La poliorcética era el arte marcial o guerrero de fortificar ciudades; actualmente se denomina con esa palabra el arte de fortalecerse ante las agresiones psicológicas del exterior. La asertividad es una de las técnicas poliorcéticas que filtran nuestras relaciones con el exterior, asegurando relaciones legítimas, verdaderas de contenido y de calidad. O eso dicen.
En la habitualmente venenosa convivencia humana, donde la comunicación está viciada por todas esas cosas que definió la Escuela de Palo Alto como "El arte de amargarse la vida", para escapar de los dos polos del eje de la conducta, el agresivo o el inhibido, hay con frecuencia que cultivar las artes poliorcéticas de la asertividad, que Aristóteles llamaba el justo medio. La calidez en las formas y la solidez del fondo y, ante las embestidas desestabilizadoras del medio, reaccionar con la descripción sucesiva de los hechos, de los sentimientos que provocan, de las conductas que los provocan y remedian y de las consecuencias desfavorables de unas y favorables de otras; y usar la técnica primero del banco de niebla y luego del disco rayado.
La del banco de niebla es la del acuerdo en principio o acuerdo en parte, con la que se pretende hacer ver a otra persona que nuestra intención no es atacar su postura sino demostrar la nuestra, con lo cual se pueden afrontar en especial las críticas manipulativas. Es decir, el “es posible que...”, el "quizás tengas razón en que", el “puede ser que...”, el reflejar o parafrasear los puntos clave de la postura y continuar con el "pero lo siento, no puedo hacer eso”, “...pero no, gracias”, “...pero yo creo que no es así”. Cuando se trata de corregir a un alumno, la asertividad la entienden siempre mejor en primera persona, no en tercera; es una técnica de resolución o evitación de conflictos. El disco rayado posterior es la repetición invariable de una frase que resume nuestra actitud como encontronazo para el otro, de forma que resguarde nuestro interés diga lo que diga. El procedimiento consta de cuatro pasos:
*Expresar el sentimiento negativo que nos provoca la conducta de la otra persona.
*Describir objetivamente dicha conducta
*Explicar la conducta deseada
*Comentar las consecuencias beneficiosas que tendría el cambio deseado y las consecuencias negativas de que éste no se produjera.
Todo ello, claro está, con objetividad y serenidad en palabras, tono y volumen de voz apropiados y un lenguaje verbal que apoye las palabras sin resultar agresivo.
La asertividad parte de la idea de que todo ser humano tiene ciertos derechos (y también debería tener deberes):
*Derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
*En ocasiones, derecho a ser el primero.
*Derecho a equivocarse y a hacerse responsable de sus propios errores.
*Derecho a tener sus propios valores, opiniones y creencias.
*Derecho a tener sus propias necesidades y que éstas sean tan importantes como las de los demás.
*Derecho a experimentar y a expresar los propios sentimientos y emociones, haciéndonos responsables de ellos.
*Derecho a cambiar de opinión, idea o línea de acción.
*Derecho a protestar cuando se es tratado de una manera injusta.
*Derecho a cambiar lo que no nos es satisfactorio.
*Derecho a detenerse y pensar antes de actuar.
*Derecho a pedir lo que se quiere.
*Derecho a ser independiente.
*Derecho a superarse, aun superando a los demás. (Castanyer: 1996:48)
*Derecho a que se le reconozca un trabajo bien hecho.
*Derecho a decidir qué hacer con el propio cuerpo, tiempo y propiedades.
*Derecho a hacer menos de lo que humanamente se es capaz de hacer.
*Derecho a ignorar los consejos de los demás.
*Derecho a rechazar peticiones sin sentirse culpable o egoísta.
*Derecho a estar solo aun cuando otras personas deseen nuestra compañía.
*Derecho a no justificarse ante los demás.
*Derecho a decidir si uno quiere o no responsabilizarse de los problemas de otros.
*Derecho a no anticiparse a las necesidades y deseos de los demás.
*Derecho a no estar pendiente de la buena voluntad de los demás.
*Derecho a elegir entre responder o no hacerlo.
*Derecho a sentir y expresar el dolor.
*Derecho a hablar sobre un problema con la persona implicada y, en los casos límite en los que los derechos de cada uno no están del todo claros, llegar a un compromiso viable.
*Derecho a no comportarse de forma asertiva o socialmente hábil.
*Derecho a vulnerar, de forma ocasional, algunos de los derechos personales.
*Derecho a hacer cualquier cosa mientras no se violen los derechos de otra persona.
*Derecho a tener derechos.
*Derecho a renunciar o a hacer uso de estos derechos.
Pero eso es teoría; frente a la realidad de la Guerra nuestra de todos los días, los alumnos no tienen obligaciones, solo derechos que les llevan derechitos al fracaso. Estos son los mantras de los asertivos:
*No hay fracasos sino resultados.
*No hay obstáculos sino oportunidades.
*El miedo es lo que paraliza mi cerebro cuando no decido o cuando no resuelvo un problema.
*Vigilo PRIORIZAR MIS OBJETIVOS sin enredarme en lo accesorio, gozando el aquí y el ahora sin referencias al pasado (culpas) ni al futuro (preocupaciones).
*Afirmo mis deseos o sentimientos, en vez de manipular a otros. Decido por mí mismo lo máximo posible porque trato de no delegar mis asuntos en manos de otros. Primero centro todo y luego priorizo cada cosa.
*Celebro cuanto hago, siento o pienso, sin consumirme por lo que me falta. Me contento con el MÁS O MENOS, en lugar del "todo o nada". (La vida es lo que te pasa mientras estas ocupado haciendo otros planes - J. W. Lennon).
*Soy el único juez de mí mismo. Hacer que me respeten es más importante que gustar. Nutro mi autoestima con autoaceptación consciente, sentimientos equilibrados y trabajo diligente.
*Resuelvo en vez de postergar. Confío en mis capacidades. No me lamento ni rebajo mi empeño, sino que actúo de inmediato sin mirar atrás. Si me atasco, REDEFINO el marco y veo el "diferente" paisaje de posibilidades.
*"Un hombre sólo posee aquello que no puede perder en un naufragio" (proverbio hindú). Poseo lo mínimo para poseerme lo máximo. No poseo a nadie ni me posee nadie.
*Convierto todo en mi vida, cada circunstancia, revés o problema, en oportunidad para crecer y aprender. Busco equilibrar mi conciencia, mis sentimientos y mis pulsiones.
*Todas las filosofías y religiones aportan coordenadas para situar el camino vital, con sentido y significación. En casi todos los casos, estas coordenadas son LA VERDAD Y EL AMOR. En este sentido, ser asertivo es ser virtuoso.
La asertividad tiene sus riesgos, muchos, y sus beneficios. Puede producir reacciones entre las personas poco habituadas a escuchar "la verdad"; en ocasiones, inhibe a los demás de decir lo que piensan para "evitar fricciones", aunque en su lado positivo, un aumento de la autoconfianza ante la posibilidad de expresarnos con autenticidad, nos permite establecer relaciones de mayor calidad basadas en la sinceridad, reduce al mínimo la posibilidad de malos entendidos, vence gradualmente el sentimiento de culpa que se padece cuando no se dice lo que se piensa; suprime la tendencia a la agresividad típica del resentimiento y la acumulación de situaciones inconclusas; y muy especialmente, impide que las personas nos manipulen y abusen de nosotros.
Siempre hay que tener claras las cosas, los objetivos que perseguimos en el encuentro y en cualquier cosa, huir de juicios de intenciones de otros, porque perdemos de vista nuestros objetivos. El modelo de una conducta asertiva que sirve para librarse de un cabreo o de una postura pasota es siempre el mismo: hechos, sentimientos, conductas y consecuencias.
En teoría; porque esto, que sirve individualmente, no sirve con grupos de alumnos repletos de hormonas.
lunes, 15 de septiembre de 2008
Ha muerto David Foster Wallace
Vaya por Dios; nació el mismo año que yo, en 1962, y ahora le da por colgarse de una cuerda, en un momento de distracción, cuando los encargados de impedirlo miraban hacia otro lado. La verdad es que desanima un poco. Se ha ido un escritor lúcido que merecía la pena leer y, junto a nuestro Fernando Vallejo, uno de los hijos póstumos de Destouches, más conocido como Louis Ferdinand Céline. Apenas he tenido tiempo de adecentarle su sepultura en la Wikipedia. Para la historia literaria, eso de considerar que la tv es un procedimiento narrativo nuevo en las letras de nuestro tiempo.
Debo leer su Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer.
Ya lo he leído. Siniestro lo del ayuda de cámara invisible.
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domingo, 14 de septiembre de 2008
La venganza de Word se sirve fría
Esta mañana Word se ha vengado de mí, injustamente, como suele. Me he pasado el verano introduciendo complejas y elaboradas modificaciones al primer volumen de mi libro, pero, por una de esas pifias que hacen las mierdas de Gates, me ha salido un cartelito y he perdido dos tercios del primer volumen y la gran mayoría de esos dos meses de duro trabajo. Y no hay programa que lo rescate.
Debería de estar que echo chispas. Pero sólo estoy desolado, como un pez en una pescadería. Otra vez tener que hacer lo que tanto trabajo me ha costado estos dos meses. Otra vez tener que ensamblar todo eso y redactarlo todo, cuando tan bien me estaba quedando, seguramente sin posibilidad de hacerlo igual o mejor...
Qué inútil es el trabajo de una persona. ¿Para qué sirve? Para nada. ¿Qué voy a ganar con ello? Unos derechos de autor, los dos libros más gruesos de mi currículum y algún prestigio académico. Como si a mí me importara ya el prestigio académico.
Lo único que desearía sería hablar de Félix Mejía con alguien a quien le interesara el tema, nada más. La función de un grifo es esa sola, soltar un chorro de agua corriente. No tengo más vanidad que la de un grifo.
Veo que la mitad del país empieza a hablar de fútbol. Eso es un hámster que empieza a dar vueltas en su carrucha. Dentro de nada, volverán a repetirse las mismas cosas. Mad world.
¿Ampliar las dimensiones de la carrucha?
Estoy cansado. Y ya quizá demasiado cansado.
Debería de estar que echo chispas. Pero sólo estoy desolado, como un pez en una pescadería. Otra vez tener que hacer lo que tanto trabajo me ha costado estos dos meses. Otra vez tener que ensamblar todo eso y redactarlo todo, cuando tan bien me estaba quedando, seguramente sin posibilidad de hacerlo igual o mejor...
Qué inútil es el trabajo de una persona. ¿Para qué sirve? Para nada. ¿Qué voy a ganar con ello? Unos derechos de autor, los dos libros más gruesos de mi currículum y algún prestigio académico. Como si a mí me importara ya el prestigio académico.
Lo único que desearía sería hablar de Félix Mejía con alguien a quien le interesara el tema, nada más. La función de un grifo es esa sola, soltar un chorro de agua corriente. No tengo más vanidad que la de un grifo.
Veo que la mitad del país empieza a hablar de fútbol. Eso es un hámster que empieza a dar vueltas en su carrucha. Dentro de nada, volverán a repetirse las mismas cosas. Mad world.
¿Ampliar las dimensiones de la carrucha?
Estoy cansado. Y ya quizá demasiado cansado.
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Lili Marlene
Algunas canciones se mueven en el territorio impreciso que dejan las ideologías enfrentadas, las tierras de nadie. Esas tierras de nadie llenas de cadáveres de amigos y amor a la vida. Un ejemplo, Lili Marlene, cantada por los dos bandos de la Primera Guerra Mundial, la de la nefasta y cenagosa guerra de trincheras, cuando las bombas rebozaban de tierra de sepultura a los muertos y a los vivos por igual entre alambradas tetánicas, ratas desvergonzadas y árboles pelados de ramas, bajo la picadura de insecto de la metralla, las avispas de ametralladora y los golpes de yunque de los obuses.
Esa luna en ruinas
sabe qué pasó.
Nunca me dijeron
qué es lo que hay que hacer:
¡Sálvese quien pueda!
¡Locos al poder!
Y una explosión
me habló de ti,
me siento mal,
me siento bien,
por ti, Lilí Marlén.
Esa luna en ruinas
sabe qué pasó.
Nunca me dijeron
qué es lo que hay que hacer:
¡Sálvese quien pueda!
¡Locos al poder!
Y una explosión
me habló de ti,
me siento mal,
me siento bien,
por ti, Lilí Marlén.
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sábado, 13 de septiembre de 2008
Ludwig Feuerbach, poeta
Se le conoce más como filósofo, pero fue también poeta. En sus Pensamientos sobre muerte e inmortalidad, uno de los libros más desesperados que se han escrito, toma sobre sí la misión del gran Lucrecio de librar a los hombres de su temor a la muerte, sin ocultarles la verdad de la misma, como hacen la religión y el arte. El libro impresiona ya desde su principio, con ese Memorial que pide el ingreso de la Muerte en una academia de ciencias.
Alguna vez pensé en escribir un ensayo sobre los que considero cuatro grandes poetas del ateísmo, Lucrecio, Feuerbach, Leopardi y Hardy, pero mis propias dudas siempre me impiden acometer una fe como esa: ni siquiera estoy seguro de descreer por completo; hasta eso llega mi humildad, si es que no es una de esas imposturas que la vanidad suele ponernos sobre la cara, porque si de algo estoy seguro es de que nos mentimos a nosotros mismos continuamente, más de lo que quisiéramos. Incluso tampoco estoy seguro del número de esos poetas: para mí Aleixandre podría ocupar tanto el primer como el último puesto de ese grupo, y seguro que habrá alguno que escape a los incultos dedos de mi mano.
Pero decía que, releyendo los Pensamientos sobre muerte e inmortalidad de Feuerbach, los poemas que acompañan al libro me iluminaban más que el pensamiento en prosa al que acompañan; en realidad parece como si éste fuese una glosa de aquellos. He escogido uno que me pareció bueno y hermoso para compartirlo aquí, aunque no dejo de pensar que la traducción de José Luis García Rúa, que he procurado solucionar, es oscura y tropezona:
Como sale la lágrima del ojo
así la muerte surge del espíritu;
por eso es la muerte tan maravillosa,
como el diamante celestialmente clara.
Cuando el hombre primero se conoció a sí mismo,
un agudo dolor atravesó su alma como fuego,
y por la puerta de los ardientes ojos
manó entonces la muerte destructiva.
Sigue el agua, después, en la naturaleza,
y siempre sigue lo caliente a sus talones.
Por eso arde el corazón hasta en la muerte,
porque en ese calor el hombre se conoce:
del hombre el hombre se distancia,
en objeto y en yo se descompone.
Y por eso en la muerte el llorar acontece,
las lágrimas apagan la ardura del dolor.
Los demás epigramas de Feuerbach contienen asimismo sentencias memorables, desnudas de floritura metafórica que no sea escueto símbolo o pensamiento:
Ser una sola vez tan sólo puedes:
date a ello con todo tu albedrío:
sólo una vez es todo verdadero.
Lo que recuerda a los versos de otro gran pesimista, Aleixandre, en Poemas de la consumación:
Recordar es obsceno; peor, es triste.
Como en los versos de Feuerbach: "Lo que dos veces es, mate apariencia es sólo / un ser sin médula, ni tuétano, ni nada", y todo lo que sigue, que condensa mucho mejor Aleixandre. En ello insiste Feuerbach:
El una vez es del amor la fuerza,
del corazón el pálpito, el impulso del impulso;
tan sólo el una vez lleva dolor y gozo
y amor también al pecho de los hombres.
Rechaza la existencia de un ultramundo con razones que no son especiosas ni bene trovate:
Que sea dividido el ser no lo permite,
por eso a él tan sólo la nada curar puede.
Yo soy tan sólo yo, natura solamente,
un ser, una luz, tan sólo un todo,
sólo uno soy yo, tan sólo un centro,
y por cierto redondo por aquí y por allá.
Y este mi ser no puedo abandonarlo,
así la cosa es, evitarlo no puedo.
Alegrías y penas, placeres y dolores,
pecados, culpa, agobios y tormentos,
tan sólo una son todas esas cosas,
la misma esencia, el ser y el ser yo mismo.
Tú no puedes dividirme, ni tampoco
escoger de mí a tu antojo;
y cuando el yo se agota, al extinguirse,
el dolor tú me quitas y la pena (...)
Por eso, aun cuando el cuento fuera verdad,
y aunque un coro de ángeles hubiera,
es muy claro que yo arriba no me encontraría,
ya que algo escogido de mí deja de ser yo mismo.
Y estar todo yo mismo en ese más allá
no cabe en mi cabeza en modo alguno,
pues que repeticiones semejantes
jamás se dan en la naturaleza.
Alguna vez pensé en escribir un ensayo sobre los que considero cuatro grandes poetas del ateísmo, Lucrecio, Feuerbach, Leopardi y Hardy, pero mis propias dudas siempre me impiden acometer una fe como esa: ni siquiera estoy seguro de descreer por completo; hasta eso llega mi humildad, si es que no es una de esas imposturas que la vanidad suele ponernos sobre la cara, porque si de algo estoy seguro es de que nos mentimos a nosotros mismos continuamente, más de lo que quisiéramos. Incluso tampoco estoy seguro del número de esos poetas: para mí Aleixandre podría ocupar tanto el primer como el último puesto de ese grupo, y seguro que habrá alguno que escape a los incultos dedos de mi mano.
Pero decía que, releyendo los Pensamientos sobre muerte e inmortalidad de Feuerbach, los poemas que acompañan al libro me iluminaban más que el pensamiento en prosa al que acompañan; en realidad parece como si éste fuese una glosa de aquellos. He escogido uno que me pareció bueno y hermoso para compartirlo aquí, aunque no dejo de pensar que la traducción de José Luis García Rúa, que he procurado solucionar, es oscura y tropezona:
Como sale la lágrima del ojo
así la muerte surge del espíritu;
por eso es la muerte tan maravillosa,
como el diamante celestialmente clara.
Cuando el hombre primero se conoció a sí mismo,
un agudo dolor atravesó su alma como fuego,
y por la puerta de los ardientes ojos
manó entonces la muerte destructiva.
Sigue el agua, después, en la naturaleza,
y siempre sigue lo caliente a sus talones.
Por eso arde el corazón hasta en la muerte,
porque en ese calor el hombre se conoce:
del hombre el hombre se distancia,
en objeto y en yo se descompone.
Y por eso en la muerte el llorar acontece,
las lágrimas apagan la ardura del dolor.
Los demás epigramas de Feuerbach contienen asimismo sentencias memorables, desnudas de floritura metafórica que no sea escueto símbolo o pensamiento:
Ser una sola vez tan sólo puedes:
date a ello con todo tu albedrío:
sólo una vez es todo verdadero.
Lo que recuerda a los versos de otro gran pesimista, Aleixandre, en Poemas de la consumación:
Recordar es obsceno; peor, es triste.
Como en los versos de Feuerbach: "Lo que dos veces es, mate apariencia es sólo / un ser sin médula, ni tuétano, ni nada", y todo lo que sigue, que condensa mucho mejor Aleixandre. En ello insiste Feuerbach:
El una vez es del amor la fuerza,
del corazón el pálpito, el impulso del impulso;
tan sólo el una vez lleva dolor y gozo
y amor también al pecho de los hombres.
Rechaza la existencia de un ultramundo con razones que no son especiosas ni bene trovate:
Que sea dividido el ser no lo permite,
por eso a él tan sólo la nada curar puede.
Yo soy tan sólo yo, natura solamente,
un ser, una luz, tan sólo un todo,
sólo uno soy yo, tan sólo un centro,
y por cierto redondo por aquí y por allá.
Y este mi ser no puedo abandonarlo,
así la cosa es, evitarlo no puedo.
Alegrías y penas, placeres y dolores,
pecados, culpa, agobios y tormentos,
tan sólo una son todas esas cosas,
la misma esencia, el ser y el ser yo mismo.
Tú no puedes dividirme, ni tampoco
escoger de mí a tu antojo;
y cuando el yo se agota, al extinguirse,
el dolor tú me quitas y la pena (...)
Por eso, aun cuando el cuento fuera verdad,
y aunque un coro de ángeles hubiera,
es muy claro que yo arriba no me encontraría,
ya que algo escogido de mí deja de ser yo mismo.
Y estar todo yo mismo en ese más allá
no cabe en mi cabeza en modo alguno,
pues que repeticiones semejantes
jamás se dan en la naturaleza.
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Poemas de otros
Ni siquiera es una mierda, simplemente es Windows
Tuve curiosidad y puse en un buscador (que no fuese el Live) "Odio Windows". Me salieron 1.000.880 ocurrencias, solamente en español.
¿Es o no es revelador, o, como dicen mal o mal dicen, "sintomático"?
Windows es una mierda. Y ni siquiera una mierda consistente: es pura diarrea. Creo que es ocioso probarlo porque es una de esas verdades palmarias, incontestables, universales, que cualquier hijo de vecino admite tan claramente como que dos y dos son cuatro. Pero, sin embargo, voy a poner aquí una brevísima y muy corta selección de opiniones de gente jodida por el Gili Gates, y ni siquiera voy a hablar del tropezón Explorer o del nefando y torpísimo "paquete" de integración que es el Office, porque sería nunca acabar; aunque la inteligencia le persigue, el avaro y mostrenco y bazofioso basurero incultísimo y maleducadísimo super Gili Gates va más rápido:
Copyright: Todos los blogs alojados en los MSN Spaces está sujetos a Copyright con autoría de Microsoft. Si nosotros hacemos los artículos ¿Por qué tienen que ser suyos?
Control sobre el contenido: Todo el contenido de los blogs puede ser borrado por Microsoft y se pueden reportar abusos de las condiciones del blog. Creo que un blogger debería ser libre a postear sobre lo que quisiera.
No hay acceso total al código de la página: En muchos de los servicios de blogs, con tu CMS puedes retocar cualquier parte de la página y borrar y poner lo que quieras. Con los Spaces no tienes acceso al código y solo puedes cambiar la plantilla sobre unas que ellos te dan sin tener la posibilidad de tocar todo el código.
No funciona a la perfección sin Internet Explorer: Si entráis con otros navegadores no podréis disfrutar al máximo del blog (los diseños son para Explorer), ni de la galería de fotos por ejemplo en la que no puedes moverte entre las fotos sin tener que pasar por todas. En la parte de configuración, con Explorer te deja tocar más el diseño (como no puedo instalar la versión más nueva de Explorer en el MAC, no valoro esta opción en mi análisis)
URL poco amigables: Las URL de los post y la dirección a la página principal de los blogs son ilegibles por lo que no dan información sobre el contenido. No parece tan difícil cambiarlo, pero parece que les gustan las URL largas.
Publicidad añadida: En la parte superior de la página Microsoft se hace autopublicidad en el blog sin el permiso del autor. También hay otras cosas añadidas que no tienen que ver con el blog como el acceso a las cuentas Passport.
Blogs restringido como opción por defecto: Cuando te abres una cuenta en MSN Spaces, tu espacio está restringido al público de la web y solo lo pueden ver tus contactos. Esto se puede cambiar pero no es la filosofía de un blog la de estar relacionado directamente con otros servicios como puede ser el MSN Messenger.
Panel de control corto: Si te das un paseo por el panel de control puedes ver que no cumple las opciones y deseos de un blogger, ni están bien organizadas (este punto es subjetivo).
Interfaz recargada: Las plantillas y interfaces de los espacios tiene muchas imágenes y colores y poca simplicidad que siempre va bien para un blog. Otro de los problemas para gente con conexiones lentas.
Sensación de prefabricación: Este punto también es subjetivo pero es la imposibilidad de hacer que sea un blog tuyo sin que salga Microsoft por en medio con las cuentas Passport o la restricción de entrada por defecto. No parecen blogs limpios y claros como los normales. (Este punto reúne a todos los otros).
Todo personaje no está preparado para tener un blog, ni siquiera saben lo que es un blog, y muchos ni siquiera aguantan por unos meses. Hay muchas definiciones de blogs, pero por favor, como salió la moda… ahora todo personaje que no sabe que escribir se hace un blog, y el resultado son los millones de blogs abandonados o sin contenido que existen por la tela de araña y de los que Microsoft alardea de ellos.
Vale, ¿que está muy bien para el que no tenga ni pajolera y todavía no sepa que existe gmail como un correo mucho mejor que hotmail? Vale que la gente se resiste a probar cosas nuevas, y como tooooooodo el mundo tiene que utilizar cosas de Microsoft, pues ale… hagamos un blog con los de Microsoft. Pero una cosa, ¿para qué coño hacer un blog, si no sabes ni qué vas a escribir? ¿El resultado? Un copiador más o un blog abandonado más…
Odio Windows Vista. ¿Cómo no aborrecer un sistema operativo que con sólo tener el ordenador encendido chupa 500 MEGAS de RAM?...
Por si fuera poco… el logo de WLS (Windows Live Spaces, antiguamente MSN Spaces) es alarmantemente parecido al de Ubuntu… En Guindos Vista tienes algo a lo que podríamos llamar "interrupciones para joder la vida del usuario".
La situación es que uno trata de abrir un procesador de textos; si no arranca, pues busca alguno que funcione para Vista, por ejemplo el Office. XD Después se pone a escribir algo pero de repente la pantalla se pone negra y en medio un mensaje. "La aplicación no funciona correctamente, "corregir", "cancelar". Le das a cancelar y se pone a corregir, bloqueando la aplicación y la pantalla. Si tienes suerte, al rato puedes seguir con esa idea genial que tratabas de escribir, pero.... "Actualizaciones disponibles"; otra vez se pone todo negro y el mensaje en medio, esta vez las opciones son únicas: aceptar. Buscas la "x" pero no existe, por lo que le das a aceptar y se terminan de instalar esas actualizaciones que previamente se descargaron en tu disco duro. Uau, dices. En Guindos Vista hasta las actualizaciones son más rápidas que en XP.
Luego llega el tema del apagado del ordenador. En Vista han colocado un botón igualito al de power de los mandos del televisor y de todas las cosas por norma (xd) y cuando le das es rapidísimo el apagado, casi ni te das cuenta. Luego vas a encenderlo y uau, no tarda nada en encenderse. Hace unos meses discutí eso con un cliente, me decía: "Guindos Vista me gusta porque es rápido en apagarse." Coño, como que no se apaga: para apagarlo de verdad has de hacer más de 6 clics de ratón (suponiendo que no tengas algo abierto).
Mientras arrancas el sistema de verdad, te duermes, te despiertas, comes, te aburres, cenas y al final el sistema arranca y te da por pensar: "2 Gigas de RAM, con 2 Gigas de RAM tendría que ser suficiente".
Craso error, querido amigo, Gili Gates se venga del que le atribuyó la frasecita y lo hace queriendo meter un ordenador nuevo por cada casa, una licencia de Vista por cada culo y una enfermedad ocular por cada usuario.
Vista daña a la vista y lo hace por sus continuos cambios de color. Ahora negro con mensaje, ahora blanco del fondo del procesador de textos, ahora negro, ahora blanco. Terminas viendo a Jesucristo cuando miras a otro lado que no es la pantalla.
Decides instalar algún programa que exista para Vista y, después de mucho buscar, encuentras algunos y le das a instalar. Fondo negro, mensaje: ¿Desea ejecutar el programa? El programa cree que eres subnormal, como Gili Gates. "Sí" o "No". Le das a "No", para ver qué pasa, y regresa el fondo negro: ¿Desea que Guindos no le pregunte otra vez para ejecutar el programa "Sí" o "No"?. Le das a No, y te pregunta de nuevo si estás seguro.
Regresas de nuevo a instalar el programa y después de unos cuantos fondos negros con preguntas cansinas crees que ya puedes irte a hacer algo mejor que ver una barra pasar. Lo normal es que tarde un rato en completarse la extracción de archivos, entradas en el registro... por lo que te vas. Al regresar ves una pantalla negra que dice que si quieres aceptar que se instale el programa. Ahora ya lo piensas: "Quiero golpear este cacharro, sólo quiero instalar el puto programa, no quiero miles de mensajes que me interrumpan la instalación".
Llega el momento de enseñarle a los familiares tu nuevo flamante Guindos Vista, es decir, llega el momento de decir abiertamente: "Soy gilipollas, mirad qué sistema inoperativo uso". Alguien ahora podría pensar que trato de vender Guindos Vista o algo así, pero no, lo cierto es que lo odio. Dios mío, cómo lo odio.
Lo primero que dicen tus familiares: "Hala, mira esas imágenes que rotan aleatoriamente" ."Mira que reloj mas grande, como molaaaaaaaa." Me encanta la gente que compra portátiles con pantalla grande, para ponerles Guindos Vista y desaprovechar ese 20% de pantalla con la hotbar esa copiada del google desktop.
Ahora llega el momento de conectar a Internet, pero han cambiado muchas cosas desde xp, aparte de la "piel" también los nombres. Ya no es tu PC, ahora lo llaman Equipo. Qué falta de ideas y cambio de nombre más caro te hacen pagar.
Guindos Vista sólo existe uno, eso de que existen 30 versiones es falso; siempre se jode y fastidia de la misma manera. Es lo de siempre: simplemente van quitando cosas para vender mil versiones y poder poner precios exagerados a la real. La versión real lleva aero. Que sinceramente después de ver compyz, beryl, compizfusion uno dice: uau, qué retro es esto, normal que consuma tanto, tiene que emular el efecto.
Ahora llega el momento de instalar impresoras, tarjetas de televisión... Mejor dicho, de comprar nuevas que puedan ser capadas por vista.
Windows Vista castiga severamente. Guindos Vista puede capar tu conexión a Internet y castigarte por ver vídeos en formatos distintos a wmv. Guindos Vista capará y esterilizará el software que lleve algún texto plano que diga: gpl.
Los menús son una autentica perdida de vista. Lo lógico es verlo todo del tirón, pero no, Vista oculta automáticamente por defecto aquello que usas menos, con la finalidad de que puedas ver lo que usas mejor, eso sí, tras 4 clic.
Guindos vista no podria ser menos que su hermano mayor, XP y tambien permite ocultar la barra de abajo. Cómo odio eso.
Por esto y por mil cosas más odio Vista. No puedo ni verlo. Cuando comience a usarse en los ordenadores de miles de lusers probablemente a mí me toque solucionar sus problemas. Pero si esto ocurre, tendré que dejar la informática porque odio vista desde lo mas profundo de mi ser.Creo que lo mejor es seguir con la informática como hobby y dedicarme a cualquier otra cosa para ganarme la vida. Probablemente esa solución me beneficie en salud y en dinero. La informática tiene que ser divertida, un mundo donde la informática no sea divertida no me apasiona. Un mundo lleno de guindos vistas y de vistosos gilipollas que se unen al carro de Micro$Islandia no me apasiona. Windows me aburre. :(.odio Windows Vista. ¿Cómo no aborrecer un sistema operativo que con sólo tener el ordenador encendido chupa 500 MEGAS de RAM? ...
Historia de un Proyecto Fin de Carrera.
He estado los últimos días trabajando día y noche para acabar mi proyecto fin de carrera; y por fin está acabado y encuadernándose.
Y bueno, yo como un pardillo lo he hecho con Microsoft Word.
Todo iba "bien", hasta que empecé a maquetar. Yo creaba los estilos para cada nivel, y al día siguiente, cuando abría el ordenador, me los había quitado todos. Sí, cada vez que cerraba y abría Word me quitaba los estilos que había predefinido.
Era raro que sólo tuviera la presión del tiempo para acabar el proyecto, algo más debía de ir mal, pero lo que nunca había imaginado, es que Darth Vader y lord Voldemort se hubieran refugiado en mi proyecto para crear un nuevo imperio del mal.
-Déjame tu portátil que mi word no funciona bien.
Hey, que con el portátil todo funcionaba bien, era demasiado bonito para ser verdad. Entonces fuí a borrar el número de página de las hojas de títulos, como había hecho anteriormente y... ¿os lo creéis? no me dejaba, me borraba el número de página de todas las hojas.
- Qué cabrón. Bueno, tampoco es tan grave crearé cada título en un nuevo documento y no insertaré los números de página. A mí me va a vacilar el Word, si he conseguido que no me cambie los caracteres cuando le apetece.
Pobre infeliz, el lado oscuro es muy, muy poderoso.
Visité por vigésima vez a mi profesor de proyecto para que me volviera a hacer cambiar cosas de sitio, otra vez y me dijo:
- Chaval, el proyecto está bien, pero... Un poco feo (lo mío no es el diseño), ponle unos encabezados de página y cámbiame esto de sitio (otra vez)
Pues nada, allá voy, añado los saltos de sección, inserto encabezado y pie de página y .....
- Hijo de **** que no me detecta los saltos de sección y no puedo crear diferentes encabezados para cada capítulo.
En estos momentos el portátil tenía unas grandes expectativas de muerte prematura. Pero encontré la solución:
- Ya está, separo cada capítulo en nuevo documento y así le puedo agregar un encabezado por documento.
Es lo que tenemos los genios, jejjejej, que sabemos encontrar soluciones rápidas, pero Word es inteligente, mucho más inteligente de lo que nosotros seremos nunca. Y cuando copié y pegué cada capítulo ya maquetado en un nuevo documento, el número de páginas de cada capítulo no coincidía.
- No puede ser, es el mismo ordenador, mismo Word y no he tocado nada.
El problema estaba en la configuración de los margenes que tenían los nuevos documentos que era diferente al inicial. Así que fui, cambié los márgenes, y aunque creáis que no es posible, no ocurrió nada, seguía admitiendo más texto por página que el anterior documento, con los mismos márgenes y todo igual.
El principal problema de esto es que tenía que repasarlo todo para que no quedaran títulos sueltos al final de una página y cosas así.
Bueno, el gran día ha llegado, todo está perfecto, repasado, lo he clavado. Me dirijo a Reprografía de la Universidad. (os juro que la conversación es real)
YO: - Hola; quería encuadernar un proyecto.
REPRO: - Muy bien, ¿en qué lo traes?
YO: - En word
REPRO: - Pues muy mal.
YO: - ¿Eh?
REPRO: - Word es una mierda, en general todo el paquete Office, si lo abro en 5 ordenadores diferentes vamos a ver 5 cosas distintas. Cuando salgas de casa lleva las cosas en pdf que se ve igual, lo abras donde lo abras.
REPRO: - Dame, no sé qué va a ser, pero algo va a fallar.
En ese momento se me pusieron los huevecillos de corbata. Y como no podía ser de otra forma el hombre de reprografía, gran conocedor del maligno Word, tenía razón. El índice creado automáticametne mediante la opción de insertar índices y tablas, no se podía imprimir de ninguna forma, ni desde su ordenador ni desde mi portátil. Así que me pasé una hora y media rehaciendo el índice manualmente.
Poco más podía ocurrir y ya todo me daba igual. Después de la impresión te hacen revisarlo por si hay algo más, y había cambiado dos títulos de encabezados. Lo arreglé lo reimprimieron y aquí se acaba la historia de mi proyecto.
Cuando tenga mi copia en casa miraré a ver qué más ha fallado. No hay que subestimar la incompetencia de Word.
Pero para una cosa han servido todos estos problemas: no vuelvo a usar Word si no me apuntan con una escopeta. De momento, ya he descargado Open Office.
Me he convertido en una persona diferente.
(Historia basada en hechos reales)
¿Es o no es revelador, o, como dicen mal o mal dicen, "sintomático"?
Windows es una mierda. Y ni siquiera una mierda consistente: es pura diarrea. Creo que es ocioso probarlo porque es una de esas verdades palmarias, incontestables, universales, que cualquier hijo de vecino admite tan claramente como que dos y dos son cuatro. Pero, sin embargo, voy a poner aquí una brevísima y muy corta selección de opiniones de gente jodida por el Gili Gates, y ni siquiera voy a hablar del tropezón Explorer o del nefando y torpísimo "paquete" de integración que es el Office, porque sería nunca acabar; aunque la inteligencia le persigue, el avaro y mostrenco y bazofioso basurero incultísimo y maleducadísimo super Gili Gates va más rápido:
Copyright: Todos los blogs alojados en los MSN Spaces está sujetos a Copyright con autoría de Microsoft. Si nosotros hacemos los artículos ¿Por qué tienen que ser suyos?
Control sobre el contenido: Todo el contenido de los blogs puede ser borrado por Microsoft y se pueden reportar abusos de las condiciones del blog. Creo que un blogger debería ser libre a postear sobre lo que quisiera.
No hay acceso total al código de la página: En muchos de los servicios de blogs, con tu CMS puedes retocar cualquier parte de la página y borrar y poner lo que quieras. Con los Spaces no tienes acceso al código y solo puedes cambiar la plantilla sobre unas que ellos te dan sin tener la posibilidad de tocar todo el código.
No funciona a la perfección sin Internet Explorer: Si entráis con otros navegadores no podréis disfrutar al máximo del blog (los diseños son para Explorer), ni de la galería de fotos por ejemplo en la que no puedes moverte entre las fotos sin tener que pasar por todas. En la parte de configuración, con Explorer te deja tocar más el diseño (como no puedo instalar la versión más nueva de Explorer en el MAC, no valoro esta opción en mi análisis)
URL poco amigables: Las URL de los post y la dirección a la página principal de los blogs son ilegibles por lo que no dan información sobre el contenido. No parece tan difícil cambiarlo, pero parece que les gustan las URL largas.
Publicidad añadida: En la parte superior de la página Microsoft se hace autopublicidad en el blog sin el permiso del autor. También hay otras cosas añadidas que no tienen que ver con el blog como el acceso a las cuentas Passport.
Blogs restringido como opción por defecto: Cuando te abres una cuenta en MSN Spaces, tu espacio está restringido al público de la web y solo lo pueden ver tus contactos. Esto se puede cambiar pero no es la filosofía de un blog la de estar relacionado directamente con otros servicios como puede ser el MSN Messenger.
Panel de control corto: Si te das un paseo por el panel de control puedes ver que no cumple las opciones y deseos de un blogger, ni están bien organizadas (este punto es subjetivo).
Interfaz recargada: Las plantillas y interfaces de los espacios tiene muchas imágenes y colores y poca simplicidad que siempre va bien para un blog. Otro de los problemas para gente con conexiones lentas.
Sensación de prefabricación: Este punto también es subjetivo pero es la imposibilidad de hacer que sea un blog tuyo sin que salga Microsoft por en medio con las cuentas Passport o la restricción de entrada por defecto. No parecen blogs limpios y claros como los normales. (Este punto reúne a todos los otros).
Todo personaje no está preparado para tener un blog, ni siquiera saben lo que es un blog, y muchos ni siquiera aguantan por unos meses. Hay muchas definiciones de blogs, pero por favor, como salió la moda… ahora todo personaje que no sabe que escribir se hace un blog, y el resultado son los millones de blogs abandonados o sin contenido que existen por la tela de araña y de los que Microsoft alardea de ellos.
Vale, ¿que está muy bien para el que no tenga ni pajolera y todavía no sepa que existe gmail como un correo mucho mejor que hotmail? Vale que la gente se resiste a probar cosas nuevas, y como tooooooodo el mundo tiene que utilizar cosas de Microsoft, pues ale… hagamos un blog con los de Microsoft. Pero una cosa, ¿para qué coño hacer un blog, si no sabes ni qué vas a escribir? ¿El resultado? Un copiador más o un blog abandonado más…
Odio Windows Vista. ¿Cómo no aborrecer un sistema operativo que con sólo tener el ordenador encendido chupa 500 MEGAS de RAM?...
Por si fuera poco… el logo de WLS (Windows Live Spaces, antiguamente MSN Spaces) es alarmantemente parecido al de Ubuntu… En Guindos Vista tienes algo a lo que podríamos llamar "interrupciones para joder la vida del usuario".
La situación es que uno trata de abrir un procesador de textos; si no arranca, pues busca alguno que funcione para Vista, por ejemplo el Office. XD Después se pone a escribir algo pero de repente la pantalla se pone negra y en medio un mensaje. "La aplicación no funciona correctamente, "corregir", "cancelar". Le das a cancelar y se pone a corregir, bloqueando la aplicación y la pantalla. Si tienes suerte, al rato puedes seguir con esa idea genial que tratabas de escribir, pero.... "Actualizaciones disponibles"; otra vez se pone todo negro y el mensaje en medio, esta vez las opciones son únicas: aceptar. Buscas la "x" pero no existe, por lo que le das a aceptar y se terminan de instalar esas actualizaciones que previamente se descargaron en tu disco duro. Uau, dices. En Guindos Vista hasta las actualizaciones son más rápidas que en XP.
Luego llega el tema del apagado del ordenador. En Vista han colocado un botón igualito al de power de los mandos del televisor y de todas las cosas por norma (xd) y cuando le das es rapidísimo el apagado, casi ni te das cuenta. Luego vas a encenderlo y uau, no tarda nada en encenderse. Hace unos meses discutí eso con un cliente, me decía: "Guindos Vista me gusta porque es rápido en apagarse." Coño, como que no se apaga: para apagarlo de verdad has de hacer más de 6 clics de ratón (suponiendo que no tengas algo abierto).
Mientras arrancas el sistema de verdad, te duermes, te despiertas, comes, te aburres, cenas y al final el sistema arranca y te da por pensar: "2 Gigas de RAM, con 2 Gigas de RAM tendría que ser suficiente".
Craso error, querido amigo, Gili Gates se venga del que le atribuyó la frasecita y lo hace queriendo meter un ordenador nuevo por cada casa, una licencia de Vista por cada culo y una enfermedad ocular por cada usuario.
Vista daña a la vista y lo hace por sus continuos cambios de color. Ahora negro con mensaje, ahora blanco del fondo del procesador de textos, ahora negro, ahora blanco. Terminas viendo a Jesucristo cuando miras a otro lado que no es la pantalla.
Decides instalar algún programa que exista para Vista y, después de mucho buscar, encuentras algunos y le das a instalar. Fondo negro, mensaje: ¿Desea ejecutar el programa? El programa cree que eres subnormal, como Gili Gates. "Sí" o "No". Le das a "No", para ver qué pasa, y regresa el fondo negro: ¿Desea que Guindos no le pregunte otra vez para ejecutar el programa "Sí" o "No"?. Le das a No, y te pregunta de nuevo si estás seguro.
Regresas de nuevo a instalar el programa y después de unos cuantos fondos negros con preguntas cansinas crees que ya puedes irte a hacer algo mejor que ver una barra pasar. Lo normal es que tarde un rato en completarse la extracción de archivos, entradas en el registro... por lo que te vas. Al regresar ves una pantalla negra que dice que si quieres aceptar que se instale el programa. Ahora ya lo piensas: "Quiero golpear este cacharro, sólo quiero instalar el puto programa, no quiero miles de mensajes que me interrumpan la instalación".
Llega el momento de enseñarle a los familiares tu nuevo flamante Guindos Vista, es decir, llega el momento de decir abiertamente: "Soy gilipollas, mirad qué sistema inoperativo uso". Alguien ahora podría pensar que trato de vender Guindos Vista o algo así, pero no, lo cierto es que lo odio. Dios mío, cómo lo odio.
Lo primero que dicen tus familiares: "Hala, mira esas imágenes que rotan aleatoriamente" ."Mira que reloj mas grande, como molaaaaaaaa." Me encanta la gente que compra portátiles con pantalla grande, para ponerles Guindos Vista y desaprovechar ese 20% de pantalla con la hotbar esa copiada del google desktop.
Ahora llega el momento de conectar a Internet, pero han cambiado muchas cosas desde xp, aparte de la "piel" también los nombres. Ya no es tu PC, ahora lo llaman Equipo. Qué falta de ideas y cambio de nombre más caro te hacen pagar.
Guindos Vista sólo existe uno, eso de que existen 30 versiones es falso; siempre se jode y fastidia de la misma manera. Es lo de siempre: simplemente van quitando cosas para vender mil versiones y poder poner precios exagerados a la real. La versión real lleva aero. Que sinceramente después de ver compyz, beryl, compizfusion uno dice: uau, qué retro es esto, normal que consuma tanto, tiene que emular el efecto.
Ahora llega el momento de instalar impresoras, tarjetas de televisión... Mejor dicho, de comprar nuevas que puedan ser capadas por vista.
Windows Vista castiga severamente. Guindos Vista puede capar tu conexión a Internet y castigarte por ver vídeos en formatos distintos a wmv. Guindos Vista capará y esterilizará el software que lleve algún texto plano que diga: gpl.
Los menús son una autentica perdida de vista. Lo lógico es verlo todo del tirón, pero no, Vista oculta automáticamente por defecto aquello que usas menos, con la finalidad de que puedas ver lo que usas mejor, eso sí, tras 4 clic.
Guindos vista no podria ser menos que su hermano mayor, XP y tambien permite ocultar la barra de abajo. Cómo odio eso.
Por esto y por mil cosas más odio Vista. No puedo ni verlo. Cuando comience a usarse en los ordenadores de miles de lusers probablemente a mí me toque solucionar sus problemas. Pero si esto ocurre, tendré que dejar la informática porque odio vista desde lo mas profundo de mi ser.Creo que lo mejor es seguir con la informática como hobby y dedicarme a cualquier otra cosa para ganarme la vida. Probablemente esa solución me beneficie en salud y en dinero. La informática tiene que ser divertida, un mundo donde la informática no sea divertida no me apasiona. Un mundo lleno de guindos vistas y de vistosos gilipollas que se unen al carro de Micro$Islandia no me apasiona. Windows me aburre. :(.odio Windows Vista. ¿Cómo no aborrecer un sistema operativo que con sólo tener el ordenador encendido chupa 500 MEGAS de RAM? ...
Historia de un Proyecto Fin de Carrera.
He estado los últimos días trabajando día y noche para acabar mi proyecto fin de carrera; y por fin está acabado y encuadernándose.
Y bueno, yo como un pardillo lo he hecho con Microsoft Word.
Todo iba "bien", hasta que empecé a maquetar. Yo creaba los estilos para cada nivel, y al día siguiente, cuando abría el ordenador, me los había quitado todos. Sí, cada vez que cerraba y abría Word me quitaba los estilos que había predefinido.
Era raro que sólo tuviera la presión del tiempo para acabar el proyecto, algo más debía de ir mal, pero lo que nunca había imaginado, es que Darth Vader y lord Voldemort se hubieran refugiado en mi proyecto para crear un nuevo imperio del mal.
-Déjame tu portátil que mi word no funciona bien.
Hey, que con el portátil todo funcionaba bien, era demasiado bonito para ser verdad. Entonces fuí a borrar el número de página de las hojas de títulos, como había hecho anteriormente y... ¿os lo creéis? no me dejaba, me borraba el número de página de todas las hojas.
- Qué cabrón. Bueno, tampoco es tan grave crearé cada título en un nuevo documento y no insertaré los números de página. A mí me va a vacilar el Word, si he conseguido que no me cambie los caracteres cuando le apetece.
Pobre infeliz, el lado oscuro es muy, muy poderoso.
Visité por vigésima vez a mi profesor de proyecto para que me volviera a hacer cambiar cosas de sitio, otra vez y me dijo:
- Chaval, el proyecto está bien, pero... Un poco feo (lo mío no es el diseño), ponle unos encabezados de página y cámbiame esto de sitio (otra vez)
Pues nada, allá voy, añado los saltos de sección, inserto encabezado y pie de página y .....
- Hijo de **** que no me detecta los saltos de sección y no puedo crear diferentes encabezados para cada capítulo.
En estos momentos el portátil tenía unas grandes expectativas de muerte prematura. Pero encontré la solución:
- Ya está, separo cada capítulo en nuevo documento y así le puedo agregar un encabezado por documento.
Es lo que tenemos los genios, jejjejej, que sabemos encontrar soluciones rápidas, pero Word es inteligente, mucho más inteligente de lo que nosotros seremos nunca. Y cuando copié y pegué cada capítulo ya maquetado en un nuevo documento, el número de páginas de cada capítulo no coincidía.
- No puede ser, es el mismo ordenador, mismo Word y no he tocado nada.
El problema estaba en la configuración de los margenes que tenían los nuevos documentos que era diferente al inicial. Así que fui, cambié los márgenes, y aunque creáis que no es posible, no ocurrió nada, seguía admitiendo más texto por página que el anterior documento, con los mismos márgenes y todo igual.
El principal problema de esto es que tenía que repasarlo todo para que no quedaran títulos sueltos al final de una página y cosas así.
Bueno, el gran día ha llegado, todo está perfecto, repasado, lo he clavado. Me dirijo a Reprografía de la Universidad. (os juro que la conversación es real)
YO: - Hola; quería encuadernar un proyecto.
REPRO: - Muy bien, ¿en qué lo traes?
YO: - En word
REPRO: - Pues muy mal.
YO: - ¿Eh?
REPRO: - Word es una mierda, en general todo el paquete Office, si lo abro en 5 ordenadores diferentes vamos a ver 5 cosas distintas. Cuando salgas de casa lleva las cosas en pdf que se ve igual, lo abras donde lo abras.
REPRO: - Dame, no sé qué va a ser, pero algo va a fallar.
En ese momento se me pusieron los huevecillos de corbata. Y como no podía ser de otra forma el hombre de reprografía, gran conocedor del maligno Word, tenía razón. El índice creado automáticametne mediante la opción de insertar índices y tablas, no se podía imprimir de ninguna forma, ni desde su ordenador ni desde mi portátil. Así que me pasé una hora y media rehaciendo el índice manualmente.
Poco más podía ocurrir y ya todo me daba igual. Después de la impresión te hacen revisarlo por si hay algo más, y había cambiado dos títulos de encabezados. Lo arreglé lo reimprimieron y aquí se acaba la historia de mi proyecto.
Cuando tenga mi copia en casa miraré a ver qué más ha fallado. No hay que subestimar la incompetencia de Word.
Pero para una cosa han servido todos estos problemas: no vuelvo a usar Word si no me apuntan con una escopeta. De momento, ya he descargado Open Office.
Me he convertido en una persona diferente.
(Historia basada en hechos reales)
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La insumergible Manolita Manzanares
Otra fallecida manchega que goza de insuperable salud, y cuya autopsia ofrezco en este post, antes de darle su debida y decente sepultura en la Wikipedia, aunque el artículo que le dedico aquí es más amplio y retocado; pero si alguien quiere oír su propia y vitalista voz, puede leer la magnífica entrevista que le hizo Mercedes del Amo aquí:
Manuela Manzanares López, de casada Manuela Manzanares de Cirre López (Torre de Juan Abad, provincia de Ciudad Real, 1910 - Southfield, Michigan, 29 de abril de 2004), arabista española.
Biografía
Sus padres marcharon a vivir de Torre de Juan Abad a Valdepeñas, y de allí con sus otros catorce hermanos fueron a Granada; se educó con las monjas Recogidas; gracias a su madre, que rechazaba los prejuicios contra la inferioridad intelectual de las mujeres, Manuela pudo empezar a estudiar en 1928 hasta el tercer curso de su carrera universitaria en Granada, donde fue alumna del profesor Emilio García Gómez junto a Gloria de los Ríos y Julia Danielovski; de la valía didáctica de García Gómez hizo un gran encomio:
Era el mejor profesor. Las cosas que decía tenían enjundia, nunca se iba por las nubes, nunca dejaba cabos sueltos, era simpático
Y fue a Madrid a finales de los años veinte, lugar donde terminó su licenciatura en 1931; en 1932 le dieron, sin ella pedirla, una beca para la Escuela de Estudios Árabes y comenzó el doctorado, siendo allí discípula predilecta de Miguel Asín Palacios; en ambos lugares mantuvo contacto con los ambientes intelectuales republicanos y conoció a Federico García Lorca, a quien trató sobre todo en Madrid; participó en el famoso Crucero Universitario por el Mediterráneo, organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid en 1933; en este crucero casi se ahoga accidentalmente ante el oráculo de Delfos. Lo contó así en una carta:
Nos estábamos acercando a Delfos - a ver si el Oráculo seguía allí - cuando el capitán decidió no atracar al puerto, porque había una fuerte “corriente interna”. Decidió parar el barco todavía lejos de la costa y desembarcar en barcas pequeñas a los que quisieran ir a tierra. Había salido ya una, y la otra estaba llenándose. En ella estábamos Ángela Barnés, Ángela Campos, yo (siempre íbamos las 3 juntas), María Paz Barbero y un joven que yo no recuerdo. Al parecer, el capitán no lo sabía y puso en marcha un motor que hizo salir un tubo de agua fortísima, del tamaño de una persona, sobre nuestra barca, que se volcó completamente. Las dos Ángelas sabían nadar y salieron a flote allí mismo, al muchacho parece que le dio un ligero ataque al corazón, y a María Paz se le cogió una pierna entre los dos barcos que le arrancó parte del frente de la pierna. No pudo andar en muchos días. Cuando íbamos a algún sitio en que hacía falta andar, alguno de los compañeros la llevaba en brazos. Como era muy bonita y muy simpática siempre había voluntarios.
La verdadera víctima fui yo. Por el sitio donde estaba sentada, o por lo que fuera, mehundí profundamente en el mar y la corriente me arrastró por debajo del “Ciudad de Cádiz” y salí al otro lado. No sabía nadar, apenas había aprendido a flotar (creo que se llama hacer la plancha) pero nadie me veía, porque todos miraban al lado por donde se estaba desembarcando. Si movía un brazo para llamar la atención me hundía. Pensé que iba a morir ahogada y me puse a rezar “Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero…”, y no pude seguir porque se me había olvidado el resto. Entonces me resigné a morir y cerré los ojos. Unos minutos después sentí que algo me tocaba en un hombro y al abrirlos vi que una barca venía a recogerme y me estaban tocando con un remo. Me subieron a la barca y me desmayé. Cuando recobré el conocimiento estaba en la mesa del consultorio del médico, que me dijo que no me había pasado nada, me dio un tranquilizante y me llevaron a mi camarote a dormir.
Por la noche hubo una cena con champán, como ves por la fotocopia que te mando, y me firmaron el menú los que estaban por allí. El comentario que más me gusta es el de J. Fernández que dice “A la insumergible Manolita”. Creo que, metafóricamente, he sido “insumergible” en otras ocasiones. El Capitán me dio una foto de él, con una hija poco más o menos de mi edad, con una dedicatoria que dice: "A la gentil Manuela Manzanares, una de las más inteligentes pasajeras que me cupo el honor de llevar en el Crucero Universitario, viaje cumbre de mis 21 años, del que guardo el más grato recuerdo, con sincero afecto". Barcelona. 21 Octubre 1933”. Como ves, fui heroína por algún pequeño espacio de tiempo, sin proponérmelo.
(La fotocopia del menú al que se refería Manuela lleva el membrete de la CompañíaTransmediterránea, bellamente impreso y al final del mismo pone a mano: "Champagne en honor de las náufragas”. “Ciudad de Cádiz”, 19 de Julio de 1933. Lleva las firmas detrás de varios compañeros, tal como decía nuestra heroína, con el buen humor que la caracterizaba; y reconocemos las firmas de Ángela Campos, José María Tejero, Martín Almagro Basch, Joaquín Fernández, R. Huidobro, Salvador Pascual, Antonio Rodríguez Huescar, Daniel Sánchez, M.ª Luisa (de Árabes) y otros, más abreviadas).
Su padre murió entonces completamente arruinado y tuvo que encargarse de sostener a toda su extensa familia; se casó al año sigiente con el gerente de la revista Cruz y Raya, José Francisco Cirre; obtuvo otra beca del Centro de Estudios Históricos y otra de la Biblioteca Nacional; en este último cometido tradujo del latín unas cartas inéditas de Américo Vespucio y estudió sánscrito con Pedro Urbano González de la Calle; no pudo terminar su doctorado a causa de la Guerra Civil; tuvo que exiliarse con su marido a Bruselas, donde proseguirá sus estudios con el profesor Armand Abel; allí dictó una conferencia sobre el sufismo de época tardía, y después (1942) se instalaron en Bogotá, donde fueron muy bien recibidos y Manuela trabajó en la Biblioteca Nacional editando la correspondencia de Rufino José Cuervo: Cartas de su archivo, recibidas por Rufino José Cuervo (5 tomos), aunque no se menciona en esta obra su trabajo; publicó algunos trabajos en Revista de Indias, en la Revista de la Universidad de Antioquía, etc., sobre temas tan diversos como Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rufino J. Cuervo y sus amigos, Quevedo etcétera; dio también algunas conferencias, una de ellas sobre un arabista colombiano, Enrique Goicoechea, otra sobre la influencia de las Mil y una noches en el cuento español y sobre la mujer en la Edad Media; allí conoció a Pablo Neruda; les fue ofrecido un puesto al matrimonio Cirre en el Departamento de Lenguas Románicas y Germánicas del College of Liberal Arts de la Wayne State University de Detroit, y se establecieron allí en 1946. Manuela pudo terminar su doctorado en la Universidad Ann Arbor de Michigan (1958). De ese trabajo nació su libro Arabistas españoles del siglo XIX, publicado por El Instituto Hispano-Árabe de Cultura publicó en 1972, reimpreso en 1979 y traducido al árabe en 2003 por el profesor Gamal Abdel Rahman, de la Universidad de Al-Azhar (El Cairo).
Ha colaborado en revistas como Al-Andalus, Anuario de Estudios Medievales, Bulletin Hispanique, Hispanic Review, etc. donde ha publicado artículos sobre influencias árabes en la cultura española, literatura aljamiada y arabistas contemporáneos en especial. La Bibliografía de la literatura aljamiado-morisca, de Luis F. Bernabé Pons, publicada por la Universidad de Alicante, en 1992, recoge varios trabajos de Manuela Manzanares sobre esta especialidad.
Obras
Arabistas españoles del siglo XIX. Madrid, IHAC, 1979.
Con José Francisco Cirre, España y los españoles, Nueva York, Holt, Rinehart And Winston, 1970.
"Gloria y descrédito de D. José Antonio Conde", Anuario de estudios medievales, ISSN 0066-5061, Nº 6, 1969, pags. 553-562
"Nota sobre la aljamía", Anuario de estudios medievales, ISSN 0066-5061, Nº 5, 1968, pags. 479-482.
Fuentes
Mercedes del Amo, «Una mañana con la arabista Manuela Manzanares de Cirie». Aljamía, 15, (diciembre de 2003), pp. 11-16.
VV. AA., El sueño de una generación: El crucero universitario por el Mediterráneo de 1933, Barcelona: Publicacions i Edicions, Universitat de Barcelona, 2006.
Mª Eugenia Martínez Gorroño, Españolas en Colombia. La huella cultural de las mujeres exiliadas tras la guerra civil, Madrid, Cuadernos de la Fundación Españoles en el Mundo, 1999.
Colectivo Sinaia, Castellanos sin Mancha, Madrid: Celeste Ediciones, 1999.
Manuela Manzanares López, de casada Manuela Manzanares de Cirre López (Torre de Juan Abad, provincia de Ciudad Real, 1910 - Southfield, Michigan, 29 de abril de 2004), arabista española.
Biografía
Sus padres marcharon a vivir de Torre de Juan Abad a Valdepeñas, y de allí con sus otros catorce hermanos fueron a Granada; se educó con las monjas Recogidas; gracias a su madre, que rechazaba los prejuicios contra la inferioridad intelectual de las mujeres, Manuela pudo empezar a estudiar en 1928 hasta el tercer curso de su carrera universitaria en Granada, donde fue alumna del profesor Emilio García Gómez junto a Gloria de los Ríos y Julia Danielovski; de la valía didáctica de García Gómez hizo un gran encomio:
Era el mejor profesor. Las cosas que decía tenían enjundia, nunca se iba por las nubes, nunca dejaba cabos sueltos, era simpático
Y fue a Madrid a finales de los años veinte, lugar donde terminó su licenciatura en 1931; en 1932 le dieron, sin ella pedirla, una beca para la Escuela de Estudios Árabes y comenzó el doctorado, siendo allí discípula predilecta de Miguel Asín Palacios; en ambos lugares mantuvo contacto con los ambientes intelectuales republicanos y conoció a Federico García Lorca, a quien trató sobre todo en Madrid; participó en el famoso Crucero Universitario por el Mediterráneo, organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid en 1933; en este crucero casi se ahoga accidentalmente ante el oráculo de Delfos. Lo contó así en una carta:
Nos estábamos acercando a Delfos - a ver si el Oráculo seguía allí - cuando el capitán decidió no atracar al puerto, porque había una fuerte “corriente interna”. Decidió parar el barco todavía lejos de la costa y desembarcar en barcas pequeñas a los que quisieran ir a tierra. Había salido ya una, y la otra estaba llenándose. En ella estábamos Ángela Barnés, Ángela Campos, yo (siempre íbamos las 3 juntas), María Paz Barbero y un joven que yo no recuerdo. Al parecer, el capitán no lo sabía y puso en marcha un motor que hizo salir un tubo de agua fortísima, del tamaño de una persona, sobre nuestra barca, que se volcó completamente. Las dos Ángelas sabían nadar y salieron a flote allí mismo, al muchacho parece que le dio un ligero ataque al corazón, y a María Paz se le cogió una pierna entre los dos barcos que le arrancó parte del frente de la pierna. No pudo andar en muchos días. Cuando íbamos a algún sitio en que hacía falta andar, alguno de los compañeros la llevaba en brazos. Como era muy bonita y muy simpática siempre había voluntarios.
La verdadera víctima fui yo. Por el sitio donde estaba sentada, o por lo que fuera, mehundí profundamente en el mar y la corriente me arrastró por debajo del “Ciudad de Cádiz” y salí al otro lado. No sabía nadar, apenas había aprendido a flotar (creo que se llama hacer la plancha) pero nadie me veía, porque todos miraban al lado por donde se estaba desembarcando. Si movía un brazo para llamar la atención me hundía. Pensé que iba a morir ahogada y me puse a rezar “Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero…”, y no pude seguir porque se me había olvidado el resto. Entonces me resigné a morir y cerré los ojos. Unos minutos después sentí que algo me tocaba en un hombro y al abrirlos vi que una barca venía a recogerme y me estaban tocando con un remo. Me subieron a la barca y me desmayé. Cuando recobré el conocimiento estaba en la mesa del consultorio del médico, que me dijo que no me había pasado nada, me dio un tranquilizante y me llevaron a mi camarote a dormir.
Por la noche hubo una cena con champán, como ves por la fotocopia que te mando, y me firmaron el menú los que estaban por allí. El comentario que más me gusta es el de J. Fernández que dice “A la insumergible Manolita”. Creo que, metafóricamente, he sido “insumergible” en otras ocasiones. El Capitán me dio una foto de él, con una hija poco más o menos de mi edad, con una dedicatoria que dice: "A la gentil Manuela Manzanares, una de las más inteligentes pasajeras que me cupo el honor de llevar en el Crucero Universitario, viaje cumbre de mis 21 años, del que guardo el más grato recuerdo, con sincero afecto". Barcelona. 21 Octubre 1933”. Como ves, fui heroína por algún pequeño espacio de tiempo, sin proponérmelo.
(La fotocopia del menú al que se refería Manuela lleva el membrete de la CompañíaTransmediterránea, bellamente impreso y al final del mismo pone a mano: "Champagne en honor de las náufragas”. “Ciudad de Cádiz”, 19 de Julio de 1933. Lleva las firmas detrás de varios compañeros, tal como decía nuestra heroína, con el buen humor que la caracterizaba; y reconocemos las firmas de Ángela Campos, José María Tejero, Martín Almagro Basch, Joaquín Fernández, R. Huidobro, Salvador Pascual, Antonio Rodríguez Huescar, Daniel Sánchez, M.ª Luisa (de Árabes) y otros, más abreviadas).
Su padre murió entonces completamente arruinado y tuvo que encargarse de sostener a toda su extensa familia; se casó al año sigiente con el gerente de la revista Cruz y Raya, José Francisco Cirre; obtuvo otra beca del Centro de Estudios Históricos y otra de la Biblioteca Nacional; en este último cometido tradujo del latín unas cartas inéditas de Américo Vespucio y estudió sánscrito con Pedro Urbano González de la Calle; no pudo terminar su doctorado a causa de la Guerra Civil; tuvo que exiliarse con su marido a Bruselas, donde proseguirá sus estudios con el profesor Armand Abel; allí dictó una conferencia sobre el sufismo de época tardía, y después (1942) se instalaron en Bogotá, donde fueron muy bien recibidos y Manuela trabajó en la Biblioteca Nacional editando la correspondencia de Rufino José Cuervo: Cartas de su archivo, recibidas por Rufino José Cuervo (5 tomos), aunque no se menciona en esta obra su trabajo; publicó algunos trabajos en Revista de Indias, en la Revista de la Universidad de Antioquía, etc., sobre temas tan diversos como Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rufino J. Cuervo y sus amigos, Quevedo etcétera; dio también algunas conferencias, una de ellas sobre un arabista colombiano, Enrique Goicoechea, otra sobre la influencia de las Mil y una noches en el cuento español y sobre la mujer en la Edad Media; allí conoció a Pablo Neruda; les fue ofrecido un puesto al matrimonio Cirre en el Departamento de Lenguas Románicas y Germánicas del College of Liberal Arts de la Wayne State University de Detroit, y se establecieron allí en 1946. Manuela pudo terminar su doctorado en la Universidad Ann Arbor de Michigan (1958). De ese trabajo nació su libro Arabistas españoles del siglo XIX, publicado por El Instituto Hispano-Árabe de Cultura publicó en 1972, reimpreso en 1979 y traducido al árabe en 2003 por el profesor Gamal Abdel Rahman, de la Universidad de Al-Azhar (El Cairo).
Ha colaborado en revistas como Al-Andalus, Anuario de Estudios Medievales, Bulletin Hispanique, Hispanic Review, etc. donde ha publicado artículos sobre influencias árabes en la cultura española, literatura aljamiada y arabistas contemporáneos en especial. La Bibliografía de la literatura aljamiado-morisca, de Luis F. Bernabé Pons, publicada por la Universidad de Alicante, en 1992, recoge varios trabajos de Manuela Manzanares sobre esta especialidad.
Obras
Arabistas españoles del siglo XIX. Madrid, IHAC, 1979.
Con José Francisco Cirre, España y los españoles, Nueva York, Holt, Rinehart And Winston, 1970.
"Gloria y descrédito de D. José Antonio Conde", Anuario de estudios medievales, ISSN 0066-5061, Nº 6, 1969, pags. 553-562
"Nota sobre la aljamía", Anuario de estudios medievales, ISSN 0066-5061, Nº 5, 1968, pags. 479-482.
Fuentes
Mercedes del Amo, «Una mañana con la arabista Manuela Manzanares de Cirie». Aljamía, 15, (diciembre de 2003), pp. 11-16.
VV. AA., El sueño de una generación: El crucero universitario por el Mediterráneo de 1933, Barcelona: Publicacions i Edicions, Universitat de Barcelona, 2006.
Mª Eugenia Martínez Gorroño, Españolas en Colombia. La huella cultural de las mujeres exiliadas tras la guerra civil, Madrid, Cuadernos de la Fundación Españoles en el Mundo, 1999.
Colectivo Sinaia, Castellanos sin Mancha, Madrid: Celeste Ediciones, 1999.
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Isidoro Enríquez Calleja
Para resucitar este muerto manchego tan interesante son escasos los datos que he podido reunir; he exprimido Internet y usado el Gómez Porro y el meritorio trabajo del Colectivo Sinaia, "Isidoro Enríquez Calleja", Castellanos sin Mancha, Madrid: Celeste Ediciones, 199, pp. 178-179. Luego le he dado digna sepultura en la Wikipedia, con el pseudónimo que utilizo ahora, El gato Félix:
Isidoro Enríquez Calleja (Torre de Juan Abad, Ciudad Real, 1900 - México, 21 de noviembre de 1971), pedagogo, periodista y ensayista español.
Biografía
Tuvo una infancia desgraciada en el Asilo de huérfanos de Ciudad Real. Posteriormente estudió Magisterio en Madrid y en Barcelona. Profesor de lengua y literatura española. Fue amigo de Ramón Gómez de la Serna y experto en Juan Ramón Jiménez. Tras la Guerra Civil, llegó a Veracruz a bordo del Sinaia con otros 1.800 refugiados españoles. De su colección completa de los dieciocho números publicados en mimeógrafo entre el 26 de mayo y el 12 de junio de 1939 del periódico que los republicanos emigrados editaban a bordo, el Sinaia. Diario de la primera expedición de republicanos españoles a México, se pudo hacer una edición facsímil más tarde. Colaboró en la fundación del laboratorio psicobiológico del Colegio Militar de México y fue profesor de lengua y literatura en la Escuela Nacional Preparatoria y colaborador de la revista Las Españas (1943-1963). Pío Caro Baroja, en su obra El gachupín, lo recuerda en la tertulia de El Aquelarre, de la que formaban parte Mariano Granados, José Ramón Arana, Anselmo Carretero, Francisco Rivero Gil y José de la Colina y Otaola. El que fue su alumno Vicente Guarner lo describe así:
Un hombre muy pintoresco; menudo de estatura, de pobladas cejas y recortado bigote,que hablaba un castellano seductor, de suaves tonalidades, que impregnaba sus tonalidades y sus clases de un aire muy agradable. Al dar inicio a su cotidiana lección, encendía invariablemente un cigarrillo "Delicado" que, delicadamente, a su vez, dejaba en una de las comisuras de sus labios y acto seguido apoyaba uno de los pies en la barra de las patas de una silla, abría un volumen, regularmente de la colección Austral, y principiaba a leer en voz alta. Cuando llegaba al primer punto, le daba una virtuosa e indulgente aspirada al "pitillo" y la emprendía a comentar acerca de la imagen, la frase, el juego de palabras y, sobre todo, aquello que el profesor había querido decir (Vicente Guarner, Murmullos en el ático. Ensayos y leyendas, 1996, p. 50-51)
Obras
*Tercer curso de lengua y literatura. Esfinge, 1956.
*La literatura antifascista en la nueva escuela, Barcelona: Ediciones de la Cooperativa FETE, s. a. (¿1937?).
*Tres celdas para Sor Juana, México, 1953; reimpreso en Toluca: Instituto Mexiquense de Cultura, 2000.
Isidoro Enríquez Calleja (Torre de Juan Abad, Ciudad Real, 1900 - México, 21 de noviembre de 1971), pedagogo, periodista y ensayista español.
Biografía
Tuvo una infancia desgraciada en el Asilo de huérfanos de Ciudad Real. Posteriormente estudió Magisterio en Madrid y en Barcelona. Profesor de lengua y literatura española. Fue amigo de Ramón Gómez de la Serna y experto en Juan Ramón Jiménez. Tras la Guerra Civil, llegó a Veracruz a bordo del Sinaia con otros 1.800 refugiados españoles. De su colección completa de los dieciocho números publicados en mimeógrafo entre el 26 de mayo y el 12 de junio de 1939 del periódico que los republicanos emigrados editaban a bordo, el Sinaia. Diario de la primera expedición de republicanos españoles a México, se pudo hacer una edición facsímil más tarde. Colaboró en la fundación del laboratorio psicobiológico del Colegio Militar de México y fue profesor de lengua y literatura en la Escuela Nacional Preparatoria y colaborador de la revista Las Españas (1943-1963). Pío Caro Baroja, en su obra El gachupín, lo recuerda en la tertulia de El Aquelarre, de la que formaban parte Mariano Granados, José Ramón Arana, Anselmo Carretero, Francisco Rivero Gil y José de la Colina y Otaola. El que fue su alumno Vicente Guarner lo describe así:
Un hombre muy pintoresco; menudo de estatura, de pobladas cejas y recortado bigote,que hablaba un castellano seductor, de suaves tonalidades, que impregnaba sus tonalidades y sus clases de un aire muy agradable. Al dar inicio a su cotidiana lección, encendía invariablemente un cigarrillo "Delicado" que, delicadamente, a su vez, dejaba en una de las comisuras de sus labios y acto seguido apoyaba uno de los pies en la barra de las patas de una silla, abría un volumen, regularmente de la colección Austral, y principiaba a leer en voz alta. Cuando llegaba al primer punto, le daba una virtuosa e indulgente aspirada al "pitillo" y la emprendía a comentar acerca de la imagen, la frase, el juego de palabras y, sobre todo, aquello que el profesor había querido decir (Vicente Guarner, Murmullos en el ático. Ensayos y leyendas, 1996, p. 50-51)
Obras
*Tercer curso de lengua y literatura. Esfinge, 1956.
*La literatura antifascista en la nueva escuela, Barcelona: Ediciones de la Cooperativa FETE, s. a. (¿1937?).
*Tres celdas para Sor Juana, México, 1953; reimpreso en Toluca: Instituto Mexiquense de Cultura, 2000.
viernes, 12 de septiembre de 2008
Las mujeres, ah, las mujeres.
Dice el periódico El País que el biólogo alemán y catedrático de la Universidad de Munich Josef H. Reichholf, en su nuevo libro Por qué los hombres se volvieron sedentarios, sostiene que nos volvimos agricultores hace 10.000 años para beber cerveza y embriagarnos o emborracharnos, ya que ese hecho creaba cohesión social, dando pie a la llamada revolución del Neolítico, y no con el fin prioritario de mejorar o asegurar la alimentación.
Igual iniciamos la revolución del Neolítico para soportar mejor a nuestras mujeres, ahogando nuestras penas en alcohol; las mujeres siempre han estado en el centro de los grandes avances y progresos de la Humanidad. Eso explicaría la avisada deducción del profesor y biólogo, catedrático de la Universidad de Munich, Josef H. Reichholf...
Igual iniciamos la revolución del Neolítico para soportar mejor a nuestras mujeres, ahogando nuestras penas en alcohol; las mujeres siempre han estado en el centro de los grandes avances y progresos de la Humanidad. Eso explicaría la avisada deducción del profesor y biólogo, catedrático de la Universidad de Munich, Josef H. Reichholf...
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martes, 9 de septiembre de 2008
Plagios
Es muy común que algunos autores consagrados recurran al plagio; su fuente se seca, y recurren a la de otros. Eso se llama en tradición poética Culturalismo: ponerse la máscara del personaje con quien más te identificas y darle vida otra vez. Puede hacerse de una manera creativa, usando el monólogo dramático al estilo de Robert Browning, o de forma más pedestre, empedrando un poema de plagios.
La historia del plagio en nuestras letras es enorme; no me atrevo a llamar plagiarios a Berceo o Juan Ruiz ni a otros escritores medievales porque ellos se consideraban artesanos, no artistas. Tampoco a Isidoro de Sevilla, pero sí a Pedro Toledano, Juan Maldonado, Juan Luis de la Cerda, Alfonso Fernández, Lorenzo Ramírez de Prado y Andrés Laguna. Más adelante, el cantante Enrique Bunbury recurre al poeta suicida Pedro Casariego; Lucía Etxebarría, a Antonio Colinas; en la obra de José María y Nacho Cano, es posible encontrar versos y genuina inspiración de Federico García Lorca; Camilo José Cela y Francisco Umbral copiaban que era un primor; Cela recurría con frecuencia a negros para multiplicar su fecundidad de articulista a precio de Nobel. Algo parecido han achacado a Antonio Gala. Hay canciones de Radio futura que son poemas enteros de Edgar Allan Poe y otros de la movida contienen versos enteros de Góngora, Bécquer y Machado. Claro está que algunos plagiarios son excelentes escritores algo envidiosillos, empezando por el mismo Ramón María del Valle-Inclán, como demostró el libro arrojadizo de Julio Casares. Mateo Alemán, que se las sabía todas, hizo que su plagiario, Mateo Luján, transformado en personaje, se arrojase al mar, porque el adagio dice que el plagio perfecto termina matando al modelo, así que no sólo se anticipó al criminal, sino que imitó su segunda parte en la suya y además lo mató. Luis Racionero, Luis Alberto de Cuenca, Quim Monzó, Bryce Echenique etc.
La historia del plagio en nuestras letras es enorme; no me atrevo a llamar plagiarios a Berceo o Juan Ruiz ni a otros escritores medievales porque ellos se consideraban artesanos, no artistas. Tampoco a Isidoro de Sevilla, pero sí a Pedro Toledano, Juan Maldonado, Juan Luis de la Cerda, Alfonso Fernández, Lorenzo Ramírez de Prado y Andrés Laguna. Más adelante, el cantante Enrique Bunbury recurre al poeta suicida Pedro Casariego; Lucía Etxebarría, a Antonio Colinas; en la obra de José María y Nacho Cano, es posible encontrar versos y genuina inspiración de Federico García Lorca; Camilo José Cela y Francisco Umbral copiaban que era un primor; Cela recurría con frecuencia a negros para multiplicar su fecundidad de articulista a precio de Nobel. Algo parecido han achacado a Antonio Gala. Hay canciones de Radio futura que son poemas enteros de Edgar Allan Poe y otros de la movida contienen versos enteros de Góngora, Bécquer y Machado. Claro está que algunos plagiarios son excelentes escritores algo envidiosillos, empezando por el mismo Ramón María del Valle-Inclán, como demostró el libro arrojadizo de Julio Casares. Mateo Alemán, que se las sabía todas, hizo que su plagiario, Mateo Luján, transformado en personaje, se arrojase al mar, porque el adagio dice que el plagio perfecto termina matando al modelo, así que no sólo se anticipó al criminal, sino que imitó su segunda parte en la suya y además lo mató. Luis Racionero, Luis Alberto de Cuenca, Quim Monzó, Bryce Echenique etc.
lunes, 8 de septiembre de 2008
Mad World, de Gary Jules Aguirre
La melancólica canción Mad world, Mundo loco, originalmente del grupo Tears for fears, aparece al final de la curiosa película Donnie Darko que vi ayer. La versión es de Gary Jules Aguirre, uno de los compañeros de promoción del asesino de Versace y licenciado en Filología Inglesa. Es una canción preciosa que he traducido en una versión preliminar:
Todo en mi torno
son caras conocidas
gastados sitios,
gastadas caras
preparadas, listas,
para sus diarias carreras
a ningún sitio,
a ningún sitio.
Sus lágrimas empañan gafas
sin expresión
sin expresión.
Agacho la cabeza
y quiero en mi pena ahogarme:
no hay futuro,
no hay futuro.
En cierto modo divierte,
en cierto modo entristece.
Los sueños en que agonizo
son los mejores que tuve.
Es duro decirlo,
es duro asumirlo:
si la gente camina en círculos viciosos,
es un muy mucho
loco mundo,
loco mundo.
Los niños esperan un día
en que estén bien:
cumpleaños feliz,
cumpleaños feliz,
programados para sentir
en la forma debida
siéntate y escucha,
siéntate y escucha.
Cuando vine al colegio
estaba muy nervioso,
nadie me conocía,
nadie me conocía.
Hola, maestro;
dime cuál es mi lección
mírame fijamente,
mírame fijamente.
Y en cierto modo divierte,
y en cierto modo entristece.
Los sueños en que agonizo
son los mejores que tuve.
Es duro decirlo,
es duro asumirlo:
si la gente marcha en círculos,
es un mundo sin sentido.
Amplia tu mundo,
loco mundo,
loco mundo.
Todo en mi torno
son caras conocidas
gastados sitios,
gastadas caras
preparadas, listas,
para sus diarias carreras
a ningún sitio,
a ningún sitio.
Sus lágrimas empañan gafas
sin expresión
sin expresión.
Agacho la cabeza
y quiero en mi pena ahogarme:
no hay futuro,
no hay futuro.
En cierto modo divierte,
en cierto modo entristece.
Los sueños en que agonizo
son los mejores que tuve.
Es duro decirlo,
es duro asumirlo:
si la gente camina en círculos viciosos,
es un muy mucho
loco mundo,
loco mundo.
Los niños esperan un día
en que estén bien:
cumpleaños feliz,
cumpleaños feliz,
programados para sentir
en la forma debida
siéntate y escucha,
siéntate y escucha.
Cuando vine al colegio
estaba muy nervioso,
nadie me conocía,
nadie me conocía.
Hola, maestro;
dime cuál es mi lección
mírame fijamente,
mírame fijamente.
Y en cierto modo divierte,
y en cierto modo entristece.
Los sueños en que agonizo
son los mejores que tuve.
Es duro decirlo,
es duro asumirlo:
si la gente marcha en círculos,
es un mundo sin sentido.
Amplia tu mundo,
loco mundo,
loco mundo.
La oscuridad
Los niños temen la oscuridad; mis hijas también; yo les digo que lo que hay fuera entre las sombras en realidad está dentro de sus cabezas, así que no tienen que tener miedo. Que piensen en dibujos animados cuando les asalten ilusiones de monstruos y demás. O que enciendan la luz, coño.
Yo también fui un niño timorato respecto a los espectros que moran en las tinieblas. Estas se poblaban de espectros copiados de las películas de terror que veía por entonces, ayudados por el blanco y negro que por entonces se vestía en las grises pantallas y en los grises periódicos. Por ahí andaban el robot de Ultimatum a la tierra, de Robert Wise, el indio de Moby Dick, de John Huston; la acuática dama del pelo largo y el predicador de la Noche del cazador de Charles Laugton y el taxista de Historias para no dormir, de Chicho Ibáñez Serrador. Y los terroríficos Reyes Magos, además. Cocos que acobardaron mi tenebrosa infancia.
Luego me harté de consumir películas de terror y de leer manuales de criminología, de estudiar Historia de la religión, Antropología, Mitología y Filosofía, Folcklore, Literatura, Cuentos y Leyendas.
Ya no creo en estupideces y tonterías y para mí los muertos son como los muñecos de goma. Temo al dolor, como todo el mundo, pero no tanto a mi propio dolor como al que pueda causar a otros; a la muerte no le temo, porque la muerte no es nada. Yo incluso temería tener que repetir otra vez las mismas cosas sin haber aprendido nada. Temería la estupidez y la ignorancia.
Como Shakespeare, temo mi propio miedo y el de los demás. Los fantasmas que hay dentro de mi cabeza, mi propia oscuridad, mi propia estupidez. La oscuridad de fuera lo único que me hace es dormir, si no me duele la espalda, que es lo que suele ocurrir. Si apareciera en esos momentos un fantasma, le diría que me dejase en paz, que mañana tengo que levantarme y trabajar, que me deje dormir. Como el padre Feijoo, creo que no hay espectro que no se desvanezca al conjuro de una buena cachiporra. Iker Jiménez es un payaso. Lo que me da miedo de su programa es tenerlo que ver hasta el final, y sobre todo los anuncios con que lo vende.
Los escépticos deberían aprender de mí. Ni siquiera creo en los telediarios ni en los periódicos; son como las Caras de Belmez, algo improbable e imposible de demostrar, o cuya demostración, si existe, incumbe a lo meramente real y material o a esas sombras cerebrales que hay en mi cabeza de las que hablaba.
Supongo que acabaré transformado en un fantasma, porque, como no me asusto de esas cosas, cuando muera, quedaré tranformado en una de esas sombras que asustan y que no se asustan de aproximarse a seres fantásticos e irreales como los seres reales. Seré una sombra asustando dentro del cerebro de un niño. El niño asustadizo que yo era.
Yo también fui un niño timorato respecto a los espectros que moran en las tinieblas. Estas se poblaban de espectros copiados de las películas de terror que veía por entonces, ayudados por el blanco y negro que por entonces se vestía en las grises pantallas y en los grises periódicos. Por ahí andaban el robot de Ultimatum a la tierra, de Robert Wise, el indio de Moby Dick, de John Huston; la acuática dama del pelo largo y el predicador de la Noche del cazador de Charles Laugton y el taxista de Historias para no dormir, de Chicho Ibáñez Serrador. Y los terroríficos Reyes Magos, además. Cocos que acobardaron mi tenebrosa infancia.
Luego me harté de consumir películas de terror y de leer manuales de criminología, de estudiar Historia de la religión, Antropología, Mitología y Filosofía, Folcklore, Literatura, Cuentos y Leyendas.
Ya no creo en estupideces y tonterías y para mí los muertos son como los muñecos de goma. Temo al dolor, como todo el mundo, pero no tanto a mi propio dolor como al que pueda causar a otros; a la muerte no le temo, porque la muerte no es nada. Yo incluso temería tener que repetir otra vez las mismas cosas sin haber aprendido nada. Temería la estupidez y la ignorancia.
Como Shakespeare, temo mi propio miedo y el de los demás. Los fantasmas que hay dentro de mi cabeza, mi propia oscuridad, mi propia estupidez. La oscuridad de fuera lo único que me hace es dormir, si no me duele la espalda, que es lo que suele ocurrir. Si apareciera en esos momentos un fantasma, le diría que me dejase en paz, que mañana tengo que levantarme y trabajar, que me deje dormir. Como el padre Feijoo, creo que no hay espectro que no se desvanezca al conjuro de una buena cachiporra. Iker Jiménez es un payaso. Lo que me da miedo de su programa es tenerlo que ver hasta el final, y sobre todo los anuncios con que lo vende.
Los escépticos deberían aprender de mí. Ni siquiera creo en los telediarios ni en los periódicos; son como las Caras de Belmez, algo improbable e imposible de demostrar, o cuya demostración, si existe, incumbe a lo meramente real y material o a esas sombras cerebrales que hay en mi cabeza de las que hablaba.
Supongo que acabaré transformado en un fantasma, porque, como no me asusto de esas cosas, cuando muera, quedaré tranformado en una de esas sombras que asustan y que no se asustan de aproximarse a seres fantásticos e irreales como los seres reales. Seré una sombra asustando dentro del cerebro de un niño. El niño asustadizo que yo era.
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Humor
Mi hija mayor piensa que soy un freak o friki. O sea, un raro de cojones. Dice que tengo un sentido del humor estrambótico y difícil, pero como le gusta verme reír siempre me suele poner cosas extrañas en TV. Por eso le cuesta tanto poner la TV, porque no las encuentra. En los canales de Ono, sí hay algo, cuando no ha sido repetido veinte veces, pero sin hacerse excesivas ilusiones. Las series educativas Padre de familia o Crímenes imperfectos, que a mi hija no le parecen educativas, Malcolm o Sexo en Nueva York, que a mi hija tampoco le parecen educativas. House, y para de contar. Alguna vez, en esas series, me río como por casualidad, y mi hija ya es feliz.
Friki yo, supongo que lo seré. Pero lo era ya antes de que se pusiera de moda el término. También lo era mi amigo el novelista Emilio Morote Esquivel, cuya última novela, Los mejores años de nuestras vidas, narra su juventud en ese trasunto de Ciudad Real que llama Bahía Nepal, que tal vez bautiza así por el acrónimo Penal; la acabo de disfrutar; un libro cuyo autor uno conoce se disfruta mucho más intensamente. Aunque el protagonista y narrador se muestra como un chico de los de antes y se hace pasar por tal, se nota que era ya un narrador como la copa de un pino y con otras cosas en la cabeza. Todos los frikis somos un poco góticos y amantes de los misterios, porque el arte es un misterio en sí mismo, un enigma que hay que desarrollar o quitarse de encima con el propio arte. El arte sin el arte. Estoy de acuerdo con él en que la erudición sólo sirve para jugar al Trivial; a mí, desde luego, me resulta sumamente paralizante para desarrollar mi vocación narrativa, que la tengo; por eso le envidio. Es sin duda un narrador a tener en cuenta y a defender a capa y espada; que me digan que no hay escritores en La Mancha: aquí hay uno, y muy bueno.
Friki yo, supongo que lo seré. Pero lo era ya antes de que se pusiera de moda el término. También lo era mi amigo el novelista Emilio Morote Esquivel, cuya última novela, Los mejores años de nuestras vidas, narra su juventud en ese trasunto de Ciudad Real que llama Bahía Nepal, que tal vez bautiza así por el acrónimo Penal; la acabo de disfrutar; un libro cuyo autor uno conoce se disfruta mucho más intensamente. Aunque el protagonista y narrador se muestra como un chico de los de antes y se hace pasar por tal, se nota que era ya un narrador como la copa de un pino y con otras cosas en la cabeza. Todos los frikis somos un poco góticos y amantes de los misterios, porque el arte es un misterio en sí mismo, un enigma que hay que desarrollar o quitarse de encima con el propio arte. El arte sin el arte. Estoy de acuerdo con él en que la erudición sólo sirve para jugar al Trivial; a mí, desde luego, me resulta sumamente paralizante para desarrollar mi vocación narrativa, que la tengo; por eso le envidio. Es sin duda un narrador a tener en cuenta y a defender a capa y espada; que me digan que no hay escritores en La Mancha: aquí hay uno, y muy bueno.
sábado, 6 de septiembre de 2008
Cine que ver
Ante la imposibilidad de encontrar un cine realmente pensado para adultos, uno espera con espectación y ansia el último estreno de la serie Harry Potter. Lo mismo sucede con televisión; uno añora los diálogos platónicos de Epi y Blas, cuyo sentido trascendente y espíritu crítico superaba con amplitud a cualquier telediario, informe semanal o documental al uso.
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La lengua común
Otro recorte, que pongo aquí porque siempre me gusta la manera como escribe:
Balance
FERNANDO SAVATER El País, 05/09/2008
Recuerdan la anécdota del orador que se levanta para pronunciar su alocución tras el banquete y pregunta a un comensal remoto: "Usted, allí al fondo, ¿me escucha bien?". Y el otro responde: "Perfectamente, pero voy a cambiarme con aquel señor, porque parece que allí ya no se oye". También yo he estado esperando hasta que han respondido al Manifiesto por la Lengua Común incluso los que se sentaban voluntariamente allí donde es imposible escuchar lo que dice. Pensando a veces, con cierto desaliento, que es una seria objeción contra la existencia de la lengua común el que muchos que parecen comprenderla malinterpreten tan patentemente un texto sencillo como ése. Pero en todo caso me parece una obligación de cortesía intentar finalmente hacer balance y responder a quienes se han molestado en hacer objeciones inteligibles a esa propuesta. Desde luego, sólo voy a tomar en cuenta las de cierto calado, que no han sido las más numerosas. En cuanto a las demás... bueno, a pesar de la artritis estoy dispuesto a agacharme ocasionalmente un poco para quedar a la altura de ciertos argumentos y seguir la discusión, pero no pienso ponerme a cuatro patas, como se requeriría para responder a otros. Asumo mis limitaciones por arriba... y por abajo.
Tampoco me detendré en algunos reproches que considero desenfocados. Por ejemplo, los de quienes han insistido en recordar que la lengua castellana -pujante y cada vez más extendida por el planeta- no necesita defensa ninguna. El Manifiesto confirma ese punto desde su primer párrafo y evidentemente trata de otra cosa, por lo que sólo puedo rogar a los obstinados que se molesten en leer al menos sus cinco primeras líneas. Por cierto, es curioso que en el pasado mes de julio -cuando día sí y día no se nos recordaba en todos los medios de comunicación la invulnerabilidad del castellano- la Junta de Castilla-La Mancha y la Fundación Santillana otorgasen un merecido premio a Carlos Fuentes y a Lula de Silva, "por su defensa del idioma español", según dijo la prensa. Esperé sobrecogido una lluvia de protestas o la universal rechifla ante tarea tan superflua, pero nadie dijo ni pío: por lo visto, entonces no tocaba. Otros han expresado su recelo ante el apoyo que mostraron al manifiesto ciertos medios de comunicación y personas conocidas que no les parecen con suficiente garantía de salubridad progresista: por lo visto, para ellos todo lo que no se promueve desde la izquierda oficial está políticamente "manipulado", pecado grande. Reconozco ser poco sensible ante esta grave imputación. Es la costumbre: si los movimientos cívicos más activos del País Vasco, en los que he militado, hubiésemos esperado el apoyo o tan siquiera el permiso de los medios de comunicación y los intelectuales llamados "progresistas" para ponernos en marcha, todavía estaríamos en vísperas de salir por primera vez a la calle... Aún peor: si hubiéramos escuchado luego a bastantes de ellos, aún estaríamos dándonos golpes de pecho por haber salido. De modo que miren: no.
Pero pasemos a las objeciones que merecen mayor atención. Una de las más frecuentes asegura que en cualquiera de las autonomías bilingües sigue siendo el castellano la lengua mayoritariamente utilizada por los hablantes. Personalmente no lo dudo, pero... ¿es esto un pecado? ¿Es una injusticia que debe ser corregida o una enfermedad que ha de ser curada? Por razones históricas y culturales, el castellano no sólo es la lengua común de España, así establecida constitucionalmente, sino también uno de los idiomas internacionales de mayor peso presente y futuro. Ofrece ventajas evidentes respecto a otras a los empresarios y comerciantes, a los viajeros y a quienes buscan bibliografía. Los medios de comunicación de masas suelen preferirla por razones de eficacia económica: hay inmersión lingüística en la escuela, pero no en la prensa, y La Vanguardia sigue publicándose en castellano. Se trata de una primacía práctica perfectamente razonable, no de un monopolio dictatorial: las otras lenguas oficiales siguen teniendo su debido reconocimiento y su viabilidad a todos los niveles en las áreas regionales que les corresponden. Lo que resultaría un poco raro es llamar "normalización" al empeño de corregir por las bravas, a base de prohibiciones e imposiciones, esta preferencia de tantos hablantes, bilingües o no... como si se tratase de un atropello. Puede que no haya un precepto constitucional que establezca que cada cual pueda ser educado en la lengua que prefiera -es lo que el Manifiesto propone corregir-, pero aún menos en ninguna parte de la Constitución se dice que en las comunidades bilingües la lengua co-oficial deba alcanzar forzosamente un uso igual o mayor que el castellano.
Otros de nuestros críticos (por ejemplo, el propio ex presidente Pujol, en una entrevista reciente) nos recuerdan que los niños en Cataluña conocen perfectamente el castellano, aunque estudien en catalán. Incluso podríamos añadir que en los exámenes para determinar los resultados del informe PISA, los estudiantes vascos -aunque estudien en euskera- hacen las pruebas en castellano para mejorar sus resultados. Pero nada de esto tiene que ver con el fondo del asunto. No se trata de que los niños (o los ciudadanos adultos, tanto da) sepan o no castellano: lo aprenderán sin duda de un modo u otro, como terminarán adquiriendo nociones de inglés a través de las letras de sus grupos preferidos de rock, porque se trata de idiomas de comunicación internacional cuya pujanza no podrá ser cortocircuitada por ninguna burocracia etnicista local. Pero no es lo mismo conocer una lengua de modo más o menos sobrevenido que estudiar en ella y aprovechar todos sus recursos expresivos o bibliográficos, así como utilizarla habitualmente para recibir información de las autoridades o comunicarse institucionalmente. Y lo más importante, está en juego el derecho a poder utilizar siempre que uno lo desee la lengua oficial del país del que somos ciudadanos, aun allí dónde coexiste con otras regionales. Invocar este derecho no es una reminiscencia franquista, salvo para quienes han olvidado lo que estipulaba la Constitución republicana de 1931 en su artículo 4 (bastante más perentoria y nítida al respecto que la actual). Por cierto, cuando uno ve los obtusos y sectarios que son respecto al presente ciertos adalides de la memoria histórica, entran dudas respecto a la exactitud de la visión del pasado que tratan de oficializar.
¡Ah, pero hablar de derechos lingüísticos es embrollar las cosas, según dicen algunos sabios del establishment! ¡La "demagogia de los derechos" no soluciona nada! Es mejor resolver esos temas por medio de acuerdos consuetudinarios y confiar en el sentido común. Dejemos a un lado los derechos y volvamos a los apaños: insólito consejo, por cierto, para venir de profesionales de la filosofía política... Sin embargo, perdón por la insistencia: ¿hay algún otro país en la CE -dejemos a un lado la nada envidiable Bélgica- en que los ciudadanos se vean impedidos para usar normal y culturalmente la lengua mayoritaria en determinadas regiones de su territorio? ¿no es lógico que entonces invoquen su derecho a algo tan elemental, sean cuales fueren las "costumbres" que otros tratan de imponerles?
Con todo, hay algo de verdad en la teoría de los "apaños": es cierto que en las comunidades bilingües los ciudadanos conviven y se entienden con pocos roces en las lenguas co-oficiales. Los problemas vienen cuando allí se legisla de tal modo que esa armonía se rompa para obstaculizar institucionalmente el derecho a usar una de ellas. Porque el busilis de la cuestión no es el bilingüismo, desde luego, sino el biestatismo que los nacionalistas pretenden imponer en sus autonomías. Es decir, que haya dos Estados superpuestos, el local que ellos controlan más y más, junto al general que soportan y al que sólo acuden cuando esperan beneficios. En tal empeño biestatal, la marginación de todo elemento común con el resto del país -empezando por la lengua- es una herramienta esencial. Como esencial resulta para quienes pensamos de otro modo oponernos a tal tendencia y denunciarla. Se trata, en efecto, de una cuestión política, como con rara clarividencia han señalado algunos de nuestros críticos...
Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.
Balance
FERNANDO SAVATER El País, 05/09/2008
Recuerdan la anécdota del orador que se levanta para pronunciar su alocución tras el banquete y pregunta a un comensal remoto: "Usted, allí al fondo, ¿me escucha bien?". Y el otro responde: "Perfectamente, pero voy a cambiarme con aquel señor, porque parece que allí ya no se oye". También yo he estado esperando hasta que han respondido al Manifiesto por la Lengua Común incluso los que se sentaban voluntariamente allí donde es imposible escuchar lo que dice. Pensando a veces, con cierto desaliento, que es una seria objeción contra la existencia de la lengua común el que muchos que parecen comprenderla malinterpreten tan patentemente un texto sencillo como ése. Pero en todo caso me parece una obligación de cortesía intentar finalmente hacer balance y responder a quienes se han molestado en hacer objeciones inteligibles a esa propuesta. Desde luego, sólo voy a tomar en cuenta las de cierto calado, que no han sido las más numerosas. En cuanto a las demás... bueno, a pesar de la artritis estoy dispuesto a agacharme ocasionalmente un poco para quedar a la altura de ciertos argumentos y seguir la discusión, pero no pienso ponerme a cuatro patas, como se requeriría para responder a otros. Asumo mis limitaciones por arriba... y por abajo.
Tampoco me detendré en algunos reproches que considero desenfocados. Por ejemplo, los de quienes han insistido en recordar que la lengua castellana -pujante y cada vez más extendida por el planeta- no necesita defensa ninguna. El Manifiesto confirma ese punto desde su primer párrafo y evidentemente trata de otra cosa, por lo que sólo puedo rogar a los obstinados que se molesten en leer al menos sus cinco primeras líneas. Por cierto, es curioso que en el pasado mes de julio -cuando día sí y día no se nos recordaba en todos los medios de comunicación la invulnerabilidad del castellano- la Junta de Castilla-La Mancha y la Fundación Santillana otorgasen un merecido premio a Carlos Fuentes y a Lula de Silva, "por su defensa del idioma español", según dijo la prensa. Esperé sobrecogido una lluvia de protestas o la universal rechifla ante tarea tan superflua, pero nadie dijo ni pío: por lo visto, entonces no tocaba. Otros han expresado su recelo ante el apoyo que mostraron al manifiesto ciertos medios de comunicación y personas conocidas que no les parecen con suficiente garantía de salubridad progresista: por lo visto, para ellos todo lo que no se promueve desde la izquierda oficial está políticamente "manipulado", pecado grande. Reconozco ser poco sensible ante esta grave imputación. Es la costumbre: si los movimientos cívicos más activos del País Vasco, en los que he militado, hubiésemos esperado el apoyo o tan siquiera el permiso de los medios de comunicación y los intelectuales llamados "progresistas" para ponernos en marcha, todavía estaríamos en vísperas de salir por primera vez a la calle... Aún peor: si hubiéramos escuchado luego a bastantes de ellos, aún estaríamos dándonos golpes de pecho por haber salido. De modo que miren: no.
Pero pasemos a las objeciones que merecen mayor atención. Una de las más frecuentes asegura que en cualquiera de las autonomías bilingües sigue siendo el castellano la lengua mayoritariamente utilizada por los hablantes. Personalmente no lo dudo, pero... ¿es esto un pecado? ¿Es una injusticia que debe ser corregida o una enfermedad que ha de ser curada? Por razones históricas y culturales, el castellano no sólo es la lengua común de España, así establecida constitucionalmente, sino también uno de los idiomas internacionales de mayor peso presente y futuro. Ofrece ventajas evidentes respecto a otras a los empresarios y comerciantes, a los viajeros y a quienes buscan bibliografía. Los medios de comunicación de masas suelen preferirla por razones de eficacia económica: hay inmersión lingüística en la escuela, pero no en la prensa, y La Vanguardia sigue publicándose en castellano. Se trata de una primacía práctica perfectamente razonable, no de un monopolio dictatorial: las otras lenguas oficiales siguen teniendo su debido reconocimiento y su viabilidad a todos los niveles en las áreas regionales que les corresponden. Lo que resultaría un poco raro es llamar "normalización" al empeño de corregir por las bravas, a base de prohibiciones e imposiciones, esta preferencia de tantos hablantes, bilingües o no... como si se tratase de un atropello. Puede que no haya un precepto constitucional que establezca que cada cual pueda ser educado en la lengua que prefiera -es lo que el Manifiesto propone corregir-, pero aún menos en ninguna parte de la Constitución se dice que en las comunidades bilingües la lengua co-oficial deba alcanzar forzosamente un uso igual o mayor que el castellano.
Otros de nuestros críticos (por ejemplo, el propio ex presidente Pujol, en una entrevista reciente) nos recuerdan que los niños en Cataluña conocen perfectamente el castellano, aunque estudien en catalán. Incluso podríamos añadir que en los exámenes para determinar los resultados del informe PISA, los estudiantes vascos -aunque estudien en euskera- hacen las pruebas en castellano para mejorar sus resultados. Pero nada de esto tiene que ver con el fondo del asunto. No se trata de que los niños (o los ciudadanos adultos, tanto da) sepan o no castellano: lo aprenderán sin duda de un modo u otro, como terminarán adquiriendo nociones de inglés a través de las letras de sus grupos preferidos de rock, porque se trata de idiomas de comunicación internacional cuya pujanza no podrá ser cortocircuitada por ninguna burocracia etnicista local. Pero no es lo mismo conocer una lengua de modo más o menos sobrevenido que estudiar en ella y aprovechar todos sus recursos expresivos o bibliográficos, así como utilizarla habitualmente para recibir información de las autoridades o comunicarse institucionalmente. Y lo más importante, está en juego el derecho a poder utilizar siempre que uno lo desee la lengua oficial del país del que somos ciudadanos, aun allí dónde coexiste con otras regionales. Invocar este derecho no es una reminiscencia franquista, salvo para quienes han olvidado lo que estipulaba la Constitución republicana de 1931 en su artículo 4 (bastante más perentoria y nítida al respecto que la actual). Por cierto, cuando uno ve los obtusos y sectarios que son respecto al presente ciertos adalides de la memoria histórica, entran dudas respecto a la exactitud de la visión del pasado que tratan de oficializar.
¡Ah, pero hablar de derechos lingüísticos es embrollar las cosas, según dicen algunos sabios del establishment! ¡La "demagogia de los derechos" no soluciona nada! Es mejor resolver esos temas por medio de acuerdos consuetudinarios y confiar en el sentido común. Dejemos a un lado los derechos y volvamos a los apaños: insólito consejo, por cierto, para venir de profesionales de la filosofía política... Sin embargo, perdón por la insistencia: ¿hay algún otro país en la CE -dejemos a un lado la nada envidiable Bélgica- en que los ciudadanos se vean impedidos para usar normal y culturalmente la lengua mayoritaria en determinadas regiones de su territorio? ¿no es lógico que entonces invoquen su derecho a algo tan elemental, sean cuales fueren las "costumbres" que otros tratan de imponerles?
Con todo, hay algo de verdad en la teoría de los "apaños": es cierto que en las comunidades bilingües los ciudadanos conviven y se entienden con pocos roces en las lenguas co-oficiales. Los problemas vienen cuando allí se legisla de tal modo que esa armonía se rompa para obstaculizar institucionalmente el derecho a usar una de ellas. Porque el busilis de la cuestión no es el bilingüismo, desde luego, sino el biestatismo que los nacionalistas pretenden imponer en sus autonomías. Es decir, que haya dos Estados superpuestos, el local que ellos controlan más y más, junto al general que soportan y al que sólo acuden cuando esperan beneficios. En tal empeño biestatal, la marginación de todo elemento común con el resto del país -empezando por la lengua- es una herramienta esencial. Como esencial resulta para quienes pensamos de otro modo oponernos a tal tendencia y denunciarla. Se trata, en efecto, de una cuestión política, como con rara clarividencia han señalado algunos de nuestros críticos...
Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.
Pennac y la educación
Suelo colocar mis recortes de prensa en uno de mis otros blogs, Redvista de prensa. Pero esta entrevista me ha parecido tan interesante que la voy a poner también aquí. Ahí va:
El 'torpe' Pennac
OCTAVI MARTÍ El País, 06/09/2008
"Los padres, la televisión, los libros pueden ser idiotas, pero los chavales no lo son", afirma el popular escritor francés, autor de Mal de escuela. Él fue un cancre, un alumno cretino y desastroso, y logró triunfar sirviéndose de la lectura, la imaginación y el amor.
La cita es en pleno Vercors, en las afueras del pueblecito, en su casa de veraneo. Y casa de escritura. Daniel Pennac (Casablanca, 1944) se refugia ahí para descansar o para poner en solfa un nuevo libro. Y para pasear en bicicleta o a pie por ese valle y esas montañas que, a finales de septiembre, ya pueden recibir las primeras nieves. Hoy, a almorzar, nos espera acompañado de otro escritor, Tonino Benacquista, novelista y guionista de quien Pennac dice: "Así como la mayor parte de la gente escribe por haber escrito, Tonino escribe por escribir". O lo que es lo mismo, quiere hacer películas, no ser director de cine.
"La escuela no tiene nada que vender. Imparte saber, algo que es necesario pero que raramente se desea"
"La imaginación es una memoria al revés. Es la ficción la que permite recordar. Es un psicoanálisis salvaje"
"No hay nada más emocionante que ver cómo un chaval descubre que la memoria no es cuestión de acumulación"
"La escuela es el lugar de todas las violencias. Enseñar es violento, es violentar al otro. ¡Todo acto iniciático es violento!"
Pennac es otra cosa. A él la literatura le salvó la vida. A Tonino puede que se la haya cambiado, pero no fue el salvavidas al que agarrarse cuando todo parecía perdido. Bueno, los salvavidas fueron la literatura y el amor. La primera en forma de profesor con una intuición genial, el amor en forma de chica que cree en él, en el último de la clase, en el más torpe del pelotón de los torpes, el cancre, como dicen los franceses. Ahora Mondadori publica en España Mal de escuela (Chagrin d'école), el relato y las reflexiones que le inspiran ese rescate, un libro en cuya contraportada incluye un boletín escolar de Pennac por el que aprendemos que el profesor de francés le consideraba "un alumno alegre pero un triste alumno", el de matemáticas lamentaba que careciera de bases, mientras que para el de inglés "habla mucho pero ni una palabra en inglés". El de dibujo dice algo parecido: "Dibuja por todas partes excepto en clase".
Mal de escuela podría ser un libro sobre la enseñanza, los problemas de la enseñanza, un ensayo, pero no es eso porque "estadísticamente todo se explica, personalmente todo se complica". Y Pennac habla de él, del cancre Pennac y de los cancres que ha conocido cuando, luego, él pasó a ser profesor. "Que la palabra cancre no exista en castellano me recuerda ese viejo proyecto de hacer un diccionario universal de palabras que no existen en otros idiomas, un diccionario de palabras que no existen pero son imprescindibles. La realidad existe en todas las latitudes pero no siempre tiene la palabra adecuada. La saudade de brasileños y portugueses también nos alcanza a los franceses pero carecemos del término exacto. Ustedes, en España, pueden adjetivar la vergüenza y calificarla de ajena cuando provoca un efecto de empatía, pero eso en Francia no lo hacemos".
Hoy se ríe de su pasado de alumno catastrófico pero sólo es divertido porque puede contarlo. "Sabe, un cancre no es un gandul, aunque puede serlo a consecuencia de su nulidad, de su incapacidad para comprender. Es alguien que no puede jactarse de lo que es -un gamberro sí puede creerse autorizado a hacerlo- porque sufre o ha sufrido de ello. Como un asmático que nunca se vanagloriará de sus problemas respiratorios, el cancre tampoco lo hará de sus problemas de respiración intelectual". La situación se prolongó durante los primeros quince o dieciséis años de su vida. ¿Por qué? Un misterio. El padre, profesor de élite; la madre, en casa ocupándose de los hijos; los hermanos, alumnos brillantes. Menos Pennac. Daniel Pennacchioni para el registro civil o cuando pasaban lista en clase. "Esos años fueron terribles. Todo nace de una primera incomprensión, de un problema de inhibición, provocado por la timidez, el azar o cualquier otra causa. Y se acumula y se interioriza. Te dices a ti mismo que eres idiota, un cretino, que no hay nada que hacer contigo. Si te consideras idiota entonces quedas liberado de cualquier esfuerzo. Lo tuyo es irreparable. Luego, a partir de 1969, cuando empecé a trabajar como profesor de alumnos de bachillerato, nunca me topé con ningún muchacho idiota. Los padres pueden, podemos ser idiotas, la televisión, los libros, los grupos, pero los chavales no lo son. Los hay más vivos, más atrevidos, más rápidos, pero ningún cancre es idiota".
Francia o, mejor dicho, la República Francesa ha confiado en la escuela durante cien años. El hecho de ser pública, gratuita y obligatoria, de ofrecer un nivel de calidad y exigencia uniforme para toda la población le confería legitimidad y la convertía al mismo tiempo en elemento básico del llamado ascensor social. Era el símbolo de la igualdad de oportunidades en marcha. Pennac cree haber visto morir esa escuela. "Alrededor de 1975. Mayo del 68 era un movimiento anticonsumista, pero cuando sus efectos fueron desvaneciéndose y la sociedad francesa adoptó formas más liberales, entonces irrumpió el consumo de masas también en la escuela. Los niños y los padres pasaron a ser clientes y consumidores. Y la escuela no tiene nada que vender. Imparte saber, transmite conocimiento, algo que es necesario pero que raramente se desea. Hoy muchos chavales parecen un escaparate al servicio de diversas marcas. Los que tienen libertad de espíritu respecto a esa clientelización de la enseñanza son los que saben resistir mejor los espejismos del consumo".
El primer profesor que supo qué hacer con el cancre Pennacchioni era el responsable de lengua francesa. Vio que ese alumno desastroso, incapaz de comprender las normas más elementales de la gramática y la ortografía, era un lector compulsivo. "Me liberó de preguntas y exámenes pero me exigió que escribiera una novela. Era una responsabilidad nueva y extraordinaria. De pronto tenía un estatuto propio dentro del universo escolar. Eso fue importantísimo". Pero aún debió serlo más el amor. "La gente dice que el amor te vuelve idiota. ¡No se habrán enamorado nunca! El amor te hace más inteligente: el pulso se acelera, la adrenalina sube y tú, para seducir a la chica que te gusta, de la que estás locamente enamorado, inventas lo que haga falta. La chica y yo coincidimos en un curso de teatro, ensayando La doble inconstancia, de Marivaux. Yo era muy mal actor pero me entusiasmaba el teatro. Ella, que iba dos cursos más adelantada que yo, contumaz repetidor, que tenía unas notas extraordinarias, que era bella e inteligente, me eligió a mí, al cancre. ¡Alguien me llamaba por mi nombre y no era para ridiculizarme delante de los demás, para poner en evidencia mi idiotez! Eso también fue enorme para sacarme de la condición de cretino asumido".
La escritura comenzó a interesarle a los 13 o 14 años. Cambiaba redacciones por deberes de matemáticas. Y a los 18 años escribió su primera novela de verdad y la envió a las distintas editoriales, que se la devolvieron sin comentarios. Sólo un editor, Claude Durand, se comportó de otra manera. "Me devolvió el manuscrito acompañado de una carta. Me decía que no me publicaría porque el libro era muy malo. Y me detallaba el porqué lo creía así: los personajes son arquetipos, el estilo manido, la estructura mal concebida. Y me ponía ejemplos de cada una de sus aseveraciones. La carta acababa diciendo que, de todas maneras, creía que yo sería escritor y que si me decidía a escribir otras cosas no dudase en enviárselas. Tardé cinco años en terminar otro libro, esta vez contra el servicio militar".
La literatura de ficción ha tenido para Pennac otra función que la de rescatarle del pozo del fracaso escolar. Recuerda que nunca fue capaz de llevar un diario personal "porque hubiera sido un ejercicio masoquista", pero también que nunca tuvo problemas para inventar, para imaginar. "Y la imaginación me ha servido de lugar de memoria. Es una memoria al revés. En mis historias puedo encontrar lo que me pasaba aquel año". Eso tiene que ver con sus escasas dotes para memorizar. "No pretendo compararme con él, pero me sucede lo que a Michel de Montaigne: no tengo memoria funcional. Él, que era un hombre bien educado y cortés, era incapaz de recordar los nombres de sus sirvientes. Para lograrlo recurría a trucos nemotécnicos, como asociar el apellido con la función que desempeñaban o con el nombre del pueblo donde habían nacido. Montaigne anotaba sus libros y luego no era capaz de recordar lo que significaba aquella anotación, por qué la había hecho. Hubo un momento en que intenté llevar un diario personal pero limitándome a lo factual. Cuando lo releía no recordaba ninguno de los hechos que había anotado. Es la ficción la que me permite recordar. Es un psicoanálisis salvaje".
En Mal de escuela nos explica cómo se reconcilió con la memoria, con el hecho de almacenar conocimientos en el cerebro y también cómo logró hacer partícipes de esa misma reconciliación a sus alumnos. "La memoria no es una cuestión de acumulación sino de comprensión. Cuando estudiaba había que aprenderse un poema de memoria cada semana. Y éramos examinados sobre ese poema. Luego venía otro que permitía olvidar el anterior. ¡En realidad, te pedían que lo olvidases! Al final, cuando llegaba el momento de las pruebas de acceso a la universidad, le sugerían al alumno que utilizase elementos de su cultura personal para construir un discurso. ¿De qué cultura personal podía tratarse en esa lógica cuantitativa y cronológica, en la que a cada semana le correspondía su poema y el olvido del anterior? Con los alumnos decidimos aprender a memorizar una serie de textos: de ensayo, poemas, chistes, pasajes de novelas. Podía valer un aforismo de Woody Allen o una reflexión de Montesquieu. Lo importante era haber comprendido el texto, haber logrado amarlo. En vez de someterlo a esos análisis de forense que acaban con cualquier deseo -¿quién quiere hacer el amor con un cadáver?-, se trataba de hacer propio el texto, de darse cuenta de hasta qué punto aquello nos concernía. Hablar de bovarismo como concepto puede parecer abstruso, pero no lo es cuando recuerdas el pasaje de Emma Bovary mirando por la ventana. A final de curso nos acordábamos de todos, de los aprendidos las primeras semanas y de los que habían llegado más tarde. No hay nada más emocionante que ver cómo un chaval descubre que la memoria no es cuestión de acumulación".
La lógica de Pennac tiene mucho que ver con la sensatez. Él está convencido de que las dificultades gramaticales se resuelven gracias a la gramática, que las faltas de ortografía desaparecen haciendo ejercicios de ortografía, que el pavor ante los libros se arregla leyendo y que la incapacidad para comprender exige una inmersión en el texto. Él, el niño para el que las matemáticas eran un idioma incomprensible, dice haberse encontrado un alma gemela en la persona de Stella Baruk, autora de un fenomenal Diccionario de matemáticas (Dictionnaire des mathématiques élémentaires, Seuil). "En dos o tres días logra que críos que estaban reñidos con las matemáticas comprendan su lenguaje. A partir de ahí, de la comprensión de lo que les hablan, todo cambia. Es una mujer prodigiosa".
No le gusta hablar de la crisis de la enseñanza. No se trata de negar los problemas pero sí de evitar las generalizaciones. "Todo puede resumirse en esa frase mil veces repetida que afirma que el alumno carece de bases sólidas. ¡Es lo mismo que decir que la culpa no es mía! El profesor de primaria se queja de la guardería y de que los padres no educan a los hijos, pero el de secundaria cree que el de primaria no ha hecho bien su trabajo. Cuando aprueban por fin el bachillerato siguen sin tener buenos cimientos y los catedráticos de universidad se quejan de cómo les llegan los alumnos a las aulas. Los padres creen que la culpa es de los profesores, éstos arremeten contra el ministerio, que se queja del Mayo del 68 o de lo que haga falta. ¡La culpa siempre es de los otros! Es un proceso de chivoexpiación global que impide hablar de nada y sobre todo intentar arreglar algo". Mientras habla, despacio, buscando cada vez la palabra adecuada, sin levantar la voz pero riéndose a menudo, Pennac no puede dejar de referirse al proceso de un profesor castigado con 500 euros de multa por haber abofeteado a un alumno que le insultó gravemente: "¿Usted cree que en un país de 62 millones de habitantes el tema de la bofetada merece la portada de un periódico? La dramatización sistemática de los conflictos también contamina la escuela".
Lamenta que gente como el filósofo Alain Finkielkraut, cuando hablan de la escuela, pierdan la razón. "Estoy de acuerdo en casi todo lo que dice. Sus programas de radio son, muy a menudo, espléndidos, pero Finkielkraut tiene miedo, teme que la lengua francesa que él maneja con tanta precisión sea destruida por esos hijos de emigrantes que se expresan de manera aproximativa, en un argot lleno de interjecciones y guturalidades. Recuerdo a los pequeños calabreses con los que jugaba de niño. ¡Cuando era la hora de reclamar la merienda, de pronto, abandonaban su idiolecto! El argot de las barriadas es el lenguaje que hablan los pobres para hacerles creer a los ricos que les esconden algo. ¡Pero no tienen nada que esconder, como no sean pequeños negocios miserables y una enorme desesperación!". Ese miedo lo alimenta el poder, la prensa, la sociedad toda. Es importante tener culpables y en la escuela todos los escalafones encuentran su culpable: el otro.
"En cualquier caso, cuando se habla de violencia en la escuela no hay que olvidar que la escuela es, per se, el lugar de todas las violencias. Es el lugar donde se entrechocan el conocimiento y la ignorancia. Enseñar es violento, es violentar al otro. ¡Todo acto iniciático es violento!", concluye sin dejar de creer en que la violencia que el saber le aplica a la ignorancia está justificada y que el aprendizaje es una forma de canalización de la violencia. Los cancres, escudados en su caparazón de nulidades, puede que sufran esa violencia más que cualquier otro tipo de alumno. "El cancre, como todos los demás, cuando tiene que responder a una pregunta, puede elegir entre una respuesta correcta, otra equivocada o la absurda. Acostumbra a elegir la absurda. Cuando sucede esto el profesor no puede calificarle, decirle que su respuesta es errónea porque no lo es: es absurda, que es otra cosa. El cancre responde lo primero que le pasa por la cabeza porque aún no ha salido de la lógica infantil que hace que el niño crea que cuando el profesor pregunta es porque necesita una respuesta. El cancre responde para que le dejen tranquilo, para que quede claro que él, el cretino, el idiota, cumple con las reglas del juego y contesta aunque sea un absurdo".
No se considera pesimista porque cree "en la posibilidad de la transmisión". Dejó la enseñanza cuando la literatura le permitió ganarse la vida. "Soy un escritor que ha llegado un poco tarde a la notoriedad. Todo lo hago despacio. El éxito me llegó a los cuarenta años". De su serie con el señor Malaussène como protagonista, con el barrio de Belville como el otro gran protagonista, se han vendido centenares de miles de ejemplares. De Mal de escuela, más de 700.000. Su madre centenaria aún no acaba de creerse que aquel retoño tan poco dotado para los estudios haya sido un buen profesor y hoy un escritor de éxito, y piensa que todo es fruto de un equívoco que no puede durar. Él evoca en su libro ese escepticismo materno o el orgullo con que el padre ponía en las cartas que le escribía, junto al nombre y apellido, el título de "profesor". Y recuerda al mismo tiempo su incomprensión ante alumnos irreductibles. "Un chaval terrible. Cuando le vi pensé que acabaría en las páginas de sucesos. Había en él una violencia fría, tremenda, que no necesitaba ni tan sólo un enfado para manifestarse. Un día detuve a tiempo su puño cuando estaba a punto de estamparlo en la cara de una chica. La directora del centro me llamó para advertirme de que el chico, en su casa, pegaba a su padre. Y mientras lo hacía, la madre rezaba. Había sido adoptado y el padre, para hacerse obedecer, le pegaba. Cuando él cumplió los 14 la situación se invirtió. Se fue de la escuela. Dos o tres años después me paró en la calle. Repartía pizzas. Fuimos a tomar un refresco. Parecía equilibrado".
Entre las satisfacciones inesperadas del autor Pennac está la acogida que mereció Como una novela (Anagrama), un ensayo sobre la naturaleza de la lectura, sobre el placer que proporciona y cómo éste no puede ser obligatorio. "Cada curso me encontraba con algún alumno que me preguntaba, el primer día de clase, si iba a ser obligatorio leer. Cuando te preguntan eso te están diciendo otra cosa: no se trata de que no les guste leer, lo que no les gusta es que a continuación les preguntes, que les pongas en evidencia en clase, aparecer ante los ojos de los demás y los propios como un imbécil. ¡Todo eso no tiene nada que ver con la lectura! ¡Las preguntas no son la lectura! Desde hace décadas esa situación viene repitiéndose y el Ministerio de Educación Nacional persiste en una técnica que se ha revelado nefasta, al menos para un porcentaje importante de alumnos. Yo les leía en clase fragmentos, les acostumbraba a descubrir la magia del sentido. Al final me pedían los libros para poder acabarlos, para saber cómo terminaba lo que yo les había comenzado". Pero si la idea general es buena para todos, la receta necesita de fórmulas de aplicaciones personalizadas. Los chavales no llegan a la escuela en igualdad de condiciones. Por eso Pennac recuerda su caso y el de otros muchos que le hicieron ser feliz como profesor. Que aún hoy hacen que vaya a menudo a los institutos y colegios para hablar con los alumnos. "Lo mejor es que muchos de ellos, que hablan un francés lleno de tacos, me reprochan que en mis novelas también los haya. ¡Para ellos la literatura, la letra impresa, es sagrada y no merece ser contaminada por vulgaridades!".
Mal de escuela. Daniel Pennac. Traducción de Manuel Serrat Crespo. Mondadori. Barcelona, 2008. 256 páginas. 20,90 euros. El libro se venderá a partir del próximo viernes.
El 'torpe' Pennac
OCTAVI MARTÍ El País, 06/09/2008
"Los padres, la televisión, los libros pueden ser idiotas, pero los chavales no lo son", afirma el popular escritor francés, autor de Mal de escuela. Él fue un cancre, un alumno cretino y desastroso, y logró triunfar sirviéndose de la lectura, la imaginación y el amor.
La cita es en pleno Vercors, en las afueras del pueblecito, en su casa de veraneo. Y casa de escritura. Daniel Pennac (Casablanca, 1944) se refugia ahí para descansar o para poner en solfa un nuevo libro. Y para pasear en bicicleta o a pie por ese valle y esas montañas que, a finales de septiembre, ya pueden recibir las primeras nieves. Hoy, a almorzar, nos espera acompañado de otro escritor, Tonino Benacquista, novelista y guionista de quien Pennac dice: "Así como la mayor parte de la gente escribe por haber escrito, Tonino escribe por escribir". O lo que es lo mismo, quiere hacer películas, no ser director de cine.
"La escuela no tiene nada que vender. Imparte saber, algo que es necesario pero que raramente se desea"
"La imaginación es una memoria al revés. Es la ficción la que permite recordar. Es un psicoanálisis salvaje"
"No hay nada más emocionante que ver cómo un chaval descubre que la memoria no es cuestión de acumulación"
"La escuela es el lugar de todas las violencias. Enseñar es violento, es violentar al otro. ¡Todo acto iniciático es violento!"
Pennac es otra cosa. A él la literatura le salvó la vida. A Tonino puede que se la haya cambiado, pero no fue el salvavidas al que agarrarse cuando todo parecía perdido. Bueno, los salvavidas fueron la literatura y el amor. La primera en forma de profesor con una intuición genial, el amor en forma de chica que cree en él, en el último de la clase, en el más torpe del pelotón de los torpes, el cancre, como dicen los franceses. Ahora Mondadori publica en España Mal de escuela (Chagrin d'école), el relato y las reflexiones que le inspiran ese rescate, un libro en cuya contraportada incluye un boletín escolar de Pennac por el que aprendemos que el profesor de francés le consideraba "un alumno alegre pero un triste alumno", el de matemáticas lamentaba que careciera de bases, mientras que para el de inglés "habla mucho pero ni una palabra en inglés". El de dibujo dice algo parecido: "Dibuja por todas partes excepto en clase".
Mal de escuela podría ser un libro sobre la enseñanza, los problemas de la enseñanza, un ensayo, pero no es eso porque "estadísticamente todo se explica, personalmente todo se complica". Y Pennac habla de él, del cancre Pennac y de los cancres que ha conocido cuando, luego, él pasó a ser profesor. "Que la palabra cancre no exista en castellano me recuerda ese viejo proyecto de hacer un diccionario universal de palabras que no existen en otros idiomas, un diccionario de palabras que no existen pero son imprescindibles. La realidad existe en todas las latitudes pero no siempre tiene la palabra adecuada. La saudade de brasileños y portugueses también nos alcanza a los franceses pero carecemos del término exacto. Ustedes, en España, pueden adjetivar la vergüenza y calificarla de ajena cuando provoca un efecto de empatía, pero eso en Francia no lo hacemos".
Hoy se ríe de su pasado de alumno catastrófico pero sólo es divertido porque puede contarlo. "Sabe, un cancre no es un gandul, aunque puede serlo a consecuencia de su nulidad, de su incapacidad para comprender. Es alguien que no puede jactarse de lo que es -un gamberro sí puede creerse autorizado a hacerlo- porque sufre o ha sufrido de ello. Como un asmático que nunca se vanagloriará de sus problemas respiratorios, el cancre tampoco lo hará de sus problemas de respiración intelectual". La situación se prolongó durante los primeros quince o dieciséis años de su vida. ¿Por qué? Un misterio. El padre, profesor de élite; la madre, en casa ocupándose de los hijos; los hermanos, alumnos brillantes. Menos Pennac. Daniel Pennacchioni para el registro civil o cuando pasaban lista en clase. "Esos años fueron terribles. Todo nace de una primera incomprensión, de un problema de inhibición, provocado por la timidez, el azar o cualquier otra causa. Y se acumula y se interioriza. Te dices a ti mismo que eres idiota, un cretino, que no hay nada que hacer contigo. Si te consideras idiota entonces quedas liberado de cualquier esfuerzo. Lo tuyo es irreparable. Luego, a partir de 1969, cuando empecé a trabajar como profesor de alumnos de bachillerato, nunca me topé con ningún muchacho idiota. Los padres pueden, podemos ser idiotas, la televisión, los libros, los grupos, pero los chavales no lo son. Los hay más vivos, más atrevidos, más rápidos, pero ningún cancre es idiota".
Francia o, mejor dicho, la República Francesa ha confiado en la escuela durante cien años. El hecho de ser pública, gratuita y obligatoria, de ofrecer un nivel de calidad y exigencia uniforme para toda la población le confería legitimidad y la convertía al mismo tiempo en elemento básico del llamado ascensor social. Era el símbolo de la igualdad de oportunidades en marcha. Pennac cree haber visto morir esa escuela. "Alrededor de 1975. Mayo del 68 era un movimiento anticonsumista, pero cuando sus efectos fueron desvaneciéndose y la sociedad francesa adoptó formas más liberales, entonces irrumpió el consumo de masas también en la escuela. Los niños y los padres pasaron a ser clientes y consumidores. Y la escuela no tiene nada que vender. Imparte saber, transmite conocimiento, algo que es necesario pero que raramente se desea. Hoy muchos chavales parecen un escaparate al servicio de diversas marcas. Los que tienen libertad de espíritu respecto a esa clientelización de la enseñanza son los que saben resistir mejor los espejismos del consumo".
El primer profesor que supo qué hacer con el cancre Pennacchioni era el responsable de lengua francesa. Vio que ese alumno desastroso, incapaz de comprender las normas más elementales de la gramática y la ortografía, era un lector compulsivo. "Me liberó de preguntas y exámenes pero me exigió que escribiera una novela. Era una responsabilidad nueva y extraordinaria. De pronto tenía un estatuto propio dentro del universo escolar. Eso fue importantísimo". Pero aún debió serlo más el amor. "La gente dice que el amor te vuelve idiota. ¡No se habrán enamorado nunca! El amor te hace más inteligente: el pulso se acelera, la adrenalina sube y tú, para seducir a la chica que te gusta, de la que estás locamente enamorado, inventas lo que haga falta. La chica y yo coincidimos en un curso de teatro, ensayando La doble inconstancia, de Marivaux. Yo era muy mal actor pero me entusiasmaba el teatro. Ella, que iba dos cursos más adelantada que yo, contumaz repetidor, que tenía unas notas extraordinarias, que era bella e inteligente, me eligió a mí, al cancre. ¡Alguien me llamaba por mi nombre y no era para ridiculizarme delante de los demás, para poner en evidencia mi idiotez! Eso también fue enorme para sacarme de la condición de cretino asumido".
La escritura comenzó a interesarle a los 13 o 14 años. Cambiaba redacciones por deberes de matemáticas. Y a los 18 años escribió su primera novela de verdad y la envió a las distintas editoriales, que se la devolvieron sin comentarios. Sólo un editor, Claude Durand, se comportó de otra manera. "Me devolvió el manuscrito acompañado de una carta. Me decía que no me publicaría porque el libro era muy malo. Y me detallaba el porqué lo creía así: los personajes son arquetipos, el estilo manido, la estructura mal concebida. Y me ponía ejemplos de cada una de sus aseveraciones. La carta acababa diciendo que, de todas maneras, creía que yo sería escritor y que si me decidía a escribir otras cosas no dudase en enviárselas. Tardé cinco años en terminar otro libro, esta vez contra el servicio militar".
La literatura de ficción ha tenido para Pennac otra función que la de rescatarle del pozo del fracaso escolar. Recuerda que nunca fue capaz de llevar un diario personal "porque hubiera sido un ejercicio masoquista", pero también que nunca tuvo problemas para inventar, para imaginar. "Y la imaginación me ha servido de lugar de memoria. Es una memoria al revés. En mis historias puedo encontrar lo que me pasaba aquel año". Eso tiene que ver con sus escasas dotes para memorizar. "No pretendo compararme con él, pero me sucede lo que a Michel de Montaigne: no tengo memoria funcional. Él, que era un hombre bien educado y cortés, era incapaz de recordar los nombres de sus sirvientes. Para lograrlo recurría a trucos nemotécnicos, como asociar el apellido con la función que desempeñaban o con el nombre del pueblo donde habían nacido. Montaigne anotaba sus libros y luego no era capaz de recordar lo que significaba aquella anotación, por qué la había hecho. Hubo un momento en que intenté llevar un diario personal pero limitándome a lo factual. Cuando lo releía no recordaba ninguno de los hechos que había anotado. Es la ficción la que me permite recordar. Es un psicoanálisis salvaje".
En Mal de escuela nos explica cómo se reconcilió con la memoria, con el hecho de almacenar conocimientos en el cerebro y también cómo logró hacer partícipes de esa misma reconciliación a sus alumnos. "La memoria no es una cuestión de acumulación sino de comprensión. Cuando estudiaba había que aprenderse un poema de memoria cada semana. Y éramos examinados sobre ese poema. Luego venía otro que permitía olvidar el anterior. ¡En realidad, te pedían que lo olvidases! Al final, cuando llegaba el momento de las pruebas de acceso a la universidad, le sugerían al alumno que utilizase elementos de su cultura personal para construir un discurso. ¿De qué cultura personal podía tratarse en esa lógica cuantitativa y cronológica, en la que a cada semana le correspondía su poema y el olvido del anterior? Con los alumnos decidimos aprender a memorizar una serie de textos: de ensayo, poemas, chistes, pasajes de novelas. Podía valer un aforismo de Woody Allen o una reflexión de Montesquieu. Lo importante era haber comprendido el texto, haber logrado amarlo. En vez de someterlo a esos análisis de forense que acaban con cualquier deseo -¿quién quiere hacer el amor con un cadáver?-, se trataba de hacer propio el texto, de darse cuenta de hasta qué punto aquello nos concernía. Hablar de bovarismo como concepto puede parecer abstruso, pero no lo es cuando recuerdas el pasaje de Emma Bovary mirando por la ventana. A final de curso nos acordábamos de todos, de los aprendidos las primeras semanas y de los que habían llegado más tarde. No hay nada más emocionante que ver cómo un chaval descubre que la memoria no es cuestión de acumulación".
La lógica de Pennac tiene mucho que ver con la sensatez. Él está convencido de que las dificultades gramaticales se resuelven gracias a la gramática, que las faltas de ortografía desaparecen haciendo ejercicios de ortografía, que el pavor ante los libros se arregla leyendo y que la incapacidad para comprender exige una inmersión en el texto. Él, el niño para el que las matemáticas eran un idioma incomprensible, dice haberse encontrado un alma gemela en la persona de Stella Baruk, autora de un fenomenal Diccionario de matemáticas (Dictionnaire des mathématiques élémentaires, Seuil). "En dos o tres días logra que críos que estaban reñidos con las matemáticas comprendan su lenguaje. A partir de ahí, de la comprensión de lo que les hablan, todo cambia. Es una mujer prodigiosa".
No le gusta hablar de la crisis de la enseñanza. No se trata de negar los problemas pero sí de evitar las generalizaciones. "Todo puede resumirse en esa frase mil veces repetida que afirma que el alumno carece de bases sólidas. ¡Es lo mismo que decir que la culpa no es mía! El profesor de primaria se queja de la guardería y de que los padres no educan a los hijos, pero el de secundaria cree que el de primaria no ha hecho bien su trabajo. Cuando aprueban por fin el bachillerato siguen sin tener buenos cimientos y los catedráticos de universidad se quejan de cómo les llegan los alumnos a las aulas. Los padres creen que la culpa es de los profesores, éstos arremeten contra el ministerio, que se queja del Mayo del 68 o de lo que haga falta. ¡La culpa siempre es de los otros! Es un proceso de chivoexpiación global que impide hablar de nada y sobre todo intentar arreglar algo". Mientras habla, despacio, buscando cada vez la palabra adecuada, sin levantar la voz pero riéndose a menudo, Pennac no puede dejar de referirse al proceso de un profesor castigado con 500 euros de multa por haber abofeteado a un alumno que le insultó gravemente: "¿Usted cree que en un país de 62 millones de habitantes el tema de la bofetada merece la portada de un periódico? La dramatización sistemática de los conflictos también contamina la escuela".
Lamenta que gente como el filósofo Alain Finkielkraut, cuando hablan de la escuela, pierdan la razón. "Estoy de acuerdo en casi todo lo que dice. Sus programas de radio son, muy a menudo, espléndidos, pero Finkielkraut tiene miedo, teme que la lengua francesa que él maneja con tanta precisión sea destruida por esos hijos de emigrantes que se expresan de manera aproximativa, en un argot lleno de interjecciones y guturalidades. Recuerdo a los pequeños calabreses con los que jugaba de niño. ¡Cuando era la hora de reclamar la merienda, de pronto, abandonaban su idiolecto! El argot de las barriadas es el lenguaje que hablan los pobres para hacerles creer a los ricos que les esconden algo. ¡Pero no tienen nada que esconder, como no sean pequeños negocios miserables y una enorme desesperación!". Ese miedo lo alimenta el poder, la prensa, la sociedad toda. Es importante tener culpables y en la escuela todos los escalafones encuentran su culpable: el otro.
"En cualquier caso, cuando se habla de violencia en la escuela no hay que olvidar que la escuela es, per se, el lugar de todas las violencias. Es el lugar donde se entrechocan el conocimiento y la ignorancia. Enseñar es violento, es violentar al otro. ¡Todo acto iniciático es violento!", concluye sin dejar de creer en que la violencia que el saber le aplica a la ignorancia está justificada y que el aprendizaje es una forma de canalización de la violencia. Los cancres, escudados en su caparazón de nulidades, puede que sufran esa violencia más que cualquier otro tipo de alumno. "El cancre, como todos los demás, cuando tiene que responder a una pregunta, puede elegir entre una respuesta correcta, otra equivocada o la absurda. Acostumbra a elegir la absurda. Cuando sucede esto el profesor no puede calificarle, decirle que su respuesta es errónea porque no lo es: es absurda, que es otra cosa. El cancre responde lo primero que le pasa por la cabeza porque aún no ha salido de la lógica infantil que hace que el niño crea que cuando el profesor pregunta es porque necesita una respuesta. El cancre responde para que le dejen tranquilo, para que quede claro que él, el cretino, el idiota, cumple con las reglas del juego y contesta aunque sea un absurdo".
No se considera pesimista porque cree "en la posibilidad de la transmisión". Dejó la enseñanza cuando la literatura le permitió ganarse la vida. "Soy un escritor que ha llegado un poco tarde a la notoriedad. Todo lo hago despacio. El éxito me llegó a los cuarenta años". De su serie con el señor Malaussène como protagonista, con el barrio de Belville como el otro gran protagonista, se han vendido centenares de miles de ejemplares. De Mal de escuela, más de 700.000. Su madre centenaria aún no acaba de creerse que aquel retoño tan poco dotado para los estudios haya sido un buen profesor y hoy un escritor de éxito, y piensa que todo es fruto de un equívoco que no puede durar. Él evoca en su libro ese escepticismo materno o el orgullo con que el padre ponía en las cartas que le escribía, junto al nombre y apellido, el título de "profesor". Y recuerda al mismo tiempo su incomprensión ante alumnos irreductibles. "Un chaval terrible. Cuando le vi pensé que acabaría en las páginas de sucesos. Había en él una violencia fría, tremenda, que no necesitaba ni tan sólo un enfado para manifestarse. Un día detuve a tiempo su puño cuando estaba a punto de estamparlo en la cara de una chica. La directora del centro me llamó para advertirme de que el chico, en su casa, pegaba a su padre. Y mientras lo hacía, la madre rezaba. Había sido adoptado y el padre, para hacerse obedecer, le pegaba. Cuando él cumplió los 14 la situación se invirtió. Se fue de la escuela. Dos o tres años después me paró en la calle. Repartía pizzas. Fuimos a tomar un refresco. Parecía equilibrado".
Entre las satisfacciones inesperadas del autor Pennac está la acogida que mereció Como una novela (Anagrama), un ensayo sobre la naturaleza de la lectura, sobre el placer que proporciona y cómo éste no puede ser obligatorio. "Cada curso me encontraba con algún alumno que me preguntaba, el primer día de clase, si iba a ser obligatorio leer. Cuando te preguntan eso te están diciendo otra cosa: no se trata de que no les guste leer, lo que no les gusta es que a continuación les preguntes, que les pongas en evidencia en clase, aparecer ante los ojos de los demás y los propios como un imbécil. ¡Todo eso no tiene nada que ver con la lectura! ¡Las preguntas no son la lectura! Desde hace décadas esa situación viene repitiéndose y el Ministerio de Educación Nacional persiste en una técnica que se ha revelado nefasta, al menos para un porcentaje importante de alumnos. Yo les leía en clase fragmentos, les acostumbraba a descubrir la magia del sentido. Al final me pedían los libros para poder acabarlos, para saber cómo terminaba lo que yo les había comenzado". Pero si la idea general es buena para todos, la receta necesita de fórmulas de aplicaciones personalizadas. Los chavales no llegan a la escuela en igualdad de condiciones. Por eso Pennac recuerda su caso y el de otros muchos que le hicieron ser feliz como profesor. Que aún hoy hacen que vaya a menudo a los institutos y colegios para hablar con los alumnos. "Lo mejor es que muchos de ellos, que hablan un francés lleno de tacos, me reprochan que en mis novelas también los haya. ¡Para ellos la literatura, la letra impresa, es sagrada y no merece ser contaminada por vulgaridades!".
Mal de escuela. Daniel Pennac. Traducción de Manuel Serrat Crespo. Mondadori. Barcelona, 2008. 256 páginas. 20,90 euros. El libro se venderá a partir del próximo viernes.
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viernes, 5 de septiembre de 2008
El desprecio hacia la Educación
"Los trabajadores sin titulación con tres años de experiencia que superen una prueba obtendrán cualificaciones específicas de Formación Profesional "
Entonces, ¿para qué sirve la Formación Profesional?
Entonces, ¿para qué sirve la Formación Profesional?
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Tres poetas manchegos sacerdotes
Alguien debería investigar la curiosa trinidad que forman en el siglo XX tres sacerdotes manchegos que son unos magníficos poetas: José Luis Martín Descalzo, Valentín Arteaga y Rafael Alfaro. Amigos entre ellos, además, comparten muchas cosas más allá de su tierra manchega, su profesión y sus fechas de nacencia. Sólo ha fenecido el primero, pero los otros andan ya quebrantados de salud y debería hacérseles algún homenaje; lo que escriben contiene más que mucho mérito y hay que estudiar su obra como se debe y merece.
Lo único que he podido hacer por estos dos últimos ha sido escribir sus biobibliografías en la Wikipedia.
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