domingo, 11 de abril de 2010

El trigo manchego


Esto está en Nicolai Ivanovitch, El Catoblepas, núm. 38. p.18 (1927):

La búsqueda de especies originales me llevó a La Mancha, la tierra
natal de Don Quijote. La Mancha es una tierra llana y monótona con
una flora pobre. Aquí y allá se encuentran olivos aislados. Para mi
sorpresa, cuando me dirigía hacia los pueblos, pude contemplar bosques
de molinos de viento semejantes a aquellos con los que luchó
una vez el esforzado caballero. Todavía caracterizan el paisaje de La
Mancha. Por otra parte, aun se conserva el cultivo original de un trigo
primitivo, el
einkorn [Triticum monococcum L.]. En la época de la
antigua Troya este tipo de trigo estaba ampliamente distribuido, pero
en el presente se ha extinguido casi en todo el mundo salvo en España.
Alrededor de Cuenca, a 60 kilómetros de La Mancha, el einkorn
cubre 13.000 hectáreas. Se usa como forraje para caballos, cerdos y
mulas y crece muy bien en suelos pobres. Después del cultivo del
einkorn, el suelo se deja en barbecho.

Dejad que los niños se alejen de algunos

Jaiver Marías, "¿Hay quien dé más?"

En estos días, no pocos portavoces católicos se preguntan con desgarro por qué se hace hincapié en los casos de pederastia protagonizados por curas, cuando esa práctica aberrante se da en todas las profesiones. El beato Prada, en un artículo de Abc particularmente farisaico, venía a decir, incluso, que en una sociedad enferma como la nuestra es natural que se contagien –pobrecillos– hasta algunos de los más virtuosos, una verdadera minoría en el conjunto de la población pecadora, haciendo caso omiso de que los sacerdotes siempre son una minoría en ese conjunto –y cada vez más–, y que el porcentaje de sus depravados resulta escandalosamente alto respecto a la totalidad del clero, que es como debe medirse y no respecto a la suma de los ciudadanos. (Y lo que ha salido a la luz lo ha hecho, además, contra presiones y omertà forzosa.) Sus palabras, como tantas otras veces, parecían dictadas por la Conferencia Episcopal, y en concreto por el Cardenal Cañizares, quien ha tenido el cinismo de armar que las noticias relativas a los abusos sexuales de menores perpetrados por religiosos no sólo no le preocupan en demasía, sino que son meros “ataques” que pretenden que “no se hable de Dios, sino de otras cosas”, como si hablar de cualquier asunto impidiera hacerlo de Dios (tal vez aspire a eso, a que nadie hable de nada … más que él y los suyos de Dios). El Secretario de Estado Vaticano ha declarado por su parte que “Hay personas que intentan desgastarnos”. Es de suponer que esas “personas” están encabezadas por los niños que, en silencio y temor, sufrieron manoseos y violaciones a cargo de sus custodios, y que, ya adultos y con menos pánico, se atreven ahora a levantar sus quejas. Pero quizá la reacción más taimada ha sido la del propio Papa, quien ha quitado importancia a esos abusos recurriendo a la cita evangélica “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, como si su Iglesia no llevase siglos tirando piedras contra todos los pecadores (según su criterio), aterrorizándolos con la amenaza del infierno, persiguiendo a disidentes y herejes, quemándolos de vez en cuando, forzándolos a abjurar de sus convicciones, expulsando a los que se desviaban del dogma, imponiendo a creyentes y a no creyentes su fe y su concepción de la moral, obligando a todos a cumplir con sus preceptos, dictando leyes a su conveniencia. ¿Por qué se hace hincapié en los delitos sexuales cometidos por eclesiásticos? Porque éstos llevan la vida entera haciendo hincapié en los “pecados” de los demás, y han condenado y castigado con dureza sus faltas y debilidades. Porque son ellos quienes en buena medida han decidido qué era delito y qué no. Porque ellos han reclamado secularmente –y en España siguen, hasta donde pueden– la exclusividad en la formación, enseñanza y adoctrinamiento de los niños. Porque a lo largo de la historia han dicho o exigido a los padres: “Entregadnos a vuestros vástagos, somos lo mejor para ellos”. Hasta quienes tuvimos la suerte de no ir a colegios religiosos en la clerical España de Franco sabemos que los tocamientos por parte de profesores con sotana estaban a la orden del día, y que legiones de críos los padecían sin poder rechistar. La imagen del cura vergonzantemente sobón o salido formaba parte del paisaje nacional (y supongo que en algunos internados la actitud ya no era vergonzante, sino indisimulada y aun descarada).

Los religiosos no podían ser denunciados ante la justicia y obraban impunemente, y, como se ha comprobado ya en Irlanda, Estados Unidos, Austria, Alemania, Italia (el fenómeno se repite acusatoriamente), sus superiores, por lo general intolerantes con la población, eran en cambio tan tolerantes con sus subordinados viciosos que nunca los castigaban ni exponían ante la sociedad: los encubrían y se limitaban a trasladarlos de lugar, para que en el nuevo prosiguieran o reiniciaran, libres de sospecha, sus carreras delictivas. ¿Es culpa del celibato? Puede ser, en parte. Pero si uno piensa en la mentalidad de un pederasta, es fácil imaginar que éstos optaran por adscribirse a la Iglesia en masa, por las enormes ventajas que les ofrecía: acercanza de los niños y permanente contacto con ellos; su obediencia asegurada y autoridad moral sobre sus creencias; lenidad o connivencia de la jerarquía; impunidad garantizada, como la tuvo el fundador de los Legionarios de Cristo, Maciel, durante décadas; certeza de que jamás irían a dar con sus huesos en la cárcel, por mucho que se propasaran con las criaturas. Esta institución ha sido, sin duda alguna, el ideal del pederasta vocacional: gozaba de patente de corso a su amparo y le ponía bien a tiro a sus víctimas. Visto lo visto, con& ar un hijo a los curas ha venido a ser como poner el gallinero al cuidado de una guardia infiltrada de zorros. No quiero decir que todos los sacerdotes sean sospechosos, en modo alguno. Pero es indudable que la Iglesia ha sido tradicionalmente no ya un magnífico refugio para los pederastas, sino el ámbito en que éstos han podido desenvolverse a sus anchas y sin peligro, y en el que sus posibles presas les eran servidas en bandeja o en patena. Cuando un eclesiástico comete abusos sexuales contra menores, claro que se hace hincapié en ello: porque ese acto encierra varias bajezas añadidas: abuso de con& anza y de poder, manipulación de inocentes, aprovechamiento de posición dominante, doble rasero, hipocresía flagrante, profanación y prevaricación, corrupción y chantaje morales, amedrentamiento de la víctima cuando no su terror... En fin, ¿hay quién de más?

Documentos del Siglo de Oro y Quevedo

Nuria Azancot, "Quevedo el Censor", 9-IV-2010. El Cultural:

Los archivos y bibliotecas siguen desvelando sus tesoros documentales, ignorados durante siglos. Fernando Bouza (Madrid, 1960), catedrático de Historia Moderna de la Complutense de Madrid, lleva dos años investigando en el Archivo Histórico Nacional gracias a un proyecto del Ministerio de Ciencia e Innovación, y ha descubierto más de mil documentos que le permiten trazar una historia de la censura y de la edición en la España del Siglo de Oro. Entre sus hallazgos hay cuatro inéditos de Quevedo en los que el poeta se somete a la censura o actúa como censor. El Cultural conversa con Bouza y reproduce dos de esos textos, que acabarán en la red, en el portal PARES (Portal de Archivos Españoles) del Ministerio de Cultura.

Lo primero que llama la atención de Bouza es su optimismo, su entusiasmo invencible. El mismo que le lleva a proclamar que a sus alumnos de Historia de la Cultura y de la Ciencia, una veintena de jóvenes, les cuenta siempre “el gran invento que es el libro como formato y diseño difíciles de superar”. Por eso le gusta tanto lo del ebook. Porque confía en que “el nuevo lector será también escritor. La pantalla establece una relación nueva, mucho más creativa y participativa con el lector. Es como recuperar formas antiguas que parecían perdidas”.

-¿Cuáles, por ejemplo?
-Las de la compilación. En el mundo medieval uno podía construir un libro según su voluntad, copiando o haciendo copiar dos páginas de éste, tres de aquél, y hacer su propio libro: eso, con el mundo de los impresos era imposible, pero con el tratamiento de textos en la pantalla vuelve a serlo, porque puedo tomar para estudiar cuatro páginas de Elliott y dos de Domínguez Ortiz y hacer un texto conforme a mis necesidades.

-Sí, pero ¿y los más jóvenes?
-Nunca han escrito tanto como ahora: están todo el día enviando mensajes, mal, y hay que hacer que los escriban bien, pero todo lo de los sms y los blogs es fascinante, porque es la gran oportunidad de convertir en autores a los que entran en la escritura a través de la pantalla. Yo soy optimista...

Realmente lo es. Optimista y feliz. Para Bouza, además, los archivos son los lugares más divertidos del mundo. ¿El mejor? Simancas, “el corazón del bosque absoluto, una fortaleza llena de tesoros”. Y, desde hace dos años, el Archivo Histórico Nacional de España, “una fuente inagotable de verdaderos tesoros” que cobija más de 50.000 legajos sólo en la sección de Consejos, que es donde se desarrolla la investigación. Allí vive Bouza desde que la financiación el Ministerio de Ciencia e Innovación le permitió investigar el proceso por el que se concedían las licencias para imprimir libros en Castilla, lo que le ha permitido revisar miles de expedientes que indican, libro a libro y autor por autor, en qué momento se concedió el permiso, y quién lo había aprobado o censurado.
-Sí -explica- en el fondo es una historia de la censura civil en el Siglo de Oro. Entre más de 50.000 legajos hay memoriales y documentos de todos los autores, desde Calderón a Gracián pasando por Lope, Quevedo, Cervantes, Tirso... Están todos los grandes, que entraban en relación con el Consejo para pedir permiso para editar una obra o para censurar a otros.

-¿Cuáles han sido los principales hallazgos?
-El memorial de Cervantes para Don Quijote que ya dí a conocer, y que algunos han dicho que como el Santo Grial de la historia del libro español. También está la petición para imprimir un libro en gallego, titulado As galegadas: el autor, Lobariñas Feijoo, fracasó en 1616, pero en 1623 consiguió el permiso aunque no encontró a nadie que le financiase la impresión, así que la única noticia que ahora hay de ese libro son las notas de su tramitación que hemos encontrado en el Archivo Nacional. También hay obras para América que se han perdido, como una Doctrina y un Vocabulario de la lengua otomí. Aunque entre lo más interesante destacan cuatro documentos de Quevedo inéditos, de los que El Cultural anticipa hoy dos.

Inéditos quevedianos
-¿Puede explicárnoslos?
-Desde luego: son cuatro textos no literarios que ayudan a entender el proceso editorial de la época y que forman parte de esta suerte de historia general de la aprobación cotidiana de libros que estamos haciendo. Uno de los más interesantes (en la imagen) nos muestra a un Quevedo muy cerca de la muerte que se presenta ante el Consejo para pedir permiso para publicar su libro La Vida de San Pablo. El segundo sería otro texto de puño y letra de Quevedo sobre su traducción de Séneca, que ya se había impreso y en el que el escritor solicita petición del precio a que se podría vender, y en los otros dos casos Quevedo aparece como censor.

-¿Quevedo censor?
-Sí. Los especialistas ya sabían que Quevedo (como Lope y muchos otros) se había prestado a hacer este tipo de trabajo, pero ahora damos a conocer dos testimonios de su puño y letra. Se trata de su censura a El culto sevillano de Juan de Robles, de enorme interés porque de esta censura en concreto se conocía otra versión, sevillana, pero no ésta, manuscrita: Quevedo lo aprobó pero el texto no se publicó hasta el XIX. El otro documento inédito, que reproduce El Cultural, es el más interesante de todos, porque no se conocía. Es una censura de Quevedo para el libro El Fénix, de José de Pellicer, se acabó publicando pero con otra aprobación, y no ésta.

-De manera que sus investigaciones reconstruyen la historia de la censura civil en España.
-Bueno, los documentos que hemos descubierto nos permiten hacer una especie de historia cotidiana de la censura, llegar a saber por qué y qué se prohibió, y también las vicisitudes de los grandes textos, con pruebas inéditas, porque no todos estos documentos se publicaban. Yo he encontrado relaciones poéticas a las que se dijo que no, pero el Consejo se quedó con el texto prohibido y está ahí, aunque, en realidad, con lo que sueño es con encontrar nuevos manuscritos inéditos.

-¿Hay manera de saber cuántos libros pedían permiso al Consejo al año?
-No, pero sabemos que las tiradas eran muy altas, porque lo normal era una tirada de 1.500 libros, que para la época, el Siglo de Oro, era muchísimo.

Una industria floreciente
-¿Y cómo era entonces la industria del libro?
-Floreciente, a pesar de los problemas... Los autores tenían que imprimir los libros a su costa, así que solían buscar al impresor que lo publicara y lo que hacían, tras conseguir la licencia y el privilegio, era vendérselos a los libreros a a los mismos impresores, por lo que perdían todo derecho sobre su obra. Cervantes, por ejemplo, le vendió el privilegio del Quijote a Francisco Robles. También hubo algún autor, como el poeta José de Valdivieso, que utilizó el sistema para garantizarse que nadie imprimiese sus libros y no manipulasen su obra. Todo esto nos permite estudiar la lucha por los derechos de autor desde el Siglo de Oro...

-Parece que entonces casi todo el mundo quería imprimir un libro. Casi como ahora...
-Sí, ésta es la parte más divertida. ¡Y viene de tan lejos! Ya lo dijo, a comienzos de 1598, el marqués de los Vélez: “Aquí no hay nadie que no imprima”.

Derechos de autor
-¿Y cómo podían proteger sus derechos los creadores del XVI y XVII?

-No los podían proteger mucho, pero se las ingeniaban. Por ejemplo, Valdivieso pedía la licencia para imprimir su Romancero Espiritual; le daban el permiso por diez años, pasaba esa década en vano y entonces pedía una prórroga de la licencia, que volvía a caducar, y lo hacía para que de esa manera nadie pudiese imprimir su libro. Él mismo escribió: “Para que nadie pueda beneficiarse de lo que es mío, ni nadie pueda alterar lo que es mío”. Ahí hay ya un esbozo de la idea de la propiedad intelectual que encontramos más adelante, en el siglo XVIII, en Europa. Nuestras investigaciones nos permiten hacer una historia de la creación intelectual, porque podemos saber qué se permitía publicar y qué no, o lo que pensaban los propios autores de su obra, o cómo la tasaban.

-Tras sus investigaciones, lo que parece evidente es que la vida literaria actual es una balsa y un aburrimiento al lado de aquellos tiempos de Quevedo, Cervantes y Lope...
-Bueno, se parecía mucho a lo que retratan las películas sobre Shakespeare y Marlowe, había duelos por culpa de la literatura, y algunas familias nobles llegaron incluso a contratar a matones para que amedrentaran a escritores díscolos. Lope de Vega vivió muchísimos años a costa de escribir cartas para el Duque de Sessa, y en los documentos que hemos encontrado aparece muy preocupado por los detalles editoriales de los precios de sus libros, mientras que a Quevedo, por ejemplo, que actúo como censor eclesiástico y censor civil, no parece mencionar jamás el dinero.

-Porque esta actividad como censores a Lope o Quevedo les resultaba rentable...
-En absoluto, no les pagaban, lo hacían porque poco después ellos tendrían que presentar sus propios libros al Consejo. Y en el caso de Quevedo, que tuvo una relación complicada con el poder, su trabajo para la censura civil podía ayudarle a mantener buenas relaciones con el Consejo, aunque éste le prohibió alguna de sus obras más polémicas, como Los Sueños.

La historia, las historias que Bouza va desvelando, a vueltas con un pendrive con 1.021 documentos, son apasionantes. Cuenta, por ejemplo, cómo encontró alguna nueva carta de Felipe II a sus hijas. O un documento de 1678, de Anastasio de Médicis, en el que diez mil familias de espartanos que deseaban huir del Turco se ofrecen para repoblar el interior de España, que estaba despoblado desde la expulsión de los moriscos. La historia es fantástica: sólo llegaron unos 50, porque a la mayoría la capturaron los turcos, los llevaron a Argel y luego liberaron a algunos, entre ellos a la niña griega Antonia, que sirvió a María Luisa de Médicis.... O la historia de Leonor, la panameña que vino desde ultramar con El Hereje para bailar ante la corte y que acabó desterrada. Historias fabulosas, divertidas unas, terroríficas otras, que explican el porqué a Bouza la narrativa actual le interesa tan poco: las historias que encuentra en cada legajo demuestran que la historia supera con mucho a la ficción.

-Desde luego, los archivos son muy divertidos. Puedes ir de registros económicos y culturales, y siempre descubres datos deslumbrantes o historias que ningún novelista podría imaginar.

Nuria AZANCOT

Expediente de licencia y privilegio de la Vida de san Pablo apóstol de Francisco de Quevedo. 1644 Memorial de Francisco de Quevedo y Villegas
M P° Sr
Don Francisco de Quevedo Villegas, cavallero de la orden de Santtiago digo que yo tengo escripto el libro de la vida de san Pablo que presento y trato de imprimillo y para ello con vista de él supplico a V.A. mande concederme lizencia y facultad pido justicia etc.

Don Francisco de Quevedo Villegas

Expediente de licencia y privilegio de El fénix de José Pellicer. 1628

“Por comisión del señor Don Juan de Belasco y Azebedo vicario jeneral desta corte i su partido por el serenísimo Infante, etc., e bisto La fenis que a escrito en verso español i a illustrado con notas i comentarios Don Joseph Pellicer no se lee en ella cosa que disuene de las buenas costumbres ni que contradiga a la sana dotrina [que (tachado)] de la iglesia Romana Muestra en pocos años muchas letras, largos estudios bien logrados. este libro aprueban otros que tiene impresos con que a enrriquezido por su parte nuestra lengua ahora la acredita ante todas las naçiones en los estudios seberos de buenas letras i son tan grandes las promesas que nos asegura para adelante como los frutos que nos da, débesele dar la lisençia que pide, así me pareçe, en Madrid. 14 de febrero 1628,

Don Francisco de Quevedo Villegas

sábado, 10 de abril de 2010

Perdidos

Confieso que tardé en entrar en esta serie; requiere atención, y eso es algo que imposibilitan los anuncios constantes que vician el medio; pero contemplada a través de cable y varios capítulos a la vez la serie gana mucho, y vaya si "pica"; los guionistas conocen y utilizan todos los trucos narrativos (que se reducen a mentir y desvelar y a guardar y revelar secretos constantemente) con algo más que talento y nunca se permiten ni el más mínimo maniqueísmo; siempre trocean las secuencias dejando algo en el aire (inquietud, zozobra); aparte de este carácter fragmentario, la multiplicación de los niveles de exégesis y el amplio uso de la metaficción (historias paralelas, tiempos paralelos, personajes que pueden ser cosas, cosas que pueden ser personajes, personajes que pueden ser otros personajes, como en la narrativa cinematográfica de David Lynch, multiculturalismo, fabulación moral, cámara subjetiva), no llega a sobrepasar a los guionistas y las piezas, que son muchas, siempre terminan encajando en forma de trama lineal. Es más, algunos de los dilemas éticos presentes en ciertos episodios son hermosísimos y hacen pensar, y mucho. Al final se va descubriendo el secreto al filo del centenar de episodios y los hilos de la trama terminan confluyendo en una definición, más que filosófica, religiosa del tema general, aunque se trata de una fe laica, muy new age, en la que Dios y el Demonio poseen cuerpo físico y nombres comunes. Los actores, además, parecen inspirados con este material y algunos se muestran eminentes; Kate está hermosísima y cosecha todos los ojos; Jack parece un misionero con demasiado que hacer; John Locke es un santo al que han abandonado los milagros; Hugo no cae gordo a nadie, Yun se muestra más marciano que japonés, Said parece salido de un comic de Hazañas bélicas de Boixcar, Sawyer hace el payaso con un suplemento de neuronas, Michael realiza la tarea del negro, como en el mus, Claire asume el papel de rubia tonta que toca el bombo, etcétera.

viernes, 9 de abril de 2010

El verdadero coraje


Muchas veces me he encontrado diciendo al que se queja de forma agresiva, muchas veces alumnos, algo que acabo de ver había sido dicho ya por Santo Tomás de Aquino: Sustinere est difficilius quam aggredi (Aguantar es más difícil que atacar). Lo mismo puede decirse sobre muchas cosas, que es más fácil despreciarlas y rechazarlas sin entenderlas que explicarlas. No es más fuerte el que más duro pega, sino el que más aguanta.

El The New York Times americano dice lo que los españoles piensan

De por ahí:

Una injusticia en España. Así titula The New York Times el alegato en defensa de Baltasar Garzón que publica hoy. En un duro editorial contra la causa abierta contra el magistrado, que califica de "políticamente motivada", el prestigioso diario afirma: "Los crímenes reales en este caso son las desapariciones [durante la guerra civil y la dictadura franquista], no la investigación de Garzón".

"España necesita una explicación honesta de su turbulento pasado, no perseguir a aquellos que tienen el valor de exigirla", afirma el periódico neoyorquino.

Según el NYT, la querella contra el juez de la Audiencia Nacional debería haber sido rechazada por los tribunales. La posible suspensión en sus funciones por 20 años a la que se enfrenta "complacería a sus enemigos políticos, pero sería una parodia de la justicia".

El diario argumenta que si, como parece probable, las desapariciones de más de 100.000 personas durante la represión franquista son crímenes contra la humanidad de acuerdo con el Derecho Internacional, la ley de amnistía de 1977, que Garzón ignoró deliberadamente según el juez Luciano Varela, "no puede absolverlos legalmente".

Una condena a Garzón, a quien el NYT califica de juez "arriesgado y controvertido que se ha granjeado muchos enemigos", "acabaría de hecho con una carrera dedicada a hacer que terroristas y dictadores paguen por sus crímenes".

Aunque al juez "le atraen los casos notorios y algunas veces se extralimita", "su objetivo constante ha sido negar la impunidad a los poderosos y extender el ámbito de las leyes internacionales sobre derechos humanos", afirma el diario. Por eso, "se debería permitir a Garzón volver a ese trabajo lo antes posible".

Poetas de Consuegra

Javier Lumbreras, a quien tengo que escribir uno de estos días porque lo tengo muy abandonado, estará contento de saber que en su lugar, Consuegra, nació una figura tan importante como desconocida de la literatura decimonónica. He dedicado un día entero a reunir datos sobre Alfonso García Tejero, el gran poeta demócrata manchego del XIX junto con Félix Mejía. Ya tengo el fundamento y las notas para poder escribir algo de él y construir su biografía. Es de Consuegra y muy manchego; incluso su padre, que fue un liberal represaliado en 1824, estuvo destinado en Villanueva de los Infantes. En el famoso retrato colectivo de Esquivel, donde se acogen todos los miembros del Romanticismo, ni siquiera aparece, aunque sí tienen presencia en él poetas manchegos de menor calibre, como González Elipe, o aproximadamente igual, como Mariano Roca de Togores, marqués de Molíns; sus ideas eran demasiado extremas para sus contemporáneos y era tan honrado e independiente que no se casaba con nadie. Por eso no obtuvo ningún cargo público antes de 1868, ni medró después, aunque bien podía. Me he gastado casi cien euros en comprar el libro más barato que he podido conseguir de él en las librerías de viejo de la Internet, El pilluelo de Madrid. En el periodismo fue todo un muckraker, como el propio Mejía o, en Francia, Louis Marie Fontan. Como poeta, es de inspiración popular y social, muy fuerte y lírico, porque le duele de verdad lo que cuenta. Su obra dramática, histórica y narrativa la tengo menos ojeada y hojeada. Hasta el momento he conseguido censar dos biografías escritas del autor; por mi cuenta he conseguido otros datos, como por ejemplo el nombre de su mujer, Micaela Entillac, quizá hermana del farmacéutico del mismo apellido.

jueves, 8 de abril de 2010

Juan Calderón

Avanza mi nueva edición de la Autobiografía de Juan Calderón, pero a paso de tortuga. La tradición textual que conocía yo constaba de tres ediciones, una de ellas en francés, pero mi labor se ha complicado al encontrar dos más, una británica en inglés y otra suiza en francés, así como nuevos testimonios sobre su figura y la de algunas de las personas que lo rodearon, por ejemplo Henri Pyt, que destacó en el movimiento protestante conocido como Réveil. Por otra parte, como mi intención ha sido hacer algo más accesible para el lector, me he puesto a traducir textos del francés y del inglés e incluso del italiano, ya que Ferretti ha resultado ser el pagano de la primera edición de The Pure Catholicism, y el formato de esta publicación debe bastante a L'Eco de Savonarola; es más, han asomado nuevos datos sobre los años en Alcázar de San Juan de Calderón, pues James Thompson dice que ciertas prédicas allí le hicieron bastante daño y hay un pasaje interpolado en la edición inglesa que tal vez esté censurado de la francesa y de la española. El problema ecdótico es complejo, pero creo que voy a poder salir de él con un texto bastante bien constituido.

Me resulta muy fatigoso volver sobre un tema que ya creía sentenciado con mis trabajos, pero, como siempre me suele ocurrir, resulta que el terreno ha vuelto a fertilizarse y que todavía hay mucho que decir al respecto.

San Cucufato

San Cucufato (que los catalanes llaman San Cugat o San Cucufate), es el santo de las pérdidas; un mártir muy antiguo, de los primeros tiempos del Cristianismo (siglo III d. C.). Todo el mundo conoce la consabida copla de invocación, con variantes más o menos chuscas, pero que sirve para encontrar las cosas a trasmano es cierto. A mí me ha salvado de grandes apuros en incontables ocasiones, con la ceremonia del nudo y todo o sin ella; además es un santo instantáneo, pues encontrar el objeto apenas se demora tras la invocación. Por eso yo no lo invoco ya casi nunca, sino cuando la necesidad es verdaderamente perentoria, porque le tengo un respeto nacido de su eficiencia y no le quiero dar la lata. Ahora mismo hay una zapatilla mía, viuda y desconsolada, que espera pacientemente el milagro del retorno de su marido desde hace ya lo menos dos meses. ¿Dónde se habrá metido el travieso zapatillo? Pero no he pedido el concurso de San Cucufato porque tengo otro par. La ceremonia del nudo se debe a su horroroso martirio, pues le sacaron las tripas (el "alambique interior", diría Savater) , y él se las volvió a introducir y se las cosió con un nudo. Estampitas de santos adornan el entorno de mi ordenador. Somos muy devotos de San Ramón Nonato, que protegió particularmente el nacimiento de mis hijos; mi hija mayor venía por los pies, pero justo en el parto se dio la vuelta y cuando volvimos a casa vimos que la estampita de San Ramón se había dado la vuelta también; también tengo una estampita de María Auxiliadora y de San Blas, y últimamente se ha unido al coro una de Santa Ángela de la Cruz, a la que veneran unas monjas de aquí que me caen muy simpáticas, consagradas al auxilio de los pobres de los que no se acuerda nadie. Pues yo si me acuerdo de los pobres santos, muchos de ellos olvidados, como el modesto y silencioso San Andrés Avelino, cuya muerte, tan curiosa, dio mucho que hablar. De San Francisco me conmueve su lírico amor a la naturaleza y a los animales. De San Martín de Porres, el ángel negro peruano, me conmueve también todo, hasta la escoba. Uno de mis sueños imposibles, fuera de conseguir un reloj de arena de una hora, un arpa eolia, algunos libros raros y estancias en el hotel Parajas, en el desierto de Bolarque o en el rincón más ignoto de los Montes de Toledo, es conseguir la verdadera y poderosísima medalla de San Benito, el que se revolcaba desnudo entre espinas, que protege un montón de todo tipo de maldades, aojamientos y fascinaciones; el apotropaico rito pagano de la higa no funciona nada de nada, y sobre la Cruz de Caravaca tengo dudas. ¿Quieren saber lo que cuesta conseguir una medalla de San Benito? Inténtenlo y verán: Dios no las da así como así: primero hay que merecerla, y después sólo en alguna ocasión tengas la oportunidad de poseerla. En cuanto a San Antonio, siempre le he tenido afecto por su rito de bendecir animales; en la iglesia de Santiago había antes una efigie del mismo, con cerdito y todo.

miércoles, 7 de abril de 2010

Letra de "Fiesta pagana", de Mago de Oz

Fiesta pagana, de Mago de Oz

Cuando despiertes
un día,
y sientas,
que no puedes más,
que en el nombre
del de arriba
tu vida manejarán,
si sientes que el miedo
se pega a tu piel
por ser comunero
y justicia querer
si te rindes, hermano,
por ti nunca pensarás,
cuando vayan a pedirte
los diezmos a fin de mes,
y la Santa Inquisición
te "invite" a confesar,

Por eso, amigo,
tú alza la voz,
di que nunca
pediste opinión
y si es verdad
que existe un dios
que trabaje
de sol a sol.

Ponte en pie,
alza el puño y ven
a la fiesta pagana
que en la hoguera
hay de beber.

De la misma condición
no es el pueblo
ni un señor,
ellos tienen el clero
y nosotros el sudor.

Si no hay pan para los tuyos
y ves muy gordo al abad,
si su virgen viste de oro,
desnúdala
¿Cómo van a silenciar
al jilguero o al canario,
si no hay cárcel ni tumba
para el canto libertario?

¡Ponte en pie,
alza el puño y ven
a la fiesta pagana:
en la hoguera hay de beber.
De la misma condición
no es el pueblo y un señor:
ellos tienen el clero
y nosotros el sudor.
Si no hay pan para los tuyos
y ves muy gordo al abad,
si su Virgen viste de oro,
desnúdala.
¿Cómo van a silenciar
al jilguero o al canario,
si no hay cárcel ni tumba
para el canto libertario?

Gastronomía

¿Qué es el hediondo PP (y no es que el PSOE de Sagasta sea otra cosa, pues allí se inventó la palabra pelotazo)? ¿Políticos con chorizos o chorizos con políticos? ¿Un ajo relleno de chorizos? ¿Pelotazos (de fraile) Permitidos? ¿Potpourri de Pelotazos? ¿Pelotazos con Patatas?

El partido de Cánovas es, ni más ni menos, el descubrimiento de una cuarta dimensión en corrupción, el no se hable más, el despiporren del chorizamen; ya no se puede hablar de jeta choriza, sino de otras variantes porcinas de guarrería, de chorizoides, morcillómanos y, como dijo un satírico y social manchego del XIX que no es Mejía, de charlamentarios. Y no hablemos más de esto, que uno es persona seria y formal; hay temas más importantes, profundos y difíciles que exigen madurez, discernimieno y buen juicio: ¿podrá Messi repetirlo ante el Madrid?

martes, 6 de abril de 2010

De Heberto Padilla

Heberto Padilla

Para escribir en el álbum de un tirano.

Protégete de los vacilantes,

porque un día sabrán lo que no quieren.

Protégete de los balbucientes,

de Juan-el-Gago, Pedro-el-Mudo,

porque descubrirán un día su voz fuerte.

Protégete de los tímidos y los apabullados,

porque un día dejarán de ponerse en pie cuando entres.

Pamela Anderson y los toros de Osborne

Pamema, perdón, Pamela Anderson ha formulado un pensamiento, lo que me ha dejado sorprendido, ya que esta señorita los suele confundir con dolores de cabeza, y ha cogido, agarrado y proclamado que está contra los toros; seguramente eso no es un pensamiento, sino un sentimiento, que es lo que la mayoría de las personas posesiona como sustituto de tan penoso y desagradable ejercicio; pero ello ha suscitado en mí un repentino desconcierto moral, ya que, aunque pueda parecer que de moral Pamela tenga más bien poco, o al menos no tanto como otras cosas tiene, es una chica, pásmense, coherente y profe de gimnasia que es vegetariana y defensora de los animales, lo que no me cuadra, porque hay por ahí un rumor que afirma que ha abortado por los mismos motivos estéticos (en el caso de Pamela, estetones, estentuosos o estesil-icónicos) que los defensores de la fiesta esgrimen para dejarla como está, esto es, para no estropear el contorno de su esbelta y grácil figura cuando trabajaba (o posaba, que es un decir) en Los mirones de la playa o algo semejante. Pamela engorda de silicona sus culos y sus pechos, pero no admite que le engorden de niño la barriga si eso va contra la estética y la tradición inmemorial, que esta señora identifica con el peritoneo de su cuerpo serrano y jamón (light, o de York). No quiero traer a Aristóteles al asunto, aunque tenga mucho griego que decir, porque no pega con esta Afrodita de blando mármol, tan desenvuelta ella que aparece sin envoltorio ni teofanía por todas partes, o por doquier, que dicen los novelistas; los toritos enamorados de la luna tienen tanto derecho a la vida como los niñitos enamorados de la teta carnosa, que no siliconosa, señorita ocasional, y si no no los engendre o delos a quien los cuide y los quiera, como sus amados animales. Y, si los aficionados quieren toros, que inventen juegos taurinos menos dañosos a animalitos y a personas, y todos contentos.

Sumos sumarios

Los cagatintas picapleitos y leguleyos ya han potado: la corruptelaraña en una exquesita porción al azar de la España entre las Españas les ha dado para 50.000 folios de sumario fregatriz, descontadas oídas telefónicas, lo que es mucho papel y pastel, y aunque es papel higiénico y pastel para cualquier Sonic o Mario fontanero devorador de monedas, la mierda debe ser, y fermentada, por lo que pede y orea, mucha masa más. La mierda de mi tesis, por ejemplo, cinco gruesos volúmenes más gordos que el autor, no pasaba ni pesaba más de 3.700 de papelaje. Enfrentarse a ese cordillerón de sumario requeriría ser luchador de sumo, por lo menos, y sumo de lemon amarillo, por lo que agría y entristece. El horror, el horror... El horror de los horrores y cuánto es horror, y repetiría horror tres veces, por usar otro superlativo hebraico. Los únicos que no se horrorizan son los cerdos implicados, es más, van por las teúves sonriendo muy animosos, los animales. ¿De qué se ríen el alemán Correa, el Suprabelfo piloso y todos los charcuteros demasiados en los extravíos de una tal matanza porcina? Ya lo dizía otrora Umbral en los antaños de entonces que remembro ahora en lo sucio y lodazal: "¿De qué se ríe Mariano Rubio?". Suma calamidad muestra la nuestra: se ríen de nosotros.

Toponimia pintoresca


Patricia Gosálvez, "No hay un pueblo como el mío", El País, 3-IV-2010:
Dos náufragos de Forges se arrastran por un desierto africano. Como un oasis, surge una señal que dice "A Poyales del Hoyo", y uno de los errabundos personajes le espeta al otro: "¡Tú y tus atajos!". La viñeta es una de la cincuentena en las que el humorista se ha inspirado en este pueblo de Ávila en el que nunca ha estado. "Es un nombre gracioso", explica Forges, "hay palabras que simplemente dan risa, como ornitorrinco o cucufato...".
También hay topónimos que hacen gracia. Ahí están Zas, Pancrudo, Dios le Guarde, Apatamonasterio, Baños y Mendigo o Espolla, pueblos de A Coruña, Teruel, Salamanca, Vizcaya, Murcia y Girona, respectivamente.
Las carreteras de España están llenas de indicaciones curiosas que divierten a los viajeros y que los vecinos -muchas veces con gentilicios aún más graciosos, como los bollulleros de Bollullos Par del Condado- tienden a tomarse con humor. "Sé que a los de Poyales del Hoyo no les sienta mal que les saque en los chistes, cada vez que lo hago me llegan cartas de agradecimiento", dice Forges. No le falta razón. Federico Martín, sabio local, incluso se hizo una camiseta con una de sus viñetas. Experto en la historia de su pueblo, niega que el nombre venga de los abundantes poyos de piedra que hay en las puertas de las casas para sentarse a charlar, coser o machacar el lino cultivado tradicionalmente en el Valle del Tiétar. "Viene del arroyo Poyal", explica el hoyanco (con la h aspirada, por su proximidad a Extremadura). "Río arriba estaba Joyo, una antigua población vettona, pero con las epidemias los vecinos fueron bajando a los bancales y de ahí Poyales del Hoyo".
Citada por Camilo José Cela (como "la andorriña avilesa") y por Pío Baroja, esta población de 631 habitantes está atrapada entre dos pueblos de renombre, Candeleda y Arenas de San Pedro. "Dos monstruos a los que todavía pagamos impuestos, como en tiempos feudales", se queja Martín, que asegura que la rivalidad entre las otras dos localidades "ha pillado en medio" a su "hermoso pueblecito".
Poyales tiene sus propios méritos: un entorno delicioso, charcas cristalinas y el Museo de las abejas del valle (920 39 02 13). "Explicamos la sociobiología de las abejas, que en muchos aspectos son superiores a los humanos", cuenta Ino García. Junto a Gerardo Pérez, ambos maestros, se vinieron al campo a finales de los setenta y les fascinó la apicultura. Tanto les preguntaban los clientes por cómo hacían la miel que decidieron, hace 14 años, crear un aula con colmenas vivas de observación donde explican, zángano en mano, cómo las abejas escogen a voluntad el sexo de su descendencia, se comunican entre sí o controlan su población sin tapujos. "Hay que entenderlas como un ser colectivo, átomos de una comunidad", dice Ino. Ser individuo abeja es una puñeta, explica: las obreras mueren agotadas a los cuarenta días de nacer, los zánganos son exterminados en cuanto no hacen falta, y la reina, que vive unos cinco años, los pasa sin ver el mundo exterior.
Guarromán está limpio
Como ven, detrás de cada nombre raro, hay una historia y unas gentes que reivindican sus pueblos más allá del chiste. Quizás el topónimo raro más conocido, por su ubicación a medio camino entre Madrid y Sevilla, sea Guarromán. "Por culpa del inglés, la gente, al leer Guarromán, ve el 'guarro' junto al 'man', y nos ciega las entendederas para ver el 'gua' junto al 'román", explica José María Suárez Gallego, cronista oficial del pueblo. "Es una pena, tres décadas de teleseries americanas y los 40 Principales han hecho olvidar ocho siglos de cultura árabe". Resumiendo: Guarromán viene de la Venta de Guadarromán, que procede del vocablo hispanoárabe Wád ar-Rommán, que a su vez sale del árabe Wadi-r-Rumman, que significa 'río de los granados'. Nada que ver con un sucio superhéroe.
Cuando Suárez llegó a este pueblo jienense en los ochenta "había cierto repelús a decir que se era de pueblo y más de Guarromán", así que se decidió a devolverle la autoestima. Entre sus esfuerzos por "llenar de contenido" esta Nueva Población, fundada en tiempos de Carlos III por colonos alemanes, hay un club gastronómico (La muy ilustre y noble orden de los caballeros de la cuchara de palo), una asociación (la Internacional de Pueblos con Nombres Feos, Raros y Peculiares), y un blog repleto de información y anécdotas sobre la localidad. Entre ellas, que el Ministerio de Obras Públicas le otorgó en 1982 a Guarromán el premio al pueblo más limpio de España.
Guarromán tiene una pugna histórica con el pueblo de al lado, que para más choteo se llama Baños. Bañuzcos y guarromanenses se pelearon desde el XVIII, pero no por la limpieza. Ambos pueblos compartían romería en la ermita de la Virgen de la Encina en Baños. "Cuando la sacaban para dar la vuelta a la iglesia, había un punto que al girarla daba la espalda al pueblo vecino y alguien gritaba siempre: '¡Qué mire pa Guarromán!', momento en que se montaba una enorme gresca", explica el cronista, y añade que no era raro que surgiese alguna navaja. Por tradición, el grito sigue dándose, pero de buen rollo, tanto que lo lanza una portadora de Baños.

Paz en Peleas

En esto de las pugnas históricas entre vecinos, cabría esperar que las más fieras fuesen entre los de Peleas de Arriba y los de Peleas de Abajo. "Para nada, somos gente muy pacífica", desmiente Francisco García, concejal del zamorano Peleas de Arriba. Su mayor preocupación es que el pueblo, de 240 vecinos, se está vaciando de jóvenes, y su pena, que no quedé nada, "ni los cimientos", del monasterio de Santa María de Bellofonte, llamado luego de Valparaíso, donde nació Fernando III el Santo en 1201. Presionado, el concejal acaba contando una anécdota pendenciera: que un día, hace siglos, un fraile colgó de la tapia del convento una capa. Aunque la estaba vigilando, la parte que no veía, al otro lado del muro, fue sisada por los del pueblo y de ahí el refrán: "Los veas o no los veas, no te fíes de los de Peleas".
Mejor se deberían llevar los vecinos de Parderrubias con los de Mirón, ambos en Pontevedra, aunque las rubias eran, en origen, dos piedras. En Parderrubias, por cierto, nació el padre de Martin Sheen, Francisco Estévez, que salió de esta aldea de Salceda de las Calesas hacia Cuba en 1916. Según contó la hermana del actor al periódico El Faro de Vigo, éste lloró de emoción cuando visitó el cementerio de Parderrubias, lleno de tumbas con el apellido Estévez. El año pasado, Sheen volvió a la tierra de sus ancestros para rodar, dirigido por su hijo, Emilio Estévez, The Way, una película sobre el Camino de Santiago.

Leyendas de Cariño

Curioso, por bonito, es el topónimo del concello de Cariño, en A Coruña. Cuenta la leyenda (y reproduce la web oficial del pueblo, www.concellocarino.org) que "la más hermosa y rubia" de las hijas del señor del primitivo castro murió y fue enterrada en la vecina sierra de A Capelada. Cuando tiempo después Ith, el hijo del rey celta Breogán, pasó por allí en barco camino de Irlanda y reclutó al Señor do Castro y a sus hijos, éstos miraron hacia la sierra antes de zarpar y se despidieron con un "¡Adiós, cariño!" de la chica muerta. Más rocambolesca aún es la historia que asegura que por estas tierras vivía sólo un matrimonio con diez hijas solteras. Un día encontraron a 13 náufragos, y entre cuidado y cuidado, se enamoraron los unos de las otras. Pero sobraban tres hombres, así que los maltrechos marineros echaron a suertes quién se volvía a su pueblo de origen. Los tres perdedores, al ser preguntados que de dónde venían, contestarían: "De la villa de los amores, donde todo es cariño". Pobres.
Los cariñeses presumen todavía de que sus mujeres son las más bellas de la zona, y también de una legendaria "retranca" que sorprende al forastero con su ironía. La villa marinera lleva años reinventándose como destino turístico. Sus paisajes lo merecen, entre ellos el cabo Ortegal (a tres kilómetros de la villa), donde choca el mar Cantábrico con el océano Atlántico. Sobre las puntiagudas rocas de sus acantilados (que ya describió Ptolomeo en el siglo II y que son los más altos y, geológicamente, los más antiguos de Europa) vuelan cada año miles de aves migratorias. Para contemplar el viaje de alcatraces, pardelas, paíños, charranes o págalos, a finales de verano zarpa el barco municipal Aula do Mar (626 48 33 50), un antiguo pesquero cariñés reformado para realizar excursiones ornitológicas.
Peor suerte que Cariño tuvo al ser bautizado Cenicero, que suena poco apetecible pero es una bonita localidad de La Rioja, entre viñedos, donde tienen su sede bodegas como Marqués de Cáceres. A principios del siglo XX, el ilustre periodista Mariano de Cavia se sorprendió por su belleza y dijo aquello de "Al pasar por Cenicero, hay que quitarse el sombrero". Existen dos versiones sobre la etimología: la popular se refiere a las cenizas de las hogueras de los pastores que por allí paraban y la culta traduce Cinisaria por cenizales, refiriéndose a los lugares en que se elaboraba el carbón.
En esto del origen de los topónimos hay mucha leyenda y poco dato. Una de las pocas fuentes documentales sobre el tema son las Relaciones topográficas de los pueblos de España, hechas de orden del señor Felipe II. La ingente obra estadística (los siete tomos originales se guardan en El Escorial) incluye unas encuestas realizadas por los emisarios reales a los hombres viejos o sabios de los distintos pueblos del reino. Entre las preguntas había un "Dígase por qué el pueblo se llama así y desde cuándo". El 31 de mayo de 1580, los encuestadores llegaron a Villanueva del Pardillo (Madrid), pero no obtuvieron una respuesta concluyente: "La causa por la que se nombró así no se sabe", dice el texto, "más de que se ha oído decir que se nombra ansí porque el primero que empezó a fundar la primera piedra en el dicho lugar se llamó Fulano del Pardo y no hay noticia de que se haya llamado de otra manera". Pues eso, que se llama así y listo.
Para complicar las cosas siempre hay varias versiones etimológicas. En el caso del Pardillo, que provenga de pardal (según el diccionario: "se dice de la gente de las aldeas, por andar regularmente vestidas de pardo"), o del latín paries, que en castellano deriva en pared o en pardina ("monte bajo de pasto donde suele haber corrales para el ganado lanar").

Ni melones, ni porreros

Así las cosas, no es raro que algunos nombres lleven a engaño. Sandiás no viene de la fruta, sino del germánico Sánd-ila, que significa verdadero, y en el también ourensano Melón no cultivan melones, que sí crecen, sin embargo, en el madrileño Villaconejos (Segovia), había muchos puerros pero poca marihuana, que tampoco abundaba en Bernuy de Porreros Descargamaría (Cáceres), cuyo enigmático nombre parece proceder de un puerto escarpado difícil para las bestias de carga.
La confusión ha llevado a decir que Villalibre de la Jurisdicción es el pueblo de las tres mentiras porque ni es villa, ni es libre, ni tiene jurisdicción. Para el lego en toponimia romana, el nombre suena a pueblo sin ley: "Para nada, por Dios", ríe José Manuel Blanco, alcalde de Priaranza del Bierzo (León), municipio del que depende. Según el alcalde, que además es villalibrense, aunque los siglos de presencia humana han dejado alguna huella -como la ermita, una casa con escudo y curiosos caleros, patrimonio industrial de la zona-, lo mejor de su pueblo es la naturaleza que lo rodea, el monte berciano donde se escondieron los maquis.
Cada pueblo, una historia. La próxima vez que pasen por Castrillo de los Polvazares, deténganse: es uno de los pueblos leoneses mejor conservados. Lo mismo en el rimbombante Montejo de la Vega de la Serrezuela, donde se esconde una magnífica reserva de buitres alentada por Félix Rodríguez de la Fuente.
La señal puede ser muy corta, como la de Ea, precioso pueblo pesquero de Vizcaya, o una de las más largas de España, como la del leonés Colinas del Campo de Martín Moro Toledano,Wamba (Valladolid), el viajero conocerá la rocambolesca historia de este campesino tornado a la fuerza en rey visigodo, que nunca imaginaría que siglos después de su muerte su nombre resonase al estribillo de Tutti Frutti.¡A Wamba buluba balam bambú! que es todo él conjunto histórico artístico. Pero un nombre raro es siempre la excusa perfecta para pararse a descubrir un pueblo. Y así, en ¿Vamos a Wamba?

De Porquerizas a Miraflores

Hasta 1943 hubo un pueblo de Granada que se llamaba Asquerosa. En él pasó parte de su infancia y adolescencia Federico García Lorca, que remitía sus cartas desde el "Apeadero de San Pascual, Pinos Puente" y contaba a sus amigos que estaba en la eufemística "Vega de Zujaira". No era el único al que no le debía de hacer gracia el nombre, ya que el pueblo en pleno lo repudió en 1943, cambiándoselo por Valderrubio, de valle del tabaco rubio, porque era lo que allí se cultivaba y quedaría mejor en los paquetes. Allí sigue la casa (ahora casa museo) del joven Lorca.
Asquerosa no es el único pueblo que ha ejercido, en sesión extraordinaria de su Ayuntamiento, su derecho a tener un nombre más bonito. En 1909, Pocilgas, en Salamanca, optó por el más bondadoso Buenavista, que celebraba la panorámica de la sierra de Gredos que tiene el pueblo. En la misma provincia, Arroyomuerto pasó a ser, en los años ochenta, San Miguel de Robledo. En 1957, Sacaojos, en León, se renombró como el menos agresivo Santiago de la Valduerna. El municipio leonés de Alija de los Melones cambió por Alija del Infantado, Chozas, en Madrid, votó en 1959 para cambiarse el nombre por Soto del Real, más hidalgo. Y dónde va a parar.
Entre los municipios rebautizados abundan aquellos cuyos topónimos originales tenían que ver, de una u otra manera, con los cerdos. No parecen animales muy populares. En 1916, Barba del Puerco (Salamanca) se convirtió en Puerto Seguro, nombre que hace honor al diputado en Cortes por Vitigudino el marqués de Puerto Seguro, que ayudó a realizar las gestiones para el cambio de topónimo. En los años cincuenta, Villar del Puerco (Salamanca) se convirtió en Villar de Argañán. Quizá el caso más conocido fue el de Miraflores de la Sierra, pueblo madrileño que hasta el siglo XVII se llamaba Porquerizas. Cuenta la leyenda que fue Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, quien, de camino hacia el monasterio del Paular, se detuvo a descansar en un punto desde el que se contemplaba el pueblo. La joven reina exclamó "¡Mira, flores!", y su suspiro se convirtió, supuestamente, en topónimo.

domingo, 4 de abril de 2010

Un inédito de la Guerra Civil


TEREIXA CONSTENLA - Madrid, El País, 04/04/2010

James Neugass desoyó a su jefe, Edward K. Barsky. "Tu trabajo es hacer viajes con tu coche y mantener los ojos en la carretera. No tienes que pensar nada ni saber nada", le había ordenado. Barksy era el Doc, el Mayor, el jefe del primer hospital de campaña montado por los estadounidenses durante la Guerra Civil. Neugass era su chófer, pero también seguía siendo un poeta de origen judío nacido en Nueva Orleans en 1905 que quería saber.

"-Y después, sólo por divertirse, han vuelto para rematar los hospitales y Tarancón. ¿Cuántas bajas ha habido, Doc?

-Cuarenta y ocho muertos y 20 heridos.

-Pero si han salido de la ciudad 60 ambulancias cargadas.

-Te he dicho que 48 muertos y 20 heridos, Jim.

-Pero...".

Pero Doc le ordenó no pensar ni saber. No convenía a la moral republicana conocer realmente cuántas víctimas había causado un bombardeo aéreo sobre la localidad de Tarancón (Cuenca), sobrevolada por aviones que habían jugado a confundir a la población -niños incluidos- hasta concentrarla en la plaza mayor y empezar a lanzar granadas de mano, metralla de doble calibre y, finalmente, bombas.
Mirada sin ataduras

Fue el primer encuentro de Jim con la guerra. Y Jim, chófer y poeta a la par, anotó minuciosamente los diálogos, las descripciones, las impresiones y las nostalgias que le asaltaron entre noviembre de 1937 y abril de 1938 mientras se ocupaba de trasladar a Barsky de un frente a otro. El diario de aquellos días tiene un título siniestro: La guerra es bella. Una ironía dedicada a Filippo Tommaso Marinetti, fundador del futurismo y fan de Mussolini, que escribió: "La guerra es bella porque enriquece un prado florido con las llameantes orquídeas de las ametralladoras".

Bajo ese título se esconde un vibrante libro de memorias, que la editorial Papel de Liar pondrá a la venta este mes y que mereció los elogios de Antonio Muñoz Molina: "Nunca es condescendiente, nunca es narcisista y, a diferencia de otros testigos, no tiene intereses políticos o personales que ventilar. Como español cerré el libro con una sensación de gratitud".

El texto permaneció inédito hasta su publicación en Estados Unidos en 2008. Al regresar a su país, Neugass se casó, tuvo dos hijos, trabajó de ebanista y publicó una novela sobre la historia familiar, Rain of ashes, en junio de 1949. Corría un maccarthismo intimidante, así que silenció su pasado brigadista en España. Tal vez por ello desistió de publicar aquel diario escrito a mano en Madrid, Aragón, Valencia y Barcelona tras alguna frustrada intentona. No tuvo tiempo de volver a la carga. Neugass murió a finales de 1949, en una estación de metro de Greenwich Village, de un ataque al corazón. Se fue su memoria, pero por fortuna la copia mecanografiada enviada a alguna editorial sin grandes expectativas reapareció en una librería de Vermont ¡medio siglo después!

"Esto es lo más importante que me ha sucedido en la vida. Ese hombre era un fantasma para mí", dijo Jim Neugass, que tenía un año escaso cuando murió su progenitor. El hallazgo ha recuperado un texto valioso para los lectores y ha desvelado un hombre oculto para sus hijos. A los editores estadounidenses Peter N. Carroll y Peter Glazer les pareció una joya y registraron los derechos a nombre de los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln, que conserva la memoria de los 2.800 estadounidenses que combatieron en las filas de la República. James Neugass se ofreció como voluntario a la Agencia Médica Americana para la Defensa de la Democracia Española, que reclutó personal sanitario y recaudó dinero para medicinas, ambulancias y alimentos infantiles. El médico Edward K. Barsky fue el alma de la campaña: en un mes puso en marcha un hospital para atender a los heridos en la batalla del Jarama. A partir de noviembre de 1937, Neugass ejerció como su chófer. A disgusto. Conducir una ambulancia tenía poco que ver con sus deseos. "Si no fuera por la vista, podría estar en la Infantería. Lo de conducir una ambulancia todavía me causa vergüenza. No me gusta la tradición literaria e intelectual de 'me repugna el horror de la guerra y después escribo un libro".

Reconcomiéndose mientras lleva a Barsky a un lado y otro, Neugass describe al principio el día a día de la retaguardia: un baile cerca de Villa Paz, la mansión de una infanta reconvertida en hospital, donde "movido por la responsabilidad política bailé con Pepita, la más fea"; o su estancia en el hotel Florida, en Madrid, con tarifas que se abaratan conforme las habitaciones se elevan hacia la línea de fuego de los obuses.

Ante la falta de acción bélica, Neugass se detiene con humor y distancia en pequeñas cosas agrandadas por la escasez: dedica dos páginas a la "ética del tabaco". "No es deshonroso negar la posesión de cualquier cosa que pueda ser fumada, pero es de pésima educación fumar delante de los que no tienen tabaco. Si recibes un cartón entero de casa, lo moralmente justo es distribuir la mitad y esconder el resto". No rehúye los ajustes de cuentas biográficos que proporciona la guerra. En Utiel (Valencia) duerme con el teniente Arnold Donowa: "Es la primera vez que he compartido habitación con un negro, y más aún una cama. Mi abuelo había tenido esclavos [...]. Ambos sabíamos que yo tenía la oportunidad de acabar para siempre con 100 años de prejuicios. Y eso fue lo que hice".

Acabó con los prejuicios y acabó en la guerra, rescatando heridos bajo los obuses y sabiendo todo lo que quiso saber. Anotó cada uno de los muertos que habían sido sus íntimos durante horas. Vio lo que los historiadores verían: "Los elementos que condicionan la victoria no se debaten en España, sino en Washington, Londres y París". Asistió al desmoronamiento de la 15ª Brigada. Presintió el fin: "La muerte se acerca. Sus uñas me han rascado el pelo y he olido su enfermizo aliento en mi nuca". Pero vivió para contarlo. Aunque él no lo sepa.

Cartas bornesas, de Telesforo de Trueba y Cossío

Las Cartas Bornesas permanecieron en inéditas hasta el año 1970 en que un profesor de la Universidad de Michigan, Don Salvador García Castañeda, las sacó a la luz.
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Artículo: "Cartas Bornesas. Un inédito de Telesforo Trueba y Cosío"
SALVADOR GARCÍA CASTAÑEDA.
University of Michigan, 1970:
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Al estudiar el desarrollo del movimiento romántico en España, aparace entre sus más tempranos representantes don Telesforo Trueba y Cosío. Figura literaria de importancia, todavía no ha sido objeto de estudio detallado. Como recordaremos, su interés principal radica en ser de los primeros que dio a conocer los temas españoles en Inglaterra.
Menéndez Pelayo, que dedicó al santanderino Trueba uno de sus primeros trabajos, le llama "padre de la novela histórica entre nosotros" y le tiene por el primer escritor español convertido al credo romántico. Con las presentes páginas ve la luz una obra inédita de Trueba, tan notable por su interés histórico como por añadir algunos datos nuevos a los escasos que se conocen sobre la vida del romántico montañés.
En la Biblioteca Nacional de Madrid, bajo la signatura MS 7194, se conserva un cuaderno en cuarto mayor, sin rayar, adquirido en «Cádiz en la librera de Moreno Surita, calle de la Carne, junto a la de San Francisco, y se encuaderna de todas clases, según reza una etiqueta en el interior. En la tapa, dice "No. 7 . Papeles varios de de Telesforo de Trueba y Cosio. Cartas Bornesas "; y en la contraportada: "Cartas Bornesas. Por T. de T. y C. [sic] / Septiembre 7. 1824". Este cuaderno contiene diez y seis cartas literarias, que ocupan las setenta y cinco Primeras páginas. en donde se recogen las impresiones de una forzada estancia en Bornos. Provincia de Cádiz, y un borrador de la comedia Casarse por 50.00 duros, amén de algunas cuentas de índole privada.
Menéndez Pelayo afirma que "Trueba y Cosío emigró a Inglaterra en 1823, a consecuencia de la caída del sistema constitucional". Este manuscrito, que don Marcelino nunca llegó a conocer, modifica tal conclusión. La primera carta está fichada en Bornos el 14 de julio de 1824 y las cinco últimas refieren las vicisitudes del desembarco en Tarifa de don Pedro González Valdés a primeros de agosto del mismo año.
Don Telesforo nació en Santander en 1799, hijo del comerciante don Juan Trueba, natural de Arredondo y de doña María Cosío. En setiembre de 1812 marchó a Londres en unión de sus hermanos José María y Vicente, educándose todos en el colegio de San Eduardo, en Old Hall Green De allí pase a París donde realizó estudios en la Sorbona. Cuando en 1820 triunfaron los liberales, Trueba agregado meritorio a la embajada de España, decidió trasladarse a su patria y el 22 de abril de 1822 vivía ya en Madrid. Allí figura como fundador de la Academia del Mirto, creada por don Alberto Lista. Al año siguiente se retiró a Cádiz junto con el gobierno constitucional, al que sirvió con las armas, probablemente formando parte de la Milicia Nacional.
La rendición de Cádiz en agosto de 1823 inicia el período absolulista conocido bajo el nombre de la "década ominosa". Para perseguir a los constitucionales comenzaron a funcionar comisiones militares que juzgaban sumarísimamente: muerte, prisión, confiscación de bienes y destierro fueron penas para quienes ocuparon cargos políticos durante el trienio liberal. La nueva Junta secreta de estado, presidida nada menos que por un antiguo inquisidor, determinó abrir expediente a todos los españoles que "por cualquier concepto hubieran servido o mostrado su adhesión al sistema constitucional, y de los que fueran o hubieran sido masones o compradores de bienes nacionales".
La iglesia, que había visto peligrar sus propiedades y derechos bajo el régimen de la libertad, secundó a Fernando VII con entusiasmo, y muchos de sus miembros ocuparon puestos importantes dentro de la restaurada monarquía absoluta. Para extinguir la masonería se encargó a los obispos que, en plazo de tres días, substanciasen las causas surgidas en sus respectivas diócesis; un edicto del ministro Calomarde ordenó celebrar misiones en las iglesias para hacer abjurar a los extraviados de sus erróneas ideas. Recordémoslo; el populacho que arrastraba el coche del rey gritando ¡Vivan las caenas! y la gente del campo, tradicionalmente conservadora, cometieron desmanes, dieron satisfacción a venganzas personales e impusieron el terror en toda España. Ocupado por el ejército francés, Cádiz se convirtió en refugio de liberales, llegados allí con idea de emigrar a otros países.
Trueba y Cosío, antiguo combatiente, autor de un soneto a Riego (1820) y de algunas comedias representadas en Cádiz se retiró a Bornos acompañado de un hermano (¿José Miaría, el poeta?) y de su madre doña María Cosío. La familia debió tener posibles, pues alquiló una casa en la calle de San Jerónimo. En el epistolario hay referencias a algunas criadas y a un mayordomo que tenían por servidores.
Trueba asistía a misas y sermones. Se mostraba discreto y salía lo menos posible a causa del calor y temeroso también de la incivilidad de los borneses: "Estoy lodo el día metido en casa, tumbado a la larga o ensuciando papel; ir al baño y dar un corto paseo al anochecer, he aquí la manera de pasar el tiempo. Para mí, todos los días son iguales". La familia permanecería poco tiempo en Bornos, y Trueba expresa más de una vez el vehemente deseo de regresar a la gloria de Cádiz. El epistolario cesa a mediados de agosto de 1824.

Una vez en Inglaterra, sus muchas obras le dieron fama como novelista y comediógrafo en lengua inglesa. Volvió a España en 1834 y fue nombrado procurador en Cortes. Intervino en política con entusiasmo pero su delicada salud le llevó a establecerse en Francia, donde al parecer murió.

La villa de Bornos, en la provincia de Cádiz, está situada en la falda oriental de la Sierra del Calvario, en la margen derecha del río Guadalele. Tienen fama la salubridad del clima y las aguas termales. En 1846, según Madoz, "tenía Bornos 4.826 almas y 725 casas de buena fábrica, al gusto moderno, por lo general de 2 pisos, y muchas con preciosos jardines". Por cierto que en la segunda mitad del siglo, Fernán Caballero Publicó "Un verano en Bornos", novela epistolar, donde unas distinguidas jóvenes madrileñas llegadas a baños, encuentran allí el amor de su vida.
Bornos es un paraíso por sus aires puros, sus hermosas aguas y los baños de su río, suaves y tónicos a un tiempo "Bornos me agrada mucho" -escribe Primitiva Villalprado, una de las protagonistas de la novela- "es alegre como un cascabel, florido como un jardín, lo riega la sierra con sus aguas con el mismo esmero que tu tus macetas de adelfa". La visión de Trueba (1824), muy negativa, contrasta curiosamente con el testimonio de Madoz (1846) y con el entusiasta elogio de la Böhl de Faber (1853). No habría cambiado tanto la villa desde los días del escritor montañés, quien la juzgó a la desfavorable luz de las circunstancias en que hubo de visitarla.

Restaurado el poder absoluto, los pueblos andaluces, que ya habían dado antes muestras de su conservadurismo, se afianzaron en él, animados por la actitud del gobierno. Los Trueba, gente forastera, venida de Cádiz, despertaron la desconfianza de los vecinos de un lugarón pobre, con tres conventos, donde nunca pasaba nada. El impresionable escritor cuenta del atraso de los borneses, de su miseria, ignorancia y sumisión al poder absoluto de los caciques. Así escribe: "Justicia y franqueza no se conocen por el forro"; y en otro lugar, "En el corto tiempo que he estado en este pueblo, he visto cometer crímenes que horrorízaríanan a la humanidad" ya en las últimas Páginas, exclama: "¡Que tolerancia es precisa para no saltar al ver lo que está pasando en este pueblo!. Abuso de los que mandan, injusticias del sistema tributario, inrmoralidades de los frailes o desmanes de los vecinos hallan en él un crítico implacable, y un moralista ingenuo, escandalizado al descubrir cosas hasta entonces no imaginadas. Resulta curioso como un hombre de ciudad, educado a la inglesa, se va adaptando insensiblemte al ambiente pueblerino hasta el punto de perder el sueño y los estribos por una alcaldada, por las retóricas interperancias del vicario, o por los chismes de una clásica vieja.
En estas cartas queda evidencia tanto de la triste situación social y económica en aquella parte de Andalucía cuanto de la formación enciclopedista de Trueba. Hay en sus quejas un eco de las proferidas por Jovellanos, Meléndez Valdés, Cavanilles y otros ilustrados sobre las tierras sin cultivar en manos de mayorazgos o de la iglesia. Los jornaleros, sujetos a tributos diversos y gravosos, están en tan miserable situación que muchos se hacen bandoleros para remediar su necesidad. El autor echa de ver los perniciosos efectos de la ignorancia y la rutina al tiempo que nota la diferencia de actividad e iniciativa entre los pueblos del norte y los del sur. Le sorprende la triste abulia que le rodea con palabras que parecen tomadas al autor del Informe sobre la ley agraria. Así escribía Jovellanos en 1796: "¿Cómo es que la mayor parte de los Pueblos de España no se divierten de manera alguna?... En los días más solemnes, en vez de la alegría y bullicio que debieran anunciar el contento de sus moradores, reina en las calles y plazas una perezosa inacción, un triste silencio, que no se pueden advertir sin admiración ni lástima ". Trueba, treinta años más tarde, corrobora:

"... gente más tosca, más ceñuda ni más tétrica, no creo exista sobre la faz de la tierra. Todos los semblantes respiran morosidad y la risa está desterrada de su boca, bien que no es extraño no tengan muchas ganas de reírse unos hombres que están ladrando de hambre...
Todo respira tristeza y hastío, Aquí los días son iguales y se pasó el del patrón del pueblo lo mismo que otro cualquiera ".
Liberal entusiasta, la derrota de sus ideales y su posición de vencido dentro de territorio enemigo le llevan a extremar la nota de censura, teñida con desencanto: "Nos perdimos y, si volvemos a levantar cabeza, estoy casi por decir que ni siquiera la triste experiencia nos enseñará..."; en otra ocasión, escribe: "La traición tiene grande influjo en España, el dinero puede mucho en unos hombres sumidos en la miseria e inmoralidad". Grande debió ser el abatimiento de Trueba al encontrarse, a los veinticinco años, aislado allí donde la cultura brillaba por su ausencia, forzosamente inactivo para no dar qué decir a unos lugareños siempre alerta.
Estas Cartas Bornesas tienen el valor de un testimonio de primera mano sobre la vida en la España fernandina. Historiadores y novelistas la han descrito en las ciudades; Trueba presenta el reducido cuadro de un pueblo andaluz donde adquieren mayor relieve los extremismos del momento, entretejidos con la mezquina cicatería local.
Aunque el escritor montañés gustase de entenebrecer la pintura de Bornos, sus quejas no carecían de fundamento. La zona era pobre y aislada; refiriéndose a los caminos, escribe Madoz que no tiene Bornos sino los indispensables de pueblo a pueblo y aun éstos en miserable estado; "Desde Jerez hemos recorrido siete leguas por un suelo pedregoso, cortado por profundos barrancos, y atravesando campos despoblados, sin hallar aún ni una venta en qué pedir un vaso de agua". La industria local se reducía a algunos molinos harineros y tres de aceite, cinco o seis telares, dos fábricas de jabón blando, seis hornos de pan, una tienda de paños y 7 de comestibles. La mayoría de los borneses eran gente asalariada, jornaleros sin tierras propias, ocupados en épocas de cosecha o vendimia y parados el resto del año. Impuestos municipales, derechos del clero y ofrendas pías aumentaban su miseria.
Tanto la inacción como la falta de posibles daban a la gente tiempo libre para ocuparse de la vida privada de sus convecinos "Los muchachos y, sobre todo, las mujeres, tienen la laudable costumbre de ponerse en las rejas de los vecinos a ver y escuchar lo que pasa dentro". Tal desenfado debía ser algo muy propio de aquellas tierras cuando Fernán Caballero da como "costumbre establecida" el entrar sin pedir permiso en casas ajenas, "a uso de Bornos". Abusar y burlarse de los forasteros estaba a la orden del día. Nuestro autor cuenta -y la cosa no deja de tener gracia- como aquellos cazurros se reían de verle usar gafas: "Según me han dicho, tener la vista débil es un signo de masonería, como lo son también llevar el pelo largo, vestir de negro y otras cuantas particularidades de esta misma especie.
Aun en medio de sus infortunios, Trueba no pierde ni el humor ni la gana de observar, muy agudamente, el mundo que lo rodea. Por estas páginas desfilan tipos pintorescos: el enamoradizo fraile jerónimo, los alcaldes de monterilla, el justiciero capellán amonestado por su tía, el vicario del pico de oro, y el tío Surita, una especie de Belarmino liberal y herborista. Entre anécdotas y sucedidos los hay extraordinarios, como el del presidiario incestuoso, la cena de las ánimas, o los picarescos avatares matrimoniales del senil cuanto amante escribano.
Esta colorida galería costumbrista, un tanto bárbarara, queda completa con unas curiosas páginas sobre el bandolerismo andaluz. Por entonces el orden público era inexistente y el atacar viajeros algo tan común que, para recorrer distancias muy cortas era menester escolta militar. No sería muy efectivo tal arbitrio cuando, cerca del Puerto de Santa María, en aquel año de 1824, algunos bandidos «desde las tres de la tarde hasta las seis, habían estado robando y ascendían a doscientas personas las que habían sido despojadas de lo que llevaban, de tal manera que parecía aquel sitio una feria por los coches, calesas y animales de carga que había detenidos". Observa Trueba que estos ladrones no eran profesionales sino gente desesperada y sin trabajo que se echaba ad camino para subsistir.
De especial interés histórico son las noticias sobre la intentona revolucionaria del coronel don Pedro González Valdés, autor de la hazaña heroica y absurda de apoderarse de Tarifa y otros puntos de la costa a primeros de agosto de 1824. Al parecer tal desembarco llenó de pánico a los absolutistas de las cercanías, ya que los expedicionarios rechazaron con éxito un primer ataque de los franceses. Según se decía por Cádiz, el jefe de éstos pensó suicidarse de un pistoletazo si no reducía a los alzados, lo que consiguió a poco, cayendo prisioneros muchos y Valdés entre ellos. Este fracaso y el de otros levantamientos liberales, aumentaban la osadía da los vencedores.
Las Cartas Bornesas se escribieron a ratos perdidos, bajo el impulso del hastío, la desesperanza o la ira. En estas lineas de caligrafía irregular, alterada por diversos estados de ánimo, hay vehemencia y juventud. Faltan los detalles y recados de índole familiar o de negocios, referencias a conocidos, etc., propios de una correspondencia verdadera. A poco de comenzar el diario - pues estás epístolas lo son- el autor pasa por alto fechas, fórmulas introductorias y despedidas, aunque siga dirigiéndose al imaginario corresponsal, a quien nunca da otro nombre que el de amigo.
Estas cartas literarias parecern escritas con vistas a ulterior publicación, destinadas quizá a lectores ingleses. Ello explicaría la tendencia, cuasi costumbristica, a detallar los sucesos de Bornos a la vez que la afición por lo novelesco. Describen el carácter y modo de vivir de los naturales, sus costumbres de ronda y cortejo, celebraciones y bodas. Ya despunta aquí la actitud desdeñosa del escritor, intelectual y ciudadano, ante las clases populares objeto de sus observaciones, actitud típica en los costumbristas españoles posteriores.
El autor quiso reflejar en este pueblo la situación de la España fernandina. El relato tiende a desacreditar al absolutismo. Se ve el resultado de pasión política, de impaciencia juvenil y de clandestinidad forzada por miedo a la represión feroz. Tan vehementes como sinceras, reflejan las inquietudes y tribulaciones de Telesforo Trueba, uno de nuestros románticos más tempranos. Tienen el valor emocional de un diario íntimo, amigo siempre fiel en tiempos de adversidad y, lo que es peor aún, de aburrimiento.
Las Cartas Bornesas recogen a vuela pluma sucesos e impresiones del momento. Es muy probable que el presente texto sea el primer borrador de una obra sin concluir que nunca vio la luz. Como tal, hay palabras o frases enteras dejadas en blanco en el texto, con la idea de evitar repeticiones o de lograr más tarde mejor efecto literario. Estos blancos, muy frecuentes en las primeras cartas, escasean luego sensiblemente como si el autor estuviera cada vez menos preocupado por la redacción.
Para no fatigar a los lectores, he suplido tales lagunas con palabras, a mi entender, requeridas por el sentido del texto, y que van en letra bastardilla. En ciertos casos hay frases sin terminar o de dudoso sentido, que he aclarado añadiendo alguna palabra (en bastaráilla), suprimiéndola (entre corchetes), o modificando la puntuación.
Como resultado de su estancia en el extranjero, escribe Trueba una prosa en donde hay faltas de concordancia, galicismos y anglicismos, palabras inexistentes en castellano, y otras usadas indebidamente. Tales anomalías se conservan marcando (sic) tan sólo aquellos casos que harían pensar en error tipográfico. Asimismo he modernizado ortografía y puntuación, acentos y uso de mayúsculas. Al margen de las páginas se indica la foliación correspondiente en el manuscrito original.
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SALVADOR GARCÍA
University of Michigan.

jueves, 1 de abril de 2010

En busca de sentido

Sorprende la escasa altura de miras de algunas personas cuando tratan de dar algún sentido a la vida; en primer lugar, la mayoría piensa que es dar sentido a su vida; sólo eso ya deshace cualquier ilusión de cohesión social, de la pareja y la familia en adelante, ya que los sentidos de la vida no tienen por qué coincidir con el sentido de la vida en general, y mucho menos con el sentido de la vida humana o de cada uno en particular. Andan rodando por ahí diferencias de todo género, e incluso de género sexual. Las mujeres son las más desconcertantes; para algunas el sentido de la vida es no tener el culo gordo, o no envejecer y seguir siendo niñas, cosas estas muy compartidas en general por jóvenes de ambos sexos; para muchas mujeres maduras, el sentido de la vida es tener la casa en orden; nada hay que las convenza de que, si el mundo no está en orden, o al menos en orden absoluto, como pueden afirmar tantos políticos que han intentado ponérselo, tampoco la casa lo puede estar, al menos en un orden absoluto; otras que están o son casadas, por el contrario, piensan que el sentido de la vida es volver a parir a su marido a su imagen y semejanza, rehacerlo, por así decir. Para muchos ancianos, por otra parte, el sentido de la vida es su pensión o sobrevivir a los compañeros de su misma quinta; para no pocos maduros, los hijos y/o el trabajo, que es lo más común, aunque ambas cosas suelen ser excluyentes.Algunos creen que el sentido de la vida es simplemente el sexo; otros, que la comida, deseo que encubre a menudo pulsión de muerte; esto de comer es menos anecdótico de lo que pudiera parecer: a veces pienso que el ejercicio mandibular es en el fondo el origen biológico del latido de todo corazón y del pensamiento mismo, mecanismos compuestos también de dos partes simétricas; no está de más saber que el sistema digestivo está forrado de neuronas y que por eso responde también a los neurotransmisores tanto como nuestro cerebro: las emociones básicas intensas, por ejemplo, nos hacen vomitar. Para los menos, el sentido de la vida es el conocimiento, la experiencia, el saber... algo bastante ridículo, porque es un manjar tan grande que no puede ser digerido.

En una película muy notable, que recibió un óscar hace poco, El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, se dice que uno puede cambiar de cualquier cosa menos de pasión. Para algunos, en efecto, el sentido de la vida es un club de fútbol, como para otros es su fe; es la fábula de la rana y el escorpión, nuevamente: es imposible cambiar de naturaleza, y donde se dice naturaleza se dice pasión; el Cristianismo nos viene a decir que sí, que es posible cambiar de naturaleza... Pero la realidad nos muestra que para eso hace falta bastante tiempo, para algunos toda la vida y para mucho hasta dos o tres vidas que pudieran tener, incluso transmigrándose: los hindúes y los budistas sabían bien que la vida humana era demasiado corta para conseguir librarse de algunas pasiones o pecados mortales. La formulación mejor del problema la hizo sin duda Albert Camus, cuando escribió lo que inquietaba a Calígula, el origen de sus actos absurdos de hombre que tiene todo el poder que es posible asumir por un hombre: "Los hombres mueren y no son felices".

Nos pasamos la semana esperando una especie de Paraíso llamando domingo; nos pasamos el año esperando otra especie de Arcadia llamada Vacaciones; nos pasamos las décadas esperando otra especie de Otra vida llamada jubilación. Nos pasamos la vida esperando... ¿qué? Los más impacientes dejan esta "silenciosa desesperación" por la acción, el riesgo, la voluntad, la droga... Formas de llenar nuestro vacío. Otros se vuelven espejos para ignorar el vacío, como los budistas.

El genoma del loro


De repente voy y me entero de que están secuenciando el genoma del loro para estudiar el lenguaje; joer...