miércoles, 11 de febrero de 2009
¿Puede la gente cambiar de naturaleza?
En un reality show de Antena 3 se ha descubierto que uno de los concursantes era un frío psicópata o parricida que a los 15 años asesinó a sus dos padres e ideó un plan para presentar el crimen como el robo realizado en su casa por un os extraños. Y además estuvo esperando al segundo de sus padres en su casa durante cuatro horas para matarlo después de haber asesinado al primero. El móvil: no lo dejaban volver a casa a la hora que él quería. Ingresó tres años en un correccional y lo soltaron sin antecedentes, como suele ocurrir en estos casos. Su novia lo sabía y lo defendía, y ahora trabaja como auxiliar de vuelo o "azafato", y, en efecto, el chico es bastante guapete. En el perfil que Antena 3 hizo público de ambos antes del inicio del concurso se exponía que ambos mantenían muchas discusiones, pero que luego siempre se «reconciliaban». «Yo pensaba que esto podría salir a la luz por parte de algún indeseable», indicó el joven apesadumbrado por tener que abandonar el «reality». A su vez, su pareja aseguró estar «orgullosa» de lo que ha conseguido «en su vida». De su corta trayectoria por el programa, el joven auxiliar de vuelo consideró que ambos han demostrado «honradez, nobleza, amor y compañerismo». «Que se den cuenta que la gente cambia», afirmó antes de fundirse en un abrazo con su novia sollozante. No es la primera vez que tragedia y televisión van de la mano. Hace poco más de un año, la ciudadana rusa Svetlana fue asesinada cuatro días después de que su maltratador acudiera al programa de Antena 3 «El diario de Patricia» para pedirle perdón sin que ella lo supiera. En 2004 y ante las cámaras, Ricardo pidió perdón a su pareja por sus infidelidades. Ella accedió y semanas más tarde su cadáver fue encontrado en el maletero de un coche. En 1998, José Ignacio apuñaló a su mujer porque no quiso ir a «Lo que necesitas es amor». En estos casos, por lo que parece, se ha visto lo contrario: que la gente no cambia.
Tal vez cuando se es joven la gente pueda cambiar con más facilidad. ¿Cambarían Farruquito o el asesino de Sandra Palo?
¿Quién es capaz de decirlo? ¿Quién es capaz de verificar la sustancia moral de una persona? ¿Un psicólogo?
No sé.
Varas de medir
Farruquito: atropella a una persona por ir conduciendo a doscientos por hora y sin carnet. Dos años de cárcel.
Ignacio Peña del Río: ladrón de guante blanco que roba mansiones de Los Ángeles, devolvió todo lo robado y rodó un vídeo con sus trucos para enseñar a la policía; a pesar de todo: 13 años de cárcel.
¿Hay quien entienda a la justicia?
Yo sí. Porque no hay justicia. En el mundo sólo impera la fuerza y cuanto más dinero tienes, más fuerza puedes comprar. En la vieja discusión entre Solón y Anacarsis, Anacarsis tenía razón. No hagáis caso a los idealistas; los idealistas son utilizados siempre por los que tienen la fuerza, no al revés. Pero tampoco uséis la fuerza: sed inteligentes, usad los resquicios del sistema, manipulad a los que manipulan.
lunes, 9 de febrero de 2009
Política
Hasta de la mierda hay que hablar, así que hablemos de los políticos. Uno, que es una persona seria, no debería de rebajarse a tratar un tema tan ridículo como este, donde el mequetrefismo y la necedad son el pan de cada día y donde la pequeñez de miras y la corrupción hacen vano y estúpido cualquier intento de arreglar un problema, por simple que sea. Sus gilipolleces y manipulaciones son tan repetidas, mezquinas y ñoñas y sus trolas tan infantiles que ya más que vergüenza ajena provocan cansancio y ganas de vomitarles encima o tirarles algo, no sé, un pastelazo de cine cómico. El hombre común, con el menos común de los sentidos, suele dictaminar "que los fusilen a todos"; yo, que no puedo creer en lo que veo todos los días, que me hago cruces y que suelo expresar mis opiniones políticas en el váter, no creo que sea necesario adoptar medidas tan viscerales y violentas; es más, creo que los socialistas tienen razón y las derechas son una mierda, y que las derechas tienen razón y los socialistas son una mierda; como soy mejor persona que ellos, pienso que todos son personas sensatas y cuerdas y les concedo que tienen razón, así que creo que los políticos en general y sin excepción son todos una mierda y hay que quitarles la política de las manos y dársela a alguien más preparado, por ejemplo a los ciudadanos, no a los políticos, que son todos una mierda (convendrá aquí decir que ciudadano es la traducción al castellano de la palabra griega político, pero como los políticos quieren quitar el griego del sistema educativo, no les va a valer). A los políticos se les podría dejar dirimir sus diferencias en oficios apropiados para sus talentos escatológicos, vaciando orinales en hospitales o practicando otras modalidades de voluntariado de esas que tanto recomiendan, como limpiarles el culo a los viejos o recogiendo cacas de las aceras. A Esperanza Aguirre, por ejemplo, podría ponérsela a fregar escaleras o recoger jeringuillas en el barrio de Entrevías mientras las lavanderas y barrenderos hacen cursos de inglés donde a ella se lo pagaron sus papás. A Zapatero podría ponérsele a trabajar como técnico inspector de clínicas de abortos, o de residuos tóxicos de hospitales de los médicos de la SS o Seguridad Social o de inspector de albañales de corrupción municipal, que es algo que le está haciendo falta.
domingo, 8 de febrero de 2009
La evolución en La Mancha
La censura contra Darwin.
Darwin, sin censura
La autobiografía de Charles Darwin, publicada en 1877, fue mutilada por su esposa porque estaba escrita "con demasiada libertad". El autor de El origen de las especies, del que ahora se cumplen 200 años de su nacimiento, exponía, por ejemplo, que el cristianismo le parecía "una doctrina detestable". Este libro, según la editorial Laetoli, recupera los párrafos censurados (en negrita)
CHARLES DARWIN El País, 08/02/2009
Durante aquellos dos años me vi inducido a pensar mucho en la religión. Mientras me hallaba a bordo del Beagle fui completamente ortodoxo, y recuerdo que varios oficiales (a pesar de que también lo eran) se reían con ganas de mí por citar la Biblia como autoridad indiscutible sobre algunos puntos de moralidad. Supongo que lo que los divertía era lo novedoso de la argumentación. Pero, por aquel entonces, fui dándome cuenta poco a poco de que el Antiguo Testamento, debido a su versión manifiestamente falsa de la historia del mundo, con su Torre de Babel, el arco iris como signo, etcétera y al hecho de atribuir a Dios los sentimientos de un tirano vengativo, no era más de fiar que los libros sagrados de los hindúes o las creencias de cualquier bárbaro. En aquel tiempo se me planteaba continuamente la siguiente cuestión, de la que era incapaz de desentenderme: ¿resulta creíble que Dios, si se dispusiera a revelarse ahora a los hindúes, fuese a permitir que se le vinculara a la creencia en Vishnú, Shiva, etcétera, de la misma manera que el cristianismo está ligado al Antiguo Testamento? Semejante proposición me parecía absolutamente imposible de creer. (...)
El Antiguo Testamento, con su Torre de Babel, etcétera, no era más de fiar que las creencias de cualquier bárbaro
El hecho de que muchas religiones falsas se hayan difundido por extensas partes de la Tierra como un fuego sin control tuvo cierto peso sobre mí. Por más hermosa que sea la moralidad del Nuevo Testamento, apenas puede negarse que su perfección depende en parte de la interpretación que hacemos ahora de sus metáforas y alegorías. No obstante, era muy reacio a abandonar mis creencias. Y estoy seguro de ello porque puedo recordar muy bien que no dejaba de inventar una y otra vez sueños en estado de vigilia sobre antiguas cartas cruzadas entre romanos distinguidos y sobre el descubrimiento de manuscritos, en Pompeya o en cualquier otro lugar, que confirmaran de la manera más llamativa todo cuanto aparecía escrito en los Evangelios. Pero, a pesar de dar rienda suelta a mi imaginación, cada vez me resultaba más difícil inventar pruebas capaces de convencerme. Así, la incredulidad se fue introduciendo subrepticiamente en mí a un ritmo muy lento, pero, al final, acabó siendo total. El ritmo era tan lento que no sentí ninguna angustia, y desde entonces no dudé nunca ni un solo segundo de que mi conclusión era correcta. De hecho, me resulta difícil comprender que alguien deba desear que el cristianismo sea verdad, pues, de ser así, el lenguaje liso y llano de la Biblia parece mostrar que las personas que no creen -y entre ellas se incluiría a mi padre, mi hermano y casi todos mis mejores amigos- recibirán un castigo eterno.
Y ésa es una doctrina detestable.
Aunque no pensé mucho en la existencia de un Dios personal hasta un periodo de mi vida bastante tardío, quiero ofrecer aquí las vagas conclusiones a las que he llegado. El antiguo argumento del diseño en la naturaleza, tal como lo expone Paley y que anteriormente me parecía tan concluyente, falla tras el descubrimiento de la ley de la selección natural. Ya no podemos sostener, por ejemplo, que el hermoso gozne de una concha bivalva deba haber sido producido por un ser inteligente, como la bisagra de una puerta por un ser humano. En la variabilidad de los seres orgánicos y en los efectos de la selección natural no parece haber más designio que en la dirección en que sopla el viento. Todo cuanto existe en la naturaleza es resultado de leyes fijas. Pero éste es un tema que ya he debatido al final de mi libro sobre La variación en animales y plantas domésticos, y, hasta donde yo sé, los argumentos propuestos allí no han sido refutados nunca.
Pero, más allá de las adaptaciones infinitamente bellas con que nos topamos por todas partes, podríamos preguntarnos cómo se puede explicar la disposición generalmente beneficiosa del mundo. Algunos autores se sienten realmente tan impresionados por la cantidad de sufrimiento existente en él, que dudan -al contemplar a todos los seres sensibles- de si es mayor la desgracia o la felicidad, de si el mundo en conjunto es bueno o malo. Según mi criterio, la felicidad prevalece de manera clara, aunque se trata de algo muy difícil de demostrar. Si admitimos la verdad de esta conclusión, reconoceremos que armoniza bien con los efectos que podemos esperar de la selección natural. Si todos los individuos de cualquier especie hubiesen de sufrir hasta un grado extremo, dejarían de propagarse; pero no tenemos razones para creer que esto haya ocurrido siempre, y ni siquiera a menudo. Además, otras consideraciones nos llevan a creer que, en general, todos los seres sensibles han sido formados para gozar de la felicidad.
Cualquiera que crea, como creo yo, que todos los órganos corporales o mentales de todos los seres (excepto los que no suponen ni una ventaja ni una desventaja para su poseedor) se han desarrollado por selección natural o supervivencia del más apto, junto con el uso o el hábito, admitirá que dichos órganos han sido formados para que quien los posee pueda competir con éxito con otros seres y crecer así en número. (...)
Nadie discute que en el mundo hay mucho sufrimiento. Por lo que respecta al ser humano, algunos han intentado explicar esta circunstancia imaginando que contribuye a su perfeccionamiento moral. Pero el número de personas en el mundo no es nada comparado con el de los demás seres sensibles, que sufren a menudo considerablemente sin experimentar ninguna mejora moral. Para nuestra mente, un ser tan poderoso y tan lleno de conocimiento como un Dios que fue capaz de haber creado el universo es omnipotente y omnisciente, y suponer que su benevolencia no es ilimitada repugna a nuestra comprensión, pues, ¿qué ventaja podría haber en los sufrimientos de millones de animales inferiores durante un tiempo casi infinito? Este antiquísimo argumento contra la existencia de una causa primera inteligente, derivado de la existencia del sufrimiento, me parece sólido; mientras que, como acabo de señalar, la presencia de una gran cantidad de sufrimiento concuerda bien con la opinión de que todos los seres orgánicos han evolucionado mediante variación y selección natural.
Actualmente, el argumento más común en favor de la existencia de un Dios inteligente deriva de la honda convicción interior y de los profundos sentimientos experimentados por la mayoría de la gente. Pero no se puede dudar de que los hindúes, los mahometanos y otros más podrían razonar de la misma manera y con igual fuerza en favor de la existencia de un Dios, de muchos dioses, o de ninguno, como hacen los budistas. También hay muchas tribus bárbaras de las que no se puede decir con verdad que crean en lo que nosotros llamamos Dios: creen, desde luego, en espíritus o espectros, y es posible explicar, como lo han demostrado Tylor y Herbert Spencer, de qué modo pudo haber surgido esa creencia.
Anteriormente me sentí impulsado por sensaciones como las que acabo de mencionar (aunque no creo que el sentimiento religioso estuviera nunca fuertemente desarrollado en mí) a sentirme plenamente convencido de la existencia de Dios y de la inmortalidad del alma. En mi diario escribí que, en medio de la grandiosidad de una selva brasileña, "no es posible transmitir una idea adecuada de los altos sentimientos de asombro, admiración y devoción que llenan y elevan la mente". Recuerdo bien mi convicción de que en el ser humano hay algo más que la mera respiración de su cuerpo. Pero, ahora, las escenas más grandiosas no conseguirían hacer surgir en mi pensamiento ninguna de esas convicciones y sentimientos. Se podría decir acertadamente que soy como un hombre afectado de daltonismo, y que la creencia universal de la gente en la existencia del color rojo hace que mi actual pérdida de percepción no posea la menor validez como prueba. Este argumento sería válido si todas las personas de todas las razas tuvieran la misma convicción profunda sobre la existencia de un solo Dios; pero sabemos que no es así, ni mucho menos. Por tanto, no consigo ver que tales convicciones y sentimientos íntimos posean ningún peso como prueba de lo que realmente existe. El estado mental provocado en mí en el pasado por las escenas grandiosas difiere de manera esencial de lo que suele calificarse de sentimiento de sublimidad; y por más difícil que sea explicar la génesis de ese sentimiento, apenas sirve como argumento en favor de la existencia de Dios, como tampoco sirven los sentimientos similares, poderosos pero imprecisos, suscitados por la música.
Respecto a la inmortalidad, nada me demuestra tanto lo fuerte y casi instintiva que es esa creencia como la consideración del punto de vista mantenido ahora por la mayoría de los físicos de que el Sol, junto con todos los planetas, acabará enfriándose demasiado como para sustentar la vida, a menos que algún cuerpo de gran magnitud se precipite sobre él y le proporcione vida nueva. Para quien crea, como yo, que el ser humano será en un futuro distante una criatura más perfecta de lo que lo es en la actualidad, resulta una idea insoportable que él y todos los seres sensibles estén condenados a una aniquilación total tras un progreso tan lento y prolongado. La destrucción de nuestro mundo no será tan temible para quienes admiten plenamente la inmortalidad del alma.
Para convencerse de la existencia de Dios hay otro motivo vinculado a la razón y no a los sentimientos y que tiene para mí mucho más peso. Deriva de la extrema dificultad, o más bien imposibilidad, de concebir este universo inmenso y maravilloso -incluido el ser humano con su capacidad para dirigir su mirada hacia un pasado y un futuro distantes- como resultado de la casualidad o la necesidad ciegas. Al reflexionar así, me siento impulsado a buscar una Primera Causa que posea una mente inteligente análoga en algún grado a la de las personas; y merezco que se me califique de teísta.
Hasta donde puedo recordar, esta conclusión se hallaba sólidamente instalada en mi mente en el momento en que escribí El origen de las especies; desde entonces se ha ido debilitando gradualmente, con muchas fluctuaciones. Pero luego surge una nueva duda: ¿se puede confiar en la mente humana, que, según creo con absoluta convicción, se ha desarrollado a partir de otra tan baja como la que posee el animal más inferior, cuando extrae conclusiones tan grandiosas? ¿No serán, quizá, éstas el resultado de una conexión entre causa y efecto, que, aunque nos da la impresión de ser necesaria, depende probablemente de una experiencia heredada? No debemos pasar por alto la probabilidad de que la introducción constante de la creencia en Dios en las mentes de los niños produzca ese efecto tan fuerte y, tal vez, heredado en su cerebro cuando todavía no está plenamente desarrollado, de modo que deshacerse de su creencia en Dios les resultaría tan difícil como para un mono desprenderse de su temor y odio instintivos a las serpientes.
No pretendo proyectar la menor luz sobre problemas tan abstrusos. El misterio del comienzo de todas las cosas nos resulta insoluble; en cuanto a mí, deberé contentarme con seguir siendo un agnóstico.
La persona que no crea de manera segura y constante en la existencia de un Dios personal o en una existencia futura con castigos y recompensas puede tener como regla de vida, hasta donde a mí se me ocurre, la norma de seguir únicamente sus impulsos e instintos más fuertes o los que le parezcan los mejores. Así es como actúan los perros, pero lo hacen a ciegas. El ser humano, en cambio, mira al futuro y al pasado y compara sus diversos sentimientos, deseos y recuerdos. Luego, de acuerdo con el veredicto de las personas más sabias, halla su suprema satisfacción en seguir unos impulsos determinados, a saber, los instintos sociales. Si actúa por el bien de los demás, recibirá la aprobación de sus prójimos y conseguirá el amor de aquellos con quienes convive; este último beneficio es, sin duda, el placer supremo en esta Tierra. Poco a poco le resultará insoportable obedecer a sus pasiones sensuales y no a sus impulsos más elevados, que cuando se hacen habituales pueden calificarse casi de instintos. Su razón podrá decirle en algún momento que actúe en contra de la opinión de los demás, en cuyo caso no recibirá su aprobación; pero, aun así, tendrá la sólida satisfacción de saber que ha seguido su guía más íntima o conciencia. En cuanto a mí, creo que he actuado de forma correcta al marchar constantemente tras la ciencia y dedicarle mi vida. No siento el remordimiento de haber cometido ningún gran pecado, aunque he lamentado a menudo no haber hecho el bien más directamente a las demás criaturas. Mi única y pobre excusa es mi frecuente mala salud y mi constitución mental, que hace que me resulte extremadamente difícil pasar de un asunto u ocupación a otros. Puedo imaginar con gran satisfacción que dedico a la filantropía todo mi tiempo, pero no una parte del mismo, aunque habría sido mucho mejor haberme comportado de ese modo. Nada hay más importante que la difusión del escepticismo o el racionalismo durante la segunda mitad de mi vida. Antes de prometerme en matrimonio, mi padre me aconsejó que ocultara cuidadosamente mis dudas, pues, según me dijo, sabía que provocaban un sufrimiento extremo entre la gente casada. Las cosas marchaban bastante bien hasta que la mujer o el marido perdían la salud, momento en el cual ellas sufrían atrozmente al dudar de la salvación de sus esposos, haciéndoles así sufrir a éstos igualmente. Mi padre añadió que, durante su larga vida, sólo había conocido a tres mujeres escépticas; y debemos recordar que conocía bien a una multitud de personas y poseía una extraordinaria capacidad para ganarse su confianza. Cuando le pregunté quiénes eran aquellas tres mujeres, tuvo que admitir que, respecto a una de ellas, su cuñada Kitty Wedgwood, sólo tenía indicios sumamente vagos, sustentados por la convicción de que una mujer tan lúcida no podía ser creyente. En la actualidad, con mi reducido número de relaciones, sé (o he sabido) de varias señoras casadas que creen un poco menos que sus maridos. Mi padre solía citar un argumento irrebatible con el que una vieja dama como la señora Barlow, que abrigaba sospechas acerca de su heterodoxia, esperaba convertirlo: "Doctor, sé que el azúcar me resulta dulce en la boca, y sé que mi Redentor vive". -
sábado, 7 de febrero de 2009
El fantasma y la señora Muir
O un clásico ignorado (1947). En esta película se logra la rara y afortunada conjunción de todas las facetas del arte que da lugar a la poesía. Y la poesía es la varita mágica capaz de crear islas de imaginación que, como pompas de jabón del espíritu, son capaces de perdurar en los intersticios del tiempo sin morir nunca, pase lo que pase. Esa es la esencia de lo clásico. Rex Harrison como el fantasma del capitán de barco, Gene Tierney como la señora Muir, una Natalie Wood de ocho años, una música inasible y sobrenatural de Bernard Herrmann, una fotografía de Charles Lang extraída de esa hora del crepúsculo en que la luz se iguala a las sombras y todas las cosas parecen perder su contorno definido, el amor más allá del tiempo y de todo... Y la batuta de ese enamorado de la literatura, Joseph L . Mankiewicz, para dirigirlo.
Qué gran película, y, sobre todo, si la has visto con ojos de niño, como yo.
Una imagen hermosa
miércoles, 4 de febrero de 2009
Jolines
Hay tres millones y un tercio de parados y se anticipan cuatro millones; hay riesgo de que quiebre la Seguridad Social, tan boyante cuando las vacas gordas. Y Shoemaker, muy cuco él, se ha presentado a las preguntas de la gente antes de que vengan las vacas anoréxicas. En resumen, su actuación -hablemos de actuación, porque eso fue- se restringió a dejar caer que la culpa es nuestra, puesto que nunca derrochó, ni creó ministerios bonitos como el de deportes, ni habló de pleno empleo, ni abrió España a cientos de miles de inmigrantes, ni legalizó -este mismo año- la posibilidad de que venga otro millón desde Cuba a pedir empleo cualificado, cuando nuestro sistema educativo ya ni siquiera puede competir con el cubano. ¡Mecachis en la mar, cuán malos somos y qué peores vamos a ser! Es más, el ministro de economía, haciendo de poli malo frente al Shoemaker bueno, nos predica que los bancos son lobos, esos bancos que después le ofrecerán un puesto en sus consejos de administración y a los que el gobierno tanto dinero ha prestado, ya que la avaricia, que según la sabiduría popular (popular, que no pudiente) debía romper el saco, se cura (en salud) ofreciendo más dinero (¿¡!? = ¡¿?!). Y los jóvenes, peor formados; y las mujeres, más maltratadas; y la justicia, más tarda; y Shoemaker, más feliz, más optimista; y los pobres, paupérrimos; y la tele, más degradada; y la cultura, más vendida; y el saber, más necio; y el futuro, más griego; y los sindicatos, más corruptos; y la economía, en recesión; y...
Verbalizar
La soledad es paralizante. A mí, al menos, me suspende las ideas en una especie de niebla de contingencia impidiendo que se encarnen en hechos reales. Pero cuando empiezas a hablar con otra persona, por ejemplo, tu mujer, y empiezan a salir, con la forma de la palabra adquieren una mayor entidad, tienen mayor cuerpo y presencia y así no las olvidas, las tienes presentes y dejas de estar inmóvil para ponerte activo y ejecutarlas. Porque las palabras son tus preocupaciones. Verbalizar es sano: hablar hace que vivas: lo que es mortal e insano es el nuboso pensamiento, que nunca coagula. La lectura es también un poderoso método para verbalizar; lo que ocurre es que te abre tal panorama y tan anchos horizontes que a algunos, muy ignorantes, les puede angustiar, porque esos horizontes se les antojan abismos dónde pueden perderse con todo lo que tienen. Les revela el abismo de la ignorancia. Eso lo saben muy bien los muchachos, que huyen de ella como de la peste.
Mi lugar
martes, 3 de febrero de 2009
Temas de redacción
- Temas que muevan valores éticos: La crueldad con los animales. ¿Es buena la emigración?
- Comentar frases como estas: "Honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere". "Si cuada cual limpia su camino, la calle estará limpia". "Sólo merece la pena lo que se consigue con esfuerzo".
- Cuestiones polémicas. ¿Son superiores los hombres a las mujeres? ¿Deben adoptar niños los homosexuales? ¿Debe prohibirse el tabaco? ¿Es legítima la homosexualidad? ¿Son buenos los videojuegos? ¿Es preciso viajar?
- Creo que una buena cosa sería investigar personajes que puedan hacer a los muchachos aprender valores. Entre estos son positivos estos: Frida Kahlo, Sor Juana Inés de la Cruz, Thomas de Quincey, Edgar Allan Poe, Henry David Thoreau, Joaquín Costa, Paolo Sarpi, Charles Darwin, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Isaac Asimov, Francisco de Goya, Carlos Vázquez, Lord Byron, Miguel de Cervantes.
- Temas importantes que exijan investigación. ¿Cómo se consigue trabajo? ¿Qué aportó de nuevo el Cristianismo a la sociedad? ¿Qué aportó de nuevo la Revolución Francesa?
- Conceptos fundamentales. ¿Qué es un burgués? ¿Qué está a mi alcance para que pueda mejorar el mundo?
- Textos prácticos. Redacta un currículum, una instancia, una carta (a un personaje célebre, a un periódico, a un amigo israelí, ruso, zaireño, árabe, chino o japonés?
- Escritura automática.
- Realización de poemas o de cortas escenas teatrales sobre hechos de actualidad o periódicos.
- Redaccción de noticias, artículos, reportajes, críticas (cinematográficas, deportivas, teatrales, musicales, taurinas...).
- Redacción de un monólogo cómico.
- Escritura de un diario o blog.
La piedra negra y plana
Mis hijas son muy supersticiosas. Y eso que su padre es un descreído. Cierto día me vieron una piedra negra y plana, tan pulimentada que refleja algo la luz y que yo suelo llevar en mi bolsillo; me pidieron una pensando que era un amuleto. Yo les di una para cada una. "Nos dará suerte", dijeron. Yo les advertí que mi amuleto no daba suerte alguna, ni buena ni mala. ¿Y entonces para qué lo llevas? "Me ayuda a concentrarme", contesté.
Esa piedra no representa nada. Es decir, representa la persona que la lleva. La mía me representa a mí mismo, si es que soy un yo mismo. Es una piedra en el fondo del lecho de un río, pero seca por dentro y tallada por el paso del tiempo, y a su cabo no será más que polvo, sombra y nada. Será solamente tiempo.
No es maduro usar de amuletos. Cuando eres joven pueden darte algo de confianza. Pero uno sólo dispone de sí mismo y de las conexiones con los demás que le vuelven a sí mismo, aunque eso que llamamos identidad es sólo la parte de un todo, como enseña el budismo zen. El río, el agua, el frío, el calor que entra en la piedra cuando la abrigas en tu mano es la piedra también.
Y eso es lo que somos: el calor que penetra en la piedra no dura apenas, ni el agua, ni una misma temperatura, ni nada. Pero hay una pequeña forma más constante que otras en el tiempo, una duración un poco más larga, una persistencia un poco más densa, una apariencia un poco más sobresaliente sobre el fondo, una piedra en fin, una pequeña simetría que llamamos identidad que nos hace creer que lo podemos reflejar todo especularmente. Eso es el yo. O, más bien, la ilusión del yo. Esa piedra negra es tan negra como las piedras de mis hijas, con forma parecida, y formaban parte de otra piedra, y esa piedra de otra más grande, el planeta, y ese planeta de un remolino de polvo en la inmensidad.
Uno de cada tres niños holandeses toma fárcamos antihiperactividad
Las autoridades buscan explicación al aumento de prescripciones
ISABEL FERRER - El País, La Haya - 03/02/2009
Cerca de 750.000 niños holandeses de cinco a 15 años -un 34,2% de los comprendidos en esa franja de edad, que son 2.191.164- tomaban a finales de 2008 fármacos para controlar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). La cifra resulta sorprendente si se tiene en cuenta que la incidencia de este trastorno mental ronda el 5% en los países desarrollados. Las autoridades sanitarias están buscando una explicación al alarmante aumento de las prescripciones de estos fármacos, en su mayoría derivados de las anfetaminas.
Algunos expertos temen que se esté medicando a niños que no lo necesitan
La primera en llamar la atención sobre la situación ha sido la Fundación para la Estadística de la Farmacia, que revisa las recetas que se extienden en Holanda. Según sus datos, un 75% de los pequeños que tomaban psicoestimulantes como Ritalina o Concerta eran chicos. El 25% restante eran chicas, pero entre ellas ha aumentado mucho el diagnóstico. Concretamente, un 40% desde 2007 y un 33% en el primer semestre de 2008. Entre los niños, el aumento fue de un 34% y un 23%, respectivamente.
Mientras llega la explicación oficial, la fundación ha señalado que los bajos precios de los genéricos de fármacos indicados para el TDAH "no parecen haber contribuido al aumento de las recetas". Otra posibilidad es que ahora se afine más en el diagnóstico y, por tanto, afloren más casos que antes no se hubieran catalogado como hiperactividad. O, por extraño que parezca, también puede suceder lo contrario: que se esté medicando como hiperactivos a niños que no lo son a pesar de mostrar síntomas parecidos.
Esta última hipótesis, aún por demostrar, es la que preocupa a Trudy Dehue, psicóloga y filósofa de la Universidad de Groningen. Autora de uno de los libros de referencia sobre el incremento de las depresiones en los países ricos, La epidemia de la depresión, sostiene que los padres tienen hoy una doble responsabilidad. "En una sociedad donde se mide a la gente por sus prestaciones, se pueden sentir culpables del hecho de que sus hijos puedan no funcionar de forma satisfactoria. Nadie quiere que en el futuro sus hijos puedan echarles en cara que no tuvieron suficientes oportunidades por no haberles dado unos medicamentos que estaban a su alcance. Lo malo es que también pueden ser criticados por brindárselos, pues no son productos inocuos y los niños, al tener que medicarse, pueden acabar interiorizando que no son suficientemente buenos siendo ellos mismos", dice.
Dehue reconoce que hay niños hiperactivos que pueden beneficiarse del apoyo de la psiquiatría, pero apunta que tal vez otros casos requieran un enfoque más sociológico que individual: "Escuelas más pequeñas; menos actividades extraescolares; menos presión para ser mejor de lo que se es; más espacio para jugar fuera", propone. "La industria farmacéutica se ha aprovechado de la ambigüedad del manual de la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos [DSM-IV] sobre qué se puede considerar TDAH, para ofrecer sustancias destinadas a lograr que las chicas estén calmadas", añade.
Su opinión es compartida por un sector de los psiquiatras holandeses, reacios a recetar demasiado pronto psicoestimulantes a los menores. Otro grupo, por el contrario, cree que las tensiones de la sociedad han desencadenado la aparición del trastorno. "Yo preferiría que se diera menos importancia a la mejora del individuo, ya sean niños o adultos. Mejorando las precarias circunstancias en las que muchos viven, cambiarían ya muchas cosas. No habría que etiquetarlos en masa de enfermos psíquicos, porque ese calificativo acaba formando parte de su identidad", concluye.
lunes, 2 de febrero de 2009
Nadal
Entes de ficción
La mano invisible de Adam Smith.
El tío Paco, el de las rebajas.
Otro tío, el de Alcalá.
Un negro que abanique.
El caballo blanco.
El perro verde.
El ratón colorado.
La pantera rosa.
El gato de Schrödinger.
La Perra Gorda.
El Gordo de Navidad.
El flaco.
La flaca.
El niño.
La niña de El Exorcista.
Perico de los Palotes.
El vago Bartolo.
El Cambio.
El profeta Pero Grullo.
España.
El Tae.
Harpo Marx (este no habla)
La Inflación.
La Peseta.
Quevedo, el de los chistes.
El señor Morán, el de los chistes.
Cela, el de los chistes.
Michael Jackson, en la forma que esté adoptando en ese momento.
Mortadelo.
La acción transcurre en un restaurante cerca del Palacio Real de Manchurria. Hay una mesa y cuatro sillas, un ficus y un cuadro que representa a Franco con coletas y peineta y una rosa en el puño izquierdo. La mano invisible de Adam Smith se está haciendo una paja también invisible, aunque se oyen elocuentes gemidos tras las bambalinas. De repente surge La Peseta por la derecha, quejándose por la obscenidad del teatro moderno; se pasea Michael Jackson en forma de nube rosa. Sale entonces El señor Morán
Morán: ¡Ay Peseta! ¡Cuanto te añoramos! ¡No sabemos sumar, restar, multiplicar ni dividir sin ti! (Se pone a charlar con La Peseta en la barra).
(Sale La Flaca y se sienta a una mesa)
La Flaca: Tengo un hambre canina. Necesito algo de comer. ¿No era esto el Restaurante España? ¿Dónde coñazo están los camareros?
(Salen la Perra Gorda y la Inflación)
La Inflación: Aquí para servirles en todo lo que deseen.
La Perra Gorda: Pero no nos vengan con exigencias. Aquí se viene a comer y ya está. Qué más da lo que se coma. Como decía mi madre, que era de Ronda, por cierto: esas son las lentejas, si quieres las comes, si no las dejas, y da igual si encima te quejas.
La Inflación: No le haga caso. Está un poco trastornada y tiene muy mal genio. Nadie la quiere. ¿Qué desea? Tenemos unos menudillos en salsa de ricino que están para chuparse los codos y unos Calamaros que seguro le gustarán. (A la Perra Gorda): Vete a ayudar al cocinero. (Mutis de la Perra Gorda)
La Flaca: Lo quiero todo.
La Inflación: (Rascándose la cabeza) Tengo como una sensación de déjà vu. ¿Usted no habrá salido de una película inglesa, verdad?
(El señor Morán y La Peseta empiezan a morrearse en la barra. Entra El Cambio)
El Cambio: ¡Quiero comer!
La Inflación: (Corriendo): ¿Qué desea el señor?
El Cambio: ¡Que no haya detenidos, sino parados!
La Flaca: ¡Hay que ver cómo atienden a algunos!
La Perra Gorda: (Desde la cocina) Aquí se viene a comer, no a hacer política!
El Cambio: ¡Lo que quiero decir es que no debe haber parados, sino detenidos!
La Inflación: Es lo mismo
El Cambio: No es lo mismo. Parece usted la oposición.
La Inflación: Esta bien, pues no es lo mismo.
El Cambio: Se equivoca: en el fondo, es más de lo mismo.
La Inflación: Pues no sé cómo darle la razón: siempre me lleva la contraria.
El Cambio: Yo no llevo la contraria, y si usted se fija bien en el fondo lo que está haciendo es darme la razón.
La Flaca: ¡Que alguien me atienda! ¡Tengo hambre!
La Perra Gorda: (Desde dentro) ¡Tú y dos tercios de la humanidad!
La Inflación: Señor, lo que debe pedir es algo para comer. Este no es un restaurante que conceda deseos, como la lámpara de Aladino o un partido político.
La Flaca: ¡Yo soy la humanidad, y lo quiero todo!
EL Cambio: Pues entonces, denme un olla podrida, un revuelto de todo y una ensalada mixta.
La Inflación: Marchando. ¿Has oído, Perra?
La Perra Gorda: Oído, cocina. (Hace ademán de marcharse La Inflación)
(entran El Tío de Alcalá y El Caballo Blanco).
El Tío de Alcalá: Me han dicho que aquí se come muy bien.
El Caballo Blanco: Ya será menos. ¡Hijaaaa! (cocea y hace corcovos) Lo que quiero es que dejen de perseguirnos. En estos tiempos ya sólo nos podemos esconder en las cloacas. (Se sientan) ¡Camarero!
La Inflación: Digan, señores.
(Entra por la izquierda El ratón colorado)
El Ratón Colorado: ¡Sopla! ¡Atiza! ¡Carámbanos! ¡Córcholis! ¡Lechugas! ¡Un caballo blanco y un tío de Alcalá! ¡Esta es la mía! Tengo que convencerlos de que me financien el tinglado.
El Tío de Alcalá: ¿Cuál es el plato del día?
La Inflación: Menudos cochinos y Filete sospechoso. El vino es un turbio de dudosa crianza destilado en un estercolero de las afueras.
El Tío de Alcalá: (Sorprendido) No será usted discípulo de Ferrán Adriá, ¿Verdad?
(Continuará)
Sueños
El segundo sueño lo he olvidado pero era mucho más interesante. Creo que tenía que ver con los deseos de una pieza de rompecabezas de no encajar porque consideraba que ella misma era el rompecabezas y no una pieza.
domingo, 1 de febrero de 2009
Silogismo
Cuando tú, como policía, sigues el hilo de la droga, encuentras droga. Pero cuando investigas sobre el lavado de dinero no sabes a quién vas a descubrir. Y por esto ese trabajo no se hace.
De nuevo tenemos que lo que quiere el poder es que no se note, que no se mueva, que no traspase: el poder quiere ignorancia. Y la quiere también el dinero, porque el dinero es poder. El poder es conocimiento, y el conocimiento podrá ser lo que quiera, pero no es inocente.
Así que el poder hay que repartirlo.
Una paz honrosa
El castigo a los vencidos
JULIÁN CASANOVA El País, 01/02/2009
El 26 de enero de 1939 las tropas de general Franco entraron en Barcelona. Unos días después, el 9 de febrero, "próxima la total liberación de España", Franco firmó en Burgos la Ley de Responsabilidades Políticas, el primer asalto de la violencia vengadora sobre la que se asentó la Dictadura. La ley declaraba "la responsabilidad política de las personas, tanto jurídicas como físicas" que, desde el 1 de octubre de 1934, "contribuyeron a crear o agravar la subversión de todo orden de que se hizo víctima a España", y las que, a partir del 18 de julio de 1936, "se hayan opuesto o se opongan al Movimiento Nacional con actos concretos o con pasividad grave".
Cientos de miles de españoles participaron en el terror que Franco desató contra los republicanos
Todos los partidos que habían integrado el Frente Popular, y sus "aliados, las organizaciones separatistas", quedaban "fuera de la Ley" y sufrirían "la pérdida absoluta de sus derechos de toda clase y la pérdida de todos sus bienes", que pasarían "íntegramente a ser propiedad del Estado".
La puesta en marcha de ese engranaje represivo y confiscador causó estragos entre los rojos y los vencidos, abriendo la veda para una persecución arbitraria y extrajudicial que en la vida cotidiana desembocó muy a menudo en el saqueo y en el pillaje.
Hasta octubre de 1941 se habían abierto 125.286 expedientes y unas 200.000 personas más sufrieron la "fuerza de la justicia" de esa ley en los años siguientes. La ley quedó derogada el 13 de abril de 1945, pero las decenas de expedientes en trámite siguieron su curso hasta el 10 de noviembre de 1966.
Las sanciones que la ley preveía eran durísimas y podían ser, según el artículo 8, de tres tipos:
- "Restrictivas de la actividad", con la inhabilitación absoluta y especial para el ejercicio de profesiones
- "Limitativas de la libertad de residencia", que conllevaba el extrañamiento, la "relegación a nuestras posesiones africanas", el confinamiento o el destierro o la pérdida de la casa donde vivías.
- "Económicas", con pérdida total o parcial de los bienes y pagos de multas.
Ilustres republicanos, autoridades políticas y dirigentes sindicales cayeron bajo el peso de esa ley, que castigó a miles de personas, ya asesinadas, desterradas, exiliadas, presas o "en paradero desconocido". Los afectados y sus familiares, condenados por los tribunales y señalados por los vecinos, quedaban hundidos en la más absoluta miseria.
De acuerdo con la ley, el juez instructor debería pedir "la urgente remisión de informes del presunto responsable:
- Al Alcalde
- Al Jefe Local de Falange
- Al Cura Párroco
- Al Comandante del puesto de la Guardia Civil
Del pueblo en que aquél tenga su vecindad o su último domicilio, acerca de los antecedentes políticos y sociales del mismo, anteriores y posteriores al 18 de julio de 1936".
La ley marcaba así el círculo de autoridades poderoso y omnipresente, de ilimitado poder coercitivo y administrativo, que iba a controlar durante los largos años de la paz de Franco haciendas y vidas de los ciudadanos: el alcalde, que era además jefe local del Movimiento, el comandante de puesto de la Guardia Civil y el párroco, una triada de dominio político, militar y religioso.
La Ley de Responsabilidades Políticas brindó la oportunidad a la Iglesia católica, por medio de los párrocos, de convertirse en una agencia de investigación parapolicial. No era suficiente con que la Iglesia, colmada de privilegios con la victoria, recuperara su papel de guardián de la buena moral y de las buenas costumbres. Los párrocos se convirtieron, gracias a esa ley, en investigadores públicos del pasado de todo vecino sospechoso de haber "subvertido el orden" y, por supuesto, de haber "atacado a la Iglesia", acusaciones bajo las que podían implicar a los supuestos responsables y a toda su familia. Con sus informes, aprobaron el exterminio legal organizado por los vencedores y se involucraron hasta la médula en la red de sentimientos de venganza, envidias, odios y enemistades que envolvió la vida cotidiana de esas pequeñas comunidades rurales en la posguerra.Los odios, las venganzas y el rencor alimentaron el afán de rapiña sobre los miles de puestos que los asesinados y represaliados habían dejado libres en la administración del Estado, en los ayuntamientos e instituciones provinciales y locales. Un porcentaje elevadísimo de las plazas "vacantes", hasta el 80%, se reservaba para ex combatientes, ex cautivos, familiares de los mártires de la Cruzada, y para tener acceso al resto había que demostrar una total lealtad a los principios de los vencedores. Ahí residía una de las bases de apoyo duradero a la dictadura de Franco, la "adhesión inquebrantable" de todos aquellos beneficiados por la victoria.Miles de fichas e informes de las fuerzas de seguridad, de los clérigos, de los falangistas, avales y salvoconductos, descubiertos por los historiadores en los últimos años en decenas de archivos, dan testimonio del grado de implicación de una parte importante de la población en ese sistema de terror. Hubo cientos de miles de personas que habían luchado en el bando vencedor, que aceptaron la legitimidad de ese régimen forjado en un pacto de sangre, que adoraban a Franco por haberles librado de los revolucionarios, por ofrecerles "paz y tranquilidad". Sin esa participación ciudadana, el terror hubiera quedado reducido a fuerza y coerción. Conviene recordarlo ahora, 70 años después de que todo aquello comenzara, como una forma de resistencia frente al silencio y la falsificación de los hechos.
Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.
sábado, 31 de enero de 2009
El show de Truman
Postdata: la banda sonora minimalista de Philip Glass es magnífica, pero sobre todo por esa desasosegante pieza maestra, Living waters, Aguas vivas.
viernes, 30 de enero de 2009
¿Españoles o austrohúngaros?
Ha habido muchos grandes escritores que no entendían el mundo en el que vivían, y sus posturas políticas eran disparatadas. Ahí están Céline o Hamsun. En mi caso, cuando escribo quiero ser un copista de la realidad, un amanuense que simplemente da cuenta de lo que ve. Y lo que he visto es la tremenda diversidad del mundo y la riqueza de contrastes que existe en las fronteras. Escribo contra el olvido y contra el tiempo, para salvar algunas cosas: construyo una pequeña Arca de Noé, aunque con materiales mucho más frágiles. Escribo para protestar. Escribo para intentar poner un poco de orden en ese mundo que me llega de manera caótica y desordenada, pero también escribo para destruir el falso orden con que a veces se presenta la realidad. Me ocupo del destino de los otros para entender el mío, exploro un laberinto. No sé lo que encontraré al final.
jueves, 29 de enero de 2009
La libertad de opinión de Carlos Otto Reuss
miércoles, 28 de enero de 2009
Happy England!
martes, 27 de enero de 2009
Ratzinger Z contra los teologoliberadores y sus brutos mecánicos
Koji Kabuto, más conocido con el sobrenombre de papilla Benito, que no Mussolini, pese el parecido, decimosexto de su nombre y rango, ha decidido admitir a los antisemitas lefebvrianos en su iglesia, que no es la nuestra; está visto que, si se quiere ser católico, apostólico y romano, lo que hay que hacer es un cisma, una herejía, una apostasía, un escándalo, pero no ser obediente, que es lo que hicieron Ellacuría, Boff, Romero y otros eiusdem palotis. Que aprendan los teólogos de la liberación, devotos del doctor Infierno (sospechosamente parecido a Marx en la serie de anime): hay que dejar de hacer caso a ese papín y a cualquier otro y nombrar a un papa autónomo para América Latina; de ese modo dentro de unos años dispondremos de la iglesia que numéricamente y democráticamente nos merecemos y nos volveremos a juntar para seguir nuevamente otro trecho del camino, como cuando el Cisma de Occidente, y dejamos de padecer este sucedáneo conservaduro y estúpido tripulado por un exinquisidor que llaman iglesia romana. Bien se está San Pedro en Cartagena de Indias. Admitir a Richard Williamson, un antisemita que niega tanto el Holocausto como el derecho de las mujeres a recibir una educación superior, es demasiado.
lunes, 26 de enero de 2009
Religiones satíricas
Es una orden de herejes y blasfemos dedicados a la vagancia total y a profundizar en el estudio de las ciencias de la burla: el Sadofuturismo, la Megafísica, la Escatolografía, la Esquizofrénica, el Moralismo, la Sarcastrofía, la Cinisreligión, la Apocalipticonomía, el Espectoracionalismo, la Hipnopediatría, el Subliminalismo, la Satirología, la Distoutopianidad, la Sardonicología, el Apariencionismo, la Ridiculofagia y las distintas variantes de la Teología Miscelánea. (Del Libro de los SubGenios). La Iglesia está considerada una empresa para hacer dinero, y se declara a sí misma «la única religión que está orgullosa de pagar sus impuestos». Cualquiera puede convertirse en un ministro SubGenio oficial pagando una cuota de treinta euros por una membratura de por vida. «¡Eterna salvación o te devolvemos el triple de tu dinero!»
domingo, 25 de enero de 2009
Un sueño
Soñé que bajaba al Infierno, y no había nadie allí. Nada que atormentase. Nada que molestase ni aturdiese. Sólo yo.
...y toda la Eternidad
Félix Mejía, autor del "Viva la Pepa"
Historiadores gaditanos discuten el origen del popular grito asociado a la Constitución de 1812
PEDRO ESPINOSA - Cádiz - El País, 25/01/2009
La Pepa es nombre de mujer. También de un restaurante en Cádiz, un futuro puente y el logotipo del principal organismo para la conmemoración del bicentenario de la Constitución de 1812. Sobre la Pepa gira ahora también el último debate histórico que afecta a esa Carta Magna. Historiadores gaditanos discuten el origen del popular grito ¡Viva la Pepa!, desde hace años asociado a la alegría que supusieron los derechos liberales recogidos en aquel texto. El profesor José María García León abría el debate al asegurar que no existen pruebas históricas que demuestren que esa exclamación fuese utilizada en el siglo XIX. El experto constitucionalista Alberto Ramos Santana rechaza esta teoría con referencias literales más o menos directas. En lo que ambos coinciden es en que el ¡Viva la Pepa!, a pesar de lo que algunos creen, no se pronunció el día de la promulgación de la Constitución.
El 19 de marzo de 1812 llovía en Cádiz. Pero, aun así, las crónicas periodísticas narran que el pueblo salió a la calle a festejar que aquel día España tenía su primera Constitución. En algunos recientes libros de Historia y en multitud de referencias en Internet se atribuye a la gracia gaditana el atrevimiento de apodar la Carta Magna con nombre de mujer. Esos mismos textos apuntan que la algarabía popular hizo nacer aquel día de San José el famoso ¡Viva la Pepa!
García León ha desmontado el mito. El profesor gaditano ha indagado entre periódicos, actas, cancioneros populares, novelas y cuadernos de poesía del siglo XIX alguna referencia a La Pepa. Y no la ha encontrado. "No está ni en los periódicos más liberales. Se habla de una alegría generalizada, de gritos de ¡Viva la Nación! pero podemos decir a boca llena que el ¡Viva la Pepa! es falso", argumenta. Según García León, de aquella exclamación sólo empezó a hablarse bien avanzado el siglo XX.
Ramos Santana niega la mayor. Y lo hace con citas de referencias recogidas de la primera mitad del siglo XIX. En 1822, el periódico El Zurriago ya identificaba la Constitución de 1812 como La Pepa. Ramos Santana reconoce que las referencias periodísticas y literarias al ¡Viva la Pepa! son escasas y lo justifica en que ese grito fue siempre subversivo. Dos años después de aprobarse la Constitución Fernando VII anuló el texto y también prohibió que se hiciera mención a ella. Por eso, según este historiador, nació el ¡Viva la Pepa!: para burlar la prohibición del rey y ensalzar la Constitución.
Eso sí, nadie puede demostrar que el ¡Viva la Pepa! naciera aquel 19 de marzo de 1812. Incluso Ramos Santana ve "bastante improbable" que se pronunciara aquel día. Detrás, el trasfondo político que hay en el empeño del PSOE para denominar con el mismo nombre de mujer a infraestructuras, actividades y lemas del bicentenario. A pesar de los documentos que le contradicen, García León se congratula de haber abierto un debate público sobre Historia. 200 años después La Pepa vuelve a vivir.
A la memoria de Larmig
Sé que la dicha que el humano anhela
en este valle lóbrego no anida,
es ave cautelosa, que no vuela
sino en alta región desconocida.
¿Qué es la dicha? El amor que no recela,
que nada teme, que jamás olvida.
¿Dónde el perenne amor tiene su imperio?
Del cielo en el recóndito misterio.
Y, ¿qué fuera ese cielo prometido
sin el encanto del amor dichoso?
Un desierto sin linde conocido,
y cuanto más inmenso más penoso,
vasto templo con oro revestido
encerrando sepulcro silencioso:
y es la pena mayor del negro averno
eterna vida, sin amor eterno.
o
Amor que siempre acrece y nunca muere,
lluvia que alegra el prado y no lo anega,
mano que siempre cura y nunca hiere
La religiosidad en Larmig es auténtica, no impostada. Poseía la sensibilidad de un auténtico místico. Su libro Mujeres del Evangelio (1873) es uno de los mejores del Postromanticismo, es una pena que no le hayan dedicado la atención que merece.
El matrimonio, John Milton, el comercio inglés y Satanás
Matar a un hombre es matar una criatura racional; matar un libro es matar la razón, es matar la inmortalidad más bien que la vida. Las revoluciones de los tiempos suelen no recobrar una verdad desestimada por cuya falta naciones enteras sufren eternamente.
Pero la chica se había congraciado ya con el poeta: "Ella se arrojó llorosa a los pies de su marido, confesando sus yerros y Milton perdonó a la pecadora", con lo que Milton escribió La reconciliación de Adán y Eva. Un día a Mary le dio por abandonar este mundo dejándole tres hijas y Milton se fue a buscar otra mujer para que las atendiera; casi cuatro años luego se casó con Catalina Woodcock de Hackeney, que falleció al año, y vuelta a buscar novia, una tal Isabel Minshul. Ya sereno, se puso a escribir su Paraíso perdido e inmediatamente El Paraíso recobrado, cuando ya tenía 50 añazos. Sus hijas lo engañaban y le vendían secretamente los libros, ya que la tenaz rebeldía a ganarse el sustento con un cargo estuardista les hacía ser muy pobres, por lo que se quejaba diciendo que no era querido ni por ellas ni por ninguna mujer y llegó a decir el muy machista que "la mujer está hecha solamente para la obediencia y al hombre para la rebelión", que se había quedado ciego. También es verdad que el verdadero protagonista de su poema, su Satán, el envidioso del hombre, el que dijo non serviam!, una especie de Cromwell contra el derecho divino del supremo rey, es muy parecido a él. Las hijas de Milton, al terminar cada día el dictado de El Paraíso perdido, le leyeron todo de nuevo y anotaron sus correcciones... pero si eran tan fiables como decía su padre, bien es posible que metieran la pata alguna vez a propósito, y bien le estaba merecido al muy cabezón del padre. El poema quedó impreso en un sótano porque no le dieron imprimatur, y el pobre poeta murió sólo, marginado en una Inglaterra monárquica, despreciando puestos muy remunerados sólo por defender su independencia y su republicanismo fanático, en ese infierno en que veía convertida su Inglaterra.
La fuga de Juan de Dios Mora
Juan de Dios Mora o Juan de Mora (Córdoba, 1827 - Madrid, 28 de mayo de 1884), escritor español.
Poco se conoce sobre su vida. Fue redactor del periódico demócrata La Discusión de Madrid, y algunos de sus artículos le valieron la persecución y la cárcel en el Saladero, donde enfermó gravemente. Recobró la libertad con la Revolución de 1868 y fue jefe político sucesivamente en varias provincias, entre ellas Ávila. Compuso numerosas novelas históricas de carácter foletinesco, pero documentadas: Florinda; ó, la Caba (1852, 2 vols.); El caballero del silencio (1856), ambientada en el siglo XVI; Los Templarios (1856 y 1857, 2 vols., reimpreso en 1884), Pelayo ó El restaurador de España (1853, con reimpresiones ulteriores), y prólogo de Emilio Castelar, traducida prontamente al portugués; Felipe V el Animoso, Mariana de Austria, El rey don Fruela (1858), etcétera. Disgustado de la política, se retiró de la misma al concluir el reinado de Amadeo I. Murió en la pobreza dejando inéditas dos novelas, La expiación de la misericordia y La voluntad y el destino, así como otros escritos. Al parecer, Julián Zugasti confió a Juan de Dios Mora, quien ya había escrito la biografía de algún que otro bandolero, la redacción de El bandolerismo: Estudio social y memorias históricas (3 vols. 1877-1878) que corre a nombre del primero. También compuso algunos folletos políticos, como La coalición anticonstitucional.
Pero he aquí que en La Ilustración Española y Americana del 22 de febrero de 1896 me encuentro un artículo firmado por un anónimo X. X. titulado "La fuga de Mora" en que se cuenta cómo se fugó de la custodia de dos guardias descolgándose desde un balcón con un cordón que escondía en el cinturón. Esto no lo cuento en el artículo de Wikipedia, claro está: el caso es que tras la Vicalvarada de O'Donnell, en 1856, fue detenido y recibía visitas de Nicolás María Rivero, el director de La Discusión y, temiendo ser envenenado, tramó con el padre del firmante del artículo una fuga muy audaz tras la cual pudo llegar a Francia. Primero adormeció a sus guardas ganándose su confianza, invitándolos a comer copiosamente con un buen vino, de modo que se cayeron dormidos. Luego despejaron la vigilancia del barrio con gritos de "Al ladrón", con lo que consiguieron dejar expedita la calle para la peligrosa maniobra de bajar por el balcón, en la cual se desolló las manos.
sábado, 24 de enero de 2009
Otra revista de mis últimas biobibliografías para la Wikipedia
Como no puedo estar sin hacer nada, me suelo distraer escribiendo biobiliografías. llevo escritas muchísimas, cientos, para la Wikipedia, sobre todo de escritores. Últimamente he escrito las del novelista e historiador Manuel Ibo Alfaro, cuyas opiniones sobre las mujeres y los profes interinos habría que conocer, la del interesantísimo poeta manchego (consaburense) Alfonso García Tejero, al que descubrí escribiendo mi Historia de la literatura manchega del siglo XIX, que puede consultarse en mi portal, de tanta inspiración callejera y popular como calidad intrínseca; la de Manuel Fermín de Laviano, la del poeta Alonso Verdugo, cuyo hermosísimo poema Las ruinas, que anticipa en casi setenta años el Prerromanticismo, leí y disfruté con motivo de esta inquisición; al ilustrado poeta andaluz José María Roldán, muy devoto él; a Diego Luque de Beas, de quien habría que leerse sus memorias a ver si dice algo interesante como observador tras las bambalinas; a Fernando Patxot, un catalán certificado que escribió una novela muy interesante, muy traducida y reimpresa, sobre la matanza de frailes de 1835; a Francisco José Orellana, al fundador de la novela polaca, el satírico arzobispo de peluca empolvada e ilustrada Ignacy Krasicki, al fabulista ruso Iván Krylov, a José Agustín Ibáñez de la Rentería, del que no me acuerdo gran cosa, a Bernardo María de la Calzada, teatrero importante de finales del XVIII y a quien se le daban bien los dramas patrióticos; al diplomático Mauricio López-Roberts, un narrador decimonónico muy diestro en los aspectos sentimentales de la novela; al famoso periodista Manuel Bueno, quien dejó sin brazo a Valle-Inclán y que parece mentira todo lo que llegó a escribir; a Luis Ruiz Contreras, cuyas memorias alcancé a leer buscando datos sobre García Vao; a Gabriel María Vergara Martín, un pozo de ciencia paremiológica y lexicográfica; a Ramiro Fernández Valbuena... de quien no me acuerdo maldita la cosa, a Ippolito Nievo, un novelista que se ahogó en el mar Tirreno cuando se dirigía a Nápoles y a quien seguro lamentaré no haber tenido tiempo para leer, a Rafael Boira...
Otros autores a los que les he dado un repaso, pero que tenían ya entrada en la Wikipedia, a veces escrita por mí mismo: Francisco de Encinas, Benito Vicetto, Juan Cortada, Ramón Navarrete, José Muñoz Maldonado, Augustin Barruel, Flor azul... La flor azul de Novalis, que representa el conocimiento inalcanzable.
miércoles, 21 de enero de 2009
Qué murria
Habrá síntomas positivos, seguro, pero qué bien se esconden. La entropía y la falta de entusiasmo han terminado por agrietar mi armadura, infliltrar la mierda en mi espíritu e inficionar pestilentemente mis ganas de proseguir este tinglado. Soy un actor que no cree en su papel, una voz que salmodia a oscuras, un títere que no sabe bailar, una rata que escarba en la basura para abrigarse del frío, un ruido hueco en una cañería nocturna, una larva de oruga devorada por las hormigas, un feto muerto con una aguja de punto en la cabeza.
Afuera la gente come y caga y se roza con fruición, haciendo saltar la chispa del enstusiasmo que todavía les brinda algún amor por los genes. La inmortalidad de la carne, ese fuego, les hace tener hijos, y la mortalidad del espíritu, sospechada más que afirmada, les hace enviar a tomar por culo la idea de que sus hijos puedan heredar alguna cosa suya que no sea el entusiasmo por el Real Madrid o la pelota en general, algo poco definitorio y trascendente, por demás. Además, y tal y como van las cosas, lo más probable es que terminen por heredar sus deudas.
Yo aquí tricoto unas palabras desilusionadas y busco excusas para consistir un día más, y otro, y otro hasta que se acabe el entusiasmo. Unas excusas tan débiles, "engaños", que decía Garcilaso, que eran "menester hacerlos cada día". La imposibilidad de que vuelvan los recuerdos con la misma intensidad que si estuvieran vivos; la necesidad de garantizar a los otros que puedan tener esos mismos recuerdos; la necesidad de construir algo que el tiempo se encargará de destruir...
He buscado en Internet la cita que hago de memoria de Garcilaso; pertenece a su Elegía II a Boscán:
Sólo sostiene la esperanza mía
un tan débil engaño, que de nuevo
es menester hacelle cada día,
y si no le fabrico y le renuevo,
da consigo en el suelo mi esperanza
tanto que en vano a levantalla pruebo.
Estos versos de Garcilaso mi memoria los asociaba a este soneto de Quevedo, que refunde otro muy famoso de Aldana:
SALMO XXVI
Después de tantos ratos mal gastados,
tantas obscuras noches mal dormidas;
después de tantas quejas repetidas,
tantos suspiros tristes derramados;
Después de tantos gustos mal logrados
y tantas justas penas merecidas;
después de tantas lágrimas perdidas
y tantos pasos sin concierto dados,
sólo se queda entre las manos mías
de un engaño tan vil conocimiento,
acompañado de esperanzas frías.
Y vengo a conocer que, en el contento
del mundo, compra el alma en tales días,
con gran trabajo, su arrepentimiento.
El soneto de Aldana es este:
En fin, en fin, tras tanto andar muriendo,
tras tanto varïar vida y destino,
tras tanto de uno en otro desatino
pensar todo apretar, nada cogiendo,
tras tanto acá y allá yendo y viniendo,
cual sin aliento inútil peregrino,
¡oh Dios!, tras tanto errar del buen camino,
yo mismo de mi mal ministro siendo,
hallo, en fin, que ser muerto en la memoria
del mundo es lo mejor que en él se asconde,
pues es la paga dél muerte y olvido,
y en un rincón vivir con la vitoria
de sí, puesto el querer tan sólo adonde
es premio el mismo Dios de lo servido.