viernes, 18 de enero de 2008

La vergüenza y los políticos

O una contradictio in terminis. No se puede tenerla y ser político y viceversa. Un ejemplo: Barreda, el Leslie Nielsen de Gobierna como puedas, coloca a toda su familia en la universidad y la extiende a todos sus amiguetes; continúa la política de privatizaciones de Don Pepito "¿Pasó usted ya por casa?" Bono, a quien algunos llaman Pepito Bonito por estar tan encantado de haberse conocido en la propaganda de todas esas evangélicas publicaciones que gastan el dinero de necesidades más urgentes. Mi padre guardaba una estampita de esta figura que les hacía viajar con el Inserso. Mientras, prosigue, ya van veinte años, la infatigable búsqueda de resquicios en la administración para colocar a amiguetes de su partido en paro, por ejemplo en los Centros de Profesores y Recursos de la Comunidad, y el Pesoe y su inem de sinvergüenzas, la Junta de Calamidades, arbitra una subida de sueldos del 70 % que ya le gustaría a esos sindicatos a los que les dicen que se deben confomar con el 2%; yo no me conformo, me informo y a consecuencia de ello me enfermo. Las leyes introducidas para hacer no un país europeo, sino parecido a Europa y que interesadamente no termina nunca de salir del fascismo, sino de una interminable transición de transiciones, hacia la utopía del yo cobro más que ayer, pero menos que mañana, que es una utopía de clases dirigentes, han creado una clasecilla de políticos vagos que pudren la democracia pagando o presionando periodistas y dejándose querer por la mafia del ladrillo y los caciquillos del siempre manchego, la tradición eterna. Y no es que aplauda la política del PP, que es lógicamente acabar con la corrupción del Pesoe porque la suya le gusta más, no porque la corrupción sea un mal en sí misma. Tal vez por ello los del Pesoe no entendieron que se votara a los corruptos del Pepé; es que no lograban mirarse en el espejo y reconocerse, como hacen las criaturas inteligentes. Ahora, además, se consideran con bula para ser más corruptos todavía y por eso, acaso, lo de la subida del 70 %; es que los políticos son así, no saben hacer otra cosa que beneficiarse a sí mismos y decirse lo desfeos y desmalos que son. Hace poco he visto un documental, Cosas de monos, donde se veían los desesperados esfuerzos de uno por lograr posición preeminente entre los machos. Tenía un vago parecido con Rajoy. En esa tarea tenía una trifulca tremenda con otro, al que le aprecié una gentil silueta parecida a la de Zapatero. Tuvieron que separarlos para evitar males mayores. La jefatura del asunto no estaba en peligro, pues el líder era un anciano muy respetado que no hacía casi nada, como el Rey. Ni siquiera tenía que buscarse los plátanos. Y nosotros, hala, a votar a los que desde el siglo XIX nos están hodiendo el país. ¿Alternativas? Que alguien busque en internet lo que significa un neologismo, el altermundismo; esperemos que no sea una esperanza, sino algo más que no sea menos.

jueves, 17 de enero de 2008

Hablando claro

Arturo Pérez Reverte
Hablando claro.

Cuadrilla de golfos apandadores unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la Derecha. Demagogos iletrados de la Izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de 1a patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros —aquí matizaré ministros y ministras— de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros —el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. A cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos un mes, al publicarse los desoladores datos del Informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana —que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural—, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. O, en cuanto al Pesoe, que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que, tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico».

O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado, porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente —recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española—. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes, pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico u otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

miércoles, 16 de enero de 2008

Ovejas

La católica iglesia nos oprime;
no nos defiende ya su largo brazo
de la injusticia, del odio, del rechazo
ni reúne a las voces que reprime:

levanta su poder sobre quien gime
estrangula al distinto con su lazo
negándole acogerse a su regazo
y a la mujer, esclava, la deprime.

Su sonoro silencio hipocresía
es, no humildad; y su pobreza
se viste con harapos de grandeza
ejerciendo en las almas tiranía.

Como lobos se vuelven sus pastores
contra ovejas de todos los colores.

martes, 15 de enero de 2008

El más antiguo de los infiernos

Hay muchos curiosos infiernos; algunos son maravillosos, como el Dilmun o tierra de la vida, que los ingenuos tomarían por una especie de Jauja; el hindú y el budista es el Naraka; uno muy curioso es el Yomi de los sintoístas, cuya descripción refleja el libro de historia más viejo que ha sido escrito en japonés, el Kojiki; es una ampliación, pero más gris y apagada, de este mundo; en ella da igual si has hecho bien o mal en vida; uno pertenece definitivamente al Yomi si come algo de él; entonces ya no puede volver al mundo real, pero puede vagar por él en sueños si no come nada; algo así es lo expreso en el Viaje de Chihiro. Pero el más antiguo nombre del infierno es el Arallu, sin luz ni esperanza, sin renacimiento, sin reencarnación. En las religiones mesopotámicas todos los muertos van al Arallu, que se encuentra en el centro de un laberinto de siete ríos, siete murallas y siete puertas envuelto en una densa oscuridad que invita al sueño; a él se marchaba en una barca tras la muerte, porque el camino que abre una barca sólo sirve para ir y su estela se deshace al volver la vista atrás; el Arallu es la casa donde se entra para no salir. Tras cada puerta el muerto se degrada un poco más, perdiendo una parte de sí mismo. Gilgamesh descubrió que para volverse inmortal debía atravesar las puertas en siete días y siete noches sin dormir, despierto, pero se durmió y una serpiente le robó el fruto de la inmortalidad; ya sólo le cupo ser parecido a un Dios, pero no un Dios, por lo que se suicidó. La cosmovisión de los sumerios es muy pesimista. Solamente los dioses retuvieron la vida en sus manos y nada se puede esperar de ellos.

El Arallu estaba gobernado por el dios Nergal y la diosa Ereshkigal, que tenían allí su palacio y su corte, formada por una multitud de demonios causantes de calamidades y males, como Pazuzu -rey de los espíritus malignos del aire-; Lamashtu -devoradora de niños-; Labartu -demonio femenino causante de enfermedades-. Tambien imaginaban la existencia de seres celestes benignos pero caprichosos, como Lamassu, Shedu y Utukku. Estos seres, tan volubles como los duendes, debían ser propiciados o contrarrestados mediante prácticas mágicas (shiptu) u oraciones (nish qati). La Ereskigal residia en un palacio llamado Ganzir protegido por 7 puertas. Ese era el domicilio triste y aburrido de los muertos , mucho menos glorioso y valioso que el de los vivos.

Crisis educativa

Un sofista que mira el vaso medio lleno:

¿Crisis de la educación?
José Saturnino Martínez 14/01/2008
Una prueba del atraso cultural de este país es, paradójicamente, la escasa calidad del debate educativo. Todo se reduce a echarle las culpas a la LOGSE, y a los psicopedagogos. Muñoz Molina ha sido un buen ejemplo de este proceder, indignándose sobre el estado de la lectura, el mismo día que en EL PAÍS se publicaba un artículo en el que se recoge que los españoles leen hoy más que nunca, y que el grupo que más lee es, precisamente, el de los más jóvenes ("El fracaso entre los hijos de universitarios es del 2%; entre los hijos de quienes no tienen estudios, del 40%"

"En los setenta, la tasa de niños por profesor era de 33, actualmente es de 11"
Es más importante gritar indignado, ilustrado por anécdotas y amigos (o primos), que pensar con tranquilidad y documentadamente. Si tanto ha degenerado nuestro sistema educativo, ¿cuándo estuvo mejor? Quizá quien esto escribe (cursé la primaria en los setenta) pertenezca a una de esas generaciones que tuvo el privilegio de ser educada en un sistema ¿mejor? Cuando estaba en la primera etapa de EGB, el promedio de niños por profesor era de 33, actualmente es de 11. El gasto público en educación era del 3% del PIB, hoy ronda el 4,5%, pero, además, el PIB español actual es mucho mayor que el de aquella época, por lo que el gasto total, descontada la inflación, se ha multiplicado por siete. La tasa de matriculación entre los 6 y los 14 años era del 80%, mientras que hoy la matriculación entre los 6 y los 16 años es del 100%. Había 140.000 becarios, hoy 600.000, y, en euros constantes, la beca media se ha duplicado, incluso quintuplicado, en el caso de las universitarias. En España había 2,5 millones de analfabetos, y medio millón de universitarios. Hoy hay medio millón de analfabetos y cinco millones de universitarios. La probabilidad de la hija de un campesino de estudiar bachillerato era del 15%, hoy es del 58%. La actual tasa de fracaso escolar es preocupante, próxima al 30%, pero entonces era del 35%, y la escolarización obligatoria duraba 8 años, y no 10, como en la actualidad.
Visto mi escaso éxito cuando he tenido la oportunidad de expresarme con argumentos abstractos y datos, procederé con el estilo español de debate intelectual: anécdotas e indignación. Estudié en un centro público, en el que se practicaban los "itinerarios", tan del gusto de la derecha. Eso quería decir que, a los 140 niños de 11 años, agrupados en cuatro sextos, nos ordenaban por los criterios que los profesores consideraban asociados a la "inteligencia", pero que vista la evolución de todos nosotros, tenían más que ver con la obediencia. Tuve la suerte de ser seleccionado para sexto A; mis compañeros que fueron asignados al sexto D perdieron, en el mejor de los casos, tres años de su vida, con el consiguiente despilfarro de dinero público. En el peor, perdieron la vida con la droga o en cárceles. El estigma que suponía entrar en sexto D era empleado como amenaza, para disciplinarnos. Además, había unos veinte niños no escolarizados, como los gitanos. Por lo tanto, de unos 160 niños de mi edad llegamos a BUP 14. Cuando escucho lo bueno que era antes el sistema educativo estoy viendo a alguno de esos 14 olvidándose de los otros 146.

Espero que esta historia dé cuenta de la profunda indignación personal que me produce cada vez que escucho a quienes fueron niños de buenas familias o pobres, pero estudiantes brillantes, despotricar de un sistema educativo que obliga a que los 160 niños tengan actualmente garantizado su derecho a una escolarización de calidad hasta los 16 años. Sí, de calidad, pues según el informe PISA, están a la altura de Estados Unidos, Dinamarca, Italia o Francia (en ciencias). Me hierve la sangre cada vez que oigo que antes estaba mejor la educación, cuando lo único que pasaba es que amplias capas de la población no tenían derecho real a la educación. Como no estaban en las aulas, no eran un problema.

Entiendo el malestar del profesorado de secundaria, pues esta nueva situación ha modificado su trabajo. Si Oscar, a los 7 años ya era un gamberro incontrolable y a los 12 esnifaba pegamento, no quiero ni pensar cómo sería a los 15 en un aula (en la calle era un raterillo). Pero la solución no es volver a echar a 146 adolescentes a la calle. El trabajo de los profesores es prestar una atención personalizada a los 160. Y la labor de las administraciones educativas es hacer que este trabajo sea posible, y no una declaración de buenas intenciones, y leyes a coste cero, o volver a los "itinerarios". Eso supone contar con profesores de apoyo, psicólogos, trabajadores y educadores sociales, policía local... Más presupuesto y más coordinación entre diferentes profesionales y administraciones.

La curiosidad por explicar la trayectoria de esos 14 niños fue uno de los motivos para que me especializase en sociología de la educación. Las conclusiones, provisionales, a las que he ido llegando son las siguientes. Los problemas escolares se explican por diversos factores, pero, con diferencia, los más importantes suceden fuera del aula. Por ello, los psicopedagogos ni son culpables ni aportan soluciones milagrosas. Según el informe PISA, el 50% del rendimiento educativo de los jóvenes se explica por la posición social de su familia, un 18% por la composición socioeconómica de las familias de los estudiantes del centro educativo, y un 6% por características didácticas y organizativas de los propios centros escolares. El otro 26% queda sin explicación, y supongo que ahí es donde entramos esos 14 niños. Es decir, cuando debatimos sobre cómo mejorar la educación desde dentro de las escuelas, estamos discutiendo sobre el 6% del problema. Se habla mucho de escuela pública y privada, pero las diferencias de rendimiento entre estos centros se deben al origen socioeconómico de los estudiantes. El fracaso escolar entre los hijos de universitarios es del 2%, mientras que entre los hijos de quienes no tienen estudios es del 40%. Pensar que con mejor didáctica conseguiremos que ese 40% baje al 2% me parece bien intencionado, pero poco realista.

La fuerte inercia de una generación sobre la siguiente explica que los avances educativos no sean tan rápidos como nos gustaría. Últimamente hay quienes quitan importancia a esta inercia y no quieren ver que España es de los países de la OCDE donde la mejora educativa ha sido mayor. España lo hace razonablemente bien dado el nivel educativo de la generación de los adultos. Es más, en España hay regiones que lo hacen tan bien como los mejores países del mundo, como La Rioja o Castilla y León. Son regiones en las que históricamente las tasas de analfabetos eran mucho más bajas que en el resto de España. Y en las que hay psicopedagogos y se aplica la LOGSE...

José Saturnino Martínez García es sociólogo

jueves, 10 de enero de 2008

Catolicismo e hipocresía

No lleva la tiara de triple corona, como el trofeo del rugby, que se ganó el Papete siendo inquisidor y martillo de herejes, sino una mitra, pero a mí no me importa la clase de pepino que quiera exhibir en su presuntamente ilustre cabeza; el caso es que el obispillete ahora cardenalote Rouco Varela, que debería aparecer en el Hola, condena el divorcio según el estado, pero no el divorcio de la princesa Letizia, cuya boda con el príncipe tuvo a bien celebrar ante millones de españoles y extranjeros. Hipócritas consumados ya sabíamos que eran los catolicos de altura, capaces de hacer teológico encaje de bolillos para permitir lo que les conviene; no es de extrañar; sólo son santos los de su religión, que no es religión, sino una madeja de ideología o política, esto es, poder y dineros o más bien su espectáculo. Si la ética o moral se reduce a dar ejemplo, no lo da el señor Rouco Varela ni ese otro cardenalito, el señor Barreda, (de aquí nadie se escapa). Que el divorcio express les haya bajado los ingresos del negocio de las separaciones les ha escocido. Su producto ya no es competitivo ante una fórmula que permite evitar males mayores como la violencia doméstica o que haya hijos que sufran las consecuencias de las familias desestructuradas. Si la iglesia es responsable de tantos embarazos indeseados y consecuentes abortos igualmente indeseados y de tantas muertes por sida a causa de su prohibición de usar preservativos, debe afrontar las consecuencias de todo el malestar social que provoca su gigantesca hipocresía y hacerse cargo de esos hijos indeseados y de esas mujeres matratadas y de esos enfermos terminales. Pero es machista y en vez de montar guarderías, hospicios y hospitales prefiere llenar autobuses y preparar la gloriosa venida de Su Santidad don Benito (XVI) gastándose los dineros del impuesto religioso en estampitas para promocionar al líder del reverso tenebroso de La Fuerza. ¡Qué gran ejemplo dan los cardenales, obispos y políticos españoles! ¡Qué jíbaros o reductores de cabezas!

miércoles, 9 de enero de 2008

Ideas ingeniosas


La falta de imaginación de los que mandan es proverbial; sin embargo hay algunas cosas que me han sorprendido; por ejemplo, la idea de Sarkozy de crear un impuesto que grave cada anuncio publicitario de las cadenas privadas de tv para financiar una tv pública sin anuncios. La idea es tan buena que podría extenderse hasta crear un impuesto que grave a las empresas que más publicidad empleen para autopromocionarse. Eso disminuiría la agresividad publicitaria que nos envuelve y sacaría dinero precisamente de donde se desperdicia. Otra idea ingeniosa son las centrales eléctricas fundadas en islas de calor en los trópicos: no desaprovecharían nada y darían agua potable y energía precisamente allí donde más es necesaria, en el tercer mundo, a países como Brasil, India, China o Indochina. Iniciativas como estas, si llegan a llevarse a cabo -ese es el quid de la cuestión-, podrían salvar la esperanza que todos tenemos en futuro.

martes, 8 de enero de 2008

Música legendaria

Unas cuantas canciones legendarias:

Levantan el ánimo Scarlet Rose, Si hubiera tenido cabeza, Mister Sandman, What a wonderful world y Qué será, será; las demás lo deprimen:

Scarlet Rose

Summertime

Stairway to heaven

Si hubiera tenido cabeza

Noches de blanco satén

Mister Sandman give me a dream

What a wonderful world

Que será, será

In taberna quando sumus

Mi lejano amigo el exorcista padre Fortea tiene un blog que suelo visitar de vez en cuando, porque suele decir cosas sensatas. Hoy ha escrito lo siguiente, citando los Carmina Burana,
aunque su traducción es bastante mala:

"Cuando estamos en la taberna,
no nos interesa donde sentarnos,
sino el apresurarnos al juego

que siempre nos hace sudar.
Lo que sucede en la taberna

es que el dinero se gasta;
más vale que preguntes antes,
si digo algo, escucha.

Esto, señores, aunque escrito entre el siglo XII y el XIII, parece el programa de gobierno (el auténtico, no el electoral) de casi cualquier ejecutivo. Releedlo bien y veréis que detrás de las palabras antiguas están los hechos recientes. Cambiad “taberna” por “poder”, cambiad “juego” por “juego de intereses”. Este fragmento de los Carmina Burana valen para España, para Nicaragua, para Kenia, para Bélgica. Pero al final el gobernante, encima, te dice con tono amenazante si quid loquar, audi, si digo algo, escucha."

Timidez

Algunos confunden la timidez con la insolencia o con el orgullo; como mucha gente, tengo fobia social: los grupos de seres humanos me incomodan profundamente, al contrario que los políticos y otros amantes del baño de masas; no por la gente en sí y por separado, sino por los efectos que produce. Las masas dejan tran sí un gran rastro de basura y sólo las masas son lo bastante anónimas para justificar la violencia más depravada y extrema o la tontería más necia y adocenada: no en vano el nombre del demonio es Legión.

Es algo mensurable matemáticamente: la cantidad de mentira ambiente aumenta en progresión geométrica mientras que la de gente en aritmética. Puedo soportar grupos de dos, tres o cuatro personas, pero más empieza a ser algo excesivo y grotesco: cada nueva persona añade una mordaza a las demás (no se habla de temas que puedan molestar a uno u otro) y se termina hablando de fútbol o del tiempo mientras cada cual está pensando en lo gordo que está el vecino, en la última gilipollez que ha dicho o en cualquier otro trapo sucio. Una persona no tiene fricciones consigo mismo; dos ya pueden tener alguna, tres muchas más, y así. Pues imaginaos este cura, que no puede con menda. Y toda esa incomodidad hay que exorcizarla degollando algún chivo expiatorio o bebiendo la sangre de algun gallito que destaque por lo alto o por lo bajo. Alguien que se haga notar, un raro. Y el raro es siempre el tímido, el callado, el que se reserva su opinión, el que no comulga con la masa, el que habla raro o tiene la piel menos clara. En los grupos, los pensamientos demoniacos no se comunican, se contagian como una enfermedad o una pasión y se pueden intuir por un gesto, por el brillo de una mirada, por cualquier respuesta descolocada o desabrida; es la paradoja de Abilene, en suma, que nos hace inocentes por separado del mal común. Es posible ver al demonio Legión en alguno de los cuadros de grupos humanos de Goya; incluso en los de la primera época: en todos ellos hay siempre un personaje sospechoso, de mala catadura, que parece extraído del barrio portuario de Odessa o del rincón más sórdido de Calcuta. Es el demonio estructural contra el que lucha la teología de la liberación, el demonio contra no quieren luchar los jerarcas que como Benito XVI han llegado a su puesto gracias a ellos.

Para evitar los roces necesito un duro caparazón de silencio: me refugio en un concéntrico caracol o bajo la escalera en que medita el sabio de Rembrandt; en el trozo de ámbar en que Marcial vio a la abeja haber deseado su propia muerte; en el ático desvencijado de un pueblo aragonés que se cae a pedazos; en un laberinto de escritura o en un capullo segregado por mis íntimas heridas, si de algo vale el verso del Conde de Salinas.

lunes, 7 de enero de 2008

La era de la información ha terminado

La era de la información ha pasado o debería. La era de la información era algo unidireccional, pero, si se orientaba a algún sentido, era de arriba abajo y, por consiguiente, era antidemocrático y empobrecedor; la utopía que debe venir y que, como todas, no vendrá nunca, es la de la explicación. La explicación no excluye complejidades y es tan interactiva como un móvil o como Internet, no puede manipularse fácilmente y no tiene a la verdad como algo inalterable y constante, colgante de unos principios invariables. La explicación implica una ética y se explica, se extiende, se hace necesaria, se impone en un mundo donde la información y la publicidad son excesivos, unidireccionales y mutuamente dependientes, o donde ya es imposible distinguir a una de la otra; para poder sobrevivir a la sobreinformación se debe plantear un salto cualitativo que haga democratizar la inteligencia, aun a pesar de la chusma política de los imbéciles gobernantes de la pseudodemocracia: la que viene debe ser la edad en que la explicación, la implicación y la aplicación transformen a la sociedad en algo transversal, más justo, más sereno y más habitable.

domingo, 6 de enero de 2008

Pedagocracia

De El País hoy:

Contra la pedagocracia

Xavier Jové Masana - Tarragona - 05/01/2008
Leo en Babelia (Nº 838; 15 de diciembre de 2007) el precioso artículo de Antonio Muñoz Molina titulado El libro ilimitado, una defensa de la lectura y un ataque a los falsos expertos que controlan hoy el sistema educativo. La voz de escritores lúcidos y valientes resulta actualmente del todo imprescindible en esta lucha contra la ignorancia pedagocrática que muchos profesores venimos sosteniendo en inferioridad de condiciones.

La noticia en otros webswebs en español en otros idiomas La clase política hace años que contribuye claramente a la destrucción de la enseñanza pública, pues encarga siempre la solución de los problemas a los mismos que los van creando. La pedagocracia es como una hiedra voraz que medra precisamente a costa de la cordura docente, de la transmisión de conocimiento, de los valores educativos elementales. Sus huestes empezaron por desvirtuar la enseñanza primaria, luego fueron desfigurando la secundaria hasta arrasarla, y ahora están burocratizando la universitaria. Nadie sabe hasta dónde llegarán, en este proceso de destrucción cultural en el que se han comprometido a fondo.

Como apunta Muñoz Molina, en última instancia se trata de cercenar esa vía de superación personal y de promoción social que la cultura representaba. Hoy el entramado educativo está enteramente al servicio de las exigencias del mercado, y eso impide el óptimo desarrollo de las potenciales (y diversas) facultades de los discentes al tiempo que supone la alienación profesional de los docentes. Es un proceso que ningún político muestra arrestos de querer entender e intentar corregir.

sábado, 5 de enero de 2008

Queen Latifah

Uno de los pocos programas que me gustan se retransmite poco y mal y por cadena de pago: "Inside Actor's Studio''. Mi hija no lo soporta, pero eso es disculpable por la falta de referentes connatural a su edad. Es de agradecer, entre otras cosas, que el programa se emita subtitulado, con lo que se puede apreciar la voz original y uno puede aprender algo de inglés y corregir los errores de traducción. Es notable de por sí el entrevistador, James Lipton, un poeta judío ultracircunspecto y neoyorkino con amplia experiencia de letrista y no poca cultura, fan de Bernard Pivot, el leído jeque de Apostrophes, que se lleva muy preparados y documentados los programas; escoge a guionistas, actores y directores de cine con mucho meollo dentro, y siempre consigue hacerlos aparecer al natural asestanto atinadas preguntas y revisando toda su trayectoria, trufada de cortas, pero selectas secuencias de su trabajo. Víctimas de tan duro vapuleo muchos de sus entrevistados lloran o acaban al borde de la lágrima, pues Lipton les toca siempre donde más les duele, consiguiendo que no se cabreen con el vendaje de admiración y la golosina de aplausos que aplica después. Nunca oí programa de estos que no tuviese frase que notar. Las entrevistas de los estudiantes, con frecuencia cortadas, también son no poco estimulantes. Lipton es hijo de una bibliotecaria y profesora y del escritor beatnik Lawrence Lipton, y eso mismo ya le recomienda no poco.

El último personaje que he visto fue Queen Latifah, de turbulenta historia personal (fue violada a los cinco años, soportó la temprana muerte de su hermano), que nadie diría viendo sus trabajos en Se armó la gorda , con ese clon mejorado de Leslie Nielsen llamado Steve Martin, o Chicago. Inteligente, rápida e incisiva como el rayo en las respuestas, dice cosas como que siempre hay que buscar la compañía de la gente con inquietudes, y que en el noventa por ciento de las cosas que satisfacen íntimamente uno siempre tiene que poner su genio, no buscar que todo te venga de fuera.

miércoles, 2 de enero de 2008

Barreda


Todo sube y todo sube
mas lo del sueldo es bajar,
salvo el sueldo de Barreda,
que sube a no poder más.

Gramática de la vida

Hay hombres que son indeclinables; alguno conozco también que es defectivo y hasta semideponente; los hombres suelen ser copulativos, y las mujeres transitivas y de difícil nexo y conjunción; también es verdad que hay gente muy sustantiva, mientras que otros, por lo general dirigentes y demás, son de hecho poco activos o pasivos, muy adjetivos, neutros y tan circunstanciales que muchas veces metatizan y se vuelven adverbiales, de lo invariables que son. De aspecto imperfecto, impersonales, sin argumentos, sin voz ni modos, nunca son determinantes para nada.

John Q

He visto en TV esta película de Nick Cassavetes, del año 2002. Plantea un problema fundamental a la americana y con un guion bastante edulcorado: la inexistencia de una auténtica Seguridad Social en Estados Unidos para cincuenta millones de pobres, lo que genera situaciones como la descrita, un padre que debe recurrir a uno de los pocos derechos que América deja a los pobres, por lo general negratas o basura blanca, la posesión de un arma, para reclamar el de su hijo a que se le haga un trasplante de corazón que salve su vida. El sector social que Jeremy Rifkin y sus discipulillos los Clinton llaman tercer poder, el de las ONG y los colectivos de beatos parroquiales, suelen suplir esas deficiencias del Estado, al que siempre se le piden menos y menos impuestos, hasta que no pueda costear ni educación ni nada de nada, mientras que sigue sin sufrir reconversión esa enorme industria bélica heredada de la segunda masacre mundial. Es el mismo espíritu de Google, uno de cuyos principios reza no seas malvado. Por supuesto, Denzel Washington está eminente, sacando petróleo de donde no lo hay, ya que los personajes son demasiado estereotipados y maniqueos, pero uno echa de menos la mala leche de un Sacha Baron Cohen o de un Michael Moore.

El deporte bien entendido

El deporte, pseudorreligión (tiene sus propias catedrales deportivas) u opiáceo que a tantos aliena, consiste en su forma más degradada en el espectáculo sadomasoquista de una humillación; de ahí sus contenidos nacionalistas y fascistoides. Si se trata de batir marcas, o lo que llaman con anglicismo records, ¿qué pasará cuando no sea posible pasar de lo físico? ¿Mejorar genéticamente los cuerpos? ¿Inventar nuevas drogas? Hay por ahí un libro, el Guiness, que consigna marcas estrafalarias, como la mayor cantidad de bofetadas que ha sufrido una persona sin interrupción o la cantidad de espaguetti que puede uno comer y otras sandeces semejantes, tanto da de sí la necedad; sólo se baten en ese libro records de estupidez. ¡Si al menos esas panduergas ayudaran a una ONG!

El verdadero deportista compite contra sí mismo o contra la miseria moral y social; no hay nadie más heroico que el deportista que se adorna no sólo de coraje físico, sino de algo menos visible de lo que es residuo, el coraje moral; pero eso no vende, no es moderno; véase un ejemplo, el de Robert Richter. ¿Verdad que no suena? Pues fue una auténtica figura del ciclismo alemán y mundial allá por los años treinta. Y su figura no es recordada (¡buscad a ver si hay algo sobre él en Internet!) ¿Por qué? Pues porque se negó a levantar el brazo para saludar a lo nazi en su propia tierra y a llevar el maillot con la cruz gamada, pese a las temendas presiones que sufrió. Algo parecido a lo que hizo el alcalde de su pueblo, un tal Konrad Adenauer. Era entrenado por un judío al que apreciaba sinceramente; el pobre hombre tuvo que luchar contra viento y marea para sostener sus creencias y para lograr que le pudiera entrenar su amigo, siempre sin avergonzarse ni abjurar de sus principios, y señalando que los franceses, como los ingleses y los alemanes, sólo pertenecían a la raza humana; eso era tener carácter, eso era ser un auténtico deportista moral. Al final, como no podía ser menos, fue asesinado por sus compatriotas, que no podían soportar a un puro espécimen de la raza aria con ideas nada, pero que nada arias. Lo mismo cabe decir de otros prohombres como el negrata Cassius Clay o el anglosajonata Armstrong. Esa gente sabe verdaderamente lo que es sufrir y por eso posee la escala exacta que mide lo que verdaderamente importa.

El verdadero deportista es uno más en el campo, luchando en un equipo de rugby para cubrirse de barro, no de gloria, y para ser aplastado por la mole de cualquier montaña o derribado por cualquier camión con forma humana, dejándose la sangre y algunos dientes en la arcilla. Es aficionado o amateur, no profesional; es jugado, no contemplado; es, a fin de cuentas, juego; y por eso posee una dimensión cognoscitiva y moral que hace conocer al otro, al adversario, y no sólo al camarada, y notiene nada que ver con ese sucedáneo televisivo que padecemos, que no es un deporte, es un espectáculo o un negocio, pero no deporte. ¡Apuntaos al club de la lucha, aunque no exista!

La vida para Santiago Ramón y Cajal

Hay un cuento satírico de nuestro célebre Nobel que recuerda bastante al monólogo de Job y al romance del gafe de Francisco de Quevedo y que está entre lo mejor que escribió. Bueno es copiar al curioso lector algún pasaje memorable:


La vida era una broma pesada y sin gracia, dada por la Naturaleza sin saber por qué ni para qué; el entendimiento era rudimentaria máquina de calcular, que se equivoca en todas las arduas operaciones; nuestro saber, libro viejo, lleno de tachones y lagunas, y cuya fe de erratas tiene más hojas que el texto; los sentidos, rudimentarios y pueriles aparatos de física, sin alcance ni precisión, buenos tan sólo para ocultarnos las infinitas palpitaciones de la materia y los innumerables enemigos de la vida; el corazón, bomba frágil e indisciplinada que se agita intempestiva y dolorosamente en los trances difíciles, anublando la inteligencia y paralizando nuestras manos, y, en fin, la voluntad, algo así como vilano aéreo, fluctuante y a merced de leve ráfaga de viento y que comete la tontería de tomar su movilidad por libertad...
-¡Nada valgo .... nada sé! Siéntome vencido y postrado de cuerpo y alma. ¡Sí!... Derrotado de alma, porque durante la pasada contienda deslucieron y achicaron mi labor ausencia de serenidad, enervador insomnio e invencible fatiga; derrotado de cuerpo, porque durante mi reciente enfermedad las fuerzas defensivas estuvieron a punto de abandonarme, entregándome a los estragos del microbio... Y si al fin salvé en la lid intelectual el honor y en la física la vida, hecho quedé lastimosa ruina: el cuerpo convertido en ruin comedero de gérmenes, el alma transformada en vivero de pensamientos tristes y sentimientos deprimentes...
¿Para qué escribir?... Por ventura, ¿Puedo modificar el curso del mundo, detener la marea del protoplasma imbécil, ciegamente precipitado en el abismo del dolor y de la muerte?... ¡La gloria!... ¿Acaso es más que un olvido aplazado? La humanidad, surgida de la muerte, en la muerte ha de parar. Nos lo prueban con sus férreas fórmulas la mecánica del Cosmos y las ineluctables leyes de la entropía. Mis estériles lamentos ¿retardarán una milésima de segundo siquiera el amanecer de ese astro insensible y rutinario que se prepara a alumbrar (cediendo la energía de su calor) las mismas escenas de barbarie y desolación en las cuales el individuo es implacablemente sacrificado a la especie y ésta a la corriente total de la vida? ¿Apiadaré quizá al inexorable destino, a la incomprensible Providencia, que, sin distinguir el genio del microbio, se complace en destruir la vida con la vida, como si no bastaran ya, para el infortunio humano, las abrumadoras fatigas del trabajo, el punzante sentimiento de nuestra impotencia y la tiranía incontrastable de las fuerzas cósmicas?
Quienquiera que seas, Motor del universo, Genio implacable, Principio inaccesible, Naturaleza impasible, dime: ¿por qué has creado los enemigos de la vida, las insidiosas y crueles bacterias patógenas? ¿Qué falta hacían en la economía del mundo? Admito que un Alejandro endiosado y tirano fuera en lo más esplendoroso de su gloria derribado por el Plasmodium malafix; comprendo que Napoleón, el furioso degollador de hombres y debelador de pueblos, cayera en Santa Elena con el estómago corroído por los gérmenes aun ignorados del cáncer; me explico que Hegel, el prodigioso sofista que paralizó con la toxina de la Idea el análisis filosófico positivo iniciado por Kant, sucumbiera envenenado por el bacilo vírgula del cólera; paso, en fin, por que el destino de las naciones y la suerte de la civilización misma estén a merced de la picadura de un mosquito o del azaroso vuelo de un esporo; pero ¿por qué escoges también tus víctimas entre los humildes y los buenos? ¿Cómo consientes que las bacterias patógenas siembren veleidosamente la muerte en el taller, templo del trabajo regenerador; en el laboratorio, santuario de la ciencia y augusto locutorio de la divinidad, y en el surco fecundo donde el labrador, mágico inconsciente de prodigiosa alquimia, cuaja el rayo de sol para que fulgure un día en el cerebro del genio? ¡Si al menos, a guisa de compensación, nos hubieras otorgado sentidos e inteligencia poderosos a evitar tamaños peligros!... ¡Si para preservarlos de tales riesgos contáramos con acuidad visual suficiente a percibir los gérmenes virulentos; sentido olfatorio capaz de resguardarnos de los inodoros gases tóxicos; aparato gustativo tan previsor que nos revelara la presencia en alimentos y bebidas de ptomainas y venenos! ¡Buenos están nuestros sentidos y esa humana inteligencia, de la tuya reflejo, al decir de cándidos filósofos! ¡Ventanas del alma abiertas a un negro abismo son ojos y oídos!... ¿Qué físico podría vanagloriarse de la construcción de unos groseros instrumentos tan falaces que nos imponen cualidades por ritmos y cuyas impuras y fragmentarias imágenes son modificadas y turbadas por las leyes de la relatividad, de la fatiga y del in-paralelismo de la excitación y reacción...; tan poco sensibles y analíticos, que, de la inmensa variedad de palpitaciones cósmicas, recogen solamente gama ruin, esto es, una octava cromática, varias de sonidos y un grupito insignificante de olores, sabores e impresiones táctiles; tan mentirosos, que el visual nos muestra las estrellas como radiaciones en lugar de puntos luminosos, achica los objetos distantes, presentándolos sin relieve desde los treinta metros; se fatiga y anubla antes de los cincuenta años, es decir, en plena virilidad mental, y, en conclusión, padece tantas y tan torpes ilusiones, que bastan ellas a explicar la génesis de cuantos disparatados sistemas cosmogénicos y religiosos ha sufrido la humanidad, sistemas que atrasaron y acaso imposibilitaron para siempre el reinado definitivo de la verdad y de la ciencia? Y ¿qué diremos del entendimiento y de la voluntad? Que son digno coronamiento de un engendro infeliz, de una lastimosa equivocación... Tan endeble es nuestro intelecto que debate aún, como en tiempo de Jenófanes y de Pirron, la cuestión de la sustancia y el criterio de certeza; la memoria tan frágil, que, llegados los trances difíciles, se nubla con la emoción, y, en cambio, hace desfilar, en interminable cabalgata, sus inoportunas imágenes durante las horas destinadas al sueño; nuestra facultad crítica, tan enteca y miope, que confunde la verdad con la bondad, la demostración con la creencia, y sigue en todo caso, antes que los dictados de la razón, el halagador señuelo del deseo. Con ser deplorables y gravísimas las deficiencias de la sensibilidad y del entendimiento, lo son todavía más las tocantes a la voluntad. ¡Cuán desarmado y desvalido aparece el hombre en las cruentas luchas por la vida! ¡Miradle pálido y tembloroso en presencia del peligro! Parece débil y anonadado, cual pájaro fascinado por la serpiente. Dispone para su defensa de ojos que atisban al enemigo; de instinto defensivo, que le dicta las reacciones motrices salvadoras; de previsión, que ordena echar en la hornilla todo el carbón..., y, sin embargo, llegado el trance supremo, como si un ángel malo le fascinara, siente el corazón latir dolorosa y tumultuosamente, experimenta ansiosa opresión en el pecho y ve con angustia que sus brazos flaquean, las piernas se doblan, y su inteligencia, al primer envite desarmada, se oscurece y entrega. ¿Y éste es el tan decantado rey de la creación? ¿Esta la imagen de Dios en la tierra? ¡Qué sangrienta ironía! ¡Qué cruel sarcasmo!
(Santiago Ramón y Cajal, El pesimista corregido, 1905)

Petete

El libro gordo te enseña,
el libro gordo entretiene,
y yo te digo contento
hasta la clase que viene.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Iglesia católica

No quiero pasar por erasmiano, pero denostar a la Iglesia católica es más fácil que comprenderla. Aunque parezca tener una voz, con frecuencia entendida como la del Papa, la Iglesia católica tiene varias, bien a pesar de esa y presuntamente única que se oye más. La del Papa es sólo la voz burocrática y la que menos debe interesar: es la que pone límites al espíritu, porque de esos límites vive; el espíritu es libre, incluso de un señor con un peculiar sombrero; a mí sólo me interesa la voz de la gente humilde que sostiene su tinglado y soporta su gordo peso y sus bobadas de burócrata. El celibato hace con frecuencia decir cosas estúpidas y furiosas, con voz de pito, a obispos y curas a duras penas castos, que no castrados, a pesar del precepto bíblico, que se esfuerzan en ocultar, de creced y multiplicaos, y el sabio ejemplo de Orígenes. La Iglesia Católica, o más bien los cristianos que son su fundamento, no esos canonistas tan obsesionados con los homosexuales que podía decirse con seguridad que lo son, son la más importante de las organizaciones no gubernamentales y, al mismo tiempo, una tradición cultural y una ética humanitaria, si no humanista. Una fuerza. Y quien pretenda despreciarla es un ignorante y un estúpido. Hay que escuchar las numerosas voces de la iglesia y seguir solamente aquellas que esten en consonancia con nuestro propio ser. Los que siguen la senda del poder, atenderán a la voz de los obispos y la del Papa; mal que le pese, la iglesia no puede dominar los espíritus ni los corazones, porque la iglesia es también un poder, y el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Jesucristo no se dejó dominar por los obispillos canonistas que había en su tiempo. A la iglesia le hace falta menos poder, menos jerarquía, menos machismo, más verdad y menos silencio, o más bien menos de ese silencio sonoro llamado hipocresía. Tal vez así algún día logremos que el Papa se convierta al Cristianismo.