domingo, 21 de agosto de 2011
De Esopo a Kafka
Me encuentro realizando una edición de las fábulas de Samaniego e Iriarte. El tema es muy interesante, porque el género, que es presuntamente humilde, al menos formalmente, es en realidad muy trascendente y envuelve narración, pedagogía, alegoría, filosofía y sociedad. Lo toca prácticamente todo. El mundo grecolatino era estúpido y cruel: la naturaleza humana, a su juicio, no podía cambiar, y esa es la moral de las fábulas; el cristianismo hizo evolucionar un tanto las cosas y pasó de las fábulas a las parábolas; en la actualidad, en la nihilista época moderna, las fábulas y las parábolas no tienen sentido ni enseñan nada; el Esopo de nuestra época podría muy bien ser Kafka.
Etiquetas:
Artículos propios,
Autobiografía,
Crítica literaria propia
sábado, 20 de agosto de 2011
Revueltas
Abel Grau, "A la turba le sirve cualquier causa", El País, 20/08/2011:
Ni la pobreza ni el racismo pueden explicar por sí solos los saqueos de Londres - Robaron por igual pandilleros y clase media - Los analistas alertan, como Cameron, de una falta de cohesión moral.
Natasha Reid no necesitaba un televisor nuevo. A sus 24 años y recién licenciada en Asistencia Social, vive con sus padres en un entorno desahogado del barrio de Edmonton, al norte de Londres. Pero la noche del pasado 7 de agosto vio la ocasión. En medio de la vorágine de saqueos que recorrió Inglaterra, se fijó en una tienda de electrodomésticos que había sido asaltada cerca de casa. Así que entró y robó una televisión de pantalla plana. No tenía necesidad, se la podría haber comprado. Solo entró y se la llevó. Ahora tiene antecedentes policiales. Aún se pregunta por qué lo hizo.
El factor lúdico de la protesta también juega un papel, dice un criminólogo. Para algunos jóvenes, enfrentarse a la policía es como un espectáculo. La historia de Reid, que llegó la semana pasada a la portada de The Times, es una más entre los cerca de 3.000 detenidos durante las revueltas, pero ejemplifica un segmento de los saqueadores que escapa de las causas que se aducen habitualmente. Aunque nadie parece tener una explicación para los disturbios de Londres, al contextualizarlos se suelen mencionar situaciones de pobreza y exclusión social, problemas de integración de las minorías étnicas o los drásticos recortes del Gobierno británico. Sin embargo, entre los detenidos hay muchos perfiles que en principio no encajan en el retrato del sospechoso habitual: una enfermera que intentó robar un televisor en un supermercado, un estudiante de Derecho que se sumó a una banda para asaltar restaurantes, una bailarina de ballet que se llevó un televisor e incluso la hija de un millonario acusada de robar electrodomésticos por valor de 5.700 euros. A medida que se han conocido las historias de los detenidos han surgido decenas de casos semejantes. La mayoría eran jóvenes, pero sin distinción de estrato social. ¿Qué les empujó a delinquir?
Los expertos destacan la importancia de las circunstancias que subyacen en estallidos de violencia como el de Inglaterra, que entre el 6 y el 10 de agosto se propagó desde Londres hasta Manchester, Nottingham y otras ciudades. Dejó cinco muertos y pérdidas que se elevan a 230 millones de euros. "Las revueltas juveniles en la Europa de hoy, y eso vale para la de los suburbios franceses de 2005, la de los airados griegos de 2008 y la de los indignados ibéricos y los suburbios ingleses de 2011, no son revueltas de la miseria sino del bienestar", razona Carles Feixa, catedrático de Antropología Social de la Universidad de Lleida. "No surgen por problemas de subsistencia material, sino por problemas de cohesión moral; por crisis de valores o más bien por nuevos valores que se visibilizan con la crisis. Los valores con los que las nuevas generaciones han sido educadas, que ya no son los de la ética puritana del ahorro sino los de la ética hedonista del consumo, se ponen en duda en momentos de crisis, pues la promesa del ascensor social desaparece de golpe. Eso vale tanto para los jóvenes pobres como para la clase media: todos ven sus expectativas en riesgo", añade.
La espoleta que encendió los disturbios, la muerte del joven Mark Duggan, abatido a tiros por la policía en el barrio de Tottenham, fue una razón o excusa para mostrar ira, sostiene Vicente Garrido, profesor de Criminología de la Universidad de Valencia. "La ira de las bandas ante la policía, la ira de los antisistema, de los delincuentes juveniles. Esa ira, si era lo suficientemente intensa, generaría un escenario de oportunidad único, una ventana hacia el robo y el pillaje", señala. "Entonces se formó una turba que devoró todo. La auténtica naturaleza del hecho se muestra por quienes eran las víctimas: sus propios vecinos. Ante ese movimiento autogenerado y arrollador acabaron por ceder todas las inhibiciones frente a la ley".
El primer ministro británico, David Cameron, avisó el pasado lunes de que la oleada de altercados es "una llamada de alerta" para todo el país y exhortó a atajar el "hundimiento moral a cámara lenta" de la sociedad británica. No obstante, negó rotundamente que las revueltas tuvieran que ver con el racismo, la pobreza o los drásticos recortes que ha llevado a cabo su Gobierno. "Estos disturbios no tienen que ver con la pobreza: eso insulta a los millones de personas que, cualesquiera que sean las dificultades, nunca soñarían siquiera con hacer sufrir a los demás de esta forma", dijo. Tras el toque de atención, añadió Cameron, el Gobierno de coalición de conservadores y liberaldemócratas planea un ambicioso plan de reformas para restaurar esa "sociedad rota". Entre las prioridades están las escuelas, las prestaciones sociales, ayudas a las familias y la educación en los hogares. "Si queremos tener alguna esperanza de reparar nuestra sociedad rota, la familia y la educación familiar es donde debemos empezar". Entre las medidas anunciadas prevé mejorar las condiciones de los 120.000 hogares más desfavorecidos.
Los estudios sociológicos serios sobre los disturbios están por llegar, avisa el filósofo, ensayista y pedagogo José Antonio Marina, pero considera muy significativa la cuestión de los valores que la sociedad transmite a los jóvenes. "La educación ética está desprestigiada, basta recordar lo que pasó en España con la asignatura ética de Educación para la Ciudadanía. Hemos sustituido la oposición importante -bueno o malo-, por una de emergencia -delictivo o no delictivo-, y hemos sustituido la ética por el Código Penal. Y eso no funciona", explica. "No se puede culpar a la familia y a la escuela de la ausencia de valores, en una sociedad conmocionada por las escuchas de Scotland Yard, la desvergüenza de muchos políticos, y una crisis económica indecente", dice el filósofo. Es una tarea que incumbe a toda la sociedad. "Para educar a un niño hace falta la tribu entera. Y la tribu somos todos", señala.
Es necesario, considera Marina, rescatar una educación global en valores. "Vemos el fracaso de la educación permisiva, después de haber visto el fracaso de la educación autoritaria. Necesitamos recuperar los valores morales fuertes, y transmitirlos también a través de la familia y de la escuela". Añade, sin embargo, un matiz importante: "A nadie se le oculta que la educación informal -la que se ejerce fuera de esas instituciones- es cada vez más poderosa. Creo que debemos insistir en la idea de que todos educamos -por acción y por omisión- y elaborar una Carta de los Deberes Educativos de la Sociedad, que señale los deberes de cada situación: familia, escuela, empresa, medios, policía, justicia, políticos, sanidad, sindicatos, partidos políticos, etcétera".
Los disturbios de Londres son una muestra más de un nuevo tipo de revueltas sin distinción de clases, según argumenta el antropólogo Feixa. "Lo novedoso aquí es la dirección de la protesta: normalmente las inician las clases medias y luego siguen las bajas, como sucedió en la revolución francesa y en mayo del 68. Aquí sucede lo contrario", señala. "Las revueltas populares siempre se han visto, al principio, como una forma de vandalismo, mientras que las burguesas suelen tener un componente ideológico. Quizá asistimos a una inversión de la hegemonía cultural: la sociedad de consumo no elimina las clases, pero las desclasa, es decir, las desvincula de sus valores tradicionales. Por eso hay jóvenes acomodados que parecen vándalos de suburbio; y seguramente hay muchos jóvenes pobres que actuaron como jóvenes conscientes, serios y respetables, aunque eso no se vio. En el fondo hay un mito: solo los pobres se meten en bandas. Mi experiencia demuestra que en las bandas hay mucha clase media, aunque no lo parezca".
Los tumultos han servido como llamada de atención sobre los problemas de la sociedad británica, pero estos no explican por sí solos la explosión de violencia, incendios y pillaje, según otros expertos. "No tienen reivindicaciones sociales o políticas", señalaba la semana pasada en este periódico Jim Waddington, profesor de Política de la universidad de Wolverhampton y experto en seguridad. Advertía de la diferencia respecto a las revueltas de Londres en los ochenta. "No se trataba solo de destrozar escaparates. Entonces el objetivo era atacar a la policía", añadía. Los manifestantes "representaban a clases trabajadoras que querían un cambio".
En la oleada de disturbios que recorrió Inglaterra, las reivindicaciones quedaron empañadas o diluidas. Los robos y saqueos convierten estas algaradas en algo diferente de otras oleadas de violencia callejera que tuvieron un propósito más definido, como la de los suburbios de París de 2005 y los de Grecia en 2008 -por no hablar de las recientes y masivas protestas pacíficas de los estudiantes de Chile y la de los indignados en España e Israel. Las de París y Grecia consistieron fundamentalmente en enfrentamientos con la policía, quema de automóviles y destrozos del mobiliario urbano. No abundaron los robos.
En Reino Unido, las causas de la participación sin distinción de clases en las revueltas tienen mucho que ver con el comportamiento de masas, similar al que surge en algunas celebraciones de victorias deportivas, según indica Jason Nier, profesor asociado de Psicología del Connecticut College, en EE UU, y experto en la psicología social de los actos colectivos. Hubo quien se sumó a los destrozos por puro oportunismo. "Muchos -quizá la mayoría- de los saqueadores participaron por puro egoísmo y avaricia. Como necesitan o quieren cosas, sencillamente se las llevan, sin importar si lo consideran correcto o incorrecto", argumenta Nier. "Y luego parece que hay otros que justifican los saqueos argumentando que, a su modo de ver, todo el sistema político o económico es ilegítimo, así que sencillamente se aprovechan de un sistema que creen que ha estado explotándoles (o al menos ignorándoles)". Finalmente, están los que en otras circunstancias nunca habrían hecho lo que hicieron. "Son algunos, probablemente una minoría, que quizá se acercan a los disturbios o saqueos sin malas intenciones. Puede ser gente normal que pierde temporalmente su brújula moral en el frenesí de la multitud", apunta.
La psicología describe esta actitud como comportamiento de masas. Cuando el individuo se encuentra en medio de una multitud, su capacidad para sentir empatía y culpa se diluye, según indican los psicólogos. Entonces puede llegar a asumir los valores del grupo y los propios se atenúan, señala el profesor Nier. Si uno nunca ha vivido unos disturbios, no sabe cómo desenvolverse, así que observa lo que hacen los demás y lo asume como normal. Incluso hay quien puede elaborarse una moral propia para justificar sus actos. Tras el alboroto de la masa, hubo algunos de los propios saqueadores que fueron por su propio pie a devolver lo que habían robado. Como la joven Natasha Reid. Incapaz de dormir por el sentimiento de culpa, según recordaba su madre, acudió al día siguiente a la comisaría con el televisor bajo el brazo.
El componente lúdico de la protesta urbana también desempeña un papel. A los jóvenes implicados de entornos acomodados, estos destrozos les proporcionan "una situación de anonimato y riesgo muy excitante, en la que desaparecen las inhibiciones", sostiene Garrido, autor de Los hijos tiranos. El síndrome del emperador. "Les parece como una especie de parque temático con la emoción de enfrentarse a la policía". Avisa, con todo, que esos jóvenes ya suelen estar predispuestos a esa actitud, bien debido a una personalidad adicta al riesgo, a dificultades en los estudios o a problemas familiares. Han sido frecuentes las imágenes de los saqueadores entrando en las tiendas a través de lunas destrozadas y llevándose ropa o televisores. Muchos ni siquiera se cubrían la cara. Otros posaban con sus trofeos para tomar una fotografía y colgarla en su red social.
En conclusión, cada protesta urbana suele responder a una compleja mezcla de causas, y las de Londres siguen sin estar claras. En lo que coinciden los expertos es en que la enseñanza de valores es crucial y que sería un error subestimar las revueltas como una simple cuestión de delincuencia juvenil.
Reivindicaciones a pie de calle
Cada caso de protesta callejera responde a una combinación específica de elementos que permiten que el malestar cruce un determinado límite y se transforme un movimiento urbano, como recordaba recientemente la analista de Newsweek Saskia Sassen, a raíz de los disturbios en Reino Unido. Los tumultos de Londres suceden tras una serie de revueltas en las que la calle se ha convertido en el escenario para mostrar el descontento y las reivindicaciones de cambios políticos y sociales. En 2005, fueron los suburbios de París. La muerte de dos adolescentes electrocutados cuando huían de la policía fue la chispa que prendió la ira y el descontento social de los barrios marginales de las afueras de París y otras grandes ciudades francesas. Acusaban a las fuerzas de seguridad de discriminación racial. Se quemaron coches y edificios y hubo enfrentamientos con la policía. Sirvieron para dar voz a las minorías inmigrantes y a las dificultades que afrontan para integrarse. Las protestas resurgieron en 2008.
A finales de ese mismo año, en Grecia, la muerte de otro joven abatido a tiros por la policía en Atenas desató una protesta masiva. Cientos de estudiantes se echaron a las calles para protestar contra la violencia policial y especialmente contra el Gobierno y la falta de perspectivas laborales y los inaccesibles precios de la vivienda. Hubo disturbios y choques con la policía en varias ciudades.
En 2011, las protestas han proliferado. En España, el movimiento del 15-M ha aglutinado las críticas contra el sistema político y financiero como responsable de la crisis financiera global. Mediante concentraciones y manifestaciones, los llamados indignados han exigido reformas. En Israel, cerca de 300.000 indignados marcharon el pasado julio en Tel Aviv contra el paro, la precariedad laboral y los abusivos precios de la vivienda. Profesores, trabajadores sociales, médicos y madres solteras exigieron cambios al Gobierno de Benjamín Netanyahu.
Coincidiendo con los disturbios de Londres, en Chile cientos de estudiantes se han manifestado en la capital para exigir un cambio del modelo educativo impulsado por el Gobierno conservador de Sebastián Piñera. Quizá sean revoluciones menores pero, desde la calle y con un propósito firme, han obligado a los Gobiernos a escuchar sus reivindicaciones
Etiquetas:
Artículos ajenos,
Ética,
Sociología
Las revueltas juveniles
No estoy de acuerdo con lo que dice Freixa en El País, puesto que la revuelta británica es una revuelta nihilista y la española no lo es sino contra el nihilismo. Cameron dice que la británica tiene un componente de crisis moral en la sociedad, y eso tiene parte de verdad, aunque no ve que hay crisis moral también entre los políticos, que no sienten tener obligaciones hacia el pueblo que los elige. La gente necesita obligaciones, no sólo derechos y libertades, necesita proyectos y sacrificios, y la revuelta se produce cuando los esfuerzos, las obligaciones y los proyectos demuestran que no sirven para nada, que son estériles y concluyen en nihil, "nada", descubriéndose de repente que no hay paraísos sino para los que tienen, a falta de estudios y otros méritos, un buen padrino o un buen par de millones de euros que no son suyos (no un buen par de propios y sacrificados cojones) o un buen soborno en la administración, ya que la honestidad y la nobleza sólo sirven para dejarse explotar. Es entonces cuando la gente suelta lo único que le dejan tener, sus derechos, a falta de obligaciones, y se pone a tomar, a arrancar y a arramblar con todo lo que pilla, atropellando cualquier obligación o ley, moral o no, y se vuelve tan nihilista como esos autorizados gobernantes que han perdido toda autoridad, toda legitimidad moral en una democracia manipulada por los bancos, las iglesias y los poderes fácticos o grupos de presión.
Así dice El País:
"Las revueltas juveniles en la Europa de hoy, y eso vale para la de los suburbios franceses de 2005, la de los airados griegos de 2008 y la de los indignados ibéricos y los suburbios ingleses de 2011, no son revueltas de la miseria sino del bienestar", razona Carles Feixa, catedrático de Antropología Social de la Universidad de Lleida. "No surgen por problemas de subsistencia material, sino por problemas de cohesión moral; por crisis de valores o más bien por nuevos valores que se visibilizan con la crisis. Los valores con los que las nuevas generaciones han sido educadas, que ya no son los de la ética puritana del ahorro sino los de la ética hedonista del consumo, se ponen en duda en momentos de crisis, pues la promesa del ascensor social desaparece de golpe. Eso vale tanto para los jóvenes pobres como para la clase media: todos ven sus expectativas en riesgo", añade.
La espoleta que encendió los disturbios, la muerte del joven Mark Duggan, abatido a tiros por la policía en el barrio de Tottenham, fue una razón o excusa para mostrar ira, sostiene Vicente Garrido, profesor de Criminología de la Universidad de Valencia. "La ira de las bandas ante la policía, la ira de los antisistema, de los delincuentes juveniles. Esa ira, si era lo suficientemente intensa, generaría un escenario de oportunidad único, una ventana hacia el robo y el pillaje", señala. "Entonces se formó una turba que devoró todo. La auténtica naturaleza del hecho se muestra por quienes eran las víctimas: sus propios vecinos. Ante ese movimiento autogenerado y arrollador acabaron por ceder todas las inhibiciones frente a la ley".
El primer ministro británico, David Cameron, avisó el pasado lunes de que la oleada de altercados es "una llamada de alerta" para todo el país y exhortó a atajar el "hundimiento moral a cámara lenta" de la sociedad británica. No obstante, negó rotundamente que las revueltas tuvieran que ver con el racismo, la pobreza o los drásticos recortes que ha llevado a cabo su Gobierno. "Estos disturbios no tienen que ver con la pobreza: eso insulta a los millones de personas que, cualesquiera que sean las dificultades, nunca soñarían siquiera con hacer sufrir a los demás de esta forma", dijo.
Habría que ver si la moralidad de Freixas, Garrido y Cameron y las instituciones que representan no es sino la moralidad de unos aprovechados miembros de la generación tapón que atacan y etiquetan a los demás sin mirarse el ombligo.
Etiquetas:
Artículos propios,
Juventud,
Podemos
viernes, 19 de agosto de 2011
El Papa y los factoides
Nada tengo contra el Papa, salvo sus discutibles, jerárquicas e hipócritas posiciones en algunos temas que veo asume más por la función que tiene de cohesionar su rebaño que porque crea en ellas, hipocresía habitual en su denominación de origen cristiana. Cada vez entiendo más a este hereje, aunque no comulgo tanto con él como con sus sacerdotes de a pie y los de cualquier religión, ya que, cualesquiera sean, pretenden hacernos mejores con procedimientos honorables y honrados, lo que gana mi simpatía y mi apoyo material; más bien tenemos que agradecer (y yo agradezco) que exista gente con sus propósitos, con esa voluntad de consagrarse al bien común y protegernos de toda perturbación; otra cosa es que, prevalidos o infatuados con la autoridad que suministra tan noble encomienda, estos hombres entre todos preclaros ejerzan una intolerancia destructiva contra quienes asumen un fin similar desde distinto credo, ideología u orientación; entonces los que tan justamente enaltezco se vuelven un obstáculo para el bien común y se ganan mi contestación y la de muchos. Sobran los intolerantes y la Iglesia (iglesias, mejor), que sufrió diez persecuciones cuando no estaba en el poder y cuando llegó a mandar montó más de diez contra animistas, musulmanes, protestantes, judíos, librepensadores, homosexuales, científicos, anarquistas y sindicalistas, no presume precisamente de coherencia, paz y amor y, desde luego, nada de nada de dignidad. Más justo parece el Budismo, que respeta cualquier religión positiva y ha logrado subsistir sin imposición por fuerza en todos los países salvo en uno, la India, que fue su lugar de origen, porque en él el emperador Asoka quiso imponerlo por la fuerza; las demás religiones deberían reflexionar sobre esto, así como sobre el hecho de que Jerusalén no pertenezca a ninguna creencia con exclusividad hoy en día.
En cuanto a los ateos, a los que habría que llamar en realidad nihilistas, me resultan especialmente desagradables, porque la mayoría son incluso menos tolerantes que los religiosos y desde luego más incultos y paletos, por decirlo en plata; estos ateos de garrafa lo son porque es una moda juvenil como cualquier otra, una camiseta que ponerse, una gripe que se contagia por exponerse a la contracultura y que hay que pasar, no porque hayan vivido una experiencia contrastada o hayan sacado ese fruto de una mesurada reflexión; ni siquiera podrían ganarse el timbre de racionalistas, puesto que creen carboneramente que la religión no existe, sin plantearse siquiera qué sea, cómo se define o qué necesidades cubre, ni haberse leído (o pretendido digerir, pues son tan light que ni siquiera tienen estómago) la Biblia o las sutras del canon pali; la postura racional, en cuestión tan limitada y restringida como es la existencia verdadera de Dios, rebajable por algunos a la composición de un factoide, es dejar el problema en una duda unamuniana ignosteísta, no en una negación. El ateo común (y no personas tan preocupadas por el asunto como el mismo Dawkins) es tan bárbaro y bestiajo, está tan ideologizado, que no ve brillar en la fe lo único que nos mantiene en pie, ni puede admitir el beneficio social que genera cualquier tipo de religión a una colectividad angustiada por la presión que ejercen sobre ella las libertades modernas, que le imponen unos fatigosos derechos y la existencia en un mundo no siempre degustable ni asumible, al menos por determinado tipo de personas amantes de lo simple y de la introversión; la colectividad necesita deberes y obligaciones para escapar de estas libertades y hacerse como individuos o personas según unos modelos que no siempre tienen que ser Jim Morrison y otras etceteridades disolutas y desenvueltas en un mundo donde la comunicación lo es todo. Por demás, el mensaje cristiano es culto, no poco bello y (hasta cierto punto) humano, aunque muy desnaturalizado a lo largo de la historia por herejes instalados en las ambigüedades de la palabra de Dios (un nombre de los muchos que suele robar el Demonio o el Poder, da igual; la palabra del verdadero Dios es clara, neta y pura, se lee en el corazón y no necesita comentaristas) como los Papas, Lutero o Calvino, aunque coincido con los católicos en su defensa de la caridad, la humildad ante el bien común y, también, la vida como valor fundamental contra el aborto y otras penas de muerte. Esos ateos que se manifiestan violentamente contra el Papa me parecen ridículos; si se manifiestaron los gays con apoyo y dinero público (y entre los católicos no pocos son gays), también pueden los jóvenes católicos recibir apoyo y dinero público; ¡faltaría más!, así como protestantes, budistas y cualquier religión que nos haga mejores, id est, más tolerantes, excepto con la violencia de cualquier tipo que esta sea, física, emocional o intelectual (esta última, sin duda la más difícil de sufrir y discernir, porque su forma es la mentira). Porque toda Iglesia, si es verdaderamente católica ("universal") es, o debería ser, iglesias; integradora (integradoras), no jerárquica (no jerárquicas); y, sobre todo, no hipócrita (no hipócritas).
En cuanto a los ateos, a los que habría que llamar en realidad nihilistas, me resultan especialmente desagradables, porque la mayoría son incluso menos tolerantes que los religiosos y desde luego más incultos y paletos, por decirlo en plata; estos ateos de garrafa lo son porque es una moda juvenil como cualquier otra, una camiseta que ponerse, una gripe que se contagia por exponerse a la contracultura y que hay que pasar, no porque hayan vivido una experiencia contrastada o hayan sacado ese fruto de una mesurada reflexión; ni siquiera podrían ganarse el timbre de racionalistas, puesto que creen carboneramente que la religión no existe, sin plantearse siquiera qué sea, cómo se define o qué necesidades cubre, ni haberse leído (o pretendido digerir, pues son tan light que ni siquiera tienen estómago) la Biblia o las sutras del canon pali; la postura racional, en cuestión tan limitada y restringida como es la existencia verdadera de Dios, rebajable por algunos a la composición de un factoide, es dejar el problema en una duda unamuniana ignosteísta, no en una negación. El ateo común (y no personas tan preocupadas por el asunto como el mismo Dawkins) es tan bárbaro y bestiajo, está tan ideologizado, que no ve brillar en la fe lo único que nos mantiene en pie, ni puede admitir el beneficio social que genera cualquier tipo de religión a una colectividad angustiada por la presión que ejercen sobre ella las libertades modernas, que le imponen unos fatigosos derechos y la existencia en un mundo no siempre degustable ni asumible, al menos por determinado tipo de personas amantes de lo simple y de la introversión; la colectividad necesita deberes y obligaciones para escapar de estas libertades y hacerse como individuos o personas según unos modelos que no siempre tienen que ser Jim Morrison y otras etceteridades disolutas y desenvueltas en un mundo donde la comunicación lo es todo. Por demás, el mensaje cristiano es culto, no poco bello y (hasta cierto punto) humano, aunque muy desnaturalizado a lo largo de la historia por herejes instalados en las ambigüedades de la palabra de Dios (un nombre de los muchos que suele robar el Demonio o el Poder, da igual; la palabra del verdadero Dios es clara, neta y pura, se lee en el corazón y no necesita comentaristas) como los Papas, Lutero o Calvino, aunque coincido con los católicos en su defensa de la caridad, la humildad ante el bien común y, también, la vida como valor fundamental contra el aborto y otras penas de muerte. Esos ateos que se manifiestan violentamente contra el Papa me parecen ridículos; si se manifiestaron los gays con apoyo y dinero público (y entre los católicos no pocos son gays), también pueden los jóvenes católicos recibir apoyo y dinero público; ¡faltaría más!, así como protestantes, budistas y cualquier religión que nos haga mejores, id est, más tolerantes, excepto con la violencia de cualquier tipo que esta sea, física, emocional o intelectual (esta última, sin duda la más difícil de sufrir y discernir, porque su forma es la mentira). Porque toda Iglesia, si es verdaderamente católica ("universal") es, o debería ser, iglesias; integradora (integradoras), no jerárquica (no jerárquicas); y, sobre todo, no hipócrita (no hipócritas).
lunes, 15 de agosto de 2011
Conato de entalpía.
Cuando Carrasco no toma del frasco (pastillas de freno Muñoz hermanos), suéltansele en estampía las fieras y selváticas y rugientes neuronas y él, que drogado aparece nomal, sin drogar aparece anomal, surnormal, retormal, simalsano, nobueno, salido de un violento y pútrido cuadro de Koskoshka a las rosas llenas hasta los dientes. Querría dejarse del todo lo además, abrirse en brazos ríos de tinta de espino, palabras que le corren como líneas de fuego de un hormiguero arañazando de dentro. Pero descubre ser un asesino rompecabezas de ventanas por los que trocean el mundo a navajazos de partes y fronteras, tempestades de larvados tornillos, puntas cabezamosca y gusanos de tuerca, redes eléctricas de pústulas y caminos de cerezas bifurcadas y venas de agua partida y cieno floreado y grita tan pálido que no junta los añicos hurtados de su rapiña, picados con águilas sus huecos de sexo hueco herido con las estrías de sus plúmbeos y trígeos feraces océanos de archipiélago estelado.
Etiquetas:
Creación literaria propia,
Poemas propios,
Prosa lírica
domingo, 14 de agosto de 2011
He estado de vacaciones
Estuve de vacaciones conociendo el boscoso y montuoso norte de Portugal, un lugar lleno de setas, gnomos y ermitas encantadas. Fue un trayecto de una semana corta en autocar a través de nueve ciudades portuguesas y una española, por orden de llegada Salamanca, Coímbra, Nelas, Viseu, Seia, Aveiro, Porto, Guimarâes y Braga. El mayor inconveniente de esta forma de viajar es que vas siempre con la hora pegada al culo, pero reporta más ventajas: aprendes mucho, no pierdes el tiempo y terminas conociendo a mucha gente en la estrecha convivencia que brindan los incómodos pasillos del autocar y del hotel, las paradas para mear, fumar, desayunar, desarrugarse y tirarse pedos y las carrerillas para seguir al guía por los intrincados vericuetos y callejuelas medievales por donde se mete o filtra. La guagua que nos llevaba (el autobús estaba lleno de canarios), era lo que los manchegos llamamos pava o viajera, por no usar el feo anglicismo autopullman, que parece superhéroe de historieta o dispositivo automotriz. El guía era un portugués muy vivo y de Viseu llamado Armando, lleno de labia y política y no poco guapo, si hemos de juzgar por los ojos de terneras degolladas de algunas de las turistas: moreno, bien proporcionado, rizado de cabello. Me comentó que estudió Bellas Artes y que nunca había tenido que hacer un currículum; dejó su carrera porque le gustaba tratar con la gente y se le daba muy bien; era hombre culto.
El grupito estaba formado por varias familas canarias y otras sueltas: almeriense, cordobesa, gallega, una manchega, la mía, etcétera. Todos nosotros de clase media baja; gente bien educada y admirable, por los que sentí un legítimo orgulloy confirmé que, como escribió Richard Ford, el pueblo español es muy superior en todos los sentidos a sus gobernantes. Había dos o tres bellezones; en una parejita de novios jóvenes, a una rubia le asomaba una teta izquierda tatuada primorosamente como una loza talaverana; no me pareció bien por la propia salud de su usuaria; ¿y si le tienen que hacer una mamografía? ¿Cómo podrá curar la adicción al té de sus retoños? Las demás muchachas eran unas jovencitas normales, tirando a guapas, morenas como se estila en unas islas doblemente afortunadas por tenerlas a ellas. Los canarios eran muy cantarines; una pareja, de hecho, pasó su juventud actuando en salas de fiestas y nos obsequió con una isa al alimón.
El viaje fue incómodo: si uno mide más de uno ochenta, y aun ochenta y siete, como es mi caso, tiene que encajarse en los asientos españoles como una pieza de tetris y cambiar continuamente de postura si pretende dormir, mucho más si padece algún mal de columna o de rodillas, y sale del potro de tormento con calzador, apalancado y brusco como un muelle no muerto o una lagartija con interrupciones. El reposacabezas nunca llega a tocarte la nuca y tienes la sensación de que te cuelga como la de un gallo tras la solución final.
Portugal es decadente y se dice pobre, pero a mí me recuerda a España; sería más español si, en vez de haber avecindado con Inglaterra, lo hubiera hecho con Francia. Y es un país orgulloso: hasta sus chabolas tienen ínfulas y pretenden la gloria arquitectónica; sin embargo las paredes están invariablemente deslucidas, cuando no se curan en salud con invariables fachadas de azulejo. En gastronomía son unos golosos; les fascina lo dulce y por eso son grandes confiteros; hasta sus vinos como el Oporto y Madeira son dulces y en eso son muy británicos. En Portugal se dice que hay trescientas sesenta y cinco maneras de hacer el bacalao, pero quienes se han tomado la molestia de contarlas llegan a las dos mil; es comida humilde, porque casi toda la flota mercante de Portugal, por esos líos de los tratados internacionales, era bacaladera. La fórmula mejor es la del Bacalao a la Braga, y la más humilde la del bacalao con ajo o con patatas al puñetazo. También son típicas las francesinhas, una especie de hamburguesa diseñada por un emigrante hambriento, y los ovos mole, de origen monjil, y que consisten en yemas de huevo envueltas herméticamente en una especie de obleas con formas artísticas. El vino de oporto es un primor, muy dulce y afrutado, de unos veinte grados, por lo que sólo se puede tomar antes y después de las comidas, ya que si no te deja fuera de combate. En realidad no es un vino: se detiene su evolución a la mitad y por ello se puede juzgar como una especie de mosto con alcohol. El portugués es sonoro y musical, aunque no tan melódico como el italiano, y engañosamente parecido al español, ya que un portugués cerrado no lo entendería ni siquiera un gallego. Borracho en portugués significa lo mismo que guapo, por lo que hay que tener cuidado si os lanzan piropos, que podéis malinterpretarlos. También hay problemas para pedir pilas de cámara; en portugués pila es lo que en (mal) español polla, y una turista, aunque iba advertida, pidió una pila grande. El aparato masculino se denomina gaita, por lo que entendí mejor eso de que la sidra El gaitero es famosa en el mundo entero... será por lo diurética que es. Se come muy barato, comparado con España; un menú normal te viene a costar seis euros y medio; en España es difícil encontrar uno por menos de nueve o diez.
Casi todo el país, que tiene unos once millones, vive en la franja costera; el interior está prácticamente deshabitado; acaso por eso la relación histórica con España ha sido tan escasa: no ha habido mucho contacto. Parece imposible, pero es así. Fuera de esto, de esos once millones casi la mitad se halla concentrada en dos ciudades, Oporto y Lisboa, y dos millones emigrados en París: uno de cada cuatro parisinos es portugués. Si ustedes van a ver un mapa de esa especie de "norte sur de gran cortura", por rehacer el verso de Alonso de Ercilla, especie de Chile resumido, que es Portugal, verán lo que les digo (seguirá).
Portugal es decadente y se dice pobre, pero a mí me recuerda a España; sería más español si, en vez de haber avecindado con Inglaterra, lo hubiera hecho con Francia. Y es un país orgulloso: hasta sus chabolas tienen ínfulas y pretenden la gloria arquitectónica; sin embargo las paredes están invariablemente deslucidas, cuando no se curan en salud con invariables fachadas de azulejo. En gastronomía son unos golosos; les fascina lo dulce y por eso son grandes confiteros; hasta sus vinos como el Oporto y Madeira son dulces y en eso son muy británicos. En Portugal se dice que hay trescientas sesenta y cinco maneras de hacer el bacalao, pero quienes se han tomado la molestia de contarlas llegan a las dos mil; es comida humilde, porque casi toda la flota mercante de Portugal, por esos líos de los tratados internacionales, era bacaladera. La fórmula mejor es la del Bacalao a la Braga, y la más humilde la del bacalao con ajo o con patatas al puñetazo. También son típicas las francesinhas, una especie de hamburguesa diseñada por un emigrante hambriento, y los ovos mole, de origen monjil, y que consisten en yemas de huevo envueltas herméticamente en una especie de obleas con formas artísticas. El vino de oporto es un primor, muy dulce y afrutado, de unos veinte grados, por lo que sólo se puede tomar antes y después de las comidas, ya que si no te deja fuera de combate. En realidad no es un vino: se detiene su evolución a la mitad y por ello se puede juzgar como una especie de mosto con alcohol. El portugués es sonoro y musical, aunque no tan melódico como el italiano, y engañosamente parecido al español, ya que un portugués cerrado no lo entendería ni siquiera un gallego. Borracho en portugués significa lo mismo que guapo, por lo que hay que tener cuidado si os lanzan piropos, que podéis malinterpretarlos. También hay problemas para pedir pilas de cámara; en portugués pila es lo que en (mal) español polla, y una turista, aunque iba advertida, pidió una pila grande. El aparato masculino se denomina gaita, por lo que entendí mejor eso de que la sidra El gaitero es famosa en el mundo entero... será por lo diurética que es. Se come muy barato, comparado con España; un menú normal te viene a costar seis euros y medio; en España es difícil encontrar uno por menos de nueve o diez.
Casi todo el país, que tiene unos once millones, vive en la franja costera; el interior está prácticamente deshabitado; acaso por eso la relación histórica con España ha sido tan escasa: no ha habido mucho contacto. Parece imposible, pero es así. Fuera de esto, de esos once millones casi la mitad se halla concentrada en dos ciudades, Oporto y Lisboa, y dos millones emigrados en París: uno de cada cuatro parisinos es portugués. Si ustedes van a ver un mapa de esa especie de "norte sur de gran cortura", por rehacer el verso de Alonso de Ercilla, especie de Chile resumido, que es Portugal, verán lo que les digo (seguirá).
La incierta vida sexual de Epi y Blas
Un escándalo así no podía quedar impune; que dejaran sin poder matrimoniar a una pareja de hecho como Epi y Blas era motivo de escándalo para todo el mundo excepto para el cardenal Rouco Varela y compañeros mártires. Que el que es sin duda el mejor programa y sin duda el más sincero de la televisión española, que explicaba sin ningún género de duda qué era estar encima y debajo, o qué era lo de delante y lo de detrás, dejara ver tanta desvergüenza como no debía verse, era motivo de chacota y pitorreo masivo desde hace decenios, porque el programa es muy antiguo y Epi y Blas ya debían tener arrugas y casa de renta y pensión antigua. De ahí la necesidad de un comunicado oficial que dejara claro el carácter asexuado y estéril de la tal pareja de hecho, que suscitaba con sus posturas de naranja y limón, aun circulares y elípticas, los comentarios más lascivos que haber pueda. La noticia, aquí.
De la necesidad de un exonario bien surtido
Existen muchas formas de crear neologismos o novipalabras dentro de moldes, generales o no, que debían ser más usados y variados; porque la líquida lengua está capada, esterilizada por quienes quieren limitar cualquier tipo de actividad empobreciendo también el uso del lenguaje y de las palabras, dejando que la libertad se acojone y no usurpe las funciones del poder, una de las cuales no debió ser poner nombre a las cosas, como si alguien hubiera autorizado la ceca de los vocablos a una cacademia cualquiera; los países más libres no tuvieron cacademia, quitando a los moros, que tienen algo peor, un Corán en verso que esclaviza la ética al consonante más cojo -y va por lo del zancarrón de Mahoma-. Los exonarios están para eso, para llenarse de denominaciones que cuadran a lo que no tiene nombre (y mira que suena malo y sin bautizar eso de no tener nombre), que es mucho, muy diverso y hasta muy divertido. En realidad esos neologismos son negologismos, contra-dicciones que infiltran las armas pacíficas de la inteligencia, la ironía y el humor en las rutinas cuarteleras de la morfología contra el apodicticismo vulgarizador y eugenésico del poder y el adocenamiento (y adecentamiento) masivo de los medios de comunicación, propiación y aborregamiento; sus procedimientos son en realidad tipificaciones dentro de las citadas categorías generales de creación de palabras. Por ejemplo en la acronimia, en la que podemos encontrar acrónimos recursivos, decrónimos y retroacrónimos, por no hablar de los aspectos gráficos de esta rebeldía, como las faltas satíricas de ortografía, que las hay, como por ejemplo aquí. Y para los que trabajan creativamente con las palabras hay procedimientos aún poco usados como la meronimia, la holonimia, la textonimia, la eponimia, la endonimia y la exonimia.
domingo, 7 de agosto de 2011
Los Miami y los Políticos: un negocio familiar y similar
El País publica un artículo sobre la banda madrileña de matones llamada los Miami: "El ocaso de la banda de matones que amasó 100 millones. Los Miami controlaban discotecas, vendían drogas y blanqueaban dinero". Al leerlo, uno pierde progresivamente la perspectiva y termina no sabiendo si el artículo trata de política o de sucesos y mezclando churras y merinas. Los Miami controlan las discotecas; los políticos controlan los medios de comunicación. Los Miami venden drogas; los Políticos venden medicamentos en la Seguridad Social y encima quieren que los paguemos más caros; es más, privatizando a tutiplén están vendiendo hasta el estado del bienestar y si siguen así van a privatizarnos hasta los cojones y hacernos pagar un impuesto indirecto por su uso; los Miami blanquean dinero; ¿y qué coño hacen los Políticos sino eso, sea en trajes, sea en subvenciones, sea en corrupciones varias de mafiosos del ladrillo, mafiosillos bancarios y otros mafiosillos menores?
Está dicho. La Policía debía tener una sección consagrada a desarticular partidos políticos; la pena es que la Policía no sea política también.
sábado, 6 de agosto de 2011
Mecachis, qué guapo soy
Gracias a la infatigable labor de la Iglesia Evangélica de Alcázar de San Juan se ha dedicado una calle a Juan Calderón en la ciudad. En el blog de la citada iglesia se cita con honor a los investigadores que han revitalizado su figura, entre ellos ¿sabéis quién? Mecachis, qué guapo es.
Etiquetas:
Autobiografía,
Conductas ejemplares
viernes, 5 de agosto de 2011
Detenido un sueco por fabricar un reactor nuclear casero
Según esta noticia, un sueco ha sido detenido por fabricar un reactor nuclear casero; parece ser que el trasto era sólo para ahorrar en la factura de la luz y sólo le ha costado unos seiscientos euros; ¡qué chicos más traviesos, estos nórdicos! Cualquier día nos vamos a despertar ligeramente tostados por una estufa de uranio fabricada por un mercachifle bosnio, que no es nórdico, pero tanto da.
Lo que va de ayer a hoy: nada
Un clarísimo ejemplo de que la historia (en España) se repite, escrito por el revolucionario manchego Félix Mejía (Ciudad Real, 1776 - Madrid, 1853), bajo el pseudónimo La Abuela (que escogió por lo de "Cuénteselo a mi abuela":
“Lo que fue, es y quizá será”, en Suplemento núm. 75 a El Eco del Comercio núm. 743 (30-I-1845), pp. 9-12.
Ya os he dicho otra vez, mis amados nietos, que llevo no pocos días de estar de mal humor, de muy mal humor contra los progresistas; y a fe que no ha de pasar de hoy el daros explicación amplia, suficiente y cumplida acerca de los motivos que me asisten para mirar de reojo cuanto huele a las gentes del progreso. Mi memoria no es, que digamos, de las más felices; pero, en trueque, las razones que diere podrán servir de punto de comparación para analizar los hechos en que no me detenga. Pésame en el alma que los directores de orquesta en la farsa representada por los progresistas haya sido tan casquivanos, tan meticulosos y tan bobos; pero, como yo no he tenido vela en el entierro, cruja el látigo y rásquese las piernas aquel a quien alcance el latigazo.
El adviento de los progresistas a este suelo normal de las anomalías se realizó después de una larga y sarnosa experiencia que había fomentado entre cuero y carne de cada prójimo una comezón irresistible de vivir como Dios manda, sin ladrones ni apaleadores, sin holgazanes ni picapleitos, sin amos ni esclavos. Si los progresistas saben la doctrina cristiana, se penetrarán de que ninguna de las susodichas bestias feroces cabe en la ley de Dios, porque para este no hay acepción de personas, y todas ellas sin excepción viven, se mueven y están en él. Estas verdades, más grandes que Sierra Nevada, más fecundas que el Potosí y más duraderas que el valle de lágrimas donde nos rebullimos, no han servido para nada hasta ahora entre los progresistas y, en cuantos pasos han dado, les han dejado a la orilla del camino como piedra picada para su entretenimiento. Esto ha sido para ellos una serie de notas como las de los libros antiguos, colocadas siempre al margen de la obra y sujetas a la cuchilla del encuadernador. El ciego llevaba de noche una linterna para que nadie tropezase con él: estas verdades despiden tanta luz que no hay topo que se atreva a llegar a ellas.
Aplicación al canto, y quien riere que pague. El progreso es la esencia de todos los seres racionales o irracionales, animales o inanimados, vegetales o minerales. De esta regla se exceptúan los situacioneros: el porqué, acaso lo encontréis en El porqué de las ceremonias que anuncian las esquinas: ahora se anuncia todo, y sobre todo lo que huele a lo que aburre a todos.
Pues, como iba diciendo, nietos míos, sin progreso nada existe, y una idea sin progreso es un imposible (excepto en la situación) porque sería un absurdo. El vivir es progreso, el comer es progreso, el pensar es progreso... ¿Y el jugar a la bolsa? Eso, preguntadlo a los que ayer no tenían camisa y hoy cuentan sus rentas por talegas, habiendo dejado sin camisa a los que no han sabido tanto como ellos. Y, siendo todo en la tierra progreso, ¿cuáles son sus condiciones esenciales y sagradas para todo dominador? La primera, no impedir el mismo progreso en parte alguna, y esa es la libertad; la segunda, no conseguir que criatura alguna lo impida a otra, y esa es la igualdad; la tercera, impeler a todos a que progresen en beneficio común, para hacer más beneficioso el progreso particular, y esa es la fraternidad; la cuarta, premiar en proporciones iguales a los que más ayuden al progreso general y castigar en las mismas proporciones a cuantos se le opongan, y esa es la justicia.
De manera que las bases esenciales de todo sistema social, si ha de ser conforme a la ley de Dios, son LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD, JUSTICIA. En flaqueando una siquiera de estas cuatro bases, adiós sociedad, porque es imposible cumplir la única ley divina que está impuesta al hombre para con el hombre: AMA A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO.
Todo esto es más claro que la luna de enero y tan cierto como las desgracias de España, a las cuales ha permanecido sorda sin disputa alguna la dominación progresista. No hay que fruncir las cejas, porque la verdad es la verdad y, si no, vamos por partes.
¿Qué han hecho los progesistas con la libertad?
Antes y después y siempre, en los pueblos chicos y en los pueblos grandes, los ricos han sido los tiranos de los pobres. Que el rico llevara una capa de canónigo, un escudo de marqués, unos entorchados de general, una garnacha de togado, un tintero de escribano, una vara de alcalde o un uniforme de miliciano nacional, el rico siempre ha sido rico y, por consiguiente, tirano del pobre.
Elecciones de ayuntamiento: ¿quiénes serán los concejales? Según la ley escrita las elecciones son libres; los concejales serán los que quiera el ricacho del pueblo. Elecciones de diputaciones provinciales: ¿quiénes serán los diputados? Las elecciones son libres: los diputados saldrán según la voluntad de los ricachos del partido. Elecciones para diputados a Cortes. ¿Quiénes serán los diputados? Las elecciones son libres: los diputados serán a gusto de los ricachos de cada colegio. - ¿Quién nombra oficiales en la Milicia ? ¿Quién nombra médicos y cirujanos y profesores de primeras letras y aklguaciles del común y repartidores y peritos y comisionados para cuanto haya de sustancioso y chupable? ¡Los ricos, siempre los ricos! Y ¡VIVA LA LIBERTAD ! Así sucedía antes de que los progresistas mandaran, así sucedió mientras los progresistas mandaron, así quedó establecido que sucediese para cuando ellos acabaran de mandar. Nietos míos, meted cada cual la mano en el pecho y declarad si la abuela miente.
Y... ¿qué han hecho los progresistas con la igualdad?
Esto da miedo. En los tribunales, el cuitado que no justifica poseer menos de cien ducados de renta, si litiga con un millonario, ha de pagar tanto como este cuando no hay condenación de costas, las cuales a veces montan más que el capital de aquel, y, mientras dura el pleito, el pobre que no pueda defenderse por pobre ha de dejar de comer si quiere litigar, pues de otro modo ni se diligencia ni se pedimentea. En la guerra, el rico pone sustitutos y el pobre paga con su cuerpo esa bestial contribución de antropófagos llamada quintas. En la administración, el rico es atendido y el pobre es rechazado en las oficinas. En el gobierno de los pueblos, el rico dispone de los caudales públicos y el pobre ni aun puede pedirle cuentas. En las contribuciones, los ricos, siendo los menos, contribuyen con muy poco en consumos y contribuciones indirectas, y los pobres, que son los más, cubren casi el total de ingresos, descontando el importe del jugo de su quilo. En la religión, finalmente (y ¡esto es horrible!) el rico es recibido pomposamente en los templos al nacer, al casarse y al morir, y el pobre entra temblando y sale deprisa cuando nace o se casa, y halla cerradas las puertas del templo cuando se muere. Por el rico se dicen abundantes sufragios, por el pobre pocos labios se mueven a orar: el viático va a compás de una orquesta mundana a la casa del rico enfermo y apenas se hace anunciar por una triste campanilla al zaquizamí del pobre: el rico puede casarse con su parienta porque tiene dinero para solicitarlo de Roma; el pobre no puede celebrar semejante enlace porque su influjo no se extiende hasta la corte romana. Así encontraron los progresistas el país y así lo dejaron. Si estas verdades os parecen muy desnudas, cubridlas, nietos míos, con esta proclama que han fijado por todas partes los progresistas: TODOS LOS ESPAÑOLES SON IGUALES ANTE LA LEY.
Y... ¿qué han hecho los progresistas con la fraternidad?
Contad los generales, los obispos, los canónigos, los empleados de todos los ramos y los establecimientos de toda especie que viven de sobra entre nosotros, y esos son otros tantos enemigos del progreso común, porque cada uno de ellos quiere exclusivamente su progreso personal, sus goces, sus privilegios y su invasión sobre los derechos comunes de sus hermanos. Llegaos a uno de esos innumerables ociosos a sueldo de la nación y decidles que cedan algo de la posición que ocupan siquiera en bien del país y ya oiréis su respuesta. Este es el puerto de arrebata-capas: aquí estamos al que pilla-pilla; quien sea bobo, que se aburra. Semejantes teorías dominaban en España antes de los progresistas, dominaron con los progresistas y quedaron dominando sin los progresistas. Tended la vista, nietos míos, por vuestros lugares y aldeas, que no me dejarán mentir.
Y... ¿qué han hecho los progresistas con la justicia?
Excusado es preguntarlo. Donde no hay libertad no hay justicia, porque la libertad sólo desaparece ante la fuerza y la fuerza mata al derecho de reclamar justicia. Donde no hay igualdad no hay justicia, porque toda justicia viene de Dios y Dios ha dicho que todos los hombres son iguales. Donde no hay fraternidad no hay justicia, porque la fuente de toda justicia es el amor, y no hay amor donde no hay fraternidad. Además, en el terreno de los hechos, ¿habéis visto ahorcar a algún ministro, a algún poderoso, a alguno de todos esos grandes criminales que todos conocéis o, cuando menos, acusáis? ¿Los habéis visto siquiera comparecer delante de los tribunales? Un escritor ha dicho que en todos los países las leyes son como las telarañas, que los moscardones las traspasan impunemente y sólo sirven para enredar a las moscas. Y ¿no han variado por ventura los progresistas esta aborrecible condición de las leyes? (Esto no es negar que los progresistas hayan hecho algo, pero ¡¡¡ha sido tan poco, tan poco!!!)
Lo que hay de más gracioso, si gracia maldita tiene el lance, es que ahora se lamentan de su suerte, levantan el grito hasta el cielo y día y noche no cesan de acusar a los situacioneros de todos los males que están lloviendo a cántaros sobre esta patria de los Riegos y de los Calomardes, de los estos y de los aquellos. Nadie diría sino que todos somos tan flacos de memoria o tan gordos de torpeza que ni uno siquiera haya de recordar y conocer la causa verdadera de los males presentes. No hay que refunfuñar, digo, porque la verdad es antes que todo y ¡ojalá que durante la dominación progresista la imprenta no se hubiera ocupado en otra cosa que en proclamar verdades de a folio! Y sea dicho esto en paz de los que entonces hablaron un tantico como convenía, que fueron pocos y mal avenidos.
Y... ¿qué debieran haber hecho los progresistas?
La pregunta parece embarazosa, pero aquí cuadra perfectamente, si no me engaño, la respuesta que cierto diputado dio una vez a cierto ministro. Sabida cosa es que, entre nosotros, la petulancia suple a la ciencia: hay hombre que, aun entre los beduinos, sólo serviría para memorialista y, en España, aspira a ministro de cualquiera ramo. Dicen que Mayáns no sabe hacer un pedimento de cajón... y tiene valor para ser ministro de Gracia y Justicia; ignoro si la noticia es algún falso testimonio, porque, aunque de palabra no sabe hablar, quizá sepa escribir por escrito: lo único que me consta es que el tal señor firma como ministro del tal ramo... Pero su alma en su palma y vamos al dichico del diputado.
Reinaba aquel día en la asamblea legislativa una de esas borrascas que de vez en cuando empañan el alegre cielo de los ciento veinte mil reales que de hito en hito mira todo ministro previsor. Varios diputados habían tenido la rareza de llamar desatinada a la administración entonces reinante, en lo cual sólo manifestaban una simpleza acomodable a todas las administraciones conocidas entre los descendientes de Pelayo desde fines del siglo último. Los ministros, arrebatados por los impulsos de su amor patrio, de su amor propio y de su amor a los ciento veinte mil reales, vomitaron anatemas solemnes contra la oposición, hasta que uno de ellos preguntó: Si todo lo que hemos hecho hasta aquí es malo, ¿qué hemos de hacer en adelante para obrar bien? A tan modesta pregunta, el diputado contestó: Todo lo contrario.
Reinaba aquel día en la asamblea legislativa una de esas borrascas que de vez en cuando empañan el alegre cielo de los ciento veinte mil reales que de hito en hito mira todo ministro previsor. Varios diputados habían tenido la rareza de llamar desatinada a la administración entonces reinante, en lo cual sólo manifestaban una simpleza acomodable a todas las administraciones conocidas entre los descendientes de Pelayo desde fines del siglo último. Los ministros, arrebatados por los impulsos de su amor patrio, de su amor propio y de su amor a los ciento veinte mil reales, vomitaron anatemas solemnes contra la oposición, hasta que uno de ellos preguntó: Si todo lo que hemos hecho hasta aquí es malo, ¿qué hemos de hacer en adelante para obrar bien? A tan modesta pregunta, el diputado contestó: Todo lo contrario.
Aplicad, nietos míos. ¿Qué debieran haber hecho los progresistas para no verse como se ven? Todo lo contrario de lo que hicieron.
Esto parece, a primera vista, una perogrullada, pero juro, por la ciencia invisible de Pidal, que no hay tales carneros. Las cuatro mencionadas bases son tan indispensables en todo sistema político que, en faltando o flaqueando una sola, no hay edificio posible. Los progresistas tenían muy poco que hacer. En un país donde todo es mentira (y perdonadme, mis queridos nietos, por la franqueza), en un país donde no hay leyes, ni usos, ni costumbres, ni pasiones, ni idea alguna con verdaderas raíces, nada más sencillo, más fácil ni más fértil en resultados que plantear un sistema cualquiera, especialmente cuando este sistema se encamina al bien de la generalidad. ¿Por qué no lo han hecho los Progresistas? Preguntádselo a ellos.
A la muerte del inolvidable Fernandico había doscientos mil realistas armados y, en un abrir y cerrar de ojos, entregaron las armas sin que nadie chistase. Había cerca de cuarenta mil frailes, se les sacó de sus conventos y ningún cristiano dijo esta boca es mía; había diezmos que se suponían de derecho divino, se anularon y todo el mundo se calló; había mayorazgos a granel, se destruyeron, y nadie desplegó sus labios...
¿Queréis más ejemplitos de la fuerza que domina en el alma del pueblo español? No continuo, porque se me cae el alma a los pies.
¿Queréis saber lo que desea el pueblo español? Vivir racionalmente, y es tan noble y tan pensador nuestro pueblo, que ni se cuida de tradiciones, de cuentos, de farsas, de títulos ni de ridiculeces por lograr el bien común, bien que es inasequible sin un sistema basado en la libertad, en la igualdad, en la fraternidad y en la justicia.
Los progresistas no han querido o no han sabido plantear este sistema; por eso han caído del poder. Esto es un dolor, pero también es un consuelo. Y ¿por qué es consuelo? Porque los situacioneros están obrando peor que los progresistas, alejándose de ese sistema mucho más que los progresistas y socavando el edificio de su propia dominación con muchísimo más ahínco que el puesto por los progresistas en socavar el suyo.
La abuela, con una franqueza y una imparcialidad que janás desmiente, declara que los progresistas se han hundido por no haber obrado según las leyes inmutables del progreso y anuncia que los situacioneros se hundirán por la misma razón. Ítem: la abuela pronostica que, cuantos partidos suban al poder después del actual, sea cual fuere su lema o su pretexto, mientras no sigan las leyes mismas del progreso social han de hundirse sin remedio alguno.
Si los hombres que hoy dominan al país tuvieran bastante talento para penetrar estas verdades y bastante virtud para abrazarlas prácticamente, su administración sería tan duradera como gloriosa. ¿Cuándo veremos hombres de estado que den al pueblo libertad sin anarquía y orden sin despotismo? Pocos puntos calza para ello la pacotilla que conocemos hasta el día. Por eso con los Progresistas nos ha ido mal, bastante mal; con los situacioneros nos va peor, mucho peor y, ¿quién sabe si con sus sucesores nos irá malísimamente? Esta es la desgracia de los españoles: por falta de hombres, nuestro pueblo fue, es y quizá será muy infeliz.
¡Y decir que todo esto han podido evitar los progresistas, y no lo han evitado!
Etiquetas:
Antología,
Ética,
Literatura manchega,
Personajes manchegos,
Política
Cisnes negros
Esto ya no parece un cygne noir, sino una bandada entera de feíllos patitos Lucas: nos econocome la economía. Pero soy yo el que no come: estoy sometido a un régimen dictatorial, como un kulak ucraniano desnutrido por Stalin. En cambio, mi estómago suelta unos discursos más largos, ruidosos y resentidos que los de Fidel Castro. ¿Qué hay más antipático que el apio desorejado, el puré de calabacín et mes petites choux-choux de Bruxelles? Han inventado de todo para combatir la tristeza del espárrago solitario, la miseria de las judías verdes en su plato de concentración, la amargura del desacreditado pepino y el impío estreñimiento del brécol, pero todavía no han llegado al cerdo light, al pan sin harina, al aceite sin grasa, a la vaca integral y al cordero sin lanas ni colesterol, por no hablar de que hubiera patatas sin almidón, que no tiesas, como hay yogures sin nata. Digan lo que digan, el desnaturalizado york, más que jamón, es un anglicismo, y las diarreicas gallinas, que se pasean crudas por el campo, debían poner directamente fritos los huevos.
Sufro alucinaciones en que se me aparecen montañas de patatas fritas nevadas de polvo de azúcar, lomas de cerdo, ríos de cerveza y arroyos de coñac. Me eligen rey del pollo frito a costa de Jamoncín y yo ordeno que todos los menús incluyan migas del pastor con tropezones de morcilla no arrocera, chorizo y ajo.
Sufro alucinaciones en que se me aparecen montañas de patatas fritas nevadas de polvo de azúcar, lomas de cerdo, ríos de cerveza y arroyos de coñac. Me eligen rey del pollo frito a costa de Jamoncín y yo ordeno que todos los menús incluyan migas del pastor con tropezones de morcilla no arrocera, chorizo y ajo.
Etiquetas:
Artículos propios,
Costumbrismo,
Humor
miércoles, 3 de agosto de 2011
La leyenda del zancarrón de Mahoma
Lope de Vega la cuenta en Los esclavos libres, y parece de origen judeoconverso. Para más detalles sobre la leyenda, véase este erudito artículo.
Enamorado dicen que andaba este bestial profeta
de una judía, y el marido y padres
cogiéronlo entre puertas como a perro
y diéronle paliza temeraria;
viéndole muerto, hiciéronle pedazos,
reservando una pierna y la cadera,
rogando a la judía que dijese
que una noche, gozándola, se había
subido al cielo, y que ella, por tenerle,
le asió de aquella pierna, que en reliquias
le dejó, y se llevó lo más del cuerpo;
creyéronlo los moros, y escáparonse
de ellos con este engaño los judíos;
entre piedras imanes la pusieron,
cuya virtud la tiene y sustenta,
aunque ellos piensan que es milagro.
Enamorado dicen que andaba este bestial profeta
de una judía, y el marido y padres
cogiéronlo entre puertas como a perro
y diéronle paliza temeraria;
viéndole muerto, hiciéronle pedazos,
reservando una pierna y la cadera,
rogando a la judía que dijese
que una noche, gozándola, se había
subido al cielo, y que ella, por tenerle,
le asió de aquella pierna, que en reliquias
le dejó, y se llevó lo más del cuerpo;
creyéronlo los moros, y escáparonse
de ellos con este engaño los judíos;
entre piedras imanes la pusieron,
cuya virtud la tiene y sustenta,
aunque ellos piensan que es milagro.
Etiquetas:
Antología,
Folklore,
Leyendas manchegas
El gallo de Morón
El origen de la frase «como el Gallo de Morón», «sin pluma y cacareando» se debe al siguiente hecho histórico. Durante el siglo XVI existían serios problemas de orden público en Morón de la Frontera. Las rivalidades políticas y el nombramiento de autoridades provocaban disturbios; se cometían innumerables abusos contra los moroneros por parte de jueces y funcionarios que despojaban a muchos de sus haciendas, llevándolos presos y cobrándoles altas contribuciones.
Uno de estos funcionarios, que llegó a Morón cuando las pasiones estaban más caldeadas, empezó a tratar a muchos con grosería y a decir que por allí no había más «gallo que él». El pueblo puso por nombre a este funcionario «el Gallo de Morón».
Pero un día los hartos vecinos sacaron al individuo a las afueras de la población, lo pusieron en cueros y le sacudieron una tremenda paliza (paliza viene de palo), lo que dio motivo a que los cantaores andaluces perpetuaran el hecho en una simpática coplilla que decía:
- Anda que te vas quedando
- como el gallo de Morón,
- sin plumas y cacareando,
- a la menor ocasión.
Con tal motivo existe en este pueblo, en el Paseo de la Peña, un curioso monumento erigido a un gallo desplumado, orgullo de la ciudad.
El Gallo de Morón de la Frontera, tan popular como el Lagarto de Jaén, constituye el símbolo de la rebeldía de un pueblo que no se dejó vejar y advierte a quien se ensaña con los desposeídos de que todo pueblo posee dignidad y no puede ser pisoteado impunemente.
Etiquetas:
Artículos propios,
Ética,
Folklore,
Lengua
Caligrama sobre el vino
Este caligrama anónimo sobre el vino lo he visto en El Siglo Ilustrado núm. 43 (8-III-1868), p. 2:
Don del cielo,
dulce vino
purpurino,
mi consuelo:
tú, que calmas mis dolores,
yo te imploro,
te venero
y considero;
yo te adoro.
Mis pesares
y quebrantos,
y mis llantos
como mares,
tú, tierno, mitigas;
tus dulces vapores
templan mis dolores
y a olvidar me obligas.
Bendito sea Noé que tal herencia
generoso dejó al género humano.
¡Oh, sí! Bendita sea la uva que en su mano
dulce licor vertió de [tan] dulce esencia.
Por ti, [oh] licor divino, me veo trasportado
a aquel mágico edén, mansión dulce de amor,
que el profeta Mahoma, un día, entusiasmado,
prometió al islamita de su ley guardador.
Y allí lindas huríes, ya rubias, ya morenas,
meciendo mi existencia entre tiernos halagos,
me besan y sonríen y menudean los tragos,
y en dulce desvarío aléjanse mis penas.
¡Hurra! ¡Que viva el vino! ¡Que vivan las botellas
y el ruido y el estrépito y las mujeres bellas!
martes, 2 de agosto de 2011
Texto sobre la Santa Hermandad vieja
Hala, otro texto histórico de Lope de Vega, en que expone la creación de la Santa Hermandad vieja de Ciudad Real, Toledo y Talavera de la Reina. El texto procede de Las dos bandoleras y fundación de la Santa Hermandad de Toledo:
En los montes toledanos
y en Sierra Morena hicieron
mil escuadras de ladrones
los Golfines bandoleros:
asolaban los ganados,
mataban los pasajeros,
destruían las colmenas
y saqueaban los pueblos;
forzaban a las mujeres
como tiranos soberbios
y, viendo que no podia
poner al daño remedio
nuestro rey, los ciudadanos,
colmeneros y hombres buenos
levantaron una escuadra
de mil robustos mancebos
y, por guardar nuestra hacienda,
repartiendo en cinco puestos
por escuadras nuestra gente,
llevé a mi cargo doscientos,
fuimos corriendo los Montes
y, en lo más áspero dellos,
hallábamos los ladrones
grande resistencia haciendo.
Aquí se prendían veinte,
allí treinta, acullá ciento
y, sin pasar adelante,
se hacía justicia dellos,
que, en los árboles colgados
para mayor escarmiento,
por blanco de nuestras flechas
asaetados se vieron.
Con este mismo castigo
murieron mil y quinientos;
limpiamos toda la tierra
y los Montes de Toledo;
hermandados a este fin
los hermanos colmeneros,
propusimos ser hermanos
y, porque tuviese efecto
nuestra hermandad levantada,
fuimos al Rey, que, sabiendo
la causa de esta justicia,
la Hermandad confirmó luego
dándonos para seguro
aqueste Real privilegio,
cuyas libertades justas
confirmó su mismo sello
para su mayor abono;
y, pues es santo el intento
y tú lo eres, confirma
de la Hermandad el derecho.
Al final del segundo acto, como bien señala MenPel, viene un texto magistral en que la serenidad de una serranilla termina cortada por un vívido rayo trágico al más puro estilo romancesco:
En los montes toledanos
y en Sierra Morena hicieron
mil escuadras de ladrones
los Golfines bandoleros:
asolaban los ganados,
mataban los pasajeros,
destruían las colmenas
y saqueaban los pueblos;
forzaban a las mujeres
como tiranos soberbios
y, viendo que no podia
poner al daño remedio
nuestro rey, los ciudadanos,
colmeneros y hombres buenos
levantaron una escuadra
de mil robustos mancebos
y, por guardar nuestra hacienda,
repartiendo en cinco puestos
por escuadras nuestra gente,
llevé a mi cargo doscientos,
fuimos corriendo los Montes
y, en lo más áspero dellos,
hallábamos los ladrones
grande resistencia haciendo.
Aquí se prendían veinte,
allí treinta, acullá ciento
y, sin pasar adelante,
se hacía justicia dellos,
que, en los árboles colgados
para mayor escarmiento,
por blanco de nuestras flechas
asaetados se vieron.
Con este mismo castigo
murieron mil y quinientos;
limpiamos toda la tierra
y los Montes de Toledo;
hermandados a este fin
los hermanos colmeneros,
propusimos ser hermanos
y, porque tuviese efecto
nuestra hermandad levantada,
fuimos al Rey, que, sabiendo
la causa de esta justicia,
la Hermandad confirmó luego
dándonos para seguro
aqueste Real privilegio,
cuyas libertades justas
confirmó su mismo sello
para su mayor abono;
y, pues es santo el intento
y tú lo eres, confirma
de la Hermandad el derecho.
Al final del segundo acto, como bien señala MenPel, viene un texto magistral en que la serenidad de una serranilla termina cortada por un vívido rayo trágico al más puro estilo romancesco:
Soy una humilde serrana
que por estos montes ando,
donde, las fieras cazando,
busco la más inhumana.
En esta sierra presente
tengo una pequeña choza,
y allí mi vida se goza
apartada de la gente.
En lo alto de su cumbre
está mi choza pajiza,
a cuya corona enriza
del sol la primera lumbre.
-Que sois ángel yo recelo,
que en vuestra luz lo mostráis
y es cierto, pues habitáis
tan cerca del sol del cielo.
Si yo mereciera ser
huésped de aquesa posada,
¿qué fortuna más preciada
se pudiera pretender?
-Vuestro trato cortesano
me ha obligado, caballero,
y así mi posada quiero
daros, pues en ello gano.
No os faltará allí el conejo,
la perdiz, ni la paloma
pues, antes que el sol asoma,
sin caza ese monte dejo.
-¡Dichoso el que mereció
vuestro favor, gloria mía!
-Esto me dijo algún día
el traidor que me engañó.
Contra la monarquía
Citado por Félix Mejía, el republicano ciudarrealeño, de Lo cierto por lo dudoso o La mujer firme, de Lope de Vega:
Mucho deslumbras, corona;
mucho puedes, mucho alcanzas,
muchas son tus esperanzas,
mucho tu valor te abona,
muchas dichas eslabona
de tu círculo el compás;
mucho persuadiendo estás,
mucho es tu poder y encanto,
pero no blasones tanto,
que hay quien pueda mucho más.
Y he aquí la desilusión: esta espléndida décima no es de Lope, sino de Vicente Rodríguez de Arellano, que refundió la comedia de Lope a comienzos del siglo XIX. Hasta el gran Alberto Lista, muy mayor poeta de lo que se le reconoce, cayó en el error entusiasmado.
Mucho deslumbras, corona;
mucho puedes, mucho alcanzas,
muchas son tus esperanzas,
mucho tu valor te abona,
muchas dichas eslabona
de tu círculo el compás;
mucho persuadiendo estás,
mucho es tu poder y encanto,
pero no blasones tanto,
que hay quien pueda mucho más.
Y he aquí la desilusión: esta espléndida décima no es de Lope, sino de Vicente Rodríguez de Arellano, que refundió la comedia de Lope a comienzos del siglo XIX. Hasta el gran Alberto Lista, muy mayor poeta de lo que se le reconoce, cayó en el error entusiasmado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
