lunes, 19 de octubre de 2026

Exposición de Dalí en el Thyssen

  I

 Aún quedan cosas por descubrir de Dalí en el Thyssen, pero no se olvide de pedir cita con el psiquiatra a la salida, en El País, Ana Marcos, Madrid - 19 OCT 2026:

El museo expone más de 130 obras del artista surrealista que ahondan en la influencia que tuvo Freud sobre su obra antes y después de conocerle

El universo freudiano de Dalí es el título de la nueva exposición temporal del Museo Thyssen de Madrid que, a priori, puede sonar a antológica ya vista o a otra exposición que redunda sobre una influencia ya conocida en el argumento pictórico del gran artista del surrealismo. Pero que, sin embargo, tiene la habilidad del descubrimiento de nuevos aspectos de un creador del que a veces parece que ya se ha descifrado hasta la entraña todo su universo paranoico. Jaime Brihuega, comisario de la muestra y ojo experto en las vanguardias, define esta retrospectiva de más de 130 piezas como “una colección de obras maestras a las que te asomas como a una ventana, las abres y te absorben hasta tal punto que no encuentras el final”. Por eso, recomienda una cita con el psiquiatra a la salida. Aviso para visitantes.

El aperitivo que explica parte de las obsesiones y los complejos de Dalí es explícito y contundente desde la primera sala. El artista perdió a su madre y sintió la orfandad desde la adolescencia, aterrado por la figura autoritaria de su padre y marcado por la muerte de un hermano del que heredó su nombre. Con su hermana no solo practicó la fraternidad, sino que su relación se acercó más al incesto. “La imagen de mi hermana / el ano rojo / de sangrante mierda / la polla / seminflada / apoyada con elegancia / contra / una inmensa / lira / colonial / personal…”, escribe el creador en L’amour et la mémoire (1931), se lee en la cartela situada al lado de Retrato de Anna Maria, el nombre de su hermana. “Todo está explicado en estos textos, en las audioguías y en códigos QR”, dice el también profesor de historia del arte, consciente de la complejidad del universo daliniano, sobre todo en sus primeros años cuando ni el propio artista era capaz de dar salida a sus traumas.

Esa materia prima con la que fue moldeando su personalidad comenzó a encontrar algunas respuestas cuando llegó a Madrid en 1922, a la Residencia de Estudiantes, donde conoció a intelectuales como Federico García Lorca y Luis Buñuel, también muy presentes en la exposición, que se podrá ver hasta el 24 de enero. “Con ellos dará forma al primer surrealismo español y también completará su mundo ya complejo”, continúa el comisario. “Así consolidó su identidad visual, donde mostraba sus miedos, complejos, frustraciones y su obsesión por los elementos de carácter sexual”.

En las vanguardias también encontró los textos de Freud y comenzó la verdadera metamorfosis de su personalidad. “Esos complejos ya son escritura y pintura, su mundo interior sale sin complejos ni vergüenza al exterior”, relata el experto, “son vocablos figurativos que construyen su lenguaje”. Brihuega lleva años sumergido en estos sintagmas y cada vez, reconoce, le afectan más, tanto que se cuelan en sus sueños y desarrolla teorías con cada uno de los elementos que Dalí incorporó a sus obras a partir de mediados de los años veinte del siglo pasado. “Su dialéctica se debatió en diversos oxímoron: amor y muerte, atracción y repulsión, asco y apetito”, continúa el comisario en un breve repaso por las temáticas que recorren los cuadros de la muestra.

Ya inmerso en el surrealismo de París liderado por André Breton, Dalí hace varios intentos por conocer a Freud en distintos viajes a Viena y finalmente lo consigue en 1938 en Londres. “Iba enloquecido, al otro le daban igual esos locos surrealistas”, recuerda Brihuega, que ya en 2022, en el Museo Belvedere de la capital austriaca, había estudiado este encuentro para una exposición más pequeña, de gabinete, que ha sido el germen de la que se inaugura ahora en el Thyssen. “Se presenta ante él, le explica su método paranoico-crítico con el que se había vinculado al psicoanálisis freudiano [para Dalí la paranoia era un estado de gracia] y le lleva el cuadro La metamorfosis de Narciso”, dice el comisario, una de las pocas piezas que no están en la muestra. El experto se ha encargado de conseguir algunos bocetos de elementos de la pieza, y un amuleto romano de una mano que representa un huevo que le gustaba a Freud y que el artista colocó en el centro de su tela. Por eso, cree Brihuega, Freud no le ignora, como había hecho con sus colegas surrealistas, sino que llama su atención y sentencia: “Nunca vi ejemplar más completo de español. Que fanático”.

En otras ocasiones, los museos han dado por zanjada la relación de Freud y Dalí en este encuentro, pero Brihuega y el Thyssen ahondan una década después. El artista catalán se había entregado a Einstein, la materia subátomica, el universo, la ciencia, con un poco de aliño de religión, pero siempre con el sexo de fondo en un ejercicio que no solo fue una mezcla de estilos, sino de mayor indefinición en lo que respecta al sexo porque sus figuras son cada vez más hermafroditas o bisexuales. Aun así, con el paso de los años, Freud y el psiconálisis se mantuvieron como el sustrato que abonó la siguiente etapa de su legado. Por eso, a la salida, además de llamar al terapeuta, ese esbozo de lo freudiano impacta en un monumental telón colocado en el vestíbulo del Thyssen que se llama Tristán loco, otra señal para marcar el teléfono de ayuda.

II

Una exposición revela cómo Dalí transformó Estados Unidos y su cultura, en El País Maye Primera, Miami - 27 JUL 2026;

El Dalí Museum de San Petersburgo, Florida, reúne una colección que abarca cuatro décadas de vida y obra del artista en el país, en conmemoración de los 250 años de EE UU

Desde que atracó en Nueva York la primera vez, en 1934, Salvador Dalí fue más que un pintor en Estados Unidos. Aquí diseñó vidrieras, organizó la fiesta surrealista de la década, trabajó en Hollywood sin poder llegar a la pantalla, diseñó joyas, escribió memorias y fue una celebridad de los late night shows.

“Dalí transformó Estados Unidos solo con ser parte de la cultura”, asegura el curador Peter Tush, que reunió una colección de piezas que relatan cuatro décadas de vida y obra del artista catalán en Estados Unidos en la exposición Dalí América, que se exhibe en el Dalí Museum de San Petersburgo, Florida, hasta octubre.

“Aportó una combinación de ligereza y visión que Estados Unidos nunca había experimentado. Con el tiempo, ofreció un nuevo modelo de lo que podía ser un artista: entretenido, ingenioso, completamente excéntrico”, comenta Tush durante una entrevista virtual con EL PAÍS. Las pinturas, videos, fotografías y objetos reunidos en esta exposición cuentan la historia de los cuatro primeros viajes que hizo Dalí a Estados Unidos entre 1934 y 1939 y de los ocho años que vivió como refugiado en Pebble Beach, California. Habla también de su paso por el cine de los cuarenta, de sus trabajos con Walt Disney y Alfred Hitchcock que acabaron en frustraciones y de cómo Hollywood transformó su obra, pese a que nunca triunfó en el cine.

La pieza central es la pintura de la colección del museo titulada El descubrimiento de América, donde Dalí se sitúa a sí mismo como un fraile que acompaña a Cristóbal Colón, un explorador que descubre un nuevo mundo rodeado de referencias de su tierra: San Juan de la Cruz, San Narciso y el milagro de las moscas de Girona. “Es una pintura que también celebra la idea de la transformación de Dalí, pues la experiencia estadounidense lo convirtió en quien es. Con esa pintura encontró una manera de reunir estas tres partes de su identidad: español, catalán y también estadounidense”, apunta Tush. Luego, el recorrido muestra la fascinación mutua entre Salvador Dalí y la gran pantalla.

“Estoy en Hollywood, donde he entrado en contacto con los tres surrealistas estadounidenses: Harpo Marx, Walt Disney y Cecil B. DeMille. Creo que los he embriagado lo suficiente y espero que las posibilidades del surrealismo se hagan realidad”, escribió Dalí en una carta dirigida a André Breton, fundador y principal teórico francés del surrealismo. “A Dalí siempre le fascinó la idea de Hollywood. Siempre fue su objetivo no solo conectar con estas figuras, sino también crear algo grande con esa especie de máquina de sueños. Su gran tragedia es que no estaba preparado para la enorme dificultad burocrática que implicaba llevar una visión a la pantalla”, apunta el curador.

En esa época, las visiones del pintor para la gran pantalla acabaron en frustración. En 1945, Dalí fue contratado por Alfred Hitchcock para crear la secuencia de un sueño para la película Spellbound, un thriller protagonizado por Ingrid Bergman y Gregory Peck donde ocurre un asesinato y dos psicoanalistas utilizan el análisis freudiano de los sueños para resolver un crimen. Pero solo fueron utilizados dos minutos de una secuencia de veinte que había animado, con ojos colgantes y con relojes derretidos.

Lo mismo le pasó después con Walt Disney, que en 1946 lo invitó a trabajar en un cortometraje que sería una secuela de Fantasía y que contaba la trágica historia de amor de Cronos, el dios del tiempo, y una mujer mortal llamada Dahlia. Durante ocho meses, Dalí trabajó de ocho a cinco en los estudios de Burbank, pero el producto final no salió a la luz. Pese a estos fracasos, Tush cree que toda la forma de ser artista de Dalí se forjó allí: “La idea de la celebridad, la idea de usar la imaginación para crear algo, un espectáculo que iba más allá de lo que habíamos imaginado. Incluso la forma en que abordaba sus pinturas parecía construida en gran medida sobre un modelo que Hollywood le proporcionó”.

En 1941, cuando el artista vivía en el hotel Del Monte de Pebble Beach y apenas comenzaba a desarrollar sus ambiciones en el cine, él y Gala convencieron al dueño del hotel para organizar una fiesta para recaudar fondos para los artistas refugiados en Estados Unidos que huían de la guerra: “Una noche surrealista en el bosque encantado”, la llamaron y todo en ella fue desmesurado.

La lista de peticiones de Dalí incluía una jirafa bebé, tres cabras, casi cinco libras de papel periódico, un auto accidentado y 2.000 pinos. El zoológico de la ciudad de San Diego envió más de 20 especies de animales, desde monos que paseaban por el salón hasta leones. Asistieron unas 1.000 personas que hasta volaron desde Nueva York, figuras como Gloria Vanderbilt, Clark Gable, Bob Hope, una combinación de alta sociedad y élite del entretenimiento. Pero el evento terminó costando tanto dinero que no recaudó ni un centavo. “Todo era enorme, excesivo. Pero todos estaban dispuestos a hacerlo posible. Todo lo que Dalí quería, lo conseguía”, concluye Tush.

La muestra incluye videos de las intervenciones de Dalí en los talk shows estadounidenses: What’s My Line, en enero de 1957; The Ed Sullivan Show en enero de 1961 y The Dick Cavett Show en febrero de 1973. También se pasea brevemente a través de fotografías por la época en que Dalí y Gala fueron invitados por uno de sus mecenas a una plantación de Virginia, donde él escribió la autoficción La vida secreta de Salvador Dalí, y coincidió con los escritores Anaïs Nin y Henry Miller y uno de los joyeros de Coco Chanel. Más adelante, en Confesiones Inconfesables, el pintor escribió sobre su paso por Estados Unidos: “Solo América era lo bastante rica para satisfacer mi yo hipertrofiado y soportar mis caprichos”.

III

Exposición temporal. El universo freudiano de Dalí, Museo Thyssen, del 20 de octubre de 2026 al 24 de enero de 2027

La relación de la obra de Salvador Dalí con los escritos de Sigmund Freud constituye una de las claves fundamentales que articulan su poética visual. Las condiciones que rodearon la infancia y adolescencia del pintor de Figueras crearon el caldo de cultivo para esta relación, que acabó convirtiéndose en una auténtica obsesión y que desembocó en la entrevista entre ambos en 1938, cuando Freud estaba exiliado en Londres. 

Dalí tuvo acceso a traducciones de la obra de Freud desde principios de la década de 1920, cuando se alojaba en la Residencia de Estudiantes de Madrid. A partir de 1926, su obra se vincula progresivamente a la poética del surrealismo, inspirada a su vez por el médico vienés. A ella contribuyó de forma determinante con su "método paranoico-crítico", desarrollado a partir de los escritos de Freud. Con posterioridad a la entrevista londinense, elementos freudianos siguieron muy patentes en su periodo místico-nuclear. 

A través de esta exposición, comisariada por Jaime Brihuega, el museo busca arrojar nueva luz a la heterogénea y prolífica obra de Salvador Dalí. La fascinación del artista catalán por los escritos de Sigmund Freud y el célebre encuentro entre ambos en 1938 constituyen el hilo conductor de la muestra, que propone una relectura del conjunto de su carrera, desde el complejo universo familiar de los primeros años hasta sus creaciones tardías en Cataluña. La exposición se organiza en seis secciones, dispuestas cronológicamente y vinculadas a capítulos decisivos de su biografía. Cada una de ellas se centra en obras de Dalí relacionadas con el pensamiento freudiano y se completa con pinturas y dibujos de referencia de Jean-Auguste-Dominique Ingres, Gino Severini, Jean Arp, Kurt Schwitters, Federico García Lorca e Yves Tanguy, así como de Santiago Ramón y Cajal y el propio Sigmund Freud.

IV

Dalí en la Real Academia de San Fernando. Un alumno díscolo e insolente expulsado a perpetuidad, en El País, Elisa Silió, Ruth Benito, Madrid - 10 MAY 2026

La Universidad Complutense atesora sin ninguna promoción documentos que reconstruyen el accidentado paso hace un siglo del pintor por el centro, reconvertido hoy en su facultad de Bellas Artes

El 14 de junio se cumple un siglo de una fecha que marcó la vida de Salvador Dalí (Figueres, Girona; 1904-1989): su segunda expulsión, a perpetuidad, de la Escuela Especial de Dibujo, Escultura y Grabado de la prestigiosa Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando de Madrid. En un ambiente tan reglamentado se sentía incómodo y, quizás por ello, esta formación académica ha quedado opacada en la literatura científica. Dominan sus correrías esos años en Madrid ―los más felices de su vida, según él mismo contó― junto a Federico García Lorca, Maruja Mallo o Luis Buñuel, sus compañeros en la Residencia de Estudiantes y fuente recíproca de inspiración artística.

Pero gracias a los archivos de la Universidad Complutense (UCM) ―en 1970 la escuela pasó a ser su facultad de Bellas Artes― EL PAÍS puede ahora reconstruir las andanzas de Dalí en las aulas mediante certificados de notas, cartas del padre o un expediente disciplinario casi inéditos. La difusión es escasa. Hay registro de consultas de estudiantes o de investigadores ―como el hispanista Ian Gibson―, de una petición del Museo Reina Sofía para una exposición y de unos cineastas coreanos que hacían una película sobre el genio.

El expediente (AGUCM 136/06-17, 40) y las actas de calificaciones (AGUCM 107/09-08) de Dalí se conservan en el Archivo Histórico de la UCM, mientras que los libros de matrícula, una de las cartas del padre y el dictamen de expulsión se pueden consultar en el Archivo Histórico de la Biblioteca de la facultad de Bellas Artes. Ambos espacios cuentan con el personal mínimo, por lo que nadie puede dedicar todo su tiempo a la digitalización y promoción del valiosísimo material. La consulta hecha por este diario sobre Dalí ha propiciado que se digitalice y que se vaya a exhibir en su página.

“Nosotros hacemos un servicio transversal. Tenemos función administrativa, pero también de fondo histórico. Aquí no viene mucha gente de consulta como si fuese un museo”, sostiene Ana Rocasolano, directora del Archivo General de la UCM, que está en Derecho. “Esta universidad tiene un gran patrimonio, abrumador, por la importancia que siempre ha tenido; pero su función estricta no es el patrimonio, sino la formación”

Dalí se instaló en la Residencia en septiembre de 1922. Desde allí tramitó su ingreso en la escuela. Se conserva la carta en la que solicita hacer la prueba, un dibujo de una escultura al claroscuro, y el resguardo de las costas. Hasta hace 30 años la facultad de Bellas Artes mantuvo un ejercicio idéntico. Desde 2008 no hay prueba específica, pero la nota de corte de la PAU es muy alta: 9,9 sobre 14 este curso.

Vistas las cualidades artísticas de Salvador Dalí, su padre accedió a que se formase como pintor en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, en Madrid, a 700 kilómetros de su casa en Figueres. El 11 de septiembre de 1922 pagó los costes del examen de ingreso y ya estaba hospedado en la Residencia de Estudiantes.

Dalí envió una carta con su candidatura al director “suplicando” poder hacer el examen con una caligrafía primorosa que alababan sus profesores del instituto. No está datada.

Adjuntó su partida de nacimiento y sus notas de Bachillerato para quedar exento de más pruebas de acceso que el ejercicio de dibujo de escultura al claro-oscuro, pues de esta forma demostraba tener una formación académica "suficiente”. Tenía 18 años y un año antes había muerto su madre.

También Dalí incluye una fe pública notarial firmada por su padre, Salvador Dalí i Cusí, que era notario en el pueblo y con el que mantuvo una relación tormentosa. Llegó a desheredarle.

Y sumó lo que se conocía como certificado académico personal. Este documento incluía sus notas, muy dispares, en el Instituto General y Técnico de Figueres durante seis cursos (de 1916 a 1922). Era un alumno mediocre en ciencias y sobresaliente en Dibujo, Religión, Caligrafía o Historia de la Literatura. Desde adolescente preconizó en su diario que un día sería una estrella del arte, como así ocurrió.

Dalí tenía entonces 18 años y uno antes había muerto su madre, Felipa Domènech. Por eso viaja a Madrid acompañado por su padre, el notario de Figueres Salvador Dalí i Cusí ―con un destacado papel en esta historia― y su hermana Anna Maria. Vistas sus habilidades artísticas, su progenitor, que aspiraba a que su hijo tuviese una profesión de provecho, cedió y le animó a que ingresase en la escuela para ser en un futuro profesor de Dibujo. Aprobó y se matriculó en las cinco asignaturas de primero.

Dos años antes de que Dalí llegase a la escuela, en 1920, las alumnas habían conseguido, tras firmar una carta de protesta, poder matricularse de todas las asignaturas. Hasta entonces no podían cursar dibujo al natural, por temor a los desnudos, ni pintar al aire libre porque no salían de casa sin la compañía de un familiar. Maruja Mallo estaba también matriculada.

Dalí pasó los primeros meses en Madrid yendo y viniendo en tranvía a la Academia de San Fernando ―en la calle Alcalá 13, donde continúa la institución ya sin la escuela― sin apenas hacer vida social. Sus compañeros de la residencia le recordarían luego como un joven extremadamente retraído, casi mudo, que se encerraba en su cuarto a buscar su propio estilo pictórico. Se movía entre el cubismo, el futurismo y la metafísica y realizaba, además de autoretratos, muchas naturalezas muertas, como las que presenta en la exposición de Artistas íbéricos de 1925.

No hay un documento que dé fe de que Dalí aprobase el examen de ingreso, pero tuvo que pasarlo porque se matriculó en la escuela. El 30 de septiembre de 1922 se inscribió en cinco asignaturas: Perspectiva, Modelado e Historia del arte en las edades Antigua y Media y Dibujo de Estatua.

En el curso 1923-1924 Dalí se inscribió en nuevas materias, lo que demuestra que aprobó el primer año: Colorido, Dibujo al natural en reposo, Grabado e Historia del Arte en las edades Moderna y Contemporánea. Esta última asignatura previsiblemente no la abonó, al haber logrado una matrícula de honor de las edades Antigua y Media. Por eso se reseña la calificación previa en la matrícula. Cada asignatura costaba entre 10 y 25 pesetas (equivalente a de seis a 15 céntimos de euro). Sigue viviendo en la Residencia de Estudiantes.

Tras la primera expulsión en 1923 motivada según su relato por un motín de los estudiantes para que el pintor Daniel Vázquez Díaz fuese su maestro, Dalí se matricula en el curso 1924-1925 de las mismas asignaturas que el curso anterior. Empieza de cero el segundo año de estudios. En los meses que estuvo fuera de la escuela de dibujo estudió con Francisco Bores, Moreno Villa y Benjamín Palencia en la Academia Libre, dirigida por Julio Moisés.

En una carta sin fechar, el padre de Dalí solicita a la escuela un certificado de estudios para que su hijo pueda atrasar el servicio militar.

Finalmente, el 11 de septiembre de 1925 Dalí padre escribe con el membrete de su notaría al secretario de la escuela para informarle que ese año académico su hijo estudiaría en Figueres y se presentaría por libre a los exámenes en Madrid: “A causa de tener que recibir la instrucción militar, no podrá cursar como alumno oficial el presente curso”. Y ya que se “atreve a molestar”, pregunta a Manuel Menénez por “las condiciones” de su hijo para el arte. “Lo que deseo es que se dedique a la enseñanza del dibujo y la pintura para ganar una cátedra (...)”.

Estaba muy influenciado por lo que leía en libros, catálogos y revistas, y su estudiado look impedía que pasase desapercibido. Extremadamente delgado, llevaba el pelo largo con patillas, zapatos enormes, gabardina, medias y polainas al estilo de los pintores victorianos. Después se cortaría el pelo y, tras descubrir en el Museo del Prado a Velázquez, el Greco y el Bosco, comenzó a dejarse crecer su característico bigote a las diez y diez.

A los pocos meses empezó a socializar con los colegiales y la escuela pasó a un segundo plano que nunca abandonó. “En la Residencia, Dalí y Maruja Mallo encontraron muchas cosas y mucha gente con la que hablaban que les hizo repensar”, razona la ensayista Estrella de Diego, académica de número desde hace una década.

El primer curso Dalí se matriculó de cinco asignaturas y aprobó todas salvo Modelado en la convocatoria de febrero. Junto a él suspendieron otros cinco compañeros, algo poco habitual.

Ello le forzó a volver a presentarse al examen de la asignatura de Modelado en junio de 1923, aunque el profesor no firmó el acta hasta septiembre.

Dalí obtuvo en primero una matrícula de honor en la asignatura de Historia del Arte en las Edades Antigua y Media. Durante el Bachillerato, cursado en Figueres, ya demostró sus grandes conocimientos en historia del arte.

Presumiblemente la matrícula en Historia del Arte de primero permitió a Dalí no abonar la matrícula de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo de segundo (1924-1925). Volvió a obtener la máxima nota.

En una carta al director de la escuela fechada el 11 de septiembre de 1925, Dalí quiere cerciorarse de que su hijo ganó “el premio de segundo curso de historia del arte y que dicho premio consiste en setecientas pesetas que ha de cobrar de la escuela” y desea saber cómo hacerlo.

Del curso 1923-1924 ni hay actas porque fue expulsado. Al curso siguiente tuvo que matricularse de nuevo de las cuatro materias. Obtuvo un “diploma de mérito” (sobresaliente) en Estudios Preparatorios de Colorido.

“En esa época hasta los pintores más tradicionales se quejaban de que la escuela era demasiado académica. La Residencia les daba unas complicidades que no les daba la Academia, que debía de ser aburrida”, subraya De Diego, catedrática de Arte Contemporáneo de la UCM. “Ahora bien, la escuela les daba unas herramientas para el dibujo muy importantes. A Picasso, Maruja o Dalí les enseñaron los rudimentos”. Raquel Monje, decana de Bellas Artes, coincide: “La escuela era un espacio muy conservador. ¡Ha costado muchos años que dejase de serlo! Nuestra gran riqueza es que ahora convivan la academia con lo que pasa fuera".

Dalí aprobó sin problema el primer curso (1922-1923), salvo Grabado, que lo hizo en la repesca. Incluso logró una matrícula en Historia del Arte de las Edades Antigua y Media. Lo que la documentación no testimonia es el atentado fallido a Alfonso XIII el 3 de marzo de 1923, día que el rey inauguró la biblioteca de la escuela; Gibson asegura en dos libros que pudo ocurrir una desgracia. Según escribe, Dalí ―hasta ese momento antimonárquico― planeó con su compañero Josep Rigol hacer una “bomba de protesta, no de matar”, según relató Rigol, rellenando de pólvora un bote de leche vacío. Colocaron el explosivo en un jarrón del pasamanos de la escalera, pero la mecha por suerte no prendió. Estrella de Diego no confirma el atentado fallido: “No hay pruebas”.

El Prado conserva la foto de una visita de la clase de Dalí y Mallo a la pinacoteca junto al rey. Si la bomba existió, nadie se enteró, de forma que ese marzo de 1923 Dalí no fue enviado ni a la cárcel ni a casa. Pero en septiembre, su progresión académica sí se frustró. Fue expulsado durante un año por encabezar un motín estudiantil contra la decisión de la escuela, muy conservadora, de no aceptar en una cátedra al pintor Daniel Vázquez Díaz, considerado demasiado vanguardista.

Se conserva una carta furibunda al director de la escuela por parte del padre del pintor: “Muy señor mío y de mayor consideración. Después de hablar con los alumnos, profesores y empleados de la escuela he confirmado mi opinión completamente favorable a mi hijo”, arranca su misiva. “No pudiendo acatar la decisión del Consejo de Disciplina, no me queda otro remedio que aceptar resignadamente el castigo”. Y profetiza: “Se observará una conducta escolar y académica tan intachable que llegarán a arrepentirse de haberlo castigado a tan grave pena”.

No se conserva en el expediente de Dalí documentos administrativos que demuestren su primera expulsión de la escuela en 1923, pero sí se citan en los de 1926, coincidiendo con el castigo a perpetuidad. Lo que sí se encuentra es una carta de su padre. Está fechada el 23 de noviembre de 1923, por lo que su hijo tuvo que ser expulsado a comienzos del año académico, por encabezar una protesta porque el pintor Daniel Vázquez Díaz no fue aceptado como profesor de la escuela.

El tono de su progenitor es colérico: “Observarán una conducta escolar y académica tan intachable que llegarán a arrepentirse de haberlo castigado a tan grave pena”.

Los tres profesores que debían de examinar a Dalí de Teoría de las Bellas Artes el 14 de junio de 1926 redactaron un acta que dio paso a su expulsión. Según su relato, a las doce y media de la mañana, al ser invitado a extraer tres bolas con preguntas del examen, el pintor de Figueres contestó textualmente: "No. Como los profesores todos de la Escuela de San Fernando son incompetentes para juzgarme, me retiro”.

Nueve días después del incidente, que provocó la expulsión de Dalí, se reunió la junta de profesores. En el acta se recuerda que no formó parte del tribunal examinador Rafael Domènech i Gallissà, pese a ser quien impartía Teoría de las Bellas Artes, para no ser acusado de imaparcialidad. Prefirió ausentarse después de un fuerte encontronazo con Dalí quien, según el Consejo de Disciplina, fue pregonando por Barcelona que logró matrícula en Historia del Arte de las Edades Moderna y Contemporánea y un premio pese a que en primera instancia Domènech i Gallissà le había suspendido.

Según el artista catalán, por la “injusticia cometida” se había constituido un nuevo tribunal. Según el consejo, Domènech i Gallissà no le había examinado (y por tanto suspendido) por encontrarse en París montando una exposición. Resaltan la “caballerosidad” del docente.

El comité de disciplina acuerda que se informe a Dalí de su expulsión perpetua y se cuelgue en el tablón de anuncios la “corrección” para que “sirva de ejemplaridad” a otros estudiantes.

El 22 de octubre de 1926 la Dirección General de las Bellas Artes ratifica la pena impuesta a Dalí por la escuela que ha obrado, a su parecer, con exquisita corrección. Se atiene al reglamento escolar que considera su conducta en el examen pues pude causar “perturbación en el orden o disciplina académica”.

Dalí cumplió su año de expulsión, pero en ese curso 1923-1924 no dejó de estudiar. Lo hizo en la Academia Libre, dirigida por Julio Moisés. Y en septiembre volvió a matricularse. Sus calificaciones fueron mejores que en primero. Logró un “diploma de mérito” (sobresaliente) en Colorido y por segunda vez una matrícula en Historia del Arte.

Esta asignatura tensó hasta el extremo la relación de Dalí con la escuela. Según el relato del Consejo de Disciplina, el pintor “propaló por los centros artísticos de Barcelona” que el profesor de la materia, Rafael Domènech i Gallisà, le había suspendido y que ante la “injusticia” se había constituido un nuevo tribunal que le aprobó y concedió un premio de 700 pesetas.

Pero según la comisión, Domènech i Gallisà no llegó a examinar a Dalí porque se encontraba en París organizando la Exposición de Artes Industriales de 1925. El infundio llegó a oídos del maestro, que se vio respaldado por la escuela. Pero la insolencia de Dalí no terminó así. El curso 1925-1926 lo estudió por libre mientras hacía el servicio militar en Girona y se matriculó en abril de cara a los exámenes.

Hay dos versiones, una previsiblemente adornada, de lo que ocurrió el 14 de junio de 1926. Según contó luego en sus escritos Dalí, tras sacar la bola del tema para su examen de Teoría de las Bellas Artes contestó al tribunal: “Yo sé más de Rafael que ustedes tres juntos. Me niego a contestar”. Y, según aseguraba su amigo Antonio Pitxot en Sobre Dalí, los examinadores le respondieron: “Bueno, pues entonces, vuelva usted otro año, porque este ya está suspendido y, además expulsado”. Y Pitxot escribió que, incluso, el de Figueres siempre remataba el relato de la anécdota con un “Imagínate, preguntarme a mí por Rafael...”. Una boutade propia del personaje.

Las actas del tribunal y de la comisión de disciplina y el dictamen de la Dirección General de Bellas Artes, sin embargo, describen un choque muy tenso que culminó con la expulsión perpetua, no por un tiempo. Dalí hizo un primer desplante al no presentarse a la primera convocatoria del examen ―solo había entonces dos oportunidades― y se le informó por teléfono de la siguiente fecha. Domènech i Gallisà, pese a ser el profesor de la materia, optó por no examinarle para no ser tachado de parcial tras su enfrentamiento previo. Así que otros tres docentes conformaron el tribunal. Según su acta, Dalí afirmó: “No. Como los profesores todos de la Escuela de San Fernando son incompetentes para juzgarme, me retiro”.

En Bellas Artes atesoran “cientos de miles de documentos” que los bibliotecarios Javier Pérez Iglesias y Laura Bomati querrían digitalizar, porque tienen muchas consultas; en especial de artistas locales desconocidos y, últimamente, sobre todo femeninos. Empezarían, si pudiesen, por los libros de registro. “Lo que se hace en esta facultad es porque la gente le pone ilusión”, relata la decana. “Por ejemplo, un profesor con un grupo de estudiantes se enreda en un pequeño proyecto. Pero, como siempre, necesitaríamos presupuesto para hacer más”.

Créditos

Diseño: Ruth Benito

Desarrollo: Fernando Anido

Edición gráfica: Inés Arcones

Coordinación: Brenda Valverde Rubio

Fotografía de apertura: Salvador Dalí y sus compañeros de estudio de la Escuela especial de pintura, escultura y grabado (Academia de San Fernando). 1922-1923. FUNDACIÓN GALA-SALVADOR DALÍ

V

La obsesión fanática de Dalí con Freud conquista Viena, en El País, David Granda, Viena - 03 FEB 2022:

La galería Belvedere reúne un centenar de piezas, entre lienzos, dibujos, filmes y cartas, para exponer la influencia del padre del psicoanálisis en el trabajo del artista catalán

El encuentro se produjo en Londres en el verano de 1938 gracias al escritor Stefan Zweig. Salvador Dalí tenía 34 años; Sigmund Freud, 82. El pintor catalán había viajado a Viena en tres ocasiones para conocerle, sin éxito....

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