miércoles, 25 de junio de 2008
En defensa de los pobres y sufridos padres
Soy padre y también profesor. Hay un día destinado a ver a los padres de los alumnos que estén inconformes con las notas o que quieran ver los exámenes o simplemente charlar o informarse directamente con el docente sobre cómo ha ido su hijo. Para eso estamos también: lo hacemos con gusto y preocupación, pero también con algún temor, porque de todo hay en botica. Uno, porque es competente, ya ha hecho sus deberes y elaborado informes personalizados con tareas para los alumnos durante el largo y cálido y estudioso verano. Pero algunos padres sufren y te hacen sufrir por pura empatía; padecen porque ven a sus hijos sufrir, y tú, como eres padre, sufres también y se te cae el corazón al suelo, de donde lo recoges dolido y dolorido, porque no puedes evitar calar en sus huesos, en sus sentimientos, en su alma, en su todo. Que un hijo te falle es muy duro; que veas que "no llega", también; y, por tu lado, ver a gente humilde y trabajadora, que merece en tu aprecio la máxima consideración, padecer por unos niñatos caprichosos, mindongos, pijos y vagos que no son dignos de tales padres, te destroza los esquemas y te obliga a proferir gritos antisistema , a dar patadas contra las paredes y los cubos de basura de pura rabia, de pura frustración, de puro nonsense.
martes, 24 de junio de 2008
El encanto
Borges escribía que había descubierto, no sin sorpresa, que las pretenciosas mentiras que Óscar Wilde pretendía hacer pasar por filosofía eran ciertas. Pues claro que sí, hombre; en uno de sus deliciosos ensayos, por cierto, La decadencia de la mentira, dice algo sobre la educación que puede ser malinterpretado: "Temo que empezamos a refinarnos demasiado; incluso los que son incapaces de aprender se han dedicado a la enseñanza. Hasta eso ha llegado nuestro entusiasmo cultural". Tal vez haya que poner esto en contacto con aquello de que todas las virtudes son inútiles sin una esencial: el encanto. Sólo el encanto suscita curiosidad en el alumno, y sólo la curiosidad le hace aprender.
lunes, 23 de junio de 2008
Cuando uno escribe libros
Y presenta uno a un conocido, compañero o compeñero, este se queda sin habla. No sabe qué decir. La reacción me recuerda a la de muchos cuando les dije que tenía cáncer. Una mala noticia, supongo, porque la gente se queda sin reaccionar, colgada, como un ordenador procesando, procesando... El catálogo de automatismos sociales y respuestas preparadas no suele contar con filfas estereotipadas para salir airosamente de este brete, mal paso o mal trago. Supongo que debían acompañarme en el sentimiento o cosa parecida, por haber pasado al estado de cosa, que es la consideración abstracta que merece un cadáver. Nada de enhorabuenas o pedirme un ejemplar dedicado o decirme "cuándo se presenta" ni "de qué va" o "vaya sorpresa". Nada. Eso de escribir libros es una extravavagancia tal como la de tener un tumor, ser homosexual, pegar a la esposa o ser del Atlético de Madrid. ¡Yuyu! ¡No hay que mentarlo ni mucho menos ostentarlo! Te saca fuera de onda, te margina, te hace diferente, o sea, un sin cara, como entre los japoneses llaman al fantasma o al expulsado de la sociedad porque nadie le quiere reconocer como suyo.
Y otra cosa, teniendo la cara de brutus que se te supone que tienes, ¿cómo te da por escribir libros? Es más, ¿cómo alguien que viste como vistes, que tiene la apariencia que tienes, que cuenta con tan pocos amiguetes y padrinos como tú, que se presume tan poco simpático como se te presume, aunque meramente seas un tímido integral, y tan de escasa, pobretona y oscura familia y nula afiliación política y curil, le da por retoñar libros?
-¡Lo siento, de verdad, no quería hacerlo, fue un accidente, me ocurrió, se me cayó de las manos y me gustó, disfruté cochinamente haciéndolo! Mea culpa, no lo volveré a hacer, no se volverá a repetir, fue un momento de debilidad, una distracción, fruto de un rato de ofuscamiento, lo lamento, de verdad, escribir libros, ensayo, poesía, investigación, prosa, ficción, blogs, revolver archivos, estudiar filología, historia, antropología, leer como un poseso, sentir curiosidad, pensar, darle vueltas a las cosas, fotocopiar con palabras situaciones confusas, perdón, perdón, perdón!
¡Dios mío! ¡Que haya que pedir perdón en este país por estas cosas!
Y otra cosa, teniendo la cara de brutus que se te supone que tienes, ¿cómo te da por escribir libros? Es más, ¿cómo alguien que viste como vistes, que tiene la apariencia que tienes, que cuenta con tan pocos amiguetes y padrinos como tú, que se presume tan poco simpático como se te presume, aunque meramente seas un tímido integral, y tan de escasa, pobretona y oscura familia y nula afiliación política y curil, le da por retoñar libros?
-¡Lo siento, de verdad, no quería hacerlo, fue un accidente, me ocurrió, se me cayó de las manos y me gustó, disfruté cochinamente haciéndolo! Mea culpa, no lo volveré a hacer, no se volverá a repetir, fue un momento de debilidad, una distracción, fruto de un rato de ofuscamiento, lo lamento, de verdad, escribir libros, ensayo, poesía, investigación, prosa, ficción, blogs, revolver archivos, estudiar filología, historia, antropología, leer como un poseso, sentir curiosidad, pensar, darle vueltas a las cosas, fotocopiar con palabras situaciones confusas, perdón, perdón, perdón!
¡Dios mío! ¡Que haya que pedir perdón en este país por estas cosas!
domingo, 22 de junio de 2008
Mochileros
Soy un mochilero frustrado. Mi mujer no soporta el turismo de alpargata y no me deja ir por ahí sin hotel. Yo he dormido a la intemperie en playas, en campings, en descampados, en el santo suelo, y he dormido mejor que en el blando e incómodo lecho de una cama que te acaba desencuadernando el esqueleto. He visto el programa Backpackers (Mochileros) en Ono con auténtica devoción y tengo a Mick, Lee y Jag casi como miembros de la familia. La cultura del mochilero es el ingenio mismo; ¿se rompe la correa del ventilador de la autocaravana? Pues se corta el elástico de los calzoncillos y ya resiste veinte kilómetros hasta el taller. ¿Comer? Bocadillos que te haces tú mismo, latas y ensaladilla universal, al menos hasta que te llegue el cólico nefrítico. ¿Ducha? Hay por ahí un aparatito muy curioso y transportable: una bolsa de plástico con un tubito terminado en un brollador de ducha que se cuelga de un árbol que bien puede hacer las veces, y si no por ahí hay albercas, ríos, lagunas, estanques, playas y chaparrones nocturnos de madrugada en que puedes salir aullando en pelotas como un hombre lobo, si no hay nadie cerca. Y los pequeños detalles que hacen la diferencia en todo entre un país y otro. Los mochileros enseñan tolerancia y amistad como nadie, son pobres com o las ratas y con tanta hambre y curiosidad como ellas, andan jugando a las cartas como clerici vagantes, son víctimas de la diarrea crónica, se enamoran en un pispás, les roban cuando están tirados por una borrachera en la fiesta de la cerveza, en la tomatina de Buñol, en el concurso de despeñarse tras quesos rodantes "en el nombre de la estupidez" o son corneados de pura ignorancia en los sanfermines, y trabajan de indocumentados en bares o sembrados para sacar unos acortantes, hermano. Deambulan en grupos de dos o tres como espectros eternos por los albergues juveniles y los rincones oscuros de los parques y la costa.
Pero soy un mochilero un poco raro. No soy un experto en mecánica. Dejé hace tiempo de ser un ligón compulsivo. No bebo hasta amanecer tirado, abrazado a una farola o en medio de un seto en un jardín abandonado, no hago concursos de gritos, ni voy buscando bebidas, hierbas o setas raras, ni fumo, aunque sí busco platos típicos; lo más probable es que al llegar a un nuevo lugar me pierda en algún archivo buscando documentos o en librerías de viejo en pos de libros raros. Como a mí los únicos viajes que me gustan son los iniciáticos, les dejo las postales a los demás y lo único que deseo conocer son gente, libros, historias y bosques ignotos, por este orden.
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Forma de escribir la historia
Cuando a George Bernard Shaw le propusieron que escribiera una Historia de la estupidez, el famoso dramaturgo contestó: "Ya están todas las historias nacionales escritas". Los escépticos, misantrópicos hijos de Timón de Atenas, sobre quien escribió Shakespeare un drama del que piadosamente se olvidaron sus contemporáneos y nos seguimos olvidando todavía hoy, escribimos la historia fijándonos en las grandes hazañas de la cobardía, la crueldad, la corrupción, las vejaciones, fanfarronería, mentira, derroche, fracaso, torpeza, necedad y sinsentido. Ah, sí; también nos olvidamos de la gloria, la patria, la victoria, la nobleza y la causa justa... todas esas cosas que dicen que hay en las guerras, cuando lo único que hay es podredumbre, estupidez y horror.
sábado, 21 de junio de 2008
Conversación con Elena Cruz
Uno, por culpa indudable de su tremenda timidez, pero también del asesino y cainita recelo español, tiene pocos amigos, aunque hay pocas cosas que desee más, pero aquellos con los que cuenta merecen realmente la pena. Elena Cruz Arenas es un ejemplo; nos vemos poco, porque vive fuera de Ciudad Real, en Almagro, pero hay que ver lo que rinden y estimulan nuestras escasas conversaciones en todos los terrenos. Ella me da ideas y yo se las doy a ella. Sus opiniones sobre la ESO valen su peso en oro. Dice que es absurdo que un centro como es el de Bolaños donde imparte clases y donde se pretende reciclar papel se gaste tanto en hacer informes que nadie se va a leer y que no entienden los padres. Es una paradoja absurda; allí hay muchos alumnos de ESO cruzados de brazos hasta que la ley les deje ir a trabajar con sus padres, que es lo que desean; por eso hay tan pocos en cursos superiores. Además hay muchos de toda suerte de etnias extranjeras absolutamente discriminados, aunque ahí, como en mi propio instituto, la discriminación adopta una forma muy sutil: el emigrante hispanoamericano es sistemáticamente ignorado: es una cosa, no existe, es como un mueble, nadie se relaciona con ellos y por eso forman grupúsculos autónomos. ¿Cómo se van a integrar, pues? Y tiene toda la razón. Algunas clases en Bolaños son como la ONU, pero sin traducción simultánea, así que el lío es de suponer, máxime tratándose de chicos pequeños. Como es lógico, los inspectores huyen sutilmente de implicarse en problemas como estos que ellos mismos han creado y que no tienen solución, porque ellos mismos son el problema.
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jueves, 19 de junio de 2008
Apellidos manchegos
La onomástica es una ciencia apasionante. Mi contacto con la misma deriva del impresionante libro de Luis Albaigès Olivart Enciclopedia de los nombres y de los artículos escritos por el mismo en el Boletín Oficial de la Facultad de Ciencias Inútiles. Por ahí hay además un programa informático que suministra la estadística de los apellidos más frecuentes en cada provincia. En Ciudad Real me interesan los más específicos. Y en las primeras filas encontramos viejos conocidos, como Monreal Quiralte, Monje Asensio, Novillo González, Gómez Gamarra, Mayoralas García, Murcia Lucendo, Almendrote Rayo, Ruda García, Caba García, Cora Bote, Otto Canton, Rubio Cotoli... Algunos son de origen alemán por la repoblación del siglo XVIII en San Carlos del Valle; otros tienen origen morisco por la circunstancia de la exención de algunos pueblos de la expulsión que hizo Felipe III; otros origen judaico, bastardo o más oscuro. Entre los simples destacan Relucio o Taviro. Sería interesante mirar algunos como Quijano, Balbuena, Dotor, Velarde, Camborda, Megía, Cervantes, Messi, Saavedra etcétera.
Ucronías y distopías
Escribo esto con algunos problemas de acentos y grafías derivados seguramente de los ajustes que van a hacer a Blogger, así que perdonad la falta de tildes y de eñes.
Imaginemos, ya que ese es el oficio del escritor, imaginar, y todavía esta actividad no ha subido de precio, imaginemos que los hermanos Castro piden el reingreso de Cuba en España ciento diez años después de la secesión. Después del presumible estupor de Zapatero y de las alarmas, jusfificadas, de Ibarretxe y Carod Rovira, que basan su política en todo lo contrario, después del esperable interés de Rajoy, del más que concebible cabreo estadounidense y de las bendiciones de Serbia y Rusia, que se miran en nuestro espejo, y sobre todo de Alemania, que vivió un proceso parecido con la República Democrática Alemana, se negocia crear una hoja de ruta y realizar, en primer lugar, un referéndum en Cuba y en la madre patria para plantear la cuestión, de forma que la Gran Antilla conserve su independencia como autonomía libre asociada, porque esta fórmula cabreraría a la vez a los norteamericanos a los nacionalistas, y que la Unión Europea negocie la rotura del embargo a cambio de la democratización total del régimen y de una transición a la alemana del este en vez de a la china, que es lo que en el mundo real se está pretendiendo hacer.
¿A que es alucinante? Pues estas son las quimeras que se nos suelen ocurrir a los fabuladores. Es que nos sobra imaginación, aquello que precisamente falta a los políticos. Ambos países ganarían estabilidad y presencia internacional, se reforzaría nuestra común infraestructura turística y nuestro prestigio en Hispanoamérica, Estados Unidos y el resto del mundo tendrían que plantearse en serio contar con nuestro país y nuestra economía se relanzaría creando todo lo que el estado socialista no ha podido crear en la isla. Pero eso serían los beneficios esperables si no existiera uno de los cocos y males de nuestro tiempo, ese espectro del siglo XIX llamado nacionalismo, que tanto mal hace tanto allí como acá. Ver que el nacionalismo posee demonios es difícil para quien no percibe las sístoles y diástoles de la historia, pero para hacer este tipo de suposiciones absurdas basta con prescindir de uno de los elementos ideológicos de nuestro tiempo para crear un universo alternativo, una ucronía o distopía, que es lo que crean escritores como Ursula K. Leguin o mi amigo el editor de Silente, Pedro García Bilbao. Seguro que, en tiempos de la Guerra Fría, concebir un universo como el nuestro en el que el Comunismo está desapareciendo debía parecer una distopía o ucronía. Y, sin embargo, ha pasado. Quizá en otro universo alternativo ha estallado la tercera guerra mundial y se han cumplido las profecías de Fátima.
Tranquilos, sólo es una broma.
Otro ejemplo podría ser la figura de Cristobal Colón. Siempre vi algo raro en su insistencia en ocultar sus orígenes, hasta que, cuando practicaba espiritismo con unos amigos, como es mi costumbre cada día quince del mes, tomó la palabra su espectro en el cuerpo de la medium y me lo explicó. Era un marinero italiano del siglo XXXII, bastante inculto, al parecer, porque en aquella época la ESO se había generalizado a todo el planeta, incluso a una Italia donde gobernaba una especie de Berlusconi cibernético; estafó a la mafia y quiso impedir que se enteraran viajando en el tiempo, pero algo salió mal y terminó en pleno siglo XV. Cuando se recuperó de la depresión, intentó sobrevivir lo mejor posible, para lo cual se le ocurrió explotar su conocimiento del futuro y lo que recordaba de sus mal aprovechadas clases de historia; no se le ocurrió otra forma que hacerse pasar por Cristobal Colón y crear un monopolio económico con las derivaciones de la desconocida existencia de América, un continente donde todo podría empezar de cero. Pero se vio muy desilusionado. En primer lugar, casi nadie se creía, salvo los muy cultos, lo de que la tierra era redonda, y mucho menos que había un continente lleno de oro, plata, perlas y piedras preciosas al alcance de un navío, así que tuvo que inventarse lo de Catay y Cipango y viajar mucho hasta que le hicieron caso. Como es lógico, si nadie ha descubierto los orígenes de Colón es porque no nació entonces; él siempre dio largas a la cuestión y dijo mentiras sin parar sobre ese tema, incluso a sus propios hijos. Murió muy desengañado, lamentando no haber prestado más atencion en la escuela, y nunca creyó necesario contar la verdad a nadie. La Inquisición le habría quemado o le habrían tomado por loco o, sencillamente, no le habrían creído. Después de todo, tampoco vosotros os creeríais esto que os estoy contando, aunque fuera verdad, ¿verdad?
Uno de las principales argucias de la imaginación creadora es la falta de respeto. Mirad por ejemplo a Prometeo, que considero el mito del creador por excelencia. Este titán desafió a los dioses y creó a los hombres a imagen suya. Quien quiera crear algo tiene que dejar de creer. Esta incredulidad proporciona el distanciamiento necesario para transformar a la realidad en un material modificable para el artista, no en un albergue protector e inalterable, que es lo que suele ser para la mayoría de la gente. Si alguien desea crear, necesita derribar las columnas del templo, como un Sansón. Pero no termina ahí su labor: luego debe levantar con los cascotes otra construcción; Prometeo usó el fuego destructor que ha robado a los dioses para modelar las imágenes de los hombres semejantes a él.
miércoles, 18 de junio de 2008
Junio Bruto, ¿tú también?
Junio, y retorna el problema fundamental: qué hacer con los dudosillos. Los juristas lo tienen claro: in dubio, pro reo, "en caso de duda, en lugar de (o en favor de) el reo". Pero, ¿qué es la duda? ¿Dónde está el fiel de la balanza que diga "esto es duda"? Dice el Quijote, que, "si alguna vez se ha de inclinar la vara de la justicia, ha de ser al lado de la clemencia". Los matemáticos tienen claro que en el sistema métrico decimal la mitad de diez es cinco, y no se aprueba por debajo de esa constante. Pero los alumnos recurren a todas sus argucias para transformar esa constante en una incógnita, una equis, un número tan imaginario como el pi, el e, el raíz de dos o el áureo, en una ecuación malabarista que ni Harry Potter podría descifrar. Los alumnos aparecen ante uno como los cuadros del pintor ese del Quijote, que era tan malo que tenía que poner letreros para que se identificaran sus figuras. Generalmente, uno tiene ya el retrato robot del alumno que aprueba en el cerebro; incluso diría, con sólo oír lo que dicen y leer un examen de los mismos, si vale para estudiar o no y si va a triunfar en la vida o no; posee los criterios nacidos de la experiencia y de más de veinte años de exámenes; aprueba a alumnos que no cometen errores, que estudian y se encuentran limpios de faltas de ortografía; sabe que sólo suspende el alumno que tiene la voluntad (o más bien, la falta de voluntad) de suspender; pero la realidad psicologicista de la ESO ha venido a subvertir esos principios y la experiencia también sabe reconocer que algunos alumnos, no se sabe por qué, rinden por debajo de su valor numérico, mientras que otros, tampoco se sabe por qué, sacan una nota superior a su mérito intrínseco; los alumnos que estudian mucho pierden entusiasmo, perspectiva y originalidad; los que estudian poco, sistema, orden y capacidad de sacar fruto óptimo de su trabajo. Coincido por completo con la teoría de la inteligencia múltiple. La conclusión, confrontada con muchos especialistas de la enseñanza, es que la materia prima del éxito académico verdadero, no siempre reflejada en las notas, es la pasión y la obsesión, y la curiosidad, voluntad y tenacidad que nacen de ella y se alían con su propósito insaciablemente hasta la tumba. El que es más estudioso que estudiante es víctima de una curiosidad perturbadora y obsesiva, no cesa de pensar en su obsesión, un tema o disciplina cualquiera, y le echa todo el tiempo que sea necesario, y aun sus sueños cuando duerme, si fuera preciso. Es una máquina consagrada a una pasión. Una locura estructurada y encaminada a sacar unas pepitas de oro tras procesar toneladas, montañas de información aparentemente inservible. ¿Cómo encontrar una aguja en un pajar? Queme la paja, pase un imán, o que un caballo se coma la paja y después se le haga una radiografía.
lunes, 16 de junio de 2008
Educación del niño
La educación de los niños
GUSTAVO MARTÍN GARZO El País, 15/06/2008
En una ocasión, Fabricio Caivano, el fundador de Cuadernos de Pedagogía, le preguntó a Gabriel García Márquez acerca de la educación de los niños. "Lo único importante, le contestó el autor de Cien años de soledad, es encontrar el juguete que llevan dentro". Cada niño llevaría uno distinto y todo consistiría en descubrir cuál era y ponerse a jugar con él. García Márquez había sido un estudiante bastante desastroso hasta que un maestro se dio cuenta de su amor por la lectura y, a partir de entonces, todo fue miel sobre hojuelas, pues ese juguete eran las palabras. Es una idea que vincula la educación con el juego. Según ella, educar consistiría en encontrar el tipo de juego que debemos jugar con cada niño, ese juego en que está implicado su propio ser.
Pero hablar de juego es hablar de disfrute, y una idea así reivindica la felicidad y el amor como base de la educación. Un niño feliz no sólo es más alegre y tranquilo, sino que es más susceptible de ser educado, porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío, hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar, por extraño que pueda parecer muchas veces. Y no creo que haya una manera mejor de educar a un niño que hacer que se sienta querido. Y el amor es básicamente tratar de ponerse en su lugar. Querer saber lo que los niños son. No es una tarea sencilla, al menos para muchos adultos. Por eso prefiero a los padres consentidores que a los que se empeñan en decirles en todo momento a sus hijos lo que deben hacer, o a los que no se preocupan para nada de ellos. Consentir significa mimar, ser indulgente, pero también, otorgar, obligarse. Querer para el que amamos el bien. Tiene sus peligros, pero creo que éstos son menos letales que los peligros del rigor o de la indiferencia.
Y hay adultos que tienen el maravilloso don de saber ponerse en el lugar de los niños. Ese don es un regalo del amor. Basta con amar a alguien para desear conocerle y querer acercase a su mundo. Y la habilidad en tratar a los niños sólo puede provenir de haber visitado el lugar en que éstos suelen vivir. Ese lugar no se parece al nuestro, y por eso tantos adultos se equivocan al pedir a los pequeños cosas que no están en condiciones de hacer. ¿Pediríamos a un pájaro que dejara de volar, a un monito que no se subiera a los árboles, a una abeja que no se fuera en busca de las flores? No, no se lo pediríamos, porque no está en su naturaleza el obedecernos. Y los niños están locos, como lo están todos los que viven al comienzo de algo. Una vida tocada por la locura es una vida abierta a nuevos principios, y por eso debe ser vigilada y querida. Y hay adultos que no sólo entienden esa locura de los niños, sino quese deleitan con ella. San Agustín distinguía entre usar y disfrutar. Usábamos de las cosas del mundo, disfrutábamos de nuestro diálogo con la divinidad. Educar es distinto a adiestrar. Educar es dar vida, comprender que el dios del santo se esconde en la realidad, sobre todo en los niños.
En El guardián entre el centeno, el muchacho protagonista se imagina un campo donde juegan los niños y dice que es eso lo que le gustaría ser, alguien que escondido entre el centeno los vigila en sus juegos. El campo está al lado de un abismo, y su tarea es evitar que los niños puedan acercarse más de la cuenta y caerse. "En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos". El protagonista de la novela de Salinger no les dice que se alejen de allí, no se opone a que jueguen en el centeno. Entiende que ésa es su naturaleza, y sólo se ocupa de vigilarlos, y acudir cuando se exponen más de lo tolerable al peligro. Vigilar no se opone a consentir, sólo consiste en corregir un poco nuestra locura.
Creo que los padres que de verdad aman a sus hijos, que están contentos con que hayan nacido, y que disfrutan con su compañía, lo tienen casi todo hecho. Sólo tienen que ser un poco precavidos, y combatir los excesos de su amor. No es difícil, pues los efectos de esos excesos son mucho menos graves que los de la indiferencia o el desprecio. El niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas de la vida que el que no lo ha sido nunca.
En su reciente libro de me-morias, Esther Tusquets nos cuenta que el problema de su vida fue no sentirse suficientemente amada por su madre. Ella piensa que el niño que se siente querido de pequeño puede con todo. "Yo no me sentí querida y me he pasado toda la vida mendigando amor. Una pesadez". Pero la mejor defensa de esta educación del amor que he leído en estos últimos tiempos se encuentra en el libro del colombiano Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos. Es un libro sobre el misterio de la bondad, en el que puede leerse una frase que debería aparecer en la puerta de todas las escuelas: "El mejor método de educación es la felicidad". "Mi papá siempre pensó -escribe Faciolince-, y yo le creo y lo imito, que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo". Y unas líneas más abajo añade: "Ahora pienso que la única receta para poder soportar lo dura que es la vida al cabo de los años, es haber recibido en la infancia mucho amor de los padres. Sin ese amor exagerado que me dio mi papá, yo hubiera sido mucho menos feliz".
Los hermanos Grimm son especialistas en buenos comienzos, y el de Caperucita Roja es uno de los más hermosos de todos. "Érase una vez una pequeña y dulce muchachita que en cuanto se la veía se la amaba. Pero sobre todo la quería su abuela, que no sabía qué darle a la niña. Un buen día le regaló una caperucita de terciopelo rojo, y como le sentaba muy bien y no quería llevar otra cosa, la llamaron Caperucita Roja". Una niña a los que todos miman, y a la que su abuela, que la ama sin medida, regala una caperuza de terciopelo rojo. Una caperuza que le sentaba tan bien que no quería llevar otra cosa. Siempre que veo en revistas o reportajes los rostros de tantos niños abandonados o maltratados, me acuerdo de este cuento y me digo que todos los niños del mundo deberían llevar una caperuza así, aunque luego algún agua-fiestas pudiera acusar a sus padres de mimarles en exceso. Esa caperuza es la prueba de su felicidad, de que son queridos con locura por alguien, y lo verdaderamente peligroso es que vayan por el mundo sin ella. "Si quieres que tu hijo sea bueno -escribió Héctor Abad Gómez, el padre tan amado de Faciolince-, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad".
domingo, 15 de junio de 2008
El Dragón Gardner
Es una maqueta de papel que te mira girando su cuello por obra pura y simple de una ilusión óptica tridimensional. Resulta muy convincente e impactante y en el mundo del Origami todos deberían conocerla; basta hacerse con el recortable y pegarlo en una base.
sábado, 14 de junio de 2008
Clases (las hay) de poesía
Como definía Antonio Gala, la poesía es algo que no tiene forma y adopta la del recipiente que la contiene, como los líquidos. Hay situaciones que tienen poesía, como hay textos, películas, músicas y personas que la poseen o son poseídas por ella, y otras que no. Algo parecido pero más matizado piensan Bergamín y Ángel Crespo. Entre las poesías que pueden encontrarse en las palabras, yo creo que los que somos más o menos poetas nos hemos encontrado fundamentalmente dos, como bien se ha sabido ver desde Bécquer hasta hoy; una es la que yo llamo diamantina: es deslumbrante, asombra; es una sensación casi física de belleza; yo la he sentido, por ejemplo, en Juan Ramón Jiménez; pero no deja huella permanente en el espíritu, más allá de ese instante de fantasmagoría; es demasiado autónoma y por eso es inhumana; otra, sin embargo, es la que podría llamarse transmutatoria: después de haberte encontrado con ella, eres diferente, distinto: te transforma, te descubres como nuevo, recién nacido a otra realidad mucho más amplia; el asombro que provoca es mucho mayor, permanente y enriquecedor. Es una poesía que remueve lo más hondo del espíritu, que transforma algo en el interior de uno mismo. Esa es la que a mí me implica. La sentí por primera vez en el Prometeo de Goethe , cuando lo leí en la edición bilingüe de Abiada, y la he sentido próxima en las Elegías duinesas de Rilke. Ese poder liberador, que cura y sana el espíritu haciéndote nacer otra vez, volviéndolo metamorfosis pura a la manera de Crespo, es para mí el valor fundamental de la palabra poética
Más allá de la puerta de Tannhäuser
Parafraseando el título de un famoso poema del plumífero Luis Antonio de Villena, que me leía Fernando José Carretero en los tiempos ya paleográficos de la Movida, cuando mangaba (él) libros de la librería Tartessos, escribí "Roy Batty muere", sumido en los compases neorrománticos del Country Lane de Walter, hoy en día Wendy, Carlos. De la librería Tartessos sacó él la irreberencia con "Be" de su Interior beige, en particular del "Dios, qué arcaico parece" del pobre y gangoso y judío Leonard Cohen, ese poeta y cantautor canadiense que escribía poemas en la mesa de la cocina y le daba rosas a Hitler. Nosotros bebíamos mucho de la Generación Beat, y yo en realidad bastante más de sus descendientes, la Escuela del cuarto cerrado; me compré una preciosa antología bilingüe de la agónica editorial Plaza y Janés que figura entre mis libros más queridos, me lo pasé pipa con la poesía de Mark Strand, los feminismos de Susan Griffin etcétera. Y, por supuesto, con la rabia del Ginsberg más salido de madre la noche de Walpurgis; una de las chavalas por entonces mis inalcanzables perseguidas, Manuela, me sorprendió una vez citándome el famoso Moloch de Ginsberg, y me sentí menos solo... Así que hay alguien en esta puñetera ciudad que lee también estas cosas. En realidad, el título de De Villena, Siegfried muere, correspondía a un famoso pasaje de El ocaso de los dioses de Wagner que malgastaba una grandiosidad de acorde infinito y montaña a lo Caspar David... No quiero ponerme pedantólico; las melancolías terminan siendo como tangos salidos del infierno, pero todos esos momentos se perderán, como lágrimas en la lluvia.
Elías Canetti y el ladino
Paseando por Internet deseando rescatar algo de lo mucho que escribía en los tiempos antañones de Internet por las listas de correo, he visto que algunos han colgado algunos de los mensajes que envié que les gustaron especialmente, por ejemplo en Opinatio; copio este, por ejemplo, sobre el ladino y Elías Canetti, de 1999:
Son amenísimas las memorias del premio Nobel de literatura Elías Canetti, pero en cuanto a los aspectos lingüísticos relacionados con el ladino (el texto está esmaltado de palabras en castellano del siglo XV) y los idiomas en general resultan ser de una sensibilidad excepcional, por lo que ofrezco aquí un centón de textos interesantes extraídos de La lengua absuelta, el primer libro de su autobiografía.Canetti es un apellido que proviene de la población manchega conquense de "Cañete". Tras la expulsión de 1492 pasaron a Italia, donde se italianizó su apellido, y luego a Adrianópolis, en la costa de Yugoslavia. Sus antepasados, que se dedicaban al comercio, se ubicaron por fin en Bulgaria. Allí, en Rustchuk, en el bajo Danubio,
Se podían escuchar en un mismo día hasta siete u ocho idiomas diferentes. Además de los búlgaros, que por lo general provenían del campo, había muchos turcos que vivían en su propio barrio, y colindando con este estaba el barrio de los sefardíes, el nuestro. Había griegos, albanos, armenios y gitanos. Los rumanos venían de la otra orilla del Danubio; mi nodriza, de la que no me acuerdo, era rumana. Ocasionalmente también había rusos (La lengua absuelta, Madrid: Alianza Editorial-Muchnik, 1983, p. 8).
Los sefardíes eran judíos creyentes para quienes la vida en la comunidad religiosa tenía significado; ocupaba, sin excesivo ardor, el centro de sus existencias. Pero se consideraban judíos especiales, lo que estaba estrechamente relacionado con su tradición española. En el transcurso de los siglos, el español que hablaban desde su expulsión había evolucionado muy poco. Habían incorporado algunas palabras turcas, pero se las reconocía como turcas y casi siempre tenían vocablos equivalentes en castellano. Las primeras canciones infantiles que oí eran españolas, se trataba de viejos "romances" españoles, pero lo que se grababa con más fuerza en un niño era la mentalidad de los españoles. Con ingenua arrogancia miraban por encima del hombro a los demás judíos, y utilizaban la palabra "todesco", cargada de sarcasmo, para designar a un judío alemán o asquenazi. Hubiera sido impensable casarse con una "todesca" y entre las muchas familias de las que oí hablar o conocí en Rustchuk de niño, no recuerdo ni un solo caso de matrimonio mixto. No tenía seis años de edad cuando ya mi abuelo me previno contra este tipo de alianza. Pero esta discriminación generalizada no era todo. Entre los mismos sefardíes existían las "buenas familias", por lo que se entendía las familias adineradas desde hacía mucho tiempo. Lo más arrogante que podía decirse de alguien era "es de buena familia" [en ladino del original]; cuántas veces, ad nauseam, le había oído decir esto a mi madre... (p. 10).
Una palabra, insistente y tierna a la vez, que a menudo escuchaba era "la butica" [en ladino del original]. Así se llamaba a la tienda donde el abuelo y sus hijos pasaban el día... (...) Entre ellos, mis padres hablaban alemán, idioma que no me estaba permitido entender. A parientes y amigos, como a nosotros los niños, nos hablaban en ladino. Era este el idioma vernáculo, castellano antiguo; posteriormente lo he escuchado a menudo y nunca lo he olvidado. Las campesinas de casa sólo hablaban búlgaro y fundamentalmente debo haberlo aprendido con ellas. Pero como nunca fui a una escuela búlgara y abandoné Rustchuk a los seis años de edad, lo olvidé rápidamente. Todos los acontecimientos de aquellos primeros años fueron en ladino y en búlgaro. Después "se me han" traducido en su mayor parte al alemán. Sólo los acontecimientos especialmente dramáticos, muertes y homicidios, y los peores terrores, se me han grabado en ladino, y de manera exacta e indeleble. El resto, casi todo, y en especial todo lo búlgaro, como los cuentos infantiles, lo tengo presente en alemán.Cómo tuvo lugar este proceso, es difícil de explicar. No sé ni la circunstancia ni la ocasión en que, dentro de mí, se me tradujo esto o aquello. Nunca he indagado al respecto, posiblemente por temor a destruir, mediante una inspección metódica y sistemática, mis recuerdos más preciados. Sólo puedo decir que tengo presentes aquellos años con toda su frescura y con todo su vigor -han sido mi alimento durante más de sesenta años- . Sin embargo, en su mayor parte están ligados a palabras que en aquel entonces no conocía. Hoy me parece natural ponerlos por escrito; no siento que con ello esté cambiando o distorsionando nada. No es como en las traducciones literarias de los libros en que se realiza un trasvase de una lengua a otra; se trata más bien de una traducción en el inconsciente, y aunque huyo de esta palabra como de la peste, palabra trivializada por su utilización excesiva, me gustaría reivindicarla para este único y exclusivo caso ( p. 17).
Además de la abuela Canetti había mucho de turco en Rustchuk. La primera canción infantil que aprendí, "Manzanicas coloradas las que vienen de Stambol", terminaba precisamente con el nombre de la ciudad de Estambul, de la que oí decir que era inmensamente grande y que relacioné inmediatamente con los turcos que se veían entre nosotros. "Edirne" -que así se decía Adrianopel en turco, la ciudad de donde provenían los dos abuelos Canetti- era nombrada a menudo. Nunca llegaba al final de las canciones turcas porque tenía dificultad para aguantar ciertos tonos particularmente largos; a mí me gustan mucho más las vehementes y apasionadas canciones españolas" (p. 25).
Todos los hombres se levantaban de repente y bailaban un poco en derredor, cantaban y bailaban juntos "jad gadia, jad gadia" -un corderillo, un corderillo-. Era una canción divertida en hebreo y yo la conocía muy bien, pero tan pronto como acababa, un tío mío me hacía señas para que me acercara y me la traducía al ladino, verso a verso.Cuando mi padre volvía del trabajo, se ponía a hablar con mi madre. En este tiempo estaban muy enamorados y tenían un idioma propio que yo no comprendía; hablaban en alemán, la lengua de su feliz época escolar en Viena. Lo que más les gustaba era hablar del Burgtheater; ya antes del conocerse habían visto las mismas obras y los mismos actores y nunca terminaban de hablar de sus recuerdos. Después me enteré de que habían llegado a enarmorarse uno del otro con este tipo de conversaciones, y así como no pudieron hacer realidad el sueño del teatro -ambos hubieran dedicado gustosamente su vida al teatro-, lograron imponer su matrimonio, pese a que hubo mucha oposición.
Fastidiado el niño Elías de que sus padres hablaran entre ellos una lengua incomprensible para él y se negasen a enseñársela porque era demasiado pronto, solía repetir párrafos en alemán a solas como si fueran sortilegios o ensalmos mágicos. Saludos a todos. Ángel Romera, moderador.
From palou@netrox.net Tue Jan 04 22:59:10 2000
Subject: Canetti, el ladino y la traducción inconsciente
Es tan hermoso lo que has mandado sobre Elias Canetti, que no se como agradecerlo. Te cuento que hay una tradicion sefardi segun la cual es bueno, para purificar espiritualmente una casa, limpiarla con agua caliente y luego echar esta por la ventana, pero existe el peligro de que se bañe (y escalde) con ella a los espiritus que vagan bajo las ventanas, por lo cual, antes de tirar el agua, la dueña de casa debe asomarse a la ventana y decir en voz alta:"Apartad la güena jente ke vo a echar agua kaente". Ya lo sabes, por si necesitais limpiar un dia la casa.....
Son amenísimas las memorias del premio Nobel de literatura Elías Canetti, pero en cuanto a los aspectos lingüísticos relacionados con el ladino (el texto está esmaltado de palabras en castellano del siglo XV) y los idiomas en general resultan ser de una sensibilidad excepcional, por lo que ofrezco aquí un centón de textos interesantes extraídos de La lengua absuelta, el primer libro de su autobiografía.Canetti es un apellido que proviene de la población manchega conquense de "Cañete". Tras la expulsión de 1492 pasaron a Italia, donde se italianizó su apellido, y luego a Adrianópolis, en la costa de Yugoslavia. Sus antepasados, que se dedicaban al comercio, se ubicaron por fin en Bulgaria. Allí, en Rustchuk, en el bajo Danubio,
Se podían escuchar en un mismo día hasta siete u ocho idiomas diferentes. Además de los búlgaros, que por lo general provenían del campo, había muchos turcos que vivían en su propio barrio, y colindando con este estaba el barrio de los sefardíes, el nuestro. Había griegos, albanos, armenios y gitanos. Los rumanos venían de la otra orilla del Danubio; mi nodriza, de la que no me acuerdo, era rumana. Ocasionalmente también había rusos (La lengua absuelta, Madrid: Alianza Editorial-Muchnik, 1983, p. 8).
Los sefardíes eran judíos creyentes para quienes la vida en la comunidad religiosa tenía significado; ocupaba, sin excesivo ardor, el centro de sus existencias. Pero se consideraban judíos especiales, lo que estaba estrechamente relacionado con su tradición española. En el transcurso de los siglos, el español que hablaban desde su expulsión había evolucionado muy poco. Habían incorporado algunas palabras turcas, pero se las reconocía como turcas y casi siempre tenían vocablos equivalentes en castellano. Las primeras canciones infantiles que oí eran españolas, se trataba de viejos "romances" españoles, pero lo que se grababa con más fuerza en un niño era la mentalidad de los españoles. Con ingenua arrogancia miraban por encima del hombro a los demás judíos, y utilizaban la palabra "todesco", cargada de sarcasmo, para designar a un judío alemán o asquenazi. Hubiera sido impensable casarse con una "todesca" y entre las muchas familias de las que oí hablar o conocí en Rustchuk de niño, no recuerdo ni un solo caso de matrimonio mixto. No tenía seis años de edad cuando ya mi abuelo me previno contra este tipo de alianza. Pero esta discriminación generalizada no era todo. Entre los mismos sefardíes existían las "buenas familias", por lo que se entendía las familias adineradas desde hacía mucho tiempo. Lo más arrogante que podía decirse de alguien era "es de buena familia" [en ladino del original]; cuántas veces, ad nauseam, le había oído decir esto a mi madre... (p. 10).
Una palabra, insistente y tierna a la vez, que a menudo escuchaba era "la butica" [en ladino del original]. Así se llamaba a la tienda donde el abuelo y sus hijos pasaban el día... (...) Entre ellos, mis padres hablaban alemán, idioma que no me estaba permitido entender. A parientes y amigos, como a nosotros los niños, nos hablaban en ladino. Era este el idioma vernáculo, castellano antiguo; posteriormente lo he escuchado a menudo y nunca lo he olvidado. Las campesinas de casa sólo hablaban búlgaro y fundamentalmente debo haberlo aprendido con ellas. Pero como nunca fui a una escuela búlgara y abandoné Rustchuk a los seis años de edad, lo olvidé rápidamente. Todos los acontecimientos de aquellos primeros años fueron en ladino y en búlgaro. Después "se me han" traducido en su mayor parte al alemán. Sólo los acontecimientos especialmente dramáticos, muertes y homicidios, y los peores terrores, se me han grabado en ladino, y de manera exacta e indeleble. El resto, casi todo, y en especial todo lo búlgaro, como los cuentos infantiles, lo tengo presente en alemán.Cómo tuvo lugar este proceso, es difícil de explicar. No sé ni la circunstancia ni la ocasión en que, dentro de mí, se me tradujo esto o aquello. Nunca he indagado al respecto, posiblemente por temor a destruir, mediante una inspección metódica y sistemática, mis recuerdos más preciados. Sólo puedo decir que tengo presentes aquellos años con toda su frescura y con todo su vigor -han sido mi alimento durante más de sesenta años- . Sin embargo, en su mayor parte están ligados a palabras que en aquel entonces no conocía. Hoy me parece natural ponerlos por escrito; no siento que con ello esté cambiando o distorsionando nada. No es como en las traducciones literarias de los libros en que se realiza un trasvase de una lengua a otra; se trata más bien de una traducción en el inconsciente, y aunque huyo de esta palabra como de la peste, palabra trivializada por su utilización excesiva, me gustaría reivindicarla para este único y exclusivo caso ( p. 17).
Además de la abuela Canetti había mucho de turco en Rustchuk. La primera canción infantil que aprendí, "Manzanicas coloradas las que vienen de Stambol", terminaba precisamente con el nombre de la ciudad de Estambul, de la que oí decir que era inmensamente grande y que relacioné inmediatamente con los turcos que se veían entre nosotros. "Edirne" -que así se decía Adrianopel en turco, la ciudad de donde provenían los dos abuelos Canetti- era nombrada a menudo. Nunca llegaba al final de las canciones turcas porque tenía dificultad para aguantar ciertos tonos particularmente largos; a mí me gustan mucho más las vehementes y apasionadas canciones españolas" (p. 25).
Todos los hombres se levantaban de repente y bailaban un poco en derredor, cantaban y bailaban juntos "jad gadia, jad gadia" -un corderillo, un corderillo-. Era una canción divertida en hebreo y yo la conocía muy bien, pero tan pronto como acababa, un tío mío me hacía señas para que me acercara y me la traducía al ladino, verso a verso.Cuando mi padre volvía del trabajo, se ponía a hablar con mi madre. En este tiempo estaban muy enamorados y tenían un idioma propio que yo no comprendía; hablaban en alemán, la lengua de su feliz época escolar en Viena. Lo que más les gustaba era hablar del Burgtheater; ya antes del conocerse habían visto las mismas obras y los mismos actores y nunca terminaban de hablar de sus recuerdos. Después me enteré de que habían llegado a enarmorarse uno del otro con este tipo de conversaciones, y así como no pudieron hacer realidad el sueño del teatro -ambos hubieran dedicado gustosamente su vida al teatro-, lograron imponer su matrimonio, pese a que hubo mucha oposición.
Fastidiado el niño Elías de que sus padres hablaran entre ellos una lengua incomprensible para él y se negasen a enseñársela porque era demasiado pronto, solía repetir párrafos en alemán a solas como si fueran sortilegios o ensalmos mágicos. Saludos a todos. Ángel Romera, moderador.
From palou@netrox.net Tue Jan 04 22:59:10 2000
Subject: Canetti, el ladino y la traducción inconsciente
Es tan hermoso lo que has mandado sobre Elias Canetti, que no se como agradecerlo. Te cuento que hay una tradicion sefardi segun la cual es bueno, para purificar espiritualmente una casa, limpiarla con agua caliente y luego echar esta por la ventana, pero existe el peligro de que se bañe (y escalde) con ella a los espiritus que vagan bajo las ventanas, por lo cual, antes de tirar el agua, la dueña de casa debe asomarse a la ventana y decir en voz alta:"Apartad la güena jente ke vo a echar agua kaente". Ya lo sabes, por si necesitais limpiar un dia la casa.....
viernes, 13 de junio de 2008
Mi mujer
Un antiguo profesor de filosofía de mi mujer dijo cuando presenté un libro que coordinaba que mi mujer valía mucho más que yo y yo le di la razón. Mi mujer vale muchísimo más que yo... Pero yo he sido el primero en darme cuenta, por eso me casé con ella.
Lo primero que destaca en mi mujer cuando la ves es su tamaño: es pequeña; lo segundo, sus enormes ojazos. Posee una piel de terciopelo. Pero sus virtudes más sobresalientes derivan de su carácter. Cualquiera que no la mirara dos veces la tendría por una mosquita muerta, pero mi mujer está hecha de un material que ya no se fabrica; su tenacidad, su voluntad, su constancia y su paciencia, virtudes que no son nada sin la adecuada proporción de prudencia, le hacen concluir con éxito las tareas más espinosas, difíciles, complejas y arriesgadas. Pondré un ejemplo; para superar un examen de latín, en vez de aprenderse la gramática, que la asustaba, se aprendió de memoria La guerra de las Galias en latín y en castellano, proeza bárbara que no logro ni siquiera imaginarme. Esta particular tenacidad la ha ejercido en favor de los demás y, últimamente, en su propio favor, por lo cual ha superado tres oposiciones seguidas y se ha sacado un par de licenciaturas. De su trato humano sólo cabe decir que, cuando enfermó de cáncer, paramos de contar las visitas al hospital en un mismo día cuando ya íbamos por 125. De ahí que los amigos que tenga lo sean a muerte, por no decir su propio esposo. Son incontables las personas que se han beneficiado de su buen hacer, pues toma como propia cualquier causa que exige proteger al desahuciado por la desgracia o el infortunio. Y es que mi mujer posee una empatía y un buen corazón que se señalan también protegiendo animales o soportándome a mí, que no soy nada fácil de soportar.
La vida
Hay un físico, Rohrer, que dice que la diferencia entre la vida y la muerte es más difusa de lo que se cree, y no le falta razón. ¿Qué es la vida? Una convulsión, un estremecimiento que sufre la materia inerte, y la forma mínima de esa convulsión es simplemente una sístole y una diástole. En su forma unicelular, una mínima vibración que puede transmitirse por vía hereditaria, igual que un contagio. Cuando determinen la expresión genética mínima de esa convulsión tendrán la fórmula de la vida, y cuando la superpongan al tren del ADN, responsable de su transmisión por el tiempo, tendrán el origen de la vida, aunque probablemente la vida orgánica se originó y se extinguió varias veces en nuestro planeta antes de desarrollarse tal y como la conocemos hoy. Curioso que la vida sea sólo eso, una convulsión que se transformó en una costumbre y más tarde en una herencia.
Pero la frase de Roher tiene quizá otro significado. ¿Quién nos dice que no estamos muertos? ¿Que no existe una vida muy superior? ¿Qué es la vida al margen de la conciencia? ¿Merece la pena? Un enfermo mental inmerso en una vida inauténtica, al menos para nosotros, ¿está vivo? ¿vive en un sueño? ¿Vive la vida alguien imposibilitado para sacar fruto a todas sus aptitudes humanas por causa de las coordenadas de espacio y tiempo en que le tocó nacer? ¿Por causa de la riqueza, sexo, nación, lengua, educación que ha recibido?
Pero la frase de Roher tiene quizá otro significado. ¿Quién nos dice que no estamos muertos? ¿Que no existe una vida muy superior? ¿Qué es la vida al margen de la conciencia? ¿Merece la pena? Un enfermo mental inmerso en una vida inauténtica, al menos para nosotros, ¿está vivo? ¿vive en un sueño? ¿Vive la vida alguien imposibilitado para sacar fruto a todas sus aptitudes humanas por causa de las coordenadas de espacio y tiempo en que le tocó nacer? ¿Por causa de la riqueza, sexo, nación, lengua, educación que ha recibido?
Esperando a los bárbaros
Aquí está, inequívoco, como siempre. Al cabo de un año, siempre me acomete cuatro o cinco veces. Lo cuestiona todo y podría destruirlo todo. Un pesimismo de entraña muy negra, psicótica. Pero que se nutre de pura realidad. Un crío de un colegio, J. J., llama vieja puta a su profesora y puta negra a una compañera suya adoptada, pero su madre le hace cumpleaños multitudinarios en restaurantes y todos sus compañeros acuden a celebrar al muy bestia y a hacerle regalos. Un angelito oscuro del que hay que esperar lo que hay que esperar. Ayer mismo un grupo de cuatro alumnos desesperanzados por su enorme bloque de suspensos hicieron coro para gritar "muérete" a un profesor cuando este no podía verlos. Angelitos. Y eso que están contenidos porque se acerca la evaluación final. Si no lo estuvieran...
Aprenden estos modelos de conducta de la televisión, que no prohíbe nada que les dé cuartos. En vez de esperando a los bárbaros podría escribirse algo inverso, esperando a los profesores. "Esos hombres eran una cierta solución", escribió Cavafis; pero "Mensajeros han venido de los confines del imperio y han contado que ya no hay profesores". Están demasiado ocupados realizando otras tareas, como contener el vómito, para poder enseñar. Comprendo a los misioneros en tierra extraña; yo, por lo menos, he perdido la fe, o "creo" haber perdido la fe. No siento la fuerza para convencer de lo que enseño; me la han quitado tantos cafres como hay haciendo ruido y concursos de bobos, también en el ministerio de educación. Se me va la sangre, pierdo el tiempo, la ilusión, la energía, la vida, la esperanza, todo. Sólo puedo resistir en frentes de batalla menos exigentes, no en asignaturas como Procesos de Comunicación, que no sirven para comunicar nada.
Parece mentira lo tontos que son algunos, cómo transmiten y amplían su incompetencia; sobre todos esos inspectorcillos que se quejan cuando hay una baja por "indisposición" de una hora indocumentada. Esos inspectorcillos había que empalarlos o tirarlos a un pozo. Cuando le cantan las cuarenta a un jefe de estudios por una idiotez por el estilo, lo único que provocan es que el jefe de estudios se cabree con el profesor de marras y que el profesor de marras se deprima más y, por lo tanto, baje más horas por "indisposición". Pero es que así son de idiotas algunos inspectores. Son uno de los principales factores de la Ley de Murphy en Educación.
Síndrome de Burnout o de estar quemado lo padecen muchos profesores y no se dan ni cuenta. No dan más de sí, o, mejor dicho, la sociedad no da más de sí en lo que a humanidad se refiere. Son demasiado humanos para sobrevivir a un mecanismo de trituración que lo transforma todo en un desecho y en una basura. Ese es el principal defecto del capitalismo que se está infiltrando en la educación: produce demasiada basura, no sólo material, sino humana, gente que en sí misma es basura.
Ayer hubo un acto en homenaje al maestro. Me sentí mal, no por la buena intención del acto en sí, que estuvo muy bien y por las palabras dichas por altavoz y a todo el mundo, claro está. Las dichas en voz baja, aparte o al oído eran otra cosa. Es por eso que dije al principio, lo del pesimismo. Cuando tengo esa disposición de espíritu, me parece como si se hubiera vuelto de noche y el mundo sólo ofreciera su cara más nocturna y oscura. A todos los veo en los huesos, como a través de una radiografía.
Una cosa que oí por ese salón "¿sabes que cuando Clementina se casó con Barreda hubo dos bodas, una para ricos y otra para pobres?". Pues no, no lo sabía. Y si lo sabía lo olvidé, porque no me interesa. Ya queda inmortalizado aquí para la historia, aunque esas cosas me importan tan poco como "Aquí hay tomate", "El diario de Patricia", saber qué número calcen Shoemaker o Asnar o el color de los calzoncillos del Papa. En la sala de profesores se comenta lo de "miembra". A mí eso me parece una gilipollez, pero no por la gilipollez en sí misma, sino por la gilipollez que supone que eso se considere una noticia habiendo cosas más importantes que merecen conocerse. No me interesaba conocer lo de "miembra", pero, sí, por ejemplo, la corrupción administrativa o el esquema de la mafia del ladrillo en mi provincia o quiénes han seguido la gloriosa iniciativa de nuestro señor don Barreda de renunciar a su ostentoso subidón de sueldazo o la cantidad de alcohólicos que hay en el Congreso o las medidas que se van a tomar para conseguir que los bancos no nos desuellen a pura usura y moralizar y desprofesionalizar la vida política.
jueves, 12 de junio de 2008
Qué escribir
Como siempre que estoy en vísperas de algo, el subconsciente se me recarga y la creatividad se me desborda; tengo muchos temas para escribir: la reciente jubilación de mi antigua profesora Blanca, el desconcierto de quienes siempre han tenido claro su puesto ante quienes siempre se sitúan en los quicios de todas las puertas y en los ejes de todas las decisiones, la violencia y su manipulación, el cambio de rótulos como signo de los nuevos viejos tiempos, la soledad como atributo de toda creación original en estos tiempos de gregarismo insufrible, etcétera. Pero qué vieja es la modernidad.
miércoles, 11 de junio de 2008
Hacer lo que se sabe hacer
Escuchado en la película Shackleton: "Nosotros los balleneros no somos como los poetas y los artistas que pueden escribir y pintar para poder soportar la estupidez; nosotros los balleneros tenemos que alejarnos de la civilización y hacer lo que sí sabemos hacer, cazar ballenas"
lunes, 9 de junio de 2008
Dies irae, dies iram
Desprecio tanto algunas cosas que algunas personas podrían creer tener motivos para tener miedo. Nada más falso. Soy tan inofensivo como un bebé, incapaz de ver el mal en las personas que admiro y aprecio y absolutamente inocuo para hacer daño si no me lo hacen a mí. Si me lo hacen... Bueno, después hay quien realiza una colecta para pagar las flores de la corona y uno, encima, queda fatal cuando ni siquiera da un céntimo. A mí siempre me ha despreciado gente que valía menos que yo. Y ya no quedan; por lo menos, no los veo, no me llegan sus calumnias, están missing, desaparecidos; ¿por qué será?
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