domingo, 24 de enero de 2010

Dos cabalgan juntos, por Fernando Savater

"Dos cabalgan juntos", Fernando Savater, El País, 23-I-2010.

Suele decirse, es casi un lugar común, que los grandes escritores padecen un purgatorio más o menos largo de indiferencia tras su muerte. Algunos salen de él fortalecidos y eternos, otros permanecen incurablemente en el olvido. Pero Albert Camus representa una notable excepción a esta regla: a 50 años de su muerte temprana en un accidente de carretera, su figura intelectual ha aumentado sin cesar de tamaño y es hoy más prestigiosa que nunca.





Aún más sorprendente resulta la casi total unanimidad encomiástica que le rodea. Las polémicas y críticas acerbas que acompañaron la mayor parte de su vida creadora parecen haber desembocado hoy en un plácido estuario de reconocimiento sin fisuras. Resulta casi inevitable preguntarse si tanta aceptación no encierra un malentendido (el propio Camus dijo que el éxito suele implicarlo) o incluso una forma de olvido más soterrada y por tanto más difícilmente remediable.

Desde luego, abundan los motivos para recordar hoy a Camus con especial aprecio y simpatía. Para empezar, los acontecimientos históricos han venido a demostrar que en asuntos esenciales tenía razón: sobre todo en su denuncia del totalitarismo estalinista. Pocos años después de su muerte, Jruschov comenzó pudorosamente a desvelar la realidad atroz de la Rusia soviética, que los más furibundos detractores de Camus se negaban a admitir. A partir de ese momento -y sobre todo desde la caída del muro de Berlín- el comunismo realmente existente perdió casi todos sus abogados intelectuales y ha revelado sin paliativos su fracaso político y su desastre moral. La denuncia de Camus, que en su día fue malinterpretada o denostada, se ha convertido hoy en un tópico que casi todo el mundo suscribe sin rodeos.

Aún más. El lenguaje teológico puesto al servicio del exterminio de seres humanos era uno de los temas fundamentales estudiados en El hombre rebelde. Camus comprendió bien hasta que punto la búsqueda del absoluto puede convertirse en justificación para pisotear los derechos humanos más elementales. Cuando publicó su célebre ensayo, la invocación inquisitorial de motivaciones religiosas para persecuciones y matanzas parecía algo del pasado, pero medio siglo más tarde ha vuelto a ponerse de trágica actualidad.
Entonces se pensaba que las ideologías políticas (nacionalismo, nazismo, bolchevismo, etcétera) habían venido a sustituir al furor teológico de las religiones, pero hoy vemos que -tras la decadencia de esas ideologías digamos "laicas"- son de nuevo las coartadas religiosas las que regresan para legitimar atentados mortíferos, matanzas tribales, deportaciones masivas o bombardeos preventivos.

La denuncia de Camus en su día sonaba a algunos como una concesión al "idealismo" o al "espiritualismo" que desconoce las motivaciones socioeconómicas: resulta hoy una precursora señal de alarma.

Esta denuncia del totalitarismo y del terrorismo, que se adelanta a los acontecimientos venideros, ha conseguido hoy aplauso general para Albert Camus, entre los conservadores de derechas y también entre muchos izquierdistas arrepentidos. Pero este aprecio póstumo puede ocultar, como decíamos, un cierto malentendido y hasta un olvido selectivo de una parte importante del pensamiento político y moral de Albert Camus. Porque en su obra no hay un rechazo global sino más bien una exigencia ética de la rebelión: "Yo me rebelo, luego nosotros somos". Decir "no" y rebelarse contra la injusticia y la desigualdad social ("la sociedad del dinero y de la explotación no se ha encargado nunca, que yo sepa, de hacer reinar la libertad y la justicia"), contra la opresión colonial de los países más desfavorecidos, contra la pena de muerte, contra la utilización de armas atómicas... Todo eso también formó parte central de sus manifestaciones políticas. Albert Camus fue crítico con la revolución que entroniza el terror y la violencia como dioses justicieros, confundiendo la depuración con el camino de la pureza, pero no fue un conformista ni un cínico que acepta sin más -en nombre del orden sacrosanto- los peores manejos de la razón de Estado. Fue moralmente exigente con la rebeldía (sostuvo que en política deben ser los medios quienes justifiquen el fin y no al revés), pero sin duda fue también un rebelde: "La rebelión no es en sí misma un elemento de civilización. Pero es previa a toda civilización".

Probablemente el intelectual del siglo XX con quien más tiene en común Albert Camus, hasta la coincidencia casi desconcertante, es George Orwell. Y no sólo por similitudes biográficas, como que ambos fueron tuberculosos, ambos murieron (aunque por causas distintas) a los 47 años, ambos tuvieron una preocupación especial por la guerra civil de España y su tragedia posterior y ambos padecieron la maledicencia calumniosa de muchos colegas comprometidos con el disimulo o la minimización de la realidad totalitaria comunista. Hay además otras concordancias esenciales. Una de las principales es la importancia concedida al lenguaje y a la sinceridad que lo emplea en busca, ante todo, de la verdad.

Orwell denunció: "El lenguaje político -y con variaciones esto es válido para todos los partidos políticos, desde los conservadores a los anarquistas- es empleado para que las mentiras parezcan verdaderas y el crimen respetable, y para dar apariencia de solidez a lo que es puro humo". Y concluyó: "El gran enemigo del lenguaje claro es la insinceridad".

Por su parte, Camus señaló: "He escuchado tantos razonamientos que han estado a punto de hacerme dar vueltas la cabeza, y que han hecho dar a otros vueltas la cabeza hasta hacerles consentir en el asesinato, que he llegado a comprender que toda la desdicha de los hombres proviene de que no tienen un lenguaje claro. He tomado entonces el partido de hablar y actuar claramente para volver a ponerme en el buen camino. Por consiguiente digo que hay las atrocidades y víctimas, y nada más" (La peste).

Tanto uno como otro fueron explícitamente contrarios al culto del músculo y la fuerza como garantía de eficacia para resolver los conflictos, aunque Camus simpatizó más con el pacifismo y las doctrinas gandhianas de la no violencia (para Orwell "el pacifismo es más una curiosidad psicológica que un movimiento político").

Y ambos criticaron el nacionalismo: Camus escribió a su imaginario amigo alemán que él "amaba demasiado a su país para ser nacionalista" y Orwell unas perspicaces y siempre actuales Notas sobre el nacionalismo en las que dejó caer esta observación de largo alcance: "Todo nacionalista está obsesionado por la creencia de que el pasado puede ser alterado".

Pero cada uno de ellos se interesó a su modo por el patriotismo, entendido como ciudadanía compartida y no como etnia de pertenencia.

Orwell se asombraba en 1940 (probablemente pensando en el grupo de Bloomsbury o gente parecida) de que Inglaterra fuese "el único gran país cuyos intelectuales se avergüenzan de su propia nacionalidad" y deseaba para el futuro que "el patriotismo y la inteligencia volviesen a ir juntos de nuevo".

Por su parte Camus, en el prefacio a sus Crónicas argelinas, en las que expuso una postura que desagradaba a casi todos, dice: "Desde la derecha se ha emprendido, en nombre del honor francés, lo que era más contrario a tal honor. Desde la izquierda, frecuentemente y en nombre de la justicia, se ha excusado lo que era un insulto a toda verdadera justicia. La derecha ha cedido así la exclusiva del reflejo moral a la izquierda, la cual le ha cedido a su vez la exclusiva del reflejo patriótico. El país ha sufrido dos veces".

Tuviesen o no razón en sus opiniones y actitudes políticas, tanto Camus como Orwell fueron librepensadores. Es decir, sostuvieron principios y argumentos, no partidos. Rechazaron algo muy frecuente, el escándalo selectivo, las condenas que siempre barren para casa y silencian lo que perjudica a nuestro convento. Cincuenta años después, reciben incienso de los mismos que hoy excomulgan a quienes se comportan como ellos: la hipocresía es el tardío homenaje que el sectarismo rinde a quienes han dejado de ser molestos. ¿Victoria póstuma o dulce derrota definitiva?

sábado, 23 de enero de 2010

Cacas y frases

JUAN JOSÉ MILLÁS
Cacas y frases

"Cacas y frases", JUAN JOSÉ MILLÁS 22/01/2010

Quizá lo he dicho en otra ocasión (estoy perdiendo memoria), pero correré el riesgo de repetirme: Lo que más me asombraba de mi perro, recientemente fallecido, era la concentración con la que olía las cacas y los pises de los otros animales. Parecía un estudiante de bachillerato llevando a cabo el análisis sintáctico de una oración gramatical. Observándolo, intentaba imaginarme yo al primer gramático de la historia en el trance de preguntarse qué rayos era aquello que nos salía de la boca y que con el tiempo llamaríamos palabras. De una deposición bien analizada, mi perro obtenía informaciones sorprendentes acerca de la edad, el sexo o la altura de un congénere. Quiere decirse que los excrementos, para quien sabe leerlos, poseen su morfología, su sintaxis y su semántica. Son un lenguaje, en fin. Los niños, hasta que logramos arrastrarlos al lado de acá, se expresan con sus cacas mejor que con sus palabras.

Pasar del análisis de la caca al de las palabras implica un recorrido cultural de proporciones gigantescas que se realiza, sin embargo, a través de un túnel relativamente corto en uno de cuyos extremos se encuentra el culo y en el otro la boca. Resulta un misterio que orificios tan próximos alumbren productos de naturaleza tan desigual. Por eso mismo las incidencias del habla -y no digamos de la escritura- provocan tanto regocijo. Véase, si no, el éxito de libros como El dardo en la palabra, de Lázaro Carreter, o la Nueva gramática de la RAE, pero también de Groucho Marx, la base de cuyo humor eran los juegos de palabras. Y es que cada individuo, lo sepa o no, lleva dentro de sí una gramática a cuyas normas se atiene con una fidelidad increíble cada vez que despega los labios. De ahí (¡atención, maestros!) que la gramática de fuera sólo se entienda cuando es capaz de descubrir la que llevamos dentro.

Hoy

Amigos, yazgo apoltronado contra mi mesa, levantada en ángulo frente a una librería atestada que me da miedo consultar/desordenar. Sobre el pálido tablón reúnen su discordia librotes de consulta, papelajos, dibujos, fotos, estampitas y una serie de elementos descolgados que no forman grupo: dos ladrillos de arcilla para modelar, una mariquita sacapuntas, una aventura gráfica ambientada en Malta, un botellón de pepsicola light, una menina pisapapeles, una reproducción de la piedra Rosetta, un loro que suelta su repertorio desde mi hombro y me engalana con una medalla, un sombrero mexicano, un calendario chino, pastillas, muchas pastillas, un horario escolar y un ovillo de cables que ni siquiera Alejandro Magno podría desenredar. Me entran ganas de irme paseando y escribir sobre una calle con viento fresco, como suelo hacer a veces cuando llueve, pero me gana la desgana y tengo mucho que corregir y escribir. Me viste un pijama y me calzan unas zapatillas; acabo de leer la prensa electrónica y de consultar mi correo; también he visto el penúltimo episodio de Dexter pirateado de una versión sudamericana; he escrito dos post y leído unos textos del nauseabundo Lamborghini; ayer un incógnito pájaro de los que albergo arrancó las dos plumas remeras de mi periquito Quico, que por eso no puede volar; ayer vi también un filme de terror que transcurría en el místico desierto de Kalahari, por lo menos curioso y entretenido. Siguen sin "echar", o "potar", diría un niñato de los que hoy tienen curso legal, La cinta blanca de Hanecke; en cambio proyectan o expulsan fuera del cuerpo Up in the air de un tal Jason Reitman, cuyo argumento aparenta ser muy interesable; mi suegra muestra su cabreado desconcierto por el hecho de no haberse enterado por nadie de la lesión del pajarroide; mi hija mayor me hace ver que ha encontrado una forma más resumida de resolver un problema matemático con el que estaba enrollada desde antes de que yo me levantara; y mi mujer anda por algún perdido rincón dando clases de Constitución y recibiendo elogios merecidos por las excelentes dotes pedagógicas que despliega, dotes que me hacen envidiarla sanamente y que yo soy cada vez menos capaz de sacar de mí. Mi hija menor, que se ha comprado un cuaderno gótico como es ella, y tal suele, atiende por teléfono a un centenar largo de amigotas que en el fondo desprecia y con las que también se enchufa por chat y twenty, y se cuelga del ordenador cuando no barre el salón, compone laboriosamente sus ejercicios escolares, atiende sus pájaros o trata muy mal de palabra a todo lo divino y humano, que es hembra antojadiza y con una mala leche que no sé yo de qué padre la ha sacado.

Las quiero a rabiar.

Osvaldo Lamborghini


Hete aquí un descubrimiento literario más, el de un maldito argentino, Osvaldo Lamborghini, al que han querido definir como el nadir de Borges, su doppelgänger exacto. Para leerlo sin caerse de espaldas hay que atisbar entre los dedos de una mano que nos cruza la cara, con temerosidad y algún horror. La brutalidad y la bajeza del ser humano, ese es su tema, plasmado/pasmado en forma paródica. Entre los monstruos literarios de Españoamérica, sólo le es comparable el colombiano Fernando Vallejo.

Angelitos caídos

Dos niños torturaron por diversión "hasta que les dolieron los brazos"

Un juez de Sheffield, norte de Inglaterra, condenó ayer a detención indefinida a dos hermanos que ahora tienen 11 y 12 años por torturar salvajemente en abril del año pasado a dos niños que entonces tenían 9 y 11 años. Los culpables, cuya identidad no puede ser revelada y que deberán cumplir al menos cinco años en detención en un centro de menores, golpearon a los otros dos niños con bastones, piedras, ladrillos y pedazos de un lavabo de cerámica y les obligaron a realizar acto sexuales entre ellos. Las dos víctimas, que son tío y sobrino, se han recuperado de las heridas físicas pero siguen teniendo importantes secuelas psicológicas, sobre todo el pequeño.

El caso ha evocado en el Reino Unido la muerte en 1993 de James Bulger, asesinado en Walton (Liverpool), cuando aún no había cumplido tres años por dos niños que entonces tenían 10 años.

Los dos hermanos condenados admitieron esta semana en el juicio que habían actuado así porque se aburrían y no tenían otra cosa que hacer. Antes, en su declaración policial, aseguraron que la tortura terminó porque tras una hora y media de paliza les dolían los brazos, no porque temieran matar a sus víctimas. Cuando se cansaron, abandonaron a los dos niños junto a un arroyo, medio desnudos y sangrando.

El mayor de las dos víctimas, que sufrió las heridas más graves, pidió a su sobrino que se marchara y le dejara morir allí. El pequeño se fue y consiguió alertar a unos vecinos, que pensaban que el mayor había muerto: estaba tendido boca abajo, semi inconsciente, desnudo de cintura para abajo y con la cabeza ensangrentada.

Aunque con heridas físicas más superficiales, el pequeño tiene muchos más problemas para superar el trauma: atormentado por los sentimientos de culpa por haber dejado a su tío malherido, empieza a tener comportamientos agresivos que nunca había mostrado antes. Y se ha roto la relación entre ellos dos, que eran muy amigos y salían juntos. Ahora apenas se ven.

Los hechos ocurrieron un sábado por la mañana en Edlington (South Yorkhsire), cuando los hermanos se encontraron con los otros dos niños en un parque y les obligaron a ir a un paraje cercano. Allí les robaron, pegaron puñetazos y patadas, les obligaron a desnudarse, les golpearon, les produjeron quemaduras y les sometieron a una larga serie de humillaciones, sexuales incluidas.

Después de que el fiscal rebajara la acusación inicial de intento de asesinato se declararon culpables de agresión, robo y abusos sexuales y también de agredir a otro niño de 11 años una semana antes. Una de las claves del caso ha sido que uno de los agresores grabó parte de la paliza en el teléfono móvil de una de las víctimas.

El juez describió el ataque como "violencia sádica sin más razón que la del deseo de humillar". "Lo que habéis hecho equivale a tortura", les dijo a los dos hermanos, que nunca han mostrado arrepentimiento y apenas se inmutaron al escuchar la sentencia. "Pequeños bastardos, diablos, ojalá alguien os haga lo mismo a vosotros", les espetó la madre de una de las víctimas. Los dos hermanos proceden de una familia desestructurada con un padre alcohólico y violento. El mayor tenía acceso a vídeos pornográficos, vodka y la marihuana casera que cultivaba su padre.

El caso puede tener influencia en las cercanas elecciones generales porque refuerza las tesis del líder de la oposición conservadora, David Cameron, de que la británica es "una sociedad rota". En un discurso en Kent, Cameron aseguró que "este caso diabólico" no es un asunto aislado y tiene consecuencias más amplias. "Cuando ocurren estas cosas tenemos que reflexionar y peguntarnos a nosotros mismos algunas cuestiones muy profundas sobre qué es lo que no funciona en nuestra sociedad".

Uno de los problemas de fondo es que los servicios sociales de Doncaster conocían el largo historial de comportamiento antisocial de los dos hermanos, con antecedentes de abusos y agresiones a otros niños y a adultos. "Nadie podía haber previsto la severidad de este ataque. Pero nuestra investigación ha concluido que hubo graves fallos en los servicios sociales locales", admite un informe del presidente del Consejo de Salvaguardia Infantil de Doncaster, Roger Thompson, citado por la BBC. Y arruina los esfuerzos del Gobierno por convencer a los británicos de que, pese a casos como éste, en 2009 han caído todos los indicadores de criminalidad, excepto los delitos sexuales, según las cifras publicadas el jueves por el Ministerio del Interior.

martes, 19 de enero de 2010

Cartas desde mi celda

He releído las Cartas desde mi celda de Bécquer; resulta curioso, algunas cosas las había olvidado por completo. El que yo soy ahora resulta ser un marciano comparado con el que era de joven, no digamos con el que de niño. No me reconozco casi, pero hay anotaciones a lápiz de un joven desorientado que, por lo visto, era yo. Ahora lo que subrayo son otro tipo de cosas, y con otro fin. Por ejemplo:

He aquí hoy por hoy todo lo que ambiciono: ser un comparsa en la inmensa comedia de la humanidad, y concluido mi papel de hacer bulto, meterme entre bastidores, sin que me silben ni me aplaudan, sin que nadie se aperciba siquiera de mi salida.

Fuera de los precedentes cancioneriles y barrocos, uno recuerda el paralelo "envejecer, morir, es el argumento de la obra" de Gil de Biedma, de quien, al parecer, han exhumado los polvos pretéritos en celuloide actual. Hay una hermosa descripción de un cementerín rural, al que se compara con las grandotas e impersonales necrópolis de las ciudades donde suelen enterrar a la gente gorda; hay también una gran defensa del patrimonio artístico destrozado por las desamortizaciones y las reformas modernas, cuentos de brujas, costumbrismo, una fantasía fertilísima y la cálida voz de un estilo: en estas páginas se apercibe claramente qué clase de persona era Bécquer, y uno lo aprecia mucho más si cabe por eso, porque en su sinceridad y en su voz se deja ver un amigo.

¡Mueran los heditores! (sic)

Luisgé Martín "¡Mueran los heditores!" (sic) El País, 19-I-2010:

Aristóteles distinguió hace ya muchos siglos entre la democracia, que es el gobierno del pueblo, y la oclocracia, que es el gobierno de la plebe o, si se prefiere, de la muchedumbre. En la primera, elegimos a los que creemos mejores y delegamos en ellos -bajo vigilancia crítica- para que nos dirijan. En la oclocracia, en cambio, no elegimos a nadie ni delegamos nada: todos opinamos de todo, todos hacemos todo y todos somos sabios en cualquier materia y profesión.


¿Es beneficioso que haya faltas de ortografía, incoherencias narrativas y redundancias? ¿Hay que poner anuncios de Coca-Cola en la novela para garantizar la libertad del autor y el lector? En estos días se repite hasta la saciedad que Internet democratiza la cultura, pero yo creo que lo que va a hacer, si nadie lo remedia, es oclocratizarla, y eso, lejos de parecerme una virtud o un beneficio social, me parece una amenaza apocalíptica.

En el artículo de Javier Calvo Por un libro universal (EL PAÍS, 24 de diciembre de 2009) se repetían algunas de esas ideas recurrentes en las que se predica, con voz epifánica, el advenimiento de una cultura liberada por fin de las cadenas de los editores. ¿Pero esas cadenas tan esclavizadoras son reales?

A las oficinas de una editorial media llegan al cabo del año casi 1.000 manuscritos. En España deben de circular durante ese tiempo más de 5.000 originales diferentes. La inmensa mayoría de ellos son impublicables, como sabe bien cualquiera que los haya ojeado, y lo primero que hace el editor (gastando dinero para ello) es separar el grano de la paja. Luego, de entre todos los granos elige aquellos que tienen más afinidad con su línea editorial: literatura de autor, best sellers, creación experimental... Mi biblioteca, como la de cualquier lector curtido, está llena de libros de las editoriales que publican el tipo de literatura que me interesa. Es decir, me he aprovechado de la labor y del saber hacer de sellos como Anagrama, Seix Barral, Alfaguara o Tusquets, y lo he hecho porque confiaba en el criterio profesional de sus editores.

Pero los editores, además, editan los libros, si se me permite decirlo de un modo tan tautológico. Es decir, les aportan valor añadido: hacen sugerencias, corrigen deslices o erratas, proponen cambios, pulen el estilo... Los autores estamos absolutamente ensimismados en lo que hemos escrito y aquellos amigos a los que pedimos opinión no son capaces siempre, aunque lo intenten, de examinarnos con distancia, de modo que los editores son los únicos que pueden enfrentarse a la obra con competencia y desapego a la vez.

Lo que se nos propone ahora es la desaparición del editor. La extensión del modelo de edición tradicional al e-book, se nos dice, es "perjudicial para el autor y el lector". ¿Es beneficioso, entonces, que en vez de 150 novedades anuales clasificadas por sellos editoriales definidos haya en la Red 5.000 textos sin depurar? ¿Es beneficioso que José Saramago y mi prima Paqui (que es casi analfabeta pero se divierte contando historias) estén en pie de igualdad? ¿Es beneficioso que los textos tengan faltas de ortografía, incoherencias narrativas y redundancias? Y aún peor: ¿es beneficioso que desaparezcan esos libros de no ficción que impulsan las propias editoriales, encargándoselos a autores? ¿Quién se ocupará de traducir una novela a otro idioma, de adelantar el dinero que supone ese trabajo?

En la mayoría de los comentarios que predican el nuevo Edén digital se huele el incienso de la España católica: ganar dinero es malo, es pecado; el editor, avaro, insaciable, no lee novelas, sino cuentas de resultados.

Yo, en cambio, he conocido a muchos editores preocupados sólo por llegar a final de año, por mantener puestos de trabajo y por poder editar libros arriesgados aunque su rentabilidad fuera dudosa. Claro que se han hecho algunas fortunas con la edición: ¿y qué? Pero lo peor es que los mismos que abominan del editor mercader nos aseguran sin empacho que una de las soluciones para que el autor tenga ingresos es introducir publicidad en el propio libro. "Cuando una mañana Gregorio Samsa se despertó de unos sueños agitados, se encontró en su cama de Ikea convertido en un monstruoso bicho". ¿Es de eso de lo que hablamos? ¿O de que al cambiar de capítulo en Ana Karenina salte en la pantalla del e-book un banner con un anuncio de agencias matrimoniales? No sé si es que me he hecho demasiado viejo para entender los códigos morales de la post-postmodernidad -o lo que sea esto-, pero reconozco que me escandaliza ver el desparpajo con que se mezcla la ética de Fidel Castro con la de Esperanza Aguirre. Por un lado se sataniza al editor empresario y por otro se recomienda poner un anuncio de Coca-Cola en mitad de una novela para defender así la independencia autoral y la libertad del lector. Antes había "visiones del mundo"; ahora, al parecer, sólo hay ángulos ciegos.

El otro asunto que me desconcierta es el del papel que se le asigna al autor en el nuevo mundo e-editorial. Dado que el editor debe desaparecer, se propone que el autor se comporte como un empresario de sí mismo y asuma el desarrollo informático y administrativo, la gestión comercial y la promoción de sus libros.
Es decir, que además de escribir bien, a partir de ahora para ser autor habrá que tener ánimo empresarial, adquirir conocimientos de márketing, elaborar banners y páginas web, dedicar tiempo a infectar viralmente la Red con nuestros productos, preparar performances y poseer algo de dinero para la inversión informática y los viajes promocionales. Los autores, por tanto, no sólo no cobraríamos, poco o mucho, sino que pagaríamos para escribir. Todo ello con la esperanza vaga de que se produjera un retorno de la inversión que nos permitiese al menos comer. Ese retorno no vendría del pago -barato o caro- de los lectores, que se considera impertinente, sino de algún tipo de publicidad como los ya mencionados.

¿Puede alguien imaginar a Kafka, a Dostoievsky o a Scott Fitzgerald en estas lides? Los autores, sin llegar al tópico romántico, suelen ser seres inadaptados, neuróticos y con una cierta incapacidad para las cosas terrenales. Hubo incluso que inventar la figura del agente literario para que se ocupara de sus asuntos. Y ahora pretendemos que compongan la melodía, dirijan la orquesta y toquen todos los instrumentos. A lo peor alguien como Saramago decidía abandonar la literatura, abrumado por esos deberes mundanos (no olvidemos que hay autores que no soportan ni las giras promocionales), pero mi prima Paqui, en cambio, saldría literariamente reforzada, pues es formidable en las relaciones públicas y en la promoción personal.

Saramago y mi prima Paqui pueden convivir en la Red, por supuesto, pero está en juego el tipo de literatura triunfante, el estilo de libro que queremos para el futuro. Con el e-book desaparecerá aproximadamente un 75% del coste actual del libro -papel e impresión, distribución, venta minorista y gastos de financiación de los invendidos-, de modo que el precio podría abaratarse enormemente sin empeorar la calidad y sin poner a la literatura en manos de Repsol o de Nokia. La distribución, por otra parte, sería universal y perpetua: un libro estaría disponible en Lima y en Tokio, hoy y dentro de 20 años, posibilitando así la difusión ilimitada de los autores, simplificando al máximo la logística de las editoriales y permitiendo a cualquier lector tener acceso a títulos hoy inencontrables. Y técnicas de comunicación digital como la de regalar el primer capítulo de una novela, ahora todavía en pañales, podrían suponer una nueva revolución en los costes de publicidad y una indiscutible garantía para el lector indeciso. ¿Nos parece poco paraíso?

No nos engañemos: lo que peligra con un sistema en el que no haya editores ni haya venta no son los beneficios de los accionistas ni los privilegios de unos pocos, sino la dignidad del libro y de la cultura que transmite. Oclocracia o democracia, that is the question.

Luisgé Martín es escritor; su última novela es Las manos cortadas (Alfaguara).

Así va

Rosa Montero, "Así va", El País, 19-I-2010:

Cuando Lisboa fue destruida por un terremoto en 1755, la Iglesia católica dictaminó que era un justo castigo de Dios (¿les recuerda algo semejante derroche de compasión?). Y la obvia insensatez de esa afirmación cruel (habían muerto miles de inocentes, niños incluidos, en un país además especialmente religioso) creó una conmoción mundial y una reacción aconfesional encabezada por Voltaire. Aquel seísmo fue el comienzo de la muerte de los dioses.

Han pasado 250 años de aquello, pero la Iglesia sigue diciendo cosas igual de insensatas e insensibles. Las crudas palabras del obispo Munilla (que la pobreza espiritual de España es un mal mayor que la tragedia de Haití) también han provocado un sonoro escándalo. Para peor, en vez de pedir excusas, el prelado se justificó diciendo que hablaba a "nivel teológico", con lo cual solidificó su error de expresión y lo convirtió en lo que sin duda es: pura y berroqueña ideología. Ah, sí, seguro que hablaba teológicamente. Sólo hundido a ciegas en el dogma puede uno tener una percepción tan deformada de la realidad y creer que la tibieza católica de los españoles es peor que el atroz sufrimiento de los haitianos y que el pavoroso colapso de un país entero: un abismo en la Tierra. Es la teología como sinónimo del fanatismo. Si Munilla quería hacer una reflexión moral, podría haber hablado de que el horror de ahora es una consecuencia del horror de antes. Haití, ya se sabe, es uno de los países más míseros, corruptos y desesperados del planeta; la esperanza de vida no llega a los 52 años y sólo uno de cada 50 ciudadanos recibe salario. Eso sí que es pobreza espiritual; quiero decir que algo funciona muy mal en un mundo que permite la existencia de estos infiernos. Pero, ya ven, a Munilla y Cía. sólo parece interesarles lo teológico. Así va la Iglesia: matando ella sola a Dios con sus torpezas.

Fe

Fe, cristiana o no, es lo que uno más necesita: confianza, autoestima, el timos platónico, como queráis llamarlo. No se puede querer, ejercer la voluntad, sin algo tan profundo que da identidad, ser, presencia en la realidad. La fe es equivalente a la dignidad, a la verdad, a la vida, a la libertad. Lo sabía bien Cervantes, que pintó a su héroe destrozado y muerto por haber dimitido de esa condición necesaria para toda esperanza; y el bueno de Sancho:

—¡Ay! —respondió Sancho, llorando—: no se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más, que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros, y el que es vencido hoy ser vencedor mañana.

Y muchos capítulos antes:

Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias. Vuesa merced se reporte y vuelva en sí y coja las riendas a Rocinante y avive y despierte.

Vacunas y negocio


Almudena Grandes
, hoy: "Hace ya muchos meses que los médicos responsables empezaron a recomendar a sus pacientes que ni se les ocurriera vacunarse de la gripe A. Una vacuna mal testada es más peligrosa que cualquier virus, decían. Ahora, el Consejo de Europa sospecha que, tras los apocalípticos clarines de la pandemia fantasma, estuvieron ciertas multinacionales farmacéuticas, que sobornaron a algunos funcionarios de la Organización Mundial de la Salud para forrarse vendiendo vacunas. El resultado desborda sus cuentas de resultados. Hay países, como Rumania, donde la gripe A no ha matado a nadie, pero su vacuna sí lo ha hecho. Esto se veía venir, pero, ¿qué pasa cuando las cosas se ven venir?"

Reagan

  Reagan: "Cuando fue gobernador de California, quiso aminorar los impuestos. ¿Y sabes qué hizo? Pues, en primer lugar, cerró la mitad de las bibliotecas públicas y casi todos los hospitales para enfermos mentales no privados. Además, cerró 1.400 escuelas públicas. Esta es su idea de cómo abaratar los impuestos". Evidentemente, lo que hay que hacer es subir los impuestos. A los ricos. E impedir la existencia de esos paraísos fiscales que más bien son infiernos, habida cuenta de las sabandijas de todo pelaje que acuden a refugiarse en ellos; por cierto, ¿qué fue de la decisión del grupo 8 de acabar con esos paraísos fiscales con motivo de la crisis bancaria? Ya nunca más se supo. Como yo decía.

lunes, 18 de enero de 2010

Haití

Ay, ay de ti, Haití. Pasará el desastre y las miserables y momentáneas ayudas y seguirás demolida por dentro a causa de un terremoto aún peor que el que hoy te atribula, porque dura mucho más: el hambre y la pobreza. Cuánto más malo es, ha sido, será un temblor de carne que uno de tierra y un enterramiento en vida que uno transitorio. Pero ya no hay zombis en tus tumbas, sino gente enterrada viva en las casas de tus calles, sobre todo en los palacetes señoriales de los ricos, mientras que los que viven en una choza sólo han tenido que soportar la caída de la hoja; pero me equivoco: resulta que los que han muerto son los pobres y no los ricos, como siempre. Dice El Roto que sólo aplastados son visibles los haitianos, y todo el mundo lo comprende, salvo los que ni siquiera se han enterado del terremoto porque tienen que atender noticias más importantes, como son las cotizaciones de bolsa.

domingo, 17 de enero de 2010

Benito XVI

Benito XVI ha visitado la sinagoga de algunos de mis antepasados en Roma. Benito XVI tiene más jeta que espalda, o morro de la morrería, que es lo ídem.

Por si las moscas



"La llegada de sin papeles a España desciende un 80% este año". Las pobrecillas moscas no se equivocan nunca: si España era una mierda, ya ni siquiera es compacta y de buena calidad, sino pura diarrea. ¿Cuánto tardaremos en producir moscas?

Leído por ahí

Escrito por un periodista anónimo:

"Unos medios de comunicación cada día más expuestos a la precipitación y la superficialidad".

Johnny Deep:


"¿Si me siento molesto con tanto acoso por la fama? Digamos que no me gusta la palabra fama. Hasta me parece una broma que mi presencia levante tanta expectación; en cualquier caso, tengo claro que la única razón por la que estoy aquí es por la gente: soy, simplemente, un empleado de la gente"

Lo terrible


 Solo hay una cosa más terrible que la crisis económica que azota a este país para sus dueños. Sólo una; y, junto a que una de cada cinco personas que usted ve en la calle esté en paro, que ninguno de los que mandan, y ninguno de los que escriben sobre eso, haya empleado, quizá ni siquiera imaginado, la palabra dimisión, tan parecida a la de paro.

Pena de muerte


En Estados Unidos hay, según El País, 139 condenados a la pena capital que eran inocentes y pasaron decenas de años en la cárcel, en el corredor de la muerte, apelando hasta que se demostró que eran completa y absolutamente inocentes. 139, y que se sepa, porque otros no lo aguantan y se suicidan o se drogan y seguramente son más los que no pueden probarlo y muchos más todavía los que han sido ejecutados antes de poder demostrarlo, (según las cifras más conservadoras, ocho al menos) la gran mayoría de ellos negros, a pesar de que no son los más abundantes en el país. Y lo más gracioso es que nadie compensa a las víctimas del sistema judicial norteamericano ni nadie les pide siquiera perdón; qué gracioso, aunque seguramente no lo será para las víctimas. Pero allí todavía hay quien sigue confiando en la justicia de los tribunales populares y quien sigue creyendo en el sistema legal y quien sigue diciendo que la pena de muerte es la mejor. ¿Para quién, para qué? Se trata de una sociedad nada admirable, de una sociedad paleta, capitalista, cruel, sin empatía, que sin embargo se atreve a proclamarse ejemplar y ser empuñada por la tv y por interesados ricachones como modelo de sociedad. ¡Anda ya! Y lo que es peor, es imposible cambiar ese país, porque allí no hay censura, ya que la censura está absolutamente institucionalizada y se llama represión: véase:

Haciendo un círculo en una sala de conferencias se presentan, uno a uno, 21 de los 139 ex condenados a muerte que han logrado demostrar su inocencia en la historia de EE UU. Junto a los once negros, nueve blancos y un latino exonerados presentes están sus familiares, amigos y cinco militantes de Witness to Innocence -en castellano, "Testigos para la Inocencia", una ONG de Filadelfia que organiza el encuentro y que fue fundada hace cinco años por la monja Helen Prejean, la mujer a la que dio vida en 1995 Susan Sarandon en la película Dead man walking (Pena de muerte, en España)-. Un total de 47 personas van tomando la palabra y, en voz alta, se dan a conocer. Para el grupo, procedente de todo EE UU, ésta es su ocasión para reencontrarse unos y darse a conocer otros. A todos les sirve para "cargar pilas", una suerte de comunión colectiva de cinco días de duración, "una reunión de antiguos alumnos", como bromeaban algunos. Es su momento privado tras un año en el que algunos de ellos no han parado de viajar y hacer campaña contra la pena capital en escuelas, universidades, iglesias... De manera excepcional, permiten que un medio de comunicación, "por ser extranjero", se sume por primera vez a su íntimo corro. Y es que algunos, como Curtis McCarty, desconfían de los periodistas estadounidenses: "Si prestaran más atención a la pena de muerte en nuestro país, si dijeran que hay cosas innecesarias, inmorales e inconstitucionales, terminarían con el problema. Pero no lo hacen". Llegaron a ofrecerle la perpetua a cambio de que admitiera el crimen. No aceptó. No podía, a pesar de que convivía día a día con la amenaza de su propio asesinato legal, porque se sabía inocente. El proceso judicial se alargó y fue tan lento que tuvo que esperar a 2002 para que un juez reconociera que se le había de juzgar de nuevo y le sacara del corredor. Entonces se supieron dos cosas. Una, que otro acusado de dudoso historial había recibido una reducción de condena en su día a cambio de testificar contra Derrick. Y dos, que el fiscal había ocultado premeditadamente declaraciones vitales de varios testigos presenciales del crimen que contradecían a ese falso soplón. En definitiva, nunca hubo pruebas contra él, sino todo lo contrario. Jamison quedó finalmente libre en 2005. Veinte años después de una condena injusta: inocente. No le han indemnizado. [...] Esto ha cambiado sobre todo gracias a la proliferación de las pruebas de ADN. The Innocence Project, una organización fundada en 1992, ha probado con ese método la inocencia de 248 personas (algunas en el corredor y otras no), demostrando una y otra vez que EE. UU. tiene un problema. El último caso es el de un hombre condenado a cadena perpetua en Florida, liberado el pasado 17 de diciembre tras 35 años encerrado, un récord en cuanto a permanencia en la cárcel de un inocente¿Y la vida tras la cárcel, qué? Al salir hay dificultades económicas, sociales, familiares, de salud... Sentado en una silla de ruedas que parece quedarle pequeña, Paul House, un hombre corpulento de 48 años liberado a mediados de 2009 gracias precisamente a The Innocence Project, habla con dificultades. Su madre, Joyce, hace de portavoz casi todo el tiempo: "¡Me enfado cuando alguien dice que en el corredor hay atención médica!". Su hijo, con una medio sonrisa muy atrofiada por la falta de cuidados dentales en prisión, corrobora: "Bullshit!" (una palabra soez que significa "mentira"). Paul estuvo 22 años encarcelado en el corredor de Tennessee. Los últimos 10, afectado por una esclerosis múltiple, encerrado las 24 horas del día en su celda, donde comía y hacía sus necesidades. Apenas podía moverse o hablar. Ningún guarda se esforzó en sacarle de su cuadrilátero, aunque sólo fuera en la única hora diaria a la que tenía derecho, esposado, al patio". Empezó a tener problemas de equilibrio. Él pensaba que sería por una infección de oído. Pero en una de las visitas, otro preso se acercó y me dijo: "Señora House, algo le pasa a su hijo. Le he visto apoyarse en las paredes para no caerse". A la mañana siguiente llamé a mi abogado. Nos costó dos años que un médico entrara a diagnosticarle su enfermedad. Así que los otros presos se ocuparon de él". Paul afirma a trompicones: "Sé que suena extraño, pero conocí a verdaderos buenos tíos en el corredor". Tras el diagnóstico, continúa la madre, la prisión sólo le dio vitaminas y paracetamol. La batalla legal por las inyecciones que necesitaba fue ardua. Tiempo perdido que deterioró la salud de Paul en medio del desinterés por parte de las autoridades de Tennessee. Muchos tienen problemas para recordar las cosas, una de las consecuencias que muchos padecen tras años sin obligaciones tan sencillas como pagar una factura. El laboratorio había falsificado pruebas durante años, y gracias al ADN, Curtis pudo probar su inocencia. Preguntado por si ama a su país, calla en un impás eterno, se atusa la perilla, mira al horizonte y musita tajante: "No". El himno estadounidense habla de "la tierra de los libres", pero paradójicamente pocos americanos han sido compensados por el error judicial que los encarceló. Tras años perdidos, algunos están endeudados, la mayoría tiene nulas o difíciles perspectivas laborales, otros son alcohólicos y todos sufren estrés postraumático. Con ese panorama, la ayuda gubernamental es mínima y casi todo el apoyo se acaba sustentando en las redes familiares y de amigos."He gastado 220.000 dólares en abogados. Vendí mi casa, mi granja, mis coches. Todo lo que tenía. Incluso mis familiares hipotecaron sus hogares", explica Randall Padgett, ex convicto, inocente en el corredor de Alabama durante cinco años. Hablamos con él ante las puertas del Palacio de Justicia de Birmingham. Sonríe porque ya no está en prisión, pero explica con cara de circunstancias que ahora está arruinado por las deudas generadas por su paso por el corredor. Pero resulta que o se gastaba el dinero en sus propios abogados, o quizá hubiera muerto. El letrado que le puso el Estado le reconoció que no iba a luchar demasiado. Era un caso por el que apenas iba a cobrar unos dólares. Sólo 27 de los 35 Estados con pena capital tienen leyes de compensación. Pero son incompletas, no se utilizan en la práctica, o sólo sirven para casos de ADN. A nivel nacional, existe una ley para presos federales que contempla 50.000 dólares por año erróneo en prisión, aunque nunca se ha aplicado, porque nunca ha habido un exonerado federal. El Congreso norteamericano debate ahora una ley nacional para los casos estatales, unos 500, incluidos los 139 que salieron del corredor. Sin embargo, la propuesta, apoyada de momento sólo por 52 de los 435 congresistas, es infinitamente menos generosa que la ley federal: habla de dos años de ayuda económica no directa a las víctimas, a través de ONG que decidirían una por una. Al explicarse esto, la sala de reuniones del hotel se llenó de comentarios de desaprobación. "En el corredor, la esperanza te podía matar. Cualquier cosa buena que esperaras... si no llegaba... ¡uf! Hoy me enfrento a todo como si fuera a pasar lo peor, pero esperando lo mejor. Y sorprendentemente, lo mejor suele ocurrir".

sábado, 16 de enero de 2010

Caray con Tom Stoppard

Un dramaturgo imparable.

Marcos Ordóñez, El País, 15/01/2010

En inglés queda más salado: The unstoppable Stoppard. Menuda vida la de este caballero, con el siempre adelante como divisa de su escudo de armas. Judío, checo, nacido en el año 1937 bajo el nombre de Thomas Straussler. Cuando la invasión nazi, la familia huye a Singapur. Cuando la invasión japonesa, escapan a la India. Poco antes, su padre es asesinado por los japoneses.

En Darjeeling, la madre se casa con Kenneth Stoppard, un militar británico que le da su nuevo nombre. En 1946, traslado a Inglaterra. A los 17, Tom Stoppard comienza a trabajar como periodista en el Western Daily Press de Bristol: columnista de humor y crítico teatral, mayormente. A los 23, su primera obra, A Walk on the Water (1960), se estrena en Hamburgo y la emiten por la BIT (British Independent Television). En 1964, la Fundación Ford le concede una beca para pasar cinco meses escribiendo en una mansión berlinesa: allí cocina Rosencrantz y Guildernstern han muerto, que arrasará en el Festival de Edimburgo de 1966, luego en el Old Vic, luego en medio mundo. Asunto de la función: dos personajes menores de Hamlet, atrapados en una trama que no comprenden y que les llevará a la muerte. Sus siguientes piezas serán variaciones sobre el mismo tema: dos críticos atrapados en una obra (El auténtico inspector Hound, 1968, o cómo cruzar a Ionesco con Agatha Christie), una familia atrapada por un hecho que ven de distintas formas (Después de Magritte, 1970, que hubiera podido firmar Sebastián Knight), un filósofo atrapado en una intriga político-criminal a lo Chesterton (Acróbatas, 1972). Y el colofón de Travestis (1974), carambola a cuatro bandas: Tzara, Lenin, Joyce y La importancia de llamarse Ernesto.

Por esas fechas se acuña el adjetivo stoppardian, que definirá un tipo de obra en la que predominan la inteligencia verbal y los más sofisticados juegos intelectuales. Al otro lado de la calle, sus detractores traducen el término por "mucho cerebro y poca carne". Se impone un cambio, que llega en 1977 y en clave político-musical: Every good boy deserves a favour, con partitura de André Previn (y ahora mismo exitosísimamente repuesta en el Nacional de Londres), narra la historia de un falso loco, un disidente soviético recluido en un manicomio, y su compañero de celda, un loco real, que cree ser el director de una gran orquesta.

En 1978 comienza a conquistar al público masivo con Night and Day, lejanamente inspirada en Noticia bomba, de Evelyn Waugh: África, periodismo, dictadura, y Ruth Carson, el mejor personaje femenino (hasta entonces) de Stoppard, papelazo a la medida de la gran Diana Rigg. En 1982 da la campanada con The Real Thing. Sorpresa: ¡Stoppard tiene corazón! Una historia de adulterio y traición, una obra dentro de la obra, y la búsqueda de la autenticidad (de ahí el título) como hilo conductor: autenticidad de los sentimientos, de las motivaciones políticas, del arte. Triunfo en el West End y en Broadway, con reparto de lujo: Jeremy Irons y Glenn Close. (Estrenada en España en los ochenta, cuando aquí todavía se consideraba a Stoppard como un hijo tardío del teatro del absurdo, su revival llegará al María Guerrero a comienzos de este año).

Tras el éxito, Tony incluido, el mayor trastazo de su carrera: Hapgood (1988) junta espionaje y física cuántica, universos paralelos y agentes dobles que no saben para quién están trabajando. Ambiciosa y fascinante, pero rozando la meningitis. Todas las incógnitas (callejón formal sin salida, agotamiento creativo, pérdida del Norte) se disiparán a lo grande con Arcadia (1993), rotunda obra maestra -dirigida en Cataluña por Ramón Simó para el TNC-, en la que el vertiginoso juego de ideas llega revestido de belleza y emoción. Dos series de hechos en tiempos alternos (1809 y 1990) y un mismo espacio, una mansión campestre de Devonshire. Tres investigadores tratan de anudar en una red causal los fenómenos dispersos de sus antepasados y a la manera de Kinbote, el alucinado comentarista de Pálido fuego, acaban creando una segunda realidad que sólo existe en su imaginación. Soberbia mezcla de alta comedia, sátira, y reflexión científica, rematada por una conmovedora historia de amor.

En 1995, Stoppard vuelve al Darjeeling de su infancia con Indian Ink, una reminiscencia elegiaca vista desde el lado imperial y el nativo, a caballo, palabras mayores, entre La joya de la corona, de Paul Scott y, desde luego, Regreso a la India, de Forster. Notable trabajo, éxito moderado: lo mismo podría decirse de The invention of love (1997), que contrapone la vida y obra de A. E. Housman, poeta y homosexual secreto, y la incendiada caída de Wilde (entre otros veinticinco temas). Entre obra y obra, Stoppard traduce, adapta, escribe guiones (cumbres: Brazil, El imperio del sol, Shakespeare enamorado), es miembro activísimo de Amnistía Internacional, lucha incansablemente a favor de los disidentes encarcelados, y viaja por el mundo con su bibliomaletín (365 dólares en T. Anthony Suitcases, Park Avenue, Nueva York) donde alberga los 10 libros que siempre suele leer al mismo tiempo, con destino a futuras obras. Como, por ejemplo, la deslumbrante The Coast of Utopia (2002), una trilogía (Voyage, Shipwreck, Salvage) que a lo largo de nueve horas cubre cuarenta años (de 1833 a 1868) de la vida y combates de la generación rusa para la que se acuñó el término intelligentsia, guiados por el doble faro del Socialismo Utópico y el Idealismo alemán. La función, con el aliento de una gran novela (y el posible subtítulo de Cuando la izquierda no era triste), narra los encuentros y desencuentros de Herzen, Bakunin, Turguéniev y Belinsky, cabezas de fila de un reparto de treinta personajes, retratados con pasión adolescente y absoluta fluidez narrativa. Imposible resumir aquí tal monumento: baste recomendar, de entrada, la traducción española que está a punto de editar el Centro Dramático Nacional. Similar fulgor y parecidas estrategias conforman Rock 'n' Roll (2006), otro magno fresco histórico (y otra obra maestra), donde Stoppard enlaza la leyenda de Syd Barrett, el J. D. Salinger de la psicodelia, con las revueltas de Praga y la crónica de tres generaciones de una familia de Cambridge a través de la mirada de Jan, un estudiante checo fascinado por el rock y la cultura occidental, esto es, lo que probablemente hubiera sido Tom Stoppard de no haber tenido que escapar de su tierra natal. Estrenada aquí por Àlex Rigola y la compañía del Lliure en 2008, pronto desembarcará en las Naves del Matadero: no se la pierdan. Y para cerrar este recuento necesariamente acelerado, una pregunta: ¿qué escribirá mañana el más joven, maduro y sorprendente de los dramaturgos ingleses?

César González Ruano


Antonio Muñoz Molina, Huida y muerte de González-Ruano, El País, 16-I-2010:

Por pura casualidad me puse a hojear el Diario íntimo de César González-Ruano y ya no he podido dejarlo, postergando otros libros y tareas que hubiera debido cumplir en vez de tumbarme en la cama a leer las idas y venidas por el lóbrego Madrid de los primeros años cincuenta de un escritor fascista que tenía poses de entre borbón apócrifo y señorito golfo, y que era capaz de escribirse cinco artículos seguidos sobre cualquier cosa en una mañana y una novela entera en seis días, una novela que entregaba sin haber corregido y de la que se había olvidado aun antes de cobrarla. Empiezo la lectura con curiosidad y desagrado; al cabo de unos días la curiosidad es fascinación y el desagrado a veces se ha convertido en repugnancia. El Diario íntimo empezó siendo para González-Ruano uno de tantos encargos con los que se ganaba un dinero rápido y fácil, aunque siempre mezquino, al menos en proporción a sus aspiraciones de gran señor caprichoso y tronado, que iba a todas partes en taxi, que tenía en casa cocinera y sirvienta y criado personal y se permitía caprichos carísimos, sortijas de diamantes y relojes de oro, antigüedades barrocas con las que atestaba su casa, un piso nuevo en la esquina de Ríos Rosas con el paseo de la Castellana, delante de un horizonte despejado que era el de las huertas y los olivares de Chamartín, y que muy pronto sería el de los horrores urbanos del Madrid franquista y posfranquista.

Leyendo esas páginas se sumerge uno en la España brutalmente lobotomizada por la posguerra y el franquismo. El Madrid de César González-Ruano es una ciudad con tranvías lentos y cortes de luz en la que reinan sin competencia los burócratas con pistola al cinto de la dictadura y las mediocridades intelectuales que sólo han llegado a alcanzar alguna relevancia porque la primera fila y hasta la segunda fila de la inteligencia española han sido eliminadas por el asesinato o el exilio. Hay que tener en cuenta el poco tiempo que ha pasado desde la cima de la edad de plata. En 1951 hace doce años que terminó la guerra, quince que Federico García Lorca leía a los amigos el manuscrito de La casa de Bernarda Alba, veinte apenas que Buñuel estrenó La edad de oro. En el pasado tan reciente y tan perdido que nadie quiere nombrar estaban escribiendo, pintando, diseñando, investigando en España algunas de las inteligencias más lúcidas del siglo XX europeo. En 1951 las estrellas intelectuales eran fascistas de medio pelo o enchufados beatos de cuarta fila o capellanes castrenses que elaboraban para el ministro de Información y Turismo estadísticas sobre el número de almas de españoles salvadas gracias a la censura cinematográfica. En su Diario íntimo González-Ruano da coba sin escrúpulos a gobernadores civiles y jefes provinciales del Movimiento Nacional, y si viaja a Barcelona se encuentra tan arropado por intelectuales falangistas catalanes como si acepta actuar como mantenedor de unos Juegos Florales en Santa Cruz de Tenerife. Un día anota que sale de excursión por la provincia de Cuenca gracias a una invitación del gobernador civil, a quien aprovecha para cubrir de elogios. Como de pasada anota que al subir al coche oficial el gobernador lleva consigo un fusil ametrallador.

Y sin embargo sigo leyendo. Entre la prosa mercenaria, los impudores de la vanidad, las exhibiciones de señoritismo, la bajeza del halago, de pronto estalla un fulgor de gran literatura. En el diario escrito para ganar dinero rápido y dar coba a los que mandan se filtra la ansiedad verdadera de un hombre que está huyendo siempre y que se rinde de golpe a la conciencia de su fragilidad y a la sospecha de que su trabajo incesante y su ambición y su vanidad no tendrán más porvenir que el olvido. Se levanta sin sosiego y toma un taxi para llegar a primera hora al café en el que escribirá un artículo después de otro sin más sustento que el café con leche y la nicotina. Como el tabaco y como los cigarrillos y los viajes en taxi el dinero que gana con los artículos se disuelve en seguida sin que él sepa cómo y el presunto aristócrata que lleva sortijas heráldicas y se viste cada mañana con la ayuda de un criado descubre que le han cortado el teléfono por falta de pago. En algún momento recapacita que "llevaré escritos unos quince mil artículos". Cuando más falta le haría ponerse a trabajar se rinde a la vagancia y se queda en la cama leyendo novelas de Simenon, de las que dice que son "un láudano para la mirada": "Acunado", dice, "en una especie de pereza monstruosa que ni siquiera disfruto del todo porque me queda la conciencia llena de remordimiento". En medio de la vanidad tan fácil del columnista de éxito el miedo siempre lo persigue: "¿De dónde sacaré tiempo al tiempo? A veces me encuentro agotado, acogotado por la vida. No hay profesión como ésta, en la que sea preciso ganar lo que ya se tiene cada mañana, profesión en la que viva uno en una costumbre resignada de colapso económico y en la permanente amenaza del olvido".

Sabe que escribiría mejor si no escribiera tanto, tan rápido, tan de cualquier manera. Pero no está dispuesto a renunciar a los caprichos caros ni a la recompensa inmediata de halago que le deparan los artículos, y no tiene el menor escrúpulo en descender a la bajeza mercenaria: "Por la tarde, inauguración del hotel Fénix, una maravilla más de la cadena de Hoteles Unidos. El hotel está resplandeciente de personalidades del Ejército, la Política, la Aristocracia, las Finanzas, las Artes y la Industria; lleno de damas de primera categoría que resaltan su belleza y su elegancia...".

Pero pasan los años y el diario ya no se publica en el periódico. Lo escribe en un cuaderno, aunque no va a publicarlo ni a ganar nada con él, y el diario se va llenando de evocaciones desgarradas, de crónicas de enfermedades, de nombres de muertos. La retórica del columnista lacayo de una dictadura se convierte en confesión y en reconocimiento del fracaso: "Todos se mueren. ¿A quién le toca ahora? Un diario es un cementerio". En 1964, en 1965, César González-Ruano, que tiene poco más de sesenta años, anota con una especie de saña fría un derrumbe doble, el de su persona y el del mundo que ha sido suyo, el de las enfermedades que lo están matando y el de las piquetas y las excavadoras que arrasan su Madrid. Los cafés, dice, mueren de cornadas de bancos. Los palacios de la Castellana son ahora grandes socavones en los que van a levantarse las torres de cristal y hormigón gracias a las cuales se enriquecerá lo más avispado de la carcundia franquista. En el hospital donde está muriéndose, González-Ruano respira gracias a bombonas de oxígeno y sigue fumando y escribiendo en su diario. La última anotación es del martes 30 de noviembre de 1965: "El terror es blanco. La soledad es blanca".

De las drogas a las medicinas.


Quien consume drogas debería consumir medicinas. En inglés drugs equivale tanto a lo uno como a lo otro y es evidente que algo no va bien en un yonqui cuando tiene que apagar el fuego de alguna angustia o trastorno no diagnosticado y recurre a un fármaco extemporáneo y no autorizado que poco a poco le mata. En el germen de todo drogadicto hay un suicida potencial o un enfermo mental o social; y con frecuencia un adecuado tratamiento médico podría haber evitado la causa de ese autoendrogamiento que es en el fondo un tipo de automedicación; resulta, pues, que un consumidor de sustancias psicotrópicas es también una víctima de su propia ignorancia y podría haber paliado sus problemas tomando drogas legales en vez de ilegales.

Cárceles

Me encantaría que encerrar a la gente en esa especie de escuelas de la ESO que son las cárceles sirviera para algo y no para que, como decía Poincaré, "entren cerdos y salgan salchichas": refina y redoma a los criminales inexpertos, que, como si fuesen universidades del crimen, salen provistos de un título, llenos de nuevas ideas criminales, con todo tipo de relaciones para ingresar en mafias y bandas y, el que menos, con un cursillo de perfeccionamiento.

Masifica, deshumaniza, degrada y aliena a individuos que tienen que pagar por sus culpas, pero que merecerían alguna oportunidad para regenerarse cuando son más consecuencia de los actos de otros que de los suyos propios. Casi todos terminan emperrados en la droga, o empeñados hasta las cejas con los padrinos del interior. El violador se pervierte más y aprende a no dejar víctimas, eso, si no sale lleno de mala uva por haber sido contagiado con el sida o sodomizado por algún graciosillo; el asesino aprende a defenderse de sus colegas de oficio y el ladrón nuevas técnicas, si no terminan sabiendo más derecho penal tortuoso que cualquiera de los picapleitos que salen de universidades menos eficientes y con menos prácticas. Fuera de las palizas y de las torturas que se autoinfligen entre sí, los presos merecerían por lo menos que les hicieran un estudio psicológico y que un antropólogo cultural les designase un itinerario de reforma que les diese alguna esperanza y no un rencor suplementario para volverse más criminales aún.

miércoles, 13 de enero de 2010

Transexualidad

De El País, hoy:

P. ¿La sociedad comprende la transexualidad?

R. Durante mucho tiempo se ha vivido como algo marginal. El error es no diferenciar entre género, sexo y orientación sexual. Género es cómo me siento, si hombre o mujer. Sexo, cómo son mis órganos. Y orientación, con quién quiero mantener relaciones. Puede haber un transexual homosexual, por ejemplo. Hoy esto se comprende mejor, pero aún falta.

martes, 12 de enero de 2010

El pecado de omisión (interesada) de la Iglesia

El Vaticano, que necesita milagros a toda marcha, para beatificar a doña Teresa de Calcuta, en otros aspectos tan admirable, dio como milagros médicos los necesarios que hay que atribuir sin embargo a los antibióticos y a la medicina, como pueden indicar los médicos de las pacientes respectivas, curiosamente no entrevistados por la comisión de canonización del Vaticano ni por abogado del diablo alguno (es información de un acreditado y honesto sociólogo y economista, Vicenç Navarro, en su El subdesarrollo social de España, 2009, p. 226 y de la prestigiosa revista médica The Lancet) y olvidó que negaba analgésicos a los enfermos terminales de cáncer porque "el dolor purifica", que no esterilizaba las jeringas, que tributó elogios a grandes generadores de pobreza en el mundo, como Reagan o Thatcher, que se puso a favor de la empresa Union Carbide para desmovilizar la protesta popular en la catástrofe de Bophal, que elogió a Duvalier, el asesino y dictador de Haití, y que consideraba la pobreza una bendición de Dios. Tampoco hay que olvidar que, si bien el papillo este, que militaba de jovencito en las juventudes hitlerianas, según dice, por temor a perder su beca y su bendita carrera en el seminario dirigido por el cardenal pronazi Faulhaber, lo hizo a sabiendas de que otros muchos se arriesgaron a perderlas militando en la Rosa Blanca, movimiento estudiantil católico alemán contra Hitler cuyos líderes fueron ejecutados; tampoco hay que olvidar que fue favorable a la Guerra de Vietnam, y que de ese supuesto progresismo que algunos le achacan nada hay, porque nada hubo, sino la intención por parte de algún gabinete de prensa de maquillar lo feo que era su perfil ideológico mezclando alguna mentira con la verdad.

De Mario de Sa Carneiro, 1913


Olho em volta de mim. Todos possuem —
Um afecto, um sorriso ou um abraço.
Só para mim as ânsias se diluem
E não possuo mesmo quando enlaço.

Roça por mim, em longe, a teoria
Dos espasmos golfados ruivamente;
São êxtases da cor que eu fremiria,
Mas a minhalma pára e não os sente!

Quero sentir. Não sei… perco-me todo…
Não posso afeiçoar-me nem ser eu:
Falta-me egoísmo para ascender ao céu,
Falta-me unção pra me afundar no lodo.

Não sou amigo de ninguém. Pra o ser
Forçoso me era antes possuir
Quem eu estimasse — ou homem ou mulher,
E eu não logro nunca possuir!…

Castrado de alma e sem saber fixar-me,
Tarde a tarde na minha dor me afundo…
Serei um emigrado doutro mundo
Que nem na minha dor posso encontrar-me?…

Como eu desejo a que ali vai na rua,
Tão ágil, tão agreste, tão de amor…
Como eu quisera emaranhá-la nua,
Bebê-la em espasmos de harmonia e cor!…

Desejo errado… Se a tivera um dia,
Toda sem véus, a carne estilizada
Sob o meu corpo arfando transbordada,
Nem mesmo assim — ó ânsia! — eu a teria…

Eu vibraria só agonizante
Sobre o seu corpo de êxtases doirados,
Se fosse aqueles seios transtornados,
Se fosse aquele sexo aglutinante…

De embate ao meu amor todo me ruo,
E vejo-me em destroço até vencendo:
É que eu teria só, sentindo e sendo
Aquilo que estrebucho e não possuo.

Paris, Maio1913

Chávez

  Chávez persigue como un energúmeno a todos los que están en contra de Venezuela, pero al único que no persigue es a sí mismo. Quizá piensa que Venezuela es él mismo, lo que es una idea muy pobre de lo que es Venezuela, por desgracia.

Max Stirner


Un pensador al que cualquiera puede agarrarse cuando está agotado por la presión de todo lo que sea
otro es Max Stirner, el famoso pero siempre oculto autor de El ego y su propiedad, una de las ramas de la izquierda hegeliana. De hecho, y bien paradójicamente, si atendemos a lo que representa el nihilismo solipsista de Stirner, uno se encuentra a veces diciendo cosas que ya ha dicho él, y sin duda alguna mucho mejor, como que "en manos del Estado, la fuerza se llama derecho, en manos del individuo se llama delito". Si la lectura es algo liberador, Stirner debería ser todo un Espartaco. Sin duda lo que para otros es proletariado para Stirner es un propietariado, por usar el neologismo de Ursula K. Leguin, que escribió una utopía de ficción científica inspirada en las teorías de Stirner, Los desposeídos. El resumen más útil para empezar a andar con él se encuentra aquí, por obra de Ramón Alcoberro. Tal y como escribe este:

Hoy sabemos que incluso quienes luchan «contra» el Poder, luchan «por» el poder. Y eso da a Stirner una actualidad inquietante. Pero además Stirner nos muestra que el nihilismo no es sólo un estado de desvanecimiento y de falta de sentido. Hay un nihilismo narcisista que hoy se aprovecha hábilmente tanto en la política como en las técnicas del marketing.

lunes, 11 de enero de 2010

María Dueñas Vinuesa

Otra escritora manchega que salta a la fama. Le he escrito un artículo de Wikipedia, este:

María Dueñas Vinuesa (Puertollano, provincia de Ciudad Rea, 1964), escritora española.

De una familia numerosa y con siete hermanos, es doctora en Filología Inglesa y profesora titular de la Universidad de Murcia. Ha impartido docencia en universidades norteamericanas y ha escrito numerosos trabajos académicos. Reside en Cartagena y es madre de dos hijos. Como escritora, publicó El tiempo entre costuras (Madrid: Temas de Hoy, 2009), una hovela histórica protagonizada por una modista y por el diplomático Juan Luis Beigbeder que transcurre en su mayor parte en el Marruecos colonial anterior y posterior a la Guerra Civil, en Madrid y en Lisboa y que ha logrado vender 100.000 ejemplares.

Blog de la autora

Nieve

 Hoy Foción llevaría manto: hace frío. Ha caído una nevada de siete u ocho centímetros que ha dejado la noche luminosa. Yo he tenido cuatro o cinco pesadillas, de las peores que he tenido en años.

domingo, 10 de enero de 2010

El precio del valor

De El País:

A Vasili Grossman (autor de Vida y destino) le admiran las hazañas heroicas de las que es testigo y siente curiosidad por el origen de tanto valor. "Unos dicen que la valentía es el olvido de sí mismo, y que esto sobreviene con el combate. Otros cuentan que al realizar hazañas heroicas sintieron un miedo inenarrable y que solamente la fuerza de voluntad y su capacidad para saber dominarse les conminó a levantar la cabeza e ir al encuentro de la muerte. Otros sostienen: 'Soy valiente porque tengo la convicción de que no me matarán'. El capitán Koslov... me decía que él, por el contrario, es valiente porque está convencido de que han de matarlo y por eso le da lo mismo morir hoy que mañana. Muchos consideran que el origen de la valentía es la costumbre... La mayoría piensa que es el sentimiento del deber, el odio al enemigo... Otros dicen que son valientes porque creen que en el combate les están observando sus amigos, sus parientes, sus novias...".

Estas disquisiciones interesantes, reunidas durante un momento de descanso en la batalla, se prolongan todavía unos párrafos más, pero Grossman se olvida o juzga prudente olvidar -en aquellas fechas todavía no era el desengañado del credo comunista- otras dos causas. La primera, que Stalin había cursado una orden personal de fusilar de inmediato al soldado que retrocediera sin recibir previamente orden de hacerlo. (De modo parecido sostuvo Pétain la moral de combate de la tropa francesa en las trincheras de Bélgica durante la primera guerra). La segunda, el hecho psicológico de que la lucha contra el invasor, y contra un invasor tan cruel y despiadado, era la ocasión de los rusos para reconciliarse con la patria, aparcando el conocimiento de lo que ésta venía haciendo con ellos.

sábado, 9 de enero de 2010

Por quién doblan las campanas

"Un japonés en la fosa de la guerra". Silvia R. Pontevedra, Santiago, El País, 8-I-2010.

Mucho antes de que en España se empezase a hablar de memoria histórica, en su casa de Niigata, al pie de la montaña volcánica de Yahiko, el japonés Toru Arakawa soñaba con jubilarse para venir a abrir fosas de la guerra. Nadie llegó a entender bien por qué le dio por ahí. Pero él lo tenía muy claro cuando aquí aún no nos aclarábamos, cuando aquí todavía daba miedo hablar de ciertas cosas, y se pasó diez años practicando español a domicilio con unas cintas que compró para escuchar por las mañanas.

La pareja que había en la fosa llevaba puestas las alianzas. Toru se echó a llorar

Después su hijo, que viajaba mucho, le regaló el primer libro en castellano. Era de Manolito Gafotas, y parece ser que lo entendió, porque se rió leyéndolo. Al final se ventiló la colección entera, y cuando se sintió preparado se atrevió con Machado y Lorca, y empezó a coleccionar libros de la Guerra Civil hasta juntar unos cincuenta.

Un día de 2006, en un periódico japonés, apareció una noticia sobre las fosas que se estaban empezando a abrir aquí. El artículo hablaba de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) que se había fundado en Ponferrada. Toru recortó la página, mostró la noticia a su mujer y le anunció su plan para los próximos meses: "Me marcho a España a trabajar en las fosas". Entonces tenía 68 años y ya estaba jubilado. Había sido durante años profesor de inglés, y él reía a carcajadas cuando lo contaba, porque era evidente que lo suyo no eran las lenguas. Aquí siempre se hizo entender con paciencia, y muchas señas y sonrisas. Cuando llegó a Ponferrada, después de recorrer 20.000 kilómetros en avión y autobús, se presentó en el ayuntamiento y le sacó el recorte a una funcionaria. Resultó que la mujer era hermana de un miembro de la asociación por la memoria.

El 22 de agosto de 2006, en As Pontes, Toru hizo su primera fosa de la guerra. Era la exhumación de la familia Ramos Ferreiro, que dirigía el arqueólogo forense Javier Ortiz. Los habían tiroteado en su propia casa, y sólo una hija logró escapar al monte, aunque le atravesaron la mano con una bala cuando saltaba por la ventana. Unos días después, el cura de Seixas (As Somozas) la acogió en su casa y prohibió a los falangistas que la tocasen.

En el hoyo aparecieron los otros dos hijos y el matrimonio. La pareja llevaba puestas las alianzas de boda, y Toru se echó a llorar. Después de aquello y hasta el año pasado, viajando por su cuenta todos los veranos, el japonés participó como voluntario en una treintena de excavaciones por todo el territorio estatal, pero nunca dejó de emocionarse. Siempre que relataba aquel primer encuentro con unos huesos de la guerra volvían a empañársele esos ojos tan pequeños que tenía.

Después, en Galicia, participó en el levantamiento de las fosas de A Fonsagrada y de Cereixido (Quiroga). Era un hombre muy menudo, pero cavaba como el que más, como si quisiese acabar de una vez con todos los agujeros negros que había dejado la Guerra Civil en la tierra de España. Toru no comprendía cómo las fosas no llevaban abiertas ya muchos años. Cuando al fin se cansaba, si había cerca un árbol dejaba la pala y subía a descansar. "Trepaba como un mono", recuerda con cariño Antonio Castro, de la ARMH.

Castro le proporcionó cama y comida el tiempo que estuvo en As Pontes, y se hicieron muy amigos. "Era un paisano excelente, para él no había religión ni frontera. Contaba que los japoneses de su generación habían quedado muy marcados por la II Guerra Mundial, y quizás por eso se interesó tanto por este conflicto nuestro. Al llegar a nuestra casa, primero le costó bastante comer la carne que le dábamos, pero luego se aficionó a todo, y hasta bebía aguardiente". Le gustaba el jamón, le gustaba la morcilla, pero sobre todo le gustaba la causa. Cuando la ARMH finiquitaba su temporada, buscaba otros grupos que estuviesen en ello y se ofrecía para trabajar, como siempre, gratis. Al dejar As Pontes, le regaló a la hija de Castro un bonsai. Desde entonces, más o menos todos los meses, la chica se escribía con él por correo electrónico y le planteaba dudas acerca del abonado y la poda. Pero a principios de octubre, el correo de Toru dejó de contestar. Preocupados, los Castro llamaron en fin de año al hijo del voluntario, que vive en Chicago, y éste les contó que había muerto. "Lo siento, no tengo la clave de mi padre y no pude entrar en el correo para avisaros", se disculpó. Toru sólo era robusto de espíritu, y le había prohibido a su familia contar que estaba enfermo. En España nadie sabía que tenía resquebrajado el corazón. Y el 5 de octubre se le rompió del todo.

viernes, 8 de enero de 2010

Año nuevo, vida ojalá la haya en Marte


Sube la luz y aumenta la oscuridad; Rajoy,visitando un comedor social en Madrid y sirviendo la comida a los menesterosos, les ha puesto chorizos, como era de esperar; Zapatero sigue cantando bajo la crisis y la nieve y comienzan las rebajas de todo, hasta de vergüenza; menos mal que Mariah Carey sigue apareciendo amable y gentil; por ahí anda tan cantante; cualquiera diría que es guapa y con millones en el banco.

El azar, un suponer



Dice un individuo con sotana: "En este mundo nada es casualidad. Y menos en las cosas eclesiásticas, que es donde menos casualidades se dan. Pregunten a los nuncios, pregunten a los canónigos, y verán que especialmente allí donde parece que ha habido una casualidad es donde menos ha tenido que ver el azar".

Siendo así, uno termina por suponer que al católico Kennedy le dispararon por casualidad, que al bendito Juan Pablo II le dispararon por casualidad y, por qué no, que a Cristo lo crucificaron por casualidad, e igual podían haber crucificado a Barrabás o a Judas. Después de todo, hasta Pilatos tenía dudas sobre el asunto y se lavaba las manos. ¿Qué culpas le achacaban al inocente Cristo, que murió por nosotros? ¿Haber defraudado a la gente, como pensaba Judas? ¿No querer ser el Califa en lugar del califa? ¿Cuál era esa culpa de Cristo, tan humana que tuvo que purgarla con su hipotética divinidad?

Pasar por algo y pasar por alto


Son dos expresiones antitéticas que, se supone, describen dos formas opuestas de estar en la vida, cuando la verdad es que la diferencia entre ambas es nula y se reduce simplemente a una letra. Y la primera encubre bajo su valoración una reticencia, una envidia. Como España misma. Y lo peor de todo, pasar de todo.

Arte


Mi insuperable desgana, o spleen, si prefieren, me hace pasar por alto algunas cosas que exigen el respeto y la estimación que toda buena obra merece o merecería. Así es el caso en películas como Fotografiando hadas (Photographing Fairies, 1997) de Nick Willing, que es una maravilla, o esa otra gran película de los Cohen, Barton Fink, que es la más sabia y kafkiana de su pintoresco repertorio, en el que abundan los huevos de pascua sin eclosionar; ya semeja antigua, pero de ella aún no he dicho nada. Me resigno a admitir que gozo advirtiendo a la (escasa) gente interesada, tan desganada como yo, que existen cosas que uno no debe o debería perderse, de que el arte es todavía algo que justifica la existencia de estar vivo (quizá haya otro tipo de existencias, pero qué coño importan ahora). Uno tiene complejo de muerto, si es que tal cosa es posible, y a veces su memoria es la de tal. Debería desesperarme, gritar o disfrutar de la vida; debería, pero no lo hago, quizá porque no sé cómo hacerlo. Quién fuera un Hamann.

jueves, 7 de enero de 2010

Palabras que hay que inventar


Por ejemplo, algunas que describan ciertos comportamientos juveniles: Caradureza o Descaradureza, Morro de la morrería, marmoljeta...

miércoles, 6 de enero de 2010

Literatura

Decía Antonio Gala que la poesía no tiene forma, sino que adopta la del recipiente que la contiene; puede haber poesía así no sólo en el lenguaje, sino en el cine, en las plantas, en los animales, en las personas, en los lugares, en las cosas. Casi más que poesía podríamos decir arte o misterio. En estos tiempos eso es más cierto; hay novelas gráficas, hay aventuras gráficas que poseen mucha literatura encima, así como algunas series de televisión, que, desde que los guionistas de Hollywood consiguieron su gran reforma sindical, han sufrido una gran evolución a mejor y pueden servir para predicar literatura, como Dexter o Mad men. Recuerdo, en el campo de las aventuras gráficas, primera historia de Gabriel Knight, que al acabarla te dejaba con la sensación de haber vivido y conocido toda Nueva Orleáns como la palma de tu mano, o las famosas tan divertidas de Larry en el país de las lagarteranas, y algunas otras de Sherlock Holmes, con su lenguaje decimonónico, etcétera; Por otra parte, muchos videojuegos crean grandes atmósferas. A veces se encuentra más poesía en un rincón electrónico que en unos renglones mal redactados; sin embargo, la lírica cuenta con otras armas que no pueden ofrecerse sino en otro producto, la palabra. A eso nos agarramos todavía.

Algo parecido ocurre con Dios. A veces no se lo reconoce cuando lo tienes al lado, cuando adopta la forma de un animal, de una planta o, mucho más raramente, de una persona de edad escasa o demasiada.