lunes, 26 de octubre de 2009

Dos artículos sobre la crisis de El País

Familias hundidas por la crisis

El paro crónico abre un duro panorama de conflictos familiares. EL PAÍS ha recogido testimonios de afectados que quieren explicarse, y también los de aquellos otros a los que el orgullo y la vergüenza impiden incluso pedir ayuda públicamente

JOSÉ LUIS BARBERÍA El País 25/10/2009

Es como si una buena parte de la población estuviera con el agua al cuello braceando nerviosa y respirando con dificultad mientras la marea sigue avanzando. Tras inundar los consabidos sótanos de la precariedad y la exclusión social, la crisis ha alcanzado cotas de la clase media y ha penetrado en estancias tenidas por seguras. La expresión "nunca hubiera imaginado que esto podía pasarme a mí", se recita estos días en una letanía penitente surgida del estupor, la exasperación o la vergüenza. "Hace dos años me ganaba muy bien la vida de autónomo con una pequeña empresa de la construcción. Miraba a la gente que duerme en los bancos de la calle como si fueran marcianos, pero ahora he empezado a comprenderlos porque la distancia que me separa de ellos es ya mínima", dice Mariano Pérez Sandoval, de 47 años, portavoz de la asamblea de parados de Granada.


"Para salir adelante, lo primero es aceptar nuestra condición de pobres", piensa una víctima del desplome

"La clase media optará entre la exigencia del cierre de fronteras o la solidaridad", dice el profesor Pedro Cabrera

"También las personas deberíamos poder declararnos en quiebra", plantea un joven de la asamblea de parados

"Era tan fácil pedir crédito", se lamenta un inmigrante en paro con cuatro hijos y una deuda de 110.000 euros

La crisis ha arrojado al paro a un millón largo de personas en los últimos 12 meses, y hay muchos hogares con todos sus miembros en el desempleo. Trabajadores de la construcción y de la industria casados o en edad de procrear, jóvenes de escasa formación con contratos temporales, mujeres solas con hijos a su cargo, hombres separados y personas mayores tienen preferencia a la hora de ingresar en el nuevo "ejército de los pobres". Y es que, asfixiadas por las deudas y sin alternativa formativa para el recambio profesional, buena parte de estas gentes parecen abocadas a traspasar el umbral de la pobreza -ingresos inferiores al 60% de la renta media- e incrementar ese 20% de pobres (15% en la UE-25) que ha permanecido casi inalterable a lo largo de las tres "décadas prodigiosas" de bonanza económica.

En su informe a la comisión del Senado que analiza la exclusión social, el profesor de Ciencias Políticas de la Pompeu Fabra Sebastián Sarasa advierte del riesgo de que el hambre se instale en hogares de familias con hijos pequeños. Las diferentes Cáritas diocesanas acusan a la Administración pública de practicar la "dimisión de responsabilidades" en los servicios sociales, al tiempo que se declaran incapaces de "sustituir la misión del Estado". Algunos analistas creen que el 40% de los hogares españoles está amenazado en mayor o menor grado por esta crisis.

Sumergirse en el problema para ponerle ojos y rostros a la estadística, tomarle la temperatura a la angustia, palpar la densidad de la devastación, es exponerse a testimonios sobrecogedores, por mucho que se pretenda huir de los casos más tremebundos. En su versión más cruda, la crisis no ha tocado fondo en las colas ante los almacenes de alimentos de Cáritas, en las oficinas municipales de servicios sociales, en los comedores sociales y los albergues, en las asambleas de parados, en las reuniones de afectados por los embargos. Lo que se encuentra en esos circuitos son, sobre todo, gentes que no hacen pie. Algunos aceptan contarlo; otros muchos se niegan, porque la miseria se oculta y camufla frecuentemente, y el orgullo y la vergüenza impiden, a menudo, gritar socorro.

"Nosotros, como los toxicómanos con lo suyo, tenemos que aprender que para salir adelante lo primero es aceptar nuestra condición de pobres", susurra entre lágrimas Jacinto Alejandro Silvente, comercial del sector mobiliario y la decoración de lujo arruinado tras el desplome de la construcción. Este hombre de 57 años, educado en Francia, nada religioso, profesa una devoción absoluta a los voluntarios de Cáritas de Valencia -"nos han salvado la vida", enfatiza-, porque le trataron con "muchísima dignidad" y antes de pedirle la documentación de su caso les llenaron de comida el frigorífico. "Al contrario que en el Ayuntamiento, donde nos citaron para dos meses más tarde, ellos se dieron cuenta de que no teníamos nada para cenar, saben lo que significa un día para el necesitado".

Jacinto vive con su mujer, una hija separada y una pequeña nieta en el piso de su suegra, que falleció hace unos meses. "Compartió con nosotros su casa y su pensión de 600 euros", dice, y en ese momento se interrumpe vencido por la emoción. Tras consultar con la mirada a su mujer, como si lo que se disponía a decir resultara demasiado doloroso o escandaloso, cuenta que al morir su suegra y suprimirse la pensión empeñaron las joyas de la desaparecida en el Monte de Piedad. Durante estos meses terribles de búsqueda desesperada, "conserje o intérprete de idiomas para extranjeros, lo que sea", Jacinto ha hecho un cáncer de vejiga, y su mujer, Ángeles Serrano, de 55 años, ha entrado en tratamiento psicológico. Ella, que siempre dispuso de asistenta en casa, se ofrece como interina por horas.

El seísmo es de tal magnitud que está expulsando de sus hogares a aquellos que, con una economía familiar precaria y poco conscientes de encontrarse en la cuerda floja laboral, se lanzaron a adquirir una vivienda, contagiados por una euforia crediticia desaforada que ha llegado a abarcar el coche, las vacaciones y la televisión de plasma. La pérdida de uno de los dos sueldos, el destinado a la hipoteca, es, en esos casos, la antesala del embargo, el resquebrajamiento del proyecto familiar, la catástrofe. El hacinamiento severo y el subarriendo de habitaciones a precios abusivos se extienden por el país del millón de viviendas vacías. Son las ocho de la noche en un piso de Cáritas del centro de Valencia. El hispano-colombiano Gustavo Adolfo Maldonado, de 34 años, se afana en preparar la cena de sus hijos, cuatro caritas aseadas de 11, 9, 2 y 1 años que corretean por la sala. Falta la madre, Diana, de 30 años. Trabaja de interina en Londres y con lo que gana mantiene a su familia. Salió de España cuando todavía amamantaba a la más pequeña porque, cerradas todas las puertas, Londres, donde vive su hermana, pareció la única vía de supervivencia. No es un caso aislado. La desagregación familiar amenaza particularmente a las parejas inmigrantes en apuros. La falta de red familiar y social obliga con frecuencia a uno de los dos a regresar a su país de origen.

Gustavo vino a España hace nueve años. Trabajaba en la Ford de Almusafes como soldador y ganaba 1.600 euros que, sumados a los 700 que sacaba su mujer en la hostelería, les animaron a embarcarse en un crédito de vivienda de 138.000 euros. "Tres años después, habíamos rebajado la deuda a 110.000, pero llegó la crisis, no me renovaron el contrato y mi mujer perdió el empleo", cuenta con una cadencia dulce y esa elegancia tonal de los latinoamericanos. "Hubo que optar entre comer o pagar la hipoteca. En el banco me indicaron que mis problemas personales no les interesaban". A la espera de los 420 euros de la ayuda posdesempleo y mientras aguarda la orden de desahucio, saca un dinero con el alquiler de su piso. Comenta que, al principio, le costó mucho hacerse cargo de los niños y que todas las mañanas tiene que hacer un esfuerzo para no derrumbarse ante ellos, pero que adora a su mujer. "Como dicen ustedes, hay que tener un par para irse así, a Londres. Nos comunicamos por el Skype de Internet, que le sale casi gratis. Es el único capricho que nos damos: poder vernos y hablarnos. Ella sufre mucho por no poder abrazar a sus niños".

Descomponer la estadística del paro por grupos sociales ayuda a hacerse una idea más cabal de la sociología de la devastación. Y es que los inmigrantes y los jóvenes, víctimas preferentes de la precariedad laboral, soportan tasas del 36% de paro, tres veces más que los autóctonos maduros. Aunque las políticas varían notablemente de una autonomía a otra, las familias de inmigrantes sin permiso de residencia encuentran muchas más dificultades para acceder a las rentas mínimas, excepto en Euskadi, donde existe una suerte de salario social. Los profesionales y voluntarios que trabajan a pie de obra con los más necesitados -no esperen ahí a los sindicatos- alertan de que el grueso de los parados entrará pronto en la segunda fase, caracterizada por el agotamiento de las prestaciones sociales y la acumulación de los problemas.

No es arriesgado suponer que la cronificación del paro abrirá un panorama de conflictos familiares -los divorcios disminuyen, probablemente porque la gente no puede pagárselos, pero aumentan los malos tratos y las rupturas afectivas bajo el mismo techo-; y regreso a la ilegalidad de inmigrantes que necesitan renovar sus contratos de trabajo para poder seguir residiendo en nuestro país. "Dentro de un año habrá aumentado mucho la economía sumergida, la prostitución autóctona y los pequeños robos y atracos", vaticina Mercè Darnell, analista de Cáritas. Es seguro que los 30.000 sin techo que vagabundean en nuestro país encontrarán nuevos compañeros en su viaje a ninguna parte.

"Era tan fácil pedir crédito. Como los alquileres estaban casi tan altos como las cuotas de las hipotecas, parecía cosa de tontos no meterse en un piso", exclama Gustavo Gaytán Ardilla, de 46 años, padre de dos hijos, colombiano de Bogotá, conductor profesional. Al igual que otros "ahogados por las hipotecas", él también se ha unido a grupos alternativos juveniles catalanes que pelean desde hace años por el derecho a la vivienda. Por chocante que pueda resultar la unión de estos inmigrantes autónomos de edad madura con los jóvenes contestatarios barceloneses, hay que creerlos a pie juntillas cuando te dicen, con la emoción en los ojos, que estos muchachos son las únicas personas que les han escuchado y animado a luchar. Escuchar al necesitado merece convertirse en precepto, a la altura de "dar de comer al hambriento" o "visitar al enfermo", que predica la caridad cristiana. Tal es la sensación de invisibilidad y nulidad que ataca a los parados más indefensos.

"El pasado 6 de enero, día de Reyes, Gustavo Gaytán conducía un camión frigorífico cargado de fruta por las inmediaciones de Nápoles, después de haber pasado todas las navidades solo, en la carretera, lejos de su familia. Se encontró en una recta muy larga con final en curva cerrada que salvaba un precipicio. La idea empezó a abrirse paso en su cabeza: "no cojas la curva y acaba con la hipoteca y con todo". Iba lanzado, pero clavó las ruedas en el asfalto en el último segundo porque dice que pensó en sus hijos y en ese matrimonio de españoles que, llevado por su generosidad, le avaló el crédito hipotecario con su propia vivienda y que ahora puede quedarse en la calle, como él. "Me pone enfermo ver lo que están sufriendo por mi culpa, pero no puedo hacer nada. Cuando firmé el crédito llegaba a ganar con las horas extras y los fines de semana hasta 3.800 euros al mes, mientras que ahora, en el taxi, apenas saco 1.200. Mi piso salió a subasta en julio y esto es ya un proceso imparable", dice.

Tal y como lo explican los damnificados, el proceso judicial se desencadena inexorablemente a partir de una serie de cuotas impagadas, aunque los jueces se lo piensen muy mucho a la hora de ejecutar el desahucio. "Embargan tu casa, la sacan a subasta y como no hay subasteros que pujen, el mismo banco se la queda por el 50% de su valor de tasación. Hacen un buen negocio y tú te quedas sin el piso, con la deuda pendiente y con el pago de las costas judiciales que, en mi caso, suponen la barbaridad de 73.000 euros. Es una condena de por vida".

En estos encuentros soplan vientos tempestuosos contra los bancos y los gobiernos. "Que se enteren los políticos: si la gente no paga es porque no puede. Debería caérseles la cara de vergüenza al ver que se embargan casas con niños y que gente adulta tiene que vivir de la pensión de sus padres", alza su voz ronca María Blanca Yaya, de 44 años, vecina de Alfacar (Granada), separada y con un hijo de 16 a su cargo. "Mis clientas tenían a sus maridos en el andamio y cuando la construcción se vino abajo tuve que cerrar mi tienda de ropa. Mi piso sale a subasta el 10 de noviembre", afirma, exasperada.

También a Elena Diéguez se le ha hundido el mundo este año. Maltratada por su marido, separada y con un niño de tres años, vive con 421 euros de la ayuda familiar. "Lo mío es para echarse a llorar y no parar; mi marido no me pasa la pensión y ya no sé qué hacer para conseguir un trabajo", indica esta bilbaína de 35 años, camarera de profesión. Desde que quebró la empresa familiar de la construcción, en el hogar de Celia Díaz Campos, de 39 años, con dos hijos, no entra otro salario que los 480 euros que gana como limpiadora de fin de semana en un hospital. "Estamos en la ruina. Nos han quitado el piso, la maquinaria y los vehículos. Si comemos en casa es gracias a la pensión de mi padre y a la ayuda de mis hermanos". Los anuncios de que las grandes corporaciones repartirán beneficios crispan muchos los ánimos. "También las personas deberíamos poder declararnos fallidas, en quiebra, como en Inglaterra", plantea uno de los jóvenes asamblearios.

"He llegado al punto de que me fallan las fuerzas para seguir buscando trabajo", dice Dora Cubilla, de 38 años. En 2006 dejó su puesto de profesora de matemáticas en un instituto de Buenos Aires para seguir a su marido. La crisis les ha pillado de lleno y como ya no les llega para vivir, ella trata de emplearse en lo que salga, limpiando casas a cuatro euros la hora, lo que sea. "Hasta ahora creía que tener tres hijos era una bendición, pero he descubierto que cuando se trata de buscar trabajo resulta un obstáculo insalvable. Ser mujer y extranjera tampoco ayuda, seguro. Estoy tan desesperanzada", dice, y se aprieta las manos en un gesto nervioso, "que he empezado a dudar de mí misma, de mi capacidad, de mi propia identidad. Y menos mal que aquí, en Castellón, está la Fundación Patim, que nos ayuda mucho", indica. Castellón es un buen exponente del terremoto que ha sacudido nuestro país. En poco más de un año, la provincia que ostentaba el privilegio del pleno empleo técnico -menos del 5% de paro- ha pasado a liderar la destrucción masiva de los puestos de trabajo.

Ahora que no trabaja en la obra, sólo alguna chapuza ocasional, el nigeriano Clive Edosa Uwadiae, un hombretón de 36 años, se levanta todos los días con el cuerpo hecho polvo y una punzada de dolor en la cabeza. Como no puede pagar la hipoteca, trata, infructuosamente, de que el banco se quede con su piso a cambio de la deuda. "Necesito un trabajo para comer y renovar mis papeles", insiste. Por primera vez en los 10 años que lleva en España, Clive no ha enviado este mes a Nigeria los 150 euros que permiten vivir a su numerosa familia. "Sería triste volver, porque mi pueblo sólo es bonito cuando lo miras desde lejos". La cosa se ha puesto imposible para gentes como José Luis Coronado, un antiguo heroinómano con antecedentes que necesita culminar su larga rehabilitación con la estabilidad de un empleo. "El trabajo es la manera de cerrar definitivamente la puerta del pasado. La gente con problemas tiene malos pensamientos cuando está parada y a algunos nos resulta difícil abrirnos a pedir auxilio", indica.

"¿No podéis ayudarnos? No tenemos nada que comer". El alcalde de Yuncos (Toledo), Gregorio Rodríguez (PP), oyó esta súplica desde su despacho un mañana de enero. Surgió así el plan municipal que otorga vales de comida e higiene por valor de dos euros por persona y día a los miembros de las familias en paro empadronadas que no sumen más de 120 euros en subsidios. "Una familia de cuatro miembros se asegura comida por valor de 56 euros semanales sin necesidad de ponerse a la vista de todo el mundo en un comedor social. Es suficiente para sobrevivir haciendo economías y el gasto sólo supone el 1% del presupuesto municipal, nada que no podamos ahorrar reduciendo partidas como la dedicada a las fiestas", indica el alcalde. Su vecino Juan María Sánchez, casado y con un hijo, dice que si comen en casa es gracias a esta ayuda. "Cobro 700 euros de paro y pago 500 de alquiler; el mes que viene tendremos que meternos en una habitación".

Todas y cada una de las personas que los viernes a mediodía recogen su sobre con el vale de comida tienen una historia que contar, pero pocas tan desgraciadas como la de este hombre menudo de 41 años, Antonio López, carpintero encofrador, padre de dos mellizos de ocho años que sale de las oficinas municipales con los ojos enrojecidos. Cuenta que al quedarse en paro se le ocurrió abrir un bar con un préstamo hipotecario avalado con el piso de sus padres. El negocio resultó ruinoso y sus padres se han quedado sin casa. "Vivimos gracias a los 700 euros de la pensión. Busco trabajo, pero también tengo que criar a mis hijos. Mi mujer se suicidó con pastillas hace dos meses. Mirando sus papeles, nos enteramos de que le habían diagnosticado un cáncer. Se ve que no pudo aguantar más, pero nos ha dejado muy solos a los tres".

A riesgo de que sus palabras suenen peregrinas en los estratos más castigados por la crisis, Laia Fábregas, autora del documental 501, que expone las emociones de un grupo de mujeres de mediana edad despedidas de Levi's, pone un toque esperanzador con la idea de que el paro puede ser también una segunda oportunidad individual y colectiva. Economista y hoy directora del Instituto de Cine Catalán, Laia Fábregas sostiene que "la crisis está pidiendo a gritos que pensemos qué sociedad queremos ser". En un plazo más inmediato, el país de la OCDE que más desempleo y trabajo precario crea y que gasta en protección social siete puntos menos que sus vecinos de la zona euro, tendrá que decidir cómo abordar el problema.

"La clase media optará entre dos reacciones básicas: la del miedo y la de la solidaridad. La primera se salda con demandas de cierre de fronteras, penalización de la acogida de inmigrantes irregulares, crecimiento de la población encarcelada y atrincheramiento en los privilegios adquiridos", afirma Pedro Cabrera, profesor de sociología en la Universidad de Comillas. "Si se opta por la solidaridad, deberíamos ir más allá de la beneficencia y de los comedores de caridad e interrogarnos sobre el desastre burocrático de las ayudas, la bajísima dotación de recursos y la descoordinación entre las diferentes áreas de la Administración. Eso significaría reorganizar eficazmente los sistemas de protección social, darles una mayor prioridad presupuestaria y cobrar los impuestos correspondientes a todos aquellos que deben pagarlos", subraya Pedro Cabrera.

Se trata de evitar el desmoronamiento de una parte de la sociedad. Conseguir salir de esta crisis sin el corazón colectivo demasiado encanallado ya sería un triunfo.


La generación 'peter pan' está hipotecada

España tiene casi 8 millones de treintañeros, nacidos al final del 'baby boom' - Están desencantados y altamente endeudados - Son consumistas y buscan en el ocio la nostalgia de su infancia

JOSEP GARRIGA El País, 25/10/2009


En Estados Unidos se les bautizó como kidults -del inglés kid (niño) y adult (adulto)-. En Latinoamérica optaron por un juego de palabras en español, adultescentes, por la unión de adulto y adolescente. Y en España los sociólogos prefieren definirles como treintañeros bajo el síndrome de Peter Pan, mientras que los expertos en mercadotecnia les llaman Generación X. Constituyen, según los últimos datos demográficos del Instituto Nacional de Estadística, el segmento de población mayoritario en España, con casi ocho millones de personas y, en consecuencia, representan una bolsa ingente de consumidores.

La familia y el entorno les presionó para que tuvieran una casa en propiedad

Estos jóvenes han ido retrasando su emancipación por su inestabilidad laboral

Son los últimos hijos del baby boom de los setenta y, en general, todos responden a los mismos patrones. Constituían la generación mejor preparada pero que se ha dado de bruces con un mundo que ha cambiado repentinamente ante sus narices. Ahora deben construirse una nueva realidad y piensan, quizá con razón, que ya están llegando tarde. Son unos jóvenes que rompieron esquemas, abrieron nuevos caminos a base de luchas sociales y, de golpe, se ven amarrados a una hipoteca o, por el contrario, tienen que regresar al nido familiar, a esa casa de la que ansiaban emanciparse. En definitiva, un final de trayecto infernal. Y se dicen: "Yo no entiendo nada".

El único refugio que les queda ahora es su retorno a la etapa juvenil. Pero como retroceder en el tiempo se antoja imposible, mantienen las mismas actitudes y formas de ocio que entonces. Por eso se les llama kidults, adultescentes o Peter Pan.

El problema de los treintañeros arranca -y nunca mejor dicho- de su pecado original: su propio tamaño generacional. No es que nacieran muchos: nacieron demasiados. La tasa de fecundidad alcanzó los 2,8 hijos por mujer fértil. Este estigma les ha marcado desde entonces: masificaron las aulas de las escuelas, después las del instituto, las de la Universidad y, una vez con el título debajo del brazo, las colas de demanda de empleo y las oficinas del paro.

El sociólogo Enrique Gil Calvo apunta que, además de su peso demográfico, los treintañeros heredaron el objetivo de emanciparse con un piso de propiedad, una cultura enraizada en España e Italia, pero no en el norte de Europa, donde el propio Estado promueve y subvenciona el alquiler. "Aquí el Estado del bienestar sólo se entiende para la gente mayor, en ningún caso para los jóvenes", abunda Pau Miret, sociólogo del Centro de Estudios Demográficos. "Y en España las presiones para comprar una vivienda eran muy fuertes y constantes", agrega. El porcentaje de vivienda en propiedad en España se sitúa en el 92% frente al 6% de alquiler.

Pero ¿cómo comprar una vivienda con un contrato temporal y sin estabilidad laboral? La Generación X fue la primera que firmó hipotecas a 35 y 40 años vista. "Se hipotecaban no sólo por el hecho de comprar un piso, sino porque significaba comprarse la emancipación que ansía todo joven. Y los bancos se aprovecharon de este efecto llamada", resume Lorenzo Navarrete, decano del Colegio de Sociólogos de Madrid. A esta presión familiar y social -"con un alquiler estás tirando el dinero", les recriminaban- se sumó la bajada de los tipos de interés y unas entidades financieras que les recibieron con los brazos abiertos.

Sin embargo, su situación se asemeja a la del pez que se muerde la cola. El primer pilar para la transición al mundo adulto es el mercado laboral, porque supone la base para el resto de transiciones. Es decir, la compra de la vivienda, la creación de una familia y los hijos. Pero si el primer pilar no es lo suficientemente sólido o se resquebraja, se hunde el resto y con ello, incluso, la trayectoria vital. De ahí que la edad de emancipación en España se sitúe entre las menores de Europa, en el 45,6% del total de jóvenes. "Poco a poco se multiplica el efecto porque hasta que no consiguen el capital para dar la entrada del piso o un contrato estable van aplazando su salida de casa. Pero continúan pensando que la compra de una vivienda es la mejor inversión, incluso como apuesta biográfica, porque el título universitario no basta", insiste Gil Calvo, que denomina a este grupo Generación H, por la hipoteca. Un informe de Estados Unidos evidencia que los treintañeros representan la primera generación que, en términos relativos, gana menos que la de sus propios padres.

"Es la primera generación en la historia de la humanidad que no ha tenido que hacer lo que hacían sus padres. Y esto crea incertidumbre. Además, les ha fallado el tótem de la vivienda", comenta Gerard Costa, profesor de Marketing Social de la escuela de negocios Esade. Y Navarrete, de acuerdo con este análisis, apunta otra frustración: "Se pelearon por todos y con todo el mundo y, en muchas ocasiones, tiraron la toalla para poder irse. Y ahora casi no disfrutan de esas conquistas sociales que ellos consiguieron. Es una generación a la que debemos mucho y ellos, a su vez, también deben mucho, pero a los bancos".

Este turbulento contexto ha creado, según la mayoría de sociólogos, una generación desencantada, desorientada, perpleja, aplastada, con sensación de pesadez, con enormes y constantes dudas porque el mapa de rutas que trazaron sus padres ya no les sirve y han de orientarse con uno nuevo en blanco y con unos valores diferentes. "Es una generación desencantada, que no se ha adaptado, que podría romper pero no lo han hecho y esto comporta un desgaste. Pero yo el eje lo veo por las dudas ya que se han encontrado sin red de protección y tienen una sensación de oportunidad perdida", resume Gerard Costa.

Los treintañeros casados que buscan descendencia calcan, en su mayoría, esos parámetros de constantes dudas, considera Gil Calvo. ¿Sabré hacer bien de padre?, se preguntan. "Están atemorizados por hacerlo mal. Pero incapaces de imponer autoridad a los hijos optan por mimarles y por sobreprotegerles. Los protocolos de sus padres no les sirven y ahora carecen de manual de uso", comenta. Pero incluso en ellos -la pareja- se da una contradicción: culturalmente son transgresores y modernos pero sociopolíticamente conservadores. "Es una mezcla contradictoria y ambivalente", añade este sociólogo.

Ese conservadurismo se aprecia también en su inmovilismo laboral y en su visión del mundo del trabajo. Para sus padres el éxito y progreso profesional representaban una meta; en cambio, los treintañeros tienen otra escala de valores y dan mayor importancia a otra serie de elementos como el ocio y a colmar sus emociones. De ahí que, como subraya Costa "las empresas hayan entrado a degüello en este segmento de edad".

La eslóganes publicitarios de la tienda de muebles Ikea reflejan, con exactitud, la situación personal y el estado de ánimo de los treintañeros. "Donde caben dos, caben tres" no iba destinado a las parejas que querían ser padres sino a los treintañeros llamados boomerang, los que regresan a casa de sus padres después de una etapa frustrada y frustrante de emancipación. Y los hay en número. "Redecora tu vida", era un anzuelo para esta generación que no entiende nada perpetuo y desencantada, señala Pilar Alcázar, periodista y autora del libro Entre singles, dinkis, bobos y otras tribus, sobre las oportunidades de negocio destinadas a estos grupos de treintañeros. Y por fin, "La República independiente de tu casa", es sinómino de búsqueda de emancipación, incluso en el seno del hogar. También va dirigido a quienes viven solos. Y la Generación X es la más abundante. Según la última EPA, del tercer trimestre de 2009, en España hay 539.300 viviendas unifamiliares de personas activas en este segmento de edad.

El consumo de los treintañeros va ligado sobre todo al ocio entendido como retorno y nostalgia de la etapa juvenil, porque implica también un cambio de valores. "Antes estaba mal visto que una persona tuviese un punto infantil, le llamaban niñato, pero ahora es diferente", añade Alcázar. "Es un segmento más consumidor. Cuando era joven entrevió estas cosas, pero lo disfrutó con limitaciones. Ahora lo puede hacer con amplitud", incide Costa. Y Navarrete apunta su explicación sociológica: "El síndrome de Peter Pan es la garantía de mantener la equidistancia entre sentirse integrado y, al tiempo, también libre. Aun pensando ya como adultos conservan más actitudes y atributos juveniles. Una lucha contracultural". También es cierto que los términos juventud y juvenil se han estirado e incluyen a personas de 34 años que son y se sienten jóvenes.

Los estudios de mercado y, en definitiva, los hábitos consumistas de estos treintañeros no fallan. En Barcelona, por ejemplo, se han agotado las famosas muñecas Baby mocosete. No las han comprado los padres para sus hijos, sino la mamá para su disfrute. El pasado fin de semana, la película de dibujos animados Vicky el Vikingo batió record de taquilla. La mayoría de espectadores eran treintañeros con su prole. Lo mismo sucedió en 2005 con Mortadelo y Filemón. Los ejemplos se extienden a los musicales de Mecano, Abba o Queen. O a la reedición de filmes como Star Wars. O a los anuncios: la recuperación del espot en blanco y negro del gel Legrain-París y el "Anda, los donuts". Y cómo no, a la play station o el Scalextric.

"En cuanto al ocio son unos jóvenes que gastan mucho. Pero ahorran en cosas prácticas, porque no dejan que les tomen el pelo. Utilizan las compañías aéreas low cost o los outlet de ropa. Pero, en cambio, gastan mucho en satisfacer sus emociones y en caprichos", afirma Alcázar. Y Gerard Costa lo ejemplifica: "La figura de Jockey de Batman cuesta más de 200 euros y ha sido todo un éxito. Y los de Tim Burton se agotaron". El Baby mocosete supera también los 200 euros.
¿Y la jubilación?

España tiene una pirámide de edad embarazada, porque predominan los treintañeros que suman 7,9 millones de personas. De ellos, el 18% procede de la inmigración. La estadística del INE arroja un dato preocupante: el envejecimiento paulatino de la población y las repercusiones para los cuatro pilares del Estado del bienestar: las pensiones, el sistema nacional de salud, la educación y las ayudas sociales. De no aumentar el ritmo de nacimientos, España puede convertirse en un país de viejos y sin jóvenes que coticen a la Seguridad Social. Y además, la gente vive mucho más día a día.

Sin embargo, parece que este problema no inquieta sobremanera a los actuales treintañeros. Según una encuesta del grupo asegurador Caser, sólo el 46% de los entrevistados cree que la Seguridad Social -sanidad y pensiones- tendrá dificultades en el futuro, frente a una media total del 69%. El 11% cree que desaparecerá y el 35% que el Estado reducirá las prestaciones.

viernes, 23 de octubre de 2009

Otro poema mío


En la higuera


Qué torpe niño aquel el que yo era;
subirse no sabía al árbol grande
del patio del colegio, y envidiaba
al Zaqueo que pintan los manuales
de religión, subido y esperando.
Mas ya acababa entonces de instalarme
al paso del destino en una higuera;
nadie ha podido ya bajarme;
en el libro en que vi a mi buen Zaqueo
tuve higuera como no hay semejante.

Poema mío

Aquí
en el faro del fin del mundo
estoy.
Más allá resplandecen las otras estrellas
y toda la soledad tengo delante.
Cartografían mi orilla las olas indecisas
tejiendo el salitre con la arena
como la sangre su carne.
Y miro como el cíclope nadie
y nada
y muero todos los días sobre las rocas peladas
por un viento entre las hojas
por un canto que anide en mi oído
y no pique agudo
como el roto graznido de las torvas gaviotas.

El justo medio

El equilibrio en todo, vaya mierda. Méson te kai áriston, que decía Aristóteles en la Ética a Nicómaco, o est modus in rebus, que Horacio, o, tal dice un adagio medieval que llegó a ser tópico literario, in medio stat virtus ("la virtud está en el medio"; el sentido verdadero es más socarrón, porque es erótico, como propone Maxime Chevalier). Pero estar en medio no te permite conocer la pasión, esa cosa que los griegos confundían con una enfermedad, el pathos. Los griegos es que eran muy racionalistas; así les fue. Los romanos tenían, por el contrario, junto al sentido de lo pragmático que faltaba a los muy vagos de los griegos, que para eso tenían a los esclavos, el de lo subjetivo, como refleja su literatura. La lírica griega es extravertida, objetiva: pinta los efectos físicos del amor, como en Safo, canta a las fiestas y a las francachelas, pero no indaga en los paisajes oscuros del alma que pueden aparecer, por ejemplo, en Catulo, en Propercio o en Albio Tibulo. Una salus haec est: hoc est tibi pervincendum / hoc facias sive id non pote, sive pote! Ese fatalismo, ese sentirse mal es algo que tenía su natural progreso inculturado en el Cristianismo, que cree que es posible cambiar la condición humana no trascendiéndola, como se cree habitualmente, a un plano superior extravital, sino en este mismo mundo. Algunos lo consiguen, pero la mayoría no. Yo nunca he podido ser equilibrado, me puede la pasión, me quedaría en el siglo XIX con los románticos, no en el XVIII con los clásicos. No soy una persona que duerma bien, mis pesadillas las tengo despierto; buena prueba son estas letras, que se han escrito en una laguna de sueño en la madrugada.

Viajes

A mucha gente le gusta viajar. Es algo natural, si te sobra un dinero reunido con todo un derroche de avaricia y no sabes cómo gastártelo y presumir de él. En vez de quedarse en casa viendo postales, se van a los lugares y las sacan ellos mismos, metiéndose dentro de ellas, aunque todo se sigue reduciendo a postales. Y luego, en casa, se pueden ufanar de las postales que han sacado ante gente que ya conocen; en realidad es como si no se hubieran movido. Van al museo del Louvre no a ver a la Gioconda, sino a que la Gioconda les vea a ellos. Esta gente me aburre mortalmente, la oyes contar sus viajes y te das cuenta de que siempre son el mismo, de que en realidad nunca han salido de sí mismos. Les preguntas que a quién han conocido y se quedan desconcertados. No se molestan ni siquiera en aprender idiomas, que es el primer requisito del viajero de alpargata; eso exige demasiado trato humano. Peor para ellos. Nunca me han gustado las fotos; por eso casi nunca salgo en ellas. Buscadme en las fotos colectivas: nunca salgo, siempre estoy detrás de una columna, fuera de campo, detrás de un comensal o, sencillamente, no estoy. Parece como si los fotógrafos me odiaran o, más bien, como si yo mismo odiara las fotos. Los fotógrafos no ponen nunca nada de sí mismos en lo que retratan, los pintores sí, ellos mismos aparecen atados a lo que retratan con una relación más humana y menos egoísta.

Eso no va conmigo. Los únicos viajes que me gustan son los iniciáticos, aquellos que se hacen lentamente y duran mucho tiempo, aquellos que te cambian, que te hacen más sabio, o aquellos en los que terminas perdiendo algo, psíquicamente unas veces, en forma de estupidez, otras incluso físicamente, en forma de unos kilos, un brazo, una pierna, o incluso la vida; en estos viajes lo que conoces es a gente, no postales; me gusta el turismo de alpargata por eso mismo, y he hecho turismo de alpargata por este país, por Francia, por Italia, por Portugal; el turismo de alpargata no hace fotos, sólo amigos. Los amigos no se hacen en el egoísmo del hotel. Otros, por el contrario, viajan sólo para sentirse más a solas consigo mismo, como Saramago, para obtener una caja de resonancia mejor para su voz inaudible y profunda, de forma que puedan oírla con más claridad; si están demasiado cerca de los sonidos del mundo y de los ruidos de los periódicos no pueden oírla; por eso se van al desierto, a los bosques, como Henry David Thoreau, a las grandes soledades, como San Antonio, San Francisco o los místicos, a las montañas, como nuevos eremitas. Saramago es ateo, pero es un ermitaño. Cuando fui al Museo del Louvre fui a ver un Rembrandt concreto, que resultó más pequeñito de lo que yo pensaba: el hombre en la ventana. Desde pequeño ese cuadro me había crecido en la imaginación, como si fuera una balsa en la eternidad del tiempo. A través de esa ventana no se veía nada exterior, entraba, pero no salía, una luz amarilla, inmaterial, que lo conservaba todo como en una gota de ámbar. El sabio miraba tristemente al infinito, mientras una mujer atizaba el fuego bajo una escalera helicoidal como la de un faro. El sabio parecía estar a salvo del mundo, pero entristecido por él. Ese sabio echaba de menos algo, una voz, un afecto, pero en todo caso algo humano. Eso era lo que yo buscaba. Ese cuadro no era una postal. La Gioconda, por en contrario, sonríe, no echa nada de menos. Parece mi vecina después de volver del mercado. Cuando salí del Louvre me fijé en los pobres peregrinos que se lavaban los pies en las aguas de la pirámide, y yo hice lo mismo. Y los demás tirando fotos, fotos, fotos, como si fueran japoneses que vienen y se van. A mí me bastaba con el paisaje que fotografiaba mi corazón; guardo un recuerdo vivo de todas las personas que conocí, pero no de los paisajes que vi. Eso se me borra enseguida. En todos los lugares en los que voy lo que más me queda son los amigos, las personas que viven allí; esos monumentos son menos perecederos para mí que los otros, y son los únicos que puedes llevarte a la muerte con satisfacción; seguro que no un buen puñado de postales. No sé que tienen los viajes que siempre me parecen más monumentales las personas que los monumentos mismos.

jueves, 22 de octubre de 2009

Jueces y cosas

Cuando era joven y más bruto, era un profesor hueso y temible, que hacía leer a los alumnos seis libros gruesos cada curso y encima hacerme un trabajo de cada uno. Pero, lo que es curioso, me encontré con alumnos todavía más huesos y duros, excelentes trabajadores, que me hacían unos trabajos extensísimos e insuperables y que siempre me sacaban dieces. Dos de ellos eran un par de amigas, María del Prado García Bernalte y Raquel Nielfa. La primera terminó siendo jueza en Hospitalet de Llobregat y Tarrasa, y tenía un padre admirable, que fue una pena perder. La segunda era y es también una gran cabeza; ahora es profesora de inglés y ha viajado mucho por Irlanda y Escocia. Por ahí hay algunos trabajos suyos muy interesantes, bien escritos y dignos de leer. Uno se enorgullece de estas alumnas, pero todavía más de lo grandes personas que son, y se siente hasta un poco culpable de lo mucho que las hice estudiar... Aunque todavía tengo dudas si es que a ellas les parecía poco. Tales alumnas son difíciles de ver, aunque todavía hay alguna que otra.

Es curioso los conocidos o amigos que uno ha venido a echarse en la judicatura. Un juez que ahora atiende en la audiencia de Manzanares, Ángel Luis Meana Sánchez-Bermejo, con quien cambiaba yo opiniones de bibliófilo en los ya antañones tiempos, días de vino y hierbas, de tertulias en Guridi, es un ejemplo. Admiraba al poeta barcelonés Carlos Barral, y yo le localicé, algo que él no se podía creer, una primera edición, aquí en Ciudad Real, de Metropolitano, uno de sus libros más raros, que vi en el rastrillo bibliográfico de Betel. Era un catalnista convencido, que echaba de menos su época de residente en aquellas tierras, y sosteníamos repetidamente pugilatos dialécticos en que él defendía su catalanismo y yo mi iusnaturalismo de su derecho positivo. Se ufanaba, además, (lo juez no quita lo chorizo) de haber mangado no pocos libros de no voy a decir dónde, aunque en edad más tierna que la que ya debe lucir. Otro es un gran penalista, escritor y poeta, Carlos Cezón, un hombre integérrimo a quien le levantaron una injusta imputación en la Audiencia Nacional donde trabajaba con motivo de una sentencia como las que suelen dirimirse en esas salas, con bomba dentro; así son los pleitos que llegan a ese nivel, como él mismo me llegó a decir, aunque luego decía no acordarse de tal cosa. La justicia en España está muy politizada, es más, manipula frecuentemente a la prensa y de hecho bien se demostró, aunque posteriormente y a costa de muchos males que no tenía por qué sufrir, que Carlos Cezón era inocente de todas esas estúpidas imputaciones y un hombre honesto a carta cabal, como todos sus amigos sabíamos ya. Sus libros de poemas, como Tumba de Julio II y otros muchos, andan por ahí para que los leamos y disfrutemos, y también en la revista Ucronía que tuve el honor de dirigir y en la que publicaron él y Meana también, creo recordar.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Saw VI

Saw VI ha sido calificada con X por su extrema violencia, y es el primer caso; a alguien, desde luego no a un político que no conoce el concepto, o peor, que no llega a asimilarlo ni comprenderlo, le debería dar vergüenza; ¿qué pasó con las otras cinco? Por lo menos ya hay un precedente; para inventarse algo más entretenido que la charcutería fina haría falta más trabajo cerebral y de guion y menos sangraza.

Ahora

Ahora que he terminado por fin la revisión de mi tesis, tengo que replantearme muchas cosas. Disfruto de un enorme alivio por la presión que me he quitado de encima, y quizá debería conformarme con ello y disfrutar del bien merecido descanso, pero siento todavía el tirón de muchos deseos menores y de empresas por hacer. Tengo que seguir con ellas, pero ahora los proyectos largos me seducen menos. Investigar es un trabajo solitario y, como me decía mi querida suegra, cuando estás solo incluso te da pena matar a las moscas, porque te hacen compañía. Se aprecian más las cosas sencillas y hasta la más pequeña partícula de vida y movimiento despierta un genuino asombro y un placer indescriptible: sentarse a hablar, tomar un café, contemplar una nube... Una de las satisfacciones más grandes que puede experimentar un ser humano es respirar a pleno pulmón, llenarse de aire; otra, beber un vaso de agua con sed verdadera; otra, tirarse una tarde sobre el césped mirando al cielo sin pensar en nada; oír las olas, el viento entre las hojas o el estruendo del agua de un río; sentarse con la familia, ver pasar a la gente... Ir despacio por la vida. Estas cosas poseen un valor elemental y primitivo que revuelve algo muy profundo en nosotros, porque son cosas que ya sentían nuestros antepasados más lejanos, incluso en la escala evolutiva: el trino de los pájaros, por ejemplo, ha sido descrito por todos los poetas sin excepción, fray Luis de León y Keats incluidos, como un signo de serenidad y de paz.

Así, mis ambiciones tienen ya proporciones muy personales; me gustaría empezar a releer de nuevo los clásicos antes de morirme. Cuando uno es joven lee apresurada y agitadamente, sin el poso que da una vida por llegar; ahora sin embargo hay que leer despacio, dejar que se aposente lo nuevo sobre los sedimentos ya formados, paladear; gracias a Dios, el olvido ha cumplido bastante bien su labor: mucho de lo que antes estaba ordenado ahora es bastante difuso; cumple recuperar las proporciones y las distancias entre los conceptos, reorganizar los estantes, volver a colocar los libros en su sitio, dejarlo todo más claro en la memoria.

martes, 20 de octubre de 2009

La Real Cacademia


Amenaza con publicar la Nueva gramática en diciembre al económico precio de más de doscientos euros. ¡A buenas horas mangas verdes! ¡Cuando ya existe una confusión terminológica de rango babélico! Por lo menos ahora sabremos cómo llamar a unas cuantas funciones sintácticas y cómo señalar una serie de fenómenos que no sabíamos cómo rotular desde hace casi cien años. En líneas generales su Diccionario ha empeorado bastante: las nuevas definiciones, y sobre todo las corregidas, aparecen muy simplificadas y empobrecidas y no sirven ya para todos los contextos, por no hablar de la falta de correspondencias internas; parece que lo han hecho unos lexicógrafos de mierda. En eso, como en muchas otras cosas, es mejor el Diccionario de uso de María Moliner, y no digamos ya el Seco. La RAE tendría que trabajar igual que el Instituto de Estudios Catalanes y dejarse de gilipolleces. Por cierto que la Gramàtica del català contemporani de Joan Solá les ha quedado dabuten
.

lunes, 19 de octubre de 2009

Poemas

Mario Benedetti, que en paz descanse, escribió esta seguidilla manchega:

Alguien limpia la celda
de la tortura
lava la sangre pero
no la amargura.

Y El poema de los dones, de Borges:

Gracias quiero dar al divino
Laberinto de los efectos y de las causas
Por la diversidad de las criaturas
Que forman este singular universo.
Por la razón, que no dejará de soñar
Con un plano del laberinto.
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
Por el amor que nos deja ver a los otros
Como los ve la Divinidad.
Por el firme diamante y el agua suelta,
por el álgebra, palacio de precisos cristales,
Por las místicas monedas de Angel Silesio,
Por Schopenhauer,
Que acaso descifró el universo,
Por el fulgor del fuego
Que ningún ser Humano puede mirar sin un asombro antiguo,
Por la caoba, el cedro y el sándalo,
Por el pan y la sal,
Por el misterio de la rosa
Que prodiga color y no lo ve,
Por ciertas vísperas y días de 1955,
Por los duros troperos que en la llanura
Arrean los animales y el alba,
Por la mañana de Montevideo,
Por el arte de la amistad,
Por el último día de Sócrates,
Por las últimas palabras que en un crepúsculo se dijeron
De una cruz a otra cruz,
Por aquel sueño del islam que abarcó
Mil noches y una noche,
Por aquel otro sueño del infierno,
De la torre del fuego que purifica
Y de las esferas gloriosas,
Por Swedenborg,
Que conversaba con los ángeles de las calles de Londres,
Por los ríos secretos e inmemoriales
Que convergen en mí,
Por el idioma que hace siglos hablé en Nortumbia,
Por la espada y el arpa de los sajones,
Por el mar, que es un desierto resplandeciente
y una cifra de cosas que no sabemos
Y un epitafio de los vikingos,
Por la música verbal de Inglaterra,
por la música verbal de Alemania,
Por el oro que relumbra en los versos,
Por el épico invierno,
Por el nombre de un libro que no he leido:
Gesta dei per Francos,
Por Verlaine, inocente como los pájaros,
Por el prisma de cristal y la pesa de bronce,
Por las rayas del tigre,
Por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan,
Por la mañana en Texas.
Por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
Y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,
Por Séneca y Lucano, de Córdoba,
Que antes del español escribieron
Toda la literatura española,
Por el geométrico y bizarro ajedrez,
Por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce,
Por el olor medicinal de los eucaliptos,
Por el lenguaje, que puede simular la sabiduria,
Por el olvido, que anula o modifica el pasado,
Por la costumbre,
Que nos repite y nos confirma como un espejo,
Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,
Por la noche, su tiniebla y su astronomía,
Por el valor y la felicidad de los otros,
Por la patria sentida en los jazmines
En una vieja espada,
Por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema,
Por el hecho de que el poema es inagotable
Y se confunde con la suma de las criaturas
Y no llegará jamás al último verso
Y varía según los hombres,
Por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos
Por morir tan despacio,
Por los minutos que preceden al sueño,
Por el sueño y la muerte,
Esos dos tesoros ocultos,
Por los íntimos dones que no enumero,
Por la música, misteriosa forma del tiempo.

Estar cansado

El muy anglosajonizado Lewis Cernuda escribía en su poema Estoy cansado (la frase que, por demás, repetía el simbólico y gigantesco indio de Alguien voló sobre el nido del cuco) que estarlo tenía plumas como un loro. Cuando un loro está triste se las arranca y se queda pelado, como Luis Cernuda y como Ícaro, el primero de los románticos quemados por el fuego de infierno de un excesivo entusiasmo juvenil. Y cuando uno está cansado repite las cosas como un abuelo Cebolleta y se cansa más todavía, aunque, como dice L. C., más cansado sería estar muerto. Por supuesto, las plumas a las que alude Cernuda tienen más que ver con el nombre de pila de su amante de entonces, el actor Serafín Fernández Ferro que con los ángeles de Rilke, que también.


Estar cansado tiene plumas,
tiene plumas graciosas como un loro,
plumas que desde luego nunca vuelan,
mas balbucean igual que loro.

Estoy cansado de las casas,
prontamente en ruinas sin un gesto;
estoy cansado de las cosas,
con un latir de seda vueltas luego de espaldas.

Estoy cansado de estar vivo,
aunque más cansado sería el estar muerto;
estoy cansado de estar cansado

entre plumas ligeras sagazmente,
plumas del loro aquel tan familiar o triste,
el loro aquel del siempre estar cansado.

domingo, 18 de octubre de 2009

Cine. Infectados, de los hermanos Pastor

Tenía que escoger una película, y dudaba entre esta y un thriller con buen crédito como era Río helado (Frozen river) que ganó un gran premio en el festival de Sundance, pero mi mujer y mis hijas, que son fanáticas del género de terror, me llevaron a ver Infectados, la producción estadounidense de los españoles hermanos Pastor. La quería ver por la inhabitual recomendación de la misma que había hecho Stephen King; Me fío de él, ya que no suele recomendar a la ligera, como demostró su juicio sobre una preciosidad como El laberinto del fauno; una vez vista, entiendo que le haya gustado, ya que es una película muy literaria, donde el terror es sólo un pan cotidiano, un pretexto desganado. El guion está bien resuelto, rehúye las frases memorables y la verbosidad innecesaria y opera con la economía de los actos y el simbolismo de los personajes; es película de dilemas éticos y caracteres, de personajes más que de sustos, todos ellos desleídos conscientemente en un realismo abrumador y nada pintoresquista. No deja de ser una road movie con los detalles de la atmósfera muy cuidados, incluso ese paisaje de olas que recuerda a uno de los primeros grabados de Escher.

Destaca en la película y sobrenada, junto a los dilemas éticos que esboza, su realismo, que prefiere sugerir y atemorizar más que aterrorizar. El paseo por las calles del pueblo lo ejemplifica bien, así como el hecho de la lenta evolución de la enfermedad y los detalles técnicos sobre su transmisión e imposible cura; eso en gran medida contribuye a hacerla creíble. Lo segundo es el análisis de las relaciones humanas; en esta película aun las más sólidas se deterioran ante la presencia de la muerte,, salvo una: la protectora relación del padre con la hija, no al contrario, ya que, si contemplamos el caso de los hermanos protagonistas, uno de ellos mató a los padres, aun cuando fuera para ahorrarles sufrimientos; por eso, en su humildad, esta resulta ser una película interesante y digna de ver, que me hace esperar mucho de sus jóvenes directores españoles, instalados ahora en los Estados Unidos.

Pajarracos y pajarillos, ucellacci e ucellini, que decía el italiano

Siempre había sido mi sueño tener un loro hermosísimo; ahora mismo lo tengo posado sobre el hombro, regalo de mis ángeles custodios, y me condecora de vez en cuando con una caca; es un yaco gris de cola roja, discretito, no como esos espectaculares guacamayos que, cuando uno los transporta depositados en su puño, parece que son ellos los que te pasean y no al revés; poseen algo tan señorial y heráldico como el fénix. Hace un añito que salió del cascarón, y ha sido bautizada por la abuela de mis hijas con el nombre de Lina; me gusta, porque el término se encuentra a medio camino entre Lina Morgan y Angelina Jolie; y también porque semeja a la pájara Lena Meyer-Landsrut, que cantó y ganó Eurovisión; de la primera tiene el pico, que se limpia con una escrupulosidad neurótico compulsiva; se muere del disgusto si se le mancha con algo; por otra parte sacude su cola roja en abanico de un modo encantador y, cuando está contenta, pía cual pájaro que es, otras veces me llama "papá" o "guapa", cambiándome de sexo, y otras reproduce con la sílaba "pa" el ritmo y melodía inconfundible de El paseo del bebé elefante de Henry Mancini, que ha oído sonar en el ordenata. Le ha cogido querencia a mi hija Ana Isabel, y si la ve marcharse gime de forma desconsolada. Si está de malas, suelta un picotazo temible que deja una característica cicatriz en forma de U mayúscula. Pero se nota que no lo hace conscientemente, es como si tuviera programado el picotazo cuando se asusta o algo la pilla descolocada: se exalta y aruña muy fácilmente, especialmente cuando ve manos, desconocidos u objetos raros. Le gusta hacernos compañía en los sofás, de noche, cuando vemos algún documental o película; entonces se sube a una de mis rodillas y empieza a adormilarse cerrando los ojillos, contemplado con envidia por el resto de nuestros siete pajarracos, fruto de la obsesión ornitológica de nuestra hija menor, Paloma, salvadora de un gorrión al que su madre califica despectivamente como "el mierda" y que va de un lado a otro del amplio salón pegando botes de pivot con un entusiasmo contagioso y un nervio eléctrico, que le sirve para escapar de mis hijas, Houdini con plumas, y esconderse bajo el sofá o más lejos. Lo nutrimos con vitaminas, pero el muchacho no echa las alas; se ve que en los genes no tiene el aprendizaje del vuelo sin motor, y el hecho de que nadie se lo enseñe, ni siquiera nuestros expertos ases de la primera guerra doméstica, Pavarotti, Copito etcétera -las aves de pico curvo hacen vida aparte, se consideran en otra esfera- lo tiene al pobre marginado y sin lugar en este mundo.

Leyes

"Ay, de los que dictan leyes injustas. Isaías 10:1"

Se nota que el único que las dicta justas es Dios o, más bien, lo es solamente porque es el único que podría dictarlas. Ser el único posee, entre otras virtudes, la de ser indiscutible, como ya sabía el culpable de esta discutible invención, el rey Josías, que pensaba inteligentemente en que le ahorraría quebraderos de cabeza. Josías es quizá el inventor del centralismo. La verdad es que Dios, si leyera en Caín de Saramago, por lo menos podría aprender sentido del humor.

sábado, 17 de octubre de 2009

Andrés Montes


Hay algunas personas que constituyen por sí solas un género literario: Francisco Umbral, Lola Flores, Jorge Luis Borges y, ahora, Andés Montes, quien no sólo se nos ha fallecido, sino que se ha dado de baja en la tele. La labia legendaria de este lechero café y semicubano comentador, que no comentarista televisivo de los épicos partidos de baloncesto entre negratas, blanquitos y mulatos, tenían el sello de lo irrepetible y el barrio aroma de la más profunda cultura popular; me lo figuro ahora llamando a la puerta del cielo, diciendo "¡Wilma, ábreme la puerta!" Creo que San Pedro ad vincula dejará sus cadenas y se la abrirá gustosamente y, encima, le pedirá que retransmita los partidos de las canchas celestes, celebrados con pelotas planetarias que se encestan en anillos saturnales. Allí estará, con su yulcalva, su pajarita de fuego, sus gafotas de veedor ministerial, transformado en un signo él mismo, que tan literario era.

Tal y como dijo Romay, aunque no exactamente, el mundo es un poco más triste sin él.

Caspar David Friedrich y Juan Bautista Maíno


Hay ahora en Madrid dos exposiciones de pintura interesantes; la primera es la de Caspar David Friedrich, el gran pintor alemán del Romanticismo, un místico que veía en la naturaleza un modo de entrar en contacto con lo absoluto, con Dios, y que no pintaba la naturaleza, sino el efecto que ella producía en seres humanos; el hecho de que considerara a los árboles como individuos y que estos se repitieran en sus composiciones es una forma de indicarlo; sus dibujos son pasmosos, cercanos a la abstracción: fisuras como las vetas de un mármol o un rayo oscuro, efectos de luces y sombras, elementos sencillos como una rama con apenas hojas o una brizna de hierba estremecidas por el viento, que trasladan por metonimia al todo colosal, lo acercan a la visión que los clásicos de la pintura japonesa tenían de la naturaleza. Sus bosques impenetrables transfigurados en catedrales, sus paisajes a la luz del crepúsculo, sus cielos morados, sus barcos rodeados de desdicha, a punto de partir o de llegar a ningún sitio, porque son cruces sobre la tumba sin límites del mar; sus asombros ante lo infinito, sus robles atormentados, sus montañas columnas y figuras simétricas, sus abetos disparados al vacío, señalando a las estrellas, sus noches negras como pozos de plata, son todavía efectivos, dan la impresión de lo imperecedero: la victoria del espíritu sobre el cuerpo, de lo romántico sobre lo clásico, de la naturaleza, la ruina y el sentimiento sobre la civilización, la arquitectura y la razón. Sus cuadros parecen no tener fin ni marco, ni comienzan ni acaban, dan la sensación de lo interminable, de lo incompleto, de aquello que se desvanece poco a poco como una visión, un fantasma, un recuerdo.

El otro es Juan Bautista Maíno, un barroco, místico también a su manera, con esos paisajes maravillosos que forman el fondo de su Juan Bautista o María Magdalena, o esos personajes humildes, ese cordero, ese burro, esos cacharros de arcilla... pero místico a la manera de un dominico, empapado de actualidad, con esa crítica terrible a la España oficial de Felipe IV que aparece en su cuadro Reconquista de la Bahía de Brasil, en la que el monarca aparece como un títere coronado/sostenido dentro de un teatrillo de guiñol por el Conde Duque de Olivares, mientras en primer plano se ve a la España real, al pueblo español herido y en la miseria, contrastando con la España oficial, la teatralesca de las empresas exteriores y las victorias militares, que aparece en el fondo del cuadro.

viernes, 16 de octubre de 2009

Edgar Lee Masters


Acabo de adecentar la sepultura de un gran enterrador, el deprimente poeta Edgar Lee Masters, que andaba sucia y sin flores en la Wikipedia. No hay traducciones completas de su camposanto, Antología de Spoon River (1915)
, en Internet, lo cual es una pena.

Más en apariencia que en esencia


Francesco Manetto ha escrito un artículo muy lúcido y lucido en El País; viene a decir alqo que cualquiera con dos dedos de frente ya sospechaba: que en esta sociedad importa más la apariencia del hecho mismo que su sustancia, como creía Baudrillard. El premio de la paz a Obama, concedido sin contenido alguno aún que lo avale, así lo confirma.

¿Ha hecho mucho Barack Obama por la paz? Desde luego ha hablado de ella, y valores como el diálogo, el multilateralismo o el deseo de cambiar el mundo impregnan sus ya célebres discursos. Pero en estos tiempos de comunicación masiva por todos los soportes posibles lo simbólico se sitúa a menudo por encima de lo factual. Así que eso, el mensaje antes que el hecho, el concepto universal de paz comprensible en todos los códigos de comunicación del planeta, es lo que se ha querido distinguir con el Nobel de la Paz. Para algunos, estaría mejor denominado como Nobel de la Comunicación.

martes, 13 de octubre de 2009

La educación y el Estado


Zapatero ha escrito sobre Educación, así que no hay que leerlo. Tampoco él hace caso de abucheos y demás, porque dice que constituyen un rito. Usted vote lo que quiera, que ellos harán lo que les dé la gana y encima le llamarán rito sin su permiso. De hecho, los políticos no hacen caso de nada de nada, y menos de la educación, que es algo que les es absolutamente ajeno, marciano, indescifrable, como la escritura gíglica. Por eso no hay que hacer caso de lo que escriben. Un político jamás podrá hablar de otra cosa que de política. La batalla por la educación en España se perdió ya hace mucho tiempo y esto ya es irrecuperable, como las Tablas de Daimiel, que arden y se consumen sin que se vea, como todo en España. El Guadiana es ahora un río de fuego, como el Aqueronte, allá en los Infiernos, donde se ahogan los alumnos, los profesores, los padres... y ningún político les echa una mano. Han bebido de la fuente Eunoe y sólo recuerdan y ven sus aciertos, las cosas fáciles, sus propios méritos, sus alabanzas. Están en los Campos Elíseos, regocijándose sin fin de lo buenos, guapos y ricos que son. En todo caso, politrincos y pedabobos podrían adornar su fracaso un poco haciéndose el harakiri con la espada del Cid o ahorcándose de un árbol de rama recia -están sospechosamente gordos-, pero qué va. Eso les presupone algo que no tienen: vergüenza, hidalguía... Por eso lo que pueden hacer, eso sí, y harán, ya lo veréis, es una nueva reforma educativa. Y después otra. Y luego otra. Y así... perpetuamente, para siempre jamás. Hasta que haya una reforma de esta mierda de Constitución, y luego otra, y luego otra más...

La sotana del padre Fortea


El padre Fortea es un quejica; cuenta hasta los mosquitos que le pican y las comidas malas que le ponen las monjas; pero sus lectores nos apiadamos de él por la gracia que pone en esas quejas y hasta hemos hecho una colecta para comprarle una sotana leve que no le dé calor en Roma y regalársela en su cumpleaños, que fue ayer. Qué quejica es el padre Fortea, pero también qué agradecido y qué simpático.

El Estado


No tengo nada contra el estado: es la única institución capaz de gestionar la corrupción para conseguir un reparto ecuánime de la misma, o sea, al revés de lo que ocurre en España.

Nacionalistas

"Claro que sí", Fernando Savater, El País, 13-X-2009

José Bergamín deploraba la decadencia del analfabetismo; otros, con menos ingenio pero con mayor sinceridad, lamentamos el presente eclipse del sentido común. En el caso de Bergamín, la paradoja era provocativamente deliberada; en el nuestro, la constatamos como un doloroso síntoma que confirma nuestras peores previsiones.


Cuando insistimos en la redundante candidez del caballo blanco de Santiago -ustedes me disculparán el símil hípico- no falta nunca la ofendida denuncia, casi incrédula ante tanta desfachatez: "¡De modo que para usted el caballo blanco de Santiago es nada menos que blanco!". Y a uno le toca sonrojarse por ser tan arcaico, tan poco pluralista o alternativo y tan cerrado al diálogo.
Tenemos un claro ejemplo en el discurso de Urkullu en el pasado Alderdi Eguna. El presidente del Euskadi Buru Batzar denunció con (supongo) sincera indignación que el PSE y el PP quieren convertir a Euskadi en una comunidad más de España. Pretenden debilitarla y diluirla hasta, horresco referens, armonizarla con el Estado.

Para ello, no retroceden ante ninguna bajeza: no prescinden de la ikurriña, ah no, sería demasiado brutal, pero le ponen al lado la bandera española; no suprimen el euskera, son muy arteros, pero sostienen en plano de igualdad los derechos de quienes quieren expresarse en castellano; a la Ertzaintza la enredan en quitar carteles pro-etarras, con lo que quema eso y a Euskaltelebista la privan de su mapa telúrico-metereológico tradicional y la limitan al plano de la comunidad autónoma. No cabe duda, van a por nosotros...

O sea, podríamos resumir, no gobiernan como los nacionalistas sino como quienes no lo son. ¡El caballo blanco de Santiago se atreve a ser ufanamente blanco, como si tuviera buenas razones y legitimidad para ello! ¡Habráse visto! Hombre, a uno le parece que no hay nada de malo en que la CAV sea una comunidad más en España: como las otras, sin menoscabo de sus derechos legítimos ni trato de favor. También sin esa excepción que supone el terrorismo y la extorsión mafiosa para mantenerlo, el amedrentamiento de los adversarios políticos, la unanimidad forzosa que impide la expresión pública de voces y símbolos de comunidad con el resto de España o la exhibición hagiográfica de quienes se han distinguido por atentar contra conciudadanos.
No estaría mal poder ser institucionalmente como el resto del país del que formamos parte puesto que de hecho fundamentalmente lo somos: y vivir en armonía con el Estado democrático que es el nuestro (y al que recurrimos con razón en muchas ocasiones, como por ejemplo cuando reclamamosprotección militar para nuestros atuneros amenazados por la piratería) tampoco parece un gran atropello. Perdonen tanta simpleza, pero así lo veo yo.

Cuando oigo discursos como el de Urkullu y otros de parecido corte nacionalista, me parece escuchar a quienes desde hace un par de siglos se escandalizan porque el Estado trate de imponer los mismos derechos individuales para todos los ciudadanos: "¡O sea que ahora tenemos que ser todos iguales! ¡Pero yo soy conde, o marqués, o hijo de un distinguido mariscal! ¿Me van a tratar como a uno más?". Y los ricos: "De modo que debo pagar impuestos como cualquiera para costear servicios públicos que no utilizo y así financiar a vagos y maleantes que no ahorran...".

El elocuente reaccionario Joseph de Maistre rechazaba los derechos del hombre diciendo que él no conocía a ningún "hombre", sólo a franceses, españoles o ingleses. Hablar del "hombre" en general suponía para él acabar con la rica diversidad cultural e histórica del mundo.

Aún hoy hay quien sigue hablando de los derechos humanos "individuales y colectivos", como si precisamente los derechos humanos no se hubieran inventado para combatir los supuestos derechos históricos -es decir, los privilegios- de colectivos como la nobleza, el clero, los gremios, los varones, o los miembros de tal etnia o tal religión.

Lo malo es que la mentalidad diferencialista ha calado ya en la sociedad más allá de la ideología del nacionalismo declarado. No hay más que ver cómo todos los partidos vascos, con excepción de UPyD, suscriben con entusiasmo los privilegios fiscales de la CAV y su blindaje contra asechanzas del exterior: ¡cualquiera se atreve a decir otra cosa! Somos las ventajas que tenemos y las excepciones que nos favorecen, que nadie nos las toque. Y para qué hablar de los abogados que le han salido a ese fantasma que a cada cual se le aparece según el licor del que abusa: la "identidad". "¡Que me roban mi identidad!", protestan unos y otros, con el mismo trémolo angustiado con que Unamuno clamaba "¡que me roban mi yo!". Y la identidad oficial es algo que siempre definen a su conveniencia los especialistas en la materia. Lo curioso es que por el momento la exaltación identitaria sólo ampara a colectivos autodesignados (quienes no se avienen a ello son traidores a los suyos) pero no a los particulares.

De momento, nadie puede invocar a su favor que su idiosincrasia exige ser violador, recibir cohechos o pavonearse con relojes de miles de euros, tal como el escorpión se excusaba ante la rana a la que acababa de inocular su veneno diciendo que tal era su carácter... Pero todo llegará, si somos coherentes con el derecho irrestricto a la diferencia.

En España no estamos en eso todavía, claro. Y tampoco es que vaya a romperse el país, como constatan muy ufanos los de siempre. De momento a los nacionalistas de iure o de facto les interesa más la gestión indefinida del independentismo que la independencia misma. Políticamente, es más segura y más provechosa: se ejerce por aquí y por allá la astuta rentabilidad de la desafección. Hay bastantes que han aprendido a cobrar por hacernos el favor de seguir siendo españoles, lo mismo que esos alumnos franceses que van a cobrar por hacer el favor de asistir a clase. Tan interiorizada tenemos esta situación al parecer irrevocable que los chispazos de unidad son celebrados como triunfos memorables: por ejemplo, los medios de comunicación se deshicieron en elogios cuando la ministra de Sanidad y todos los consejeros autonómicos del ramo salieron juntos a proclamar medidas comunes contra la gripe A. Vaya, no faltaba más que contra una epidemia el país hubiera funcionado según 17 criterios distintos...

Que los nacionalistas tengan sus propias ideas me parece normal. Pero que haya un contagio general que impide a los demás afirmar lo que pensamos so pena de diversos sambenitos retrógrados ya suena peor. El caballo blanco de Santiago sigue siendo blanco, pese al refunfuñar de los coloristas. ¿Qué deseamos, que el País Vasco, Cataluña, Galicia, Navarra o la que ustedes prefieran sean comunidades autónomas ni más ni menos que como las demás, armonizadas con el Estado del que forman parte, sometidas al mismo régimen tributario y por tanto institucionalmente solidarias con el conjunto del país, donde el pleno derecho a utilizar la lengua común oficial conviva con el uso voluntario de las lenguas regionales? ¡Pues claro que sí!

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.

Cobrar por los libros de las bibliotecas públicas

Eso pretende la SGAE, tan detestada por casi todo el mundo. Veinte céntimos por libro.

Pues yo defiendo la opción. ¿Por qué? No por los cosabidos derechos de autor, sino porque ya hemos alcanzado tales grados de paletez que, para que se se valore lo que es la la lectura y la cultura en general por algunos, ya no hay otro remedio que traducirlo a dinero, porque de otra manera ni siquiera se molestarían en saber que existen. Quiero que algo les cueste. Que les cueste hasta respirar porque hayan puesto precio al aire y al sol. Que sufran aquellos que sólo tienen tejido nervioso en el bolsillo. Que se den cuenta de que el alimento espiritual también hay que comprarlo en el mercado, porque es tan alimento como las patatas y los tomates y es necesario para vivir y poder crecer.

Valor económico de la educación, por Joaquín Estefanía


Valor económico de la educación

Joaquín Estefanía, El país, 12-X-2009

Hace poco se conocieron sendos informes del Banco Mundial y del Foro Económico Mundial que coincidían en la pérdida de competitividad de la economía española. Las causas de ello eran múltiples, entre ellas la necesidad de mejorar el modelo educativo. En relación con esta crisis tan profunda que estamos padeciendo se acentúa el valor económico de la educación.

Este valor no es el primero a tener en cuenta. La primera dimensión de la educación es la ciudadana; en una sociedad democrática la educación es una de las fórmulas de ciudadanía, y por tanto es un derecho. Otra dimensión es la social: es un elemento nivelador de primer orden, de igualdad de oportunidades, de integración y de cohesión social. Se dice que la mejor política social a largo plazo es la educación. La tercera dimensión es la económica; en estos momentos, en nuestro país hay nueve millones de estudiantes y más de 800.000 profesores. En coyunturas de recesión se manifiesta la importancia de la educación en su relación con el desempleo. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), la tasa de paro entre los menos formados duplica a la de los universitarios; cuanto más elevado es el nivel educativo, menor es la pérdida de empleo. Quienes sólo lograron cursar primaria tienen una tasa de paro del 25,4%; quienes estudiaron la primera fase de secundaria registran un desempleo del 23,6%; para quienes finalizaron la segunda fase de secundaria el paro se acerca al 17,3%. Los universitarios son quienes menos sufren el desempleo, con un 9,5% de tasa de paro. Y entre los doctores el desempleo es aún menor.

La crisis económica ha tenido como característica singular la de homogeneizar algunos problemas a escala planetaria, pero cuando se salga definitivamente de la recesión cada sociedad se enfrentará a sus propios fantasmas. Los de España son principalmente la falta de competitividad y un porcentaje muy alto y absurdo de desempleo. Para combatirlos es para lo que se necesitan las reformas estructurales, entre ellas la de la educación. El nuevo modelo de crecimiento que se busca no se basa sólo en la educación, pero sin ella tampoco será posible. De ahí que el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, esté empeñado en un pacto social y político que consiga mejorar, modernizar y estabilizar la educación. Veremos qué capacidad de sacrificios compartidos son capaces de hacer los que han de participar en él, en un puñado de asuntos cruciales que representan la clara inadecuación del sistema educativo.

Entre ellos hay un problema de financiación (aunque ni mucho menos es la única dificultad). Según la oficina estadística de la Comisión Europea, en 2005 el gasto en educación en relación con el PIB en la media de la Unión Europea suponía un 5,03%. España estaba en la cola con un 4,23% y por delante estaban países como Alemania (5,03%), Francia (5,65%), Italia (4,43%), Reino Unido (5,45%), Países Bajos y Finlandia. En 2009, la inversión del conjunto de las administraciones públicas en educación ascenderá a 52.000 millones de euros, es decir, un 4,95% del PIB, prácticamente el doble que en 2001 y tan sólo a poco más de una décima de la UE.

El diagnóstico de la situación lo ha proporcionado el último informe de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Más allá de los siniestros datos sobre el abandono y el fracaso escolar, que tanto se destacan, también hay otros muy representativos. Por ejemplo, el 49% de la población adulta sólo ha acabado la enseñanza obligatoria; el 51% de los españoles de entre 25 y 64 años tiene estudios postobligatorios, lo que supone que por primera vez este colectivo supera a quienes sólo han finalizado los estudios obligatorios; un 29% posee titulación superior y un 22% tiene estudios secundarios no obligatorios. Los titulados de formación profesional de grado superior han llegado al 14%, etcétera.

Habrá que seguir las vicisitudes de este pacto sobre la educación. Será un test central para saber quién asume como retórica y quién como realidad lo que el presidente del Gobierno escribía el pasado lunes en una carta abierta a los maestros: "Nunca antes nuestro porvenir ha dependido tanto de la educación, del conocimiento, de la capacidad creadora e innovadora, que son la base del bienestar y de un nuevo modelo de crecimiento económico".

domingo, 11 de octubre de 2009

Estoy bien


No estoy mal, porque no tengo motivos objetivos para estarlo ni mi querida familia me deja. Muy gentilmente Blade Runner se preocupa por mí, pero no debe inquietarse; lo que pasa es que a veces me pongo un poco elegíaco y me sale una Lamentación de Jeremías; mientras no pierda el sentido del humor y la prosa, aquí estaré. Lo que me ocurre es que estoy terminando la revisión de un libro y me entra un nosequé de angustia ante todo lo que he tenido que cortar y ante las decisiones tajantes que voy a tener que tomar en el sentido de dejarlo reducido a proporciones editoriales aceptables antes del martes. Por demás, el hecho de escribir es algo que siempre me sirve de exorcismo.

Libros

Por una de esas cosas raras, he conseguido al fin dos libros que llevo buscando desde hace tiempo a muy buen precio -entre los dos sólo he pagado cien euros-; los grandes volúmenes de Cincuenta años de poesía española (1850-1900) de Cossío, y Al derredor de la Virgen del Prado, patrona de Ciudad Real, (1914) de Rafael Ramírez de Arellano; además tengo ya apalabrado un ejemplar de los Ecos de un pensamiento libre del gran poeta masón manzanareño Antonio Rodriguez García-Vao, asesinado en Madrid, que ya tenía en fotocopias; no sé si será la primera edición o la segunda, pero poco va de una a otra; me gustaría editar sus poesías, ya que he localizado muchas que no se incluyen en esta colección, que creo reunida por su gran amigo y futuro alcalde de Madrid, el médico José Francos Rodríguez, cuyas cuatro volúmenes de autobiografía adornan mi biblioteca. Aquí transcribiré unas décimas sobre Cristóbal Colón que escribió cuando era muy joven y que no está en la colección de Francos:

¡QUÉ LOCO TAN SABIO!

Ya partió; no se le alcanza
y verle fuera delirio;
lleva en su cuerpo el martirio
y en el alma la esperanza
A medida que él avanza
va aumentando el sufrimiento;
va resistiendo el tormento,
luchando su mente a solas,
ni se cuida de las olas
ni percibe el raudo viento.

Se va en los ignotos mares
internando poco a poco
aquel genio o aquel loco
lleno de duda y pesares.
Pensamientos a millares
que inundan su fantasía
riñen batalla bravía
en su cerebro fecundo.
¿Quién contiene en calma el mundo
de ideas que Dios le envía?

¡Cómo navegan ligeros,
viento y mar desafïando,
atrevidos anhelando
ver de un mundo los linderos!
¡Qué gigantes y qué fieros
y qué soberbios se ostentan
genio y mar! Su ira acrecientan
el genio, un mundo buscando,
y un mundo, la mar negando:
su tenacidad aumentan.

La borrasca bramadora
no intimida al navegante,
que aquel corazón gigante
no encuentra valla opresora.
Aunque vacila no ignora;
mas con la duda pelea.
Aunque el rayo centellea
y ronco retumba el trueno,
firme, tranquilo, sereno,
nada perturba su idea.

En el firmamento escrito
cree ver el feliz arcano,
pues su genio soberano
profundiza el infinito.
De su gran conciencia el grito
le da firmeza y valor,
y sufre con el ardor
de los grandes corazones
las terribles maldiciones
del marino aterrador.

Porque, en peligro creyendo
sus vidas, cerca la muerte,
maldicen la infausta suerte
amenazas dirigiendo.
El ánimo decayendo
va de aquella gente osada;
creen la empresa desgraciada
y a Colon un ignorante.
Este, "paciencia, adelante"
dice con voz apagada.

Y solicita, implorando
entre dudas y agonias,
tres días sólo, tres días,
para seguir explorando.
El marinero, jurando,
pues recela de su suerte,
el viento soplando el mar
las naves surcando el mar,
Colón, sin desesperar,
aunque le cerca la muerte.

El océano proceloso
tempestad amenazando,
aquel cielo horrorizando
imponente y tenebroso;
y aquel genio portentoso
que a cielo y mar desafía,
abismos son que a porfía
quieren mostrar su fiereza;
y del genio la grandeza,
¿Cederá con cobardía?

No cedió, diganlo España
y del turbio mar las olas,
las conquistas españolas,
en aquella tierra extraña;
dígalo quien nunca engaña,
el astro siempre brillante,
ese sol siempre radiante
para mi patria esplendente,
pues sólo besó su frente
esta Nación arrogante.

Y en tan venturoso dia,
el sabio al mundo asombraba;
antes loco le llamaba,
y del loco se reía.
¡siempre igual la suerte impía!
Colón fue un genio fecundo
porque nos buscó otro mundo;
si no le hubiera encontrado,
por loco hubiera quedado,
por el loco más profundo.


Publicado en La voz de Peñaranda, núm. 152, 17-III-1881

Es una delicia leer a Cossío; contaba con una buena prosa y sabía valorar bien la poesía, como compruebo al leer sus páginas sobre el llorado Larmig. Además es una mina de datos, con todos esos índices y biografías. Incluso está enterado de la edición del Sebastián de J. Aguilar en Ciudad Real, aunque no sabía nada sobre su autor, lo que es lógico, ya que Aguilar se pasó casi toda la vida en China y Filipinas ayudando a Sinibaldo de Mas. Poco a poco me estoy construyendo una biblioteca de poetas raros del XIX muy notable. En cuanto a Ramírez de Arellano, si me está leyendo Carlos, podría ir a la página 26, donde creo que encontrará algo interesante sobre el obispo manchego que está investigando, Francisco de la Dueña y Cisneros, que lo fue de Urgel. Sospecho que algo del torralbeño párroco de Santa María, Esteban Ramón Sánchez de León, debe andar también en el archivo del Cardenal Borbón.

El excremento del Diablo

Moisés Naím, El excremento del Diablo.

El País, 11-10.2009

El petróleo empobrece. Los diamantes, el gas y el cobre también. Los países pobres que cuentan con abundantes recursos naturales suelen ser subdesarrollados. Esto ocurre no a pesar de sus riquezas naturales, sino debido a ellas. ¿Cómo puede ser que la riqueza natural de un país perpetúe la pobreza de la mayoría de sus habitantes? Debido a un fenómeno conocido como "la maldición de los recursos naturales".

Los gobiernos de países ricos en recursos naturales suelen perpetuar la pobreza de sus habitantes

Hay países que logran conjurar esta maldición. Noruega o Estados Unidos, por ejemplo, son a la vez petroleros y desarrollados. Pero son excepciones que no sólo confirman la regla, sino que también ilustran los antídotos contra esta maldición: democracia e instituciones que limitan la concentración del poder. Además, para neutralizar la maldición también es necesario mantener la estabilidad económica, controlar el gasto público, ahorrar para los años de vacas flacas, diversificar la economía, impedir la concentración del ingreso y evitar que la moneda del país sea demasiado costosa comparada con las de otras naciones. Los países exportadores de recursos naturales que no adoptan estas medidas empobrecen y maltratan a la gran mayoría de su población. La tragedia es que pocos logran evitar estos nocivos efectos. ¿Por qué?

La maldición de los recursos es como una enfermedad adictiva: le quita a la víctima la voluntad de curarse. Los grupos más poderosos de estas sociedades no tienen muchos incentivos para luchar contra los efectos perversos de la excesiva dependencia de los recursos naturales. Los efectos son perversos para el resto de la población, no para las élites. Éstas, por el contrario, se benefician de la situación.

El venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo, uno de los fundadores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), fue el primero en llamar la atención sobre esto. El petróleo, dijo, no es oro negro; es el excremento del diablo. La intuición de Pérez Alfonzo ha sido rigurosamente confirmada. Desde 1975, por ejemplo, las economías de los países ricos en recursos naturales han crecido menos que las de los países que no exportan principalmente materias primas.

Peor aún, en los países afectados por la maldición, los beneficios del crecimiento económico se concentran en pequeños grupos políticos, militares y empresariales. Además, su moneda se encarece con respecto a las de otras naciones, lo cual frena las exportaciones de todo lo que no sea el recurso natural que tienen en abundancia. Esto, a su vez, inhibe la diversificación de la economía y condena a los países a depender cada vez más de las exportaciones de su principal materia prima. En el caso del petróleo, el crecimiento que este genera no crea puestos de trabajo en proporción a su peso en la economía. Así, en los países cuya principal exportación es el petróleo, esa industria genera más del 80% de los ingresos totales, pero tan sólo el 10% del empleo. Inevitablemente, esto aumenta la desigualdad económica.

Dado que los gobiernos de los países exportadores de materias primas no dependen de los impuestos de su población para financiarse, sus líderes pueden darse el lujo de ignorar las exigencias y necesidades de sus ciudadanos. Éstos, a su vez, desarrollan relaciones tenues y parasitarias con el Estado. Además, cuando mucho dinero público es controlado por pocos individuos que no rinden cuentas al resto de la sociedad, la corrupción es inevitable. Las similitudes de países tan diferentes como Rusia, Irán o Venezuela no son una casualidad. Son el resultado de la maldición.

Es muy difícil sacar del poder a gobiernos ricos en petróleo que, además, tienen la posibilidad de usar sus vastos recursos financieros para comprar o reprimir a sus opositores. Las estadísticas demuestran que es mucho menos probable que un país petrolero autoritario se transforme en una democracia de lo que resulta para una dictadura que no cuenta con abundantes recursos naturales. Las estadísticas también confirman que, en todas partes, las autocracias petroleras gastan más en armas y ejércitos y son más propensas a tener conflictos armados.

Esto no quiere decir que los países pobres con abundantes recursos naturales estén condenados al subdesarrollo. Chile y Botsuana son extraordinarios ejemplos de países menos desarrollados que a pesar de ser exportadores de materias primas han escapado de la maldición. Sus experiencias confirman cuáles son las vacunas que protegen a un país contra sus efectos. Pero ¿por qué estos países estuvieron dispuestos a vacunarse y otros no? Nadie sabe. A quien encuentre la respuesta a esta pregunta habría que darle el premio Nobel. No el de Economía. El de la Paz.

El silencio

Me viene ocurriendo estos días algo que me inquieta vagamente. Es el silencio; en la atmósfera hay una especie de polvo o de pelusa que empieza a posarse sobre mí, como indicando que estoy muy cerca del punto final, que me doy por concluido pese a todo lo que tengo que terminar. Esto es tan incómodo que incluso ya ni echo de menos el entusiasmo; sencillamente, me dejo estar en las sillas y en los sillones como si fuera un mueble más, y me falta poco para quedarme cosificado como un cadáver; la respiración se me enlentece tanto que no podría ni apagar una candela y las moscas empiezan a posarse sobre mí con la más absoluta indiferencia, como si fuera una mierda más de las que suelen paladear. Esta atmósfera de requiem es mortífera, empedernecedora, dormificante; podría perder el consistir todos los días y transformarme en una oblea como las que aparecen en los relojes blandos de Dalí. Vago por la casa como si fuera un fantasma en pijama y me deslizo por las sombras como si fuera una visión periférica derramada del rabillo del ojo. Si sopla una corriente de aire, me disperso, igual que los burujos o vilanos de una tagarnina o palabra del hombre. Soy más inconsútil y deleble que una transparencia de fotochop.

Se me acaban de caer casi todos los dientes de la parte superior de la boca; el dolor lo alivio con ampollas de nolotil; Mardelfina me ha encargado unas fundas y me va a poner una dentadura nueva, pero mientras llega tengo que estar mellado como un abuelo; no me molesta, pero uno se da cuenta de lo antiguo que es el material de que uno está hecho; cualquier día me meterán en una caja y me llevarán devuelto a la zapatería con los demás muertos.

La memoria del diablo

La memoria del diablo

Rudolf Höss trazó su autorretrato en 'Yo, comandante de Auschwitz'

JACINTO ANTÓN El País, 10/10/2009

El susurro del diablo. Un diablo anodino, desapasionado, funcionarial, gris, pero diablo. El que mantenía encendidas las calderas. Así suenan las memorias del oficial de las SS Rudolf Höss (1900-1947), comandante de Auschwitz desde 1940 hasta finales de 1943, periodo en el que organizó como un macabro proceso industrial la muerte atroz de dos millones y medio de personas en el gran campo de exterminio. Höss, un tipo detestable donde los haya y no sólo por su papel en el mayor crimen de la humanidad sino por su bajeza y mezquindad, que le llevaron, no se lo pierdan, a juzgarse "una inconsciente ruedecilla en la maquinaria del III Reich" y a ¡compadecerse a sí mismo! por la magnitud de la tarea asignada -el asesinato de los judíos y otros considerados enemigos del Reich- , escribió su autobiografía en la prisión de Cracovia mientras esperaba a ser procesado tras su detención en 1946. El ex comandante, puntilloso especialista de la liquidación, fue condenado a muerte y colgado el 7 de abril de 1947 en un patíbulo alzado en el propio campo, en el centro del atormentado paisaje de su maldad.

Excepcional testimonio de uno de los máximos implicados en el genocidio nazi -y el único directo, de su puño y letra, de un comandante de campo de exterminio-, Yo, comandante de Auschwitz (Kommandant in Auschwitz, 1958) se publica en España (Ediciones B) de nuevo tras ser editada hace exactamente treinta años por Mario Muchnik en una edición hace tiempo inencontrable. La traducción es la misma, de Juan Esteban Fassio, pero la nueva publicación, aparte de escribir el nombre como Höss y no Hoess como en la primera (lo que hace más difícil la habitual confusión por homofonía del jefe del campo con el lugarteniente de Hitler, Rudolf Hess), cuenta con una excepcional introducción de Primo Levi, escrita en marzo de 1985 y que ya vale todo el libro (por su interés, su emoción y no digamos su categoría moral).

Levi advierte que el libro está lleno de "infamias contadas con torpeza", que su nivel literario es "mediocre" (y se queda corto) y que el autor se revela "un canalla estúpido y verboso, basto, engreído y por momentos manifiestamente falaz". Y sin embargo, añade, "esta autobiografía es uno de los libros más instructivos que se hayan publicado nunca por cuanto describe con precisión el itinerario de uno de los mayores criminales de la historia".

El relato de Höss, que, pese a su vileza, confirma punto por punto todos los horrores de Auschwitz, ha sido considerado tradicionalmente en medios neonazis y revisionistas una falsificación o al menos una confesión arrancada a la fuerza y por tanto inaceptable, pero en sus memorias, el ex comandante no hace sino ratificar su testimonio en el proceso de Núremberg, donde declaró, con todas las garantías judiciales, como testigo de la defensa llamado por el abogado de Kaltenbrunner, el brutal y caracortada jefe de los servicios de seguridad del Reich (Höss no lo hizo muy bien, o sí, según se vea: a Kaltenbrunner también lo ahorcaron).

Nacido en Baden-Baden en una familia pía que quería hacer de él un sacerdote, Höss, tras algunas dudas, prefirió la vida militar. Con 15 años se alistó y luchó durante la I Guerra Mundial en Oriente Medio junto a los aliados turcos, defendiendo, entre otros lances, el ferrocarril del Hedjaz, por lo que podría haberle pegado un tiro Lawrence de Arabia. Desgraciadamente no fue así. El muchacho se mostró valiente, se convirtió en el suboficial más joven del ejército alemán y ganó la Cruz de Hierro. En 1919 se unió al Freikorps en el Báltico y en 1923 fue a parar a la prisión por un asesinato en el que también estaba implicado Bormann, que le ayudó luego en su carrera. Liberado en 1928, Himmler le invitó en 1934 a unirse a las SS.

Las páginas de Höss, cuajadas de autojustificaciones y teñidas de una falsa sensibilidad que provoca náuseas, incluyen perlas como cuando el SS confiesa que se mostraba tan duro e implacable para que no lo acusaran de débil, pues en el fondo, mira tú que gran ser humano, "experimentaba una gran turbación" ante los castigos corporales y asesinatos de deportados.

Höss inició su carrera de mastín en Dachau y luego pasó a Sachsenhausen, campo del que deja escritas "impresiones variadas y pintorescas", que incluyen palizas y ejecuciones. Pero es Auschwitz, claro, a donde llegó para poner el campo en marcha en todo su horror, lo que más aparece en sus memorias. "El mal ambiente de Auschwitz", dice, "me acabó transformando en otro hombre: me encerré en mí mismo y me hice duro e inaccesible". El SS nos adentra en el infierno del exterminio sin ningún preámbulo. De repente, ya está "liquidando" a los gitanos. "No resultó nada fácil hacerles entrar en la cámara de gas, ninguna ejecución de judíos resultó tan penosa". Asegura que los gitanos eran sus presos favoritos y que de no haber tenido que matarlos, vaya, se habría interesado más en su vida y costumbres. En cuanto a los judíos, asegura que nunca sintió "personalmente" odio hacia ellos.

En 1941, escribe como de pasada, "el Reichsführer juzgó necesario proceder al exterminio de todos los judíos, sin excepción". Como en Auschwitz eran conscientes de su destino, su estado psicológico, dice, decayó, lo que, asegura el comandante, "explica en parte la elevada mortandad del colectivo". Leyendo eso uno casi lamenta que se limitaran a ahorcarlo.

Cuando Himmler le mandó en el verano de 1941 preparar Auschwitz para el exterminio en masa, escribe Höss que le pareció que en aquella orden "había algo monstruoso", pero los argumentos le hicieron pensar que las instrucciones quedaban perfectamente justificadas. Lo achaca al adoctrinamiento SS. "No podía reflexionar: tenía que ejecutar la consigna, no podía elaborar un juicio personal". Las "órdenes en nombre del Führer eran sagradas" y él era "un soldado".

Los pasajes en que describe los gaseamientos son de agárrate. Sin embargo, confiesa que se sintió "tranquilizado" al ver que el Zyklon B, el preparado de cianuro usado en las cámaras, era higiénico y mataba bien. "Un breve grito, casi ahogado y todo había terminado". Lo más importante "era mantener una calma lo más completa posible durante la operación de llegada y desnudamiento". Entonces, "hasta los niños entraban jugando en las cámaras de gas". Cuando alguna mujer se alteraba, "había que cogerlas rápido, llevarlas aparte y pegarles un tiro en la nuca".

Höss, que vivía en el campo con su mujer y sus hijos, en plan El niño con el pijama de rayas, tiene momentos de un lirismo repulsivo: "Durante la primavera de 1942, miles encontraron la muerte en las cámaras. Su salud era perfecta; los árboles que rodeaban la instalación estaban en flor. Ese cuadro en que la vida se codeaba con la muerte ha quedado en mi memoria". Todo el asunto del exterminio, asegura, le hizo infeliz en Auschwitz y provocó en él "impresiones imborrables y amplia materia de reflexión". Le ayudaba a vencer los escrúpulos, explica, hablar con Eichmann. O tomar copas con Mengele, que ya es pasatiempo. Es fácil percibir en todo ello un gran ejercicio de cinismo, cuando se le escapan expresiones como: "En Auschwitz no había tiempo para aburrirse". De hecho, entre tanta jeremiada -y perdón por la expresión- uno se queda con la idea de que el mando del campo, su planificación, construcción y administración, fue, para él, su mejor hora.

Al cerrar las memorias, dice que se mantiene fiel a la filosofía nacionalsocialista aunque reconoce que el exterminio de judíos "constituía un error", pero más que nada porque "despertó el odio de todo el mundo contra Alemania" y "permitió a la judería acercarse a su objetivo final".

De todo el libro acaso no hay nada peor que la frase final. Tras reflexionar sobre el hecho de que "el gran público" le considere un sádico y el asesino de millones de seres humanos, anota: "Nunca comprenderán que yo también tenía corazón". Puaf.

viernes, 9 de octubre de 2009

Arsenio Moreno Mendoza



Arsenio Moreno Mendoza es un compatricio mío, nacido en Úbeda en 1953. Es historiador del arte y ha escrito tres novelas, una de las cuales es Hijos de Padilla; transcurre en el Trienio Liberal y siento curiosidad por leerla, pero es dificililla de encontrar.

Amenábar, Amenábar

Amenábar, Amenábar
moro de la morería,
la noche que tú naciste
grandes señales había...

Pero parece que la crítica te está echando a perder el negocio, aunque ya sé que a ti te importan un pimiento los cincuenta millones de euros que le has echado al producto. "Moro que en tal signo nace / no debe decir mentira". Iré a ver tu película aunque les escueza, porque, aunque a la Alejandría de Alejandro le falte algo, siempre será mejor que lo que hubiera hecho otro con menos sensibilidad y menos cultura.

jueves, 8 de octubre de 2009

Mickey Rourke


He aquí a un individuo que ha sufrido de veras; de la hermosa cara de Nueve semanas y media o El corazón del ángel ha pasado a la cara tallada a golpes de boxeador malo de Sin city. De una infancia de malos tratos paternos, con palizas incluidas a él y a su madre, el matrimonio con una yonqui, enfermedades y alcohol y una carrera en horas bajas resurge lo que es realmente, un tipo honesto y bueno que estuvo a punto de suicidarse de asco. He visto la hermosa entrevista que le hicieron; conmovía, con esa mirada sesgada e inteligente que advertía el fondo de lo que pensaban los demás. Se ve que se ha estado psicoanalizando. Ahora se ha transformado, como toda la gente que ha sufrido demasiado, en una persona en paz consigo misma y a la que hay que escuchar; ahora nunca se le escucha cosa que no sea de notar; es un hombre de consejo, doblemente sabio porque, a demás de ser ya anciano, ha sufrido mucho más que una persona normal.