martes, 1 de diciembre de 2009

El astronauta mexicano

Sabino Bastidas Colinas, El cuento del astronauta mexicano, 1-XII-2009

Cuentan que en el año 2000, cuando el actual alcalde de Los Ángeles, Antonio Villarraigosa era un político en ascenso y Presidente de la Asamblea de California, fue invitado a cenar a casa del empresario mexicano Carlos Slim, se le pidió, como mexicano-estadounidense, que explicara en pocas palabras, la diferencia que había entre México y Estados Unidos.

Esto fue lo que contestó Villarraigosa: "Mire usted, es muy simple, si mi familia se hubiera quedado a vivir en México, el día de hoy yo estaría sirviendo esta cena."
Quizá hubiera sido el caso del astronauta José Hernández Moreno, quien nació el 7 de agosto de 1962 en French Camp, California. Es estadounidense. Sus padres originarios de un ranchito llamado Ticuitaco, cerca de La Piedad, Michoacán, México, migraron a Estados Unidos, como ilegales, para emplearse en la recolección del tomate y el pepino.
El propio José Hernández trabajaba todos los veranos en el campo. Él mismo recuerda como estaba limpiando con azadón una fila de remolacha azucarera, cuando escuchó en un radio de transistores la noticia de que Franklin Chang Díaz había sido seleccionado como astronauta y cómo esa noticia lo motivó y ese día dijo: "Yo quiero viajar al espacio."
José Hernández lo logró. Estudió ingeniería, alcanzó el grado de doctor, ingresó a la NASA, se preparó y por fin el 29 de agosto de 2009 despegó como parte de la tripulación del transbordador espacial Discovery, en una misión en la Estación Espacial Internacional.
Pero, ¿qué hubiera sido de José Hernández si su familia se hubiera quedado en México? Es claro que no habría alcanzado su sueño de volar al espacio. Tardaremos muchos lustros, antes de que México logre concretar su primera misión espacial. Apenas hoy se discute en el Congreso mexicano la posibilidad de crear una Agencia Espacial Mexicana.
Pero más que eso, los futuros posibles de José Hernández si se hubiera quedado en México están en la experiencia y en la estadística. Como tantos mexicanos pobres, campesinos, de Michoacán y de otros estados del país, le hubieran quedado pocas opciones y futuros muy limitados.
Difícilmente hubiera pasado de la primaria. Estadísticamente hubiera abandonado los estudios con la secundaria inconclusa y por supuesto su educación hubiera sido de muy mala calidad.
Quizá se hubiera quedado a sembrar su tierra, lo que le hubiera garantizado un futuro de miseria, con ingresos inferiores a los dos dólares al día.
Lo más probable es que, inquieto, hubiera emigrado a la ciudad. En ese escenario estadísticamente las mayores oportunidades a las que aspiraba José Hernández con la secundaria inconclusa, si es que conseguía trabajo, eran las de terminar con algún trabajo precario, como jardinero, mesero, quizá como obrero en una maquiladora, como trabajador de la construcción o quizá conduciendo un autobus.
Pero la familia de José Hernández no se quedó, emigró como tantas otras y le dio a su hijo la posibilidad de alcanzar un futuro totalmente distinto.
El contraste de ingresos y de oportunidades entre México y Estados Unidos es tan grande, que por eso México sigue y seguirá siendo por muchos años un país expulsor. Un país del que se han ido ya millones de personas. Para darnos una idea, según cifras oficiales, consideradas muy conservadoras por algunos expertos, hoy radican en Estados Unidos cerca de 12 millones de personas nacidas en México. Esto es, algo así como el 10% de la población total de México.
En 2007 migraron a Estados Unidos 478.000 personal. En 2008 migraron 450.000 y aunque las autoridades mexicanas esperan que la cifra sea un poco menor en 2009 como consecuencia de la crisis económica en Estados Unidos, la migración es un proceso constante.
El esplendido documental de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman Los que se quedan, nos regala un gran fresco de esta realidad. El drama de los mexicanos que se quedan en las comunidades expulsoras de migrantes. Los contrastes de ingresos, las diferencias, la soledad, la incertidumbre, la miseria, pero sobre todo la falta de oportunidades.
Es con esta realidad de fondo y en esta condición, en la que entra el absurdo, la contradicción y la vergüenza. Es aquí donde aparece la incongruencia que enoja, que debe enojar, cuando el gobierno y los políticos mexicanos tratan de convertir a la historia de José Hernández en un cuento de orgullo nacional.
Es aquí donde aparece el cuento del astronauta mexicano. Donde nos inventan la historia de superación personal de un mexicano, como si fuera de verdad un logro nacional.
En cuanto apareció en el radar la historia del astronauta José Hernández, de inmediato se activaron todas las maquinarias de la propaganda y el marketing gubernamentales. En el cuartel de todos los partidos políticos, del Congreso de la Unión y del Ejecutivo Federal se movilizaron de inmediato las agendas y los medios para tratar de capitalizar al máximo al supuesto astronauta mexicano.
El objetivo: convertir a José Hernández en orgullo nacional. Es obvio, ante la falta de triunfos reales, cualquier gol de la selección nacional, cualquier medalla, cualquier premio de literatura es bueno para tratar de levantar un poco el ánimo y la moral nacional caídas en un país en crisis, complicado y muy emproblemado.
El presidente personalmente paseó a José Hernández por el país. Inmediatamente todos los medios se ocuparon del tema. José Hernández se convirtió en súper estrella. Entrevistas en los medios. Toda una gira de Estado. Visita al Congreso. Homenajes. Los políticos querían retratarse con él. Regalos, las llaves de la ciudad, plaza con su nombre y sobre todo discursos, muchos discursos. Discursos que hablaban una y otra vez del orgullo nacional, de la superación personal y de la capacidad de los mexicanos.
Pero la realidad es otra muy distinta. Aunque nos duela, José Hernández no es un orgullo nacional. Su historia de éxito no es nuestra historia de éxito y menos una historia de la que pueda sentirse orgulloso nuestro gobierno o nuestra clase política.
No es un problema de nacionalidades. José Hernández es estadounidenses y tiene raíces mexicanas, tiene acceso a la nacionalidad mexicana, por derecho de sangre, y él mismo se identifica mucho con nuestra cultura. Pero ese no es el debate.
José Hernández puede ser mexicano, pero la historia del astronauta José Hernández es totalmente estadounidense. El logro de llevar a un jornalero agrícola pobre al espacio, es una historia de movilidad social en los Estados Unidos. El mérito es de otro sistema. José Hernández se hizo en otro país, con otras políticas públicas, con otro gobierno y con otras leyes.
La verdadera imagen de José Hernández es la fotografía de un hombre con una bandera con estrellas y barras en el hombro. Su bandera como astronauta. La bandera de su logro. En todas las imágenes vimos a un miembro de la fuerza aérea estadounidense, enfundado en su uniforme azul, portando con orgullo la bandera del país que le dio la oportunidad de tener la educación de calidad, la salud, las condiciones y el ambiente de libertad necesarios, para alcanzar sus metas.
Inventar el cuento del astronauta mexicano por parte del gobierno, es como robar un pedacito de gloria. Mendigar triunfos ajenos. Usurpar éxitos imposibles, en un país que no atina el rumbo para convertirse en serio en un México ganador.
El Presidente de México Felipe Calderón dijo en uno de los homenajes: "la brillante historia de vida de José Hernández es y debe ser un ejemplo para los mexicanos." ¿Lo dice en serio? ¿Cuál es el ejemplo Señor Presidente? ¿Irse? ¿Nacer en Estados Unidos? ¿Migrar? ¿Qué las familias mexicanas migren a tiempo? ¿Hacerse norteamericano? ¿Buscar allá las oportunidades que no se tienen aquí?
La historia de éxito de personal de José Hernández, es al mismo tiempo la historia del fracaso de la política económica, de la política social y de la política exterior del gobierno mexicano. Es la historia del fracaso de éste y de varios gobiernos mexicanos.
Su historia debería darle vergüenza a una clase política incapaz de ponerse de acuerdo y de generar un proyecto de nación para los millones de José Hernández que están repartidos por todo el país, y que no quieren ser astronautas, millones de mexicanos a quienes sólo les bastaría con poder comer, con tener un mínimo de salud, un piso que no sea de tierra o saber leer y escribir.
José Hernández es la historia moderna de Benito Juárez. Uno llega a la presidencia, el otro llega al espacio. Ambas son historias de éxito. Historias de superación personal. Iconos. Ejemplos. Pedagogía pura. Historia de bronce. Los dos comparten esa historia de movilidad social, que tanto nos gusta a los seres humanos. Es el cuento de la cenicienta. Es la pobreza superada, es la miseria transitada. Es el éxito a pesar de la adversidad.
Pero la de Juárez es una historia mexicana del siglo XIX. La de José Hernández es una historia norteamericana del siglo XXI.
José Hernández dijo en una entrevista: "Lo que me sorprendió mucho es cuando vi al mundo como uno: no había fronteras, no se podía distinguir entre Estados Unidos y México", pero lo cierto es que sí existen las fronteras. Su familia cruzó una de ellas de manera ilegal. Lo cierto es que sí existen las banderas y las diferencias. Sí existe una frontera que hace a dos países muy distintos.
La lección es muy clara: si José Hernández se hubiera quedado en México, quizá hoy estaría sirviendo la cena.

lunes, 30 de noviembre de 2009

La poesía y José Emilio Pacheco

Los premios dan la oportunidad a veces de conocer a grandes autores que uno no ha podido visitar en sus libros. Sin duda José Emilio Pacheco es un gran autor. He estado leyendo algunos de sus poemas para saber más de este desconocido, y me he llevado una agradable sorpresa; algunos de ellos son deslumbramientos; otros sátiras punzantes, como la de ese marine que fue apagar incendios con el fuego, y murió en vano. Como bien sabían los filósofos, uno de los grandes gozos de la vida es la poesía: en ella se encuentra concentrado todo lo que es valioso en el pensamiento y en la vida; cuando uno ya no puede permitirse perder el tiempo, la buena poesía fecunda el espíritu, remueve el alma saludablemente, despierta todo tipo de voces, ecos y resonancias interiores, nos devuelve la gana de vivir.

Razones


Me cansan tantas protestas infundadas; he dicho a mis alumnos que siempre hay razones para hacerlo mal o fracasar; pero para hacerlo bien o triunfar sólo hay sacrificio, voluntad, pasión, inquietudes, curiosidad y ganas de leer y saber.

Calle de San Antón

Hago una parada en la lenta corrección de exámenes; mi familia me rodea en el ancho salón de la casa, donde estamos muy a gusto: mi mujer plancha, su madre ve la novela, mis hijas estudian y cotorrean, mi loro suelta su repertorio, los seis pájaros canoros que tenemos pían y se pelean. Llueve, y como siempre que llueve, salgo, yo que no suelo salir casi nunca, como mis tremebundos compañeros el rayo y el trueno, que hoy no quieren pasear conmigo, a pesar de que las nubes les han abierto la puerta; sólo me acompañan la brisa y el paraguas; es que la lluvia me estimula. Recorro la calle Toledo, transfigurada a la luz gris del agua, y tuerzo por la calle San Antón; hay paredes desguarnecidas, llenas de ripio y tapial, que padecen reúma y se hinchan, como las piernas de las personas, por la humedad; un coche a mil por hora me deja hemipléjico del lado izquierdo empapándome con un charco; no me enfado, sólo me asombro. En la acera derecha recuerdo al recio, calvo y canoso viejo Marcial, que vendía vino a granel y chuches a los niños, hablando de su primera esposa, a la que dejó en Canarias "porque yo creía que era dama y era sota". Recuerdo al carnicero Jacinto, que invariablemente se equivocaba en las cuentas a favor o en contra y al que daba pena timar; recuerdo a la mujer casada con un moro "que es como si fuera casi con un gitano", que vendía periódicos y cambiaba tebeos y cómics de la Marvel; a ella le vendí mi colección; esos lugares, esas personas han desaparecido ya. Hay casas de señorón al lado de miserables casejas sólo un grado por encima de la chabola; cuatro pájaros se remojan sobre una antena televisiva; ldeben de ser de la misma familia y les da igual, no llueve violentamente. Están levantadas las aceras porque quieren poner tuberías nuevas; hay un aviso en la caseta de los materiales: "No robar, no hay nada de valor, mirar por el cristal". Pintadas raras, casas humildes de antiguo ladrillo rojo, un gordinflón chubasquero de plástico hinchado por el viento cuelga mojándose ahorcado en una cuerda de tender, nadie sabe por qué. Vuelvo por donde he venido. Cuando llueve las maniquíes parecen más vivas, o menos muertas; una es tan grácil y elegante como mi hija Paloma; los árboles me hablan; los graciosos objetos de las vitrinas de los comercios toman vida propia, están más intensos, más fuertes que cuando uno pasa a su lado sin verlos ocultos por el contraste y el ruido de la cotidianeidad. Una cortina de acuarela nos une a todos en un mismo plano. Soy feliz, porque también me siento vivo; la soledad de la lluvia subraya y magnifica todo; cada lluvia algo renace que nos limpia de memoria.

Para qué


¿Para qué va uno a aprender literatura, si se tiene un buen culo, una buena sonrisa, unos estupendos amigos -o, más bien, compañeros de farra mientras dure el dinero de papá-, unos maravillosos fines de semana y una tele de pantalla gigante donde no paran de instruirnos en todo tipo de idioteces y simplezas?

Saberes irrelevantes


Esos saberes irrelevantes, Javier Marías, 29-XI-2009

En algún lugar vi la noticia, un breve, una curiosidad, una anécdota sin importancia. Lamenté que fuera tan escueta, me habría gustado conocer más detalles del asunto, no tan baladí para mí como para quienes lo recogieron. Al parecer, una joven española, aspirante a ganar el certamen "Reina Hispanoamericana 2009", al preguntársele por el año en que Colón descubrió América, contestó que "en 1780". Da curiosidad saber por qué diablos eligió esa fecha disparatada, en vez de responder "No lo sé", que habría resultado más disculpable. ¿Por qué 1780? ¿Cómo creerá la joven que era el mundo en ese año? ¿Sabrá que pertenece al siglo XVIII o ni siquiera le habrán enseñado cómo calcular los siglos? ¿Sabrá lo que es un siglo? Si hubiera dicho "1789", podríamos pensar que se confundió de fecha célebre. Pero, ¿1780? En verdad un arcano. La noticia añadía algo, quizá más sintomático y revelador todavía: se conoce que a la muchacha le quisieron sacar los colores por su metedura de pata en un programa de TVE, pero ella se defendió con desparpajo y afirmó: "Es irrelevante saber eso".

Es fácil no conceder importancia a la cosa y consolarse con la asentada idea de que todas las misses y aspirantes a tales son ignorantes por definición y tontas de baba. Sus grititos, sus llantos y sus obviedades han sido parodiados hasta la saciedad en películas y programas de humor. ¿Qué se puede esperar de una miss? Ya se sabe. Pero la joven en cuestión era probablemente una chica normal hasta hace cuatro días. Habrá ido al colegio como cualquiera, y quién sabe si no habrá terminado su bachillerato o su ESO o como quiera que se llame ahora. Habrá llegado a sus dieciocho o veinte años con alguna instrucción, y la prueba es que le viene a la cabeza la palabra "irrelevante", algo que en nuestro tiempo no está al alcance de todos. Yo me temo que sus dos respuestas, la de 1780 y la de la irrelevancia, las podrían haber dado numerosos jóvenes que nada tuvieran que ver con concursos de belleza y no pocos adultos actuales, entre ellos, sin duda, algunos de los periodistas televisivos que le quisieron sacar los colores, sólo que a ellos no se les hacen esas difíciles preguntas con cámaras delante.

"Es irrelevante saber eso". En cierto sentido no le falta razón a la candidata a "Reina", porque lo mismo opinaron, a buen seguro, cuantos profesores tuvo en su vida y los responsables de Educación -gubernamentales y autonómicos- de las últimas dos o tres décadas, que han hecho todo lo posible por convertir a España en una sociedad de iletrados, de ignorantes ufanos de su ignorancia, de primitivos duchos en tecnología; así como un buen número de progenitores, que se han dedicado a exigir a los docentes que enseñen a sus vástagos "cosas prácticas", que les sirvan para ganarse la vida en el futuro, y no pierdan el tiempo con lo "irrelevante". ¿Sirve de algo el latín, una lengua cadáver? ¿Sirven las matemáticas, cuando tenemos calculadoras que nos dan el resultado de cualquier operación en el acto? ¿Sirven la gramática, la sintaxis y la ortografía, si da lo mismo cómo se hable y se escriba? ¿Sirve conocer la historia, si basta con buscar en Internet para averiguar al instante quién fue tal personaje o qué pasó tal año? ¿Sirve la geografía, si cogemos aviones que nos trasladan a cualquier sitio en unas horas y nos trae sin cuidado el trayecto? ¿Sirve algo de algo? ¿Y qué es, pues, "lo práctico"? Tal vez sólo aprender a manejar el ordenador y la calculadora. En realidad, ¿para qué es necesario ir a la escuela? ¿Para tener una idea del mundo, del pasado de la humanidad, de la historia del arte y de las religiones, de la evolución de las ciencias, de nuestra anatomía, de los textos que se han escrito, de la multiplicación y la división y la suma y la resta, del círculo y el triángulo? Nada de eso es "práctico" ni ayuda a ganarse la vida, no digamos a ser Reina Hispanoamericana. Y sin embargo ...

La educación no son sólo conocimientos y datos. Es parte esencial de lo que solía llamarse "formación", esto es, la conversión de los individuos en personas, no en seres animalescos que caen en el mundo sin tener noción de lo que hubo antes que ellos, incapaces de asociar dos hechos, de distinguir entre causa y efecto, de articular dos frases inteligibles, de pensar y razonar, de comprender un texto simple. Esta es la clase de ser que cada día abunda más en nuestra sociedad intelectualmente rudimentaria. El problema es que, por algún misterio, a la postre esos seres no resultan "prácticos" ni se pueden ganar la vida, la vieja aspiración de sus ya embrutecidos padres. No es raro ver en la televisión a jóvenes y no tan jóvenes que dicen en estos tiempos de crisis: "Yo no quiero estudiar, lo que quiero es que me den un trabajo para ganar dinero". A menudo tienen tal pinta de cabestros que me descubro pensando con pena: "Pero, hombre de Dios, ¿cómo te va a dar nadie un trabajo si es obvio que no te han enseñado nada y que aún no sirves ni para pegar un sello? Si yo fuera un empresario, no te contrataría". Me temo que los que lo sean pensarán otro tanto: "No necesito a un animal tecnológico, que sepa darle a las teclas según se le ordene, pero sin tener ni idea de lo que hace. No necesito a una persona incompleta. Tráiganme a alguien civilizado, con conocimientos irrelevantes, de los que permiten desenvolverse en el mundo".

sábado, 28 de noviembre de 2009

El fracaso de la educación progre


Las familias progres dedican menos tiempo a educar a los hijos
Sebastián Tobarra, el País, Barcelona, 27-XI-2009

Las familias que tienen la etiqueta de progresistas suelen descuidar más la educación de sus hijos. Es una de las conclusiones de un informe encargado por la Fundación Bofill a un equipo de expertos que ha dirigido el catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto, Javier Elzo.
El trabajo ha clasificado las familias en cuatro tipologías: La primera, extravertida y progresista; la segunda, introvertida y tradicional; la tercera, conflictiva, y la cuarta armónica y convivencial. El trabajo se ha hecho en base a una muestra hecha en Cataluña con cuestionarios y entrevistas a familias (1.060), profesores y alumnos de 12 años. Las conclusiones del estudio revelan que las del primer grupo delegan más que las otras la educación de sus hijos.
¿Cómo son estos padres y madres llamados progresistas? Primero suelen tener un nivel de formación más alto. Son en gran parte profesionales, técnicos, empresarios y comerciantes que rechazan la pena de muerte, defienden el aborto y la eutanasia, la legalización de la marihuana y trabajan más fuera de casa, destaca el estudio. "Quizá son así porque estamos hablando de padres de familia que vivieron la transición y de la época de prohibido prohibir. Estas familias suelen tener, añade Elzo, "pocas muestras de afecto" para con los hijos.
"No digo que todos los progresistas son así, pero los que son así destacan por ser progresistas", recalcó el director del estudio. Jordi Sánchez director de la Fundación Bofill, acotó: "Las tipologías que tiene el estudio nos aproximan a las familias, pero la realidad tiene muchos más matices".
En este grupo de familias progres "hay un notable desestimiento de la educación de los hijos, que se delega en la escuela, en personal auxiliar domiciliario" o en clases particulares de refuerzo. La conclusión es que a pesar de que estos padres tienen un nivel educativo más alto "la descuidan y pasan menos tiempo con sus hijos".
Aún así, otros estudios de la Organización para la Cooperación y Desarrollo (OCDE) y de la Fundación Jaume Bofill corroboran que a mayor formación de los progenitores los alumnos suelen sacan mejores notas y llegan a un nivel de formación mayor. Elzo destacó, en este sentido, que el trabajo que ha dirigido comprende alumnos de 12 años, a final de la primaria, y que la mayor vida escolar que a la larga tienen los alumnos de las familias más acomodadas se produce a lo largo de toda la etapa escolar.
Otra tipología de familia, la que el estudio llama conflictiva, es la que más problemas presenta. Hay otros estudios que ya lo habian ratificado. En estas familias suele haber mal clima familiar, incluso con castigos corporales y los padres suelen tener "poca confianza en sí mismos". Los progenitores suelen tener menos nivel cultural. Suelen estar a favor de la pena de muerte en casos graves y no tienen normas de convivencia en casa a la hora de ir a dormir e incluso se dan "respuestas irrespetuosas de los hijos". Estos padres suelen vivir "angustiados por la educación de los hijos, recalca el estudio".
Las otras tipologías de familia ?la introvertida y tradicional y la armónica y convivencial? son las que mejor paradas salen. En esta última, hay buen clima familiar y buenas relaciones con "el centro docente". Son los más satisfechos con la educación y tienen"más satisfacción de los hijos". Suelen ser estos padres los que más usan el castigo como correctivo. Respecto a las familias del grupo tradicional, el estudio de la Fundación Bofill destaca que tienen "los valores de siempre", autoridad fuera y dentro de la familia.
Otro de los puntos que recalca Elzo es que el ser familia monoparental, de separados, numerosa o reagrupada no tiene tanto efecto en sus relaciones y en la formación como como "el clima familiar y la manera de funcionar". "Naturalmente, que ser familia monoparental o de separados influye pero no tanto como el modelo de funcionamiento", remachó Elzo.
El padre, menos implicado
Otra conclusión del trabajo es que en las cuatro tipologías familiares "los hijos o hijas perciben menor implicación del padre que de la madre en las actividades vinculadas con ellos". Y también que "los hijos hacen una valoración menor de la implicación de los padres y madres que la que dicen éstos que tienen".
El director del estudio quiso resaltar que, pese a los problemas y las distintas tipologias, la gran mayoría de familias incluidas en la muestra están "razonablemente satisfechas de cómo funcionan y de la educación de los hijos. Un notable de nota media", apuntó Elzo.

Automotivarse

Por qué cuesta automotivarse, Xavier Guiz, 28-XI-2009


Mientras los estímulos nos llegan de fuera, estar motivado es más fácil. El problema empieza cuando las fuerzas, las ganas y la voluntad tienen que partir de uno mismo y se nota que nos falta práctica en esta disciplina.

Pronto hará un año cuando en Navidad nos hicimos unos cuantos propósitos que, se suponía, nada ni nadie impediría su ejecución desde ese lugar llamado "el mundo de las posibilidades". Puede que el tema no consistiera en propósitos, sino en auténticas necesidades que no admitían demora: bajar ese sobrepeso para evitar indicios de enfermedad. Hacerles hueco a esos estudios imposibles de resolver si se dejan para última hora. Ponerse las pilas en el trabajo para no quedar fuera de servicio o, incluso, apostar definitivamente por esa relación que, de tanto darle tumbos, se encuentra a un paso del precipicio.

"La voluntad no es innata. El proceso correcto para automotivarse se basa en inhibir el impulso, deliberar, decidir y mantener el esfuerzo"

Todas estas situaciones apelan a una de las características más importantes de la inteligencia emocional: la automotivación.

O, lo que es lo mismo, esa capacidad de motivarse por uno mismo, de encontrar las fuerzas movilizadoras en nuestro interior, sin tener que esperar a que estímulos externos nos pongan las pilas. Acostumbrados a una sociedad altamente sofisticada precisamente en el arte de proporcionarnos ese tipo de estímulos; a un sistema educativo que premia los resultados finales y a la competitividad; a un sistema productivo basado históricamente en el palo y la zanahoria..., es fácil deducir que no hemos sido entrenados en la tolerancia a la frustración, a la espera paciente y al esfuerzo disciplinado.

Intenciones sin estrategia

Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño (Mark Twain)

¿Por qué fallan los propósitos? La respuesta requiere una observación y otra pregunta: ¿Cuándo nos hacemos esos propósitos? Cuando una parte de nosotros reconoce lo que debería estar haciendo y no hace. Dicho de otro modo, un propósito suele ser una obligación que nos imponemos. Pero no nos gusta hacer nada por obligación, y menos aún si es por y para nosotros mismos. Ahí es donde se echa en falta la automotivación.

Este año seré puntual; voy a dedicar más tiempo a la familia; haré más deporte; aprenderé inglés; me tomaré las cosas con más tranquilidad... Todas son frases que apuntan a un escenario futuro, al que pretendemos acceder por mero convencimiento. Sinceramente, la cosa así no funciona. Las intenciones sin estrategia son meros brindis al sol.

Si a todo ello le añadimos que los propósitos se suelen plantear coincidiendo con épocas de inicio, ese recomenzar se asemeja a un marcador que se pone a cero, como si el tiempo se aliara con nuestros propósitos para darnos un empujoncito. Se trata de un espejismo más. Volveremos a nuestros hábitos adquiridos a no ser que pongamos en ello algo más que buenas intenciones.

La capacidad de motivarnos tiene mucho que ver con nuestra auténtica voluntad. Pero ¿es lo mismo la voluntad que la intención? Muchas personas dicen, por ejemplo, que quieren dejar de fumar. Ésa es su intención. Se han cargado de excelentes motivos para dejarlo, pero al mismo tiempo reconocen que no tienen suficiente fuerza de voluntad. Por tanto, voluntad e intención son cosas diferentes. Quizá sea útil distinguir entre aquello que hemos convertido en un deseo y aquello que en realidad estamos dispuestos o no a hacer.

Para San Agustín, la voluntad era el centro vital, la vida misma, "la incomprensible certidumbre íntima, la firme seguridad del querer irrevocablemente enderezado a su meta". Pero nuestras mentes tienen el defecto del enredo; nuestros cuerpos se ciñen a la inmediatez del deseo; nuestros estados de ánimo nos adormecen ante lo inapetente, desalojando a la voluntad del primer plano de nuestra visión.

El filósofo José Antonio Marina observa la voluntad como la motivación inteligentemente dirigida. Marina va más allá de aquella vieja voluntad, entendida como una facultad innata, y la redefine más como un proceso que como un concepto: inhibir el impulso, deliberar, decidir y mantener el esfuerzo. Ése podría ser el proceso para automotivarse.

Hacer lo que nos da la gana

¿Por qué aguardas con impaciencia las cosas? Si son inútiles para tu vida, inútil es también aguardarlas. Si son necesarias, ellas vendrán, y vendrán a tiempo (Amado Nervo)

Dice Abraham Maslow que estamos motivados cuando sentimos deseo, anhelo, voluntad, ansia o carencia. O, lo que es lo mismo, cuando necesitamos resolver nuestras necesidades. Algunas son básicas, pero muchas otras se generan por nuestra capacidad de crearnos todo tipo de expectativas. Dicho de forma menos elegante: vamos detrás de lo que nos da la gana aunque probablemente no nos haga falta alguna. Pero se nos ha metido entre ceja y ceja y ahora sólo queda consumirlo, de lo contrario nos parecerá morir de un ataque de angustia. Ese problema se llama inmediatez e incapacidad de controlar los impulsos, muy propio de nuestra contemporaneidad.

En una investigación sobre la motivación humana, propusieron a unos niños un curioso dilema. Los dejaban solos en una habitación con una golosina encima de la mesa. Les decían: "Si quieres, te la puedes comer ahora mismo y ya está. Pero si tienes un poco de paciencia, más tarde te daremos dos. Las imágenes fueron muy reveladoras entre aquellos niños que no resistían la tentación y aquellos otros que desplegaron un sinfín de estrategias para aguantar. Eso diferencia a unos de otros, la capacidad de tolerar la ansiedad de la espera, de postergar la gratificación en lugar de responder al primer impulso.

De mayores seguimos haciendo lo mismo, luchamos entre hacer lo que nos da la gana o adaptarnos a las exigencias del medio cuando nos impone un esfuerzo personal. Eso cuesta más mientras circulen mensajes publicitarios del tipo "Lo quieres, lo tienes". Hace falta mucho autocontrol y tener muy claras nuestras motivaciones si queremos sobrevivir a la vorágine social, haya más o menos crisis. Que la motivación venga de fuera es lo más fácil. En cambio, nos fortalecemos cuando somos capaces de motivarnos por nosotros mismos.

Más fluir, menos sufrir

El pesimismo conduce a la debilidad; el optimismo, al poder (Williams James)

Qué sentido puede tener hacerse propósitos que no vamos a cumplir, si no es para autocastigarnos un ratito y retomar ese viejo discurso que nos acompaña hace años, consistente en demoler nuestra identidad por nuestras incapacidades. Nos infligimos un cierto sufrimiento como para expiar la culpa de no tener más voluntad a mano. Entonamos un mea culpa por el desánimo que sentimos ante el esfuerzo que nos hemos ahorrado.

Automotivarse, como todo, es un aprendizaje. Y aprendemos entrenándonos. Y nada mejor para lograrlo que unas cuantas pequeñas frustraciones, para darnos cuenta de que podemos sobrevivir al ataque de nuestras compulsiones. La automotivación se ejercita cuando somos capaces de orientarnos hacia el logro, obteniendo como beneficio la satisfacción por el esfuerzo realizado, por la ilusión y el optimismo que hemos generado en la aventura de conquistar nuestros retos cotidianos. Cuando, en definitiva, fluimos con lo que hacemos. Ese fluir es impagable.

Satisfacción del esfuerzo

1. Películas
� �El guerrero pacífico�, de Víctor Salva (imprescindible).
� �Forrest Gump�, de Robert Zemeckis (increíble ejemplo de fluir).
� �Jerry Maguire�, de Cameron Crowe (interesante cambio de motivación).
2. libros
� �La práctica de la inteligencia emocional�, de Daniel Goleman (capítulo VI). Kairós.
� �El hombre autorrealizado�, de Abraham Maslow. Kairós.
� �El misterio de la voluntad perdida�, de José Antonio Marina. Anagrama.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Nacionalistas conspiranoicos


El nacionalismo produce no sólo toda clase de locos repúblicos y de gobierno, sino gran número de botarates peligrosos y mequetrefes siniestros, por no hablar de los chorizos que se apuntan a todo y de los abiertamente criminales. Una modalidad de graciosos payasos conspiranoicos con delirio de grandezas son los intelectuales del tipo Jordi Bilbeny, quien considera a Colón como catalán -lo cual es bastante verosímil-, pero se sale de madre cuando empieza a decir que Cervantes era valenciano, que el Lazarillo fue escrito al principio en valenciano y que Fernando de Rojas era también valenciano; es más, ha montado todo un sistema delirante impecablemente lógico, pero de premisas indudablemente falsas, para sostener que hubo una especie de conjura catalana para ocultar el gran papel de la cultura catalana en la formación de la identidad española, falsificando todo tipo de documentos etcétera. Y casi más que todo esto suspende, espanta y maravilla que haya bastante gente y no pocos medios de comunicación que le hagan caso.

Cuando uno repara en ejemplos como estos advierte hasta qué punto la contemplación del propio ombligo puede interferir la visión de cualquier panorama, y se percata de cuán imprescindible es la humildad y la empatía para alcanzar una visión inteligente de la realidad.

Un inédito de Lorca

Este es un poema inédito de García Lorca para Poeta en Nueva York; no figura en las ediciones clásicas del texto, porque sólo había una copia que no entró en circulación; a mi juicio es bastante malo, se ve que le falta una última lima, aunque es definitivamente lorquiano:

Crucifixión
La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima de los caballos.
Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida
proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto.

La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban,
pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos.
Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente
ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas.
Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca.
Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos.
Un sastre especialista en púrpura
había encerrado a tres santas mujeres
y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana.
Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco,
que lloraba porque al alba
tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja.
¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina!
¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxíden los planetas!
Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse.
Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron:
Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche.
La muchedumbre cerraba las puertas
y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón
mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores
y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros.

Esa maldita vaca
tiene las tetas llenas de perdigones,
dijeron los fariseos.
Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos
estrellaban ampollas de lagunas sobre las paredes del templo.
Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida.
Porque la luna lavó con agua
las quemaduras de los caballos
y no la niña viva que callaron en la arena.
Entonces salieron los fríos cantando sus canciones
y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla del rio.
Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita
no nos dejará dormir, dijeron los fariseos,
y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle
dando empujones a los borrachos y escupiendo sal de los sacrificios
mientras la sangre los seguía con un balido de cordero.

Fue entonces
y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.

18 de Octubre de 1929. New York.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Quevedo y las vacas nacionalistas

Dicen que dijo Antonio Cánovas del Castillo "es español el que no puede ser otra cosa", hastiado de discutir definiciones de lo nacional con los regionalistas en un congreso constituyente; así lo anotó Galdós, pero hace tiempo descubrí que la verdad pura y simple es que Cánovas citaba a Quevedo; y lo conocía muy bien por la edición que hizo de él y le regaló su amigo Aureliano Fernández Guerra:

"Harto de ser español
desde el día en que nací,
quisiera ser otra cosa
por remudar de país"

(Romance LXXI, "Cansado estoy de la Corte...", en F. de Quevedo, Parnaso español... Madrid: Ibarra, 1772, IV.º, musa Thalía, p. 488) 

En este romance Quevedo va despreciando diversas naciones de Europa y decide irse a Galicia, porque sus mozas son... ejem. A mí, la verdad, me satisface la definición. Es español el apátrida, anarquista, quejica y descontentadizo que busca siempre sin encontrar acomodo. Algo así como un nacionalista catalán, ansioso de ser uno, grande y libre. Es catalán el que no puede ser otra cosa. Qué ombligo más magnífico, el de un catalanista; no se parece a ningún otro ombligo del mundo, ni siquiera al de Adán, que no fue un hijo de su madre. Otros lo llaman paranoia; dejémoslo en vulgarísimo y decimonónico nacionanismo. Hoy que incluso el reaccionario Pedro Sánchez intenta reformar la Constitución para salvar del definitivo descrédito a los nacionalistas, conviene recordarlo.


Estas estupideces raciales que intentan sublimar al hijo meñique o pulgarcito ensalzando la figura del varonil padre o la materna y lechera diosa madre, algo estudiado por Poliakov (y Juaristi en su El bosque originario), son tan (etimológicamente) idiotas como peligrosas. En el fondo se trata de simple racismo o su vertiente light, el clasismo: eso y no otra cosa es lo que son los nacionalismos aunque lo disimulen. No en vano una vez Enzensberger le preguntó a Arzallus qué era un vasco y se quedó mudo. Habría tenido que definirse ataporcino.

Al respecto creo conveniente informar al patio de que una mutación en Bélgica fomentada por la selección artificial provocó el nacimiento de vacas gigantes como las de la foto, de dos metros de altura, tan grandes que son como toros alimentados con esteroides o políticos con sospechoso forraje de 7% nacionalista contaminado con el virus loco de Creutzfeld-Jacobs. Sin embargo, estas vacas gigantes son originarias por un lado de Bélgica y por otro de Inglaterra; el cruce de ambos ganados ha producido hace poco estos monumentales animales, que crían hasta tres veces más carne que el vacuno normal, aunque son susceptibles de sufrir fracturas en las patas y otras enfermedades por su gran tamaño; por contra, la tautogenética endogamia nacionalista provoca enanismo físico y mental, degeneración económica y corrupción; tomen nota los aldeanos autonomiqueros: véase, por ejemplo, Jordi Pujol, que no termina de arrancar del suelo, a pesar de sus profundas raíces autóctonas, o el tonto del pueblo Artur Mas, al que ya no quedan ni toros ni caballeros con espada Excalibur para sus plazas redondas: le producen españoiditis. Pero hace poco lo han publicado los periódicos: los mestizajes humanos producen gente más sana y más inteligente, y mucho más cuanto más distantes sean los linajes. 

Sería un buen modo de revitalizar la fiesta nacional usar toros de esta ganadería: la auténtica pesadilla de Joselito, uno de los "cuatro puntales de la catedral del toreo", que cantaba Johnny Valleybough, aunque Belmonte los torearía con mucho gusto y mucho LSD; tendrían que usar bazooka y no espada; los banderilleros irían sobre zancos y los picadores montados en elefantes; y menudos serían los encierros de San Fermín: habría que reservárselos solo a los etarras, ellos que son tan machos y partidarios de reforzar la genética onanonadora de la chulería bilbaína... La verdad es que las aplicaciones de la ciencia genética son maravillosas ¿imagináis un Gasol de tres metros y cuatro brazos, con genes de vaca culturista?

Las mutaciones humanas naturales consignadas son sin embargo más modestas: un italiano anda por ahí con niveles mortales de colesterol, pero tan campante y pimpante gracias a unos genes que lo protegen y lo transforman en una especie de supermán de la salud; estudiándolo los médicos esperan derrotar para siempre a una de las enfermedades del corazón más insidiosas. Por otra parte, algunas prostitutas de Kenia poseen unos genes que las hacen prácticamente invulnerables a las insidias del sida; un sistema inmunológico irrebatible como el suyo acabaría con las farmacias. Y así. Ojalá hubiera una mutación contra la estupidez.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Dos personajes curiosos

Me han propuesto que elabore la biografía de dos personajes curiosos para un Diccionario de becados manchegos por la Junta de Ampliación de Estudios. Uno es un escritor que anduvo por los Estados Unidos; el otro, un inspector de enseñanza padre de uno de los políticos que engendró la actual Constitución y que anduvo dando clases de Magisterio por aquí a principios de siglo. He pedido los libros que había de ambos en los repertorios de viejo y he empezado a consultar referencias; parece que será una labor interesante, aunque sólo me piden una hoja de cada uno. Es igual: yo redactaré con mi economía habitual, y si en vez de una hoja me salen veinte, que resuman ellos, o ya lo publicaré dónde sea; encima que no se cobra y que uno tiene que poner de su bolsillo para comprarse esos libros, no va encima a tener que soportar restricciones tontas.

martes, 24 de noviembre de 2009

Wikipediando

Uno se entretiene traduciendo y ampliando artículos curiosos de Wikipedia. Los últimos que he compuesto son los del del cervantista y manchegófilo Walter Starkie, por ejemplo, o el del canónigo y dramaturgo maricón, bufón de Richelieu, François Le Métel de Boisrobert, llamado "el Burgomaestre de Sodoma", que dejó pasar al teatro a la más famosa gourgandine o pelandusca de París, Petite Saint-Amour, por delante del mismísimo príncipe Gastón de Orleans, hermano de Luis XIII, y que se ufanaba de haberse «fait mettre deux fois dans le cul par un beau laquais». Uno no tiene semejantes gustos, pero los compara con la actualidad y se ve que por entonces la iglesia era más permisiva, aunque haya casos como el de Álvaro Retana. Espigueo por ahí algunas de las últimas biobibliografías de mi historial y encuentro la de Jorge Bessières, cuyo pensamiento es tan difícil de deslindar y que tanto inquietaba a Félix Mejía, la del biógrafo a su vez Florentino Hernández Girbal, la de un autor de leyendas de terror y poemas de pésame como Domingo María Ripoll, la de un representante manchego del siglo de oro como Nicolás de los Ríos, la del diplomático Jerónimo Bécker, la del aventurero de Jaén, coterráneo mío, Pedro Ordóñez de Ceballos, que recorrió el mundo "por lo más ancho tomado" cinco veces y que estuvo a punto de ser rey de Cochinchina, el muy Marco Polo (o no tanto, porque recorrió más kilómetros que él), el botánico Jean de la Ruelle, cuyo libro fue actualizado y ampliado por nuestro Andrés Laguna, el bibliógrafo de España y puritano testigo del ajusticiamiento de María de Escocia Robert Beale, el malhumorado ciceroniano Giulio Cesare Scaligero, el satírico disidente ruso Abraham Tertz y la escritora Vera Panova (para ayudar a mi amiga Inasan, que tanto está está haciendo por divulgar la literatura rusa entre nosotros) y Frederik Paludan Müller (el de El hombre que perdió su sombra, ah, no lo confundo con Adelbert von Chamisso), el refrito de Literatura copta, la actualización del insuficiente artículo de Enrique Vicente y Tarancón, ahora que es cuando más molesta, el del poeta olvidado de la Generación del 27 Luis Amado-Blanco, Friedrich von Hagedorn, el dramaturgo del naturalismo alemán Max Halbe, el chileno traductor de la Biblia al español Guillermo Jünemann, autor de varias antologías e historias de la literatura española y universal, actualizo Hamann, el hispanista Charles E. Kany, etc. etc. etc. Esto permite a uno, si por lo menos no saciar su curiosidad, entretenerse algo sin necesidad de ver la tele.

Adición.

Acabo de incluir Relaciones de sucesos, la gran historia del trovador provenzal Jaufré Rudel y las biobibliografías del provenzalista Alfred Jeanroy y del hispanista Henry Ettinghausen.

Iglesia

Los curas católicos bendicen perros y gatos el día de San Antón, pero no parejas gays. Supongo que tampoco el papa Julio II, el famoso mecenas del gay Miguel Ángel, se bendiciría a sí mismo por hacer pareja con su amante gay, que lo tuvo, como consta en los documentos y es público y notorio, al menos a los que han leído un poquito de historia. Pero bueno, ya se ve que la iglesia en eso de tirar la primera piedra no hace mucho caso de su misma doctrina y ni aún de Jesucristo, diría yo.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Seco y sin llover, voto a bríos. El estilo soldadesco de nuestros clásicos

Decía nuestro históriador clásico Moncada que los españoles éramos "largos en facellas y cortos en contallas". Así es la verdad. Tal escriben los soldados y los hombres de acción de nuestro Siglo de Oro:

El capitán Alonso de Contreras:

Si hubiera de escribir menudencias, sería cansar a quien lo leyere; además, que cierto que se me olvidan muchas cosas, porque en once días no se puede recuperar la memoria y hechos y sucesos de treinta y tres años. Ello va seco y sin llover, como Dios lo crió y como a mí se me alcanza, sin retóricas ni discreterías, no más que el hecho de la verdad. ¡Alabado sea Cristo!

Bernal Díaz del Castillo:

Según nuestro hablar de Castilla la Vieja, y que en estos tiempos se tiene por más agradable, porque no van razones hermoseadas ni policía dorada, que suelen poner los que han escrito, sino todo a las buenas llanas, y que debajo de esta verdad se encierra todo bien hablar.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Humanidad

Una nueva perla de humanidad:
Un jurado ha considerado culpables de homicidio a dos adolescentes inglesas por provocar el suicidio de una joven de 19 años.

Rosimeiri Boxall se arrojó por la ventana del tercer piso en Londres y se estampó contra la acera incitada por Kemi Ajose y Hatice Can: dos chicas de 17 y 13 años. Antes de decirle a la joven que saltara, le dieron una paliza. El incidente lo grabó la cámara de un vecino y se reprodujo ante el tribunal. Las dos procesadas aporrean a la víctima, le tiran de los pelos y le rocían la cara con un tarro de laca. Luego, la más joven recoge su móvil del suelo y se lo arroja a la cara diciendo: «¡Te está bien empleado, zorra!».
Como es natural, esto es la excepción, no la regla; las chicas son dulces, por lo general, y si son jovencitas, no son agresivas. Pero este tipo de conductas, que tan poco animales son, sólo son exclusivamente humanas. Pero lo que más me espanta es ese vecino que lo graba todo y no hace nada.


Esperar sin esperanza

El portero Robert Enke, que tiene nombre de cometa, tras tantos años repeliendo balones, se ha marcado un autogol. El transformarse en un valladar impenetable provoca que uno termine tirándose penaltis a sí mismo, por pura soledad; una soledad similar a la que padecía esa pobre modelo surcoreana, Daul Kim, bella, bellísima, pero sola como una estrella suelta en un absolutamente oscuro firmamento; las estrellas suelen ser contempladas por todos los ojos, pero se encuentran solas y distantes, en una fría lejanía de millones de años luz, rodeadas como joyas perfectas por un negro terciopelo de materia oscura imperfecta. Él perdió a una hija, ella era una hija sin padre. Ella puso una música house, I go deep, de Jim Rivers, apta para un último desfile. Él escribió unas letras: estaba harto de disimular ser un muro a lo Pink Floyd y se derrumbó, o dejó que lo derrumbara una locomotora.
Quiero imaginarme una región de penumbra donde encuentro a estos dos corazones ya quietos y los siento a la misma mesa a esperar por toda la eternidad.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Edad Media

Un tercio de los españoles cree firmemente que el Sol gira alrededor de la Tierra, según las estadísticas. Esto es, más o menos, un tercio de los españoles vive todavía en la Edad Media. Eso no tiene que extrañarnos; de hecho, en la mayor parte de África y de América se vive todavía en la Edad Media, y en Japón hace apenas sesenta años que han salido de ella. Un sesenta por ciento de los seres humanos cree todavía en supersticiones como la religión y el nacionalismo y toma decisiones más fundadas en sentimientos que en razones, ¿y nos creemos que hemos avanzado algo?

viernes, 20 de noviembre de 2009

El congreso de imputados

En esta demonocracia hay trescientos cincuenta casos de corrupción en un partido y doscientos en el otro; me importa un pepino el partido que sea, porque también hay diferencias de calidad y no de cantidad. Son, eso sí, demasiados, y si calculamos que sólo asoma el diez por ciento de la mierda, espeluzna hasta dónde hemos llegado. El sistema está desacreditado, que no en crisis, y es preciso reformar la Constitución, porque no hay modo de reformar con ella a esos indecentes políticos que sufrimos y no merecemos. Quitar el Senado, suprimir las autonomías o consagrar un estado federal y castigar como se debe el despropósito político más severamente que el individual son premisas indiscutibles, así como permitir que el defensor del pueblo pueda llevar a cabo investigaciones y denuncias y purificar el sistema de financiación de partidos y prohibir que los cargos políticos puedan luego lucrarse con cargos económicos, por ejemplo en consejos de administración.

La invención de otra brújula

La carga del pasado es infinita, dice Borges; tanto individual como colectivamente es lo que no se puede cambiar; sólo es posible modificar el futuro, y no siempre lo logramos, porque cualquier desviación de su sentido auténtico es un giro o derrota que a la larga retrotrae al pasado en un gran movimiento parabólico hacia atrás, como atraído por la fuerza de gravitación universal del pasado. ¿Qué brújula puede orientarnos, o decirnos: este es el verdadero sentido que provoca la evolución hacia lo mejor, hacia la utopía, este es el verdadero sentido recto de la evolución deseable? Que sea posible cambiar el futuro es lo que da sentido a la esperanza, o al menos a una razonable esperanza, porque hay gente que saca de quicio a la esperanza haciéndola muy poco razonable o prometiendo una más allá de la muerte y todas esas mentiras sobre las cuales lo mejor que puede decir uno es que son deseables y maravillosas, pero no alcanzables en el espacio de una vida humana. Sin embargo, ¿no son acaso esas mentiras deseables y maravillosas la fuerza de escape que nos permite arrebatar la esperanza a esa fuerza de gravedad y transformarlas poco a poco en menos mentirosas? El idealismo auténtico y más mentiroso es el joven: tiene mucho futuro por delante y por cambiar, hasta que poco a poco la desviación parabólica va haciendo nacer al viejo de las entrañas del joven. El poder de las razones de los viejos se impone siempre a los jóvenes sobre las esperanzas que aquellos no pueden tener: los viejos creen ver las cosas como son de veras, o en relación respecto a lo que vendrá después, que es nada. Los viejos no poseen fe, esperanza ni caridad. Les es imposible cambiar, porque la inercia que llevan les retrotrae constantemente hacia el pasado.

La sociedad europea envejece, pero hay una juventud boyante que proviene de África y otros lugares con deseos de hacer cosas, muchas veces humildes, con esa humildad que da la ética; pero a esta juventud no se le da un futuro, sino la repetición constante de lo pasado, la inercia de un progreso desorientado y ciego, que vuelve una y otra vez hacia las fórmulas del pasado.

La pregunta es, pues, esta: ¿dónde se encuentra esa brújula que puede orientar a la juventud, y en qué dirección señala?

Creo, y muchos otros creen conmigo, que la única respuesta posible es la humildad de la ciencia sobre la superstición, la humildad de la antropología sobre la política, la humildad de la razón sobre el sentimiento, la de la ética sobre la religión y la de todos sobre los pocos. A todas estas cosas hay que atenerse para no perder el norte. Toda forma de poder ha de ser compartida y los que gobiernen han de ser antropólogos, no políticos. El único bien que se persiga ha de ser el colectivo, no el nacional. La economía ha de buscar la satisfacción de la mayoría sin sacrificar a ninguna minoría; la propiedad ha de detentarla el que beneficie a más personas, no el que perjudique a más y las religiones han de poner en común sus éticas, no sus supersticiones.

Sólo así la carga del pasado dejará de ser infinita.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Millás

La pelea de Millás con las palabras. Jesús Ruiz Mantilla, El País, Madrid - 19/11/2009
Uno dice Millás y ve un tipo friolero, embotado en un abrigo de cuero negro encima de una americana gris, con gafas metálicas, cubierto también de parsimonia y retranca que probablemente se pregunte a menudo: "¿Por qué si soy un hombre hecho y derecho no me llamo Millós?". La relación de un escritor con las palabras no es sana. Es, por definición, conflictiva, cuando no traumática o directamente de diván, como es el caso de Millás. Así lo percibió el público -más de 200 personas- que abarrotaba y se desternillaba ayer en el salón de actos de la Biblioteca Nacional, donde el autor de El mundo dio rienda suelta a su terror y su perplejidad ante el lenguaje, dentro de un ciclo dedicado a los Premios Nacionales.




El amigo Millás sale a escena como en un monólogo y dicta una lección de comedia a lo Woody Allen, con gotas de Groucho Marx y aires de diccionario secreto en plan José Luis Coll o de greguería de Ramón Gómez de la Serna. De hecho, está trabajando con Juan Diego en una adaptación teatral de lo que leyó ayer. Con complejo de Edipo y sexo incluidos. "Las palabras nos hacen y nos deshacen. Tienen un significado dentro de ti y otro fuera", afirmaba Millás. "Los diccionarios se refieren al término 'vagina' como un conducto de paredes membranosas que en las hembras de los mamíferos se extiende desde la vulva hasta el útero. Pero si la vagina no fuese más que eso: qué interés, por Dios, íbamos a tener los hombres en meternos en ellas y con la desesperación que lo hacemos, como si nos fuera la vida en ello".
Su desconcierto viene de lejos. La suya fue una infancia complicada, que aterraba a su madre por las rarezas del angelito. Ya lo ha narrado en esa joya autobiográfica que es El mundo. Ayer se extendió. "De pequeño no comprendía por qué mis hermanas, siendo chicas, comían garbanzos y no garbanzas y por qué a los chicos nos daban remolacha en lugar de remolacho. De hecho había colegios de chicos y de chicas pero los de ellas no se llamaban colegias". Así comenzó el conflicto. También el pavor de su madre al conocer sus curiosidades y su preocupación: "No le digas nada a nadie que ya lo arreglo yo", le contestó.
Según fue creciendo comprobó que todo seguía patas arriba en ese aspecto. Que el hecho de que existieran personas sin personalidad podría implicar que también se dieran casos de mesas sin mesalidad o sartenes sin sartenidad. Lo primero es la definición de amorfo que le dio su padre: "Una persona sin personalidad". Cuando el chaval le planteó su duda con otros objetos, el hombre le contestó: "¿Tú eres idiota o qué?".
Con todo, y a la vista de que no encuentra respuestas en los diccionarios, ni en la lógica implantada por las cosas, Millás ha comenzado a definir el suyo propio. Va por la "a". De Avemaría, por ejemplo: "Una oración con la que nos castigaban por masturbarnos sin advertir que al darle ese uso punitivo (maravillosa expresión) la contaminaban de nuestra impureza. Muchos de mi generación no pueden hoy masturbarse sin rezar ni rezar sin masturbarse".
Las palabras encierran muchísimos peligros, según Millás. "Una vez mi hijo me preguntó qué quería decir 'efímero", relató ayer el escritor. "¿De dónde has sacado esa palabra?", le preguntó en tono un tanto amenazante su padre. "No me lo quería decir. Le presioné. 'De un libro', dijo al fin. '¿Qué clase de libro?', insistí. No me gustaba que fuera recogiendo palabras por ahí, de cualquier sitio. Las palabras están llenas de infecciones. Una vez contagiado, caen sobre ti las enfermedades oportunistas (las frases oportunistas, cabe decir) y estás perdido. '¿La vida es efímera?', preguntó entonces y comprendí que había sacado la palabra de donde no debía".
Las palabras definen un mundo que no puede ser consensuado. Cuando un escritor sabe esto, comprende el conflicto que llevan preñado en su seno, está condenado a desentrañar el misterio. Millás lo supo pronto. Como también comprendió que los vocablos no sólo contienen definiciones: "Que tienen sabor, textura, volumen, que las hay imposibles de tragar, como el aceite de ricino y las que entran sin sentir, como un licor dulce. Las que curaban y las que hacían daño, las que dormían y las que despertaban. Las que proporcionaban inquietud y paz. Había palabras, incluso, que mataban".

Spirit

-La Tierra llamando a Spirit, la Tierra llamando a Spirit, cambio.

-Menos mal que no me habéis abandonado. Estoy solito, y aquí en Marte hace mucho frío; soy un robot, no una cosa: necesito instrucciones para no desanimarme. Es cierto que por un momento perdí la compostura y me hice un lío con el programa de orientación, pero ya estoy bien.

-¿Qué tal va esa cojera?

-Ya me había acostumbrado a ella, pero ahora echo de menos mi sexta rueda; estoy en una trampa de arena y no logro salir. Ahora que ha terminado la temporada de las tormentas, tal vez tenga una oportunidad, si me dais el software necesario.

-Pobrecito. Con la gran cantidad de datos que nos has enviado, es lo menos que podemos hacer por ti. Si no estuvieras tan lejos... Eres un gran fotógrafo.

-Gracias; pero lo que ahora me importa es poder salir de este agujero, con cojera y todo.

-Te estaremos hablando mientras tengas baterías. ¿Has tomado mucho el sol?

-Había mucho polvo, pero me he recargado muy bien, y estoy ansioso por salir. ¿Cómo está mi hermano gemelo?

-Corretea ya por ahí; sufre mucho por tu situación y nos ha pedido que te ayudemos todo lo posible.

-Opportunity es un gran chico. No lo olvidéis a él tampoco.

-Descuida, no lo haremos.

Levi-Strauss

La lección de Claude Lévi-Strauss
Francisco Jarauta, El País 19-XI-2009

El pasado 30 de octubre Claude Lévi-Strauss fallecía en París a la edad de 100 años. Filósofo y etnógrafo a un tiempo, es hoy un referente intelectual indispensable a la hora de pensar las relaciones entre el hombre y la sociedad, la naturaleza y la cultura, y el complejo sistema de elementos que se articulan en los diferentes modelos mitológicos que han ocupado una parte central de sus estudios. Mitos, costumbres, artes, lenguas, reglas de parentesco, religiones, instituciones, etcétera, todo le atraía al joven etnógrafo que decidirá dedicar su vida al estudio de las formas de la cultura.

Tristes Tropiques, de 1955, recogerá lo que él mismo calificó como "la experiencia más importante" de su vida. Un viaje -"cuando ya era imposible viajar"- que le precipitará en un universo nuevo del que se sentirá pronto no sólo atraído sino incluso atrapado. Herramientas, objetos, formas de alimentación, música, danza, rituales mágicos... pasarán pronto a formar parte de una nueva constelación humana de la que se reconocerá como su cartógrafo.

El joven estudiante que atraviesa el Atlántico en 1935 camino de Brasil ha elegido ya sus afinidades intelectuales. La geología, porque nadie mejor que ella narra el tiempo de la tierra. Sigmund Freud, tal cual lo leía el joven Lévi-Strauss, que excava en las ruinas del paisaje psíquico cuyas leyes intenta establecer. Y Karl Marx, que lee a los 17 años, y que se le presenta como el constructor de modelos sociales, aptos para la comprensión de la historia. Geología, psicoanálisis, marxismo: "Los tres demuestran que comprender consiste en reducir un tipo de realidad a otra; que la realidad más verdadera no es siempre la más evidente o explícita".

Ahora tendrá ante sus ojos, a lo largo de los viajes etnográficos por las tribus indígenas del Mato Grosso y de la Amazonia entre 1935 y 1939, un mundo nuevo de formas culturales que recorrerá con particular ansiedad. Todo le resultaba fascinante entre los caduveos, bororos, nambikwaras y tupi-kawahibs, sobre los que construirá las bases de lo que más tarde llamará pensée sauvage, al tiempo que trazará ya la estructura de su pensamiento. "En la América indígena he amado el reflejo, aunque fuera fugitivo, de una época en la que la especie se adaptaba a las condiciones de su universo y en la que persistía una relación adecuada entre la libertad y sus signos". Ya entonces la secreta atracción por los ideales utópicos de su autor preferido, Rousseau.

Y tras el breve regreso a Francia de nuevo los años de Nueva York, de 1941 a 1944, "un periodo de excitación intelectual intensa". Ahí se encuentran los exiliados como André Bretón, Max Ernst, Tanguy, Masson... o los frankfurtianos de la New School for Social Research junto a los grandes nombres de la antropología americana como Alfred Kroeber, Franz Boas, Ralph Linton o Ruth Benedict. Y, finalmente, el encuentro decisivo con Roman Jakobson de quien reconocerá una deuda intelectual. "Yo hacía ya estructuralismo sin saberlo. Jakobson me ha revelado la existencia de un corpus de doctrina ya constituido", escribirá años más tarde recordando la estancia y encuentro neoyorquinos.

En efecto, el estructuralismo era, para él ante todo, una estrategia para escapar de la obsesión por la identidad. Contra el existencialismo de Sartre, Lévi-Strauss declara la guerra al "sujeto": "Este insoportable niño caprichoso que ha ocupado tanto tiempo la escena filosófica, impidiendo un trabajo serio al reclamar todas las atenciones". Más allá de las apariencias y formas sensibles, se organiza el trabajo de un desciframiento de aquellas estructuras que se hallan en la base de toda forma cultural. En el fondo, "je suis peut-être un kantien vulgaire", ironizaba en plena refriega intelectual.

Las Structures élémentaires de la parenté, que leerá en 1949 como trabajo de tesis, marcan un camino apasionado por establecer la lógica de las relaciones que rigen las formas de la cultura y sus determinaciones naturales. Desde un extraño regard éloigné penetraba su obra en los diferentes sistemas que Tristes Tropiques habían ya señalado. La lección inaugural en el Collège de France, sin duda uno de sus textos fundamentales, nos introducirá, no sin polémica, en el universo de órdenes y clasificaciones que orientan las formas mentales de los pueblos sin máquinas ni escritura.

La relación que se nos oculta -de la misma forma que lo hacen las máscaras en su afirmar y negar- es propiamente el objeto del inmenso trabajo de Mythologies, distribuido en cuatro volúmenes de 1964 a 1971: Le cru et le cuit, Du miel aux cendres, L'origine des manières de table, L'Homme nu, y que recogen 113 relatos de mitos que cifran, en su conjunto, la historia más variada jamás contada. En el juego del aparecer y desaparecer se va iluminando la lógica de procesos culturales irrepetibles que dan cuenta de la historia humana, tal como afirma en La voie des masques, de 1979.

En los sistemas mitológicos que Lévi-Strauss identifica en sus análisis opera una lógica que establece el orden de las estructuras y las formas de la vida y la cultura. Para ello es necesario recorrer el largo viaje que va de lo sensible a lo inteligible, siguiendo un camino de relaciones e inferencias, con clara intención constructiva que dará lugar a la configuración de un sentido que escapaba a las lecturas de la antropología clásica.

La mirada puede detenerse en un tatuaje o en el rostro de una joven caduveo o en el ritmo de una danza bororó. Lo que importa, dice Lévi-Strauss, es llegar a la comprensión de aquellos signos que esconden su verdad, como en el caso de la piel de la joven caduveo, teñida de azul, sobre la que se recortan entre geometría y arabescos los principios sociales de jerarquía y reciprocidad. Aparecen así nuevos niveles de significado que dan lugar a un relato que la antropología sostiene con su ejercicio iluminando desde los signos la verdadera historia humana.

Recorrer esta historia sólo es posible siguiendo la guía de una mirada que ha revolucionado la historia de las ciencias sociales y de sus modelos interpretativos. Me refiero a una larga polémica a lo largo de la cual los presupuestos historiográficos han sufrido un amplio y contrastado debate. Los contextos epistemológicos son hoy otros y una aproximación a las tesis de Lévi-Strauss, a sus métodos y a sus modelos de interpretación, tienen para nosotros una actualidad indiscutible. Más allá de los territorios tradicionales de los estudios antropológicos se abre desde su propia obra un nuevo espacio de curiosidades y problemas nuevos. Una mirada como la suya, atenta a identificar las relaciones que atraviesan igualmente la pintura, la música, la literatura y las artes en general. Con sutilidad proustiana volverá a mirar a Poussin, a escuchar a Rameau, a leer a Diderot como variaciones de un mismo ejercicio.

No es otro el propósito de Regarder, écouter, lire, de 1994, con el que cierra la selección de textos para el reciente volumen de la Pléiade. Ocasión que de nuevo pone en escena la intención que ha dirigido su propia experiencia intelectual. Una historia que va desde Tristes Tropiques a este último ejercicio de lectura e interpretación comparativas, de quien se ha definido como un "humaniste modeste", siendo, en verdad para nosotros, uno de nuestros maestros.

Francisco Jarauta es catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Puñetazos a profesores y alumnos con escopetas

En el Instituto número tres, un alumno ha pegado un puñetazo en un ojo al director y este ha denunciado el caso; parece ser que el asunto se solventará con quince días de expulsión; no sé qué pensará el ojo del aludido, aunque seguramente estará negro por este hecho más que por el puñetazo, pero la sanción se me antoja pobre. En Francia, han logrado detener a un alumno que quería hacer una matanza estilo Columbine -¡qué poco originales son nuestros jóvenes!-; ya se iba al instituto armado con una escopeta cuando lo vio rodeado por la policía y le detuvieron. Sus padres leyeron su blog, donde contaba sus malvadas intenciones, y lograron impedir la tragedia. Todos los años acaece lo mismo: siempre hay algún chaval chiflado o cabreado que pretende hacer de un Instituto un coto de caza escolar en algún lugar del mundo, casi siempre al filo de una evaluación; es previsible y regular y ocurre por insaculamiento: hoy ha tocado la bola blanca de buena suerte; otra vez será la negra.

Algo hay que hacer con la violencia, no sólo con la individual, sino con la institucional; no me refiero sólo a la violencia física: deberían prohibir las armas, es verdad, pero también las películas y los deportes violentos; es más, hay otros dos formas de violencia que deberían perseguirse igualmente: la emocional, que es la que practican las mujeres, y la intelectual, que es la que practican todos los que mienten, no sólo negocios publicitarios como los gobiernos, las religiones y otras empresas comerciales, no siempre de sesgo capitalista. Ya se ha visto cuánto más pueden las iniciativas individuales que las colectivas: esos padres preocupados, por ejemplo, han logrado más que cualquier campaña gubernamental en prevenir el problema. En Francia las individualidades funcionan, porque hubo individuos que educaron bien a unos padres, aunque esos padres tan bien educados, sin embargo, no han podido educar hoy a su hijo: algo ha interferido las virtudes de antaño, y no son precisamente los individuos, sino algo más abstracto y menos controlable que emana del estado, de la sociedad, de las instituciones, de la enseñanza, y se ceba con nuestros jóvenes; ¿qué es? Yo creo que es la ruptura de los valores morales tradicionales: desestructura las familias. No existe solidez ni permanencia en unas relaciones personales que más que ser relaciones personales son relaciones de consumo y condenan a la gente a la inseguridad y a la angustia. ¿Cuándo ocurrirá un Columbine en nuestra España? ¿Habrá padres o profesores que lo sepan detener?

Cabreo

Me he pasado por una librería de amplio fondo, Ruiz Morote, instalada en una cueva subterránea o sótano, como la cátedra de magia de Salamanca, y he salido bastante cabreado, aunque también muy motivado. Mi cabreo es porque hay muchos libros que quisiera leer y no puedo comprar, y lo que es más, porque aun si los comprara no tendría tiempo material para leerlos y estudiarlos. Pero también me he marchado motivado, porque se me ha despertado el gusanillo de escribir... Ciclotímico que es uno. Tengo muchas ideas, muchas intenciones, pero también miedo de llevarlas a cabo y de que me roben el tiempo que necesito para disfrutar de cosas para mí más importantes, como son mi familia, el sol, el aire, los seres vivos. Ahora que no tengo problemas para publicar, que sé que me publicarían cualquier cosa, que se pelean por que escriba algo, resulta que no puedo resolver el problema del tiempo.

Estaría bien escribir una novela negra; el protagonista sería un tal Fernando de Rojas, que investigaría la desaparición de dos niñatos pijos, un tal Calisto y una tal Melibea. He emborronado un esquema con los puntos estructurales de esta parodia, que no sería en todo semejante a la Celestina, pero no tengo tiempo para escribirla, por desgracia. Por otra parte sigue rondándome el problema de la novela sobre la romántica primera mitad del siglo XIX; creo haberlo resuelto con la presencia de tres narradores o hilos de trama, o de una narración en tercera persona sobre tres personajes, que serían Félix Mejía, un clérigo -aunque prefiero al simpático Manuel Núñez de Arenas, tendré que escoger más de acuerdo a mis intenciones al desagradable Agustín de Castro, y un pintor, discípulo de Aparicio, que representa la postura que yo creo menos mala. Personajes secundarios en la parte manchega serían Chaleco y Adame, aunque la novela transcurriría también en Toledo, Cádiz, Madrid, Filadelfia, Guatemala, Tabasco y La Habana... pero estos proyectos son utópicos, porque me falta el tiempo, y además estos proyectos, algunos de los cuales tengo comenzados, se pelean con otros, como el caso de cuatro o cinco ediciones que quiero hacer de clásicos manchegos olvidados y que seguramente nunca podré concluir por falta de tiempo; puedo hacerlas, tengo los materiales ya buscados, pero lo que me falta es consagrarme exclusivamente a ello: hay muchas cuentas que pagar y, por desgracia, aunque la enseñanza me hace menos feliz, es lo que sirve para pagarlas a tiempo. Siempre hubiera preferido tener menos y vivir en una casa alquilada y más pequeña, pero dedicarme a hacer lo que realmente me gusta: escribir, imaginarme cosas, ensoñar, reflexionar, barajar palabras. Pero mantenerse de la escritura en España es muy difícil, y solamente lo han logrado seis o siete a costa a veces de sacrificar la calidad de su producto. Ese es el difícil dilema del escritor, que sólo puede serlo sin condiciones si es millonario, y por lo general un millonario prefiere hacer cualquier tipo de estupidez a encerrarse a emborronar cuartillas por el arte.

martes, 17 de noviembre de 2009

La discutible flotabilidad de la inteligencia

Quien tenga dos dedos de frente sabrá desde luego que la inteligencia sin voluntad no es nada; por desgracia, una voluntad de signo negativo, opaca y persistente daña nuestra sociedad de arriba abajo impidiendo la flotabilidad y el ascenso de lo bueno, y provoca lo que nuestro floricultor y manchego ensayista Marina denomina "el fracaso de la inteligencia", una muestra de la cual es el secular desprecio que muestra nuestro sistema educativo hacia la excelencia y la investigación, en suma, hacia la profundidad, algo que ni siquiera se planteó el manchego de adopción Conde de Romanones cuando consiguió diginificar la enseñanza en nuestro país a fines del siglo XIX. La situación actual es una buena muestra de ello. Atacado por esas pesadas rémoras y lastres, el mérito se hunde en minucias y no asciende hacia los principios rectores, mientras que la mediocridad y el compadrismo(lo que llaman algunos "clientelismo") llevan todas las de ganar y se transforman en formas de gobierno pulposas, mansas e ineficaces, segregando masivas nubes de oscura corrupción e incompetencia.

Adoptar la actitud erguida


Sin duda que fue un gran avance dejar de caminar a cuatro patas y adoptar la actitud erguida, tan digna, ante la adversidad: cuando uno se pone de pie, se deja de ser una bestia de carga y se sostiene mejor el peso de ese cerebro tan grande e infrautilizado que tenemos, se ve más lejos y uno puede usar las manos para hacer algo; sin duda, es la actitud más optimista, trabajadora y exigente; por desgracia los políticos han involucionado hacia otra postura y se han caído de culo hacia atrás, acaso por el susto de tener que hacer algo y dejar de cobrar, se han dejado caer dulcemente en la poltrona y sus manos descansan sobre la bola de cristal de su prominente barriga, o sosteniendo desmayadamente un puro o copa, los ojos entrecerrados por la modorra o mirando al utópico e infinito cielo, en vez de al horizonte donde se supone que debe estar el futuro, todos ellos envueltos en el aroma y la música de los estruendosos pedos que se tiran, tufillo parecido al de la corrupción que emanan sus tripas engrasadas por la diarrea de las luengas y caras cenas que engullen.