miércoles, 15 de agosto de 2012
La requetecontrayvueltaydalerreformaeducativa, bis
J. A. Aunión, "Reválidas, itinerarios, menos asignaturas y autonomía de centros. Educación propone un importante giro al sistema escolar", El País, 13 AGO 2012
El ministro de Educación, José Ignacio Wert, ha insistido en varias ocasiones en que la reforma educativa que ha presentado mira al futuro, pero a multitud de especialistas les recuerda muchísimo al pasado, con una estructura que separa antes a los alumnos en distintos itinerarios y recupera las antiguas reválidas de los años sesenta (aunque Educación rechaza de plano ese término y prefiere evaluaciones externas). Las otras patas del cambio son la reducción del número de asignaturas para centrarse en las instrumentales y dar mayor autonomía a los centros.
Durante el mes de julio, el ministerio ha ido presentando la reforma a comunidades, sindicatos, patronales, padres y alumnos y entre todos ellos ha ido cosechando adhesiones entusiastas de las autonomías gobernadas por el PP y rechazos frontales de numerosos sindicatos (CCOO, UGT o STES), comunidades del PSOE (el Gobierno andaluz ha pedido al Consejo escolar autonómico que prepare un documento de argumentos contra la reforma) y otros partidos: IU se ha levantado en contra de lo que considera una “contrarreforma neofranquista”. También ha habido comentarios a mitad de camino: “Algunas de las líneas maestras de este informe coinciden con reivindicaciones históricas de ANPE; otras, sin embargo, vuelven a resultar poco ambiciosas”, ha dicho el sindicato. Además, como otras centrales, dudan de las posibilidades de la reforma en el actual contexto de recortes presupuestarios. Varias organizaciones conservadoras reprochan al Gobierno que la propuesta no entre en lo que llaman libertad de elección de las familias, esto es, en un mayor apoyo a la enseñanza privada y concertada.
El ministerio, dentro del proceso de debate, ha habilitado un correo electrónico para recibir opiniones sobre la reforma (calidadeducacion@mecd.es), cuyo primer resumen se puede leer aquí. La siguiente es una síntesis de las medidas que propone el Gobierno para -admitiendo las mejoras enormes del sistema educativo español en las últimas décadas (aumento formativo espectacular de la sociedad, con una escolarización total actualmente de 3 a 16 años)- mejorar lo que señala como debilidades, sobre todo, la tasa de abandono escolar temprano (26,5%, casi el doble de la media europea, aunque bajando) y los mediocres resultados en el informe Pisa:
-Itinerarios. Los estudiantes empezarán a elegir algunas asignaturas optativas dirigidas hacia la FP o el bachillerato en 3º de ESO (14 años). También podrán elegir entre dos niveles distintos de matemáticas. En 4º, los alumnos ya se separarán entre los que quieren estudiar bachillerato o los que va a FP: tendrán algunas asignaturas comunes. Es un paso más de lo que aprobó el anterior Gobierno socialista tras el debate del frustrado pacto educativo (con más optativas orientadas a una opción u otra en 4º de ESO), que ya cosechó críticas, por “segregador”, una por parte de la izquierda.
Pero aún antes de 3º, en 2º, los alumnos que ya hayan repetido dos veces podrán pasar a los programas de cualificación inicial, a los que se accederá generalmente al final de 3º (esto también lo preveía la reforma socialista). Estos programas son alternativas de dos años a la ESO en las que los chavales que van peor aprenden los rudimentos de un oficio (consiguen un certificado de profesionalidad del Ministerio de Trabajo). Según la propuesta del ministerio, estos programas ya no darán acceso directo a la FP de grado medio (habrá que hacer un examen de acceso) y tampoco ofrecerán la posibilidad de obtener el título de educación obligatoria. “Su objetivo ya no es obtener el título de ESO, sino preparar al alumno para el mercado de trabajo y ofrecerle una mínima cualificación profesional”.
Además, también se adelantan a 2º de ESO los programas de atención a los chavales con problemas de aprendizaje (al contrario que los chavales que se dirigen a los PCP, estos alumnos sí tienen una actitud positiva hacia los estudios), que actualmente se llaman Programas de Diversificación Curricular y se hacen en 3º y 4º de ESO. La propuesta es que se llamen Programas de Mejora del Aprendizaje y el Rendimiento y serían en 2º y 3º.
El equipo de Wert propone asimismo que un consejo orientador del centro escolar recomiende al final de cada curso de ESO “el itinerario más adecuado” para el alumno y los “programas de mejora del aprendizaje y el rendimiento o de cualificación profesional”.
El Gobierno del PP, partido que lleva años acusando a la educación comprehensiva hasta los 16 años (básicamente, sin segregaciones hasta esa edad), de tirar del nivel educativo hacia abajo, defiende en esta reforma que hay que “reconocer las diferentes aptitudes de los estudiantes, y permitirles optimizar el desarrollo de sus capacidades”. Lo que ataca la equidad es el fracaso escolar, ha respondido Wert en varias ocasiones a la acusación de que lo que se pretende es segregar al alumnado. El argumento contra la segregación es que en los sistemas con separación temprana (como Alemania u Holanda) se ha demostrado que existe un sesgo en contra de las capas sociales desfavorecidas, es decir, que, a igualdad de capacidades, tienen más posibilidades de que el sistema les lleve hacia el camino de la formación profesional.
-Reválidas. Al final de cada etapa educativa (primaria, ESO y bachillerato) los alumnos tendrán que aprobar un examen externo para poder pasar a la siguiente.
Al final de primaria (12 años), los alumnos deberán hacer una prueba final sobre las competencias básicas en lengua y matemáticas. El que la suspenda, repetirá 6º de primaria si no ha repetido antes; si lo ha hecho, pasará a la ESO, “pero con un informe que recomiende medidas de apoyo y refuerzo”.
Al final de la ESO (16 años), los que hayan aprobado 4º tendrán el título de enseñanza obligatoria, pero si quieren seguir estudiando tendrán que aprobar un examen final, distinto si lo que se quiere es hacer bachillerato o FP. Se podrán presentar al examen los alumnos que hayan suspendido alguna materia en 4º (se supone que dos o tres como mucho): si lo aprueban, tendrán el título y podrán seguir estudiando.
Para obtener el título de bachillerato y poder acceder a la Universidad hay que aprobar la reválida. Las universidades podrán hacer pruebas de acceso para cada carrera si lo desean. Los que habiendo aprobado 2º de bachillerato no pasen la reválida, podrán acceder a la FP de grado superior. Este es el esquema que planteaba la ley aprobada en 2003 durante el Gobierno del PP, pero que no llegó a entrar en vigor.
El ministerio sostiene que este sistema de exámenes señaliza claramente “los objetivos que han de cumplirse al final de cada ciclo y etapa”, incentiva “el esfuerzo de los estudiantes”, “garantiza al alumno, a su familia y a la sociedad un nivel de conocimiento adecuado” y da “transparencia” al sistema. Sin embargo, numerosas voces críticas advierten sobre lo extemporáneo de estos exámenes que pueden cortar la progresión del alumno y ahondar en la segregación que producen las otras medidas.
Quién confecciona esas pruebas para no atacar las competencias autonómicas y quién las paga es otro de los temas polémicos.
-Menos asignaturas. Se trata de reducir las asignatura que estudian los alumnos para poder concentrar esfuerzos en “materias instrumentales” en primaria, ESO y bachillerato. En esta última etapa se reducirá la variedad de “modalidades y vías”. Las materias instrumentales son lengua, matemáticas, ciencias e idioma extranjero.
“Existe un amplio abanico de asignaturas que los centros han de ofrecer, con resultado final de aumento del coste económico y exceso de asignaturas en el horario de los alumnos”, argumenta el ministerio. La cuestión clave en este punto es qué asignaturas saldrían perdiendo. Los sindicatos ya han advertido de un posible conflicto profesional y algunos expertos alertan contra lo que consideran un error grave de concepción educativa: “El ministro se permite hablar incluso de ‘asignaturas que distraen’. Pero ¿de qué distraen? Si queremos ayudar desde la escuela a desarrollar el talento que cada persona encierra, mal camino llevamos enarbolando las tijeras de podar. La manera de combatir la excesiva fragmentación del currículo no es ‘suprimir las optativas’, ‘especializar los centros’, ‘racionalizar la oferta’. De lo que se trata es de apostar por un aprendizaje por proyectos que ayude a integrar, a establecer vínculos, a conciliar las distintas miradas que la ciencia y el arte ofrecen sobre los problemas esenciales de la condición humana, del mundo que habitamos”, escribía hace unos días en este periódico la profesora de secundaria Guadalupe Jover.
-Autonomía de centros. Se dará más poder ejecutivo al equipo directivo y el consejo escolar será un órgano consultivo. Se valorará la experiencia para convertirse en director y podrán optar al puesto profesores de fuera del centro. En un programa conjunto a trabajar entre el Estado y las comunidades, el ministerio habla de “especialización curricular, funcional o por tipología de los alumnos: centros bilingües, formación del profesorado, recursos TIC, mejora del rendimiento, etcétera; de planificación estratégica por objetivos; autonomía para la gestión de personal y económica de los centros; y rendición de cuentas”.
Este punto también será, sin duda, polémico, aún a falta de las respuestas a las preguntas clave: ¿qué papel le quedará al consejo escolar de los centros?, ¿quién y cómo se elegirá a los directores?, ¿la especialización podría convertirse en la creación institucionalizada de guetos?, ¿sería decisión de los centros esa especialización, dentro de su nueva autonomía, o sería decisión de las comunidades autónomas, reduciendo de hecho esa autonomía, como ha ocurrido en la Comunidad de Madrid al eliminar alguna de las opciones de bachillerato en los institutos que ha decidido por falta de alumnos?
-Mejora del aprendizaje de lenguas extranjeras. Una vez más, buenas palabras y bellas intenciones sobre la necesidad de mejorar estos aprendizajes. Poco creíble, según los sindicatos, en el actual contexto de recortes presupuestarios. Se propone que el Gobierno defina, consultando a las comunidades, “las bases del aprendizaje de lenguas extranjeras”, que todas las clases de idiomas se impartan en la lengua que se trata de enseñar y que los centros se puedan especializar en lenguas extranjeras.
-Uso de las tecnologías. Etérea propuesta sobre el uso de las tecnologías (TIC) en el aula: promocionarlas como apoyo para recuperar asignaturas, dentro o fuera del horario escolar, y para la formación del profesorado, utilización compartida de las plataformas digitales del ministerio por autoridades educativas, centros docentes, profesores y alumnos y “selección de recursos digitales de calidad, y reconocimiento de las aportaciones de la comunidad educativa que cumplan los requisitos de calidad establecidos”.
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La enfermedad institucional de España
Víctor Lapuente Giné, "La enfermedad institucional de España", El País, 15-VIII-2012.
La politización del sector público es uno de los factores que más claramente puede socavar la legitimidad de un sistema democrático. Pero no es política lo que sobra en este país, sino corporativismo.
En su artículo de hace unos días, José Antonio Gómez Yáñez diagnosticaba la enfermedad institucional más grave que sufre España: la extensa politización de nuestras organizaciones públicas. Un ejército de individuos —que deben su cargo sobre todo al cultivo de relaciones personales y políticas— ha ido ocupando las capas superiores de nuestras instituciones públicas, desde el CGPJ a las cajas de ahorros, pasando por cualquier nivel administrativo, entidad, empresa u organismo público o semipúblico. Pero ¿por qué los gestores de entidades públicas no pueden ser directamente dependientes de aquellos que legítimamente han ganado las elecciones? ¿No forma parte la gestión pública del sano intercambio democrático?
No solo no forma parte, sino que la politización del sector público es uno de los factores que más claramente puede socavar la legitimidad de un sistema democrático. De los trabajos de pensadores como Alexis de Tocqueville, Woodrow Wilson o Max Weber cristalizó hace mucho tiempo en Occidente la idea de que es necesario trazar una línea clara de separación entre la política y la administración dentro de los aparatos estatales. Pero ha sido durante las dos últimas décadas cuando se han empezado a acumular estudios que muestran las bondades de establecer un cortafuegos entre la esfera política y la administrativa, entre el proceso de toma de decisiones (que se beneficia de la energía política) y el proceso de implementación de dichas decisiones (que se beneficia de la imparcialidad política). Aquellos gobiernos cuyas administraciones están menos politizadas prestan sus servicios de forma más eficiente y, a la vez, presentan niveles de corrupción significativamente más bajos.
Por el contrario, administraciones fuertemente politizadas, como la agencia federal para gestión de emergencias (FEMA), bajo el mandato de George W. Bush (que estaba dirigida por Michael Brown, cuya mayor experiencia de gestión se circunscribía a la Asociación Internacional del Caballo Árabe), tienden a ser altamente ineficientes, como atestigua la criticada actuación de la FEMA durante el desastre del huracán Katrina. En España la crisis ha puesto de manifiesto los costes de la politización en la pobre (y en algunos casos fraudulenta) gestión de varias instituciones en todos los poderes del Estado y paraEstado.
Los partidos colonizan la administración pública y la política está colonizada por administradores públicos.
Los problemas de la politización para la buena gestión pública están presentados de forma magnífica en uno de los libros más influyentes de los últimos años en ciencia de la administración: The politics of presidential appointments, de David E. Lewis. Como argumenta Lewis, el problema más serio no es tanto que las personas nombradas políticamente sean menos “capaces” que los funcionarios de carrera, aunque eso también se puede dar, claro. El problema principal es que la existencia de un número elevado de cargos que dependen de la confianza de sus superiores políticos genera incentivos negativos en todos los niveles organizativos. Los que están arriba no tienen ni el tiempo —las rotaciones directivas en entornos politizados son más elevadas que en administraciones no politizadas— ni los incentivos suficientes para invertir esfuerzos en adquirir los conocimientos adecuados para gestionar de forma eficiente el área bajo su dirección. Los que están abajo (y no pertenecen al partido o a la facción gobernante) carecen de incentivos para dar lo mejor de sí mismos e intentar progresar en la jerarquía organizativa. De esta forma, en lugar de una orientación hacia los resultados, cunde la desmoralización en la tropa y el cultivo de las relaciones políticas y personales entre los oficiales.
En resumen, creo que existen sólidos argumentos y evidencia de contextos muy diversos corroborando el diagnóstico de Gómez Yáñez: la politización es una “metástasis” que está dañado seriamente el quehacer de nuestras instituciones públicas, con lo que, para salir de esta, “España afronta algo más profundo que subir o bajar impuestos o prestaciones, requiere una radical reforma de su política e instituciones”. Sin embargo, discrepo de Gómez Yáñez en que el origen de esta enfermedad se encuentre en nuestros partidos políticos, el “núcleo de todo esto”, según su opinión. Quizás nuestros partidos no son ejemplares, pero no conozco país donde no exista una crítica al funcionamiento anti-democrático de los partidos políticos, sobre todo de los mayoritarios.
En mi opinión, la diferencia clave entre España y otros países —o, para ponerlo en términos más genéricos, entre los países desarrollados con aparatos estatales más politizados (como España, Grecia, Italia, Portugal, Francia o Bélgica) y los países desarrollados con administraciones más profesionalizadas (como Dinamarca, Suecia, Reino Unido, Nueva Zelanda, Canadá o Australia)— radica en el marco legislativo de su función pública. En primer lugar, las regulaciones en países como el nuestro admiten que un grueso número de niveles administrativos quede en manos de personal de confianza política. Por ejemplo, no tiene sentido que el gerente de un hospital sea elegido siguiendo un criterio político, como en muchas ocasiones han denunciado expertos en nuestro sector público como Francisco Longo. Es decir, sufrimos una fuerte politización “desde arriba”. Otros países, por el contrario, imponen límites al avance de la política en las estructuras administrativas usando diversos mecanismos, como la creación de una dirección pública profesional e independiente.
Aquí no existe mejor plataforma para entrar en la política profesional que ser funcionario.
En segundo lugar, padecemos también la denominada politización “desde abajo”; es decir, nuestros funcionarios pasan con enorme facilidad a desempeñar cargos de responsabilidad política. Se trata esta de una cuestión ausente del debate público. ¿Qué premios o castigos reciben aquellos empleados públicos que dan el salto a la carrera política? Las diferencias dentro del contexto de la OCDE son profundas. Por una parte, los países anglosajones y nórdicos (pero también otros con sectores públicos dinámicos, como Alemania o Corea) intentan separar las carreras profesionales de funcionarios y de políticos. De esta forma, los empleados públicos pueden volcar sus energías en la mejor manera de llevar a cabo sus actividades —en lugar de, por ejemplo, granjearse contactos personales con sus superiores políticos—. Estos países desincentivan el salto a la política imponiendo límites a las actividades políticas de los funcionarios y costes para aquellos empleados públicos que quieren regresar a la carrera funcionarial después de su aventura política.
Por el contrario, en los países del arco mediterráneo (pero también otros con conocidos problemas de clientelismo, como Austria, Bélgica, México o Japón) se admite una integración de las carreras funcionarial y política. El caso español es paradigmático: no solo no se penaliza a aquellos funcionarios que dan el salto a la política sino que… se les premia. Váyase tranquilo a hacer carrera política que, si no le sale bien, podrá volver a su puesto de trabajo cuando lo desee, porque se lo vamos a guardar a modo de confortable red protectora. Como consecuencia, en países como España no existe mejor plataforma para entrar en la política profesional que ser funcionario. Irónicamente, los empleados que deberían mantener una mayor neutralidad política y prestar los servicios públicos de la forma más imparcial posible son aquellos que tienen más facilidades —que ninguna otra profesión que se me ocurra— para hacer carrera política. Si se “meten en política” —entendiéndolo en el sentido más genérico posible— los funcionarios españoles no tienen nada que perder y mucho que ganar: un enorme abanico de cargos de designación política con mayor poder y mejor retribuidos que el suyo. Si la política es una lotería donde solo pueden ganar, es normal que muchos funcionarios decidan jugar.
Estas son, desde mi punto de vista, las causas de la “metástasis” institucional que sufre España. Una metástasis que se puede combatir con una medicina similar a la aplicada en los países que han frenado la politización y han logrado una separación más efectiva de las carreras profesionales de empleados públicos y políticos. Una medicación barata económicamente, pero costosa en términos políticos. Para empezar, la mayoría de ministros de nuestro Gobierno —y de nuestra élite política en general— son funcionarios. A pesar de vivir tiempos de sacrificios, resulta difícil que quieran poner límites a las futuras carreras políticas de sus correligionarios en los grandes cuerpos de la Administración pública. En definitiva, el problema de España no es solo que los partidos políticos hayan colonizado la Administración pública sino más bien que nuestra política está colonizada por administradores públicos. No es política lo que sobra en España, sino corporativismo.
Víctor Lapuente Giné es profesor en el Instituto para la Calidad de Gobierno de la Universidad de Gotemburgo.
martes, 14 de agosto de 2012
De vuelta de Cazorla, de Lorca y de otras cosas.
Uno, que es tan único como los de más, se reduce a unas cuantas operaciones mecánicas: dormir, respirar, comer, cagar, trabajar y cobrar. Pero además también se ha ido cinco días a hacer esas labores -aunque el gobierno quiera quitarnos algunas- un poco más lejos, en la Sierra de Cazorla, en compañía de ratas, ciervos, avispas, moscardones, zorros, toros y jabalíes. Además se ha llevado a su loro, a su perro, a su familia entera, inclusa la suegra, junto a unos cuñados que andaban por ahí y al noviete de su hija, que es prima. Había que andar con cuidado de noche en la casa rural, por miedo a pisar entre tinieblas alguna panza durmiente en la cocina o a despabilar a algún pariente coercitivo que no da de sí ni el ronquido. En fin, flotamos a mil metros de altura en aguas de piscina azul como los ojos de un Bécquer, cerca de un hermoso pueblo llamado Quesada, que relumbraba como una llaga joyosa bajo la luz cenital del crepúsculo. La carretera era un sendero de cabras flanqueado de olivares y, los últimos cinco kilómetros, de abismos de miedo. La vegetación ocultaba hasta las murallas de un castillo, pero la casa estaba bien aislada y provista hasta de Internet. La altura nos daba dolor de cabeza; más allá estaba El Chorro, lugar donde uno se podía beber de un trago todo el Guadalquivir, que nace allí. También había ermitas de anacoretas y yerbajos de brujo que habrían encantado al propio Harry Potter.
Hasta las moscas duermen la siesta al mediodía en Andalucía, tras el cocido, por pura supervivencia; el sol te cae encima a esas horas de forma tan inclemente que hay que esconderse para no ser desollado. Es un asesino en serie, que mata con preferencia a viejos gordos o deshidratados como la mojama. Hay que verlo para creerlo.
Me aturde la famosa periodista Isabel Martínez Reverte, que intenta localizar a Daniel Eisenberg, porque está preparando un artículo para Abc sobre la famosa edición pirata de los Sonetos del amor oscuro. Yo le digo que está en la cárcel por unas cosillas y que no dejan ni al rabino que lo visite ni que se acerque a un ordenador a menos de cien metros; hasta para escribir le han dejado una máquina mecánica que, encima, es transparente, para ver si dentro lleva contrabando; lo sueltan en noviembre y le doy la dirección del penal de Nueva York donde tiene su oficina junto a cincuenta hermanitas de la caridad, advirtiéndole que se apresure antes de que le den mulé y que ponga remite, pues si no la censura no deja pasar ninguna carta. Luego me entero a través de amigos comunes de que le ha llegado la carta y que el artículo saldrá a fines de septiembre. Eso espero. Yo creo que el famoso amante albaceteño de Lorca estaba en el círculo de otro manchego también artista y amigo del poeta granadino, Gabriel García Maroto, que ya había estado en México. Por eso ambos amantes querían irse allí. Seguramente García Maroto sabía más de esa relación que ningún otro. Hasta los dibujos de Lorca notan un sensible parecido, quier que influencia, con los de Maroto. Maroto fue el que pagó e imprimió el segundo libro de Lorca, el Libro de poemas de 1921 (continuará)
Hasta las moscas duermen la siesta al mediodía en Andalucía, tras el cocido, por pura supervivencia; el sol te cae encima a esas horas de forma tan inclemente que hay que esconderse para no ser desollado. Es un asesino en serie, que mata con preferencia a viejos gordos o deshidratados como la mojama. Hay que verlo para creerlo.
Me aturde la famosa periodista Isabel Martínez Reverte, que intenta localizar a Daniel Eisenberg, porque está preparando un artículo para Abc sobre la famosa edición pirata de los Sonetos del amor oscuro. Yo le digo que está en la cárcel por unas cosillas y que no dejan ni al rabino que lo visite ni que se acerque a un ordenador a menos de cien metros; hasta para escribir le han dejado una máquina mecánica que, encima, es transparente, para ver si dentro lleva contrabando; lo sueltan en noviembre y le doy la dirección del penal de Nueva York donde tiene su oficina junto a cincuenta hermanitas de la caridad, advirtiéndole que se apresure antes de que le den mulé y que ponga remite, pues si no la censura no deja pasar ninguna carta. Luego me entero a través de amigos comunes de que le ha llegado la carta y que el artículo saldrá a fines de septiembre. Eso espero. Yo creo que el famoso amante albaceteño de Lorca estaba en el círculo de otro manchego también artista y amigo del poeta granadino, Gabriel García Maroto, que ya había estado en México. Por eso ambos amantes querían irse allí. Seguramente García Maroto sabía más de esa relación que ningún otro. Hasta los dibujos de Lorca notan un sensible parecido, quier que influencia, con los de Maroto. Maroto fue el que pagó e imprimió el segundo libro de Lorca, el Libro de poemas de 1921 (continuará)
sábado, 4 de agosto de 2012
Marilyn Monroe, mártir.
Hace cincuenta años, en 1962, murió MM un mes después que yo naciera y más o menos cuando se imprimía La naranja mecánica de Anthony Burgess. Tanto como se ha dicho y apenas que era buena, tierna, generosa: una criatura benigna en un mundo maligno, algo que en su tiempo nadie supo ver salvo su exmarido y albacea, el beisbolista Joe di Maggio. Sabemos que fue desgraciada, muy bella, de ideas avanzadas, ignorante a su pesar, pero muy inteligente... y todo un talento, o más bien, una fuerza de la naturaleza como actriz: según Lee Strasberg, cuya opinión valía algo y aún sigue valiendo, sólo ella y Brando destacaban en el Actor's Studio. Ha sido muy analizada su mitificación, sus relaciones de pareja con destacados personajes de su tiempo, pero pocos conocen que siempre quiso tener hijos y una particularidad ginecológica se lo impidió; que fue violada a los nueve años, que su madre fue una maniacodepresiva grave y que nunca pudo tener una infancia normal, dada en acogida de casa en casa, siempre en familias humildes sin apenas nada que llevarse a la boca. Y, sin embargo, pese a esas condicionantes, fue la persona menos rencorosa del mundo y nadie ha podido referir de ella ni un solo gesto de maldad consciente o inconsciente, y sí en todo caso una gran pulsión y deseo por ser feliz o, más bien, hacer felices a los demás, a pesar del trastorno que generaron en ella sus genes nerviosos y su educación disruptiva. Es lo que siempre deseó: anular su yo para ser para los demás la otra que había imaginado y habría de enterrarla. En sus memorias queda patente ese deseo de autosacrificio y autonacimiento. De ahí su gran talento como actriz, de ahí también su supuesto suicidio/muerte, de ahí el unánime desprecio que suscitó entre los amantes y consumidores fogosos de su cuerpo quemado por dentro, que no pudieron soportar su tremenda patología border-line más de lo que lo soporta una mariposa abrasada en la llama de la vela a la que se acerca. Tengo para mí que no quiso morir, sino cambiar un mundo por otro mejor y sencillamente se apagó como una vela: la Fénix logró morir. Era muy tentador dormirse cada vez más profundamente para no levantarse otra vez y darse en pedazos a un escenario tan cruel y fatigoso como este; de manera que se durmió una vez tan profundamente en su rectángulo de technicolor que no despertó ni siquiera a los flechazos de los fotógrafos de su noche eterna. La mitificación (163 millones de entradas cuenta Google sobre ella) que sufrió después se debe a que en ella la forma se ha unido al contenido: por una vez en la historia, la cara, el cuerpo, fue el espejo del alma. MM resulta así ser un objeto tan puro, denso y cristalizado como un diamante; aunque ser un diamante, así lo muestra su caso, no es lo mejor para una chica, muy al contrario de lo que cantaba.
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viernes, 3 de agosto de 2012
Faulkner
Rodrigo Fresán, "Cincuenta años sin William Faulkner", en Abc Cultural 01/06/2012:
«Entre el whisky y la nada, me quedo con el whisky», dijo. Pero se quedó con la literatura. Medio siglo después de su muerte, William Faulkner, amado y odiado, resiste. ¿Cómo empezar? ¿Por dónde? Tal vez a la manera de cualquiera de esas muchas biopics que prefieren arrancar por el final. Y allá va y aquí viene hacia nosotros William Cuthbert Faulkner, nacido como Falkner y «corregido» para la Historia por el acierto de una errata en su hoja de enrolamiento de la Royal Flying Corps. Acercándose al galope –con sesenta y cuatro años, hace medio siglo– y montando un caballo que, de pronto y sin aviso, lo arroja por última vez sobre un camino de tierra del Mississippi. Y de ahí –ya nunca repuesto del todo– a un lecho de hospital y a un fulminante ataque cardiaco el 6 de julio de 1962.
O mejor con un abanico de fotos –acaso extraídas de la monumental biografía que le erigió Joseph Blotner– que lo muestran, por orden cronológico: nacido en 1897 como hijo de ese profundo Sur «que solo pueden entender los que nacieron allí»; como estudiante perezoso y lento; como aviador que se queda sin guerra donde volar; como poeta frustrado que se resigna a la prosa; como escritor más secreto que olvidado al que Sherwood Anderson ayuda a debutar con la condición de no tener que leer su manuscrito; como guionista ebrio («Entre el whisky y la nada, me quedo con el whisky», sonríe a cámara) languideciendo en Hollywood, poniendo frases en boca de Humphrey Bogart en Tener y no tener y El sueño eterno y preguntándole a Howard Hawks si puede hacer hablar al monarca egipcio de Tierra de faraones «como si fuese un coronel de Kentucky»; como figura de culto en Europa donde Sartre afirma que, para los jóvenes de Francia, «Faulkner c’est un dieu» y donde Albert Camus celebra «su calor y su polvo»; como estrella descatalogada y redescubierta para los suyos con la edición de la antológica antología The Portable Faulkner que ordena en 1946 al genio con genio cortesía de Malcolm Cowley; como ese hombre que prefiere considerarse más granjero que escritor y que pronuncia uno de los más breves e intensos y mejores discursos de aceptación del Nobel.
Vender sin venderse
Quizás mejor estudiar a fondo ese mapa del imaginado pero verdadero condado de Yoknapatawpha de puño y trazo y letras de su creador, así como los frondosos árboles dinásticos de los Snopes, de los Compson, de los Sartoris y de los Sutpen.
O, sin más demora, ir directo a la obra. Veintiuna novelas, tres libros de cuentos, dos de poemas y numerosas recopilaciones póstumas. Arrancar con las más «fáciles» La paga de los soldados, Mosquitos (donde aparece un borracho de nombre William Faulkner que no deja de mirar fijo a toda mujer que pasa por ahí) o Pilón. O adentrarse en esa tormenta noir escrita –en tres semanas frenéticas– para vender, sin por eso venderse, que es Santuario. O mojarse los pies en relatos cortos y amplios como «Una rosa para Emily» o «El oso».
O, seamos valientes, respirar profundo y zambullirse en el riada de ¡Absalón, Absalón! –publicada el mismo año que otra alucinación sureña: Lo que el viento se llevó, que se hizo con el Pulitzer– y en su primera oración de doce líneas, que incluye paréntesis y guiones, para llegar a la otra orilla, felizmente extenuados, cambiados para siempre, descubriendo maravillados que hemos aprendido a respirar y a leer bajo del agua.
«Si pudiese volver a escribir mi obra lo haría mucho mejor», reconoció
¿Y de dónde viene Faulkner, alguien que, según Italo Calvino, «pone toda la carne en el asador y monta tragedias cósmicas que ríase usted de Sófocles»? Hoy está asumido que –considerado Faulkner como uno de los tres ángulos sobre los que se apoya toda la literatura Made in USA del siglo XX– la cosa se organiza más o menos así: Hemingway sale de Twain, Scott Fitzgerald se apoya en Hawthorne y en Henry James, y Faulkner surge de Melville pero, enseguida, agrega más ingredientes al espeso potaje. Receta que se cuece a fuego lento y que desglosó J. M. Coetzee, quien considera a Faulkner «uno de los innovadores más radicales en la historia de las letras estadounidenses». A saber: «Swinburne y Housman y tres novelistas que dieron vida a mundos imaginarios lo suficientemente vívidos y coherentes como para suplantar al real: Balzac, Dickens y Conrad. Añádase a lo anterior una familiaridad con las cadencias del Viejo Testamento, Shakespeare y Moby Dick, y, pocos años después, un veloz estudio de sus mayores y contemporáneos como T. S. Eliot y James Joyce, y el joven Bill Faulkner ya estaba listo y armado». Y, me parece, Coetzee olvida a Proust y sus digresiones flotando a través de años y espacios. «¡Era esto!», exclama Faulkner al leer al francés y descubrir «el libro que más me hubiera gustado escribir».
Pasiones tras las cortinas
Enseguida –y eso es lo que diferencia a los inmensos de los apenas grandes– todas las posibles influencias se funden en algo único y original. Y gótico sureño: dinastías en caída, libre flujo de conciencia, tiempo suspendido, ardiente bourbon marca Old Crow y embriagante perfume de glicinas, cortinas corridas y pasiones desatadas, silencios profundos y arengas inflamables, blancos y negros; y todo eso, hasta el fin de todas las cosas de ese mundo.
«Difícilmente podrá culparse al crítico si algún imperativo categórico que aún persiste en la condición humana (incluso en nuestros días) le obliga a situar a esta obra en un lugar elevado entre las obras mediocres», concluyó en 1930 del suplemento de libros de The New York Times refiriéndose a Mientras agonizo. «La novela más consistentemente aburrida de la última década», dictaminó The New Yorker sobre ¡Absalón, Absalón!
Sin su influencia no habría habido novela moderna en Iberoamérica
Posiblemente –aunque más de uno lo piense– nadie se atrevería hoy a poner algo así por escrito. Pero también es cierto que el trato que se continúa dando a Faulkner es siempre ambiguo. Faulkner es materia volátil, sustancia que no debe agitarse demasiado antes de su uso, virus altamente contagioso. Se reconoce su grandeza pero, siempre, con cautas contraindicaciones y posibles efecto residuales. Así, es bien conocida su respuesta en la entrevista de The Paris Review de 1956 donde –aunque ya nobelizado y supuestamente incuestionable– todavía se le pide una sugerencia para aquellos «que no entienden lo que escribe incluso después de leerlo dos o tres veces». Faulkner recomienda: «Que lo lean cuatro veces».
La percepción de Faulkner –quien, más allá de esconderse mal tras la transparente máscara de un ignorante, lo leía todo y hasta tuvo tiempo de dedicar un elogio a Salinger– entre sus colegas titanes fue, en principio, variada. Nabokov lo reduce a «imposibles estruendos bíblicos». Thomas Mann, leyendo Una fábula, la encuentra «un poco barata y fácil», pero destaca su conocimiento de la vida militar. Borges –quien lo traduce y lo alaba en público– firma en 1937 una reseña que abre calificándolo de «aparición tremenda» y cierra con un «¡Absalón, Absalón! es equiparable a El ruido y la furia. No sé de un elogio mayor» –en privado y para oídos de Bioy, desdeña su «acumulación de atrocidades» e ironiza finalmente con un: «Si el carácter shakesperiano fuera la mayor excelencia literaria, Faulkner sería el más grande escritor de nuestros días». Y Burguess advirtió que «rimbombante y difícil como es, Faulkner justifica el esfuerzo».
Un «beatnik» más
Más crueles –cabía esperarlo, por el reflejo casi automático de matar al padre– fueron sus inmediatos descendientes nacidos en la misma y sureña patria chica. Carson McCullers –a quien Faulkner llamaría «mi hija»– juntaría coraje con un: «Tengo más cosas que decir que Hemingway y, Dios lo sabe, lo digo mejor que Faulkner». Flannery O’Connor –Faulkner alabó su Sangre sabia– confesó: «Ni intento acercarme a él para que mi pequeño bote no se empantane». Katherine Ann Porter lo describió como «un viejo gallo de pelea que ya cansa con esa postura de anti-intelectual y anti-literato».
William Styron –quien cubrió el funeral del maestro como «una muerte que nos disminuye»– aseguró que «Faulkner no ayuda lo suficiente al lector. Estoy a favor de su complejidad pero no de su confusión… Triunfa a pesar de sí mismo en El ruido y la furia, pero es demasiado intenso durante demasiado tiempo». Eudora Welty: «Es como una gran montaña en tu vecindario. Es bueno saber que está ahí, pero no te ayuda en nada con tu trabajo». Y Truman Capote –quien admitió que Luz en agosto era una obra sin par– dijo no ser un gran admirador suyo porque «es imprudente, muy confuso, y no tiene control alguno sobre lo que hace», para después lanzar risitas revelando la afición a las ninfas del viejo jinete.
«¡Era esto!», exclamó Faulkner al leer al francés a Proust
Menos problemas tuvieron con él los que vinieron después y siguieron su estela. ¿Posibles nombres de sureños o no, pero todos tejedores de frases largas y sinuosas? Malcolm Lowry, William Goyen, Harold Brodkey, Barry Hannah, Allan Gurganus, James Dickey, Robert Penn Warren, Jayne Anne Phillips, Cormac McCarthy, Walter Percy, Denis Johnson, Rick Moody, David Foster Wallace, Brad Watson. Y, también, destellos de Faulkner en el movimiento perpetuo de los beatniks («el único hombre vivo que escribe realmente como nosotros es Faulkner», le escribe Allen Ginsberg a Jack Kerouac), y en las canciones pantanosas de REM y de Jim White, y en los relámpagos de Bob Dylan, quien, en 1964, viajó a Oxford, Mississippi, para ver a Faulkner y, aunque no lo encontró, regresó de ese viaje electrizado.
«Nunca llegaré a conocerlo»
Nadie vuelve a ser el que era después de Faulkner. Así, el muy faulkneriano Rushdie certifica su influencia en la India y en África. Y, por supuesto, en nuestro idioma. En Latinoamérica (para García Márquez, El villorrio es «la mejor novela suramericana jamás escrita»). Y en España, donde Juan Benet lo abrazó con: «Es el escritor que más he admirado, el que más he leído, es una constante en mi vida, me ha influido como el cielo que me ha visto nacer o como el mismo lenguaje… No dejaré de leerlo nunca, para mi propio estímulo, en los años que me queden de vida. Y por eso nunca llegaré a conocerlo»; Javier Marías considera que «cualquiera que tenga curiosidad por la novela del siglo XX en cualquier idioma tiene la obligación de leer a William Faulkner»); y otros paladines como Muñoz Molina, Gándara y Guelbenzu se suman a la fiesta.
Faulkner llega pronto a nosotros. Comienza a traducirse ya a principios de los años 30 (lo primero es el relato «Todos los pilotos muertos» en Revista de Occidente, y enseguida Santuario en versión del cubano Lino Novás Calvo, autor de Pedro Blanco, el Negrero) y puede entendérselo como un autor más del boom o, mejor, como el autor del boom. Así, Comala y Macondo y Piura y Santa María como suburbios de Yoknapatawpha.
«Que me lean cuatro veces», les recomendó el escritor a sus detractores
La prosa y la técnica y la temática encienden la mecha del big bang y dan el disparo de salida en las carreras de Gabriel García Márquez («Ahora sé que solo la técnica de Faulkner me permitió a mí escribir lo que veía»), Mario Vargas Llosa («Sin la influencia de Faulkner no hubiera habido novela moderna en América Latina») y Carlos Fuentes («Faulkner reúne todos los tiempos de sus personajes en el presente narrativo»), así como en figuras satelitales como Cabrera Infante, Sábato, Rulfo, Carpentier, Saer, Roa Bastos («Todos pasamos por la casa de Faulkner») y Reynaldo Arenas: «Todo el tiempo leyendo y releyendo a Faulkner». Y, muy especialmente, en Juan Carlos Onetti, quien, escribiendo la necrológica del que consideraba su maestro, empezaba a evocarlo así: «Estuvo toda su vida inmerso como nadie en la literatura, aún desde los años en que ni siquiera soñaba con escribir». Por esos días, un joven Ricardo Piglia leía a Faulkner con la misma fe con que Faulkner leyó el Ulises: «La lectura de Faulkner es uno de los grandes acontecimientos de mi vida».
Y desde ahí, de nuevo, al principio de Faulkner como tercer ángulo de una tríada de reyes magos compuesta también por Fitzgerald (y su escritura «con la autoridad del fracaso») y Hemingway (defensor al ataque de eso de la «gracia bajo presión»). ¿Quién es el mejor de ellos? Fitzgerald admiraba a Faulkner y su «país grotesco y pintoresco» desde la prudente distancia de otro estilo, intereses y latitud; pero Hemingway –insufrible maniático perseguidor que sufría de manía persecutoria– siempre lo consideró rival peligroso, pensaba que Faulkner era el mejor cuando se emborrachaba, y lo «desafió» en numerosas ocasiones, llegando a burlarse de su condado de «Octanawhoopoo» o «Anomatopeio». «Todo lo que se necesita para escribir como él lo hace es un cuarto de whisky, el suelo de un granero y un total desprecio por la sintaxis», apuntó.
Fue Richard Ford –otro caballero sureño– quien, en 1983, celebró a los tres colosos, repartió elogios, y se arriesgó a un «Faulkner, por supuesto, fue el mejor de los tres y el mejor que haya escrito ficción norteamericana en el siglo XX».
Recipiente de los dioses
Para decirlo en palabras del propio Faulkner cerca de sus cincuenta años, y en un raro rapto de orgullo: «Ahora soy conciente por primera vez del asombroso don que me fue conferido: sin ninguna educación formal y sin haber contado con personas educadas y mucho menos interesadas por la literatura, a pesar de ello, llegué hasta donde me encuentro hoy. No tengo idea de dónde me vino esa capacidad o qué dios o dioses me escogieron para ser su recipiente».
¿Cómo finalizar? Para terminar, lo que mejor toca y corresponde es despedirse por un rato de Faulkner (y no esperar hasta la próxima efeméride redonda) con sus propios dichos, que, además de ingeniosos y certeros, hacen de él un gran ejemplo, una figura inimitable, una cima inalcanzable pero que, aún así, digan lo que digan sus compañeros, puede enseñarnos tantas cosas.
«¿La inspiración? He oído hablar de ella, pero no la he visto nunca», dijo
Pensemos entonces en Faulkner –quien nunca dejó de construir su propio universo, aunque pareciera tener al universo de los otros en su contra; alguien que jamás leyó a Freud por considerarlo innecesario y «porque tampoco lo leyó Shakespeare», pero que no dejaba pasar año sin volver al Quijote– y que recomendó: «Lee, lee, lee. Lee de todo: basura, clásicos, a los buenos y a los malos, hasta ver cómo es que lo hicieron. ¡Lee! Acabarás absorbiéndolo. Y entonces, escribe».
Faulkner como el sintetizador de la fórmula secreta, fácil de teorizar y difícil de poner en práctica de su oficio, con un «99 por ciento de talento... 99 por ciento de disciplina... 99 por ciento de trabajo… ¿La inspiración? No sé nada sobre la inspiración. Porque no sé qué es; he oído hablar de ella pero no la he visto nunca… El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo».
El buitre y el lobo
Faulkner entendía la literatura como algo «equiparable a lo que hace una cerilla en el centro de la noche y en mitad del campo», que nos hace conscientes de la oscuridad que nos rodea. Ya cerca del final, admitía que «si pudiese volver a escribir mi obra lo haría mucho mejor, y ese el mejor estado en el que puede hallarse un artista».
Faulkner como aquel que deseaba reencarnarse en un buitre porque «nadie lo odia, ni lo envidia, ni lo desea, ni lo necesita; jamás lo molestan y nunca está en peligro; además, le mete el diente a cualquier cosa»; como aquel que recomendaba aullar a solas porque «los escritores que necesitan juntarse recuerdan a esos lobos que solo son lobos cuando van en manada, pero a solas, no son más que otro perro del montón».
Hemingway se burlaba de su condado de Octanawhoopoo Anomatopeio
Al final, cuando todo estuviera consumado, su único deseo era el objetivo último de un epitafio donde se resumiera «la historia de mi vida como Escribió libros y murió». Y –mientras no agoniza, mientras sobrevive en la creencia de que, como le explicó el 10 de diciembre de 1950 a un efímero rey sueco, el hombre prevalecerá– recordarlo siempre, no olvidarlo jamás, escribirlo en el reverso de una postal y pegarle ese sello de veintidós centavos que lleva su rostro: «El pasado nunca muere. Ni siquiera ha pasado».
Y –como apuntó al final de su genealogía sobre los Compson–, todo viene de y va a dar a un verbo inglés que bien puede ser, también, en tiempos en los que cada vez cuesta más concentrarse en algo que supere los ciento cuarenta caracteres, una última pero definitiva instrucción para esos lectores fáciles a los que él siempre se les hizo difícil: endure. O sea: resistir, aguantar, soportar, durar, permanecer. Como Faulkner.
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Las Olimpiadas de la Idiotez
Hay quien dice que el deporte, esa supervivencia decimonónica del darwinismo, sublima la guerra, esto es, mejora la más antigua de las relaciones internacionales, forma extrema de maléfica anomia y disensión, y crea cohesión social. Adecenta un salvajismo, pero a mí no me parece sino un rito semejante al de los ciervos que se parten los cuernos sólo para dirimir quién es el macho alfa. Una forma de definir al hombre como una especie jerárquica que habita en rebaños o equipos llamados ciudades. Y, ¿por encima del deporte, de sus cuerpos danone y almas light, qué hay, que habrá? ¿La máquina, el cyborg, la eugenesia, el rediseño genético, la supervivencia del más vendedor de camisetas, el transhumanismo, las drogas, los Juegos reunidos Geyper? No es extraño que Heráclito el Oscuro dijera que la guerra es padre de todo, porque ese Todo no tiene madre y es hijoputa; dramático y dialéctico que era, el muy efesio; veía que de la paz no salía nada de nada, que es fin y no principio. Que la paz es impotencia estéril. "Nada nace de la nada, nada vuelve a la nada", Lucrecio dixit, reformulando a algunos presocráticos. Más que la guerra, Heráclito podría haber sido Goethe y haber dicho "la acción".
Pero el deporte tal como lo consideran las sociedades en la actualidad me parece algo tan dañoso como el patriotismo, el nacionalismo y todas esas mascarillas de identidad que intentan vendernos a los que solamente somos hombres vulgares y corrientes que nacemos iguales y en pelotas antes de heredar tanta mentirijilla cultural y aldeana y tanta pintura y ropa puesta. ¿Qué reporta, aporta o comporta el que deporta? ¿Y qué importa? Hacen del deporte un negocio, una vida entera, una profesión para inútiles, un sacerdocio, un destino estéril que no hace al hombre, por más que digan, más hombre de lo que es, sino sólo un espectáculo. Se pretende que da al cuerpo salud, pero muchos deportistas terminan enfermos por abusar de su cuerpo o llegan a abusar de las drogas con ese pretexto; nunca se alcanza el famoso estado de forma perfecto, así que en realidad constituye una de las formas más famosas de perder el tiempo y perder el alma a cambio de ganar cuerpo y, para algunos, constituye una adicción o una forma de evitar usar la cabeza o pensar sobre el entorno cercano o lejano de gente que no quiere vencer a otra cosa que a sus problemas, nada deportivos, en general; el deporte exime de leer, de fundar familias o empresas o de investigar; a veces es incluso un mero esnobismo de camiseta, zapatilla y pin, como las dietas milagro, un pretexto para hacer negocio en el tercer mundo. Los y las habitantes de los gimnasios no suelen ser personitas agradables ni de clase baja. Una vida consagrada solamente al deporte parece una vida malgastada y plana. En uno de los Diálogos de los muertos de Luciano de Samosata, Hermes va apartando de la barca de Caronte a los muertos demasiado pesados que pueden hacer zozobrar el misérrimo navío; los ricos porque vienen cargados de oro, propiedades y hasta la gigantesca tumba que les construyen; los tiranos de soberbia y de crímenes; los soldados de armas y jactancia, los filósofos de barbas, mentiras y pensamientos intrincados y ridículos... y los deportistas, que aparentan estar en cueros, también están cargados de trofeos, de músculos y carnes, de drogas, de aclamaciones y de vanidad. Solamente los cínicos pueden pasar, porque traen buen humor y ligereza, todas ellas cosas poco pesadas y útiles para el viaje. ¿Y para qué es útil el deporte? Por ejemplo, el fútbol, uno que consiste fundamentalmente en dar patadas para elucidar algo tan imbécil que igual podría decirlo una bola de cuero como otra de cristal. El deporte es sólo un aspecto más del gran Nihilismo de estos tiempos: una forma de alienar o cosificar al ser humano, de reificarlo, de darle un sentido falso a una vida que se contempla como falta de sentido. Y el deporte no es una respuesta válida, o tanto como esa olimpiada de la idiotez, congreso anual de bobos provinciales del 31 de junio, llamada Pandorga.
Pero el deporte tal como lo consideran las sociedades en la actualidad me parece algo tan dañoso como el patriotismo, el nacionalismo y todas esas mascarillas de identidad que intentan vendernos a los que solamente somos hombres vulgares y corrientes que nacemos iguales y en pelotas antes de heredar tanta mentirijilla cultural y aldeana y tanta pintura y ropa puesta. ¿Qué reporta, aporta o comporta el que deporta? ¿Y qué importa? Hacen del deporte un negocio, una vida entera, una profesión para inútiles, un sacerdocio, un destino estéril que no hace al hombre, por más que digan, más hombre de lo que es, sino sólo un espectáculo. Se pretende que da al cuerpo salud, pero muchos deportistas terminan enfermos por abusar de su cuerpo o llegan a abusar de las drogas con ese pretexto; nunca se alcanza el famoso estado de forma perfecto, así que en realidad constituye una de las formas más famosas de perder el tiempo y perder el alma a cambio de ganar cuerpo y, para algunos, constituye una adicción o una forma de evitar usar la cabeza o pensar sobre el entorno cercano o lejano de gente que no quiere vencer a otra cosa que a sus problemas, nada deportivos, en general; el deporte exime de leer, de fundar familias o empresas o de investigar; a veces es incluso un mero esnobismo de camiseta, zapatilla y pin, como las dietas milagro, un pretexto para hacer negocio en el tercer mundo. Los y las habitantes de los gimnasios no suelen ser personitas agradables ni de clase baja. Una vida consagrada solamente al deporte parece una vida malgastada y plana. En uno de los Diálogos de los muertos de Luciano de Samosata, Hermes va apartando de la barca de Caronte a los muertos demasiado pesados que pueden hacer zozobrar el misérrimo navío; los ricos porque vienen cargados de oro, propiedades y hasta la gigantesca tumba que les construyen; los tiranos de soberbia y de crímenes; los soldados de armas y jactancia, los filósofos de barbas, mentiras y pensamientos intrincados y ridículos... y los deportistas, que aparentan estar en cueros, también están cargados de trofeos, de músculos y carnes, de drogas, de aclamaciones y de vanidad. Solamente los cínicos pueden pasar, porque traen buen humor y ligereza, todas ellas cosas poco pesadas y útiles para el viaje. ¿Y para qué es útil el deporte? Por ejemplo, el fútbol, uno que consiste fundamentalmente en dar patadas para elucidar algo tan imbécil que igual podría decirlo una bola de cuero como otra de cristal. El deporte es sólo un aspecto más del gran Nihilismo de estos tiempos: una forma de alienar o cosificar al ser humano, de reificarlo, de darle un sentido falso a una vida que se contempla como falta de sentido. Y el deporte no es una respuesta válida, o tanto como esa olimpiada de la idiotez, congreso anual de bobos provinciales del 31 de junio, llamada Pandorga.
domingo, 29 de julio de 2012
El neurólogo que se transformó en un personaje de videojuego
Especulo con qué le haya podido pasar a ese espécimen llamado James Holmes para que le haga feliz ir por ahí matando gente bajo una careta y vestido como un soldadito de juguete en vez de desmenuzar sistemas nerviosos de manera más constructiva. Por demás, la escena no recuerda tanto a la de la película del quiróptero como al comienzo de Scream II, como todo cinéfilo apercibirá al momento. Lo puedo explicar así: ha sido alienado y deshumanizado por la "sociedad" norteamericana hasta que la soledad ha completado su trabajo de cosificación y lo ha transformado en un personaje de videojuego, una ficción plana o de primer grado, de maniqueos y elementales sentimientos, si es que se le pueden llamar así y no pulsiones. Un malo de historieta o de película mala. Ha bastado un simple aislamiento y un fracaso en un examen para que el producto estuviera listo y acabado, hasta en su apariencia física, que evoca con su violento color anaranjado en el pelo ese personaje monocromo y esquemático la línea clara que ha dejado atrás la complejidad de lo humano y los matices del alma por la superioridad de lo simplote. Incluso resulta simbólico que abrir la puerta de su casa, de su interior, de su vacío existencial pudiera provocar una explosión dañosa para los demás.
Ahora, desde la puerta de su celda, Holmes escupe a los guardas para entretenerse y estos se ponen otra careta para defenderse de las salpicaduras.
Ahora, desde la puerta de su celda, Holmes escupe a los guardas para entretenerse y estos se ponen otra careta para defenderse de las salpicaduras.
Cine, teatro, series.
Parece ser, amigos y amigas, por lo que voy leyendo por ahí, que el Prometheus de Ridley Scott no defrauda. Espero verlo el tres de agosto. En el canal digital clásico de la Metro he disfrutado muchísimo Two for the seesaw (1962), que horrorosamente reformularon como Cualquier día en cualquier esquina, de Robert Wise, con unas interpretaciones memorables de Robert Mitchum y Shirley McLaine. Se le nota el origen teatral, una pieza bien dialogada de William Gibson, (no el novelista friki, sino el dramaturgo autor de otras memorables como El milagro de Ana Sullivan) Ha sido todo un descubrimiento, una película que trata solamente sobre una relación amorosa honesta y sincera entre dos personas realmente humanas y zarandeadas por la vida, que no se engañan por nada y se analizan cruda, dura y visceralmente, pero con algo más que amor, inteligencia y comprensión. Una película para maduros y maduras, en blanco y negro, con una penetración muy parecida a la de Bergman antes de sus sañudas disecciones de parejas burguesas de fin de siglo.
En Almagro he visto En la vida todo es verdad y todo es mentira, de Pedro Calderón de la Barca, por el Centro Dramático Nacional. Una obra de las mejores suyas, con los típicos conflictos edípicos de Calderón llevados a su paroxismo en el desquiciamiento del emperador bizantino Phocas, al que le es imposible distinguir apariencia y realidad, no sólo en el plano filosófico del desengaño barroco, sino en lo que toca a su hijo y heredero del hijo de su enemigo y futuro vengador, verdadero nudo de la obra: ¿Heraclio o Leonido? Ni siquiera el mago Lisipo logra despejar la patológica inseguridad del tirano Phocas. Luego está la cuestión política debatida en trastienda entre maquiavelismo o razón de estado y probabilismo o humanismo cristiano. La obra está llena de simetrías, contrastes, esquizofrenias, juegos escénicos, retórica, magia, músicas, alegoría, símbolos, lirismo. He disfrutado muchísimo, a pesar de las leves extravagancias de la puesta en escena moderna de Ernesto Caballero (ese oso polar en escena que recuerda a Perdidos, por ejemplo).
En series poco puede uno ver actualmente con algún interés: solamente Torchwood.
En series poco puede uno ver actualmente con algún interés: solamente Torchwood.
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Crítica televisiva
Sátiras sobre el idioma castellano
IDIOMA NACIONAL
Con empeño necio y vano
y una ignorancia supina,
dice el español ufano
que conserva la Argentina
el idioma castellano.
Yo digo que para hacer
tan errónea afirmación,
cuyo valor se va a ver,
precísase conocer
la lengua de esta nación.
Es la argentina una extraña
lengua, que toma, amaña
de cien idiomas: yo opino
que tiene tanto de España,
como del ruso y del chino.
Como con afirmaciones
rotundas no se demuestra
nada, apoyo mis razones
dando al punto como muestra
un centenar de botones.
Sin previa preparación,
¿quién adivinar podría
que aquí es sandia la sandía,
que es salame el salchichón,
ni que es chaucha la judía?
¿Y quien que no esté iniciado
hallará el significado
de las que aquí apunto:
choclo, cívico, quinado,
alverjas, poroto y unto?
Las voces de uso corriente
las han trocado hábilmente,
armando un lindo ciempiés.
Dí, lector, todo al revés,
y hablarás como esta gente.
Llama al abrigo tapado,
y por faldas dí polleras;
los sombreros son galeras,
y ¡oh, indignación! han llamado
pavas a las cafeteras.
Pedido es la petición
un sirviente es un mucamo,
se llama patrón al amo,
y todos dicen reclamo
por decir reclamación.
A todo el mundo se ve
usar y abusar del che;
en vez de tú, dicen vos,
y aun es más curioso que
se diga ¡chao! por ¡adiós!
Un golfo es un atorrante;
mas si atorra un elegante,
se dice que es patotero
o farrista o bochinchero.
(El tipo abunda bastante.)
Hacen de la población
cuadras de igual extensión,
para que cada cual viva,
sin advertir la alusión,
en su cuadra respectiva.
Otras palabras: diarista,
galpón, pito, ascensorista,
pucho, balanceador,
calote, educacionista,
tambo, chacra y changador.
Todo lo que causa agrado
dicen que es lindo o es chiche;
llaman sonso al abobado,
un tenducho es un boliche,
y un conscripto es un soldado.
El mundo que triunfa y priva
se llama la gente bien,
mujer es voz despectiva,
y palabrota ofensiva
es individuo también.
Un anuncio es un aviso,
occiso un asesinado,
y distinguen con cuidado,
diciéndonos si fue occiso
con talero o baleado.
Dicen venite y salite,
por no decir ven y sal,
y, con desacierto igual,
la gente más fina omite
la sílaba del final.
Y dicen vení y salí,
o bien ¡espianta de ahí!
(pues todo es la misma cosa.)
También es frase curiosa
y típica: ¡A mí, maní!
El agua de Seltz es soda,
dicen ajuntar y ajunte,
rico tipo es voz de moda,
y al pavo o al que incomoda
no se le lleva el apunte.
El sentido han trastocado
al sustantivo recado,
y hasta al adverbio recién
y, en fin, ¡el colmo! han llamado
al petróleo kerosén.
Dan sentido singular
a voces que han pervertido,
y así dicen trepidar,
ubicación y pedido,
vincularse y auspiciar.
Otro colmo que delata
bien que esta lengua insensata
la enreda el mismo Luzbel:
todo el dinero es papel
y ha de decir que es plata.
Siempre se dice en inglés
tranway, stud y motorman,
dicen usina en francés,
y hay frases en portugués,
y giros en alemán.
Del italiano no hablemos,
pues no hay dialecto italiano
que en la Argentina ignoremos;
se barre en napolitano
y en siciliano bebemos.
Va la lengua castellana
tan mezclada a la italiana,
que grandes y chiquitines
parecemos cherubines
del dúo de La Africana,
pues, decimos ma por pero,
farabuti (hombre grosero),
y en las fondas y figones
reemplazan los macarrones
al archiespañol puchero.
El que se marcha de un lado
es que se manda a mudar,
ir de juerga es farrear,
tomarse estar embriagado
y hacer el oso, afilar.
Desde ya es un desatino
que a cada paso se mete
al hablar. Tampoco atino
por qué dirá el argentino
es al ñudo o al cohete.
Es la calva la pelada
una suerte, una bolada,
al pedir llaman pechazo,
una biaba es un trompazo
y se estrila el que se enfada.
Otro dislate inaudito:
irse a lo de Fulanito,
donde el lo es casa a su modo...
dicen Juancito y pancito,
para decirlo mal todo.
¿Cómo no? es afirmación,
aunque a nada compromete.
¡qué esperanza! es negación,
y es chocante admiración
¡La gran flauta! o ¡La gran siete!
Dicen banca, fondo, chata,
y sindicar y ocurrir
y, en fin, ¡basta! ¿A qué seguir?
¿Quién es capaz de escribir
cuanto aquí se disparata?
Es lo apuntado un sumario
económico, usuario,
y que sin embargo, basta
a indicar el Diccionario
que en la Argentina se gasta.
Y hago el resumen por si...
pruebo a España que es macana
pensar que hablamos aquí
una lengua que es hermana
de la que usamos allí.
Miguel Gil de Oto (Miguel Toledano), 1870
Pablo Parellada, El IDIOMA CASTELLANO
Señores: Un servidor,
Pedro Pérez Paticola,
cual la Academia Española
“Limpia, Fija y da Esplendor”.
Pero yo lo hago mejor
y no por ganas de hablar,
pues les voy a demostrar
que es preciso meter mano
al Idioma castellano,
donde hay mucho que arreglar.
¿Me quieren decir por qué,
en tamaño y en esencia,
hay esa gran diferencia
entre un buque y un buqué?
¿Por el acento? Pues yo,
por esa insignificancia,
no concibo la distancia
de presidio a presidió
ni de tomas a Tomás,
ni de topo al que topó,
de un paleto a un paletó,
ni de colas a Colás.
Mas dejemos el acento,
que convierte, como ves,
las ingles en un inglés,
y pasemos a otro cuento.
¿A ustedes no les asombra
que diciendo rico y rica,
majo y maja, chico y chica,
no digamos hombre y hombra?
Y la frase tan oída
del marido y la mujer,
¿por qué no tiene que ser
el marido y la marida?
Por eso, no encuentro mal
si alguno me dice cuala,
como decimos Pascuala,
femenino de Pascual.
El sexo a hablar nos obliga
a cada cual como digo:
si es hombre, me voy contigo;
si es mujer, me voy contiga.
¿Puede darse, en general,
al pasar del masculino
a su nombre femenino
nada más irracional?
La hembra del cazo es caza,
la del velo es una vela,
la del suelo es una suela
y la del plazo, una plaza;
la del correo, correa;
del mus, musa; del can, cana;
del mes, mesa; del pan, pana
y del jaleo, jalea.
¿Por qué llamamos tortero
al que elabora una torta
y al sastre, que ternos corta,
no le llamamos ternero?
¿Por qué las Josefas son
por Pepitas conocidas,
como si fuesen salidas
de las tripas de un melón?
¿Por qué el de Cuenca no es cuenco,
bodoque el que va de boda,
y a los que árboles podan
no se les llama podencos?
¡Y no habrá quien no conciba
que llamarle firmamento
al cielo, es un esperpento!
¿Quién va a firmar allá arriba?
¿Es posible que persona
alguna acepte el criterio
de llamarle Monasterio
donde no hay ninguna mona?
¿Y no es tremenda gansada
en los teatros, que sea
denominada “platea”
donde no platea nada?
Si el que bebe es bebedor
y el sitio es el bebedero,
a lo que hoy es comedor
hay que llamar comedero.
Comedor será quien coma,
como bebedor quien bebe;
de esta manera se debe
modificar el idioma.
¿A vuestro oído no admira,
lo mismo que yo lo admiro,
que quien descerraja un tiro,
dispara, pero no tira?
Este verbo y otros mil
en nuestro idioma son barro;
tira, el que tira de un carro,
no el que dispara un fusil.
De largo sacan largueza
en lugar de larguedad,
y de corto, cortedad
en vez de sacar corteza.
De igual manera me aquejo
de ver que un libro es un tomo;
será tomo, si lo tomo,
y si no lo tomo, un dejo.
Si se le llama mirón
al que está mirando mucho,
cuando mucho ladre un chucho
se le llamará ladrón.
Porque la sílaba “on”
indica aumento, y extraño
que a un ramo de gran tamaño
no se le llame Ramón.
Y, por la misma razón,
si los que estáis escuchando
un gran rato estáis pasando,
estáis pasando un ratón.
Y sobra para quedar
convencido el más profano,
que el idioma castellano
tiene mucho que arreglar.
Con que basta ya de historias
y, si al terminar me dais
dos palmadas, no temáis
porque os llame palmatorias.
jueves, 26 de julio de 2012
Amor, marca registrada
Uno, pronombrote usuado en mis escritos, querría, debería y hasta podría quizá definir el amor si hemos de ser modales y no sólo aspectuales, ya que sobre su consideración de perfectivo o imperfectivo hay más dudas que sobre su carácter transitivo o copulativo; incluso hay quien lo considere intransitivo, en su forma verbal, porque oral es otra cosa y nominal ni siquiera es, si poderse dijese, un suponer. Por otra parte, en un primer momento, ante este adminículo palabral se piensa en una marca de condones o una variedad de pegamento formado por oxitocina, dopamina y finilananina, o incluso un tipo más, en cabuyería, de amarres y sujecciones, vulgo nudos, hechos con sogas, que se deshace con desnudos. Más ortodoxigenado, el amor es un tipo de religión o religamiento falible, relío o paquete para mayor claridad, sancionado a vecindades por una denominación de origen sacro-ilíaca y bendecida con algún trago, tango o trance contractual. En una mesa comisoria se deposita algo así como dote un confite blanco de merengue o azúcar, que es un traje de novia con mujer interior, adláter o aledaño a un indiviso beodo y confuso vestido al último luto, arbitral, pero sin calzón corto ni pelotoide.
martes, 24 de julio de 2012
Imprevisibilidad
A ciertas edades, la imprevisibilidad es la mejor medicina. A los viejos los ha construido la costumbre, en especial la de tener costumbres; no necesitan nada, ni siquiera juventud -los jóvenes no son nada originales, y cuando lo son lo es por una sobredosis de voluntad que les hace madurar antes de tiempo-. Les cuesta moverse, abandonar la espiral en que se encierra su propio fatalismo; la voluntad se ha diluido en ellos en una gran indeterminación; necesitan la pasión de otros, para encenderse y ponerse en marcha; entonces pueden guiar o ayudar con su experiencia; pero ya no atesoran pasión, porque han ardido demasiadas veces y, aunque sus cenizas pueden levantar una espectacular polvareda de humo dormido, esta es grias, fría, sucia y ácida como el manto polvoriento depositado en estratos por el tiempo y su abandono. Y no es posible encontrar en ellas, escondido como está, algún rescoldo; ni siquiera lo buscan.
Por eso los viejos debemos ser imprevisibles, contradecirnos, explorar los pocos ámbitos que nos quedan por visitar, y que son pocos sólo porque nuestra vista, cansada, ha reducido ya la paleta de colores e, inclinada, la extensión de los horizontes. Lo que necesitamos es una pila de entusiasmos. El anciano, el zombi, el mediomuerto, debe erguirse y, sin renunciar a todo lo que ha ganado (o perdido), llamar a todas las puertas del futuro que pueda, viajar donde no ha ido, escribir lo que no ha escrito, escuchar lo nunca oído, leer en vez de releer, frecuentar los barrios y lugares de la ciudad que no ha visitado, no sabe por qué, comer y beber lo que nunca quiso y conocer las caras que no le suenan; en fin, debe volverse la piel de revés a lo San Pablo y bautizarse con un nombre nuevo. Lo malo: la gente se asusta y te confunde con un zombi, con un medio muerto, con un fantasma o con un patético gilipollas.
Por eso los viejos debemos ser imprevisibles, contradecirnos, explorar los pocos ámbitos que nos quedan por visitar, y que son pocos sólo porque nuestra vista, cansada, ha reducido ya la paleta de colores e, inclinada, la extensión de los horizontes. Lo que necesitamos es una pila de entusiasmos. El anciano, el zombi, el mediomuerto, debe erguirse y, sin renunciar a todo lo que ha ganado (o perdido), llamar a todas las puertas del futuro que pueda, viajar donde no ha ido, escribir lo que no ha escrito, escuchar lo nunca oído, leer en vez de releer, frecuentar los barrios y lugares de la ciudad que no ha visitado, no sabe por qué, comer y beber lo que nunca quiso y conocer las caras que no le suenan; en fin, debe volverse la piel de revés a lo San Pablo y bautizarse con un nombre nuevo. Lo malo: la gente se asusta y te confunde con un zombi, con un medio muerto, con un fantasma o con un patético gilipollas.
viernes, 20 de julio de 2012
El primer y único rey de Andorra, Borís I
Pocos sabrán que Andorra tuvo una vez un rey en vez de dos copríncipes. Fue un espía lituanorruso, Borís Skósyrev, al que dejaron reinar, con apoyo de todos los representantes de los andorranos, convencidos de sus ambiciosos planes (a semejanza de lo que había ocurrido en Mónaco, Liechtenstein, San Marino o Luxemburgo, los restantes principados europeos, paraísos fiscales donde los impuestos eran casi inexistentes o sensiblemente reducidos, el forastero se comprometía a convertir Andorra en uno de los centros empresariales más importantes del mundo, donde bancos, entidades financieras y compañías internacionales no tardarían en instalar su domicilio social, aprovechándose del régimen fiscal) apenas diez días, entre el 7 y el 17 de julio de 1934, hasta que el obispo de Seo de Urgel lo mandó a la frontera entre dos gendarmes. A cambio de esos planes, Borís I sólo había pedido ser rey constitucional de Andorra.
No sé. ¿y si hiciéramos lo mismo en España? ¿Si saliéramos de la ONU, de la OTAN, de la UE, y nos hiciésemos un estado a la manera de Suiza, paraíso fiscal de primera clase? ¿No nos iría a todos un poco menos mal?
Busquemos al nieto de Borís I y propongámoslo for president.
(Es una broma. ¿O no?)
No sé. ¿y si hiciéramos lo mismo en España? ¿Si saliéramos de la ONU, de la OTAN, de la UE, y nos hiciésemos un estado a la manera de Suiza, paraíso fiscal de primera clase? ¿No nos iría a todos un poco menos mal?
Busquemos al nieto de Borís I y propongámoslo for president.
(Es una broma. ¿O no?)
jueves, 19 de julio de 2012
Crueldad gratuita
Hay algunas cosas que nos hacen replantearnos el concepto de especie humana, por ejemplo la crueldad gratuita: a una perrita de pocos meses le horadan los dos ojos, la intentan quemar y luego la entierran viva. Un nuevo caso para el museo de los horrores: aquí.
martes, 17 de julio de 2012
Mi experiencia con un coche híbrido
Un coche híbrido, Toyota Prius, ha pasado de ser el patito feo al coche más vendido del mundo. No sólo es la energía que ahorra, la poquísima gasolina que consume gracias a su sistema de retroalimentación, que transforma cualquier deceleración en una recarga de energía, sino su silencio y la mínima polución y daño que causa al medio ambiente y sus movimientos medidos, precisos y elegantes. Mi coche también es híbrido, un Honda, y los únicos inconvenientes que ha dado, en un momento solo después del cual ya me he olvidado de ellos, son diversos paros cardiacos antes de arrancar motivados por un gasto excesivo de energía en radio, calefacción y demás. Esos problemas se arreglaron provicionalmente con una transfusión con pinzas grandes de una batería a otra. Los híbridos tienen dos baterías de litio, una poderosísima atrás y otra de quince vatios delante. La de atrás no se debe tocar, porque, al igual que en un microondas, aunque el microondas esté desconectado tiene un acumulador que puede soltar miles de vatios y dejarte tieso ahí mismo. La batería que puede dar problemas es la pequeña, cuando se desajusta el microchip u ordenador de distribución, si se encuentra en horas bajas.
lunes, 16 de julio de 2012
Pard, el perro perdido.
En El último refugio (1941) una película noire clásica escrita por el novelista policiaco Burnett y por el director John Huston, narrada con su habitual concisión por el tuerto Raoul Walsh (1941) y protagonizada por Bogart y una bellísima Ida Lupino, hay un personaje menor que es todo un símbolo. Es el perro "Pard", al que comparan con la Desgracia porque siempre va detrás del que marcha mal. Es el perro Destino, siempre correteando detrás de los personajes y causándoles la muerte. Por eso siempre es un perro abandonado. Nadie quiere a ese perro perdido que atrae tanto la desgracia como la compasión, salvo la pobre pareja de gángsters que, al igual que él, anda perdida en un mundo horrible del que no puede escapar. Tal vez este verbo último sea la respuesta: el perro Pard no persigue nada, sino que huye.
¿Por qué la desgracia persigue de un modo tan contumaz a los que huyen de ella?
¿Por qué la desgracia persigue de un modo tan contumaz a los que huyen de ella?
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La presión ética de Internet empieza a aplastar a los gobernantes
Decía no precisamente ayer que la Generación Beat no había cambiado el mundo y por eso había creado otro, Internet. Con Internet la inteligencia se diluye y concentra súbitamente para lograr unos objetivos éticos que al poder, corrupto por sí mismo, empiezan a preocuparle. El software disponible, por ejemplo, para recopilar firmas en protesta; la comunicación por correo electrónico y otros medios entre las personas más desconectadas del mundo. Hasta el momento la inconcreción y vaguedad de esos objetivos es lo que salva a las cúpulas de una neodemocracia. Pero en el horizonte parece vislumbrarse algo lejano que tiene esa forma y que quizá no veremos ahora. El principal objetivo de esa neodemocracia será acabar con los paraísos fiscales internacionales: Suiza y las islas y puerto francos, para redistribuir la riqueza e igualar el desarrollo en el mundo evitando la enfermedad, el analfabetismo y el hambre, los tres jinetes del desastre humano. El tercero, desprofesionalizar la vida política transformando todos los cargos en rotativos y transversales. Todos esos movimientos que se han azuzado con la crisis no deben desaparecer con ella, sino converger en un programa global y sensato. Sólo así se harán temer.
sábado, 14 de julio de 2012
La conquista de Jerusalén, una obra inédita de Cervantes
Hace tiempo que descubrieron en la Biblioteca Real la tragedia perdida de Cervantes La conquista de Jerusalén por Godofre de Buillón. Para mí sin duda es de Cervantes; tiene el estilo y métrica de su teatro, las figuras morales que tanto gustaba de haber introducido y el pensamiento liberal y universal que tanto lo caracterizaba. Un gran poeta posee siempre la virtud de la concisión, que habla a los ojos en ejemplos cual estos:
¡Oh, griegos, hombres no, sino mujeres!
¡Codiçiossos, lascivos y habladores,
inconstantes de vanos pareceres!
En sólo tres versos vemos a los griegos motejados de desunidos, heterodoxos sexualmente obrando, charlatanes, veletas, comerciantes y materialistas. Eso es caracterizar. Y aparecen también hermosas hipérboles poéticas:
¡Revienta ya, corazón!
¡Pon tu dolor en la lengua,
que tanto silencio es mengua
que acomete la pasión! (629-632).
Su pie por la senda ruin
de Mahoma va muy listo,
el tuyo por la de Cristo:
¡mira si es contrario al fin
de amar, ser los dos, Señor,
de tan diferentes greyes!
Mas lo que apartan las leyes
suele juntar el Amor. (645-652)
¿No será cosa excusada
pretender o esperar cosa?
Sí, será; mas ¿qué haré?
¡Que en mi muerte no hay tardanza
si no fundo la esperanza
aunque sea en nosequé! (659-664)
Y enfáticos pleonasmos como este:
En un mismo momento, en un instante,
a un punto mismo todas las gargantas
de todas las personas que allí estaban
formaron una voz clara y sonora
y a una misma razón todos dijeron:
"¡Así lo quiere Dios, así lo quiere!
¡Así lo quiere Dios!". Y una voz y otra
y otros y otras muchas repitieron
esta misma razón, señal notoria
que el Espíritu Santo la infundía
en los cristianos tiernos corazones.
Y este apellido, "Dios ansí lo quiere",
mandó el Papa quedase entre nosotros
y que fuese contino apellidado
en todas nuestras obras y que fuese
puesto en nuestras banderas por empresa
Otras frases vigorosas:
No nos lleva el vacío del deseo,
los anchos reinos, ni los montes de oro... 225-226.
Conforme a la verdad, Clorinda amada,
dame en señal esa divina mano,
y en hora venturosa, afortunada
a tu cielo levanta este cristiano.
¡Ay, cuitada! ¿Qué rumor
es éste que agora siento?
¿Si es mi bien? ¿Si es mi contento?
¿Si es mi gloria? ¿Si es mi amor? (475-478)
Si llevas, Erminia, al cabo,
con la razón mi dolor,
verás que no soy señor,
sino humilde y mudo esclavo,
y que no tengo poder
para mirar lo que es mío,
porque todo mi albedrío
está en ajeno querer.
Juzga por tu corazón
el mío cuál debe estar
y vendrás a disculpar
por la tuya mi afición,
y verás cuán poco valgo
para librarte de aprieto,
y que soy nada, en efeto,
aunque parezca ser algo.
¿Cuál vas y cuál quedo yo?
¿Tú qué viste o yo qué vi?
Que yo muero por un sí
y tú acabas por un no;
tales son, Amor, tus mañas,
en este aprieto nos pones;
devoras las intenciones
y consumes las entrañas.
Soy el que sin vos no puedo
vivir, porque sois mi vida,
soy la sombra dolorida
del miserable Tancredo...
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viernes, 6 de julio de 2012
Los hombres pera
En Italia eliminan administraciones para no subir el IVA, en Francia suben el IRPF a los mas ricos para bajar el IVA; aquí subimos el IRPF a todos, las diputaciones ahí siguen y subiremos el IVA.
Esto es lo que se suele llamar una perada; esto sólo lo hacen pollos sin cabeza o pollos-pera; este es un gobierno de niños pera algo crecidos, a remolque de lo penúltimo que se hace en Europa, mientras les traducen lo último, para hacerlo mal, tarde y a medias. A propósito, con lo cara que sale la Selección nacional, ese club de millonarios aficionados a dar patadas, podríamos dejarla como representante de la unidad de España y ahorrar algo en Monarquía y otras vejestorieces degeneradas. Un marqués como Del Bosque luce menos que un rey, pero nos representa mejor que un Borbón salido.
Esto es lo que se suele llamar una perada; esto sólo lo hacen pollos sin cabeza o pollos-pera; este es un gobierno de niños pera algo crecidos, a remolque de lo penúltimo que se hace en Europa, mientras les traducen lo último, para hacerlo mal, tarde y a medias. A propósito, con lo cara que sale la Selección nacional, ese club de millonarios aficionados a dar patadas, podríamos dejarla como representante de la unidad de España y ahorrar algo en Monarquía y otras vejestorieces degeneradas. Un marqués como Del Bosque luce menos que un rey, pero nos representa mejor que un Borbón salido.
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