar las exenciones fiscales de las que gozan los que ganan más de 250.000 dólares (unos 180.000 euros) en Estados Unidos; y Reino Unido ha alcanzado un acuerdo con Suiza para que los británicos con cuentas en el país helvético paguen impuestos en el Reino Unido a partir de 2013.

El presidente de Ferrari, Luca Cordero di Montezemolo, ha pedido al Gobierno de Silvio Berlusconi que no cargue con más impuestos a los que ganan 4.000 euros al mes y, en su lugar, le propone un impuesto extraordinario del 0,5% sobre los patrimonios de más de 10 millones. Dieciséis de las mayores fortunas de Francia pedían un tributo especial para "preservar un modelo francés y de un entorno europeo de los que nos hemos beneficiado".

En España, Juan Rosell, presidente de la patronal CEOE, decía recientemente: "No es momento de la queja constante, sino del sacrifico constante". Pero se refería a los funcionarios.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Autores en penumbra


Winston Manrique, "Autores en penumbra", El País 17/09/2011


Es un misterio y una paradoja que creadores excelentes no hayan conquistado al gran público. En España hay narradores que merecerían salir de esa sombra y tener más lectores, algunos con libros recientes como Cabré, Hidalgo Bayal, Rosa, Gutiérrez...


Hay un momento del amanecer, justo antes del alba, que muchos disfrutan y admiran. Es un instante celeste del crepúsculo que puede parecerse al lugar que habitan excelentes artistas y creadores a quienes los caprichos del azar les impiden ser apreciados por el gran público.


Siempre han existido y siempre existirán personas en ese punto fronterizo de la penumbra. Ahí está un grupo de escritores españoles de destacada trayectoria, con prestigio entre la crítica, respetados por las publicaciones culturales y admirados por sus colegas, pero sin la repercusión, visibilidad y el número de lectores que su nivel literario merece. Muchos de ellos con importantes premios e incluso reconocidos en el extranjero, pero que no han terminado de conquistar al público de su país. Aunque ahora es un buen momento para que los lectores desafíen ese sino discreto de varios de esos narradores que han publicado en el último año con elogiosas críticas. Desde Juan Eduardo Zúñiga, hasta Jaume Cabré, pasando por Menchu Gutiérrez. Al igual que ha ocurrido con otros autores de la misma estirpe, pero más jóvenes, que han buscado dar el gran salto recientemente, entre ellos Isaac Rosa, Marcos Giralt Torrente, Francesc Serés, Nuria Barrios, Antonio Orejudo, Joaquín Berges y Ricardo Menéndez Salmón. Un recorrido por los autores del siglo XX eclipsados por el azar lo cuenta José-Carlos Mainer en la apertura de este Babelia, en la página 2.


Y queda claro que "eso que llaman Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo ciega, y, así, no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba ni a quién ensalza", según Miguel de Cervantes.


Palabras centenarias que, no en vano, resuenan hoy porque "el consumo literario es un fenómeno viscoso y maleable por definición, incluso cuando pretende ser dirigido por campañas de marketing: lo natural es su movilidad y la provisionalidad de sus resultados. Pero es llamativo en la cultura española un fenómeno más o menos reciente: la concentración de numerosos narradores de calidad, justo por debajo de la línea de sombra que separa la celebridad popular del consumo minoritario y más o menos exquisito", afirma Jordi Gracia, escritor, catedrático de Literatura Española y crítico de Babelia. Para demostrarlo, recuerda que "autores como Rafael Chirbes o como Fernando Aramburu parecen estar en esa zona a media luz pese a la fuerza y regularidad de su literatura y la calidad excepcional de algunos de sus libros, mientras que otros autores tan prolíficos y efectivos y en varios géneros como Andrés Trapiello y, sobre todo, Miguel Sánchez-Ostiz tampoco han atrapado un público netamente masivo, quizá abrumado por la envergadura misma de sus obras o por la heterodoxia de sus proyectos literarios. La calidad de mundo propio de ambos está lejos de su valor de mercado". Una situación que parece garantizar su continuidad en autores más jóvenes: "A Pérez Andújar en Cataluña le leemos por las crónicas de EL PAÍS, pero su novela Los príncipes valientes es excelente y podría ser popular, del mismo modo que la estructura cortada y el laconismo dramático de Eduard Márquez delatan a un espléndido escritor con un potencial comercial que no ha alcanzado. Sigue siendo un misterio el mecanismo por el que un autor abandona la zona de sombra iluminada para quedar por fin a pleno sol".


Nadie tiene la respuesta. Pero lo que algunos sí hacen es creer en ellos al margen de brillos populares. "No creo que puedan detectarse características comunes entre escritores de alto nivel literario y con una trayectoria prestigiosa, pero que no hayan obtenido el debido éxito de público. En cambio, sí sería más fácil encontrar factores bastante similares y comunes entre escritores de aliento literario bastante más modesto, pero sí con una gran aceptación por parte del público", reflexiona Beatriz de Moura, editora de Tusquets. Su experiencia la lleva a bifurcar el enigma: "Lo que me inquieta son los autores de altísimo nivel, con obras también muy leídas hace tan solo 15 años y que hoy parecen haber perdido el favor del público. No creo tanto en que esto se deba a 'caprichos injustos', sino a profundos y poco explorados cambios sociales aún en evolución y todavía en plena confusión. Me gustaría, por ejemplo, resucitar al final del siglo XXI para saber cómo se habrán apañado los nietos de los padres de esta segunda década para dar acomodo a tanta oferta de ocio y a la lectura en cualquiera que sea el soporte".


Hoy es el amanecer de un mundo dual, impreso y electrónico, donde sólo el 58% de los españoles dice leer al menos una vez a la semana. Donde la resonancia de los escritores tiene varias vías cuyas repercusiones entran dentro de un "enigma sociológico", según J. Ernesto Ayala-Dip, crítico literario de Babelia. "Hasta Soldados de Salamina, Javier Cercas era un autor de minorías, con novelas y cuentos publicados. ¿Era mejor el Cercas exitoso que el Cercas minoritario? No me atrevería a afirmarlo, incluso creo que una novela como La velocidad de la luz es superior a Soldados de Salamina, pero el éxito no se repitió. Así que me parece que lo más sensato es seguir escribiendo al irrenunciable dictado de un proyecto narrativo y dejar que la suerte juegue su papel. Así lo siguen haciendo autores tan minoritarios como dueños de una sólida poética: Javier Tomeo, Juan Eduardo Zúñiga, Luciano G. Egido, Ramiro Pinilla, Menchu Gutiérrez, Justo Navarro, J. A. González Sainz, Julián Ríos, Gonzalo Hidalgo Bayal, Irene Gracia, Vicente Molina Foix, José Carlos Llop y Esther Tusquets. Así como su relevo en Juan Francisco Ferré, Javier Saiz de Ibarra, Marta Sanz, Manuel Vilas, Andrés Barba o José Ovejero".


A la bifurcación de Beatriz de Moura, sobre el misterio de los altibajos de la notoriedad, se suma otra de Ayala-Dip para convertir esto en un jardín borgeano con senderos que se bifurcan: "Veamos otro fenómeno. España es una nación con cuatro lenguas. Cada una de ellas produce su correspondiente territorio de ficción. El escritor vasco Bernardo Atxaga, por ejemplo, es consagrado dentro y fuera de su comunidad lingüística, pero no su paisano Ramón Saizarbitoria, de igual solidez y mundo propio. Hace unos años se publicó Las voces del Pamano, del escritor catalán Jaume Cabré. No recuerdo que nadie, fuera de Cataluña, pero en España (porque en Alemania, como Rafael Chirbes, es un autor consagrado), me hablara de esta novela y ya no digamos de su obra. ¿Alguien fuera de Cataluña, pero en España, me habla de Baltasar Porcel, de Jesús Moncada o de Imma Monsó? Prácticamente nadie. ¿Explicaciones ante tanto misterio? Un poco de todo. Desidia, fabricación de conflictos donde no los hay, falta de información y un Ministerio de Cultura que debería hacer algo por el conocimiento de sus propias literaturas".


Nada está escrito. Incluso en el momento menos pensado hay autores que abandonan esa línea de sombra. Da igual si han estado veinte años en ella, como el citado Javier Cercas, que se aproxima al tema con estas palabras: "Siempre escribes lo mejor que sabes. Que se lean o no tus libros ya no es asunto tuyo, aunque naturalmente se agradece mucho que se lean". Su vida es un arquetipo de esta clase de escritores. En sus primeros veinte años como autor, Cercas dice que nunca se presentó a un premio literario y que creía que lo normal era tener 400 lectores, sin que por ello se sintiera marginado. Recuerda incluso, riéndose, que se publicó una antología donde se suponía que debían aparecer todos los escritores de su generación. Y aparecían casi todos, en efecto, salvo él. "Hasta que de repente, cuando casi tenía 40 años publico un libro más, o que para mí era un libro más, en nada esencial distinto de los anteriores, y empieza a venderse, y a leerse y me hacen caso. ¿Por qué? No se sabe". Cercas aclara que ningún autor "mínimamente serio busca la notoriedad por la notoriedad. Lo que busca es hacer bien su trabajo, a ser posible sin quejarse de si tiene más o menos lectores". Él por lo menos no tenía la menor intención de dejar de escribir. "Como tampoco han dejado de hacerlo escritores excelentes como Zúñiga, Justo Navarro, Gonzalo Hidalgo Bayal o Ignacio Vidal-Folch. Lo normal es tener pocos lectores, aunque, por supuesto, es maravilloso que lo que uno hace le guste a la gente". Por eso quisiera que otros autores más jóvenes tuvieran más repercusión, como Gonzalo Calcedo, Ismael Grasa, Félix Romeo y A. G. Porta.


Dos de esos escritores prestigiosos que permanecen en ese crepúsculo son Rafael Chirbes y Menchu Gutiérrez. El autor valenciano y premio Nacional de la Crítica 2007 por Crematorio coincide con Cercas en que él escribe al margen del número de lectores y sin quejarse. La explicación más cómoda de la falta de repercusión entre el gran público, según Menchu Gutiérrez, autora de títulos como La mujer ensimismada y El faro por dentro, "sería decir que se debe a la creciente crudeza del negocio editorial. Digamos que los potentes focos que iluminan al libro ganador no permiten distinguir la luz de la vela que ilumina a esos otros libros, pero la razón fundamental de que determinadas obras tengan más o menos lectores depende finalmente de cuestiones más misteriosas que las de su mera visibilidad. Casi todas mis respuestas a esa pregunta llevan un "quizá" delante. No estamos hablando de un lector particular que busca una lectura acorde a un estado de ánimo particular, sino de un grupo representativo de lectores que ilustra el momento actual. Y creo que el mayor aglutinante de ese grupo tiene que ver con la forma de sentir el tiempo. Si algo retrata a nuestra época es la celeridad, y en el fondo ese foco y esa luz de vela de la que hablaba antes sirven también para explicar que los libros tienen relojes interiores que deben sincronizarse con los relojes de los lectores. En cualquier caso existe una alternancia en la manera de sentir el tiempo, en las formas que adopta la sensibilidad de una época, y también que es preciso aceptar el hecho de que muchos lectores no quieran practicar la espeleología o seguir a un autor al interior de un laberinto. Y eso es lo que la mayoría de estos libros, entre los cuales estarían los míos, demanda al lector".


Luces, sombras, brillos y eclipses misteriosos que el autor no controla, como escribe Antonio Muñoz Molina al recordar hoy su experiencia en su columna Ida y vuelta, titulada Azares del oficio, con la cual Babelia cierra este especial. Entonces, destellan en esa línea de sombra, las palabras de Vicente Aleixandre: "Para todos escribo. Para los que me leen sobre todo".


Lecturas


Jaume Cabré, Yo confieso (Destino).
Francisco Ferrer Lerín, Familias como la mía (Tusquets). 
Gonzalo Hidalgo Bayal, Conversaciones (Tusquets). 
Justo Navarro, El espía (Anagrama).
Irene Gracia, El beso del ángel (Siruela). 
Menchu Gutiérrez, El faro por dentro y La niebla (Siruela).
Ramiro Pinilla, Cuentos (Tusquets).
Andrés Trapiello, Apenas sensitivo (Pre-Textos).
Esther Tusquets, Pequeños delitos abominables (Ediciones B).
Juan Eduardo Zúñiga, Brillan monedas oxidadas (Galaxia Gutenberg).
Andrés Barba, Muerte de un caballo (Pre-Textos) y Agosto, octubre (Anagrama).
Nuria Barrios, El alfabeto de los pájaros (Seix Barral). 
Joaquín Berges, Vive como puedas (Tusquets).
Marcos Giralt Torrente, El final del amor (Páginas de Espuma) y Tiempo de vida (Anagrama).
Luis Magrinyà, Cuentos de los 90 (Caballo de Troya) y Habitación doble (Anagrama). 
Antonio Orejudo, Un momento de descanso (Tusquets).
Javier Pérez Andújar, Todo lo que se llevó el diablo (Tusquets). Isaac Rosa, La mano invisible (Seix Barral). 
Marta Sanz, Black, black, black (Anagrama).
Francesc Serés, Cuentos rusos (Mondadori).

viernes, 16 de septiembre de 2011

Sobre si nadar sabe l'agua fría la llama / culpa de Ovidio / Quevedo.

El pobrecillo Ovidio planteándose a orillas de esa especie de Estigia que es el mar Negro si hay algo después de la muerte que le pueda pedir cuentas, aunque no precisamente el Dios cristiano, sino los manes de la casa patria o padres (Tristia, IV, 10, 85-88):


Si tamen extinctis aliquid nisi nomina restat,
    et gracilis structos effugit umbra rogos,
fama, parentales, si vos mea contigit, umbrae,
    et sunt in Stygio crimina nostra foro...


Casi las últimas palabras de Quevedo, según el epistolario de Astrana, fueron que "hay cosas que solo son un nombre y una figura". Pero la figura nos la definen los otros y nuestro nombre nos lo dan también. ¿Qué nos queda?

jueves, 15 de septiembre de 2011

Desahogos de un ludita. De ordenatas, caracteres y manías ecdóticas.

Sospecho soy un apéndice del ordenador, un periférico orgánico. La vida se va, se marcha, mirando a esa lápida siempre escrita. Y el ordenador, a mí al menos, no me ordena nada de nada, más bien me dispersa como una nube sin rayo.  Me quedo mirándolo como tonto o escribiendo gilicoñeces en su espejito mágico de vapor electrónico. Tengo arrojadas cientos de cosas en cientos de carpetas-camposanto en las que echo y echo sin que casi nunca llegue a entrar; sólo por excepción germina algún árbol en ese plantío yermo de posibilidades incorruptas en secano. Por el contrario, conozco a uno que tiene todo su directorio-huerto bien ordenadito sin victimarse por una desgraciada  y enferma curiosidad; deberían conocer su carácter engañoso de gato psicópata en potencia visible y de facto en tapadillo. ¿Significa eso que yo no lo soy? Sé que no sé, no creo nadie lo pueda saber con certidumbre, ni yo mismo; a él el marbete se lo han puesto otros, ignoro qué puedan ponerme a mí.

Se ha escrito bastante sobre la delebilidad, efusión y desconcentración que produce el ordenador; constato es efecto verdadero, potenciado por el paradigma informativo que generalizan  televisión y educación en el mundo moderno. Ambas producen una mentalidad fragmentarista y desarticulada que genera anomia y descontrol individual y da fuerza a las normas para exigir un control social más férreo por parte de las ansiosas fuerzas económicas que pretenden dirigirlo todo, hasta los espíritus, imponiendo sus moral de consumo no ya de cosas, sino de personas, degradadas con esta cosificación a basura. Ese paradigma cruelmente impersonal impide la formación de culturas y caracteres orgánicos, estructurados, jerarquizados, poco rentables políticamente para los vendedores de baratillo que nos gobiernan a través de títeres y se limitan a conducir la ideología del consumir hasta los huesos. Todo lo introspectivo es devaluado en una sociedad de la información y la gente como yo se disuelve en Internet como un azucarillo, buscando lo que no necesita y nunca va a poder procesar sino a costa de ejercer una imposible fuerza centrípeta, aun cuando menos sea consciente (es mi esperanza) de qué es aquello que intentamos resistir y todavía somos capaces de exonerarnos y entrelazar contra estas fuerzas sin cara algunos argumentos defensivos que nos cubran del acribillamiento de sus partículas elementales.

Alguna vez he dicho que soy un ludita resignado; no quisiera escribir con pluma de ave y tinta hecha de resina, hollín y agua para secarlo todo luego con arena seca. Pero el fáustico poder cognoscitivo que suministra Internet causa una adicción insuperable al investigador. Leo yo ya más pantallas que papeles y he perdido mucha visión en la retina precisamente por la costumbre que tienen las pantallas de lucir como bombillas. Se descubre como problema cuando, por ejemplo, tengo que discernir un punto de una coma cuando,  por cierto, la caligrafía times es una mierda, con sus restos de avaro goticismo: prefiero mil veces las redonditas humanísticas, incluso las verdanas o garamond, pese al problema que ofrecen con los números romanos. Las letras góticas las inventaron unos monjes que querían ahorrar piel de vitela o pergamino, apretujando las grafías con una angostura que estrangula la vista y auténticas marañas de abreviaturas. No me extraña que los humanistas del Renacimiento, habituados ya al barato papel musulmán, se decidieran más generosamente por imitar la letra uncial romana antigua y ensancharan el renglón.

Otra costumbre imbécil es la de empezar los versos con mayúscula, como en las antiguas ediciones de Virgilio. La costumbre arranca también de cicaterías textuales, cuando los hexámetros se escribían todos seguidos, porque así se separaban con facilidad y se podían localizar pasajes avisando la vocal con que comenzaban; sin embargo los impresores antiguos la adoptaron en papel, y el ojo, acostumbrado a detenerse ante una mayúscula, es torturado de continuo por un tartamudeo visual estilo lagartija al leer poemas cuyos versos empiezan todos en mayúscula, como los de Jorge Guillén y otros pedantes líricos de segunda, incluso a ratos el aparentemente desafectadísimo Lewis Cernuda, este no poeta de segunda, deteniendo la lectura sin qué ni para qué y desarticulando con esa cojera de palomo la lectura ligera y natural, la sintaxis desenvuelta y la comprensión plena que él mismo se autoexigía. Esa es la única afectación de un escritor tan desafecto como él.