martes, 18 de enero de 2011
Metáforas pasajeras
domingo, 16 de enero de 2011
Goytisolo y Túnez
Juan Goytisolo, La voz del nuevo Túnez, El País, 16/01/2011
La revuelta de Túnez es la primera revolución democrática de los países árabes desde su acceso a la independencia. Las que se produjeron con anterioridad fueron fruto de golpes de Estado, a veces con amplio apoyo popular como fue el caso de la de Naser en Egipto y, más a menudo sin él, como en Irak en 1958 y Libia en 1969. Las aspiraciones democráticas de los líderes independentistas argelinos sucumbieron pronto, como sabemos, a la dictadura de un partido único sostenido por el Ejército. En la década de los sesenta los Gobiernos nacionalistas árabes sentaron las bases de un poder autoritario que tendía a perpetuarse en el molde de las nuevas dinastías republicanas (las de Sadam Husein, Hafez el Asad, Mubarak). En Marruecos, las tentativas golpistas contra Hassan II mostraban también que la alternativa a la monarquía alauí era una dictadura militar, como lo sería más tarde un régimen islamista, esto es, remedios peores que la enfermedad. La falta de educación cívica de los pueblos para los que la democracia era una palabra hueca importada de Europa explica las derivas autócratas de los regímenes árabes y el fracaso de revueltas populares como las de Casablanca en 1965 y 1980. El declive del nacionalismo y el auge del islam político fueron las causas asimismo de la sangrienta guerra civil que sacudió a Argelia en la década de los noventa. A diferencia de los demás países árabes, en Túnez Burguiba sentó la base de Estado laico y democrático.
No se puede pedir lo que se ignora. La democracia exige un conocimiento previo de los valores laicos que la alimentan. Y dicho conocimiento no existe en ningún país árabe con la profundidad y arraigo que tienen en Túnez. El Gobierno de Burguiba desde la independencia hasta los años ochenta sentó las bases de un Estado laico y democrático. Un sistema educativo abierto a los principios y valores del mundo moderno, el estatus de la mujer incomparablemente superior al de los países vecinos y un nivel de vida aceptable en comparación con estos, pese a la carencia del maná del petróleo, formaron una ciudadanía consciente de sus derechos. En ello estriba la diferencia existente entre Túnez y los demás Estados árabes de la orilla sur del Mediterráneo.
El declive del poder de Burguiba y el golpe de palacio de Ben Ali, llevado supuestamente a cabo para preservar la democracia se tradujeron al punto en una pesadilla orwelliana. Con el pretexto de cohabitar a la amenaza islamista y ganarse así el sostén incondicional de los países europeos, Ben Ali creó poco a poco un Estado policiaco cuyas redes se extendieron como una telaraña en el conjunto de la sociedad. Toda oposición política fue barrida sin piedad con métodos que recuerdan el peor despotismo. En mi última visita a Túnez hace ahora 11 años tuve ocasión de comprobar en persona el acoso que sufrían los demócratas que no se hallaban en la cárcel o en el exilio y la vigilancia policial de quienes entraban en contacto con ellos. Todo eso resultaba aún más chocante por tratarse de un país social y culturalmente avanzado, víctima de la paranoia del dictador y del insaciable afán de poder y riqueza del clan de su mujer, la tristemente célebre familia Trabulsi. La resignación de la sociedad a semejante presión y expolio no podía durar. La experiencia democrática del burguibismo había calado en ella y solo aguardaba la ocasión propicia para manifestarse. La acción conjugada de las filtraciones de Wikileaks, del gran número de tunecinos con acceso a Internet y a sus foros de discusión, de los ciberataques de los hackers de Anonymous que colapsaron las webs del régimen y de la inmolación por el fuego el 17 de diciembre en Sidi Bouzid de Mohamed Buazizi, un informático de 26 años en paro y cuyo puesto de verduras y frutas fue tumbado brutalmente por la policía por carecer de autorización para su venta, fueron el detonante de la explosión que ha derribado al dictador y abre un capítulo esperanzador en la historia de su país.
Todos los amigos del pueblo tunecino debemos felicitarnos por lo ocurrido y evocar el sacrificio de Mohamed Buazizi, el mártir a quien corresponde el honor de ser el héroe de un nuevo Túnez abierto, laico y democrático en el que nadie deberá prenderse fuego para hacer oír su voz.
La revuelta de Túnez es la primera revolución democrática de los países árabes desde su acceso a la independencia. Las que se produjeron con anterioridad fueron fruto de golpes de Estado, a veces con amplio apoyo popular como fue el caso de la de Naser en Egipto y, más a menudo sin él, como en Irak en 1958 y Libia en 1969. Las aspiraciones democráticas de los líderes independentistas argelinos sucumbieron pronto, como sabemos, a la dictadura de un partido único sostenido por el Ejército. En la década de los sesenta los Gobiernos nacionalistas árabes sentaron las bases de un poder autoritario que tendía a perpetuarse en el molde de las nuevas dinastías republicanas (las de Sadam Husein, Hafez el Asad, Mubarak). En Marruecos, las tentativas golpistas contra Hassan II mostraban también que la alternativa a la monarquía alauí era una dictadura militar, como lo sería más tarde un régimen islamista, esto es, remedios peores que la enfermedad. La falta de educación cívica de los pueblos para los que la democracia era una palabra hueca importada de Europa explica las derivas autócratas de los regímenes árabes y el fracaso de revueltas populares como las de Casablanca en 1965 y 1980. El declive del nacionalismo y el auge del islam político fueron las causas asimismo de la sangrienta guerra civil que sacudió a Argelia en la década de los noventa. A diferencia de los demás países árabes, en Túnez Burguiba sentó la base de Estado laico y democrático.
No se puede pedir lo que se ignora. La democracia exige un conocimiento previo de los valores laicos que la alimentan. Y dicho conocimiento no existe en ningún país árabe con la profundidad y arraigo que tienen en Túnez. El Gobierno de Burguiba desde la independencia hasta los años ochenta sentó las bases de un Estado laico y democrático. Un sistema educativo abierto a los principios y valores del mundo moderno, el estatus de la mujer incomparablemente superior al de los países vecinos y un nivel de vida aceptable en comparación con estos, pese a la carencia del maná del petróleo, formaron una ciudadanía consciente de sus derechos. En ello estriba la diferencia existente entre Túnez y los demás Estados árabes de la orilla sur del Mediterráneo.
El declive del poder de Burguiba y el golpe de palacio de Ben Ali, llevado supuestamente a cabo para preservar la democracia se tradujeron al punto en una pesadilla orwelliana. Con el pretexto de cohabitar a la amenaza islamista y ganarse así el sostén incondicional de los países europeos, Ben Ali creó poco a poco un Estado policiaco cuyas redes se extendieron como una telaraña en el conjunto de la sociedad. Toda oposición política fue barrida sin piedad con métodos que recuerdan el peor despotismo. En mi última visita a Túnez hace ahora 11 años tuve ocasión de comprobar en persona el acoso que sufrían los demócratas que no se hallaban en la cárcel o en el exilio y la vigilancia policial de quienes entraban en contacto con ellos. Todo eso resultaba aún más chocante por tratarse de un país social y culturalmente avanzado, víctima de la paranoia del dictador y del insaciable afán de poder y riqueza del clan de su mujer, la tristemente célebre familia Trabulsi. La resignación de la sociedad a semejante presión y expolio no podía durar. La experiencia democrática del burguibismo había calado en ella y solo aguardaba la ocasión propicia para manifestarse. La acción conjugada de las filtraciones de Wikileaks, del gran número de tunecinos con acceso a Internet y a sus foros de discusión, de los ciberataques de los hackers de Anonymous que colapsaron las webs del régimen y de la inmolación por el fuego el 17 de diciembre en Sidi Bouzid de Mohamed Buazizi, un informático de 26 años en paro y cuyo puesto de verduras y frutas fue tumbado brutalmente por la policía por carecer de autorización para su venta, fueron el detonante de la explosión que ha derribado al dictador y abre un capítulo esperanzador en la historia de su país.
Todos los amigos del pueblo tunecino debemos felicitarnos por lo ocurrido y evocar el sacrificio de Mohamed Buazizi, el mártir a quien corresponde el honor de ser el héroe de un nuevo Túnez abierto, laico y democrático en el que nadie deberá prenderse fuego para hacer oír su voz.
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Túnez amenaza al Magreb y a Egipto
EL HOUSSINE MAJDOUBI, La revolución tunecina amenaza a otros regímenes del Magreb, El País, 15/01/2011
Los ciudadanos del mundo árabe siguen con gran interés y entusiasmo los acontecimientos históricos de Túnez y se preguntan acerca del futuro de los regímenes de la región después del derrocamiento del presidente Zine el Abidine Ben Ali como consecuencia de la injusticia política y social que ha practicado durante más de dos décadas. Una revolución que viene a destacar el papel crucial de las nuevas tecnologías en mover a los pueblos, también pone en relevancia el papel repugnate de Occidente que brinda un apoyo incondicional para la continuidad de unas dictaduras medievales.
La revolución política que vive Túnez, demuestra que los mismos motivos que generaron el derrocamiento de este dictador que son: la falta de libertades, la injusticia social, los niveles insoportables de la corrupción y la militarización del país existen en el resto de los países del mundo árabe sobre todo en los siguientes países: Argelia, el país rico en gas y petróleo carece de infraestructuras y los hermanos del presidente, Abdel Aziz Bouteflika están inmersos en la corrupción. En Marruecos, el entorno del rey Mohamed VI se enriquece de una forma escandalosa, mientras que los hijos del coronel revolucionario Mouamar Gadafi se han convertido en príncipes que controlan el destino político y financiero de este país rico en petróleo. Por su parte, el presidente Hosni Mubarak está intentando convertir a su familia, que controla ya sectores importantes de la economía del país, en un nuevo miembro del club de la realeza en Oriente Medio. Mauritania es el único país que escapa de esta ola de corrupción gracias en parte a los golpes de estado en los últimos años que expulsaron otro dictador que se llama Muhauiya Ueld Taeh.
Sin embargo, a pesar de todo esto, Occidente no cesa de defender a estos regímenes. En el caso de Túnez, Occidente consideraba a Ben Ali hasta su derrocamiento "el alumno ejemplar", el propio presidente francés, Nicolás Sarkozy dijo en el 2008 que Túnez vive en una democracia. Durante todo el mes que duraron las protestas, los gobernantes de Occidente, excepto los EE.UU, mantuvieron un silencio sospechoso, incluso la jefa de la diplomacia francesa, Michèle Alliot-Marie se ofreció a asesor al régimen de cómo hay que acabar con las protestas y rechazando dar lecciones de democracia a otros países. Semejante postura pone de relieve el concepto selectivo de Occidente a la hora de exigir a algunos países la democratización y otros no.
La Unión Europea encabezada por Francia presiona los presidentes de Costa de Marfil, Sudan e Irán y por otra parte mantiene un silencio más que sospechoso acerca de los que está pasando en el mundo árabe y sobre todo en el Magreb. Si Occidente desempeñó un papel crucial en la democratización de los países de Europa Oriental, pues está haciendo lo contrario con los países árabes. No sólo apoya a los regímenes dictatoriales sino también les facilita el saqueo de la riqueza de los pueblos al permitirles la apertura de cuentas bancarias donde depositan lo robado y les autoriza la compra de inmuebles y acciones en grandes empresas europeas. Con este comportamiento, Occidente es cómplice por excelencia en estos crímenes. Otro regalo brindado a estas dictaduras, es que la UE y desde hace años ya no otorga el asilo político a los que escapan de estos sangrientos regímenes.
Peor aún, Occidente siempre dice que está luchando contra los movimientos islámicos radicales y terroristas, y las investigaciones sociológicas demuestran que, en gran parte, el fanatismo es el resultado directo de la injusticia social y la corrupción de estos regímenes dictatoriales. A pesar de todo esto, Occidente ignora esta realidad y estos hechos y se aliena con las dictaduras.
La revolución tunecina es muy reveladora de una nueva realidad política y social en el mundo árabe y sobre todo en el Magreb que viene para confirmar unos nuevos datos que escapaban a las dictaduras y a Occidente:
1-Las revueltas y los cambios políticos en el mundo árabe no dependen de los movimientos islámicos como suelen destacar múltiples estudios académicos sino en gran parte de la reacción de los pueblos al no poder soportar más la humillación, el saqueo, la marginación y el paro. En Túnez, el movimiento islámico prohibido Nahda (renacimiento) no tuvo ningún papel destacable en este cambio. En consecuencia, el derrocamiento de cualquier déspota árabe es muy posible.
2-El papel crucial de las nuevas tecnologías de comunicación de Internet y el teléfono móvil que han permitido sacar imágenes de la actuación brutal de las policías y también el papel de las televisiones por satélite como Aljazeera y Alhiwar además ediciones digitales de periódicos críticos como Alquds Árabe. Estas nuevas tecnologías facilitaron una coordinación perfecta entre los manifestantes de diferentes ciudades tunecinas y lo más importante informaron a la opinión pública internacional de lo que estaba sucediendo.
3-Este levantamiento confirma que la institución militar no está siempre dispuesta a enfrentarse al pueblo y defender a regímenes corruptos, porque los jefes militares están conscientes que la situación internacional ha cambiado con el surgimiento de la justicia internacional. El punto de inflexión de la revolución tunecina radica en el rechazo por parte del jefe de las fuerzas terrestres, el general Rahid Amar de abrir fuego contra los manifestantes. Esta misma institución militar que impide ahora en Egipto el nombramiento de Jamal Mubarak como sucesor de su padre Hosni Mubarak que lleva más de tres décadas en el poder y que su balance es peor que Ben Ali. E incluso Egipto puede vivir dentro de poco una situación semejante a la tunecina, por lo menos esto lo que ya destacan los analistas árabes en diferentes paginas web desde la noche del viernes.
4- El levantamiento de Túnez puede contagiar fácilmente a los países de la zona, Marruecos, Libia, Argelia y Egipto y otros como Jordania y Yemen. Los pueblos de estos países sufren de la corrupción, el paro y el saqueo sistemático de las riquezas por unos muy pocos cercanos al poder. La noche del viernes hubo manifestaciones en las capitales Rabat, El Cairo, Aman frente a las embajadas de Túnez saludando a la revolución. Centenares de blogs y páginas web árabes piden desde la noche del viernes una solución a la tunecina. Y de una forma sorprendente, Marruecos, Argelia, Mauritania, Libia, Yemen y Jordania han anunciando que no aumentarán los precios de los productos básicos como la leche, el pan y el aceite. Además Argelia anunció una indemnización a los parados universitarios.
5- Los hechos vienen a confirmar que Occidente al apoyar regímenes corruptos y dictatoriales, se ha convertido un en obstáculo para la democratización del mundo árabe y sobre todo Magreb. Occidente ya forma parte del problema.
* El Houssine Majdoubi es periodista marroquí. Corresponsal en España de Al Quds al Arabi
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Menos trabajo, menos parados
Raquel Villaécija "Cuando trabajar menos es rentable", en El Mundo, 16/01/2011 07:15
París.- Los gobernantes franceses acabaron el año alargando la vida laboral de los trabajadores y han empezado el nuevo queriendo prolongar también su jornada. Desde los socialistas hasta la derecha, pasando por los centristas, todos ellos inmersos en la batalla por las Presidenciales de 2012, quieren reconsiderar el número de horas que los ciudadanos pasan en la oficina.
Desde 1997, año en que se aprobó en Francia la ley que reducía la jornada laboral, se trabaja 35 horas semanales, aunque las sucesivas reformas introducidas posteriormente, sobre todo por el UMP, el partido de Nicolas Sarkozy, han ido diluyendo esta conquista laboral. Ahora, en la práctica, se trabajan más horas, pero se pagan o se disfrutan luego como días libres. Los empleados públicos mantienen esa jornada corta.
A un lado del ring, los defensores de la jornada flexible alaban sus lindezas: crea empleo, impulsa la economía y mejora la calidad de vida de los trabajadores. Al otro lado, sus detractores le sacan los colores: frena la competitividad de las empresas y eleva los costes de las compañías.
Lo cierto es que el hecho de que los franceses pasen menos tiempo en la oficina ha permitido que otros muchos trabajen. Se calcula que desde 1997 hasta 2002 se han creado casi 400.000 empleos mientras que el paro pasó del 10,8 al 7,9%.
Según datos de Eurostat, la tasa de creación de empleo en este periodo fue un 50% más alta en Francia que en el resto de países europeos (2,5% por año, frente al 1,6% de media en Europa). Además, el PIB ha aumentado y el poder adquisitivo de nuestros vecinos ha pasado del 2,5 al 2,8%.
En términos de consumo, la ecuación es simple: a más tiempo libre y más dinero, más horas de ocio para gastar lo ganado. En este sentido, se han multiplicado las escapadas de fin de semana y el turismo interior ha crecido hasta el punto de que en el último lustro han abierto dos escuelas de turismo. Se calcula que, además del trabajo directo generado, se han creado unos 40.000 empleos más alrededor del sector del ocio y servicios.
Las empresas, sin embargo, critican el coste que supone pagar todas las horas extraordinarias a los empleados y dicen que frena su competitividad. Pero pasar menos horas frente al ordenador no significa necesariamente trabajar menos. Por el contrario, la productividad de los franceses se encuentra entre las más altas del mundo.
Los españoles, en cambio, nos situamos a la cola de la tabla europea en rendimiento y a la cabeza en horas de trabajo. Desperdiciamos más de 1.700 horas de vida en la oficina, mientras que nuestros vecinos sólo invierten 1.600. El balance no es nada alentador: curramos más, producimos poco y, encima, cobramos menos.
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La República filosófica
Juan José Tamayo, "La República filosófica, El País, 16-I-2010
En un delicioso diálogo entre Borges y Ernesto Sábato, este pregunta qué opina de Dios. Borges: "¡Es la máxima creación de la literatura fantástica! Lo que imaginaron Wells, Kafka o Poe no es nada comparado con lo que imaginó la teología". Un siglo antes se le había adelantado Marx al afirmar que la religión es la realización fantástica de la esencia humana. Esa idea es la culminación de dos procesos que pone en marcha la modernidad en su crítica de la religión: la interpretación antropológica del cristianismo y la desmitificación de los textos del Nuevo Testamento.
Quien lleva a cabo la más radical lectura antropológica de los dogmas del cristianismo es el filósofo alemán Feuerbach en la más emblemática de las obras del ateísmo humanista del siglo XIX,La esencia del cristianismo, donde asevera que la religión es el sueño del espíritu humano, la esencia divina es la esencia humana, hablar de Dios es hablar del ser humano y el misterio de la teología es la antropología. El libro hizo furor entre los jóvenes hegelianos, hasta el punto de que uno de sus dirigentes, Arnold Ruge, resumió así la nueva situación político-cultural: "Dios, la religión y la inmortalidad quedan depuestos y se proclama la república filosófica".
Quienes llevan hasta sus últimas consecuencias el humanismo de Feuerbach son otros dos filósofos alemanes: Marx y Nietzsche. Para Marx, la lucha contra la religión es la lucha contra el otro mundo, del que la religión es el aroma espiritual. Una vez que ha desaparecido el más allá de verdad, la tarea intelectual consiste en averiguar la verdad del más acá. Ahora, la crítica del cielo se convierte en la crítica de la tierra, la crítica de la religión pasa a ser la crítica del derecho y la crítica de la teología se torna crítica de la política.
Nietzsche da un paso más. Una vez que Dios ha muerto y se ha demostrado vana la promesa de salvación en otro mundo después de la muerte, la única fidelidad a mantener es a la tierra y la respuesta a la pregunta por el sentido hay que buscarla en la historia: "¡Hermanos míos, permaneced fieles a la tierra!", es su exhortación compulsiva en Así hablaba Zaratustra.
El proceso de desmitificación del Nuevo Testamento tiene lugar en la Ilustración y llega a su zenit con la conferencia pronunciada por el teólogo Bultmann en 1941 sobre Nuevo Testamento y mitología, en la que propone un ambicioso programa cuya idea central es la existencia de una distancia abismal entre nuestra concepción del mundo, que es científica, y la que ofrece el Nuevo Testamento, que es mítica. Es esa imagen la que hay que desmitificar, cree Bultmann, para que emerja el mensaje central del Evangelio, que es palabra viva de salvación para la humanidad. Este programa, asumido por los teólogos cristianos en diálogo con la modernidad, toca de lleno la línea de flotación de los dogmas del cielo, el infierno y, por supuesto, el purgatorio, cuya existencia fue negada por Lutero por carecer de base bíblica. ¿En qué quedan, entonces, los premios que prometían y los castigos con que amenazaban los predicadores de los Novísimos en nuestra infancia nacional-católica? ¿En pura "creación de la literatura fantástica"?
Juan José Tamayo es teólogo y autor de Para comprender la escatología cristiana.
sábado, 15 de enero de 2011
Blas Villate
Un hecho poco conocido de la historia manchega; el general vasco Blas Villate y de la Hera, conde de Balmaseda, famoso por sus crueldades con los rebeldes en Cuba (mandó fusilar al poeta Juan Clemente Zenea y a ocho traviesos estudiantes de medicina por escribir pintadas), se pronunció el 29 de diciembre de 1874 en Ciudad Real, al frente de escasas fuerzas, para proclamar la restauración de la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII. Simultáneamente, el general Arsenio Martínez Campos hacía lo mismo en Sagunto. A Blas lo premiaron devolviéndole la capitanía general de Cuba.
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Túnez
Un informático en paro se gana la vida como puede vendiendo frutas; es lo único que tiene: su carrito de frutas; pero no tiene dinero para sobornar a las autoridades varias y pagarse el permiso de venta callejera y se lo confiscan; se prende fuego a lo bonzo delante del Ayuntamiento. A los pobres, quitarles lo único que tienen les afecta mucho, sobre todo si encima son sobrecualificados, como este pobre tunecino, porque entonces hay más ironía y recochineo. Si se hubiera muerto enseguida, no habría habido desorden (los muertos rápidos son muy útiles a todo poder), pero estuvo algo así como una semana muriéndose y quejándose, lo que hace más efecto, con lo que hubo una revuelta prodemocracia, o más bien prodecencia, pues el islam no es partidario de igualdades, para lo de siempre: sustituir un tirano por otro, o un tipo de corrupción por otro, quizá más leve, quizá peor. En el Magreb entienden que la democracia es una forma organizada de saqueo, o sea, más o menos lo que entre los políticos nanchegos, pero en popular; todas las cosas se solucionan dando palos al que se mueve, al que no se mueve y al que se deja de mover, como en el imperio turco; en Marruecos, incluso, hay un señor propietario del país al que estas cosas tienen que darle mal fario, por no decir al señor del desierto Gadafi y a otros chupones por el estilo. En el Magreb, como en Méjico, hay que sobornar a la policía para que trabaje de policía, porque los sueldos del estado no dan para vivir. Si te roban algo, soborna a un policía para que te lo recupere; es mejor que esperar a que la justicia funcione.
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viernes, 14 de enero de 2011
Leerse a uno mismo
Uno se lee a sí mismo y, con no poco horror, descubre a otros: espejos paralelos, pero de estatura cada vez más pequeña, como ataúdes chinos o matriuskas rusas. Leerse es como mirarse al espejo por dentro; peor, es contemplar las distintas etapas de una putrefacción que los indulgentes quieren llamar evolución. Pero uno se resulta demasiado ameno redescubriéndose menos sido, porque el olvido hace aparecer como nuevo lo que ya han olvidado las más remotas provincias del cerebro; y si además ve uno que no todo lo que ha hecho es malo y que incluso bastante es bueno, una cierta satisfacción es legítima, aunque no demasiado. Lo del templo greco: conócete a ti mismo... pero no con exceso, no sea que te transformes en un gilipollas. El autor de mis cosas es pedante y sermonea más que un cura tridentino; por cierto que alguna de las cosas que escribió hace tiempo ni imagino de qué oscuro agujero negro las habrá sacado. ¿Cómo es posible que el tipo ese encaramado a este montón de palabras tenga algo que ver con ese gordo serio y con cara de malas pulgas que dicen que soy yo?
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De los montes de piedad a los bancos impíos
Alguien, porque esto no tiene nombre, como los más sucios de los crímenes, ha decidido que las cajas de ahorros se transformen en bancos. Que las entidades que tenían por fin prestar dinero a bajo interés al pobre e invertir en fines sociales, presten a interés más alto y con fines egoístas.
Las cajas de ahorros poseen, perdón, poseían como finalidad invertir en cultura y fines sociales; ahora, tras su saqueo por parte de las autoautoridades que se autovotan por medio de su supuesta auto publicitada autodemocracia, su única salvación (que es la única que les interesa) consiste ahora en transformarse en bancos; ¿qué harán ahora para seguir robando? ¿Llegar a una nueva fase de latrocinio y convertir a los autobancos en centros de usura con sede en las islas Caimán? ¿Esos bancos que, después de largos y sufridos periodos en el poder, los contratan como consejeros en sus juntas con contrato millonario y jubilación dorada? ¿Qué les va a quedar así por robar al pobre? ¿De dónde van a sacar si ya no hay? Qué jeta, qué jeta. Y a esto lo llaman política.
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miércoles, 12 de enero de 2011
Del profesor hueso al profesor hueco. El docente y la Sociedad de la Infamación
El profesor se está convirtiendo, se ha convertido ya en un funcionario tan polivalente que no es nada o, por mejor decir, es algo que no es un profesor y sí quizá un padre amantísimo o un cura que lo perdona todo; los objetivos que enseña son tan mínimos que ni siquiera son objetivos, cuanto más los contenidos; pero, por si fuera poco esta disposición de globo henchido de nada, para lograr menos se le exigen mayores horas de trabajo, conocimientos no ya de materias específicas, sino de pedagogía general, de legislación de su ramo, de idiomas y de tecnologías informáticas, se le reclama una fatiga, una motivación y un entusiasmo máximos, se le hace evaluación externa y se le ofrecen, por el contrario, menos democracia en su trabajo, ninguna autonomía, menos espectativas profesionales, menos sueldo, menos jubilación, menos prestigio profesional, menos salidas a otra profesión, más palizas físicas, mentales y morales, ninguneo e insultos. Todas sus espectativas se defraudan; los alumnos y los padres los ven, si no con odio, con miedo y con injustificada envidia; los insultan por las calles; no existe el más mínimo deseo de saber, sino acaso de aprobar de cualquier manera y por cualquier modo que no sea trabajar y estudiar. El profesor, cuya herramienta es la palabra, ve cómo se juntan en su clase una mayoría que no quiere estudiar con la minoría que sí, de forma que los primeros impiden con su ruido que se enteren los segundos, porque ahora, en una sociedad que presupone lo bueno, como si la policía y la disciplina no tuvieran razón de ser, la palabra ha dejado de tener sentido y ya importa más por su volumen y apariencia sensible que por su contenido abstracto. "Usted diga lo que quiera, que yo escucharé y haré lo que me dé la gana" ha pasado a ser la norma general: las palabras se las lleva el viento.Enseñar es una profesión desagradable, porque el que enseña se siente instrumento de una sociedad que ya no es idealista, cuando se supone que enseñar es proponer y fomentar modelos, ejemplos, ideas dignas de estimación, salvar del pasado la identidad y el bien común. Pero en una sociedad que ya es nihilista, nada hay digno de estimación sino el propio beneficio y el perjuicio de los demás, empezando por el de los que pregonan lo contrario a lo que aparece, si no legítimo, beneficioso a hombros de la publicidad, del corrupto gobierno, de las televisiones, radios y periódicos, de las empresas, de todo.
El profesor se presenta muchas veces como un arcaísmo quijotesco, un adalid del pasado, un pasado inánime por más que venga envuelto en las brillantes armaduras de la informática, de las presentaciones powerpoint o quarkexpress, en pantalla grande, en medios audiovisuales como filminas o proyecciones. Pero el nihilista vive siempre en el presente, que es más intenso, o por mejor decir menos vago y sin arrugas, algo más definido y comercial y sobre todo menos difícil; un mal producto no se vende a una persona sabia, experimentada e instruida. Y el pasado, que es todas esas cosas, es algo que no aparece en la tele, en la radio, en los periódicos y por ende en las conversaciones que se alimentan de esas fuentes de tontería: no es objeto de predicamento, debate ni análisis en otro lugar que no sea en las aulas. El profesor se presenta, pues, desprotegido, sin ataduras en la actualidad, huérfano y desacreditado por parte de la sociedad y de todos sus medios de infamación, que conspiran para olvidar, atenuar o destruir su labor, que es la de un heraldo del saber y de la otredad, de todo lo que nos une al pasado y, por consiguiente, a un futuro mejor que el que viene.
El profesor se presenta muchas veces como un arcaísmo quijotesco, un adalid del pasado, un pasado inánime por más que venga envuelto en las brillantes armaduras de la informática, de las presentaciones powerpoint o quarkexpress, en pantalla grande, en medios audiovisuales como filminas o proyecciones. Pero el nihilista vive siempre en el presente, que es más intenso, o por mejor decir menos vago y sin arrugas, algo más definido y comercial y sobre todo menos difícil; un mal producto no se vende a una persona sabia, experimentada e instruida. Y el pasado, que es todas esas cosas, es algo que no aparece en la tele, en la radio, en los periódicos y por ende en las conversaciones que se alimentan de esas fuentes de tontería: no es objeto de predicamento, debate ni análisis en otro lugar que no sea en las aulas. El profesor se presenta, pues, desprotegido, sin ataduras en la actualidad, huérfano y desacreditado por parte de la sociedad y de todos sus medios de infamación, que conspiran para olvidar, atenuar o destruir su labor, que es la de un heraldo del saber y de la otredad, de todo lo que nos une al pasado y, por consiguiente, a un futuro mejor que el que viene.
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lunes, 10 de enero de 2011
Voluntad
Sólo con enorme esfuerzo he podido definirme, levantarme y consistir hoy. Una sensación de inutilidad avasalladora me paralizaba. Pero he echado mano de la costumbre y de la inercia, que otras veces son tormento, y me he sobrepuesto a todo, con la inestimable ayuda de mis familiares directos, de la venlafaxina y de Dios, quien a veces me acompaña cuando estoy solo. Cuánto se añora la terminación y, al mismo tiempo, cuánto se teme. Y cuánto se teme, sobre todo, el dolor de los demás. Evitar el dolor de otros más que el propio es lo que hace soportable la vida trabajando, intentando poner vendas y curando heridas. Y mi trabajo es escribir, fabular, metaforizar, leer, investigar, enseñar. Demasiado para un yo tan escaso como el mío.
En ceniza, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
Valga por Góngora y demás. No soy fumador y, aunque para mí a los fumadores habría que encerrarlos en campos de exterminio y llevarlos a hornos crematorios que los transformasen en ceniza y humo y ni siquiera les dejaría la última voluntad de fumarse un pitillo, soy tolerante, y la prohibición de fumar, aunque redunde en el bien de los camareros y demás, no debe ser demasiado estricta, tal como quieren imponer. Soporto los humos de la gente como soporto muchas cosas, empezando por uno mismo. Que es la carga y la adicción más difícil de soportar.
Todo esto a cuenta de un indignado, pero tramposillo artículo de Francisco Rico en que abomina de la ley contra el tabaco. Dice ahí que fomenta el indigno papel de psicofantes, malsines y catarriberas, agregando en postdata que no es fumador; cualquiera que lo conozca sabrá que fuma por los codos y que si lo dice tendrá una razón no venial para suscitar el reflejo automático y esperado de la imputación; es una sutileza propia de un sofista o teólogo medieval, para docere que sus argumentos hay que tenerlos en cuenta sin tener que inspeccionar la vida íntima de las personas. En eso estoy de acuerdo, porque enseguida han salido como setas los que dicen que él es fumador, dándole la razón en el sentido de que la ley autoriza la delación impune y la malsinería.
domingo, 9 de enero de 2011
La historia y la crisis
Leído por ahí; lo dicen ahora, que antes no, porque no les convenía; y no les convenía por puro nihilismo; ahora les conviene y lo dicen:
"Las crisis sistémicas constituyen el efecto y no la causa de los cambios. El pánico de 1873, que coincidió con el estallido de una burbuja inmobiliaria en Austria, corazón del imperio centroeuropeo, marcó también el comienzo del declive del británico y el inicio de la hegemonía americana. Hubo un deslizamiento de poder hacia el otro lado del Atlántico. De la Depresión de 1929 se derivó el auge de los fascismos europeos, que desembocaría en la Segunda Guerra Mundial. Hoy el poder económico, y enseguida comprobaremos que el político también, se desplaza hacia los países asiáticos, en los que el capitalismo convive con formas de vida y organización social muy alejadas de los parámetros occidentales y de la democracia representativa. [...] La respuesta es sencilla: los culpables de la crisis son los reguladores que no regularon; los controladores que no controlaron; los bancos que se implicaron en aventuras financieras de alto riesgo para sus clientes mientras ellos se garantizaban sus comisiones; los especuladores que no encontraron freno de ningún género y... los gobernantes. La eclosión de las hipotecas subprime en Estados Unidos se derivó en parte de las políticas de la autoridad federal, lo mismo que la burbuja inmobiliaria española es también consecuencia de las decisiones de cientos de ayuntamientos de financiarse a través de recalificaciones de suelo, embarcándonos, bajo la dirección y el amparo de los Gobiernos centrales y autónomos, en un modelo de crecimiento basado en el ladrillo y la consiguiente destrucción de nuestras costas. Muchas comunidades autónomas y las Cajas de Ahorro dependientes de ellas acompañaron, cuando no impulsaron de manera directa, esas políticas. La inflación de activos inmobiliarios es responsable del endeudamiento de nuestras familias, pero también de la escasez de recursos con la que ahora cuentan los municipios para honrar sus compromisos de pago y mantener prestaciones sociales que no tienen cómo financiar. La caída del mercado inmobiliario, todavía no tan estruendosa como sería preciso, afecta ahora a la financiación de las haciendas municipales y a las políticas de abundancia irresponsable que muchas de ellas practicaron."
viernes, 7 de enero de 2011
Algunos gastos a eliminar y algunas medidas a tomar
Un rey, un príncipe etcétera. Sale más barato un presidente, y sin jubilación dorada.
Salir de todos los organismos internacionales, como Suiza. Cuánto nos ahorraríamos, y cuanto dinero vendría a nuestras arcas.
Un estado de las autonomías. Sólo la de vascos, gallegos y catalanes, y con su pan se lo coman; peor para ellos, más funcionarios, corrupción y publicidad tendrán que pagar.
A la mierda un parking de coches oficiales como el que existe.
Un impuesto a la publicidad: tanto te publicitas, tanto pagas.
Revitalización del ostracismo griego, o expulsión del país al político más gilipollas.
Una política de fomento de marcas blancas.
Una desamortización de bienes improductivos.
La supresión de tantos canales de televisión autonómica aburridos, propagandistas y, sobre todo, ruinosos (esto seguro que no sale por la tele).
Una democracia tutelada como esta; sale más barata una democracia directa y rotatoria y con listas abiertas como la suiza; además, en ella no pueden autovotarse sueldos excesivos a gobernantes ni a funcionarios, porque deben siemre recurrir a referendum.
Salir de todos los organismos internacionales, como Suiza. Cuánto nos ahorraríamos, y cuanto dinero vendría a nuestras arcas.
Un senado lleno de gordos y orondos senadores. ¿Para qué sirve? Pues eso.
Un estado de las autonomías. Sólo la de vascos, gallegos y catalanes, y con su pan se lo coman; peor para ellos, más funcionarios, corrupción y publicidad tendrán que pagar.
A la mierda un parking de coches oficiales como el que existe.
Quemar la ley de edificación, y poner una que instaure las modificaciones al plano y los materiales finalizada la construcción, con multas como la anulación del permiso de costrucción a perpetuidad por infracción. Vaya si bajarán los precios.
Un impuesto a la publicidad: tanto te publicitas, tanto pagas.
Un premio a la zafiedad, consistente en una multa de quince millones de euros, en todas sus modalidades. Y en el jurado no podrían intervenir periodistas ni políticos.
Revitalización del ostracismo griego, o expulsión del país al político más gilipollas.
Una política de fomento de marcas blancas.
Una desamortización de bienes improductivos.
La supresión de tantos canales de televisión autonómica aburridos, propagandistas y, sobre todo, ruinosos (esto seguro que no sale por la tele).
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De retórica, buenazos y cabronazos.
Me escribe un licenciado en ciencias políticas argentino para darme las gracias por mi blog sobre retórica, que le ha servido para adiestrarse en la elaboración de discursos deliberativos. El hombre quiere que le corrija los progymnasmata, aunque se imagina que no podré, y acierta, porque no tengo tiempo ni para eso tampoco, aunque se me hace duro decirle que no, y no sé qué hacer. Soy tan buenazo que hasta escribo a la gente en la cárcel para consolarlos; parte de mi tragedia es no llegar a creerme que lo soy; sería más feliz o, por mejor decir, menos desgraciado. No me extrañaría que haya hecho más por la educación con los dos o tres mil artículos que he escrito en la Wikipedia, con el portal sobre lengua que hice y sus materiales, con el de retórica y con las listas de correo que he administrado que lo que hayan hecho unos cuantos profesores de lengua en toda su carrera profesional. Si suena inmodesto es porque, posiblemente, son más que unos cuantos, y con esto no le estoy quitando el mérito a nadie, porque hay gente que ha hecho tanto como yo o más.
Mucha gente de todo el mundo, en especial de Hispanoamérica -en España eso de agradecer no está de moda- me ha felicitado y gratificado por la existencia y excelencia de ese blog, que monté con mi extraordinario amigo Marcos Taracido (Marcos es de lo que no hay); es una pena que eso no cuente en méritos académicos, pues por no hacer nada han valorado más a otros (y eso me daría igual si no cobrasen más, porque yo tengo también que pagar facturas). Con frecuencia uno se siente tentado a no hacer nada y asomar la jeta, que es lo que más renta y se premia en este país de gilipollas, egomaniacos, codiciosos y sansocarrascos. De hecho, es lo que voy a hacer ahora mismo, porque ya he hecho demasiado de lo otro.
miércoles, 5 de enero de 2011
Un editorial de El País
Hace décadas que en Estados Unidos se bautizó como "índice de miseria" la suma de la tasa de paro y la de inflación. Este índice con el que la economía española concluye el año es el mayor desde el inicio de la crisis, hace más de tres años, y expresa el fracaso de las políticas económicas. A la ausencia de crecimiento se suma el contingente más elevado de españoles registrados como desempleados desde que existen datos estadísticos, y una tasa de inflación inquietante que nada tiene que ver con la anémica demanda interna. Los operadores en los mercados de deuda pública, por su parte, siguen manteniendo a los bonos españoles con una prima de riesgo elevada, alejada de la normalidad.
La transición desde tasas muy moderadas de variación de los precios, incluso de contracciones en el IPC, a tasas interanuales cercanas al 3%, como la aportada en diciembre, es una señal adversa. A los temores deflacionistas suceden los derivados de la coexistencia entre estancamiento e inflación, la temida estanflación.
Como era previsible, la elevación de los impuestos indirectos (IVA, tabacos, etcétera), el encarecimiento de los carburantes y de las tarifas de algunos servicios públicos han sido los principales responsables de ese 2,9% en que ha quedado la inflación general. La principal consecuencia de ese repunte en los precios es la erosión adicional de poder adquisitivo de las personas con las rentas más bajas. El encarecimiento de la cesta de la compra coexiste con la congelación de la revisión salarial en un buen número de trabajadores con convenio, la eliminación de los 426 euros de subsidio a los parados de larga duración o la continua caída en el valor de la vivienda, la principal manifestación del patrimonio de mucho españoles.
Al indicador de inflación ha acompañado el del paro registrado en diciembre. A pesar de la caída en 10.221 personas (la primera reducción en un diciembre desde que se inició la crisis), la cifra total es la mayor desde que se empezó a elaborar la serie. La afiliación a la Seguridad Social no deja margen a la interpretación favorable: los 27.728 cotizantes menos de diciembre son un eslabón más en la cadena de cinco meses consecutivos de caída.
Pocos paliativos pueden compensar el más grave desequilibrio que exhibe la economía española. Es probable que los próximos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), los del cuarto trimestre, ilustren el deterioro adicional en el mercado de trabajo al final de 2010. Es también probable que en los próximos meses continúe la destrucción de empleo, la pérdida de renta de los españoles con menor capacidad defensiva y, por tanto, la renta por habitante. La mezcla empobrecedora de altas tasas de paro e inflación creciente tampoco favorece la restauración de la solvencia de empresas y familias, los titulares del mayor volumen de deuda y los que determinan la salud del sistema bancario español. La única vía para superar esta situación es el crecimiento, un reto que las políticas económicas no han logrado generar en España
Buenos, malos y cuñados.
Quien haya padecido so el poder de su cuñado sabrá qué es, más o menos, un malo de película; las virtudes de mi cuñado son pocas; que yo sepa, dos: primero, dejar anoréxico un hermoso jamón pata negra nada más regalado (a mí) por otra persona, que no él (que me ha regalado un hermoso... cuchillo jamonero), y beberse mi whisky; lo que me molesta no es que se lo beba, eso me da igual, ya que soy abstemio -el whisky me lo regalaron, también-, sino que lo haga sin pedírmelo y a hurtadillas, como lo del jamón, que tenga tan mal gusto -su marca es Dyk, quien sabe si de garrafa reciclado- y que encima mi suegra lo elogie como ejemplo de férrea voluntad en dietética, como si no estuviera obligado, que no se considera, por su penúltimo infarto. ¿Pues no es esta piraña la que se ha pelado enterito un jamón ibérico que yo todavía no he ni siquiera probado? ¿No es el que se ha bebido, saltándose toda precaución médica, un tercio de mi whisky, antes de que le diera salida por el fregadero, que lo prefiero? Estos son algunos de los males que producen los cuñados, aparte de soplarte los cedés sin avisar (¿por qué no lo hace con los libros, que de esos me sobran?), hacer chistes horrendos, hacernos madrugar quedándose hasta las tantas de la noche y otras faenas varias.
Todo esto viene a cuenta de la clasificación por la AFI de la lista de los cien mejores malos y héroes del cine. De entre los treinta primeros, yo me quedo con con Gregory Peck (Aticus Finch), Humphrey Bogart (Rick Blaine, Philip Marlowe), Gary Cooper (Will Kane), Henry Fonda (Jurado número 8 y Tom Joad) , Al Pacino (Serpico) y Liam Neeson (Schindler); entre las mujeres, Sally Field (Norma Rae), Geena Davis y Susan Sarandon (Thelma y Louise), Frances MacDormand (Marge, la de Fargo) . Y uno añadiría a uno de quien nadie se acuerda, curiosamente (o no tan curiosamente, porque no es un triunfador): al Tim Robbins de Cadena perpetua.
Entre los malos, uno pondría en primer lugar a Kevin Spacey (el John Doe de Seven), de quien nadie se acuerda, y reflexiona sobre que muchos de ellos son cosas, máquinas o medio máquinas. En la lista uno echa de menos a Galactus, uno que pasa hambre de verdad; a Sauron sin lentilla, a Freddy Kruger, que lo debe pasar muy mal cuando se rasca, a Magneto, que hay que alejar de las cintas, al Duende verde, al señor Burns, a los Borg, al Fumador, al coronel Kurz, a JR Ewing, a Falconetti, a la Reina Roja, a Mística, a Fénix y, último pero no menos importante, al cariñoso Dennis Hooper (Frank Booth).
Pero, entre los elegidos, por supuesto, a Anthony Hopkins (Hannibal Lecter y otro del que no se acuerda nadie, el mago y ventrilocuo Corky Whiters), Darth Vader, Malcolm NcDowell (Alex Delarge, el de La naranja mecánica) Robert de Niro (Max Cady), Hal 9000, Charles Laughton (todos los malos que hizo), Orson Welles (Harry Lime), y Robert Mitchum (Harry Powell, Max Cady etc.); entre las mujeres, primerísima, insuperable, Glen Close (Atracción fatal, Las amistades peligrosas, etc), seguida de cerca por Cathy Bates (enfermera Annie Wilkes en Misery), Linda Blair (niña de El Exorcista) y otra enfermera, Louise Fletcher, la de Alguien voló sobre El nido del cuco. Las enfermeras y las niñeras, uno no sabe por qué, dan mucho juego como malas; debe ser porque uno las asocia con lo bueno y lo maternal, inevitablemente.
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Aclaración sobre Serpico
martes, 4 de enero de 2011
Un misionero protestante alemán en Camuñas
Acabo de terminar la biografía de Federico Fliedner para la Wikipedia; era una injusticia la cometida con este gran hombre la de que no se le recordara en ella; fue el único que se atrevió a bajar a las barbas del Arzobispo de Toledo para hacer misión protestante a los manchegos; la Guerra Civil y el Franquismo casi acaban con toda su obra; por lo menos ahora será más difícil olvidar todo cuanto hizo por nuestro país.
De Aus meinen Leben, II por Federico Fliedner , Editorial Martin Warneck, 4ª Edición, Berlín 1903 páginas 134-141, traducido por Catalina Fliedner y Brown.
Camuñas es un pueblecito en la bien conocida región de la Mancha. Fue ésta el escenario de las hazañas del célebre Don Quijote, el caballero de la triste figura. No lejos de Camuñas están Argamasilla y la misteriosa cueva de Montesinos, bien conocidos de los lectores de Cervantes. Y como en aquel entonces Cervantes describió la vida y milagros de los manchegos, así sigue siendo hoy en día. A cada paso se tropieza con idénticos personajes, idénticas costumbres, como si desde entonces no hubieran pasado tres siglos por La Mancha. En Alcázar de San Juan nos esperaba Félix Moreno Astray, predicador de la congregación, bajito, pero muy activo, que había sido antiguamente cura romano en Galicia. Le acompañaban otros tres “hermanos” es decir miembros de la congregación. De uno de ellos eran el carro y la mula que habían de llevarnos a nuestro destino que distaba de allí unas cinco horas. La totalidad del mueblaje del coche improvisado se componía de un fusil grande y de un jergón; pues aunque ahora existe una tranquilidad completa en el país, gran parte de la población no puede ya separarse por costumbre de su carabina. El jergón se había traído naturalmente solo en honor del invitado y para su alivio, pues los demás se acurrucaban medio sentados en la delantera del carro. Nos pusimos en camino en la noche oscura, desde las dos de la mañana hasta las ocho pasando por carriles muy trillados, una prueba para la paciencia y para los huesos; pues aunque no se pudieran contar se les sentía y no había porqué quejarse pues todos pensaban, en su amabilidad, que yo estaba descansando en mí jergón como príncipe, así que hube de ocultar, que estaba molido. Lo que son los muelles para un carruaje, los manchegos lo desconocen hasta ahora y lo que son caminos buenos, igualmente. Las ruedas se hundían una vez en un lado otra vez en otro, yo sin quererlo, saltaba de mi jergón, para volver a caer con mas dureza y mis amigos, en le carro, brincaban y se inclinaban hacia delante, hacia atrás, aunque, sin duda estaban más acostumbrados a mantener el equilibrio, que el novato que yacía en el jergón. A quien más le gustaba, al parecer, el camino era a la mula pues era imposible pensar en un rápido progreso, dada la índole del camino.
Como era noche cerrada, no había más remedio que aguantar esa tortura, pero al amanecer, salté del vehículo y acompañe, con mis amigos, a pié, el carro, por la campiña seca y polvorienta, Es de saberse que La Mancha es la región más seca de España, donde no sobra el agua, además llueve poco y nunca durante mucho tiempo seguido. Ya nos tropezábamos con los labriegos con sus bueyes fuertes y pesados, que querían aprovechar la mañana temprana para labrar sus campos, cosa imposible más tarde, con el ardor del sol. Saludaban alegres con la cortesía innata aún del más humilde español. La conversación con los compañeros de viaje resultaba viva, a menudo festiva, por la gracia natural y los refranes enjundiosos de que dispone el pueblo. Sin embargo, pronto se cansaron de andar y como no quería que estos amigos, que habían venido a mi encuentro durante la noche, notaron lo desagradable que era para mí, viajar en carro, volví a subir a él. Pasamos la aldea de Villafranca de los Caballeros; cuesta arriba se iba mejor, pero cuesta abajo se recobraban con creces los golpes que habíamos eludido al subir, así que de seguro el escudero leal Sancho Panza en todas sus hazañas no estuvo tan molido como yo cuando, por último, el carro se detuvo en Camuñas y la esposa bajita de Astray me tendió la mano de bienvenida.
Pronto se olvidaron todas las peripecias del viaje, pues mientras tomábamos el desayuno nacional corriente, el chocolate, acudieron uno tras otro los miembros de la congregación tendiéndome la mano para saludarme, pudiéndosele ver en la cara cuan sinceramente se alegraban de divisita. Cada cual contaba algo de la historia de la congregación. Uno año antes, aproximadamente (este relato se escribió en 1871) unos habitantes del pueblo al ir a Madrid, habían entrado en una iglesia evangélica. Lo que allí oyeron de la nueva doctrina o mejor dicho del Evangelio eterno, les agradó. Provistos de Nuevos Testamentos volvieron a casa y al poco tiempo se les unieron tantos amigos que pidieron urgentemente un pastor. Entonces fue allá Astral, quién educado en un seminario de curas en Galicia, ya pertenecía desde hacía bastante tiempo a la iglesia evangélica de Madrid, donde había seguido recibiendo instrucción. Desde entonces celebran regularmente los domingos y una vez a la semana un culto; al mismo tiempo Astray y su señora han empezado con un colegio de niños y niñas, al que acudieron tantos que ni les alcanzaban sus pocas fuerzas mi había lugar suficiente en la casa. El movimiento en el pueblo fue tal, que el capellán romano se vio sin trabajo y puso pies en polvorosa. De aprovecharse bien esta ocasión acaso hubiera sido posible ganar la iglesia para los que se consideraban pertenecer a la congregación evangélica, que eran, por mucho, la mayoría de los habitantes. Sin embargo, lo impidió el arzobispo de Toledo, obligando a otro sacerdote a que se hiciera cargo de ese puesto. Así que los evangélicos solo pudieron reunirse para sus cultos en la sala de uno de los más importantes miembros de la congregación. Su mayor deseo era tener iglesia propia y casi todos los que me estaban hablando terminaban pidiendo ayuda para la construcción de una iglesia.
El día pasó rápidamente con visitas y conversaciones individuales con las personas que se granjeaban casi todas las simpatías por su modo de ser tan sencillo y natural y por su afán sincero y su franqueza. Al anochecer era jueves se celebró un culto como de costumbre Al cantar revelaban muy buena voluntad y muy poca práctica. El sermón de Astray sobre Juan 3,16 fue muy sencillo, e interesante exponiendo claramente el camino de salvación. Añadí unas palabras basadas en Juan 6,67 y siguientes y en conversaciones posteriores me convencí de que los oyentes no habían solo comprendido al forastero a pesar de su acento deficiente, sino que no pocos de ellos ya hacía tiempo, habían llegado a amar las palabras de la vida eterna. Después del culto permanecieron reunidos muchos de ellos y el padre de familia me empujó al piano, que por ser el único en Camuñas, gozaba de no poca fama. Con cuanta atención escuchaban todos, recogidos, los acordes magníficos de nuestros himnos sencillos y al ver que a la música se unía el texto en español, no se cansaban de pedir más y más himnos nuevos, así que sin darnos cuenta llegó la media noche advirtiéndonos que habíamos de separarnos.
Al día siguiente fui con unos cuantos a la plaza en el centro del pueblo para ver donde se pensaba construir la iglesia nueva. Se podrá construir con pocos gastos, relativamente, pues podrá edificarse como casi todas las casas allí con adobes pues como el tiempo suele ser muy seco los muros resisten bien.
Asintieron de buena voluntad, cuando se les advirtió que ellos mismos deberían empezar a recaudar fondos (muchos ya habían prometido su trabajo para la construcción) también demostraron que su asentimiento no era una promesa vana, pues poco tiempo después organizaron entre sí una colecta, que casi alcanzó los 300 duros, una suma que ha de apreciarse tanto más, cuánto que los últimos 3 años los habitantes de la Mancha padecieron malas cosechas.-Con el mismo carro de Daniel, en el cual volví a deslizarme, con oculto temor, casi como Daniel en la cueva de los leones, acompañado igualmente del predicador y de tres hermanos, emprendí el viaje por la tarde a otra estación, no siendo el camino mucho mejor que anteriormente. Sin embargo, a pesar de la fatiga del carro puede asegurar con alegría a mi gente al despedirme que volvería, pues la congregación pequeña que había llegado a conocer en Camuñas, bien vale la pena de pasar algunos inconvenientes en el viaje.-
Sigue D. Jorge:
Mi padre estuvo más de una vez en aquella aldea. Cuando, anteriormente los amigos de otros países, que habían sido los primeros y principales en ayudar, se retiraron, quedaron los alemanes para prestar ayuda, de forma que, excepto de los fondos que allí se recaudan, es ahora la misión alemana la que sostiene toda la obra. En 1874 se compró una casa, no la que se había elegido en el principio sino una mejor, en la que están reunidas la escuela la iglesia y la vivienda. En abril de 1874 escribe mi padre: “Ahora sabemos por qué Dios nos hizo esperar. La buena voluntad con la que han contribuido los miembros de la congregación ha de apreciarse tanto más, cuánto que los miembros de la congregación son ahora víctimas de una plaga de langostas. Cuán terrible es esta plaga, se comprenderá, al oír que en una sola aldea han enterrado más de 750 quintales de estos insectos y aún siguen destruyendo del mismo modo a diario 350 quintales y más, incluso el tren se ve impedido por las langostas pegadas a los raíles y precisa 2 máquinas para poder avanzar. Los habitantes de Camuñas dependen de los ingresos de sus campos, la mayoría son jornaleros que se dispersan en verano en varias direcciones para la siega y no vuelven hasta el otoño. Por su pobreza dependen muchísimo del único rico en el pueblo, y como éste empieza ahora a oponerse al evangelio que antiguamente favorecía, también se nota su influencia en la congregación. Pero eso ya pasará, esperamos. El cura romano se ha marchado del pueblo, solo todos los domingos viene otro de un pueblo cercano a celebrar misa. Las escuelas no han perdido nada. La asistencia es tan grande, que Astray y su señora pasan lo suyo para seguir adelante. Se planta con facilidad la siega, pero es Dios quien ha de dar el crecimiento”. En abril de 1880 escribe D. Federico; “Nuestro amado y fiel colaborador, el pastor Félix Moreno Astray descansó en la paz del Señor en Camuñas el lunes 19 de Abril.
Es verdad que estuvo padeciendo algunas semanas antes, pero esperábamos que Dios nos le conservaría a nosotros y a la pequeña congregación atribulada por mucho tiempo, pero él estaba preparado para su fin. Poco antes llamó a su señora y a su jito Ángel, de nueve años, a su cama, los bendijo e igualmente a los miembro de la congregación que le rodeaban. Luego se durmió en paz y su rostro, aún en la muerte conservó la expresión apacible de transfiguración celestial. El entierro se verificó en silencio y con orden; incluso sus enemigos se mostraron ahora amables. Tras una lucha ruda y duro sufrimiento dejó de padecer y nos alegramos juntamente con el buen siervo y fiel que entró en el gozo de su Señor. Una lápida sencilla en la que se ven grabados en relieve una Biblia con la cruz y la calma cubre su sepultura. Al pie, recodando las muchas persecuciones a que se vio sometido y su larga y penosa enfermedad, se leen las palabras: Tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada. (Rom. 8.18).
En 1882 ocupó su puesto D. José Marcial. Entre tanto D. Federico había seguido visitando la congregación desde Madrid dos veces al mes, para fortalecerla, bien necesitaba este aliento, pues acaso ninguna otra en España ha sido atacada tan a menudo y con tanta saña como ésta, y ningún otro pastor ha tenido que padecer tanto como el pequeño y valiente Astray. No voy a hablar ahora de ello, en un capitulo posterior que trata de la tolerancia religiosa en España se mencionan dos incidentes que tratan de una parte de los padecimientos de esta congregación. Ahora está allí D. Manuel Rodríguez como maestro, asturiano, del que se hablará más adelante y que trabaja allí fielmente con bendición.”
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La gente es buena, pero no como Frank Serpico.
La gente es lo mejor de un mundo donde tantas cosas maravillosas hay. Uno podría poseer todo el mundo para sí y añorar a la gente, o cuando menos a alguna gente. Así que no la menospreciéis, porque la gente es maravillosa (salvo excepciones) y la gente, en particular la familia y los amigos, son lo más valioso que tenemos. Con vosotros, amigos, querría estar siempre.
Pero la gente es muy diversa. Un setenta por ciento se convence con emociones más que con razones o golpes. Un veinte por ciento, más o menos, con razones más que con emociones; y el diez por ciento restante, a golpes, bofetadas y puñetazos (casi todos estos están ya en la cárcel u opositan a ella). Este diez por ciento puede sumarse o no al otro setenta por ciento, pero ese setenta por ciento no merece que lo asocien con él, aunque se lo engaña tan fácilmente que muy bien ese diez por ciento, si es un poco listo y usa su astucia sometida a la fuerza, puede dominarlos.
Eso no quiere decir que los brutos no posean inteligencia ni que los inteligentes no tengan sentimientos, etcétera. Significa sólo que en cada uno de nosotros una parte está más desarrollada y las otras dos son más rudimentarias: no todos pueden desarrolarse equilibrada y completamente, es más, es casi imposible lograr algo así.
Uno los puede ver en una comunidad de vecinos. Los pocos y los muchos, siempre los mismos, siempre iguales. Un diez por ciento de gilipollas, un setenta por ciento de comparsas y un veinte por ciento de gente razonable. Y la proporción se repite invariablemente, salvo en política. En política hay un cien por ciento de gilipollas.
He visto una película ayer. La debo haber visto cinco o seis veces ya. Se trata de Serpico. Yo recomendaría que la vieran los que pretenden hacer de quijotes; por casualidad, mis amigos echan en su cineclub Simón del Desierto de Buñuel, que también va de santos (San Simeón el Estilita, en concreto) y desagradecidos. Verán que todos acaban muertos o apaleados, pero son necesarios para cambiar las cosas a mejor y no a peor. El mismo Cristo era un quijote, como bien supo ver Dostoievski en su insuperable Idiota, el príncipe Misjin. Por eso lo pongo en morado, que es el cárdeno color de los palos. Dostoievski leía cuando compuso esta obra a Nietzsche y a Cervantes; menuda mezcla. Sólo una cabeza balcánica, o cuando menos eslava, podía sacar algo de esa paradoja entre héroes egoístas y generosos.
En realidad Serpico es una obra cómico-trágica, como la vida misma; es un placer ver a un womanizer como Al Pacino interpretar a un personaje real entre paredes con desconchones y hombres cosidos a balazos y cicatrices, haciendo de poli bueno pobre y honrado y repitiendo que hay sobornos en la policía y que le trasladen a una sección donde haya gente como él (que no hay, para su desgracia) a su novia, sus jefes y sus amigos hasta que se queda afónico, sin novia, sin jefes, sin amigos, en coma, con un tiro en el cráneo, con placa de oro del departamento y jubilata o "expulsado del cuerpo" como un excremento. "¿Cómo? No le oigo", "no le entiendo bien", "me has interpretado mal", "no, no es eso lo que digo", "yo se lo diré al jefe", "creo que algo me dijeron, hace mucho". Estas sorderas, círculos viciosos, dificultades, tropezones y lentitudes al beneficio colectivo me suenan mucho. Son frases comunes entre los corruptores de mayores. Otras: "No lo veo claro", "espere a que le llamen", "rellene un formulario y espere"... más silencio administrativo. Eso sumado al acoso laboral, el cachondeo, los corrillos, la memoria creativa o abiertamente mentirosa, el corporativismo, el dinerillo, la politiquilla, el escalafoncito, el ninguneo. Luego está, por añadidura, el olvido interesado, el rodeo excéntrico, la acumulación burocrática, la manipulación, el rumor malsano, la imputación paradójica y la posposición indefinida, procedimientos todos que adornan las parábolas, nunca mejor dicho parabólicas, de Kafka.
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