miércoles, 9 de julio de 2008

La nariz de Darwin

Leí con atención hace años la Autobiografía de Darwin en uno de esos libritos de euro de la colección Alianza Cien. Me llamaron la atención varias cosas, por ejemplo los retratos de grandes científicos, especialmente del gran geólogo Lyell; las disputas sobre la esclavitud con el capitán Fitzroy, su tremenda, decreciente y al fin nula afición a la caza... pero sobre todo la gran modestia e ingenuidad del gran científico, quien sólo se consideraba un frenético coleccionista de todo tipo de especímenes, y la anécdota sobre su nariz. Cuenta que el capitán Fitzroy estuvo a punto de rechazar su propuesta de embarque en el Beagle porque era muy devoto de las doctrinas fisiognómicas de Lavater y la nariz de Darwin no le parecía adecuada para un viaje tan largo. ¡Ja ja! ¡Que la nariz de Darwin estuvo a punto de retrasar la evolución de la ciencia! Eso es como el principio histórico de la nariz de Cleopatra, que por lo visto cambió la historia: algo completamente en contra de la evolución. Los Pokemon se reirían mucho.

martes, 8 de julio de 2008

Una posible teoría de la religión

La naturaleza da a los animales no sólo los órganos con su funcionalidad bien desarrollada, sino un sistema cerradísimo de programas de funcionamiento que se han elaborado con la misma minuciosidad y por los mismos procedimientos con que se han elaborado los órganos. A eso, al conjunto de programas de ejecución, es a lo que llamamos instinto. La naturaleza fabrica el robot orgánico, su procesador y un sistema operativo; el software suplementario es la educación del entorno y sólo en las ejecuciones últimas le deja márgenes de opcionalidad. La capacidad de generar lenguajes sería, pues, un instinto, aunque bien curioso, pues vendría a ser algo así como la capacidad de generar programas o software secundario. ¿Cuántos instintos tenemos? Los básicos eran para Freud Eros y Tanatos, perseguir el placer y huir el dolor, positivos y negativos, diría un beahaviorista o conductista riguroso. Yo encuentro tres:

1. El conservatario. (Comer, beber, respirar, descansar, huir del peligro)
2. El gregario. (Incluye la necesidad de compañía y familia)
3. El simbólico. (Incluye el arte, el lenguaje, la ciencia, los sueños)

Creo que la conjunción de estos tres últimos instintos podría explicar la universalidad del fenómeno religioso: la necesidad de cohesión social y la necesidad de autoafirmarse mediante símbolos. La religión vendría a ser pues, como quería un materialista tan heterodoxo como Jorge Santayana, la culminación de nuestras aspiraciones, pero no una forma de conocimiento en sí misma, ya que admite como intocable o sagrado el misterio: la ciencia no lo tiene por intocable y en ese sentido su potencial trascendente -que los religiosos llamarían transgresor- es muy superior al de la religión.

La violencia no es un instinto en sí mismo, es un instrumento. No pertenece al ámbito ni de la razón ni de la fe. En abstracto sería poder y como tal sería un factor jerarquizador, tampoco un instinto. Reducirlo a ser demuestra la penetración de Nietzsche en nuestra psicología primitiva, pero el hombre es algo más complejo que un dictador y que esas grotescas figuras que pintan las novelas de Ayn Rand.

Empatía

Leído por ahí:

Algunos médicos señalan que simplemente prestando atención a un paciente de una
residencia de la tercera edad los síntomas de demencia se pueden suavizar.
Afirman que en pruebas aleatorias de medicamentos antipsicóticos para la
demencia, entre el 30% y el 60% de los pacientes de los grupos a los que se les
administraba placebo, mejoraban: "Es alucinante, estos pacientes con demencia
grave no responden al poder de la sugestión, responden a la atención que se les
presta cuando participan en un ensayo clínico". "Reciben cuidados médicos y
humanos, cosa que no habían recibido hasta ahora. Dice muy poco a favor de la
forma en que tratamos a los pacientes con demencia".

Se ve que el sentido común es el menos común de los sentidos. Pero la noticia está incompleta: también hay que señalar cómo afecta cuidar a un trastornado a los que lo cuidan, porque a veces, a menos que se produzca nula empatía, se produce un transvase de locura y tristeza a los enfermeros o familiares que los cuidan.

Recetas para cargar y descargar las pilas


Oír de vez en cuando el Arabesco de Debussy, el Concierto para guitarra de Vivaldi o el Hoedown de Copland original o el de Emerson, Lake and Palmer; o el Confortable de Kinobe, Eloise, en versión de Tino Casal; Hoy no me puedo levantar o No es serio este cementerio de Mecano; leer a Richmal Cropton o a Woodehouse o a Thoreau. Ver a Rita Moreno, no a Natalie Wood, o Con faldas y a lo loco de Wilder, Luna Nueva de Hawks; Flashdance, Clerks; o MASH de Altman. Algo cañí, por ejemplo El manisero de Machín o Aires de fiesta de Karina, cualquier cosa de Denis Roussos o las Spice Girls, El Capitán Trueno de Asfalto, Penny Lane de los Beatles o El rock de la cárcel de Elvis Presley.

Acaso funcione, si no se abusa de ello.


Para caerte con todo el equipo y no dar palo al agua:

Empieza el espectáculo, de Bob Fosse. El concierto para piano número 21 de Mozart; Música para cuerda, percusión y celesta de Bela Bartok; cualquier cosa de Rachmaninoff; la versión en sintetizador Moog por Walter Carlos de la Música para el funeral de la reina María; Alfonsina y el mar, de Eduardo Falú; el Adagio para cuerda de Samuel Barber; cualquier cosa de Cecilia o de Leonard Cohen , incluso las alegres, pero especialmente Suzanne; el Adagietto de Mahler, aunque hay mucho en sus otras sinfonías; la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis de Vaughan Williams; la Pavana para una infanta difunta de Ravel; la Zarabanda de Haendel; Claro de luna de Beethoven; Romeo y Julieta de Prokofiev; Déjame de Los Secretos, Clara de Juan Bautista Humet o La Bienpagá de Carlos Cano.

Para no salir de ese círculo infernal, vuélvase al principio. Todo se reduce a eso, una sístole y una diástole: comer y trabajar, como hacen los hamster corriendo en el cícrulo de su jaula.

sábado, 5 de julio de 2008

Series de TV

Es verano y puedo ver más tv. Sólo lo que me interesa, ya que ya no hay programas culturales o los han exiliado a horas de vampiros o insomnes. CSI (Las Vegas, solamente, y acaso Nueva York; no soporto al chuleta David Caruso), Medium (curiosamente más por el realismo y costumbrismo de sus guiones que por otra cosa), Sin rastro, House y Urgencias. Nada más; todo lo demás me aburre, sobre todo desde que dejaron de echar Mochileros o la irregular Siete vidas y se repite Nuevos cómicos. Cada uno de estos programas merecería un ensayito, pero dejaré aquí bosquejado el germen de cada uno. CSI es la vuelta a los principios del éxito en las series: Arthur Conan Doyle y la investigación empírica. Pero añade a eso unos personajes bien definidos, costumbrismo y el extravagante humor norteamericano. Todos los personajes principales me caen bien, cosa extraña; incluso algunos personajes secundarios son memorables: Paul Millander, la asesina dietista, Lady Heather y, sobre todo, el miniaturista padre, no la miniaturista, cuyo discurso antes del disparo final me conmovió. Hay algunas frases de los guiones que deberían pasar a los anales de la literatura, pero muchas veces se ve a la legua que han sido mal traducidas. De la franquicia de Florida sólo salvo a la rubia y a su padre alcohólico; hay algún episodio memorable, pero la mayoría han sido echados a perder por el Caruso ese. La de Nueva York empezó mal, pero luego se enderezó algo; detesto lo bien que le quedan las camisas al actor principal y el tremendo chauvinismo de su norteamericanitis, pero otros aspectos de su personalidad, demasiado irreprochable para ser creíble, lo salvan. Tampoco me gusta el de las gafas, que parece diseñado para ser su antítesis, hasta en la camisa. La morenaza está bien, pero sólo eso, bien. Donde estén Las Vegas original... En cuanto a Sin rastro, todos están magníficos. Qué guiones; se nota que se fundan en casos reales. Qué economía de palabras la de Frank Malone; qué gran actor Anthony Lapaglia; qué relación la que tiene con su padre y sus hijas; qué grandes episodios los del interrogatorio del divorcio, los del sueño y los del acoso escolar. De House, cuánto me río; se nota que lo produce el hermano del genio de la física teórica del siglo XXI, Edward Witten. Los guiones son igual de sólidos, al menos la mayoría de ellos, salvo esos estúpidos mecanicismos del susto y los síntomas espectaculares, aunque se nota que los guonistas se dan cuenta e intentan romper los moldes para no pasar la factura de tanta monotonía, incluso cambiando los actores secundarios; desde luego, inolvidables los capítulos de la convivencia entre Wilson y House en la misma casa: me reí por los cuatro costados, sobre todo con eso de alimentarse de "sopa de sobre y nocilla". Serían una pareja cómica de maravilla este Watson y este Sherlock. Y la Caddie tampoco está nada mal, aunque tiene una voz tan ordinaria y basta e inconfundible en el inglés original que no hay manera de traducirla bien en la doblada. Hay tantos episodios memorables que no daría abasto para citarlos. Y tenía algunos malvados memorables; el negro gordo de la segunda temporada era realmente ominoso, un hallazgo, pero el detective Tritter era genial. De Urgencias no olvido cuando se le cayó encima el helicóptero al cabrón del doctor Romano, ni las relaciones de la enfermera luego doctora con su madre bipolar, ni a la cucaracha aplastada por la doctora de la muleta, que se vengó del doctor Romano haciendo con su herencia algo que se debía hacer y estuvo muy bien hecho; muy bien el costumbrismo y los personajes.

Quehacer

Me he propuesto ver Funny games de Haneke y El incidente de Shyamalan, después de haber difrutado y no poco con La niebla de Frank Darabont, cuyos minutos finales poseen una desesperación de genuino Titanic, sin que los demás sean en absoluto de despreciar; el problema es siempre el mismo, encontrar el cómo más conveniente antes de que se las lleven a hacer puñetas y tengamos que disfrutarlas con retraso y en pantalla diminuta. Cosas del cine. Con lo que cuesta desplazarse por cualquier motivo, uno no está para ver cualquier cosa. Hay que escoger minuciosamente la película que vas a ver, no sea que te defraude después de todo el esfuerzo de logística y encajamiento de horarios que hay que hacer. Otras citas pendientes: final "a la tercera va la vencida" de Nadal en Wimbledon, viaje a Jaén para reciclar viejos y maravillosos fantasmas infantiles; viaje a Granada para que las niñas conozcan su espíritu de agua, como decía Ganivet , viaje a Salamanca a explorar dónde estudió mi enigmático Lidoro Sirenay, en la Huerta de Otea o en el Barrio de Zurguén; viaje a Madrid, a las tripas de la Biblioteca Nacional; visita a los marqueses mis vecinos para pedirles que me dejen consultar los legajos de su archivo, etcétera etcétera.

viernes, 4 de julio de 2008

Mabelka; una cuadra de caballos maravillosa en Ciudad Real

A mis hijas les gustan los animales. También los caballos; son preciosos, con esos grandes ojazos y esa crin desmelenada y esa nobleza de planta y alzado. En fin, que me convencen para que las lleve a aprender a montar como amazonas, a pesar de mi miedo a que se puedan caer Las llevo a Mabelka, una granja cercana a Miguelturra a la que se accede por un desvío de la Carretera de Carrión, el que conduce al Cortijo la Frasca. Es un lugar maravilloso, donde los niños y jóvenes aprenden a montar y a convivir con todo tipo de animales: caballos, palomas, perros, gatos, gallos y gallinas. Veo a la dueña de este glorioso cotarro, Consuelo, rodeada de todos sus animales y la envidio: no recibe el amor solamente de su marido, de sus hijos y de sus hijas, sino también el de sus caballos, sus perros, sus gatos, sus palomas, sus gallos y gallinas... ¿Alquien se puede sentir más querido e integrado que el dueño o responsable de una granja como esta? Lo dudo. Es algo muy parecido a la felicidad, aunque es una felicidad laboriosa, llena de trabajo y faena. Se nota que los caballos están felices y bien cuidados. Pasean a menudo, están limpios y musculosos, deseando que les toquen la nariz y les rasquen el cuello. Ahí está la pelirroja perra Cuqui, siempre a los pies de su señora, la yegua Lady, los tres gatitos recién nacidos jugando al escondite por todos los rincones, Akira el saltarín y muchos más. Los hijos e hijas de la dueña caminan derechos como varas, de la costumbre de montar que tienen, con porte majestusoso. Mis hijas disfrutan al paso y al trote. ¡Qué bien! Pero es caro. Un lujo para ricos que pagamos con otras miserias y del que, como no somos ricos, tendremos que desprendernos algún día.

jueves, 3 de julio de 2008

Música memorable

Una inerpretación memorable del Ave María aquí.

miércoles, 2 de julio de 2008

La mujer en el arte


Quien quiera ver la evolución del rostro de la mujer en el arte, piche aquí. El vídeo, realizado con morphing, es precioso.

Celuloide emocional


Al igual que en la música determinados pasajes tienen la virtud de provocarme escalofríos, siempre los mismos, los oiga como los oiga, algunos pasajes en ciertas películas y series de tv, no necesariamente obras maestras, me emocionan. La mujer submarina en el coche, la escena del ático y el tránsito del río en La noche del cazador; en El color púrpura, de Spielberg, la escena del beso o el blues Hey, sister, entre otras; algunas secuencias de La versión Browning, pero la antigua en blanco y negro de los años cincuenta; el paso firme de Sean Young, la muerte vidriosa, la juguetería de Sebastian, la famosa confesión del replicante en Blade Runner; el teatro de las sombras o el final seguro de El año que vivimos peligrosamente; los sueños de Fresas Salvajes de Bergman y las conversaciones del caballero y del escudero en El séptimo sello; el horror de la cara que se borra y cae en la desoladísima Inteligencia artificial.; los Cristos de cabaret y los desfiles de La naranja mecánica; los soldados en la zanja de Objetivo birmania; el estanco de Smoke; el agujero de bomba de Sin novedad en el frente; los duelos y entierros de Río rojo; el taxista finlandés de Noche en la tierra; el ruido de los árboles en Blow up; la madre muerta en el camión de Las uvas de la ira; las palabras del comienzo y la cara de Gregory Peck ante el escupitajo en Matar a un ruiseñor; y tantos otros....

Hispanoamérica


En Hispanoamérica el estado, sea socialista, populista, criollo o indio roba a sus súbditos, por lo cual los súbditos roban al estado, de lo cual se aprovechan las multinacionales europeas y norteamericanas, los guerrilleros y las mafias, que roban a ambos y lo embarullan todo más. Mientras, siguen sin infraestructuras, despensa, escuelas o sanidad completas y de calidad. ¿Qué puede reformar esto? Una reforma moral al estilo de la krausista que posibilite las otras reformas. ¿Es posible? En cien años, tal vez.

Anglosajonitis

Todos los actores anglosajones persiguen a Almodóvar; pero Almodóvar huye de ellos como de la peste. En cambio, muchos actores anglosajones persiguen a otros directores españoles y estos acceden a rodar con ellos, por ejemplo Amenábar. La diferencia está clara: Almodóvar quiere conquistar América, Amenábar, que además es indio chileno, quiere ser conquistado. Almodóvar es insoluble en anglosajón, Amenábar no.

Los ridículos reduccionismos

Los españoles somos muy dados a las simplificaciones y a los reduccionismos. Somos como los jíbaros, que no pueden vivir sin reducir cabezas a proporciones de muñeca. Y cuando digo españoles digo también regionales o nacionalistas. De hecho por no poder concebir algo tan complicado como es España, se han inventado los cortos de mollera nacionalidades tan imbéciles como la madrileña, la vallecana o la churriega, sin ir más lejos. Por ejemplo, los estudiosos de la Universidad de Castilla-La Mancha. Dicen que no hay una cultura manchega, se ríen de ella y estudian cosas de fuera, lo que les evita tener que estudiar a los autores que nacieron en La Mancha y que nunca sospecharon ser otra cosa que españoles, tan españoles como los de fuera de aquí. No hay edición moderna de un autor tan importante en el barroco español como la del libro de caballerías en verso compuesto por el valdepeñero Bernardo de Balbuena, pero hay innumerables de otro en prosa compuesto por uno de Alcalá de Henares. Hay que jorobarse, por no decir joderse. ¿Puede una cultura fundarse en un solo libro, aunque sea universal? ¿O una literatura? De los deportes, el único que parece existir informativamente hablando es el fútbol. La vulgaridad necesita del reduccionismo para existir, y La Mancha ha tenido la mala suerte de contar con una obra tan universal que facilita ese reduccionismo, de tal suerte que cualquier cosa que no sea Quijote es vulgar, o mejor dicho, no es, y si lo es es en comparación siempre con el Quijote. ¿Así puede existir cultura? ¿No es la cultura una variedad, una riqueza? ¿Qué nos está pasando?

domingo, 29 de junio de 2008

Inefabilidades inexpresas

Resulta curioso que lo que menos se pueda verter en palabras sean los sentimientos religiosos y amorosos y los desprecios u odios africanos. En todo caso, pasiones; el lenguaje insuficiente que decía Jorge Guillén es, después de todo, el lenguaje de los sentimientos, y también es ese lenguaje del que José Antonio Marina ha descubierto que categoriza mejor los sentimientos negativos que los positivos; resulta, pues, que encuentra poco verbalizables las tormentas de hormonas o de neurotransmisores cerebrales relacionadas con sentimientos amorosos, pero sí verbaliza mejor las relacionadas con el odio. ¿Será porque genéticamente estamos programados para los segundos más que para los primeros? Sin duda debe ser así. También es porque son más procesables por la lógica y la razón; el odio cuenta con una formalización sólida y construye mejor escalas y jerarquías; el rencor reconoce siempre una sumisión, un lazo social, una escalera de fracasos y de victorias. En cuanto a las categorías positivas, sabemos que el amor es un combinado de cuatro sustancias, de las cuales una sola de ellas es el afecto, la oxitocina. Llamarle al afecto oxitocina suena un poco chabacano, pero es que el afecto es, materialmente, oxitocina; espiritualmente y lingüísticamente sería una variable diferente en un aspecto pero esencialmente lo mismo. Una realidad absoluta es muchas cosas en distintos puntos de vista: lo que sustantivamente y materialmente es, lo que como estructura de información jerarquizada constituye y lo que representa para su contexto y situación. el amor representa una subversión de las escalas sociales, una igualación que va contra la lucha por la vida; por eso está menos jerarquizado, a menos que no sea sadomasoquismo.

sábado, 28 de junio de 2008

Flores para Jim Morrison, paseando por la cornisa de alguna nube.

Revisando algunos de los poemas de Jim Morrison, el rey lagarto, encontramos muchas de sus bellezas parnasianas. Por ejemplo aquella tan conocida:

This is the end
Beautiful friend
This is the end
My only friend, the end
Of our elaborate plans, the end
Of everything that stands, the end
No safety or surprise, the endI
’ll never look into your eyes...again
Can you picture what will be
So limitless and free
Desperately in need...of some...stranger’s hand
In a...desperate land

Este es el fin, bello amigo

este es el fin, mi único amigo, el fin
de nuestros elaborados planes, el fin
de todo lo que se tenga en pie, el fin
sin remedio ni reproche, el fin.

Ya nunca miraré dentro de tus ojos
otra vez.
¿Puedes imaginar cómo seremos,
tan ilimitados y libres,
desesperadamente necesitados
de la mano de un extraño
en una tierra desesperada?

Hay mucha poesía en algunas creaciones del rock clásico. El "Estoy vacío" o "Ángel" de los Rolling Stones, en Escalera al cielo de Led Zeppelin, en Russsians, de ese profe de literatura inglesa que es Sting, en letras como la de Logical song de Supertramp o Imagine de Lennon, o en Stranberry fields de los Beatles.

viernes, 27 de junio de 2008

El coloso

¿Importa acaso de quién sea el Coloso hasta hace tan poco atribuido unánimente a Goya y ahora a su ayudante, Asensio Juliá? La fuerza icónica de la obra es portentosa. Es una alegoría de la Guerra de la Independencia, de España, de Napoleón, de los grandes epifenómenos de la Historia con hache mayúscula, pero también algo más y más allá de toda interpretación realista: representa una fuerza cósmica desbocada, algo que no se puede dominar, pero que el hombre tiene la potestad de liberar desde su interior. La fuerza del átomo, la fuerza de una brutalidad infinita que podría transformarse quizá en un infinito conocimiento, en construcción en vez de en destrucción. Las iniciales "AJ" podrían aludir a la dedicatoria "A J(uan) Bautista Arriaza", el acomodaticio amigo del pintor y autor del poema Profecía del Pirineo, en el que aparece, como quiere Nigel Glendinning y con todo detalle, el coloso pintado por Goya:

Ved que sobre una cumbre
de aquel anfiteatro cavernoso,
del sol de ocaso a la encendida lumbre
descubre alzado un pálido Coloso
que eran los Pirineos
basa humilde a sus miembros giganteos.

Cercaban su cintura
celajes de occidente enrojecidos,
dando expresión terrible a su figura
con triste luz sus ojos encendidos
y al par del mayor monte,
enlutando su sombra el horizonte.

Juan Bautista Arriaza, «Profecía del Pirineo», en Poesías patrióticas, Londres, T. Bensley, 1810, págs. 27-40, vv. 25-36.


Además, esta obra u otra parecida en que también aparece un gigante está recogida en el inventario de obras del pintor de 1812. Asensio Juliá usó o copió quizá una obra de Goya, un simple dibujo, o aprendió de las pinturas negras, o sencillamente halló la inspiración que a veces desciende hasta el más humilde de los artistas para lograr una obra maestra. Hay que tener en cuenta que existen obras de arte, no autores de arte. Ese burro detenido, alegoría del pueblo español, es sólo lo anecdótico, lo único que testimonia claramente que Asensio Juliá pudo ser el verdadero autor, porque es el que ejemplifica la voluntad de resistencia del pueblo español al vándalo Napoleón y le quita al cuadro, sólo incidentalmente, su categoría de símbolo intemporal.

jueves, 26 de junio de 2008

El infierno en verano

Agh. El yunque del sol. Esto es inhumano. La gente debe estar cociéndose a fuego lento dentro de sus casas como dentro de hornos, sacando las cabezas por las ventanas como las tortugas o los caballos en las caballerizas. El sol aprieta, ahoga, estrangula, la gente chorrea por todos sus poros y desaparece exudada en un charco o se fríe en su propia salsa, tostada como rebanada de pan en un sofá. No corre brizna de aire. Todo el mundo corre al peluquero a raparse al cero para evitar que se le caliente y evapore el cerebro. No lloran sólo los ojos, lloran las orejas, las narices, las cejas, la frente, la barbilla, los codos. Hay cola en la ducha, la nevera está atiborrada de agua y refrescos y dormimos con las ventanas abiertas de par en par.

Los ensayos de José Carlos Mariátegui


Cuando uno se pone a leer a hispanoamericanos disfruta con el cambio de perspectivas, pero topa también con una serie de fantasmas ñoños y decimonónicos que le tiran el alma atrás. Por ejemplo, el nacionalismo. Dios mío, qué tremenda manía la de nuestros hermanos de allende la mar en hablar de peruanidad, de argentinidad, de mexicanidad etcétera. Hablemos simplemente de ombliguidad, de infantilismo, de prejuicio nacionalista y xenófobo, de falacias idola fori y tendremos clara esa perniciosa patología de divinizar al padre para hacer redentor al hijo. Leyendo el ensayo de Mariátegui sobre mi admirado, satírico y descontentadizo González Prada viene de nuevo a atacar ese ser o no ser español o europeo, ese parecerse o no parecerse a los modelos. Qué carajo. Pues, a mí, si tengo que señalar a quién se me parece González Prada, tengo que decir que a Baroja por su falta de respeto a las vacas sagradas y su iconoclastia.

Nada, sí, nada.

A tu abandono opongo la elevada / torre de mi divino pensamiento... diría J. R. J. Y Cernuda: No sé nada, no quiero nada, no espero nada. Y Manuel Machado: Nada sé, nada quiero, nada espero, nada. La Nada de nada de esa cantautora que me enamoró de niño, Cecilia. El Soy tuya de Alfonsina Storni y el Después de todo de José Hierro. El Nunca llegarás a nada de Juan Benet.

El itinerario educativo de La Mancha te hace escoger entre la Religión y la Nada. Eso de la Nada es muy metafísico, demasiado como para habérsele ocurrido a unas mentes vacías como las de la Junta de Calamidades. Aunque, bien pensado, sólo a ellas, vacías como están, podría habérseles ocurrido. O sea, que quien no sea cristiano, tiene que escoger Existencialismo y ser arrojado a las entradas de la Néant, al No-ser, o agarrarse al borde del abismo, al compromiso o engagément de Sartre. Jolines. Nada, o el puro aburrimiento de Carmen Laforet, nada, conjunto vacío en Matemáticas, ausencia de cualquier ente en filosofía, algo que de hecho no puede existir en física, puesto que violaría el principio de indeterminación de Heisenberg, ya que se podría conocer con precisión el estado energético de una región que no sería región, puesto que, aunque es concebible la ausencia de materia, no lo es la de campos físicos. Ángel Crespo ha escrito un hermoso poema de título Sobre la nada:

La nada: ese inmenso cajón, alacena o lago del que Dios ha exiliado a todas las cosas; bosque en el que se escucha el balido de todos los pájaros habidos y por no haber.

Desgraciado de aquel que no tiene su nada, habrá de conformarse con lo que le den los demás, sacando de sus bolsillos o de sus temibles armarios; vivirá como nuncio, como vicario, como ministro, pero jamás con soberanía, porque no tendrá nada.

La mía es el recuerdo, las escamas de los pescados que platean en los mares de medianoche -y del mediodía en que el sol nada-; la nada por crear.
O bien el largo olor a vida de la nada.

Poesía

Dice Jerónimo Anaya que tengo de poeta; no reniego de eso y me lo siento, pero este género tiene algo de incontrolable, de enfermizo y de elegíaco que me hace sufrirlo más que celebrarlo y posponerlo a otros géneros en prosa, más cerebrales y controlables, pero de igual forma exploratorios y curiosos. Él, que tiene mucha facilidad para el verso, es un poeta germinativo, vital, inteligente, con un don que echo de menos en muchos otros y que intento yo también cultivar en la prosa, el humor y la ironía. Yo desconozco mis propias raíces, aunque atisbo que son varias y oscuras. La poesía en mí va después de la investigación, del ensayo, de la prosa, del artículo, y tiene una cara oculta, como la luna. Sólo escribo poesía cuando estoy deprimido o cuando me encuentro en un paréntesis en mi vida, en un yermo de soledad, desconcectado de todo. Si no tengo esa caja de resonancia, me cuesta mucho trabajo oír esa música interior a la que hay que poner palabras, adivinar esa gesticulación a la que hay que poner rostro o máscara escrita. En mí la poesía es la consecuencia de un daño o de un sacrificio. Siempre que he intentado escribir algo contra ese principio, contra esa índole, contra esa disposición me he visto derrotado al cabo de unos versos. Pero no he renunciado a hacerlo. Cabezota que es uno. Y eso también es una disposición. Lucho contra esa disposición nihilista de mi poesía, aunque eso me supone, muchas veces, incluso no escribir. El título de mi primer libro ya lo decía bien claro: Palabras acabadas.