viernes, 27 de febrero de 2009
Steve Jobs y la caligrafía
Y mucho con lo que me encontré después como consecuencia de hacerle caso a mi curiosidad e intuición resultó no tener precio. Déjenme ponerles un ejemplo: la Universidad Reed College que abandoné ofrecía en ese momento la que quizás fuera la mejor enseñanza de caligrafía del país. A lo largo del campus cada cartel, cada etiqueta y cada cajón estaban bellamente caligrafiados a mano. Como había abandonado los estudios y no tenía que ir a las clases obligatorias, decidí ir a clases de caligrafía para aprender a hacer eso. Aprendí sobre tipografías 'serif' y 'sans serif', sobre el espacio entre las letras, sobre aquello que hace grande una tipografía. Era hermoso, histórico, artísticamente sutil de un modo que la ciencia no puede captar, y me pareció fascinante. Nada de esto tenía la más mínima aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer Macintosh, todo esto volvió a mi mente. Y diseñamos el Mac con todo eso en su interior. Fue el primer ordenador con una tipografía bonita. Si nunca hubiera ido a ese curso universitario, el Mac no hubiera tenido varias tipografías o fuentes espaciadas proporcionalmente. Y como Windows simplemente copió a Mac, posiblemente ningún ordenador los tendría ahora. Si nunca hubiera decidido dejar la Universidad y hacer ese curso de caligrafía, los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.
El libro de los abyectos
De los místicos a Bin Laden, Élisabeth Roudinesco traza una historia de la perversión
IGNACIO VIDAL-FOLCH - Barcelona - El País, 27/02/2009
Élisabeth Roudinesco (París, 1944), historiadora y docente en la universidad de París VII, ha escrito un ensayo histórico sobre Nuestro lado oscuro, recién editado por Anagrama, donde reúne algunos casos señeros de lo que a lo largo de los siglos se ha considerado la cima de la perversión.
Se trata de un breve catálogo de infames y proscritos, que empieza con los místicos medievales flagelantes cuando empiezan a convertirse en un problema de orden público y religioso y a ser vistos como poseídos por las pasiones demoniacas que pretendían vencer; que prosigue con Gilles de Rais, el noble francés y soldado caballeresco que asesinó de la forma más cruel y repulsiva a más de trescientos niños, y al que Georges Bataille dedicó un ensayo seminal; continúa con la aventura patética del marqués de Sade, fabulador deseoso de transgresiones que cuando vio realizadas por el Terror de la Revolución le horrorizaban; prosigue con los paradigmas de perversión en el mundo positivista del siglo XIX; con algunos de los grandes criminales del régimen nazi, entre los cuales destacan el doctor Mengele y Rudolf Höss, comandante de Auschwitz y exterminador bienpensante -según su autobiografía, redactada mientras era juzgado en Núremberg- de judíos, gitanos y malhechores a los que afirmaba creer que hacía un favor al matarlos. Y por fin se centra en algunas figuras de la contemporaneidad que pueden ocupar el lugar abandonado por las conductas y colectivos -masturbadores, homosexuales o brujas- desclasificados de la lista de las perversiones. Entre esas figuras, la de los transexuales: "Después de escribir un libro sobre La familia en desorden, me preguntaba quién, qué colectivo, una vez que el homosexual se libera de la condición de perverso y entra en el ámbito de la familia, encarnaría a partir de ese momento la idea, el papel de lo perverso. La transexualidad es una cuestión muy extraña relacionada con la capacidad de transformar el propio cuerpo, como los místicos de antaño", sostiene Roudinesco, en conversación ayer con este diario.
Nuestro lado oscuro es un libro en la estela de Foucault. El autor de Vigilar y castigar solía hacer una investigación histórica sobre un tema determinado para, a partir de esa investigación, tratar de encontrar una idea que se saliera de lo establecido por el sentido común, alguna idea renovadora. Roudinesco opera también así, y de hecho se remite a Foucault, quien en su Historia de la sexualidad había previsto un capítulo sobre los perversos, que no llegó a escribir. En su ensayo se pregunta quiénes son los perversos, cómo se les señala, se les detecta, se les define como tales, qué cambios históricos afectan a esas definiciones, como se desclasifica tal o cual perversión. "Antes de empezar ya tenía muy clara la idea de partida y es la siguiente: a partir del momento en que se quiere evacuar el mal del cuerpo social y formar una sociedad tranquilizadora, segurizante, libre de pecado, que en vez de dejar actuar la heterogeneidad que mientras haya humanidad siempre existirá lucha contra ella con la idea de una tolerancia cero, que se erradicará del todo el mal, empezamos a construir una sociedad perversa. Yo no soy ni mucho menos laxista ni relativista, pero creo que cuantas más políticas de erradicación del mal se orquesten, más se fabrica el mal. Hay que dejar al sujeto la posibilidad de cambiar. Una sociedad como la nuestra que profesa semejante culto a la transparencia, la vigilancia y la abolición de su parte maldita es una sociedad perversa, en la que teorías de liberación que de entrada pueden ser muy justas se vuelven lo contrario".
En la galería de personajes de Nuestro lado oscuro destaca el caudillo de Al Qaeda, Osama Bin Laden, adalid de "la representación del asesinato por el asesinato". Bin Laden recuerda a aquellos genios nihilistas de las ficciones subculturales que deseaban destruir el mundo. Pero según Roudinesco, el líder de Al Qaeda recuerda más bien al protagonista de la novela El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde: un hombre de la mejor sociedad, educado en la excelencia, entregado a todas las depravaciones, vicios y perversiones, permanece físicamente juvenil e intocado por ellas, que se reflejan sólo en su retrato al óleo. El personaje Dorian Gray es de una gran belleza física, de una gran inteligencia, como Bin Laden, que de joven era muy guapo, creció en una familia muy próspera, conoció y apreció la civilización occidental... y en su interior empezó a germinar la inversión de lo que había sido, la metamorfosis.
"No sé si usted se ha fijado", dice Roudinesco, "pero cada vez que filman a Bin Laden se vuelve más y más feo. El crimen se muestra en los rasgos de la cara. Fíjese en las fotos. No es sólo cuestión de que envejezca. Es un personaje inquietante, diabólico".
Como geniecillo menor de la perversión y resumen de su tesis Roudinesco comenta la deriva del fiscal Starr, el que le hizo la vida imposible al presidente norteamericano Clinton y buscó desesperadamente una mancha de semen en un vestido de Monica Lewinsky: "Un gran perverso. Todos los grandes fiscales, fiscales del alma, que quieren sanear el fondo de nosotros mismos están forzosamente habitados, ellos mismos, por el diablo, hechizados por el mal que ven en los demás. El puritanismo es una teoría perversa".
Galería de abyectos
- Margarita María Alacoque se alimentó de vómito y en una ocasión se introdujo en la boca los excrementos de una disentérica subrayando que aquel contacto suscitaba en ella una visión de Cristo.
- Catalina de Siena declaró un día no haber comido nada tan delicioso como el pus de los pechos de una cancerosa.
- Gilles de Rais, mariscal de Francia (en la imagen), hacia sufrir las peores sevicias a niños secuestrados y los sodomizaba en plena agonía.
- El marqués de Sade preconizó el sexo libertino y acciones extravagantes como encular un pavo (entre otros).
- Rudolf Höss, comandante de Auschwitz, entra en la cámara de gas ansioso de saber qué se siente. La experiencia, escribe, le tranquiliza.
- Peter Singer, filósofo australiano, considera un acto criminal comer animales y aboga contra los "inmundos comedores de bocadillos de jamón". Llevando al extremo sus creencias, hace apología de la zoofilia y defiende el matrimonio con las bestias.
la cultura humana, de Jesús Mosterín
La cultura humana (Espasa), es un ensayo donde analiza conceptos básicos, al tiempo que traza una panorámica de los cambios culturales, desde el origen de la escritura hasta Internet pasando por las manifestaciones audiovisuales, el vestido o los viajes. Desde la perspectiva de filósofo generalista, no vacila al señalar que "Internet es el reino de la libertad absoluta". "Se trata de un sistema", añade, "donde nadie puede entrar para interferir o para prohibir. Ni los gobiernos, ni la Iglesia, ni los partidos políticos, ni los bancos... De hecho, incluso tengo dudas sobre la posibilidad de vigilar el uso de la pornografía a través de la red. Ahora bien, Internet supone una revolución en usos y costumbre, pero por supuesto no es la primera ni la más importante en la historia de la humanidad. Basta recordar, por ejemplo, lo que significó el Neolítico con la llegada de la agricultura y la sociedad sedentaria o la invención de la escritura o de la rueda, la construcción de las ciudades, la aparición de la imprenta o la llegada de la aviación. De todos modos, la cultura siempre ha tenido problemas de libertad de expresión y esa barrera la ha roto Internet definitivamente". Autor de obras como Ciencia viva y La cultura de la libertad, Jesús Mosterín se ha propuesto con su última obra contribuir a la claridad y el rigor de las ideas. "Se emplean hoy en día muchos conceptos confusos y equívocos en relación con la cultura", explica el profesor. Después de lamentar la escasa divulgación científica que se publica en España, el filósofo Mosterín afirma que muchos profesores universitarios están obsesionados con temas burocráticos y administrativos en lugar de investigar y escribir. "A diferencia de sus colegas de otros países europeos o de Estados Unidos, no se proponen divulgar sus conocimientos a través de los libros y de los medios de comunicación. Está claro que el sistema educativo y la prensa representan los vehículos clave para alcanzar una sociedad más justa y mejor informada".
jueves, 26 de febrero de 2009
Tramas de Woolrich
- 1) la historia "negra" de policía (un policía de paisano resuelve un crimen, pero otros policías sádicos proceden en su contra para defender sus intereses)
- 2) la historia "contra reloj" (el/la protagonista o el amado/a se morirá a menos que logre resolver el crimen o hacer un descubrimiento sin lo que le mataran a el o ella)
- 3) la historia "oscilante" (el protagonista y su amor o sentimiento se ve amenazado por la sospecha, entonces se clarifica retomando la confianza en su pareja, luego vuelve a caer en la sospecha aun mas grande, luego a recuperar la confianza, etc.. hasta que se percata de que el otro es realmente un malvado)
- 4) la historia nocturna del que se precipita - en un problema (las ultimas horas de un hombre que se convierte en presa al verse atrapado en la noche de una ciudad)
- 5) la historia de la desaparición ( el protagonista masculino encuentra a su gran amor, pero ella desaparece sin dejar el menor rastro)
- 6) la trama de "la hora final" ( compartir los últimos momentos de un personaje programado para morirse en un plazo concreto de una manera particularmente terrible
Muletillas
De hecho, el uso de las muletillas, cuando es exagerado, no ha pasado desapercibido nunca tampoco para el común de las gentes, que puede llegar a bautizar a algunos de estos descomedidos usuarios con apodos tales como “el digamos”, “el oséase”, u otros más trabajosos.
Las muletillas son expresiones más o menos estereotipadas que se utilizan de manera automática al hablar para lograr determinados fines que no suelen ser conscientes, como:
- a) mantener el interés del o de los interlocutores
- b) controlar el turno de palabra, dominando el uso del habla
- c) darse el hablante lapsos de tiempo o ánimos para recuperarse de las dificultades que experimenta al expresarse, establecer pequeñas pausas para pensar en medio del discurso
- d) controlar el estatus social/cultural desde el que pretende uno manifestarse ante los demáse) buscar pequeños acuerdos o complicidades con el interlocutor
- f) subrayar, matizar o dar un significado especial a ciertas palabras dichas o por decir
- g) expresar de forma subliminal e incontrolada las ocultas intenciones del hablante
Algunas de ellas las denomina "de mentes superiores": marcan la superioridad intelectual del que habla: ¿Entiendes? ¿Te enteras? -Para que te enteres- ¿Te vas enterando ya? ¿Te aclaras?, ¿Te percatas?, ¿Lo captas? ¿Me explico? Entiéndeme ¿Lo pillas? ¿Sí? ¿Ya? ¿Vale? ¿Cierto? ¿Me sigues? ¿O qué? ¿Y qué? ¿Y qué pasa? ¿Y qué tienes tú que decir a eso? ¿No? ¿O no? ¿Sabes?
Otras, muy por el contrario, marcan a los apocados, los modestos: Como aquél que dice - Como el que dice No es porque yo lo diga, pero... Como si dijéramos Diríamos Es un decir Es decir Por decir algo Digo yo Digamos …Que digamos Quién diría Quién dirá Esto... ¿qué te iba a decir? Qué quieres que te diga… Ea…
Otras dicen "hasta cierto punto" para eludir responsabilidades Es importante tener escapes, salidas de emergencia más o menos cómodas y aparentemente baratas a la hora de decir las cosas. Porque sabemos que no todo es blanco o negro, que existe la ambigüedad, las medias tintas, las dudas. Porque no hablamos como quería Wittgenstein, como si expresásemos fórmulas matemáticas. Estas partículas relativizan nuestras afirmaciones, solicitan un poco de manga ancha al oyente, recaban su complicidad en nuestra vaguedad o inexactitud. El uso desmedido de este tipo de recursos, demasiado disponibles en el habla corriente, los convierte en muletillas: Como – Como muy, Tipo - del tipo de, Pues nada, Como el que no quiere la cosa, De alguna manera, de algún modo
Otras las clasifica como "aparentemente conminatorias", aunque yo las denominaría "didácticas": Mira - Mire usted Calla - Calle usted - Calla, hombre, calla Imagínate – Imagínese usted Fíjate – Fíjese usted Escucha - Escucha un momento
miércoles, 25 de febrero de 2009
Lumbreras del futuro
Ágora, de Amenábar
Parece que Amenábar y su "querido" guionista Mateo Gil, en línea con lo que ya insinuaba en Mar adentro, va a hacer lo que el galardonadísimo Fesser y va dar con la Iglesia en los morros con la película Ágora, sobre la mártir pagana y científica Hipatia y los cristianorromanos del siglo IV en Alejandría. Por lo visto tiene doble lectura... Con lo perfeccionista que es seguro que sacará partido a la película, que no será simplemente una de romanos. Pero la historia da la suficiente distancia como para que la polémica no sacuda lo suficiente este muermo y desmayadísimo país.
Atrapados en Brujas

La sinopsis es esta: el joven Ray y el viejo Ken, dos asesinos a sueldo ingleses que trabajan en Londres para un misterioso Harry Waters, se esconden en Brujas tras haber asesinado a alguien por su encargo esperando la llamada que éste hará en cualquier momento para entregar nuevas órdenes que deben ejecutar. Ray (Farell), inculto y con la impaciencia que caracteriza a la juventud, no soporta estar encerrado en una habitación y conoce a una chica belga, con quien concierta una cita, la cual Ken acepta a condición de que recorran la vieja ciudad que a él le gusta y que el joven odia. Durante la noche del encuentro, el más experimentado asesino recibe la esperada llamada, que termina por dilucidar el verdadero motivo del viaje: asesinar a Ray por un error imperdonable que cometió según los códigos de la mafia; se les envió a esa ciudad para darle unas últimas vacaciones al “muerto viviente”. Si Ken no realiza esta tarea irá el mismo Waters (Ralph Fiennes) a hacerlo por su cuenta. (No lo cuento todo para no reventárosla)
El guión refleja las frustraciones humanas y sus personajes están al margen de la sociedad y de la moralidad más estricta (el enano homosexual, el cabeza rapada sodomita, la novia camello, los asesinos) pese a lo cual poseen algunos principios éticos simples muy elementales. El guion esboza momentos cómicos de gran calidad, pero podría haberse desarrollado más. La música, muy buena, clásica y apropiada; la fotografía, también. En fin, para ser una comedia negra, resulta ser, y ese es su mayor valor, muy original por su tratamiento abiertamente antitópico de las situaciones canónicas del género, pese a lo cual no deja de deberle bastante.
Qué es la filosofía para Deleuze
«Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas. ¿Existe alguna disciplina, fuera de la de filosofía, que se proponga la crítica de todas las mixtificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no podrían prevalecer. Denunciar en la mixtificación esta mezcla de bajeza y estupidez que forma también la asombrosa complicidad de las víctimas y de los autores. En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo, afirmativo. Hacer hombres libres, es decir, hombres que no confunden los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral, y la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos prestigios. ¿Quién, a excepción de la filosofía, se interesa por todo esto? La filosofía como crítica nos dice lo más positivo de sí misma: empresa de desmitificación. Y, a este respecto, que nadie se atreva a proclamar el fracaso de la filosofía. Por muy grandes que sean la estupidez y la bajeza serían aún mayores si no subsistiera un poco de filosofía que, en cada época, les impide ir todo lo lejos que quisieran... pero ¿quién a excepción de la filosofía se lo prohíbe?».
Madrid, otra vez.

Hacía un frío horripilador: me tuve que refugiar tras las escaleras mecánicas, porque tengo una tos ligera pero persistente agarrada a la garganta. Primero en llegar al andén, otros pasajeros me fueron rodeando. Ya en Madrid desayuné un hirviente café con leche y mis pastillas; luego tomé el cercanías; como poseo una mirada opulenta y me divierte muchísimo usarla, saqué la narrativa de su apariencia a los pasajeros; había una pareja de lesbianas, él muy atractivo, aunque taladrado de diversos piercings en orejas y cejas, doquiera menos en el lobanillo; los demás leían, se aburrían o echaban cabezadas; a algunos era fácil adivinarles el pensamiento por su lenguaje corporal y proxémica. Hasta en el número de copias de prensa gratuita se ve ahora que estamos en crisis. Ya en la consulta, había una joven doctorcita prueba palpable del diseño inteligente, aunque no precisamente católico y apostólico, sino más bien pagano; parecía amasada en puro estrógeno, y trotaba por el parqué de compugnidos enfermos como la madonna de Botticelli perseguida por el fiero condottiero. Luego entró una chica tan gorda que podría tener su propio código postal, la pobre; espero no pasarme nunca de mis propias fronteras, que ya amenazo traspasar, por desgracia. A la doctora Clotilde Vázquez le ha mirado un tuerto: tras la muerte de su esposo, su hermano va, coge, agarra y estira la pata; lo estaban comentando las enfermeras. Por eso no pasaba hoy consulta y me tuvo que atender otra jovencita, muy maja ella también, majorera incluso, o majorette; no vi a la auxiliar toda empatía e inteligencia de tantas otras veces y estoy preocupado por ella; ¿qué le habrá pasado a esta buena geisha? ¿Dónde estará? Ojalá le vaya bien, en tierras donde manan ríos de leche y miel; me gustaría volverla a ver, en este mundo o en el otro... En fin, me hicieron las pruebas, tomé los papeles y preparé las citas. Hay un cartelino en una de las consultas que advierte que agredir a un médico está sentenciado con hasta seis años de cárcel. Útil advertencia. ¿Por qué la habrán puesto? Antes no estaba. Se ve que empeoran las cosas, o, más bien, las personas.
Tomo el cercanías de vuelta; ya se me ha hecho tarde para volver al instituto, así que aprovecho para dar una vuelta a la Cuesta de Moyano. Hay esculpidas cuatro vacas de colores pastando al pie de la estatua, una de ellas con un cielo azul y tulipanes amarillos. Las chavalas se hacen instantáneas montadas encima. Yo saco dos con mi móvil para que las vean mis hijas. Se me ha vuelto a escapar el cuarto tomo del Diccionario de filosofía de Ferrater Mora, y el quioskero dice que lo ha tenido, mechachis. Tengo poco dinero; peor, pocas ganas de comprar; sin embargo acude mi pasión por los libros, como siempre: me fijo en un Diccionario del siglo XIX que ha publicado Akal, adquiero por cinco euros un grueso tomo de novelas cortas escogidas de Cornel Woolrich, más conocido por su pseudónimo William Irish; me gusta como escribe este autor sus relatos de misterio. De hecho, la entrada en Wikipedia de este autor la elaboré yo. También un repertorio lexicológico y una novela del poeta Juan Van Halen, Memoria secreta del hermano Leviatán, que es una especie de autobiografía novelada de Fernando VII, veo que muy documentada, y laureada con un premio menor, por tres euros.
Ahora estoy en casa; y me pongo a corregir exámenes y trabajos y a preparar actividades y clases.
El cuerpo
martes, 24 de febrero de 2009
Curiosidades contrariadas
Pero tengo que cesar; he de ir al médico a Madrid y tengo que corregir exámenes.
Un alemán amigo de "Chaleco", el coronel von Schepeler
lunes, 23 de febrero de 2009
Las palabras más frecuentes del español por frecuencia de uso
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Literatura egipcia
La literatura egipcia antigua es extraña por muchos conceptos; Occidente sólo ha heredado algo de su sustancia a través de la hebrea. Todo lo demás aparece como definitivamente desaparecido en las arenas del desierto o en el fango del Nilo. ¿Quién nos iba a decir que la impresionante desesperación de Ipuwer iba a sobrevivir en el Libro de Job, o en las Lamentaciones de Jeremías, o que algo del Diálogo del desesperado con su alma iba a calar en el Eclesiastés? ¿Que la voz ética de Amenemope, que creía en un Dios único, como el más conocido Akhenatón o Amenofis IV, iba a sonar en Jesucristo veinte siglos después y en el Libro de los proverbios?
Una madre egipcia escribe así a su hijo:
No olvides jamás a tu madre. Ella te llevó en le vientre como un pesado fardo y te echó al mundo cuando tus meses estuvieron cumplidos. Tres largos años te llevó sobre sus hombros y te puso su seno en la boca. Ella te crio sin dejarse desanimar por tu suciedad. Cuando entraste en la escuela y aprendiste a escribir, ella iba todos los días a casa del maestro con pan y cerveza que llevaba de casa
Las redacciones escolares dan homenaje al maestro de escuela "por haber hecho entrar la ciencia en mi cabeza a fuerza de palos en las espaldas".
Extrañará saber que el cuento de Ulises entre los feacios se contaba ya en siglo XVIII a. C., en egipcio, en la XII o XIII dinastía, con el título de Cuento del náufrago, y que es ni más ni menos que la historia de Simbad, algo más despojada de elementos agregados, que se contiene en las Mil y una noches. Hay historias extrañísimas, como el Cuento de los dos hermanos (Bata y Anup), que parece la contaminación de dos historias distintas, la primera de ellas seguramente refundida por los hebreos en la historia de José y la mujer de Putifar, y que llegó a ser tan popular que reaparece, con un antiquísimo origen semítico, en la historia frigia de Atis y Cibeles y la hitita de Ashertu (Ishtar o Astarté) y el Gran Dios. Pero la que más se conoce es la de Sinuhé, que no tiene mayor trascendencia y que en realidad es un relato de orgullo nacionalista. Sorprenderá también conocer que había un teatro, aunque sólo, que sepamos, se representaban dramas religiosos, como si dijeramos autos sacramentales, y tenemos incluso el nombre del más antiguo de los actores occidentales, anterior en mil años a Tespis y su carro, Emheb, que formaba parte de una compañía amblante del siglo XVI a. de C. No tenían otros personajes, porque, la verdad, una de las cosas extrañas que hay que lamentar y explicar en la literatura egipcia es que no poseyeran un texto sagrado común, y mucho menos llegaran a contar con una epopeya nacional, como han tenido las grandes civilizaciones, porque no tenían otros héroes que sus dioses, incluido el propio dios rey faraón. Eran extraordinariamente carcas en el sentido más retrógrado del término, porque su pensamiento consistía solo en buscar precedentes para todo, y así no puede extrañar que el letrado Khekheperre-Subu formulara por primera vez el tópico del "todo está dicho" en el XXII a. de C. nada menos, en la VIII dinastía, y que ya hace más de cuatro mil años se dijera que no había nada nuevo que decir:
¡Por qué no podré yo disponer de palabras desconocidas, de frases e ideas que expresar en una lengua nueva, que no estén ya pasadas de moda y que se encuentren libres de todo lo que ya se ha repetido tanto, algo que decir que no esté gastado, que nuestros antecesores no hayan agotado ya!
Sólo soy un reportero
Asesinos en serie manchegos
El más interesante es Galán; es la típica persona que nunca termina nada, y por eso decide terminar a los demás. Exsoldado, estuvo en Bosnia, en misión humanitaria, donde quizá cuando decidió comprar una pistola Tokarev de la II Guerra Mundial (vete a saber qué podría contar esa pistola) se le metió el demonio familiar asociado a ella; también anduvo por Galicia limpiando chapapote y trabajó como segurata (muchos seguratas y exlegionarios suelen trabajar dando palizas o asesinando por contrata, como los Miami). Tenía fama de bromista (aquellos que te cogen con una impostura o bernardina suelen tener un yo fantasioso oculto bastante peligroso). Sin embargo debía tener bastante rémora de conciencia en el cuerpo porque fue a denunciarse a sí mismo a la policía; quizá le traicionó su megalomanía y deseo de darse a conocer.
Tiene cinco hermanos y su madre murió cuando contaba sólo ocho años; al parecer eso fue un torcedor para él, porque pasó de ser un niño mimado, simpático y extravertido a otro diferente y serio, que jamás contaba nada de lo que le pasaba. Cuando le preguntaron por qué mataba contó que "para saber qué se siente". Creo yo que la falta de afecto entonces debió de ser definitiva para su carácter psicopático. No terminó la ESO y no tuvo nunca novia y hasta los quince años no paró de ver televisión; a los diecisiete comenzó a tomar alcohol cuando salía, "hasta llegar al puntillo", según sus palabras. A los veinte se hizo militar, habitual salida de inútiles, y se sacó el curso de conductor; fue destinado a Bosnia dos veces. A su vuelta, cuando creía que le darían permiso, le enviaron a Galicia para limpiar chapapote arrojado por el Prestige. Allí tuvo una discusión con una voluntaria y luego con un mando de su compañía y pensó en desertar; sacó 2.000 euros, arrugó los billetes hasta convertirlos en pelotas, se fue a beber y volvió al cuartel tras obligar a una mujer a bajarse de su coche para dejárselo a él tras romperle el cristal con una piedra. Fue trasladado a Madrid en un autobús custodiado por un policía militar y le ingresaron en el hospital por trastorno psíquico. Pidió la baja definitiva. A los pocos meses comenzaba a trabajar en Madrid como vigilante jurado en Prosegur. Su estado psíquico se despeñaba; en Nochebuena, día propicio a depresiones, y justo un mes antes de convertirse en asesino, apareció en la casa de su familia en Puertollano con una pistola al cinto que había traído de Bosnia, pero no soportó mucho tiempo allí y en enero se fue a un hotel de Córdoba para estar solo. Días después, ya en Madrid, mientras veía la tele, sintió pro primera vez el compulsivo deseo de matar. Su victimología: parejas de gente humilde, muchas de ellas extranjeras. ¿Sus padres? El hecho es que pudo matar a un niño y no lo hizo. La psicosis se extendió. Él, que seguía de guardia jurado, pegó en su lugar de trabajo un cartel con su propio retrato robot. Dejó de haber crímenes, al parecer porque Galán empezó a tomar medicación. Pero durante un día de borrachera entró en una comisaría y confesó.
El otro, que me resulta particularmente detestable, es Gustavo Romero. Mentiroso, retorcido, repulsivo y maltratador: un monstruo sin paliativos. Se le pudo coger por la denuncia de una maltratada, su exesposa. Tiene que haber más casos así. Su cuñada, una tal Carmen Sáez, declaró que «tenía arranques de locura. A mi hermano Alfonso le pegó una paliza a traición hace seis meses y no lo mató de milagro. Ha sido siempre un maltratador». No sólo pegaba a su hermana, sino también a los hijos, que en la actualidad tienen trece y diez años: «Al niño, una vez que lloraba porque estaba enfermo, con tan sólo año y medio, le reventó el ojo izquierdo y el labio de una patada». Romero había participado en todas las manifestaciones que se convocaron en la localidad para pedir a las fuerzas de seguridad que intensificaran la búsqueda de Rosana Maroto. El asesino tiene nueve hermanos y era pastor. De la victimología deduzco que debía tener fantasías relacionadas con su antigua vida en este oficio, pues llevó a la muchacha que mató a la noria sita en la "casa de Rabadán", un lugar solitario que conocía de sus años de pastoreo por la zona. Mató en 1993 y 1998, y en ese lapso se refugió en Canarias, donde no se sabe qué hizo, seguramente matar a más personas desconocidas. Pertenece a un prototipo de asesino español bien conocido, el asaltaparejas de parques. Por todos los parques españoles hay siempre asesinos mirones en potencia, pero sólo unos pocos degenerados van más allá. Los lugares donde mataba, parques y despoblados.
Y ahora, lo peor. Hay al menos uno, y quizá otro asesino en serie manchego más sin coger aún. Es el asesino de Inmaculada Arteaga López, de 14 años, cuyo cadáver apareció con el cráneo destrozado en marzo del 2001 en las afueras de Campo de Criptana, y el de otra mujer, de nombre Juana, que en febrero de 2003 apareció con cuchilladas en el cuello y el vientre.
En la galería negra española hay algunos casos curiosos, como El Arropiero (48 muertos), José Antonio Rodríguez Vega , más conocido como "Mataviejas" (16) y el Mendigo Escalero (13); desde luego, los más interesantes, por la ideología o método de sus crímenes, son Joaquín Ferrándiz Ventura (5), el Asesino del Juego de Rol (1) y el jovencito Andrés Rabadán, más conocido como Asesino de la Ballesta; menos mal que cogieron a este último en agraz, porque con su esquizofrenia paranoide y su feroz vocación de ingeniero prometía hacerlas pero que mayúsculas de mayor, pues se entretenía haciendo descarrilar tres trenes de cercanías; detenido, maquinó tres intentos de evasión de la cárcel, sedujo a una psicóloga con la cual se casó, hizo exposiciones de buenos cuadros, compuso música y escribió el libro Historias desde la cárcel, un relato irónico sobre su relación con los funcionarios, con los compañeros de centro, con la policía y con la administración penitenciaria. El pobre mató a su padre con cuatro tiros de ballesta, quizá porque le echaba la culpa del suicidio de su madre, a la que vio ahorcada colgada de una lámpara de su dormitorio cuando era niño. Escribió a sus jueces: «Siento dentro del alma que la vida me llama y tengo que salir de la prisión», y les pidió que entendieran que «el sistema penitenciario me oprime». «Si no salto, terminaré aplastado», concluyó. De momento, tras unos pocos intentos de suicidio, lo último que ha hecho es el guion de una película sobre su vida, Las dos vidas de Andrés Rabadán (2008).
Estos tres últimos criminales se pasan de rosca en inteligencia. Por último, los profesores extranjeros visitantes: Tony King y Gilbert Chamba Jaramillo (9).
American gigolo, de Paul Schrader
American gigoló cuenta con chicas (y chicos) muy guapas y guaperas, pero su estética de cafetería de hotel, decorados de interior ausencia, cuadros de arte moderno, coches ondulados, torsos de bronce, edificios geométricos y curiosos de ventana que miran a otros curiosos de ventana resulta particularmente agónica y asfixiante, con un nosequé de deprimente y degradatorio muy logrado. El pobre protagonista deambula buscando a Dios por ese laberinto angelino ("cuánto me ha costado llegar hasta Ti" le dice), siendo fiel a algo hasta el final, cuando todas las esperanzas se le agotan en frases sin acabar, en medio de una soledad abisal, terrible en ese lujoso y lujurioso hedonismo que ahoga y ahorca como una cuerda de seda. Desde luego, domina el arte minimalista y las medias palabras, el sugerir con muy poco; y el montaje povera y estático lo refuerza, así que hay que estar muy atento para cogerlas todas al vuelo y para leer entre las líneas de los silencios y por los rincones de los fotogramas. En un momento se ve, por cierto, un cartel de The warriors, la famosa película de Walter Hill que me habré visto veces chorrecientas, como fondo; si insinua itinerario es más bien paralelo, por lo cual el tachón. Pero la escena con la que me quedo es en el hotel: no he visto en el cine un diálogo, para conocerse, tan hermético, vacío y sin sentido en toda mi vida: el de un hombre con su Dios. También memorable es la escena en que el marido (o la cosa que sea el degenerado ese) le da instrucciones. Se profundiza ahí en el drama de un matrimonio degradado como pocas veces se ha querido ver en el cine. Y para eso no ha sido necesario pasarse de mal gusto.
En fin, siempre merece verse un filme de Paul Schrader, aunque uno preferiría algo más mediterráneo y menos plúmbeo para videar.
Dios en la anatomía y la antropología
El Dios de Abraham era justo, inapelable, incorruptible, trascendente, omnisciente, omnipotente, omnipresente y omnibenevolente. El cristianismo antiguo se centró en la pericoresis o fusión de tres personas en una sola entidad divina. Para la vía negativa de Maimónides sólo nos es dado discutir sobre lo que Dios no es. El Todo de los herméticos es más complicado que la suma de cuanto existe, y el Buda puso el énfasis en la liberación del sufrimiento en la tierra. Vista así, la religión tiene poco de universal.
Cualquier religión tiene un núcleo de creencias sobre agentes no físicos / Un espíritu es un tipo de persona, sólo que atraviesa paredes / Sagan: "El universo es mucho mayor de lo que dijeron nuestros profetas".
Los ritos se basan siempre en alguna secuencia de actos arbitraria, obligatoria. Pero los experimentos han hecho aflorar una capa subyacente más simple. Por ejemplo, los psicólogos cuentan a grupos de voluntarios una historia en la que Dios atiende a cinco problemas a la vez. Los creyentes de cualquier confesión monoteísta aceptan la narración con naturalidad, puesto que Dios tiene sobrados poderes cognitivos para ello. Pero si se les pide recordar la historia un rato después, casi todos cuentan que Dios atiende los cinco problemas uno por uno: su subconsciente ha humanizado al omnipotente Dios de la doctrina.
La investigación reciente en psicología cognitiva, neurobiología y antropología cultural ha revelado que la mayoría de los creyentes, sea cual sea su culto, tienen interiorizado un modelo extremadamente antropocéntrico de Dios. No sólo posee una figura humana, sino que utiliza los mismos procesos de percepción, razonamiento y motivación que las personas. Las creencias explícitas sobre la divinidad son muy distintas entre religiones, pero los supuestos tácitos son casi idénticos en la mayoría de las personas.
La característica central de cualquier religión es un núcleo de creencias sobre agentes no físicos. Este tipo de "conceptos sobrenaturales" -que también aparecen en la fantasía, los sueños y las supersticiones- está muy condicionado por nuestro conocimiento del mundo real. Un espíritu es un tipo de persona, sólo que atraviesa paredes. Dios comparte esas limitaciones dentro de la cabeza de los creyentes.
Más en general, las creencias subconscientes de la gente religiosa de cualquier credo son extraordinariamente parecidas: los agentes sobrenaturales ejercen una vigilancia permanente del comportamiento moral de la persona, con acceso instantáneo a sus pensamientos y deseos más íntimos. Los creyentes de cualquier culto también albergan creencias sobre la existencia y las propiedades de esos agentes sobrenaturales, y suelen guardar símbolos o amuletos que los representan, y celebrar rituales en su nombre. Cada grupo social suele atribuir a esos agentes su sistema moral, y su propia cohesión social.
Los científicos cognitivos han reunido muchas evidencias de que esta especie de religión natural se enraíza en cualidades humanas universales -como la capacidad para simular relaciones con personajes ficticios- que no son específicas de la experiencia religiosa, sino una consecuencia de tener el cerebro más desarrollado, y las estructuras sociales más complejas y estables, que han evolucionado en ninguna especie animal de este planeta.
"El pensamiento y el comportamiento religioso pueden considerarse parte de las capacidades naturales humanas, como la música, los sistemas políticos, las relaciones familiares o las coaliciones étnicas", dice Pascal Boyer, de la Universidad de Washington en Saint Louis. Boyer ha publicado en el último año dos trabajos de referencia sobre la evolución cognitiva de la religión (Nature 455:1038; Annual Review of Anthropology 37:111).
El filósofo Daniel Dennett sostiene que los cerebros animales han evolucionado a través de tres fases. El comportamiento de las criaturas darwinianas está determinado genéticamente. Las criaturas skinnerianas (por el psicólogo conductista norteamericano B. F. Skinner) disponen de una gama de comportamientos, pero despliegan uno u otro al azar. Los humanos somos criaturas popperianas (por el filósofo de la ciencia Karl Popper). Una criatura popperiana hace lo mismo que una criatura skinneriana, pero sólo dentro de su propia cabeza, como una serie de simulaciones mentales.
El ingeniero de la Universidad de Michigan John Holland, padre de los algoritmos genéticos, asegura que "la verdadera esencia de una ventaja competitiva, sea en el ajedrez o en la actividad económica, es el descubrimiento y la ejecución de jugadas en un escenario ficticio". Y entre las principales jugadas que tenemos que simular los humanos, desde la más tierna edad, están las situaciones sociales ficticias.
"Todos los niños entablan relaciones sociales importantes y duraderas con personajes de ficción, amigos imaginarios, familiares desaparecidos, héroes invisibles, novios figurados...", dice Boyer. La práctica constante con ese tipo de "agentes no físicos", de hecho, puede explicar parte de la extraordinaria destreza social de nuestra especie, muy superior a la de los demás primates. Y desde ahí, el científico de Washington sólo ve un pequeño paso hasta otros "agentes no físicos" como espíritus, dioses y demonios, "intangibles pero implicados socialmente".
Los agentes sobrenaturales son a menudo la fuente de la moral para las personas religiosas, y también sus vigilantes omniscientes, esto es, que basta con pensar en algo pecaminoso para que se den por enterados. Ésta es otra de las creencias más generales entre los fieles de cualquier culto.
La psicología experimental indica, sin embargo, que los niños comprenden los imperativos morales básicos, como los relativos al trato justo y al daño a sus semejantes, desde que están en edad preescolar. Eso es antes de que puedan comprender esos conceptos abstractos y con independencia del entorno religioso en que se obtengan los datos. La neurobiología, por otro lado, ha revelado nexos muy relevantes entre los juicios morales y algunas de las emociones humanas más básicas y universales.
Uno de los nodos centrales de la red emocional del cerebro es el córtex prefrontal ventromedial (VMPC). Los pacientes que tienen destruida esa zona del córtex muestran una disminución general en su capacidad de respuesta emocional y una marcada reducción de las emociones sociales -como la compasión, la vergüenza y la culpa que están estrechamente relacionadas con los valores morales-.
El VMPC es muy conocido por los neurólogos desde el 13 de septiembre 1848, cuando una explosión accidental disparó una barra de hierro de un metro de largo y seis kilos de peso exactamente hacia esa zona del cerebro de Phineas Gage, el capataz de una cuadrilla de trabajadores del ferrocarril. Sobrevivió, y sin daños en la capacidad del lenguaje ni en otras funciones intelectuales. Pero como dijo poco después un amigo suyo: "Este hombre ya no es Phineas Gage".
Todos los graves defectos que muestran estos pacientes se refieren a la respuesta a los estímulos emocionales o a la regulación de los propios sentimientos. Sus capacidades de la inteligencia general, de razonamiento lógico y de conocimiento de las normas sociales y morales están intactas.
Según el neurólogo Antonio Damasio, premio Príncipe de Asturias, muchas reacciones morales aversivas son una combinación del visceral rechazo a ciertos actos (matar a alguien, por ejemplo) y de la compasión instintiva por otro ser humano. Damasio cree que las emociones no sólo se asocian a los juicios morales, sino que son cruciales para elaborarlos.
"Aunque los creyentes suelen atribuir su moralidad a un agente sobrenatural", dice Boyer, "los modelos cognitivos indican todo lo contrario: que nuestros sentimientos morales son reclutados para dar verosimilitud a las nociones morales de la religión".
Los ritos religiosos también parecen muy distintos entre unas culturas y otras, pero todos pertenecen a una clase de "comportamientos rituales" constantes en la especie humana. Los ritos se basan siempre en alguna secuencia de actos arbitraria, obligatoria, ejecutada en un orden rígido, desligada de un objetivo práctico obvio y repetida muchas veces. También implican a menudo el uso de números, colores llamativos y símbolos de la pureza, el orden o la simetría.
Nuevamente, estos comportamientos rituales son un tema común en el desarrollo infantil: por ejemplo, cuando un niño sólo puede andar por la acera pisando las baldosas rojas, o tiene que subir el primer peldaño de su portal antes de que se cierre la puerta de la calle. Los niños suelen asociar estos rituales a unas vagas nociones de purificación y protección del peligro. Cuando estos sistemas se pasan de revoluciones, ocurren los trastornos obsesivo-compulsivos.
"Sabemos que el cerebro humano tiene redes de seguridad y precaución dedicadas a prevenir peligros como la predación", dice Boyer. "Las aserciones religiosas sobre la pureza, la suciedad y el peligro oculto de los demonios al acecho estimulan esos mismos sistemas, y hacen que las precauciones rituales resulten intuitivamente atractivas".
La crítica científica de la religión se ha centrado hasta ahora en argumentos racionales. El astrofísico Carl Sagan, por ejemplo, escribió: "¿Cómo es que apenas ninguna religión ha mirado a la ciencia y ha concluido: '¡Esto es mejor que lo nuestro! El universo es mucho mayor de lo que dijeron nuestros profetas, más sutil y elegante?".
"Hay quien tiene un concepto tan amplio de Dios que no hay forma de evitar que lo acabe encontrando en cualquier parte", afirma Steven Weinberg, físico teórico y premio Nobel. "Si quieres decir que Dios es energía, lo puedes hallar en un montón de carbón".
Probablemente, Dios no existe de los autobuses se gestó en Londres en el pasado otoño, y uno de sus grandes promotores fue el biólogo Richard Dawkins (Universidad de Oxford). Él es, posiblemente, el autor de divulgación más popular de los últimos 30 años, pero su gran éxito editorial no es un libro de ciencia sino de religión: El espejismo de Dios, publicado en 2006 y traducido a 31 idiomas.
En los años ochenta, Dawkins aplicó las ideas de la selección natural darwiniana a la propagación de los modelos culturales. Las ideas serían memes (en vez de genes) que se replicarían de boca en boca y competirían entre sí por el éxito reproductivo. Las ideas religiosas, que por definición no deben demostrarse, serían memes de alta propagación.
Dawkins, como otros científicos, también desarrolla en El espejismo de Dios una refutación racional de la teología natural. Esta corriente teológica, que sedujo tanto a Darwin como al propio Dawkins en la juventud de ambos, deduce la existencia de Dios a partir de la complejidad de sus criaturas, y sigue siendo el gran argumento detrás del diseñador inteligente del creacionismo norteamericano. Pero un diseñador inteligente, aduce Dawkins, debe ser aún más complejo que las criaturas a las que pretende dar explicación, luego no les da ninguna.
Son argumentos más bien abstractos. La escuela evolucionista que representa Pascal Boyer, por el contrario, ha presentado evidencias de que el pensamiento religioso es la "línea de menor resistencia" de nuestro sistema cognitivo. "La incredulidad suele ser el resultado de un esfuerzo racional deliberado contra nuestras predisposiciones naturales", concluye Pascal en Nature, "lo que no es la ideología más fácil de propagar, precisamente".
domingo, 22 de febrero de 2009
De un mochilero de hace cien años que pasó por aquí y de otro que se quedó un buen rato
No sólo se fue por aquí el buen hombre, también anduvo por otras partes; su obra mayor al respecto es su A Vagabond Journey Around the World: A Narrative of Personal Experience. NY: Century, 1910, que lleva una dedicatoria "to colleague in pedagogy and companion on several shorter vagabond journeys in the environs of New England". Incluye capítulos sobre Ceilán, India, Birmania, Malasia, Siam y Japón. También escribió Three Hoboes in India: Being Extracts from A Vagabond Journet Around the World. New York: Century Co. , 1910;
Things as they are in Panama, London (Leipzig), T. Fisher Unwin 1913; Tramping Through Mexico, Guatemala and Honduras (NY: Century Press, 1916); Vagabonding Down the Andes Being the Narrative of a Journey, Chiefly Afoot, from Panama to Buenos Aires , New York: The Century Co., 1917.
Pero hay un mochilero algo más arcaico que se detuvo aún más por estos pagos, un inglés llamado Carl o Charles Bogue Luffmann, autor de A vagabond in Spain, London: J. Murray, 1895, en que describe su itinerario por el País Vasco, Aragón, La Mancha (incluidos Malagón, Ciudad Real, Almagro, Bolaños, Valdepeñas, Manzanares, Argamasilla de Alba, Ruidera y Argamasilla de Alba y Valdepeñas otra vez) y The harvest of Japan: A Book of Travel with Some Account of the Trees, Gardens, Agriculture, Peasantry, and Rural Requirements of Japan (T. C. y E. C., Ltd., 1920) . De Ciudad Real dice lo siguiente
Ciudad Real is a hotbed of old soldiers. They have but few clubs, but they meet regularly at the "Fonda Pissarossa" (Debe ser el antiguo Hotel Fonda Pizarrosa), discuss their pet theories, and abuse the powers that be. These ancient warriors admitted me to their round table, and I felt honoured to sit amongst them. They welcomed me because I was a curiosity, because, to use a favourite Spanish word , I was "caprichos"...
El viajero habla con un coronel retirado y un canónigo, en quien percibe la típica fatuidad y gilipollesco engreimiento del sansoncarrasqueño manchego; le sorprende encontrar a un canónigo tan admirador de la literatura inglesa, en especial de Lord Byron y algunas varias indeseables para un católico como George Elliot, y le recomienda vivamente que lea a Armando Palacio Valdés. Menciona la batalla de "Los Arcos", (andaba mal de oído, como se ve por la transcripción de muchas palabras españolas), pero a Luffmann debía interesarle bastante La Mancha, porque escribió sobre temas enológicos un folletito titulado The Muscatel Industry, Robt. S. Brain, Govt. Printer, 1895 y varias obras de horticultura y jardinería. Se extiende sobre este tema en el capítulo XI de su libro. Asiste a la Feria de Almagro y disfruta como un enano bilbilitano en ella; discurre por su calle principal, pero lo que más le admira son los churros y los melones, más que la plaza y los encajes. Pero se extiende largo sobre este y otros pueblos, de forma que habría que traducir este libro urgentemente. De otro libro suyo, Quiet days in Spain, London: J. Murray, 1910, tengo menos datos. Quizá sea el mismo libro de viajes con otro título o sobrefaz, pero el caso es que lo leyó otro viajero con más fama literaria, Joseph Conrad, quien le escribió una reseña titulada "Un vagabundo feliz", donde apercibía ya con gran ironía y mala leche el amor que le tenía a La Mancha; retraduzco a mi manera para que se aprecie mejor el esfuerzo aparentemente liviano de la castigada prosa de Conrad, que era un polaco que escribía en inglés:
Todos los conversos son interesantes. Los más entre nos, si se me perdona el traicionar tan universal secreto, nos hemos visto tal o cual vez en la disposición a perdernos por el mal camino. Y, en nuestra cobardía y vanidad ¿qué hemos hecho? Lanzar miradas furtivas y en espera del oscuro lance sepultar nuestro descubrimiento con discreción, para continuar luego en la misma vía, senda esa tan transitada y que no tuvimos el valor de dejar y que ahora, con más claridad que nunca, se advierte no es sino el largo camino que conduce a la tumba. El converso, hombre capaz de gracia (hablo en sentido seglar) no es discreto; su orgullo es de otra clase. Abandona rápidamente la senda —la iluminación de la gracia es casi siempre súbita— y, orientándose en una nueva dirección, incluso puede hacerse la ilusión de haberle vuelto la espalda a la misma Parca. Conversos ha habido que, por su exquisita indiscreción, han ganado inmortalidad cierta. El más ilustre ejemplo, esa flor de la caballería, don Quijote de la Mancha, sigue siendo para todo el mundo el único hidalgo genuino y eterno. Como saben, el delicioso Caballero de España se convirtió a una fe imperativa en una misión tierna y sublime que lo alejó del hacer y de las costumbres propias del pequeño hidalgo provinciano; luego sería apaleado y, con el tiempo, hasta encerrado en jaula de madera por el barbero y el cvra, apropiados ministros de un orden social justamente alterado. No sé si a alguien se le habrá ocurrido encerrar al señor Luffmann en una jaula de madera. Y no lo traigo a colación porque le desee daño alguno, al contrario: me considero una persona humanitaria. Que lo tome, pues, como máxima alabanza, aunque he de decir que merece sobradamente esa clase de atención. Por otra parte, no me gustaría que se sintiera en exceso halagado por el orgullo de una asociación tan exaltada. La sabiduría grave, la amenidad admirable, el encanto sereno del santo patrón seglar de todo mortal converso a nobles visiones no le pertenecen. Mr. Luffmann carece de misión. No es un sublime caballero errante. Pero es un excelente vagabundo. Tiene mucho mérito. Ese peripatético guía, filósofo y amigo de todas las naciones, el señor Roosewelt, lo excomulgaría inmediatamente con un gran bastón. La verdad es que el exautócrata de todos los estados no gusta de rebeldes contra el hosco orden de nuestro Universo. Aprovechadlo lo mejor que podáis o morid, grita. Sano sucesor en la línea del Barbero y del Cura y sagaz heredero político del incomparable Sancho Panza (otro gran Gobernador) este distinguido littérateur no guarda piedad alguna para con los soñadores. Y nuestro autor (podrán apreciarlo en sus libros) atesora algunos sueños de no poca calidad. [...]
Joseph Conrad (Polonia, 1857-1924), Un vagabundo feliz (1910), crítica de la obra "Quiet Days in Spain", de C. Bogue Luffmann, en Notas de vida y letras .
Hay un lugar en Internet donde puede leerse una interesante bibliografía de libros de viajes extranjeros por La Mancha, aunque bastante incompleta, en compañía de otros materiales. La pongo aquí, para la que pueda estar interesada en el tema. En cuanto a la bibliografía de Luffmann, he encontrado una de J. Patrick en el Australian Dictionnary of Biography, esta:
LUFFMAN (LUFFMANN), CHARLES (BOGUE) (1862-1920), horticulturist and writer, was born on 15 February 1862 at Cockington, Devon, England, son of George Luffman, gamekeeper, and his wife Emma, née Earl. In his early years the family moved to Knowle, Bristol. In his late twenties Luffman spent four years in the dried fruit business in Italy, France and Spain, working for two years as field manager for Delius Bros at Malaga, Spain. During his travels he had met the author Lauretta Lane who encouraged him to write. After returning briefly to England he published A Vagabond in Spain (1895). He had romanticized his name to Carl B. Luffmann and his publisher John Murray was instructed to use C. Bogue Luffmann, the name by which he frequently came to be known.
Luffman's experience led to his appointment by the government of Victoria as advisory instructor on raisin culture at Mildura. He arrived in Victoria early in 1895. In late 1895 Lauretta Lane joined him and they were married on 14 December in Melbourne. He gave evidence in June 1896 before the royal commission into the Mildura settlement on the suitability of the area for growing figs, raisins, muscatels, currants and sultanas. Luffman was credited with having organized Mildura's dried fruit trade and putting it on a sound footing.
He resigned to become a roving horticulturist, giving advice, lectures and demonstrations. In 1897, however, he became the second principal of the School of Horticulture, Burnley, described as being in a 'state of confusion'. Luffman made the grounds into a school of demonstration, forming paddocks, orchards and ornamental gardens. These provided the basis for his extensive writings on garden design and management, especially in relation to orchards and farms. The Principles of Gardening for Australia (Melbourne, 1903), the product of six public lectures, underlined his approach to garden design, championing 'those gardens which come nearest to the finest expressions of nature'. He saw curving paths and shady glades as vital components of the Australian garden, with the summer garden to the south and east of the site and the winter garden, surrounded by deciduous trees, to the north and west. Examples of his designs, though now much altered, are Burnley Gardens and the Metropolitan Golf Club, Oakleigh, in 1908 one of the earliest examples of large-scale Australian native planting. Before the royal commission on technical education in 1900 he claimed 'over twenty-five years in commercial horticulture'. Proud of the achievements of his women students he told the commission, 'I do not think horticulture is an affair of sex'.
Luffman and his wife separated about 1902. Elinor Mordaunt, the writer, who moved into the principal's house to look after the female staff and students at the school, described him as 'a short, strongly built, very dark man, like a Spaniard … jealous, exacting and selfish'. He resigned from the School of Horticulture in January 1908, and returned to Spain to augment his earlier notes, some of which had been published in the Melbourne Age. In 1904 he had forwarded notes about his experiences in Spain to Murray, to be published anonymously ince he was a public servant. Quiet Days in Spain was published in 1910.
An invitation from the United States of America to advise on diseases in oranges provided the funds to travel to Japan. In The Harvest of Japan (1920) Luffman reported on Japanese life, although as with all his travel books there is surprisingly little material about horticulture. A. L. Sadler, the expert on Japan, told Luffman's friend (Sir) Lionel Lindsay that he was greatly impressed by the book, particularly as the author knew no Japanese.
During World War I Luffman was a gardener at Wyke Regis, Dorset, England, and lectured on gardening to wounded servicemen. He died of cancer on 6 May 1920 at Babbacombe, Devon.
Select Bibliography J. Smith (ed), Cyclopedia of Victoria, vol 1 (Melb, 1903); E. Mordaunt, Sinabada (Lond, 1937); Journal of the Australian Garden Historical Society, no 2, Winter 1981; Weekly Times (Melbourne), 12 July 1902, 11 Apr 1903, 10 Mar 1906, 14 July 1906 supp, 28 Dec 1907; Australasian (Melbourne), 25 Jan 1908; correspondence between C. B. Luffman and John Murray (Publishers) Ltd, London, 1895-1904 (held by firm); private information. More on the resources
Print Publication Details: J. Patrick, 'Luffman, Charles (Bogue) (1862 - 1920)', Australian Dictionary of Biography, Volume 10, Melbourne University Press, 1986, pp 166-167.
Cosas que pasan
Compré este raro libro para conocer algo más sobre Ciudad Real en el tiempo en que este famoso pedagogo jesuita, Ángel Ayala, era director de su seminario. Ahora me quedaré y os quedaréis sin saberlo. Vienen las vacas flacas y no puedo permitirme semejantes dispendios, pues la manía de coleccionar libros atinentes a la provincia es onerosa y propia de nababs y gente gorda y dineraria, no de pelaos como menda (aunque esta gente, de suyo tosca, necia y paleta, en vez de libros, prefiere tener cabezas de ciervo, marido y jabalí en sus casas). Qué se le va a hacer.