Hoy es más difícil imaginarse el fin del capitalismo que el fin del mundo. Parecería que estamos atrapados en un presente perpetuo, encerrados en el fin de la historia, porque el capitalismo no se presenta como una ideología o como una posibilidad, sino como el funcionamiento natural de las cosas.
De ahí el popular dicho de que cuando una persona dice que no es ni de izquierda ni de derecha, en general es de derecha, y se presenta como natural a tal punto de ni defenderse moralmente de lo que genera. No niega el hambre, la pobreza ni la desigualdad. Lo naturaliza porque se presenta como lo único real, como el límite de lo imaginable. Este realismo no postula que el capitalismo es la mejor alternativa, simplemente dice: "No hay alternativa." El realismo capitalista es análogo a la mirada desesperanzada de un depresivo que cree que cualquier creencia en una mejora no es más que una ilusión peligrosa. De esta manera comienza la obra maestra de Mark Fisher, Realismo capitalista, escrita en 2009 por él y traducida por la editora Caja Negra en 2017, el mismo año en el que el autor se quitó la vida.
El realismo capitalista no es una manera de propaganda al sistema, sino una forma de darle entidad de real, de natural, algo que es absolutamente contingente y artificial. ¿Cómo se organiza una sociedad en una época determinada? En palabras de Fisher, es una atmósfera general que condiciona no solo la producción de cultura, sino también la regulación del trabajo y la educación, que actúa como una barrera invisible que impide el pensamiento y la acción genuinos. Es la manera de desideologizar y desmoralizar un sistema para presentarlo como lo dado como la única opción. Y por lo tanto, a la política solamente le resta discutir cómo gestionarlo mejor.
Quienes tenemos menos de 35 años, ya nacimos directamente en un mundo casi sin alternativas reales económicas al capitalismo. Pero además, en términos culturales, MTV volvió pop la rebeldía del punk, ostentoso individualista al rapero del Bronx y un género más del mainstream al rock alternativo e independiente. La inexistencia de alternativas al capitalismo ya ni siquiera es un problema. El capitalismo ocupa sin fisuras el horizonte de lo pensable y esto impacta especialmente los jóvenes que somos una generación esencialmente transformadora. Por eso vivimos sin esperar nada demasiado nuevo.
Fisher, como docente secundario encuentra que sus estudiantes tienen una edia depresiva. Y es curioso este término porque en general se asocia a la depresión con la anhedonia, es decir, con no poder experimentar placer. Pero en sus palabras, el cuadro al que me refiero no se constituye por la incapacidad para sentir placer, sino por la incapacidad para hacer cualquier cosa que no sea la búsqueda del placer.
Estamos deprimidos por la adicción al placer instantáneo y efímero que nos hace vivir un presente absoluto. Y le doy la razón, hace un tiempo que no leía un libro completo como este.
Y si estamos todos más deprimidos, medicados y ansiosos, ¿no habrá algo que nos una? Si bien el capitalismo se esfuerza por mostrar que el estrés y la ansiedad son problemas individuales, desde el auge del neoliberalismo, el consumo de antidepresivos en el mundo creció exponencialmente.
El caso de España, por ejemplo, es muy particular. En dos décadas aumentó 250% el consumo de antidepresivos. Y acá aparece una de las tesis más inquietantes del libro. Fisher no solamente dice que este sistema no se enferma, sino que el propio sistema está enfermo por diseño.
Con sus continuos ciclos de auge y depresión, el capitalismo es un sistema fundamentalmente bipolar que oscila de modo salvaje entre la manía optimista de las burbujas y el bajón depresivo. Que hablemos tanto de depresión económica no es una casualidad. El capitalismo se alimenta del estado de ánimo de los individuos al mismo tiempo que los reproduce. Es decir, en la fantasía de la sociedad emprendedora, tu fracaso no solamente es el espejo del sistema, sino también su proteína. Y como mencionamos al principio, el capitalismo no solamente genera estado depresivos en las personas, sino que él mismo se comporta como un depresivo. La idea de "No hay alternativa" es análoga a la de un depresivo que ve en cualquier oportunidad de mejora una ilusión peligrosa. Por eso, para Fisher, el capitalismo, lejos de ser el único sistema viable, es un sistema inherentemente disfuncional.
Y acá justamente donde Fisher empieza a encontrar una salida. ¿Es realmente que no hay tal alternativa o es que estamos encerrados en un bucle psicotemporal? Porque si lo pensamos abstractamente, un segundo, la única posibilidad para que el mundo siga subsistiendo es superar al capitalismo, porque si no, el planeta va a reventar a pedazos. Y trascender el capitalismo es pensar en un postcapitalismo, no necesariamente en un socialismo o viejas recetas. De hecho, Fisher orienta la izquierda internacional a salir de la melancolía de lo que pudo ser y no fue.
Uno de los vicios crónicos de la izquierda es su revisionismo permanente, que le quita lugar a la organización del futuro. Lo que debemos dejar atrás es la posición confortable de la marginalidad vencida. Un anticapitalismo efectivo no puede ser una resistencia al capitalismo, sino un rival suyo. Para ello, según Fisher, la izquierda debe ser un agente político y social que desenmascare el carácter realista del capitalismo, centrándose en tres áreas:
1. La explotación medioambiental
2. La burocracia del sector privado
3. La crisis mundial de salud mental.
La emancipación con Fisher viene de distinguir el realismo de la realidad, el diseño de la materia. y así destruir la apariencia de real de aquello que el realismo oculta por volver su sistema incoherente e indefendible.
Por ejemplo, el desastre ecológico que genera el sistema capitalista. Para 2050, la industria aumentará un 400% su demanda de agua y un 40% de la población va a sufrir estrés hídrico. Es decir, ahora en 25 años, y no es porque bebemos mucho, es por el modelo de producción. Y distinguir realismo de realidad también es politizar el debate sobre la salud mental en una sociedad deprimida y ansiosa con personas que no pueden mantener una charla con su mejor amigo o amiga por más de 5 minutos y miran en celular.
Por eso, según Fisher, más allá de que el capitalismo se disfrace como el único sistema viable, lo que está haciendo es destruir su materia prima y enfermar a la mano de obra que le genera riqueza.
El postcapitalismo se parecerá a la película distópica que más te guste o mejor dicho a las que tus acciones hoy en día conduzcan, porque los futuros próximos están en disputa. Ah.
