domingo, 8 de junio de 2008

Mis comienzos como poeta

Empecé a leer poesía del Siglo de Oro desde pequeñito. Las lecturas en voz alta me hacían paladear un idioma que fue el de Lope, el de Bécquer... En otro lugar he contado ya cual fue la circunstancia biográfica que sirvió como llave para encerrar la palabra poética en mi conciencia para siempre. Pero el primer poeta que la hizo resonar, después del gusto poético que me inculcaron Jorge Manrique, Lope de Vega y José de Espronceda, algunas de cuyas obras memoricé, fue sin duda alguna Manuel Machado. Manuel, no Antonio; y algunas de las de greguerías de Ramón Gómez de la Serna, me hicieron mirar la realidad con unos ojos nuevos y deslumbrados, como si fuera un marciano. Lo que decía Novalis, de otorgar a lo cotidiano la diginidad de lo desconocido. Mirar las cosas como un marciano, esto es, a la cósmica distancia del asombro, es algo típicamente literario, esencialmente infantil y declaradamente lírico. Es el distanciamiento de la soledad, la materia prima de la literatura, que, después de todo, no es sino una forma de amistad entre un señor, el autor, y un lector lejano en el tiempo, en el espacio, en la cultura, en la psicología, en el sexo, en la vida, en las experiencias, en los viajes, en todo. Y un aprendizaje. Sin curiosidad no hay literatura.
Después, San Juan de la Cruz, Juan Ramón Jiménez, Borges, Luis Cernuda, José Ángel Valente, Ángel González, y la poesía anglosajona -Eliot, Mark Strand- y alemana -Rilke, Goethe, Celan-. Curiosamente, pero es algo explicable en una ciudad cainita como ésta, nadie nos habló jamás del gran Ángel Crespo en Ciudad Real, pero aquí llegaban sus primeras traducciones barcelonesas de la Divina comedia de Dante a través de la librería del hijo de su primer matrimonio, a quien llegué a conocer. En Bachillerato, mientras me partía el alma jugando interminables partidas de ajedrez en el Cafetín de San Pedro y hacía mis pinitos en las afueras del Grupo Cálamo, introducido por Fernando José Carretero Zabala, un poeta que iba siempre escoltado por su ligue y en busca siempre de otro, en mi mismo curso, por entonces en la órbita de Wilde, Salinas y Neruda; andaban por allí también Prado Lérida, una poetisa de versos que no me gustaban nada pero de unos ojazos preciosos que me he enterado ha muerto en Chile hace poco después de tener algunos hijos; también me paseaba por la taberna de Paco Carrión, con su gitarra y sus aceitunas, y depuraba mi extraña curiosidad por Borges, Quevedo y la novela picaresca en general, y me leí todo lo que pude del género, así como el consabido Quijote, del que mi padre era gran lector en una edición muy buena, la de Riquer, que de tanto sobarla tanto mi padre como yo mismo acabó hecha polvo y a medias remendada con esparadrapo; en la carrera leería todo Cervantes y casi todo el 27, todo Villamediana, todo Bocángel, todo Góngora, del que hice gran acopio de ediciones, toda la lírica de Lope, toda la de Quevedo, que sobé muchísimo, hasta el punto de dejar denegridas de apuntes las hojas, la del capitán Aldana, mi favorita del siglo XVI, cuyo anagrama, como bien supo ver Cernuda en un famoso verso, es La Nada; la de toda la escuela de Garcilaso, incluido Boscán, Hurtado de Mendoza, Acuña -del que me reí mucho con su contrafactum de la quinta canción de Garcilaso; no pude soportar los sonetos del Cetina, tan blandengues, pero sí su precioso madrigal, que me aprendí de memoria; también leí mucho al sevillano Herrera, que no me terminaba de gustar, y al que sólo admiré como poeta épico; a fray Luis de León, al que desde el principio aprecié y que para mí no hace sino ganar valor con los años, como un buen vino; la antología de Dámaso Alonso fue una buena guía; también las antologías baratas de Bruguera que podíamos comprar los chavales pobres; aprendí de memoria bastantes poemas de Garcilaso, fray Luis, de Quevedo, de San Juan, de muchos otros: se me quedaban sin esfuerzo, los repetía mentalmente, soñaba con ellos; había un ritmo en mi espíritu que enganchaba y enmadejaba sin esfuerzo el hilo del verso; la música del endecasílabo, el heptasílabo y el octosílabo se me quedaba en el oído hasta el punto de saber si un verso era correcto sólo oyéndolo, sin necesidad de contar las sílabas. Pero ese aprendizaje no fue sin esfuerzo: empecé un cuaderno donde bosquejé una treintena de sonetos malos, muchos de ellos a medio terminar, trabajosamente escritos para alcanzar el acentito en la sexta o en la cuarta y octava, y las rimas correspondientes. ¡Qué suplicio! Los romances, por el contrario, me salían con mucha naturalidad, a causa de la rima asonante, que es más libre y fácil. Participé en algunos concursos y gané uno con unos tercetos deplorables, aunque lo bastante buenos para que me dieran unos gallos de plata que aún conservo. Con el dinero está claro lo que hice: me compré unos libros carísimos que no podía costearme de otra manera, el Diccionario de literatura de Sainz de Robles, en dos tomos; luego me arrepentí; hubiera sido mejor comprar el de Revista de Occidente de Germán Bleiberg y Marías, pero es que por entonces era sólo un muchacho de erudición insuficiente y que no había empezado la universidad; ahora los tengo los dos, que son en cierta medida complementarios, el primero con sus errores en los años, su verbosidad sobrante y su bibliografía de derechas, el segundo con su posibilismo de izquierdas del 64, su lectura entre líneas y su preocupación por el dato fidedigno. En el antiguo Colegio Universitario de Ciudad Real aprendí sobre todo muchísimo latín con Virgilio y Cañigral y mucha gramática, y leí muchísimos clásicos; en la Complutense de Madrid, en una universidad rara y tomada a medias por el Opus y las mafias derechistas que concedían cátedras por méritos políticos tras la Guerra Civil, me di un atracón de lecturas, pero no siempre de lo que nos decían que leyésemos; guardo buen recuerdo de las lecciones de Antonio Prieto, a quien acusaban de difuso, pero que tenía la virtud de ser un semillero de ideas, intuiciones e inspiraciones en el terreno que dominaba, la poesía del Renacimiento; saqué una opinión muy mala sobre la grisura de esa universidad y la escasa humanidad tanto de sus alumnos como de sus profesores, contagiados de no sé qué desgana patológica y desconfianza desinformadora. No había allí verdadera sustancia para alimentar y hacer crecer una pasión filológica. Todo era demasiado poco cercano, gélido y frío, pese a lo cual uno pudo arreglárselas como siempre, por sus propios medios, como se hacen todas las cosas de mérito en España. Allí también en Madrid estuve sin embargo feliz, ya que yo siempre me desenvuelvo bien en entornos hostiles, pero pasé hambre, a veces hasta cuatro días sin comer y estuve muy solo, durmiendo mal en un camastro del que a veces me salían los pies, porque soy muy alto; desarrollé un sentido crítico como la copa de un pino; ese sentido crítico no dejó de crecerme todavía después y a veces noto incluso que, cuando todos los demás talentos han detenido ya en mí su crecimiento, este todavía sigue alimentándose y aumentando de tamaño, lo que parece increíble. Pero le pasa ahora igual que a mi curiosidad, que se ha vuelto muy abstracta.
Por entonces perseguía la sombra, la voz, el aroma y la sustancia de varias señoritas; por ejemplo, a una toledana llamada Olga Fernández, una dama experta en el siglo XVIII que andaba con bastón y me hizo ir a una pesadísima ópera de Haendel, el Xerxes, de lo que lo único que merece la pena es el oboe del Largo. Luego, una simpática rubia muy delgada, Paloma Gómez Campos, que no me hizo ni puto caso, pero a cuya boda, de magnífico menú, pues no en vano el novio era un reputado cocinero, asistí luego algo después en Valdepeñas; también de una tal María Luisa Utrero Ledesma, también compañera de carrera, pero de mi mismo curso; andaba sin embargo esta chica coladísima por un fotógrafo llamado Frank que la dejó preñada y con un niño antes de abandonarla. Una pena. Yo lo venía venir, intenté decírselo, pero creo que ella no estaba por la labor, tanto encoñan ese tipo de malos rollos. De otras damiselas me olvido porque no tuvieron ni siquiera la atención de distinguirme con su amistad. El caso es que dejé la universidad. Fue por entonces una época de desórdenes estudiantiles y vi a los caballos aporrear las calles de Moncloa espantando a los estudiantes, las sentadas al lado del arco y demás. Tierno Galván acababa de morir y la Movida se iba a pique, así como lo que quedaba de la primera fase del Guridi. Lo que antes eran meros ejercicios de literatura se habían transformado en otra cosa. Notaba en mí a veces una presión interior que necesitaba vaciarse sobre un papel; primero me rondaban versos sueltos, formados por fragmentos rehechos de frases oídas, leídas o compuestas per se; luego esos versos formaban marañas, y luego esas marañas se juntaban en estructuras semejantes a la de otros poemas que había leído en Cernuda o Borges, mis principales referencias por entonces, dos autores que dominaba al dedillo y había leído enteramente. También practicaba la escritura automática surrealista, ¡ya desde el instituto, es curioso, pero sin constancia! Así se formaron los primeros libros de poemas, los que no he publicado, los que he destruido y de los que no sé si quedará algo más. En esa época tuve que ejercer diversos oficios para sobrevivir y aprender algunas destrezas que me fueron muy útiles después: mecanografía, etcétera. De algunas oposiciones a las que me presenté sin estudiar y cuyos primeros ejercicios superaba con facilidad saqué la conclusión de que mi cultura general era bastante superior a la media y suficiente para superar con brillantez los test psicotécnicos; me tumbaban en las pruebas de mecanografía. Por eso aprendí mecanografía con el método ciego. Por entonces me ofrecieron trabajar en un modesto negocio de máquinas tragaperras y venta puerta a puerta para el que hacía varios trabajos, pero lo dejé, a pesar de que en ese oficio conocí a gente curiosa y me recorrí toda la provincia, alguna limítrofe e incluso llegué a Valencia. Hice un corto servicio militar en Infantería de Marina en Cartagena, y saqué la oposición en Madrid.
De mis primeros versos muy poco de ellos hay entre mis papeles, solamente lo más valioso; los restos de ese naufragio se contienen en Palabras acabadas. Por entonces finiquitaba la movida; yo iba por ahí con gabardinas, a veces una verde muy maja y larga y otras veces una azul corta. Mi siguientes libros, Zona tórrida y una colección de epigramas satíricos en prosa, Nadie lo diría, están aún inéditos, así como una novela satírica sobre un instituto de enseñanza, bastante graciosa, que creo que tendré que dejar como impublicable. El último, Contornos, todavía está terminándose. Proyecto algunos más que quizá nunca concluyan, Paradojas y Los cines de mi vida. Gané un premio de poesía en que tuve el honor de estrechar la mano sudorosa y tantas veces usada de José Bono, quien después de oír con resignación mi poema dijo algo en el sentido de que mi poesía era algo triste para que cambiara de derroteros. Se ve que a los políticos no les van las noticias tristes, ni siquiera en poesía. Qué se le va a hacer, soy un poeta elegiaco y siempre lo seré; cuando he tratado de escribir otra cosa no he podido, porque no era yo quien escribía. La verdad es que nunca he visto a políticos líricos sonando como ruiseñores. Me guardaré mucho de decir cosas gruesas contra señor tan simpático y político, tan cazurro e inteligente; solamente diré de don Pepito "pasó usted ya por casa" Bonito que cualquiera que lo heredara habría de ser sin duda alguna peor, y que no es el peor de los defectos que lo desmerecen su terrible narcisismo y su beatería insufrible de exseminarista confeso, pese a lo cual no puede aytisbarse mejor gobernante en el árido espacio de la submeseta.

viernes, 6 de junio de 2008

Estoy cansado

Es lo que decía el compañero del Instituto de Andalucía en un post anterior; pero la frase tiene su abolengo, no sólo por el poema de Luis Cernuda "estar cansado tiene plumas... estoy cansado de estar cansado", sino por la simbólica frase del gigantesco indio de Alguien voló sobre el nido del cuco, esa famosa y oscarizada película de Milos Forman, que intentaba dar una visión de lo que era la América en crisis de la época. El indio del manicomio se pasaba toda la película repitiendo monótonamente esa frase hasta que al final rompía con furia una ventana y se escapaba: era la representación del alma de Norteamérica, dormida y sin ningún propósito que la condujera a ningún "Destino manifiesto". Algo parecido le pasa a España, que no tiene ningún norte fuera de sí misma y de hacerse la puñeta en rencillas interiores constantes y continuas; debería encontrar una serie de ejes que la articularan como nación, como ya intuyó Ortega en su famoso ensayo. Y esos ejes deberían ser una serie de valores, no una serie de rencillas, como las que continuamente nos dividen por cosas como el agua, los presupuestos, los idiomas, las competencias y las gilipolleces de siempre. Algo de lo que sentirnos orgullosos porque nos hace ser más nosotros mismos. Y el orgullo legítimo se obtiene solamente de una manera: con trabajo. Es algo que no veo ni percibo en televisión, en política, en prensa, en investigación, en arte, en literatura, en enseñanza, en periodismo, en nada. Se ve que, desde el sic transit gloria mundi barroco, nos hemos echado a morir. Vale, pero, después de la muerte, ¿qué? ¿No había una resurrección? Jolines, despertarnos de la siesta nos está llevando varios siglos. Se nos pide bien poco: una buena educación, una presencia en el mundo digna, un algo de que sentirnos orgullosos. Y hasta ahora sólo podemos sentirnos orgullosos de personas como Induráin, que, esas sí, trabajan y se esfuerzan.
Y, sin embargo, la respuesta que dio el indio es a veces la única, cuando no te dejan hacer lo que quieres: escaparse por una ventana hacia un lugar más libre. Es lo que hacen los que vienen en patera hacia nuestro país; pero, nosotros, ¿qué patera debemos tomar? ¿Irnos a los bosques, como Henry David Thoreau? Nuestros queridos antepasados los han dejado todos más pelados que el cráneo de la Ocasión.

jueves, 5 de junio de 2008

Los funcionarios no lloran

Del Blog del profesor Cuyami:

Estoy cansado de escucharle a los compañeros: “Fulanito a mí me trabaja”. Estoy cansado de que no me hagan caso los alumnos, ni nadie. Estoy cansado de los dolores de garganta. Estoy cansado de escuchar que los profesores no trabajamos. Estoy cansado de que mi director tenga un horario donde no existen la mitad de sus horas. Estoy cansado de que siempre que escucho “don” sea con ironía. Estoy cansado de los consejos de muchos pedagogos, que no han entrado en un aula jamás. Estoy cansado de que los políticos se apunten tantos que no mete nadie, pero que si alguien los metiera, seríamos nosotros. Estoy cansado de solucionar robos de lapiceros y estuches. Estoy cansado de temer por la chapa de mi coche. Estoy cansado de planes absurdos como el proyecto de calidad, las ecoescuelas, los espacios de paz y todas esas sandeces que no arreglan nada. Estoy cansado de rellenar partes que no sirven y de que se critique Educación para la Ciudadanía habiendo quinientas cosas que están peor. Estoy cansado de pedirle a los alumnos que abran el libro. Estoy cansado de escuchar cómo me faltan al respeto. Estoy cansado de leer noticias de agresiones a docentes, sin que nadie haga nada. Estoy cansado de tener que coger el coche cada mañana y de conducir para llegar a mi puesto de trabajo, mientras muchos impostores aducen una comisión de servicio por enfermedades que no existen. Estoy cansado de la falta de medios, de las clases de más de treinta alumnos y de sentir que nadie me escucha mientras hablo. Estoy cansado de regañar a los hijos, de regañar a los padres y de que los segundos compren motos a los primeros para celebrar que los he suspendido. Estoy cansado de ver alumnos promocionar, sin aprobar ni el recreo. Estoy cansado de poner notas que no sirven de nada. Estoy cansado de corregir gratis pruebas extraordinarias que se inventa la Junta para engañar a la gente. Estoy cansado de perseguir a los camellos, de buscar droga en las mochilas, de descubrir a niñas embarazadas, de hacer de psicólogo, asistente social, esteticista y hombre de la limpieza. Estoy cansado de ver papeles por el suelo, de escuchar gritos en los cambios de clase, de la Ley del Menor, de las Leyes de Murphy, de ser mirado como un traidor por los alumnos y un mercenario por los padres. Estoy cansado de las promesas de la Junta, de los sindicatos, de las propuestas de los sindicatos, de las propuestas que nunca llegan a nada, de los aumentos de sueldo que nos “proponen”, de asistir al Centro por la tarde para perder mi tiempo, de los cursos del CNICE, de los cenizos cursos del CEP, de preparar actividades que los alumnos no aprecian, del lenguaje no sexista, los membretes de la Junta sobre cualquier cosa, los accidentes, las bibliotecas sin libros y los centros TIC sin demasiados ordenadores y con demasiados tics. Estoy cansado de los inspectores. Sí, estoy cansado de los inspectores. Estoy cansado de que todo el mundo le eche la culpa de todo a la educación, de que las familias se desmoronen, de llegar a punto del colapso a casa, de las ganas de matar a alguien, de no poder castrar químicamente a los futuros violadores que acosan ya a ciertas alumnas, de los padres que fuman porros delante de sus hijos, de los políticos, de todos los políticos, de absolutamente todos los políticos, de las leyes de Educación, reformas, contrarreformas, análisis e informes infumables. Estoy cansado de pasar frío en invierno, de pasar calor en verano, de la falta de corporativismo, de no ser ni tener autoridad, de que lo rompan todo, de no poder dar clases, de que los contenidos sean una anécdota porque son secundarios en Secundaria, de pedir perdón por explicar a última hora, de las programaciones y unidades didácticas, de colocar unos en vez de ceros, de ver cómo todos se cruzan de brazos, de sentir miedo, de ser engañado, de sentirme solo, de saberme sembrador en el desierto, de tantas mentiras, hipocresía, falta de educación en Educación, blasfemias, políticas e ira. Estoy cansado. Pero lo sé: son solo gajes del oficio. Los funcionarios no lloran, pero sí pagan impuestos.

Lenguajes animales

Los delfines son los únicos animales, junto con los humanos, que poseen nombres propios. Este principio de individuación ya sugiere que existe conciencia, psicología y comportamiento original en su sociedad. Y pensamiento abstracto o simbólico. Su lenguaje no es sólo vocal, también incluye signos coreográficos y todavía no ha sido adecuadamente descifrado; poseen otras capacidades cognoscitivas muy raras, como la empatía entre especies y la capacidad de imitarnos, que también tienen los simios, pero en su caso esta capacidad resulta aún más extraordinaria, porque su hábitat es completamente diferente, su físico no es antropomorfo y desde luego es absolutamente inconveniente para todo desarrollo instrumental. Su comportamiento, por lo demás, es social y organizado, poseen culturas diferentes, técnicas de pesca elaboradas, interrrelacionan fácilmente con especies inteligentes, aprenden con facilidad y su comportamiento deriva con frecuencia al humor y la ironía; más de una vez algún cuidador ha sospechado que los delfines se rien indulgentes de lo patosamente que nadan los seres humanos.

Lo que va de Lope a Shakespeare

Hay una égloga de Lope en sus Rimas intitulada Farmaceutria. Rimas es el primero de sus cancioneros petrarquistas y se encuentra muy imbuido de Manierismo, como se deja ver, al menos desde el punto de vista estilístico, por la abundancia de geometrías de diseminación y recolección y otros artificios. No abordaré el problema estructural que la denominación Cancionero petrarquista plantea, pues existen dos modos de considerar el cancionero, el italiano y el castellano, este último más atento a las estructuras métricas que a la narración de los episodios cristalizados de un solo amor. La misma heterogeneidad temática que constituye el torrencial temperamento de Lope lo hacía inclinarse por las estructuras descompensadas. Es otra cosa lo que me importa destacar en este ensayo.

Hay allí unos enigmáticos versos pronunciados ante la aparición de un espectro sobrenatural evocado por las artes de la adivinación:
Extraños y profundos / son, Tirsi, de los cielos los
secretos: / mil leguas yerra un hombre en dos segundos
La comprensión de esos versos tiene que ver con la astronomía: dos segundos de arco en la Tierra del Almagesto de Claudio Ptolomeo equivalen a un segmento de distancia muy reducido, pero cuando el ángulo se prolonga a los cielos, equivale a mil leguas. Lope experimenta un asombro ante la anomalía de la naturaleza (entendida en el sentido de entonces: todo lo sometido a corrupción, que es lo que está bajo la órbita o epiciclo de la Luna), que es la aparición de un espectro, y considera que la realidad es "más reducida" que el mundo superior divino y ultraterreno, supernatural, del que contemplamos un tenue reflejo.

Pero apenas dos o tres años antes, Shakespeare, en el Hamlet, había dicho algo muy parecido, y con igual motivo, esto es, ante la aparición de un espectro al principio de la obra, el del rey envenenado y padre del príncipe danés, por boca de este último:
Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que todas
las que pueda soñar tu filosofía
...
Las diversas versiones del texto difieren entre el teocéntrico "soñar" y el antropocéntrico "imaginar", que también tiene que ver con lo que añadiré, pero eso importa poco a lo que me propongo evidenciar: a diferencia de Lope, Shakespeare pone al mismo nivel de importancia el Cielo (o cielos, pues hay varios) y la Tierra: su asombro se reparte igual entre lo divino y lo humano, a diferencia de Lope, que es un cura asustado por los prodigios del cielo y que considera que la tierra es un débil reflejo del más allá. O al menos los sencvillos personajes pastoriles que en esta égloga logran evocar realmente el paganismo de Teócrito.

Pues bien, en los versos de Shakespeare, que ponen su asombro por igual en la tierra que en el cielo, está la reverencia de Inglaterra por el mundo material, el del comercio, el de la industria y el del dinero: la curiosidad científica, el progreso de Inglaterra, el empirismo, incluso Newton.

¿Y en los de Lope? Siento defraudar, pero en los versos de Lope la Tierra es mucho más pequeña e insignificante que el enorme Cielo, esa compleja y presuntamente perfecta máquina ptolemaica; en los versos de Lope sólo está la teología y la beatería del Siglo de Oro español, el meapilismo, la santería, la hediondez de los conventos de clausura, la Inquisición y las procesiones de disciplinantes. Qué le vamos a hacer: los españoles no creían que la Natura o Naturaleza de Lucrecio y Spinoza bajo la Luna fuera motivo de asombro, y no experimentaban curiosidad por ella, sino por el otro mundo tan temido: el error y errar del hombre en la Tierra se multiplica por un increíble factor en el Cielo, depende de él, mientras que los personajes de Shakespeare, mal que les pese, son libres para andar vagando por todo el asombro de lo humano y lo divino, con valor y sin el miedo que da el miedo que tienen los demás. La irrealidad del fantasma provoca en Lope temor, en Shakespeare asombro y curiosidad: Shakespeare penetra en el misterio catedralicio de lo irreal, Lope se queda a las puertas, santiguándose.

miércoles, 4 de junio de 2008

Dios

"Nada nace de la nada, nada vuelve a la nada", dice Lucrecio, uno de los pocos grandes poetas del ateísmo, junto con Thomas Hardy, Ludwig Feuerbach y Giacomo Leopardi. No se puede decir que leer a estos sujetos levante el ánimo, precisamente, pero también es cierto que sus palabras no defraudan si lo que se busca en ellas es la sustancia elemental de la verdad, sin la cual la vida no tiene sentido, porque entonces sería lo que decía Calderón, un sueño, o lo que querían ponerle ante los ojos a don Quijote, magia. No es ni sueño ni magia, sino un ser o no ser, una sístole y una diástole, o, más bien, esa pobre ramita de cerezo que le quedaba a Kurosawa en el primero de sus Sueños, humilde cosa, en verdad, pero algo a fin de cuentas. "los hombres mueren y no son felices", dice el Calígula de Camus. Uno va perdiendo las fuerzas, nota que las enfermedades se le tardan más en curar y va empezando a perder las cosas: la ilusión, el tiempo, el entusiasmo, la salud... Nota que los deseos son interminables o que, como dice sabiamente el Eclesiastés, "todo el trabajo de un hombre es para su boca y, sin embargo, este ansia no se sacia nunca". Muchos viejos consideran que el sentido de la vida es su pensión; yo no sé cuál es el sentido de la vida, ni siquiera de la mía; mi suegra opina que es ser querida por nosotros, lo que demuestra su grandeza de alma; yo pienso algo parecido y, como los griegos y los viejos guerreros castellanos, me gustaría morirme acompañado y sintiéndome querido, sin que nadie lamentase mi muerte, y que la gente me recordara con agrado. Es hermoso lo que hacen en Nueva Orleáns, entierros con música de jazz y banquete funeral; no sé por qué no puede ser así; las vejeces tampoco deberían ser tristes; los viejos deberían jugar con sus nietos... La pena es que los viejos de hoy se han pasado la vida siendo egoístas y de repente se encuentran sin hijos y sin nietos, porque les salía más divertido comprarse un coche deportivo o irse de juerga a Cuba. Peor para ellos: que vayan a pasárselo bien a un cementerio de automóviles o a un asilo ¿no les gustaba la soledad?

Cuando leo que Hardy describe el cielo del atardecer como una lápida de granito me siento aplastado por ella. Prefiero respirar hondo a leer mi traducción de El mundo como voluntad y como representación, que es la vieja de Eduardo Ovejero, un tomazo impresionante de mil doscientas páginas de papel biblia. ¡Y el señor Arturo tiene la jeta de decir que es "la expresión de un solo pensamiento"! La verdad es que, para decir lo que dice, podía formularlo en cien páginas, aunque sin tanta elegancia y con menos literatura y cultura. Estos alemanes no saben resumir.

Bondad

He aquí el arma que desarma, la más brutal de todas las tácticas, la que tumba al púgil más pesado, al más bestia de todos los imbéciles y al más cínico de todos los quemados. Y la que me derrota a mí.

Somos lo que nos ponemos

Atenolol y Topamax para el corazón y la tensión, Vandral 150 para la ansiedad, Nolotil para el dolor de espalda que no deja dormir, Gelidina para que la cara no se te caiga a trozos... Eso es lo fácil; lo difícil, la sonrisa campanuda e ir vestido de alguien entre los patitos guapos, patitos, dicho sea de paso, que terminan por transformarse en pajarracos de mierda, y ni siquiera mierda consistente, pura diarrea, salvo algunos que otros, muchos más de lo que parece, majos y majas que más bien recuerdan a Bugs Bunny, a Piolín o al incansable y simpático Coyote, el de moral de Alcoyano, santo patrón animal o mascota de todos los profesores.
Quienes coleccionan mierda y se quedan con ella, estercoleros humanos, se quedan siempre con lo feo de lo que leen y manchan con esa mierda a otros; los que se quedan con lo hermoso, se quedan con ello y hermosean a los demás con esa belleza; estos son los que merecen la pena, no los otros; y estos, siempre, son los pocos, no los muchos. Y no siempre los pocos son tan pocos como parecen ni los muchos tantos como suelen parecer. Hay una hermosa expresión en el Evangelio de San Mateo para definir a esos malos en un ecológico discurso de Jesús que se ve era el favorito del poverello de Asís, "sepulcros blanqueados" .
Me dirán: no eres el único en sentir ni en pensar estas cosas. Pues claro que no, pero sí soy único en una cosa: en decir por escrito algo de lo que pienso en mi entorno cercano y en que ello me importe un pimiento. ¿O no?

Reconquistar las aulas

Reconquistar las aulas

FERNANDO SAVATER El País, 03/06/2008

Quienes sólo pretendan entretenerse con morbo y cotilleo pueden dedicarse a seguir la pugna por el poder en los partidos o deleitarse con el vaivén del chiki-chiki. Pero si usted desea conocer lo que pasa realmente en este país y sobre todo lo que va a pasar mañana mismo, tiene que leer El profesor en la trinchera (La Esfera de los Libros), de José Sánchez Tortosa. El autor es un profesor de bachillerato y cuenta en su libro -estupendamente escrito, que hace reír y llorar como las mejores novelas de Dickens- la batalla más noble, silenciada y solitaria de todas: la que mantiene el maestro contra la ignorancia consentida y mimada de los alumnos en una sociedad en la que cada cual es rey y todos esclavos, o sea donde se ha olvidado la exigencia liberadora del conocimiento. No exagero la metáfora bélica: "Un aula de secundaria -dice con humor el profesor Sánchez Tortosa- es una batalla campal en la que el profesor queda relegado casi siempre al papel de mero observador de la ONU sin la cobertura de los cascos azules, al menos hasta que los guardias jurados entren en las aulas, que todo se andará".

La batalla más noble es la del maestro contra la ignorancia consentida y mimada de los alumnos
Que nadie se equivoque: Sánchez Tortosa no es un derrotista ni uno de tantos confortables apocalípticos, aunque se niegue a integrarse en el desorden vigente. Su formidable libro está lleno de pertinentes reflexiones sobre la educación (inspiradas en los mejores maestros, de Platón a Alain) y de la convicción de que es urgente e imprescindible no rendirse ante lo evidente: está decidido a seguir en la trinchera, peleando contra sus alumnos porque está de su lado. Es el verdadero gran reto de nuestras sociedades, reflejado también en la película de Laurent Cantet que acaba de triunfar en Cannes: Entre les murs. ¿Hasta cuándo el resto de la ciudadanía dará la espalda a quienes defienden y conservan lo mejor de lo que somos? Desde luego, los medios de comunicación no siempre ayudan, si hay que juzgar por series como Física y química, de Antena 3. Hace poco, la asociación de profesores ANPE ha publicado un manifiesto en defensa de la dignidad de los educadores, ridiculizados por planteamientos "antiautoritarios" que en realidad no son más que amarillismo y afán de notoriedad lucrativa.

¿Y los padres? Pues tampoco siempre reman en la dirección debida. Lo peor ahora de cierta derecha clerical no es que apoye la privatización de la enseñanza sino que por lo visto quiere la privatización de los hijos. A su modo, claro: la religión, que es un asunto de creencias familiares, exigen que se curse en la escuela; y la educación cívica, que concierne a la comunidad, hay que darla en casa. Pura lógica episcopal. Aunque el capricho todavía no se ha extendido demasiado, ya existen familias que pretenden el derecho de no enviar a los hijos a la escuela y educarlos a domicilio. En el País Vasco ha habido algún caso que ha llegado a los tribunales y que ha despertado por lo visto el apoyo conjunto del PSE y del PP: mal asunto, nunca se ponen de acuerdo cuando de verdad hace falta pero si se trata de una insensatez allá van del brazo. Según una de las madres partidarias de este método "el mejor lugar de socialización es la familia. Sólo sales a buscar a la calle lo que te falta en casa". Opino lo contrario: creo que el aula -donde deben estar juntos los que vienen de familias distintas y hasta de etnias diversas- es más educativa en sí misma, como espacio compartido, que cualquier materia que se explique en ella. La primera lección de la escuela es enseñar a los neófitos que no todo es familia y que así tendrán que vivir en adelante.

Las aulas no pueden entregarse a la desidia, al matonismo y a una indisciplina que no es creadora más que de fracaso escolar. Luchar por reconquistarlas -para empezar, reforzando la indispensable autoridad del maestro- es el principio de cualquier regeneración democrática verdadera.

lunes, 2 de junio de 2008

Dios del sufrimiento


PETER SINGER

¿El Dios del sufrimiento?

PETER SINGER El País, 01/06/2008


Vivimos en un mundo creado por un dios todopoderoso, omnisciente y absolutamente bueno? Los cristianos así lo creen. No obstante, todos los días nos enfrentamos a un motivo poderoso para dudarlo: en el mundo hay mucho dolor y sufrimiento. Si Dios es omnisciente, sabe cuánto sufrimiento hay. Si es todopoderoso, podría haber creado un mundo sin tanto dolor, y lo habría hecho si fuera absolutamente bueno.

Si Dios es bueno y todopoderoso, podría haber creado un mundo sin dolor
Los cristianos generalmente responden que Dios nos concedió el don del libre albedrío, y por lo tanto no es responsable del mal que hacemos. Pero esta respuesta no toma en cuenta el sufrimiento de quienes se ahogan en inundaciones, se queman vivos en incendios forestales provocados por un rayo o mueren de hambre o sed durante una sequía.

Los cristianos tratan de explicar este sufrimiento diciendo que todos los seres humanos son pecadores y merecen su suerte, por espantosa que sea. Pero los bebés y niños pequeños tienen las mismas probabilidades que los adultos de sufrir y morir en desastres naturales y parece imposible que lo merezcan.

Una vez más, algunos cristianos sostienen que todos hemos heredado el pecado original cometido por Eva, que desafió el decreto de Dios de no comer del árbol del conocimiento. Esta es una idea repelente por partida triple, ya que implica que el conocimiento es malo, que desobedecer la voluntad de Dios es el mayor de todos los pecados y que los niños heredan los pecados de sus antepasados y pueden ser justamente castigados por ellos.

Aun si aceptáramos todo esto, el problema sigue sin solución. Los animales también sufren a causa de las inundaciones, incendios y sequías y, puesto que no descienden de Adán y Eva, no pueden haber heredado el pecado original.

En tiempos pasados, cuando el pecado se tomaba más en serio que hoy en día, el sufrimiento de los animales planteaba un problema particularmente difícil a los pensadores cristianos. El filósofo francés del siglo XVII René Descartes lo resolvió mediante el drástico recurso de negar que los animales puedan sufrir. Sostenía que los animales eran simplemente mecanismos ingeniosos y que no se debían tomar sus chillidos y contorsiones como señal de dolor, de la misma manera que no se toma el ruido de un reloj despertador como señal de que tiene conciencia. Es poco probable que las personas que tienen un gato o un perro encuentren convincente ese argumento.
El mes pasado, en la Universidad de Biola, una escuela cristiana en el sur de California, debatí la existencia de Dios con el comentarista conservador Dinesh D'Souza. En los últimos meses, D'Souza ha insistido en discutir con ateos prominentes, pero a él también le costó trabajo encontrar una respuesta convincente al problema que he descrito.

Primero dijo que puesto que los seres humanos pueden vivir eternamente en el cielo, el sufrimiento de este mundo es menos importante que si nuestra vida en este mundo fuera la única que tuviéramos. Eso sigue sin explicar por qué un dios todopoderoso y absolutamente bueno lo permitiría. Por insignificante que sea este sufrimiento desde la perspectiva de la eternidad, el mundo estaría mejor sin él, o al menos sin la mayor parte de él. (Algunas personas afirman que necesitamos algo de sufrimiento para apreciar lo que es ser feliz. Tal vez, pero ciertamente no necesitamos tanto).

A continuación, D'Souza adujo que como Dios nos dio la vida, no estamos en condiciones de quejarnos si no es perfecta. Utilizó el ejemplo de un niño nacido sin una pierna. Dijo que si la vida en sí misma es un don, no se nos hace un daño si recibimos menos de lo que podríamos desear. En respuesta, señalé que nosotros condenamos a las madres que dañan a sus bebés mediante el uso de alcohol o cocaína durante el embarazo. No obstante, ya que le dan la vida a sus hijos, parece que según la opinión de D'Souza lo que hacen no tiene nada de malo.

Por último, D'Souza recurrió, como lo hacen muchos cristianos cuando se les presiona, a la afirmación de que no podemos esperar entender los motivos de Dios para crear el mundo tal como es. Es como si una hormiga tratara de entender nuestras decisiones, por lo insignificante que es nuestra inteligencia en comparación con la infinita sabiduría de Dios. (Ésta es la respuesta que se da de forma más poética en el Libro de Job). Pero una vez que abdicamos así de nuestra capacidad de raciocinio, bien podemos creer lo que sea.

Además, la afirmación de que nuestra inteligencia es insignificante en comparación con la de Dios presupone exactamente el punto que se está debatiendo: que existe un dios omnisciente, omnipotente y absolutamente bueno. Las evidencias que tenemos ante nuestros propios ojos indican que es más razonable creer que el mundo no fue creado por dios alguno. Si de cualquier forma insistimos en creer en la creación divina, nos vemos obligados a admitir que el dios que creó el mundo no puede ser todopoderoso y absolutamente bueno. O es malvado o no es muy hábil.

Peter Singer es profesor de bioética en la Universidad de Princeton. © Project Syndicate, 2008. Traducción de Kena Nequiz.

domingo, 1 de junio de 2008

Amy Winehouse

Pobre muchacha, fruto de la conjunción entre un taxista y una farmacéutica, tan joven, feúcha, judía, negra y frágil, y ya al borde del precipicio. Melosa y vulgar, fuma trescientos euros de marihuana a la semana, se hunde en un mar de crack, revuelto de droga, alcoholismo, sexo, anorexia y bulimia y, para colmo, la llaman heredera del soul y vende ocho millones de discos después de una trayectoria escolar de impecables expulsiones, magníficos desórdenes y jaleados suspensos, aun tocada por la gracia de una voz celeste y unas letras de calleja. La taladrada y tatuada Amy Winehouse llama vieja señorita a Madonna y da un concierto de una hora en Lisboa esquelética y como salida de Auchwitz, borracha y tambaleante. Le meten el marido en el saco y se deprime más, resacona, con la ropa puerca, suicidosa y automutilada, con cinco premios grammys en la bañera, necesita ayuda o se nos va, y muy deprisa, lo que sería una pena, porque parece ser que el duende ha herido a esta pobre chica en lo más profundo de su ser. Su disco: Retorno a lo oscuro.
Excerpta de sus cancionciejas:
"No aprendí demasiado en la escuela,
y sé que no aprenderé de un vaso de chupito"
"Me he desmayado, pero cuando recobro el sentido
ni me doy cuenta, ni me doy cuenta, ni me doy cuenta"
"No hay amor mayor
que el que yo siento para usted,
ningún más dulcemente"
"Tienes el tejano tan ajustado
que no te puedes sentar"
"Cómprese su propia cizaña y cáguese hacia abajo"
"Confuso entiendo a un hombre
si camino en sus zapatos"
"Me gustaría poder decir que mi corazón se rompe
como al principio hizo,
pero es que además creció:
ya no canta el ruiseñor"
"El amor es una carta mala
para un juego ya perdido,
más de lo que pude soportar"
"Todo lo que te seré
es la oscuridad que ambos conocemos
y la culpa a que me tengo que acostumbrar"
"Él se aleja,
el sol se pone
y se toma el día;
pero soy grande,
y en tu camino,
mi sombra honda,
mis lágrimas se secan solas.
Así que somos historia,
tu sombra me cubre,
el cielo arriba
es un incendio"
"Pronto seré la otra mujer del próximo hombre"
"Por lo menos no estoy bebiendo,
discurro y doy vueltas para no tener que pensar"
"Él me inunda con el miedo
empapado en el alma,
él nada en mis ojos por la cama
me vierte encima de él"
"Ya no tengo que preguntarme dónde está,
se ha puesto tan enfermo de grito últimamente..."
"Pongo el corazón en hora en el segundo que paro los sueños"
"cuando se apaga la luz no puedo encender el frío del funcionamiento de mi sangre"

sábado, 31 de mayo de 2008

El Constitucionalismo de Pedro Estala

Las ideas constitucionales antiguas de los manchegos no son muy diversas entre sí: las de Arroyal, las de Mejía y las del ilustrado daimieleño Pedro Estala, un canónigo masón y afrancesado, son muy parecidas a las de Mejía. Cuando escribió El Imparcial en 1809 las divulgó a través de dos artículos principalmente, uno, incluido en el número primero, intentaba sentar la verdad de que la Constitución de Bayona había venido a restaurar las libertades perdidas por obra de las últimas dinastías de reyes españoles. Así, Jean Baptiste Busaal afirma en su "Le règne de Joseph Bonaparte: une expérience décisive dans la transition de la Ilustración au Libéralisme Modéré", en Historia Constitucional, número 7 (Septiembre 2006), párr. 28-30, que "l’afrancesado en abordant la question des origines anciennes de la liberté espagnole s’inscrivait pleinement dans le débat constituant de la crise de la Monarchie dont ce thème constituait un enjeu central". Como la mayor parte de sus contemporáneos favorables a las reformas, el excanónigo vuelto periodista consideraba que los españoles habían tenido ya una Constitución, «esto es, aquellos fueros o leyes fundamentales que ataban las manos a los príncipes». Gracias a los legendarios fueros de Sobrarbe, Aragón properó hasta que Felipe II, incitado por la Inquisición, impuso su tiranía. No quedaban más que unas migajas de la de Navarra, recuerdo antiguo de la de Castilla, perpetuado por el fantasma de las Cortes y si la "provincia" vasca estaba en calma, era porque la suya era la única aún en pie. Los Borbones terminaron de instalar la opresión y desde entonces la caída de España no pareció tener fin. Pero gracias «a la generosidad del gran Napoleón», las libertades se restablecieron y el buen gobierno no dependía ya de la personalidad del titular de la función real. El artículo termina con la promesa de un análisis, que no llegó a presentarse jamás, de los artículos de esta Constitución. El segundo artículo, sobre el Patriotismo, exponía las ventajas de la libertad de los modernos; la Patria que la nueva constitución había creado verdaderamente sería «aquel país nativo del hombre, que le proporciona todas las ventajas de una sociedad bien arreglada, y [le permite] gozar de sus derechos imprescriptibles ». La máxima política que guiaba en el pasado el poder hacía del rey el dueño de la vida y de los bienes, lo que volvía ilusorios todos los derechos individuales, sin contar que todo espíritu de protesta era extiguido por la ausencia de garantía jurídica para el goce de sus rentas. Los «prodigios de una constitución liberal» convencerían a los escépticos con una libertad individual asegurada, una justicia imparcial y el fin de las exacciones económicas.

viernes, 30 de mayo de 2008

Treinta de mayo

Hoy es treinta de mayo; he estado pensando de qué podría escribir en la bitácora hoy; volví a ver mi escena favorita de Mulholland Drive, de David Lynch, la del teatro de las sombras, donde se dice aquello de "No hay orquesta. Todo está grabado" y contemplé después lo que da a entender cuán frecuentemente nos olvidamos de que "todo está grabado" por el destino y que, por tanto, nada tiene sentido ni origen, y nada "merece la pensa", ni siquiera el sufrimiento, porque no es real, sino simulacro o ilusión. ¿Estamos separados de algo más auténtico o sencillamente distinto? La barrera puede ser, para los sentimientos, la juventud, que nos separa de la inocencia; puede ser, en abstracto, la muerte. He podido sacar algo en limpio de ese cine, tan lírico en su sustancia, de David Lynch, de sus símbolos (la luz, el sonido, los pájaros, los micrófonos, las carreteras, las casas en llamas, las filas de ventanas sombrías), sus alegorías, sus personajes intercambiables, sus aparentemente confusas estrategias narrativas etcétera. Los poetas nos leemos, bien o mal, unos a otros; y Lynch, pintor y cineasta, es sobre todo un poeta.
Luego recordé una frase que oí en una película mala: "El amor es lo que hacemos con él"; las frases así se me suelen quedar pegadas; a las cornejas y a los cuervos les pasa igual, llevan a sus nidos todo lo que ven relucir en sus largos vuelos por lo alto; los artístas plásticos también reúnen en sus estudios los cacharros cuyos brillos, colores o texturas les impresionan e intentan reproducir. Los adoptan como partes de su mundo; muchas veces, sencillamente, porque son bolos alimenticios que no han terminado de digerir, y necesitan más procesamiento: de algún modo han impresionado simultáneamente muchos niveles de atención, no necesariamente consciente, en la conciencia, y necesitan procesar el elemento extraño con cuidado para sacarle todo su jugo, toda la sustancia que puede añadir nuevos colores a su universo, aprovecharlo como material de algo más grande o hacerlo fructificar como una semilla en el jardín -o en la selva, si uno es muy desordenado- que constituye el propio mundo de uno. En consecuencia, pensé en glosarla un poco; pero tampoco me sentía con ganas; me parecía como un deber escolar poco emotivo.
Por fin vine a parar en mi madre, mater dolorosa, como la de la pieza inmortal de Pergolesi, en quien no suelo pensar, no ya por sufrimiento, sino porque siempre la he tenido presente -soy mis padres, pues de ellos vengo y con ellos me crié-. Nació en este día, en que fue quemada Juana de Arco. Y yo, emperador de siete pies de tierra manchega, o, ya que soy tan alto, un poco más, quise hacer el mismo ejercicio de honestidad que el emperador Marco Aurelio, quien, en sus Meditaciones, hacía la larga lista de todo lo que le debía a sus familiares genesíacos y adoptivos, así como a esos otros familiares, los educadores y los amigos; dones que no eran sólo positivos, si os fijáis, sino negativos: de algunos aprendía también lo que no debía ser, postura muy sensata, que ya recomendaban los egipcios: "Para saber no preguntes sólo al que sabe, sino también al que no sabe". El que no sabe también puede ser un magnífico profesor. No incluía anécdotas específicas, sino, a causa del prejuicio retórico de uno de los progymnasmata del que ya no me acuerdo, las virtudes abstractas que creía dignas de imitar y de que le habían sido ejemplo, aunque muy personalizadas. ¿Qué le debo a mi madre, qué a mi padre? ¿Qué soy ahora que ellos han sido? ¿De qué manera siguen viviendo en mí?He mascado esto antes, en mis largos pero furiosos silencios de giro interior. Mi padre construía casas y maquetas, yo construyo libros; mi padre se sintió toda su vida marginado por su padre; yo también; mi padre nunca recibió apoyos ni aprecios de su padre; yo tampoco, aunque sé que, un poco a su modo, me apreciaba, y me llevaba al campo con sus casetes de flamenco y su sábana de nicotina, a recoger setas, a ver pueblos, a pasear por el campo simplemente, recorriéndonos toda la provincia de esa manera, desde el puerto de Niefla a las Minas de Almadén o las tablas de la Yedra; respetaba los libros, de que me permitió tener larga cuenta, pero le seducían más los circuitos y las radios de galena que mi despabilado hermano le construía; yo era el raro, el niño fugitivo, el disgusto que di cuando me marché de casa en Jaén cuando tenía apenas unos años; no lo recuerdo, pero me lo han dicho; más de una vez me volví a perder y me volví a encontrar extraviado entre jardines de rosas giennenses, yo, el niño oculto en las montañas de leña de olivo que quemaban por San Antón; yo, el que dibujaba submarinos de tiza en la calle para que los borrara la lluvia cuando en la tele echaban Tierra de gigantes y Viaje al fondo del mar... El que leía todo lo que encontraba a su alcance, el que se extasiaba viendo a Zaqueo subido en una higuera en el libro de religión, el que escuchaba la voz de los monstruos en el viento y en el agua, y oía arañar a las sombras en los cristales de la escuela, el que paseaba por las arenas y las montañas de ladrillos de las obras a oscuras y se internaba en la oscuridad en busca de grillos misteriosos, o jugaba con chapas de cervezas El Alcázar en las aceras, el que dormía en el suelo y se iba a buscar renacuajos al río, el que escalaba pedruscos y se metía en las zanjas, el que combatía a pedrada limpia con los del barrio de Peñamefeci, el que cavaba tumbas a gatos muertos y curioseaba entre las botellas de cerveza y las barras de hielo de los bares, el que se quedaba a pasarle la mano a la perra Linda, el que se abrió la cabeza al caerse de la escalera, el que se escondía en cajas de cartón y corcho blanco, el que levantaba míseras cabañitas de vigas de madera el año en que vivió en Elizondo, entre bosques llenos de duendes y ortigas y cementerios pequeños con ataúdes blancos...
He saltado la valla de la infancia y me ha vuelto a salir el hilo lírico; no he podido cumplir con mi voto de analizar las versiones de mis padres que tengo en mí. En otra ocasión lo continuaré, mientras lo maduro más.

miércoles, 28 de mayo de 2008

El cuestionario de Eulogia Montero

Eulogia Montero, una señorita de fines del XIX, tenía un álbum que hacía firmar a los hombres de mérito que visitaban su casa o iba a ver; en él había un cuestionario muy parecido al de Proust que tanto gustaba a Bernard Pivot. Se trata de escoger entre
1: Las virtudes:
2: Los personajes históricos:
3: Los poetas:
4: Los nombres propios:
5: Los colores:
5: Las diversiones:
6: Los manjares:
7: Las ocupaciones:
8: Las flores:
9: Los pueblos:
10: Las estaciones del año:
11: Los tipos de raza o provincia:
12: ¿Qué es lo que más te hace gozar?
13: ¿Qué es lo que más te hace sufrir?
14: ¿Cuál es tu proverbio favorito?

El argumento de Elorriaga

Desde un punto de vista meramente retórico, Elorriaga, en su artículo contra Rajoy, usa un argumento conocido y típicamente político de una nueva manera interesante, la demonización, invirtiéndolo como divinización:

Afirmar algo cuyo contrario es un absurdo es un recurso fácil habitualmente utilizado por los políticos de oficio. «Quiero mejorar el nivel de vida de los españoles» es un ejemplo simple de lo que digo. Nadie en su sano juicio, cualquiera que fuese su ideología o estrategia, podría afirmar que su proyecto busca empeorar el nivel de vida de sus compatriotas. «Debemos bajar los impuestos», por ejemplo, sí constituye un compromiso político diferenciador de los partidos de centro derecha puesto que subirlos ha formado parte consustancial de la ideología socialdemócrata europea durante las últimas décadas. Cuando quedan menos de cuatro semanas para que se celebre el XVI Congreso Nacional del Partido Popular, proclamar con solemnidad que se quiere un partido unido e integrado, capaz de ganar las próximas elecciones, forma parte del primer grupo de afirmaciones; ningún dirigente, militante o simpatizante podría asumir lo contrario. El debate, por lo tanto, se hace incomprensible cuando gira en torno a lo evidente y constituye una obligación -o al menos así me lo parece- el intentar clarificar de qué estamos discutiendo.

Así pues, afirmar algo cuyo contrario es un absurdo refuerza siempre una posición y transforma siempre nuestro lugar de mando en divino e inatacable: son argumentos propios de dioses indiscutibles, porque cualquiera que los rebate queda al momento clasificado como demonio feo, malo y traidor.

martes, 27 de mayo de 2008

Nietzsche

Nietzsche está muy presente todavía en nuestra cultura; en el cine, por ejemplo, a través de cineastas como John Milius o en la película El muro de Alan Parker. Nuestro modesto Nietzsche, domestiquillo y gris, es Savater. Se suelen citar muchos mantras de Nietzsche, pero es un autor amante del fragmentarismo y suele más desorientar que guiar si no se conocen las líneas generales de su pensamiento, en muchos sentidos próximo (pero también opuesto) a Rousseau, y más bien cercano a Emerson, al que admiraba (de él tomó seguramente su nihilismo vitalista y positivo), y, sobre todo, a su más importante discípulo, el filósofo anarquista norteamericano Henry David Thoreau; pero el alemán ha sido desfigurado e interpretado con una violencia que él mismo habría detestado, aunque esta se encuentra implícita en alguna de sus manifestaciones -la metamorfosis central en hombre-león, la filosofía del martillazo-.

Esas líneas son la voluntad de poder o reducción del ser al valer, la oposición entre el vitalismo dionisiaco y el intelectualismo apolíneo, el eterno retorno, el ateísmo, la transmutación de los valores (para Nietzsche, la ética no tiene solo los dos sentidos del bien y del mal, sino los de la rosa de los vientos y los del planisferio astronómico, y un solo indicador, el individuo), la triple metamorfosis del hombre camello en hombre león y en sobrehombre niño, la estética del juego; todavía recuerdo lo que me costó digerir El anticristo, donde, por cierto, se contienen algunas de las claves que permiten entender mejor El árbol de la ciencia de mi leidísimo Pío Baroja, con ser, sin embargo, un libro fundamentalmente schopenhaueriano, como ha demostrado Inman Fox. Recuerdo esa frase que me iluminó tanto sobre el sentido de la poesía como reafirmación: "Solamente el arte transforma la realidad en algo que se pueda soportar", por eso proclamaba que, sin arte, la vida sería un error: es una de las cosas que nos hace nosotros, humanos: "El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza" es solo una reformulación de uno de los principios de Feuerbach, a quien se le considera más como filósofo que como poeta, siendo también un lírico excelente, uno de los mejores del ateísmo. Lo de que "toda convicción es una cárcel" y que "Fe significa no querer saber la verdad" es bastante cierto, pero habría que puntualizar que es una elección posterior a la verdad. Lo de que "el sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse" es bastante verosímil; a veces pienso que, si no diera tantos problemas, más de uno se castraría con gusto con tal de quitarse esa lata de encima y sus grotescas obligaciones. Que "la guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido" no es sino la anotación que podría haber hecho el observador de cualquier guerra: véase por ejemplo Irak. "El matrimonio acaba muchas locuras cortas con una larga estupidez"; vaya; ya tenemos aquí la fuente del pensamiento de Ortega y Gasset en Del amor: "el amor es un estado de estupidez transitoria". "El remordimiento es como la mordedura de un perro en una piedra. Una tontería"; cierto, pero, ¿por qué somos tan tontos?
"La demencia en el individuo es algo raro; en los grupos, en los partidos, en los pueblos, en las épocas, es la regla". Se nota que es alemán. "Nada más hipócrita que la eliminación de la hipocresía"; "la mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo." Estamos de acuerdo; quitarse la careta es solo inventarse otra un poco más fina y nueva para que dure más. "Todo idealismo frente a la necesidad es un engaño" ¿Nietzsche era un político? No debía de serlo, cuando acuñó una de las frases parafraseadas por los de mayo del 68: "Los que más han amado al hombre le han hecho siempre el máximo daño. Han exigido de él lo imposible, como todos los amantes".

La investigación

Cuando me releo pienso que el individuo que escribe tales cosas debe ser un ratón de archivo de cuidado, y me doy miedo a mí mismo, joder, e incluso siento un cierto rechazo. Uno termina por volverse tan ridículamente complejo que ya sólo obedece a las directivas del Caos, una especie de monstruo Demogorgon con un solo ojo y mil pies, manos y cabezas, que anda buscando por la noche de la conciencia no se sabe qué. Más de una vez suelo decir que envidio a esa gente ordenada que, gracias a su facilidad para ponerlo todo en el lugar de su sitio, es capaz de sacarle el máximo rendimiento a su trabajo y por eso no tiene necesidad de esforzarse tanto. Yo, por el contrario, que trabajo tanto, -aunque no siempre en lo que me conviene, a causa de un curioso trastorno de la personalidad- si además hubiera sido ordenado hubiera sido un auténtico monstruo y me habría dejado mucho menos en el tintero de lo que me he dejado. Pero habría perdido parte de mi olfato investigador y de mi talento creativo, disposiciones que no se alimentan precisamente con razonamientos cuadriculados y académicos. Es que la curiosidad no sirve para ordenar estanterías y cerrar armarios, sino para revolverlos y confundirlos, para hacer un solo libro de todos los libros, para pegar con cola en un solo jarrón todas las ánforas rotas. Eso permite desenterrar cosas nuevas y encontrar insólitas conexiones con las antiguas; es lo que encuentro reconfortante en la investigación; pero son frutos que se recogen tras años de voluntad ciegamente sostenida y de obsesión sin descanso. Es muy fácil romperlo todo en pedazos; lo realmente difícil es sacar lo valioso de toda esa fragmentación y construir una interpretación con ella; y ese talento creo poseerlo yo; a él he consagrado mi vida y casi todo el tiempo que poseo; la lástima es que creo que me moriré sin poder poner por escrito todo lo que he llegado a saber y, sobre todo, mucho de lo que he llegado a intuir. Y es en estas ultimidades cuando llego a echar realmente de menos un poco de orden en mis ideas, en mis trabajos, en mis horarios, en mis notas... En realidad, gran parte de mis libros han logrado salir a flote quizá gracias a la presión de mi mujer, que es una ordenancista de cuidado, la desatascadora de mis bloqueos y la que echa a andar muy a menudo mis engranajes y mis muelles, con frecuencia oxidados por la depresión y el existencialismo.

Para mí, entrar en el siglo XVIII o el XIX y ponerme a escribir es como posar ante una cámara fotográfica: me paraliza como el susto fosfórico del arácnido flash; después, tengo que hacer un esfuerzo, tragar saliva, musitar débilmente "no, no" y sumergirme igual que un buzo de fines del siglo XIX, con una pesada escafandra y un cinturón de onzas de plomo, en un océano en su mayor parte desconocido y sólo en una muy pequeña intuido y apenas conocido, respirando el aire contado de una bomba manual. Al poco de estar paseando por el fondo desbrozando malezas marinas, me acomete la borrachera de las profundidades y no quiero salir de ahí; me tiran del cable, pero no salgo. No puedo, no quiero salir. Me tienen que arrastrar fuera del despacho forrado de libros y del ordenador a las tantas de la noche para poder dormir algo, y aun me olvidaría de comer, porque en el fondo del océano ni siquiera siento hambre: sólo el tirón insaciable de la curiosidad. En el fondo del océano, me transformo en un tiburón de datos e historias. Y, cuando me sacan del agua, no puedo nadar, me asfixio, pienso que estoy en otro mundo y mi mirada se pone vidriosa: soy un pez fuera del agua.

El alguacil Lampiños

Ha sido descubierto, entre varios dibujos extraviados de Goya en el último tercio del siglo XIX, uno especialmente interesante y titulado El aguacil Lampiños cosido dentro de un caballo muerto; lo dibujó Goya entre 1812 y 1820 y pertenece (como Arrepentimiento) al álbum F, también llamado Imágenes de España. En El aguacil... se lee un texto de su puño y letra que adelanta la intención del pintor:

"En Zaragoza, a mediados del siglo pasado, metieron a un aguacil llamado Lampiños en el cuerpo de un rocín muerto y lo cosieron; toda la noche se mantuvo vivo". El tal aguacil era el azote de estudiantes, prostitutas y mujeres guapas en general. Para vengarse lo atraparon y lo cosieron dentro de un caballo (previamente vaciado). Allí aguantó toda la noche vivo. Le dieron la estocada inyectándole cal viva en sus partes nobles.

Un ejemplo de carpetovetonismo español y de brutalidad pueblerina muy típico.

En culipardo


Hay algunos de mis alumnos, los que son unos auténticos censos, que no lo entienden ni aunque se lo digan en culipardo: hay que dejar de ser unos ralencos tiestos y pellejos y dejarse de frascadas y de pretender a desoficiado si no quieren terminar siendo unos solpuestos que se pasan el tiempo moneando y sornagueando a los padres como unos senses.

Imagine

Imagine

ALMUDENA GRANDES El País, 26/05/2008

Imagínese que un día le roban por la calle. Usted no se da cuenta, porque no le quitan mucho dinero. Pero imagínese que, al mismo tiempo, roban a su pareja, a sus padres, a sus hijos, a sus amigos, a sus colegas, a todas las personas con las que pueda cruzarse por la calle cualquier día. A todos les quitan unos pocos euros, y ninguno de ustedes se da cuenta. Ahora imagínese que le presentan al ladrón, y que él le explica que el dinero que le ha robado se lo va a dar a un señor al que le viene muy bien para hacer un negocio. Imagine cómo se sentiría usted, qué opinión tendría del ladrón original y de su amiguete empresario.

En El Álamo han convertido las antiguas escuelas en una biblioteca. El edificio, de ladrillo rojo y estirpe institucionista, conserva una placa en recuerdo de dos hermanas, maestras, que regalaron al Ayuntamiento el terreno preciso para edificarlo hacia 1920. En El Álamo, en 2008, la Comunidad de Madrid ha decidido privatizar un colegio público cuya construcción costó 200 millones de euros, y lo ha puesto a la venta en unas condiciones estupendas para que algunos señores hagan un buen negocio. Esos 200 millones de euros son suyos, y míos, y de su pareja, y de sus vecinos. Nos los han robado por la cara, pero en lugar de chillar, correr, e ir a poner una denuncia, usted está en su casa, tan tranquilo.

¿Por qué? ¿Es que no comprende que el dinero público es suyo, que los servicios públicos le pertenecen, que si hoy es el colegio de El Álamo, mañana será la monitora de yoga de su madre, y pasado el traumatólogo de su centro de salud? Mientras busca la respuesta, le propongo un último ejercicio. Imagine un país que experimentó un impulso tan formidable de fe en el progreso, que edificó colegios públicos con donaciones privadas. Réstele el país en el que vive, y saque usted sus propias conclusiones.

domingo, 25 de mayo de 2008

Otra voz, la del cardenal filólogo Martini, contra el infalible delantero centro del Cristianismo

Martini pide la reforma de la Iglesia

El influyente cardenal elogia a Lutero, defiende el debate sobre el celibato y la ordenación de mujeres y reclama una apertura del Vaticano en materia de sexo

JUAN G. BEDOYA - Madrid - 25/05/2008

"La Iglesia debe tener el valor de reformarse". Ésta es la idea fuerza del cardenal Carlo Maria Martini (Turín, 1927), uno de los grandes eclesiásticos contemporáneos. Con elogios al reformador protestante Martín Lutero, el cardenal le pide a la Iglesia católica "ideas" para discutir hasta la posibilidad de ordenar a viri probati (hombres casados, pero de probada fe), y a mujeres. También reclama una encíclica que termine con las prohibiciones de la Humanae Vitae, emitida por Pablo VI en 1968 con severas censuras en materia de sexo.

"Ha habido una época en la que soñé con una Iglesia en pobreza y humildad"

El cardenal Martini ha sido rector de la Universidad Gregoriana de Roma, arzobispo de la mayor diócesis del mundo (Milán) y papable. Es jesuita, publica libros, escribe en los periódicos y debate con intelectuales. En 1999 pidió ante el Sínodo de Obispos Europeos la convocatoria de un nuevo concilio para concluir las reformas aparcadas por el Vaticano II, celebrado en Roma entre 1962 y 1965. Ahora vuelve a la actualidad porque se publica en Alemania (por la editorial Herder) el libro Coloquios nocturnos en Jerusalén, a modo de testamento espiritual del gran pensador. Lo firma Georg Sporschill, también jesuita.

Sin tapujos, lo que reclama Martini a las autoridades del Vaticano es coraje para reformarse y cambios concretos, por ejemplo, en las políticas del sexo, un asunto que siempre desata los nervios y las iras en los papas desde que son solteros.

El celibato, sostiene Martini, debe ser una vocación porque "quizás no todos tienen el carisma". Espera, además, la autorización del preservativo. Y ni siquiera le asusta un debate sobre el sacerdocio negado a las mujeres porque "encomendar cada vez más parroquias a un párroco o importar sacerdotes del extranjero no es una solución". Le recuerda al Vaticano que en el Nuevo Testamento había diaconesas.

Son varios los periódicos europeos que ya se han hecho eco de la publicación de Coloquios nocturnos en Jerusalén, subrayando la exhortación del cardenal a no alejarse del Concilio Vaticano II y a no tener miedo de "confrontarse con los jóvenes".

Precisamente, sobre el sexo entre jóvenes, Martini pide no derrochar relaciones y emociones, aprendiendo a conservar lo mejor para la unión matrimonial. Y rompe los tabúes de Pablo VI, Juan Pablo II y el papa actual, Joseph Ratzinger. Dice: "Por desgracia, la encíclica Humanae Vitae ha tenido consecuencias negativas. Pablo VI evitó de forma consciente el problema a los padres conciliares. Quiso asumir la responsabilidad de decidir a propósito de los anticonceptivos. Esta soledad en la decisión no ha sido, a largo plazo, una premisa positiva para tratar los temas de la sexualidad y de la familia".

El cardenal pide una "nueva mirada" al asunto, cuarenta años después del concilio. Quien dirige la Iglesia hoy puede "indicar una vía mejor que la propuesta por la Humanae Vitae", sostiene.

Sobre la homosexualidad, el cardenal dice con sutileza: "Entre mis conocidos hay parejas homosexuales, hombres muy estimados y sociales. Nunca se me ha pedido, ni se me habría ocurrido, condenarlos".

Martini aparece en el libro con toda su personalidad a cuestas, de una curiosidad intelectual sin límites. Hasta el punto de reconocer que cuando era obispo le preguntaba a Dios: "¿Por qué no nos ofreces mejores ideas? ¿Por qué no nos haces más fuertes en el amor y más valientes para afrontar los problemas actuales? ¿Por qué tenemos tan pocos curas?"

Hoy, retirado y enfermo -acaba de dejar Jerusalén, donde vivía dedicado a estudiar los textos sagrados, para ser atendido por médicos en Italia-, se limita a "pedir a Dios" que no le abandone.

Además del elogio a Lutero, el cardenal Martini desvela sus dudas de fe, recordando las que tuvo Teresa de Calcuta. También habla de los riesgos que un obispo tiene que asumir, en referencia a su viaje a una cárcel para hablar con militantes del grupo terrorista Brigadas Rojas. "Los escuché y rogué por ellos e incluso bauticé a dos gemelos hijos de padres terroristas, nacidos durante un juicio", relata.

"He tenido problemas con Dios", confiesa en un determinado momento. Fue porque no lograba entender "por qué hizo sufrir a su Hijo en la cruz". Añade: "Incluso cuando era obispo algunas veces no lograba mirar un crucifijo porque la duda me atormentaba". Tampoco lograba aceptar la muerte. "¿No habría podido Dios ahorrársela a los hombres después de la de Cristo?" Después entendió. "Sin la muerte no podríamos entregarnos a Dios. Mantendríamos abiertas salidas de seguridad. Pero no. Hay que entregar la propia esperanza a Dios y creer en él".

Desde Jerusalén la vida se ve de otra manera, sobre todo las parafernalias de Roma. Martini lo cuenta así: "Ha habido una época en la que he soñado con una Iglesia en la pobreza y en la humildad, que no depende de las potencias de este mundo. Una Iglesia que da espacio a las personas que piensan más allá. Una Iglesia que transmite valor, en especial a quien se siente pequeño o pecador. Una Iglesia joven. Hoy ya no tengo esos sueños. Después de los 75 años he decidido rogar por la Iglesia".

Nunca más el 'error Galileo'

El cardenal Martini se empeñó siempre en establecer un terreno de discusión común entre laicos y católicos, afrontando también aquellos puntos en los que no hay consenso posible. Con esa intención abrió uno de los debates más sabrosos entre intelectuales contemporáneos, publicado en 1995 en Italia con el título In cosa crede qui non crede? (¿En qué creen los que no creen?). Se trataba de una serie de cartas cruzadas entre el cardenal y Umberto Eco, sobre temas como cuándo comienza la vida humana, el sacerdocio negado a la mujer, la ética, o cómo encontrar, el laico, la luz del bien. Un sector de la jerarquía católica asistió a la controversia con indisimulada incomodidad, pero una década después, el mismísimo cardenal Joseph Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI, afrontó un debate semejante con el filósofo alemán Jürgen Habermas sobre la relación entre fe y razón.

Lamentó en 1995 el cardenal Martini que su iglesia viviera sumida en "desolada resignación respecto al presente". También se sinceró ante Eco sobre el miedo a la ciencia y al futuro. Entonces lo hizo "con tesoros de sutileza", reconoció él mismo. Ponía por testigo la prudencia de Tomás de Aquino en semejantes compromisos, por miedo a Roma, que a punto estuvo de castigar a quien ahora es uno de sus guías más ilustres

El cardenal, ya jubilado -es decir, más libre que cuando ejercía responsabilidades jerárquicas-, se expresa en el nuevo libro con la sutileza que usó en el debate con Umberto Eco, pero pone sobre la mesa puntos de vista sorprendentes para sus pares, como el contror de la natalidad y los preservativos. Suenan también como trallazos sus elogios a Martín Lutero y el desafío a Roma para que emprenda con coraje algunas de las reformas que en su tiempo reclamó el fraile alemán.

En el trasfondo de sus manifestaciones de ahora, donde el cardenal aparece a veces angustiado - con un sentimiento más trágico de su fe-, surge el debate interminable del enfrentamiento de la Iglesia de Roma con la ciencia y el pensamiento modernos. Nuevamente, es un jesuita quien vuelve a plantear la discusión, con disgusto del Vaticano. La ventaja de Martini es que no está ya al alcance de ninguna pedrada. El también jesuita George Tyrrell, el erudito tomista irlandés, fue castigado sin contemplaciones y suspendidido de sus sacramentos. Incluso se le negó sepultura en un cementerio católico cuando falleció en 1909. Su pecado: reivindicar, como Martini, el derecho de cada época a "adaptar la expresión del cristianismo a las certidumbres contemporáneas, para apaciguar el conflicto absolutamente innecesario entre la fe y la ciencia, que es un mero espantajo teológico".

Lo que buscan todos estos pensadores católicos es espantar cualquier riesgo de cometer otra vez el error Galileo. Es otra de las exigencias del cardenal.

Warren Buffet, un millonario de los que hacen falta

"Cuentan que Warren Buffet (Omaha, Nebraska, 1930), el hombre más rico del mundo, irrumpió un día en su oficina de Berkshire Hathaway -el conglomerado desde el que controla sus participaciones en la propia Coca-Cola, American Express y 74 compañías más- y preguntó a sus 19 empleados cuántos impuestos pagaban. Nadie, ni el recepcionista, pagaba menos que él en proporción a sus ingresos. "La anécdota es auténtica", concede. "Mis empleados pagan un 33% de su renta y yo, sin asesores, ni planificación, ni paraísos fiscales, limitándome a hacer lo que dicta el Congreso, el 17%".

Pregunta.

¿Cree que los excesos de los últimos años, las ideas neocon que hay tras esas bajadas de impuestos para los ricos y la desregulación financiera pueden ser una de las semillas de la crisis actual?

Respuesta.

Es cierto que durante la era de Bush ha habido una rebaja gradual de los impuestos que pagan las grandes fortunas, mientras que las clases medias pagan cada vez más. Y aprovecho cada ocasión que tengo para denunciarlo.

¿Han escuchado estas palabras los sátrapas de la banca española y los indecentes millonarios españoles esclavos de su dinero? Buffet donará toda su fortuna a obras filantrópicas, pues el fin de la riqueza es mejorar la vida de todo el mundo, no la de unos pocos.

Frases del ingeniero Alfonso Guerra

Sacadas de su última entrevista:


"Siempre que alguien me ha hecho preguntas sobre si tal amigo me traicionó o no, he dicho: “La traición en el amigo no cabe, es imposible”. Puede haber simulación, en el sentido de que alguien ha podido simular que estaba cerca de mí y no lo estaba. "
"La venganza verdaderamente gratificante es la que ejerce otro, sin que usted tenga ninguna intervención. Ésa es la venganza verdadera, porque no mancha."
¿Felipe González? Una víctima del "abrazo aristocrático". Un personaje como Fidel Castro, que era la representación de la ruptura hacia la bondad cuando hace la revolución en Cuba, se pasa cuarenta años con un grupo de gente que le dicen “eres guapo, eres listo”, pues al final acaba mal. Y es que la gente que actúa así, por muy inteligente que sea, termina perdiendo el norte de sus propias ideas."
"En cuanto a aquellos elogios que me estaba haciendo Bono… Mi sonrisa de aquel momento era porque estaba pensando: “Realmente es largo el personaje”. Lo pensaba en el sentido de que tiene largueza, porque la verdad es que no estaba obligado a hacer aquello que estaba haciendo. Él llega allí, a ese puesto, el primer día e intenta lanzar cables en todas las direcciones. Creo que aquello estaba perfectamente medido, con mucha largura, pero quizá también pensando en “bueno, busquemos la paz aquí”. Dice la gente que cuando se llega a una edad se quiere buscar la paz con todos con los que se han tenido problemas y, bueno, pudo haber también algo de eso. Pero que aquello estaba medido, seguro".

sábado, 24 de mayo de 2008

Centenares de miles de analfabetos... en España

EL 72% SON MUJERES
El PSOE denuncia que en Madrid hay más de 42.000 analfabetos
Actualizado sábado El Mundo 24/05/2008 14:03 EFE

MADRID.- El PSOE ha denunciado este sábado que en Madrid hay más de 42.000 personas analfabetas -de las que el 72% son mujeres- y al menos 260.000 analfabetos funcionales, por lo que ha demandado al Ayuntamiento la puesta en marcha de un Plan Municipal de Alfabetización de Adultos.

La concejal responsable de Educación del Grupo Municipal Socialista, Ana de Sande, ha lamentado que el Ayuntamiento únicamente cuenta con 14 aulas para alfabetización de adultos con capacidad para 1.377 plazas, lo que significa que sólo se dispone de una plaza escolar para cada 221 personas que la necesitan.

De Sande también ha criticado que diez distritos de la capital carecen de aulas municipales para adultos, "lo que es muy grave en zonas periféricas como Puente de Vallecas, donde más de 6.000 personas no saben leer ni escribir y más de 40.000 no tienen estudios primarios".

Falta de profesores

Asimismo, la concejala ha denunciado el "insuficiente número de educadores para adultos, ya que sólo se cuenta con diez educadores de adultos, esto es, uno por cada 3.000 analfabetos absolutos y por cada 26.000 funcionales, lo que demuestra el nulo interés que tiene el Gobierno municipal en paliar las carencias de este colectivo".

"A pesar de la fuerte demanda existente de este servicio educativo la oferta es tan pequeña que, en los pocos centros culturales donde se imparten los cursos, se concentran hasta 50 alumnos por aula", ha añadido.

A su juicio, "el Ayuntamiento tiene la obligación de animar a estas personas a que mejoren su nivel cultural" y para eso cree necesario "un esfuerzo por parte del Gobierno de la ciudad y la puesta en marcha de un plan de alfabetización de adultos".

La edil socialista estima que el plan debe dotarse con seis millones de euros anuales para que puedan impartirse estos cursos en los 76 centros culturales municipales de los 21 distritos, ya que "se tiene que triplicar el actual número de educadores y las clases han de darse en grupos reducidos y con material de estudio gratuito".