jueves, 19 de noviembre de 2009

Millás

La pelea de Millás con las palabras. Jesús Ruiz Mantilla, El País, Madrid - 19/11/2009
Uno dice Millás y ve un tipo friolero, embotado en un abrigo de cuero negro encima de una americana gris, con gafas metálicas, cubierto también de parsimonia y retranca que probablemente se pregunte a menudo: "¿Por qué si soy un hombre hecho y derecho no me llamo Millós?". La relación de un escritor con las palabras no es sana. Es, por definición, conflictiva, cuando no traumática o directamente de diván, como es el caso de Millás. Así lo percibió el público -más de 200 personas- que abarrotaba y se desternillaba ayer en el salón de actos de la Biblioteca Nacional, donde el autor de El mundo dio rienda suelta a su terror y su perplejidad ante el lenguaje, dentro de un ciclo dedicado a los Premios Nacionales.




El amigo Millás sale a escena como en un monólogo y dicta una lección de comedia a lo Woody Allen, con gotas de Groucho Marx y aires de diccionario secreto en plan José Luis Coll o de greguería de Ramón Gómez de la Serna. De hecho, está trabajando con Juan Diego en una adaptación teatral de lo que leyó ayer. Con complejo de Edipo y sexo incluidos. "Las palabras nos hacen y nos deshacen. Tienen un significado dentro de ti y otro fuera", afirmaba Millás. "Los diccionarios se refieren al término 'vagina' como un conducto de paredes membranosas que en las hembras de los mamíferos se extiende desde la vulva hasta el útero. Pero si la vagina no fuese más que eso: qué interés, por Dios, íbamos a tener los hombres en meternos en ellas y con la desesperación que lo hacemos, como si nos fuera la vida en ello".
Su desconcierto viene de lejos. La suya fue una infancia complicada, que aterraba a su madre por las rarezas del angelito. Ya lo ha narrado en esa joya autobiográfica que es El mundo. Ayer se extendió. "De pequeño no comprendía por qué mis hermanas, siendo chicas, comían garbanzos y no garbanzas y por qué a los chicos nos daban remolacha en lugar de remolacho. De hecho había colegios de chicos y de chicas pero los de ellas no se llamaban colegias". Así comenzó el conflicto. También el pavor de su madre al conocer sus curiosidades y su preocupación: "No le digas nada a nadie que ya lo arreglo yo", le contestó.
Según fue creciendo comprobó que todo seguía patas arriba en ese aspecto. Que el hecho de que existieran personas sin personalidad podría implicar que también se dieran casos de mesas sin mesalidad o sartenes sin sartenidad. Lo primero es la definición de amorfo que le dio su padre: "Una persona sin personalidad". Cuando el chaval le planteó su duda con otros objetos, el hombre le contestó: "¿Tú eres idiota o qué?".
Con todo, y a la vista de que no encuentra respuestas en los diccionarios, ni en la lógica implantada por las cosas, Millás ha comenzado a definir el suyo propio. Va por la "a". De Avemaría, por ejemplo: "Una oración con la que nos castigaban por masturbarnos sin advertir que al darle ese uso punitivo (maravillosa expresión) la contaminaban de nuestra impureza. Muchos de mi generación no pueden hoy masturbarse sin rezar ni rezar sin masturbarse".
Las palabras encierran muchísimos peligros, según Millás. "Una vez mi hijo me preguntó qué quería decir 'efímero", relató ayer el escritor. "¿De dónde has sacado esa palabra?", le preguntó en tono un tanto amenazante su padre. "No me lo quería decir. Le presioné. 'De un libro', dijo al fin. '¿Qué clase de libro?', insistí. No me gustaba que fuera recogiendo palabras por ahí, de cualquier sitio. Las palabras están llenas de infecciones. Una vez contagiado, caen sobre ti las enfermedades oportunistas (las frases oportunistas, cabe decir) y estás perdido. '¿La vida es efímera?', preguntó entonces y comprendí que había sacado la palabra de donde no debía".
Las palabras definen un mundo que no puede ser consensuado. Cuando un escritor sabe esto, comprende el conflicto que llevan preñado en su seno, está condenado a desentrañar el misterio. Millás lo supo pronto. Como también comprendió que los vocablos no sólo contienen definiciones: "Que tienen sabor, textura, volumen, que las hay imposibles de tragar, como el aceite de ricino y las que entran sin sentir, como un licor dulce. Las que curaban y las que hacían daño, las que dormían y las que despertaban. Las que proporcionaban inquietud y paz. Había palabras, incluso, que mataban".

Spirit

-La Tierra llamando a Spirit, la Tierra llamando a Spirit, cambio.

-Menos mal que no me habéis abandonado. Estoy solito, y aquí en Marte hace mucho frío; soy un robot, no una cosa: necesito instrucciones para no desanimarme. Es cierto que por un momento perdí la compostura y me hice un lío con el programa de orientación, pero ya estoy bien.

-¿Qué tal va esa cojera?

-Ya me había acostumbrado a ella, pero ahora echo de menos mi sexta rueda; estoy en una trampa de arena y no logro salir. Ahora que ha terminado la temporada de las tormentas, tal vez tenga una oportunidad, si me dais el software necesario.

-Pobrecito. Con la gran cantidad de datos que nos has enviado, es lo menos que podemos hacer por ti. Si no estuvieras tan lejos... Eres un gran fotógrafo.

-Gracias; pero lo que ahora me importa es poder salir de este agujero, con cojera y todo.

-Te estaremos hablando mientras tengas baterías. ¿Has tomado mucho el sol?

-Había mucho polvo, pero me he recargado muy bien, y estoy ansioso por salir. ¿Cómo está mi hermano gemelo?

-Corretea ya por ahí; sufre mucho por tu situación y nos ha pedido que te ayudemos todo lo posible.

-Opportunity es un gran chico. No lo olvidéis a él tampoco.

-Descuida, no lo haremos.

Levi-Strauss

La lección de Claude Lévi-Strauss
Francisco Jarauta, El País 19-XI-2009

El pasado 30 de octubre Claude Lévi-Strauss fallecía en París a la edad de 100 años. Filósofo y etnógrafo a un tiempo, es hoy un referente intelectual indispensable a la hora de pensar las relaciones entre el hombre y la sociedad, la naturaleza y la cultura, y el complejo sistema de elementos que se articulan en los diferentes modelos mitológicos que han ocupado una parte central de sus estudios. Mitos, costumbres, artes, lenguas, reglas de parentesco, religiones, instituciones, etcétera, todo le atraía al joven etnógrafo que decidirá dedicar su vida al estudio de las formas de la cultura.

Tristes Tropiques, de 1955, recogerá lo que él mismo calificó como "la experiencia más importante" de su vida. Un viaje -"cuando ya era imposible viajar"- que le precipitará en un universo nuevo del que se sentirá pronto no sólo atraído sino incluso atrapado. Herramientas, objetos, formas de alimentación, música, danza, rituales mágicos... pasarán pronto a formar parte de una nueva constelación humana de la que se reconocerá como su cartógrafo.

El joven estudiante que atraviesa el Atlántico en 1935 camino de Brasil ha elegido ya sus afinidades intelectuales. La geología, porque nadie mejor que ella narra el tiempo de la tierra. Sigmund Freud, tal cual lo leía el joven Lévi-Strauss, que excava en las ruinas del paisaje psíquico cuyas leyes intenta establecer. Y Karl Marx, que lee a los 17 años, y que se le presenta como el constructor de modelos sociales, aptos para la comprensión de la historia. Geología, psicoanálisis, marxismo: "Los tres demuestran que comprender consiste en reducir un tipo de realidad a otra; que la realidad más verdadera no es siempre la más evidente o explícita".

Ahora tendrá ante sus ojos, a lo largo de los viajes etnográficos por las tribus indígenas del Mato Grosso y de la Amazonia entre 1935 y 1939, un mundo nuevo de formas culturales que recorrerá con particular ansiedad. Todo le resultaba fascinante entre los caduveos, bororos, nambikwaras y tupi-kawahibs, sobre los que construirá las bases de lo que más tarde llamará pensée sauvage, al tiempo que trazará ya la estructura de su pensamiento. "En la América indígena he amado el reflejo, aunque fuera fugitivo, de una época en la que la especie se adaptaba a las condiciones de su universo y en la que persistía una relación adecuada entre la libertad y sus signos". Ya entonces la secreta atracción por los ideales utópicos de su autor preferido, Rousseau.

Y tras el breve regreso a Francia de nuevo los años de Nueva York, de 1941 a 1944, "un periodo de excitación intelectual intensa". Ahí se encuentran los exiliados como André Bretón, Max Ernst, Tanguy, Masson... o los frankfurtianos de la New School for Social Research junto a los grandes nombres de la antropología americana como Alfred Kroeber, Franz Boas, Ralph Linton o Ruth Benedict. Y, finalmente, el encuentro decisivo con Roman Jakobson de quien reconocerá una deuda intelectual. "Yo hacía ya estructuralismo sin saberlo. Jakobson me ha revelado la existencia de un corpus de doctrina ya constituido", escribirá años más tarde recordando la estancia y encuentro neoyorquinos.

En efecto, el estructuralismo era, para él ante todo, una estrategia para escapar de la obsesión por la identidad. Contra el existencialismo de Sartre, Lévi-Strauss declara la guerra al "sujeto": "Este insoportable niño caprichoso que ha ocupado tanto tiempo la escena filosófica, impidiendo un trabajo serio al reclamar todas las atenciones". Más allá de las apariencias y formas sensibles, se organiza el trabajo de un desciframiento de aquellas estructuras que se hallan en la base de toda forma cultural. En el fondo, "je suis peut-être un kantien vulgaire", ironizaba en plena refriega intelectual.

Las Structures élémentaires de la parenté, que leerá en 1949 como trabajo de tesis, marcan un camino apasionado por establecer la lógica de las relaciones que rigen las formas de la cultura y sus determinaciones naturales. Desde un extraño regard éloigné penetraba su obra en los diferentes sistemas que Tristes Tropiques habían ya señalado. La lección inaugural en el Collège de France, sin duda uno de sus textos fundamentales, nos introducirá, no sin polémica, en el universo de órdenes y clasificaciones que orientan las formas mentales de los pueblos sin máquinas ni escritura.

La relación que se nos oculta -de la misma forma que lo hacen las máscaras en su afirmar y negar- es propiamente el objeto del inmenso trabajo de Mythologies, distribuido en cuatro volúmenes de 1964 a 1971: Le cru et le cuit, Du miel aux cendres, L'origine des manières de table, L'Homme nu, y que recogen 113 relatos de mitos que cifran, en su conjunto, la historia más variada jamás contada. En el juego del aparecer y desaparecer se va iluminando la lógica de procesos culturales irrepetibles que dan cuenta de la historia humana, tal como afirma en La voie des masques, de 1979.

En los sistemas mitológicos que Lévi-Strauss identifica en sus análisis opera una lógica que establece el orden de las estructuras y las formas de la vida y la cultura. Para ello es necesario recorrer el largo viaje que va de lo sensible a lo inteligible, siguiendo un camino de relaciones e inferencias, con clara intención constructiva que dará lugar a la configuración de un sentido que escapaba a las lecturas de la antropología clásica.

La mirada puede detenerse en un tatuaje o en el rostro de una joven caduveo o en el ritmo de una danza bororó. Lo que importa, dice Lévi-Strauss, es llegar a la comprensión de aquellos signos que esconden su verdad, como en el caso de la piel de la joven caduveo, teñida de azul, sobre la que se recortan entre geometría y arabescos los principios sociales de jerarquía y reciprocidad. Aparecen así nuevos niveles de significado que dan lugar a un relato que la antropología sostiene con su ejercicio iluminando desde los signos la verdadera historia humana.

Recorrer esta historia sólo es posible siguiendo la guía de una mirada que ha revolucionado la historia de las ciencias sociales y de sus modelos interpretativos. Me refiero a una larga polémica a lo largo de la cual los presupuestos historiográficos han sufrido un amplio y contrastado debate. Los contextos epistemológicos son hoy otros y una aproximación a las tesis de Lévi-Strauss, a sus métodos y a sus modelos de interpretación, tienen para nosotros una actualidad indiscutible. Más allá de los territorios tradicionales de los estudios antropológicos se abre desde su propia obra un nuevo espacio de curiosidades y problemas nuevos. Una mirada como la suya, atenta a identificar las relaciones que atraviesan igualmente la pintura, la música, la literatura y las artes en general. Con sutilidad proustiana volverá a mirar a Poussin, a escuchar a Rameau, a leer a Diderot como variaciones de un mismo ejercicio.

No es otro el propósito de Regarder, écouter, lire, de 1994, con el que cierra la selección de textos para el reciente volumen de la Pléiade. Ocasión que de nuevo pone en escena la intención que ha dirigido su propia experiencia intelectual. Una historia que va desde Tristes Tropiques a este último ejercicio de lectura e interpretación comparativas, de quien se ha definido como un "humaniste modeste", siendo, en verdad para nosotros, uno de nuestros maestros.

Francisco Jarauta es catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Puñetazos a profesores y alumnos con escopetas

En el Instituto número tres, un alumno ha pegado un puñetazo en un ojo al director y este ha denunciado el caso; parece ser que el asunto se solventará con quince días de expulsión; no sé qué pensará el ojo del aludido, aunque seguramente estará negro por este hecho más que por el puñetazo, pero la sanción se me antoja pobre. En Francia, han logrado detener a un alumno que quería hacer una matanza estilo Columbine -¡qué poco originales son nuestros jóvenes!-; ya se iba al instituto armado con una escopeta cuando lo vio rodeado por la policía y le detuvieron. Sus padres leyeron su blog, donde contaba sus malvadas intenciones, y lograron impedir la tragedia. Todos los años acaece lo mismo: siempre hay algún chaval chiflado o cabreado que pretende hacer de un Instituto un coto de caza escolar en algún lugar del mundo, casi siempre al filo de una evaluación; es previsible y regular y ocurre por insaculamiento: hoy ha tocado la bola blanca de buena suerte; otra vez será la negra.

Algo hay que hacer con la violencia, no sólo con la individual, sino con la institucional; no me refiero sólo a la violencia física: deberían prohibir las armas, es verdad, pero también las películas y los deportes violentos; es más, hay otros dos formas de violencia que deberían perseguirse igualmente: la emocional, que es la que practican las mujeres, y la intelectual, que es la que practican todos los que mienten, no sólo negocios publicitarios como los gobiernos, las religiones y otras empresas comerciales, no siempre de sesgo capitalista. Ya se ha visto cuánto más pueden las iniciativas individuales que las colectivas: esos padres preocupados, por ejemplo, han logrado más que cualquier campaña gubernamental en prevenir el problema. En Francia las individualidades funcionan, porque hubo individuos que educaron bien a unos padres, aunque esos padres tan bien educados, sin embargo, no han podido educar hoy a su hijo: algo ha interferido las virtudes de antaño, y no son precisamente los individuos, sino algo más abstracto y menos controlable que emana del estado, de la sociedad, de las instituciones, de la enseñanza, y se ceba con nuestros jóvenes; ¿qué es? Yo creo que es la ruptura de los valores morales tradicionales: desestructura las familias. No existe solidez ni permanencia en unas relaciones personales que más que ser relaciones personales son relaciones de consumo y condenan a la gente a la inseguridad y a la angustia. ¿Cuándo ocurrirá un Columbine en nuestra España? ¿Habrá padres o profesores que lo sepan detener?

Cabreo

Me he pasado por una librería de amplio fondo, Ruiz Morote, instalada en una cueva subterránea o sótano, como la cátedra de magia de Salamanca, y he salido bastante cabreado, aunque también muy motivado. Mi cabreo es porque hay muchos libros que quisiera leer y no puedo comprar, y lo que es más, porque aun si los comprara no tendría tiempo material para leerlos y estudiarlos. Pero también me he marchado motivado, porque se me ha despertado el gusanillo de escribir... Ciclotímico que es uno. Tengo muchas ideas, muchas intenciones, pero también miedo de llevarlas a cabo y de que me roben el tiempo que necesito para disfrutar de cosas para mí más importantes, como son mi familia, el sol, el aire, los seres vivos. Ahora que no tengo problemas para publicar, que sé que me publicarían cualquier cosa, que se pelean por que escriba algo, resulta que no puedo resolver el problema del tiempo.

Estaría bien escribir una novela negra; el protagonista sería un tal Fernando de Rojas, que investigaría la desaparición de dos niñatos pijos, un tal Calisto y una tal Melibea. He emborronado un esquema con los puntos estructurales de esta parodia, que no sería en todo semejante a la Celestina, pero no tengo tiempo para escribirla, por desgracia. Por otra parte sigue rondándome el problema de la novela sobre la romántica primera mitad del siglo XIX; creo haberlo resuelto con la presencia de tres narradores o hilos de trama, o de una narración en tercera persona sobre tres personajes, que serían Félix Mejía, un clérigo -aunque prefiero al simpático Manuel Núñez de Arenas, tendré que escoger más de acuerdo a mis intenciones al desagradable Agustín de Castro, y un pintor, discípulo de Aparicio, que representa la postura que yo creo menos mala. Personajes secundarios en la parte manchega serían Chaleco y Adame, aunque la novela transcurriría también en Toledo, Cádiz, Madrid, Filadelfia, Guatemala, Tabasco y La Habana... pero estos proyectos son utópicos, porque me falta el tiempo, y además estos proyectos, algunos de los cuales tengo comenzados, se pelean con otros, como el caso de cuatro o cinco ediciones que quiero hacer de clásicos manchegos olvidados y que seguramente nunca podré concluir por falta de tiempo; puedo hacerlas, tengo los materiales ya buscados, pero lo que me falta es consagrarme exclusivamente a ello: hay muchas cuentas que pagar y, por desgracia, aunque la enseñanza me hace menos feliz, es lo que sirve para pagarlas a tiempo. Siempre hubiera preferido tener menos y vivir en una casa alquilada y más pequeña, pero dedicarme a hacer lo que realmente me gusta: escribir, imaginarme cosas, ensoñar, reflexionar, barajar palabras. Pero mantenerse de la escritura en España es muy difícil, y solamente lo han logrado seis o siete a costa a veces de sacrificar la calidad de su producto. Ese es el difícil dilema del escritor, que sólo puede serlo sin condiciones si es millonario, y por lo general un millonario prefiere hacer cualquier tipo de estupidez a encerrarse a emborronar cuartillas por el arte.

martes, 17 de noviembre de 2009

La discutible flotabilidad de la inteligencia

Quien tenga dos dedos de frente sabrá desde luego que la inteligencia sin voluntad no es nada; por desgracia, una voluntad de signo negativo, opaca y persistente daña nuestra sociedad de arriba abajo impidiendo la flotabilidad y el ascenso de lo bueno, y provoca lo que nuestro floricultor y manchego ensayista Marina denomina "el fracaso de la inteligencia", una muestra de la cual es el secular desprecio que muestra nuestro sistema educativo hacia la excelencia y la investigación, en suma, hacia la profundidad, algo que ni siquiera se planteó el manchego de adopción Conde de Romanones cuando consiguió diginificar la enseñanza en nuestro país a fines del siglo XIX. La situación actual es una buena muestra de ello. Atacado por esas pesadas rémoras y lastres, el mérito se hunde en minucias y no asciende hacia los principios rectores, mientras que la mediocridad y el compadrismo(lo que llaman algunos "clientelismo") llevan todas las de ganar y se transforman en formas de gobierno pulposas, mansas e ineficaces, segregando masivas nubes de oscura corrupción e incompetencia.

Adoptar la actitud erguida


Sin duda que fue un gran avance dejar de caminar a cuatro patas y adoptar la actitud erguida, tan digna, ante la adversidad: cuando uno se pone de pie, se deja de ser una bestia de carga y se sostiene mejor el peso de ese cerebro tan grande e infrautilizado que tenemos, se ve más lejos y uno puede usar las manos para hacer algo; sin duda, es la actitud más optimista, trabajadora y exigente; por desgracia los políticos han involucionado hacia otra postura y se han caído de culo hacia atrás, acaso por el susto de tener que hacer algo y dejar de cobrar, se han dejado caer dulcemente en la poltrona y sus manos descansan sobre la bola de cristal de su prominente barriga, o sosteniendo desmayadamente un puro o copa, los ojos entrecerrados por la modorra o mirando al utópico e infinito cielo, en vez de al horizonte donde se supone que debe estar el futuro, todos ellos envueltos en el aroma y la música de los estruendosos pedos que se tiran, tufillo parecido al de la corrupción que emanan sus tripas engrasadas por la diarrea de las luengas y caras cenas que engullen.

Enrique Urquijo


Este hombre, como muchos, llevaba escrito en la mirada su destino. Pero aparte de la tan famosa y memorable Déjame, escrita en unos impecables eneasílabos, dejó muchas otras canciones destrozadoras, como la que dedicó a su única hija María, Agárrate fuerte a mí.

lunes, 16 de noviembre de 2009

No.

Llevo un preocupante número de días sin ganas de escribir. Es preocupante, sí, porque eso es algo que nunca me había pasado. Mi actitud se ha reducido a decir "no", incluso no a escribir, y no sé qué significará esto ni cuánto durará.

Las imbecilidades y sus consecuencias, Javier Marías


Las imbecilidades y sus consecuencias.

Javier Marías, El País, 15-XI-2009

Causa sonrojo insistir en las cosas que a uno le parecen evidentes y que hasta hace poco se lo parecían a la mayor parte de la población. Pero vivimos en una época y en un país tan irrazonables que ya nada se puede dar por sentado, ni siquiera la capacidad para asociar las causas con los efectos, o las imbecilidades con sus consecuencias. Es como si hubiéramos perdido –hablo en términos generales– esa facultad fundamental, y con ella la de prever lo que las iniciativas o decisiones o prácticas necias pueden traer consigo. En las últimas semanas he hablado aquí de algunas de ellas: casi nadie asocia la penalización del cachete ocasional a los niños y adolescentes con el vandalismo creciente de muchos de ellos, que son los que al final acaban abofeteando o palizando a sus padres; casi nadie ha asociado el fracaso de la candidatura olímpica de Madrid con el demencial estado de la ciudad, el sistemático destrozo de sus zonas mejores y la imposibilidad de llevar en ella una vida seminormal; los inter-nautas que pronto leerán gratis libros (y que ya oyen canciones y ven películas) se han indignado porque me limité a anunciar que, gracias a sus hábitos que ya nadie va a cambiar (ni yo lo pretendo), llegará un día en que los creadores dejemos de hacer música, cine y literatura, ya que –por lo menos los escritores– sólo ganamos dinero por los ejemplares que vendemos: nadie nos paga una cantidad fija e inamovible por nuestro trabajo, y los anticipos que percibimos son eso, anticipos a cuenta de nuestras previsibles e inseguras ventas.




Pero hay muchas otras cosas que extrañamente no se asocian. En Barcelona hubo consternación el pasado verano porque cada vez más gente se paseaba por sus calles, y aun entraba en establecimientos de todo tipo, con el torso descubierto, lógicamente sudoroso y probablemente apestoso; luego se armó un escándalo al reproducir este diario fotografías de sexo en pleno centro, en los tradicionales barrios de prostitución. Yo no sé por qué los barceloneses se sorprendieron, ni de lo uno ni de lo otro, si en su ciudad está expresamente autorizado el nudismo por decisión municipal. “La gente tiene derecho a ir desnuda por donde le plazca”, sentenció el Ayuntamiento en su ridículo afán por ser “moderno”, “tolerante”, “abierto”, “sensible” y “respetuoso con los deseos de todos”. El resultado inmediato fue que hay un par de individuos que van siempre en bolas y con los que los habitantes están resignadamente familiarizados (uno de ellos, al parecer, suele ir en bici y lleva el pito tatuado, para mayor distinción). El resultado mediato es que, si está permitido circular en cueros, ¿cómo se les van a poner trabas a los que “sólo” llevan el torso o el culo al aire o simplemente se sacan el susodicho pito para que una profesional se lo lleve a la boca junto a la Boquería? ¿A qué viene ahora tanta protesta, si a la ciudadanía le pareció de perlas –no hubo quejas, que yo recuerde– la supertolerante iniciativa imbécil del Ayuntamiento?

Durante muchos años, sobre todo desde que el Gobierno de Aznar decidió que todo el suelo español fuera edificable, los constructores y los Ayuntamientos y las Comunidades han destruido el paisaje, sobre todo el de las costas, arrasadas por monstruosas moles de ladrillo y cemento y convertidas en lugares incómodos y feísimos. Eso ha propiciado que allí ya sólo acudan los turistas más zafios y que menos gastan, los que se conforman con dos o tres noches –ciegas– de cerveza, chiringuito y prostitución callejera, todo en un paquete que les cuesta cuatro perras; y que, paralelamente, se haya ahuyentado a cualquier visitante con un mínimo de exigencia y con gusto por el dispendio. Hasta agosto, la entrada de turistas había caído un 10% este año respecto al anterior, y en los meses que restan se prevé un descenso aún mayor. Nuestros gobernantes intentan achacarlo a la crisis, porque son los primeros interesados en que no se asocien sus políticas imbéciles con sus consecuencias, pero unas y otras están estrechamente vinculadas.

Otro tanto sucede con el llamado Plan E del Gobierno de Zapatero, que consistió, entre otras medidas, en soltarles a los Ayuntamientos –endeudados hasta el peluquín– un montón de millones para que acometieran obras absurdas e innecesarias (para que se las inventasen, en suma), a fin de frenar momentáneamente el paro en las empresas de obras públicas y en las constructoras. A gastar en lo superfluo se lo llama tirar el dinero, y además ha sido a costa de que el conjunto de la población padezca sin motivo y no pueda trabajar ni descansar en sus desventradas y martilleadas localidades. Las consecuencias de esta imbecilidad están a la vista: a punto de acabarse la inyección artificial, tendremos ahora de golpe todos los parados que se intentó “aplazar”, y, a cambio, la productividad general del país se ha resentido, con la gente torturada y fuera de quicio, imposibilitada para moverse y desplazarse por sus ciudades y para rendir en sus tareas.

La mayor imbecilidad, con todo, es la que nos aqueja últimamente a la mayoría: no saber asociar causas y efectos, lo cual, se dan cuenta, equivale a no saber sumar dos y dos. No hace falta explicar cuál será la consecuencia de tamaña ignorancia.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Pérez Reverte y Cádiz

Un 'Asedio' de aventura, intriga y amor

Arturo Pérez-Reverte desvela el alma de su nueva novela, una historia de más de 700 páginas ambientada en el Cádiz de 1812 - "Es mi obra técnicamente más compleja"

JACINTO ANTÓN - Madrid - El País, 12/11/2009

Sssshhhh. El sable de coracero francés hace un ruido escalofriante al sacarlo de su vaina, como la piel de un demonio al rociarlo de agua bendita. "Cuidado con el filo", advierte Arturo Pérez-Reverte, algo inquieto ante el entusiasmo de su interlocutor, que blande el arma al estilo del general D'Hautpoul en Eylau. El sable, de bruñida lámina de acero, es muy largo, y pesa lo suyo. Es fácil imaginar su terrible efecto sobre la infantería, o los muebles. "Una herramienta hecha para matar", observa el escritor con una mueca, retirándolo de las manos del periodista.


"Podía haber elegido también el Madrid del 36 o el Sarajevo del 92"

"Mi tiempo como escritor está limitado: de cinco a siete novelas más"

El autor de La tabla de Flandes, El Club Dumas o El maestro de esgrima ha citado en su casa para hablar en primicia de su nueva novela, un pedazo de novela, de más de 700 páginas, llena de aventura, intriga y romanticismo, entre otras muchas cosas, que aparecerá el próximo 3 de marzo (Alfaguara). Se titula Asedio y transcurre en 1811 y 1812 en Cádiz, durante el sitio del Ejército francés en la Guerra de Independencia, pero no es propiamente, recalca el escritor, una novela histórica como Cabo Trafalgar o Un día de cólera. Tampoco bélica.
Imaginario

De camino hacia el estudio de Pérez-Reverte, uno puede ver objetos que forman parte ya del imaginario de sus lectores: su casco de corresponsal de guerra, la espada que utilizó Viggo Mortensen al encarnar al capitán Alatriste, un mosquete francés, la pintura de un húsar del 4º Regimiento -el de Frederic Glüntz-, unos clavos oxidados rescatados de los pecios de Trafalgar... De una cajita, extrae un tornillo: una nadería, hasta que te enteras de que pertenece a una de las torretas del Graf Spee, el acorazado de bolsillo nazi hundido, gracias a Dios y al Exeter, en la bahía de Montevideo.

El sanctasanctórum de Pérez-Reverte es casi un zulo y está abarrotado de libros. Junto al ordenador, sus preciados portulanos, tintines y cortos maltés, una placa con el recordatorio -como si hiciera falta- "donde hay patrón no manda marinero" y alrededor un formidable despliegue de libros de las más variadas materias que ha usado para la novela: botánica, ciencia, comercio, moda, armamento, taxidermia, esgrima de navajas... El escritor sirve dos vasos de limonada, a la que está enganchado. El original de Asedio -aún no lo ha librado a la editorial: está acabando de corregirlo- son dos gruesos cartapacios. El novelista deja hojearlo. La primera frase: "Al decimosexto golpe el hombre atado sobre la mesa se desmaya".

"No es una novela histórica ni sobre la guerra de Independencia. Transcurre en el Cádiz del asedio francés, pero es una novela de personajes, de varios personajes con distintas historias cuyas vidas se van cruzando y cuyas actitudes y conflictos enlazan directamente con ahora. Es en ese aspecto una novela contemporánea. La guerra, la Constitución, la parte histórica son sólo el telón de fondo, pero no el objetivo de la novela; no hay nada didáctico en ella". Como siempre que habla de sus obras, Arturo Pérez-Reverte se expresa con una pasión que raya casi en la ferocidad. Su entusiasmo es contagioso. "Hay una trama policiaca, de espionaje, y otra científica, y otra folletinesco-romántica, y otra marina, y otra aventurera". Vamos, todo Pérez-Reverte. "Cada tema tiene un personaje que representa una parte de la historia; se van cruzando, todos convergen. La novela transcurre en el Cádiz de esa época pero podía haber elegido el Madrid del 36 o el Sarajevo del 92".

El escritor dice algo que conmocionará a sus muchos lectores: "Mi tiempo como escritor está limitado, me pueden quedar con vigor narrativo diez o quince años como mucho; eso significan de cinco a siete novelas más, si no me muero antes". Y silencia la exclamación estirando un brazo. "Así que he de elegir mucho lo que hago y lo que descarto".

Asedio es como un compendio de todo lo que ha hecho Pérez-Reverte y de lo que quería hacer: ¿una forma de engañar al destino? "Me le adelanto", sonríe con cara de espadachín de estocada secreta. "Es mi novela técnicamente más compleja, de una arquitectura muy complicada. Han sido dos años de trabajo gozoso. Y ha sido un ejercicio personal de volver a mis viejas novelas pero con 20 años más de experiencia".

Es Asedio una novela llena de peripecias; hay un enigma central de tipo científico, un desafío que planea por toda la historia. "Hay ajedrez, que me sigue apasionando. Como si toda la bahía de Cádiz fuera un inmenso tablero en el que los personajes de la novela se mueven como en una partida". El enigma: "Tiene que ver con parábolas de artillería, y con ajedrez, y con lo más oscuro y peor del ser humano". Ahí estamos en El pintor de batallas... "Están todas mis novelas. Todos los libros que he escrito están aquí".

Y ahora, a por el séptimo Alatriste: El puente de los asesinos.
La España que pudo ser y no fue

¿Va a ser Asedio la gran novela sobre Cádiz? "Estoy intentando que lo sea. De la bahía de Cádiz. He hecho un trabajo de documentación muy exhaustivo, la cartografía, el cálculo de distancias, los vientos, la forma de hablar, las técnicas forenses de entonces; he reconstruido todo el mundo de la época". Dice haber disfrutado "como un gorrino en un maizal", que ya es imagen.

Para Pérez-Reverte, ese Cádiz, en el momento en que España, ocupada por las tropas napoleónicas, "se redujo prácticamente a una isla, desde donde luego debía relanzarse", es algo excepcional. De nuevo estamos en su discurso más sentido, en su personal "me duele España". Ese Cádiz, marco de la novela, "era un sitio fascinante, pero no por la guerra ni por la Constitución. Allí las mujeres de clase alta estudiaban inglés y contabilidad. Era una ciudad liberal y culta, abierta al mundo por el comercio con América. La España que pudo ser y nunca fue, la gran ocasión perdida". Aquello "fue un espejismo, un paréntesis, volvimos a lo de siempre, los aristócratas rapaces, los curas que ponían leña para quemar libros y personas y los reyes crueles y estúpidos". Ante sus personajes, ante la gente de aquel Cádiz que ha revivido con su pluma, de aquel "concentrado de España en miniatura", el novelista siente una gran melancolía: "Todo aquello que pudo ser resultó aplastado, aniquilado, malgastado. Con Constitución o sin ella los españoles continuaron siendo habitantes de un país históricamente enfermo y culturalmente plano"

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Fumar

Ustedes perdonen, pero no fumo. Mi padre, un adicto, me sorprendió una vez fumando, y me dijo: "Qué malo es fumar". Sin ira ni reproche. El había intentado desintoxicarse un puñado de veces y, al final, resignado, se limitó a fumar con boquilla de alquitrán. Fumaba ducados, menos mortíferos que los mecánicos, pero igualmente olorosos. Eso bastó para quitarme todo deseo de fumar. Sencillamente, no lo soporto: un solo cigarrillo me da dolor de cabeza para una semana; únicamente los mentolados me sentaban bien, pero también los dejé. Hay algo en mí que no va con el humo. Y eso que he intentado fumar hasta puros, y yo no he sido de los que fumaban solamente, sino de los que además mascaban tabaco, como los marineros que querían prevenir el mareo en tierra. Si queréis saber qué malo es el tabaco, mascadlo: su sabor es ácido y revuelve el estómago provocando el vómito. Yo aconsejaría a cualquier chaval que fuma que mascara tabaco: sguro que no volvería al hábito.

Dicho esto, soy partidario de ser clemente con los que fuman; pienso que lo mejor que se puede hacer con ellos, la solución verdaderamente final, sería enviarlos todos en tren a los hornos crematorios para convetirlos en ceniza y humo, que eso es lo que son, después de todo. Hasta les dejaría liar un último pitillo antes de reducirlos a estado elemental.

martes, 10 de noviembre de 2009

Leo Strauss y los monstruos mitológicos

Robles aparece deslumbrado en su blog, muy a su pesar, con este hermeneuta y filósofo neocon, auténtico papá de los políticos que tanto están dando la lata en la América, y tiene bastante sentido lo que dice. Para Strauss, cualquier cosa es mejor que el nihilismo pelado a que conduce el capitalismo, y el político se reduce a una especie de servidor, cuando no creador y alimentador, de una serie de mitos o sueños que impiden a la masa caer en ese nihilismo ciego que es el que en el fondo él profesa; la tarea del americano es, en busca de su sueño, rehuir ese nihilismo del todo vale aunque sea a tiro limpio, a costa de una represión y un adoctrinamiento institucionalizados.

En Europa, la intrahistoria es un poco diferente. Observo a la juventud más nihilista que sus mayores y a la gente dentro de la prisión de sus "esperanzas cortesanas" y del metal de sus "doradas rejas", que decía Alonso Fernández de Andrada:

Fabio, las esperanzas cortesanas / prisiones son do el ambicioso muere / y donde al más activo nacen canas (...) / Aquel entre los héroes es contado / que el premio mereció, no quien lo alcanza / por vanas consecuencias del estado. / Peculio propio es ya de la privanza / cuanto de Astrea fue, cuando regía / con su temida espada y su balanza./ El oro, la maldad, la tiranía / del inicuo precede y pasa al bueno, / ¿qué espera la virtud o en qué confía?


No espera nada. Pero muchos pasan la vida estudiando interminablemente el escalafón, como los funcionarios del cuento de Unamuno, o aspirando al decanato de los viejos que van a dar al sepulcro, y en eso se pasan la vida, intentando obtener medallas de la incompetencia y del asco general. Parodiando a La Celestina, cabría decir que el que es interino desea ser fijo, y el que es fijo mejor postura, y el que mejor postura más sueldo, y el que más sueldo más aprecio, y nadie desea contenerse en los límites de su propio yo, nadie desea ser él mismo
. Todo el mundo anda descentrado y hueco, descontento y deseando algo, nadie desea permanecer como está (salvo el que pretende huir del terror de estos tiempos, la Hipoteca, monstruo mitológico de mil cabezas que devora y consume la nómina). Se vende la primogenitura por un plato de lentejas, y por eso se es capaz de echar como un mal vómito la hidalguía, la entereza, la compostura y todas esas palabras viejas que se resumen en el anticuado y tan detestado honor o dignidad.

Un incorregible trata de corregir

Corregir exámenes me pone heideggeriano, existencial, de mala leche, hablando en plata. El ser son los exámenes, la nada soy yo, y el tiempo me angustia con su estrechez de centro de reloj de arena. Todo yo no me concibo sino a, ante, bajo, cabe, con, desde, hasta, hacia, para, según, sin, so sobre, tras los exámenes. Doy vueltas en torno al montón como un ratón ante el queso de la ratonera o un oso en torno a una colmena, o comoVladimir o Estragón esperando a Godot: no me muevo. Pero hay que empezar, y empezaré... mañana. "Hoy no se fía, mañana sí". Empieza de una vez, cojones... Es que eso de bajar al Infierno de Dante, y luego al Purgatorio... Y sin Virgilio que te guíe. Y sin Beatriz que te ilumine. Los políticos lo tienen mejor, sólo tienen que desayunar un sapo todos los días. Además necesito un boli rojo, y no sé dónde está, ni dónde lo puse por última vez, y ni siquiera si tengo uno o lo he comprado. Si me siento prefiero estar de pie. Si estoy de pie me largo. Espera... Primero voy a por un vaso de agua... Jolines, comienza de una vez ¿no tenía que arreglar el armario? ¿No tenía que escribir una carta? ¿No...? ¡Corrige, hombre! No seas tan duro, hombre, esto requiere su tiempo, su preparación, su calculadora, su reparto de puntos... y tengo que comprar el boli rojo; hay tiempo todavía. ¡Esta noche empiezo!

Hospital general

Salido apenas de una gripe a minúscula que he combatido a golpe de gelocatil y vitamina C, me tocaba revisión de sistema endocrino, por si tuviera recidivas del cáncer de vejiga que padecí doce años ha. Pues no, aunque me han encargado tres pruebas diferentes por si acaso, ya que es muy traicionero y no da señales. El hospital rebosa; mientras espero, veo pasar pares de viejecitas agarradas entre sí como sosteniéndose ante la inminente ruina y aterrorizadas por el laberíntico y kafkiano mazacote de hospital por el que deambulan perdidas; hay estupendas premamitas bogando por los pasillos panza en ristre, convoyes de sillas de ruedas, cucarachas de bata blanca cruzando eléctricamente de un lado a otro, palurdos de pueblo, señoronas de ciudad, jovencitas culonas y malhabladas y, sobre todo, ancianitos y ancianitas con muleta o sin ella por doquier. Se ve que la enfermedad es cosa de viejos, aunque también hay nenes; me fijo en los bebés, con los cuales siempre simpatizo mucho. Hay una pelirrojilla que se llama Teresa e insiste en descalabrar un muñeco calvo contra el suelo sin maldad; yo creo que lo hace como quien tañe un instrumento musical, para ver el sonido que le arranca.

Despues de arreglar las citas esperando y observando la fauna humana, tomo el autobús y aprovecho para recoger un paquete de correos. Se trata de mi esperada edición de los Ecos de un pensamiento libre, de Antonio Rodríguez García-Vao, el masón manchego amigo de Unamuno que fue asesinado en Madrid un infausto día y que se hallaba vinculado a la Institución Libre de Enseñanza. Como sospechaba, es la primera edición, que he conseguido a bajo precio de ese rácano librero catalán que es Farré; ha sido un milagro encontrarlo en su catálogo por sólo treinta euros; no debía conocer lo que yo sé sobre el autor, que es uno de los precursores, sí, de Antonio Machado, como demostraré en un estudio que está en prensa. De hecho, su abuelo publicó en las Dominicales del Libre Pensamiento, del que era García -Vao uno de los principales redactores. La edición está íntegra y bien encuadernada, con una sorpresa dentro: la hoja de promoción del libro, con el sello de la época de la librería barcelonesa que lo vendió. Tiene dibujado un libro abierto con las proclamaciones religiosas de todas las culturas, desde Cristo a Krause, pasado por Buda, Mahoma y Voltaire. Eso le da un interés suplementario a la edición, cuyo papel huele muy bien, no al ácido estomagante de ahora. Con el tiempo estoy llegando a acumular una apreciable biblioteca de anticuario manchego. Por otra parte un poeta sueco, Peter Ingestad, me escribe comentando una octava real en que he supuesto la poética de Espronceda.

lunes, 9 de noviembre de 2009

El valor de no quejarse

Cita el amigo Rafael Robles a Savater: (El valor de educar, Barcelona: Ariel, 1991, p 17):

Mi actitud, nada original desde los estoicos, es contraria a la queja: si lo que nos ofende o preocupa es remediable debemos poner manos a la obra y si no lo es resulta ocioso deplorarlo, porque este mundo carece de hojas de reclamaciones.

Supongo que esa es la tarea del héroe. Ahora bien, un mundo sin quejas sería tan extraño como un mundo perfecto.

Lincoln

Por lo visto, Spielberg está haciendo un biopic sobre Abraham Lincoln, el presidente por el cual todos los estadounidenses poseen una extrema veneración. Desde luego, era un hombre con redaños y con unos principios sólidos como una roca, hasta el punto de habérselos jugado a cara o cruz en una guerra civil. Logró abolir la esclavitud e impedir la secesión del país. Respecto a la formación de un hombre tan admirable como este, aparte de la vida misma, que no le fue poco dura (recorrió en una almadía todo el Misisipí de arriba abajo), tenemos estas palabras suyas:

Yo ignoraba muchas cosas. Sabía leer, escribir y contar, y hasta la regla de tres, pero nada más. Nunca estudié en un colegio o academia. Lo que poseo en materia de educación lo he ido recogiendo aquí y allá, bajo las exigencias de la necesidad.

Era un lector voraz; desde luego, sabía elegir lo que leía: por ejemplo, las Fábulas de Esopo y el Robinson Crusoe de Daniel Defoe. Desde luego, estas lecturas debieron aprovecharle mucho, porque son de aquellas que no tienen desperdicio: literatura de supervivencia. Fábulas escritas por un esclavo y una novela en la que el protagonista fue esclavo y tuvo a su vez una especie de esclavo, Viernes.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Entrevista a Edgar Morin

JUAN CRUZ - El País, Madrid - 06/11/2009

Edgar Morin tiene la cabeza de un pájaro, ágil, inquieto, contundente, de una raza que no se rinde. Habla con la convicción de un optimista, pero sabe que las cosas están mal, que si esto no se remedia la catástrofe es inevitable. La ética y la memoria (de otros desastres) ayudarán a que el caos no venga. Él, filósofo, sociólogo, fue resistente contra los nazis, en Francia, "y seguiré resistente ante las barbaries". Tiene 87 años. Entre los estudiantes de la Facultad de Sociología de la Complutense, en cuyo Foro habló el martes al mediodía, el autor de La política de la civilización (una idea que le copió Sarkozy) parecía un alumno más, pero con un cargamento impresionante de sabiduría. Y de pesioptimismo, como él dice.

Pregunta. ¿Tiene la sensación de que vivimos una catástrofe nueva, o esto ya lo vimos antes?

Respuesta. El planeta Tierra conoció en el pasado catástrofes naturales, como el fin de la época primaria, que supuso la destrucción del 95% de las especies vivas... La novedad es que hoy está en camino una catástrofe que viene del desarrollo humano mismo. Para mí, el calentamiento climático no es lo más importante, aunque lo sea, es que estamos en un proceso combinado de destrucción del planeta que nos lleva a una catástrofe general o a varias catástrofes combinadas. El desastre. No se puede continuar mucho tiempo por esta vía.

P. ¿Cómo cambiar?

R. Es un problema difícil. No podemos cambiarlo con una decisión; debemos pensar cómo llegaron los grandes cambios del pasado. Todo gran cambio tiene un peso y una forma que en su inicio es muy humilde; piense en Jesucristo, en Mahoma... Una desviación crea una tendencia y esta tendencia puede cambiar el camino... Creo que las denuncias contra la mundialización del capitalismo son buenas, pero no basta con denunciar, hay que enunciar. La enunciación no es un programa, es una idea maestra. Por ejemplo, debemos insistir sobre la calidad de la vida, no sobre la cantidad; es una buena idea... Algunas de esas enunciaciones hice en mi libro La política de civilización... Y estoy escribiendo otro que llamo La vía en el que trato de demostrar que hay que buscar algunos caminos (incluido lo bueno que tiene la mundialización).

P. En su conferencia hablaba del clima de desesperanza que nos pesa. ¿La política nos puede quitar este peso de encima?

R. Quién sabe. Las viejas generaciones tienen la sensación de que fueron engañadas en su fe en el comunismo, en una sociedad democrática armoniosa, civilizada; en el progreso como ley de la historia... Todo eso se desintegró y hoy los jóvenes están totalmente desorientados... El análisis que hago es que hay posibilidades, no probabilidades, de esperanza. Y la esperanza no se encuentra en el corazón de la desesperanza. Hölderlin decía: "Donde crece el peligro crece también la salvación"; eso significa que el crecimiento del peligro nos remite a la conciencia de lo que pasa y nos enuncia lo que hay que hacer... Antes la esperanza era una fe; ahora es sólo esperanza. Es muy importante, porque si no hay esperanza no hay proyección en el futuro.

P. Decía usted que Heráclito hablaba de buscar lo inesperado. ¿Qué es lo inesperado ahora?

R. Lo inesperado es salir de esta vía mortal que seguimos; pero hay que buscar. Si buscamos encontraremos otra vía.

P. Y habla usted de la armonía, de su busca. ¿Dónde encuentra usted hoy armonía?

R. Si la buscamos es porque no la hay. Hay momentos de armonía en el ámbito privado, en el amor, cuando su equipo gana... Pedazos de armonía: la poesía de la vida... No pienso que la política sola pueda dar la armonía: la comprensión humana, la solidaridad, depende de nosotros, y de ahí vendrá la armonía. Todo ha de recomenzar. Es algo terrible, pero es también maravilloso, porque necesitamos una estimulación. Esta idea me ayuda a vivir. Soy optimista y pesimista, un pesioptimista, o viceversa. Cuando estaba en la Resistencia hubo un momento de grandeza. Había esperanza. La idea del No de la Resistencia era también un Sí a la libertad, a una esperanza de libertad. No fue la libertad que pensábamos, pero fue una cierta libertad.

P. Hablaba de la política. ¿Y los intelectuales, qué deben hacer?

R. Creo que hoy es más importante su papel que en el pasado. Pero se ha producido mucha esclerosis, academicismo... Deben poner sobre la mesa los problemas fundamentales, y no hacerlo de una manera superficial.

P. ¿Sigue siendo un resistente?

R. Sí, en mi alma lo soy; y seguiré resistente ante todas las barbaries que existen.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Crítica manchega a la edición dieciochesca académica del Quijote

Memorial literario, instructivo y curioso de la Corte de Madrid, vol. XXI, 1790, p. 39 y ss.

Carta escrita por D, Quixote de la Mancha á un pariente suyo , en que le hace saber varias cosas necesarias para la perfecta inteligencia de su historia". Dala al Público un paysano y apasionado de ambos. Papel en 8.° Madrid: por Román, 1790.

El editor de esta carta dice, que habiendo muerto en un lugar de la Mancha un Caballero bien conocido en toda la Provincia, y siendo llamado por sus herederos para algunas diligencias de su testamentaria, registró todos los papeles pertenecientes á la filiación, hidalguía y demás privilegios de la casa, entre los cuales halló un pliego cerrado cuya cubierta decía así:

A mi pariente guarde Dios muchos años, por Camuñas, mi lugar.

Registrado el contenido halló ser unas cartas de D. Quijote de la Mancha, á las que estaba unido un borrador de la respuesta dada á ellas.

Contiénese en esta carta que al salir D. Quijote de la cueva de Montesinos, encontró á un caballero español llamado D. Fulgencio encantado en aquel lugar, quien después de varias preguntas lo llevó á su albergue y le ofreció sus libros. Aceptando D. Quijote esta propuesta, sacó del estante el primer tomo de su historia, impreso en Madrid el año de 1782. Halló un Mapa que comprende los parajes por donde anduvo, y conoció estar muy defectuoso; pues los sitios que señala á las aventuras de D. Quijote son diversos del que debe dárseles siguiendo la historia. Pues la venta en que D. Quijote fue armado caballero se pone entre Almagro y Manzanares, y esto es falso. Saliendo D. Quijote de la venta vio atada á una encina una yegua y á otra un muchacho: en el Mapa está señalado este lugar entre la Membrilla y Argamasilla de Alba, lo cual no se puede conciliar con el texto. Igualmente padece error el Mapa cuando señala la aventura de los mercaderes en el camino que va desde la Membrilla á Argamasilla de Alba.

Entre Villarta y Argamasilla de Alba no hay ni ha habido molinos de viento, y en el Mapa están señalados. Añade que el acaecimiento de quedarse Quijote y Sancho Panza en las chozas de unos cabreros está señalado en el Mapa entre Villatrubia y Malagón, pero sin conocimiento del terreno. Tampoco puede estar la venta, en que se acogió el Manchego con su escudero después de la aventura de los yangüeses entre estas dos villas, como se señala en el derrotete. Estos son los defectos que pone la presente carta al Mapa.

1768. El historiador Enrique Flórez en Ciudad Real

Francisco Méndez, Noticias de la vida y escritos del Rmo. P. Mro. Fr. Henrique Florez con una relacion individual de los viages que hizo à las provincias y ciudades mas principales de España... Madrid: Imprenta de Pedro Marin, 1780, 226-231.

De Santa Cruz fue a Almagro, pueblo grande, de buena planta, con mucha gente distinguida, y varias Comunidades que le autorizan. En el zaguán de las casas de Ayuntamiento está embutida en la pared ( frente de la puerta) la siguiente Inscripción , que publicó nuestro Rmo. en su Tomo VIL, pero notando en ella algunas variedades, la copió de su puño , por lo que se reproduce aquí arreglada á su original.

485 De Almagro fue a Ciudad-Real, y se pasa por Miguelturra, y Peralvillo. Miguelturra dista media legua corta de Ciudad-Real, y es de la Orden de Calatrava. Rades en su Chronica dice que se poblaba esta Villa por los años de mil trescientos y dieziocho ; pero á mí me aseguraron que en el mil trescientos y trece siguió un pleyto muy reñido con el Consejo de la Mesta. El citado Rades refiere una batalla campal que se dio en un llano cerca de Ciudad-Real y Miguelturra, entre los Caballeros de Calatrava , y vecinos de Ciudad-Real , y que estos quemaron las casas de Migueíturra é hicieron otros insultos. Todo lo qual contrahe Rades á la Era mil trescientos y sesenta, diciendo, que fue año del Señor de mil trescientos y veintiocho; pero , ó bien la Era, ó bien la reducción que hace está errada.


Peralvillo es un lugar en donde de immemorial ha egecutado la Santa Hermandad de Ciudad-Real su justicia con los reos de pena de muerte. Ciudad-Real tiene mucha extensión, buenas calles, y mejor plaza. Dicese que en el año de mil doscientos y sesenta y dos la cimentó el Rey Don Alphonso el Sabio cerca de Alarcos, en un sitio llamado Pozuelo de Don Gil, y que le puso el nombre de Villa Real. Acaso ésta es traslación ó repoblación, si se supone que su Santa Hermandad tuvo principio quando la de Toledo. Lo que se sabe es, que el Infante Don Sancho, (después Rey Don Sancho IV) hijo mayor, y heredero del Rey Don Alphonso el Sabio, dio á Don Juan Gómez, Maestro de la Orden de Calatrava, la Villa de Villa Real , con todos sus derechos, &c. como consta de su Carta dada en Córdoba a siete de Agosto de la Era M.cccviii. (año mil doscientos y ochenta) en la qual aunque estaba declarado Rey por los disgustados del Gobierno, no quiso tomar el nombre, mientras vivió su padre, y solo se intitulaba hijo mayor y heredero del Rey Don Alphonso.

Es famosa la Santa Hermandad de Ciudad-Real instituida para perseguir vandoleros y salteadores de caminos, de que se experimentó mucho después de la batalla de las Navas de Tolosa. Su fundación, juntamente con la de Toledo, y Talavera, se debe contraher al tiempo del Rey San Fernando III. del qual se sabe que dio principio a la de Toledo (y todas tres vienen á ser una) y, en el año de mil doscientos y veinte autorizando á todos los Colmeneros, para perseguir los vandoleros y salteadores; del término y montes de Toledo, que eran muchos con el abrigo de la vecindad de la frontera de los Moros. Aumetaronse estos vandidos con las disensiones civiles entre Don Alphonso el Sabio, y su hijo Don Sancho IV y la menor edad que se siguió de Don Fernando IV, llamándose todos ellos Golfines, y eligiendo entre sí una cabeza con nombre de Rey, llamado Carchena, con daño gravisimo de todo el Reyno de Toledo. Esto obligó á los Colmeneros, y Ballesteros de Toledo, Talavera, y Villa Real, (hoy Ciudad Real) á unirse en Hermandad, para perseguirlos. Los Reyes sostuvieron con grandes franquezas esta acertada resolución, y asi crecieron las tres Hermandades, hasta ser como son hoy, Tribunales compuestos de la primera Nobleza de estos Pueblos, y sus tierras. Llamase Hermandad vieja á distincion de las Hermandades nuevas que por la misma necesidad y fines establecieron los Reyes Cathólicos. El Papa Celestino V les concedió el titulo de Santa Hermandad, y exempcion de pagar diezmos de miel y cera, y el de Soldadas á sus criados, en el año de mil doscientos y noventa y quatro. El Rey Don Fernando IV les confirmó todos sus Privilegios, y les concedió el de usar de Sello. El Rey Don Pedro confirmó también todos sus Privilegios, y concedió uno, que trata de la ampliación de su jurisdicción, y fundación. Don Henrique II les concedió el que por todas las Justicias se le entregasen los Reos, que estuviesen procesados por la Santa Hermandad. Don Juan el I dio una Executoria para que la Santa Hermandad cobre el derecho de la Asadura mayor y menor. Ferran Alphonso, Caballero de Toledo , Regidor de la Santa Hermandad vieja de aquella Ciudad, y su Procurador en la Corte de Valladolid logró la Carta del Seguro para las tres Hermandades de Toledo, Talavera, y Villa Real, despachada en ventiseis de Febrero de mil quatrocientos y diez y siete por mandado de la Reyna Madre, y Tutora de Don Juan el II. Dicho Rey Don Juan , por súplica que le hicieron los Peones de la Hermandad, concedió el año de mil quatrocientos y veinte a VillaReal el titulo de Ciudad. Los Reyes Catholicos dieron Ordenanzas para el gobierno de la Santa Hermandad de Ciudad-Real. Y finalmente después han ido confirmando sus Privilegios todos los Señores Reyes hasta el presente , como se puede ver en el citado Quaderno de sus Ordenanzas.

El señor Don Bernardino de Loaisa (que de Dios goze) acompañó y dirigió al Mro. Florez él tiempo que estuvo en Ciudad-Real, y también le brindó con Monedas antiguas que tenia. De aqui pasó a Malagón, donde hay un Convento de Carmelitas Descalzas. La Posada es solo para arrieros. De Malagón fue a Puerto Lápiche, y al siguiente a Camuñas y Tembleque; el trece [de junio] a La Guardia y Aranjuez, y el catorce a Valdemoro y a Madrid.