sábado, 3 de octubre de 2026

Los diarios de España de lady Holland

[No existe edición completa ni en inglés ni en español de los Cuadernos de lady Holland, sino solo extractos. Este es uno de tantos, tomado de Memorias hispánicas]

Mucho antes de que España se convirtiera en una superpotencia turística mundial que acoge a millones de turistas británicos cada año, unos pocos intrépidos ingleses se atrevían a explorar un país que veían exótico. Una de esas viajeras fue lady Holland, mujer con carácter, curiosa y metida en la política que viajó a España entre 1802 y 1804. 

Elizabeth Vassall nació en Londres en 1771, siendo hija única de un rico propietario de plantaciones de Jamaica. No recibió una educación formal, pero de forma autodidacta devoró libros por su deseo de aprender cosas nuevas, lo que la convirtió en una mujer culta. En 1794 conoció en Italia al que se convertiría en su segundo marido, Henry Richard Fox, III Lord Holland, un noble contrario a la esclavitud, a la discriminación de los católicos ingleses y próximo a los ideales democráticos de la Revolución francesa. Era sobrino del ministro de Exteriores de Gran Bretaña y miembro de los whigs, los liberales que gobernaban el país. Él hizo que dejase de sentirse sola, y su gusto por la lectura hizo que los dos poco a poco se enamoraran. Tras quedar embarazada de él fue a Inglaterra a divorciarse, cosa que no consiguió hasta que el Parlamento británico lo aprobó en 1796. Tuvo que  pagar un elevado coste social y patrimonial y la pérdida de la custodia de los hijos que tuvo con su primer marido, un miembro de la nobleza terrateniente que le sacaba más de veinte años. A diferencia de sus primeras bodas concertadas, tuvo un matrimonio muy feliz con Henry. Sin embargo, pocos años después su hijo Charles estuvo a punto de morir por el duro invierno inglés. Como era habitual en aquella época, un remedio recomendable era viajar a un país con un clima más cálido, así que España era perfecta para ello. Pero ese no fue el motivo decisivo para viajar a nuestro país, porque podrían haber gozado de un clima muy similar yendo al sur de Francia o Italia, algo que habría sido más sencillo porque conocían bien sus lenguas y eran países mucho más frecuentados por las clases altas británicas. Eligieron España por el interés de lord  Holland en la literatura del Siglo de Oro. Henry publicó el primer estudio en inglés sobre Lope de Vega en 1806, y ya en 1793 había hecho un viaje a España y había ganado una reputación entre los círculos ilustrados y liberales españoles. Ese es otro ángulo importante del viaje: los Holland tenían amplios contactos que les facilitaron el ir a eventos y el hospedaje en casas de nobles. La experiencia  habría sido muy distinta para un inglés don nadie. Los Holland pasaron de Inglaterra a la Francia de Napoleón y visitaron al emperador tras la firma de la Paz de Amiens. Pasaron unos meses Viajaban con sus dos hijos y su médico, además de algunos sirvientes anónimos y unos escoltas que en ocasiones alcanzaban la veintena. Estos fueron efectivos en disuadir a algunos ladrones y bandidos que se encontraron. La pareja entró en España por la Junquera, en la frontera catalana, el 7 de noviembre de  1802. No viajaban con un destino final en mente ni con prisas, sino que viajaban en carruaje y  pasaban largas temporadas en unas mismas zonas. En este primer viaje entre 1802 y 1804 principalmente  estuvieron por Cataluña, Valencia, Murcia, Andalucía y Madrid, antes de regresar a su país por mar a través de Portugal. Su larga estancia de dos años completos en España, más de la prevista inicialmente, afectó a la economía familiar y a la carrera política de Lord Holland, pero Henry era más erudito que político y la guerra entre Francia y Gran Bretaña hizo difícil el regreso. Extractos de su libro de viajes, en forma de diario:

29 de diciembre de 1802. Son tan pocos los que viajan sin que tengan negocios, que los forasteros no encuentran nada preparado para su recepción o alojamiento. Embajadores y comerciantes son los únicos extranjeros y cada uno va a su destino. Los nativos que se desplazan lo hacen generalmente por negocios o por deber, bien a sus fincas (esto por desgracia raramente) o a sus parientes, por lo tanto no sienten la necesidad de una casa donde alojarse o de un carruaje para llevarles, mientras que el viajero que llega a una ciudad para un par de meses debe gastar lo mismo que si fuera a quedarse diez años, amueblar y comprar los muebles de una casa desde un taburete hasta un asador. Conseguir un carruaje es casi imposible, a menos que se compre en su totalidad. 

5 de abril de 1803. Cenamos en la Venta del Rey,  edificio espacioso y principesco; en los establos  pueden ser acomodados seiscientos caballos, mulas,  etc. Las habitaciones son buenas, pero allí,  como en todos los establecimientos españoles,  cuando se pregunta qué tienen para comer, la  respuesta es "lo que ustedes hayan traído.

16 de febrero de 1803. Los informes de  las carreteras son mucho más favorables de lo que Swinburne y otros viajeros hacen a uno imaginar; que hay poco peligro que temer, aunque muchos pequeños inconvenientes que encontrar como infames posadas de gitanos, y ladrones en la forma de contrabandistas que roban obligándote a comprar a un precio exorbitante su rape y artículos de contrabando.

13 de mayo de 1803. Cenamos en Puebla de Osuna, la posada era limpia; en el patio había  montones de raíz de palmito para quemar. Vimos allí a un hombre que había sido robado por cuatro hombres a caballo en el bosque por el que íbamos a pasar a Arahal. Después de estar en guardia durante aproximadamente una legua, distinguimos bajo la sombra de un árbol grande, a un hombre bien armado y montado, sentado sobre su caballo como si estuviera atento  esperando a la presa en la carretera para avisar al resto de su tropa. Confieso que durante unos diez minutos estuve completamente aterrorizada, incluso lord Holland consideró enigmática  su aparición; sin embargo, pasamos sin ser molestados, aunque no desapercibidos.

5 de septiembre de 1803. Ha habido grandes fracasos por toda la Península en la cosecha de cereales, especialmente en Sevilla y Portugal. Ayer había solamente cuatro mil fanegas de trigo en Madrid, y de no haber sido por un  afortunado abastecimiento esta mañana, habría habido una conmoción en la ciudad. El pan está carísimo; muchas panaderías han sido atacadas. Estos últimos diez días las calles  están infestadas de ladrones que roban, insultan e incluso quitan la ropa a los que atacan.

Septiembre de 1804, Valladolid: La dieta de los campesinos consiste en sopa por la mañana, hecha de pan, aceite, ajo, sal y agua. Pan, cebolla y vino al mediodía; y su olla por la noche, en la que se añadía cerdo, res y cordero según la estación del año, garbanzos, calabazas y repollo. Su pan está hecho de harina excelente, aunque espeso y compacto. Su vino es fuerte y saludable. Cada familia fabrica telas para su propio consumo, y las modas son tan invariables y, sin embargo, la variedad de estas manufacturas domésticas es tan grande, que los habitantes de un  pueblo se distinguen fácilmente de los de otro por la tela con la que se visten. Los molinos y hornos  se incluyen entre los derechos señoriales aquí, como en otros lugares, pero al no ser  objeto de quejas, no constituyen agravios. 

8 de noviembre de 1802. Nada de interés en Mataró, pequeña y encantadora población, llena de vida, fábricas y energía. Di unas vueltas y experimenté lo que nunca hubiera creído de no haberlo hecho, la extremada mofa, burla y menosprecio con que se trata a una mujer que no viste según los dictámenes de la moda española.

13 de noviembre de 1802. Conseguí unas enaguas y mantos negros para parecer lo menos extranjera  posible y a falta de carruaje me eché a andar  por las calles para buscar casa, pero, encontrando imposible conseguir una, decidimos aceptar el muy amable ofrecimiento del Sr. Stembor de dejarnos su villa en Sarriá, aldea a unas 3 millas de distancia de Barcelona.

30 de mayo de 1803. Aniversario de la conquista de Sevilla por San Fernando. Recibimos  una invitación de la Maestranza para ir a su palco a ver la función en la plaza esta tarde. Declinamos ir a su palco, porque en honor al príncipe de Asturias, es necesario ir con traje de etiqueta; por consiguiente iremos con don Francisco. […] Siguiendo el consejo de don Francisco fui en traje de española en vez de ir a cuerpo; la consecuencia fue que cuando llegué a la plaza, en vez de ir como esperaba a un palco particular, me llevó al principal de la Maestranza  donde todas las mujeres se habían vestido con sumo gusto. A decir verdad, nunca me había sentido  tan apurada, porque yo era la única en mantilla. Sin embargo, no se podía hacer otra cosa, y Charles y yo entramos a condición de que nos dejaran sentarnos tan atrás como yo quisiera. La etiqueta española excluye a los hombres, por consiguiente estuve metida entre un  rebaño de féminas filisteas; sin embargo, eran extremadamente corteses y solícitas. Están tan poco acostumbradas a los extranjeros, que son desagradables en un aspecto, el de la  lengua; porque por cortesía hacia ellas, en vez de simplemente responderles en francés o italiano,  me esforcé en contestar en español; ante cualquier fallo de mi mal acento o pronunciación se echaban a reír bulliciosamente. No tenían intención de ofenderme; era sólo una falta de buenos modales como consecuencia de su descuidada educación. A ver, la verdad es que cuesta no reírse al oír a un británico hablar en español,   pero siempre desde el cariño y aprecio de que al menos se esfuercen en aprenderlo. Mucha más intolerancia he experimentado al revés

29 de diciembre de 1802. De la sociedad  sólo puedo darme una idea imperfecta, pero los españoles me dan la impresión de ser notablemente francos y afables. No tienen el cautivador refinamiento de los franceses, pero por otro lado parecen exentos de mala idea; excesivas habladurías. Las mujeres no tienen gracia sin su mantilla; dejan que su voz alcance tonos altos, pero parecen disfrutar de la conversación,  que animan frecuentemente con salidas de humor e incluso de ingenio. Diferentes de las italianas en muchos aspectos, se les parecen en lo que un crítico austero podría llamar la característica de todo su sexo, la de hacer el amor, única ocupación de sus vidas.

2 de diciembre de 1804. Muy impresionada, desde que entramos en Portugal, por la excesiva disimilitud entre los españoles y los portugueses. Estos últimos son, en general, torpes en su porte y toscos, por no decir francamente feos, en sus rasgos. En lugar de la reserva majestuosa del español y de su frialdad a veces repulsiva, cuya curiosidad nunca es impertinente ni su cortesía está teñida de mezquindad, nos vimos con frecuencia molestados por la curiosidad descarada del populacho portugués, tan intrusivo como los franceses, aunque sin poseer ni una pizca de su alegría ni buen humor. A menudo nos disgustaba la cantidad y servilismo de sus saludos, que no iban dirigidos a nosotros, sino a nuestro carruaje.

15 de noviembre de 1802. Odiosa como me parecía mientras vivíamos en el centro, debo admitir con tranquilidad que Barcelona es una ciudad muy hermosa, llena de magníficos edificios públicos y el paseo más elegante que jamás haya visto en ningún otro sitio. Las fortificaciones se conservan bien y así es posible ir en carruaje alrededor de toda la ciudad; las Ramblas, un largo paseo recto en la ciudad, es por costumbre el más frecuentado, aunque ésa es su única recomendación. La Muralla de Mar es la más agradable, pues mira al mar, domina el puerto y vistas de Barcelona y Montjuic, pero los dominicos y otra gente bien de esa índole han descubierto, con el gusto que les caracteriza en estos asuntos, los méritos de la situación y por consiguiente han construido su convento allí. La Academia es un magnífico  palacio; fue utilizado como tal por el príncipe de la Paz que se alojó en él con su amante y el Gran Inquisidor; ¡curioso trío!

19 de diciembre de 1802. En el puerto de Tarragona encontramos al Sr. Smith, que por su apellido es de origen inglés, pero es español de nacimiento. Es el ingeniero principal y nos mostró el muelle que ya es ahora una obra grandiosa y que será magnífica una vez terminada. Se adentra en el mar un tercio de milla inglesa y va a tener justo el doble de longitud. El trabajo lo hacen los condenados a galeras, verdadera cadena en otros tiempos, que siguen vistiendo de verde por ser el color más ofensivo a los moros que lo reverencian y reservan para sus soberanos y para los que se consideran primos del profeta.  

17 de mayo de 1803. Es algo muy alegre ver el movimiento y la animación de Cádiz; es la ciudad mejor pavimentada, iluminada, construida y más limpia que puede verse.

25 de mayo de 1803. Entramos en Sevilla por la puerta de Jerez. Las calles son extremadamente estrechas, por muchas partes nuestros carruajes apenas podían pasar, resto de las costumbres de los moros cuyas ciudades están construidas de ese modo a causa del calor que así es más eficazmente  evitado. […] Por la tarde fuimos a la catedral, un edificio magnífico, y a la Alameda, orillas del Guadalquivir, etc. El muelle ya no muestra a la ocupada muchedumbre que lo atestaba cuando toda la riqueza de América entraba a raudales, y Sevilla era el mejor emporio de Europa.

4 de junio de 1803. La iglesia de Córdoba está mal  conservada, el suelo es malo y está roto; casi me dio la impresión de que a pesar de las frecuentes demostraciones piadosas el prejuicio contra el motivo original por el que se erigió seguía existiendo, ya que la gente no tiene ningún respeto por lo sagrado del lugar. Los mendigos son numerosos, los perros están por allí, y un pequeño y sucio carro fue arrastrado a su través.

18  de noviembre de 1804. Las calles de Talavera de la Reina son estrechas,  pero no tan torcidas como en la mayoría de los pueblos antiguos, están aceptablemente pavimentadas y, para ser un pueblo de Castilla, no están excesivamente sucias. La mala gestión policial en los pueblos castellanos en cuanto a  la limpieza es curiosa; nunca vi nada comparable a su suciedad, sobre todo porque en casi todas  las demás provincias los pueblos destacan por su pulcritud y limpieza. Las casas, e incluso algunos  edificios públicos, son de ladrillo, lo que les da un aspecto muy descuidado; sin embargo, algunas  de las iglesias principales son de piedra. 

6 de enero de 1803. El chocolate es una bebida tan favorita que es tan regular a las ocho como lo es el té en un pueblo del campo en Inglaterra. Es el desayuno más corriente también; un español inveterado lo toma tres o cuatro veces al día.

19 de marzo de 1803.  La gente se divirtió con un pasatiempo singular, curioso por su antigüedad. José, patrón de los carpinteros, hizo juguetes y objetos  durante la infancia de Cristo para distraerle. Esta circunstancia la perpetúan los carpinteros  de Valencia haciendo grandes figuras según su gusto y capricho que se exhiben durante el día y se les pega fuego y queman por la noche. […] Es que no hay nada más difícil  en España que obtener una explicación de una vieja costumbre. O las personas a las que se  pregunta la ignoran, o en vez de contestar a la pregunta emplean el tiempo en preguntarse cómo puede interesarse uno en tales cosas.

2 de junio de 1803. En Carmona Pasamos por una plaza de madera pequeña y cuadrada para los toros; el tamaño, sin embargo, está mejor calculado para agradar a los que gozan viendo sangre, pues todos los espectadores pueden disfrutar de todos los retortijones de dolor de los animales sin perderse ningún gemido o jadeo. Puedo comprender con más facilidad el afán y entusiasmo inspirados por un auto-da-fe. Allí se excita la pasión contra el infiel reincidente o hereje obstinado que, o no quiere ver la verdad o se ha alejado de ella; se satisface la venganza mientras se infligen los tormentos. Pero el toro, el caballo, ¿qué han hecho?

8 de noviembre de 1802. Los pueblos tienen un aspecto de lo más alegre, ya que en honor de la visita del rey a Cataluña han retocado, encalado y limpiado sus casas. Hay abundancia de bellos arbustos. Justo antes de Gerona encontramos varios buenos carruajes y mulas rollizas, que, como todas las cosas buenas de España, pertenecían a la Iglesia; su carga eran unos gordos canónigos.

7 de diciembre de 1802. Fui con Madame Blondel, que llevaba ropa de hombre, el uniforme de un  general, a ver a las monjas de Santa Clara;  aparecieron en el locutorio, que tiene una reja doble. Su atuendo es espantoso, en lugar del tocado plisado blanco que tanto favorece a las monjas francesas e italianas, llevaban alrededor de la cara algo feo de estambre de punto amarillo; el hábito es de tela negra. Pobrecillas, fingían una resignación que no podían sentir. ¡Cinco de seis hermanas habían sido metidas a la fuerza en conventos por su padre!

Septiembre de 1804. Los conventos de Valladolid obtienen sus principales ingresos de los  diezmos, aunque también cuentan con casas, y algunos poseen tierras; estas tierras siempre se cultivan por cuenta propia y, en general, están mucho mejor cultivadas que cualquier otra tierra. Los conventos de monjas, aunque muchos de ellos contaban con una rica dotación en su origen o fundación, se encuentran actualmente en situación de pobreza debido a que sus fondos han sido malversados por los administradores.

10 de diciembre de 1802. El ascenso a Montserrat es muy difícil e incluso doloroso. Es escarpado y los escalones están cortados en la roca con tanta distancia entre sí, que lo hacen un trabajo de lo más fatigoso; a pesar de todo, a los cuarenta minutos llegamos a la primera ermita. El propietario actual es un asturiano que lleva residiendo allí 21 años; al preguntarle si le gustaba una situación tan alta, puso los ojos en blanco y dijo que vivía con la esperanza de ser elevado a otra más alta, queriendo decir  el cielo. Parecía un hipócrita ignorante; no me dejaba entrar en sus apartamentos. […] En la bajada, nos adelantó el padre Ruiz, una de las personas a quienes habíamos sido recomendados. Tenía los modales de un hombre de mundo y mostraba más inclinación a vivir en él que a seguir las reglas de san Benedicto. Al hablar de los ermitaños dijo que estaban muy bien porque tenían libertad al no tener ningún superior que les controlara; que se sentían independientes y nunca venían al convento donde deben someterse a reglas estrictas, excepto cuando estaban debilitados por la extremada vejez. Aunque era tan tarde y mucho después de la hora de mostrar el santuario, el padre Ruiz bajó y ordenó a los sacristanes que estuvieran listos con lámparas para mostrarnos el tesoro. […] Lo que más me divirtió de toda la colección fue la  figura de plata de un teniente general de unas 6 pulgadas de tamaño con una bala sujeta por una cadena. Esta ofrenda votiva es tan reciente como la última guerra (hace unos tres años) en que este tonto militar resultó herido (de muerte, creyó él) a no ser por la intercesión de la Virgen y al recuperarse hizo esta ofrenda a su altar. Todos sonreían, monjes y hermanos legos, mientras se narraba esta historia.

13 de abril de 1803. Mujeres notablemente guapas,  hombres sanos y robustos en Orihuela; muchos, o ciegos, o casi ciegos por la violenta inflamación de los párpados, enfermedad muy común por toda España y atribuida a la viruela. Casi se puede asegurar que de cada cien, diez están o totalmente ciegos o ciegos de un ojo, debido a los estragos de ese funesto mal. Me alegra mucho saber que la vacuna ha ganado terreno, incluso en el campo; los curas la aconsejan antes que incurrir en el riesgo de otro contagio.

12 de marzo de 1803. Se ha hecho pública  en este país la bula papal por medio de los periódicos franceses y está suscitando mucha emoción. Deposita en el príncipe de la Paz el poder de suprimir la proporción de instituciones monásticas que juzgue oportunas para que el país prescinda de ellas.

8 de abril de 1803. Además del mayorazgo y otras malas instituciones, una de las mayores rémoras contra el avance de España es la Mesta, código de leyes que concede privilegios casi ilimitados a una compañía que posee los rebaños de merino. […]  La Mesta la forman personas poderosas y cuerpos eclesiásticos. Impiden la compra de tierra para labranza; todas las tierras cultivadas sin licencia desde 1590 deben ser para pastos. Sus rebaños vagan sin control por todo el reino.

[La pareja de hispanófilos ingleses había leído la Historia general de España de Juan de Mariana, las Partidas de Alfonso X, o el Compendio cronológico de la Historia  de España de Juan Antonio Pellicer, al que conoció y elogió por arrojar dudas sobre Pelayo y la batalla de Covadonga. Pudo aprovechar su condición de turista noble con excelentes contactos para ver libros y manuscritos antiguos en bibliotecas  eclesiásticas y nobiliarias. Incluso pudo leer el inédito manuscrito de la expedición científica  de Alejandro Malaspina.] 

16 de febrero de 1803. Lord Holland está ocupado escribiendo la vida y un estudio de la literatura de Lope de Vega; yo leo un poco de español, pero lleno mi tiempo principalmente examinando con una aprensión melancólica el avance de la enfermedad  de mis ojos. […] Hasta ahora siempre pensé que no había nada más pedante que decir que Don Quijote no podía disfrutarse fuera del original. Nada es tan verdadero, y a esta afirmación debe añadirse que no puede ser así a menos que el lector conozca España, sus costumbres, maneras, aspecto de sus habitantes, sus tonos de voz, indumentaria, gestos, seriedad, modos de sentarse sobre sus burros, conducir sus carruajes; sus ventas, posadas, utensilios, recipientes para licores, pieles, etc. En inglés lo consideré un trabajo monótono y burlesco; ahora lo considero, sin excepción, la creación más divertida del ingenio humano. Es el único libro que ha excitado mi facultad de reír porque cuando lo leo no puedo evitar romper a fuertes carcajadas.

6 de enero de 1803, Valencia. Comimos con el Capitán General; está jubilado, como la mayoría en ese cargo. Su apellido es Caro, su mujer es guapa e interesante, y, comparada con él, joven. Ella es su sobrina; él es el hermano mayor de su padre, extraña alianza incestuosa, pero una a la que son aficionados en este país y que puede explicar la degeneración de los Grandes que se casan entre sí de generación en generación. Los psicólogos consideran necesario un cruce para mejorar la raza.  […] Se cuentan historias de una singular malformación de sus hijos; sus dos hijos mayores fueron bautizados primero como hembras y luego como varones, pero su sexo es todavía dudoso.

16 de febrero de 1803. La notoriedad de los amores de la reina es tal que es un tema de conversación bastante común entre los arrieros. Hasta ahora todas las clases sociales desaprueban el ascenso del príncipe de la Paz y atribuyen su subida al verdadero motivo.

14 de junio de 1803. La reina llamó a su  hijo favorito, el infante don Francisco, un niño guapo y vivo con un parecido de lo más escandaloso al príncipe de la Paz.

6 de noviembre de 1803. Los madrileños llaman al príncipe de la Paz El Bonducani, apodo del Califa ante el cual todos se doblan, obedecen y tiemblan. El día del besamanos, las damas estaban todas en la cámara de fuera y se acercaban al aposento de la reina, pero en el centro del cuarto estaba el príncipe de la Paz de pie jugando con el perrito de la reina; las damas no se atrevían a pasar. La reina, impaciente  y sorprendida con la demora, pidió al rey que mirara, y éste, viendo el impedimento, dijo  riéndose: ‘No pasarán delante del Bonducani’.

24 de noviembre de 1803. Es imposible saber de verdad cuáles son los vínculos entre él y la reina. No le hace caso, la ha insultado y se ha apoderado de la confianza del rey, independientemente de la influencia de ella. Y sin embargo, ante la más leve presión por impopularidad o por interferencia francesa ella lo apoya con eficacia.  

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