domingo, 26 de septiembre de 2010

Voy a una boda

Con desgana, y cierta resaca, vuelvo a hacer costumbrismo y os cuento la movida boda a la que, invitado, asistí ayer. Fue en Pozuelo de Calatrava, entre mi lejana prima Mari Carmen, ahora más cercana, y un albañil, Antonio. Apenas tienen hipoteca, porque la casa se la ha hecho el manitas del novio y sólo han tenido que pagar algo de muebles. La vida está cruda ahora para los albañiles y el novio gastaba toda la boda una cara de preocupación que no podía con ella; mas el caso es que ha tenido valor y se ha casado. Olé sus cojones. Y por la iglesia. El corrector de blogger me subraya los cojones en rojo, anglosajón y político como lo han hecho sus ingenieros paternos, a su imagen, antojo y sememejanza (o simismojanza, si preferís).

Estuvimos esperando el autobús de la empresa de bodas en la plaza de San Francisco; atufaba a tabaco rancio. Llegamos a Pozuelo, un lugar aledaño a una laguna patosa o llena de patos, ahora colmada con lluvia del año pasado. Es pueblo con industrias de muebles y construcción y, por lo raro, lo pongo aquí: también una fundición dúctil. La iglesia estaba enfrente del bar Mosquito, aledaña al Ayuntamiento; cuenta con un retablo barroco semicircular impresionante, muy bien tallado en madera importada de América, que se ha salvado de esos feos dorados que lucen la mayoría de los demás; humilde en su material, es vistosísimo en su trabajo artístico y está consagrado a San Juan Bautista, quien, sobre un crucifijo, señala con el dedo una esplendorosa paloma de Espíritu Santo, rodeada de rayos, volutas y rocallas.

Obró la liturgia el notario eclesiástico del obispado, que es también cura de Pozuelo; dijo las tonterías y memeces habituales entre sus compañeros de herejía sobre lo que es el matrimonio: que si no es lo que dicen los votantes y toda esa retahíla de sus empresarios Rouco y Benito Romanini. Me hubiera gustado discutir con él, pero es que la liturgia romana es unidireccional y no hay otra manera de participar en ella que tragando (hostias) y diciendo amén. Por lo menos en la mozárabe manchega, que es más incombustible, se podía beber algo. Los curas de hoy tienen la manía de creerse los últimos de Filipinas, y algo de eso hay. Yo contemplaba interesado, como compañero profesional de la oratoria, aunque en el caso de la docente, no de la sagrada, su técnica; no se lució demasiado, la verdad; he asistido a sermones más edificantes, incluso a algunos claramente impresionantes, de los que acabas saliendo santiguándote y lleno de pensamientos piadosos y humanitarios; y también he oído algunos deleznables, como el despectivo y rapidísimo de un cura de Valdepeñas, que despojaría de todo atisbo de fe al más pintado; pero el del cura del Pozuelo fue al menos claro, breve, preciso y económico. No era un asiánico Hortensio, sino un lacónico Marco Antonio; se le notaban al hombre los cánones.

En la puerta asistí a una nueva variante de la masacre vietnamita en los arrozales; ahora parece que las chicas tienen que tirar pétalos de flores y los hombres el grano, mientras que suena una traca ensordecedora. No se me escapó ver que los pájaros de la plaza esperaban de lejos la disolución del barullo para comerse los restos en la puerta de la iglesia, por si no les bastaran las migajas de las terrazas de los bares y los restos de chuches. Sabedor de ello, un listísimo gato del color del mármol veteado, fugitivo como un dios menor, acechaba bajo un coche aparcado a la vera de un bordillo.

Luego nos llevó el atufante cacharro al mesón, o sala de fiestorras, más bien; nos pasamos una hora de cóctel sobre un césped de hierba recién segado que estimulaba con su penetrante aroma. En un pispás desapareció el jamón ibérico que cortaba un camarero sobre una mesa, así como el resto de las viandas y bebidas entrantes. Sentado como un patriarca, con su bastón y todo, mi canoso y último tío Juan lo miraba todo con distancia y embeleso, ajeno al susto que nos daría después entre el segundo plato y el postre. Ahí hicieron de las suyas mis cuatro guapísimos sobrinitos, que parecen alemanes, tan rubios y con los ojos azules: María, de ocho años, muy sensible; Marcos, de seis, y Jaime y David, de cuatro y tres. Salvo David, todos tenían el pelo ensortijado; David es un bicho, travieso como no hay nadie; en compañía de su compadre de pillerías Jaime se pasó todo el rato rodando por el césped, peleándose y metiéndose debajo de las mesas. Me encantaba ver a esta troupe jugando sin parar, y podría haberme pasado así horas. Por fin regresaron de hacerse las fotos los novios de Almagro, más fuegos artificiales, esta vez cohetes, y entramos en la sala. No sé por qué, pusieron el pescado, un bacalao primorosamente cocido con techumbre de queso fondue, antes de la carne, una ternera con la que casi nadie podía ya y yo tampoco; además, antes de todo esto, el habitual marisco variado, vino rosado joven con gas y un blanco de una sola oreja. Entonces mi tío se desploma atacado por una bajada repentina de azúcar y mi mujer llama a la unidad móvil; se repone enseguida, pero mis primos se marchan con él y nos quedamos solos en la mesa. Como es natural, ofrecimos toda nuestra ayuda, aunque el caso es que ellos se organizaron muy bien, y gracias a la celeridad de mi mujer enseguida vino la ambulancia. Ya no quisimos comer más y, acabada la boda, un lumumba y dos bailey's después, regresamos en autobús.

viernes, 24 de septiembre de 2010

La peligrosa estupidez llamada Cienciología

Me he tomado un tiempo para analizar la dichosa Cienciología, sólo porque un compositor que me gusta, Mark Isham, autor de The host of seraphim, El refugio del serafín, es de esa caterva. Se trata de una superstición que te puece dejar sin blanca, porque sigue más o menos el esquema de financiación del Opus, una religión para triunfadores que tienen que pagar religiosamente sus carísimos cursos; es una especie de amalgama de Neoplatonismo y Neopitagorismo. ¡Quién se podía imaginar que todavía en estos tiempos habría manifestaciones de estas escuelas helenísticas! Pues sí, la hay: la Cienciología es una. Del Neoplatonismo tiene la creencia en un mundo superior y más perfecto y en jerarquías de pureza; del Neopitagorismo, la creencia en la reencarnación, en una mística científica y en el número, entendiendo como tal el dinero y eso de que tanto tienes, tanto vales. Creen en una especie de demonio llamado Xenu o Xemu y en una especie de evangelio de chaladuras con el que cualquier lector de ciencia-ficción se limpiaría cómodamente el pompis. Sus creyentes creen ser amalgamas de almas, de las cuales sólo una está en posesión de la verdad; su curación consiste en ir arrancándose todas esas caretas falsas.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Huelga

Voy a hacer huelga. No sólo por llevar la contraria, ni porque crea que sirve de mucho tal y como está este sistema, que desnaturaliza incluso los mecanismos de presunta protesta, sino porque creo que los sindicatos, con todos los defectos que padecen, son lo único que hay para contrapesar el despotismo arrasador del mercado. Ya sé que es tirar el dinero, pero el dinero me importa menos que los principios. Más que la riqueza, habría que repartir la pobreza, porque la riqueza no es humana ni moral, no tiene ojos ni oídos ni manos que dar, aunque sí mucha lengua; quien es pobre, necesita trabajar, y sólo el trabajo hace digno al ser humano. Hacer huelga para que otros puedan trabajar es mejor que lo contrario y un poco de hambre no me estaría mal, si tengo que ganar en salud. La pobreza posee menos cuerpo que espíritu, y la riqueza al revés. Por eso la pobreza es más ética. No sé cómo pueden decir que los sindicatos traicionan a sus afiliados, si no hay nada más traicionero que la política, vendida como está al capitalismo cerril de los bancos... A la vista están los ejemplos. Para muestra un botón: eso de subirse los políticos el sueldo el treinta por ciento antes de bajárselo el quince, o el hecho de que para tener ese sueldo vitalicio, o pensión, si prefieren, al cien por cien, tengan que trabajar sólo ocho años, mientras que cualquier no político, yo incluido, tenemos que cotizar treinta y cinco. Y el hermosísimo gobierno rompe toda negociación, tratado o pacto de pensiones que firma cuando le conviene a los bancos, a quienes siempre hace más caso que a sus votantes. Ya está preparando movilidad geográfica para funcionarios, así como empresas de colocación para ellos. Que nadie se extrañe de que los sillones, tan bien retribuidos, de los consejos de administración de los bancos estén siempre reservados a políticos en paro. ¡Que tenemos memoria, cojones! Se ve que necesitan su buena dosis de pobreza, empezando por los banqueros. Además, están nuestros hijos: sólo por ellos habría que tomar esa decisión, antes de que empiecen a desmantelar el estado del bienestar y el empleo juvenil alargando las jubilaciones y saqueando las pensiones y los sueldos de los funcionarios; que tengan cojones para tomarlas con los paraísos fiscales y veremos. Todavía me estoy riendo de aquello de "refundar el capitalismo" y "expropiar los paraísos fiscales" ¡La monda! ¡La repanocha! ¿Se lo podía creer quien lo decía? Me tiene sobre ascuas el hecho de que incluso se les llegara a ocurrir... Es inquietante, en el sentido de que anuncia que el otro mundo posible está más cerca de lo que creíamos. Por cierto que esta mañana he visto una foto de Zapaparo, el de los cuatro millones y subiendo, con los tiburones cagadivisas de Wall Street y me he quedado espantado. Bambi miraba a las cámaras, como siempre, ya que su ocupación principal, creativo publicitario, le exige estar como un actor posando; quizá le diese miedo contemplar el panorama, ya que, ante él le miraban fijamente los escualos, clónicos, vestidos del mismo traje, mirando el silencio del corderito lechal que no sabe inglés, con una dureza y elementalidad que daban escalofríos. Parecían decir: "Tú, bolo alimenticio; nosotros, estómago". Eran como el piquete de ejecución del cuadro de Goya. ¡Qué horror más horroroso! Ni siquiera un bolo como Z. merece ser procesado así. Cualquiera que no haga huelga, y es la hora de decirlo con todas las letras, estará perjudicando a sus hijos y borrando la lápida de todos los trabajadores que perdieron la vida luchando por conquistar los derechos de que ahora nos pretenden despojar poco a poco. Suena crudo, pero tal es la verdad; porque de esto se aprovechan siempre los mismos: hacen falta burros para tirar del carro.

Nada en la nada

Empiezo a escribir esto sin intención. No sé quién ha dictado la orden ni quién la obedece. Sólo sé que me tiro a una piscina de aguas blancas y nado por ella dejando una estela de prosa. Hay que ver cuánto da de sí el vacío, qué grande es. Pero no está tan vacío: en esta camisa de once leguas, donde se amontonan las olas jugando a la comba, resuenan otras voces en los comentarios, se avistan figuras de otros nadadores en lontazanza; los he visto, encaramado sobre una cresta de agua; uno no está tan solo, menos mal: esto es un coro. Si hubiera un director, lo sería ese sol que se camufla de luna casi todos los días. Estar solo debe ser horroroso; yo, que disfruto de la compañía de una familia, de unos alumnos y de un ordenador lleno de hilos y aun así me siento solo, debo ser realmente afortunado; no me quiero ni imaginar cómo sería no tener ni siquiera eso; o sí, me lo imagino... y no soy capaz de soportarlo. También es que uno se cansa de nadar, se da cuenta de que tal vez no existan orillas, o sean demasiado remotas como para arribar a ellas; la piscina es en realidad un océano, y si quieres delimitarla, tiene las dimensiones de tu esfuerzo y de tu prudencia; fuera de esa fosa sólo hay desesperación; nadar demasiado te da el destino del mitológico Titanic; todo buen nadador, si es ambicioso, termina en chapoteo, acalambrado, tragando la blancura de ese desierto de sal, de nada, reducido a un punto final. En el fondo la sal es el polvo de todos los náufragos disueltos, el sabor del fracaso y de la impotencia.

martes, 21 de septiembre de 2010

El peso del cielo

Me sobrellevo; cada día tengo que apencar con ese sosias remolón que tiene mis mismas costumbres y ningún entusiasmo; lo tengo que sacar de la cama, lavarlo, peinarlo, darle de desayunar, hacerle tomar las seis pastillas y arrearle una patada en el culo para que vaya a trabajar.

Cada vez son más escasas mis ganas de escribir y mis ganas de vivir; de estas debería tener más, porque se supone que escribir y vivir son extremos opuestos, pero la verdad es que tampoco tengo ganas de salir o de perder el tiempo, que es lo que se suele decir que es lo más grato de vivir; me queda poco tiempo y, como los viejos, no quiero malgastarlo. En casa parece que no lo consumo, es como si no se fuera; me instalo cómodo en mi costumbre, como el personaje inmóvil del interior de una foto; antes no, me gustaba salir. Este verano, que ha salido francamente esplendoroso, me quedé entre cuatro paredes; sí, cierto que estuve en Barcelona y me encantaba, pero para mí todo eso era una sucesión de postales; habría puesto una silla en medio de la calle para ver pasar a la gente o para oírla. El turismo tiene siempre algo de falso de lo que nunca te acabas de librar, porque uno no está nunca presente cuando está de viaje, ni siquiera en su propia casa, cuando tiene la mente en otra parte. Si alguien me quiere buscar, será mejor que me busque donde no estoy, porque si no ya me habré ido; tardo en asomar los cuernos desde dentro de mi profunda concha de caracol, no cojo ni la onda, ni las presuposiciones ni el contexto ni la situación ni la sintonía y, cuando ya estoy preparado, resulta que todo ya se ha terminado y todo el mundo recoge velas; necesito tiempo para conocer a la gente. Si me voy deteniendo poco a poco, como paulatinamente se van moviendo cada vez menos los viejos, si   me demoro y retardo lo suficiente, puede que me quede traspapelado entre dos segundos, congelado en apenas un momento, un fotograma.Yo, en mi casa, viendo pasar el tiempo, en realidad estoy, como dice mi suegra, gravemente muerto. Y los muertos están solos.

Esto de dar clase es algo al mismo tiempo mecánico y extraño. Un alumno me decía desanimado: "Me siento raro siendo educado". Decía lo que sentía, no lo que pensaba, lo que demuestra lo buena persona que es; no era maligno, como algunos que hay también. Los del Programa de Garantía social, o PCPI, como los llaman ahora (que parece un partido comunista raro e italiano), parecen rebotados de las cuatro esquinas de la inmensidad; siento por ellos un afecto especial, del que me cuesta trabajo librarme para ser un poco objetivo. Como son sencillos, ni siquiera hay que rascarles, enseguida les asoma la sensibilidad, el espíritu, la franqueza; se les ve a carta cabal la integridad, la verdad. Todo en ellos remite a un centro. Hasta cuando mienten lo hacen con buena intención. En otras clases, sin embargo, esto se parece a una cotidiana crucifixión; el profesor se siente desfallecer solucionando problemas como si redimiera los pecados del mundo y termina abrumado, transformado en un ecce homo, sin poder desconectar, creyéndose demasiado poca cosa para apurar el amargo cáliz. Dice la Biblia que "estemos en la tribulación gozosos", pero, qué va, a la artritis y a la hipertensión y al estrés y a la depresión no se le puede hablar en esos términos y, si uno no es masoquista, tiene que decir de vez en cuando ay y quejarse un poco, que después de todo es el deporte nacional; todavía no me explico como las pilas me duran tanto: no soy el conejito de Duracell.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Noticia sobre Leti"z"ia

De Periodista Digital:

Isidre Cunill publica “Letizia Ortiz, una republicana en la corte de Juan Carlos I"

“Según un informe del CNI, Letizia Ortiz fue detenida por posesión de hachís y se practicó un aborto en México” Sostiene que hay un pulso en Zarzuela por “la idea de la sucesión”

Miguel Pato, 16 de septiembre de 2010 a las 23:15

El libro Letizia Ortiz. Una republicana en la corte de Juan Carlos I (Editorial Chronica) escrito por el periodista catalán Isidre Cunill ha laminado la figura de la Princesa de Asturias, ha abierto la polémica sobre su pasado y el papel que desempeña en la Casa Real española. Una mujer que según el presente libro, se define a sí misma como "agnóstica, republicana, de izquierdas y favorable al aborto".

Su autor ha asegurado a Periodista Digital que no es un libro polémico ni escandaloso. Es el retrato, afirma, de una mujer de hoy que con su pasado y su presente ha introducido savia nueva a una institución que se ha quedado desfasada en el tiempo.

¿Se arrepiente, como dijo en El Mundo, del libro que ha escrito sobre Letizia Ortiz?

En absoluto. Mis palabras no fueron exactamente estas. Estoy completamente convencido de lo que he escrito porque todo está contrastado y se han citado las fuentes oportunas. Lo que dije, y en ese periódico se ha cambiado de contexto, es que me entristece haber escrito un libro que no ha sido entendido por un numeroso grupo de periodistas que no saben leer ni escribir entre líneas.

Hay muchos medios que están al servicio del poder y tratan de silenciar o tergiversar el contenido del libro y de mis palabras. Cuenta verdades, dolorosas, pero verdades.

¿Cuál es su objetivo al revelar informaciones que cuenta en su libro?

Si este libro ha ayudado a que la Princesa aterrice en el suelo habremos dado un gran paso. Letizia Ortiz es una gran periodista y su gran error ha sido querer ocultar el pasado. Letizia en su papel de plebeya va a renovar la sangre de una familia que ha quedado obsoleta.

La valentía de este ensayo ha sido recoger todas las informaciones sobre ella y ponerlas al descubierto para que la gente, que sólo recibe información de los intoxicadores de turno, puedan hacerse una opinión del personaje que, si un divorcio no lo remedia, puede convertirse en reina de España.

Algunos medios han destacado su animadversión por Letizia Ortiz y le han acusado de atacar al miembro más débil de la Casa Real.

No es un libro contra Letizia Ortiz porque precisamente Letizia Ortiz no es el miembro más débil. Yo creo que en Zarzuela hay un pulso. Y ese pulso afecta gravemente a la idea de la sucesión.

En el libro hay afirmaciones muy graves como por ejemplo que Letizia Ortiz tuvo un aborto en México, que fue detenida por posesión de hachís o que rompió un matrimonio en aquel país centroamericano. ¿Usted las sostiene o las pone en cuarentena?

Hay que leer el libro detenidamente y comprobar quién y cuándo dice todo eso. Todo lo que se afirma se ha documentado. Pero ha sido la propia Letizia la que ha afirmado que es agnóstica, republicana, sindicalista, de izquierdas y favorable al aborto.

En el libro hay afirmaciones muy graves como por ejemplo que Letizia Ortiz tuvo un aborto en México, que fue detenida por posesión de hachís o que rompió un matrimonio en aquel país centroamericano. ¿Usted las sostiene o las pone en cuarentena?

Hay que leer el libro con detenimiento y comprobar quién y cuándo dice todo esto. Todo lo que se afirma se ha documentado. Y la propia Letizia es quien ha afirmado que es agnóstica, republicana, sindicalista, de izquierdas y favorable al aborto. Y a una futura Reina se le debe presumir independencia ideológica.

¿Cree realmente que en La Zarzuela este libro ha sentado muy mal o hay miembros de la Casa Real que lo han visto con complacencia?

En algunos momentos se me ha hecho llegar que este libro ha servido para dar un toque de atención. Y la realidad es que al día siguiente de la aparición de la noticia se intentaron acallar muchos rumores sobre las desavenencias entre miembros de la familia. Yo planteo en el libro que el Rey está muy enfermo y dependiente clínicamente.

Teniendo un hijo heredero, teóricamente preparado para reinar no ha tomado la decisión de abdicar. Según algunas fuentes, debido a la crisis económica, política, social, la duda de si el pueblo va a apoyar o no a su hijo e, indudablemente también, la figura de su nuera. En este momento la obligación del Rey es defender la Monarquía.

Ahora que estamos solos, ¿qué se ha preferido callar que no aparezca en el libro?

Lo que no he podido demostrar. Durante la preparación del libro me llegaron muchas informaciones, algunas documentales, que no se pudieron contrastar pero que hubiesen significado un escándalo mayor. Por ejemplo, relacionadas con su viaje a Irak.

Tanto la editorial como yo teníamos muy claro que no pretendíamos hacer un libro injurioso sino un libro testimonial basado en la verdad.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Los manchegos en la Biblioteca jesuítico-española (1759-1799) de Lorenzo Hervás y Panduro

Entre las muchas biobibliografías que he tenido que espulgar este verano para hacerme mi lista de nombres que reseñar para la Historia de la literatura manchega, he tenido que leerme la monumental edición de Antonio Astorgano Abajo, publicada en Madrid en 2007. Es un trabajo impecable y de anotación caudalosa aunque apropiada; como es natural, abundan las noticias de jesuitas conquenses, que Hervás, natural de esas tierras, conocía mejor. Se deja ver que Aguilar Piñal omitió mucho e importante y no usó la obra, así que la lectura ha sido provechosa, porque rescata personajes manchegos ignorados hasta ahora, desde autores de importancia minúscula, como Juan Ignacio [Alejo] Barranquero, nacido en Garcinarro, Cuenca, y teólogos y autores de sermones que importan poco a mi objeto hasta autores ya conocidos pero mal estudiados que reverdecen laureles, como Andrés Marcos Burriel, o personajes fascinantes como el historiador Juan Mateo Garzón, el científico Ignacio Muñoz y Robles, el naturalista José Sánchez Labrador y alguien que me interesa en especial, Antonio de Prieto, un astrónomo conquense que residió en San Clemente y es muy posible conociera a nuestro León de Arroyal y ayudara en los trabajos astronómicos de su coterráneo Hervás; acaso su trabajo sobre las auroras boreales tuvo algo que ver también con la denotada obsesión por ellas que se percibe en los trabajos del ciudarrealeño de Cardenete (Cuenca) Manuel Núñez, ya estudiado por mí; esos trabajos fueron publicados en el Memorial Literario y van más allá de la física del padre Jacquier.

sábado, 11 de septiembre de 2010

El futuro

Ya está claro que está oscuro: el futuro de nuestros hijos (en el caso de que haya alguno que los tenga, porque no está de moda eso de querer y cuidar a la gente menuda) será peor que el nuestro a su edad. Definitivamente, hemos sido una generación afortunada menos en eso; en Andalucía se ha aprobado ya un decreto que deja a las empresas privadas la gestión de las plantillas y el empleo de los funcionarios públicos... Lo que en la película Up in the air, aplicado a los hasta ahora invulnerables funcionarios; así, como suena, y similar medida ha sido ya aprobada para toda España. Y lo peor es que nadie va a protestar. De hecho, en Andalucía nadie ha protestado; incluso allí se ha privatizado ya la cultura y, por ejemplo, los museos son gestionados ahora por empresas privadas, elegidas por clientelismo, corrupción o amiguismo por ese tipo de dictadorzuelos con patente de voto cerril e ignorante que son los politicastros. Ya lo decía Romanones, el de los cojones: dejaos de leyes y dejadme los reglamentos. Se parirán huérfanos y nos reiremos a gusto de los que creen que la democracia es interactiva.

Ya está claro: el planeta se calienta y se parece cada vez más al infierno, si no lo es ya. No nos hacen falta demonios, tenemos políticos, curas, periodistas y economistas que hacen más o menos la misma función. Y lo peor, nos tenemos a nosotros mismos, cada día más egoístas, codiciosos e ignorantes. Arde lo poco que queda de los bosques, se inflan los hidratos de metano bajo el mar, se preparan para caer los asteroides de amargo ajenjo sobre el ya contaminado mar, el ruido insoportable de la calle semeja a la séptima balada triste de vuvuzela y arden los Coranes y las Biblias. Nadal, esa bestia parda y bíblica, saca un triple 666 a Youzny, que se conforma con un 234, y el falso profeta El País anda soltando jeremiadas. Tenemos más de la mitad de los parados de toda Europa y más extranjeros que ningún otro país de la misma, por si no nos bastara con catalanes, vascos y otras quince denominaciones de origen de pepino huertano; los políticos más perros y vendidos, ciento cuarenta mil alumnos más y seis mil cuatrocientos profesores menos, el síndrome del eterno retorno en la creatividad -sólo hay que sufrir la tele, el cine y la re-creación artística para potar sin ayuda-, y lo que es peor, anestesia periodística y ninguneamiento a mansalva para celebrarlo. Harto de tanto calor, un pobre hombre se ha quemado a lo bonzo como un Corán (o como una liturgia romana) ante los juzgados de Sevilla y nadie se ha preguntado por qué. Como es natural, ni siquiera avisó de sus intenciones a la prensa. Sin piel, y reducido a carne viva, lucha sin ganas por su vida en un hospital de gente dormida y que mira a otra parte.

Trabajos manchegos I

Me hallo ordenando las notas que llevo hechas y redactando algunos capítulos de mi historia de la literatura manchega. Creo que en este blog iré dejando mis impresiones personales sobre los personajes más curiosos que me vaya encontrando. He empezado con el pobre visigodo Eugenio de Toledo, un poeta frailuisiano anterior a la invasión árabe. Se consolaba con el canto de Progne a su muda y nocturna Filomena de las inquietudes áulicas y eclesiales, él, que sentía una vocación monacal profunda y que se fue huyendo a Zaragoza de quienes querían empapelarle en protocolos notariales; él, al que un ayuno extremo llegó a conducir al borde de la muerte por anorexia, como era bastante frecuente entre los ascetas cristianos -Francisco o Juan Bautista de la Concepción, sin ir más lejos-; era el poeta más grande de su época, sin duda alguna, un hombre erudito, de fino oído, versado en toda la lírica latina y cristiana anterior y afortunado lector de uno de últimos ejemplares de la enciclopedia de Varrón, conservados en el desaparecido monasterio toledano de Agali, que creo identificar en el actual Cigarral del Ángel; pero sólo ha llegado hasta nosotros un centenar de poemas, en las ediciones clásicas de Lorenzana, reproducida en la Patrología de Migne, y en la crítica, magnífica, de Vollmer.

Vae mihi, vae misero, qui semper fessus anhelo,
et, fractus, animo languida membra traho!

Ay de mí, ay desgraciado, que siempre resoplo cansado
y roto arrastro con mi alma los extenuados miembros.

Para contrastar y despejarme de visigodos la cabeza, investigo por la tarde la enigmática figura del fecundo escritor de novelones por entregas Julián Castellanos, que ha resultado ser toledano, autor interesante de algunas obras más que dignas y miembro del partido demócrata, ese partido del pueblo que ignoró el que llamaron y algunos llaman gran político Cánovas para llevar a España por el camino de la corrupción y las componendas hasta hoy. Parece mentira que nadie se haya ocupado de él hasta hoy; seguramente nadie se ocupará de él mañana, pero en algunas de sus páginas de novelones decimonónicos populares se derrama más vida que en doscientas horas de televisión idiota, paleta, barata y mercachifle.

Mis desvelos ahora irán en el sentido de cómo conseguir tiempo para equilibrar dentro de mi cabeza estos intereses con doscientos alumnos ansiosos (es una licencia poética) de aprender.

Uno se vuelve estólido

Cuanto más envejece uno (o lo envejecen, porque esto de envejecer es tan interior, subjetivo y sustantivo como exterior, objetivo y adjetivo), más estúpido, indiferente e inactivo se vuelve. Es un proceso de petrificación, de empedernimiento; uno se cosifica o reifica poco a poco hasta que llega a ser la cosa misma con apariencia humana llamada cadáver. En este proceso caracolar de encogimiento y contracción abandona su energía cinética, su calor, y se vuelve frío como un muerto. Algunos, incluso, ya lo están antes de morirse: he visto algunos, tiesos como ídolos sobre un sofá, dejando huella fósil sobre un cojín, como la dejan sobre la tierra los pedruscos del campo que, si se levantan, descubren siempre un escarabajo o sabandija que la usaba como techo improvisado de su hueca manida, a salvo de inundación. Nos volvemos tan moluscos bivalvos como las almejas, pegados en un mogote del que no nos pueden arrancar ni a tiros. Dicen los poetas que no, que lo que hacemos es echar raíces al aire y ramas a la tierra, que lo que hacemos es crecer y ramificarnos; pero el cruel otoño y el impío invierno de las neuronas nos deja las ramas peladas de murmullo, desiertos los nidos, segadas las yemas, podadas las copas, encerrados en los anillos de madera de nuestra dendrocronología. Nos reduce a una raspa, un esquema, una percha de la que cuelga un alguien, el sueño de una sombra que decía Píndaro.

jueves, 9 de septiembre de 2010

El hambre de 1781 en La Mancha

En el Correo de Murcia (núm. 167, 12 de noviembre de 1793, p. 166), en un obituario en verso con motivo del fallecimiento del obispo Manuel Rubín de Celis, se lee lo siguiente respecto al año 1781, cuando hubo un hambre general en Castilla y en el Reino de Murcia y el obispo mandó traer trigo desde Nápoles:
¡Ah, con cuánto pesar y sentimiento
las gentes infelices de La Mancha
que buscaron su asilo en aquel caso
en míseras colonias trasladadas
recibirán noticia tan adversa,
atendrán la relación ingrata
de suceso tan lúgubre y funesto,
de suerte tan sensible y desgraciada!
Y añade la siguiente nota: "Sabida cosa es que casi igualaron el número de los ciudadanos las numerosas cuadrillas de manchegos que acudieron a Murcia buscando el socorro del obispo piadoso, y todos hallaron consuelo"
Es un testimonio histórico importante sobre la demografía en la región.

lunes, 6 de septiembre de 2010

El universo, y otras tonterías

Hawking está levantando no poca polvareda con sus declaraciones sobre la separación de Dios y el Universo. Hay quien dice que es una separación amistosa, pero, a lo que se ve, más parece divorcio que separación eclesiástica, porque Dawkins y los evolucionistas han entrado a matar con el tema. Hawking cree (es un decir) que hablar de creación es paradójico; no existe un universo que se cree a sí mismo, porque el universo es todo lo que hay; ni siquiera asume la postura de Einstein, quien era un fan del ateo Spinoza: Deus sive Natura. Los cristianos, que quieren antropomorfizarlo todo, todavía ven en el señor de luenga barba blanca alquien con principios morales. Los islámicos, mucho menos, porque creen en un señor sin apariencia humanoide, muy abstracto y que no tiene Sagrada Familia, aunque consuele a sus seguidores con huríes en pelotas (no dice nada de cómo consolará a las casadas piadosas). Y si llegamos a los budistas, que no creen en nada, no ya en Dios, sino ni siquiera en el hombre, porque todo es un conglomerado de prejuicios mentales y de partículas materiales sin entidad aislada, ya es el colmo. Mario, que es un mecánico-fontanero cuántico, nos habla sobre multiuniversos superpuestos como burbujas de espuma unidas por una única fuerza, la gravedad, que actúa como envoltorio para once dimensiones, cuatro macroscópicas y siete nanoscópicas. ¿Por qué hay algo en vez de no haber nada? ¿Por qué no? Apostemos, como Pascal.

Desiderata

O lo que uno desearía leer. Por ejemplo, del hispanista Augustin Redondo, Otra manera de leer el Quijote, (1998) que ya lleva tres ediciones. Es un libro amenísimo, pues el autor desentraña las tradiciones folklóricas que evoca el Don Quijote exhibiendo una portentosa erudición, por ejemplo la Estantigua, un mito castellano análogo al de otras regiones cuyo origen, sin embargo, todavía no está claro. Lo malo es que es un libro caro, de sesenta euros. Más barato, pero que también tengo bárbaras ganas de leer, es el de Alfredo Alvar Ezquerra, Un maestro en tiempos de Felipe II. Juan López de Hoyos y la enseñanza humanista en el siglo XVI, Madrid, La esfera de los libros, 2014.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Arregui y Munilla. Aquí hay tomate.

Como ha sido censurada y ya no es posible leerla por Internet, copio aquí un documento eclesiástico escrito por un franciscano vasco que ha sido muy comentado; está tan bien informado y resulta casi tan escandaloso como los artículos del blog de Celso Alcaina, y ya es decir.

Carta de despedida de Arregui a monseñor Munilla 4 Diciembre 2009

Estimado José Ignacio Munilla, estimado Monseñor:

No sé si hago bien llamándole así, “Monseñor”, pues Jesús nos prohibió de manera expresa y tajante llamar a nadie “señor” en esta tierra, o “padre, o “maestro”. Si me permite, preferiría llamarle simplemente “hermano”, pues así nos enseñó el mismo Jesús: “Todos vosotros sois hermanas, sois hermanos, y nadie debe estar por encima de nadie”. Son palabras de Jesús. En nombre de Jesús, permítame dirigirme a Ud. como hermano, con respeto evangélico, con libertad evangélica, con responsabilidad evangélica.
Su nombramiento como obispo –otra palabra que no es de Jesús– de esta mi diócesis de San Sebastián ha sido percibida por muchos como un abuso y una provocación. Yo también lo veo así, y quiero explicarle por qué. No pienso que sea ante todo por razones de índole personal. No, no es eso. Ud. es con toda honra hijo de su padre y de su madre, Ud. es con todo derecho hijo de la patria que le enseñaron a amar, y tiene con todo derecho las ideas teológicas que le enseñaron o que quiso aprender. Yo no le reprocho nada de ello: ¿cómo podría yo reprocharle, hermano Munilla, tener sus raíces y ser quien es? Reconozco, además, que posee una mente poderosa, y estoy seguro de que, a pesar de su rostro severo, está lleno de ternura.
Sin embargo, permítame que le diga con la misma sinceridad: su nombramiento me parece un abuso hiriente y una burda provocación. Todo nos hace pensar que su designación responde a una oscura estrategia largamente diseñada y fríamente aplicada. Todo hace pensar que de Roma vino lo que a Roma fue –sucede siempre, y esta vez quizá más–, que su nombramiento se sitúa dentro de la política vaticana de restauración de la Iglesia preconciliar, que su destino en San Sebastián ya estaba previsto cuando le nombraron obispo de Palencia hace tres años, que su candidatura ha sido impuesta sobre otras por las poderosas influencias de Mons. Rouco Varela en los dicasterios curiales y en los palacios del Vaticano, que su nombramiento es la culminación del expreso (y viejo) propósito de someter a las diócesis vascas al proyecto teológico, eclesial y político dominante del episcopado español. Sí, también ” político”: no es casualidad que todos los nombramientos episcopales de los últimos años en el Estado español se alineen con la derecha más agresiva, y no es casualidad que Ud. sea tan ferviente nacionalista español y tan visceral antinacionalista vasco. Su nombramiento me parece un abuso y una provocación.
Ud. ha sido impuesto como obispo contra el sentir ampliamente mayoritario de los cristianos de esta diócesis. La dignidad humana y eclesial ha sido doblemente lesionada. Nunca en estas diócesis, desde el Concilio Vaticano II (1962-1965), los cauces de consulta diocesana han sido tan ofensivamente excluidos y contradichos. Y todo ello con nocturnidad y alevosía, con secretismo y ocultación. ¿Dónde está aquella Iglesia de Jesús que debiera ser modelo de transparencia? “Que vuestro lenguaje sea sí cuando es sí y no cuando es no”, nos dijo también Jesús, pero vemos con dolor que la institución católica es en muchos aspectos modelo de clandestinidad y ocultismo.
Yo sé bien que Ud. no es responsable, y no es a Ud. a quien denuncio. Yo denuncio el perverso sistema eclesial que hace casi inevitable que lleguemos, una vez más, a esta situación escandalosa. Una de las raíces fundamentales del mal es el sistema vigente de elección de los obispos. Ud. sabe bien que Jesús no designó obispo alguno, que no eligió a los “12 apóstoles” para ser dirigentes de las comunidades y que de hecho no lo fueron, que la teoría según la cual los obispos son “sucesores de los apóstoles” no es de Jesús, ni de Pedro, ni de Pablo, sino de Ireneo de Lyón a finales del siglo II, y que cuando él habla de sucesión apostólica no habla solamente del obispo de Roma y que para él todos los obispos tienen la misma autoridad. Y Ud. sabe bien que los dirigentes de las comunidades eran elegidos por las propias comunidades. Ud. conoce el escueto principio formulado por San Cipriano a mediados del s. III: “Ningún obispo ha de ser impuesto”. Ud. sabe que Roma no se arrogó el derecho de nombrar obispos hasta el s. XIV, y que lo hizo justamente para atajar la injerencia creciente de las nacientes monarquías europeas. Hoy carece de todo sentido. La institución eclesiástica católica es hoy la única monarquía absoluta de Europa. ¿Cómo será así hogar de humanidad, profecía de liberación, sacramento de Jesús? ¿Qué sentido tiene que el obispo de Roma tenga el poder de nombrar a los más de 5.000 obispos de los cinco continentes y que de esta manera maneje a toda la Iglesia de acuerdo a su teología particular, con su numerosa corte de nuncios y de presidentes politizados de Conferencias episcopales, en medio de intrigas curiales? ¿Llamamos a eso Iglesia de Jesús, animada por el Espíritu de Dios que libera y consuela?
Sí, ésa es mi Iglesia, pero mi Iglesia es mucho más que esa estructura que no sólo no libera, sino que oprime. Mi Iglesia es una gran comunidad de comunidades diferentes entre sí, diferentes también dentro de sí. Mi Iglesia es una multitud de hombres y mujeres de carne y hueso, hermanas y hermanos de todos los hombres y mujeres con su debilidad y su bondad. Mi Iglesia está llena de evangelio en medio de todas sus contradicciones. En esta Iglesia quiero yo ser yo también hermano, y quiero reconocer mis contradicciones y quiero dejarme conducir por el evangelio hacia el evangelio. Mi Iglesia no se considera la única Iglesia verdadera. Mi Iglesia no separa creyentes y no creyentes. Mi Iglesia no excomulga. En esta Iglesia quiero ser amigo de Jesús y de todos los que sufren y buscan. En esta Iglesia quiero ser hermano, quiero ser libre.
Hermano Munilla, permítanos ser libres en esta Iglesia, tan libres como lo fue, por ejemplo, Pablo con Pedro, o Juan con Pedro y Pablo, o Cipriano de Cartago con el obispo de Roma Esteban; tan libres como, por ejemplo, fray Antonio de Padua cuando predicaba con la bendición de San Francisco (¿ha leído Ud. sus sermones? Todas mis críticas a los obispos, en comparación con las suyas, son de merengue). Permítanos ser tan libres al menos como lo fue Ud. mismo en sus años de presbítero de esta diócesis, y nadie le excomulgó. No llegue a esta diócesis, su diócesis, con esas palabras de excomunión que le hemos oído hace bien poco. No llegue con argumentos de autoridad. Venga con el argumento de la razón, la palabra y el diálogo, pues no hay otro lugar para la verdad. Venga como hermano, y sea bienvenido. ¡Paz y bien!
José Arregi

Hawking y Dios

Antonio Ruiz de Elvira, "Dios, la ciencia y Lomborg", El Mundo, 03 SEP 2010 11:10

Stephen Hawking afirma que la física hace redundante la idea de Dios

Pero no hace falta recurrir a la física para rechazar esa idea. La física estudia las leyes de la naturaleza, la naturaleza que existe, no la irrealidad virtual de 14 y más dimensiones que funciona como un juguete matemático para conseguir la publicación de miles de artículos ‘científicos’ que van directamente en contra del paradigma de la ciencia, que exige que cualquier teoría correcta debe de poder ser rechazable mediante experimentos a posteriori.

La teoría de la que habla Hawking, la teoría del ‘todo’, la teoría ‘M’, las teorías de las supercuerdas son, en principio y por su propia construcción, inverificables mediante experimentos a posteriori. Son juegos matemáticos para tratar de explicar resonancias encontradas en los experimentos a priori de muy altas energías, o en las observaciones, a priori, del universo. Pero no pueden validarse o rechazarse mediante experimentos controlados, posteriores a las predicciones de la teoría. Son matemáticas preciosas, pero no son física.

Ello no tiene nada que ver con el concepto de Dios. Este concepto es claro que surgió de la idea de un jefe de tribu cada vez más alejado de sus servidores, de manera que su responsabilidad hacia los mismos llegase a desaparecer y sus representantes auto-elegidos pudiesen basar en él sus ‘mandatos’ para mantener a aquellos en su situación servil. Las tres religiones de los 'libros' insisten esencialmente en esa servidumbre. Una de ellas se denomina Islam, cuya traducción es, directamente, sumisión. Otra insiste en que la tarea del ser humano sobre la Tierra es ‘acabar’ la obra de ese Dios.

Nada de esto tiene sentido. Un ser infinitamente bueno, e infinitamente poderoso, no necesita servidores, sumisión, ni apaños. Para acabar su obra se sobra y basta a si mismo. En unos capítulos de esos ‘libros’ se dice que ‘Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza’ y la realidad parece ser la contraria, que el ‘ser humano creo la idea de Dios haciéndolo a su imagen y semejanza’, es decir, cruel y vengativo, carente de escrúpulos (por lo que se cuenta en esos ‘libros’, por ejemplo, las matanzas en las tierras de Judah y de Israel, que incluyen mujeres y niños) y capaz de lanzar a sus criaturas a un imaginario ‘fuego eterno’: La imagen directa de la parte animal del ser humano.

El concepto de Dios no tiene sentido alguno a poco que se lo analice con cuidado. Un creador infinitamente bueno e infinitamente poderoso habría creado un universo en el cual la vida no fuera una lucha desesperada por la supervivencia, un cúmulo de traiciones y maldades, una sucesión de destrucciones sin final alguno.

Es ese concepto de Dios el que esta detrás de la destrucción acelerada de nuestro planeta que estamos llevando a cabo los seres humanos, los mismos que hemos escrito que un ser supremo nos ha dado este planeta para nuestro disfrute en exclusiva: Lean ustedes los primeros versículos de los ‘libros’.

Es curioso que uno de esos seres humanos, que tanto ha trabajado por deshacer la obra de miles de científicos preocupados, no por universos virtuales, sino por este universo y este planeta reales, este economista de nombre Lomborg, hoy, sin motivo aparente, haya tenido una conversión paulina de tipo Damasco. Pero bien está, que al menos uno de ellos al fin se de cuenta de la locura hacia donde le llevaba una teoría basada en hipótesis evidentemente absurdas, la teoría económica tradicional al uso.

Bienvenidas ambas conversiones finales, la de Hawking desde una física virtual, y la de Lomborg desde una economía igualmente irreal.

La realidad es cruel, pero es bella, mucho más bella que cualquier mundo imaginario.

Necesitamos, en el siglo XXI, aceptar, por fin, la realidad, sin crear esos nuevos dioses que son las supercuerdas o los multiuniversos de Hawking, sin construir una nueva religión, la economía tradicional, basada en principios tan absurdos como ‘la mano oculta del mercado’, la racionalidad de los agentes económicos o el equilibrio que jamás ha existido.

La realidad es dura, pero necesitamos aceptarla.

¿Lo hacemos?

Entrevista a Richard Dawkins

El Mundo: Entrevista con el biólogo Richard Dawkins

'Desde Darwin, no se sostiene que un ser superior haya creado el mundo'

Eduardo Suárez | Oxford
Actualizado sábado 07/02/2009 13:40 horas

Al filo del bicentenario de Darwin, qué mejor oráculo al que acudir que Richard Dawkins, divulgador del evolucionismo, ateo militante y polemista recurrente en distintos ágoras.

Dawkins es autor de 'El gen egoísta' y 'El espejismo de Dios'. Dos libros de éxito que reflejan su doble naturaleza de científico brillante y pensador anticlerical. De hecho, Dawkins ha sido uno de los principales impulsores en el Reino Unidos de la campaña de publicidad en los autobuses de Londres con un eslogan a favor del ateísmo ('Probablemente Dios no existe, así que deja de preocuparte y disfruta de la vida'), que recientemente se ha iniciado también en Madrid y Barcelona.

A priori, Dawkins se antoja una persona solícita y agradable. Las preguntas lo convierten sin embargo en un tipo hosco, desabrido y gruñón. Lo que sigue es el resumen de una conversación estimulante pero tensa y difícil.

Pregunta.- ¿Cómo le explicaría la importancia de la teoría de Darwin a alguien de otro planeta?

Respuesta.- Le diría que logró explicar por qué existimos como seres complicados y estadísticamente improbables. Antes de él, la gente pensaba que la complicación, la elegancia, la belleza de las cosas vivas tenían su origen en un ser superior. Eso fue lo que Darwin destruyó.

P.- O sea que según usted la muerte de Dios es una consecuencia lógica de la teoría de Darwin.

R.- Yo no iría tan lejos. Diría más bien que, después de Darwin, la hipótesis de un ser superior que ha diseñado el mundo deja de sostenerse. Si uno cree en Dios debe hacerlo por otros motivos, pero no porque lo necesite para explicar el mundo.

P.- ¿Se ha frenado la selección natural en el ser humano?

R.- Tal vez. En mi opinión, quizá es cierto, en el sentido que casi nunca morimos antes de estar en edad de reproducirnos, aunque desde luego hay todavía cierta selección natural en lo que respecta a las enfermedades.

P.- Hay quien dice también que ese freno a la evolución biológica ha dado paso a una evolución cultural.

R.- Quizá. Aunque la evolución cultural la mueven resortes similares a los de la evolución biológica. Nuestros cerebros y nuestros sistemas nerviosos están moldeados por siglos de selección natural.Uno puede encontrar los orígenes de cosas como el deseo sexual o la búsqueda de estatus en nuestro proceso evolutivo.

P.- Pero los seres humanos hacemos cosas en contra de nuestros instintos de reproducción y supervivencia. Pienso en el suicidio, los deportes de riesgo o el matrimonio gay.

R.- El suicidio o el matrimonio gay no son por supuesto lo mejor para la supervivencia de los genes de uno, pero creo que éstas no son excepciones muy importantes. La especie humana es una especie muy peculiar. No es bueno concentrarse en ella si uno quiere entender la teoría de Darwin.

P.- ¿Somos esclavos de nuestros genes?

R.- No.

P.- ¿Y pesan los genes más o menos que el ambiente en el que crecemos?

R.- Hoy la ciencia ya sabe qué parte de nuestras diferencias corresponde a nuestros genes y cuál pertenece a factores externos como la nutrición, la cultura o la educación. Y hay cosas que parecen ser más resistentes a la variación ambiental. Lo atestiguan las investigaciones sobre gemelos. Los rasgos de la cara suelen ser iguales se eduquen donde se eduquen, pero también la orientación sexual, la irritabilidad o el cociente intelectual.

P.- Si luchamos por sobrevivir y reproducirnos, ¿por qué el altruismo?

R.- Es una pregunta que durante años fascinó a los científicos. Las respuestas más aceptadas son el parentesco -tratamos bien a quienes tenemos cerca- y la reciprocidad -tratamos bien esperando algo a cambio-.

P.- ¿Y la religión? ¿Tiene también un origen evolutivo?

R.- En mi opinión, es el producto secundario de diversas predisposiciones psicológicas del ser humano. Cosas como la tendencia a respetar la autoridad, que podría tener ventajas evolutivas en una especie como la nuestra.

P.- Usted ha escrito: «Darwin hizo posible que yo fuera un ateo intelectualmente realizado». ¿A qué se refiere? R.- Antes de Darwin, cada vez que uno miraba el mundo veía alrededor una presencia masiva de pruebas de que alguien lo había diseñado.Y eso hacía muy complicado ser ateo. Fue Darwin quien hizo mucho más fácil serlo, al descubrir que era la selección natural lo que movía el mundo.

P.- Pero él no era ateo.

R.- El decía que era un agnóstico porque pensaba que le aceptarían mejor si se llamaba así. Pero Darwin era tan ateo como lo soy yo. Nadie puede demostrar que no existe Dios. Sólo que no hay una sola evidencia de ello. Pero la carga de la prueba debe recaer en aquéllos que creen en algo que tiene las mismas probabilidades de existir que un hada o un unicornio.

P.- Como sabrá, hay autobuses ateos circulando por las calles de Madrid y Barcelona

R.- Lo sé y estoy encantado. Creo que es muy bueno que los creyentes se den cuenta de que no todos los somos y que no tenemos por qué serlo.

P.- Hay quien dice que la campaña está creando más creyentes que ateos.

R.- Lo importante es que la gente piense por sí misma. Usted sugiere que cuanto más le den vueltas al asunto, más religiosos serán. Francamente, si eso sucede, me sorprendería.

P.- ¿Por qué es tan difícil para la especie humana deshacerse de la religión?

R.- Por ignorancia. Muchas personas son el producto de un adoctrinamiento infantil que les presenta como un hecho que Dios existe.

P.- La ignorancia puede ser un factor en algunos casos. Pero no todos los creyentes son ignorantes. Hay creyentes que son filósofos, matemáticos o biólogos.

R.- Por supuesto. Y no estoy hablando de ellos. En el caso de muchos científicos, habría que ver qué es aquello en lo que realmente creen y podría ser que sólo sean creyentes en el sentido panteísta de Einstein. Los científicos cristianos, supongo, lo son por un adoctrinamiento infantil que no son capaces de sacudirse.

P.- ¿Le merecen las grandes religiones el mismo respeto que los hechiceros de las tribus africanas?

R.- Exactamente el mismo. En ninguno de los dos casos hay pruebas de que aquello en lo que creen exista. Por eso merecen el mismo grado de respeto. Es decir, cero.

P.- A la luz de las cantatas de Bach o de las catedrales, ¿no cree que el cristianismo ha tenido algunos efectos positivos?

R.- No hay duda que la religión ha inspirado un arte extraordinario. Pero eso no convierte una religión en verdadera. Ahora bien, yo creo que cuando uno vive en una cultura cristiana, como nosotros, es importante que los niños aprendan sobre la cultura en la que viven. Uno no puede apreciar la Historia ni la literatura europea si no ha leído la Biblia o ha recibido nociones de arte sacro.

P.- O sea, que en su opinión esas cosas deben enseñarse en las escuelas.

R.- Por supuesto que sí. De lo que no estoy a favor de adoctrinar a los niños ni de etiquetarlos como niños católicos o musulmanes.

P.- Hay quien dice que el lema de sus autobuses es arrogante. Presupone que sólo los que no creen disfrutan de la vida.

R.- Ojalá haya católicos que disfrutan de la vida. Ojalá no sigan aterrorizando a los niños con cuentos sobre el fuego del infierno o mintiendo a sus feligreses sobre la eficacia de los métodos anticonceptivos.

P.- Hay gente que lo acusa a usted de referirse siempre a los elementos más radicales de la religión y de ignorar a los más liberales.

R.- Los profesores de teología, por supuesto, no defienden muchas de esas cosas. Pero en el día a día no tratamos con profesores de teología. Hay cientos de miles de personas que creen literalmente en el libro del Génesis o en el infierno.

P.- O sea, que según usted la mayoría de las personas religiosas son radicales, no liberales.

R.- Sí. Y eso es muy preocupante.

P.- Pero hay creyentes cuyo empeño ha hecho mejor el mundo. Desmond Tutu, Teresa de Calcuta...

R.- Desmond Tutu es una buena persona. Nadie que haya leído su vida puede decir lo mismo de Teresa de Calcuta. A mí me parece que era una mujer malvada. Ella creía que era muy buena, pero no le importaba nada el sufrimiento de las personas. Lo único que quería era convertirlas.

P.- ¿Y Gandhi? Era religioso también.

R.- Quizá. Pero es irrelevante. Hay buenas y malas personas, crean o no crean en Dios. No creo que sea una buena idea predicar mentiras aunque algunas de las personas que las crean sean buenas personas. Lo que cabe preguntarse es si la religión suele hacer mejores o peores personas.

P.- ¿En qué sentido?

R.- En mi opinión, hay una semilla en la religión que lleva al ser humano a hacer cosas terribles. Fíjese en los terroristas del 11-S. Al secuestrar aquellos aviones, todos creían que hacían la voluntad de Dios. En el ateísmo es imposible encontrar la semilla de una cosa así.

P.- Hitler y Stalin eran ateos.

R.- Stalin era ateo, pero ninguna de sus atrocidades son la consecuencia lógica de ese ateísmo sino de su marxismo. Una ideología que, por cierto, tiene mucho que ver con la religión. Hitler y Stalin establecieron en sus estados una especie de religión y de culto a su personalidad. Eso no es ateísmo.

P.- Aparte de la de los autobuses ateos, ¿tiene alguna otra campaña en mente?

R.- Me encantaría hacer una en contra del adoctrinamiento a los niños en los colegios religiosos y contra el hecho de que al hijo de unos padres católicos se le etiquete como a un niño católico. Etiquetar a un niño es malvado.

P.- O sea, que según usted los padres no tienen derecho a educar a los niños según sus creencias.

R.- No he dicho eso. Yo hablo de etiquetar a los niños. De decir que un niño es católico o musulmán cuando no se dice que es un niño marxista o un niño derechista. Lo que yo quiero es que la religión reciba el mismo trato que los partidos políticos o los equipos de fútbol.

P.- ¿Y su hija? ¿Es atea?

R.- Sí. Supongo que sí, pero eso a usted no le importa.

P.- ¿Y usted la educó en el ateísmo?

R.- Eso a usted tampoco le importa. Es un asunto privado.

P.- Pero supongo que a los lectores les gustará saber si usted predica con el ejemplo o ha adoctrinado a su hija.

R.- Está bien. Contestaré a su pregunta. Yo le escribí una carta cuando tenía 10 años en la que le animaba a pensar por sí misma y eso es lo mejor que un padre puede hacer por su hija.

P.- Hay gente que no comprende su voluntad de extender el ateísmo. Gente que piensa: «Señor Dawkins, probablemente Dios no existe. Así que deje de preocuparse y disfrute de su vida». ¿Qué les diría?

R.- Les diría que lo que de verdad me apasiona es la verdad científica y que lo que deseo es abrir los ojos a la gente sobre el hecho maravilloso de su propia existencia. Mientras el adoctrinamiento religioso interfiera en el conocimiento de esa verdad científica lo combatiré. No le quede duda.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Velis nolis

Las vísperas de lo indeseable son, siempre, abono para crear lo que realmente uno quiere. La angustia es el fermento de la pasión. Siempre ha sido así en mí como supongo en otros y, ahora, no lo es menos. Con esa energía se me infla el subconsciente, me olvido de tomar las pastillas y sueño con jeroglíficos peregrinos. Hoy, por ejemplo, contemplé dormido que una serie de niños se hallaba presa en los cajones de una especie de hipercubo asiático, hueco y teselado como un mahjong en tres dimensiones de casillas casi rectangulares, sin cielo. Cada cajón estaba cubierto por un kanji extraño que funcionaba como asa y algunos contenían un muchacho escondido que no quería salir. La función de ese hipercubo era tortularlos, no sé cómo; la tortura no podía ser rechazada: los que no salían de los cajones morían. Unos chicos consiguieron evadirse a través de un cajón vacío, pero lo único que consiguieron fue entrar en otro hipercubo infernal mucho mayor, más difícil y japonés. Supongo que era una especie de metáfora de los exámenes de Septiembre, o de la Selectividad. Si es así, como metáfora es una mierda.

Me desperté en la noche y miré las fantásticas siluetas negras de las sombras dando vueltas sobre mi cruz de San Benito, sin poder entrar. Me sentía como un San Lorenzo sobre la parrilla de la cama, como una fea colección de músculos, grasa y piel colgante sobre el asta de hueso puro de mi esqueleto. En un rincón de mi pecho la cabeza de un perro soltaba sus ladridos como latidos. Sentía pesar la carne, la piel, las sobras y asaduras sobre mis huesos y ansiaba reducirme sólo a un pensamiento puro, a un espìritu sin esas sobras de materia pesada, de materia oscura, de cuerpo.

Existe una jerarquía creciente de gente indeseable: el ausente, el oscuro, el antipático, el desagradable, el difícil y el imposible. Hay una jerarquía inversa, pero es menos frecuente. En el fondo esa jerarquía es un círculo. Es esta una retahíla que también aparece en un pasaje de las Meditaciones de Marco Aurelio. Cada vez más el profesor tiene que ir de un lado a otro de esa escala, presionado por una voluntad u otra que no es la suya, lo cual es antipedagógico; pero es porque los niños, que ya en su mayoría son niñatos, son antipedagógicos también y previamente antimotivados, como también los padres y los modelos de ambos, los políticos sin sombra alguna de conciencia. Pero hay excepciones, claro, cada vez más excepcionales. Es lo que hay que decir, ¿no es así?

Las habrá, claro, también aquí.

martes, 31 de agosto de 2010

Un revolucionario del XVIII

Hubo un español que creyó que otro mundo era posible. Y lo creyó hace unos dos siglos. Muy despierto, recibió además una buena formación y aprendió varios idiomas y ciencias naturales, interesándose en especial por la Mineralogía; por eso sus superiores en la primera promoción de la Academia de Artillería de Segovia le enviaron a Francia, Italia y otros países para que visitara fábricas de armamento. Volvió a fines de 1769 y permaneció algún tiempo en Málaga, donde frecuentó las tertulias más avanzadas del abogado librepensador Luis de Peñaranda, del masón y protestante William Leer y de la Condesa de la Puebla del Marqués. Estuvo entre 1770 y 1779 de guarnición en Melilla. Fue allí subteniente de artillería cuando la Inquisición le entabló un proceso por newtoniano, volteriano y no se cuántas más cosas acabadas en -ano, y porque solía defender la física de Newton y ridiculizar a Aristóteles y Santo Tomás en disputas que mantenía con sus compañeros y en tertulias en francés, en latín y en español, poseyendo y prestando libros prohibidos y no creyendo en la existencia del Infierno, de la religión -una patraña inventada por conveniencia- ni en la Encarnación; fue denunciado a la Inquisición de Granada en 1770 por el vicario castrense y de la plaza Francisco Turrillo. Se descubrió que había sido también denunciado en Valencia en 1769. Tras siete años de proceso fue reprendido simbólicamente, desterrado de Madrid y otras ciudades y condenado a quince días de ejercicios espirituales en 1776. En 1779 ya se había incorporado a la Marina Real. Estuvo en Brest comprando cañones y en 1782 se hallaba en el Río de la Plata con el grado de teniente de fragata y fue comisionado para buscar yacimientos de mineral de hierro, para lo cual emprendió una expedición desde Montevideo a Bolivia y rellenó un Diario de la misma; en El Chaco, en el lugar denominado Campo del Cielo, descubrió un gran meteorito que estudió junto con sus compañeros el ingeniero Pedro Antonio Cerviño y el militar Francisco Gabino Arias; utilizó sus conocimientos de ingeniería para ayudar a construir la Catedral de La Paz. En 1785 recibió orden de volver a la Península y viajó por Austria, Hungría y otros países para investigar el proceso de amalgama de la plata en el azogue, dejó la Marina y se estableció en Cádiz con la intención de consagrarse al comercio (desde 1787, fue el primer importador a gran escala de la quina calisaya, cuyos benéficos efectos farmacológicos se esparcieron por España y Europa gracias a él), pero enseguida salió corriendo para Bayona, porque descubrió que se podía abaratar el contrato del azogue de la Corona y cuando lo propuso empezaron a perseguirle los perjudicados. Allí le sorprendió la Revolución Francesa y en 1789 Miguel Rubín de Celis, que así se llamaba, nacido en concejo de Llanes en 1746, anuló su nobleza, renunció solemnemente a su título de Caballero de Santiago y se nacionalizó francés. El Consejo de Órdenes lo declaró renegado, lo condenó por rebeldía y le degradó en imagen, quemando un muñeco que le representaba y confiscando sus bienes. Este militar ilustrado estuvo vinculado a la Real Academia de la Historia de España y la Real Academia de la Marina de Francia y terminó publicando periódicos revolucionarios (Gaceta de la Libertad y de la Igualdad, impresa en agosto de 1792 en Francia pero distribuida clandestinamente en España; en ella trabajó también José Marchena) por lo que fue perseguido; huyó a Francia, donde murió en 1799 dejando a su mujer viuda el pleito de reclamación de sus bienes. Escribió un Discurso sobre los principios de una constitución libre, publicado en Bayona, en 1792, también en francés, sufragado por la Sociedad de Amigos de la Libertad y de la Igualdad de Bayona; el escrito analiza el contenido de la Constitución de 1791. Uno de sus hermanos estuvo vinculado a Campomanes, y otro participó en la secesión de Hispanoamérica.

Algunos textos polémicos de Manuel Casal y Aguado, "Lucas Alemán"

¡Vaya que no lo creyera
a no haberlo presenciado!
¿Posible es que un licenciado
nos trate de esta manera?
¡Qué agigantada mollera!
¡Qué talento tan travieso!
¡Qué perito! ¡Qué camueso!
¡Qué soberbia! ¡Qué arrogancia!
¡Qué fantástica jactancia!
¡Y qué casco tan sin seso!
Y es que, como decía mi abuela, nunca te fíes de gato que no críes, y después de criado, tócale el lomo con cuidado, que donde no se sueña vuela la cigüeña y, de hombre sin nombre, mujer sin pudor, carta sin firma y sastre hablador, líbranos, Señor. Aténgome a mis refranes, que ellos templan mis afanes: por pesadumbres no te deslumbres, al sentimiento contra un cimiento y con un estoque al que te emboque y llore mi hermana, que yo haré lo que me dé la gana. Como yo sólo distingo lo que pringo, tampoco pruebo lo que no bebo.
Nada me diste, nada
te he tornado;
hazte cuenta que en nada
hemos quedado