jueves, 4 de marzo de 2010

Encuentro digital con Marías

Saludos Sr. Marías. Sólo quería preguntarle que le aporta ser miembro de la Real Academia de la Lengua, y qué cree usted que puede aportar a la sociedad actual. Y una cosa más, ¿cuál fue la última novela en español (escrita en esta lengua quiero decir) que ha leído? Muchas gracias.

No llevo mucho tiempo en la RAE, pero me aporta la posibilidad de estar en contacto con gente mucho más sabia que yo y de colaborar en el Diccionario, lo cual es divertido, amén de una responsabilidad considerable. La RAE es una brújula para los hispanohablantes, orienta, sugiere, aconseja. Nunca ordena. Es muy útil, creo yo, sobre todo ahora en que se habla y escribe mal en general. Estoy leyendo La noche de los tiempos, la nueva novela de Muñoz Molina. De nada, señor Alí.

Sigo sus artículos de "El país semanal". ¿No crée que es demasiado pesimista en cuando a sus opiniones sobre España y los españoles? No creo, ni mucho menos, que seamos un país perfecto, pero suele tener mejor opinión del extranjero y yo creo que cada país tiene lo suyo.

Sin duda cada país tiene lo suyo, pero yo soy español (más o menos) y es lógico que señale lo que no me gusta de mi país, y no tanto los de otros en los que no vivo. Es como con la propia familia: uno habla mal de ella porque pretende mejorarla, pero quizá no aceptaría de buen grado los mismos comentarios en boca de personas ajenas.

Señor Marías, ¿qué opina del ingreso en la Academia de tanto escritor en detrimento de excelsos filólogos, lingüistas o gramáticos?

No sé por qué dice eso, señor Livio. En la RAE hay muchos filólogos y lingüistas, desde Seco y Salvador y Blecua hasta Inés Fernández Ordóñez y Pascual y Salvador Gutiérrez. Un exceso de ellos en detrimento de los escritores sí me parecería inadecuado y peligroso. El concurso de los filólogos es fundamental, pero tienden –algunos- a ver la lengua como una disciplina exclusivamente científica. Las lenguas dependen en gran medida del lenguaje literario. Es éste el que las mantiene vivas y en evolución permanente, junto con el de la calle, clarop está, y suelen ser los escritores quienes tienen lo que podríamos llamar “sentido de la lengua”. A mi modo de ver, son aún más necesarios que los lingüistas.

¿Le resulta más difícil escribir sobre reflexiones íntimas o sobre asuntos sociales y políticos?

Creo hacerlo por igual. Muchos de mis artículos tratan de personas desaparecidas de mi vida, o bien son evocativos de mi infancia. En éstos, desde luego, procuro no caer en sensiblerías ni cursilerías, y los escribo siempre con cierto pudor, casi disculpándome. En los de asuntos sociales y políticos no me disculpo nunca, y así me gano bastantes enemigos, supongo. Ambos tipos de textos son difíciles, no crea.

Buenas tardes. Soy licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y en ninguno de los cursos hemos estudiado la mayor obra literaria española, El Quijote. ¿Qué piensa al respecto? Muchas gracias.

Me quedo estupefacto. ¿A qué se dedican ustedes, entonces? ¿A estudiar a Dragó, tal vez?

Abogado y abogada. Médico y médica. ¿Miembro y miembra? ¿Qué opina de la polémica en relación al género o sexo y que su compañero Reverte defiende? ¿Qué opinión le merece la RAE? ¿Cree que se adapta rápidamente los cambios linguísticos de la sociedad?

Son casos distintos. No veo impedimento en decir médica o abogada. Sí en decir cancillera o jueza, porque ni canciller ni juez tienen una términación propiamente masculina. Miembra es otro caso, y decir eso sería tan absurdo como decir víctimo o colego para referirse a un varón. Algunas palabras terminan en -a o en -o sin que esa terminación indique género.

Hola Javier. En este país cada vez se escribe y se habla peor. Aquel que utiliza un mínimo de vocabulario se le califica inmediatamente como pedante. ¿No cree que deberiamos reaccionar de una vez y manifestar mayor beligerancia verbal con aquellos que prostituyen el castellano? Saludos

La beligerancia no suele dar buenos resultados. El mayor problema es que la gente que habla y escribe mal está ufana de ello, y deberíamos conseguir que la escasez de vocabulario se sintiera como un baldón. Pero, claro, si ayer mismo le oí a un político del PP decir "independientemente de estacionalidad o de no estacionalidad". ¿Qué diablos quiere decir eso? Si quienes hablan a menudo en público sólo tantean la lengua, sin un dominio de ella, es difícil que el conjunto de la población se preocupe por mejorar su nivel.

¿Qué opina sobre las nueva 'Generación Nocilla' y sus elogiadas e 'innovadoras' estructuras narrativas?

No tengo una opinión muy formada, señor Fran, al haber leído poco de lo publicado por esa corriente. Pero, si no le he seguido más, ha sido precisamente porque me da la impresión de ser una literatura vieja y anticuada, en contra de cómo nos la han presentado. Lo que ahora se ofrece como novedad lo hizo ya mi generación en su juventud, en los años setenta: la fragmentación, la falta de historia, la mezcla de elementos pop, televisivos, hoy ciberespaciales si usted quiere, con otros estrictamente literarios. No sé, es como si el mundo no tuviera memoria, lo cual lo condena a repetir viejas fórmulas creyendo que son nuevas. Es sólo una intuición, y como tal injusta, pero me parece que se trata de una innovación que ya nace anticuada. La vanguardia es otra cosa.

¿Tienes buenos recuerdos de tu etapa como profesor en Oxford? ¿Por qué no has continuado bien allí en Oxford o en alguna otra Universidad, incluido España?

Muy buenos, sí. Pero mi contrato tenía una duración máxima de dos años. Así que estuve cuatro años más enseñando Teoría de la Traducción en la Complutense de Madrid. Guardo buen recuerdo de mis alumnos, pero pésimo del departamento en que estaba. Me dio la impresión de que la Universidad española busca deliberadamente la mediocridad, así que me largué, y no me quedaron ganas de volver a sitios así.

¿Cree posible que una traducción pueda igualar la calidad literaria de la obra original? ¿No es un atentado similar al del doblaje de la versión original de una película? Gracias.

Sí, creo que en algunos casos incluso puede mejorarla (si el original no es gran cosa, por ejemplo). Rara vez sucede eso, sin embargo, y menos ahora en español, cuando el nivel general de las traducciones es bastante desastroso. Creo en todo caso que la traducción no es comparable al doblaje. Es más bien como la interpretación musical: la partitura es invariable, como el original, pero puede sonar de forma muy distinta si la inter`preta un pìanista como Gould, o Pollini o Michelangeli.

Buenas tardes, un placer saludarle. El estilo de su prosa le distingue de los demás, pese a la existencia de algún imitador. Alguna vez se ha hecho referencia a que su sintaxis es más anglosajona que castellana, con ecos de prosas de autores ingleses clásicos sobre todo (p.ej. Sterne). Como académico, ¿cree que hay algo de ello?, ¿hay una sintaxis más propia de una lengua que de otra? ¿Se le ocurren otras excepciones?

Sí, claro, la sintaxis varía de lengua a lengua. Yo he procurado a veces forzar la del español (intentando no caer en barbaridades), entre otras razones porque esa es una forma de flexibilizar y enriquecer la lengua propia. Si un escritor "doblega" su lengua y el resultado es aceptable, eso queda ya incorporado a dicha lengua. Le recujerdo que de Borges, hoy tenido por el Escritor Argentino por antonomasia, se dijo durante mucho tiempo que era un escritor inglés, y se decía con desdén. Lo que hace el tiempo al pasar ...

Me sorprende este encuentro digital, teniendo en cuenta la nula relación que tiene -o dice tener- usted con internet. ¿Aceptó la invitación de El País antes de saber qué demonios es un "encuentro digital"?

No, ya tuve uno hace años, en la editorial Alfaguara. Una cosa es que el ordenador no me guste para escribir mis libros y artículos. Otra, que no sepa darle a un teclado un día suelto. Aunque lo encuentro incómodo, no se crea, señor Internete.

Sr. Marías. Enhorabuena por la calidad de su obra literaria y de sus artículos. ¿Puede contar algo más de su próxima novela de la que sólo ha revelado que el narrador es una mujer? Gracias!

No, lo siento. Yo mismo no sé demasiado de esta novela. Sólo las comprendo cabalmente, las que escribo, una vez terminadas. Lo único que puedo añadir es que será un libro pesimista. Gracias.

¿Puede ser que los españoles hablemos peor nuestro idioma que, por ejemplo, los franceses o los ingleses el suyo?

No lo sé con seguridad, ya que tengo amigos ingleses y franceses que me dicen que la situación del habla es también desastrosa en sus países. A mí, sin embargo, me parece difícil que se pueda superar en ningún sitio el deterioro del español de España, donde demasiada gente no sabe ni construir entera una frase simple. Me temo que gran parte de culpa es de los medios de comunicación y de los Ministerios de Cultura de los últimos cuarenta años. Me temo que la cosa ya no tenga vuelta atrás.

Javier, ¿ya se ha recuperado del cansancio que le supuso concluir la trilogía de "Tu rostro mañana"? Sea bueno, dígame que vendrán más novelas.

No del todo, en parte porque llevo casi un año viajando de aquí para allá para hablar del tercer volumen de TRM en los países en que va saliendo traducido, y me aburro a mí mismo. Tengo una nueva novela en marcha, quizá mediada, pero su escritura me he visto obligado a interrumpirla en los últimos meses. Me falta tranquilidad de espíritu, con tanto ajetreo, y aún no le he dado el “visto bueno”. Quiero decir que ni siquiera sé si acabará existiendo. Supongo que sí, pero yo soy muy inseguro con todo lo que escribo, y todavía no me ha llegado ese momento en que uno se dice “Que sea lo que San Conrad quiera”.

¿Es cierto que Borges dijo en alguna ocasión que el mejor Quijote era el traducido al inglés? ¿Qué le parece?

Creo recordar que sí. que a él le gustaba más la traducción de Shelton. A Borges le gustaba mucho provocar, decir boutades, escandalizar a los patrioteros y a los ortodoxos. También le gustaba decir tonterías en las entrevistas, o digamos que los periodistas se las pedían y él les daba satisfacción. Esa afirmación suya yo la veo a mitad de camino entre la provocación con gracia y la tontería deliberada. No hay que fijarse tanto en sus manifestaciones cuanto en sus textos. En ellos no suele haber tonterías de ninguna clase.

Dicen que el final del libro impreso está a punto de llegar.¿Usted aceptaría publicar sus novelas exclusivamente en edición digital? Admito que yo, así, no sé si las leería. Cuídese.

Si no hubiera más remedio, si no existiera ya la imprenta… Pero no creo que eso suceda, imagino que coexistirán las dos formas de edición, y desde luego ya no estoy para renunciar a los libros. Muchos seguiremos comprándolos. Y la verdad es que no me cuido mucho, pero gracias, señora Rucita.

Sr Marías: ¿Qué tal el reciente encuentro con Paul Auster en Nueva York? ¿Lo repetiría?

Fue muy grato. Bueno, él leyó lo suyo y yo lo mío, luego contestamos a unas pocas preguntas al alimón. Después nos fuimos a cenar y nos llevamos muy bien. Él me habló de baseball y yo a él de fútbol. También coincidimos en nuestra devoción por algunos actores secundarios americanos de los años 30, 40 y 50. Se quedó muy sorprendido de que yo supiera quiénes eran Eric Blore o Franklin Pangborn. Me debió de considerar un bicho raro, pero creo que nos caímos muy bien. Además, aún fumamos los dos, y eso hoy une mucho.

¿Qué palabra utilizaría para definir a la clase política de este país?

Si sólo ha de ser una, cochambrosa.

¿Qué le recomendaría a un joven para para ser un buen escritor?

Leer, leer a los que es seguro ya que son buenos: a Tito Livio, a Amiano Marcelino, a Dickens, a Conrad, a Montaigne, a Flaubert, a Shakespeare y a Cervantes, entre otros. Y, si puede y sabe, traducir: es la mejor escuela para aprender a escribir.

He leido que junto a Pérez Reverte y algún otro escritor miembro de la RAE, se han propuesto recuperar la palabra "acercanzas", que ciertos miembros de la academia querían eliminar. Me gustaría saber hasta que punto considera legítimo por parte de la Academia el eliminar palabras de la lengua española.

La RAE no elimina palabras de la lengua, sólo el Diccionario de uso, para que siga siendo manejable y porque hay que dejar espacio a los nuevos términos. Esos vocablos que se “jubilan” pasan al Diccionario histórico, no es que se supriman ni se pierdan. Si no hay registro escrito de una palabra después de 1500, quiere decir que está completamente fuera de uso, salvo excepciones. No es lo mismo si apareció en un tratado farmacológico o en Gonzalo de Berceo, por ejemplo. También eso es la RAE lo tiene en cuenta.

La decadencia de la literatura en español ¿es cosa de las editoriales o es falta de talentos?

No veo mayor decadencia en esa literatura de la que hay en otras, en la francesa, la alemana, la italiana o la inglesa. Estando aún en activo García Márquez, y Mutis, y Vargas Llosa, y José Emilio Pacheco, por citar a unos pocos, no veo excesiva decadencia. Piense en lo que quedará de cuanto se escribe hoy en día. ¿Diez autores de todo el mundo? Si es así, mi opinión es que alguno habrá de los que escriben en español.

Vivo en Chile desde hace diez años y he conocido a muchos De La Garza españoles. Javier, ¿conoció usted a alguno o simplemente nació de su ingenio literario? Disfruté de lo lindo con el personaje y me reí como nunca, de él por supuesto.

Ese personaje tiene un 25% de algunas de las personas que he conocido y un 75% de invención o de fabulación, que no son términos sinónimos. Me alegra que se riera con él o de él. En todo caso tenga en cuenta que todo lo que proviene de la realidad ha de pasar por un filtro en una novela, y no distinguirse, a la postre, de lo que tiene una procedencia estrictamente literaria.

¿Cree que el talento literario nace o se va haciendo con el tiempo? Gracias

Las dos cosas, señor Ostro. Hay gente empeñada en escribir a la que Dios no ha llamado por esa senda, eso es seguro. Por mucho que se esfuercen, poco mejorarán. Pero quien tiene ciertas dotes para eso no llegará tampoco muy lejos si además no se esfuerza e intenta hacerlo siempre lo mejor posible. Lo peor que le puede suceder a un autor de talento es que todo lo que salga de él será bueno porque sí. Ese autor está perdido.

Me imagino el volumen de su biblioteca. ¿Puede darnos una idea aproximada de un número aproximado, ediciones, etc.? Un saludo, Samuel Rodríguez, Maspalomas

Creo que mi biblioteca consta de unos 20.000 volúmenes. Creo. En todo caso me ocupa ya demasiado sitio. Voy a tener que tirar unos cuantos.

Leí recientemente un relato corto suyo publicado en la revista cultural New Yorker. ¿Cree usted que los críticos literarios españoles le tratan igual que los extranjeros?

No, creo que no. Para entendernos: es muy raro que un crítico español manifieste entusiasmo por mis novelas. Entre los extranjeros, en cambio, eso se da a menudo, o incluso una euforia un poco exagerada, a mi parecer. Yo la agradezco, en todo caso, ya que es algo que anima y estimula. En mi país es infrecuente que me sienta estimulado por los críticos, sí en cambio por bastante lectores.

¿Qué poder le otorga a la lengua, a las palabras?

Mucho, como todo el mundo, empezando por los políticos, que quieren dominarla y amansarla. No otra cosa es la llamada corrección política, una especie de censura reaccionaria disfrazada de empresa izquierdista. Es bueno que cada cual hable como le parezca. Eso, además, nos ayuda a saber con quién nos las estamos viendo en cada ocasión. Lo peor es la uniformidad, y hacia ella se nos quiere llevar.

¿Qué libros ha leído últimamente? ¿Recomienda alguno a sus lectores? (No necesariamente novedades; leí su artículo del pasado domingo.)

Un libro que leí en inglés hace años, que mencioné en un artículo ya antiguo y que por fin acaba de salir en España, con poco eco, por cierto: Diario de un desesperado, de Friederich Reck. Es una verdadera maravilla, sobre todo para quien esté interesado en documentos autobiográficos de la Segunda Guerra Mundial. También dice algo de la crítica española que apenas haya reparado en esa obra impresionante.

¿Cuánto de autobiografía hay en TRM? He leído partes y luego el todo y creo que algo de eso existe.

Como he explicado, hay sobre todo dos personajes que vienen de la realidad, Sir Peter Wheeler y el padre del narrador. Pero mire, a mi modo de ver es o debe ser indiferente la procedencia de los materiales de una novela. Todo debe formar un continuum, tanto lo que viene de la propia experiencia como lo que surge puramente de la imaginación. Si a los ojos del lector esto no es así, es que el autor ha fallado un poco, o mucho.

¿Cuáles son las 3 novelas imprescindibles de la literatura del siglo XX?

Tres son pocas. Pero en fin, yo tengo debilidad por Lolita de Nabokov, por Luz de agosto de Faulkner y por El guardián entre el centeno , del recientemente fallecido Salinger, de quien además traduje tres cuentos hace ya muchos años. Cuentos inencontrables, por cierto, y que más de uno, en su día, creyó que eran míos en realidad. Ojalá.

Bilis negra

La bilis negra era uno de los cuatro humores de la medicina medieval; en latín es atra bilis, de donde viene el adjetivo atrabiliario, que significa furioso, enojado o enfadado. Este artículo, publicado hoy, es curioso al respecto, por eso lo copio:

Manuel Rodríguez Rivero, "Bilis negra", en El País, 3-III-2010:

Si usted sufre con o sin motivo (aparente), si no es feliz, si se siente frustrado o malquerido o culpable por algo que hizo o dijo (o que cree que pudo haber dicho o hecho), o porque la vida es injusta y no ha conseguido lo que de ella esperaba, si le entristece la pérdida o la traición de un ser querido, si experimenta cualquiera de esas sensaciones (o de otras semejantes), entonces es que está usted enfermo y precisa cura. Pero, tranquilícese: la farmacia está siempre ahí para ayudarle. Al fin y al cabo, su felicidad puede depender de un sencillo ajuste neuroquímico.

Treinta millones de estadounidenses a los que se les ha diagnosticado depresión en cualquiera de sus grados se gastan cada año más 10.000 millones de dólares en antidepresivos y ansiolíticos. La antigua bilis negra de los clásicos, la acedía medieval, la abstracta Melancolía a la que Durero puso rostro y decorado en inolvidable grabado, el spleen de caballeros y damas posrománticos, se ha transformado ahora en depresión, auténtico Weltschmerz -mal del mundo- de una época en la que nadie quiere sentirse responsable de nada, en la que el dolor no se tolera (aunque se inflige a otros) y el deseo y la pasión pueden ser interpretados como síntoma de insania.

Desde hace poco más de medio siglo, cuando su nombre comenzó a pronunciarse en las consultas de los médicos de cabecera, la depresión se ha convertido en un útil comodín ideológico. La medicalización de la tristeza -o de la felicidad, según el énfasis que se ponga- ha llegado a ser una de las más sustanciosas fuentes de beneficios de las empresas farmacéuticas. Manufacturing depression, un libro de Gary Greenberg (Simon & Schuster, en EE UU, y Bloomsbury, en Reino Unido), analiza la apabullante patologización de la depresión que ha tenido lugar en Occidente en el último medio siglo. Las medicinas puestas en circulación para combatirla han sido tan diversas -y contradictorias- como las anfetaminas de los años cuarenta y cincuenta, los ansiolíticos de los sesenta, los derivados de las benzodiacepinas de los setenta y ochenta (¿quién, con más de 40 años, no conoce el Valium?), o el hasta hace poco "definitivo" Prozac, cuya campaña de promoción ("la depresión no es sentirse bajo, es una enfermedad real con causas reales", decía uno de sus eslóganes) le costó a la firma Lilly 22 millones de dólares en los primeros meses de su comercialización (con tanto éxito que las revistas Time y Newsweek dedicaron sendas cubiertas al fármaco).

Bernard Marx y Lenina Crowne, igual que todos los demás ciudadanos de Un mundo feliz, consumen habitualmente soma, una droga -"con todas las ventajas del cristianismo y del alcohol y ninguno de sus defectos"-, para mantener el buen ánimo. También para ellos la felicidad es un asunto de química: un gramo a tiempo y se puede afrontar lo que sea (incluso un fin de semana). Greenberg no critica en su polémico libro que se les administre antidepresivos a quienes los necesitan: no es lo mismo la terrible enfermedad tan magistralmente descrita por William Styron en su libro Esa visible oscuridad (La otra orilla) que el malestar -mezcla de aburrimiento y frustración personal-, que conduce a Emma Bovary al suicidio, o que la náusea metafísica y sartreana de Antoine Roquentin. En una época en la que arrecia la ofensiva contra las terapias de la palabra (y especialmente contra el psicoanálisis), Greenberg las reivindica (y no sólo la "profesional") como alternativa al muy rentable imperialismo de la farmacopea. Dejando claro también, frente a la mitificación ideológica de la "felicidad" como pretendido "estado natural" de los seres humanos, que el sufrimiento forma parte de la vida y es factor fundamental de crecimiento y transformación personal.

Ostentar cuernos

Me parece muy bien que se supriman las corridas de toros; lo que ya no me parece tan bien es que no se supriman otras fiestas nacionales, o más bien nacionalistas, como las guerras, donde se sacrifican seres humanos. a intereses menos lúdicos y artísticos, pero más devoradores que Moloch, Ares o Jehová. No sé cuál debería ser la prioridad ni quiero hablar sobre qué seres son más inocentes, pero creo que es evidente que nos interesa más lo segundo y que hacer lo primero sin lo segundo sería hipócrita; de forma que sólo dejará de serlo cuando consigamos prohibir, o todavía mejor, evitar las estúpidas guerras, civiles o no -toda guerra es civil, porque se hace entre seres indistintos (Quevedo hablaba de la guerra civil de los nacidos)-. No sólo hay que respetar personas y animales, sino incluso a las cosas, porque han servido, sirven y pueden servir a las personas y a los animales. El agradecimiento y el amor se extiendería así de forma física por el mundo. Esto es anarquismo, pero también es sentido común, por más que algunos quieran ver en ello gente con cuernos y cola.

Ahora bien, si suprimir las corridas de toros es un primer paso para suprimir las guerras, eso me parece bien, por más que veo sociedades donde no existen las corridas de toros y donde se dieron guerras más crueles que las españolas; es evidente, pues, que ha de ser lo primero suprimir las guerras, pues hacerlo con las corridas de toros no nos garantiza ser más humanos que los demás, y ni siquiera más catalanes, porque eso es, en el fondo, lo que se está discutiendo ahora en Cataluña, que es sólo una palabra y una historia, aunque algunos digan que también es un concepto y una esencia.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Emilio Lledó

Muy bonito y profundo el discurso de Emilio Lledó en el Congreso virtual de la lengua española. Allí aparece citado un pasaje de Las Leyes de Platón:

"Lo que la mayoría de las gentes llaman paz no es más que un nombre y en realidad hay por naturaleza una guerra perpetua y no declarada de cada ciudad contra todas las demás… ¿Y acaso siendo eso verdad de las ciudades con respecto a otras ciudades lo es también de una aldea contra otra aldea y una casa respecto a otra casa y de un hombre respecto a otro hombre …y uno mismo con respecto a si mismo ha de considerarse también como enemigo?"

La respuesta de Clinias a su compañero ateniense es sobrecogedora: "Todos los hombres son pública o privadamente enemigo de todos los demás y cada uno también enemigo de sí mismo." (I,626a2,ss.)

Este pasaje heraclitiano tiene mucha aplicación al De utriusque Fortunae de Petrarca y el prólogo de La Celestina que inspira, incluso a la última frase de Quevedo, poco antes de morir: "Hay cosas que sólo son un nombre y una figura".

El papel -higiénico- del asco

Nos dice la entropía que, en líneas generales, el tiempo no genera ni hace germinar las cosas, sino que las descompone poco a poco. El demiurgo de Platón elabora en su torno copias imperfectas, como las pirámides del soneto de Shakespeare, de su propio arquetipo, al igual que el Dios judío se ponía a hacer kenes y barbies de arcilla a su imagen y semejanza,

Oficio noble y bizarro
entre todos el primero
es el oficio del barro
pues Dios fue el primer alfarero
y el hombre el primer cacharro

Sin embargo, la Biblia no dice si Dios tuvo que limpiarse la mierda tras el trabajo; quizá llevaba guantes y un mandil masónico fabricado por ángeles con éter o ectoplasma; lo más dice que se echó la siesta (que viene del latín hora sexta, correspondiente a las doce del mediodía, "cuando hace la calor", aunque antiguamente las horas duraban el doble, por lo cual se contaban doce). Y es que hay que ser higiénico en la vida, separarse de lo sucio. Ese es el origen del asco; Dios, o la Evolución, si place, ha puesto en nosotros la semilla del vómito, de la catarsis; es un distanciamiento que hace grande a autores dramáticos como Shakespeare o Brecht, a los que sus personajes les importan un bledo porque les horrorizan muchísimo. Sienten un pánico terrible ante sus sentimientos y sus pasiones, no las pueden ni ver: se alienan de ellas, como buenos poetas, aunque se dejan enajenar o enalienar cuando están inspirados para hacer su trabajo. El creador ante su obra padece una sobredosis de asco, se quiere separar de ella al igual que una madre, alienada nueve meses con un feto, con síndrome de postparto. Y es que el asco es una droga; ningún ser que sea humano puede andar por ahí sin criticar: los animales no pueden distinguirse de lo que hacen, son lo que hacen, los seres humanos, muchos al menos entre ellos, poseen más caras y fases que la luna o que cualquier poliedro y son difícilmente resumibles a geometría. Y acaso esta diversidad es la causa misma del asco. Como el asco, alienta siempre en nosotros un deseo insobornable de pureza y de sencillez que es nuestro más noble y primer impulso: el deseo de ser, y de ser plenamente.

martes, 2 de marzo de 2010

Oh tiempo, tus pirámides

Que decía Borges en "La biblioteca de Babel" (Ficciones), creo yo que evocando un serventesio del soneto CXXIII de Shakespeare:

No, Time, thou shalt not boast that I do change:
thy pyramids built up with newer might
to me are nothing novel, nothing strange;
they are but dressings of a former sight.


Tiempo, no has de jactarte de mis cambios:
alzas con nuevo brío tus pirámides
y no son para mí nuevas ni extrañas
sino aspectos de formas anteriores.
Esto, en traducción de Mujica Laínez; una versión más precisa es esta:

No podrás ufanarte de mis cambios
oh Tiempo, que pirámides eriges
que no son novedad y no me asombran,
pues sólo reedificas cosas vistas.

Y quizá la mejor, en alejandrinos rimados, es la realizada por William Ospina:

No tiempo, de mis cambios no habrás de envanecerte,
aunque alzas tus pirámides con un nuevo vigor,
nada extraño o distinto veo en ellas, de suerte
que no son más que aspectos de una forma anterior

Pero esto es sólo un pretexto para lo que voy a decir: que existe una política piramidal como existe una estafa piramidal; consiste, por decirlo en castizo, en vender la piel del oso antes de haberlo cazado + el cuento de la lechera. Goberrantes, autonómanos y ayunteros suben impuestos, gabelas, contribuciones, multas, cánones, iva y bajan, sólo, el sueldo; clases medias humildes o agobiadas marchan al paro o a la detención, que empiezan a sinonimizarse, o a la ere, si queremos eufemismos, a comer y a vestir en los almacenes Cáritas o a Alemania otra vez, a emigrar como turcos; hasta las pateras empiezan a vaciarse y remitir. Hay bancarrotas familiares, pero ya no hay de bancos o de políticos: la crisis ataca a los débiles y los gobiernos, con estas medidas, protegen sólo a pudientes y conservaduros, por no hablar de ellos mismos y sus futuros puestos en consejos de administración y dorado pensionazo perpetuo.
Despilfarro es utilizar mal el dinero; lo reparten con alegría los que lo sacan de nuestran nóminas, los cientos o miles de enchufados (aquí enchufa todo quisque, ya sea del pepoe, del psepe o amigote constructivo de ambos) . El saqueo político no está tipificado como delito, ni el pretexto imbécil que intenta justificar la pérdida o sustracción, en plata, de dinero público en sobornos, viajes, regalos, comilonas -no precisamente en comedores de cáritas-, putas, arreglos de despacho, representación, molicie, negocios, casas, pisos, vacaciones, alquileres, trabajos, enchufes. Y los sindicatos saquean también, en medio de una mentira oficial que recuerda a la de fines del XIX; los representantes no representan y los honestos dimiten o se esconden de puro asco, porque nada puede hacerse contra una impunidad tan grande, tan pertrechada en las leyes y en las estructuras del poder, incólumes desde el franquismo y encaminadas a paso legionario hacia el modelo italiano. Nadie sabe siquiera el nombre de su más representante que representador, porque no sirve para nada: el ciudadano es sólo el sujeto paciente de campañas de publicidad privada o política, el objeto inmóvil de la estafa y la estafeta, de las vacunas inútiles o de la energía limpia, por ejemplar: coste del megawatio: energía nuclear, 36 euros; eólica, 84 euros; carbón, 52 euros; gas, 60 euros; fotovoltaica, 430 euros. Bancos y cajas dan créditos sólo a amigotes, compran sólo la deuda pública y no dan créditos a bancos y pymes, desahucian a quien no paga una mensualidad de la hipoteca pero condonan las multimillonarias deudas de los partidos y los amigotes de los partidos y, donde todo el mundo roba, quieren castigar la copia de música con pena de cárcel. Los goberrantes dicen que el déficit real es del 11,4%, pero las estimaciones de deuda del Tesoro son: Estado: 116.000 millones de euros; Autonomías: 31.000 millones; Entidades locales: 7.000 millones, y eso suma 154.000 millones, que es el 14,9% del PIB ¡para fiarse de un gobierno que no sabe sumar, y sin contar la deuda de 4.000 empresas públicas de las autonomías, la de AENA: 11.000 millones, o los 35.000 millones que se deben a las PYMES! Y la diferencia entre ingresos y gastos en 2009 es de 168.000 millones: 16,2% del PIB. Con cuatro millones de parados y creciendo y Zapaparo bailando bajo la crisis, sin convocar elecciones anticipadas -qué miedo-, y la oposición no presenta moción de censura, porque ellos viven también del saqueo; cuando no recauden más sino menos, subirán más el iva, y nunca pararán hasta que lleguemos a la situación de Grecia, o algo peor.

El fútbol y la gramática

Juan José Millás, "Oraciones", EL PAÍS, 28-V-2004
Ahora mismo estoy escribiendo una oración compuesta que tendrá dos o tres subordinadas en función de lo que quiera decir o de lo que desee alargarme. Punto y seguido. Ahí está la oración, que ha quedado de este modo: "Ahora mismo estoy escribiendo una oración compuesta que tendrá dos o tres subordinadas en función de lo que quiera decir o de lo que desee alargarme". Para pronunciar o escribir una frase tan tonta es necesaria, sin embargo, una competencia lingüística notable. No somos conscientes de la cantidad de recursos gramaticales que utilizamos al cabo del día en la comunicación con nosotros mismos o con los demás. Para pedir a nuestros hijos que estudien o que no vuelvan tarde a casa el sábado, ponemos en pie todo un edificio verbal con más complejidades arquitectónicas y emocionales que un rascacielos.
No sé mucho de fútbol, pero me parece que llevar el balón desde una portería a la contraria e introducirlo entre sus palos se parece mucho al proceso de contrucción de una oración compleja. Cuanto más larga es la frase (o la jugada), más necesarias son las emociones y las reglas sintácticas. No basta con elegir bien los sustantivos y los adjetivos. Las conjunciones y las preposiciones, pese a su aparente modestia, son piezas tan esenciales como la rótula en la pierna o el codo en el brazo. Una oración bien construida es un cuerpo lleno de huesecillos gramaticales que el hablante no necesita conocer para que funcionen como Dios manda. Tampoco estamos pendientes de la concordancia, pero nadie, excepto un entrenador de fútbol extranjero, diría que "las jugador está enfadada porque no cobraría el nómina de la mes".
El problema del Real Madrid es que ha perdido competencia lingüística. Tiene excelentes sustantivos y adjetivos, sí, pero le faltan conjunciones y preposiciones, que es lo mismo que poseer una hermosa puerta con su quicio, pero carecer de bisagras para su articulación. Los jugadores del Madrid saben dar puntapiés, es decir, saben pronunciar palabras aisladas, pero no logran que los puntapiés de unos concuerden con los de los otros para hilar una frase. No necesitan un entrenador, necesitan un gramático y un logopeda.

El sentido de los viajes

La golondrina de mar migra anualmente desde el Polo Norte al Polo Sur; puede recorrer más de 70.000 kilómetros durante toda su vida: es capaz de viajar tres veces ( ida y vuelta) a la Luna. Prodigioso; ahora bien, algunos ciudarrealeños morirán en su casa sin haber pisado nunca Miguelturra, aunque hayan estado en China, la India, Sudáfrica, Nueva York y Beluchistán. Un viaje no iniciático, un viaje del que no se aprende nada, del que no se saca nada, ni siquiera un balazo, un libro, una novia, una disentería, unos amigos, un idioma, un hijo o una pierna de menos, no merece la pena; para eso mejor estar en casa viendo postales o viajando por Internet.

Procrastinación

La procrastinación, la falta de voluntad, la noluntad, que diría Unamuno, es el defecto, la enfermedad más bien, entre muchas la más grave, que aqueja a nuestro país: dejarlo todo para mañana. Ya lo describía el refranero, ya lo satirizaba, con humor negro genial, Mariano José de Larra; ya lo estudiaba también Ángel Ganivet, a quien sus sucesores olvidaron, con el nombre más imprecisador de abulia; José Antonio Marina ha dedicado a este tema páginas sabias y memorables; por eso yo no redundaré más y dejaré sola esta indicación, que a él y a ellos remite.

Ibn Ezra

Entre los poetas hispanohebreos que me descubría el gran libro de Ángel Sáenz Badillos, uno de los más interesantes era Abraham ibn 'Ezra (1089-1164). Los horizontes de su alma eran muy amplios, pese a lo cual la temática de su poesía es cotidiana y realista. Eran amplios, porque, por ejemplo, escribía:

Los poemas de los ismaelitas, sobre amores y placeres;
los de los cristianos, sobre guerras y venganzas;
los de los griegos, sobre ciencias y astucias;
los de los de oriente, sobre parábolas y enigmas;
los de los israelitas, cánticos y alabanzas
al Dios de los ejércitos.


Y realistas, porque exponía claramente las diferencias sociales:


Si temprano a casa del magnate me dirijo,
me dicen: "Se ha ido a cabalgar";
si por la noche vuelvo,
me explican: "Duerme ya".
O sube a la carroza,
o sube al lecho.
¡Ay del hombre miserable
nacido sin estrella!

Luego están los grandes líricos,
ibn Gabirol, ansioso de conocimiento y lacerado como un santo Job; ibn Nagrella, en cuyos versos resuena la mejor filosofía de la Biblia, la del Eclesiastés; pero lo que más clama al cielo es que la obra de Todros ben Yéhudah ha-Levi Abulafiah (1247-1306), desarrollada en el áureo e intelectual Toledo de Alfonso X el Sabio, auténtico oasis de libertad de pensamiento, no haya sido vertida aún completamente al español; esa tarea debería ser acometida por la JCCM.

Principios

Manuel Ruiz Zamora, "Feminismos", en El País, 2-III-2010:

En una de sus últimas intervenciones en esta Tribuna (Sobre la identidad democrática), Fernando Savater dibujaba magistralmente las diferencias entre una "cultura de la identidad", caracterizada por formas de adhesión primarias a lo que ya somos, y la identidad democrática, que definía como "una manera de estar junto a otros, para convivir y emprender tareas comunes, pese a las diferencias de lo que cada uno es o pretende ser". Extremos destacados de la cultura de la pertenencia serían las identidades religiosas, las idiosincrasias nacionalistas y las perspectivas "llamadas de género". Ahora bien, mientras que la idiosincrasia nacionalista es difícilmente conjugable con el concepto moderno de ciudadanía, el imperante feminismo de la diferencia constituiría una especie de perversión identitaria con respecto a las aspiraciones cívicas que inspiraron al feminismo clásico.


Al igual que el nacionalismo excluyente o cualquier otra ideología que establezca distinciones ontológicas entre los seres humanos, lo que define al feminismo radical es su sectarismo. Lo expresa muy bien Odo Marquard: "Buscan chivos emisarios, diablos generados desde dentro, humanos-no humanos, a los que cuelgan el blasón de ser los autores de la infelicidad en la historia, de modo que los agentes del progreso puedan estilizarse como exclusivos portadores de la felicidad, o sea, como salvadores". La propia denominación "violencia de género" proyecta una sombra de sospecha sobre cualquier individuo por su mera pertenencia a un determinado sexo. La prueba: la exclusión de las estadísticas oficiales de las víctimas que pertenezcan al sexo masculino o a los colectivos de gays y lesbianas.
Si el nacionalismo es, en definición de Santayana, "la indignidad de tener un alma controlada por la geografía", el feminismo, en su formulación más identitaria, consistiría en tenerla dominada por el sexo. Los individuos devienen, así, arquetipos: simplificaciones más o menos estereotipadas en las que cualquier rasgo de singularidad se convierte en la expresión de una imperfección o deficiencia que debe ser suprimida. Por eso, aunque este tipo de perspectivas introducen una dimensión de anomia que perjudica la salud democrática de toda la sociedad, quizá sus víctimas más directas sean, paradójicamente, las propias mujeres.
Al confundir igualdad con homogeneidad, el feminismo feroz interpreta que cualquier opción personal que no comulgue con sus parámetros supone una agresión potencial contra las determinaciones convencionales de la Idea. El pretexto de Procusto será, a tales efectos, la apelación a la dignidad, que no es nunca la dignidad de las personas concretas, sino la que totémicamente le es asignada al ídolo ideológico por la minoría sacerdotal que custodia sus esencias: quien domine el arquetipo tendrá el poder de decretar qué es lo bueno y qué es lo malo. Los vientos que nos llegan desde esas orillas no son nunca, por tanto, vientos de emancipación, sino manifestaciones de un puritanismo adusto que se reafirma en las mismas prácticas con las que lo ha hecho siempre toda forma de puritanismo: la prohibición y la censura.
Como en toda ideología cerrada se juega con dos recursos cardinales: en primer lugar, la descalificación integral de cualquier crítica que venga a poner en evidencia la naturaleza de sus excesos. El segundo, es la conminación a que cualquier diferencia, por razonable que pueda ser, debe ser silenciada para no hacer el juego a aquello que se pretende combatir. Afirmar, por ejemplo, que no todo vale para combatir la "violencia de género", supone la acusación fulminante de ser al menos cómplice, cuando no instigador de la misma.
Los perjuicios que de ello se derivan resultan inobjetables: la ruptura, por ejemplo, de los principios sacrosantos de igualdad ante la ley y de presunción de inocencia que instaura la Ley integral contra la violencia de género, no puede ser considerada progresista. La resistencia del feminismo radical al reconocimiento legal de la custodia compartida de los hijos no sólo es intrínsecamente reaccionaria: es machista. Parte de la rancia convicción de que el cuidado y la educación de los hijos es un asunto predominante, si no exclusivamente, femenino. Lo mismo ocurre con el paternalismo a partir del cual se instituyen los sistemas de cuotas, tan ofensivos para todas aquellas mujeres que son conscientes de sus propias virtualidades. La excelencia, declaraba una neurobióloga, no es un asunto de hormonas sino de neuronas. Lo peor de ello no son sólo los asaltos potenciales o efectivos contra algunos de los principios funcionales del Estado de derecho, sino las reticencias sociales que se van acumulando contra algunos de los postulados verdaderamente igualitaristas del feminismo más cívico.
Desde tales presupuestos, no debe parecer extraño que entre muchos que se consideran progresistas hayan ido cundiendo ciertas prevenciones con respecto a algunas manifestaciones del feminismo. No del feminismo de la razón, que parte de los ideales del universalismo ilustrado para denunciar cualquier discriminación por motivos de sexo y reivindicar una igualdad efectiva entre todos los ciudadanos, pero sí de ese feminismo feroz que ha suplantado los ideales emancipadores del feminismo clásico, y que Nietzsche hubiera identificado como una expresión arquetípica de la moral del resentimiento.
Manuel Ruiz Zamora es historiador del arte y filósofo.

Respeto

De El País, hoy:

Sobre la degradación del concepto de lo público en la sociedad y su relación con la degradación del lenguaje el director de la RAE ha afirmado: "Octavio Paz decía que por la corrupción del lenguaje empiezan otras corrupciones, era una idea que viene ya de Andrés Bello. El gran líder independentista, cuando surgieron las jóvenes repúblicas hispanoamericanas, decía que hacía falta la educación después para construir la ciudadanía republicana. Por la corrupción del lenguaje empiezan muchas otras corrupciones".

Hablar bien o, cuando menos, con precisión, que es casi lo mismo, supone un acto de respeto; el respeto es una mezcla de apego y de desapego, de desprecio y de admiración, de odio y de amor, de dependencia y de independencia; es civilización, en suma. Y lo que se respeta es una tradición, un pasado, una cultura, algo que es otro, sin destruirlo ni acatarlo. Eso es lo que deben aprender los jóvenes.

sábado, 27 de febrero de 2010

Principios para unas nuevas humanidades

El valor de la literatura es que da forma a la cultura; si la ciencia nos hace la vida más fácil, sólo la cultura y el arte hacen que merezca la pena vivirla; igualmente, la religión, considerada como humanidades, nos da esperanza para afrontar la desgracia y la finitud y sólo la ética, la historia y la filosofía nos dan los márgenes en que contener esa peligrosa esperanza, que puede degenerar en utopía y que nos hace perseguir cosas más allá de lo que nos hace humanos, defecto esencial de la ciencia y de otros saberes instrumentales que nos hacen perder de vista el fin humano del saber, e impiden reformar la sociedad para evitar el sufrimiento, primera condición de cualquier cosa que aspire a acción, como que es el primer principio de todo lo humano o, por mejor decir, vivo.

El conocimiento de la literatura no se tiene que reducir solamente a filología, a tecnología, sino a texto, historia y alma viva; la enseñanza de las lenguas, clásicas o no, también ha de asumirlo; lo procedimental y descarnado debe ser ulterior, y siempre con fundamento en ese principio.

Por supuesto que hay antecedentes de esta manera de pensar, pero es que es precisamente la ignorancia de estos antecedentes lo que hace necesario que se repita
.

Del fin de la historia al apocalipsis de la crisis

De El País, hoy:

Entre 1990 y 2006 el número de democracias pasó de 76 a 123. Nada parecía capaz de cuestionar los logros y los cimientos políticos liberales. Francis Fukuyama insinuó provocativamente en 1989 que el mundo se hallaba ante "el fin de la historia", como "punto final de la evolución ideológica humana y universalización de la democracia liberal como forma final de gobierno humano". [...] Veinte años después, esa fuerza expansiva se halla en un grave estancamiento. Las democracias llevan tres años retrocediendo, y se han reducido a 116. [...] A los factores específicos, nacionales, de cada colapso, se suma ahora un preocupante temblor global: la crisis económica. Incubada y estallada en el seno del capitalismo, se abate ahora sobre el modelo político liberal con agresividad, alimentando frustración popular y evidenciando fragilidades de su sistema de gobierno. A la ineptitud para regular adecuadamente los mercados financieros, los gobiernos democráticos suman ahora tremendas dificultades para paliar el desastre y tomar medidas necesarias pero impopulares. Si las democracias ricas titubean, las pobres tiemblan. "En el análisis del impacto de la crisis es fundamental dividir entre esos dos grupos. En el primero, por ejemplo, se extiende el caldo de cultivo para el populismo; pero en el segundo, directamente hay riesgos de colapso del sistema político", argumenta Ignacio Urquizu, profesor de Sociología de la Universidad Complutense, remitiendo a un interesante estudio de Adam Przeworski y Fernando Limongi, Modernization: theories and facts. Przeworski y Limongi han observado 101 democracias entre el año 1950 y el 1990. Ninguna de las 32 con renta per cápita superior a los 6.055 dólares colapsó en todo el periodo estudiado; entre las restantes 69, cayeron 39. De ellas, 18 lo hicieron al año siguiente de un retroceso de la renta per cápita. "Las democracias, especialmente las pobres, son extremadamente vulnerables en los ciclos económicos negativos", concluyeron los dos profesores sobre la base de contundentes datos. El ensayo es de 1997.

Disidentes


Mientras un disidente cubano moría tras 86 días de hambre, voluntad y dignidad en su cárcel, por el solo delito de pensar libremente, Fidel, Lula y demás dirigentes hispanoamericanos se abrazaban y posaban risueños para una foto. Quedará el nombre de estos últimos, no el de los muertos por su causa. En Barcelona, muere un bombero tras salvar la vida a un niño que se había quedado atrapado en un transformador eléctrico y el niño se debate ahora mismo entre la vida y la muerte. No hay foto del suceso;
no tengo nada más que decir.

viernes, 26 de febrero de 2010

Arturo Pérez Reverte y Félix Mejía

Leo una entrevista con Arturo Pérez Reverte en El Cultural y, de repente, resulta que suelta lo mismo que decía mi estudiado Félix Mejía en 1821. Lo copio:

“¿Sabes realmente cuál es mi lamento histórico? Es que aquí nos faltó una guillotina al final del siglo XVIII. El problema de España, a diferencia de Francia, es que no hubo una guillotina en la Puerta del Sol que le picara el billete a los curas, a los reyes, a los obispos y a los aristócratas... y al que no quisiera ser libre le obligara a ser libre a la fuerza. Nos faltó eso, pasar por la cuchilla a media España para hacer libre a la otra media. Eso lo hemos hecho luego, hemos fusilado tarde y mal, y no ha servido de nada. El momento histórico era ése, el final del XVIII. Las cabezas de Carlos IV y de Fernando VII en un cesto, y de paso las de algunos obispos y unos cuantos más, habrían cambiado mucho, y para bien, la Historia de España. Nadie lo hizo, perdimos la ocasión, y aquí seguimos todavía, arrastrando ese lastre que nos dejaron aquellos que sobrevivieron y que no tenían que haber sobrevivido”.

Una inyección de moral

Espronceda veía a los jóvenes manchegos corriendo por el campo en pelotas:

Como van aún en las aldeas
sucias las caras feas
y el cuerpo del color de la morcilla
los chicos de La Mancha y de Castilla

(J. de Espronceda, El diablo mundo, 2193-6)

Ahora una profesora mexicana, la del artículo que copio más abajo, coincide en decir de los mexicanos que son una generación nini, como la de los españoles acá; ahí es que el absentismo escolar es peor. La verdad es que entre los manchegos jóvenes hay buenas personas, quijotes y sanchopanzas, somos nosotros los que los hacemos unos sansocarrascos con nuestra desgana o fatalidad; así me hace pensar la nobleza de un alumno que me ha comentado un post positivamente, deseándome me recupere. No todo está perdido, y, mejor, no todo puede perderse todavía. Eso me hace pensar positivamente, y ya es algo. Es verdad, hay buenos alumnos, aunque no siempre saquen las mejores notas, hay buenos alumnos en el mejor sentido de la palabra buenos, el cualitativo, el de lo que no puede medirse.

Cuando sobran los jóvenes


"Cuando sobran los jóvenes", Gabriela Warkentin, Directora del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México; Defensora del Televidente de Canal 22; conductora de radio y TV; articulista, El País, 25-ii-2010.

Decidió un día no crecer, y no le importó. O más bien decidió no crecer porque comenzó a importarle. A veces, ante la contundencia de la realidad sólo queda convertirse en escarabajo o aferrarse a un tambor de hojalata. Fueron las ficciones de Kafka y Grass en su momento; ahora nos toca construir las propias.

La provocación la lanzó el periodista Salvador Camarena en una columna de la semana pasada. Al revisar la situación de los millones de jóvenes que hoy en día ni estudian ni trabajan (la ya famosa generación de los ni-ni, como fue calificada hace años en España y otros países que reconocen el limbo simbólico y productivo en que están atorados estos muchachos), Camarena afirma que lo que parece estar sucediendo es que sobran jóvenes (todos esos que no encuentran ubicación productiva) o "sobramos los adultos que no hemos sido capaces de construir nuevas escaleras"; escaleras, sí, para que los que nos sucedan, avancen y transformen positivamente su entorno, su sociedad, sus perspectivas y, en el fondo, sus vidas. La pregunta que lanza Camarena no es inútil; porque si reconocemos que "nos sobran jóvenes", debemos asumir el fracaso rotundo del proyecto social al que hemos apostado.

La manifestación más evidente de esta problemática es, sin duda, la de los millones de jóvenes, en México y allende, que no encuentran lugar en la educación formal (en sus diferentes niveles) y que tampoco tienen opciones laborales en un mercado retraído y transformado. Pero no se trata sólo de la falta de oportunidades, ésas tendrían solución. Lo más grave es la falta de sentido: cuando estudiar no tiene sentido, cuando esforzarse por un empleo formal no tiene sentido, y cuando el horizonte mismo dejó de tener sentido. Agreguemos un ni a los dos ya mencionados: la generación ni-ni-ni, o ni3, la que ni trabaja, ni estudia, ni le encuentra sentido. Esa pareciera ser la verdadera tragedia en que nos estamos sumiendo, porque cuando los que tradicionalmente han sido los encargados de refrescar y transformar su entorno -los jóvenes, los que vienen, los que toman la estafeta- no encuentran sentido más allá de la supervivencia, algo pudimos haber perdido de manera irremediable.

Unas palabras de Carlos Fuentes de hace unos días acompañan esta reflexión. En una conferencia, en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, en la que compartió apuntes sobre el futuro de la educación superior, Fuentes reparó en la necesidad de revisar el camino que va a tomar la Humanidad en el Siglo XXI, de reconsiderar la ruta que emprendemos. Y fue categórico, como lo ha sido siempre, al insistir en que nuestra Historia no ha terminado. Las dinámicas de la época en que vivimos y de las que se perfilan, nos obligarían a insistir, decía Fuentes y coincido, en la necesidad del continuo educativo, de reconocer que la educación nunca concluye. Habríamos, en este tenor, de retomar las Humanidades para redimensionar la dinámica global del conocimiento, para ser capaces de educarnos en la diversidad y para delinear nuestro bien más escaso: el porvenir. Pero, ¡alerta!, cuando hemos orillado a los reales y deseables sujetos de la educación y los hemos colocado frente a un mundo que no sienten suyo, resulta ocioso insistir siquiera en la pertinencia de este continuo educativo.

Oskar Matzerath decide no crecer. Punto. Consciente de lo que pasa, lo que fue, lo que podría llegar, se aferra a su cuerpo de niño y a un tambor de hojalata, rojo y blanco. Ruido, ruido, ruido. Le provoca hacer ruido, o su particular música metálica, para evadir, entender, recordar y narrar. Desde las dimensiones inferiores de la escala humana lo ve todo, el autoritarismo que se infiltra en esa Europa, la descomposición de individuos, familias y sociedades. En fin, lo que ya sabemos. Günter Grass en su novela, Volker Schlöndorff en su película: ese Oskar, eterno niño-adulto por decisión propia. Porque hay veces que el sinsentido termina siendo sólo absurdo.

A todos nos toca nuestra parte en esta tragedia de los "jóvenes que sobran". Ya reconocimos que la educación, por muy continua que la hagamos, dejó hace mucho de ser un mecanismo de ascenso social. Por lo tanto, no se trata sólo de tener más espacio para que todos puedan estudiar, sino de revisar lo que estamos estudiando y cómo. Ya reconocimos la transformación esencial de instituciones, como la familia, que ha modificado también el sentido de futuro, de esperanza, hasta de nación. Vaya, que tenemos bastante diagnosticado el embrollo. Lo que nos toca insistir es en que la solución no es sólo técnica. Lo que más hace falta es que seamos capaces de inventarnos una historia para que incluso estas soluciones técnicas tengan sentido. De diseñar nuestras ficciones, de construir otras escaleras. En palabras de Fuentes, urge que revisemos el camino que la Humanidad va a tomar en este Siglo XXI que se nos está acortando. Porque como bien nos recordaba Camarena, esos jóvenes que sobran son presa obvia y fácil para las historias que sí están ganando: las del crimen organizado, las de la informalidad inmediata, las de...

¿Será que un día nos daremos cuenta que otra vez permitimos que los que nacen decidan no crecer, y que ya no les importe? Ahí estarán, pedirán su propio tambor de hojalata y a golpe de un ratatatatata continuo y penetrante evidenciarán lo que dejamos de hacer, ratatatatatata. En fin. Son imágenes que llegan desde el XX e interpelan al XXI, siglo que debemos forzarnos a revisar antes de que decida terminar.

jueves, 25 de febrero de 2010

El tiempo

De las cosas que más odio, sin duda la principal es el reloj. Sus manecillas para mí son las manazas de un asesino en hora que me estrangulan con prisas; o el tiempo es demasiado largo o demasiado corto, nunca hay término medio para mí. Y no sólo te ahoga con sus manecillas, sino en sus mares de arena: tengo un reloj de arena de media hora que me lo recuerda: la vulgaridad es la forma del tiempo. Los chicos no entienden a Quevedo cuando habla del tiempo "que a la muerte me lleva despeñado", y es porque todavía no han experimentado lo que sólo se sufre en la edad madura, el vaciado de contenido de las horas, el paso rapidísimo y sin sustancia de los años, efecto de la decadencia mental y de la repetición mecánica y relojera de las rutinas, que hace a siete días de la semana ser uno p0r sus mutuas coincidencias y similitudes, acortándose el tiempo gracias al fenómeno de la conciencia convergente. De tanto ir por un sendero uno termina no viendo ni siquiera el sendero, porque ya lo ha dejado en piloto automático; se aliena, se deshumaniza, manda su espíritu a otra parte. Ese es el poder de la rutina, del que nace algo todavía más demoledor, derruyedor, una especie de poliomielitis espiritual, un abotargamiento y anquilosamiento de los órganos de la vida, de la mente y de la acción que condenan a la parálisis espiritual. Y es que hay mucha gente que es como Ramón Sampedro, el parapléjico corpóreo, que no mental, cuyos evangélicos libros conservo como un tesoro, pero al revés: su espíritu no se puede mover, siempre está en el mismo sitio, aunque su cuerpo vaya de un sitio para otro.

Arnold, lo que nos hace falta.

Queridos pocos amigos, hay una película actual interesante para los profesores, Una educación, dirigida por la danesa Lone Scherfig y que al parecer opta a algún Óscar de la prejuiciosa academia estadounidense de artes cinematográficas; si se han visto obras memorables sobre el tema como La versión Browning (la a blanco y negro, no el horroroso remake), que es una auténtica antítesis del Mr. Chips y una auténtica grima para un profesor con ilusiones, convendría ver también esta, que parece prometer; me gustaría revisar también un filme-biopic de cuyo título no me acuerdo, sobre el fundador de la Escuela de Rugby, el famoso poeta y humanista Matthew Arnold, cuyas ideas educativas y poesía habría que divulgar en la actualidad, cuando las humanidades están de capa caída, en particular su intraducido ensayo Cultura y anarquía; la versión estaba fundada en un famoso libro de memorias escolares del que ya no me acuerdo y era también a blanco y negro, como mucho de lo que merece verse hoy en día, en que muchos no pueden pasarse sin persecuciones, efectos especiales, tiros, golpes y actrices guapas demasiado repeinadas; también conviene ver Los cuatrocientos golpes, entre otras que tratan el tema educativo por Truffaut. Contemplar cómo el niño se enfrenta al papel en ese filme es una secuencia memorable que puede hacernos ver lo difícil que es transformar melones en cabezas sin ser hortelanos antes que frailes. Y es que la educación debería ser un deporte de villanos jugado por caballeros, o una anarquía guiada por una cultura.

miércoles, 24 de febrero de 2010

De una transición de cobardes a una democracia de apocados.



Jorge M. Reverte "Los recuerdos de Canetti", El País, 24-II-2010

A diferencia de muchos, en particular de quienes han sucumbido a una psicología verbosa, yo no estoy convencido de que haya que torturar, dejar o extorsionar al recuerdo, ni tampoco exponerlo a la acción de alicientes bien calculados. Me inclino ante el recuerdo, ante el recuerdo de cada ser humano. Quiero dejarlo tan intacto como le pertenece al hombre que existe para bien de su libertad, y no oculto mi aversión por quienes se permiten someterlo a prolongadas intervenciones quirúrgicas hasta igualarlo al recuerdo de todos los demás. Que operen a su antojo narices, labios, orejas, piel y cabellos, que trasplanten ojos de otro color si no hay más remedio, o corazones ajenos que palpiten un añito más, que ausculten, amputen, alisen o igualen, pero que dejen en paz al recuerdo.

El largo párrafo no es mío, sino de un gran hombre, de Elías Canetti, y está incluido en su libro La antorcha al oído. Un libro de memorias, de sus memorias.

Creo que no he leído nada más contundente al respecto. Ni he encontrado ocasión más oportuna para traer a colación esta sencilla forma de ver las cosas. Oportuna para el momento que vive nuestro país, para desbrozar las razones que a unos y a otros nos asisten para traer el pasado inmediato a la discusión política.

Porque esto del recuerdo y la memoria está sirviendo para poner en cuestión una etapa de la historia de España y, con ello, reventar la legitimidad del régimen en que vivimos, de la democracia que hemos construido, de la ley que nos ampara.

Hace unos días, Patxo Unzueta explicaba en este periódico el por qué de una acción de la Casa Real a la vista de esa interpretación del pasado. Hace unos meses, Santos Juliá, también en este periódico, recordaba cómo se habían producido las cosas durante los años de transición política. Los dos autores han fijado, yo creo, con precisión, en qué consistió aquello de la Transición.

Pero esa interpretación, pienso que absolutamente fiel, de lo sucedido, se topa ahora con otra muy distinta, que parte de dos principios esenciales.

En primer lugar, de la construcción de ese "recuerdo de todos los demás" al que se refería Canetti. El dichoso asunto de la memoria histórica, que ha llegado a calar tan profundamente en España que la gente ya no dice que tiene recuerdos sino que tiene semejante cosa. Es más, lo del recuerdo, por su sentido evidente de subjetividad, carece de entidad suficiente para oponerse a lo otro.

En segundo lugar, una vez reforzada la memoria histórica, se puede proceder a aplicar el siguiente principio, que es el de la ilegitimidad de las bases del sistema. La memoria histórica nos dice, una vez fijada por sus muñidores y propietarios, que el proceso de la Transición fue un proceso condicionado por el miedo, por la cobardía de algunos de los actores fundamentales, como los partidos de izquierda, por ejemplo. La generosidad, el deseo de dar fin a la guerra, como recordaba Unzueta, parecen no haber existido. Por mucho que algunos recordemos que sí.

Muerto el perro, se puede acabar con la rabia. Muerto el recuerdo, se puede fijar como indiscutible que aquellos pactos de 1977 y 1978 no tienen validez porque no fueron democráticos, al ser firmados bajo coacción. Y eso conduce a la posibilidad de ponerlo todo patas arriba, de cambiar la ley a gusto de quienes guardan el uniforme "recuerdo de todos los demás".

No tiene nada que ver, desde este punto de vista, el lícito recuerdo de quienes quieren recuperar los cuerpos y la dignidad de sus muertos en la guerra, con el -para mí- abusivo intento de cambiar lo sucedido para que sirva a intereses nuevos.

Se trata de echar abajo todo el sistema sobre el que se basa la ley por la que nos regimos. Y, no hay que olvidarlo, la ley es el único recurso serio para defender la libertad en una sociedad democrática. Tan serio es el asunto como eso.

¿A qué nos llevaría reventar el edificio de la Transición? A pelearnos por un cambio constitucional en función no de una mejora del sistema sino de nuevas propuestas que pondrían en riesgo muchas cosas. Por ejemplo, la conformación del Estado de las autonomías, para proponer en su lugar un sistema confederal, que tiene muchos adeptos en Cataluña, País Vasco y ahora, al parecer, en Castilla-La Mancha.

En unos casos, los intentos me parecen inoportunos por ser innecesarios cuando se tiene una democracia razonable; en otros, como en el asunto confederal, me parece que se trata de romper un consenso para abrir una buena bronca.

La llamada memoria histórica, que comenzó a actuar amparada en las más que justas reclamaciones de perjudicados por el franquismo, se ha ido perfilando como una fábrica de consignas que agrupa propuestas políticas muy diferentes, pero coincidentes en el propósito de reventar el Estado. Por fortuna no cuajó la idea de que la actual ley de compensación de las víctimas del régimen de Franco fuera bautizada con ese nombre.

Volvamos a Santos Juliá y Patxo Unzueta y a su reclamación de estudiar la verdad de lo sucedido y rechazar así la verdad instituida por los partidarios y agitadores de la memoria histórica.

Eso es sencillo: se lee lo que escribieron los comunistas y socialistas para hacer los pactos de amnistía de finales de los años setenta, y se confirma con las interpretaciones de gente como Mario Onaindía. O se estudia la proclamación de la República de Cataluña por Lluis Companys, y la ilegalidad de un golpe de Estado que fue apoyado por un fascista llamado Dencàs y desbaratado por un demócrata que era general, Domingo Batet. Todo será más fácil de discutir.

Con eso, cumplimos con la historia.

Y luego, viene el recuerdo. Yo, por ejemplo, recuerdo perfectamente cómo pedía en la calle, entre miles de personas, libertad y amnistía. Y recuerdo que había otras personas que añadían a eso la reclamación del Estatut de Autonomía (para Cataluña). Y tuve la sensación entonces de que ganamos cuando estas tres cosas se plasmaron en la realidad de una ley que garantizó la libertad, que acabó por otorgar una amnistía para todos, y que culminó en un Estatut de mayor amplitud que el que habían gozado los nacionalistas catalanes en toda la historia desde Pau Claris.

Tengo algunos recuerdos confusos, pero los puedo deshacer en la hemeroteca, aunque estoy seguro de que responden a lo que pasó.

Por ejemplo, recuerdo que todos los grupos políticos de la oposición a la victoriosa UCD aceptaron las leyes de amnistía. Me parece recordar que sólo la rechazaban importantes facciones del Ejército y la ultraderecha, que dejaron de tener significación política después del 23 de febrero de 1981.

Y también, por ejemplo, recuerdo que las leyes de amnistía fueron rechazadas por una partida de gentes que se agrupaban bajo el nombre de ETA, que dejaron de tener significación política hace años, aunque sigan teniendo capacidad de matar.

Son recuerdos que nadie me puede discutir, y que me niego a permitir que me los igualen con el recuerdo de los demás.

Como los que tenía Canetti cuando recordaba las matanzas de obreros en Viena en 1927.

Jorge Martínez Reverte es periodista y escritor. Su último libro es El arte de matar.

Heráclito y Demócrito, tópico literario


"Las cosas siempre ocurren dos veces en la historia: la primera como tragedia y la segunda como comedia", Karl Marx.

Algo parecido fue lo que ocurrió con la revolución española desde la Constitución de Cádiz en 1812 a intentar vanamente repetirlo en el Trienio Liberal (1820-1823). Es imposible tratar de sorprender a las fuerzas reaccionarias con la misma fórmula, tanto más después de la Revolución Francesa, lo que ya hizo fracasar la de Cádiz.

Y cuánta razón tenía el actor que, antes de morirse, dijo estas últimas palabras: "Morir es fácil: la comedia es difícil"; Feuerbach: "Solamente una vez es todo verdadero". Mentir es recordar, y es profanador, obsceno, como quería Aleixandre, a más de fatigoso y exigente de mucha memoria; cómo Sócrates al final del Banquete, resulta que la tragedia se parece más a la verdad que la comedia. Y Jaime Gil de Biedma:

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
–como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
–envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
10 y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Poemas póstumos. Madrid.1969

lunes, 22 de febrero de 2010

Lo que ¿nunca? asomará en la Iglesia española

Tras Irlanda, le toca a Alemania (véase aquí), el país de donde proviene el humillado papa que rige esta rama de la cristiandad: ciento veinte casos probados, de momento, de pedofilia por parte de 98 sacerdotes en colegios de jesuitas, salesianos, maristas y franciscanos... por no hablar de los que no se declaran por pura vergüenza. Y ¿en España?, ¡qué va, aquí no pasan esas cosas! ¡Aquí somos más papistas que el papa! Aquí, todo lo más, se venden como chulos los curas, en la misma Mancha, usando los cepillos y las hermandades para pagar lel vicio, a costa de los curas honestos y modélicos, que los hay. ¿Para cuándo una investigación global de estos casos? Para nunca, aunque los haya, claro que sí; yo mismo he oído algunos. Este no es país para... niños, o para dejar que algunos, los religiosos degenerados, se acerquen demasiado a ellos. La iglesia haría mucho en dejar de ser hipócrita y debería admitir que muchos entre ellos son heterosexuales honestos u homosexuales honestos, pero muchos otros encubridores y deshonestos y merecedores de marchar a la cárcel como unos delincuentes comunes más, a intentar convertir (pervertir, diría uno) a gente parecida a ellos mismos, si pueden; la conferencia episcopal española debería aprender de los imanes españoles, que han expulsado al imán de Cartagena por abusar de niñas, pero no, lo que hace es esto. Debería de darles vergüenza, pero ¿tienen?

Ya lo decía un tal Ratzinger: "Cuánta suciedad hay en la iglesia".

De Robles

Del blog de Rafael Robles:

Hay profesores que no aman su trabajo sino que lo sienten, en palabras de Marx, como una actividad diabólica de la que huirán como de la peste tan pronto como deje de existir algún tipo de coacción.

Esta actitud no deja de ser razonable -mejor dicho, racional- en el mundo postmoderno en el que nos hallamos inmersos, donde la verdad es relativa y los valores no son firmes. Quizá ser un profesor desdeñoso, apático y perezoso sea un valor al alza mientras que, por el contrario, comprometerse con la enseñanza y cumplir con esmero y alegría el noble oficio de educar haya pasado de moda. Quizá, incluso, no solo ser buen profesor esté demodé sino que el alumnado no sea digno merecedor del desparpajo optimista porque no lo saben apreciar o, lo más probable, porque no les reporte ningún beneficio pragmático para el mundo que les va a tocar vivir.

Se suponía que educábamos para construir un mundo más justo pero indefectiblemente hemos perdido esta perspectiva. En realidad educamos como quien sirve hamburguesas en un McDonnald´s; enseñamos para construir un mundo en el que se venda mejor la basura, en el que se optimice la velocidad de intercambio de bostas y en el que domestiquemos a nuestros jóvenes para enriquecer, sin quejas, a otros que, casualmente, no se encuentran estudiando en la enseñanza pública.

En esta sociedad líquida, por sus valores cambiantes y la puesta en escena narcotizada, ser profesor no consiste en amar la sabiduría y transmitirla a los alumnos con amor y entusiasmo, sino en aleccionar de forma aburrida, despotricar contra el sistema educativo e irse a casa cuanto antes -y antes de tiempo-, amargado si es posible para que la ética no desentone de la estética en su solitario juego autodestructivo y aniquilador. Ser fiel a los principios de la excelencia educativa no garantiza el éxito del profesor ni, por tanto, de los estudiantes.

Al decir de algunos, para solucionar los problemas que nos acechan la clave consiste en cambiar la forma de afrontarlos. ¿Qué mejor forma de enfrentarlos que ignorarlos? o, mejor, ¿no es preferible resolverlos desde la superficialidad más irreflexiva, el comentario falaz, la queja ignorante, la abyecta falta de iniciativas, el incomprensible desprecio por la formación pedagógica y la arrogancia más despreciable desde la que se pontifica sobre la bondad de la basura?

Este ejercicio de autocrítica, quizá hiperbólicamente pesimista, lo explica mejor que yo Zygmunt Bauman en Mundo consumo, su reciente y recomendable ensayo publicado por Paidós:

Sólo puedo estar seguro de una cosa: que el mes o el año siguiente (y, con toda seguridad, los años que vendrán después), no se parecerán al momento que estoy viviendo ahora. Y, al ser diferentes, invalidarán buena parte de los conocimientos teóricos y prácticos que estoy aplicando actualmente (aunque no hay manera de adivinar cuál será esa parte). Tendré que olvidar mucho de lo que he aprendido y tendré que deshacerme de numerosas cosas e inclinaciones de las que ahora hago gala y presumo poseer (aunque no hay manera de saber cuáles). Las elecciones que hoy consideramos más razonables y dignas de elogio serán vistas mañana como lamentables errores garrafales y serán condenadas por ello. Lo que cabe deducir de todo lo anterior es que la única aptitud que realmente necesito adquirir y ejercitar es la flexibilidad: la habilidad para deshacerme con prontitud de habilidades inútiles, la capacidad de olvidar con rapidez y de eliminar activos pasados que hoy han devenido en pasivo, la aptitud necesaria para cambiar de enfoque y de vía sin apenas aviso y sin lamentarlo, así como para eludir juramentos de lealtad a nada o a nadie para toda la vida. A fin de cuentas, los giros inesperados a mejor tienden a aparecer súbitamente y como surgidos de ninguna parte, y con la misma brusquedad cambian de signo. ¡Pobres imbéciles aquellos que, deliberadamente o no, se comportan como si fueran a conservar esa buena suerte para siempre! (p. 183).

Noticias

Me he pasado, hace tiempo que no lo hacía, por el Blog de Otto Reuss, a quien he agregado a los enlaces, y así me entero de que mi compi y exalumna Lydia Reyero ha renunciado o dimitido de ser concejala de cultura en el Ayuntamiento de Ciudad Real, lo que era de esperar, no porque lo hiciera mal, sino porque no le dejaban hacer; una dimisión debe considerarse como un mérito político en un país donde nadie dimite ni aunque le lluevan las hostias; eso demuestra que Lydia vale para la cosa pública, y mucho, aunque no para la política que se hace en España; yo, que la conozco un poco, doy fe de ello; es una víctima más de la Generación Tapón.

Me entero de que van a despedir a casi la mitad de los redactores de La Tribuna (Ciudad Real), y es otra pena y calamidad tristísima, que importa más que los sempiternos escándalos municipales varios que reproducen, a escala menor e intrahistórica, en el fondo cenagoso y abisal, la podredumbre que sobrenada en el océano de España, donde no se han purgado las miserias de cuarenta años de franquismo, sino que han continuado y proseguido con una frescura pestilencial que da grima, incluso entre los mismos que presuntamente la combaten y que no han hecho sino remedar lo que tanto atacaban; y Antonio Algora, un sociólogo maño que nos han dado por obispo, no dice nada, o más bien no se le oye, cuando por lo regular dice cosas meditadas y con sentido, aunque según los criterios consabidos; en vez de pastorales debería escribir un blog, le harían más caso.

Un científico en Ciudad Real, Eduardo Boscá y Casanovas

Eduardo Boscá i Casanoves (1844-1924) fue un importante naturalista, partidario del Darwinismo, que residió en Ciudad Real como profesor del instituto diez años, entre 1873 y 1883; el caso es que le publicó a otro científico ciudarrealeño y poeta ocasional, Eduardo Malaguilla, años después, un libro que lleva un prólogo de don Eduardo, Caracterización cerebral de la Mujer: ensayos de vulgarización cientifica. Ciudad-Real, 1905.

El día 12 de febrero de 1843 nacía en San Martín de Valencia Eduardo Boscá. Aunque veintitrés años fespués se graduó de Bachiller en Medicina y Cirugía en la Universidad valenciana y más tarde obtuvo la licenciatura en Medicina, no fue a la profesión de Galeno a la que dedicó su vida.

En efecto, Eduardo Boscá se licenció también en Ciencias y en la Universidad de la capital de España obtuvo el doctorado, en la sección de Ciencias Naturales, en el año 1873. Ese mismo año inició su labor docente como profesor auxiliar de Fisiología e Higiene veterinarias en la Escuela de Agricultura y Veterinaria de la Diputación de Valencia.

No había alcanzado el título de doctor y ya publicó su primer trabajo científico. Es de 1872 y se trató de una pequeña investigación micológica titulada Memoria sobre los hongos comestibles y venenosos de la provincia de Valencia. Trabajo significativo en la medida que en el mismo se incluyen seis especies de hongos desconocidas en España. Por este trabajo obtuvo la medalla de oro del Instituto Médico Valenciano. Sin embargo, su vida científica no iba a estar dirigida al estudio de las setas sino al de los anfibios y reptiles.

Dos años después obtiene por oposición la cátedra de Historia natural en el Instituto de Segunda Enseñanza de Xátiva y publica una Memoria sobre la recolección de reptiles, peces y zoófitos. De la población valenciana pasa, en 1876, al Instituto de Albacete y luego al de Ciudad Real. Un año después el Rector del distrito universitario madrileño le nombra, junto con el también naturalista y profesor en Ciudad Real, Enrique Serrano Fatigati, para que realice un estudio natural de la cuencas mineras de Almadén, Espiel y Belmar; recogen una buena cantidad de materiales (rocas, minerales, fósiles, etc.) que fueron enviados a los Institutos provinciales del distrito Universitario de Madrid (Toledo, Segovia, Cuenca y Guadalajara).

En 1881 es encargado por el gobierno para realizar estudios sobre reptiles en el sur de España. Es entonces cuando hace importantes aportaciones a la herpetología desde los ámbitos taxonómico y etológico principalmente. En este sentido hay que hacer notar que muchas de las contribuciones científicas del valenciano vieron la luz en el prestigioso Bulletin de la Société Zologique de France.

Asimismo, en el periodo comprendido entre 1877 y 1881, en los Anales de la Real Sociedad Española de Historia Natural publicó tres importantes trabajos de catalogación: a) el Catálogo de los Reptiles y Anfibios observados en España, Portugal e Islas Baleares, de 1877, primero de los catálogos de herpetología que vieron la luz en España con una extensión nacional; b) el catálogo herpetológico que comprende la comarca de Tuy: Nota herpetológica. Una excursión hecha en el monte San Julián de Tuy, trabajo de 1879 y c) un tercer catálogo que añade y corrige los datos aparecidos en el primero y que es, sin duda alguna, la más importante de las aportaciones científicas del valenciano y de las más significativas obras de este tipo publicadas en España en el siglo XIX: Correcciones y adiciones al catálogo de los reptiles y anfibios de España, Portugal e Islas Baleares, seguido de un resumen general sobre su distribución en la península. Este trabajo, de 1881, vio la luz simultáneamente, en francés, en el Bulletin de la Société Zologique de France. En esta investigación se anotan 11 nuevas especies en el territorio español. Por otra parte, hay que resaltar que Boscá realiza un catálogo novedoso en la medida que contiene un mapa en el que se muestra la distribución geográfica de los anfibios y reptiles, entre los que se incluyen 18 familias, 39 géneros y 55 especies y subespecies.

En 1883 abandona la ciudad manchega y marcha a Valencia donde se incorpora como Jardinero Mayor al Jardín Botánico de la ciudad. En 1889 es designado como depositario de una importante colección de fósiles que viene de Argentina y que había sido regalada al ayuntamiento de la ciudad del Turia por el ingeniero José Rodrigo Botet. En1892 Boscá es nombrado catedrático de Historia Natural de la Universidad de Valencia.

Sus publicaciones científicas aparecieron en importantes revistas científicas nacionales e internacionales. Además de las ya citadas escribió también en la Revista de la Real Academia de Ciencias, en la Revue internationale de sciences de París, etc.

Boscá participó en 1872, con otros científicos importantes como Ignacio Bolívar (1850-1944), en la fundación del madrileño Ateneo propagador de las Ciencias Naturales, fue socio de la Sociedad Española de Historia Natural, académico de la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona (1879), académico corresponsal de la Real Academia de Ciencias Exactas Físicas y Naturales (1882), Caballero de la Real y distinguida Orden de Carlos III (1883), etc. Se jubiló a los 70 años pero siguió trabajando hasta su fallecimiento acaecido en 1924.

Dormir para poder aprender


Dormir para "vaciar" el hipocampo y seguir aprendiendo", Mónica Salomone, San Diego, El País, 22-II-2010

¿Por qué después de un cierto número de horas consciente el organismo simplemente se duerme? Sigue siendo un misterio, pero hay algunas cuestiones cada vez más claras. Por ejemplo, que el sueño es necesario para aprender. Los trabajos presentados en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) que se celebra estos días en San Diego (California, EEUU) no sólo lo confirman, sino que investigan qué fases del sueño son las cruciales para el aprendizaje, qué áreas cerebrales están implicadas y si se producen cambios con la edad -como sugiere el hecho de que los bebés duermen mucho más que los ancianos-.
El trabajo de Matthew Walker, de la Universidad de California en Berkeley, refuerza la teoría de que el sueño limpia la memoria a corto plazo y deja sitio libre para más información. Los recuerdos de los hechos del día se almacenarían temporalmente en el hipocampo -área identificada hace tiempo como importante en la memoria- para después ser enviados a la corteza prefrontal, que dispone, probablemente, de más capacidad. "Es como si el buzón de correo entrante del hipocampo se llenara, y simplemente no van a entrar mensajes nuevos hasta que se vacíe", dice Walker. "Los recuerdos rebotarán hasta que duermas y los muevas a otra carpeta".
El proceso está íntimamente relacionado con el aprendizaje. En uno de sus experimentos más recientes, Walker hizo que 39 jóvenes aprendieran una tarea específica durante un tiempo determinado, a mediodía. Todos tuvieron resultados similares. Pero a las dos de la tarde la mitad de ellos durmió una siesta y la otra mitad no, y de nuevo a las seis se dedicaron a aprender. Esta vez los que no habían dormido tuvieron resultados peores, mientras que los de la siesta mejoraron.
Así que Walker repite un consejo que no sonará nuevo a los estudiantes: pasar la noche despierto estudiando antes del examen no es en absoluto una buena idea. "Una noche sin dormir reduce la capacidad de asimilar conocimientos en casi un 40%"; las regiones cerebrales implicadas "se cierran" durante la falta de sueño.
Encefalogramas a voluntarios han permitido a este experto descubrir también que la limpieza del buzón del hipocampo tiene lugar sobre todo durante una fase del sueño cuya función hasta ahora no estaba clara, la fase 2 del sueño no-REM. La mitad del tiempo de sueño transcurre en esta fase, explicó Walker, y "no podía creer que la naturaleza dedicara tanto tiempo a algo sin motivo".