domingo, 27 de marzo de 2011
Escandalillos parroquiales
Mientras los jesuitas estadounidenses dan ochocientos millones a la diócesis india a la que mandaban a los hermanos pederastas a desfogarse con niños y niñas indias una vez eran pillados in fraganti, una exmonja (si no lo fuera, callaría siguiendo la doctrina oficial de "mentirás y obedecerás a tus superiores en vez de a Dios") denuncia al contrario que sus exhermanitas de la caridad cómo durante el Franquismo (en al menos 1261 casos, y se siguen sumando) eran robados los hijos de familias humildes a las que se mentía desde las clínicas y entregados a buen precio a familias de ricachones, o cultivados en pisos nido donde las madres solteras eran frecuentemente víctimas de palizas por parte de monjas frustradas y coléricas y en Eslovaquia un arzobispo y su ecónomo, acusados de crear un agujero de cientos de millones de euros mediante una estafa piramidal estilo Rumasa, en la que era en especial estridente la creación de un canal que emitía películas pornográficas, intentan endosarle la deuda al Vaticano, quien no podría jamás pagar, porque ese dinero equivale a su presupuesto íntegro de tres años. En las Baleares, la directora de un colegio de monjas, drogadicta, vendía drogas duras aprovechando la infraestructura de una casa de putas. Pero ¡nada, nada! Escandalillos parroquiales y, sobre todo, no habléis de esas naderías y zarandajas, que está feo.
Paradojas
Mi hija me pasa un tubito de pegamento superfuerte para que le abra el tapón, ya que ella, con sus feminiles fuerzas, no puede. Ya lo creo que es superfuerte... Tanto que no he podido abrirlo. Es el negocio perfecto: vender un producto tan bueno que ni siquiera puede consumirse; es más, no puedes reclamar nada.
Suena el río subterráneo de Madrid con el monumental y apabullante montaje de El Muro de Pink Floyd en Madrid y con el terrible y desolador documental Inside job, de Charles Ferguson, narrado por Matt Damon, que desembrolla los tejemanejes de los reyes financieros del mundo capitalista, culpables de la actual crisis, a los que nadie ha reprochado nunca nada y que encima son más ricos que antes.
Ambas noticias son complementarias: el muro entre esos financieros y el resto de la humanidad es el único que debería importar. Pero derrumbarlo es ya tan imposible como abrir un tubo de Superglue. Y no puedes reclamar nada. Ese es el tipo de libertad que da el capitalismo: la de soñar.
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sábado, 26 de marzo de 2011
En Madrid
Como viene siendo ya tradición, debo glosar para mi docena escasa de lectores otro viaje a Madrid, también por cuestiones de salud. No hubo nada de particular, salvo las acostumbradas mozas lustrosas y los cada vez más escasos mendigos, emigrados a latitudes más pingües y fructuosas. Bueno, sí; las enfermeras se toparon con el ya conocido problema de encontrarme la arteria para una gasometría; era cosa de ver a esas mujeres desesperadas pinchándome en los dos brazos, con unas agujas de aquí te espero, en las muñecas y donde el cúbito y radio se unen al húmero. Pero nada; un enfermero viejo, requerido para soluciones extremas, ya amenazaba con buscarme la vena inguinal o femoral, que tantos toreros ha llevado al confuso laberinto, cuando una rubia molona, en un momento de inspiración, encontró el débil pulso de mi Guadiana, acaso enaltecido por la brutalidad de sus encantos, y al fin pude llevar un papel a la oficinera, que era de Ciudad Real, por cierto.
Paseé luego en espera de mi tren por los contornos que más me agradan de los aledaños de Atocha. Subí la calle San Pedro, con su tienda de moteros, su peluquería, su ebanista y sus anuncios de Titanlux (siempre que escribo Titanlux acude a mi olfato un inconfundible aroma de droguería). La pensión Retiro (dos palabras que se aman) y los hoteles más cutres del mundo: el Parajas y el México. Vi pasar un cura furtivo entrando en la Sociedad San Vicente de Paúl, cerca de la Costanilla de los desamparados, esa cuesta árida en la que Félix Mejía predijo, y no se equivocó, que íría a pasar sus últimos días. Los restaurantes La vaca Verónica y Milano, este último con el mejor vermouth de grifo; la bodega Fatigas del querer, recorrida por las putonas sidosas de Tirso de Molina; el café Populart; donde toca Yoio Cuesta & The little big band un potaje de blues-flamenco-jazz y otras mixturas. Cruza mientras subo la calle de la Huerta un galgo con más linaje ( y más degenerado) que el de algunos nobles españoles. Hay una tienda de comestibles con un rioja Faustino V y un kistch turrón El Antiguo (calidad suprema).
Descubro en el Callejón de la Huerta una librería especializada en filólogos. No me da tiempo a verla sino por encima. Voy a la Casa del Libro; compro resignado la edición bilingüe de Manuel López Muñoz de Los seis libros de la retórica eclesiástica, o método de predicar, de Fray Luis de Granada, aunque creo que estas cosas no me van a valer de mucho para predicar a los díscolos alumnos de la ESO, nutridos de gorda e insípida teta televisiva. También, de Erasmo, los Recursos de forma y de contenido para enriquecer un discurso. Paso mucha rabia a causa de los libros que la pobreza no me deja adquirir. No tengo tiempo de subirme a la cuesta de Moyano, y me vuelvo a mi rincón manchego, cubierto por esa capa de ceniza nebulosa que tizna a cualquier paseante por las calles de Madrid.
Paseé luego en espera de mi tren por los contornos que más me agradan de los aledaños de Atocha. Subí la calle San Pedro, con su tienda de moteros, su peluquería, su ebanista y sus anuncios de Titanlux (siempre que escribo Titanlux acude a mi olfato un inconfundible aroma de droguería). La pensión Retiro (dos palabras que se aman) y los hoteles más cutres del mundo: el Parajas y el México. Vi pasar un cura furtivo entrando en la Sociedad San Vicente de Paúl, cerca de la Costanilla de los desamparados, esa cuesta árida en la que Félix Mejía predijo, y no se equivocó, que íría a pasar sus últimos días. Los restaurantes La vaca Verónica y Milano, este último con el mejor vermouth de grifo; la bodega Fatigas del querer, recorrida por las putonas sidosas de Tirso de Molina; el café Populart; donde toca Yoio Cuesta & The little big band un potaje de blues-flamenco-jazz y otras mixturas. Cruza mientras subo la calle de la Huerta un galgo con más linaje ( y más degenerado) que el de algunos nobles españoles. Hay una tienda de comestibles con un rioja Faustino V y un kistch turrón El Antiguo (calidad suprema).
Descubro en el Callejón de la Huerta una librería especializada en filólogos. No me da tiempo a verla sino por encima. Voy a la Casa del Libro; compro resignado la edición bilingüe de Manuel López Muñoz de Los seis libros de la retórica eclesiástica, o método de predicar, de Fray Luis de Granada, aunque creo que estas cosas no me van a valer de mucho para predicar a los díscolos alumnos de la ESO, nutridos de gorda e insípida teta televisiva. También, de Erasmo, los Recursos de forma y de contenido para enriquecer un discurso. Paso mucha rabia a causa de los libros que la pobreza no me deja adquirir. No tengo tiempo de subirme a la cuesta de Moyano, y me vuelvo a mi rincón manchego, cubierto por esa capa de ceniza nebulosa que tizna a cualquier paseante por las calles de Madrid.
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viernes, 25 de marzo de 2011
El onceno o undécimo mandamiento,
Si un inglés hubiese escrito los mandamientos, estos serían once, y el undécimo diría: "No molestarás". O, como dice ese genio del humor paródico, Conrado Nalé Roxlo: "Ten tacto y discreción / cualquiera que sea la ocasión". Molestar es, por ejemplo, que Bill Gates te pida constantemente que renueves tu software con una insaciable gana de ganar dinero. Molestar es hablar siempre y en toda ocasión aunque no se tenga nada que decir. Molestar es abusar hasta lo nauseabundo de la confianza y del asco que da, tomar brazo, codo y hombro de quien te echa una mano, saturar de publicidad las ondas y de política o fútbol, tanto monta, los informativos, radios, periódicos y conversaciones. Molestar es añadirse a la mole de lo vulgar, de lo ruidoso, de lo inarticulado y de lo inmodesto. Molestar es perturbar cualquier conversación sensata con un tópico vacío y avivar cualquier jodienda sin enmienda. Molestar es no ceder nunca la iniciativa ni el turno de palabra, hablar cuando otros hablan, creerse insustituible, opinar, que no razonar o hacer arte, sin tasa y en voz alta, ser demasiado uno mismo y no hacer caso de lo del templo griego, "nada con exceso". Molestar es hacer demasiado caso a la otra máxima del templo griego: conócete a ti mismo y, además, no conocer otra cosa, no escuchar. Molestar es, en suma, malbaratar toda buena disposición como insistente y pegadiza mosca cojonera o dirigirte a alguien sin empatía, sin educación y sin respeto, o sin ser presentado por un tercero. Tal cosa es molestar, porque cabe definirlo en una época en que las palabras nobles se ignoran o se vacian.
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Poemas de Fernando Beltrán
Dos poemas de Fernando Beltrán, el creador del Sensismo y de la que llama "Poesía entrometida":
Los otros, los demás, ellos
El serbio que destruye un colegio soy yo,
el ruandés que mata a machetazos soy yo,
el terrorista que coloca la bomba soy yo,
el hombre que dispara en un hiper de Texas soy yo,
el judío que bombardea un campo de refugiados soy yo,
el palestino que clama en el desierto soy yo,
el albanés que huye en un barco soy yo,
el marroquí que se ahoga al cruzar el estrecho soy yo,
el guerrillero que aún sueña en El Salvador soy yo,
el bebé somalí que se muere de hambre soy yo,
el médico sin fronteras soy yo,
el general que apunta soy yo,
el empresario que emite residuos radiactivos soy yo,
el enamorado que mata por amor soy yo,
el loco que muere por amor soy yo,
el político sin escrúpulos soy yo,
el funcionario corrupto soy yo,
el funcionario honrado soy yo,
el hombre capaz de lo mejor,
el hombre capaz de lo peor,
el hombre a secas, yo
Poetas
la voz de los poetas,
los que aventan palabras, los que tejen la piedra,
los que avivan los grifos del incendio y se lavan los dedos
en sus llamas, los que esculpen espejos como arterias
y echan bloques de azúcar en los campos
minados de la sangre, los que sueñan cuchillos
y atraviesan el filo de las noches con un pie en la galerna
y otro quieto en el barro de las casas natales, los que llaman
a voces a los botes, y callan luego al borde del rescate
y ven cómo se aleja la ambulancia pasándoles de largo,
los que atizan cometas y hurgan calmas y confunden
las rayas de las cebras con las rayas de un tigre,
el galope de un pez con la espina de un árbol,
los que tienen siempre hambre, los saciados, los que buscan
sinfín y al fin se abocan como dientes de leche
condenados al tránsito, los que arrojan palomas
a sus pozos y arena a sus paraguas, los que no
se conforman, los pálidos la miel los contagiados,
los que nunca se rinden, los que mueren de pie bajo los cascos
de los mismos caballos que inventaron, los que arengan
al poema con sus tropas, verso a verso ordenadas
y engañan luego al mundo con sus banderas blancas,
los que imantan las brújulas de lluvia
y al calor de la herrumbre, una noche de perros
inventaron el don de las metáforas
Los otros, los demás, ellos
El serbio que destruye un colegio soy yo,
el ruandés que mata a machetazos soy yo,
el terrorista que coloca la bomba soy yo,
el hombre que dispara en un hiper de Texas soy yo,
el judío que bombardea un campo de refugiados soy yo,
el palestino que clama en el desierto soy yo,
el albanés que huye en un barco soy yo,
el marroquí que se ahoga al cruzar el estrecho soy yo,
el guerrillero que aún sueña en El Salvador soy yo,
el bebé somalí que se muere de hambre soy yo,
el médico sin fronteras soy yo,
el general que apunta soy yo,
el empresario que emite residuos radiactivos soy yo,
el enamorado que mata por amor soy yo,
el loco que muere por amor soy yo,
el político sin escrúpulos soy yo,
el funcionario corrupto soy yo,
el funcionario honrado soy yo,
el hombre capaz de lo mejor,
el hombre capaz de lo peor,
el hombre a secas, yo
Poetas
la voz de los poetas,
los que aventan palabras, los que tejen la piedra,
los que avivan los grifos del incendio y se lavan los dedos
en sus llamas, los que esculpen espejos como arterias
y echan bloques de azúcar en los campos
minados de la sangre, los que sueñan cuchillos
y atraviesan el filo de las noches con un pie en la galerna
y otro quieto en el barro de las casas natales, los que llaman
a voces a los botes, y callan luego al borde del rescate
y ven cómo se aleja la ambulancia pasándoles de largo,
los que atizan cometas y hurgan calmas y confunden
las rayas de las cebras con las rayas de un tigre,
el galope de un pez con la espina de un árbol,
los que tienen siempre hambre, los saciados, los que buscan
sinfín y al fin se abocan como dientes de leche
condenados al tránsito, los que arrojan palomas
a sus pozos y arena a sus paraguas, los que no
se conforman, los pálidos la miel los contagiados,
los que nunca se rinden, los que mueren de pie bajo los cascos
de los mismos caballos que inventaron, los que arengan
al poema con sus tropas, verso a verso ordenadas
y engañan luego al mundo con sus banderas blancas,
los que imantan las brújulas de lluvia
y al calor de la herrumbre, una noche de perros
inventaron el don de las metáforas
miércoles, 23 de marzo de 2011
Diálogo insensámico
(La escena, una llanura abisal en algún planeta parecido a este. EPI y BLAS están vestidos con toga. Después, entra TRIKI)
EPI: Hacía tiempo que no nos veíamos por este blog, Blas.
BLAS: Eso es por culpa del autor. Cada vez sueña menos cosas raras. Yo le oí decir que había enfermado de sentido común. Pero ahora debe de estar soñando con nosotros y por eso andamos por aquí.
EPI: Yo creía que no podía dormir. Y tampoco somos raros: lo son los humanos.
BLAS: Es que ahora toma unas pastillas que le dejan derrengado. Y un poco raros sí que somos: tú eres una naranja y yo un limón, y las frutas no hablan.
EPI: Pues yo no me llamo naranja, me llamo Epicuro de Samos, y tú Blas Pascal. Gustavo si que lo tiene claro: él es una rana. Y las ranas hablan, o por lo menos croan, y, algunas, incluso se transforman en principitos.
BLAS: Pues eso tengo entendido que son nombres de un tipo de humanos llamados filósofos, Epi, y esto tampoco es un diálogo platónico: es un diálogo insensámico.
EPI: Los diálogos barriosesámicos no hablan de estas cosas, sino de los números, de las formas...
BLAS: ¡No, si va a resultar que somos Pitagóricos...! Pues yo he leído diálogos de Ionesco que se parecen mucho a este.
EPI: No conozco a ese señor, pero como lo que no puedo conocer suele ser absurdo, no me extrañaría que escribiese cosas absurdas; yo mismo me siento absurdo muchas veces, así que probablemente haya escrito sobre mí.
BLAS: Sí, la verdad es que eres un poco absurdo, amigo mío. A veces no te entiendo.
EPI: Pues siempre hablamos de la forma más clara, como si tuviesen que oírnos los niños o como si fuésemos maestros de parvulitos. ¿Tú crees que nuestro autor tampoco nos entiende a nosotros?
BLAS: Tal vez se entretiene oyendo lo que decimos y viendo lo que hacemos. No creo que nos tenga odio; sólo quiere divertirse un rato: por eso nos ha cortado los hilos. Quiere vernos hacer cosas absurdas y divertirse.
EPI: Me sentía mejor cuando pendía de unos hilos llamados venas; iban por arriba a una cruz llamada corazón. Cuando las tenía sentía una cosa llamada deseo.
BLAS: Los míos eran nervios, e iban a una cruz llamada cerebro. Y yo lo que notaba era curiosidad.
EPI: Deben ser cosas parecidas. ¿Recuerdas que a veces tropezaban unas con otras y se enredaban? Yo creo que el autor lo hacía tan mal, que decidió darnos la independencia para que el argumento se escribiera solo: eso de ser al mismo tiempo autor y espectador ha de ser muy aburrido.
BLAS: Epi, la independencia no se da, se conquista.
EPI: Qué bien suena eso. Pero yo no recuerdo haberme cortado las venas.
BLAS: Y yo no recuerdo haberme quitado los nervios.
EPI: Por ahí viene Triki; veamos si él puede resolver nuestro dilema.
TRIKI: Hola, amigos, ¿habéis visto pasar por aquí una galleta? Son redondas como el sol, y ruedan por la tierra igual que el sol rueda por los cielos.
BLAS: No, Triki. Pero si nos ayudas, te daremos una cuadrada. Los cuadrados no ruedan.
TRIKI: Sí, creo que ya lo vi explicado en uno de vuestros episodios.¿Puede ser doble, con entremedias de chocolate? Son las que están más ricas.
BLAS: Pides más que un cura. Está bien, de acuerdo.
TRIKI: ¡¡GA-LLETAS!! Preguntad lo que queráis que, si está en mi mano, os responderé lo mejor que sepa.
EPI: ¿Somos libres, Triki?
TRIKI: Libres ¿de qué? Yo no soy libre de no querer galletas. Mi destino es buscar galletas para comerlas.
BLAS: Pues nosotros no sabemos cuál es nuestro destino.
TRIKI: Tal vez vuestro destino sea buscar un destino, o quizá no encontrarlo, de la misma manera que las nubes buscan una forma reconocible y sólo algunas la encuentran.
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Humor
Un soneto mío improvisado
Si abro aquí un soneto, una ventana,
en muro de papel nueva pintura,
quizá es para mirar por la abertura
o no pasarme solo la mañana.
O para contemplar en la desgana
un reflejo de nada y de tintura,
para heredar de mí mismo la escritura
o porque me da tal vez la real gana.
Uno puede saltar a la piscina
también cuadricular; incluso puede
hacerlo con cabriola o pata llana,
pero llega el momento en que declina
la luz que iluminaba, y todo cede
al bajar con un verso la persiana.
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Poemas propios
Humo negro
Parece que la serie Lost o Perdidos no ha terminado todavía, al menos en este universo paralelo. En una isla remota del Pacífico ha surgido una columna de humo negro maléfico que nos tiene a todos acojonados. Algo se está quemando en el mundo, ya que es visible desde todos los puntos del globo, que, después de todo, también es una isla. Sale de un fogón nuclear donde unos desaprensivos japoneses intentaban cocer un plato de cerdo agridulce al plutonio, y no de la Cabaña de Jacob precisamente. Ni todos los esfuerzos de Locke, Sawyer y Jack han logrado aplacar al monstruo al que esos nipones han dado tanto fuelle: allí se están achicharrando vivos sin lograr achicar el fuego. Todo empezó con el terremoto que hizo la isla al moverse cuatro metros hacia el oeste. Entonces salió una humareda tal que sólo habría podido provenir de la garganta de Godzila.
Habrá que tener Karma con la iniciativa Dharma.
Habrá que tener Karma con la iniciativa Dharma.
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lunes, 21 de marzo de 2011
Una sepultura para Aliocha Coll
Acabo de escribirle una lápida en la Wikipedia al casi desconocido escritor suicida Aliocha Coll, nacido en 1948, como Enrique Vila-Matas; se habla mucho últimamente de él, aunque en su tiempo era un auténtico desconocido. Para mí el último vanguardista literario era Julián Ríos, pero ahora resulta que esta oveja tiene pareja. Extraídos de una reseña de Conte, el único que le hizo algo de caso, pongo aquí una idea luminosa y un poema de su Laoconte, pórtico a su Atila, que son de su mano:
¿Atila o Roma? El aborto de una utopía es peor que el éxito de una tragedia.
astra extra neutra otra
hiato plato nada nata
fuera de fuera de dentro
mosca muerto de la muerte
feto letal poeta idiota
común aura orilla impropia
antifaz sin superficie
óbito súbdito obicuo
luz ángel sempicadente
uno sexo urano lado
desollado demoniaco es
de monédico panedro
De esto y de aquello
Miro acá y acullá. El escritor Sergi Pamiès elogia mi blog de retórica y lo recomienda a sus seguidores; lo mismo hace un tal Juan Zapato, que lo copia íntegro en el suyo, como hizo también hace tiempo una venezolana. ¿Les cobro algo? Debería, ya que me propusieron hace tiempo editarlo en libro y, por desgana o cansancio, lo he ido dejando. Lo escribí sólo como distracción y pasatiempo, y va a ser lo más solicitado de cuanto he escrito.
Pienso que los jóvenes necesitan esperanza, creer en algo o en alguien, tener padres en el sentido tradicional del término: amarres para no flotar a la deriva en un mundo tan cambiante que a ellos, también, los zozobra. ¡Si supieran que es su mirada de confianza lo que nos ancla también a nosotros! Están aterrorizados por toda la gama de caretas y estandartes que ven en el carnaval que ellos mismos se han inventado. Necesitan eso, una seguridad, una estabilidad, un asidero. Pero lo peligroso es que se refugian en el nihilismo: buscan a quienes han perdido ya el respeto al miedo.
Y sin embargo uno, cuanto más viejo se hace, menos importancia da a las cosas y más se deja llevar por el tráfago bestial de la vida. Se puede ser del Capitán Trueno o del Guerrero del Antifaz; incluso del Jabato, pero yo, después de haber sido de la orientación Goliath dentro del tripartito del Capitán Trueno, me siento ya Crispín e incluso me adhiero a la causa multiforme de Mortadelo.
Escribe Daniel Eisenberg en sus cartas desde la cárcel, cuyo estilo estoy corrigiendo, que a nadie le pagan por investigar en lo que desea. Según él, un investigador es como un actor porno: a nadie deberían pagarle por hacer lo que le gusta, ya que tantos lo están deseando hacer.
He visto El rito con mi mujer y mi hija mayor. De la película me quedo con la interpretación de los gatos, que es sublime. Se le notan las recetas y las citas: hay encuadres que son opulentos en ese sentido: Gavras, Derrickson, Friedkin... Incluso alusiones pictóricas a Caspar David Friedrich, entre otros. Por cierto que el demonio trata de tú a tú al sacerdote escéptico: "De mentiroso a mentiroso". Allí ha pillado el talón de Aquiles al Escepticismo: no dice la verdad. Tampoco dice mentiras, pero en el fondo no decir la verdad es lo mismo que mentir. Se trata de las famosas medias verdades. Sabemos que el Demonio es un sutil teólogo, como repite el mismo padre Amorth.
Mi lora me saluda siempre que me ve. Dice: "Hola". Sabedor de que lo que quiere es en realidad un trozo de galleta, se lo doy y le abro la persiana, para que vea bien, junto al resto de los pájaros, que me conocen y no se espantan. De hecho, se toman demasiadas confianzas; cuando estoy tumbado en el sofá, dos ninfas vuelan y se me posan encima, me picotean las barbas y me piden que les pase el dedo por la cabeza. Ellas corresponden cagándose obsequiosamente sobre mis camisas y mi cuero cabelludo. Parezco un san Francisco predicando a los pájaros. El más remiso es un gorrión rescatado de la calle, que lleva en los genes la desconfianza hacia los hombres. Los demás me ven como quien ve llover y me pían sólo cuando quieren que abra las ventanas. A veces se bañan en mis narices, en la cubeta que tenemos para su aseo personal. Lo llenan todo de plumones, de cañamones y de granos de alpiste. De noche, sacamos a la lora para que eche un vuelo, que termina invariablemente posada sobre una repisa o una cortina. Después ve una película con nosotros, posado sobre algún hombro o alguna rodilla. Todavía es muy jovencita para dominar el aterrizaje. Yo le tengo prevención, porque ha cogido aprecio a mis orejas y labios y me quiere hacer un piercing. El pico de los loros es tan fuerte como unos alicates, y puede hacer verdadera pupa. Sabemos que nos quiere, pero el instinto a veces le puede y los actos reflejos no hay quien los pare.
El repertorio de mi lora es amplio. Se conoce los nombres de todos los que forman mi familia. De mí es corriente que reproduzca un suspiro. De mis hijas, los cariñitos y gazmoñerías que le hacen; de mi suegra, las llamadas a comer, las órdenes de apagar la luz. También reproduce fielmente los sonidos del teléfono, del portero automático, los silbidos, la música, frases sueltas, sobre todo las fáticas, todo. Suele soltar su repertorio para distraerse después de comer.
Hoy siento un sueño invencible, que podría confundirse con una depresión (quizá lo es). Comienza la primavera; por lo general esta estación hace estragos en la gente que tiene los neurotransmisores alterados. Debe ser eso. Yo me encuentro bien la mayor parte del tiempo, gracias a Dios. He perdido cinco kilos, la ropa me sienta mejor y me siento en un cuerpo nuevo. Que eso siga mejorando.
Escribe Daniel Eisenberg en sus cartas desde la cárcel, cuyo estilo estoy corrigiendo, que a nadie le pagan por investigar en lo que desea. Según él, un investigador es como un actor porno: a nadie deberían pagarle por hacer lo que le gusta, ya que tantos lo están deseando hacer.
He visto El rito con mi mujer y mi hija mayor. De la película me quedo con la interpretación de los gatos, que es sublime. Se le notan las recetas y las citas: hay encuadres que son opulentos en ese sentido: Gavras, Derrickson, Friedkin... Incluso alusiones pictóricas a Caspar David Friedrich, entre otros. Por cierto que el demonio trata de tú a tú al sacerdote escéptico: "De mentiroso a mentiroso". Allí ha pillado el talón de Aquiles al Escepticismo: no dice la verdad. Tampoco dice mentiras, pero en el fondo no decir la verdad es lo mismo que mentir. Se trata de las famosas medias verdades. Sabemos que el Demonio es un sutil teólogo, como repite el mismo padre Amorth.
Mi lora me saluda siempre que me ve. Dice: "Hola". Sabedor de que lo que quiere es en realidad un trozo de galleta, se lo doy y le abro la persiana, para que vea bien, junto al resto de los pájaros, que me conocen y no se espantan. De hecho, se toman demasiadas confianzas; cuando estoy tumbado en el sofá, dos ninfas vuelan y se me posan encima, me picotean las barbas y me piden que les pase el dedo por la cabeza. Ellas corresponden cagándose obsequiosamente sobre mis camisas y mi cuero cabelludo. Parezco un san Francisco predicando a los pájaros. El más remiso es un gorrión rescatado de la calle, que lleva en los genes la desconfianza hacia los hombres. Los demás me ven como quien ve llover y me pían sólo cuando quieren que abra las ventanas. A veces se bañan en mis narices, en la cubeta que tenemos para su aseo personal. Lo llenan todo de plumones, de cañamones y de granos de alpiste. De noche, sacamos a la lora para que eche un vuelo, que termina invariablemente posada sobre una repisa o una cortina. Después ve una película con nosotros, posado sobre algún hombro o alguna rodilla. Todavía es muy jovencita para dominar el aterrizaje. Yo le tengo prevención, porque ha cogido aprecio a mis orejas y labios y me quiere hacer un piercing. El pico de los loros es tan fuerte como unos alicates, y puede hacer verdadera pupa. Sabemos que nos quiere, pero el instinto a veces le puede y los actos reflejos no hay quien los pare.
El repertorio de mi lora es amplio. Se conoce los nombres de todos los que forman mi familia. De mí es corriente que reproduzca un suspiro. De mis hijas, los cariñitos y gazmoñerías que le hacen; de mi suegra, las llamadas a comer, las órdenes de apagar la luz. También reproduce fielmente los sonidos del teléfono, del portero automático, los silbidos, la música, frases sueltas, sobre todo las fáticas, todo. Suele soltar su repertorio para distraerse después de comer.
Hoy siento un sueño invencible, que podría confundirse con una depresión (quizá lo es). Comienza la primavera; por lo general esta estación hace estragos en la gente que tiene los neurotransmisores alterados. Debe ser eso. Yo me encuentro bien la mayor parte del tiempo, gracias a Dios. He perdido cinco kilos, la ropa me sienta mejor y me siento en un cuerpo nuevo. Que eso siga mejorando.
domingo, 20 de marzo de 2011
Miley Cirus y los factoides
Miley Cirus, más conocida por su papel (de calco) de Hannah Montana es, eso pregona su bio en Wikipedia, actriz, cantante, compositora, bailarina, autora, empresaria, diseñadora de moda y modelo. O sea, una donna universale del Renacimiento yanqui. Pero lo que es en realidad es negocio; "hay cosas que sólo son un nombre y una figura", diría Quevedo, pero la sociedad de consumo transforma ese nombre y figura en una marca o regalía; es un pedacito o pompa de información que vive de los factoides que genera y divulga el papel satinado o couché. Es guapa, pero no más que chorrocientas chicas de su pavososona y especta-culona edad, una rubita vulgosa resignada a ser una pajina en los anales de la ordinariez. Quizá es pizca más sensata y equilibrada que otros totems del divipijismo invariablente estultos, como las Superficial friends: Nicole Ritchie, Paris Hilton, Lindsay Lohan y las gemelas Olsen, que para mí todas ellas son gemelas clónicas de espíritu entre sí, e incluso de cuerpo: tetorrubias rectificadas con ayuda de botox, trapos y fajina, tanto monta. Ni hubiera más que pedir, si se quedaran en sus trece. Pero estas chicamonas (o chitamonas) nunca crecen.
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sábado, 19 de marzo de 2011
Una pintura negra. La cabina, de Antonio Mercero
La cabina es prácticamente una película muda en la que las imágenes construyen un complejo alegorismo de rica imaginería metafórica y visual. Fuera de la obvia interpretación histórica de crítica social contra el franquismo y su estancamiento, recuerda, en muchos sentidos, la problemática y los temas del cine de Michelangelo Antonioni, al que se cita incluso alguna vez (los payasos tras el muro). El individuo se ve aislado, encapsulado y, en cierta manera, envasado por la sociedad de consumo y por cualquier tipo de sociedad en bruto y es privado de cualquier tipo de cordón umbilical de comunicación. De apariencia del todo vulgar, López Vázquez demuestra el gran talento que atesora, por si alguno tenía alguna duda por verlo pane lucrando en tantos filmes ínfimos de su época.
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Nadal
Si no fuera tan buen muchacho, este hijo de la tierra daría miedo. Es un ganador nato, un asperger de la raqueta, un rey David descendiente directo de los famosos honderos baleares que descalabraron a tantos legionarios en el campo de batalla; su instinto asesino hacia las pelotas raya en la demencia más cerril; su ojo es más certero que el de un satélite espía; sus rivales terminan demolidos mental, física y moralmente, deseando no volver a ser aplastados por este cibernético muro de piedra, que ahora, encima, ha cargado su brazo de Popeye zurdo con un saque que puede alcanzar los doscientos trece kilómetros por hora. Hace girar las bolas con un efecto giroscópico que desquicia a cualquier jugador de tierra plana y, tan liftadas, que el mismísimo hombre máquina Federer termina con un revés de churro y mirando la hora de su rolex suizo. Para gozar ahora, porque nunca más se verá algo así.
Juan José Millás, Dios.
Juan José Millás, "Dios", El País, 18-III-2011:
Soñé que no era yo el que estaba dentro del mundo, sino que era el mundo el que estaba dentro de mí. Con los ojos cerrados, podía recorrer los continentes y los océanos que me habitaban. Aquí estaba Asia, aquí África, aquí Europa... Iba de un continente a otro como el que va de su corazón a su hígado Y percibía, con la intensidad de un dolor de muelas propio, el terremoto del Japón y el tsunami posterior, así como las grietas de aquella realidad que desde la televisión y los periódicos resultaba tan distante. Comprobaba dentro de mí el aumento de la temperatura de las centrales térmicas y sentía cómo se fundían sus soportes de acero y cómo la radiación silbaba al escapar por las llagas de los sarcófagos.
Dentro de mí estaban Libia, y Egipto y Túnez. Me cabían todas las montañas, todos los ríos y los valles de la Tierra. Pero también dentro de mí podía escuchar, si me lo proponía, el silencio de un universo hueco, como las aulas de un colegio en pleno mes de agosto.
Comprendí dentro del sueño que cada día, al abrir los ojos, proyectaba hacia el exterior esa realidad interna creando la ilusión de que se encontraba fuera, de que me contenía: un efecto óptico, como el del Sol cayendo sobre el horizonte. Entonces, aún dentro del sueño, me di cuenta de que yo era Dios, un Dios triste y solo, un Dios abandonado, un Dios gordo y cutre y aburrido, que combatía su soledad, su miedo, su agonía, imaginando dentro de sí un universo que al abrir los ojos se colocaba fuera. Todas aquellas criaturas con las que me cruzaba, por ejemplo, en el Corte Inglés (una de mis invenciones más alucinantes) eran en realidad espejismos. El cosmos estaba desierto, vacante de todo cuanto no fuera yo. Desperté horrorizado y al atravesar la frontera entre el dentro y el afuera de mí mismo, el Dios cutre del sueño devino en un pobre diablo.
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viernes, 18 de marzo de 2011
El rito
Lector asiduo como soy del blog del padre Fortea, un exorcista y escritor español que ahora anda por Australia dando conferencias, y estudiante, que no creyente ni practicante, de artes oscuras y demonología, disciplinas arcanas donde las haya (desde el Martillo de Krammer y Sprenger, hasta el Diccionario de Colin de Plancy o el manual de Eusebio Salverte, pasando por el descreído maestro Pedro Sánchez Ciruelo) quiero ver El rito, película en la que Anthony Hopkins ha bordado la mejor interpretación de su vida, si hemos de creerle a él mismo. Nadie podrá negar que el problema del mal es quizá el único que merece la pena contemplar.
Por demás, me gustaría ver algunas películas si dispongo de tiempo, como la de los frailes franceses masacrados en Argelia, u otras de pasar el rato, como Cisne negro (las sirenas me advierten de que puede ser un factoide feminil, así que seguramente no caerá esa breva)
Por demás, me gustaría ver algunas películas si dispongo de tiempo, como la de los frailes franceses masacrados en Argelia, u otras de pasar el rato, como Cisne negro (las sirenas me advierten de que puede ser un factoide feminil, así que seguramente no caerá esa breva)
Tal vez el mejor poema de García Montero
Luis García Montero
La inmortalidad
Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.
Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.
Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
y el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor en medio de la luz.
Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.
La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.
No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.
La inmortalidad
Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.
Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.
Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
y el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor en medio de la luz.
Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.
La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.
No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.
El sábado, la Luna se verá más grande.
Sí: ocurre cada 18 años, porque se aproxima más a la Tierra. La marea será especialmente alta, los lunáticos tendrán su día más loco, y probablemente habrá algún terremoto leve, quizá en la única falla que todavía queda por tenerlo en el Pacífico en este año (hemos tenido terremotos en Chile, Nueva Zelanda y Japón: sólo queda, en el Pacífico, California: Los Ángeles y San Francisco.
O tal vez no. Lo que pasa es que el vello del cuerpo me está empezando a crecer demasiado. ¡Ahúuu!
jueves, 17 de marzo de 2011
Tatemae y Honne
De El País, hoy:
El estadounidense Alex Kerr explica a la perfección en su libro Dogs and demons cómo la actitud de los nipones ante la información difiere de la de los occidentales. Decir la verdad en muchos contextos resulta descortés, y los propios nipones aprenden y desarrollan desde pequeños su tatemae (pensamientos que se expresan en público y que no deben ofender a los demás) y honne (lo que se piensa de verdad, y que solo se emplea con gente muy cercana). Un ejemplo claro de uso del tatemae es que un "lo pensaremos..." en el ámbito de los negocios nipones significa en realidad "No insista, no nos interesa".
Un caso concreto que el estadounidense desvela en su libro es que en los noventa el gobierno de la prefectura de Fukui no vaciló a la hora de borrar la central nuclear de Mihama, que se alza junto a la playa de Suishohama, de una foto promocional turística. En occidente se habría tildado como un fraude, pero en este caso los funcionarios explicaron que la belleza de la playa se apreciaba mejor sin elementos que distorsionaran su hermosura.
El problema, como dice Kerr, es que en Japón el tatemae se ha empleado gustosamente en el último siglo y medio para proteger a las élites políticas y empresariales y mantener en la inopia al pueblo japonés, que en estos días se está mostrando, como siempre, intachable en cuanto estoicidad y civismo.
Entre los años treinta y sesenta la administración permitió y encubrió los vertidos masivos de metilmercurio de la compañía química Chisso en la bahía de Minamata. Estos acabaron matando a más de 1.500 personas y causaron daños neurológicos irreversibles a más de 500.
En años recientes, la supresión de los crímenes cometidos por el ejército imperial en la Segunda Guerra Mundial de los libros de texto por parte del Partido Liberal Demócrata supone otra muestra del gusto por maquillar los acontecimientos. Las empresas que gestionan centrales nucleares también han seguido este patrón en las últimas décadas; Tepco, Hokuriku Electric o Chugoku Electric Power han facilitado cientos de informes técnicos falsos y han ocultado deliberadamente accidentes y situaciones de emergencia en las plantas.
El que aún existan los llamados clubes de prensa -círculos de periodistas y políticos donde prima el amiguismo y se restringe el acceso a informaciones oficiales a terceros, incluidos medios extranjeros- y de que los tres grandes periódicos publiquen a diario prácticamente las mismas noticias, muchas provenientes de estos clubes, hacen dudar del todo el entramado político e informativo nipón y certifican las conclusiones de Kerr: "Los hechos sobre gran parte de la vida política, social y financiera de Japón se esconden tan bien que la verdad es casi imposible de conocer"
miércoles, 16 de marzo de 2011
Segunda evaluación
Las evaluaciones deprimen a todo el mundo (alumnos, padres, profesores); parece que los únicos invulnerables a ese tipo de depresión son los políticos, que sólo parecen vulnerables a su propio encanto y el de su bolsillo. Pero hablo de profesores. ¿Quién soy yo para poner notas y medir el aprovechamiento de la gente, aunque sea en una disciplina de la que algunos dicen sé un poco? ¿Cómo puedo valorar de forma precisa las circunstancias, el mérito, la voluntad, el trabajo de una persona? Se dispone de instrumentos para calibrar todas esas cosas, pero ¿quién me dice que un trabajo, un examen o un ejercicio no ha sido copiado o elaborado por otro o que no ha estudiado con barbitúricos que aumentan la memoria? ¿Que el mérito que se tenga no se deba más a la genética, a unos padres entregados, a unos buenos profesores particulares, a la posesión de libros, ordenadores y medios, a la riqueza de circunstancias, en suma? Si la Biblia dice que "no juzguéis y no seréis juzgados", también dice que "por sus frutos los conoceréis". Pero a mí la "simpatía", palabra que los romanos tradujeron por "compasión", me va pesando ya más que la estricta medición de algo tan cualitativo e intangible como es la comprensión de un texto y su encarnación en la experiencia y la cultura del individuo. Comprender los textos me ha hecho "comprensivo" de las personas, también. Soy hombre, y nada de lo humano me es ajeno (aunque no sé, a ciencia cierta, qué pueda ser lo humano); después de todo, lo que uno enseña son humanidades, y no hay nada más humano que la apertura y el respeto, o incluso el amor, no sólo a las personas, sino a los animales, a las cosas, a las tradiciones. A veces añoro esa antigua materia escolar, la "Lectura", en que nos hacían leer en voz alta. Cómo disfrutaba yo paladeando palabras, recitando esos ritmos de música extraña y a veces oculto significado. Todo debería reducirse a eso, a leer y a escribir, y poco más. Pero vienen los gramáticos con sus andamios sintácticos y los retóricos con sus artilugios para consegir efectos mágicos y ya está montado el tenderete que nos aleja de la motivación esencial: el deseo de saber de forma pura y directa, el deseo de conocer lo nuevo que hay en lo viejo, y lo viejo que hay en lo nuevo.
martes, 15 de marzo de 2011
Qué sé yo
Hoy he oído una frase para reflexionar: "La informática es extraordinaria para resolver problemas que no teníamos antes de la informática". La copio porque siempre es mejor dar reflexiones de otros que una propia, y desde luego siempre mejor que ofrecer una opinión. Las opiniones son como el culo: todo el mundo tiene una y no le apesta sino a los otros. El uranio está a la baja, como la credibilidad de los políticos, lo hayan recomendado o no, porque lo único que hacen los políticos es eso, opinar, no reflexionar. También es verdad que siempre hay razones para hacerlo mal, mientras que para hacerlo bien sólo hay cojones, sacrificio, malos ratos y voluntad. Bastará un poco de olvido para que vuelvan a la carga con sus centrales nucleares; es que lo barato es lo barato, mate o ensucie lo que quiera. Ese el mal del capitalismo: produce demasiada basura, incluso basura humana, gente que en sí misma es basura. El vertedero televisivo es un ejemplo; lo único que hace es delectare y movere, pero nada de docere. Ha perdido el contenido didáctico: uno no se instruye viendo bellezones y espantándose de violencias y maravillas, ni persuadiéndose con mitines y anuncios. Y es eso: han renunciado al docere de todo discurso.
Me escribe un juez catalán para pedirme ayuda en una causa sobre plagio, agradeciéndome mi colaboración y diciendo que nadie le había resuelto la duda sino yo. ¿Cómo decirle que se la he resuelto con un vulgar algoritmo de búsqueda en Google, con el patatero álgebra de Boole?
Me escribe un juez catalán para pedirme ayuda en una causa sobre plagio, agradeciéndome mi colaboración y diciendo que nadie le había resuelto la duda sino yo. ¿Cómo decirle que se la he resuelto con un vulgar algoritmo de búsqueda en Google, con el patatero álgebra de Boole?
domingo, 13 de marzo de 2011
Genética y Lingüística
Javier Sampedro, "Adán y Eva se entendían a besos", El País, 13/03/2011
El artefacto ideal para responder la pregunta del millón -¿de dónde venimos?- sería una máquina del tiempo, pero el segundo mejor es un secuenciador de genes. Un equipo de genetistas y matemáticos ya tiene la respuesta: toda la humanidad actual proviene de una población de cazadores-recolectores que se originó en el sur de África hace 200.000 años. Nuestros primeros padres eran bosquimanos y se comunicaban en khoisán: la lengua ancestral de la humanidad, donde las consonantes eran chasquidos como el sonido de un beso.
Brenna Henn y sus colegas de Stanford y otras seis universidades, entre ellas la Pompeu Fabra de Barcelona, acaban de presentar en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) la comparación genómica -entre los genomas de los humanos actuales- más amplia y avanzada hasta la fecha. Como los genomas van acumulando cambios a lo largo del tiempo, estas comparaciones sirven para deducir el pasado de la especie: las poblaciones ancestrales muestran muchos cambios, tanto dentro de la población -entre un bosquimano y otro, por ejemplo- como fuera de ella -entre un bosquimano y un vecino bantú o un europeo, siguiendo con el ejemplo-.
Los resultados confirman con fuerza ciertos indicios anteriores, pero también enmiendan algunas percepciones erróneas. Las poblaciones dispersas de cazadores-recolectores que perviven en África, como los bosquimanos, provienen de un ancestro común claramente distinto del ancestro común de los pueblos agricultores y ganaderos que los rodean.
Los bosquimanos del sur, hablantes de lenguajes clic -donde las consonantes suenan como besos y chasquidos de fastidio-, revelan una variedad genética interna mucho mayor que cualquier otra población humana actual. La razón es que toda la humanidad actual proviene del sur de África -y no de Etiopía, como se pensaba-, y que los actuales hablantes de lenguajes clic son los herederos en línea directa de nuestros primeros padres.
Nuestra especie, el Homo sapiens, evolucionó en África hace unos 200.000 años. Esa es la datación de los primeros cráneos fósiles con morfología moderna que han hallado los paleontólogos, en yacimientos de Etiopía. Y también es la época en que vivió la Eva africana -la mujer de la que provienen todas las mujeres vivas-, según han podido inferir los genetistas comparando el ADN de las poblaciones actuales.
Los humanos modernos -inicialmente una pequeña población- se extendieron pronto por todo el continente africano. Su salida de allí, en un pequeño número de migraciones que acabaron colonizando todo el planeta, ocurrió mucho después, hace solo unos 60.000 años.
Como los humanos modernos llevan en África más tiempo que en ninguna otra parte -y como solo una pequeña fracción de ellos colonizó el resto del mundo-, los africanos actuales son mucho más diversos que todo el resto de la humanidad junta. Por ejemplo, de las 6.909 lenguas que se hablan actualmente en el mundo, casi un tercio (2.110) son africanas. Como comparación, en Europa solo se han catalogado 234 lenguas.
Lo mismo vale para la diversidad genética. De hecho, la población mundial no africana es tan homogénea que los genetistas calculan que proviene de no más de 1.000 o 1.500 individuos que salieron de África hace unos 60.000 años. La mayor parte de la diversidad genética humana se quedó en África, y sigue estando allí.
El análisis de Brenna Henn y sus colegas es el más completo hasta la fecha, con datos de 580.000 snips (cambios de una sola letra en el ADN; las siglas son de single nucleotide polymorphisms) en 26 poblaciones africanas, incluidas seis poblaciones de cazadores-recolectores, como los hadza y los sandawe de Tanzania y los bosquimanos namibios y khomani del sur de África.
Los resultados descartan que nuestra especie surgiera en el este de África, y apuntan con fuerza a un origen surafricano (técnicamente, lo segundo es entre 300 y 1.000 veces más probable que lo primero). Y también señalan a las poblaciones de cazadores-recolectores hablantes de lenguajes clic como los descendientes en línea directa de aquellos primeros humanos.
Dos de los autores del trabajo son Laura Rodríguez-Botigué y David Comas, del Instituto de Biología Evolutiva de la Pompeu Fabra. "El trabajo", dice Comas, "analiza la diversidad genética autosómica de tres poblaciones de cazadores-recolectores de Tanzania y Sudáfrica, y las compara con otras poblaciones africanas. El estudio de la evolución y la historia demográfica del continente africano supone un gran reto para los genetistas debido a la gran diversidad genética que existe entre los cientos de poblaciones que viven allí".
Las poblaciones cazadoras-recolectoras, explica el evolucionista de Barcelona, son una minoría y están bastante aisladas geográficamente, pero tienen un especial interés porque llevan un modo de vida anterior a la aparición de la agricultura y el pastoreo en África, que solo ocurrió hace unos 5.000 años.
"Para inferir la historia demográfica de las poblaciones de cazadores-recolectores actuales", prosigue el científico, "hemos analizado su diversidad genética y la hemos comparado con la de 24 poblaciones más, representativas de la compleja estructura demográfica del continente africano; hasta ahora, la variación genética en estos grupos no había sido muy estudiada, y se desconocía si las poblaciones cazadoras-recolectoras son en realidad descendientes de los agricultores que, en algún momento, revirtieron su modo de vida, o en cambio son los herederos de los antiguos grupos que poblaban el continente antes de la expansión de la agricultura".
Los resultados demuestran que las poblaciones de cazadores-recolectores "son mucho más diversas genéticamente que el resto de poblaciones africanas", subraya Comas. "Esto descarta la hipótesis de que estas poblaciones sean descendientes de agropastoralistas, y revela la profunda antigüedad de los grupos de cazadores-recolectores".
Estos datos genéticos muestran que "la localización geográfica más probable del origen de los humanos se sitúa al sur del continente africano, lo que discrepa de la hipótesis demográfica más aceptada hasta el momento, que postula que el origen del hombre moderno se podría situar en África del este".
Todos los lenguajes khoisán del sur de África utilizan cuatro clics básicos, que los lingüistas representan con símbolos como |, que es idéntico a nuestro chasquido de desaprobación; ||, parecido al sonido ts; o q, que es exactamente el sonido de un beso.
Fue el antropólogo y lingüista Joseph Greenberg, que también trabajó en Stanford hasta su muerte en 2001, quien propuso en los años sesenta que los lenguajes clic, hablados por pequeñas poblaciones de bosquimanos salpicadas por el sur y el este de África, formaban en realidad una sola familia lingüística, el khoisán. Según su clasificación, el khoisán era de hecho una de las cuatro grandes familias en que se agrupan los más de 2.000 lenguajes africanos (las otras tres, abrumadoramente mayoritarias, se llaman níger-congo, nilo-sahariano y afroasiático).
Pero la propuesta de Greenberg sobre el khoisán fue muy polémica desde su formulación, y sigue siéndolo, porque el único rasgo común que tienen estas lenguas es el uso de clics. Por lo demás, no se parecen en nada: ni en el vocabulario, ni en la manera en que se forman las palabras ni en la construcción de oraciones.
No solo las lenguas clic de África oriental difieren por completo de las del sur, sino también estas entre sí. Persona, por ejemplo, se dice !kwi en el extremo sur, khoe un poco más al norte, y ju otro poco más aún, ya en el norte de Namibia. De ahí que los lingüistas llamen !kwi, khoe y ju a las lenguas clic de esas tres zonas.
Pese a las extinciones masivas de bosquimanos -y de sus lenguas- acaecidas en los últimos siglos, quedan aún un cuarto de millón de hablantes de khoe. Las otras lenguas clic son mucho más raras: algunas agonizan con solo un centenar de hablantes, y muchas otras se han extinguido en los últimos tres siglos. La Universidad Nacional de Taiwan y la Enciclopedia Británica contienen muestras de audio de muchas de estas lenguas.
Pese al parco repertorio de chasquidos básicos, los hablantes de khoisán pueden matizar cada clic de varias formas -nasalizándolo, aspirándolo, sonorizándolo- y combinarlo con distintas consonantes convencionales, hasta producir algunos de los sistemas fonéticos más complejos que se conocen. El lenguaje !xoo llega a distinguir de este modo más de 120 consonantes, un récord mundial seguramente imbatible.
Aparte de los bosquimanos, las principales poblaciones actuales de cazadores-recolectores que perviven en África son los pigmeos. Lluis Quintana-Murci, del Instituto Pasteur de París, ha demostrado que todos los pigmeos, pese a vivir en poblaciones aisladas y muy separadas geográficamente, tienen un origen común: solo evolucionaron una vez.
Los signos arqueológicos de una inteligencia humana plenamente actual -arte, rituales, pericia técnica, gran diversidad de herramientas- solo tienen 50.000 años, pese a que el cráneo humano moderno ya existía hace 195.000, que es la edad del fósil más antiguo de nuestra especie, hallado en Etiopía. Estos fósiles con forma moderna pero más antiguos de 50.000 años suelen llamarse "humanos anatómicamente modernos". Las primeras evidencias de Homo sapiens fuera de África son unos esqueletos fósiles hallados en cuevas en el sur del actual Israel, datados entre 120.000 y 90.000 años antes del presente. Son escasos.
La salida del continente africano ocurrió entre 80.000 y 60.000 años atrás, lo que coincide con la aparición, precisamente en el sur de África, de unas culturas caracterizadas por el uso de herramientas avanzadas, e incluso de símbolos abstractos.
Se denominan Still Bay (SB) y Howieson's Poort (HP), y aparecen en estratos repartidos por muchos yacimientos del sur del continente. El mejor caracterizado es la cueva Blombos, en la Provincia del Cabo, en el extremo meridional de África. En esa cueva aparecieron dos piezas de arcilla roja con unos grabados geométricos. Constituyen la evidencia aceptada más antigua de arte abstracto, 70.000 años antes de Kandinsky.
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Vivir con un dólar al día, y vivir con 3.000
Moisés Naïm "Lea este libro" El País, 13/03/2011
La revista Forbes acaba de publicar su lista anual de las personas más ricas del mundo. No hay sorpresas. Aumentó el número de milmillonarios, así como su patrimonio promedio (3.500 millones de dólares). Y si bien la mayoría sigue siendo estadounidense, su porcentaje está declinando, mientras aumenta el de los ricos de países pobres. Así es: países como China, Brasil, India, México, Turquía, Ucrania o Rusia producen muchos megamillonarios. Y examinando quiénes son y cómo han hecho sus fortunas, resulta que en estos países pobres estar cerca del Gobierno es una ruta más segura para llegar a la lista de Forbes que estar cerca de los consumidores. El factor crítico del éxito de muchos de estos multimillonarios es el Estado, y no el mercado.
Estudié la lista de los más ricos mientras leía un libro sobre cómo y en qué gasta su dinero la gente que gana un dólar al día, es decir, el 13% más pobre de la humanidad. Es el ensayo más interesante que he leído en mucho tiempo. Se llama Poor Economics (http://pooreconomics.com/) y sus autores son Abhijit Banerjee y Esther Duflo, dos profesores del Instituto Tecnológico de Massachusetts. El libro -que será publicado en inglés en abril y supongo que pronto será traducido a otros idiomas- es asequible a cualquier lector. Está lleno de sorpresas y va a cambiar nuestra manera de pensar sobre la pobreza y lo que se debe hacer para aliviarla.
Los autores son alérgicos a las grandes generalizaciones ("hace falta aumentar la ayuda internacional a los países pobres" o "la ayuda internacional no funciona y es contraproducente"). También son escépticos frente a afirmaciones no sustentadas en datos verificables y son obsesivos en obtener información directamente de los protagonistas del libro: las personas que ganan (y deben vivir) con un dólar al día. Banerjee y Duflo recurren a estadísticas, observaciones, entrevistas y a experimentos controlados que someten a pruebas empíricas las presunciones que se tienen sobre las causas de la pobreza o en las que se basan las políticas gubernamentales destinadas a ayudar a los pobres. Su mensaje central es que estas políticas muchas veces fracasan porque se fundamentan en suposiciones erradas con respecto a los pobres, sus circunstancias y su conducta.
El libro está repleto de resultados que contradicen creencias muy arraigadas. Sus estudios de campo revelan, por ejemplo, que quienes viven con un dólar al día no pasan hambre. Si estuviesen hambrientos gastarían todos sus ingresos en comida. Pero no es así. Los datos que Banerjee y Duflo recogieron en 18 países revelan que la comida representa entre el 36% y el 79% del consumo de los pobres que viven el campo, y entre el 53% y el 74% de quienes viven en las ciudades. Y por cada 1% de aumento en sus ingresos, solo el 0,67% lo consumen en comida. Y ese aumento no se destina a obtener más calorías, sino calorías que saben mejor: "Los pobres gastan el 7% de su presupuesto total en azúcar, que como fuente de calorías es más caro que los granos y carece de valor nutricional". ¿Por qué Oucha Mbarbk, un marroquí en pobreza extrema, hizo esfuerzos extraordinarios para comprar una televisión, una antena parabólica y un aparato para ver películas en DVD? ¿Por qué no es cierto que tener muchos hijos empobrece aún más a los pobres? ¿Y por qué los más pobres necesitan pedir prestado (pagando un interés del 42% anual) para poder ahorrar? ¿Por qué para los niños más pobres ir a la escuela no implica obtener más educación? Cada año mueren 9 millones de niños antes de cumplir cinco años y, de estos, uno de cada cinco muere de diarrea. Son los hijos de quienes viven con un dólar al día. Muchas de estas muertes podrían ser evitadas si se usaran más ampliamente soluciones de rehidratación oral, cuyos ingredientes básicos son sal y azúcar. Sin embargo, esto no pasa. En la India, un tercio de los niños menores de cinco años con diarrea nunca recibe rehidratación oral.
El libro no solo hace preguntas cruciales, sino que ofrece respuestas y también aporta soluciones prácticas. Su conclusión es que la conducta de los pobres responde a incentivos, depende de la información que tienen (con frecuencia insuficiente o errada) y al muy racional manejo que hacen de los enormes riesgos que enfrentan.
No; no son distintos del resto de nosotros. Pero hasta ahora los hemos tratado como si lo fuesen. Lea este libro y verá el mundo de otra manera. Y a los ricos de Forbes también.
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jueves, 10 de marzo de 2011
Dos citas sobre la educación
Tomado de por ahí:
Manuel García Morente: Virtudes y vicios de la profesión docente, Revista de Pedagogía 169 (1936) pp. 11-12:
“Por muchas razones propende el docente a ser un resentido. Prescindo del maestro fracasado. Porque toda vida fracasada, la del maestro como la de cualquier otro profesional, conduce derechamente al resentimiento. Pero aparte del maestro fracasado el resentimiento acecha también al buen maestro, al docente de vocación auténtica, si no cuida de fortalecer de continuo su fidelidad a la misión elegida. Me limitaré a subrayar dos causas principales que empujan fácilmente al maestro por el plano inclinado del resentimiento.
La primera es la gran desproporción entre las virtudes y capacidades que la sociedad exige del maestro y las compensaciones y satisfacciones que le ofrece. La sociedad no confiere todavía al docente la holgura económica que necesita. Con lo cual la sociedad comete una gran torpeza, porque es principio evidente y casi ley física que no se pueden tener buenos servidores si no se les paga bien. Pero aun esto sería de poca monta y el docente auténtico no para demasiadas mientes en ello. Lo peor es que la sociedad, tacaña en bienes materiales, es quizá todavía más parca en conceder al maestro la estimación a que tiene perfecto derecho. Es curioso que la sociedad no se cansa de proclamar los merecimientos de la profesión docente, pero al mismo tiempo le niega de hecho esa preeminencia de valor que, sin dificultad y epontáneamente, confiesa deberle. Hay en esto una extraña duplicidad y como hipocresía, que valdría la pena someter a un estudio sociológico e histórico.”
Petronio: El satiricón (II d.C.), traducción de Lisardo Rubio, Gredos, Madrid 1988:
“Y así, según mi opinión, la juventud, en las escuelas, se vuelve tonta de remate por no ver ni oír en las aulas nada de lo que es realmente la vida. Tan sólo se les habla de piratas con cadenas apostados en la costa, de tiranos redactando edictos con órdenes para que los hijos decapiten a sus propios padres, de oráculos aconsejando con motivo de una epidemia que se inmolen tres vírgenes o unas cuantas más; las palabras y las frases se recubren de mieles y todo -dichos o hechos- queda como bajo un rocío de adormidera y sésamo. [...] En el fondo, los maestros no tienen la menor culpa en lo que atañe a los ejercicios declamatorios: ellos se ven en la necesidad de ponerse a tono con los insensatos. Pues si sus lecciones no gustaran a la juventud, ‘se quedarían solos en sus escuelas’, como dice Cicerón.” (I, 1-3)
martes, 8 de marzo de 2011
Un beodo ocasional muere en Madrid
Han descubierto a un norteamericano ahogado en el Manzanares, río que lleva poca agua, pero la suficiente para dar disgustos. Un portero de discoteca no le dejó pasar porque estaba bebido. Era un estudiante de intercambio; su compañero lo dejó solo; al parecer, cruzó la calle y pensó dormir la mona sobre algo que le pareció un banco y en realidad era el borde de piedra del río. Eso es porque era extranjero, como he dicho: no sabía orientarse en un sitio tan caótico como es Madrid, más si andaba viendo doble y haciendo eses. Se movió, resbaló o se cayó y se ahogó.
¿Quién es culpable? El chico, un americanito no acostumbrado a las deplorables farras españolas, muy poco, por beber; el portero por no meterlo en un taxi, más; el amigo por no acompañarlo, mucho, muchísimo más; el Ayuntamiento, por no poner barandas, el que más.
Qué asco da la gente. Imaginaos que el amigo "pierde el tiempo" conduciendo a su amigo a su residencia o llamando por teléfono a quien lo recoja; lo más probable es que nadie le agradeciera la diferencia/deferencia. Pero eso contaría un palote en la lista de la hidalguía, la nobleza y la caballerosidad.
O sea, lo que hemos perdido y ya no tenemos.
¿Quién es culpable? El chico, un americanito no acostumbrado a las deplorables farras españolas, muy poco, por beber; el portero por no meterlo en un taxi, más; el amigo por no acompañarlo, mucho, muchísimo más; el Ayuntamiento, por no poner barandas, el que más.
Qué asco da la gente. Imaginaos que el amigo "pierde el tiempo" conduciendo a su amigo a su residencia o llamando por teléfono a quien lo recoja; lo más probable es que nadie le agradeciera la diferencia/deferencia. Pero eso contaría un palote en la lista de la hidalguía, la nobleza y la caballerosidad.
O sea, lo que hemos perdido y ya no tenemos.
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Sociedad
Ignosticismo
Muchos consideran la cuestión de la existencia de Dios o importantísima o baladí hasta el punto incluso de que se ríen de ella; pero lo cierto es que proporciona gran cohesión social y es, en esos respectos, una ventaja evolutiva, como otros símbolos o memes producidos por la cultura humana; el curioso Jorge Santayana, hombre de prosa admirable al que podría etiquetarse como un Borges con peluca dieciochesca, lo estima un tema apasionante que merece la pena disfrutar como el arte más refinado producido por el hombre. Ni siquiera el muy descreído de Feuerbach en sus poemas más terroristas llegó tan lejos. Yo, que sustento un interés mórbido por el tema desde que los curas maltrataron hace siglos mi más remota y jurásica infancia, quemándome en la hoguera de sus vanidades (que también venalidades y penalidades), he terminado al fin por volverme algo Santayana, o más exactamente, ignóstico (y no agnóstico) en toda la extensión del vocablo. Porque hay conceptos que tienen verdad, mientras que otros sólo tienen historia. La discusión sobre si Dios o el alma poseen alguna de esas dos cosas ha sido, históricamente, muy fructífera; pero como humilde ignóstico, para mí Dios es sólo eso, una discusión interminable e interminada que ansía conclusión. Cómo decía Cristo en un sueño a San Agustín, y le gustaba repetir a Pascal, "no me buscarías si no me hubieses encontrado". Desde luego, según Voltaire, una sola religión es insoportable y con dos hay guerra civil, pero en Inglaterra, donde hay treinta, existe paz. O sea, más o menos, como con la Política, una pseudociencia tan fundamentada como la Teología. Ya lo dijo Heine: "Dios me perdonará: es su trabajo".
Y, sin embargo, creo en Dios todo lo que puedo y me dejan; en un Dios superior que lo único que no puede ser es malo, pero también es justo y está formado con el sufrimiento por mejorar de cada uno y de todos. En él ambas cosas son lo mismo. Y eso es lo que lo hace superior, sobre todo a la Teología.
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