I
Los estudiantes de Francia presentan 10 reivindicaciones para detener sus protestas, en El País, Daniel Verdú, París - 8 oct 2026 :
Las principales ciudades francesas acogen nuevas movilizaciones, a las que se suman ya gran parte de los centros universitarios después de que el primer ministro no haya logrado calmar los ánimos con sus anuncios
Las protestas de los estudiantes franceses continúan y mantienen su intensidad tras varias semanas. París, Marsella, Nantes… Todas las grandes ciudades han visto desfilar otra vez a miles de jóvenes este jueves con pancartas contra el Gobierno y la degradación del sistema público educativo. En París volvió a convocarse una gran marcha en el centro de la ciudad con el apoyo también de otros sectores y de las universidades. Esa es la gran novedad. El movimiento crece mientras el primer ministro, Sébastien Lecornu, no ha logrado apaciguarlo con respuestas tras su estéril comparecencia del miércoles por la noche.
La Unión de Estudiantes insiste en llevar la protesta hasta sus últimas consecuencias si no hay respuesta. “Si hay que recurrir a la huelga general, bienvenida sea”, explica al teléfono Félix Stivet, representante del movimiento. “Nuestras 10 reivindicaciones deben ser atendidas y discutidas con el Gobierno. Pero lo que Lecornu anunció anoche no respondía a nada de todo eso. Solo ofreció 2.000 millones más para el presupuesto, que en realidad equivale a nada porque la inflación está por encima de eso. El presupuesto baja si se tiene en cuenta eso”, señala.
La falta de profesores sustitutos, los edificios deteriorados y los horarios demasiado cargados son algunas de las principales quejas de los estudiantes franceses movilizados. Además, reclaman más recursos humanos y financieros para la educación pública. “Ha habido ataques del Gobierno macronista durante los últimos 10 años. Pero la degradación comenzó antes de que llegara él”, insiste Stivet.
Protestas estudiantes en Francia
Los estudiantes —que solo en la región de Île-de-France bloquearon 145 institutos— denuncian la ausencia de profesores, a veces en asignaturas importantes y durante periodos prolongados. Según una encuesta del sindicato SNES-FSU, al inicio del curso faltaba al menos un profesor en el 53% de los colegios y liceos públicos. El Ministerio de Educación matizó que, en la mayoría de los casos, se trata de horas lectivas que deben cubrirse y no necesariamente de puestos vacantes.
“Tenemos un plan de emergencia, cuyos datos concretos tendré la oportunidad de detallar probablemente dentro de unas horas o unos días”, señaló Édouard Geffray, ministro de Educación, en Reims, después de reunirse allí con alumnos del instituto profesional Raymond-Kopa. Por la tarde tiene previsto un encuentro con las tres principales organizaciones estudiantiles de secundaria para “explicarles lo que se ha hecho en relación con la cuestión de las sustituciones”.
Geffray, sin embargo, no logra convencer a los manifestantes de esa idea. Durante el curso 2024-2025, aproximadamente el 10% de las horas lectivas no se impartieron en los institutos, según estadísticas del Ministerio. Un informe parlamentario reciente estima que alrededor del 7,5% de esas horas de enseñanza del segundo ciclo educativo no se imparten debido a la falta de sustitución de profesores.
La queja se extiende también a los horarios, que los estudiantes consideran demasiado cargados. Los alumnos de secundaria tienen entre 26 y 29 horas obligatorias de clase a la semana, sin contar las asignaturas optativas. Esto puede traducirse en jornadas que van aproximadamente de 8.00 a 18.00, e incluso en largos periodos sin clase entre dos asignaturas.
El número de alumnos por clase, considerado excesivo, también forma parte de las reivindicaciones. En 2025 había una media de 30 estudiantes por aula en los institutos, frente a 27 en 2010, según datos del Ministerio de Educación.
Otra de las grandes críticas es la utilización del software Parcoursup, una herramienta creada en 2018 para sustituir al sistema APB, obligatorio para los estudiantes que quieren solicitar la mayoría de las formaciones de educación superior en Francia. El sistema genera una fuerte presión porque no todos los estudiantes obtienen inmediatamente una plaza. En julio, alrededor de 130.000 alumnos seguían sin destino al término de la fase principal, mientras la fase complementaria continuaba abierta.
Los estudiantes y organizaciones también critican la falta de transparencia del proceso de selección, especialmente en relación con los algoritmos empleados por las distintas instituciones.
Renovación de los edificios escolares
El estado de los edificios es otra de las reivindicaciones, especialmente después de las olas de calor de mayo y junio. El Gobierno destaca varios programas de renovación de los centros educativos. La responsabilidad de los institutos corresponde principalmente a las regiones, no directamente al Estado.
También existen importantes diferencias en los recursos disponibles según los territorios. En 2023, el Ministerio de Educación gastó una media de 8.550 euros por estudiante de secundaria en la enseñanza pública y privada concertada.
En las zonas urbanas, como Île-de-France, el gasto por alumno es inferior a la media nacional y los institutos suelen ser más grandes, lo que se traduce en una menor proporción de personal por estudiante. En la región parisina, además, los profesores tienden a ser más jóvenes y tienen salarios medios inferiores.
II
La cólera de los estudiantes toma las calles de Francia, en El País, Daniel Verdú, París - 6 oct 2026:
Las principales ciudades acogen grandes manifestaciones estudiantiles contra los recortes y la precariedad en el sistema educativo que, en realidad, son el catalizador del ocaso de un decenio de macronismo
La plaza de République estaba ya saturada a las 14.30. La estatua de la Marianne, colonizada por manifestantes que habían trepado con arneses hasta la corona para colocar pancartas. “Suben los costes de la escolarización, también las tarifas universitarias. Recortan en profesores, en sueldos. Todo conduce a la elitización de la educación, a la muerte de los valores de la República y la igualdad social”, clama Gaspar, junto a sus compañeros de Historia del Arte de la Sorbona.
La calle fue este martes el catalizador de la indignación contenida en los últimos meses en Francia. El hartazgo de muchos sectores tras diez años de macronismo, recortes y fragmentación social. La percha sobre la que pendía la protesta era la movilización nacional por parte de las organizaciones de estudiantes de secundaria y universitarios. Había profesores. Pero también sindicatos, bomberos, agricultores. “Esto tiene que durar y desembocar en una huelga general”, protestaba Cyril, profesor de un instituto del distrito III de París.
Unos 900 centros educativos de los 3.700 que hay en Francia vieron sus clases “suspendidas, ya fuera total o parcialmente”, informó el Ministerio de Educación a mediodía. Unas 450.000 personas salieron a la calle en todo el país, de los cuales 100.000 lo hicieron en París, según los organizadores.
La cólera no cogió por sorpresa a nadie. Pero su aspecto es otro. Francia temía el regreso de los chalecos amarillos, convocados a un presente marcado por los recortes y la subida del precio de los carburantes. Pero la llama de la revuelta prendió esta vez en un instituto de la banlieue parisina, los barrios periféricos de la capital, y se propagado por todo el país para protestar por la falta de medios y la precariedad que han hecho jirones la educación pública francesa, viejo emblema de la República y del supuesto ascensor social.
El movimiento estalló el pasado 17 de septiembre en un instituto de Créteil, a las afueras de París. Los alumnos bloquearon el centro para denunciar la falta de medios y de profesores y las condiciones insalubres en los centros de las zonas más apartadas, el suyo entre ellos. En pocos días, y sin que el Gobierno lo viese venir, el movimiento se ha extendido por todo el país, incluidas varias universidades.
Esta vez no son los institutos de la capital, sino los centros de la periferia parisina, harta de sufrir la discriminación en el presupuesto público, los que inflaman el debate. A diferencia de otras veces, el estallido ocurre en otoño y no en primavera y no surge como reacción a una nueva reforma. “Lo más parecido ocurrió en 1990″, explica Gérard, profesor de secundaria de un instituto de Saint-Denis. “Y estamos unidos profesores y estudiantes”, insiste.
Los estudiantes denuncian, de forma algo vaga, la escasez de personal, la falta de reemplazo de bajas, las clases de 35 alumnos, los horarios demasiado cargados o el mal estado de los edificios.
El malestar, sin embargo, no se circunscribe a la educación. El descontento también ha comenzado a centrifugar en torno a la crisis energética y al precio de los carburantes en las gasolineras. El próximo 17 de octubre hay prevista una movilización que el Ejecutivo teme que se convierta en la puesta de largo del regreso de los chalecos amarillos.
El ministerio anunció la apertura de “una consulta nacional sobre la enseñanza secundaria”, abierta del 5 al 23 de octubre en la plataforma Afora. “Los estudiantes podrán compartir sus dificultades, expectativas y sugerencias para mejorar su educación”, rezaba un comunicado completamente estéril para aplacar la revuelta. El presidente de la República, Emmanuel Macron, convocó algo más tarde una reunión extraordinaria con el ministro de Educación y el de Interior en el Palacio del Elíseo.
Mientras los estudiantes tomaban la calle, el primer ministro, Sébastien Lecornu, daba explicaciones en el Parlamento de la situación. También sobre la violencia policia, que La Francia Insumisa le acababa de reprochar. El jefe del Ejecutivo rechazó la expresión “violencia policial”, considerando que sugeriría la existencia de “instrucciones políticas de represión policial”. “Es falso, es una mentira”, afirmó. Aunque reconoció que durante las operaciones de mantenimiento del orden “pueden ocurrir accidentes”. Se refería, entre otras cosas, a un estudiante en Lens que perdió una mano al estallarle una granada y otro, que sufrió una herida grave en un ojo.
Lecornu acusó a La Francia Insumisa de aprovechar las protestas para tensionar el país en plena precampaña electoral. Además, les afeó dar a entender que existiría “una intencionalidad y una desproporción deliberada en el uso de la fuerza”, antes de denunciar como una “segunda mentira” el hecho de “insinuar que la policía de la República y los militares de la gendarmería serían racistas”.
Las protestas están siendo canalizadas por el partido de Jean-Luc Mélenchon, muy presente en las periferias urbanas y el único que desfiló este martes con los manifestantes. “¿La verdad? La izquierda tradicional es ya de derechas y LFI es el único partido que está cerca de los estudiantes, de los obreros y de los inmigrantes", apuntaba en la plaza de République Anna, estudiante de la Sorbona.
Mélenchon, aseguró, en declaraciones captadas por las televisiones, que se trata de la mayor movilización juvenil en 50 años y pidió a los participantes “prudencia”. “Es una cosa increíble lo que estáis haciendo, no os dais cuenta. Es el movimiento de juventud más poderoso que se haya visto en Francia en 50 años. Y nadie se atreve a deciros que estáis equivocados, porque tenéis toda la razón”. Una idea que, de algún modo, compartió el alcalde de París, Emmanuel Grégoire, que calificó las protestas de “nobles”.
El Gobierno afronta unas semanas claves sin margen de maniobra. El presupuesto para 2027, que los diputados deberán examinar a partir del 12 de octubre, contempla unos 50.000 millones de euros en medidas de ajuste. La deuda de Francia se encuentra en su nivel más alto desde 1946: 3,5955 billones de euros a finales de junio (121% del PIB).