Entrevista a Albert Sánchez Piñol, escritor: "La mejor forma de explicar la verdad es mediante la ficción", por Elena Pita, en elPeriódico, Barcelona, 31 OCT 2026:
Radicalmente antisistema, ha escrito una segunda parte de 'Moby Dick', 'Després del naufragi' (Univers Llibres), que la editorial Navona acaba de traducir al castellano, haciendo de ello una tragicomedia política
Básicamente, su literatura se debe a la conjunción de tres factores. 1) El tinnitus que se le instaló en el oído a los 14 años, que desde entonces le impide escuchar el silencio. Huyendo de este ruido monocorde y pertinaz, el niño Piñol cerraba los ojos e inventaba historias que le distrajeran. Lo sigue haciendo. 2) La antropología, que pronto despertó su interés por el otro y le condujo al corazón de las tinieblas: con 30 años viajó al Congo en trabajo de campo, buscando a los mal llamados pigmeos para hacer su tesis doctoral. Allí conoció el paraíso (la sociedad igualitaria de esos seres extraterrestres que son los mbutis) y el infierno (la sanguinaria guerra importada por los tutsis). Salió huyendo cuando ni un misionero (blanco) quedaba sobre el terreno. Y 3) Un placer que no disimula por la lectura y la buena letra, que de niño practicaba hablando del revés.
De cierto aire taciturno y apariencia gruesa, por sus ideas claras y radicalmente antisistema, Albert Sánchez Piñol (nacido en la gris barriada de Barcelona que era el Guinardó año de 1965) resulta un ser adorable de risa fácil. Me invita a un café en el Pulitzer. Le comento que vengo de atender una asamblea en la acampada de plaza de Catalunya, y él: "Nada, ningún recorrido tiene esto. Sánchez es el mago de lo imposible, capaz de salir indemne de cualquier hundimiento y encima sacarle provecho".
Y para hundimientos, esta segunda parte de 'Moby Dick' que ha escrito desmontando a Melville, 'Després del naufragi' (Univers Llibres), que ahora traduce Navona: 'Después del naufragio', haciendo de ello una tragicomedia política aplicable a cualquier latitud del llamado Occidente, del 'procés' al monstruoso Donald Trump.
Antropología aplicada al género fantástico, ¿ese sería su sello personal?
El antropólogo está ahí, y aunque intente que cada libro sea diferente, un autor está siempre escribiendo la misma novela. Trato de eliminar todos los prejuicios de mi mirada: es una lucha constante por anular mi yo, lo que me acerca al budismo. Diferencio dos tipos de literatura, aquella en la que el protagonista es un trasunto del escritor y otra, la que yo intento, donde los personajes tienen vida al margen del autor, y ahí resulta muy útil ese esfuerzo de anularse a uno mismo, para que esos otros vivan.
"La inmersión absoluta con la empatía, verlo todo desde el punto de vista de los otros", ¿así es como define usted la antropología?
Sí, el antropólogo es alguien que se sumerge en una sociedad distinta porque quiere conocerla, ver el mundo como ellos. Y esto es algo muy rico, pero también muy contradictorio y doloroso: necesitas vaciarte completamente.
Piñol, aquellos estudios que hizo en el Congo, ¿fueron el principio y es el fundamento de todo lo que escribe?
En cierto modo, fue al volver cuando empecé a publicar ['La piel fría', 2002, un 'best seller' traducido a 37 idiomas].
Volvió de allí muy alucinado y sin poder concluir su investigación, ¿cierto o me traiciona la memoria?
Es que no puedes no volver flipado de un trabajo de campo antropológico en el trópico africano con los mal llamados pigmeos [nombre tomado de un cuento de Homero en referencia a los gnomos]. Cuando encontremos extraterrestres, no sé si tendrán tres ojos o qué, pero seguro serán más parecidos a nosotros que los mbuti del Congo. Ríete tú de los 'hobbits' de 'El señor de los anillos', los mbuti son seres de apenas un metro, con un cuerpo completamente distinto, y no son negros, sino más bien rojos. Y sí dejé las investigaciones inconclusas porque me pilló la guerra, que fue muy bestia. Los tutsis, después del genocidio de Ruanda, se habían infiltrado en el ejército congoleño e invadieron el país. Y entonces empezaron las intervenciones extranjeras, porque date cuenta de que el Congo es coltán, mineral básico para componentes electrónicos. Llegó un momento en que ni en la selva quedaba un misionero, que son siempre los últimos en abandonar gracias a la impunidad que les otorga el crucifijo.
Piñol, ¿de dónde le viene esa tendencia lúdica a dar la vuelta a conceptos y nombres, como el de esta isla de Onroternis, irás y no volverás, o Jon Quer sin hache [remedo de Junqueras], o Karl van der Berg [Carlos del Monte o Puigdemont], y tantos otros?
Cuando era un crío hablaba al revés, y tenía algún amigo que también practicaba y así podíamos conversar sin que nadie nos entendiera. También tiene algo que ver que soy ambidiestro para muchas cosas, y como no es fácil poner nombre a los personajes, a veces recurro a esto.
Otra singularidad serían esos sustantivos y adjetivos algo arcaizantes que emplea, como reciclados. ¿Es así porque traduce del catalán, idioma en el que piensa y escribe?
Depende, también pienso y escribo en castellano, como sucedió con 'Victus'. Pero es que hay un registro chabacano del castellano que no me convence, ¿sabes?, y a veces algo que parece arcaizante es simplemente serio.
¿Opina que de unos años a esta parte el catalán ha sufrido un retroceso en su uso?
Eso es un dato objetivo. Hay una presión y una catalanofobia enormes que yo creo que España tendría que afrontar
¿A qué causas lo achacaría, después de un paradójico intento de acercamiento del poder central?
A ese acercamiento se vieron forzados por los votos en el Congreso, pero nada tiene que ver con la política cultural: es un espejismo. Hay una presión y una catalanofobia enormes que yo creo que España tendría que afrontar. Y si resulta que viene un millón de inmigrantes y tú no tienes las herramientas de un Estado ni la política cultural necesaria, ¿cómo vas a gestionar la inmigración y cuál va a ser el idioma en que se integren? La política migratoria considera que el catalán es irrelevante. Además, la inmersión lingüística en las escuelas es irreal, no se da la discriminación positiva necesaria. Me gustaría que se entendiera que defender el catalán no implica en absoluto animadversión alguna por el castellano. Yo considero el catalán mi patrimonio cultural personal y para nada quiero prescindir del castellano, pero están las relaciones de poder. Estoy en contra del imperio siempre, e igual que en Puerto Rico sería un fanático defensor del castellano, que está invadido por el yanqui, aquí el débil es el catalán, y si desaparece, mejor.
Hay en 'Después del naufragio' una lucha de poder bien cómica: un capitán y un segundo de a bordo a cada cual más inepto e ignorante, debatiéndose el puesto. ¿Podría ser una parodia del bipartidismo?
Lo que hice fue una parodia del 'procés', pero tengo amigos americanos que me preguntan si Moby Dick es Donald Trump y los comandantes, demócratas y republicanos. Y ahora tú hablas de PP/PSOE, pues también, un bipartidismo sin cabeza y un monstruo que viene por detrás y que será terrible. Pero es lo que estamos propiciando, porque la nave va sin control.
La impresión es que escribe para reírse del poder, pero ¿el poder no es inmune a la risa?
Sí, el poder tiene una grandísima capacidad para fagocitarlo todo. Y ahora encima ha incorporado la sátira: Trump se hace sátira a sí mismo y, en lugar de perjudicarle, le fortalece. Y en Catalunya, todos los políticos quieren salir en 'Polònia' [programa satírico de TV3], con lo cual nos pisan la sátira a los demás. Pero siempre está bien desnudar al emperador. Yo tengo una frase capital que dice: la mejor forma de explicar la verdad es mediante la ficción. Mediante una metáfora explicas mucho mejor lo que realmente sucede.
Toma prestado un poema de Joan Brossa, 'La gent no s’adona del poder que té', para decir que el poder circula de abajo arriba y que "el gobernante no es sino una marioneta" [Marcel Mauss]. ¿De verdad tiene esperanza en el poder colectivo frente al tanque de las finanzas?
Yo creo que los únicos movimientos que valen la pena son los que van de abajo hacia arriba: lo que viene de arriba te va a absorber, nada más. Pero, en este país, la Transición y todo lo que vino después se hizo desde arriba para abajo. La Transición la hizo el franquismo y consistió básicamente en abrir las puertas al PSOE, que ¿qué ha hecho?, fagocitar cualquier cosa que venga de abajo. Yo veo así las cosas, y mi máxima esperanza se basa en la irracionalidad de la historia, que ocurran cosas que no están previstas. En contra de lo que decía Marx, nadie sabe lo que va a pasar mañana. Parece estar todo controlado y de repente algo revienta el 'statu quo'.
Hay un bipartidismo sin cabeza que está propiciando la llegada del monstruo, que será terrible
Vuelvo al atunero Lònia, donde "toda tragedia era cómica y toda comedia se convertía en trágica". ¿Contempla la condición humana como una perpetua tragicomedia?
Sí, sí, reírse de uno mismo sirve para relativizar. En mi vida el humor es una tabla de salvación. Todas las generaciones han creído que vivían lo peor y lo mejor de la historia humana. No creo que esto sea el fin, vendrá otra gente después de nosotros: esto también se superará.
Piñol, usted de niño debía de tener la cabeza a pájaros, ¿me equivoco?
Vivimos la infancia en una época que espoleaba nuestros deseos de pasión. En mi barrio te podías evadir con las drogas, así que la mitad la palmó, o con la política, había gente que quería hacer la revolución. Y otro modo de volar era la ficción, como en la película de Óscar Aibar, 'Platillos volantes', situada en la Terrassa de los años 70, que no era muy distinta de mi barrio del Guinardó. Lo que querías era largarte de allí, y entonces sucedió esto del tinnitus.
¡¿Perdón?!
Sí, una noche al acostarme me di cuenta de que el sonido ambiental no desaparecía de mis oídos, permanecía como un silbido de fondo. Bien, pues jamás se fue, nunca pude volver a escuchar el silencio: un tormento muy considerable. El recurso que me quedó era cerrar los ojos y empezar a imaginar historias cuyo interés se sobrepusiera al silbido.
Qué horror, y eso de los platillos volantes… ¡Qué marcianadas no haría buscando extraterrestres! ¿Le ocasionaba esto mucho problema en casa y en el colegio?
Sí, pero es que era muy asfixiante vivir cuatro personas en un piso de 55 metros cuadrados e ir a un colegio de curas para quienes eras nada más que un bulto, con unos profesores amargados que ponían cero empatía. O sea, una vida bastante triste. Y en un ambiente tan sórdido y gris, algo tenía que inventar, ¿no? Me gusta la perspectiva budista de vaciarse, frente a la occidental, que consiste en llenarse
Tengo entendido que siempre tuvo en mente hacer la segunda parte de Moby Dick, y que mantiene un diálogo constante con Melville a través de un médium. ¿Qué ha opinado de su secuela?
Sí, hace tiempo que quería escribir una continuación de 'Moby Dick' en la estela de 'Los viajes de Gulliver', un libro muy político que fue manual de cabecera para los anarquistas del siglo XX. La fábula política es un género muy desaprovechado. Pero este hombre confunde una novela con un reportaje del 'National Geographic', y escribe cientos de páginas sobre cientos de peces, e incluso creía que la ballena era un pez, y el capitán Ahab no sale más que en dos o tres pasajes, y encima en el original mata a Ismael, que es la voz narrativa. Y entonces...
¿Entonces lo que quería era reescribirlo?
Quería hacer otra versión, decir que quería corregir a un clásico resulta muy presuntuoso. Invertí muchas cosas del original e hice una novela corta y dinámica, de capítulos muy breves que terminan con una frase que te impele a seguir leyendo.
Coficofin, el Ismael de Melville, reflexiona sobre la muerte: "Cuando morimos, nadie puede acompañarnos". ¿La conciencia de la muerte nos distingue del resto de animales o eso es solo algo que suponemos?
Como antropólogo, te diría que hay muchísimas versiones de la muerte. Y la nuestra no es precisamente de las más afortunadas, porque tenemos una idea tan fuerte del individuo… No nos educan para morir sino para temer a la muerte. A mí me gusta mucho la concepción budista, que vacía de contenido y de significado a la muerte, asumiendo que va a suceder y contemplándola como el irse a dormir, despedirse y morir, y eso pasa. Me gusta la perspectiva budista de vaciarse, frente a la occidental, que consiste en llenarse.
Piñol, ¿por qué será que nos fascina tanto el terror y por qué el miedo resulta tan contagioso?
Porque es una frontera tras la que está el otro y lo desconocido, que te rechaza. Pero fíjate que solo en esos espacios liminales aprendemos cosas: hay una verdad, un conocimiento en el terror. Es por tanto una realidad que te repele y al mismo tiempo te atrae, y, por tanto, es fascinante. Repulsión y atracción, eso es el terror.
Después del naufragio / Després del naufragi, Albert Sánchez Piñol. Traducción al castellano de Amalia Medina Martín Navona / Univers 304 páginas 23 euros / 22,90 euros
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