La inteligencia artificial atribuye a Lope de Vega una comedia de Claramonte, Julián Herrero, La Razón, 16.10.2026:
El congreso sobre el Siglo de Oro celebrado en Madrid descubre la última obra atribuida al Fénix de los Ingenios, la número 362.
Que algo se haya terminado hace 500 años no es sinónimo de que esté pasado de moda. Se cerró el Siglo de Oro a su debido tiempo y, sin embargo, solo hace falta ver las carteleras de los teatros, siempre con reinterpretaciones de los clásicos, para descubrir que lo que nos pasa hoy no dista tanto de lo de entonces; o los festivales veraniegos de teatro, muchos de ellos dedicados en exclusiva a los Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina y compañía.
Y curioso es que en esto del estudio áureo también existan las modas. Con los nombres de los citados, los primeras espadas de esto, presentes pase lo que pase, la tendencia actual ha virado hacia otro hombre que a poquitos va haciéndose su sitio entre el resto de autores (y autoras, también en boga en la actualidad gracias a los trabajos para rescatar su memoria). Suyos son Tan largo me lo fiáis, el origen del mito del Don Juan del Burlador, y La Estrella de Sevilla, piezas que los recientes estudios han ido revisando hasta otorgarle a él, y solo a él, un reconocimiento que los caprichos de antaño, tantas veces injustos, le hurtaron.
Pasión por Claramonte en su aniversario
Tal es la pasión, si es que se puede llamar así, por este ilustre murciano, don Andrés de Claramonte, que el Congreso Internacional Madrid en el teatro español del Siglo de Oro, que se celebra estos días, se ha visto desbordado por el interés en su figura aprovechando el cuarto centenario de su fallecimiento. Lo reconoce Germán Vega García-Luengos (Universidad de Valladolid), organizador del evento junto a Luciano García Lorenzo (CSIC). “La gente lo ha querido así”. Abrieron las solicitudes y los expertos se volcaron en él: las 30 sesiones que de inicio se pretendían programar se vieron ampliadas hasta las más del medio centenar. Enterrado en Madrid, en la iglesia de San Sebastián, Claramonte “no es solamente un copión, como algunos –entre ellos Menéndez Pelayo– dijeron de él”, explica el investigador: “Tenemos un autor con bastante más obra de la que tradicionalmente se le ha considerado. Y dentro de ella cuenta con dos textos muy grandes, por lo que tendríamos que considerarle un dramaturgo importante y no dejarle en el cubo de la basura”.
El profesor también es responsable, en esta ocasión de la mano del profesor Javier J. González Martínez, de la exposición que la Biblioteca Regional de Madrid organiza hasta el 10 de enero, Madrid en el teatro del Siglo de Oro. En ella ya se vislumbran los temas que se debaten estos días en el complejo cultural El Águila de Madrid alrededor de los quehaceres de los dramaturgos en la capital. Poco es más significativo que los tres autores más representativos de la fecha, y grandes figuras del teatro universal, fueran madrileños. Igual que otros dos genios como Cervantes y Quevedo.
Óleos, manuscritos, trajes, maquetas y demás componen este recorrido por el epicentro de la Monarquía Hispánica, donde se contaba con las infraestructuras más dinámicas del teatro comercial, factor fundamental para su desarrollo; y al tiempo, en la misma ciudad se encontraban los más destacados enclaves palaciegos para celebrar los espectáculos cortesanos; así como sus plazas y calles, en las que se acogían las formas de representación más diversas.
Un "nuevo" ilustre de las letras españolas
En estas salas, por supuesto, también encuentra acomodo ese “nuevo” ilustre de las letras del Siglo de Oro, Andrés de Claramonte. Un hombre de fama creciente que murió en Madrid, en 1626, y que ha logrado desbancar de la autoría a tipos como Tirso y Lope. No obstante, la moneda no iba a caer siempre de su lado. En esta ocasión, la firma da la vuelta y pasa de Claramonte al mismísimo Lope de Vega, quien se convierte en dramaturgo de pleno derecho de una comedia como El infante de Aragón. Es la principal novedad que trae este congreso. Vega García-Luengos se ha reservado para la última jornada una exposición en la que ha descubierto esta nueva obra de Lope atribuida hasta ahora a Claramonte. Una charla que ampliará en el Anuario Lope de Vega y en la que profundizará en los motivos que le han llevado a dicha conclusión.
Igual que hiciera antes con La francesa Laura (que pasó de ser “anónimo” a pertenecer al corpus de Lope), el profesor castellano ha acudido a la inteligencia artificial para resolver la ecuación de la estilometría: “Son procesos largos, pero el primer chivatazo nos lo da la máquina sin casarse con nadie. Valora únicamente elementos léxicos y está demostrado que tiene una gran eficacia”. Y así, “entrenando” cada día a la IA, asegura que una comedia firmada por Claramonte que nunca se había discutido, “de repente”, apunta, “pasa a irse con Lope. Y luego, todos los elementos que hemos estudiado nos llevan a afirmar con efectivamente es un Lope”.
De las más de 1.500 obras que se sostiene que escribió el Fénix de los Ingenios, ya hay catalogadas 362 con este “renovado” Infante de Aragón. “Y otras dos más que seguro que son de él, pero que todavía tenemos que hacer las comprobaciones oportunas”, añade Vega.
Política y amor como base de la comedia
Se destapa de este modo una nueva historia para una comedia publicada en la primera mitad del siglo XVII con base política y amorosa que pone su atención en el enfrentamiento entre los reinos de Aragón y Navarra; y en la que el infante en cuestión se enamorada de su homóloga de enfrente. “Tiene momentos muy interesantes en los que se ve claramente que es de Lope y a pesar de que han desaparecido algunos versos, que se echan en falta, sobre todo, en la tercera jornada. Pero no perjudica para saber de qué va la acción. Es muy posible que la obra se aplicase a Claramonte porque Lope ya había muerto. Al revés de lo que pasaba con él en vida, que se le atribuían las obras de otros porque él era el gran divo del teatro. Es algo que fue muy frecuente y que gracias a la estilometría y otras herramientas de la inteligencia artificial nos estamos dando cuenta de que hay bastantes más problemas de los que pensábamos. Aparecen dudas donde pensábamos que no había ninguna”.
No duda Vega de la IA. “Hasta ahora, cuando nos dice que una obra es de Lope, o de otro, no hemos encontrado fallo. Los resultados son contundentes y nunca se ha desdicho. Esa es la ventaja de la estilometría, que es neutral y objetiva”: acude a las estadísticas de léxico y mide las 500 palabras más frecuentes para compararlas con las de otros 3.000 textos del Siglo de Oro. “Y con eso te arroja unas cifras de proximidad que te permiten recuperar información de distintos medios”, explica a La Razón un hombre que trabaja incansable en la enseñanza de textos a la IA.
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